Capítulo 42:

Weasley al rescate

Apenas terminó la sesión fotográfica con trajes de boda, Hermione agradeció a todos, se despidió y finalmente salió lo más rápido que los tacos le permitieron. Aunque no sin antes trastabillar un par de veces a las que logró equilibrarse, menos una, que casi la hizo estamparse contra el suelo, si no hubiese sido por los fuertes brazos de alguien. Nada menos que Ronald Weasley. El gobernador de sus pesadillas (y sueños eróticos).

— Gracias —dijo con sequedad.

Ron no le prestó atención a eso, pero si a su rostro enfadado.

— ¿Vas a dejarme explicarte porque te lleve a casa de Lavender?

— ¡No! —negó ella rápidamente, y poniéndose nuevamente en camino a su tráiler para quitarse ese vestido tan hermoso pero a la vez aparatoso. — Porque me da igual cualquiera que sea tu relación con esa mujer.

— Lo que tengo que decirte no tiene nada que ver con ella y yo, se trata de nosotros.

"Nosotros", se repitió. Sigue causándome el mismo efecto a pesar de que ya no exista un nosotros.

— De todas formas, no me interesa. —mintió.

Subió por la pequeña escalerita e iba a cerrar la puerta del tráiler, cuando en un arrebato de enojo, Ron la tomó de un brazo y la hizo girar con fuerza. Dejando la puerta cerrada con llave y a ambos encerrados.

— ¡Claro que te interesa! ¡Deja de comportarte como una infantil y toma atención a lo que te voy a decir! —ella intentó liberarse de su agarre, pero no pudo conseguirlo. — ¡Yo-no-me-acosté-con-Lavender! —deletreó con fuerza. — ¡Fue todo una mentira! ¡Una gran mentira de un grupo de imbéciles que nos odian!

Hermione se echó a reír con fuerza, casi con histeria. Y era tanta que incluso llegó a sentarse en el suelo con el vestido aún puesto. Ron la observó con rabia en sus ojos. ¿Cómo era posible que se comportara de esa manera cuando él le estaba develando algo tan importante?

— ¿De qué te ríes? Esto no tiene nada de gracia. —preguntó cansado.

— ¿Me preguntas que tiene de divertido? —volvió a reír, pero esta vez con menor fuerza. — Te apuesto que ahora dirás que cuando me dijiste que ya no me amas era mentira.

Ron no supo que decir, lo que le causó más risa a Hermione.

— ¡Hermione ya basta! —gritó fuera de sí. — ¡Entiendo que no me creas! ¿Pero es necesario burlarte?

— ¡Claro que lo es! —dijo ella ahora llorando. — ¡Claro que es necesario! ¿Crees que después de todo lo que dijiste yo podría tener alguna confianza para creerte esto?

— ¡No fue mi culpa! ¡Te hice creer eso, porque pensé que sería menos doloroso a que supieras que te había engañado! Pero resulta que no fue así, soy inocente Hermione… ¡Jamás te engañe!

— Ya basta. —pidió ella, llevándose una mano a la frente. — Es suficiente Ron, sal de aquí por favor.

— ¡NO! —negó rotundamente él, acercándose para ponerla de pie y exigirle que lo mirara. — ¿Por qué no puedes ver que estoy sufriendo tanto como tú? ¡Necesito que me creas!

— No me pidas que lo haga, después de todos los engaños que me hiciste.

— ¿Puedes ponerte en mi lugar al menos? —rogó desolado.

— ¡Ponte tú en mi lugar! —exigió ella. — ¡Me dijiste que no me amabas! ¡Me enteré que supuestamente me engañaste con una mujer cuando yo estaba desparecida! ¿Y quieres que te crea ahora? ¡Así como vas podrías inventar cualquier mentira para que te perdonara!

— ¡¿Qué tengo que hacer para que me creas?! —insistió desesperado. — ¡Dime que cosa y lo haré! ¡Dime!

— ¿Sabes lo que tienes que hacer? ¡Dejarme tranquila! Eso es lo único que tienes que hacer. —Ron negó. — ¡Dijiste que no me amabas! Te lo creí. Dijiste que me habías engañado, y también te lo creí. Ahora me dices que todo eso era mentira y que quieres que te crea. Dime tu Ron, ¿crees que podría creerte después de todo eso? —él se quedó en silencio. Hermione sonrió y luego abrió la puerta. — ¡Vete!

— No lo haré, Hermione. Puedes decirme lo que quieras, insultarme con lo que sea, pero seguiré aquí, hasta que te des cuenta que te estoy diciendo la verdad.

— De acuerdo, entonces puedes esperar afuera porque me voy a desnudar y de acuerdo a lo que sé que es verdad, no tienes el derecho de verme así. Asique ahora… ¡largo!

El pelirrojo asintió y bajó las escaleritas. Hermione le cerró la puerta en las narices y puso el seguro esperando encontrarse tranquila al fin. Eso, hasta que una notita se escurrió por la parte inferior de la puerta.

Te estaré esperando a la salida, en el auto. No te vayas sola, tenemos mucho de lo que hablar aún.

Ron.

— ¡No eres quien para darme ordenes Weasley! —exclamó molesta.

Pero Ron ya había salido lejos para cambiarse de ropa también.


Cuando a una persona le dicen que no haga algo, el deseo a lo prohibido es aún más fuerte que cualquier otra cosa y eso Hermione lo tenía más que claro. Así que con aquella mentalidad, alterar un poco más las cosas no sería gran problema ¿no?

— ¡Hermione! Qué gusto volver a verte —dijo un sorprendido Cormac sonriéndole dulcemente. — Pasa, pasa, disculpa el desorden, pero anoche trabaje hasta tarde y desperté hace un rato nada más. ¿Te ofrezco algo de tomar?

— No te preocupes, estoy bien.

— Toma asiento —le ofreció él. Hermione agradeció y se sentó en una moderna silla de metal, que parecía más cómoda de lo que realmente era. — ¿Y a que debo tu visita?

— Pensé en pasar a saludar e invitarte para que me acompañes esta noche a una cena. ¿Te parece?

— ¿Una cena? ¿De etiqueta? —la castaña asintió. — Vaya… no se realmente, ¿Qué dirá la gente si te ven aparecer conmigo en vez de tu novio? No me tomes a mal, me encantaría acompañarte, pero soy solo un guardaespaldas y la gente generalmente habla mal de este tipo de relaciones. No quiero causarte problemas porque ya tienes suficientes.

— Solo necesito un sí o un no, pero si dices que no, te perderás una gran noche —dijo ella, pestañando como una niña pequeña que ruega por un sí con ojitos de cachorrito.

— De acuerdo, de acuerdo. Pero si sucede algo, no me importara darte un "te lo dije".

— ¡Excelente! —exclamó feliz. — Ahora… ¿Qué planeabas cocinar para nuestro almuerzo?

La sonrisa de Cormac se ensanchó aún más al ver que la castaña pensaba en quedarse a almorzar con él. Pero lo que no sabía Hermione es que aquel guardaespaldas comenzaba poco a poco a encantarse cada vez más con esa amistosa relación.


— ¿Cómo es posible que no sepas dónde está? ¡Por algo contratamos guardaespaldas! ¿Son tan incompetentes como para ni si quiera saber si una persona sale o entra de estas instalaciones? —exclamaba Ron furioso.

— Lo siento señor, no la vimos salir de aquí.

— ¡Es obvio! Pero resulta que ella no está en ningún lado de este edificio, por lo tanto o ustedes son unos completos idiotas que no saben hacer su trabajo o ella fue mucho más lista que ustedes, ¡lo que resume a que son unos idiotas de todas maneras!

— Señor, le sugiero que se calme. Si nadie la ha visto salir de aquí, suponemos que debe seguir en este lugar.

— El problema general, es que ella ya desapareció de esta forma una vez. Fue un secuestro… bastante mediático y ustedes fueron contratados para evitar que eso volviera a pasar… ¿debo despedirlos entonces? Porque les aseguro que no están haciendo ni una pisca de bien su trabajo.

— Nos pondremos en contacto con todo el personal y la encontraremos señor, no tiene que preocuparse.

Ron bufó molesto y salió de la oficina para volver a marcar el teléfono de Hermione.


Su teléfono volvió a vibrar por enésima vez marcando en su pantalla el mismo número que por largas horas la había estado llamando.

— ¿No vas a contestar? Podría ser algo importante —preguntó Cormac.

— No, es para lo mismo de siempre. —el muchacho no pareció entender aquella respuesta, pero prefirió no volver a preguntar.

— ¿Y qué tal ha estado todo? Pareces cansada.

— Estoy cansada desde hace diez años, creo que un poco más no alterará las cosas —respondió divertida.

— ¿Y crees que vale la pena?

— No lo sé sinceramente, pero por más que he arreglado las cosas un poco, no puedo desertar ese contrato.

— ¿Estás segura? —preguntó masticando los sabrosos spaguettis que habían preparado. — Tal vez un buen abogado pueda resolver ese tema. ¿Qué hay sobre tu manager? ¿Tu secretaria?

— Record Magic tomó el control de mis acciones, despidieron a mi manager y mi secretaria casi en un principio cuando comenzó todo esto. Pero creo que voy a tener que contratar uno nuevo que lleve las riendas de mi carrera. En cuanto al contrato, ya no queda mucho para terminar el año que se estipula así que lo mejor es esperar.

— Sí tú lo dices. —aceptó él. — Pero al menos asegúrate de contratar un manager pronto. Tu carrera no puede terminarse una vez que termines el contrato con Record Magic, y tampoco puedes permitirles tener el control de tu futuro.

— Comenzaré la búsqueda esta semana, así que no te preocupes.

Cormac asintió y luego continuó comiendo. Las cosas iban con tranquilidad hasta que él celular del muchacho sonó.

— Lo siento, tengo que contestar esto.

— Adelante —le dijo Hermione.

Él se puso de pie y camino un poco para alejarse del ruido de la televisión que veían en el comedor.

— McLaggen aquí.

Cormac, tenemos un problema grave. La señorita Hermione Granger está sin seguridad y no podemos hallarla. Necesito que te unas a la búsqueda lo antes posible.

— Espere, ella si está con seguridad. De hecho está conmigo en este momento, general.

¿Contigo? ¿Qué hace ella contigo? ¿Dónde estás?

— No puedo decirle, pero puede estar tranquilo, ella está conmigo y la protegeré todo el tiempo.

Aguarda un segundo McLaggen debo informar la situación, no cuelgues. —Hubo un pequeño espacio de tiempo en el que Cormac se mantuvo en el teléfono, mientras observaba cautelosamente como Hermione seguía comiendo de lo que habían preparado mientras observaba atenta un capítulo de Friends. Derrepente el teléfono sonó como si dos personas lucharan por tomarlo, y a los segundos alguien habló — ¡No puede hacer eso! ¡Señor Weasley espere!... ¿Dónde demonios estás? ¡Dime de inmediato!

— Lo siento señor Weasley pero eso no puedo decírselo.

¿Cómo que no puedes? ¡Claro que puedes y más te vale que me lo digas!

— Sus amenazan no funcionarán conmigo, señor.

¡Dame con Hermione! ¡Ponla al teléfono!

Por unos segundos lo pensó tranquilamente y finalmente decidió por el bien de ella. El teléfono perdió el tono de llamada y luego lo guardó nuevamente en su bolsillo en modo silencio.

— ¿Más trabajo? —le preguntó él.

— No, de hecho llamaban por ti.

— ¿Qué? ¿Por qué? —preguntó sorprendida.

— Estaban a punto de realizar una exhaustiva búsqueda por ti, ya que nadie ha podido localizarte y Weasley estaba desesperado.

— ¿Porque demonios no puedo estar tranquila sin que piensen que me secuestraron?

— ¿Será porque el que te secuestró sigue por ahí desaparecido?

— Dan no lo volvería a hacerlo, yo lo sé.

— No deberías estar tan segura de eso Hermione. De hecho deberías preocuparte más por tu seguridad, en eso estoy de acuerdo con ellos. Puede pasarte cualquier cosa en estas instancias. Además, estaban como locos, solo porque no podían localizarte, al menos deberías contestar el teléfono.

— De acuerdo, de acuerdo, no lo volveré a hacer —respondió con efusividad.

— Weasley debe estar hecho una furia, no quise pasarte el teléfono porque él quería saber dónde estabas.

— ¿Le dijiste que estaba aquí?

— Creo que lo dedujo.

— Entonces deberíamos irnos, vendrán aquí en cualquier momento.

— No te preocupes, nadie sabe dónde vivo. —Hermione arrugó el entrecejo sin comprender. — Es uno de los beneficios de ser guardaespaldas, tu hogar es confidencial.

— Créeme que dejará de ser confidencial gracias a los paparazzis. —la castaña le señaló la televisión. Como informe de último minuto en un programa de chismes, salían fotos de ella ingresando al edificio de Cormac.

— Momento de desaparecer entonces —le dijo el muchacho sonriendo.

Él sacó rápidamente un par de llaves de un jarrón y se puso su chaqueta. Hermione se apresuró a apagar la televisión y tomar su bolso y lo siguió fuera del departamento.

— Olvidé el traje, iré a buscarlo. Espérame en el auto. —le pidió él. La castaña asintió tomando las llaves.

No tardó mucho en encontrarlo, así que apenas quitó la alarma, se sentó en el asiento del copiloto. Sintió su bolso vibrar y supo que debía revisar su teléfono. Presionó su número de bloqueo y descubrió que tenía 20 llamadas perdidas de Ron, del director de Record Magic y otros números desconocidos. Pero además tenía cuatro mensajes, todos del pelirrojo.

Ronald Weasley 12:32 PM

¿Dónde estás? ¡Contesta el maldito teléfono al menos para saber que estás bien!

Ronald Weasley 1:05 PM

¿No entiendes lo preocupado que estoy? ¡Ya te sucedió algo como esto! Desapareciste de la nada y estabas secuestrada… ¿Puedes mostrar un poco de comprensión y demostrar que estás viva?

Ronald Weasley 2:30 PM

No sé si intentas sacarme de quicio o darme una lección, pero al menos responde maldita sea… Simplemente un estoy viva, me serviría bastante.

Ronald Weasley 4:40 PM

En este instante te digo que respondas el maldito teléfono, se con quién estás y donde, así que si no quieres que arme una escenita responde.

Este último mensaje era de hace tan solo unos minutos, así que no le sorprendió que apareciera una llamada entrante del pelirrojo a los segundos.

¡Al fin maldita sea! ¿Por qué no contestabas? ¡Sé que no quieres ni verme, pero al menos ten un poco de compasión y demuéstrame que estás bien!

— Estoy bien. —fue su respuesta.

Ron soltó un largo suspiro y luego aguardó hasta calmarse.

¿Por qué haces esto? Estoy intentando arreglar las cosas, demostrarte que lo que supiste es una completa mentira.

— Tal vez si la forma por la que me enteré de lo que hiciste hubiera sido otra, me daría al menos una pisca de remordimiento.

Eso que piensas que hice no es verdad.

— Eso lo dices tú.

Es la verdad.

— Te repito… ¿Crees que podría creerte después de todas las mentiras que me has dicho?

Hay ocasiones en que las mentiras pueden salvar mucho del daño a una persona.

— Esta no fue una de esas oportunidades.

¿Qué quieres decir con eso?

— Que puedes decir lo que quieras, pero decidí no creerte. No hay mucho que puedas hacer contra eso.

Hermione…

— Ya te di más que un "estoy viva", así que ahora déjame tranquila. —dijo ella cortando finalmente el teléfono ya que Cormac se acercaba apresurado.

La puerta del conductor se abrió a los segundos, con Cormac y su traje.

— ¿Sabes de algún buen lugar dónde pueda cambiarme y ponerme presentable para la cena?

— ¿Te parece si vamos a mi casa? Yo también tengo que arreglarme y prácticamente todo está ahí.

— Perfecto, tú me dices en qué dirección entonces…


Las horas pasaron más rápido de lo que pensaron, así que después de unos tragos subieron nuevamente al vehículo de Cormac y emprendieron rumbo a la gran cena que se realizaría. Era a las afueras de Londres por lo tanto el viaje fue un tanto complicado, pero finalmente llegaron a la gran mansión en que se celebraría una cena en honor del cumpleaños de un conocido modelo inglés.

Un joven se acercó a recibir las llaves del auto para estacionarlo, así que ambos se bajaron e hicieron ingreso a la entrada.

— Bienvenida dama, su nombre por favor. —le pidieron.

— Hermione Granger —respondió. El hombre miró a Cormac y alzó las cejas a modo de pregunta. — Seguridad.

— Entiendo —respondió él. — Pueden pasar, un mayordomo los atenderá. Que disfruten de la fiesta.

— Gracias.

Efectivamente apenas pasaron la cortina de entrada, un joven de traje se acercó para ofrecerles algo de tomar e indicarles donde estaba la recepción de la fiesta.

El lugar estaba efusivamente decorado de diferentes colores, con decoración moderna y con diversas y gigantescas fotos del modelo que estaba de cumpleaños. Toda la gente vestía elegante y parecían solo ser parte del área del modelaje.

— ¡Hermione cariño, tanto tiempo sin verte! — la saludó amablemente una delgadísima mujer. — ¡Que cuerpazo te gastas, estás sensacional! ¡Y mira que galanes consigues!

— ¡Gracias Daisy, también tú! —respondió sonrojada por su ultimo comentario. Soltó el brazo de Cormac— El es Cormac McLaggen, el mejor guardaespaldas que podrás contratar.

— No me cabe duda —respondió ella ofreciéndole su mano. — Un gusto.

— Lo mismo digo, señorita —respondió él cortésmente.

— ¿Pero qué haces aquí Daisy? Pensé que ustedes se odiaban, después de todo las cosas no terminaron muy bien…

— Mi manager dijo que lo mejor era guardar las apariencias, y que sería bueno para mi carrera. Por supuesto que no tenía ganas de venir… pero debemos ser profesionales.

— Bueno, me alegra haberte visto de nuevo de todas formas.

— ¡Tenemos que salir a tomar algo! —propuso ella. — Disculpen, debo irme, quedé de hablar con Donatella antes de que apareciera el anfitrión.

Se despidieron y luego la muchacha desapareció bajo su ajustado vestido. Cormac le sonrió y ambos acudieron al sector de recepción para probar algunos de los bocados que estaban ofreciendo. Y así por momentos fueron apareciendo las sorpresas: Cantantes muy reconocidos, el anfitrión de la fiesta y el gran pastel de cumpleaños se hizo presente cuando todos comenzaron a cantar el conocido "Feliz Cumpleaños".


— Bienvenido, su nombre por favor —le pidieron amablemente.

— Ronald Weasley. —respondió el ofuscado por esas banalidades.

— Lo siento señor pero su nombre no está en la lista.

— Debe estar, vuelva a revisarla. Me llamaron para confirmar esta mañana. —le informó observando como ingresaban más personas.

— Lo siento señor, no está en la lista.

— Claro que lo estoy… ¡Ey, Leonardo! —exclamó alzando la mano para llamar al que parecía ser el festejado. — ¡Amigo mío!

El muchacho se alejó un poco de todos los que lo rodeaban para acercarse a la entrada donde se encontraba el pelirrojo.

— ¿Ronald Weasley? ¡Tanto tiempo pelirrojo! ¡Ven pasa, pasa! —le dijo señalándole el interior de la fiesta.

El guardia, asintió y lo dejó pasar. Ron sonrió satisfecho y estrechó un fuerte abrazo con su amigo de infancia.

— ¡Cielos, pensé que habías desaparecido! —mintió el pelirrojo. — Así que cuando supe que estabas haciendo una fiesta de cumpleaños no lo pensé dos veces y vine para saludarte en persona. ¡Felicidades! Veintiséis años no se cumplen todos los días.

— Gracias, Weasley. Ya ha pasado tiempo desde la última vez que nos vimos. No sabía que seguías en Londres, de ser así te habría invitado yo mismo.

— No hay problema, suerte para ambos que yo si lo supe. —ambos rieron y se acercaron para conversar con más personas.

Pero Ron no venía precisamente a saludar a su amigo de infancia, venía tras la pista de Hermione que gracias a la información que le habían dado estaba presente en aquella fiesta. Trató de pasar desapercibido, porque no quería ahuyentar al idiota de McLaggen y así poder aferrarle unos cuantos combos por ser partícipe de ocultar a Hermione de él.

Para su suerte, un par de preguntas a los invitados y ya sabía exactamente como vestían ambos. Sus ojos azulados fueron ávidos para encontrar la tonalidad turquesa del vestido de Hermione, que se veía majestuosa ante sus ojos y del resto de los invitados. Para su sorpresa la muchacha no demostraba su mayor estado de conciencia, estaba cerca del bar junto a Cormac y parecía tener problemas para mantener el equilibrio.

— ¿Champan, señor? —le ofreció una muchacha, sonrojándose.

— Si, gracias —respondió, sin quitar la vista de Hermione. — Te importaría también ofrecerles a esa pareja. —dijo señalando a Cormac y la castaña.

— De acuerdo.

Ron estuvo atento a cada movimiento y se sorprendió al notar que efectivamente el equilibrio en Hermione ya estaba fallando, porque apenas la muchacha se acercó a ellos ella intentó tomar uno de los tragos y lo tiró olímpicamente sobre la chaqueta de McLaggen.

— ¡Ronald Weasley! —lo llamaron.

Ron desvió su vista para descubrir a su lado nada más ni nada menos que a Dan Wilson.

— ¡Que haces aquí infeliz! —exclamó furioso, olvidándose de Hermione y su acompañante, listo para agarrarlo a puñetazos también.

— Tranquilo, no vayas a causar un alboroto, tenemos que hablar algo importante. —le susurró el muchacho rápidamente.


Hermione estaba completamente borracha. Su visión se había nublado y le costaba demasiado caminar derecho y con equilibrio, cosa que Cormac notó inmediatamente segundos después de salir del bar de la fiesta.

— Te llevaré a tu casa —le dijo él, sosteniéndola desde su cintura.

Pero Hermione tenía otros planes, y apenas escuchó aquello se detuvo en seco.

— No, no, no, no, no, no, no —negó con vigor. — ¡No me lleves allí! ¡Él va a estar ahí! ¡Siempre está ahí!

El muchacho no entendía ni la mitad de las cosas que ella le decía, pero aun así sin hacerle caso la tomó del brazo y la hizo caminar hasta la entrada del edificio. El portero les pidió la tarjeta de estacionamiento y a los segundos apareció el auto. Cormac la sentó en el copiloto y luego se sentó a su lado.

— ¿Estás bien?

— Solo un poquito… un poquito mareada.

— Te llevare a casa.

— ¡No, no, no, no, no, no! ¡Te dije que ahí no! —reclamó con un gesto de tristeza. — ¡Llévame a la fiesta otra vez! ¡Estoy lista para la fiestaaaaaaaaaaaaaaa! —dijo acentuando la última vocal.

— No voy a llevarte ahí para que tomes más, suficiente ya tienes en el cuerpo.

— ¡Entonces vamos a tu casa! —propuso riendo. — ¿Tu casa o la fiesta? ¿Tu casa o la fiesta? ¿Tu casa o la fiesta? —repetía una y otra vez.

— No creo que sea una buena idea, Hermione.

— ¡No seas aguafiestas! ¡Vamos a la fiesta entonces!

— No, a la fiesta no.

— ¡Entonces a la fiesta en tu casa! —exclamó riendo.

— De acuerdo, de acuerdo —aceptó tomando el volante con fuerza y fijando su vista en el camino, ya que entre el champan y el vodka ya estaban causando efecto en su cuerpo también.

La castaña lo observó y luego se recostó en el asiento más tranquila.

— Te voy a confesar algo —dijo ella en un susurro. Cormac bajó el volumen de la radio para escucharla con atención. — Eres lindo…

El muchacho no pudo evitar sonreír. Aquella superestrella a la que todos admiraban estaba ahí, a su lado diciéndole que era lindo. ¿Cómo el mundo no iba a adorar a alguien como Hermione?

Por suerte el viaje continuó tranquilamente y sin inconvenientes hasta que llegaron a su destino. Hermione estaba bastante adormilada por tanto tomar, así que Cormac se acercó a la entrada del hotel y le entregó las llaves a un joven. Y tambaleándose se acercó al asiento contrario para tomar a Hermione en brazos. Todo eso significó una gran hazaña para lograr llegar a su habitación de hotel sin causarles a ambos daño o rasguños, así que apenas estuvieron dentro de una de las habitaciones, la recostó en su cama.

Hermione reaccionó al instante y se apoyó sobre sus codos observándolo con la mirada nublada por el alcohol.

— ¡Qué lindo lugar! ¿Aquí será la fiesta? —Cormac rió y le negó. Ella también rió y volvió a hablar. — ¡Entonces es tu casa!

— No sé si casa será el mejor nombre pero… sí, algo así.

— En ese caso…

Hermione se sentó –tambaleándose- y comenzó poco a poco a sacarse la gran cantidad de ropa que tenía puesta. Sus aros, la chaqueta, sus tacones y el collar volaron lejos de su cuerpo repartiéndose por él lugar. Cormac la observó atento, divertido y sorprendido de que se comportara de esa forma estando borracha.

— ¿Qué haces Hermione?

— ¡Hace calor! ¡Deberías tener aire acondicionado! —comentaba ella sin abandonar su sonrisa.

— Lo haría si realmente hiciera calor, pero en este momento hay 10 grados, creo que sería difícil convertir esto en un congelador, puesto que ya lo es.

La risa de Hermione inundó la habitación. Cormac aprovechó de ir a ajustar la temperatura de la habitación, sin darse cuenta de que la castaña vertía el contenido de una botella de champan en tres vasos.

— Aquí tienes —le ofreció ella. McLaggen sonrió y se la aceptó. — Y esta para tu gemelo.

Aquello último causó tanta risa en Cormac que una vez que ella le ofreció la segunda copa, esta cayó sobre su ropa y luego al suelo rompiéndose en mil pedazos. Hermione se largó a reir descontroladamente también y luego corrió al baño.

— Enserio pensé que eras de las borrachas lloronas, no de las risueñas —comentó él, sintiéndose ligeramente afectado por el alcohol.

Él se quitó la camisa y a su vez también los pantalones dejándolos sobre la silla para que se secaran. El olor a trago inundaba con fuerza la habitación.

En ese instante la puerta sonó con insistencia. La persona que golpeaba no dudó en demostrar toda su fuerza, porque las ventanas llegaban a temblar. Seguramente no sería nadie conocido así que observó por la pequeña ranura de la puerta y luego la abrió. A los segundos saltó un furioso Ronald Weasley

— ¿Dónde está Hermione? —le exigió saber.

— ¿Qué haces tú aquí?

— ¡Dime porque la has traído aquí! —dijo él ignorando la pregunta de Cormac, y agarrándolo de las solapas de camisa. — ¿Dónde está?

No hubo falta que respondiera más porque lo soltó empujándolo a un lado para poder adentrarse en la gran habitación. Hermione no se veía por ningún lado, así que se giró nuevamente hacia él. Y la rabia creció más al verlo casi desnudo.

— ¿Dónde está? ¡Respóndeme mierda!

— ¡No vengas a tratarme así! —le respondió el guardaespaldas, soltándose del agarre del pelirrojo. — ¡No eres nadie para hacerlo!

— ¡Te pregunte algo McLaggen, así que más vale que respondas rápido si no quieres que tu fea cara se vea peor!

— ¡No intentes amenazarme, conmigo no conseguirás nada!

La puerta del baño sonó en ese instante, dejando a la vista a una Hermione envuelta en una bata. Su rostro estaba bañando en sudor y cansancio, mientras trataba de cubrirse el cuerpo con la sedosa tela. Parecía no ser consciente de sus acciones, así que cuando rápidamente caminó hasta recostarse en la cama a Ron no le sorprendió que se quedara dormida al instante.

— ¡Como puedes ser tan poco hombre como para intentar acostarte con ella aun cuando está en ese estado! —le gritó, mientras lo golpeaba con fuerza contra la pared, señalándole con la mirada a una adormilada y casi desnuda Hermione.

— ¡No pensaba acostarme con ella! —respondió el guardaespaldas molesto por el trato que le estaban dando. — ¡A diferencia de ti yo si soy un hombre decente!

— ¿Y qué haces semidesnudo entonces? —exigió saber el pelirrojo. — ¿O es que acaso te gusta vestir así ahora?

— ¡Hermione derramó su copa en mi traje! —le aclaró.

— ¿Y no pudiste aguantarte un rato e ir a dejarla antes de volver a cambiarte? —dijo Ron, riendo con ironía. — Además te aseguro que esa mentira, no explica porque mi mujer está casi desnuda en tu cama.

— ¡Fue ella la que me pidió que viniéramos aquí! —le gritó él, soltándose al fin del agarre del pelirrojo. — ¡Y te advierto que soy guardaespaldas por lo que tengo varias técnicas para atacarte, asique no vuelvas a ponerme una mano encima! Para el mundo podrás ser una estrella de las pasarelas o lo que seas, pero para mí no eres más que un imbécil que perdió a una mujer maravillosa por una calentura.

— ¡No tienes idea de lo que dices! —le respondió Ron furioso, acercándose para darle un certero golpe en el rostro.

Cormac se tambaleó pero volvió a estabilizarse y antes de que Ron siguiera su camino hacia Hermione, le dio un golpe que lo tiró al suelo. El pelirrojo se llevó una mano al labio y respirando iracundo se puso nuevamente de pie para darle un golpe aún más fuerte al guardaespaldas y dejarlo viendo pajaritos en el suelo.

— Te lo advierto McLaggen, esta será la última vez que te veo así de cerca de mi mujer. La próxima vez lo pagaras caro. —se acercó a la cama y alzó a Hermione en sus brazos acurrucándola contra su pecho. Ella se removió un poco, pero finalmente recostó su rostro bajo el cuello de su ex novio. Antes de salir por la entrada de la habitación, se volvió hacia Cormac y mientras este se revolcaba de dolor en el suelo le dijo— Estás despedido.

— Tú no eres mi jefe Weasley, no puedes decirme que hacer. —respondió él, a pesar del dolor que nublaba sus ojos. Su nariz sangraba y parecía tener una fractura.

— Claro que puedo, es más, si yo fuera tu no me molestaría si quiera en intentarlo. Está claro que por muy idiota que creas que soy, mi palabra vale más que la tuya.

Dicho esto, Ronald Weasley salió de aquella habitación cerrando la puerta tras de sí mismo, con una dormida Hermione en sus brazos y un profundo corte en su labio inferior.


¡Hola chic s!

Volví luego de unas semanas de ausencia. Espero que sigan atentos a los capítulos. Muchas gracias por sus comentarios, y apoyo. Nos leemos pronto.