Sí, lo sé. Son cinco días de retraso, casi seis, pero cuando una está atareada a veces ni siquiera tiene inspiración u.u y esta semana y la anterior ha sido de locos para mí, así que no he tenido tiempo para mi actualización semanal, y me temo que a partir de ahora no podré actualizar una vez a la semana con tanta regularidad. Seguramente tendré que subir el cupo a dos semanas, pero ¿qué se le va a hacer? Aunque adoro escribir y este fic me tiene enganchada, el mundo de las responsabilidades y los estudios me llama T.T Así que espero que lo comprendáis y aun así sigáis la historia. Por ahora puedo prometer que no tardaré más de dos semanas en actualizar, así que el próximo capítulo será el viernes 19 de abril más o menos.
Espero que os guste este capítulo, muy largo, muy… esto… explícito y no diré nada más xD. Será mejor que lo leáis vosotras mismas, pero creo que habrá sentimientos encontrados en este, que marcan un antes y un después en la historia. Es decir, es un episodio MUY IMPORTANTE, aunque quizás resulte chocante y a algunas no les entusiasme. Espero leer vuestras opiniones al respecto, de toda clase salvo las insultantes (si se critica debe de ser con respeto, no tirando tomatazos!) y, nuevamente, responderé a todas vuestras preguntas. Apreciaré vuestra sinceridad, de verdad! Y sin más preámbulos, aquí os lo dejo.
¡Disfrutad!
Capítulo 14
La princesa que amansa a las bestias
Día 159.
Bra observó la blanca nieve que se amontonaba en el jardín que rodeaba la Corporación Cápsula. Goten, Pan y Uub parecían pasárselo en grande lanzándose bolas de nieve y construyendo hombres de nieve. En cuestión de segundos, como descanso por los constantes trabajos llevados a cabo para la enorme empresa desde casa, Trunks salió al jardín nevado y una enorme bola aterrizó en plena cara de Goten. Todos rieron, incluida Marron, que lo veía todo desde lejos para no recibir ninguna bola mientras se tomaba su taza de chocolate caliente. La guinda del pastel vino cuando Picolo salió de la Cámara de Gravedad seguido de Vegeta, y el namekiano recibió una lluvia de bolas de nieve que no esquivó, sorprendido y ruborizado, chirriando los colmillos, al ver que todos empezaban una incesante carcajada.
La cosa cambió cuando fue Goku el que apareció por allí, cojeando, con los brazos estirados un intento por no caerse debido a su horrible condición física. Su cuerpo todavía estaba depurando el veneno y aunque ya podía moverse y hacer las cosas más simples, sufría constantes taquicardias y le resultaba difícil respirar. Por lo visto, ese día no había podido aguantar más y había salido, animado al ver a todo el mundo riendo y jugando. Intentó agarrar algo de nieve torpemente, pero en ese momento Chichí hizo acto de aparición y se colocó frente a él con los brazos cruzados, furiosa por su huida. Goku agachó la cabeza y cuando Chichí le ordenó que volviera a la cama, una lluvia de bolas de nieve cayó sobre la pareja. A la mujer de Goku se le olvidó que su marido debía guardar reposo al instante, y se volvió hecha una furia para devolver los ataques. Ahora ni siquiera Marron estaba a salvo, y Goku aprovechó el momento para seguir a su mujer en una salvaje guerra de nieve.
"No te distraigas, Bra" la regañó Gohan, golpeándole la cabeza con un grueso libro sobre contabilidad financiera. La joven suspiró y hundió la cabeza en sus apuntes. Nuevamente, Gohan inició una breve explicación sobre la contabilidad básica de una empresa.
"No me coge nada más en la cabeza, Gohan. ¿No podríamos hacer un descanso?" el susodicho se lo pensó. Bulma le había pedido el favor de ayudar a su hija fuera de clase, y aunque estaba sumamente ocupado ayudándola en sus investigaciones sobre los boburrianos y retomando su entrenamiento para una batalla próxima, no había podido decirle que no. Por suerte para él, Bra cogía las cosas al vuelo. Era lista, pero absolutamente vaga en cuestiones de memoria. Gohan había percibido rastros de la increíble inteligencia de su madre, sobre todo en cuestiones de informática, pero Bra no parecía interesada especialmente en ello.
"No eres tonta, Bra, y sé que lo sabes. Pero te distraes mucho y a veces me da la impresión de que no te importa nada de esto. Sé que podrías conseguir lo que te propusieras si te esforzaras, pero no creo que haya algo que te motive, ¿me equivoco?" Bra asintió con la cabeza. A decir verdad cuando Gohan se ponía en ese plan resultaba muy intimidante, casi tanto como Vegeta. "¿Es posible que esto no sea lo que deseas?" preguntó él, adentrándose en un terreno que sabía que era vedado. Los Brief eran inteligentes, ricos y prácticos por naturaleza, no hacían nada que no diera dinero o no sirviera para nada, y Gohan temió que Bra le respondiera algo como paso de estudiar, quiero ser actriz.
"En realidad yo no quería empezar esta carrera, pero como el abuelo, mamá y Trunks la han hecho, y alguien tenía que hacerse cargo de la corporación después de ellos…" reconoció a regaña dientes.
"Lo suponía. Pero si no es lo que quieres no tienes por qué hacerlo. Bulma tendrá que respetarlo." Bra asintió lentamente. Sus ojos se clavaron en el exterior otra vez con el ceño levemente fruncido. Su mirada llegó hasta la figura de su padre, que altivo, caminaba hasta la puerta ignorando la pelea de bolas de nieve. "Algo me dice que no es solo tu madre lo que te preocupa. Parece que Vegeta te tiene contra las cuerdas"
"Si te soy sincera, cuando era pequeña soñaba con ser como mi hermano y como mi padre. Siempre volando y peleando por salvar el mundo, siempre luchando contra nuevos enemigos. Insistí durante un tiempo, pero mi padre se negó a entrenarme en rotundo y, finalmente, me resigné a que debería vivir una vida humana aunque no fuera eso lo que deseaba. He estado tan concentrada en pasar desapercibida y en renegar de mis instintos saiyans, que se me olvidó por completo lo que de verdad deseaba. Ahora lo he recordado, pero mi padre sigue estando en contra" Gohan se llevó una mano a la barbilla, pensativo. Bra sonrió al reconocer ese mismo gesto en su amiga Pan. De tal palo, tal astilla. "Sigo sin saber por qué está tan empeñado en que no pelee. Con Trunks es diferente"
Gohan pensaba lo mismo. Sabía que entre Vegeta y su hija había una relación estrechísima, más incluso de la que podía tener con Trunks. Los quería, de eso no había duda, pero tras convivir con ellos dos semanas se había dado cuenta de las diferencias que había entre uno y otro para el príncipe de los saiyans. Lo que suponía que se debía a una sobreprotección excesiva no era tal. De hecho, después de ver cómo Bra se acercaba a los habitantes de la casa e incluso se metía en el escamoso tema de los boburrianos, Gohan se percató del escaso reparo que Vegeta tenía para con su vida. No se inmiscuía en sus decisiones ni tampoco profanaba su intimidad. No le interesaba su educación o la comida poco sana que tomara. A Vegeta no le importaba nada salvo que su hija entrenara, y eso no tenía ninguna clase de sentido. Gohan sabía que Vegeta era muy consciente de que Bra había estado entrenando durante los últimos meses, y justo cuando su nivel rozaba el de un súper saiyan, decidió ponerle fin a su duro entrenamiento. Era como si una parte de Vegeta deseara que luchara y se hiciera fuerte, y otra se negara.
"Está bien" declaró Gohan por fin. "Si no quieres seguir esta carrera no tiene sentido continuar. Hablaré con tu madre sobre ello" La cara de Bra se iluminó por completo. Se levantó de la silla y recogió sus libros con una gran sonrisa. "Pero no puedes estar sin hacer nada toda tu vida. Descubre lo que te gusta y dedícate a ello. La batalla no es un lugar seguro"
"Lo sé, lo sé. ¡Si tú hablas con mi madre ya solo me quedará por convencer a papá! Me harás un gran favor" aunque Gohan intentó advertirle sobre eso último, Bra lo ignoró y, prácticamente dando vueltas sobre sí misma para celebrar su libertad, corrió escaleras arriba para ir a su habitación.
Gohan suspiró. Había querido mencionar el tema del hombre que la entrenaba, porque no era normal que la chica hubiera avanzado tanto en tan poco tiempo cuando Vegeta nunca la había entrenado. ¿Cuánto tiempo había pasado desde que había empezado? No mucho más de cinco meses, estaba seguro de ello. ¿Cuánto tiempo tardó él? Años. ¿Y Vegeta y su propio padre? Décadas. Por supuesto no eran cifras exactas porque a Trunks y a Goten apenas les había costado trabajo transformarse, pero aun así Gohan estaba sorprendido. El poder de Bra ya había superado al de Freezer y no era mucho más pequeño que el de Cell tras absorber a A-17. Y ni siquiera se había transformado. Por mucho que Vegeta se negara a entrenarla, debía reconocer que su hija tenía un talento innato para la pelea.
Eso, o su entrenador era rematadamente bueno.
[…]
Bra entró a tientas en su habitación, cargada de libros que depositó sobre su escritorio nada más entrar. Encendió su ordenador y miró la hora. Solo eran las cinco de la tarde. Todavía quedaba mucho tiempo para que se hiciera de noche y se aprovechara la oscuridad y el sueño. La joven cerró la puerta con el pestillo improvisado que impedía la entrada a humanos como su madre y empezó a indagar en los archivos que tan celosamente guardaba.
Habían pasado ya dos semanas desde que descubrió aquella fatídica imagen, y ya había conseguido traducir todos los caracteres alienígenas de los datos que guardaba la diadema inhibidora. Había leído más de veinte veces toda la información que esos boburrianos tenían sobre Broly, pero apenas había sacado nada en claro. La mayoría de los nombres que utilizaban eran ininteligibles. Hacían referencia a numerosas sustancias y aparatos que habían utilizado para controlar al llamado sujeto 813, pero no se mencionaba con qué fin. Solo había una larga lista de características psicológicas y físicas y una lista todavía más larga de fármacos e instrumentos que, perfectamente, podría considerar de tortura.
Por lo visto, el sujeto 813 era especialmente agresivo e irritable, lo que lo volvía sumamente difícil de manejar. Tenía una concepción de su poder muy alta y, por lo que había leído, su sentido de lo moral era escaso. Inestable, vanaglorioso, egocéntrico hasta decir basta y con una capacidad indescriptible de destrucción. Si a Bra le había quedado alguna duda sobre si era él o no lo era, esta se esfumó cuando leyó todas esas características personales. Lo que no encajaba en su percepción sobre la realidad que Broly representaba para ella era qué demonios hacía con los boburrianos y cómo era posible que se dejara analizar de esa manera tan sádica. No era una cosa que haría por voluntad propia, estaba segura de ello, pero los boburrianos tampoco podían ser tan poderosos como para controlarlo de esa manera, o al menos eso creía. De serlo, Broly nunca habría podido liquidarlos. Además, estaba ese padre suyo, Paragus. ¿Dónde quedaba él en todo eso?
Bra estaba muy confundida.
Había más datos codificados en la diadema, solo unos cuantos. Sabía que si conseguía desentrañar el misterio de esos datos tendría como resultado un video, y esperaba que al descodificarlo pudiera iluminar un poco esas lagunas mentales que tenía. Pero llevaba dos semanas intentando resolverlo y apenas había conseguido desenmarañar la mitad. Bra empezaba a desesperarse. Sentía que, de alguna manera, su tiempo se agotaba y no sabía por qué. Tenía un muy mal presentimiento.
Como todas las tardes Bra siguió tecleando largamente. Tecleaba rápido, con precisión, tan concentrada que ni siquiera se percató de la oscura presencia que se cernía sobre su espalda. Cuando sintió el aliento de alguien acariciándole la oreja, Bra se volteó a gran velocidad, dando un salto sobre su silla, pero cuando sus ojos viajaron a lo largo del amplio y desordenado cuarto de paredes azules y muebles rosas, no vio nada salvo la ventana abierta dando bandazos sin parar. No recordaba haber abierto la ventana. Había empezado a nevar con mucha fuerza y la nieve se colaba y aterrizaba sobre su gran cama de colchas moradas. Se acercó a ella y se asomó, buscando el motivo de la sorpresa, pero no vio nada salvo el paisaje nevado. La cerró con cautela, y al girarse para volver a su trabajo, se encontró con una cabeza que colgaba del techo, boca abajo, penetrándola con unos oscuros y divertidos ojos. Bra soltó un chillido, sobresaltada. Cayó sobre la cama por el susto mientras él soltaba una risita ahogada.
"¡Broly!" gritó ella. "¡No tiene gracia!"
"Sí que la tiene, medio humana"
"¡Para mí no la tiene, en lo más mínimo!" exclamó, irritada por el susto. A pesar de ello él no abandonó su expresión de comicidad. "Te vas a cargar la lámpara. ¿Tienes idea de cuánto pesas?" preguntó ella al ver que, en lugar de volar, se agarraba a la lámpara de la habitación boca abajo, con las rodillas sobre el techo.
"Pensaba que te alegrarías porque hoy he llegado antes" contestó él, sin hacer el más mínimo movimiento.
"Es una pena" dijo ella, ahora divertida, cruzándose de brazos con actitud altanera. "Supongo que te aburres mucho estando solo en el bosque"
"No especialmente. Me entretengo matando animales y comiéndomelos. Hoy he cazado un puma. ¿Quieres puma?"
"¿Esa es la forma que tienen los saiyans de ligar, ofreciendo animales muertos?"
"No lo creo. Un puma es demasiado fácil. Además, ya me lo he comido" Broly ladeó la cabeza en actitud alegre. Ese día estaba de buen humor. "Ayer vi una de esas series que explican cosas humanas por la tele. Hablaron sobre un tal Yeti. Si cazo un Yeti, ¿nos aparearemos?" Bra sonrió. Si encontraba al abominable hombre de las nieves después de siglos de búsqueda humana a sabiendas de que solo se trataba de un mito, podía apostar que hasta se casaría con él.
"Sí, ¿por qué no?" se burló ella, pero Broly frunció el ceño y sonrió.
"Bien. Es una promesa, como lo de no matar personas. Tienes que cumplirla" le recordó él. Bra alzó las manos, totalmente segura de que todo esfuerzo que hiciera sería inútil.
"De acuerdo, te lo prometo. Si encuentras al Yeti y lo cazas para mí…"
"Fornicaremos" la interrumpió él. Ella puso los ojos en blanco, sintiendo las mejillas arder.
"Sí, for… fornicaremos" él la taladró con la mirada antes de sonreír de oreja a oreja.
"Mira debajo de la cama" le pidió. Broly hizo un gesto con la cabeza para que ella se aventurara a mirar, y cuando se agachó y alzó la colcha de la cama, Broly se descolgó de la lámpara y aterrizó sobre el suelo. Se sentó sobre la silla giratoria y dio una vuelta mientras Bra tiraba de esa cosa blanca que, desde luego, ella no había escondido debajo de la cama. Cuando la sacó, acarició el suave pelaje blanco y gris sin creerse lo que veía. Era una especie de capa, tan grande y tan larga, y tan cubierta de pelo, que podía taparle todo el cuerpo. Se la colocó encima de los hombros y se miró en el espejo. Sus ojos brillaron mientras acariciaba el suavísimo pelaje.
"Pero qué… ¿De dónde la has sacado?"
"¿Tú de dónde crees?" sonrió él. Bra dio una vuelta sobre sí misma. Su mente especializada en moda ya hacía maravillas con esa muestra de piel. Una modista le haría un abrigo ideal con esa capa. "Después de ver el documental, decidí ir a mirar y lo encontré"
"¿El qué encontraste?"
"Al Yeti" los ojos de Bra se desorbitaron y lo miraron sin creerlo. Su gesto no podía ser más malicioso. Era la primera vez que Bra tocaba una piel tan suave de pelo auténtico, así que tragando saliva al pensar en lo que llevaba puesto, lo encaró. "Lo maté, lo despellejé y guardé la carne. Iba a deshacerme del pellejo, pero sé que te gustan esta clase de cosas, así que…"
"¿Te has vuelto loco?" lo interrumpió ella. "¿Sabes lo que has hecho? Has matado al último miembro de una raza en extinción. ¡El mundo entero lleva buscando al Yeti durante décadas, y tú vas y te lo cargas! No tienes ni idea de la enorme pérdida que has causado al mundo. ¡Eres un animal, un bruto y un…!
"¿Eso quiere decir que no quieres la capa?"
"¡Yo no he dicho eso!" se apresuró a decir, cubriendo su cuerpo con ella. Se miró nuevamente al espejo. Podía ver el abrigo, e incluso unas botas a juego junto con un bolso compañero. Podía verlo… y estaba divina. "Ya que está hecho, ¿qué se le va a hacer?" la cola de Broly se agitó en el aire mientras la observaba haciendo posturitas. Le había costado trabajo despellejarlo y lavarlo para que no quedaran restos de sangre. Se había bañado dos veces en el lago para limpiarse los restos, pero al imaginar a Bra emocionada con esa piel y descubrir que de verdad le gustaba, le hacía ver cuánto merecía la pena. Su buen humor aumentó. La tele tenía razón. A las mujeres humanas les gustaba que los hombres le regalaran cosas. La televisión era un pozo de sabiduría y entretenimiento.
"¿Por eso estás de tan buen humor, porque has cazado al Yeti?" preguntó Bra sin dejar de mirarse en el espejo. Broly prefirió no admitir que estaba contento porque Brocolín se había reconciliado con Berenjenina. Bra no sabía reconocer una serie tan buena como Brocolín, el guerrero del brócoli, y no quería que chafara su buen humor burlándose de su héroe favorito.
"Sí, por eso" admitió.
"Es una piel maravillosa, Broly. Es el mejor que regalo que me han hecho nunca" Broly esperó después de esa afirmación. Según la televisión, ahora ella debía echarse encima de él para arrancarle la ropa y aparearse salvajemente, así que esperó.
Pero Bra siguió admirándose en el espejo durante largos minutos y la cola que hasta entonces se había estado agitando en el aire a la espera de alguna clase de agradecimiento se detuvo. Broly carraspeó y ella, al ver que ponía mala cara, captó la idea. Se acercó y le dio un tierno beso en los labios, como hacía todos los días cuando él se colaba por su ventana por la noche, aprovechando la oscuridad para que nadie lo viera entrar. Pocas veces la visitaba de día porque el riesgo era mayor, y los Guerreros Z pululaban por allí sin parar, pero a pesar de las dificultades, no había faltado ni un solo día desde que la habían confinado.
A pesar del peligro, él siempre estaba allí.
[…]
Vegeta apretó los puños frente a semejante muestra de sentimentalismo barato. Su cabeza empezó a palpitar cuando vio los numerosos smokings, blancos y negros, que había encima de la cama que compartía con Bulma, aquella que pronto sería llamada cama de matrimonio con todas las de la ley. Uno de los malditos trajes tenía una flor en la solapa. ¡Una flor! La cabeza le iba a estallar. El estrés era incluso peor que durante su etapa de genocida a merced de Freezer.
"Ya tengo hecha la lista de invitados, pero tengo que compaginarla con la tuya. ¿La tienes?" le preguntó Bulma, que desaliñada tras un duro día de trabajo mental, caminaba con uno de sus provocativos camisones cortos con el pelo despeinado. Vegeta le dirigió una mirada agria y se preguntó si estaba tratando de ser graciosa.
"¿A quién demonios quieres que invite, mujer?" se quejó él.
"No lo sé. Has estado media vida viajando por el espacio y pensaba que quizás tendrías amigos alienígenas" Vegeta la miró de soslayo.
"¿Te refieres a los amigos alienígenas que hice antes de provocar genocidio contra sus razas?"
"Eso no es gracioso, y lo sabes" Vegeta sonrió cuando la expresión de Bulma se volvió grave y recriminatoria. Sí que era gracioso. "¿Por qué no invitas a tu hermano?"
"No me cambies de tema. ¡No pienso ponerme uno de estos trajes, Bulma, y no podrás obligarme!" gritó, haciendo énfasis en el nombre de su mujer. Cuando pronunciaba su nombre dejaba patente que no pensaba dar marcha atrás respecto a ese tema, aunque últimamente ni siquiera eso funcionara con ella.
"¡Como tú digas, cariño!" respondió desde el baño.
"Estoy hablando en serio, Bulma. No voy a ponerme uno de estos ridículos trajes"
"Ponte lo que quieras, Vegeta, pero ten en cuenta que eres un príncipe y tienes que ir vestido como tal. Yo iré hecha una princesa, porque cuando nos casemos seré una ¿verdad? La princesa Bulma" Vegeta apretó los puños aun más. No había pensado en eso. Cuando se casaran su título pasaría automáticamente al de la familia Brief, y eso no le hacía gracia. Con lo superficial que era su mujer, se le pasó por su calculadora y desconfiada cabeza que el único motivo para querer celebrar dicha boda era hacerse con su título.
Se adentró en el cuarto de baño y se apoyó contra el lavamanos de brazos cruzados, clavando una mirada intimidante en ella, que siguió acicalándose como si él no estuviera allí.
"Sabes que mi título ya no vale nada, ¿verdad?" reconoció abiertamente, aunque esa dura realidad le costara parte del su tan querido orgullo. "No podrás hacer nada con él."
"Ya lo sé, pero me gusta cómo suena eso de princesa Bulma. ¿Sabes? Cuando era pequeña buscaba a mi príncipe azul por todo el mundo. Por eso conocí a Goku, porque quería reunir las bolas de dragón para desear un atractivo, poderoso y envidiado príncipe de en sueño solo para mí. ¡Y por fin lo he conseguido!" Bulma se abalanzó sobre él, abrazándose a su cuello para darle un simple y casto beso en los labios, levantando una pierna desnuda en el proceso. "¡Soy taaaaaaaaan feliz, Vegeta" dijo, antes de salir del baño dando brincos. Su camisón se alzaba con cada salto que daba, dejando ver la lencería femenina casi transparente que tanto le gustaba usar. Él se puso tenso. Mientras la veía dando vueltas alrededor del armario, analizando lo que iba a ponerse sintiendo su lívido alzarse por las nubes hasta provocarle cierta frustración, reparó en lo que ella acababa de decirle. Príncipe azul, lo había llamado. A él. La conocía lo suficiente como para saber que su realidad era muy diferente a la suya. Bulma solo escuchaba y veía lo que quería oír y ver, y lo que veía en él era una especie de príncipe sin reino, fuerte, altanero y con múltiples capacidades para la guerra. Lo veía como eso en lo que se había acabado convirtiendo, alguien casi afable y familiar. No veía lo que había sido, no veía lo que podía ser si se quedaba solo de nuevo.
Bulma no conocía los detalles más oscuros de su pasado, y quería que siguiera siendo así porque, de saberlo todo, o incluso solo una pequeña parte, no podía asegurar que siguiera junto a él. Sabía que lo quería a su manera humana, pero Vegeta dudaba que ese amor fuera suficiente para mantener todo lo que habían vivido en pie si se enteraba de las cosas que había hecho. Dudaba que sus propios hijos siguieran queriéndolo si se descubría un poco de su dura vida.
Si Vegeta temía a algo, era el pasado.
[…]
Bra quería preguntárselo. Durante las dos últimas semanas había intentado preguntárselo directamente. ¿De qué conocía a los boburrianos? ¿Cuáles eran sus intenciones? ¿Sabía cómo derrotarlos? Y lo más importante, ¿qué era eso del sujeto 813? Quería hacerle millones de preguntas, pero sabía que no solo se arriesgaba a que él no le contestara, sino también a que hubiera mayor distancia entre ellos. Ya era lo suficientemente difícil tener un acercamiento tan directo por ser quienes eran, por tener diferentes objetivos, por ser enemigos mortales que jugaban en el límite del destino. Ese día estaba de muy buen humor, pero Bra seguía sin atreverse a preguntarle nada.
Tenía el presentimiento de que si le preguntaba, algo muy malo pasaría.
"Está abajo, ¿verdad?" le preguntó él. Bra dejó de teclear en el ordenador y lo miró. Broly estaba echado en la cama, con la cabeza apoyada sobre su puño cerrado mientras la observaba. "Lo huelo. Su olor y el de sus vástagos. ¿Por qué hay tanta gente aquí? Creía que solo estabais tu padre, tu madre y ese hermano tuyo"
"Están para proteger a Goku. Él está…" Bra calló, consciente de su metedura de pata. Se llevó una mano a la frente y suspiró. Broly sonrió con clara malicia.
"Herido e indefenso. Pobre Kakartotto, si alguien intentara matarle ahora no podría defenderse" ambos se miraron, conscientes de lo que esa afirmación implicaba. El gesto de Bra era claro, no le permitiría moverse de allí, no solo por Goku, si no porque alguien podría verle. El de Broly, lejos de ser una expresión asesina, se mostraba divertida, como la de un niño travieso al que se le acaba de ocurrir una jugarreta. Los dos esperaron el primer movimiento, y al ver que no llegaba, Broly hizo amago de levantarse de la cama rápidamente.
En menos de un segundo, Bra se había abalanzado encima de él, sentándose sobre su duro estómago para mantenerlo en su sitio.
"¡Ni lo intentes, maldito mastodonte!" le exigió, colocando un dedo sobre su pecho desnudo para mantenerlo en su sitio. "Tenemos un trato"
"Sí, y yo salgo perdiendo porque aquí encerrada no hay forma de que puedas transformarte" se quejó él. "Como me enfade me lo cargo"
"No lo harás" negó ella, cruzándose de brazos muy digna.
"Lo haré, de hecho estoy empezando a enfadarme porque el único que cumple lo que promete soy yo, y eso hace que nuestro trato no valga nada"
"¿Qué quieres decir? ¡Yo cumplo mis promesas, igual que tú!"
"¿Ah, sí? Pensaba que habías prometido que fornicaríamos si cazaba al Yeti, y sigues estando vestida y con las piernas cerradas" Bra se ruborizó. No sabía si adoraba que Broly dijera esas cosas sin ningún tipo de pudor ni prejuicios, y además con un claro doble sentido que él no parecía detectar, o lo odiaba por provocarle tanto bochorno. La joven miró la piel que colgaba de su silla giratoria, encogiéndose levemente. Era innegable que tenía razón.
"Me hiciste prometerlo cuando sabías que ya había perdido, y eso es trampa"
"¿Y eso quién lo dice?" la hizo callar él, divertido por la vaga excusa. Se llevó las manos tras la cabeza y agitó la cola de un lado a otro, acariciando las piernas desnudas de Bra, no ascendiendo más allá de donde llegaba la corta falda.
"Sabes que podrías forzarme, ¿verdad?" le picó ella, y Broly se puso serio entonces. Claro que lo sabía, pero aunque podría forzar a todas las mujeres que quisiese, su inmenso poder no era motivo para hacerlo. Al detectar el cambio de actitud en su rostro, Bra pasó un dedo entre los duros músculos, acariciando la piel bronceada hasta el abdomen. "Tienes los mismos años que Goku, ¿no? Cincuenta y cuatro. En nuestro planeta casi serías un anciano, aunque está claro que no lo eres. Yo solo tengo dieciocho, y estoy segura de que no he hecho tantas cosas como tú" el dedo índice de Bra daba vueltas alrededor de su pectoral derecho. A Broly le gustaba el contacto, pero el tema empezaba a inquietarlo.
"¿Qué quieres preguntarme exactamente?" atajó, tenso. Bra esquivó su penetrante mirada con las mejillas ruborizadas. Quería dar la impresión de que, fuera cual fuera la respuesta, no le importaba, pero lo cierto era que sí lo hacía.
"¿Con cuántas hembras te has acostado?" la expresión que había perdurado toda la tarde, alegre y tranquila, se descompuso. Sus rasgos de saiyan, viriles y duros, se acentuaron. Su cola cayó sobre el muslo de Bra, inmóvil.
"No voy a responder a eso" declaró, molesto.
"¿Por qué no? ¿Acaso eres… eres virgen?" Broly la miró largamente y ella intentó interpretar semejante gesto, pero aparte de irritación no detectó nada más. "¿Lo eres?"
"No"
"¿Entonces? ¿Fueron… muchas?"
"Algunas"
"¿Y significaban mucho para ti?"
"Absolutamente, no" fue su irritadísima respuesta. A Bra empezó a darle la impresión de que estaba pisando terreno vedado. Su pecho se había endurecido totalmente por la tensión, al igual que el rostro. Su ceño estaba remarcado por las arrugas que rozaban el enfado.
"¿Las violaste?" la pregunta salió de su boca sin que pensara realmente en ella. Cuando se escuchó a sí misma mencionarla, se puso pálida y agachó la cabeza, ocultando la cara bajo el pelo, cuyas puntas rozaron el abdomen del guerrero. Broly guardó silencio, y Bra deseó escuchar un gran no salir de su boca. No estaba segura de poder mirarle a la cara a sabiendas de que había forzado a mujeres, y de que podría hacer lo mismo con ella en cualquier momento.
"No. No lo hice" Bra lo miró. Sabía que él no mentía porque nunca lo hacía, y también lo sabía porque sus ojos eran claros y fríos. En ese aspecto todos los saiyans de pura cepa se parecían. Nunca mentían, doliera lo que doliera, y su única manera de mentir era omitir cosas que preferían que no se supieran. Así eran Vegeta y Goku, así era también Broly.
Sin embargo, cuando Bra alzó la cabeza descubrió algo más que omisión y verdad. Descubrió, en sus ojos, impotencia y rabia, sentimientos que parecían ir ligados a la humillación. Recordó la cruda imagen que los boburrianos tenían de él, la bestialidad del braummuro, esa cosa que estaba clavada en su espalda como si fuera una enorme sanguijuela. Estaba claro que su padre tampoco lo había tratado bien, nada ni nadie. ¿Era eso lo que lo había hecho crecer así, siendo un destructor? Como un animal asustado que ataca sin pensar. ¿Era posible que Broly estuviera asustado después de la vida que le había tocado vivir? Bra no lo sabía. Lo poco que sabía de él era que, cuantos más puntos débiles encontraba, más cercano y más tierno le parecía; cuanto más terco y agresivo era, más se divertía y más indagaba en sí misma, descubriendo facetas que no conocía hasta entonces, su competitividad, su orgullo, sus ganas de avanzar y de volverse más fuerte; cuánto más tiempo estaba con él, más cerca quería estar de él, más peleas, más conversaciones, más burlas, más caricias, más besos. Cuanto más estaba con él, más deseaba que nunca se fuera.
Era un hecho que nunca admitiría por herencia del orgullo paterno. Era un hecho que, a pesar de todo y de todos, Bra se había enamorado del guerrero legendario.
Gateó encima de él hasta que unió su frente a la suya, y cuando lo hizo, con el pelo largo acariciando su clavícula, él cerró los ojos y suspiró, recuperando la tranquilidad con la que había aparecido ese día. Bra le proporcionaba una paz que nunca había sentido ni se había imaginado sentir. Siempre había sido indómito y maligno, pero con ella no le quedaban fuerzas para serlo. Con ella se convertía en un animal manso y sumiso, e incluso manejable, y todavía intentaba descubrir si eso le gustaba o no.
Pensó que iba a besarlo, pero ella no lo hizo. En lugar de eso descendió la cabeza hasta su cuello y sopló sobre él para, acto seguido, cerrar los labios alrededor de su nuez. La rodeó con la lengua y notó cómo temblaba en el interior de su boca cuando él emitió un leve gorjeo. Al pronunciar su nombre y agitarse, haciendo amago de levantarse, ella se separó con la lengua fuera, dejando un pequeño rastro de saliva sobre ese bulto que era dueño de su voz, en su cuello. Empujó su hombro hacia atrás, dejándole claro que quería que permaneciera tumbado. Y él lo hizo, reposando la cabeza sobre la almohada.
Bra descendió acariciando su piel con la lengua, apoyando las manos sobre los bíceps para asegurarse de que no se moviera. Viajó entre los pectorales y, teniendo especial cuidado de no tocar el collar de braummuro, rozó el derecho con los labios, subiendo por él hasta alcanzar un pezón que envolvió con los labios, humedeciéndolo con la lengua y pellizcándolo con los dientes. Broly endureció las facciones y el estómago, que subió cuando aspiró aire con Bra encima. Su cola volvió a enredarse alrededor de uno de los muslos, esta vez ascendiendo, acariciando la piel que había bajo la falda hasta amarrarse prácticamente alrededor de su ingle. La apretó alrededor de ella, sobre el principio de las nalgas y Bra se estiró sobre su cuerpo soltando un suspiro contra la piel empapada en saliva, provocándole un escalofrío, descendiendo hasta que su trasero estuvo sobre su entrepierna. Mordió una vez más, con más fuerza, el pezón, jugando como una gata traviesa, y en respuesta él levantó la pelvis, embistiéndola por encima de la ropa. Notó la totalidad de su hombría apresada y semidura bajo los pantalones rozándose contra sus propias bragas y contra lo que había debajo de ellas.
Entonces se separó y sin apartar la boca de su pecho, descendiendo hasta llegar a los abdominales con la lengua, cerrando los labios mojados en saliva sobre ellos con sonidos húmedos, preguntó:
"¿Lo hueles?"
Claro que lo olía. El olor a hembra húmeda pidiendo ser empalada le estaba azotando la nariz, y no era la única muestra de excitación. Bra restregó el trasero por su entrepierna otra vez para seguir descendiendo y era imposible que no lo notara. Las manos de ella, todavía suaves a pesar de los duros entrenamientos, delinearon sus marcados pectorales mientras lo recorría con la lengua y con los dedos en caricias rudas para que él pudiera sentirlas. El estómago de Broly parecía palpitar bajo su boca. Depositó un beso sobre la ahora húmeda piel antes de cernir las manos sobre el principio de los pantalones.
Broly se llevó un brazo a la cara, tapándose los ojos con él.
"Si no vas a acabar, para" le dijo con una voz más grave de lo normal. Bra alzó la cabeza lo suficiente como para ver sus mejillas ruborizadas.
"No me digas que el guerrero legendario está avergonzado" se burló, y Broly apartó el brazo y la miró con gesto turbio y un marcado rubor. Bra sonrió con esa marcada malicia que viajaba entre la burla y la excitación, y sopló sobre su abdomen antes de empezar a tirar de los pantalones hacia abajo, liberando una nueva porción de piel hasta que la ingle y el principio del vello oscuro quedaron al descubierto. Paseó una mano sobre su entrepierna y la agarró en su totalidad, apretando para que él lo notara bien, y así lo hizo. Broly dejó escapar un gruñido ronco que resonó por las paredes de la habitación. Una mano apretó la almohada y la otra chocó contra el cristal de la ventana, que se tambaleó. Estiró el cuello antes de sentir un sensible cosquilleo en el bajo vientre. Dio una embestida al aire y gimió antes de alzar la cabeza y mirarla fijamente. Una gota de sudor descendió por su frente al ver lo que había encontrado, lo que acariciaba con su lengua en ese momento.
Bra se separó de él al notar la suavidad y el diferente color que había en su bajo vientre, justo debajo del ombligo. Allí, la bronceada piel se volvía de un tono rosáceo que, increíblemente, nunca había apreciado. Estaba agrietada, marcada a fuego por una cicatriz que, antaño, debió ser una herida muy profunda. Miró a Broly, que se había apoyado sobre sus antebrazos para mirarla, muy quieto y serio.
"Fue ahí" admitió. "Fue ahí donde me apuñalaron cuando era un recién nacido, y también donde Kakarotto hundió el puño que me derrotó. Justo ahí" Bra observó la cicatriz antes de acariciarla con las manos. Broly se estremeció.
"¿Te duele?"
"No. Pero soy… especialmente sensible ahí. Es uno de mis puntos débiles"
"¿Por qué me lo cuentas?" le preguntó ella. Broly era desconfiado por naturaleza. Que le mostrara abiertamente uno de sus puntos débiles solo podía significar que confiaba ciegamente en ella o… tal vez…
"Si alguna vez me pierdo a mí mismo puedes golpear ahí"
"¿Qué quieres decir con perderte a ti mismo?"
Broly no respondió a eso.
Los ojos de Bra brillaban mientras acariciaba esa porción de piel tan fina y sensible. Era eso. Esa cicatriz era uno de los motivos que los separaban. Si su abuelo paterno no hubiera atravesado su estómago y dejado esa marca, todo estaría bien. Si Goku no hubiera golpeado ese lugar años atrás… Esa cicatriz, solo esa, ya significaba un mundo para ellos. Era la separación definitiva entre la princesa de los saiyans y uno de sus guerreros, desterrado para siempre. Era lo que los hacía diferentes, lo que acabaría separándolos definitivamente. Los ojos azules se humedecieron ante la evidencia, aquella que se había esforzado por ignorar, la prueba de que daba igual cuánto lo intentara. No había forma de salvar las diferencias que los separaban porque esa cicatriz nunca desaparecería. Aun así, Bra se tragó las lágrimas e hizo lo único que podía hacer para solventar los dictámenes de su abuelo. Se agachó sobre la cicatriz y posó los labios sobre ella, besándola suavemente, marcándola con el perdón, suplicando disculpas por las malas decisiones de su familia.
Y Broly, por un momento, quiso matarla.
Un beso no solucionaba sus malas vivencias, no haría que regresara su pasado y no haría que olvidara todo lo que le habían hecho. En su mente no había buenos recuerdos, ni uno solo. Lo poco bueno que había pertenecía a Bra y la odió por ello. La odió porque lo poco que podía hacer por él era besar la cicatriz que los separaba, pero sobre todo la odió porque ese beso era más que suficiente.
Broly cayó sobre la cama, débil y totalmente vulnerable, con la cola cayendo bajo ella, inerte y mansa. Sus ojos se clavaron en el techo y solo un suspiro emergió de las profundidades de sus entrañas. Bra podría hacerle lo que se le antojara en ese momento. Con ese simple gesto acababa de amansar a la bestia, porque a ojos de la princesa, él ya no era un desterrado. Había sido perdonado por el crimen por el que se le había juzgado: nacer. Broly se mordió el labio inferior unos instantes, los suficientes como para contener el extraño nudo en la garganta que le atoraba la voz. Todo su cuerpo tembló antes de paralizarse por completo.
Bra sintió que sus dedos le acariciaban el pelo azul que caía sobre su abdomen hasta la cama. Cuando alzó la cabeza con los labios calientes tras probar esa dura y agrietada piel, lo descubrió con los ojos cerrados, tan inmóvil y respirando con tanta calma, que podría jurar que estaba dormido. La princesa dejó caer la cabeza sobre su estómago y lo miró con una sonrisa, abrazada a su cintura mientras él le acariciaba la cabeza con su gran mano.
"No te vayas" le pidió, y Broly asintió sin abrir los ojos. Bra sonrió todavía más al percatarse de que estaba tan relajado, que ni siquiera había entendido a lo que había accedido. Sus manos se desataron de su cintura y descendieron acariciando la piel hasta el borde de sus pantalones, tirando de ellos hacia abajo. Las yemas de sus dedos rozaron la ingle y el vello púbico mientras los hacía descender.
Entonces él abrió los ojos y la miró.
"Quédate conmigo esta noche"
[…]
"¿Estás bien?" Vegeta estiró los brazos sobre el alfeizar de la terraza y suspiró largamente cuando Bulma posó una mano sobre su espalda desnuda. Él no la miró. Su mirada estaba perdida en el anochecer, en la blanca nieve que caía sin parar, a punto de desembocar en una gran tempestad. Bulma se ató la bata y se abrazó a sí misma antes de auparse sobre el alfeizar para sentarse a su lado. Se llevó las manos a la boca y dejó escapar el vaho sobre ellas en busca de calor.
"Hace frío para los humanos. Vete adentro, mujer" le ordenó él, pero ella, por supuesto, no le hizo caso aunque estuviera temblando.
"Tú a mí no me das órdenes" Vegeta soltó un gruñido por lo bajo antes de separarse del alfeizar y colocarse frente a su mujer, entre sus piernas. Apoyó la cabeza sobre su busto y colocó las manos bajo su bata, justo sobre sus muslos. Instantáneamente el calor recorrió el cuerpo de Bulma gracias al ki de su futuro marido y el frío casi desapareció. "¿Qué te pasa últimamente? Estás muy preocupado, lo noto"
"El tema de los boburrianos me está jodiendo, y tener aquí a toda esa pandilla de imbéciles me saca de quicio"
"Pensaba que empezaban a caerte bien. Gohan, Picolo y tú entrenáis juntos ahora ¿no?"
"Van muy atrasados con respecto a mi nivel. El hijo de Kakarotto se ha descuidado demasiado y ahora no me vale ni como saco de bóxeo. Debería aprender algo de su maldito padre" se quejó.
"Así que es eso. Echas de menos entrenar con Goku" Bulma notó cómo Vegeta se revolvía con desagrado entre sus pechos, haciendo amago de escapar de ellos, pero ella no se lo permitió y le abrazó el cuello, hundiendo su cabeza aun más entre ellos. "Era broma, era broma. De todas formas llevas actuando de esa manera desde mucho antes de que aparecieran los boburrianos. ¿Tiene algo que ver con Bra y con su entrenamiento?" a Vegeta no le extrañó que su mujer diera en el clavo. Mentiría si dijera que no era la persona más lista que conocía, y aunque algunas veces, en muy raras ocasiones, se callara las cosas, sabía que se percataba de todo lo que tuviera que ver con su familia e incluso de lo que ocurría fuera de ella. "Me extraña un poco que no quieras que entrene. Sé que te preocupas mucho por ella, pero siempre has dejado que los niños tomen sus propias decisiones, que se caigan y se levanten por su propia cuenta, que aprendan de sus propios errores, por eso no entiendo que ahora te vuelvas tan sobreprotector. ¿Qué te preocupa, Vegeta?"
Por un momento, solo por un instante, el príncipe de los saiyans perdió la compostura y sintió la gran tentación de rebelarle a su mujer lo que le ocurriría a su hija si los boburrianos la atrapaban, lo que le ocurriría al mundo y, quizás, al universo si conseguían llevar a cabo sus planes con Bra. Por un momento quiso explicarle que había estado a punto de matarla cuando era un bebé, y también quiso hablarle sobre todas las cosas que había hecho a lo largo de su vida, sobre esas cosas que ella no sabía y que, seguramente, provocarían que el compromiso que mantenían se rompiera.
Por un momento…
"Olvídalo. No es nada importante" Bulma ladeó la cabeza, incrédula ante lo oído.
"¿Estás estresado?" decidió atajar, a sabiendas de que Vegeta no le diría nada por mucho que insistiera. Reconocía esa forma de esquivar las preguntas que le hacía. No soltaría prenda a no ser que el estrés y la inseguridad pudieran con él, cosa que, al parecer, no tardaría en suceder. Bulma conocía las fases por las que pasaba cuando estaba en crisis, porque ya lo había vivido varias veces antes a su lado. La primera fue cuando ella se quedó embarazada y él se vio acorralado, sin saber si largarse para no volver nunca o quedarse con esa nueva familia que estaba naciendo. La segunda fue cuando Goku murió y él dejó de entrenar durante un tiempo, desmotivado sin su enemigo a batir. La tercera fue poco antes de que Babidi tomara posesión de su cuerpo y la última que recordaba fue cuando nació Bra. No había duda de que Bra estaba causando esas crisis que volvían a Vegeta o muy irritable, o más cercano de lo normal.
"Todo se arreglará, como siempre, pero hasta entonces será mejor que te relajes un poco. Yo también estoy estresada con tanto trabajo, y las investigaciones sobre los boburrianos apenas avanzan, así que no nos vendría mal relajarnos un poco… los dos…" Vegeta alzó la cabeza cuando notó las uñas de ella acariciándole la espalda delicadamente. Bulma le guiñó un ojo cuando captó su atención. "¿Qué me dices? Si no recuerdo mal, todavía no hemos celebrado que estamos oficialmente prometidos"
"Solo si haces que el gusano que duerme en la habitación de arriba se arrepienta de haber sido un cerdo infiel" Bulma sonrió ante la idea de molestar a Yamcha con escandalosos gritos de placer. Llevaba semanas cohibida por la presencia de tanta gente en casa, pero estaba segura de que Vegeta haría que lo olvidara.
"Como el príncipe ordene"
[…]
Broly tragó saliva y su frente chocó contra la ventana cerrada de la habitación. La nieve caía con fuerza desatando una ventisca indomable y agresiva. Los árboles que rodeaban el jardín y los arbustos se sacudían, totalmente blancos. El viento chocaba bruscamente contra los cristales, acallando los jadeos y, en su caso, los vastos gruñidos animales que emergían de su boca. Un pequeño rastro de sudor quedó sobre el cristal de la ventana cuando se separó de ella y miró hacia abajo, entre sus piernas desnudas. Quería disimular el rubor que le cubría las mejillas, pero no supo cómo. Por primera vez en su vida sentía reparo y hasta algo de vergüenza mientras sus gruesos dedos se enrollaban entre las hebras azules, luchando contra un control animal que le exigía que empujara hacia abajo. Broly apretaba los dientes en respuesta, imponiéndose sobre esa breve locura provocada por su instinto animal.
Le gustaba ver a Bra entre sus piernas aunque de vez en cuando, torpemente, le mordiera en algo sitio poco propicio. Le gustaba a pesar de su inexperiencia. De hecho, empezaba a tener muchas ganas de hacer lo mismo sobre ella, porque el olor que salía de su húmeda vagina oculta bajo esas bragas mojadas y esa falda corta le estaba poniendo incluso más duro de lo que ya estaba. La punta de su pene palpitaba dentro de la boca de Bra, bombeaba con cada lamida y con cada roce de su pelo sobre la cicatriz de su estómago. Su cola estaba encogida, amarrada a una de las manos que descansaban sobre sus duros y gruesos muslos, pidiendo espacio para actuar. Podía ver su rostro desde arriba, tan avergonzado e inseguro, guiada por la incertidumbre y el deseo de mimar esa parte de él que, sin duda, le causaría el placer que no había tenido.
La mente de Bra viajaba a la deriva en un mar de sentimientos. Se sentía entre dichosa y humillada al pensar que ella, la hija del príncipe Vegeta, estaba agachada entre las piernas de un desterrado, lamiendo su tieso y grueso miembro por decisión propia. ¿Qué diría su padre si la viera en esa situación? Prefería no pensarlo. Prefería pensar que era el pene de Broly lo que estaba en su boca, lo que acunaba entre sus mejillas y su lengua. Le gustaba pensar que era él el que le acariciaba la cabeza con la mano, que el olor a sudor masculino era suyo, que la cola que le apretaba la muñeca cada vez con más fuerza era una extensión más de su cuerpo. No se estaba humillando ni rebajando. Quería hacerlo… y si le preguntaban diría que no se avergonzaba por ello, porque su vagina se contraía y soltaba todavía más flujo si pensaba que pronto tendría ese pene entre sus piernas, ese gran cuerpo encima de ella, moviéndose para romperla y perforarla. Nunca había deseado tanto algo como en aquel momento, su instinto saiyan nunca había rogado con tanta fuerza.
Aquello no estaba mal porque ella lo quería.
Su lengua viajó hacia abajo, recorriendo el tronco con los húmedos labios hasta llegar a la base. Una de sus manos se cernió sobre la ahora solitaria y mojada punta y el pulgar se centró en ella, restregándose contra el agujero de la uretra que empezaba a humedecerse por sí solo. Bra oyó un jadeo gutural cuando su boca se cerró alrededor de uno de los testículos, recorriéndolo con la lengua. Su pelo dejó de ser acariciado para ser apretado con fuerza, y notó las piernas de Broly tensarse, al igual que su espalda. Acababa de descubrir otro punto débil y lo atacó sin contemplaciones hasta que la cola apretó su muñeca con tanta fuerza, que le causó daño. Bra alzó la cabeza lo suficiente como para ver que él respiraba aceleradamente, como nunca le había visto hacerlo. Su ceño fruncido solo conseguía remarcar su rubor. Miró la cola alrededor de su muñeca y en lugar de apartarla de sí, se separó de su entrepierna y pegó los labios a ella antes de darle un ligero lametón a la punta.
La cola la soltó enseguida, alejándose con prisas y escondiéndose tras su dueño. Broly la agarró de la barbilla y la obligó a mirarlo a los ojos sin permitirle volver a su tarea.
"Ya has descubierto suficientes puntos débiles por hoy, medio humana"
"¿Eso quiere decir que te ha gustado?" cuestionó con ojos brillantes y sonrisa traviesa.
"¿Crees que hay muchos machos a los que no les guste que se la chupen?" los ojos de Bra se desorbitaron ante semejante oración. Aun más ruborizada si cabía, intentó esquivar esos ojos ardientes en vano.
"¿Por qué tienes que decir cosas tan vulgares? Soy una princesa, deberías moderar esa lengua en mi presencia" Broly dejó escapar una risita socarrona, inclinándose sobre ella hasta que su clavícula dio contra su frente.
"Lo último que voy a hacer en tu presencia es moderar mi lengua" esta vez, el doble sentido fue intencionado y Bra tembló al notar cómo esa boca que a veces podía ser tan sucia acariciaba el lóbulo de su oreja. En menos de un segundo se vio tendida bruscamente sobre la cama con ese gran cuerpo entre las piernas, con sus manos agarrándola por el interior de los codos para que no se moviera y con su cabeza hundida entre sus pechos. Se había abierto la camisa hacía un buen rato y el sujetador blanco parecía brillar bajo la tela. El pelo oscuro de Broly le acarició la barbilla mientras él se agitaba entre esos montes de carne, como si buscara la forma de deshacerse de la molesta prenda interior sin resultado. Bra, sudorosa y con el corazón latiéndole a gran velocidad, abrió la boca para explicarle cómo debía desabrocharle el sujetador, pero entonces sintió la humedad de su boca y el fuerte tirón de sus dientes cerrándose sobre la tela. Tiró de ella hacia arriba, levantándola unos centímetros antes de que el sujetador cediera y se hiciera trizas en su mandíbula. Ella dejó escapar un gritito de sorpresa cuando sus pechos, ya desnudos, se sacudieron de arriba abajo frente a su atenta mirada, y gritó una vez más cuando la lengua de él entró en contacto con su pezón izquierdo, atrapándole el grueso pecho con la boca y apretando el otro con una mano. Lo abarcó casi por completo y lo succionó con fuerza, como un bebé hambriento pidiendo la leche materna. Bra abrió la boca reuniendo aire mientras su espalda se arqueaba. La mano de Broly era brusca mientras masajeaba su otro seno, sin piedad, pellizcándolo y tirando de él hacía arriba.
Bra descubrió entonces, cuando alzó la pelvis en busca de contacto con su pene duro, que no podía ser de otra forma entre saiyans. Por eso le gustaba. Sintió la punta colándose bajo la falda, rozándole las bragas y se encogió un poco, acongojada. Eso que había visto varias veces pero que apenas había tocado sin tener en cuenta a su Broly palpitaba y estaba tan duro como si fuera una extremidad más. Tragó saliva cuando su vasta mano tiró de su pezón descubierto hacia arriba, haciéndole daño pero provocando una nueva corriente en la entrepierna que la hizo levantar la pelvis todavía más. Notaba los muslos mojados y sus uñas se clavaron en el principio de su espalda. A él no pareció importarle que le arañara hasta dejar salvajes marcas. Por un momento recordó el aparato que le había atravesado la espina dorsal en aquella foto y se preguntó si sería posible que él no tuviera ninguna clase de sensibilidad ahí, pero cuando encontró la cicatriz sobre su columna y clavó una uña en ella, Broly se estremeció y apartó la boca de su pezón empapado por la saliva.
"No me arañes ahí…" murmuró. "En cualquier parte, pero no ahí" Bra solo atinó a sonreír.
"Eres tan grande y tienes tantos puntos débiles" su mano se posó en su mejilla y se paseó por ella hasta llegar al nacimiento del pelo oscuro, enredándose en él. "Quiero conocerlos todos" En un pasado no muy lejano, Broly habría sospechado. Pero no ahora, no después de que hubiera besado su cicatriz más antigua, la que intentaba esconder a como diera lugar, esa que odiaba ver cuando se miraba al espejo. Ya no le parecía tan horrible.
Se inclinó cuando ella tiró de su pelo hacia abajo, pidiéndole más acercamiento, pidiéndole algo que él no sabía darle. Fue Bra la que pasó las manos bajo sus brazos y pegó la cabeza a su pecho, abrazándolo. Él se dejó, pero no la correspondió manteniendo las manos clavadas en el colchón para no caer sobre su cuerpo. Era tan pequeño comparado con el suyo…
Entonces Bra dejó escapar un jadeo sobre su oído y se separó. Sus ojos azules brillaban, clavados en el escritorio desorganizado. Broly giró la cabeza y se encontró con una fotografía familiar que ya había visto varias veces, pero a la que nunca le había prestado atención. Las expresiones sonrientes de Bulma y Trunks alrededor de la pequeña Bra de nueve años le trajeron sin cuidado. Sus pupilas taladraron la figura de Vegeta, cercano a su familia pero ajeno a ellos, estoico observando la cámara, como la estatua de un gran protector. El príncipe de los saiyans parecía ver a través del cuadro y su expresión era escrutadora. Broly gruñó cuando vio el gesto descompuesto de la princesa, sin duda surcado por un millón de dudas y remordimientos.
"No los estás traicionando" atinó a decir él.
"Sí lo estoy haciendo, y lo sabes"
"Si te sirve de consuelo, puedes pensar que te estoy forzando" se burló él, aunque Bra detectó un tono de ironía y crueldad en su voz.
"Broly" Sus ojos rehuyeron la fotografía de su familia feliz y se clavaron en los suyos. El guerrero legendario dejó de respirar unos segundos al ver el pánico reflejado en ellos. Una pregunta viajó en su nublada mente. ¿A dónde demonios la estaba llevando? De repente ella había pasado de ser el enemigo a convertirse en su presa, y ni siquiera se había dado cuenta de ello. Era él el que la estaba conduciendo lejos de su familia, era él el que la estaba obligando, de una manera u otra, a traicionarles, era él el que le estaba quitando todo para guiarla por un camino de tinieblas. Él era el malo… y por primera vez en su vida, no quiso hacer el papel de villano.
Pero entonces ella lo dijo y él pensó que, si su familia no la quería después de lo que iban a hacer, él se la llevaría consigo y la cuidaría como ellos no lo habían hecho.
"Házmelo" y él se inclinó, totalmente doblegado, para cumplir con las exigencias de la princesa. Sus besos no eran cálidos comparados con los que Bra había recibido de simples humanos. Sus besos eran todo lujuria y desenfreno, casi totalmente exentos de romanticismo, donde la lengua de un animal salvaje predominaba por encima de los sentimientos. Era como ser devorada y degustada mientras la penetraba con la lengua. Le chupaba todo el oxígeno y cuando se separaban tenían los labios húmedos e hinchados. Bra siempre oponía resistencia frente a la invasión de su lengua porque de no hacerlo, estaba segura de que la devoraría, y ahí estaba el reto de descubrir quién doblegaba a quién, la excitación, el deseo de continuar investigando la boca contraria, y esta vez para no parar. Ya no era la boca de un adolescente la que la besaba, sino la de un hombre que tenía más de bestia que de humano.
Bra notó algo distinto en esta ocasión. Notó menos presión y más reparo, más cuidado y dedicación. Apretó los ojos cerrados y le rodeó el cuello con los brazos. Sus pechos se apretaron contra el caliente torso y sus piernas se abrieron más para recibir la cintura desnuda del guerrero legendario entre ellas. Broly no estaba igual de atento. A diferencia de ella, miraba de reojo la foto de la que Bra intentaba olvidarse. Miraba a Vegeta con el desafío en la cara.
Mira lo que le hago a tu hija, Vegeta. Míralo, porque no podrás hacer nada para impedirlo.
Y tras ese pensamiento por el que se permitió una sonrisa tras sacar la lengua de su boca, agitó la cola con fuerza y golpeó la foto, tirándola al suelo, rompiendo el cristal en el acto. Por desgracia, no fue lo único que tiró. Su cola se enganchó momentáneamente en los cables que conectaban el ordenador con el cajón donde la diadema inhibidora descansaba oculta de miradas ajenas. Broly dio un tirón salvaje al soltarse y el ordenador se tambaleó, pero fue el cajón lo que se salió del escritorio y lo que dio a parar contra el suelo, junto a la foto de la familia Brief. La diadema cayó, rebotó varias veces y rodó hasta caer a peso muerto. El color dorado brilló con la luz de la lámpara de noche e iluminó las facciones de Broly, que arrugó la cara, molesto por el resplandor, antes de abrir los ojos y descubrirla ahí, sumamente cerca de él.
Entonces todo acabó.
Los labios de Broly se paralizaron, al igual que el resto de su cuerpo, que perdió el calor que desprendía al instante. La piel bronceada adquirió un tono sumamente pálido. El guerrero legendario se congeló y Bra lo notó. Se despegó de él, confusa, y siguió la dirección de su mirada. Sus ojos se abrieron como platos al ver la diadema inhibidora tirada en el suelo, tan cerca de ellos. Tan cerca del que había sido su portador durante años. Las palabras se quedaron atascadas en su garganta, pero no hicieron falta para evitar la primera reacción. Broly saltó de la cama en un visto y no visto y su gran cuerpo quedó aprisionado en una esquina de la habitación. Giró la cabeza sin apartar la vista de la diadema, enseñando los colmillos con el rostro descompuesto en una grotesca expresión.
Bra se levantó con la excitación extinguida. Se agachó frente a la diadema, pero en el último momento se acordó de que no podía tocarla.
"Broly, esto no…" murmuró, y anduvo hasta él, tapándose el pecho con la camisa desabrochada. El torso de Broly se agitaba de arriba abajo increíblemente deprisa, al borde de un ataque de histeria.
"¿Me has… me has traicionado?" le preguntó.
"¡No! Eso no es para…" pero su mente no aceptó explicaciones y Bra pudo verlo claramente en el temblor casi convulso de su cuerpo.
Broly estaba aterrorizado.
"¿De dónde has…? ¡No! ¿¡Qué coño haces tú con eso!? Querías ponérmelo, ¿verdad? ¡Querías controlarme con esa cosa!"
"¡NO! ¡Es de los boburrianos!" atinó a decir ella, pero la respuesta solo hizo que el pelo de Broly se erizara y su cara se ruborizara por la furia y la incredulidad. ¿Cómo conocía ella el nombre de los boburrianos? Era absurdo, imposible. Estaba tan acongojado que ni su cuerpo ni su mente reaccionaban. Bra pudo ver cómo su cola se ocultaba entre sus piernas y su erección se vino abajo al instante mientras sus ojos se centraban en la diadema.
No otra vez. No quería ser controlado otra vez, desterrado en una caja oscura y vacía de su mente, observando cómo su cuerpo se movía y hacía cosas que él no quería hacer por órdenes ajenas mientras él gritaba en rebeldía intentando emerger. En ese sitio su personalidad estaba tan sola, tan fría, tan oscura. Se ahogaba en su propia desesperación e ira.
"No es de los boburrianos" se atrevió a decir. Lo notaba. Podía notar cómo su mente estaba al borde del colapso, al borde de la locura. Eso no era bueno. Hacía cosas incontrolables cuando se colapsaba, y lo sabía. Una vez empezara no podría parar. "Yo los liquidé a todos. ¡A TODOS! Hombres, mujeres, niños… ¡incluso nonatos! ¡Los hice volar por el espacio a todos!"
"¡Pues están aquí ahora!" insistió Bra. "¡Fueron ellos los que atacaron a Goku, fueron ellos los que le colocaron esa diadema y ellos son el motivo por el que estamos todos aquí, vigilando!" aclaró. Broly no la creía. De hecho, ni siquiera parecía estar allí. Tenía los ojos en blanco, mirando a la nada, colapsados. Bra podría jurar que estaba a punto de echarse a llorar.
"No… ellos no. No otra vez"
"Tú los conoces, ¿verdad? Sabes cómo derrotarlos porque ya lo hiciste una vez. ¡Tienes que ayudarnos!" le gritó, atajando todas las explicaciones.
"¡Esos cabrones vienen a por mí!" chilló él. Sus pies flotaron en el aire, pegados a la esquina, casi trepando por ella en su afán de alejarse de todo y todos. "Quieren colocarme esa cosa otra vez, quieren utilizarme en sus jodidos experimentos. ¡VOY A DESTRIPARLOS!"
"¡Broly!" lo llamó Bra, escandalizada por sus gritos. No fue eso lo que la hizo desesperar, si no lo que vino después. El guerrero legendario, hecho una furia descontrolada, se dirigió a la ventana desnudo, dispuesto a alejarse de allí para iniciar una batalla contra lo invisible. Cada músculo estaba claramente definido por las venas cargadas de rabia y locura, cargadas de instintos asesinos. Bra solo se atrevió a acercarse para agarrarlo de la cola con la intención de detenerle. "¡Broly, para, estás fuera de ti! ¡No puedes pelear así, Broly!" pero aunque tiró con todas sus fuerzas de su cola, no pudo detenerlo. Él siguió andando como si no sintiera dolor alguno, se subió a la cama y abrió la ventana de par en par, dejando pasar la nieve helada. Bra cayó al suelo cuando él agitó la cola para quitársela de encima, pero aun así no lo soltó. "¡BROLY!" lo llamó, pero no obtuvo respuesta. Una idea macabra se cruzó por su cabeza, una idea que no debería haber utilizado, pero lo hizo presa del pánico. "¡SUJETO 813!" lo llamó.
Y Broly se detuvo.
Y Broly se volvió a gran velocidad.
Y Broly cerró la mandíbula alrededor del brazo de Bra, y clavó los dientes.
Y Bra gritó cuando, al alejarse de ella, un borbotón de sangre emergió y cayó sobre el suelo, poniéndolo todo perdido. El mordisco había sido tan profundo, que ni siquiera pudo ver la marca de los dientes, solo la sangre embadurnándolo todo, corriendo a lo largo de su brazo, desde la muñeca hasta el codo. Cuando soltó su cola y alzó la cabeza para mirarle a los ojos, pálida, vio la sangre cubriendo su boca, su barbilla y su nariz en una expresión monstruosa, carente de sentimientos.
"Eras tú. El sujeto 813 de verdad eras tú" musitó ella.
"¡Como si no lo supieras, maldita zorra traidora!" la insultó, embravecido. "¿Crees que podréis utilizarme para destruir a los boburrianos con esa puta diadema? Ni lo sueñes. Enfrentaos a ellos como yo lo hice, soportad sus experimentos, aguantad su locura. ¡Ser sus conejillos de indias y tendréis una ligera idea de lo que yo he tenido que aguantar con ellos!" Bra dio un salto, sobresaltada, cuando Broly agarró su escritorio con una mano y lo lanzó al otro extremo de la pared, destrozándolo de inmediato, provocando un estruendo ensordecedor. El portátil cayó al suelo y la pantalla se resquebrajó. Lo poco que quedó cayó, destrozado, sobre la brillante diadema inhibidora. Los ojos de Broly eran los propios de un sádico demente en ese instante, justo como el día que se conocieron. "Me equivoqué contigo. Eres igual que tu padre"
"Mi padre no tiene nada que ver con esto. Broly, escúchame…"
"Tiene todo que ver" la interrumpió él sin admitir la más mínima excusa. "La princesa cree que su padre es un santo, pero no tiene ni idea de que es igual que yo, igual que los boburrianos, igual que Freezer y que toda su escoria asesina. Tú también eres como él. Tú también eres una traidora sin escrúpulos que no tendrá reparos en matar a su propio hijo"
Bra lo miró largamente, intentando descifrar esa última oración que carecía de sentido para ella. Con el brazo herido temblando sin parar, empezando a dormirse, abrió la boca una vez más.
"¿De qué demonios hablas?" y Broly sonrió. No era una de esas sonrisas que últimamente le mostraba, sincera y casi cálida, sino una de esas sonrisas maliciosas que no avecinaban nada bueno.
"Vegeta no te lo ha contado, ¿no? Me apuesto lo que sea a que ese cobarde nunca ha mencionado lo que hizo en el planeta Germera bajo el mando de Freezer. Es una historia muy famosa en todo el universo, muy divertida. De hecho, él quiso que todo el universo la conociera para que nadie pensara que se podían hacer tratos con los saiyans" Bra no quería oír la historia, fuera cual fuera. Estaba empezando a marearse, y no sabía si era porque la sangre no paraba de manar del mordisco o porque de verdad estaba impactada por las actuaciones de Broly. Quería taparse los oídos y no escuchar, quería abrazarle y que se calmara, pero sabía que si intentaba acercare una vez más, se llevaría algo más que un mordisco. "En el universo hay muchos planetas y en algunos de ellos reinan semidioses, guerreros, reyes y príncipes. En Germera reinaba la reina Bengala, y cuando Freezer se interesó por su planeta, la reina se debatió con todas sus fuerzas militares y exigió que un miembro de la realeza del ejército del Señor del Universo la atendiera para hacer un tratado con el que se estableciera la paz entre Germera y Lord Freezer. Adivina a quién envió ese insípido lagarto, y adivina qué hizo tu padre para complacer a su señor" Bra se llevó las manos a las orejas, molesta por semejante relato. No quería oír nada más. La historia de su padre como masacrador y genocida antes de aterrizar en la Tierra ya era bastante para ella. No necesitaba conocer los detalles. La sangre se escurrió hasta mancharle toda la camisa y los ojos de Bra se tornaron rabiosos.
"No quiero oírlo, Broly. Cállate"
"Todavía queda lo mejor, pequeña e ingenua Bra"
"¡He dicho que te calles!"
"Cuando tu padre llegó allí y fue atendido por la reina, crearon un tratado de paz, y cuando le tocaba sellarlo, lo rompió y dijo: yo no hago tratos con rameras, pero ya que insistes tanto en tener un trato con un príncipe, lo tendrás."
"¡No quiero saberlo!"
"¡La violó delante de toda la corte real y de todos sus súbditos, y encima la dejó preñada!"
"¡CÁLLATE!" chilló ella. Un torrente de vómito empezó a azotar su garganta al oír semejante confesión, pero lo contuvo a duras penas, sudando a mares con los ojos ardiendo en escozor.
"Cuando tu padre se enteró de que la reina Bengala estaba embarazada, no tuvo reparo alguno en hacer lo que tenía que hacer. Simplemente la destripó, rápido y efectivo, y el planeta Germera fue tomado como otro más entonces. ¡Vegeta mató a tu medio hermano sin ninguna clase de reparo, a su propio hijo solo para demostrar que no pensaba ceder! Esa es la clase de ser que es, como yo, como los boburrianos. ¡Ese es tu auténtico padre!"
"¡Estás mintiendo!" chilló de nuevo. Su expresión denotaba ira pero a pesar de que intentó mantener la compostura, las lágrimas rebosaron por las cuencas de sus ojos y se mezclaron con la sangre de su herida. Bra bajó la cabeza para evitar la humillación de mostrar sus lágrimas, pero Broly dio dos pasos al frente y una de sus grandes manos agarró su pelo azul para obligarla a alzar la cabeza y observar ese sadismo en sus ojos.
"Pregúntaselo. Pregúntale qué ocurrió en Germera y pregúntale también si intentó matarte a ti y a tu hermano en cuanto os vio nacer. Esa es la clase de monstruos que somos. ¡Eres la hija del príncipe de los sádicos!"
"¡VETE!" chilló entonces ella, apartando la mano de él de un manotazo. Señaló la ventana abierta con el dedo índice y volvió a gritar, rabiosa, llorando como nunca antes lo había hecho. "¡LÁRGATE DE MI CASA, FUERA!"
"La verdad duele, princesa. Tu padre es un monstruo sediento de sangre y tú no eres menos"
Bra negó con fuerza. En su cabeza ya no cabían sus sentimientos por Broly, solo el cariño y el amor que tenía por su padre. Vegeta nunca había sido el padre más comprensivo, el más cariñoso o el más atento, pero aunque sus demostraciones de afecto pudieran ser contadas con los dedos de una mano, Bra no quería ningún otro. Había hecho cosas malas, horribles, pero ella solo era consciente de lo que sabía. Él la había llevado al colegio y la había recogido aunque no le gustara mezclarse con los padres humanos. Él se había levantado en plena noche cientos de veces cuando ella lo llamaba porque le daba miedo ir al baño sola, le había leído cuentos que odiaba y había peleado contra el monstruo invisible que había en su armario para que dejara de tener miedo. La había cambiado en silencio cuando, a los nueve años, se orinó en la cama y empezó a llorar porque le daba vergüenza admitirlo, la había ayudado en proyectos para el colegio que apenas entendía, la había acompañado de compras y había cargado con toda su ropa con expresión agria, pero sin quejarse, e incluso había jugado a las muñecas con ella más de una vez, siempre a escondidas de su madre y de su hermano, pero lo había hecho. Bra no podía consentir que nadie hablara mal de su padre, nadie.
Ni siquiera el hombre del que se había enamorado.
"¡El único monstruo que hay aquí eres tú, por eso dices todo esto, porque eres tan malvado y tienes tan pocos escrúpulos, que incluso tu propio padre te quería ver muerto! ¡TÚ ERES EL AUTÉNTICO MONSTRUO, BROLY!" chilló. Y con ese simple grito, todo desapareció. Bra no se disculpó aunque el rostro de Broly adquiriera una forma pensativa, casi herida, melancólica. Frunció el ceño lo suficiente como para que ella supiera que aquella afirmación no le había sido indiferente. Le había llegado a algún punto de su cabeza, o incluso de sus sentimientos.
Si es que tenía sentimientos, porque después de ese espectáculo, Bra había empezado a dudarlo.
"Vete de mi casa… y no vuelvas" fue lo único que ella dijo. Sus ojos, fríos como la tundra, no mostraron la más mínima vacilación. Esa expresión no era de Vegeta, era suya, y era mucho peor que la del príncipe de los saiyans.
A Broly no le hizo falta nada más. Su cola se agitó y con ella agarró su propia ropa. Sin decir lo más mínimo, pues ya estaba todo dicho, se dirigió hacia la ventana abierta, hacia la más fría noche de invierno, pero antes de saltar, giró la cabeza y miró a Bra con esos ojos amenazadores, los que tanto la habían intimidado cuando se conocieron.
"Si vuelvo a verte, te haré lo mismo que tu padre le hizo a la reina de Germera. Te destriparé, con niño o sin él" No le hizo falta levantar la voz para que Bra supiera que hablaba totalmente en serio.
Luego desapareció en la oscuridad.
Bra se quedó sola entonces. Bajó la vista al suelo, ignorando el estropicio que había a su alrededor. Dejó de llorar en cuanto él se hubo ido y sus ojos se centraron en la fotografía rota de su familia. El cristal que cubría la cara de su padre estaba totalmente resquebrajado. Entonces oyó los pasos acelerados y la abrupta entrada que reventó el pestillo que cerraba su puerta, haciendo temblar las bisagras.
"¡Bra!" aunque ella no se giró para mirarlo, reconoció la voz de su hermano en cuanto puso un pie en su habitación. "¿Estás…?" Trunks calló al ver semejante destrozo. Tras él, Goten y Pan aparecieron en un abrir y cerrar de ojos. Los tres observaron el cuarto patas arriba, y las conclusiones precipitadas no tardaron en llegar. "¿Qué demonios ha pasado aquí?" preguntó el mayor de los tres.
"Pero, ¿qué has hecho, pequeña Bra? Has empezado a gritar y…" Goten entró sin ninguna clase de reparo y tanteó el lugar, curioso. Sabía que había mujeres que tenían muy mal pronto, pero eso se quedaba corto. No dejó de dar vueltas buscando un motivo para todo aquello hasta que se fijó en el brazo sangrante de ella. "¡Princesa!" exclamó, agarrándole el brazo con mucho cuidado. "¿Cómo te has hecho esto?" Goten intentó tantear la herida, pero Bra tiró del brazo para que no descubriera la marca del mordisco. Fue entonces cuando él se percató de su semidesnudez al ver un pecho que sobresalió de la camisa abierta. Se apartó, ruborizado y nervioso al notar los ojos de su mejor amigo clavados en su nuca.
"¡No es culpa mía!"
"¡Aléjate de mi hermana, cerdo!" Trunks se situó al lado de ella, se quitó la sudadera que llevaba puesta tras fulminar a Goten para que se alejara y se la pasó por los hombros. "¿Qué haces medio desnuda? No habrá entrado nadie por la ventana y habrá intentado…" pero Trunks no pudo terminar de preguntar al sentir los brazos de su hermana pequeña rodeándole el cuerpo. Bra hundió la cabeza en su pecho y sus sollozos acallaron todos los demás sonidos.
Todos estaban desconcertados. Nadie, jamás, había visto llorar a la orgullosa princesa de los saiyans desde que era un bebé y gritaba para que le cambiaran los pañales. Nadie, excepto Vegeta. Trunks se quedó petrificado y muy preocupado, tanto, que no se percató de la presencia de Marron hasta que cruzó el umbral de la puerta seguida de Pan.
"Oh, Bra, ¿qué te ha pasado?" preguntó la rubia cariñosamente, pero ella solo hundió todavía más la cabeza entre el cuello y la clavícula de su hermano. Trunks correspondió al abrazó envolviéndole la cabeza con las manos, tan confuso como inquieto.
"¿Puedes llamar a mis padres, Marron? No sé qué…"
"¡No!" gritó Bra entonces. "¡No llames a papá!" No quería verle. Si lo veía en esas circunstancias no sabía qué haría.
Todos los allí presentes intentaron calmarla sin mucho resultado. Por mucho que intentaron saber qué había ocurrido ninguno pudo sonsacarle nada. Nadie supo nada… excepto Pan.
Pan anduvo hasta la ventana del cuarto de su amiga mientras Marron le limpiaba la herida con alcohol puro. Se asomó por la ventana y, achicando los ojos, consiguió ver las huellas de unas grandes pisadas hundidas en la nieve, a punto de desaparecer por la intensa ventisca.
"Madre mía… ¿qué es esto? ¿Te ha mordido un animal?" oyó preguntar a Trunks tras ella.
"No para de sangrar"
"Debía de ser enorme. Creo que le ha llegado al músculo, puede ser grave"
"Todavía tengo semillas senzu. Iré a por ellas" Pan cerró los puños sobre el alfeizar de la ventana, apretando los dientes mientras oía la conversación a sus espaldas.
"Maldito cabrón" musitó. Su abuelo debía estar equivocado.
En ese monstruo no podía haber nada bueno.
