Capítulo 43:

Una bolsa de hielo y un tratado de paz

Normalmente cuando se es joven creen que tienen el control de sus vidas. Que por ser jóvenes pueden dominar el mundo con cada paso que dan y entender finalmente de que se trata la vida. Pero lo cierto que cuando jóvenes, es la etapa en que menos control se tiene sobre las cosas y situaciones, y de eso, un pelirrojo sabe mucho.

— Demonios —murmuró estirando los dedos de su mano, por milésima vez.

Ciertamente había golpeado bastantes veces en su vida como para saber cuál era el dolor de una lesión. Su mano estaba cada vez más hinchada, morada y adolorida, por lo que haciéndose el fuerte una vez más, hizo como si aquel dolor fuera a desaparecer en cualquier momento, y de paso ojala también el dolor que se encontraba anclado en su pecho.

— Deberías ponerte hielo —murmuró una voz femenina.

Ron no pudo evitar sonreír. ¿Cómo no había pensado en eso antes? Era bastante obvio de todas formas.

— No lo había pensado. —admitió. — Pero dudo que haya.

— ¿En un hotel? ¿Para el súper modelo Weasley? —inquirió ella con ironía. — Dudo que haya algo que no puedas conseguir.

— Te equivocas

Y vaya que se equivocaba. Porque cualquiera hubiera pensado que Ronald Weasley lo tenía todo, y lo cierto es que a pesar de tener todo lo que quería, no tenía lo único que necesitaba. Hermione entendió a los segundos el porqué de aquella corrección, pero prefirió callar. Una vez más.

En su lugar, caminó los pasos que la separaban del teléfono y marcando un simple digito esperando a que la atendieran de la recepción.

Buenos días, ¿en qué puedo ayudarla?

— El desayuno para la habitación… —vaciló al descifrar el número, dirigiendo una mirada a Ron, que instantáneamente murmuró "suite presidencial" entre sonrisas.— Cierto, la suite presidencial.

Estará un garzón ahí en un par de minutos. ¿Algo más que necesite?

— Una bolsa de hielo también, por favor.

— Cla-claro, anotado —asintió la mujer sorprendida. — Que disfrute su desayuno.

La castaña le agradeció y luego colgó el teléfono. Caminó lentamente hasta donde se encontraba el pelirrojo y se acomodó a un lado del sillón, subiendo sus pies para calentarlos un poco con la suave bata que lograba cubrir gran parte de su cuerpo. No quiso prestar atención a Ron, porque sabía que tenían mucho de lo que hablar así que mantuvo sus ojos lejos de él. Y solo cuando sintió que el ambiente se volvía incomodo, posó su vista en él, para descubrir que él la observaba fijamente y sin intenciones de desviar su atención de ella.

— ¿Por qué me miras así? —preguntó arrugando el entrecejo. — ¿Es que acaso tengo comida en mis dientes?

Ron soltó una carcajada, bajó la mirada y luego la volvió a fijar en ella.

— No es nada, Hermione —mintió.

La castaña bufó.

— Sí, claro.

— Solo quería saber si te encuentras bien —dijo sinceramente preocupado. — Es decir, en tu lugar estaría bastante… mal.

— Si te refieres a la resaca de los mil demonios que tengo, sí —admitió divertida. — Con tal de que no decida devolver todo lo que tengo en el estómago, que de todas formas es nada, estaré bien.

— Recuerdo que me había dicho que no volverías a tomar tanto —le recordó él divertido.

Hermione hubiese dado respuesta a ello, si en ese mismo instante no hubiera resonado el timbre de la suite.

— Yo voy, no quiero que piensen que poco menos me has pegado —argumentó ella, apretando el nudo de su bata, para dirigirse a la puerta.

En la entrada, un muchacho bastante joven apareció con un carrito de dos pisos, con varios platos de comida cubiertos con una tapa de metal. Ella le indicó que ingresara y que ubicara todo en la gran mesa en mitad del salón. Este así lo hizo en menos del tiempo que se pensaba.

— Aquí está la bolsa de hielos que pidió —agregó el joven, bastante nervioso. — Me dijeron que solo… bueno que usted había…

— Si, es perfecto, gracias. —respondió ella rápidamente tomando los hielos.

— Si no necesita nada más, voy a retirarme.

La modelo asintió siguiéndolo camino a la salida, pero recordando que aquel muchacho trabajaba y que probablemente lo hacía porque necesitaba dinero, pensó en ir en busca de un par de billetes, aunque no fue necesario, ya que a los minutos apareció Ron entregándole más que un par de billetes. Una vez que apareció a su lado le entregó el dinero al muchacho justo al momento en que depositaba una de sus manos en la cintura de la muchacha y luego depositaba un pequeño beso en su frente.

— Gracias —dijo el joven, muy agradecido. Y antes de desaparecer por el pasillo con el carrito se volvió a los modelos y dijo con valentía. — Es bueno saber que se encuentran bien, ambos.

El pelirrojo no esperó que la conversación siguiera más, y tampoco el joven, porque apenas la puerta se cerró, Hermione dirigió su mirada inquisitiva a él. Seguía más que consiente de la mano que rozaba su cintura y que cada vez se volvía más cálida.

— Pensé que había dejado de marcar tu territorio —murmuró ella tratando de sonar divertida por la situación, pero lo cierto era que se moría de ganas de saber el porqué de su comportamiento.

— No se trata de marcar territorio, porque creo que está más que delimitado —aseguró él, dejando caer su mano en el delicado rostro de ella, mientras deslizaba unos mechones rebeldes. Hermione rogó que su acelerado corazón no fuera audible para él.— Es solo porque creo que es bueno que todos sepan que a pesar de los rumores de separación, seguimos unidos.

Una pequeña punzada de decepción estalló en su cuerpo, sonrió irónicamente y luego asintió alejando su rostro de la mano de Ron, de su ubicación atrapada entre él y la puerta, y de aquellos idiotas sentimientos que seguían controlándola.

— Tienes razón —admitió a medida que se alejaba al salón donde se encontraba el desayuno. Ron se maldijo por él y sus estúpidas palabras, dando un golpe con sus puños a la puerta. — De hecho, debería irme. Tenemos trabajo hoy y yo tengo otras cosas que hacer.

— Acabas de pedir el desayuno —argumentó él tratando de sonar relajado. — Podríamos desayunar y luego…

— No, gracias —lo interrumpió ella, mientras se cubría con su abrigo rápidamente después de haberse quitado la bata. — Seguro encontrarás a alguien que pueda acompañarte. Y yo debo ser la última persona que quiera hacerlo.

Lo siguiente que escuchó fue la puerta cerrarse tras unos segundos. Suspiró rendido y se desplomó en el sillón tirando de su cabello pelirrojo, arrepintiéndose una vez más de ser un idiota con las palabras.


Caminando lentamente calle tras calle pensaba una y otra vez que era lo que tanto le sorprendía de que Ron fuera tan indiferente con ella. Era ella la que le había dicho que no quería nada, después de todo. Ambos tenían claras las cosas y ahora ella la que se comportaba como una niña.

Analizó una vez más el nombre de la calle en que se encontraba. La recepcionista le había informado que se encontraban al este de la ciudad. Esa fue la razón por lo que decidió caminar un rato. Esa parte precisamente, estaba repleta de parques con frondosos arboles antiguos y perfectamente decorados. Era el lugar perfecto para dar un paseo temprano por la mañana.

La brisa refrescante recorrió sus mejillas y la hizo temblar un poco. Observó el lugar con tranquilidad y luego se adentró en el caminito que recorría la plaza de una esquina a otra dando vueltas como si fuera un senderó escondido entre las montañas. Adoraba la naturaleza, y lo hermoso que se contrastaba con las ciudades, tomando su lugar en la pelea por la lucha de la sobrevivencia.

— ¿Te molesta un poco de compañía? —preguntó una voz familiar.

Ella suspiró y luego negó, manteniendo el paso de sus pisadas.

— Está bien.

— Lo siento —se disculpó Cormac.

— No tienes porque —aseguró ella, dirigiéndole una sonrisa agradable. De todas formas no recordaba mucho de la noche anterior y no veía razón para culparlo tampoco de haber amanecido en un hotel con su ex novio. — Fue mi culpa haber tomado tanto.

— A todos nos pasa.

— Lo sé —aceptó ella. — Pero se supone que yo no tengo el privilegio de hacerlo. Debo estar consciente de que mis acciones serán plasmadas al día siguiente en las portadas de diarios y revistas. Eso sin mencionar los noticieros y la farándula.

— Tu vida es dura —confesó, a medida que seguía el paso de la castaña.

— No tienes idea de cuánto —carcajeó ella sin alegría. — Apropósito… ¿Cómo me encontraste aquí? Estamos prácticamente al otro lado de la ciudad.

— Tengo varios contactos —respondió con misterio. Hermione arrugó el entrecejo divertida. — E hice un tratado de paz con cierta persona.

— Sigo sin entender una palabra de lo que dices.

Cormac se quitó los lentes de sol y la miró. Hermione ahogó un gemido de sorpresa llevando una mano a su boca.

— ¿Qué te paso? ¡Cielos santo! —exclamó acercándose para acariciar el borde de su moreteado ojo.

— Problemas del trabajo —aseguró.

— Yo soy tu trabajo —respondió ella rápidamente. Entonces lentamente las neuronas se juntaron y le dieron el resultado. — Ron…

— No te enojes con él, simplemente estaba preocupado por ti.

Ahora lo entendía todo. El rostro y la mano amoreteada del pelirrojo. La cara moreteada de Cormac. Ella en un hotel lo más lejos de su casa y con Ron.

— ¡Ese imbécil!

— Hermione, solo fue un mal entendido. Estoy bien.

— ¿Pero qué demonios? —exclamó molesta. — Más te vale que me cuentes todo lo que pasó anoche porque por los cielos que no recuerdo nada y tu parece que sacaste la peor parte de esa noche.

Cormac se encogió de hombros y mientras siguieron caminando le relató la historia. Desde su llegada a la fiesta hasta el momento en que Ron los había encontrado en la habitación de hotel. Enfatizando en que nada había ni hubiera sucedido entre ellos esa noche y que Ron simplemente lo había malinterpretado.

— ¿Entonces el simplemente te pegó?

— No simplemente me pegó, solo parecía un poco descolocado porque me encontrara y enfatizo sus palabras "Desnudando a su mujer" cosa que claramente no hice, y luego recuerdo que caí al suelo y me di un buen golpe. —dijo, acariciando la parte trasera de su cabeza. — Y como soy hombre e impulsivo, tuve la perfecta idea de responderle el golpe, así que mientras el cayó, yo me recuperé solo para volver a ser golpeado. —añadió riendo. — El maldito Weasley tiene un excelente gancho izquierdo.

Hermione no pudo evitar reírse de aquello.

— Lo siento, no debería reírme, esto no es gracioso. —dijo llevándose una mano a su rostro para contener las carcajadas. Cormac negó sonriendo.

— Esta bien, fue bastante de telenovela, aunque admito que no son lo mío.

— Cuanto lo siento, Cormac —se disculpó ella tomando uno de sus brazos y dándole un gran abrazo. — Todo esto fue por mi culpa, si yo no hubiera…

— Oh, no te preocupes —la interrumpió él, correspondiendo a su abrazo. — Fue bastante divertido. Aunque está claro que ciertas cosas solo son divertidas una vez.

— Te prometo que te haré recuperar tu trabajo.

— No te preocupes por eso, creo que ya aclaré las cosas con Ron.

— ¿Un tratado de paz?

— Creo que más que eso, es un "mantente alejado de ella" pero estamos bien.

— No es necesario que lo hagas, yo hablaré con él.

— Soy tu amigo Hermione, no necesito que nadie me lo niegue o permita —dijo él, separándose un poco de su abrazo, para tomar el rostro de ella entre sus manos y depositar un delicado beso en su frente. — Y cuando sea que me necesites puedes llamarme, espero que lo sepas.

— Eres excelente, una gran persona. —admitió ella sonriéndole sinceramente.

— Me lo dicen bastante seguido, creo que tendré que comenzar a creérmelo. —aseguró él sintiéndose orgulloso.

Las risas no dejaron de faltar a lo largo de la caminata. Hermione le agradeció y se disculpó un millón de veces, asegurándole que no perderían el contacto y que le estaría infinitamente agradecida.

Él dijo que sí a todo.


La puerta volvió a sonar por tercera vez esa mañana. Se levantó del sillón con cansancio y luego se acercó lo suficiente para abrirla.

— ¿Qué haces aquí? —preguntó nada más reconoció a la persona.

— Vine a disculparme —respondió ella nerviosa. — Supe que estuviste en mi departamento hace unos días.

— No dijiste nada de mudarte —atacó él. — Así que nuevamente me generaste un problema innecesario con Hermione.

— No sabía que quisieras que yo hablara con ella, después de…

— Sí, probablemente fue una pésima idea. Pero era lo único que se me ocurrió para hacerle entender que entre tú y yo no había pasado nada más que mentiras.

— No sabes cuánto lo siento.

— Me lo has repetido bastante, pero no sé hasta qué punto creértelo. —respondió él, aun sosteniendo la puerta.

— ¿Puedo pasar? No quiero que malinterpreten la situación, si me ven aquí.

— Creo que la mejor manera de no malinterpretar las cosas es que hablemos así, Lavender. —dijo. Ella asintió bajando la mirada.

Se produjo un silencio incomodo, en el que ninguno supo que decir. Eso hasta que Ron captó algo extraño en la vestimenta de la muchacha.

— ¿Qué demonios tienes en la cabeza, mujer? —gritó exaltado. Lavender retrocedió rápidamente, pero no lo suficiente para detener al pelirrojo que arrancó un par de cables junto a un diminuto parlante. — ¿Llevas un maldito micrófono para grabar esta conversación? —Ella no respondió nada. — ¿Vienes aquí para disculparte y haces esto? ¡Estás loca mujer! ¡Vete de aquí antes de que llame a seguridad!

Ron ingresó en la habitación cerrando de un portazo la puerta.

¡Demonios que estaba cansado de todas las mentiras!

¿Es que en su vida no podía haber gente sincera? ¡Todo siempre habían sido mentiras!

— ¡Ron por favor, perdóname! —se lamentó Lavender al otro lado de la puerta. — ¡No lo entiendes!

— ¡VETE MALDITA SEA! —gritó furibundo.

— ¡Ella me llevará a la cárcel si no hago esto! ¡No puedo ir a la cárcel!

Ron suspiró, se acercó nuevamente a la puerta y la abrió de un tirón.

— Entonces más te vale que te vayas o si no el próximo en llevarte a la cárcel, seré yo.

La puerta se cerró tan rápido como fue abierta, dejando a una asustada Lavender, que corrió por el pasillo directo al elevador, entre sollozos desesperados.

Ron ingresó en la habitación nuevamente, y se desplomó en el suelo con las manos enterradas en su cabello, irritado. Todo eso tenía que terminar pronto o se volvería loco.


Después de una larga ducha, un merecido desayuno y un buen rato leyendo un libro que tras largos años no había visto, Hermione se encontraba renovada. Había llegado agotada de su larga caminata, la lucha con los fans que se había encontrado en el camino y luego el difícil proceso para encontrar un taxi que la llevara al otro lado de la ciudad.

Su timbre la desconcentró del libro, haciendo dar un imprevisto brinco de sorpresa. No recordó esperar visitas y sinceramente no deseaba algunas otras.

Pero para su sorpresa y bastante agradable, se encontró con alguien inesperado.

— ¿Cómo está la mejor amiga del mundo? —preguntó Harry, apenas se abrió la puerta, alzando en sus manos un par de cervezas.

— Con resaca. —Exclamó ella con cansancio, negando— Un horrible dolor de cabeza y unas nauseas insufribles.

— Bueno entonces, adiós cervezas —comentó él divertido, escondiéndola en su espalda, mientras ella abría la puerta un poco más para dejarlo pasar.

Caminando descalza realizó un camino en dirección al gran sillón en medio de la sala, ubicándose justo frente al televisor y su libro a medio leer.

— Debo suponer que Ginny te ha mandado aquí para hablar conmigo —no era una pregunta.

— Puede que sea así, aunque en gran parte es debido a que no he sabido nada de ti en bastante tiempo y resulta que se supone que eres mi mejor amiga. —aclaró él, desplomándose a su lado, dejando el paquete de cervezas sobre la pequeña mesita.

— Lo siento —se disculpó, dejándose caer sobre unos suaves cojines. Él asintió. — Es solo que no sé qué me sucede, Harry. En resumen estoy todo el día estoy caminando de un lugar a otro sin sentir nada. Prácticamente soy un zombie que no sabe que será de su vida. Y lo peor de todo es que no sé qué va a ser de mí después de que termine este contrato. Despidieron a mi manager, a mi secretaria y ahora ya no sé cómo ocuparme de mis propias cosas. Siempre he tenido a alguien que organiza mi calendario, las entrevistas, la ropa y prácticamente todo. Además todo esto sin mencionar que he tenido una cantidad de peleas, disgustos y problemas en menos de veinticuatro horas, que realmente estoy a punto del colapso.

— ¿El contrato termina pronto?

— La próxima semana

— Vaya que ha pasado rápido el tiempo —admitió el pelinegro.

— Y lo peor de todo es que mañana hay una fiesta de despedida.

Harry sabía que era lo que estaba sintiendo. Tenía el mismo sentimiento sobre esas situaciones, y por la larga amistad que habían formado estaba claro para él que era lo que más le preocupaba.

— No tiene por qué ser una despedida, y lo sabes.

— No hay nada que pueda hacer.

— Eso no es cierto —negó él decidido. — Tú sabes que él no fue el culpable de lo que pasó. Ron no se acostó con nadie. Solo fue una estúpida trampa para hacerte creer que si lo había hecho.

— No puedo estar segura de eso.

— Pues deberías, y si yo estuviera en su lugar, créeme que me sentiría muy ofendido si la mujer a la que le demostré mi amor no me creyera si es que esa fuera la situación.

— Contigo es muy diferente Harry, tú no harías jamás algo así.

— ¿Y qué te hace creer que Ron si? —Hermione le dirigió su mirada más clara de "es obvio por qué" — Si, puede ser que en un pasado Ron no fuera el mejor hombre, ¿pero y eso que? Mientras estuvo contigo te dejó claro cuánto te quería a ti y a todos si me atrevo a decir —murmuró riéndose de alguna bromita interna.

— Es solo que la forma en la que supe todo esto…

— Nunca llegué a saber cómo fue que te enteraste.

— Encontré una carta entre las cosas de Ron. Sé que no estuvo bien de mi parte revisarlo, pero es que simplemente el hecho de que hubiera un beso marcado con labial rojo, que detesto por cierto, me hizo dudar de que sucedía.

— Bueno, de eso cualquiera —admitió Harry asintiendo.

— Y luego resulta que descubro que supuestamente se acostaron mientras yo estaba desaparecida. Todo eso fue simplemente… desagradable de saber, porque además era demasiado explicita esa… estúpida carta.

— ¿Quién en este mundo aún envía cartas por correo? —agregó él indignado. Hermione carcajeó un poco, aliviando la tensión del momento. Así era Harry.

— Si, supongo que debería haber sospechado bastante con eso. Pero luego resulta que Ron me dice que ya no me ama, y yo le creí. Sabes lo difícil que es para mí creerles a las personas cuando dicen quererme, así que cuando dijo eso yo simplemente… lo acepté.

— ¿Sin dudarlo siquiera? —quiso saber el pelinegro.

— Puede que si quisiera creer que era mentira, pero soy bastante…

— ¿Insegura?

— Exacto, así que pensé… ¿Qué pudo ver ese perfecto hombre pelirrojo con hermosos ojos azules y la fantasía de todas las mujeres, en mí?

— Que simplemente seas así de inocente, es más que suficiente para que un hombre se enamore de ti, Hermione —opinó él. La castaña se sonrojó y le dio un golpe en el brazo tratando de no volverse un tomate. — Y así, definitivamente eres más adorable aún.

— ¡Estoy bastante incomoda en este momento, Potter!

— Que sea tu amigo, no significa que esté ciego. —continuó el riendo. — Estoy muy seguro de que tuve un fuerte enamoramiento por ti hace unos años.

— ¿Es que intentas que me convierta en tomate? —bromeó ella

— No, enserio. Solo quiero que sepas y comprendas de una buena vez, que eres hermosa y que te mereces lo mejor del mundo. Has sufrido tanto, que creo que ya es suficiente y tú eres la única que puede poner punto final a eso.

— ¿Cómo?

— Bueno, si supiera eso, probablemente me ganaría el premio Nobel —aseguró con actitud de alquimista. — Pero sé que tú sabes la respuesta a tus problemas.

— Es que simplemente no sé qué creer. Mi vida está llena de mentiras. Todo el mundo miente, con tal de tratar de complacerme…. ¿Cómo quieres que le crea después de todo lo que me mintió él? ¡Prefirió decir que no me amaba con tal de no contarme que tal vez se había acostado con otra mujer!

— La gente comete errores, Hermione. ¿O quieres que te recuerde el año que olvidaste mi cumpleaños?

— ¡Oh vamos! ¡No seas un crio! —exclamó ella divertida. — ¡Paso hace mil años!

— Gracias por recordarme que soy un viejo —continuó él riendo. — Simplemente ya sabes a lo que me refiero.

— Es que es muy diferente.

— No lo es.

— ¿Por qué eres tan testarudo?

— Señorita Hermione, tiene usted mucha valentía para decirme eso a mí, cuando eres tú la que no puede perdonar al hombre que amas cuando está más que claro que no tienes motivo alguno para culparlo.—dijo él con solemnidad.

— ¿Y qué sucede si el realmente no me ama y solo es un juego para él?

Harry se puso de pie, se cruzó de brazos y luego la observó perspicacia.

— Respóndeme algo —pidió. — ¿En algún momento durante esos largos momentos de amor que tuvieron, dudaste en algún minuto que lo que estabas viviendo era una mentira? ¿Qué todo el amor que Ron te juraba era mentira?

El silencio se hizo reinante por largos minutos, en los que en la cabeza de Hermione trabajaban a toda velocidad para buscar alguna señal, un pequeño fragmento de recuerdo que le demostrara el más minimo indicio de que todo lo que había vivido era mentira. Y para su sorpresa no pudo asegurarlo, porque en cada recuerdo que tenía recordaba los adorables ojos azules de Ron, de sus labios besándola en cada parte de su cuerpo y el sonido intenso de su voz susurrándole una y otra vez que la amaba y que no quería perderla jamás.

— Lo sabía —dijo al fin, con un gran aire de suficiencia. — Soy muy bueno para estas cosas. Tal vez debí ser psicólogo.

La castaña carcajeó. Harry se volvió a sentar a su lado y encendió la televisión. Ella por su lado, estaba muy lejos en sus pensamientos analizando el rumbo que había tomado su vida.


Un par de horas después. Cuando Harry ya se había ido y Ron había llegado a la casa continua para arreglarse e ir a la última sesión de fotos, el auto de la empresa llegó a recogerlos.

Se trataba de una situación importante. Sería la última gran organización de fotos para el proyecto que ya prácticamente llegaría a su final en unos cuantos días. Y aunque ambos quisieran decir que sería un alivio el no tener que estar atrapados por un contrato, el siempre estar en conocimiento de la vida del otro era el mayor calmante en esos momentos, que por su puesto pronto dejaría de hacer efecto como todo lo demás.

— Buenos días —saludó Lupin, mirándolos por el espejo retrovisor.

— Hola Remus —saludó Hermione dulcemente, ubicándose al extremo derecho del auto.

Ron por su lado hizo un asentimiento de cabeza y se ubicó al lado izquierdo del lugar. No habían cruzado palabra ni mirada en ningún momento y así siguió hasta que llegaron a las instalaciones de Record Magic.

— ¿Cómo están mis estrellitas? —saludó Edward Norton con demasiada alegría.

— Listo para terminar el maldito trabajo —comentó Ron, por ambos.

— Parece que hoy no estamos de humor. — dijo. Pero no hizo falta que nadie respondiera a esa pregunta retórica, la tensión era clara. — Sé que tienen problemas chicos, pero los necesitamos unidos en lo que queda de esta semana especialmente. Hoy es la sesión final y la más importante, por tanto los necesito animados y siendo muy realistas. Mañana es la fiesta de despedida y ahí estarán todas las personas más importantes tanto del modelaje como de la farándula, así que ya que hemos hecho un estupendo trabajo, no lo arruinemos al final. Esto significará un repunte en sus carreras y además ayudaran a la empresa y a completar el objetivo de nuestro proyecto. Así que por favor, solo quiero sonrisas de aquí a que termine el contrato.

— No te preocupes por nosotros —aseguró Hermione. — Todo saldrá perfecto.

— Gracias, eso es lo que necesitaba escuchar.

Edward les indicó lo que seguía ahora y luego desapareció por entre los trailers y los focos que estaban especialmente instalados en un escenario recientemente preparado. Pero ellos no se movieron de su lugar. Ron trató de no mirar a la mujer a su lado, y ella simplemente se armó de valor para tener esa conversación.

— Escucha, sé que no estamos en nuestro mejor momento y que tanto tú como yo somos lo que menos queremos vernos, pero creo que debemos hacer esto como profesionales —dijo tratando de mostrar una sonrisa. — Es tan difícil para mí, como para ti, así que simplemente no pongamos las cosas más incomodas de lo que son.

— Esta bien por mí —aceptó él, subiendo al fin su mirada a ella.

Hermione sonrió levemente y luego instintivamente acercó su mano al rostro del pelirrojo. Ron se sorprendió, pero no se alejó.

— No vuelvas a involucrarte en una pelea por favor —pidió. Ron torció el gesto negando.

— No puedo prometerte eso.

— Si puedes —insistió ella.

— No, no puedo. Porque cuando se trata de defender a las personas que quiero, no dejaré de hacer lo que creo que está bien.

— Todas estas situaciones están fuera de control, Ron —exclamó desesperada. Él sintió que era casi la gloría volver a escucharla decir su nombre, por lo que no pudo evitar cerrar sus ojos y concentrarse en el sonido de su voz y las caricias que ella le daba en su amoreteado labio. — Y no quiero que salgas lastimado.

— ¿Cómo puedes ser tan perfecta? —inquirió él, abriendo sus ojos para ser el ahora el que acariciara su rostro perfecto y femenino. — Soy yo el que más te ha dañado y sigues aquí siendo tan endemoniadamente buena conmigo. —ella no supo que decir, así que bajo la mirada avergonzada. — No, por favor mírame. —ella así lo hizo. — Eres perfecta Hermione, todo en ti es perfecto. Y no puedo llegar a pensar las razones por lo imbécil que he sido. ¿Crees que puedas llegar a perdonarme algún día?

— Ya te perdoné, Ron —confesó ella con una adorable y simple sonrisa. — Todos cometemos errores.

— Nadie probablemente no tantos como yo —bromeó él.

Hermione carcajeó alejándose un poco de él. Ron supo que aún había una barrera que los separaba, pero no quiso insistir, porque sabía que solo arruinaría las cosas.

— Creo que ya es hora de que… vayamos —opinó, tratando de sonar relajada. — Demostrémosles el porque nos eligieron.

Ron asintió guiñándole un ojo, siguiéndola camino al set de fotografía.


Decir que esta sesión de fotos era especial, era definitivamente quedarse corto de palabras. Todo el personal se encontraba ahí, cada uno ubicado en una posición precisa realizando su trabajo, a la espera de que las estrellas del proyecto hicieran acto de presencia con los últimos conjuntos que la marca promocionaría. Consistían en los trajes que habían sido confeccionados por ellos mismos junto a estilistas y diseñadores de ropa, por lo tanto la inquietud y ansiedad por saber cuáles eran sus creaciones era cada vez mayor.

Fue bastante tiempo el que tuvieron que esperar, pero como siempre solía ser, Ron fue el primero en hacer acto de presencia.

Y fue que todos se maravillaron al verlo.

Su traje era de una azul profundo, una tonalidad marina que acentuaba perfectamente los el tono de sus ojos. Una camisa gris con unas finas líneas diseñadas en su interior, siendo cubiertas por una corbata dorada oscura que realzaba el color de su cabello pelirrojo como el fuego. Para sorpresa de muchos, llevaba su cabello más corto, perfectamente desarreglado, dando un aire de masculinidad que dejó a varias sin aliento. Sus zapatos impecablemente lustrados, siendo opacados por unos pantalones del mismo azul profundo que la chaqueta, pero más ajustados de lo normal.

Todos los presentes le aplaudieron y soltaron silbidos de admiración. Ron asintió agradecido por aquellas muestras de afecto y se acercó para ubicarse en medio de los reflectores. Edward y unos cuantos se acercaron para decirle lo fabuloso que había sida su elección tanto de tonos como de los cortes en el traje.

— Tengo una buena fuente de inspiración —simplemente dijo sonriendo.

Tan pronto como todos hicieron muestra de su alegría por las buenas elecciones, llegó el momento en que Hermione haría su aparición.

Y como no faltaba más, el estado de sorpresa fue grande entre todos. Y cuando se refiere a todos, es a cada una de las personas que lograron tener la posibilidad de estar presente. Hermione era una estrella brillando a la perfección.

Su vestido blanco como la nieve, perfectamente cincelado a su medida dejaba ver cada una de sus esbeltas y sencillas curvas. Era de un estilo griego, cubriendo solo uno de sus hombros, para mantener el escote de corazón en su pecho. Caía perfectamente por su cuerpo hasta el suelo, pero con una sexy abertura delantera, dejando a la vista gran parte de su pierna. Los tacones que llevaba eran negros con bellas incrustaciones de diamantes, adornando tanto delantera como el torso de su pie. En sus manos llevaba delicadas pulseras de plata con finas y delicadas piedritas doradas, sus uñas en un tono gris claro y finalmente su bolso era un sobre blanco también con destellos dorados.

Para la sorpresa nuevamente de muchos, Hermione también había recortado su cabello hasta la altura de sus hombros, con una suaves ondas que destacaban las dos tonalidades de su pelo; entre doradas y castañas, dándole una perfecta visión celestial. Su rostro ligeramente maquillado con lo preciso y sus mejillas sonrojadas por los nervios.

Sonreía, orgullosa de lo que había logrado y de todos aquellos que la habían ayudado con ello.

Ron permaneció en otra galaxia por largos minutos, observándola hipnotizado, cayendo precipitadamente más enamorado de lo que ya lograba estar. Probablemente si alguien le hubiera hablado en ese momento, no habría logrado articular más palabra que:

— Perfecta.

— Oh, vaya que lo es —aceptó Edward, poniendo una mano en su hombro. — Tienes mucha suerte.

Ese hombre no tenía la menor idea de cuánto, ahora el problema era que ella ya no era parte de su vida, y por lo tanto prácticamente toda su suerte había desaparecido con ella.


Se que ha sido un buen tiempo desde la ultima vez que actualice y lo lamento mucho como siempre, pero el escaso tiempo que tengo lo utilizo para dormir.

Espero que sigan aquí atentos al final de la historia que se acerca cada vez más.

Nos acercamos a los capítulos finales y les avisaré desde ya, que el siguiente capítulo está lleno de buena acción. (Buena buena 1313) Así que espero leerlos pronto y que todos se encuentren bien.

Muchas gracias por los comentarios, favoritos y la gran cantidad de lecturas. ¡Es una locura! Ustedes hacen este fic, así que siéntanse más que orgullosos. :)