N.A: Me ha costado la misma vida actualizar y escribir esto, de verdad, aunque he intentado que fuera pronto para agradecer los casi 50 REWIENS que ha tenido el último capítulo. En serio, de 194 a 241. ¡Increíble! Y yo que pensaba que no os gustaría porque Broly apenas salía, ¡pero veo que me equivocaba! Espero que este capítulo, totalmente revelador en numerosísimos aspectos también tenga muchos *o* Debo recordar que si queréis que responda a vuestros rewiens tenéis que estar registrados porque por aquí no se puede, pero en fin.
Como esto ha sido reeditado, sin más preámbulos aquí os lo dejo con algunos cambios.
CAPÍTULO REEDITADO
Capítulo 16
Sujeto 813
Día 165.
Broly casi había sentido su dolor cuando le colocó la nariz en su sitio aferrándola con los dedos de sus grandes manos. Él no solía ser empático ni tampoco compasivo, pero algo había en Bra que le instaba a no desear su sufrimiento, a repelerlo e incluso a protegerla de él. Le colocó el brazo con mayor dificultad porque sus sollozos incontrolables le molestaban hasta provocarle un claro dolor de cabeza. Después de semejante espectáculo Bra ocupó la cama donde él dormía y Broly, incómodo, se dejó caer a los pies de la misma, escuchando su errática respiración. Odiaba que llorara. Odiaba que cualquiera lo hiciera, pero sobre todo odiaba que alguien lo hiciera porque su padre fuera un cabrón sin escrúpulos. Tarde o temprano Bra tendría que darse cuenta de que su padre era como todos, especialmente Vegeta. No era una novedad.
—¿No piensas decir nada?— preguntó ella tras un rato de intensos lloros.
—¿Qué demonios quieres que diga? Ya te lo avisé.—
—Algo más aparte de eso, mono estúpido— lo insultó, irritada por semejante respuesta.
—Que dejes de llorar. Me molestan tus lloriqueos—
—¡Eres un completo idiota, Broly!— el susodicho pataleó ligeramente. Su cola daba golpecitos contra el suelo en un intento por controlar su rabia. —Dime algo que me consuele, solo eso—
Broly alzó la cabeza al techo, sin tener la más mínima idea de qué debería decir. Sospechaba que mencionar que eran las seis de la mañana y que quería dormir no le sentaría bien. Por un momento pensó en ir a buscar otro Yeti para arrancarle la piel y ofrecerle la carne de regalo, pero volvió a caer en la cuenta de que eso no era adecuado. Por lo que había visto en la tele, las chicas humanas preferían joyas, flores o viajes en cruceros antes que carne recién cazada. Sabía que Bra no era una humana normal y corriente, pero también sabía que no le gustaba la carne cruda y que lo que más adoraba que le regalaran era ropa y zapatos. Él no entendía esa extraña obsesión con la ropa, así que menos entendía todavía esos nombres de diseñadores raros. De hecho ni siquiera estaba seguro de saber qué era un diseñador de moda.
Broly se cruzó de brazos y apoyó la nuca sobre el colchón donde ella estaba tumbada. La luz estaba apagada y como en el planeta Tierra hacía años que la luna había desaparecido, la oscuridad era total.
—No sé hacer eso. Normalmente soy yo el que hace llorar, no el que consuela— reconoció finalmente, pero su alumna, por la que todavía albergaba algo de enfado por su última discusión, no pensaba darse por vencida. La realidad era que quería que él la abrazara otra vez, pero estaba segura de que Broly no se movería por iniciativa propia. Aunque parecía haber renunciado a hacerle daño, se notaba a leguas que seguía enfadado, y no sería él el que diera el primer paso. Bra abrazó la almohada y le dio la espalda. Sus ojos atravesaron la ventana, que apenas se distinguía del resto de la habitación.
—¿Es que no has llorado nunca y alguien se ha acercado a ti para consolarte, Broly?— ella sabía la respuesta incluso antes de que él respondiera. Sabía que había llorado porque lo había visto con sus propios ojos en ese video en el que destruía el planeta Boburria, pero no sabía por qué y, desde luego, dudaba que alguien lo hubiera consolado.
—No— aseguró él con un tono impersonal y distante.
—Pero habrás querido que lo hicieran, ¿no? Que alguien te abrazara y te consolara cuando llorabas, ¿verdad?— Broly dejó escapar un gruñido con el que le dio a entender que el tema no le gustaba. Bra apretó los dientes y controló sus sollozos a duras penas al percatarse de que habían vuelto al principio, cuando él le hablaba con gruñidos y simples gestos animales.
—¿Quieres que te abrace, es eso? Porque no pienso hacerlo— acertó él. Bra apretó la almohada, debatiéndose entre lanzársela a la cabeza o simplemente acercarse a él para tirarle de la cola hasta arrancársela. Una irritación creciente se marcó en su sien con forma de vena.
—Pues deberías ya que ha sido culpa tuya que me peleara con mi padre—
—¿Culpa mía?—
—¡Como lo oyes, culpa tuya! Si no me hubieras hablado de lo de Germera yo no habría dicho esas cosas tan horribles y ahora mismo seguiría teniendo una familia y mi padre no me odiaría. ¡Es culpa tuya!— chilló antes de taparse con la cobija de la cama. Aunque Broly no dijo nada, ella pudo oír cómo se levantaba del suelo. Podía notar sus ojos en la nuca, atravesándola.
—Si hay algo que no soporto en este mundo tuyo es que las personas lloren y se quejen porque cometen errores que no saben cómo solucionar. Si le has echado en cara a Vegeta lo que hizo, lo hacías con razón, y si te arrepientes de haberlo hecho levántate de mi cama y vuelve a casa a pedirle perdón, pero deja de llorar porque me estás sacando de quicio— normalmente Bra se habría enfadado por esas rudas palabras que eran tan opuestas a las que quería escuchar, pero esa vez no lo hizo porque tenía que darle la razón. ¿Desde cuándo ella era así? ¿Cómo había podido perder el control de esa manera? No. La cosa no iba por ahí. Lo hecho, hecho estaba y era de estúpidos preocuparse por ello. ¿Debía hacer lo que Broly le sugería, volver a casa y disculparse? ¿Acaso solucionaría algo con eso? Aunque le pidiera perdón a su padre, cosa que dudaba que fuera capaz de hacer por su tremendo orgullo y por el dolor que todavía sentía en la cara, a él le llevaría años perdonarla y aun así no sabía si los demás lo perdonarían a él. Su madre debía estar destrozada por lo que se había enterado, y dudaba que la relación que tenían unos con otros volviera a ser lo que había sido. Era posible que incluso la boda no se celebrara, que su madre abandonara a su padre o algo peor.
Había destrozado la vida de Vegeta por un arranque de mal humor. ¿Cómo había podido ser tan cruel? Pero cuando esas palabras surcaban su mente recordaba la declaración de él cuando le preguntó si había pensado en matarla alguna vez y él lo reconoció. Su dolor se esfumó para ser ocupado por la ira y la decepción al revivir cómo su padre le había roto la nariz después de admitir que no la quería, que estaría mucho mejor de no existir ella. ¿Disculparse, ella, una princesa con la persona que le había roto la nariz? Ni hablar.
Bra se frotó el antebrazo contra la cara y dejó de llorar. Todavía sentía los ojos de Broly taladrándole la nuca cuando por fin logró controlar sus sollozos. Se abrazó a sí misma a falta de unos brazos que la consolaran e intentó dormirse un rato más, por lo menos hasta que amaneciera, pero cuando logró relajarse y acumular algo de sueño, notó cómo la cama se hundía a su lado y cómo el calor de un cuerpo ajeno la calentaba procurando mantener las distancias, sin siquiera tocarla.
—No seas tonta, Bra. No merece la pena llorar por un padre. Tarde o temprano siempre acaban puteándote.—
—Mi padre no me ha… bueno, sí— se retractó. —Pero supongo que tenía parte de razón. Yo no debería haberle echado en cara lo de Germera delante de todos.—
—Se lo merecía—
—Broly, basta— pidió ella. —Tenías razón en muchas cosas pero aunque la ha cagado y yo también lo he hecho, no es un monstruo—
—Claro, aquí el único que se merece esa clasificación soy yo— soltó él con un tono divertido que no se correspondía con lo que decía. Bra sintió que se le revolvía el estómago al recordar cómo lo había llamado días atrás. Estaba segura de que, aunque fuera en sus puñeteras entrañas, le había dolido… aunque fuera un poco.
—No quería decir eso, Broly. Estaba enfadada contigo pero no lo pienso realmente— él soltó un bufido. Bra hubiera dado cualquier cosa por saber qué se le estaba pasando por la cabeza.
—Me importa bien poco lo que pienses de mí—
—¿En serio? Porque después de lo que pasó juraría que te dolió que te lo dijera— él calló, maquinando, sin duda, una respuesta jocosa e hiriente, pero aunque la descubrió y estuvo a punto de salir por su boca, ni una palabra emergió. Sus recuerdos viajaban la diadema de braummuro que había descubierto en casa de Bra, por el nombre que había usado con él al llamarlo Sujeto 813, por la discusión tan bestial que habían tenido por culpa de Vegeta, de los boburrianos y sobre todo por los padres.
Padres…
—¿Qué sabes exactamente de mí, Bra? Eso de que los boburrianos están aquí… ¿Es cierto?— Bra apretó los labios, temiendo un nuevo arranque de mal genio para el que ahora sí estaba preparada. Se frotó los dedos de las manos contra la marca del mordisco que todavía decoraba su brazo y luego se volvió hacia él. Su visión impactó directamente contra su ancha espalda y recordó ese objeto oscuro que había tenido incrustado en ella y que se había arrancado con una brutalidad palpable.
—Es cierto— admitió. —Destrozaron a Goku en una batalla al llegar aquí. Él apenas pudo con uno—
—Claro que no— aseguró él, y Bra juraría que una sonrisa de satisfacción le iluminó la cara al darse cuenta de que sus enemigos mortales habían derrotado a su otro enemigo mortal. —Son boburrianos supervivientes—
—Tú los conoces. Dos de ellos son los boburrianos contra los que luchaste antes de destruir el planeta Boburria, los que escaparon en una nave espacial— Broly se revolvió en la cama. Su cola se agitó y golpeó la almohada como si fuera un látigo que mostraba su indignación.
—Benkas y Bia. Pensaba que la onda expansiva acabó con ellos—
—Ese tal Benkas todavía no ha llegado al planeta Tierra, pero no tardará en hacerlo— Broly calló y se colocó boca arriba en la cama, mirando al techo. Bra lo observó y se atrevió a llevar una de sus manos a uno de los voluminosos bíceps. Su músculo estaba tan tenso y duro, que parecía estar agarrotado. —¿Qué pasó, Broly?— Y por fin, la tan temida pregunta. Él no dijo nada, pero por lo menos no intentó atacarla y ese era un gran avance. —Si no me lo dices tú, lo averiguaré igual que he averiguado todo hasta ahora—
—¿Por qué tienes que ser tan terca?— preguntó de manera retórica. Bra se atrevió a acercarse más para abrazarse a su duro brazo, apoyando la frente sobre él para dejarle claro que no pensaba huir hasta que le contara lo que quería saber. Después de todo lo que habían pasado los dos parecían mucho más accesibles que la última vez que se vieron, simplemente porque querían evitar la batalla.
Ambos lo habían pasado francamente mal por la separación. Bra había intentado distraerse peleando durante sus noches de insomnio y hablando sin parar con una y otra persona sobre temas triviales. Broly había buscado a los boburrianos durante un tiempo hasta que el mal humor fue incontrolable y empezó a destrozarlo todo. Entendió entonces que, si no quería estallar de mala manera, necesitaba dormir y el volcán era el lugar más seguro para hacerlo por si los boburrianos lo localizaban mientras dormía. Había tenido pesadillas y en todas ellas estaban Paragus, los boburrianos y Bra, la única persona que aparecía herida de muerte a manos de sus enemigos. No le gustaba nada despertarse con la visión de una Bra desmembrada en su visión. Le ponía los pelos de punta y hacía que tuviera ganas de vomitar.
Bra permaneció abrazada a él durante largos minutos. La muchacha pensó que Broly se había quedado dormido después de tanto tiempo, o simplemente que no pensaba abrir la boca para contar algo tan íntimo de sí mismo. Cuando a ella empezaron a cerrársele los ojos, la voz grave y profunda de él emitió un sonido que reconoció al instante.
—Me vendió— admitió, y esa palabra retumbó por toda la casa. —Mi padre me vendió a los boburrianos cuando tenía catorce años—
Y esa afirmación lo explicaba todo. Bra supo entonces por qué no se fiaba de que Vegeta estuviera con ella, por qué había acudido a casa pensando que él la había golpeado o torturado y también explicaba por qué le molestaba tanto que hasta el momento se hubiera llevado tan bien con él. Broly simplemente no podía aceptar que hubiera un padre que amara a sus hijos sin desear nada a cambio, sin esperar una traición. Estaba claro que la influencia de Paragus había hecho demasiada mella en él. Bra supo entonces que Broly le había querido. A su manera, pero lo había hecho.
Probablemente no podía decir lo mismo de Paragus.
Bra se acercó más a él para hacerle ver que seguía despierta y que estaba dispuesta a escuchar, ansiosa por oír su historia. Broly hubiera preferido que estuviera dormida porque rememorar sus recuerdos no era algo que le agradara, y mucho menos relatarlos. Quiso apartarse de ella y giró la cabeza hacia un lado, buscando espacio para hablar. Contrariamente a lo que Bra pensaba, que se acercara tanto en un momento tan crítico solo conseguía asfixiarlo. Aun así, a sabiendas de que ella no se alejaría, apretó la mandíbula y empezó a hablar.
—Ya te dije una vez que mi padre y yo nos movíamos de planeta en planeta sin parar desde que tuve uso de razón. No lo hacíamos así porque yo lo destruyera todo, sino porque buscábamos a los guerreros más poderosos del universo conocido. Hasta los once años yo era un crío bastante calmado y manejable, aunque mis cambios de humor siempre alteraban a mi padre. Cuando cumplí los dos años, mi padre me llevó hasta un alienígena llamado "El ágil Topoka", un guerrero que había entrenado a numerosos saiyajins antes de que Freezer los aniquilara. Nos acogió a mi padre y a mí. Fue mi primer maestro.
—¿Tu maestro?— preguntó ella, sorprendida. Broly le dirigió una mirada divertida.
—¿Creías que las técnicas que sé las aprendí del aire? Puede que nunca entrene, pero tengo una base sólida de artes marciales y desde luego no me la enseñó mi padre. Tuve cinco maestros. — la cola de Broly se agitó, acariciando la pierna de Bra vagamente. A ella no le costó demasiado tiempo adivinar que esos maestros habían sido una parte importante de su vida. —Murió cuando yo cumplí siete años y mi padre se aprovechó de mi inestabilidad emocional para llevarme con él cuando ocurrió. No era especialmente fuerte así que era más astuto que ninguno. Tuve un arranque de mal genio cuando supe que Topoka había muerto y derroché una energía desproporcionada desfogándome. Eso atrajo la atención de mi siguiente maestro, un nómada llamado Tigero con un amplio conocimiento sobre el ki. Con él estuve hasta los nueve años, luego se quedó paralizado y fue incapaz de enseñarme nada más sobre el control del ki. Nunca llegué a perfeccionar el autocontrol por ello. De los maestros que tuve hasta los trece años no recuerdo gran cosa porque fue una etapa en la que me costaba concentrarme. Fue entonces cuando empecé a tener serios problemas de carácter.
—¿Qué quieres decir exactamente con serios problemas de carácter?— Bra tenía una vaga idea de a qué se refería. Al fin y al cabo sabía que tenía unos arranques de mal humor bastante desequilibrados.
—Me refiero a que fue a partir de los diez años cuando me volví extremadamente violento e irritable. Destruía cosas, mataba animales, atacaba a cualquiera que me molestara, no podía dormir y mi alimentación era totalmente desequilibrada. Lo peor empezó a partir de los doce años, cuando me cambió la voz y alcancé la pubertad. Por lo que mi padre me contó es normal para un saiyajin ponerse violento a esa edad por las hormonas— Bra abrió la boca para preguntar hasta donde llegaba su grado de violencia con doce años, pero al escuchar la palabra hormonas calló y escuchó, alejándose de Broly con los ojos muy abiertos—. No había forma de controlarme y mi padre lo sabía. La idea de que era un dios que podía hacer lo que quisiera sin temor a las consecuencias era la excusa perfecta para hacer lo que hacía.
—Que puedas hacer algo y que no haya consecuencias no te da derecho a hacerlo, Broly— le recriminó ella.
—Ahora lo sé, porque aunque llegaron tarde, las consecuencias acabaron por bajarme esos humos— Bra quiso preguntar qué quería decir con eso, pero por su silencio y un leve suspiro que salió de su boca, supo que era ahora cuando venía la parte del relato más truculenta. —Pasaron muchas cosas, y no recuerdo todas. Poco después de intentar envenenarme por tercera vez, mi padre y yo fuimos a la Galaxia del Sur a sabiendas de que el lugar era peligroso. Me atrajo con la idea de enfrentarme a enemigos mucho más fuertes, y cuando llegamos allí encontramos a los boburrianos en un planeta no muy lejano de Boburria. Fue entonces cuando mi padre les suplicó que se quedaran conmigo, a los catorce años. A mí me hizo gracia que intentara deshacerse de mí con un truco tan absurdo, pero cuando me enfrenté a ellos supe que estaba en una situación crítica. Mi ki no funcionaba y aunque mis puños lograron acabar con algunos, los demás me inmovilizaron en cuestión de segundos.
—Pero, ¿cómo lo hicieron? Quiero decir, ¿son tan poderosos? Pensaba que tú…— Broly arrugó la cara antes de colocar las manos sobre su propio pecho, recordando.
—Por aquel entonces no había alcanzado la transformación de guerrero legendario, y los boburrianos tenían algo que yo ni siquiera conocía. Creo que los humanos lo llaman telekinesis—
—¿Telekinesis?— Bra cayó en la cuenta entonces. ¿Cómo no se lo había imaginado? Goku y Pan habían explicado que los boburrianos les habían atacado desde lejos, que no parecían tener ki y que los golpeaban con algo invisible que no había forma de esquivar a no ser que fuera a largas distancias. Si eran seres telekinéticos utilizarían el poder de la mente y no el del espíritu, por lo que sería imposible detectar su ki. Además, con la tekekinesis podían atacar desde lejos sin que se detectara ninguna clase de poder ni ataque. Todo encajaba. —Por Dende… eso los convertiría en algo naturalmente opuesto a los saiyajins.
—Sí. Totalmente opuesto. Nosotros usamos los puños y la energía espiritual y ellos utilizan la mente y la energía mental, pero eso no los hace invulnerables. Tardé años en darme cuenta de que tenían puntos débiles.
—¿Cuántos años?— preguntó Bra. Broly la miró. Aunque no podía ver su rostro claramente por la oscuridad de la noche, sabía que la estaba mirando con una expresión aguda y tortuosa.
—Diez años— los ojos de la joven se desorbitaron. ¿Acaso insinuaba que había estado bajo el control y la tortura de los boburrianos durante diez años? Desde los catorce hasta los veinticuatro. No era posible. A su mente acudió la imagen de él apresado, cubierto de braummuro con esa horrible cosa pegada a la espalda, furioso pero al mismo tiempo derrotado. ¿Cuántos años tenía en esa imagen? No más de diecisiete. Diez años sonaba imposible de soportar.
—¿Qué…?— murmuró ella, temiendo incluso preguntar. —¿Qué te hicieron allí?
—Experimentos, investigaciones…— la voz de Broly cambió a una totalmente impersonal y carente de humanidad, como la de un muñeco de juguete con la capacidad de hablar a base de programas. —Recuerdo ver a mi padre dándome la espalda mientras me inmovilizaban contra el suelo y me colocaban el braummuro por primera vez— aseguró. Alzó las manos hasta que estuvieron en su campo de visión y se acarició el braummuro que ocultaba sus muñecas. —Dolió, mucho, como si fuera un hierro recién salido de un horno. Cuando estuvieron seguros de que no podía atacarles, me llevaron a Boburria en una nave y me metieron en un laboratorio del que no salí en los siguientes diez años. Seguía siendo extremadamente agresivo e inestable así que me añadieron más braummuro, pero con el tiempo lo asimilaba y me volvía casi inmune a él, como ahora. Así que tuvieron que usar métodos alternativos y acabaron colocándome una especie de sonda en la espalda. La máquina estaba clavada en mi sistema nervioso, así que cuando hacía algo inadecuado simplemente me daban una descarga a través de ella y me dejaban tieso. Era un mecanismo de estímulo y reacción que funcionaba muy bien, un maldito collar de sumisión, y no sabes cuánto llegué a odiar esa cosa. Era una forma de debilitar a los saiyajins.
—Espera un momento. ¿Había más saiyajins aparte de ti?
—Sí, los había. Supervivientes de Freezer que estaban en otro punto de la galaxia cuando el planeta fue liquidado. Hubiera sido mejor para ellos que él los hubiera matado junto con el resto— dejó escapar con una carcajada sardónica. Bra todavía no sabía de dónde sacaba el valor para reírse de todo eso. De solo pensar en no comer durante una década se le revolvía el estómago. Alimentarse a base de suero no era un alimento en sí. Era como vivir sin poder comer, hambriento constantemente, sediento, pero vivo.
—Todos murieron— atinó a decir ella.
—Yo no. Yo era el más fuerte, yo soy el guerrero legendario. Era el único que estaba destinado a salir de allí. Ni el braummuro, ni el hambre, ni la sed ni las drogas pudieron conmigo y con mi odio. El dolor solo consiguió hacerme más fuerte y las torturas solo consiguieron cabrearme más aun. Puede que fuera un ingenuo antes de conocer a los boburrianos, pero está claro que al final tenía razón. Yo soy lo más cercano a un dios de la destrucción, y mentiría si dijera que no disfruto con ello, que no disfruté matándolos a todos: hombres, mujeres, niños…
—Bebés— lo interrumpió Bra. La muchacha sintió la tensión en el cuerpo de Broly cuando pronunció esa palabra. La cama, que había estado fría por las bajas temperaturas nocturnas se calentó en un instante al igual que el ambiente que los rodeaba. Por la cabeza de la muchacha pasaba la imagen de Broly agarrando a un bebé inocente en brazos de Baika y aplastándolo con sus grandes manos de guerrero legendario. —También mataste a los inocentes bebés de los boburrianos— dijo ella. Broly dejó escapar un suspiro y la tensión pareció disiparse al instante.
—Sí. No tenía sentido dejarlos con vida. Sin sus padres habrían muerto tarde o temprano.
—Pero algunos padres tampoco tenían nada que ver contigo. Me imagino que también había civiles que no tenían ni idea de lo que había en los laboratorios. No deberías haber…
—Tú no eres nadie para decirme lo que debería haber hecho o no— la calló él. Bra sabía que tenía razón y también sabía que si intentaba recriminarle sus actos otra vez, la aborrecería y dejaría el relato a medias. Broly tenía muy baja tolerancia a la frustración así que era mejor no tentar a la suerte. Inflando las mejillas, suspiró y calló.
—¿Cómo escapaste?— cuestionó. Hubiera jurado que Broly se estremeció con la pregunta, pero contestó nuevamente con ese tono tan seco y repulsivo.
—Me transformé en el guerrero legendario un día y los maté.
—¿Sólo eso? Para transformarte en el guerrero legendario tuvieron que cabrearte mucho— Broly emitió un gruñido disconforme, dejando claro que no quería seguir por ese camino. Bra se giró sobre la cama y acarició su musculoso brazo con un dedo. Con solo mirarle sabía que había más de lo que quería contar. —¿Cómo te transformaste en el guerrero legendario?
—Olvídalo. No es importante.
—Claro que sí. Vamos, cuéntamelo— Bra agarró su muñeca con insistencia pero Broly apartó el brazo de manera distante y tajante.
—No. Es suficiente— ella arrugó la cara, molesta, pero aguantó sus ganas de exigirle una explicación al recordar lo que había ocurrido con su padre. Había aprendido que a veces era mejor mantener la boca cerrada, sobre todo si se trataba sobre el pasado de los demás. Amorronada y buscando, quizás, el reconocimiento de una disculpa, se atrevió a apoyar la cabeza sobre el duro pecho de Broly. Él se dejó. Su corazón latía con fuerza contra el oído de Bra, retumbando como si fuera un tambor entusiasta.
—Está bien. Escapaste. ¿Qué más?
—No quería que hubiera supervivientes, así que destruí la Galaxia del Sur por completo por si acaso algún boburriano se me había escapado. Pensé que los había matado a todos cuando escapé de la galaxia y fui en busca de mi padre para matarle— la manera en la que mencionó que tenía intención de matar a su padre sobrecogió a Bra, que sintió un escalofrío recorriéndole la espalda. La cola de Broly se enredó alrededor de su cintura cuando lo notó y una de sus manos llegó hasta su hombro, prácticamente estrechándola contra su cuerpo. —No tengas miedo. No voy a hacerte daño.
—No te tengo miedo, simplemente me impacta. Solo eso.
—Si no quieres oírlo…
—Sí quiero. Quiero saberlo todo de ti, así que cuéntamelo— Broly pensó que por mucho que quisiera, había cosas que podría soportar y otras cosas que no, así que calló esas cosas que tanto le inquietaban y prosiguió con la parte menos bizarra de su vida.
—Encontré a mi padre en un planeta de la Galaxia del Este, junto a un eminente sabio con el que confabulaba. Casi se mea encima cuando me vio, y yo de verdad me divertí cuando lo saludé. Le dije, cuánto tiempo sin vernos, papá, y su cara se desencajó. Está claro que no pensaba volver a verme en la vida. Fue muy divertido— Broly se rió. Su pecho ascendió contra su cabeza y Bra también soltó una pequeña carcajada. No conocía a Paragus pero sentía una antipatía por él totalmente innata, e imaginarse a un hombre entrado en años cagado de miedo después de todo lo que había hecho la hacía sentirse bien y satisfecha. —De verdad quería matarle, de verdad…— el tono de Broly descendió hasta convertirse en un susurro. Bra acarició su pecho desnudo al darse cuenta de que su humor había decaído con el recuerdo.
—¿Qué pasó?
—Que no fui capaz de matarle. Me había hecho pasar por un infierno pero aun así no podía… era lo único que tenía y no me atreví. Estaba agotado después de tantos años en manos de los boburrianos y no…— Broly no continuó. Estaba claro que los saiyajins no estaban hechos para hablar sobre sus sentimientos, pero Bra sabía de sobra lo que quería decir porque ella sentía lo mismo en ese momento.
—Necesitabas consuelo, no más sangre.
—Algo así. Mi padre no tenía ni idea de cómo tomarse que le perdonara su miserable vida. Supongo que creyó que me había vuelto loco o que estaba maquinando una tortura digna de mención. No la pensaba y dejarme llevar por esos sentimientos de compasión y debilidad fue el peor error de mi vida. Aunque no volví a atacarle en las escasas semanas que estuvimos juntos después de eso, él me temía y podía verlo en sus ojos. No me quería cerca, pero por otro lado le vine bien para sus planes de futuro. Una noche cualquiera me desperté por su presencia. La diadema inhibidora estaba en su mano. Intenté zafarme de él pero me la colocó aprovechándose de mi sorpresa… y entonces perdí completamente la noción de tiempo y sentido.
Claro, todo era por eso, él no se fiaba ya de ningún padre. El suyo le había traicionado tantas veces que se hacía difícil contarlas. ¿Cómo podía fiarse de alguien si su propio padre lo había traicionado de esa manera? Se abrazó con fuerza a su cintura y hundió la cabeza entre su cuello, apegándose más a ese cuerpo caliente, prácticamente pasando una pierna sobre la suya.
—¿Qué sentiste?— se atrevió a preguntar.
—Nada. La diadema inhibidora bloquea las emociones y los pensamientos, los aísla completamente y convierte tu cuerpo en un muñeco vacío que cualquiera puede utilizar. Puedes moverte, hablar, pero no puedes sentir. Solo eres un autómata. No sé exactamente cuánto tiempo pasó hasta que desperté, solo sé que la primera vez que sentí algo con esa cosa puesta fue cuando vi a Kakarotto. El llanto que me taladraba las orejas cuando era un recién nacido me despertó… y estaba colérico después de eso— Bra sintió que sus manos se crispaban cuando una de ellas se clavó en su hombro hasta provocarle cierto daño.
—Ni siquiera estabas enfadado con Goku cuando peleasteis la primera vez, ¿verdad?
—No realmente. Él me despertó. Él solo estaba en medio. Solo quería destrozarlo todo y él y los demás intentaron impedírmelo… y lo consiguieron. En mi estado de guerrero legendario maté a mi padre por fin, y de alguna forma ellos consiguieron detenerme. Conseguí escapar de Neo Vegetasei en una nave y por alguna casualidad llegué al planeta Tierra donde me quedé dormido hasta que desperté años después. Luego morí... y luego tú me reviviste. Lo demás ya lo conoces.
—Sí, bueno… sé lo que tú me cuentas, pero también sé que hay otras muchas cosas que no quieres decirme, ¿verdad?— Broly la miró fijamente antes de volver a clavar la mirada en el techo. Había demasiadas cosas que prefería que ella no supiera, no porque temiera lo que pensara, sino porque eran cosas que prefería guardarse para sí mismo. Estaba seguro de que por mucho que profundizara en su… en lo que… en aquello que tuviera con Bra, nunca saldría de su boca una palabra sobre eso.
Broly se encogió cuando una parte de sus recuerdos que odiaba con toda su alma atravesó su mente. Molesto por el recordatorio se agitó y su cola se enredó con fuerza alrededor del brazo de Bra, que se apartó y soltó una exclamación de dolor. Ambos se sentaron en la cama y cuando su cola se desenrolló, pudo ver lo que había apretado con tanta fuerza. El mordisco que marcaba la piel de Bra todavía parecía palpitar. Los dos lo miraban con ojos trémulos, inquietos e incómodos. Después de llevar a cabo algo parecido a una reconciliación, pensar en la fuertísima discusión que habían tenido los hacía sentir mal y angustiados, sobre todo a ella. Cuando Broly se atrevió a llevar un dedo hasta la marca de sus dientes en la piel blanquecina para saber su estado, Bra se apartó y se abrazó el brazo, escondiéndolo de su mirada, girándole la cara.
Broly no sabía cómo sentirse, pero si dijera que le era indiferente mentiría.
—Eso…— murmuró.
—Sí, eso. Me atravesaste el músculo, pero ya está bien— habló ella con voz seca y recelosa. Había sido la más dispuesta de los dos a la hora de reconciliarse, pero a pesar del momento de comunicación íntima, su rencor seguía patente. Ahora que había recuperado algo de su compostura su vena orgullosa floreció y lo encaró. —Dolió. Parecía el mordisco de un perro rabioso y tuve que dar muchas explicaciones—
—No…— empezó a decir él, pero se interrumpió abruptamente. —Fue un acto reflejo. No quería hacerlo—
—No estoy segura de lo que quieres decirme con eso, Broly, pero si te arrepientes de haberlo hecho deberías pedir una disculpa—
—¿Una disculpa?—
—Ya sabes, debes pedir perdón, decir lo siento—
—¿Eso lo arreglaría todo?— preguntó él. —Lo siento— dijo, sin tener idea de lo que esas palabras conllevaban. Si esas simples palabras calmaban a Bra y hacían que ella volviera a estar alegre y cercana con él, no le importaba decirlas. Sin embargo, para ella esas palabras no tenían sentido. En su familia no existía la palabra perdón. Si se hacía algo se debía achacar las consecuencias como un valiente y poco a poco, cuando el enfado se pasaba, las razones del cabreo se olvidaban.
—No te perdono, Broly— fue lo que salió de su boca con un tono cruel y sin compasión. La cola del guerrero legendario cayó en picado, casi sin vida entre sus piernas. Aunque ella no podía verle la cara sabía que su expresión era de clara confusión.
—Pero has dicho que…—
—No es solo por el mordisco. Me dijiste todas esas cosas horribles sobre mi padre para hacerme daño y eso no puedo perdonártelo. De verdad fue doloroso que lo hicieras, y también fue doloroso que no confiaras en mí cuando viste la diadema. Esa diadema se la colocaron a Goku y yo la investigué cuando se la quitamos para averiguar cosas sobre los boburrianos. Te la oculté porque sabía que no me ayudarías si la veías, que desconfiarías y que te pondrías… así, como te pusiste. Nunca estuvo destinada a ti— Broly hundió el cuello, consciente de su equivocación y de su reacción exagerada. Sin embargo, él no era un hombre de lamentaciones, así que no tardó nada en empezar a darle vueltas a la cabeza sobre qué debía hacer para contentar a Bra. Era la primera vez que pensaba en contentar a alguien y su imaginación naufragó, perdida, sin saber qué rumbo tomar.
—No volveré a hacerlo—
—¿Puedes prometerlo?— Broly agachó la cabeza, inseguro.
—No lo haré… si estoy consciente—
—¿Qué quieres decir con eso?—
—A veces no puedo estar consciente, y si no estoy consciente no puedo evitar hacer cosas—
—¿Cómo cuando nos peleamos?— Broly negó con la cabeza, sin dar más explicaciones. —¿Entonces a qué te refieres?— él calló y Bra suspiró. Entonces él extendió un brazo frente a ella.
—Muérdeme. Si me muerdes estaremos en paz— Bra pensó que bromeaba. Ella no se veía capaz de hacerle auténtico daño y tampoco veía capaz a Broly de estarse quieto mientras lo recibía, pero cuando él agitó el brazo bajo su nariz, insistiendo, pensó que no era tan mala idea. Se lo merecía después de todo lo que le había hecho pasar. Agarró su fuerte brazo con las manos y lo atrajo hasta su boca, abriéndola para clavar los dientes. Sin embargo se apartó en el último momento y le miró, insegura. —No te lo devolveré si le tienes miedo a eso.
—No le tengo miedo a que me golpees, es que no me te voy a hacer daño aunque tú me lo hagas a mí. No quiero herirte — Bra sintió que un escalofrío recorría su brazo cuando dijo semejantes palabras. Él se apartó de pronto, impactado, alejándose. —¿Qué te pasa ahora? ¿He dicho algo malo?—
—No— respondió él al instante. Parecía casi alterado. —Nunca me habían dicho eso.
—¿El qué, que no tienen miedo de que los golpees?— comentó ella con una sonrisita divertida, pero esta se esfumó cuando Broly se llevó una mano a la cabeza, acariciándose el pelo con gesto desconcertado, para nada propio de él.
—Eso de que no quieras herirme aunque yo te hiera. Es raro.
Y algo en el interior de Bra se rompió.
Broly no dio ninguna explicación cuando anduvo hasta la puerta, salió de la casa y cerró a conciencia perdiéndose en la inmensidad del bosque al instante. Bra, de cualquiera manera, tampoco la esperaba, y lo agradecía porque necesitaba estar sola después de eso. Su corazón palpitaba con una fuerza prácticamente dolorosa y lo sentía en su garganta, luchando por salir de ella. Salió, pero antes se acurrucó en la cama de Broly y rodeó sus piernas con los brazos.
—No me hagas esto, por favor— lloró otra vez. —Maldita sea… le quiero… te quiero, mono estúpido.
Bra se tumbó en la cama y entre lágrimas y sollozos, logró dormirse deseando que el día que tuvieran que separarse nunca llegara.
Día 167.
Trunks aterrizó sobre una de las oscuras rocas que invadían el desierto lleno de cráteres donde muchos años atrás había tenido lugar la primera gran batalla por el bien del planeta. Él no conocía la historia con certeza, solo sabía que su padre y Goku habían peleado con todas sus fuerzas allí la primera vez que se vieron, y su padre salió perdiendo y con una cola de menos. No tenía ni idea de adónde iba su padre cuando necesitaba estar a solas, que era bastante a menudo, pero por lo visto había aspectos que solo un saiyajin de su misma sangre podía entender en él. Goku seguía sin moverse de la Corporación Cápsula por causas mayores. Había conseguido alzar el vuelo pero le costaba planear en dirección recta, y aunque la nube Kinton siempre estuviera a su disposición, había decidido no ir a por Vegeta por mucho que él, Gohan e incluso Goten se lo hubieran sugerido.
—Necesita estar solo— era su única respuesta.
Después de dos días sin saber nada sobre su padre y su hermana pequeña, Trunks había alcanzado el límite de su tolerancia. No había forma de localizar a Bra cuando ocultaba su ki, pero con Vegeta era distinto siempre y cuando Goku estuviera cerca. Él parecía conocer sus costumbres mejor que ninguno y estaba claro que sabía dónde estaba aunque no lo dijera. Por supuesto no era el único. Pan también sabía perfectamente dónde se encontraba Bra, pero nadie pareció reparar en ella por ser —demasiado— pequeña.
Trunks alcanzó el límite cuando su madre se equivocó con las pruebas de ADN de los boburrianos y montó un buen desastre en el laboratorio por escasez de concentración. El aspecto de Bulma era horrible. Estaba ojerosa, tenía los ojos rojos de tanto llorar por las noches cuando creía que nadie la escuchaba, no comía, no bebía, no hablaba, no reía y tenía serios problemas con el trabajo con el que había lidiado toda su vida. Era una masacre. La familia Brief no podía estar en un peor momento. Trunks acorraló a Goku esa mañana con una seriedad que bien recordaba a su padre y le exigió que le dijera dónde demonios estaba ese cabrón al que llamaba padre. Goku suspiró. Él tampoco podía ver a Bulma, su amiga de la infancia, tan demacrada.
—Ten cuidado con lo que dices. Vegeta no está para aguantar cualquier cosa ahora—
—Te preocupas mucho por mi padre, pero parece importarte bien poco cómo pueda sentirse mi madre. Él ni siquiera se lo merece— fue su brusca respuesta. Trunks era un chico amable como el que más, pero cuando su genio surgía sus palabras iban cargadas de veneno, y había aguantado demasiado durante los últimos días. Goku sabía que más que enfadado estaba preocupado, pero también sabía que estaba bien dispuesto a darle un buen par de guantazos tanto a Bra como a Vegeta por ese orgullo que tanto los marcaba. Por experiencia propia sabía que si atacaba a ambos de esa manera, lo único que recibiría a cambio sería una respuesta agresiva que de nada serviría.
—Tu padre y tu madre son amigos muy cercanos a mí, pero tanto Bulma como tú debéis tener en cuenta una cosa. No podéis pedirle a Vegeta más de lo que está dispuesto a dar porque no conocéis ni la mitad de lo que ha vivido—
—Si me dijeras qué demonios ocurre quizás cambiara de opinión— Goku negó con la cabeza lentamente y lo miró de una forma que Trunks no supo clasificar. En sus ojos había una mezcla de compasión y seriedad dignas de temer.
—Eso es algo que solo le atañe a él. Si no fuera por la fusión y por el vínculo telepático, ten por seguro que yo sería el último del universo que lo supiera.—
Trunks no tenía ni idea de lo que Goku quería decir con esas palabras, pero pocas veces le había visto tan serio, así que supuso que la cosa era más grave de lo que parecía. En cuando le dijo dónde estaba su padre, voló hacia allí solo, sin hacer caso a los consejos de Goten, de su madre o del único amigo que tenía su padre. Después de andar entre los cráteres y sobrevolar la zona, descubrió la figura de Vegeta sentado al borde de uno de ellos, silencioso, taciturno, con un brazo sobre una rodilla flexionada. Miraba a la nada y de no ser porque le daba la espalda, Trunks podría haberse percatado de que no estaba para tonterías.
Cuando su hijo avanzó hacia él con gesto sereno, guardándose todo rastro de temor o respeto, Vegeta soltó un bufido que lo hizo detenerse de golpe.
—¿Qué cojones quieres?— fue su única pregunta. Trunks pensó eso mismo para sus adentros. ¿Qué demonios quería decirle a su padre? Lo único que sabía era que no soportaba ver a Bulma tan apagada y a Bra desaparecida. Lo único que sabía era que solo su padre podía arreglar lo que ya había roto, o al menos podía intentarlo.
—Quiero que vuelvas a casa, ahora— le exigió. Su voz carecía de temor y Trunks se maravilló por ello. Siempre había guardado un respeto reverencial por padre, un respeto que rondaba el miedo a decepcionarle. Ahora el decepcionado era él, así que ya nada había que temer. —Mamá está sufriendo por todo esto y Bra sigue desaparecida. No puedes ignorarnos y esperar que la cosa se solucione sola, especialmente cuando has sido tú el que la ha jodido, así que vuelve a casa ahora—
—¿Me estás dando órdenes, mocoso?—
—Lo único que hago es intentar arreglar el estropicio que tú has montado. ¿Es que no eres consciente de la gravedad de lo que has hecho? ¡Le has roto la nariz a mi hermana, a tu hija y le has dicho que ojalá estuviera muerta! ¿A ti qué coño se te pasa por la cabeza?— Trunks suspiró después de soltar semejante palabrería. Como no se controlara sospechaba que Bra no sería la única que acabara con la nariz rota, pero poco le importaba. Llevaba acumulando ira dos días y no sabía cuánto tiempo podría soportarlo. Para colmo Vegeta parecía ignorarle. Trunks empezó a sentirse insultado y su irritación aumentó. —Me da igual lo que hayas hecho antes de llegar a este planeta, pero vuelve a casa y discúlpate con mamá porque ella sí que no se merece algo así—
—¿Disculparme?— Vegeta sacudió la cabeza, como si no hubiera oído bien lo que su hijo le exigía. Despacio, se levantó del suelo y se mantuvo ajeno a su hijo en todo momento, dándole vueltas a lo que acababa de escuchar. Finalmente se giró y clavó unos profundos y oscuros ojos en Trunks, que casi se estremeció por la fría mirada. —¿Por qué demonios debería disculparme?—
Trunks se quedó en shock ante semejante respuesta. Sabía que su padre no era precisamente el colmo de la comprensión y humildad, pero esperaba que al mencionar a su madre se relajara y accediera a hacer… algo. No tenía por qué ser una disculpa, pero por lo menos algo. Era lo mínimo después del daño que estaba causando, que había causado y que causarían las consecuencias de toda esa historia de la violación y el hijo no nato. Trunks, que nunca había dudado del amor que Bulma tenía por su padre, empezaba a dudar que pudiera superar todo eso, y mucho menos si Vegeta no ponía de su parte.
¿Es que su orgullo le impedía ver que los estaba perdiendo?
—Maldita sea, papá. Por una vez en tu vida compórtate como un padre y un marido decente y ve a casa. Yo no puedo llevar esta mierda solo—
—¿Decente?— Vegeta parecía sorprendido por la expresión usada, tanto, que sin venir a cuento soltó una estridente carcajada que sonó a una clara burla de lo que su hijo trataba de expresar. Cuando terminó de reír, cosa que le puso los pelos de punta a Trunks, anduvo hasta él lentamente y tranquilo, como un león encerrado en la misma jaula de un conejo que tiembla esperando la primera dentellada. Tenía los ojos brillantes, la cabeza alzada en actitud altanera y parecía incluso orgulloso por lo que había hecho. —¿A qué llamas decente? ¿A esos padres que enseñan a leer a sus hijos, que los llevan a jugar al parque, que les compran regalos y chucherías? ¿A esos que les arropan y les cuentan cuentos por las noches para que se duerman? Eso es lo que tú llamas ser un padre decente, ¿verdad? Mi realidad dista mucho de la tuya. La realidad es que mientras tú gozabas de las comodidades que puede ofrecer este planeta jugando con el hijo de Kakarotto, yo estaba rodeado de alienígenas de pocos escrúpulos mil veces más fuertes que yo. Vivía en una cárcel, y cada uno de sus presos tenía una moral mucho más baja de la que yo pude llegar a tener en mi peor momento. ¿Hablas de decencia? Donde yo me crié no había decencia, en cómo viví tampoco había nada decente.
Los ojos de Vegeta prácticamente chispeaban y por un momento Trunks se sintió tentado de ceder, acongojado por semejante derroche de odio y desprecio. De repente, su padre lo agarró por el cuello de la chaqueta y lo obligó a encararle, furioso.
—He vivido como tenía que haber vivido, he hecho lo que tenía que hacer para sobrevivir. ¿Por qué cojones debería disculparme? Es más, ¿quién demonios eres tú para reprocharme nada?— entonces Vegeta lo soltó con brusquedad, empujándolo hacia atrás vastamente. —¡No he vivido rodeado de asesinos y violadores toda mi vida para que mi jodido hijo me diga que soy un mal padre! Si tienes algún problema con lo que hice antes de llegar aquí, ¡puedes irte a casa con tu madre y esperar sentado una disculpa que jamás saldrá de mi boca, porque no pienso volver!
Trunks no sabía qué hacer o decir. Se había imaginado que sería difícil convencer a su padre de volver a casa, pero no se esperaba semejante agresividad y decisión. No sabía qué hacer. Cuando Vegeta le dio la espalda una vez más, las palabras salieron de su boca sin que pudiera contenerlas. Sabía que esa clase de sentimentalismo no afectaría al orgullo herido de su padre, pero no podía evitarlo. Antes de hablar, se preguntó de dónde demonios había sacado ese maldito dramatismo, porque estaba claro que no procedía de su padre.
—Tú eras mi héroe, papá. Ni Goku, ni Gohan, ni ningún otro. Siempre fuiste tú— esta vez fue él el que dio media vuelta para irse lejos de allí. No era el único que necesitaba estar solo después de soltar semejante cursilería. Se maldijo a sí mismo por ser tan diferente del resto de su familia, tan sensible en lo que a sentimientos se refería, tanto, que le escocían los ojos y le picaba la garganta por las ganas de llorar. Pero al parecer, no era tan distinto de los demás; un suspiro lejano llegó hasta sus oídos, la prueba de que sus palabras no habían caído en un saco roto, la prueba de que Vegeta estaba en el límite de sus fuerzas, débil y propenso al sentimentalismo.
—No puedo hacer más, Trunks. No soy un héroe y nunca lo seré. Simplemente intento proteger a tu hermana y a este maldito planeta. No sé hacer las cosas de otra forma.
—¿Proteger a Bra? No te entiendo… ¿protegerla de qué?— Trunks achicó los ojos y contuvo sus sentimientos encontrados al ver a su padre reaccionar. A él no parecía hacerle la menor gracia hablarle sobre ello, y Trunks supo que Vegeta se debatía en su fuero interno por hablarle sobre algo importante o no hacerlo. Estuvo tentado de insistir, pero calló a sabiendas de que si irritaba demasiado a su padre, no abriría la boca.
Después de un largo minuto en silencio, Vegeta soltó otro suspiro.
—¿Has oído hablar alguna vez sobre la genética entre especies?
—El cruce de especies distintas para solventar errores del ADN o para hacerlo evolucionar— recitó prácticamente de memoria. La genética entre especies en su día era solo una utopía de la que ya apenas se hablaba, desbancada totalmente por la biotecnología. Después de siglos intentando avanzar en ese campo, los seres humanos se dieron por vencidos a sabiendas de que no podían jugar a ser dioses. Era mucho más fácil implantar chips o mejoras tecnológicas en un ser humano que jugar con su ADN sin provocar horribles mutaciones. —Claro que la conozco. Hace años que no hay avances en ese campo.
—Bien— acertó a admitir él. —Digamos que, según nuestras tradiciones y leyendas, tu hermana y cualquier hembra descendiente de nuestro linaje puede hacer eso realidad— Trunks calló. Su ceño se arrugó poderosamente, imitando las facciones de su padre, curioso y desconfiado al mismo tiempo.
—¿Qué quieres decir?
—Hablemos claro, Trunks. Todas las criaturas y alienígenas que han venido en los últimos meses buscaban a Bra, o en su defecto a nosotros dos, incluidos los boburrianos. Ni yo ni mi padre ni ningún otro saiyajin desde hace siglos sabe por qué ocurre esto, pero pasa desde hace mucho tiempo, muchísimo, y pese a los numerosos sacrificios, el gen nunca logró erradicarse. Lo que quiero decir es que las hembras de nuestro linaje, las hembras de la rama principal de la familia real tienen la capacidad de realizar la genética entre especies de manera natural. En otras palabras, da igual con qué clase de ser se aparee tu hermana. Podrá tener hijos con cualquiera aunque su ADN sea incompatible con el de su pareja. ¿Entiendes lo que quiero decir?
¿Qué si lo entendía? Trunks se llevó una mano a la cabeza y se sentó sobre el suelo cuando sus piernas empezaron a flaquear. Se acarició el pelo y la frente, y cuando apartó las manos de ella, notó el sudor que corría por la misma.
—No puede ser… eso es imposible— dejó caer, pero Vegeta se mantuvo imperturbable elevando la vista hacia el cielo.
—Durante generaciones hemos matado a las hembras de nuestra familia para que esa aberración no pudiera llevarse a cabo. Las hemos matado también por propia protección, porque se supone que el macho siempre quiere tener a la mejor hembra para que sus descendientes sean los más fuertes y viceversa, y si damos con un enemigo lo suficientemente desequilibrado, eso puede suponer un problema, y ya sabes... conforme el ki aumenta, más se atrae a los enemigos.
—Un momento— lo interrumpió Trunks entonces— ¡Un momento! Era por eso… ¡por eso no querías que Bra entrenara, por eso te enfurecía tanto, por eso la golpeaste la otra noche! Querías evitar que el aumento de ki atrajera a criaturas con esas intenciones hasta aquí— Vegeta no lo afirmó de ninguna manera, pero su silencio dijo todo lo que Trunks necesitaba oír.
—Hay muy pocas razas alienígenas que tengan un ADN compatible con el de otras razas de distintos planetas. Nosotros, los saiyajins, no podemos tener hijos con nadie más que con los terrícolas o con… los habitantes del ahora ya destruido planeta Germera. Se supone que las hembras de nuestro linaje pueden, aunque los saiyajines matan a tantas desde hace tanto tiempo, que no estoy totalmente seguro de que eso siga siendo así. Esperaba que no lo fuera.
—El planeta Germera…— Trunks se levantó del suelo enseguida, consciente ahora de lo que querían decir las acciones de su padre, abstrayendo de sus discusiones las palabras clave. —¿Mataste a esa mujer embarazada porque temías que su hijo fuera hembra?— Vegeta cerró los ojos. Su hijo ató cabos. Empezaba a pensar como él. —Entonces ¿los boburrianos quieren a Bra para llevar a cabo alguna clase de experimento genético con ella? Podría ser que quisieran usarlo para su propia especie casi extinta...
—Imagínatelo, Trunks. El gen de un saiyajin unido al gen de un boburriano. El resultado sería…
—Monstruoso— terminó de decir él. —¡No podemos permitir eso! A saber lo que podrían hacer con ella...
—Pues eso no es lo peor. Lo peor es lo que hagan con ese crío. A largo plazo podrían convertirlo en un nuevo Freezer para el universo. Los boburrianos son, por encima de guerreros, científicos, y utilizaran a Bra para hacer toda clase de experimentos genéticos con otras razas para conseguir su propio equipo de guerreros monstruosos. Es una maldita locura.
—Tenemos que hacer algo para detenerlos. ¡Tenemos que encontrar a Bra!— Vegeta negó con la cabeza, sereno. A Trunks estaba a punto de darle un ataque de solo pensar en que pudieran atrapar a su hermana.
—En la Corporación Cápsula estamos todos. Si buscan a Bra será allí donde miren en primer lugar, así que tenerla alejada y ajena a esto es lo mejor que podríamos hacer para evitar que la atrapen. Además, los boburrianos no pueden sentir el ki. Mientras Bra no llame la atención, todo se centrará en nosotros y ella estará bien.
—Pero eso no tiene sentido, papá. Si los boburrianos no pueden sentir el ki, ¿cómo han sabido de la existencia de Bra? ¿Cómo sabían que ella estaba en este planeta, que los últimos saiyajins estábamos aquí?— Trunks esperó ansioso por una respuesta, pero la decepción fue obvia cuando Vegeta clavó los ojos oscuros y preocupados en él. Nunca había visto a su padre con un rostro tan angustiado.
—No lo sé.
Estaba amaneciendo. El olor de la nieve derritiéndose lentamente con la llegada cada vez más próxima de la primavera llenaba cada rincón del bosque. La frescura del día abierto, de la noche desapareciendo, de la penumbra evadiéndose… Las capas de hielo cada vez más finas emitieron un crujido cuando recibieron los primeros rayos de sol, liberando el agua del lago comúnmente usado por los animales y por el guerrero legendario.
Con la llegada del amanecer, después de varias horas de intensos pensamientos y sentimientos que no sabía cómo catalogar, sin poder pegar ojo en toda la noche, Broly volvió a la única casa que había tenido alguna vez. Se apartó el pelo de la cara y suspiró largamente antes de abrir la puerta para entrar con calma y determinación. Pensaba que Bra lo estaría esperando de brazos cruzados, molesta por su repentina huida, pero se la encontró acurrucada en su cama, arropada y durmiendo plácidamente. Broly la miró en silencio. Luego se obligó a sí mismo a sentarse a su lado para salvaguardar su orgullo porque, que el diablo mismo le golpeara por ello, ella le había hecho huir con el rabo entre las piernas. A él mismo. A él, que recibía el nombre de monstruo o bestia constantemente.
Pero es que ella no quería hacerle daño, ni siquiera para defenderse. ¿Cómo podía ser? Le había pillado con la guardia totalmente baja. Nadie se había acercado tanto a él, nunca. Nadie. Y los que lo habían hecho siempre tenían dobles intenciones. Broly se llevó una mano a la nuca y acarició el principio de su cicatriz. Luego se llevó una mano a la frente y se apretó la cabeza.
—Mierda…— murmuró, aunque deseaba gritarlo con todas sus fuerzas. La respiración de Bra a sus espaldas le obligaba a bajar la voz hasta que casi era un susurro ininteligible. ¿Qué debía hacer ahora? ¿No matar a Kakarotto? No, eso era incuestionable. ¿No matar a Vegeta? Tampoco era viable, porque si no lo hiciera, tarde o temprano el príncipe encontraría la manera de acabar con él. Dejaría a su madre, sí. La madre humana de Bra no tenía nada que ver con él, así que a ella sí la dejaría viva. Tendría que liquidar a los saiyajins y a sus descendientes, pero podía dejar a los humanos vivos si Bra así lo deseaba. Quizás así lo odiara un poco menos, quizás incluso lo perdonara. ¿Y la nieta de Kakarotto? Su poder no era muy grande. Quizás también podría dejarla viva a ella para que hiciera compañía a Bra y…
Broly ocultó la cara entre sus manos y apretó los dientes. ¿En qué demonios pensaba? Aunque fuera un saiyajin débil, solo uno con una buena jugada podía causarle problemas. No. No podía dejar a nadie vivo. No podía… no podía ser tan débil. No podía seguir vacilando. La última vez que lo había hecho su padre le colocó la diadema inhibidora y lo obligó a hacer cosas que no quería hacer. No podía seguir siendo el perro de cualquiera que le acariciara un poco la cabeza.
Se giró en la cama hacia ella y vio su expresión ahora ya relajada. Media cara seguía hinchada por el golpe de Vegeta, pero a Broly no le importaba. Su cola se movió como loca cuando se tumbó a su lado y le acarició la mejilla sana sin que su dueño pudiera impedirlo. Bra gimoteó de gusto por el tacto del suave pelaje.
—Te lo compensaré— le aseguró. —Cuando todo acabe te lo compensaré… — su cola volvió a agitarse con el pensamiento, entusiasmada por la idea. Broly se quedó dormido poco tiempo después, con una de sus manos aferrada al largo pelo de Bra.
Los dos siguieron durmiendo, y la princesa más que ninguna ignoró el significado de esas últimas palabras que para Broly significaban tanto.
La temperatura de la nave ascendió de golpe cuando esta rodeó la enorme esfera inflada y voluminosa que era aquella estrella del sistema de Yardrat. La voz femenina de esta, avisando a sus tripulantes sobre la subida de grados en un idioma extraño y gutural, calló cuando salieron de las lejanías de la órbita de la estrella. La voz dio un nuevo aviso y los parámetros interplanetarios variaron en la pantalla tridimensional frente a la que ellos se encontraban, observándolo todo con gran detalle.
Uno de ellos tecleaba numerosos caracteres y llevaba a cabo complicadas operaciones en el aire. Los planetas que rodeaban la estrella aparecían en la pantalla en todo su esplendor, siendo rodeados por los datos que pertenecían a sus órbitas terrestres. Sobre uno de los asientos, observando y controlándolo todo desde cerca, estaba el boburriano que poco interés guardaba por las maravillas planetarias que descubría ante sus ojos.
—¿Cuánto más vamos a tardar en llegar a la Tierra?— preguntó en su idioma natal. Mientras preguntaba con tono desinteresado su mano se afianzaba al mango de la larga espada dorada cuyo filo reposaba en el suelo. Se apartó el pelo erizado y rojo de la cara, mostrando sus intimidantes ojos oscuros y el tono azulado de su piel. El piloto de la nave se volvió hacia él con una sonrisa en la cara que dejaba ver sus encías igual de oscuras.
—No tardaremos más de un mes. Estamos cerca, Benkas, muy cerca— comentó el otro boburriano, ya sin pelo alguno, vestido con el equipo de combate que los habitantes de Boburria poco usaban, pero que sus últimos supervivientes siempre llevaban después de ver su planeta reducido a cenizas.
—Demasiado tiempo. Para empezar ni siquiera pensaba que tendría que venir a ayudar. No me puedo creer que Baika y Boro no hayan sido capaces de aniquilar al rey y conseguir a la princesa. Bia me aseguró que no habría problemas con esos monos inferiores— comentó Benkas, golpeteando el suelo de la nave con sus deformes pies que más se asemejaban a los de un lagarto que a los de un humano.
—Bia se equivocó. No es tan buena como se cree. Al fin y al cabo era la responsable del Sujeto 813 y la jodió bien— aseguró el piloto. Benkas se levantó de su asiento sin soltar su espada dorada. Su larga cola oscura rematada por un aguijón igual de oscuro retumbó contra el suelo y pareció emitir un leve siseo cuando se arrastró tras su dueño. —Nosotros los liquidaremos y vengaremos la muerte de tu hijo, Benkas— sonrió el boburriano. El mencionado le dirigió una mirada agria, absolutamente amenazadora mientras apretaba su espada de braummuro con fuerza.
—No lo menciones, Bumo. Yo ya no tengo ningún hijo— el piloto dejó ver una sonrisa cuando descubrió el dolor y la ira palpitando en la oscuridad penetrante de la cara de su líder. Estaba claro que cuando llegaran al planeta Tierra no habría piedad para esos estúpidos saiyajins.
—Cuando lleguemos a la Tierra y consigamos a la princesa podrás masacrarlos a todos. Quizás incluso podamos tomar a los sobrantes como experimentos. El rey Vegeta siempre me ha tenido intrigado, y su hijo también es un espécimen curioso — Benkas dejó escapar una risa sarcástica al pensarlo. Ningún niño medio saiyajin medio boburriano podría reemplazar a su hijo Boro, nunca, pero por lo menos disfrutaría vengándose de aquel que lo había liquidado.
—No cantéis victoria tan pronto— una tercera voz en la sala se hizo escuchar sobre la conversación de los demás. La sombra de una figura masculina y musculosa, más baja que la de los boburrianos, hizo acto de aparición. —No será tan fácil tomar a la princesa. Vegeta no lo permitirá, pero del que más debéis preocuparos es de ese saiyajin de tercera clase del que os hablé. Él es el que mató a tu hijo, Benkas.
—Lo sé— dijo el boburriano, dirigiéndole una mirada traviesa al nuevo componente de la sala. Sus dientes y encías oscuras parecieron brillar de emoción cuando Goku fue mencionado. —No hay manera de que pueda subestimarlo. Al fin y al cabo no solo mató a mi hijo, sino también al Sujeto 813— Benkas sonreía de oreja a oreja cuando mencionó a este último. Sus ojos se enturbiaron de malicia al saber que estaba tocando un tema escamoso para el contrario. La figura que se mantenía en las sombras parecía imperturbable, aunque numerosas sensaciones recorrieron su cuerpo al oír hablar de semejante monstruosidad.
—¿Tú también quieres vengarte?— cuestionó Bumo con igual maldad. —Ya sabes, al fin y al cabo, por muy monstruoso que fuera, el Sujeto 813 era tu hijo, ¿no es así, Paragus?—
Entonces el mencionado emergió de entre las sombras: su pelo negro, su piel de un tono casi igual de oscuro, su corpulencia y su cola enrollada alrededor de la cintura sobre su armadura de saiyajin revelaban su lugar de origen. Su rostro estaba compungido por las emociones pasadas, la mayoría de odio y desprecio hacia su propio hijo al recordar el momento de su muerte. Para que los recuerdos fueran más vividos se acarició el ojo izquierdo, perdido años atrás cuando Broly se lo arrancó dejando en su lugar una grotesca cicatriz. Paragus dejó entrever una sonrisa.
No, no era por venganza. Era por ambición propia. De hecho agradecía enormemente que Goku se hubiera deshecho de Broly años atrás. ¿Quién sabía? Quizás podría llegar a ser el Adán de una nueva raza si se movía con la astucia suficiente.
