N.A. Bueno, os doy gracias por los rewiens y por vuestro apoyo, y… bueno, este capítulo, como dice el título, es más sentimental que otra cosa. Aquí está la conversación, si no más importante entre Broly y Bra, quizás sí la más significativa, la que lo deja todo claro, claro en su "relación", así que es un capítulo importante también. Yo diría que a partir de aquí todos los capítulos son importantes. De todas formas, aunque he escrito este capítulo con muchas ganas no estoy segura de si me ha quedado demasiado cursi. ¡Espero que no, porque es lo último que quiero hacer en esta historia! Odio las cursilerías xD.
¡CAPÍTULO REEDITADO!
Capítulo 17
Sentimientos
Día 180.
—Debería haberme imaginado que esto no sería una buena idea— dijo Bra, ya demasiado tarde como para retractarse. En plena Plaza Central de Ciudad Satán todo el mundo podía ver a todo el mundo, así que era una tontería intentar huir a esas alturas. Aquel lugar era un punto de encuentro típico. Allí estaba, vestida con una falda simple y no muy corta, con botas sin tacón que utilizaba más para entrenar que para vestir y un jersey fino de color rojo que marcaba gran parte de su figura, cada vez más corpulenta.
No tardó mucho en detectarles. Frente a la parada del metro, Peach la saludó. A su lado, Apple sonrió nada más verla. Tras ellos, sus tres compañeras de clase, cada una mejor vestida que la anterior, Bamara, Guetti y Nora sonreían, dos de ellas acompañadas de sus respectivas parejas masculinas, los dos altos, fuertes y de ojos resplandecientes.
Bra suspiró una última vez.
—Recuerda comportarte como una persona normal. Nada de volar, nada de pegar a nadie y, sobre todo, nada de montar escándalos, ¿me has oído?— Bra se giró al no oír una respuesta afirmativa. Broly, a su lado, puso mala cara, pero no dijo nada al respecto. Sus ojos viajaron hasta el grupo de amistades que se dirigían hasta ellos. Al ver a Apple, el guapo y musculoso chico rubio con el que Bra había bailado en la fiesta universitaria, Broly mostró sus caninos.
—¿Por qué él tenía que venir?— cuestionó, molesto.
—Porque también es mi amigo, y es…—
—Quiere follarte— soltó él, sin más, y los ojos de Bra se agrandaron hasta casi salirse de las órbitas al oírlo. Los colores se le subieron a las mejillas y él la miró cruzado de brazos, en una actitud casi defensiva.
—¡Qué va, hombre! Si es un chico muy mono, educado, guapo, listo, simpático… nunca intentaría nada indebido con una señorita como yo—
—Lo odio. Como se acerque mucho, le arreo— Bra escuchó sus nudillos crujiendo al apretar los puños en un claro gesto agresivo. Inquieta al ver a sus amigos a escasos metros de ellos, se limitó a acercarse a Broly para agarrarle del brazo. Aquello pareció un gesto cariñoso, pero en realidad, con eso intentaba mantenerlo controlado.
—¡Cuánto tiempo, Bra!— la saludó Peach, dándole un cándido abrazo. Ella lo correspondió, aunque ese acercamiento repentino la hizo sentir incómoda. Llevaba bastante tiempo sin aparecer por clase, más de un mes. Había estado recibiendo clases por Gohan hasta que sucedió lo que sucedió entre su padre y ella y salió disparada de la Corporación Cápsula para refugiarse en la casa de su maestro y su... lo que fuera que eran.
De eso hacía ya casi dos semanas y las únicas noticias que tenía sobre su familia eran de parte de Pan, que con cara de pocos amigos, muy enfadada, apareció por allí tres días después de lo sucedido. Le arrojó a Bra algo de ropa limpia, el dinero que había encontrado en su mesita de noche y su móvil para mantener el contacto, y sin esperar una explicación de su parte se fue lanzándole una mirada furibunda a Broly, que le respondió de igual manera. Bra la había llamado horas después esperando que se le hubiera pasado algo del enfado, y Pan, un poco más receptiva, le contó que Vegeta no había vuelto a casa desde que ella se había ido, que Trunks había hablado con él pero no había logrado convencerlo para que regresara a casa, y que su madre no estaba muy animada. Estaba centrada en su trabajo totalmente y se había olvidado de los preparativos para la boda. En la Corporación Cápsula todos se preguntaban si Bulma pensaba anularla, pero cuando alguien le preguntaba la mujer echaba humo por la boca, acongojándolos a todos.
Bra estaba sumamente preocupada. Temía haber roto la relación entre su padre y su madre de manera definitiva, y su único consuelo era el entrenamiento especial y diario que llevaba a cabo con Broly. Por primera vez desde que habían empezado a entrenar, el guerrero legendario la tomaba completamente en serio. Estaba empeñado en enseñarle cómo liquidar a los boburrianos y cómo defenderse de ellos, y Bra ponía casi toda su fuerza de voluntad en ello. Casi toda.
No tenía ni idea de si Broly sabía que ya se había transformado en súper saiyan, pero por si acaso no lo hacía en su presencia. Mientras ella entrenaba, Broly la miraba fijamente y, en alguna ocasión, ella lo había pillado analizándola con cierta frustración. Bra empezaba a sospechar que él había notado su aumento de ki, o al menos sabía que su poder había aumentado enormemente. Pese a ello, no había insistido en el tema. Parecía rehuirlo, como si no quisiera saber nada de ello.
¿Era posible que él tampoco quisiera separarse de ella y por eso ignoraba adrede su poder? Bra no lo sabía, y tampoco quería correr riesgos innecesarios preguntándole. La joven no sabía qué pensar. A pesar de que ahora estaban juntos las veinticuatro horas del día, él parecía muy distante. No dormían juntos. Él se iba durante las noches y no volvía hasta que ella estuviera despierta y preparada para el entrenamiento. Cazaba animales, conseguía frutas y vegetales y los compartía con ella. Ni siquiera la tocaba si no era para entrenarla.
Bra no sabía qué demonios le pasaba, pero daba gracias por que Peach le hubiera dado la oportunidad de arreglar lo que fuera que ocurriera, aunque para ello cometiera el riesgo de montar un espectáculo. Hacía semanas que no veía a sus amigos, y recibir el día anterior una llamada de Peach para quedar todos juntos le levantó el ánimo. Su alegría terminó decayendo cuando su amiga le pidió encarecidamente que Broly fuera con ella, o si no Apple se haría falsas ilusiones. En realidad, a Bra le hacía ilusión que fuera con ella después de tanto tiempo separados, pero temía que no fuera capaz de adaptarse al grupo por desconocer las costumbres humanas. Bra pensó que sería una buena manera de dejar de preocuparse por su familia por unas horas, y también sería una buena manera de descubrir qué demonios le pasaba a Broly. Había conseguido enfundarle un traje casual, ni muy elegante ni demasiado ordinario, y debía admitir que le quedaba bien aunque su forma de caminar y su mirada intimidante le hicieran parecerse a una especie de pandillero peligroso.
Saludó a todas una por una y ellas les presentaron a sus parejas una a una. Cuando Bra le dio un apretón de manos a Apple en señal de amistad, él le devolvió la sonrisa y acto seguido clavó la mirada en Broly, que hasta ese momento se había mantenido ajeno e imperturbable sin quitarle la vista de encima a los hombres, sobre todo a Apple. Su cara no dejaba ver ninguna clase de emoción, solo indiferencia, o quizás algo de desprecio hacia los humanos que lo rodeaban.
—Bueno, este es mi… mi…— empezó a presentarle ella, pero descubrió que no sabía cómo catalogarlo. —Este es Broly— finalizó, y él frunció el ceño levemente al ver a Apple extendiéndole la mano. Bra temió que soltara alguna grosería, pero contrariamente a lo que pensaba, el guerrero legendario extendió la mano de igual manera y agarró la de Apple.
—Encantado— dijo el humano y Broly asintió. Bra soltó un suspiro de alivio. Entonces vio que los ojos de su compañero de universidad se desorbitaban y su cara se ponía totalmente morada, conteniendo un chillido de dolor. La joven vio que la mano de Apple estaba adquiriendo un tono rojizo por la fuerza con la que Broly la agarraba. Sin más, se agarró a su brazo fingiendo un gesto cariñoso cuando en realidad lo pellizcaba con fuerza y le pisaba el pie con disimulo.
Reticente, Broly soltó la mano de Apple.
—Buen agarre— le dijo en una clara burla..
—Vaya, vaya, juraría que tu novio no puede controlar su fuerza— oyó que comentaba Bamara, la única amiga de su grupo que junto a Peach no tenía nada serio con nadie. A Bra no le caía muy bien Bamara porque desde que la conocía había sido el centro de atención tanto de la clase como de la universidad, papel que siempre había hecho ella misma. Sí, de acuerdo, al principio había sido por envidia, pero cuando la conoció más a fondo descubrió que los rumores eran completamente ciertos: Bamara tenía un cuidado y fino pelo rubio que era la envidia de la propia Bra, ojos de un bonito tono verde y cara perfectamente blanca y ovalada. Daría impresión angelical si no fuera por su gran pecho, que siempre destacaba con pronunciados escotes que no dejaban nada para la imaginación. Tenía un cuerpo mucho más marcado que el de ella, y sí, era guapa. Muy guapa. Tanto, que no necesitaba maquillaje alguno.
Lo peor de Bamara no era la envidia que suscitaba, si no lo caprichosa que era. Según había oído, le gustaba atraer a los hombres que ya estaban comprometidos como un reto personal. Cuando los ojos de Bamara se cruzaron con los de Broly, la joven dejó ver una sonrisa angelical que disparó todas las alertas de Bra. A él, sin embargo, no pareció importarle lo más mínimo.
[…]
La princesa no le quitaba el ojo de encima mientras bebía su batido de fresa helado y él olisqueaba el suyo. Observándola a ella para saber qué tenía que hacer, empezó a beber de la pajita no muy convencido de para qué demonios servía, pero cuando el batido llegó hasta su boca, sus ojos dejaron ver un brillo de satisfacción. Bra también observaba a los tortolitos que se acurrucaban y se daban de comer los helados los unos a los otros con cierta vergüenza ajena.
—Es enorme— le susurró en la oreja Peach pensando que Broly no las escuchaba, pero a juzgar por el marcado oído saiyan podía asegurar que sí lo hacía a pesar del bullicio que había en la heladería una vez empezaba la primavera.
—Sí. Se dedicó al boxeo durante un tiempo— mintió Bra.
—Entonces, ¿es miembro de los Guerreros Dorados?— Bra no contestó a eso, pues Broly le lanzó a Peach una mirada envenenada cuando oyó semejante insinuación.
—No lo soy— declaró.
—Digamos que él juega en su propia liga—
—¿Y a qué te dedicas, Broly?—
—Al asesinato en masa— todos los allí reunidos se quedaron boquiabiertos para poner toda su atención en el extraño personaje que sobresalía en aquella mesa. Bra, con una gota de sudor recorriéndole la frente, empezó a reír con falsedad mientras golpeaba la espalda de Broly en actitud cómica, aunque en realidad estaba ejerciendo suficiente fuerza como para dejarle moretones.
—¡Es muy bromista, por eso me encanta estar con él! No, qué va. Él es… ehm… cirujano— se le ocurrió decir. Los miembros que rodeaban la mesa se inclinaron, sorprendidos por el trabajo de semejante categoría.
—Pero, ¿cuántos años tienes?— preguntó el novio de Nora, un tal Germon, apartándose el pelo castaño de la cara.
—Cincuenta y cuatro—
—¿Quéeeee?— exclamó Bamara. —¡Venga ya! Dudo que llegues a los treinta—
—Bueno, el padre de Bra tiene sesenta años y se conserva como si no creciera desde los treinta. Ni una cana ni una arruga. Él y Broly se parecen en ese aspecto ¿no?— comentó Peach, y la cara de Broly se desencajó en una cargada de asco y desprecio.
—No, no se parecen en nada, créeme— aseguró Bra, llevándose la pajita a la boca otra vez.
—¿Y cómo os conocisteis?— preguntó Guetti, maravillada por estar sentada frente a un cirujano. No todo el mundo llegaba tan alto siendo tan joven. —¿Fue algo romántico, impredecible, mágico?—
—Digamos que fue mágico e impredecible— sonrió Bra, y recordó la manera en la que él prácticamente se le había echado encima cuando fue revivido por Shenlong, dispuesto a matarla con expresión homicida. —De romántico tuvo bien poco— acabó musitando. Una sonrisa se dibujó en los labios de él al recordar su primer encuentro. Estaba claro que no tenían el mismo concepto de romanticismo.
—Hum… ¿quizás os conocisteis en una noche de sexo casual? Ya sabes, él se siente solo, tú te sientes sola, algo de bebida y…— cuestionó Bamara. La piel de Bra se erizó y la rabia la embargó al ver sonreír a la muchacha. Se veía a leguas que intentaba reunir información determinante para saber de qué pie cojeaba su relación. Y la consiguió.
—Bra y yo no tenemos sexo— dijo él, sin más. Bra se ruborizó hasta la raíz del pelo cuando sus amigos se inclinaron hacia delante en una pregunta ilícita, sin poder ocultar su sorpresa.
—Pero, ¿es eso verdad, Bra? ¿No tienes sexo con tu novio?—
—No es mi novio, y es verdad. No… no tenemos sexo—
—¿Y a qué esperas, al matrimonio? No sabía que eras tan antigua—
—No es eso— contestó ella revolviéndose en el asiento, incómoda. Intentó esquivar la mirada de Broly, cada vez más fría y distante. No, definitivamente traerlo para pasar unas horas con sus amigos no había sido buena idea.
—¿Entonces qué es? ¿Tú no quieres tener sexo con ella, Broly?— Bra puso los ojos en blanco y deseó que él no contestara a esa pregunta, que mintiera por una maldita vez o simplemente que no dijera nada, pero él no estaba por la labor.
—Quiero, pero cada vez que intento marcarla me pisa la cola— ninguno de ellos entendió el sentido literal de la palabra cola, y todos hicieron su propia connotación sobre a qué se refería Broly con eso. Sus caras se desencajaron, sobre todo las de los chicos al descubrir que Bra era tan cruel e, instintivamente, se llevaron las manos a las entrepiernas. Ella, por el contrario, se golpeó la frente con una mano y deseó poder decir que no era eso a lo que se refería, pero no había hecho un gran esfuerzo suplicándole a Broly que escondiera la cola mientras estuvieran con los humanos para que se viniera abajo ahora.
—¿Le pisas la cola? ¡Qué cruel, Bra! ¡Con lo que eso duele!—
—Pues como sigas así te va a dejar. A un hombre hay que saber complacerlo— comentó finalmente Bamara, y el guerrero legendario se cruzó de brazos y le dio toda la razón. —Está claro que le estás tratando muy mal— Bamara apoyó una mano sobre la mejilla de Broly y él la miró con curiosidad, molesto por el contacto. La joven se inclinó hacia delante dejándole ver una considerable muestra de escote. —Si necesitas que te complazcan yo puedo hacerlo en lugar de ella— al oír semejante insinuación, totalmente descarada, Bra dio un salto del sofá y golpeó la mesa con el puño cerrado, incapaz de controlar sus propios celos. Quiso decir algo, ruborizada hasta la raíz del pelo, pero la mirada de Broly la detuvo, divertida y entusiasta, deseando ver lo que pensaba hacer o decir.
—No montes un escándalo, medio humana— la joven quiso matarlo cuando Broly se burló concienzudamente de ella al repetir sus propias palabras. ¿Cómo se atrevía? ¿Ahora era ella la que llamaba la atención y no podía controlarse en medio de un montón de humanos? Peach, a su lado, notó el tenso ambiente que se estaba formando y sin más se levantó del asiento.
—¿Me acompañas al baño?— le pidió a Bra con una sonrisa. La joven, consciente de lo que trataba de hacer, asintió.
—Uuf, yo también voy. Este calor tan repentino está haciendo que se me corra el maquillaje— comentó Guetti, despegándose de su novio a base de fuerza de voluntad. Nora enseguida se levantó con las mismas intenciones, siempre inseparable de Guetti.
—Yo me quedo— cortó Bamara, pero Guetti, Nora y Peach, que sabían cuáles eran sus intenciones, la agarraron por los hombros y empezaron a tirar de ella para alejarla de Broly.
El guerrero legendario no apartó la mirada de Bra en ningún momento, que indignada, le fulminó antes de girarle la cara con indignación. Él sonrió y volvió a concentrarse en su batido de helado de plátano. En la Tierra hacían unas comidas deliciosas. Ahora que se había acostumbrado a los bollos de carne, a los pasteles y a los helados no sabía cómo viviría sin ellos.
—Bueno, ya se han ido. Ahora puedes decirlo— Germon alejó su helado de sí mismo, sacudiendo su melena castaña y sonriendo como si intentara seducir a alguien. —Te la has tirado, ¿verdad? Es imposible que no lo hayas hecho. Esa actitud puritana no engaña a nadie— Broly siguió bebiendo de su batido, concentrado, ignorando a los humanos como si fueran hormigas paseándose por el suelo.
—Oh, venga— empezó a hablar el otro, un tal Perguo. Ni siquiera se había molestado en aprenderse los nombres. —No nos ignores. Puede que seas mayor que nosotros, pero todos sabemos de qué pie cojea un hombre. Es una cruz para todos— Broly siguió bebiendo con actitud aburrida, mirando el baño de mujeres.
—Chicos, cortaos un poco— habló Apple entonces. Su gran sonrisa, su actitud amable y educada se acentuó. Este sí consiguió captar la atención de Broly dado el desprecio que le tenía desde que bailó con Bra en aquella fiesta universitaria, dado el desprecio que seguía patente al saber por sus simples movimientos y su olor masculino cómo deseaba aparearse con su alumna. —Es mucho mayor que nosotros. Tenedle un poco de respeto— dijo Apple, conteniendo la irritación.
Esa actitud puritana solo consiguió sacar de quicio al guerrero legendario, que a su lado, resultaba mucho menos educado y bruto a ojos de Bra. Quizás era así cómo ella quería que se comportara, tan modoso, tan respetuoso... le ponía enfermo de solo oírlo. Apple siguió hablando sin el menor conocimiento de quién tenía en frente, tal cual, sobre temas insustanciales que Broly apenas lograba comprender, además del escaso interés que ponía en ellos. En su mente solo estaba la voz de Bra, recordándole una y otra vez lo mismo.
Es un chico muy mono, educado, guapo, listo, simpático… nunca intentaría nada indebido con una señorita como yo.
Los nudillos del guerrero legendario crujieron.
—¿Qué piensas tú sobre eso, Broly?— preguntó Apple con educación, con un ligero sudor recorriéndole la frente en ese pelo rubio natural. Al ver la expresión del guerrero, tragó saliva.
Es un chico muy mono, educado, guapo, listo, simpático… nunca intentaría nada indebido con una señorita como yo.
Repitió su subconsciente. El pelo de su nuca se erizó.
—Uf, qué calor hace aquí. ¿Estás bien? No tienes muy buena cara— Apple intentó sonreír, pero la sonrisa no le llegó a los labios. Broly lo estaba poniendo nervioso, a él y a todo el que pasaba por allí a menos de cinco metros.
¿Seguirá siendo igual de educado si meto la cabeza de sus amigos en su culo? No, es demasiado desagradable. A Bra no le gustaría. Tal vez si le saco un ojo... podría hacer vida normal solo con un ojo. Aunque podría seguir molestando, y Bra podría sentir pena. Al fin y al cabo, es medio humana y es propensa a la condescendencia.
—Tartoom es mejor que Ominwuoklin, por supuesto, ¡y pienso apostar toda mi paga por él en el título!— comentó Parguo mientras Broly seguía maquinando y bebía del batido de fresa.
—El Leopardo Rojo es el mejor— insistió Germon.
Castrado. Sí, rápido, efectivo, con la sangre justa... y aunque Bra sienta compasión, no habrá manera de que la atraiga. Al fin y al cabo, no tendrá polla.
Una sonrisa se dibujó en su cara, muy similar a la que adquiría durante la retransmisión de Brocolín al imaginarse la escena. ¡Oh, dios mío, no tiene pene! Podía imaginarse a su alumna abrazándose a él cuando se enterara. También podía imaginarse una serie de escenas tórridas y llenas de contenido pornográfico cuando ella, escandalizada, se colgara de su cuello y le pidiera una muestra de su hombría.
Por alguna razón, pensaba en brócolis cuando pensaba en su pene.
—Oye, Broly, Bra dice que practicaste boxeo durante un tiempo. ¿Cuál crees que ganará el título este año?— le preguntó Apple con esa sonrisa tan perfecta. Tan estúpidamente educada y perfecta.
Dejó su ensoñación con brócolis y su vaso de helado vacío sobre la mesa, y se centró. Acto seguido su mirada oscura, penetrante, impactó con los ojos azules de Apple. El tono de voz usado, casi condescendiente hasta entonces, desapareció cuando abrió la boca para hablar, mostrando una amplia porción de sus caninos.
—Cierra la puta boca— le ordenó, y Apple abrió los ojos de par en par, patidifuso. —No tengo ni idea de vuestras costumbres humanas sobre sentimientos y procreación. Yo no soy un simple humano que folla con una mujer usando las palabras, que defiende su territorio con el diálogo. Yo soy mucho más que eso y no espero que lo entiendas, así que hablaré según tus propios términos humanos. Escucha con atención, cucaracha.— Apple, Perguo y Germon callaron, sintiéndose amenazados por un aura agresiva que crecía y crecía y provocaba temblores en sus cuerpos humanos. Las personas que pululaban por la heladería, sin darse cuenta de qué era lo que les provocaba semejante repelencia, se alejaban de allí a grandes pasos con un temor creciente carcomiéndoles las entrañas. —Bra es mi novia, mi mujer, como prefieras llamarlo. Puede que no la haya marcado todavía, pero eso no cambia que vaya a matarte si te acercas con ese aspecto de macho en celo ansioso por clavar tu verga en ella. Lo que tiene entre las piernas será de quien ella considere oportuno, y tú y tus patéticos amigos no vais a hacer nada para cambiar eso, porque de hacerlo clavaré mis dientes en vuestros débiles cuellos y podéis estar seguros de que solo saldrán de ahí para cuando decida comerme vuestras entrañas. ¿Os ha quedado claro?—
Los humanos no abrieron la boca en absoluto. La sonrisa cargada de sadismo y los ojos rojizos que resaltaban el ahora cruel rostro de Broly hicieron que se les pusiera la carne de gallina. Sus mentes no tardaron en procesar que ese hombre extra grande era muy capaz de cumplir con sus amenazas. Sus dientes parecían ser perfectamente capaces de arrancarles la piel a tiras. Definitivamente no era un hombre con el que uno pudiera permitirse vacilar.
Broly dejó que todo su peso recayera sobre el amplio sofá que rodeaba la mesa donde descansaban los vasos y el resto de los helados, derritiéndose lentamente. Bostezó, tranquilo y perezoso, como si ninguna amenaza de muerte hubiera salido de su boca. Se restregó los ojos con una mano y los cerró, adormilado, esperando ansioso la aparición de su alumna.
—Oye, yo... yo no quería... no tenía esa intención para con Bra, te lo aseguro— el castañeteo de los dientes de Apple, más que su voz, que intentaba sonar segura sin llegar a lograrlo, interrumpió el breve descanso del guerrero legendario, que ni siquiera se molestó en mirarlo. Él, como gesto de aviso, golpeó la mesa con el puño y varios vasos cayeron sobre esta. Uno de ellos rodó hasta el suelo y, sin llegar a romperse, revotó sobre él. Apple levantó las manos con actitud conciliadora. —No tengo intención de separaros. Ella te quiere y tú estás enamorado de ella, no me atrevería a meterme ahí en medio jamás— un tic sacudió el párpado del guerrero legendario al escuchar la última afirmación.
Nunca había tenido muy claro lo que era estar enamorado, y mucho menos para los humanos. Durante toda su vida su padre y los que le rodeaban habían relacionado el amor con un sentimiento lujurioso y potente difícil de controlar, algo que impulsaba al macho a complacer a la hembra para procrear con ella. En el mundo humano, según había visto en televisión, las relaciones de —enamoramiento— duraban años e incluso vidas enteras. Era algo que impedía hacer daño a la otra persona, con la que se deseaba estar juntos para siempre, incluso más allá de la muerte, compartiéndolo todo. Broly no sabía cuál de esas dos definiciones coincidía con lo que él sentía por Bra, pero estaba claro que fuera lo que fuera, sentía algún tipo de atontamiento que lo hacía débil y vacilante para favorecerla a ella, siempre a ella, ignorando incluso sus propias funciones vitales y sus deseos a favor de lo que ella deseaba.
Broly llevaba semanas alterado, y no solo por esa vulnerabilidad que Bra le provocaba, sino por sus bajos instintos que gritaban y exigían que la marcara de una vez por todas, aunque ella no quisiera, aunque fuera por la fuerza. El único motivo por el que había accedido a ir con ella a esa estúpida reunión humana era para asegurarse de que ningún hombre la marcara antes que él. Sabía que Bra no lo permitiría, pero siendo un macho sabía cómo podían ser los demás cuando se decantaban por una hembra, y eso le preocupaba. No llevaba días durmiendo en el bosque, lejos de su olor, manteniendo unas distancias prudenciales y padeciendo erecciones constantes junto a dolores testiculares por las represiones para que cualquiera entrara en su lugar.
—Puede que tengáis problemas con el sexo, pero aunque ella me gusta nunca me metería en medio, de verdad. Deberías intentar solucionarlo en lugar de ponerte celoso, preguntarle qué es lo que no le gusta de ti, o qué es lo que busca. Es un consejo— los dientes de Broly se apretaron, no solo por el desprecio y el odio que ese chico le causaba, sino por las inseguridades que llevaban días corroyéndolo por dentro y que Apple solo conseguía avivar, pese a su auténtica intención de ayudar.
Había llegado a pensar que Bra no lo deseaba y que, simplemente, jugaba como quien juega con un perro después de amaestrarlo. Nunca se había llegado a preocupar por su aspecto rudo o sus malos hábitos, pero ahora lo hacía. Intentaba moderarse comiendo, intentaba no ser brusco mientras hablaba o incluso mientras caminaba. A veces incluso observaba su propio reflejo en el lago y pensaba qué era lo que podía no gustarle a ella de él para no querer aparearse. Incluso se había preguntado si era indeseable a la vista de las féminas, porque no tenía ni idea de los cánones de belleza que seguían los humanos. Por la tele salían hombres gordos, arrugados, calvos, bajitos y con ojos libidinosos que atraían la atención por su gran carisma. Broly ni siquiera sabía lo que significaba la palabra carisma. A él le gustaba todo de Bra. No había nada que no le agradara, y esa fortaleza que estaba consiguiendo en los bíceps y en las piernas, e incluso en la tripa, solo hacía que se sintiera más atraído. Al fin y al cabo, los saiyans eran guerreros y siempre elegían mujeres guerreras, tanto en carácter como en formas curvas.
¿Tan malo sería que se aparearan? ¡No pensaba hacerle daño! Aunque al principio solo quería disfrutar a costa de ella, ahora incluso le gustaría disfrutar con ella. ¿Es que era cuestión de escala? Broly no podía dejar de ser un desterrado, y ella no podía dejar de ser la princesa de su raza. A él no le importaba, pero ¿podría Bra temer ser manchada con el esperma de un desterrado como él? No podía evitarlo. ¡No era culpa suya! Apenas tenía cinco días de vida cuando lo desterraron, ¡ni siquiera le dio tiempo a hacer algo malo!
El humor de Broly empezó a decaer de furioso a dolido, y Apple lo notó al ver cómo sus músculos se destensaban. Pensó que estaba consiguiendo calmarlo y hacerle recapacitar, e intentó, banalmente, seguir por ese camino.
Era un buen chico, pero por desgracia, Broly no lo era en absoluto.
—No quiero meterme donde no me llaman, pero si te gusta tanto deberías tener más en cuenta sus sentimientos y menos tus celos. Quizás así logres que...— Apple no pudo terminar de hablar porque Broly hizo un gesto con el dorso de la mano y la ventana de la heladería se hizo añicos al instante frente a numerosos ojos humanos.
Estaba claro que Bra no podía sacar a Broly fuera de casa sin esperar catástrofes a montones.
[…]
—Date prisa, Peach. No quiero dejar a Broly mucho tiempo solo— le pidió Bra a su amiga. Mientras Nora y Guetti se maquillaban con Bamara frente al espejo, esta última le lanzó una mirada de desprecio a Bra, que le giró la cara como si no valiera nada. Peach, al ver la tensión creciente, agarró a la joven por el brazo y la metió en el cubículo con ella, alejándola de las demás.
—No tenía que ir al baño, solo quería apartar a la arpía de Bamara de tu novio. Estaba segura de que ibas a estrangularla en cualquier momento— le comentó Peach.
—Iba a hacerlo, sí. ¿Cómo se puede ser tan descarada?— cuestionó ella, totalmente fuera de sí.
—Tú tampoco se lo has puesto muy difícil— Peach se apartó el pelo de la cara con un gesto de claro reproche. —¿De verdad nunca te has acostado con él? ¿Cuánto tiempo lleváis juntos?— Bra se encogió ante la pregunta, sintiendo las mejillas arder. Nunca contestaría a algo así de no ser porque se trataba de una de sus mejores amigas, siempre ansiosa por descubrir nuevas noticias pero también respetando su vida privada.
—Juntos, juntos… no lo hemos concretado todavía. Ya he dicho que no somos novios. Es algo raro—
—Pero os gustáis, ¿no? Y os besáis, ¿o me equivoco?—
—Sí, bueno… hemos hecho algo más que besarnos— Peach se colocó las manos en la cadera y se inclinó hacia delante, prácticamente acorralándola contra la pared.
—¿Y qué te impide llegar hasta el final entonces?—
Bra entrecerró los ojos y se miró los zapatos, abochornada. Al igual que el resto de su familia, no estaba acostumbrada a hablar sobre sus propios sentimientos. ¿Cómo podía reconocer que tenía miedo? No miedo a la primera vez, sino miedo a lo que pasaría después. Ya estaba demasiado apegada a Broly como para estar juntos de manera definitiva. Tarde o temprano se separarían. En cuando él se enterara de que podía transformarse, todo acabaría, y Bra estaba verdaderamente asustada de que la dejara sola por ello. Al fin y al cabo, él solo era lujurioso.
—¿Es que no lo deseas?— le preguntó Peach. Bra alzó los brazos al aire y negó con fuerza. —Eso pensaba yo. Es un pedazo de hombre y… ¿no será eso lo que te preocupa? ¿Qué sea tan, ya sabes, grande?— Bra puso los ojos en blanco. Por supuesto que no era eso. Sabía que con su nueva constitución física podría soportar cualquier cosa que viniera de él, y el deseo no faltaba.
Bra había pasado mucha vergüenza los últimos días al pensar que él podía olerla desde lejos. Había tenido la regla hacía apenas dos semanas, y aunque él no había comentado nada, había pasado de estar agrio, arisco y muy tenso a relajarse un poco más. No se trataba solo de eso. Era una mujer en plena edad hormonal y no podía controlarse como desearía. No habían sido pocas las veces que se había levantado con las bragas húmedas y sabía que él lo notaba por cómo se comportaba. Últimamente ya no lo veía desnudo. Seguía bañándose en el lago, lejos de su vista, y cuando salía procuraba que ella no estuviera cerca, se ponía una toalla alrededor de la cintura y se vestía en el baño. ¿Desde cuándo hacía eso? ¡Siempre se había burlado de ella cuando iba desnudo por ahí! ¡Adoraba ir en pelotas, adoraba que ella le prestara atención! A veces Bra pensaba que trataba de exhibirse para que ella mirara su miembro. Había visto algo así en un documental de monos. Para sorprender a la hembra y procrear con ella, algunas razas de babuinos exhibían sus erecciones frente a otros machos en una especie de pelea donde se comparaba y la hembra elegía.
Bra puso los ojos como platos. Eso era muy típico de Broly. Podía imaginárselo desnudándose delante de Apple, enseñándole su erección y diciendo —¡Yo siempre tendré el pene más grande que cualquier humano, así que puedo elegir a la hembra que quiera, y elijo a Bra!— La joven estaba empezando a marearse. Por alguna razón, en la imagen mental que tenía de Broly desnudo, un brócoli le tapaba sus partes nobles. Como saliera del baño y se lo encontrara desnudo encima de una mesa de la heladería (y sin un maldito brócoli tapándole la entrepierna), lo mataba.
—No me preocupan esas cosas, Peach. Simplemente no sé lo que él siente y eso me hace dudar— Peach pareció sorprendida por esa declaración. Daleó la cabeza y alzó una ceja.
—¿De verdad no lo sabes? Pues debes de ser la única, porque todo el mundo se ha dado cuenta de que no tiene ojos para nadie más que para ti. Además, parece un poco celoso—
—¿Celoso?— preguntó ella, sin entender.
—Claro, Bra. Durante todo el camino hasta aquí nos has prestado más atención a nosotras y a Apple que a él. Parecía estar deseando agarrarlo por el cuello. No lo ha hecho, y estoy segura de que es porque no quiere hacerte sentir mal— Bra no contestó a eso, demasiado impresionada como para ello. A lo largo del camino el grupo prácticamente había marginado a Broly, salvo Peach, que había caminado a su lado, silenciosa, o Bamara, que se acercaba enseñando escote de vez en cuando. Incluso ella lo había marginado para acercarse a sus amigas y él no se había quejado.
Bra se sintió mal, muy mal. Lo había amenazado con cortarle la cola mientras dormía como hiciera algo indebido, y Broly lo había cumplido a rajatabla. La que no había cumplido protegiéndolo y defendiéndolo era ella.
—Mierda…— murmuró. Peach negó con la cabeza, resignada, pero acabó posando una mano sobre el hombro de su amiga para animarla.
—Le quieres, ¿verdad?— Bra no respondió, pero su rubor y su mutismo decían todo lo necesario. —Pues te aconsejo que vayas a por él ahora mismo, que os vayáis, estéis a solas, habléis y… ¡ya sabes!— le dijo guiñándole un ojo. La joven se ruborizó aun más, pero la idea le parecía más que apetecible. —El amor no está para provocar temor, si no para disfrutar de él mientras dure, así que, ¿a qué esperas?—
—Eres la mejor dando consejos, ¿sabes?—
—¡Lo sé!— se rió ella con altivez.
Las risas se cortaron abruptamente cuando un estruendo sonó en el interior del baño y un ligero temblor sacudió el cristal donde Guetti y Nora reprochaban el comportamiento de Bamara mientras se retocaban. Bra y Peach se miraron durante unos segundos con los ojos muy abiertos, y seguidamente salieron del baño a todo correr. En la mente de la princesa solo rondaba una cosa.
Como esté desnudo, lo mato. ¡Como esté desnudo, lo mato!
Cuando Bra llegó allí, esperaba encontrarse algo mucho más grave, pero por suerte no vio nada que pudiera hacer que se tirara del pelo hasta arrancárselo. No había sangre aunque los humanos estaban congelados y aterrorizados. No había cadáveres, solo una ventana rota donde antes habían estado sentados, los cristales salpicando los sofás de la heladería y la calle, donde varias mujeres dieron gritos de sorpresa agarrándose a lo primero que tenían al lado, aterrorizadas por semejante muestra de violencia. Todo el mundo retrocedió, alejándose de la ventana destrozada.
Bra se sintió culpable al ver al dueño de la heladería gritando por la histeria, enfurecido, pero no pudo evitar sentirse aliviada al ver que Broly estaba allí, tan tranquilo, con una expresión que iba entre el berrinche y el puchero de un crío. Por suerte... estaba vestido.
Apple, Perguo y Germon estaban paralizados frente a él, el segundo sobre el suelo después de caerse de culo, el tercero temblando de puro terror y el primero con las manos hacia arriba, mostrando las palmas inmaculadas, sudando a cántaros, tan pálido que bajo sus ojos se desdibujaba el morado. Broly seguía sentado, con la mejilla apoyada sobre su puño y la mano que había golpeado el cristal alzada. La bajó entre gruñidos de disconformidad y agarró el batido helado de Apple, bebiéndoselo entero de un sorbo. Cuando acabó, lo dejó caer al suelo.
—No sé ni por qué me esfuerzo. Estoy harto de esta falsa— extendió un dedo. Ni siquiera miraba a Apple cuando este brilló cargándose nimiamente de ki. —Vete al cuerno—
Broly estaba dispuesto a enviarlo directamente al infierno por un arranque de mal humor, como en los viejos tiempos. ¡Cómo los extrañaba en casos así! Y lo habría hecho si justo en ese momento un chillido conocido no le hubiera puesto los pelos de punta.
—¡BROLY!— fue el grito de la princesa de los saiyans. Suficiente como para hacerle despertar pero no lo suficiente como para calmar su ira. Los ojos de Bra brillaban de furia. —¿Se puede saber qué estás haciendo?— no respondió.
Chistó y dejó de acumular energía, bajando la mano con aire resignado. Bra se puso totalmente roja, sabiéndose el centro de atención de todos los allí presentes junto a Broly, aunque este no le importaba en absoluto. A ningún depredador nato le importa lo que piensen sus víctimas, deshumanizadas por completo.
Bra, avergonzada a más no poder, se acercó a los chicos y a sus amigas, que se habían situado a su lado con los rostros descompuestos, más buscando protección que para asegurarse de que estuvieran bien.
—Lo siento. Se ha puesto... nervioso. Las muchedumbres lo ponen violento— al ver que todos ellos seguían igual de asustados, Bra hizo un esfuerzo por inventarse una excusa. —Es que estuvo en el ejército y luchó en una guerra, y ha visto cosas horribles. Está totalmente traumatizado y...—
—Ni he estado en el ejército ni me ponen violento las muchedumbres.— Broly golpeó la mesa con el puño cerrado y las patas, metálicas, se doblaron bajo la presión del golpe, dejándola rota y desestructurada, a punto de venirse abajo. Se levantó, y las personas retrocedieron por instinto. Con mucho, Broly era el hombre más grande que había allí. Sus dos metros de altura y su corpulencia, todo puro músculo, asustaba a cualquiera. —Tampoco soy cirujano... ¡soy un puto alienígena, y no tengo ni idea de en qué demonios estabas pensando al traerme aquí!
No hubo ninguna otra explicación. Broly se encogió un poco antes de saltar y alzar el vuelo a toda velocidad en medio de aquella masa de personas que lo habían visto todo con ojos desorbitados. Los humanos lo señalaron, alejándose en el aire. Bra observó a Broly desde el suelo con los puños y la cara crispada de rabia. Cuando su vista ya apenas podía localizarlo, vio la ropa humana que le había proporcionado volando en el aire, cayendo. Él odiaba esa maldita ropa. La desnudez, vivir de forma salvaje como un animal, sin ser civilizado, sin tener que preocuparse por las apariencias o el autocontrol. Ese era su estilo de vida y era una tontería intentar calmarlo.
—¡MALDITO SEAS! ¿Tanto trabajo te costaba estarte quieto y cerrar la boca por una vez? ¡MONO DEL DEMONIO!— Bra calló, alterada y ruborizada. Sentía las miradas de todo el mundo, incomodándola, sobre todo por el trozo de techo que Broly había derrumbado cuando alzó el vuelo. El balcón de una primera planta se desplomó sobre la calle con dos personas sobre él, que patidifusas cayeron rodando sobre el asfalto con rasguños apenas notables. La impresión podía más que el dolor.
La joven tenía el corazón en la garganta por el sobresalto. Notó la mano de Peach apoyándose en su hombro en señal de apoyo y Bra negó con la cabeza, despacio, hecha una furia ruborizada. Mientras sus dientes chirriaban y la tensión aumentaba, la joven notó el potente disparo blanco que iluminó la escena. Se volvió hacia su amiga, que con la cara iluminada, fotografiaba el desastre. Cuando Peach se sintió fulminada por ella, bajó la cara lentamente de sus ojos.
—¿No puedo...?—
—No— fue la única y agria respuesta. —Lo siento mucho, chicos, nos vemos otro día— El grupo de jóvenes suspiró, entre aliviados y agotados, antes de que Bra, despidiéndose con una mano, alzara el vuelo frente a las expresiones incrédulas de ellos y la emocionada de Peach, que nuevamente sacó la cámara de fotos y fotografió a su amiga en el cielo.
[…]
Broly estaba alterado. No alterado como le había pasado otras veces, pero sí rematadamente enfadado, con una mezcla de vergüenza que pocas veces había sentido. Necesitaba romper cosas con urgencia, necesitaba algo de pelea con su respectiva sesión de relajación tras ello. Sus manos desnudas formaban puños en el aire cuando se recordaba a sí mismo frente a Apple. No lo había matado. ¿Por qué no lo había matado? Ah, sí. Bra, como siempre. ¿Y por qué se había enfurecido tanto? También por Bra. Necesitaba recordárselo a sí mismo, porque a menudo, cuando se enfadaba, se le olvidaban los motivos de su cabreo y toda la destrucción que provocaba se volvía un sinsentido entonces. Por lo menos necesitaba saber por qué se sentía tan mal por dentro, tan abochornado, tan dolido.
Broly apretó la mandíbula y aceleró su vuelo alocado, al borde de la histeria. No podía creerse que esa situación tan mundana le hubiera dolido tanto, y peor se sentía al recordar los ojos de Bra clavados en él, observándole con esa compasión que no necesitaba, que de hecho, odiaba. No era la única que lo había mirado así. Había habido otros. Era la mirada que se le dirigía a un perro apaleado y moribundo. No necesitaba que lo mirara así. ¡Era un hombre, no un animal! Y estaba harto. No podía consentir que ella lo viera de esa manera. No quería que siguiera acariciándole el lomo.
Broly quería más que unas caricias en su barriga. Mucho más.
Se detuvo en el aire, ya encima del lago que era su baño personal y natural. El hielo casi se había derretido por completo y la hierba que lo rodeaba empezaba a crecer llena de flores mientras la nieve se derretía. Broly se cruzó de brazos y esperó poco más de veinte segundos en el cielo, con los ojos cerrados. Cuando la sintió llegar a su espalda, volando tras él, el guerrero legendario se giró y Bra se detuvo de inmediato. Él se concentró, porque quería que viera bien lo que quería, lo que necesitaba y para eso tuvo que aspirar cada feromona, cada olor que desprendiera y recordar cada sensación que le había causado durante las últimas semanas, las cosas que habían hecho, lo que no habían llegado a hacer todavía. No le costó mucho trabajo después de todo lo que había pasado entre ellos, no con todo lo que había estado guardando durante días e incluso semanas. Estaba demasiado reprimido como para que eso fuera indiferente, demasiado, como un perro castrado.
Pero definitivamente no estaba castrado.
Bra lo miró fijamente sin saber qué decir. En su cabeza había preparado un discurso verbal con todo el reproche que fuera capaz de hacerle llegar. No sospechaba ni por un momento que todo se torcería al ver… eso. Hacía casi dos semanas que no lo veía desnudo. Durante los últimos días él había mostrado un sentido del pudor extraño y para nada típico en su naturaleza salvaje, y eso lejos de gustar a Bra, solo consiguió incomodarla. Hizo que se preguntara qué demonios estaba mal, qué era lo que él intentaba demostrar, qué era lo que quería ocultar. Se preguntó, incluso, si seguía enfadado con ella, y una vez se lo preguntó directamente. Broly le dijo que no, y él nunca mentía. Sus acciones no parecían concordar con sus reacciones, porque seguía estando tenso, y casi molesto.
Cuando fue a por él no cayó en la cuenta de que Broly se había librado de la ropa humana y la había lanzado por los aires, y por lo tanto estaba desnudo otra vez. Al verle de espaldas ella podía sentirse casi aliviada al verle otra vez así, señal de que las locuras que se le habían pasado por la cabeza los últimos días habían remitido y volvía a ser el de siempre. Cuando él se dio la vuelta y la encaró, de brazos cruzados, con el entrecejo fruncido y alguna clase de retorcida mueca en los labios, los ojos de ella se desorbitaron. Se llevó una mano a los labios para ahogar una exclamación de sorpresa y estuvo a punto de perder el equilibrio de vuelo.
Pero, ¿por qué estaba así? Nunca lo había visto con tanto descaro. Siempre que lo veía así, había una luz tenue que lo iluminaba, eliminando cualquier detalle que pudiera ser apreciado. En esos momentos podía verlo con tanta claridad que Bra tuvo que girar la mirada al suelo con la turbación invadiéndola por completo. No sentía vergüenza, pero el bochorno era casi palpable.
No podía ignorar el hecho de que él le estuviera mostrando frente a frente una erección tan hinchada y dura que parecía ser hasta dolorosa.
Broly nunca había sido tan animal como en aquel momento.
Podía jurar que le dolía la cabeza, que sentía las fosas nasales a punto de estallar. Ahora sabía lo que sentía el Maestro Roshi cada vez que veía algo pervertido, un calor insoportable en la cabeza que amenazaba con escaparse por la nariz. Sin embargo, la hemorragia no llegó.
—¿Por qué demonios…?— empezó a hablar, pero calló en el último momento, dando media vuelta para no tener que verlo. —Tápate, por Kami. ¡Broly, ponte algo!— la respuesta ante esa exigencia fue clara y tajante.
—No— los ojos de Bra se abrieron como platos. Apretó los labios y se acarició los brazos, como si tuviera frío cuando en realidad estaba demasiado caliente. —Quiero que lo veas—
—¡Pues yo no quiero verlo!— exclamó ella, exaltada por semejante contestación. El corazón de Bra se iba a salir de su pecho y a gran velocidad perdió vuelo y se dejó caer sobre la hierba que rodeaba la casa cápsula, de pie, ansiosa por correr hasta ella y encerrarse para no salir hasta que él dejara de comportarse como un maldito loco.
Pero Bra no pudo hacerlo, porque al mismo tiempo que ella aterrizó sobre tierra firme, él se dejó caer y se colocó estratégicamente frente a la puerta, impidiéndole el paso hacia el interior.
—¿Qué demonios te pasa?— se revolvió ella, sintiéndose amenazada. Estaba tan incómoda y abochornada que ni siquiera estaba excitada como siempre pasaba cuando lo veía desnudo. —¡Deja de comportarte así!—
—¿Y cómo debería comportarme? ¿Cómo tus amigos humanos? ¿Cómo tu padre, que te rompió la nariz? ¿Cómo debería comportarme, Bra?— la voz de Broly tenía un tono peligroso, pero al mismo tiempo sonaba extrañamente sugerente. A pocos metros de distancia empezó a caminar, dando una vuelta a su alrededor sin dejar de mirarla, como un lobo acorralando a un zorro. Bra mantuvo la mirada baja en todo momento, intentando esquivar la impactante visión de su descaro. —¿No se te ha ocurrido la posibilidad de que no esté dispuesto a complacerte en todo, princesa?
—No… no quiero que me complazcas, solo quiero que te vistas—
—No estoy hablando de estar desnudo y erecto frente a ti. Estoy hablando de todo. De que me esquives, de que me uses para darte un poder que ya no necesitas, de que me pises la cola cada vez que te conviene, de que me des órdenes y de que no me dejes tocarte como me gustaría. No quiero complacerte esta vez, súper guerrera— Bra alzó la vista entonces. Sus ojos se cruzaron y él le mostró una clara sonrisa que dejaba ver todos sus malos pensamientos. —¿Creías que no me daría cuenta? Tu poder es mucho mayor, y también tu agilidad y tu fuerza. Te has transformado y te has callado, y no me resulta difícil adivinar por qué.
—Si lo sabías, ¿por qué no has dicho nada?
—¿Por qué no te acuestas conmigo?— fue su pregunta, y el vello de la nuca de Bra se erizó al oírlo. —¿Por qué me miras como si te diera pena? ¿Por qué actúas como si me comprendieras y pudieras controlarme? ¿Me ves como una mascota, como un perro rebelde?—
—No sé de qué estás hablando, Broly, y tampoco sé a dónde quieres llegar a parar—
—No lo sabes, ¡qué conveniente! Supongo que tendré que hablarte en términos humanos, como lo hice con tus amigos— Bra prestó especial atención, todavía con la cabeza gacha mientras él la rondaba de brazos cruzados. Cuando estuvo a su espalda y ya no pudo ver sus pies desnudos, él habló, y Bra se percató de que estaba demasiado cerca, a apenas un metro de distancia. —Tengo sentimientos— la joven dio un brinco, sorprendida tanto por la cercanía de su voz como por su tono entre serio y dominante, frustrado. —Antes no los tenía, o al menos no muchos, pero ahora los tengo. Quizás es porque tú me los has pegado, o porque este planeta de verdad es especial. En cualquier caso solo me importa que los tengo. Ese es el único motivo por el que no he mencionado nada sobre tu transformación y la finalización de nuestro trato, porque sé tan bien como tú que eso nos separaría. Lo que me parece absurdo es que tú no te hayas dado cuenta hasta ahora de que siento, de que puedo llegar a sufrir y a disfrutar, lo que empieza a hacerme pensar que te diviertes a mi costa viendo cómo me debato entre esos sentimientos, ¿me equivoco?
Bra se volvió enseguida. Se dijo a sí misma que ni se le ocurriera mirar hacia abajo y así lo hizo, con la vista clavada en sus profundos ojos oscuros con un tinte de burla.
—¡Eso no es cierto! Yo no me divierto a tu costa— se apresuró a negar, y aunque intentó profundizar más y apelar a sus propios sentimientos, él la interrumpió.
—¿Me estás diciendo que no te has dado cuenta de que podría matar a Goku en este mismo momento si así lo quisiera? Desde que lo hirieron he tenido el campo abierto. Podría haberlos liquidado a todos pero no lo he hecho por respetar nuestro estúpido pacto. En otras palabras, Bra, el punto débil de Goku no me sirve para nada en este momento. ¡Nuestro trato no ha tenido validez desde hace más de un mes! ¡No finjas que no te has dado cuenta de que me manejas como te da la gana, de que eres capaz de manipularme con unas cuantas palabras!— tronó él con repentino mal humor, pero también con una dosis de burla y socarronería que hacían que la princesa dudara sobre sus intenciones y sus pensamientos. —Durante todo este tiempo he sido yo el que no se ha dado cuenta de cuánto me influyes, de lo peligrosa que eres para mi determinación, ¡pero ya me he hartado de aguantar tanto a cambio de nada! Ya me he cansado de jugar a ser tu perro, ya me he cansado de que me mires y me hables como si fuera insensible a todo lo que ocurre a tu alrededor. Soy duro y peligroso, sí, pero eso no significa que no sienta nada o que no pueda llegar a sentirlo.
Bra estaba empezando a conmoverse y a descubrir cosas para nada agradables sobre sí misma. Hasta ese momento no se había parado a pensar en los sentimientos de Broly, sino en la ausencia de ellos y en los propios. Tenía una vaga idea de lo que el guerrero legendario quería decirle, pero todo eso escapaba todavía a su comprensión. ¿Estaba hablando de sus sentimientos por ella? ¿Se estaba declarando de alguna manera? El corazón de la joven empezó a palpitar a gran velocidad, exaltado. Broly nunca mentía por muy dañina que fuera la verdad, y si le hablaba sobre sentimientos era porque de verdad sentía. ¿Lo había conseguido, había despertado algo en él después de más de medio año juntos?
Entonces Bra negó con la cabeza. No, la cosa no iba por ahí. Aunque había deseado que Broly tuviera sentimientos, lo había descartado casi desde el principio creando una especie de imagen monstruosa de él mismo, quizás la imagen de un animal amaestrado por el que sentía inmenso cariño, un animal que no se atrevía a morder a su dueña por fidelidad, al que había calmado y amaestrado con la intención de ponerlo de su lado y usarlo para conseguir sus propios fines. Al principio lo quería como su maestro, y cuando llegaron los boburrianos quiso que se pusiera de parte de los Guerreros Z para combatir contra ellos. Ni por un momento había tenido en cuenta cómo podía sentirse peleando junto a personas que odiaba, personas que lo habían matado y humillado, contra otros seres que le habían torturado durante años. Era prácticamente acorralarlo entre la espada y la pared.
En lo que nunca había pensado, ni por un momento, era en la posibilidad de que él pudiera sentir —algo— hacia ella. Esa idea era impensable. Ella, la nieta del hombre que lo había condenado, la hija del hombre que deseaba su muerte. Él, un desterrado que le triplicaba la edad y cuyos fines eran acabar con su familia. Jamás hubiera pensado que Broly la tomaría en serio. Podía entender que quisiera su cuerpo porque, al fin y al cabo, era un hombre y ella era la única mujer que tenía a su alcance después de tanto tiempo en el infierno, pero ¿algo más?
De verdad era una mala persona. De verdad había tratado a Broly como un animal que solo podía desarrollar algún tipo de bizarra fidelidad por ella después de todo lo que habían pasado juntos. Pero, ¿acaso era mentira?
—Broly, yo…— empezó a hablar y agachó la cabeza. La imagen turbulenta de su miembro erecto ya no le causaba tanto pavor. —¿Insinúas… insinúas que sientes algo… por mí?— preguntó, insegura, temerosa de que él lo negara y la tomara por estúpida.
Cuando él puso los ojos en blanco y lanzó un suspiro mientras negaba con la cabeza, la joven pensó que había metido la pata hasta el fondo. Sin un ápice de vergüenza, Broly la encaró.
—Niña, ¿eres estúpida?— preguntó.
Por un instante Bra sintió que se quedaba sin aire por el dolor de un enamoramiento no correspondido. Nunca había deseado tanto a alguien, nunca lo había querido hasta el punto de dar su vida por él, y ahora que lo hacía, estaba a punto de ser rechazada. Los ojos de Bra brillaron, y ella apretó los labios intentando, por todos los medios, tragarse las lágrimas y el nudo que tenía en la garganta, recriminándose a sí misma y a su orgullo llorar en semejante situación. En ese momento, Broly empezó a hablar. Hundió una mano en su pelo oscuro, rascándose la nuca como si estuviera distraído. Su cola empezó a sacudirse contra el suelo.
—En estos seis meses no te he tocado en contra de tu voluntad aunque está claro que podría hacerlo; no me he acercado a tu familia porque tú misma me lo pedías; no he matado a Kakarotto cuando es mi única aspiración y teniendo múltiples oportunidades para hacerlo. He ido contigo de viaje alrededor de este patético mundo tuyo, he aguantado que me tiraras de la cola sin matarte por ello, me he colado en tu casa sin usar ki, rodeado de enemigos y siendo completamente vulnerable, te he hablado sobre mi pasado cuando no lo he hecho con nadie. ¡Incluso he ido a esa estúpida cita con vulgares humanos!— Broly se giró, al parecer ofendido por la simple duda de Bra. Cruzado de brazos dándole la espalda, indignado, giro su cabeza hacia ella con ojos agudos y serenos. —¿Me preguntas si siento algo por ti? ¡Claro que siento algo, estúpida medio humana!
Bra se sobresaltó cuando él gritó sus sentimientos a los cuatro vientos. Acto seguido sintió como el vacío que había empezado a formarse en su pecho era inundado por un calor reconfortante y aliviador. Se llevó una mano al pecho y tragó saliva, extasiada, y deseó abrazarle y besarle con todas sus fuerzas por la repentina alegría que provocó temblores en sus piernas. A esas alturas ni siquiera la preocupación por sus padres importaba ya.
—¡Broly!— lo llamó, y fue hasta él con los brazos estirados, totalmente dispuesta a abrazarlo.
El guerrero legendario colocó una mano sobre su cabeza antes de que pudiera tocarle, tapándole la frente e impidiéndole el acercamiento. Bra se quedó quieta, contrariada, con los brazos todavía alzados.
—No— sentenció, frío y altanero. —No lo entiendes, ¿verdad? No quiero tus abrazos ni tus besos. No quiero que vuelvas a acariciarme el lomo o que me calientes el rabo para dejarme insatisfecho después. Estoy cansado de ese juego, Bra— él la empujó con la mano que reposaba sobre su cabeza, apartándola de sí, pero el alejamiento no duró mucho tiempo. Se acercó con la cabeza alta, mirándola desde arriba y ella, sintiéndose repentinamente incómoda e intimidada, pero poco dispuesta a dejarle ver ese temor por orgullo propio, se mantuvo firme hasta que su pecho estuvo a escasos centímetros de su cabeza. Entonces él la agarró por la barbilla con sus rudos dedos y la obligó a mirarlo a la cara. —Quiero más—
—¿Qué quieres decir con eso?— preguntó ella, aunque sabía muy bien a qué se refería. Broly dejó escapar una pequeña carcajada antes de agarrar la muñeca que se posaba sobre su pecho para hacerla descender hacia abajo.
—Sabes bien a qué me refiero—
La mano de Bra se debatió, rebelde, intentando alejarse cuando llegó al vello púbico y pudo acariciarlo con los dedos. Él no se lo permitió y ella colocó la mano sobrante sobre su abdomen, intentando empujarlo hacia atrás. Dejó de debatirse cuando tocó el falo duro en toda su extensión, cuando cerró los dedos a su alrededor, sobre la base, palpándolo, analizando esa forma que ya conocía. Intentó mantener la cabeza alzada tanto como pudo, pero finalmente su mirada se desvió hacia abajo y suspiró al verlo, tieso entre sus manos, excitado. Se permitió soltarlo y acariciarlo con la yema de los dedos desde la base hasta la hinchada y rojiza punta, recorriendo incluso la vena que llevaba la sangre hasta el glande, manteniéndolo alzado y duro.
Él no dijo nada. En su pecho quedó atascado un gruñido más animal que humano. Bra tragó saliva y reprimió sus ganas de agacharse para tomarlo con la boca y saborearlo. Aunque fuera retorcido, siempre que lo veía sentía cierta tentación y la última vez que lo había tocado y se había atrevido a metérselo en la boca no le había disgustado. Desde luego, a él no le desagradaba, y escuchar sus jadeos guturales era glorioso para sus oídos. Se sentía poderosa cuando lo hacía. Lo apretó, agarrándolo fuerte por la base, sacándole a su dueño un gemido de exaltación desde lo más profundo de su garganta. Su cola empezó a sacudirse. Las piernas de ella, por un segundo, empezaron a doblarse.
Por un segundo.
De repente le vino una imagen a la cabeza. Una imagen acongojante que la hizo ponerse pálida e incluso morada. Podía ver claramente a su padre señalándola con un dedo, gritando, encolerizado.
—¡Eres una maldita furcia, ya no eres hija mía!— también podía ver a su madre llorando y a su hermano diciéndole cómo de decepcionado estaba. Podía ver a Goku, a Gohan y Goten en una tumba mientras Chichí, Pan y Videl lloraban desconsoladas y le gritaban que todo había sido culpa suya. Eso sería exactamente lo que provocaría Broly, y Bra tembló de solo imaginarlo. Se apartó de él con la cara descompuesta, soltándolo y apartando cada parte de su cuerpo para no tocarlo. Él, al verla tan pálida, sintió frustración y rabia.
—¿Por qué te alejas de mí? ¿Me tienes miedo? Sabes que no voy a hacerte daño—
—No a mí, pero sí a mi familia— afirmó ella. —Si no fuera por eso, no me importaría porque yo también… tengo sentimientos por ti— Broly sonrió con altanería, orgulloso de saberlo. Por un momento había pensado que Bra no lo quería en lo más mínimo, aunque suponía que lo hacía.
El kit de la cuestión era casi peor.
—¿Quieres estar conmigo, medio humana?— le preguntó, serio con los brazos cruzados en una actitud más defensiva que ofensiva. Broly ya había decidido y solo Bra estaba en su lista de prioridades, solo ella. Y, tal y como deseaba que ocurriera, ella asintió con las mejillas ruborizadas y el ceño fruncido. —Bien… puedo hacerlo— Bra le miró sin entender, pensando que le estaba tomando el pelo pero la expresión de Broly era serena y clara. Ya no había espacio para la broma o la burla. Hablaba completamente en serio. —Durante esta última semana he estado dándole vueltas. Nunca me había preocupado por el futuro, solo por el ahora, pero no podía dejar de pensar en ello. Quería saber si había una manera de cumplir mi venganza y, al mismo tiempo, conseguir que no me odiaras por ello. Lo he pensado mucho y creo que por fin he dado con la respuesta. Puede que sea solo un vago consuelo tras su muerte, pero…—
—No hables como si mis amigos y mi familia ya estuvieran muertos, Broly. No pienso permitir que los mates aunque sienta algo por ti— lo interrumpió ella. El guerrero legendario ocultó una sonrisa divertida por su cabezonería. No podía negar que esa forma de llevarle la contraria, tan demandante, le gustaba.
—Cuando mueran…— volvió a repetir, haciendo hincapié en las palabras a pesar de la agria mirada de Bra. —Cuando mueran te quedarás sola. No habrá ningún saiyan ni medio saiyan a parte de ti y de mí. Si tu padre y tu hermano no se resisten demasiado y me dejan acabar con Kakarotto y con ellos rápidamente, este planeta quedará entero para ti. Intentaré dejar vivos a los humanos y también intentaré que tu madre humana no salga herida, pero no prometo nada. Después de sus muertes… tendrás que tomar una decisión—
—No van a morir, Broly.
A Bra se le ponía el pelo de punta de solo imaginárselo, de pensar en el guerrero legendario acabando cruelmente con la vida de sus amigos y familiares, con su hermano Trunks, al que quería locamente aunque nunca se hubieran llevado del todo bien, con su frágil y presumida madre humana, que aunque no siempre había estado para ella, siempre había estado para su consuelo y sus enseñanzas. No podía pensar en la muerte del atolondrado y amable Goku; de Gohan, siempre tan intelectual y con una timidez que rivalizaba con su alegría; de Goten, el adorable Goten; Pan, su mejor amiga.
Su padre, el temible Vegeta, pero también, y a pesar de todo, el hombre al que más quería del mundo.
—No es eso de lo que quiero hablar, sino de lo que pasará después de… nuestra batalla— Broly adornó la oración, sustituyendo la expresión de matanza por la batalla que estaba a punto de librarse, aunque lo más correcto sería hablar de la carnicería que él, sano y fuerte, pensaba cometer contra los últimos que quedaban de su especie, con un líder débil con compañeros que no le llegaban ni a la suela de los zapatos. —Después de acabar, puedes quedarte aquí con los humanos y hacer lo que quieras con ellos. Serás la más poderosa del planeta Tierra y nadie lo amenazará de nuevo. Podrás vivir con tu débil madre y con tus amigos humanos hasta el fin de tus días. Podrás…— Broly puso los ojos en blanco antes de insistir en esta última cuestión que para nada le agradaba, pero que no tuvo reparos en decir. —Podrás tener cachorros con un ser humano y podrás vivir en paz, tranquila, sin molestias. Yo no estaré aquí para impedirlo. El único motivo por el que permanecería en el planeta Tierra después de haber acabado con mi objetivo sería por ti, pero si tomas esta decisión significará que me odias y que no quieres volver a verme, así que desapareceré para siempre de tu vista—
Bra no tenía nada que decir al respecto, porque estaba segura de que si Broly llegaba a asesinar a su familia, ese amor que sentía por él se transformaría en el más puro de los odios. No le hacía falta escuchar la segunda opción. La decisión estaba tomada. Aun así desconfió. Un pensamiento tan racional no parecía ser típico de Broly. Estaba segura de que había trampa.
—No quiero oír más. Si tocas a mi familia te juro que…—
—No seas impaciente y escucha, porque la segunda opción te conviene— la acalló él. Dio media vuelta y alzó la vista al cielo. La excitación se había desvanecido para los dos dando paso a un estado de gran tensión. Broly observó las estrellas que empezaban a desdibujarse en el firmamento mientras anochecía. Una sonrisa que solo portaba inmenso orgullo y osadía apareció en sus labios. —Tu padre es un rey aunque no ejerza como tal. En el mismo momento en el que tu hermano nació, ascendió a la categoría de rey y vosotros a la de príncipe y princesa de Vegetasei. Aunque el planeta haya sido destruido, eso no cambia vuestro linaje real y vuestro legado. El universo sabe que el rey está vivo y se mantiene en silencio a la espera de que la pesadilla vuelva a sus hogares para gobernarlos a todos. La raza saiyan sigue siendo la más poderosa de todas, solo equiparable a la de los boburrianos— explicó, imperturbable. —Antes ni siquiera se me había pasado por la cabeza, pero después de darle tantas vueltas he pensado, ¿y por qué no? Al fin y al cabo, si mato a tu padre, el trono estará libre para ser ocupado por un nuevo rey—
Bra pestañeó y una idea alocada que nunca habría asociado con él pasó por su cabeza. Nunca habría imaginado que Broly sería tan ambicioso. Siempre lo había relacionado más con el descontrol y la destrucción totales, pero por lo visto se equivocaba. Tal vez tenía algo más de Paragus de lo que cabía esperar en él, como hijo suyo que era.
—¿Quieres matar a mi padre y hacerte con su trono? ¿Quieres ser rey?— preguntó la joven para cerciorarse de ello, y él sonrió de medio lado con esa locura que a veces inundaba sus ojos. Su cola se sacudió dando un latigazo sobre el suelo cuando los brazos de Broly se alzaron con las palmas medio abiertas, como si con ellos pretendiera abarcar el inmenso cielo.
—¿Para qué ser rey pudiendo ser emperador? El guerrero legendario, el emperador de todo el universo conocido, el más poderoso guerrero, el único saiyan de pura cepa, el absoluto Dios de la Destrucción y de la Creación… Yo, Broly, el desterrado por su raza, el hombre que fue repudiado y torturado durante años. Yo, emperador del omniverso— Bra no sabía qué decir. Un sudor frío se escurría por su frente al oír semejante palabrería que bien podría ser cierta si de verdad se lo proponía.
Su forma de hablar, de halagarse a sí mismo, de alzar los brazos y la cabeza hacia el cielo con esa sonrisa emocionada parecían más propios de la locura con la que él tan familiarizado estaba.
—Te has vuelto loco— le dijo ella.
—Sí, es posible que sea así, pero esta vez esa locura está muy cerca de la realidad, así que… ¿por qué no compartirla, Bra? Puedo ser omnipotente, y los únicos que me lo impiden son tu padre y Kakarotto. Si me librara de ellos, sería emperador— los puños de Broly se cerraron y Bra pudo jurar que chisporrotearon cargados de poder y ambición. Cuando se volvió para mirarla, algo de cordura parecía haber vuelto a sus ojos. —He estado ciego durante todo este tiempo, obsesionado con la destrucción de cada cosa con la que me encontraba. Has sido tú la que me ha hecho abrir los ojos, Bra, la que me ha calmado, y quiero recompensártelo.
—¿Quieres recompensármelo? ¿Cómo, aniquilando a mi familia?— Broly negó con la cabeza, ignorando el claro sarcasmo usado por la joven. Sus manos cayeron a ambos lados de sus costados y el guerrero legendario terminó de observar el cielo para observarla a ella fijamente. Sus pupilas eran dos pozos de sentimientos que nada tenían que ver con el odio del que siempre había hecho gala. Ahora casi podía ver algo de ternura en ellos.
—Quiero darte lo que te pertenece por derecho. Quiero darte lo que las decisiones de tu padre te han negado. Quiero darte el universo, Bra— la joven alzó una ceja, sin entender. Se quedó quieta, simplemente observando, y entonces él dijo las palabras claves que quedarían grabadas en su mente por mucho tiempo. —Quiero que vengas conmigo y que gobiernes el universo a mi lado. En otras palabras… quiero que seas mi emperatriz, Bra—
El viento pareció alzarse para azotar la cara de ella. Las hojas que empezaban a crecer otra vez en los árboles se sacudieron y descendieron hasta tocar el suelo. El hielo que todavía quedaba en el lago se resquebrajó con un crujido. La hierba fresca y húmeda que quedaba a los pies de Bra se agitó, recorriendo el lugar como si se tratara de una ola en tierra.
La joven daleó la cabeza.
—¿Qué has dicho?— preguntó, incrédula. —¿Quieres que yo… qué?— la sonrisa de Broly se ensanchó, dejando ver sus intimidantes caninos. El aire agitó su pelo oscuro.
—Cuando todo esto acabe aquí no habrá lugar para ti, así que quiero que cojas mi mano y vengas conmigo. Tú y yo, los últimos saiyans, gobernaremos el universo—
Bra retrocedió cuando él anduvo hacia ella. La joven no pudo ver su propia cara, pero él se percató de que su palidez no era para nada sana. Le temblaban las piernas y estaba totalmente mareada, al límite de su mente. Antes de que pudiera derrumbarse sobre el suelo, Broly la mantuvo en pie apoyando sus manos sobre sus hombros. Se miraron. Fue un choque de voluntades, de determinaciones, de amenazas y sentimientos que lucharon entre sí sin esperar un vencedor, solo porque debían hacerlo. Ninguno iba a ceder.
Y entonces él la abrazó.
La primera vez que la abrazaba él en lugar de ella.
Su cabeza quedó hundida en su pecho y una caricia que a Bra se le antojó lejana llegó hasta su cabeza, hundiendo su gran mano entre su pelo, manteniéndola ahí. La respiración de Broly chocó contra su oreja, relajada a pesar del tremendo martilleo que podía sentir en su pecho golpeando contra su oído. Pudo posar una mano en su pectoral derecho y sintió el corazón latiendo enérgicamente contra la palma de su mano, aleteando con gran intensidad. Después, Bra cerró el puño contra él y le dio un débil golpe que no pretendía dañarlo.
—Te odio— declaró.
La cabeza de Broly se restregó contra su cuello en una negación muda. Sus ojos se cerraron en una mueca de rabia y frustración.
—No voy a ceder, Bra, y no siento hacerte esto. Tu padre y tus amigos pagarán me cueste lo que me cueste—
—¿Incluso aunque sea yo el precio a pagar?— la voz de Bra sonó pastosa y temblorosa, al borde del llanto. El ceño de Broly tembló ligeramente. Su cola cayó, mansa y cabizbaja, sobre la hierba.
—¿Eso quiere decir que no vendrás conmigo?— cuestionó. Sintió los brazos de Bra rodeándole la cintura entonces, apretándole con toda la fuerza de la que era capaz en unas circunstancias tan duras.
—Iré contigo, Broly— le aseguró, pero aunque su voz sonó segura y decidida, él notó el temblor y el miedo en ella, su furia, todo su odio y algo más. Bra se apartó lo suficiente como para alzar la cabeza y mirarle. Sus ojos eran la ventana hacia un alma atormentada por la ira, tan claros como los de su madre, tan furiosos como los de su padre. —Iré contigo… para matarte—
Y lo decía en serio. A Broly no le hacía falta estar cuerdo para saber que de verdad lo perseguiría por cada planeta de todo el maldito universo hasta dar con la forma de estrangularlo con sus propios intestinos si hacía daño a su familia, pero lejos de enfurecerse por esa tercera opción, sintió el orgullo y la emoción mezclados con el tormento. Aunque ella lo rechazara, no había duda de que había escogido a una auténtica guerrera.
La mano que se hundía entre su pelo azul descendió hasta posarse sobre la dura mejilla de ella.
—¿Lo harás aunque sientas algo por mí?— preguntó Broly. La respuesta de Bra no se hizo esperar, cargada de fuertes emociones pero de una voluntad indiscutible.
—Lo haré especialmente por sentir algo por ti—
—Una decisión digna de una emperatriz—
No, no era una buena decisión ni siquiera para una princesa. La buena decisión sería matarle antes de que él lo hiciera, pero a pesar de las incontables oportunidades que había tenido para ello, no había sido capaz ni antes, ni mucho menos ahora. No cuando él la miraba con esos ojos en los que había mucho más de lo que quería mostrar. No ahora que estaban cargados de sentimientos. No mientras ella ascendiera las manos hasta su pecho desnudo y se pusiera de puntillas para alcanzar lo que él terminó de unir. No mientras él apretara el agarre de su cintura.
No mientras se besaran como si fuera la última vez.
