Capítulo 46:
Tomando decisiones (I)
Decir que había sido una de sus peores mañanas, definitivamente era quedarse corto. Definitivamente no era tan mala como esos días que estuvo secuestrada y despertaba con su cuerpo adormecido por el esfuerzo de dormir con sus brazos alzados o despertar desesperada por volver a la normalidad, pero se acercaba bastante.
Ron no solo no había vuelto en toda la noche, si no que Hermione no tenía ni la menor idea de dónde podía estar. Y ya que sabía que no podría estar escondiéndose para siempre, decidió aguardar en la casa, consciente de que Ron creería que no tendría el valor suficiente para seguir ahí cuando él volviera.
La espera se hizo eterna. Horas y horas pasaban sin que nada pudiera tranquilizar su ansiedad. Miles de malos pensamientos pasaban por su mente, deambulando entre accidentes y engaños, hasta que de pronto, la puerta principal de abrió de un tirón. Ron apareció luciendo una ropa diferente a la noche previa. Una camisa blanca cubría su torso y unos jeans se ajustaban a sus fornidas piernas. Su cabello corto y desordenado, resaltaba su atractivo, a pesar de que se le veía cansado. Tal vez no habría dormido tampoco.
— Sigues aquí —soltó él como si eso fuera más un problema que un alivio.
Eso dolió, pensó ella.
— Como ves —confirmó ella. — ¿Podemos hablar?
— No hay nada que tengamos que hablar. —negó él, acercándose a la cocina, para sacar un vaso y tomar un largo trago de agua. — Tu lo dejaste bien claro anoche.
— Ron, ¿podemos hablar como adultos? No quiero discutir más contigo.
— En eso concuerdo contigo, no quiero discutir. —dijo. Hermione quiso alegrarse, pero la seriedad en el rostro del pelirrojo le dejó claro que nada mejoraba. — Y ya que tú tomas tus decisiones yo también debo hacerlo.
— ¿Dónde estuviste anoche? —quiso saber ella, ignorando sus palabras.
Ron soltó una risita, claramente en tono de burla.
— ¿Qué eres mi segunda madre o qué?
— Ron…
— Bueno ya que según tú yo no soy capaz de ser fiel a alguien y probablemente no te equivoques, como siempre, deberías claramente hacerte una idea de donde estuve anoche —soltó divertido.
Hermione se mantuvo seria y luchó contra las ganas de llorar. El nudo en su garganta se hizo más fuerte y por poco creyó que estallaría en llanto como una loca.
— Eso no fue lo que quise decir.
— Pero lo hiciste —la cortó él rápidamente. Tiró el vaso en el lavadero, haciéndolo sonar como un estruendo y luego salió de la cocina rumbo al salón. Dejó su teléfono y se quitó los zapatos. Ella lo siguió con la mirada en todo momento, a la espera de alguna palabra más. — Me iré a bañar.
Hermione bordeó entre la razones de porqué él le había informado eso y llegó a dos conclusiones. La primera rondaba entre la idea de que simplemente quería informarle y la segunda, porqué quería que se fuera.
— Ron, yo…
— Así que puedes quedarte aquí a no hacer nada o irte. De todas formas más tarde saldré así que no sé qué podrías hacer aquí. Esta no es tu casa y dejaste bien claro que tú y yo no somos, ni seremos nada.
Ron no esperó respuesta, siguió su camino en dirección al nivel superior.
— Firmaste —soltó ella de repente más asustada que nunca. Ron detuvo su paso y su cuerpo se tensó.— Fuiste a firmar los papeles ¿no?
Aguanta. Aguanta las malditas lágrimas, se decía ella mentalmente.
Ron dio media vuelta y la miró fijamente. Su rostro estaba serio y contraído, probablemente por la rabia. Hermione creyó ver un destello de dolor en ellos, pero este fue rápidamente opacado por el intenso tono azul de un momento a otro.
— No —negó él. Ella soltó el aire contenido y dio un paso hacia él. Ron retrocedió desde su puesto junto a la escalera, como si temiera que ella se acercara de un solo paso la distancia que los separaba. — Pero eso haré en un rato.
Adiós esperanza, pensó ella.
— No lo hagas —soltó sin pensarlo.
Ron arrugó el entrecejo conteniendo su rostro en una mueca de dolor.
— Será mejor que te vayas, Hermione —fueron sus palabras.
Un segundo después Ron desapareció de su vista y el sonido de la puerta del baño dando un portazo hizo un desolador eco en la casa.
Ahora era precisamente cuando sabía que se había comportado como una idiota. Y lo peor de todo eso es que ya que no solía hacerlo, simplemente ahora no tenía idea de cómo reaccionar o actuar. Su casa estaba más sola y silenciosa que nunca.
Por un momento deseó no estar ahí, hasta que recordó que prácticamente era lo único que le quedaba que la hacía sentir segura. Era su casa. La casa de sus padres. La casa que por años la había acogido con su alegrías y tristes.
¿Cómo había llegado su vida a esto?
Hace un par de días toda su vida había sido un desastre. Luego un día después se volvía nuevamente perfecta y ahora tan solo un par de horas atrás su vida volvía a ser miserable. Los problemas la desbordaban y ella estaba acostumbrada a estas situaciones, pero esta específicamente se le hacía más difícil de lo normal.
Estaba prácticamente sola y no tenía ninguna mejor amiga que le dijera lo contrario. Que le asegurara que podría salir adelante y que todo pasaría pronto. Su vida volvería a la normalidad y podría continuar con su trabajo. No. Avanzar con un corazón roto, volvía más complicada aún la etapa de recuperación.
Había salido minutos después de que Ron la dejara sola en su salón. Le había dolido hasta el meñique dar cada paso fuera de ese lugar, porque se sentía como si estuviera escribiendo un punto final a la historia. Y había resistido el mero pensamiento de no volver a verlo. Claro que lo vería… pero tal vez en revistas y en uno que otro evento. Pero más que eso…
¿Se había terminado todo definitivamente?
Así parecía.
Las desesperadas ganas de ir corriendo hasta donde Ron y rogarle que esto no acabara, la paralizaron.
¿Qué sacaba ya con hacer eso?
Porque estaba segura de que no resistiría otro rechazo.
En su lugar, tomó un suspiro profundo y obligó a sus piernas a caminar fuera de esa casa. Tal vez para siempre…
¿Había sido un completo idiota o había hecho lo correcto?
Claramente no había dicho las cosas con las mejores palabras, pero la situación estaba clara.
Él y Hermione simplemente no podían estar juntos. La vida se empeñaba en demostrarle que así era y él ya no estaba dispuesto a luchar por la mujer que tanto amaba. No cuando ella lo creía tan vil como para no poder ser fiel.
¡Claro que podía ser fiel!
¡Le sería fiel toda la maldita vida!
¿Qué acaso Hermione no veía lo increíblemente enamorado que estaba de ella?
Jamás había estado tan atrapado por una mujer y ahora que lo estaba, su vida se complicaba tanto como una maldita novela de Nicholas Sparks.
Pero en cierta parte, Hermione tenía razones para desconfiar de él.
Prácticamente su vida se había basado en escándalos de relaciones con mujeres. Había sido un mujeriego empedernido de los pies a la cabeza y ahora le había mentido de todas las maneras posibles.
Sí, ella tenía razones para desconfiar.
Y por eso mismo, con todo el dolor de su alma, estaba convencido que esta era la mejor decisión.
Ella jamás podría ser feliz a su lado y se merecía algo mejor.
Alguien que no la sacara de quicio como él. Alguien que lo diera todo por ella y que fuera lo suficientemente fuerte para acompañarla a afrontar esta vida llena de turbulencias que era la fama.
¡Yo podría ser ese alguien maldita sea!
No. Su decisión estaba tomada y ya no había nada que hacer. Debía comportarse como un adulto y asistir a esa reunión. Su futuro dependía de ello.
Su celular sonó. En la pantalla se anunció el nombre de su abogado.
— Moody, dime
— La reunión será en una hora, debes llegar puntual.
— De acuerdo —afirmó él, pasando su mano por su cabello. No había percibido hasta ese momento lo agotado que estaba. — ¿Puedes darme la dirección de nuevo? Creo que dejé el papel en algún lado y no lo encuentro.
— Te lo mandaré por mensaje. Preocúpate de llevar el documento que te entregué con tus notas, para que les dejes claro tus condiciones.
— Lo tengo —confirmó.
— Entonces nos vemos en una hora. —dijo finalmente el hombre y luego despidiéndose colgó.
— Se un hombre Weasley, se un hombre —se dijo a sí mismo, respirando con fuerza, encaminándose a su habitación.
Cuando supo que sola no conseguiría nada, y que probablemente solo se metería más en la tristeza, se aventuró en un viaje hacia la casa de su mejor amigo. Estacionó su auto a las afueras del bello y majestuoso hogar y se limpió algunas lágrimas pequeñas que se le habían escapado. Observándose en el pequeño espejo retrovisor percibió su rostro demacrado, pálido y de aspecto enfermizo, no estaba bien. Tomando su papel de chica fuerte, se bajó del vehículo con dificultad y caminó hasta la puerta de madera caoba.
— ¡Hermione! ¡Qué sorpresa! —exclamó Ginny, saltando rápidamente para abrazarla, apenas abrió la puerta.— Entra, vamos rápido, ¡tengo el pavo en el horno!
La castaña asintió, mientras cerraba la puerta y seguía a la pelirroja a la cocina.
— ¿Un pavo?
— Harry —soltó ella encogiéndose de hombros. — Dijo que quería comer ave.
— Pollo —respondió Hermione con timidez. — Con ave se refiere a pollo.
— ¿Cómo lo sabes? —preguntó rendida. Hermione alzo sus manos con inocencia. — ¿Es que este hombre cree que soy adivina?
— Probablemente olvidó decirte que odia el pavo.
— Bueno, mala suerte, tendrá que gustarle igual —cortó ella molesta, mientras aumentaba la temperatura del horno.
Hermione rió divertida. Ginny tenía su carácter y definitivamente no cambiaría jamás.
— Buena idea, demuéstrale quien manda —la apoyó finalmente.
Ginny le sonrió adorablemente, mientras se quitaba los guantes de cocina, el delantal de su cintura y los dejaba sobre el mesón. Luego le prestó completa atención.
— Sucede algo ¿cierto? —preguntó con suavidad. Hermione se encogió de hombros. — ¿Buscabas a Harry?
— No lo sé —admitió rendida, desplomándose en una de las sillas junto al mesón en mitad de la cocina. — realmente no lo sé.
— ¿Te sientes bien?
— Sí.
— ¿No estás enferma?
— No que yo sepa.
— Tal vez deberías ir al médico, Hermione. Te ves… —la pelirroja buscó la palabra más adecuada, porque decirle que se veía como un muerto, era demasiado.
— Horrible —terminó ella, facilitándole la tarea.
— Si, algo así.
— Bueno, que no haya dormido anoche puede ser una buena razón.
— Creo que esto se trata de algo más que una noche sin dormir. —opinó la pelirroja, analizándola con cuidado.
Hermione suspiró y se acomodó sobre la fría cerámica de la mesa. Ginny comenzó a buscar en algunos muebles de la cocina, consciente de que problemas era el significado de esos suspiros.
— Simplemente no lo entiendo. ¿Cómo puedes tener una increíble mañana consiguiendo al fin todo lo que has deseado por tanto tiempo cada día y luego de un minuto a otro arruinarlo todo? O peor aún… no darte ni cuenta cuando con una estúpida e insensata frase todo lo que creías olvidado vuelve y arruina tu vida otra vez. Sinceramente no lo entiendo.
— Algo me dice que esto tiene que ver con algún estúpido de mi familia —admitió la pelirroja, dirigiéndole una mirada de comprensión, a la vez que seguía con su búsqueda.
— ¿Y qué diablos sucede conmigo? ¡Soy una idiota descomunal! ¡Soy la mayor idiota de este planeta!
— Oh no, definitivamente no eres tú. —opinó Ginny, que deambulaba entre unos posibles candidatos para ese título. Un Weasley calificaba perfectamente a su parecer.
— ¿Crees que siquiera pienso las imbecilidades que digo? Porque yo tenía muy claro que así era, pero no… ¡Claro que no! Soy tan idiota que me he convertido en lo que más quería evitar. ¡Soy una maldita rencorosa! Una idiota que arruina las cosas porque simplemente no puede ser más idiota.
— Creo que todas somos idiotas en ocasiones…
— ¡Es que no es solo una idiota Ginny! ¡Soy la tonta más grande y ganadora de este planeta!
— Hermione, está bien equivocarse en ocasiones.
— Equivocarse sí, pero no ser una idiota con ganas.
— De acuerdo, creo que ya comprendí que te has comportado como idiota —la detuvo Ginny, hallando al fin lo que por tanto rato buscó. En un pequeño vasito, le sirvió un líquido entre transparente y café y luego se lo ofreció. Hermione no se molestó en preguntar que era, y cuando lo había tragado de un sorbo confirmó su opción de no haber preguntado. Ya sabía que era, y no le molestaba ni un poco. No esta vez. — ¿Me quieres contar que sucedió? ¿Qué es lo que te molesta?
— ¡Todo, maldita sea!
— Y todo es… —inició la pelirroja, haciendo ademán para que continuara.
— Que sea una idiota por sacar cosas del pasado. Que no sea capaz de pensar las cosas antes de decirlas. De no ser lo suficientemente valiente para luchar por las malditas cosas que me importan. De luchar por él. De ser un poco más empática y darme cuenta de que no soy la única que sufre ¡demonios! ¿Sabes? Creo que jamás me había equivocado tantas veces seguidas en mi vida. Siempre he sabido que hacer o que decir y jamás, ¡jamás! Había tenido que sufrir las consecuencias por decir algo que no… que no corresponde. ¡Siempre he sido la niñita perfecta! ¡La modelo que jamás se equivocaba en nada, que hacía su trabajo correctamente y que les agradaba a todos! Y ahora… ¡Y ahora soy todo lo contrario!
— Hermione…
— ¡No! —la detuvo ella sollozando ligeramente. Las lágrimas comenzaban a derramarse por sus mejillas. Le extendió el vasito para pedirle otro trago y Ginny lo hizo. Luego se lo tomó de un trago nuevamente y continuó.— Jamás me había odiado tanto a mí misma. Siempre he hecho todo bien, Ginny. Dime… ¿por qué tengo que pasar por todo esto? ¿Qué no ha sido suficiente con perder a mi madre y tener a mi padre en coma? ¿Qué jamás será suficiente? ¿Siempre tendré que arruinar las cosas y perderlo todo? Porque si es así creo que no resistiré mucho tiempo más.
— No digas eso, las cosas malas siempre suceden sin que lo esperemos. Y la vida no es justa, está claro, pero no estamos aquí para rendirnos.
— ¿Y para que lo estamos entonces?
— No lo sé —admitió ella, sin la más mínima vergüenza. — Pero me encantaría averiguarlo. ¿A ti no?
Hermione sintió que un gran grado de admiración por la pelirroja crecía en ella. Ginny era menor, pero sin duda era muy madura para su edad. Y en esta ocasión le demostraba claramente que no es malo no tener todas las respuestas.
— Supongo que sí. —opinó finalmente. — Pero no quiero vivir más de esto. Solo quiero… quiero poder estar un mes tranquila. Sin tener que preocuparme de todo esto de la fama, los problemas y él.
Ginny entendía claramente que ese "él" se refería a su hermano. No era necesario mencionarlo, porque de seguro el simple nombre debía causarle dolor. Tal vez por eso evitaba decirlo.
— Bueno, no puedes liberarte completamente de los problemas, pero creo que puedo ayudar con el tema de la fama.
— ¿Me vas a encerrar en un sótano? —preguntó, casi como si fuera algo bueno.
— No tenemos sótano porque son bastante aterradores, pero aquí nadie podrá molestarte. —le aseguró con una sonrisa maternal. — Puedes quedarte todo lo que quieras. Tu contrato ha terminado, así que supongo que las responsabilidades del trabajo no serán problema. Serán como vacaciones.
La castaña arrugó su expresión como si parte de lo que había dicho la pelirroja le afectara como una puñalada en el cuerpo. Tomó el vasito nuevamente y se lo extendió a la pelirroja exigiéndole más de ese líquido. Ginny suspiró y luego le llenó el vaso nuevamente.
Hermione no habló luego de eso. Se dedicó a tomar un trago tras otro mientras escuchaba al chef de la televisión enseñar recetas de diversos tipos. Ginny volvió a su trabajo con el pavo del horno y así se mantuvieron por un rato.
En silencio y sin hablar.
La castaña no tardó en quedarse dormida después de prácticamente vaciar una botella y la menor de los Weasley sirvió un plato de comida para su marido. El pelinegro apareció media hora después gritando un sonoro ¡Estoy en casa! Acompañado del sonido de las llaves cayendo sobre un adorno de cerámica.
— ¡Ginevra Potter! —exclamó Harry, una vez que se hizo lo suficiente visible para aparecer en la cocina, analizando la escena ante sus ojos. — ¿Whisky? ¿Enserio?
— ¿Qué querías que hiciera? —respondió ella rápidamente, cruzándose de brazos.
— ¿Abrazarla o algo así? —respondió él haciendo ademán en la obviedad.
— Un abrazo no habría logrado eso —le aseguró ella, señalando a una adormilada castaña. — Lo necesitaba. No ha dormido y creo que está enferma. Tenemos que llamar a un médico.
Mientras un medico acudía a la residencia de los Potter, Ronald Weasley se encontraba camino a una reunión de negocios. Su traje perfectamente arreglado, declaraba a toda costa un momento importante.
En la entrada del edificio, un valet le ofreció su mano para recibir las llaves de su auto. Ron le agradeció y luego se encaminó a su reunión.
El lugar era mucho más elegante de lo que había imaginado. Record Magic en su lugar parecía una alpargata.
En la entrada un hombre de traje le abrió la puerta y le indicó el camino a la recepción donde le pidieron su nombre y luego le informaron donde ir. Ron tomó el ascensor y en un par de minutos estuvo en la planta once. Una bella mujer que era la secretaria se acercó a informándole que lo esperaban. Un gran letrero de Hugo Boss AG resplandecía en plata sobre las puertas. Una vez que las pasó se encontró en una sala con una gran mesa en el centro y a su alrededor aproximadamente diez personas.
— Buenos días, Ronald —saludó un hombre poniéndose de pie. Se aproximó desde el extremo más alejado y le tendió su mano. — Bienvenido a Hugo Boss, por favor toma asiento, tenemos mucho de lo que hablar.
— Gracias —respondió él, saludando con la mirada al resto de los presentes.
— Bueno, supongo que ya sabes porque estamos todos aquí reunidos —inició el hombre. Frente a su asiento descansaba un letrero con su nombre y su cargo. Él era el director.
— Para hacer una película ¿no? —bromeó él. Todos rieron.
— Bien muchacho, me gusta tu humor. —admitió él, aliviando la tensión en Ron. — Pero estamos aquí para hablar de trabajo, y no precisamente relacionado con el cine. ¿Te gustaría ser el rostro de la nueva campaña de Hugo Boss?
— Claro.
— Entonces, estamos de acuerdo, porque nuestra empresa te quiere como rostro principal. Y como creo has podido analizar en la propuesta, se trata de una campaña que realizaremos en Latinoamérica, por lo tanto esto requiere que nos localicemos lejos de Londres por al menos dos meses.
— Eso había leído en el documento —confirmó.
— Claramente no vamos a exigirte que estés los dos meses allá, pero será muy importante que estés disponible la mayoría del tiempo.
— Entiendo —respondió con seriedad.
— Sabemos que es bastante tiempo y más cuando se acercan estas fechas de festividades, pero puedes tener por seguro que no trabajaremos en ese tiempo. Nada de perdernos la Navidad y Año nuevo. —aseguró el director.
— Me parece muy bien, porque tengo una madre que no me permite estar fuera para las fiestas —correspondió Ron con una sonora carcajada.
— Comparto la misma situación contigo —respondió, acompañado de una risa generalizada.— Entonces, las clausulas están estipuladas en el contrato, puedes leerlo y luego informarnos de tu decisión, analizarlas con tu abogado o puedes darnos una respuesta ahora, como prefieras.
Ron meditó sus posibilidades. Su abogado había venido, solo que le había indicado que prefería pasar solo.
Sonrió y luego tomó el lápiz más cercano, escribiendo con una desordenada caligrafía sobre la línea señalada.
— Un placer hacer negocios con usted, señor Weasley —dijo el director, poniéndose de pie para alcanzar a su invitado.
Ron estrechó su mano y trató de sonreír con ganas.
Estaba hecho y era oficial.
En un par de días tendría que partir al otro lado del mundo. Lejos de su acostumbrada vida. Lejos de su familia y de… Hermione.
— No fue una muy buena idea, señorita. —afirmó el doctor, mientras analizaba el rostro blanquecino de Hermione. — No debe promoverla a tomar alcohol, menos cuando está en su estado.
— ¿Qué es lo que tiene? —quiso saber Harry.
— No puedo confirmar nada aún, pero por su aspecto y los síntomas, probablemente tiene algún tipo de ulcera o gastritis.
— ¿Y qué debemos hacer?
— Por el momento le daré remedios que debe tomar por siete días y si los síntomas continúan, por catorce. —le indicó escribiendo algo en un papel rápidamente. — Pero necesito hacerle un par de análisis también, así que apenas tenga resultados les haré saber.
— ¿Cuándo tardarán?
— Un par de días a lo sumo. —les informó. — Por ahora necesito que la mantengan hidratada, ya que probablemente en un rato tendrá nauseas. Comidas muy ligeras y sin grasas. Mucho líquido. Nada de licor —agregó, mirando a Ginny, que rodó los ojos. — Y sobre todo, mucho reposo.
— Nos preocuparemos de que así sea —confirmó Harry.
— ¿Por qué le ha pasado esto? —quiso saber Ginny.
— Puede ser por diversas causas, pero me parece que en su caso se podría deber a estrés. Creo que está muy claro que la señorita Granger no lleva una vida tranquila y de relajos, todo este tema de la fama le ha jugado una mala pasada y su cuerpo ha reaccionado. —informó. Harry y Ginny asintieron.
Hermione abrió sus ojos en ese momento. Su rostro estaba muy pálido y parecía tener dificultades para mantenerse sentada.
— ¿Qué… tengo? —preguntó en un susurro, apenas percibió al doctor.
— Probablemente ulceras —respondió Ginny.
— ¿Ulceras? No lo creo.
— Pues yo sí, señorita —intervino el médico. — Así que le sugiero que tenga bastante reposo durante al menos una semana.
— De acuerdo, me iré a casa a descansar. —aceptó, comenzando a levantarse, fallando olímpicamente.
— Oh, no, no, no, —la detuvo Ginny. — Te quedarás aquí
— No puedo, yo no… —inició la castaña.
— No hay discusión sobre esto —intervino Harry. — Te quedarás aquí y no hay nada más que hablar. Muchas gracias doctor, lo acompaño a la puerta.
El hombre se despidió de Hermione y de la pelirroja y luego desapareció junto a Harry. La castaña soltó un suspiro y se llevó una mano a la frente cansada. Su cabeza daba vueltas y poco a poco las arcadas comenzaban a hacerse más insistentes. Ginny no pudo hacer mucho, cuando la vio levantarse de un salto y correr al baño para vomitar.
La castaña convulsionó hasta que el asco se detuvo y luego se recostó sobre el suelo helado, permitiéndose al fin llorar con ganas.
Ginny suspiro audiblemente fuera del baño. Para ella estaba claro que las ulceras no eran nada frente a un corazón roto. Y mientras esas lagrimas fueran de un desamor lo mejor sería dejarla tranquila. Al menos hasta que sintiera que su amiga había dejado salir parte del dolor que la acomplejaba. Que estaba segura, sería por un largo tiempo.
¡Hola a todos!
Hoy día domingo he vuelto y con un capítulo bastante de transición. Y la razón es porque he decidido dividir un capítulo muy largo en tres partes. Por lo tanto, la historia finalizará con 50 capítulos y en compensación de lo pequeño que es el capítulo, publicaré nuevamente el miércoles.
Quiero agradecerles una vez más por todo el apoyo, cariño y los buenos deseos. Son un verdadero amor y eso se agradece inmensamente.
También las invito a leer mis otras historias que comenzarán muy pronto, y que sé que no los defraudarán.
De acuerdo entonces, nos vemos el miércoles. Que tengan un buen inicio de semana :)
