ATENCIÓOONN! Antes de seguir leyendo debéis tener en cuenta que debido a que el contenido de sexo explícito está prohibido aquí, es decir, el MA, me he visto obligada a subir este fic y este capítulo con lemon a otra página web, a . De modo que el lemon que hay en este capítulo está en , y podéis acceder a él a través de mi perfil, donde está el link del fic. Solo varia este capítulo, así que no hace falta que leáis lo demás, pues no hay cambio alguno, aunque tendré que suavizar un poco las escenas del capítulo 11 y del 14 próximamente xD. Os agradecería que los rewiens siguierais dejándomelos aquí, ya que aquí nos conocemos todos más o menos xD. Si no podéis acceder a , ya que por lo visto no siempre va muy bien, podéis mandarme un mensaje privado con vuestro correo y os enviaré el lemon que falta en este capítulo. Si vuelvo a censurar algo y lo subo a y no aquí, os lo haré saber en cada actualización con un mensaje como este, así que no hace falta que miréis las dos páginas continuamente, con ver esta ya sabréis lo que hay.
Como el lemon era gran parte de este capítulo, al eliminarlo he tenido que sustituirlo por otras escenas que no están en y que no subiré allí, escenas que NO son de relleno, aunque las haya añadido más tarde. Los que ya hayan leído este capítulo pueden leerlo de nuevo, ya que más de la mitad es completamente nueva y es muy significativa para la continuación del fic.
Ah, también he colgado algunas imágenes que me han hecho algunas lectoras en mi perfil por si os interesa ver los dibujos de este fic n.n y nada más con respecto a esto.
Sé que estaréis deseando pasar de esto y leerlo, pero antes de nada debo dar las gracias por los numerosos rewiens! no me esperaba tantos porque el capítulo anterior lo colgué no muy convencida, pero dios mío... no me quejo, y agradezco mucho más a los nuevos lectores por interesarse por un fic que se está pasando de largo ya.¿Qué más? ah, sí, me he pasado medio capítulo escuchando la canción Hallelujah, ya sabéis, la que cantan en Shrek y en Watchmen, sobre todo en las partes "romanticonas" con Vegeta y Bulma, y en la escena final con Bra y Broly, así que si queréis ponerla para ambientaros, puede que funcione. No me gustan los songfics, porque siento que me parten la historia en dos injustificadamente, así que tranquilos, que aquí no hay de eso. Podéis ponerlo si queréis, y si no, no os vais a perder nada tampoco xD.
Por otra parte, he de decir que no sé, esta vez sí, cuando colgaré el siguiente capítulo. Puede que de casualidad sea en dos semanas como este (que un poco más y no me da tiempo) o en tres, no lo sé, porque supongo que si hay lectores españoles sabrán que la etapa de exámenes y trabajos universitarios empieza precisamente ahora, y ya llevo rehuyendo el estudio demasiado. ¡Tengo que ponerme al día! xD. Pero no os preocupéis, que este fic no se queda sin acabar, os lo juro, ya tengo que el final medio pensado, y también podéis estar tranquilos porque después de los exámenes vienen las vacaciones de verano, por lo que tendré más tiempo para escribir y puede que recupere mi antigua rutina de un capítulo por semana como antes, así que no está mal dentro de lo que cabe.
Espero que este capítulo os mantenga satisfechos durante las siguientes semanas, pero por si no es así, os daré una pequeñitisima pista del siguiente. Su título es "Los héroes de Ciudad Satán", y puede que lo divida en dos partes porque seguramente me pasaré de largo, no lo sé. Solo os puedo decir que dará una vuelta de tuerca brutal a todo el fic, y que Trunks adquirirá bastante protagonismo a partir de él, como ya podéis ver en este capítulo que solo introduce parte de lo que vendrá a continuación con respecto a este personaje (Trunkiii *o* lo mereceeees!)
Ah, y lo de Vegeta (cuando lo leáis sabréis a qué me refiero) lo dejo a la imaginación de cada uno, porque pensé que quedaría mejor así. Como se suele decir, pensad mal y acertareis, pero puede ser cualquier otra cosa, eso ya depende de cada uno.
Y nada más. Espero, sinceramente, que disfrutéis de este capítulo a pesar de los problemas con el lemon.
Capítulo 18
Una noche
[Este capítulo está cortado por su contenido explícito sexual, prohibido en esta página, pero podéis leerlo completo en el link que hay en mi biografía, en fanfic . es concretamente. Para más documentación, leed la nota de autora de este capítulo, arriba]
Noche 180.
La aeronave aterrizó sobre la amplia zona desértica y se abrió, dejando salir del interior a su cabreada dueña. Bulma dio un portazo al cerrarla. En aquel momento era mejor no acercarse a ella. Yamcha había probado su mal humor y su decisión esa misma tarde recibiendo un doloroso rodillazo, justo donde Vegeta le había enseñado a hacerlo en caso de que alguna vez, en su ausencia, alguien intentara dañarla. Yamcha había sido el primero en recibir su ataque desde que lo aprendió y la mujer se sentía satisfecha. Él la había consolado como buen amigo que era, pero cuando Bulma mencionó que estaba pensando cancelar su boda con Vegeta, su amigo empezó a insinuarle que, quizás, elegir al príncipe había sido una mala idea. Quizás nunca debería haberlo dejado con él, y quizás todavía no era demasiado tarde para arrepentirse.
Cuando Yamcha dijo eso, Bulma le dio un rodillazo en la entrepierna y salió del laboratorio tan malhumorada como había entrado, dejándolo en el suelo. Era hora de ponerse las pilas y dejar de esperar, y eso había hecho. Después de preguntarle a Trunks donde estaba su padre, la científica cogió una nave cápsula y salió disparada en su búsqueda.
"¡Vegeta!" gritó, buscándolo con la mirada por los alrededores tras guardar su nave. Inició un trote acelerado hacia ninguna parte, dando vueltas por la zona rocosa, algunas veces dando traspiés al encontrarse los cráteres creados, en su mayoría, por Goku y su propio hombre. "¡Sé que estás aquí, Vegeta, sal de una vez!" chilló, cada vez más enfadada. Tras una larga media hora caminando sin parar y sin rumbo fijo, Bulma empezó a cansarse, en parte, por el horrible calor que hacía aunque fuera de noche. Cayó al suelo cuan larga era tras tropezar por enésima vez y se levantó con el pelo lleno de arena y la cara ruborizada por la rabia. "¡ERES UN MALDITO COBARDE, VEGETA!" chilló una vez más antes de levantarse. Quizás fuera por culpa de la arena, por el calor o simplemente porque estaba demasiado sensible al no recibir ninguna respuesta. Lágrimas rabiosas descendieron por sus mejillas, y se las limpió con la manga de la camiseta. "¡Maldita sea!"
Dio media vuelta para buscar por otro sitio, y su cara estuvo a punto de chocar contra la cabeza de su prometido, que cruzado de brazos, se había colocado a su espalda en completo sigilo. Bulma saltó hacia atrás. Luego los sentimientos la embargaron y nuevas lágrimas que intentó tragarse volvieron a descender por su cara. No pudo contener un par de sollozos y aunque se moría de ganas de abrazarle después de estar más de dos semanas sin saber de él, lo único que hizo fue llevarse las manos a la cara para hundirla en ella.
"¿Qué haces aquí, mujer?" cuestionó.
"¿Tú qué crees que hago?" medio gritó ella entre sollozos. "¡Eres un completo imbécil, arrogante y egoísta! ¿Cómo te atreves a hacerme esto a un mes de nuestra boda? ¡Llevas más de dos semanas desaparecido y no das ni una maldita muestra de interés por volver a casa!" Bulma dejó de taparse la cara y le mostró su expresión más desencajada y furiosa, pero todavía llorosa. Vegeta casi se sintió intimidado por esa mueca, casi. "Y no eres simplemente tú. Tu hija tampoco ha vuelto a casa, ¡y eso sí que es culpa tuya!" chilló, intentando darle un empujón con el que no consiguió moverlo en absoluto. El príncipe dejó que le golpeara con los puños cerrados cuanto quisiera. Nunca sentía nada salvo, quizás, un ligero cosquilleo con los golpes más fuertes. "¿Cómo has podido pegarle de esa manera? Nada… ¡nada justifica que lo hicieras! ¡Me da igual que seas un violador o un filicida, pero si vuelves a tocar a mi niña te juro que inventaré un maldito robot lo suficientemente fuerte como para hacerte picadillo!"
Bulma dejó de pegarle. Dio media vuelta y todavía con lágrimas en los ojos empezó a caminar de un lado a otro murmurando maldiciones. Vegeta le prestó especial atención a cómo se veía. Iba vestida con un mono de mecánico de color verde vómito, tenía los ojos hundidos, estaba despeinada y no había ni rastro de maquillaje. No había duda de que no estaba llevando bien la separación. Vegeta tampoco la estaba llevando bien. Su entrenamiento le sabía a poco lejos de su cámara de gravedad y de Goku, su mayor oponente. Además, su alimentación se había visto reducida notablemente por su poco apetito y por sus vómitos cada vez que intentaba comer algo crudo o mal cocinado. Se había acostumbrado tanto a la buena comida humana, que su estómago ahora rechazaba las cosas crudas que había comido hasta que llegó al planeta Tierra.
"Se acabó, Vegeta. ¿Me oyes? Me da igual si vas volando o como te dé la gana, pero vas a volver a casa. ¡AHORA MISMO! Allí podrás entrenar en tu cámara, comer lo que te dé la gana o encerrarte en tu habitación si quieres, pero vienes conmigo y punto. Luego buscarás a Bra, le pedirás perdón y los dos volveréis a casa para la hora de la cena. Seremos una familia feliz y no volveremos a hablar del tema. ¡ASÍ QUE MUÉVETE, NOS VAMOS AHORA!" demandó la mujer sin admitir réplica alguna.
Por un momento el saiyan se quedó transpuesto y sorprendido. Pensaba que Bulma lo odiaría por las cosas que había descubierto sobre él y no tanto por lo que le había hecho a Bra, pero se equivocaba. La mujer estaba que explotaba por su hija, no por lo que él hubiera podido hacer en su otra vida. Al contrario de aliviarlo, eso solo consiguió aumentar la irritación de Vegeta, que dio media vuelta y empezó a andar ignorándola.
Bulma no entendía nada. Todavía más furiosa si cabía, lo siguió y empezó a gritar todavía con más fuerza.
"¿Se puede saber qué haces? ¡Nuestra casa no está por allí!"
"No voy a tu casa, mujer. No tengo intención de volver" la mujer sacudió la cabeza, incrédula. Su hijo le había hablado del encuentro que había tenido con su padre. Se lo había contado con pelos y señales y Bulma había decidido darle tiempo al tiempo… hasta que descubrió que no volvería por su propio pie.
"No estoy enfadada por lo que hiciste en tu vida pasada. Eso pasado está. No me importa, así que vuelve de una vez" declaró, agarrando su mano enguantada de improviso, obligándolo a detenerse. Vegeta le dirigió una mirada fría y enturbiada.
"Puede que a ti no te importe, pero a mí sí" se deshizo de su agarre con brusquedad y Bulma lo observó mientras emprendía la marcha otra vez, sin entender nada. Cuando Vegeta se elevó en el cielo, ella lo agarró de la pierna para que no se fuera. El príncipe vislumbró sus ojos brillantes, casi suplicantes, rogándole que se quedara en silencio. Las lágrimas estaban a punto de volver a caer. "Escucha, no me arrepiento de nada de lo que he hecho y no voy a pedir perdón a nadie por ello. Algunas veces me gustaría abandonarlo todo para volver a masacrar y a matar, ¿crees que no lo he pensado? Añoro esos tiempos y pienso en ellos muy a menudo, y sigo sin arrepentirme de ello. No soy el maldito padre que quieres para tus hijos y tampoco tengo intención de cambiar para serlo, así que déjame en paz y suéltame"
"No es solo por eso, ¿verdad? Por mucho que quieras volver a los viejos tiempos, siempre te quedas con nosotros y no me cabe la menor duda de que es porque nos quieres, porque todo ese sacrificio merece la pena después de todo" aseguró ella, y Vegeta dejó de sacudirse para mirarla fijamente. "Hay más aparte de lo que hiciste con esa mujer en ese planeta, más aparte de lo del niño no nato. Y Goku lo sabe, ¿verdad? Lo vio todo cuando os fusionasteis" Bulma sintió que los músculos de su prometido se contrarían y su mandíbula se apretaba en una mueca tensa. "Goku puede ser muy compasivo y amable, pero nunca se metería en medio de una relación familiar. Sin embargo, a ti te defiende. Trunks y yo podemos verlo en su cara. Cuando se coló en tu mente vio algo que lo turbó. Se preocupa por ti y al mismo tiempo te respeta y te admira de alguna manera retorcida, y quiero saber por qué. Quiero saber qué vio en tu mente"
Vegeta se quedó callado durante unos segundos que parecieron horas. Luego se volvió hacia ella y lentamente, volvió a posar los pies sobre el suelo. Encaró a Bulma sin un ápice de humanidad en su rostro, y un escalofrío recorrió el cuerpo de ella. Hacía años que no veía esa expresión tan cruda.
"Después de saberlo, ¿te irás a casa y me dejarás tranquilo?" Bulma se mantuvo firme, inalterable aunque su pecho se estuviera ahogando en un mar de intriga y temor. "No te recriminaré nada si anulas la boda después de esto"
"No digas tonterías, Vegeta. ¿Por qué iba a anular la boda?"
"Porque me estás pidiendo que te hable sobre mi vida pasada" Vegeta descubrió una sonrisa ladina, siniestra. "Y créeme, no hay nada de agradable en ella"
[…]
En una última embestida, Bra volvió a caer sobre la cama a cuatro patas, apresada por él contra el colchón. Pudo sentir su tensión, el roce de su boca entreabierta sobre su hombro y el de su lengua, el de su aliento e incluso su saliva sobre su piel, pero sobre todo sintió los brazos aferrándose a su cintura con toda su fuerza, abrazándola por detrás y apretándola en un abrazo mortal que un humano nunca podría soportar, dejándole fieras marcas en la cintura.
Se quedó pegado a ella unos segundos y luego el sonido más lastimero, grave y animal que jamás había oído llegó hasta sus oídos mientras él se alzaba una vez más y se movía de manera salvaje haciéndola temblar, sacudirse y casi acabar envuelta en placer. Broly sintió que se descargaba por completo, al fin, y que el dolor que le había presionado la entrepierna durante días salía desaparecía anulando todo rastro de dolor provocado por el braummuro, todo recuerdo de su inestable mente, incluso todo sentimiento. Mientras se vaciaba con el cuerpo tembloroso de gusto solo era un animal fácil de manejar, llevado por el instinto, nada más. Pero aunque perdió brevemente la noción de la realidad, la recuperó cuando Bra gritó por el latigazo de su cola sobre su vientre.
Broly sonrió, se echó hacia atrás hasta sentarse sobre la cama llevándosela consigo y, entre sus piernas, con la boca pegada a su oreja y la cola enredándose en su rodilla, tirando de ella para que volviera a abrir las piernas, la acarició. Bra tembló entre sus brazos, se revolvió y agarró la mano que la acariciaba. Broly la recorrió con los dedos de la otra mano por entero con caricias bruscas que a ella no le causaban el menor daño.
"Sabía que lo aguantarías. Estás entrenada para soportarlo" Bra dejó escapar una risa divertida.
"No exageres… No ha sido para tanto" contraatacó, aunque sí lo había sido. Varias veces había pensado que la reventaría por la bestial fuerza empleada, pero no lo había hecho. Y ahora estaba ahí, sin ser virgen, con su mano entre sus piernas jugando con lo que segundos atrás había llenado, lamiéndole la mejilla ruborizada. Las sábanas estaban empapadas y su cola se desenredó para jugar con ella acariciándola con el suave pelaje. No le hizo falta profundizar mucho hasta que Bra convulsionó nuevamente, apretándose contra él empapada en sudor. Apoyó la nuca en su hombro y cerró los ojos. "¡No me sueltes!" le pidió sin aparente motivo, buscando su otra mano, apretándole los dedos en la cúspide del placer. Se arqueó y Broly fue testigo en primer plano, con su aliento impactando contra su oído, de cómo sus mejillas se ruborizaban y su boca se entreabría mientras acababa por segunda vez esa noche. Pronunció su nombre mientras lo hacía y luego se desplomó, exhausta, respirando como si hubiera estado haciendo ejercicio durante todo el día. No soltó sus manos a pesar de ello.
Su frente, con el pelo azul pegado por el sudor, acabó en su barbilla. Bra cerró los ojos cuando la rodeó con los gruesos brazos, todavía con la mente en blanco, incrédula ante lo que acababa de pasar. Lo había hecho… ya no era virgen… y había sido precisamente con él. De saberlo meses atrás se habría reído y enfurecido por semejante estupidez, y ahora ahí estaba, entre sus brazos. Y lo peor era que no quería que la soltara.
"¿Sigues pensando en matarme después de esto?" le preguntó él tras largos minutos de silencio, disfrutando solo del ambiente, de la atmósfera cargada, de la unión de sus cuerpos desnudos.
"¿Sigues pensando en matar a mi familia?" cuestionó ella de vuelta, y Broly abrió la boca para decir que sí, seguía queriéndolo. Pero no lo hizo. Podía ver las piernas de Bra todavía brillantes y mojadas, en parte, por su propio semen, y él chasqueó los dientes y se maldijo a sí mismo.
"Eres valiente, mucho teniendo en cuenta que ahora mismo podrías estar amenazando al padre de tu bebé" se burló él, aunque la insinuación en sí no le hacía ni pizca de gracia.
"Oh, sí, un embarazo. Es precisamente eso lo que me haría falta ahora. Pienso tomar precauciones para la próxima, aunque algo me dice que reventarías los condones con lo animal que eres" comentó ella con sarcasmo y burla. Broly posó la mejilla sobre su hombro, aparentemente tranquilo, aunque Bra juraría que podía notar el palpitar de su corazón contra su espalda de forma estridente. "Solo por curiosidad... ¿qué harías si yo...?
"No lo digas" la acalló, restregando la frente contra su hombro desnudo. "No soporto los críos. Me ponen enfermo." Bra notó su repentina frialdad, su cuerpo tensándose y enfriándose cuando siempre estaba caliente, quizás incluso más de lo normal para aclimatarse con la escasez de ropa que llevaba, o por efecto secundario al tener que ocultar su energía con tanta regularidad. En cualquier caso, estaba claro que el tema lo estaba poniendo lívido.
"Deberías superar lo de Goku de una vez. Era un bebé, no podía evitar llorar en la cuna y despertarte. No es culpa suya que estuvieras a su..." Broly aumentó la presión del agarre sobre su cintura, abrazándola con renovada fuerza y fiereza.
"¡No es solo por Kakarotto!" rugió con fuerza, tanta que su pecho tembló sobre la piel de ella. Bra supo que había dado con algo, quizás un recuerdo poco agraciado. No lo sabía, pero tenía claro que no volvería a preguntar. No esa noche por lo menos.
Enredó una de sus manos en su pelo espeso y giró la cabeza lo suficiente como para lamerle la mejilla, tal y como él acostumbraba a hacer. Broly no sabía lo que eran los besos en lugares que no eran la boca, lo único que conocía era el tacto de la lengua con lametones casi mimosos, aunque Bra no estaba segura de catalogarlos como si fueran mimos en lugar de alguna clase de contacto lujurioso. En cualquier caso funcionó, y él la miró durante largos segundos mientras los dedos de Bra se entretenían con su pelo. La cola no paraba de restregarse por los alrededores de su ombligo, como si tuviera vida propia y en aquel momento estuviera contenta.
La tumbó en la cama y se colocó sobre ella, acorralándola con las manos contra la almohada. Bra abrió las piernas, dejando acceso libre para que colocara su pelvis entre ellas.
"Quiero hacértelo otra vez" confesó él. Bra, lejos de enfadarse esta vez, hundió los dedos en su espeso pelo oscuro y se rió.
[…]
Chichí salió del baño con gesto grave y la palidez haciendo mella en sus mejillas. Pasó de largo por el comedor ocultando el objeto de sus disputas internas tras de sí e intentó pasar desapercibida en el círculo de amistades allí reunido. Todo el mundo se mantenía sentado alrededor de Yamcha, que decaído, se mantenía frente a la televisión que Goten y Trunks veían con cierto interés.
"Eso te pasa por acercarte más de lo debido. Da gracias a que Vegeta no estuviera aquí para deformarte la cara" comentó Videl, muy digna, de brazos cruzados.
"Con un poco de suerte mamá volverá con él. ¿Quién sabe? Quizás todavía te dé tu merecido, Yamcha" se burló Trunks sin malas intenciones, provocando una ristra de risas en el amplio salón. El pobre hombre solo decayó todavía más, hundiéndose en el sofá lentamente.
Chichí pasó de largo y abrió las puertas que daban al jardín trasero. Una vez allí, en medio de la fría temperatura de la noche, vio a Picolo reclinado sobre una de las paredes de la corporación. La mujer abrió la boca para preguntarle, pero la luz que iluminaba un resquicio de la noche la distrajo. Alzó la vista y vio el corpulento cuerpo de Goku levitando sobre ellos con un aura dorada extendiéndose por cada parte de su cuerpo, quieto, solo allí, volando.
"¿Todavía nada?" preguntó, y Picolo negó a sus espaldas.
"No puede alcanzar la forma de un súper guerrero de nivel dos, y el tres está totalmente fuera de su alcance. Gohan ha entrenado con él todo el día pero el veneno lo ha dejado totalmente fuera de forma. Si no lo consigue pronto, estaremos en serios problemas"
"Lo conseguirá, siempre lo hace" declaró ella con total seguridad en sí misma.
"Yo no estaría tan…"
"¡Lo hará, HE DICHO!" dio por zanjada la conversación con un grito, y Picolo apretó los colmillos para evitar un gruñido. Conocía a aquella mujer desde hacía demasiado tiempo y sabía que más le convenía no meterse con ella y con su prole. Ni siquiera su marido era capaz de enfrentarla. "Esperemos que ese príncipe sin modales vuelva pronto. Parece que él le alienta más con los puños que yo con mis comidas"
"Por una vez estoy de acuerdo contigo. Le falta motivación y Vegeta puede dársela a base de bien. A este paso, él alcanzará la transformación de súper saiyan de nivel tres antes de que Goku pueda volver a convertirse en uno"
"De eso ni hablar" negó con fuerza. "Mi Goku no es muy listo ni muy atento, así que si lo que mejor se le da es pelear, será el mejor sin discusión. ¡Cariño!" lo llamó a voz en grito. En el cielo, Goku se volvió y miró hacia abajo con curiosidad. "¡Voy a prepararte tu plato favorito para darte muchas fuerzas, pero ni se te ocurra rendirte! ¡Ya que solo se te da bien pelear, tienes que ser el mejor!" él no descendió del cielo, pero Chichí pudo apreciar que le sonrió y le mostró el pulgar como señal de asentimiento. "Todo irá bien, ya lo verás. No le hace falta motivación. Es el más fuerte del universo" aseguró, más para sí misma que para cualquier otro.
Chichí se llevó una mano a la manga de su ropa, donde había ocultado el objeto de su preocupación. Lo miró fijamente y luego mostró una sonrisa de seguridad propia de una guerrera decidida.
"Todo irá bien" repitió antes de volver a guardar en la manga de su vestido el test de embarazo con resultado positivo.
[...]
No sabía cómo sentir eso, ni cómo aceptarlo, porque nunca le habían tocado más de lo necesario y mucho menos de esa manera lujuriosa, sin un mínimo de pudor. Como sabía que pasaría, la vergüenza de Bra se había disipado en cuanto sus instintos le turbaron la mente, pero eso no impidió que, tozuda, se empeñara en hacer las cosas a su manera. No sabía qué manía tenían los humanos con aparearse cara a cara cuando estaba claro que a cuatro patas era mucho más placentero, pero cuando la miró y supo que no le dejaría hacerlo de otra forma después de haber sido tan bestia la primera vez, no se negó. Al fin y al cabo, seguía siendo placentero.
Prácticamente la aplastó contra la cama y se lo hizo con toda su fuerza. Ella no se quejó de su peso y, por el contrario, le rodeó la cintura con las piernas y le recorrió la espalda con las manos y también con las uñas mientras besaba y lamía partes de su cara y de su cuello que dudaba que él mismo hubiera tocado alguna vez. Cuando le besó los labios y jugó con ellos con su lengua, Broly empezó a entender porqué le gustaba esa posición. Mientras su pecho duro entraba en contacto con el suyo, comprendió que la cercanía y la intimidad eran muy superiores y realmente agradables. Oírla respirar y gemir tan de cerca solo podía hacerle sonreír y jadear más fuerte henchido de orgullo y excitación por ser él el que la tuviera así. No iba a negar que se sorprendió cuando sus manos viajaron desde su espalda hasta su trasero y lo agarró, empujando de él hacia delante mientras pedía más crudeza. Nunca nadie le había tocado el trasero. Semejante descaro podría valer la cabeza de muchos, pero ella lo hizo con toda naturalidad y encima le arañó los glúteos cuando él obedeció y siguió. No pudo hacer otra cosa que dejar escapar una carcajada baja entre gruñidos animales. Encima de todo le agradaba que lo tocara así.
Bra terminó poco antes que él, que siguió entrando en ella como un toro bravo. Entonces Bra llevó a cabo el acto de atrevimiento total, queriendo morir matando. Ni corta ni perezosa, le agarró la cola y tiró de ella mientras le ordenaba, con los labios pegados a su oído, que se acabara dentro de ella. Lo peor fue que él lo hizo, incapaz de aguantar la presión, emocionado y demasiado excitado por el dolor y su voz autoritaria. Al desplomarse sobre su pecho, Bra le rodeó la cabeza con los brazos y jugó con mechones de su pelo húmedo. Poco después, tras darle ella un beso en la frente, se durmió con él encima.
Acostado a su lado, mientras la veía dormir y pensaba en lo que habían hecho, rodeándole la cintura con la cola y el cuerpo con un brazo, con la frente pegada a la suya y las narices rozándose, Broly tuvo un pensamiento extraño que repudió de inmediato. Un pensamiento que, a pesar del rechazo inicial, hizo eco en su mente.
Vivir como Kakarotto y Vegeta no podía ser tan malo.
[…]
Bulma cayó sobre una de las rocas cercanas, sentándose de inmediato para que las piernas no se le doblaran. El sudor frío recorrió su frente hasta casi empañar sus ojos claros, que estaban tan secos por la mezcla de sentimientos confusos que le picaban. Frente a ella, Vegeta se mantuvo apoyado contra las paredes de la cueva que él mismo había construido con una pequeña explosión para cobijarse del exterior y guardar la comida. Hacía décadas que no usaba esas tácticas de supervivencia, pero todavía las tenía grabadas a fuego en la cabeza.
Después de un silencio tan incómodo como doloroso, Vegeta anduvo hasta la entrada de la cueva y suspiró. Elevó la vista al cielo estrellado, el que había sido su hogar durante años.
"Siempre has querido saberlo todo sobre mi vida pasada, sobre lo que hice antes de llegar aquí. Ahora ya lo sabes. No hay nada que no te haya contado. La decisión es tuya"
Bulma despertó del shock con esa respuesta. Miró a su prometido con el desconcierto extendiéndose por su rostro.
"¿Qué decisión?"
"La decisión sobre nuestra boda, mujer. Sobre nuestra… relación" Bulma se levantó de la roca de inmediato y lo fulminó con la mirada, pero Vegeta le daba la espalda y no pudo ver la rabia que se plasmaba en su cara.
"¿Crees que voy a dejarte por lo que me has contado?" él se encogió de hombros, como si eso no le importara lo más mínimo. Bulma sabía, por su actitud tensa y la manera de esquivarle la mirada, que le daba importancia, mucha, aunque no lo dijera. Siempre había sido así. Él callaba y ella interpretaba. "No voy a engañarte, Vegeta. Decir que tienes las manos manchadas de sangre y mierda hasta los codos es quedarse corto, muy corto, pero ya sabía que habías hecho cosas horribles cuando te conocí, y lo he sabido durante todos los años de mi vida. Me duele mucho más saber lo que te… hicieron..." el príncipe dejó entrever una sonrisa sarcástica.
"Deberías haberte visto la cara. Sorprendida es un eufemismo en este caso"
Y tanto que lo había sido. Bulma había estado a punto de vomitar al oírlo y llegó a pensar que le estaba tomando el pelo, que era una broma de muy mal gusto, pero en los ojos de él no había la más mínima burla. Le contaba la cruda realidad, tal y como la había vivido. Y Goku la había visto en su mente. Ahora entendía ese respeto, esa pequeña muestra de condescendencia que había en su cara cada vez que Vegeta hacía algo brutal e incorrecto. Todo el mundo pensaba que era porque su sangre tiraba más que sus lazos amistosos, porque Vegeta era el último saiyan junto a él, motivo por el que lo defendería y lucharía a su lado aunque no las tuviera todas consigo. Bulma sabía que no era por eso, sino por algo semejante a la empatía, e incluso a la pena, pero sobre todo por el respeto. Lo que Vegeta había pasado no podía compararse a la felicidad en la que Goku se había visto sumergido, en la compañía constante de todos en cuanto ella lo encontró en el Monte Paoz, en el amor que ninguno podía evitar profesarle. Goku lo respetaba e incluso sentía cierta deuda para con el príncipe, aunque esta fuera mínima.
Los ojos de Bulma se empañaron y su voz sonó temblorosa y aguada.
"Sabía que sería difícil, Vegeta. No sabes cuánto. Todo el mundo en contra, incluso después del embarazo de Trunks. Me decían que estaba loca, que no duraría, que nos matarías a todos a la menor oportunidad, y eso me incluía a mí y a nuestro hijo. Al principio pensaba que era posible que lo hicieras, pero poco a poco dejé de darle vueltas, no porque no me preocupara, sino porque dejó de importarme. Estaba demasiado enamorada como para tenértelo en cuenta. Pasaron años, Vegeta. Años hasta que supe que no nos matarías en un arranque de mal humor, y lo supe porque cambiaste esas pequeñas cosas que te convertían en un asesino despiadado y empezaste a relajarte, a vernos como algo que deseabas cuidar y proteger. A pesar de eso hay momentos en los que te miro y siento que no somos suficiente, que desearías estar en cualquier otro lugar… y duele, pero no es algo que me pille por sorpresa" los sentimientos de Bulma estaban a flor de piel, y él lo sabía. Su voz chillona, la que tantas veces le había despertado, contra la que tantas veces había luchado, de la que tantas veces había disfrutado mientras hacían el amor se estaba apagando. A Bulma ya no le quedaban fuerzas para pelear contra él y eso no significaba nada bueno. Verla llorar con tanta fuerza tampoco era algo que aguantara, pues no estaba ni remotamente acostumbrado a ello.
"Durante todo ese tiempo en el que me estuve debatiendo a mí misma para saber qué era lo que buscaba de ti, me di cuenta de que el mayor obstáculo para nuestra relación no eran los demás, sino yo misma. Tenía miedo de lo que pasaría, y tú tampoco ayudabas porque lo nuestro siempre eran peleas, peleas y más peleas, pero detrás de todo eso fue imposible evitar que sintiéramos algo el uno por el otro. Sé que te costó más que a mí sentir algo y reconocerlo, mucho más, y cuando veo la nostalgia por lo que eras antes de llegar aquí en tu cara, tengo miedo porque pienso que en realidad nunca sentiste nada." Vegeta empezó a sentirse no solo incómodo, sino verdaderamente mal. Su estómago se encogió y tuvo que tomar aire para recobrar el aliento que parecía escaparse por cualquier sitio salvo su boca. "Llevamos treinta años juntos y nunca me has dicho que me amas, pero no te lo tenía en cuenta porque sé que no eres hombre de palabras bonitas" puntualizó ella con la vista borrosa por las lágrimas puesta en sus pies. Nunca lo había dicho hasta ese momento por vergüenza. Cada pareja es un mundo, se decía a sí misma, pero eso ya no era un consuelo. "No me importa lo que hayas hecho antes de llegar aquí o lo que te hayan hecho, Vegeta. Lo que sí me importa es haberte retenido todo este tiempo cuando es obvio que tú te sentías atado. Ahora los niños son mayores, pueden valerse por sí mismos. Goku ya no es más fuerte que tú, ni siquiera puede transformarse en súper saiyan de nivel dos y con los boburrianos, ya nos las arreglaremos. No hay motivo para que sigas aquí si quieres irte"
Vegeta la miró, todo sorpresa e incredulidad. El rechazo a los sentimentalismos siempre le había acompañado y cuando Bulma, sin dejar de llorar pero portando una sonrisa pese a ello, anduvo hasta él, que no pudo hacer más que quedarse paralizado.
"Sé que sabes que te quiero, pero no voy a retenerte más por eso, no voy a hacer que te engañes a ti mismo y que reprimas lo que de verdad deseas. Nadie te detendrá si te vas a buscar enemigos más fuertes, y ni tus hijos ni yo te guardaremos rencor"
Pero, ¿de qué estaba hablando?
Entonces Bulma lo besó, muy lentamente, sobre los labios. Se separó casi de inmediato cuando él hizo amago de agarrarla por los brazos, como si su tacto le quemara. Observó sus ojos azules, en los que tantas veces se había hundido, y le dio la impresión de que ella quiso decir algo, pero no fue capaz. Bulma se apartó y sin decir una palabra más, salió de la cueva y anduvo rápido, lejos de él, sin mirar hacia atrás. Los labios de Vegeta temblaron, todavía húmedos por el reciente tacto.
Solo una frase emergió de ellos.
"¡Mujer estúpida!" y salió corriendo tras ella.
Bulma buscó en las profundidades de su bolsillo al llegar a un pequeño llano y prácticamente arrancó la cápsula con la aeronave sin dejar de llorar. Ni siquiera pudo sostenerla antes de que cayera al suelo y su interior fuera revelado, temblorosa y al borde de la histeria como estaba. Sus manos, más que tiritar, convulsionaban y le costó horrores abrir la puerta de la aeronave y sentarse en el asiento del piloto. Buscó las llaves y golpeó los controles, desesperada, hasta localizarlas en el lugar donde siempre las dejaba. Luego, sin aire en los pulmones, cada vez respirando con mayor agitación en pleno ataque de ansiedad, intentó introducirlas sin éxito. Se estaba asfixiando y estaba segura de que si no salía de allí pronto, se desmayaría o algo peor.
Pero no podía.
Ni siquiera se acordaba de cómo se pilotaba.
Se abrazó a sí misma con la boca abierta de par en par buscando aire que no entraba en sus pulmones, llorando como no lo había hecho en su vida, gritando su nombre entre tartamudeos. 30 años… y lo seguía amando tanto como el día que lo descubrió y lo reconoció. El día que lloró de alegría al enterarse de que estaba embarazada.
La puerta de la nave se desprendió con un crujido de las bisagras, arrancada de cuajo. Bulma estaba tan cegada por las lágrimas que no pudo verle, pero no le hizo falta para saber quién la observaba con ojos cargados de reproche y enfado, como siempre. Incluso podía adivinar su expresión, su ceño fruncido, sus dientes apretados, sus manos colocadas a ambos lados del arco de la puerta para impedirle huir.
"¡Eres la mujer más estúpida que he conocido en mi vida!" le gritó.
"¡Cállate y déjame en paz, príncipe del demonio!" chilló ella en respuesta, desesperada.
Pero por supuesto, él no la dejó en paz. Tuvo suerte de que no arrancara el asiento y se limitara a sacarla a la fuerza, y él tuvo suerte de que ella no se resistiera con su natural terquedad y simplemente se lanzara a sus brazos y llorara con fuerza entre ellos. No le dijo que la quería, pero para Bulma fue suficiente.
Esa noche ninguno de los dos regresó a casa.
[...]
Goten no había salido esa noche tan lejana, perdida ya en los confines de sus recuerdos. A los veinte años acostumbraba a salir muy a menudo e, incluso, a perderse por las calles de ciudades lejanas para no volver a casa hasta altas horas de la madrugada. No era un juerguista ni un delincuente a pesar de lo que su madre pensaba. De hecho, si su familia supiera que el único motivo por el que pasaba tanto tiempo fuera de casa era porque salía con una chica que vivía lejos, y con la que solo podía salir por las noches por culpa de sus horarios, se sentirían aliviados, pero él perdería su fama y prefería que lo tomaran por chico duro que se metía en problemas antes que ver a su madre interrogando a su novia o exigiendo conocerla de inmediato.
Esa noche decidió quedarse en casa para contentar el genio y la preocupación de Chichí, además de para estudiar un poco. La carrera no se pagaba gratis, y algún día tendría que devolverle a Trunks algo del dinero que le había prestado para la matrícula, aunque él insistiera en que no era necesario devolverlo. Quedarse en casa fue una buena idea, y lo supo media hora después de acostarse en la cama para dormir, a una hora temprana si tenía en cuenta las horas a las que solía llegar a casa cuando salía. Podía oír a su padre roncando estridentemente desde el cuarto que compartía con su madre, y aunque el sonido era horrible, como el de un tren pasando por encima de sus cabezas, la familia estaba totalmente acostumbrada a ello.
Goten dormitó durante media hora, y cuando estuvo a punto de rendirse ante el sueño, se quedó quieto y tenso al oír la ventana de su habitación abriéndose de par en par. Era invierno, y no acostumbraba a dejar la ventana abierta ni aun siendo verano por los insectos que se colaban en su cuarto. Se mantuvo quieto en la cama, alerta, escuchando los pasos de alguien adentrándose en su habitación. Lo reconoció por su forma de andar, por la forma con la que sus pies golpeaban el suelo, no por el ki que mantenía oculto. Se alzó sobre la cama dispuesto a encender la luz.
"¿Trunks?" cuestionó.
"No enciendas la luz" le ordenó su amigo de vuelta con un tono de voz extrañamente nervioso e impaciente. Goten obedeció, sabiendo de inmediato que algo iba mal, muy mal.
"Trunks, ¿qué demonios...?"
"He hecho algo horrible" confesó. Su voz era trémula y guardaba algo de temor en ella. Goten, acostumbrado a verlo siempre tan vivaz, tan travieso, más gamberro y juerguista que él desde lejos, arrastrándolo siempre de un lugar para otro sin parar, nunca lo había oído así.
Se levantó de la cama al mismo tiempo que Trunks se tambaleó, golpeándose la cintura con el escritorio. Una vaga idea se cruzó por la mente de Goten.
"¿Estás borracho?"
"No, no es eso"
"Trunks, si estás borracho..." empezó a decir él con intención de darle un buen sermón, como se estaba acostumbrando a hacer últimamente. Su amigo había llegado a un punto de travesura en el que cruzaba la línea de delincuencia, y Goten no quería tener nada que ver con eso. Lo seguía a todas partes pero empezaba a sentirse distanciado. Trunks podía permitirse hacer un millón de cosas sin que fuera penado por ello, lo cual no significaba que tuviera derecho a hacerlo, pero él, aparte de tener una ética arraigada por su familia, no podía permitirse ser "travieso hasta la delincuencia". Tenía una carrera que pagar que sus padres no podían costearle, y su trabajo de media jornada no le daba para mucho más. Gohan le ayudaba tanto como podía, pero le daba demasiada vergüenza recurrir a él cada mes porque necesitara dinero para la hora del almuerzo.
Goten tenía un límite en la travesura, y Trunks lo estaba sobrepasando.
"Voy a encender la luz, Trunks" se acercó al interruptor y, a pesar de la súplica implícita en la voz que le rogaba que no lo hiciera, lo hizo. Al girarse para mirar a su amigo, supo que las cosas eran mucho peor de lo que había pensado en primer lugar.
Se quedó totalmente impactado cuando lo vio allí plantado con ojos húmedos y rojos, señal de que había estado llorando a mares, cosa que le recordaba a Goten que nunca, jamás, lo había visto llorar. Pero lo más impactante no fue eso, sino la ropa que traía... tan impregnada en sangre que apenas había dominio de otro color que no fuera el rojo intenso.
"Trunks... ¿qué has hecho, amigo?" murmuró. El rostro de él se descompuso en una mueca que llamaba a las lágrimas, pero solo un gemido ahogado escapó de entre sus labios.
"Tenía que recoger a Bra del colegio ayer, pero se me pasó. Estuve bebiendo en la universidad entre clases y llegué muy tarde a por ella" Goten temió la dirección que estaba tomando esa conversación. Pensó en la pequeña Bra y temió lo peor para ella.
"Dios mío... ¿ella está...?"
"Está bien, pero casi la pierdo. Apenas podía sentirla, la busqué durante apenas unos minutos, pero cuando la encontré me descontrolé. Intentaron secuestrarla aunque ni ella misma se dio cuenta de ello. Esos mafiosos ni siquiera iban a pedir un rescate por ella. Iban a hacerle cosas que no quiero ni imaginar" la vista de Trunks descendió hasta el suelo, mirando sus botas sin ningún tipo de expresión. No le miró a la cara cuando lo dijo, alto y claro, y sin ningún tipo de pasión en la voz. "Los he matado a todos"
La boca de Goten se secó y un sudor helado le recorrió la frente. No supo qué decir ni cómo reaccionar, así que su primer movimiento fue claro y rápido. Se dirigió hacia la puerta de su habitación, echó el pestillo y colocó la silla de su escritorio bajo el picaporte. Quizás no pudiera resistir las sacudidas de su padre, pero con su madre todavía podía valer. Luego corrió hasta la ventana, pasando junto a su mejor amigo con grandes temblores y cerró la ventana a cal y canto, echando las cortinas en el proceso.
Se volvió hacia él cogiendo aire con gran intensidad.
"¿Que has hecho qué?" cuestionó, con la mirada desenfocada y el corazón latiéndole tan rápido como si se hubiera estado entrenando durante días. "¿Que has hecho qué, Trunks?" volvió a preguntar prácticamente a gritos. "Qué... ¿Qué cojones tienes en la cabeza? Sabía que últimamente estabas mal de la azotea, pero esto... ¡esto ya ha pasado el límite! ¿Cómo se te ha ocurrido? ¿Cómo...?" Goten estaba al borde de la histeria, pero todavía se mostró más reacio cuando su mejor amigo ni siquiera se molestó en mirarle. Parecía tan ensimismado mirando sus propios pies, que juraría que no le estaba haciendo caso. Goten intentó pensar y calmarse. Trunks no reaccionaría ante la histeria. Fue entonces cuando se percató de la contradicción de ideas. Le miró, empapado en sangre y en otras sustancias que prefería no saber qué eran. El suelo se había manchado con las huellas de sus pisadas y sería mejor limpiarlo antes de que a Chichí le diera un ataque al ver sangre en la moqueta. "Espera... si intentaron secuestrar a Bra ayer y tú los mataste, ¿por qué estás vestido así? ¿Por qué no te has cambiado de ropa todavía?"
"Me he cambiado" admitió Trunks en el mismo tono de voz lineal que había usado hasta el momento, vacío, totalmente carente de emoción. "Pensé en revivirlos ayer, cuando llegué a casa, pero los investigué. Quería saber qué querían hacerle a mi hermana y... no me gustó nada lo que vi, lo que habían hecho. Les han arruinado la vida a tantas chicas, a tantas familias, han matado y han corrompido a tantas personas que... no podía dejarlos ir. El mundo no estaba en paz solo con cuatro muertos"
Goten no daba crédito ante lo que oía y él lo sabía. Podía prevenir su violenta reacción, podía ver en sus ojos lo poco que le gustaba esa situación, cuánto lo desagradaba en ese momento, cuánto asco y temor podía sentir por aquel al que llamaba mejor amigo. Acababa de hacerlo partícipe de algo tan vomitivo como chocante, y Trunks era muy consciente de ello. Era como confesarle a un santo un asesinato y obligarle a guardar el secreto a costa de lo que sentía por esa persona. Le estaba poniendo en el mayor aprieto y compromiso de su vida, empujándolo a los límites de la moral y la amistad. Definitivamente no era un buen amigo al haberlo hecho, pero no de no contar con él, toda esa presión habría salido por otro lado, y no quería saber dónde habría acabado. Imaginarse a su madre poniendo el grito en el cielo, carcomiéndose por dentro y reprochándose el no haber actuado como una buena madre cuando el problema era exclusivamente suyo no era una solución. Por otro lado, podía saber cuál sería la reacción de su padre; callaría y posiblemente le diría que ese era asunto suyo, que se lo hubiera pensado antes de actuar y que achacara con las consecuencias. No le juzgaría, y eso era precisamente lo que Trunks necesitaba que hicieran. Que lo juzgaran.
Un tribunal humano no podría juzgarle, y tampoco su familia por mucho que lo amaran. Solo había dos personas en el universo que Trunks consideraba lo suficientemente puras como para echarle algo en cara, y una de ellas era la chica que amaba desde que tenía uso de razón. La otra estaba frente a él. La respuesta fue rápida y contundente, y aunque podría haber hecho algo para detenerla, no lo hizo.
Goten casi le rompió la nariz con ese puñetazo que le hizo estrellarse contra el escritorio, prácticamente de boca. Trunks se agarró a él para no caer al suelo y sintió la sangre descendiendo por su barbilla. La escupió sobre los apuntes de la universidad y se mantuvo quieto, casi disfrutando de esa sacudida como si en ella estuviera implícito el perdón.
"Tú no eres nadie para juzgar a los humanos. ¡Tú no eres nadie para matarlos, tú no eres nadie para jugar a ser un justiciero! Sé que estás mal desde hace tiempo y sigo sin entender a qué demonios viene ese maldito conflicto interno que tienes. Parece que ya no sabes diferenciar entre el bien y el mal, Trunks, y Bulma no te ha criado para que seas incapaz de verlo. ¿Tienes idea del daño que le harás a tu madre si se entera de esto? No, borra eso. En estos momentos ni siquiera tu padre estaría de acuerdo con tu forma de actuar. ¿Qué diría Marron sobre esto, Trunks? ¿Qué diría ella?" fue en esa parte del discurso donde pareció reaccionar. Sabía distinguir entre el bien y el mal perfectamente porque Bulma lo había criado bien, y de no ser así, no estaría tan mortificado, no habría acudido a Goten con semejante desesperación y no tendría unos dolores de cabeza tan agudos cada vez que tenía esa clase de pensamientos que había intentado reprimir durante tanto tiempo. Sus remordimientos eran horribles, pero no más agudos que ese instinto homicida que algunas veces sentía refulgir en su interior.
En un principio se lo había achacado a su padre, a la manera en la que estuvo presente en su vida, a sus genes, a cualquier cosa que viniera de él. Luego se dio cuenta de lo fácil que era culpar a otros cuando el problema venía de él. Vegeta había aprendido a controlarse, pero él no estaba tan seguro de poder hacerlo, y no tardaría en volverse loco. Su mente, su instinto, su moral y sus sentimientos... todo estaba en conflicto y ya no sabía qué hacer para arreglarlo.
"No se lo digas a Marron, por favor" susurró, aunque sabía perfectamente que Goten nunca lo traicionaría de esa manera por mucho que hiciera.
"Como sigas haciendo cosas así, lo haré. Se enterará todo el mundo de esto" le oyó decir con voz gangosa, amenazándole pero sin hacerle sentir el menor temor. Goten era demasiado buena persona incluso para eso por mucho que lo comprometiera. Lo conocía y sabía que cargaría con la culpa a no ser que las circunstancias le superaran de manera estridente. "Tienes que cambiar eso, Trunks. Tienes que cambiar ya. Esto no puede seguir así y lo último que quiero es tener que ocuparme yo mismo de ti o ver a mi familia atentando contra mi mejor amigo. Pero no puedo ayudarte si tú no me ayudas primero, no puedo..." Goten calló. Trunks oyó los sollozos bajos, los jadeos y casi la hiperventilación por ello. Gran parte de esa reacción no solo se debía a su estado de repentina ansiedad, sino también a la represión, a sus ganas de darle la paliza de su vida reprimidas fuertemente por la presencia de sus padres a unos metros de distancia. Pudo ver de reojo cómo se desplomaba sobre la cama y hundía la cara entre las manos. Acto seguido le oyó llorar.
No era la primera vez que le oía llorar. Del dúo implacable que formaban, Goten se mostraba mucho más abierto, relajado y atrayente, y a menudo eso provocaba que la gente le hiciera daño por confiarse demasiado. Era una persona que carecía del orgullo del que Vegeta hacía gala. El único motivo por el que no le gustaba dejar que otras personas le vieran llorar era porque no le gustaba causar problemas ni hacer que los demás cargaran con sus miedos, pero con Trunks era diferente. Lo había visto llorar muchas veces, la mayoría por chicas de las que se había enamorado, donde las cosas no salían muy bien. Le había visto llorar incluso por romper con una chica que no le gustaba, solo por pura empatía, casi culpándose a sí mismo por no ser capaz de corresponderla. También lo había hecho a la entrada de la adolescencia, cuando intentaba superar a su hermano y no podía evitar sentir celos al ver que Goku compartía la atención entre los dos. Amaba tanto a Gohan, que se sentía mal por los celos que no podía evitar sentir. Amaba tanto a su padre que se sentía mala persona porque parte de él sintiera un gran rencor por los años que no estuvieron juntos. Podía jurar que a quien más amaba de la casa era a Chichí, tanto que también se sintió mal por mudarse a la capital y dejarla sola, aunque estuviera con su hermano, su suegra, su pequeña nieta y con su marido.
Goten no podía evitar amar todo y a todos, y eso le jugaba malas pasadas. Incluso a él, que no se sentía con el más mínimo derecho a recibir ese cariño, le pasaba.
"Te quiero, tío" le oyó confesar a su espalda. "Te quiero, pero odio que me hagas esto" Trunks lo sabía, y no lo habría hecho de no sentir que necesitaba desesperadamente que alguien le dijera lo mal que estaba actuando, que alguien lo frenara. Sabía que hacía mal de alguna manera, pero todo era por un bien mayor, o eso intentaba inculcarse a sí mismo. La realidad era que la furia y algo más lo mantenían totalmente doblegado desde hacía tiempo. "Está bien... podemos arreglarlo" aseguró él, concienciado, recuperando la compostura, limpiándose los ojos con el antebrazo. Trunks le miró, silencioso, imaginando a qué se refería con esa última proposición. "Buscaremos las bolas de dragón y los reviviremos. Lo arreglaremos y nos olvidaremos de esto, pero no puedes volver a matar a ningún humano, Trunks. Nuestro poder solo debe ser usado para luchar y defender, pero no para destruir, y mucho menos a seres más débiles que nosotros. Prométeme que no lo volverás a hacer, Trunks. Prométemelo"
El susodicho permaneció en silencio, inalterable. Se apartó del escritorio poco a poco y se llevó una mano a la boca ensangrentada, limpiándosela con el dorso de la mano despacio. Su desesperación inicial, esa que lo había guiado hasta allí, había desaparecido para dar paso a un vacío que podía verse claramente en sus afilados ojos azules. Pasó de ahogarse en su propia angustia a no sentir nada.
"No puedo prometértelo, y tampoco quiero que utilices las bolas de dragón para revivir a nadie" Goten pestañeó. Esa fue su única reacción mientras procesaba lo que su mejor amigo intentaba decirle. Se limpió otra vez las lágrimas con el antebrazo y moqueó.
"¿Qué?"
"No lo has entendido, Goten. Yo..." Trunks se volvió entonces. Por primera vez aquella noche tuvo suficiente valor como para mirarle a la cara, y lo que Goten vio en él no le gustó nada.
Malicia. Sus ojos brillaban con malicia, no inocente ni traviesa como muchas veces le había visto, sino puramente demencial. Cuando sus labios se ensancharon en una sonrisa que nada tenía de remordimientos, Goten sintió que la persona que había frente a él no era su mejor amigo. Era alguien a quien ni siquiera conocía, un enemigo... alguien que estaba en los límites de la locura.
En menos de un segundo se vio empotrado contra la cama con ese desconocido encima, con sus fieros y despiadados ojos azules atravesándole el alma. Con sus duras manos presionando su cuello, robándole la respiración, aplastándole la tráquea y la nuez. Se sacudió e intentó golpearle, pero sus golpes carentes de oxígeno de nada funcionaron. Se aferró a las muñecas tensas y lo observó mientras lo estrangulaba totalmente dispuesto a acabar con su vida.
"No lo entiendes, Goten. Yo lo he disfrutado. Lo disfruto. La verdad es que me gusta matar aunque intente hacer ver que soy bueno. Yo no soy como tú y tu familia. Yo no soy como mi yo del futuro. Yo no soy bueno, ni pacífico... y me gusta asesinar" Goten pataleó como pudo e intentó hablar. Cuando Trunks empezó a notar que la resistencia estaba cobrando fuerza y que podría sacárselo de encima en cualquier momento, decidió ponerle fin al juego. "¿A que eso no te lo esperabas, mejor amigo?"
Y entonces le rompió el cuello. El crujido atravesó sus oídos instantáneamente y llegó hasta su cerebro, sacudiéndolo como si le hubiera dado una gran descarga, y eso tuvo una reacción inmediata.
Trunks abrió los ojos, pegó un saltó sobre el asiento de su escritorio y agarró instintivamente la mano que se había aferrado a su hombro. Se giró y vio la expresión preocupada de Goten a su lado, observándole, analizándole. Vivo y con el cuello en su sitio. Abrió la boca para hablar, pero solo un gemido ahogado emergió de ella. Se situó poco a poco. Estaba en su cuarto, era de noche a juzgar por la penumbra que reinaba salvo por el pequeño foco que colgaba de la pared para facilitarle el trabajo nocturno, y no estaba manchado de sangre. De hecho, todavía llevaba puesto el traje de chaqueta oscuro que llevaba cuando iba a la corporación y sus gafas descansaban desordenadas sobre el escritorio, casi aplastadas por el peso de su cabeza después de escurrirse por su nariz a causa del sudor frío y la humedad de sus mejillas.
Miró a Goten con el corazón en un puño, casi hiperventilando, sin aire, como muy pocas veces había estado.
"Ha sido una pesadilla" oyó que le decía su amigo. "Te has quedado dormido sobre los informes semanales" Trunks dio gracias a ello, con la visión enturbiada por su propio sudor. Consiguió relajarse aun más cuando Goten le sonrió como solía hacer, siempre feliz y amablemente. "Trunks... ¿puedes soltarme? Si aprietas un poco más me vas a romper la muñeca" le avisó, y él lo hizo al instante al ver sus nudillos blancos sobre unos huesos que empezaban a ceder. Cuando lo hizo, su amigo contuvo un suspiro de alivio. "Siempre te he dicho que trabajar hasta tarde no es sano, pero el jefe nunca hace caso a su relaciones públicas." Trunks no respondió, todavía demasiado alterado como para hacerlo. Se llevó una mano a la corbata que todavía estaba anudada a su cuello y tiró de ella con agobio. Cuando no fue capaz de quitársela por el temblor y el sudor de sus manos, se la arrancó de cuajo y dio un golpe sobre el escritorio. "Schhh" le chistó su amigo, y acto seguido hizo un movimiento de cabeza con el que desvió su mirada hacia la cama. Sobre ella, también ataviada con la ropa de oficina, con informes todavía sobre las manos y las piernas encogidas, estaba Marron profundamente dormida. "A diferencia de mí, no podía dejar que su jefe trabajara solo hasta la madrugada. Supongo que soy más irresponsable que ella" se rió él.
Trunks los observó a los dos antes de levantarse de la silla rotatoria para ir su cuarto de baño propio. Ambos, tanto el cuarto que hacía de despacho al mismo tiempo, como su cuarto de baño, eran desproporcionadamente grandes. Solo el cuarto de baño ya tenía el tamaño del salón del apartamento donde Goten vivía desde que se había independizado. Trunks anduvo rápidamente hasta la placa ducha mientras se sacaba la chaqueta y la camisa y las arrojaba al suelo con infinito asco. Abrió el grifo del agua fría y se metió dentro. Al ver que no era suficiente con mojarse la cabeza, se metió entero sin quitarse los pantalones ni la musculosa.
"Eso, moja tus pantalones de marca" comentó Goten con sarcasmo, siguiéndolo de cerca y apoyándose en el marco de la puerta para seguir la conversación. "Se nota quién ha estado toda su vida rodeado de lujos y quién no" se rió.
"Goten, por favor... no puedo..."
"Ya lo sé" a veces, muchas veces, sus comentarios eran suficientes para calmar a Trunks, pero por lo visto esa vez no era una de ellas. La pesadilla debía haber sido realmente fuerte esta vez como para que su sola presencia no pudiera relajarle.
Vio cómo el resto de la ropa empapada saltaba por encima de las puertas de la enorme placa de ducha, esa que Trunks había instalado librándose de la bañera porque estaba demasiado ocupado como para tomar baños... y porque cuando tenía pesadillas, el agua fría de un grifo era mucho más rápida que esperar a que se llenara la bañera
"¿Dónde estabas?" le oyó preguntar a través de la puerta semitransparente. "¿Te he despertado?"
"No. Estaba con mi padre en la cámara de gravedad, intentando animarlo un poco con Gohan. Está decaído, ya sabes. No puede alcanzar el nivel 2 todavía, y tu padre no ha vuelto, así que está más desmotivado de lo normal. Sigue entrenando incluso ahora" Trunks detectó la energía de Goku todavía activa en el jardín trasero de su casa. Detectó, también, el constante movimiento de Chichí en la cocina de la corporación, y casi pudo oler la comida que preparaba con tanto fervor aunque estuvieran en el otro lado de la mansión.
"¿Qué hora es?"
"Son las cuatro de la mañana" Trunks bufó. "¿Has vuelto a soñar con Marron?" se atrevió a preguntar Goten. Su amigo tardó largo tiempo en responder, sacudiéndose el sudor con el agua helada. Por suerte, esta le disipó las ideas y calmó su inquieta mente, aunque el martirio seguía azotándole.
"No. Esta vez no" la respuesta fue clara y Goten entendió el mensaje implícito que había en ella. No quería hablar del tema. "El estrés me está jodiendo otra vez. No tiene importancia"
"¿Estás seguro de que es solo estrés? Tienes estas pesadillas desde la noche en la que viniste a mi casa y..." Goten negó con la cabeza fuertemente, a sabiendas de que ese tema no era algo que su amigo deseara tocar ni de soslayo, y él tampoco deseaba sacarlo a colación, nunca si podían evitarlo. "Bueno, ya sabes, desde hace años. Antes podías controlarlas, pero desde que aparecieron los boburrianos... esto se ha vuelto una locura. Ya no es solo una vez cada varios meses. Ahora es cada semana, y esta es la segunda vez en esta. Deberías contárselo a alguien. Sabes que Gohan es discreto y no te juzgará..."
"No" zanjó él con una negación brutal, sin posibilidad de discusión. "¿Sabes qué es lo que sueño, Goten? No, no tienes ni idea. Es imposible que le cuente a alguien todo lo que hay en mi cabeza, es imposible que hable sobre las veces que he soñado que me convertía en un maldito carnicero o las veces que he soñado que violaba a..." Trunks calló. La mirada de Goten se desvió automáticamente hacia la cama donde Marron dormía, tranquila y sin el más mínimo síntoma de contratiempo. En el interior de la mampara de la ducha, oyó a su mejor amigo soltar un gemido lastimero, tal vez preludio de otros muchos. No lo sabía. Pocas veces le había visto llorar, ninguna siendo un adulto hecho y derecho. "¿Puedes llevarla a su habitación? No quiero que esté conmigo aquí"
"No le vas a hacer nada, Trunks. Son solo sueños y no puedes controlarlos. Deja de martirizarte por eso" antes de que Goten pudiera decir nada más, él lo calló con su propia voz.
"Esta vez he soñado que te mataba a ti" declaró, y Goten contuvo el aliento durante unos segundos antes de soltar un largo suspiro.
"Trunks, nos hemos criado juntos. No somos amigos, somos hermanos, y por mucho que quisieras no serías capaz de matarme, ni yo tampoco a ti. No te tengo ningún miedo sueñes lo que sueñes"
"De acuerdo" acortó simplemente. Goten sabía que solo le daba la razón porque estaba demasiado alterado como para hablar. Lo único que quería era que se fuera de allí y lo dejara a solas con sus pensamientos, y que se llevara a Marron junto a él. En ese plan no podía hacer nada para calmarlo, y sintiéndose un fracaso como amigo decidió dejarlo solo, tal y como quería.
Dio media vuelta y tiró de la puerta para cerrarla a su paso.
"Sabes que te quiero, tío. No importa lo que pase, sé que lo sabes"
Cuando la puerta se cerró, Trunks se llevó las manos a las sienes y las estrujó entre sus dedos, intentando por todos los medios reprimir los recuerdos del sueño, las mismas palabras emergiendo de la boca de su amigo en una señal de apoyo incondicional. Goten no era como él o como otros hombres de su quinta. El orgullo no le impedía decir lo que pensaba o lo que sentía, cosa que para otros resultaba una clara muestra de debilidad o de poca virilidad. A veces incluso a Trunks se lo parecía, lo que siempre había impedido que palabras como "te quiero" salieran de su boca, incluso con su madre o con su hermana. No había sido capaz de decirlas ni siquiera cuando Goten las había necesitado más que nunca.
Eso solo consiguió provocarle más sufrimiento.
Bajo el grifo de la ducha, Trunks esperó a que el sonido de la puerta de su cuarto al cerrarse apareciera, señal de que dos de las personas a las que más quería ya no estaban cerca de él, que inestable y tembloroso, suspiró. Luego estrelló su puño de hierro contra uno de los azulejos, reventándolo al instante para, acto seguido, soltar un fuerte grito cargado de frustración y rabia.
[...]
Baika observó atentamente la enorme nave espacial ya establecida en la amplia zona desértica donde meses atrás, ella y Bia se habían guarecido, ya bajo tierra. Hacía cosa de cinco minutos desde que el sensor de la nueva diadema de braummuro que utilizaba su compañera había activado la alarma que indicaba que sus compañeros estaban muy cerca, y poco después la gran nave atravesó la atmósfera y aterrizó justo sobre su base de acampada. Era tan grande que resultaba imposible que no hubiera atraído la atención, y los humanos se habían visto atraídos como moscas, algunos de ellos con armas de fuego que no lograron atravesar las pieles escurridizas de los boburrianos.
Antes de que la puerta de la nave se abriera, Baika ya había limpiado todo aquel lugar de vida humana, y sus cadáveres yacían en el suelo, rodeándola mientras esperaba. La compuerta se abrió, y lo primero que vio fue a Bumo, el boburriano de más edad de los pocos que habían sobrevivido. Tenía más de doscientos veinte años de edad y su control sobre la mente era excepcional. Aunque se alegraba de ver a alguien diferente a Bia después de tantos meses, ni una sonrisa emergió en su boca. Su compañera científica, que había estado encerrada y aislada durante la gran mayoría del tiempo, estudiando y analizando las composiciones de la atmósfera terrestre, además de recuperando los datos perdidos, corrió hacia Bumo con emoción contenida. Había echado de menos su compañía como sabio científico que era además de guerrero, como su maestro más cercano.
Baika, sin embargo, había echado de menos a alguien más.
Con la espada de braummuro sobre su espalda y el pelo rojo sacudiéndose en el aire, Benkas descendió con rostro fúnebre hasta ella. Baika corrió hasta él entonces y sin más, lo abrazó. Él no le devolvió el abrazo en absoluto, pero permitió que lo tocara, que ya era más de lo que tenía pensado consentir.
"Lo han matado, a nuestro hijo. Lo han..."
"Lo sé" cortó él.
"¿Qué vamos a hacer ahora?"
"Matarlos, ¿qué otra cosa si no?" Baika se separó lo suficiente como para ver sus duras facciones. Un amago de sonrisa oscura empezó a emerger en ellas. "Ya no se trata solo de la princesa, esto es algo personal"
"No los subestimes, Benkas" otra voz se unió al coro en señal de advertencia. Del interior de la nave, la figura totalmente diferente y con una mayor semejanza con la raza humana apareció y caminó hasta alcanzar una distancia prudencial respecto a la hembra boburriana. Baika dejó ver una mueca despectiva cuando Paragus les habló con total familiaridad. "Puedes matarlos a todos, pero también tienen bolas de dragón, como en Namek. Pueden revivir si la situación se pone difícil"
"¿Estoy hablando contigo, maldito mono?" contestó Baika con infinito desprecio.
"No me importa" zanjó Benkas. Esquivó los brazos desesperados de Baika y anduvo hacia adelante, pensativo, para poco después dar media vuelta y dirigirles una mirada tenebrosa a la par que emocionada a sus compañeros. "Cuanto más difícil sea, más me divertiré"
Paragus contuvo una sonrisa. Aunque los boburrianos y los saiyans fueran totalmente diferentes tanto en mentalidad como en físico, siempre había excepciones, y Benkas era una de ellas. Lejos de desear la venganza de su hijo, lo que más ansiaba era divertirse en una batalla entre iguales para, después, reducir al contrario a la nada.
A veces Paragus juraría que podía ver algo de lo que había tenido su hijo en él. Sí.
Definitivamente tenían un sadismo muy parecido.
