Capítulo 47:
Tomando decisiones (II)
Que le llevaran el desayuno a la cama, en muchas otras situaciones habrías sido una perfecta manera de despertar, pero en su condición actual, simplemente era un recordatorio de lo débil que estaba.
Tanto Harry como Ginny habían sido más que amables con ella. Si uno estaba ocupado el otro se encargaba de cuidarla. De preocuparse si le faltaba algo, si necesitaba que le trajeran algo, de alimentarla y preocuparse de que tomara sus medicamentos como correspondía. Y Hermione se los agradecía inmensamente, pero comenzaba a sentirse incomoda. Sabía el esfuerzo que requería cuidar de alguien día y noche y para ella no era un juego.
— ¡Buenos días! —canturreó Harry, apareciendo con una bandeja de desayuno. Ella hizo un ademán de alegría, no muy sincero. — ¿Cómo te sientes hoy?
— Mejor —aseguró. Él pareció feliz de escuchar eso. — ¿Y tú?
— Yo, mejor que nunca. — La castaña no pudo evitar reírse.— ¿Qué?
— Suenas como si tú y Ginny… —comenzó riéndose nuevamente. — Ya sabes… típica mañana que amaneces más feliz que otras veces.
— ¡Hermione! —la regañó. — Y yo que creía que estabas enferma…
— Enferma, pero no ciega.
— De acuerdo, concentrémonos en ti —pidió. — aquí está un rico desayuno preparado por mí.
— ¿Tuyo o de Ginny?
— Mío —aseguró guiñándole un ojo. — Mi querida esposa me ha abandonado esta mañana, así que tendrás que conformarte con la deliciosa comida que he preparado.
— Me preocupa lo delicioso, porque desde pequeños que tenemos diferentes conceptos de esa palabra.
Ambos rieron recordando anécdotas pasadas. Todo eso parecía estar tan bien y a la vez tan mal. Las cosas no eran tan felices y por momentos eso era lo que más la entristecía; estar tan lejana de esa felicidad.
El pelinegro se levantó luego de un rato y se dirigió camino a la cocina.
— Que disfrutes el desayuno.
— ¡Harry! —exclamó ella rápidamente, deteniéndolo justo a tiempo.
— ¿Sí?
— ¿Te molestaría desayunar conmigo? No quiero estar sola.
— Iré por mi desayuno y vuelvo —respondió él.
Un pequeño sentimiento de tranquilidad la recorrió. Se acomodó mejor para ubicar la bandeja en sus piernas y probó el té. El líquido fue más que reconfortante, embriagándola de su sabor dulzón desde el primer sorbo.
Harry apareció minutos después con una bandeja para él. Se sorprendió de ver que prácticamente tenía los mismos alimentos que ella.
— ¿Estás a dieta? —se burló.
— Claro, es que me sobra tanta grasa. Tanto como a ti.—ironizó él, mostrándole su abdomen plano. — Solo quiero ser empático contigo, no sería justo ponerme a comer tocino cuando tú comes galletas de agua.
— De acuerdo, mala broma, lo entendí.
— Está bien —aseguró él. Luego tomó el control de la televisión y la encendió en un canal matinal. Para alegría de la castaña, no hablaban de ella ni de Ron. Su estómago se revolvió de solo pensar en él. De pronto dejó de tener apetito. — ¿Estás bien?
— Sí, solo no tengo mucha hambre, lo siento.
— Está bien, solo tienes que comer lo que quieras. No forcemos tampoco a tu estómago.
La castaña asintió y volvió a recostarse, acomodando su cabeza sobre la suave almohada, mientras Harry saboreaba sus tostadas, prestando atención a la televisión.
— Él está preocupado por ti ¿sabes? —dijo, para su sorpresa. Ella mantuvo el silencio, sin saber que decir. — Estuvo aquí hace unos días, diciendo algo sobre que habían tenido una reconciliación y luego… bueno, luego habían discutido de nuevo.
— ¿Cuándo estuvo aquí?
— Hace un par de días —le dijo. Un pequeño bichito hizo su corazón palpitar con fuerza. Ron había estado con Harry y Ginny la noche que desapareció.
— ¿Se quedó con ustedes toda la noche?
— Si —confirmó él, extrañado por la pregunta. Aunque pareció entenderlo segundos después cuando una clara expresión de ahora entiendo, se marcó en su rostro. — Supongo que no sabías.
— No —admitió avergonzada, por haberse puesto en evidencia.
— Creo que ustedes tienen muchas cosas de las que hablar.
— Te equivocas —lo corrigió ella. — Él no quiere saber nada más de mí.
— Hermione… —comenzó reprendiéndola. — Ese hombre te adora más que nada en este mundo.
— Me adoraba, tiempo pasado.
— Adora, tiempo presente.
— ¿Cómo puedes estar seguro de eso? —quiso saber, ladeándose para estar recargada sobre su lado derecho y tener vista de su amigo.
— Porque hoy hablé con él.
— ¿Ah sí? ¿Y qué te dijo? —preguntó como si no le importara mucho.
— Muchas cosas
— ¿Intentas hacerte el interesante?
— Intento que entiendas que estás más que interesada en saber qué es lo que me dijo, y si no quisieras saber nada de él no te comportarías así.
— No dije que no quisiera saber de él.
— ¿Entonces?
— Es solo que… —comenzó. — él dijo que lo mejor era que estuviéramos separados.
— ¿Y tú piensas lo mismo? —preguntó él. Su respuesta tardó es llegar. Para ella estaba claro que no. Prefería mil veces luchar por él que estar así, sintiéndose miserable por dentro cuando sabía que tenía la razón de su felicidad tan cerca.— Eso me imaginé.
El silencio se volvió incomodo después de un rato. Harry terminó su desayuno y entendió que probablemente ese era su momento de salir de la habitación y darle privacidad.
— Necesito verlo —soltó ella de repente, antes de verlo salir.
Harry se detuvo en seco. Retrocedió los pasos que había dado y le dirigió una mirada confusa. Suspiro abatido y se apoyó en el marco de la puerta.
— Lo siento Hermione —admitió Harry con evidente tristeza. Definitivamente no quería ser él, el que diera la noticia. — Su vuelo salió hace unas horas. Ron ya se ha ido.
Una buena cantidad de horas encerrado en un avión no era el mejor plan del día. Desde hace mucho tiempo odiaba esas situaciones y ahora no podía evitar sentir que se había equivocado en subir a ese avión. Bufó molesto y negando sacudió de su mente aquellas ideas. Él había tomado una decisión y lo correcto era cumplir con ella. ¡Nada de retractarse ahora!
— ¿Puedo ofrecerle algo? —preguntó la azafata por segunda vez consecutiva. — ¿Algo de tomar?
— De acuerdo —aceptó, sonriendo sin mucha alegría.
— ¿Qué prefiere tomar?
— Lo dejo a tu elección —respondió él, dedicándole una arrebatadora sonrisa.
La mujer asintió, mientras desaparecía en busca de algún trago que pudiera sorprenderlo. Ron ni se inmutó cuando la mujer le ofreció un pequeño vasito de Whisky en las rocas, así de simplemente agradeciéndole volvió a su pensamientos.
Odiaba usar el alcohol como método para olvidar, pero debía aceptarlo, nada podría borrar de su mente todo aquello que había pasado con Hermione. Había sido un año completamente loco, de pies a cabeza. Y no se arrepentía de nada, porque sabía que cualquier cambio habría causado que las cosas fueran diferentes y para él todo había sido perfecto. Bueno… prácticamente todo. Hasta unas mañanas atrás cuando pudo tenerla de nuevo en sus brazos. Besándola, acariciándola, amándola como nunca más podría volver a hacerlo.
Ella había dejado una marca profunda en su piel y probablemente jamás sería borrada de ahí. Sonrió melancólico recordando las sensaciones que la castaña provocaba en él y que posiblemente alguien más sentiría desde ahora en adelante.
La rabia le arremolinó en su pecho y un dolor punzante lo acompañó.
Al diablo con el amor.
Dolía demasiado como para desear volver a hacerlo.
¡Al demonio el maldito amor!
— ¿Cómo que se fue? ¿Cuándo?
— Hoy, hace unas horas —le informó él.
— ¿Cómo lo sabes? ¿Cómo puedes estar tan seguro? —exigió saber, mientras trataba de ponerse de pie, tambaleándose.
— Yo fui a despedirlo ayer y hoy fue Ginny. —le confesó.
Hermione entendió él porque la pelirroja no estaba en casa esta vez. Y por un segundo la envidia creció en sí misma, maldiciéndose por no ser ella la que lo viera partir por última vez.
Dolía como el mismo infierno.
Dolía más que las veces en que había sido decepcionaba.
Dolía mucho más que haber pensado que la había engañado.
Haberlo perdido, dolía muchísimo más.
— ¡Esto es una maldita mierda! —gritó enojada, derrumbándose en el suelo. — ¡No!
Harry se estremeció. Los gritos y sollozos desesperados de su mejor amiga y casi hermana, le dejaban en claro que eso le había destrozado el corazón. Jamás la había escuchado maldecir de esa forma, más que cuando su madre había fallecido. Y la entendió. Porque sabía que si perdiera a su esposa, estaría en la misma situación.
Se acercó a ella para reconfortarla, a pesar de que ella trató de alejarse. Pero Hermione finalmente cedió a su abrazo y lo presionó con toda la fuerza posible.
Los llantos aumentaron y se hicieron más fuertes hasta que pasada una media hora el cansancio la inundó de pies a cabeza. Su cabeza dolía como si hubieran puesto dinamita en ella y su cuerpo ya no tenía fuerza ni para sostenerla. Harry la tomó en brazos y la volvió a acostar, ella siguió sollozando suavemente y luego se quedó dormida.
Ginny llegó a la hora después, Harry le contó lo sucedido y ambos se desplomaron en el sillón agotados.
— Nunca llegué a pensar lo cabezotas que podían ser —soltó Ginny atrapando la mano de su esposo con fuerza. No le gustaría llegar a una situación como la de su hermano y Hermione. — Se aman y se comportan como un par de críos.
— El amor es difícil —coincidió él. — Y ellos son tan testarudos que no pueden si quiera escucharse y admitir lo que sienten.
— Pero esto se trata de algo más que eso. La fama los está volviendo locos. No en el sentido de subírsele los humos y cosas así, si no que están perdiendo el control de sus vidas. Todo eso de los paparazzis y los idiotas que se meten en su vida…
— ¿Siempre ha sido así de difícil para Ron? —quiso saber Harry, depositando un beso en la palma de la mano de la pelirroja. — Porque Hermione jamás había estado así. Digo después de lo de su familia, comenzó a salir adelante y nunca había tenido problemas con la prensa y todo eso.
— No han sabido manejar la fama.
— Cualquiera en su lugar —opinó el pelinegro. — Y sé que suena mal, pero tal vez un tiempo separados les haga bien.
— Sí, que se extrañen un poco —coincidió su esposa. — Lo que me preocupa es que Ron vaya a involucrarse con alguien allá. Sé que es mi hermano, pero lo conozco y no soy tonta.
— ¿Sabes? Yo opino diferente, creo que tu hermano está demasiado involucrado en esto como para tener cabeza para alguien más.
— ¿Tú crees?
— Ron no quería irse. —le confesó. Ginny se giró para prestarle completa atención. — No me lo dijo directamente, pero su expresión me lo decía todo. Y cuando supo que ella estaba enferma, prácticamente quiso correr a verla, pero le dije que lo mejor era dejarla descansar…
— ¿Por qué hiciste eso? —se molestó la pelirroja.
— Ginny, Hermione estaba casi muerta ayer y dudo mucho que haya querido verlo. Se pasó diciéndome que no quería verlo más y ahora de la nada dice que necesitaba verlo. Tuve que decirle que él ya se había ido.
— Pensé que se lo diríamos juntos, esta noche.
— Ella planeaba ir a verlo
— ¿Y eso no era una buena idea?
— Claro que no, Ron ya se había ido y su salud está muy débil aún.
— Solo espero que las cosas se arreglen. De todas formas Ron volverá para las festividades y ya que solo quedan un par de semanas, no será mucho.
— Contemos los días, porque ya quiero ver cómo va a continuar todo esto. —admitió Harry, abrazándola.
Esa noche no cenaron mucho, y tampoco Hermione, por lo que lo siguiente que hicieron fue ir a descansar.
Al día siguiente las cosas no fueron mucho mejores. Hermione se encontraba más cansada que nunca. Sus ojos estaban enrojecidos y no tenía energía ni ganas para desayunar, porque una larga noche de lágrimas la habían dejado exhausta.
Cuando Harry llegó con la bandeja de desayuno, ella le informó que no tenía hambre pero que se lo agradecía de todas formas. Él dejó la bandeja en la pequeña mesita al lado de la televisión y luego se recostó junto a ella.
— Vas a estar bien ¿lo sabes, cierto? —le aseguró él.
Hermione abrió sus ojos cansados y lo observó fijamente, buscando alguna pisca de mentira en ellos, pero no la había y eso la reconfortó.
— Eso espero.
— Lo harás, y todo estará mucho mejor, te lo prometo. —aseguró. Ella le sonrió débilmente. Harry se acercó lo suficiente para depositar un beso en su frente y acariciarle las mejillas con suavidad. — Además pase lo que pase nos tendrás a mí y a Ginny a tu lado. No vamos a dejarte sola.
— Ya les he quitado mucho tiempo, creo que será bueno que me vaya pronto.
— ¡No hables tonteras, Hermione! —la regañó él. — Nos encanta tenerte aquí, solo que tal vez no en esta situación. No queremos verte sufriendo.
— Tampoco quiero sufrir más.
— Entonces trata de no pensar en ello ¿de acuerdo? Todo mejorara en unos días y si no lo hace, nosotros nos encargaremos de que así sea.
— Gracias Harry —agradeció ella emocionada.
— No llores más —le pidió él arrugando su expresión, triste. — Y no tienes nada que agradecerme, sabes que eres como mi hermana y que haré lo que sea por ti.
Ella asintió sin tener fuerzas para decir una palabra. Estaba muy segura de que si decía un mínimo yo también terminaría estallando en llanto otra vez. Y ya que tenía como objetivo seguir adelante y acabar con eso de una vez, tenía que dejar de compadecerse de su situación. Había llorado varios días seguidos y era momento de dar un paso adelante.
Probablemente todavía le quedaban lágrimas que botar, pero ya era suficiente por el momento.
— Ayer y hoy hemos ido a ver a tu padre —le informó después de un rato, esperando que no se hubiera quedado dormida, porque su rostro parecía estarlo.
— ¿Enserio? ¿Está bien?
— Mejor que nunca —aseguró sonriente. — Y creo que es una buena idea de que tú también vayas a verlo ¿no crees?
— Me gusta la idea.
— De acuerdo, entonces ¿qué te parece mañana?
— ¿No puede ser hoy?
— Hoy apenas puede levantarte y más encima ni siquiera desayunar, así que como castigo… no. —bromeó él. — ¿Te alimentarás para que cambie de parecer?
— Tal vez más tarde.
— De acuerdo, pero tienes que hacerlo. Recuerda que enfermo que se alimenta no se muere.
Hermione soltó una risita adorable y luego asintió.
— De acuerdo entonces iré a avisarle a mi pelirroja que nos acompañaras en el almuerzo. Así que vamos haciéndonos ánimos, señorita.
— Suenas como mi padre.
— Tengo que comenzar a practicar, más adelante necesitaré saber cómo actuar con mis hijas. Además pienso que soy muy bueno dando consejos.
— Tus hijos serán muy afortunados —opinó la castaña sonriéndole sinceramente. Sus mejillas dolieron por el esfuerzo.
— Los tuyos también Mione.
— Supongo que ya sabes claramente para que sirve cada cosa en este lugar, así que no me preocuparé de enseñarte todo el lugar —informó Lucas, el director. — Y por lo que pude ver eres todo un experto en el modelaje.
— No es gran cosa la verdad, todo es más que nada lo que hacen en edición.
— Eres muy modesto chico —opinó dándole unas palmadas en la espalda. — Y debo aceptar que quedé muy impresionado con tu trabajo en Record Magic.
— Gracias.
— Hay mucha química, fuego del intenso entre tú y la chica esa con la que trabajaste, Granger…
— Hermione —corrigió él rápidamente, sintiendo un nudo en su pecho otra vez.
— Si, ella. Es muy linda y he escuchado que es una chica encantadora.
— Lo es —coincidió. La conversación no iba por el camino que le gustaba. Ella era mucho más que eso y todos deberían saberlo.
— No quiero ser imprudente pero pensé que ella vendría contigo. —admitió con evidente confusión. — He escuchado mucho de ustedes y sabía que estaban juntos.
— Si bueno, sobre eso… ya no más —informó con seriedad.
— Oh, lo siento, muchacho.
— No hay problema. —afirmó él, encogiéndose de hombros. — Entonces, ¿con que quieres que comience?
— Probemos con los estilistas a ver que nos recomiendan.
Probablemente lo que más quería en ese momento era hablar sobre Hermione. Pero también parte de él no quería hacerlo, porque eso solo significaba dolor. La extrañaba con cada parte de su cuerpo y la sola idea de imaginársela. Pensando sobre que podría estar ella haciendo en ese momento, lo hacía plantearse la idea de volver a Londres.
Y entonces recordaba que las cosas ya habían terminado para ellos.
Que ahora era un hombre responsable y dedicado a su trabajo
Eso, y que quedaba solo una semana para volver a casa. Tal vez eso sería suficiente para calmar sus ansias de saber de ella.
— Señor Weasley —lo interrumpieron, entregándole una caja. — Aquí está su pedido. Llegaron hace un momento.
— Gracias —respondió él.
— ¿Necesita que compre alguna más? Son las únicas que encontré.
— No, está bien. Por el momento serán suficientes.
El muchacho asintió y luego desapareció por donde mismo había llegado. Ron suspiró consiente de que no estaba obrando de la mejor forma. ¿Pero que más podía hacer? Era la única forma que tenía de saber de ella, sin arruinar las cosas.
Que hubiera exigido tener cada revista que la tuviera en su portada, no lo volvía un psicópata ¿cierto?
Solo era un fan más.
Un fan completamente enamorado de Hermione Granger.
Aquí estamos nuevamente, cada vez más cerca del final. La próxima actualización será el domingo así que atentos.
Muchas gracias por todo.
Nos leemos muy pronto :)
