Capítulo 48:

Tomando decisiones (III)

¿Sorpresa? ¿Decepción? ¿Resignación?

Sí, esas eran exactamente las palabras que podrían describir actualmente su proceso de… ¿Sanación?

Sí, también podría decirse así.

Ya habían sido casi dos semanas desde que toda relación con su ex–novio Ronald Weasley había terminado. Y a pesar de que seguía sintiéndose miserable por dentro, había llegado el momento de dar vuelta la página. Había pasado por situaciones traumáticas tantas veces ya, que le era imposible no aceptar que esto solo era una piedra más en su camino.

Después claro de que hubiera llorado todo lo que un ser humano podía llorar.

Después de que Harry y Ginny hubieran dejado de compadecerla.

Después de que fuera capaz de levantarse de la cama, sin pensar en su nombre y volver a llorar.

Ahora recién podía decir que se encontraba bien. Sana y tranquila.

— ¿Estás segura de esto? Puedes quedarte todo lo que quieras Hermione, no es un problema. De hecho es todo lo contrario, no recuerdo que nos divirtiéramos tanto los tres juntos. —aseguró Harry, abrazando a su esposa, mientras ambos observaban como Hermione guardaba sus cosas en una maleta y asentía repetitivamente.

— Es eso lo que me preocupa. —bromeó. — un poco más de tiempo aquí y terminaré por quedarme a vivir. Además, pienso seriamente que necesitan su tiempo a solas, porque cuál de los dos anda más… acalorado.

Tanto Harry como Ginny se sintieron abrumados por ello, y un amplio sonrojo cubrió sus rostros.

— Si es por lo de ayer, nosotros…

— No tiene nada que ver con eso, se los aseguro —negó ella rápidamente, antes de que pudieran repetirle la charla de "sentimos que nos hayas visto casi teniendo sexo en la cocina". — Ya me siento mejor y enserio necesito volver a casa, a ordenar y organizar mi vida otra vez.

— Nosotros ya nos preocupamos de limpiar la casa.

— Sí, bueno, creo que de todas formas necesito volver.

— Está bien —aceptó finalmente el pelinegro. — Pero que te quede claro que iremos a visitarte constantemente.

— No soy una niña, Potter —le aseguró cruzándose de brazos. — No desde hace mucho tiempo.

— Aun así, y no hay discusión.

— Esta bien —aceptó ella finalmente riendo.

Guardó las últimas tres poleras en su bolso y luego se volvió para seguirlos mientras todos bajaban la escalera. Dejó su bolso junto a la puerta y se acercó a Ginny para abrazarla con fuerza.

— ¿Estás segura que estarás bien? —quiso saber la pelirroja.

— Lo estaré —aseguró. Ginny asintió, mientras seguía abrazándola. — Muchas gracias por todo, me ayudó tanto tener estas mini vacaciones. Al fin puedo decir que estoy lista para volver al trabajo. Todo es por ustedes, gracias.

— No hay de qué.

Luego se giró a Harry y lo abrazó también.

— Muchas gracias, Potter. —susurró en su oído. El muchacho asintió, mientras la abrazaba con fuerza. — Gracias por todo, amigo.

— Siempre, para cuando me necesites.

— Supongo que con esto ya te debo un millón de favores.

— Probablemente un poco más que eso —bromeó él.

Finalmente se despidió de ambos y tomando su bolso en el hombro abrió la puerta del conductor y se deslizó en él. Ubicó su ropa en el asiento del copiloto y luego poniéndose el cinturón de seguridad encendió el motor. Hizo un gesto con la mano para despedirse y presionó el acelerador.

Harry y Ginny respondieron a su saludo de despedido y finalmente la vieron perderse por el camino de tierra, camino a la ciudad.


El día comenzaba a terminar para cierto pelirrojo. Un fuerte y caluroso viento se había colado por la rendija de la ventana y lo hacía desear con todas sus ganas el frio de Londres. Las sabanas comenzaban a estorbarle y el calor se volvía sofocante. Se recordó mentalmente que no estaba en su continente y que por tanto el clima claramente sería diferente por el resto de su estadía ahí.

Aún no lograba acostumbrarse al cambio de horario, el cambio de clima y seguía despertando por la noche, cuando se suponía que debía estar durmiendo. En esos momentos se dedicaba a llamar a sus padres para saber cómo estaban o simplemente encendía la televisión para distraerse un poco.

Un grupo de cajas se acumulaba a un lado de una mesa. Había varias revistas tiradas por el suelo y un gran sesto de basura le recordaba el episodio de la noche anterior. Había estado tan enojado con Hermione por todo, que entre la ira y la tristeza había desgarrado las páginas con fotos de ella. Luego por supuesto se había arrepentido, pero la idea de ver su imagen destruida lo había obligado a botar el resto de las páginas.

Todo parecía tan sacado de una película de drama, que siquiera le cabía la idea de ponerse a pensar lo mucho que había cambiado su vida.

Se dispuso a prepararse para dormir, además claro de que pronto aparecerían en su pieza con la cena. Se dio una ducha de agua caliente y alejó todo pensamiento o recuerdo de Hermione de su cabeza. Cuando volvió a la salita, encontró la cena lista y humeando con un delicioso aroma. Su estómago rugió y su boca salivó con entusiasmo.

— ¿Necesita algo más para esta noche? —ofreció la muchacha, que ya no parecía tan afectada de su presencia. Comenzaba a acostumbrarse aparentemente.

— ¿Tienen algún pastel? Me muero por algo dulce.

— Claro, ¿Qué tipo de pastel quiere?

— Algo con mucho chocolate y fresas.

La pequeña mujer asintió y luego se retiró.

Ron saboreó el café y el pan recién horneado y lo untó con diversas cosas. El placer de la comida en su boca era suficiente para sentirse agradecido esa noche. Tomó el teléfono que descansaba en la mesita de noche y marcó un número.

¡Hola cariño! —canturrió su madre. — ¡Buenos días!

— Noches —corrigió él.

Cierto, cierto. Noches. No logro acostumbrarme a esto del cambio de horario —le informó.

— Tampoco yo.

¿Cómo ha estado tu día, cielo? ¿Mucho trabajo?

— No tanto la verdad, pero comienza a cansarme esto de estar frente a los flashes de las cámaras tanto tiempo. Es casi como tener a mis paparazzis personales. —bromeó. Su madre rió.

¿Y te queda mucho trabajo aún?

— Para eso llamaba, me dijeron que estaremos listos con la primera etapa a más tardar en una semana.

¡Eso es maravilloso cielo!

— Así que probablemente me tengas molestando antes de navidad allá.

¡No digas eso, Ronald! No sabes cuánto te extrañamos aquí.

— Solo han sido un par de semanas, mamá —dijo él, riendo.

No me gusta que estés tan lejos. Supongo que este será el único trabajo que te tendrá lejos tanto tiempo ¿no?

— Estoy pensando en irme a China, tal vez.

¿QUÉ? —exclamó su madre ahogada.

— Solo era una broma.

No me pareció graciosa, tu broma Ronald.

— Mamá…

¿Qué?

— Yo… —soltó en un suspiro.

¿Estás bien?

Tomó una gran inhalación y se llevó una mano a la frente, evidentemente agotado.

— Solo es que… los extraño.

También nosotros, cielo. —respondió ella. — Solo queda una semana y nos veremos. ¿Estarás bien?

— Eso creo.

En eso sonó el timbre de su habitación. Se despidió rápidamente de su madre y se apresuró a abrir. Esperaba encontrarse a la muchacha con su pastel de chocolate y frutillas, pero en su lugar encontró a un grupo de sus compañeros de Hugo Boss.

— ¡Ey, Ron! ¿Listo para ir a dormir viendo porno? —bromeó uno de ellos.

— Oye, vamos a tomar unos tragos. ¿Te apuntas?

— No creo. —respondió el pelirrojo riéndose.

— ¡Vamos, no seas aguafiestas!

— Está lleno de periodistas desde hace semanas buscando algunas noticias de mí, así que no lo creo. —argumentó Ron.

— ¿Y vas a dejar que se salgan con la suya? ¡Vamos Ron, tú no eres así! ¿No quieres disfrutar de la noche caribeña?

— Esto es México idiota —le respondió otro, al rubio que había hablado, golpeándole el brazo.

— Bueno, entonces disfrutemos de la noche mexicana. —se corrigió el rubio

— Solo serán unos buenos bailes y un par de Margaritas, nada del otro mundo. —añadió un chico de cabello negro y ondulado.

— Te arrepentirás después, créenos —trató de convencerlo otro.

— Está bien, está bien. Dejen que me cambie y vamos.

— ¡Te esperamos en el bar! —exclamó el rubio, alejándose con el resto de sus compañeros, por el pasillo al ascensor.


Tal como pensó, Harry y Ginny se habían ocupado de dejar todo reluciente. Entonces pensó que jamás había visto su casa relucir tanto. Ni si quiera cuando su madre se preocupaba de que todo estuviera perfectamente ordenado y limpio.

Sonrió divertida por la situación y luego subió hasta su habitación para recostarse un rato. Estuvo un buen rato viendo televisión, luego leyó un libro y finalmente se puso a pensar sobre su vida. No fue una buena idea, porque aquel dolor punzante en su pecho, volvió en gloria y majestad. Así que momentos después finalmente cansada de pensar en sus problemas, se decidió a ir de compras. Necesitaba rellenar la nevera nuevamente y su estómago hambriento rugía por un poco de comida.

Comió algunas de las pocas cosas que quedaban. Se preparó un yogurt con cereales, un jugo y finalmente sacó un trozo de pan. Cuando sintió que calmaba su hambre, fue a cambiarse de ropa para llevar algo más cómodo y con lo que pudiera pasar desapercibida. Se puso unos leggins negros, una polera blanca simple y una chaqueta gris deportiva. Agregó a su tenida unos lentes de sol, un pequeño bolso de mano y unas cómodas zapatillas. Tomó las llaves de su jeep y se subió en él, emprendiendo camino hasta el supermercado más cercano.

Una vez que estacionó el auto, se bajó cerrándolo con seguro. Se acercó para tomar un carrito y comenzó a rellenarlo con todo lo que necesitaba lo más rápido posible. Notó que la gente comenzaba a mirarla más de lo normal, claramente reconociéndola. Nadie pareció dispuesto a acercársele, y lo agradeció porque por más que quería a sus fan, no estaba de ánimos para fotos. Continuó con su búsqueda de compras y luego se dirigió hasta la caja, donde tuvo que esperar su turno. No tardó mucho, así que a los minutos después estuvo pagando todo lo que había comprado.

Cualquiera habría creído una cifra exorbitante todo lo que había comprado, pero no estaba dispuesta a salir a comprar nuevamente al menos hasta dentro de unas semanas.

Le dio un billete de su vuelto al niño que envolvía las bolsas y luego salió del lugar sin hacerle mucho caso a los comentarios que hacían sobre ella. Empujó el carrito hasta la parte trasera de su auto y trató de ubicarlas correctamente para que no fueran a volcarse en el recorrido.

¡Hermione! —exclamó alguien.

Ella por supuesto se giró para observar a quien la había llamado y se encontró con un pequeño grupo de paparazzis.

¿Por qué has estado tan desparecida?

¿Por qué vienes a comprar sola?

¿Qué ha sucedido entre tú y Ron?

¿Por qué Ron se fue a Latinoamérica sin ti?

¿Es que intentaban torturarla? ¿Repetirle en su cara que él la había dejado?

¿Cuáles son tus planes para el futuro?

¿Qué planeas hacer ahora que tu contrato con Record Magic ha terminado?

¿Podrías hablarnos de cómo va tu relación con Ron?

Hermione dejó que continuaran haciéndole preguntas, con unas inmensas ganas de responderle a sus preguntas, pero prefirió no hacerlo. Cada palabra que saliera de su boca sería un paso en falso. Así que simplemente terminó de arreglar sus bolsas y luego se dirigió a su puesto de conductor. Los periodistas continuaron bombardeándola a preguntas incluso cuando estuvo dentro, con todas las ventanas cerras. Pero los hombres dispuestos a no perderse la posibilidad de conseguir cualquier noticia de ella, siguieron tomándole fotos por el gran ventanal principal.

Iba a encender el auto cuando en medio de todo el griterío de periodistas, escuchó su celular sonar. Se estiró para abrir su bolso y sacó el teléfono, justo a tiempo para atender.

— ¿Hola?

— ¿Señorita Hermione?

— Sí, con ella. ¿Quién habla?

Soy el doctor Worren. El señor y la señora Potter me llamaron para que la atendiera en su casa cuando…

— Oh, sí, lo recuerdo —lo detuvo ella.

Bueno, no quisiera molestar, pero llamaba para avisarle que sus análisis están listos. Le he enviado una copia a su domicilio y es necesario que asista a mi consulta para que podamos conversar de los resultados.

— Sí, no hay problema. Iré apenas pueda.

Que sea lo antes posible, es necesario tomar medidas sobre su situación.

— De acuerdo, gracias. —respondió comenzando a preocuparse. El doctor pareció decir algo, pero entre el griterío de los periodistas fuera de su auto le fue casi imposible entenderlo. — Escuche, ahora no es un buen momento, pero prometo que volveré a llamarlo en un rato. Gracias. Adiós.

Después de escuchar al médico despedirse también, cortó. Dejó su teléfono nuevamente en el bolso y se decidió a emprender camino a casa. Tratar de hacerse camino entre los paparazzis nunca le fue fácil, pero en esa ocasión no esperó mucho a que le dieran el paso. Presionó la bocina con fuerza y luego aceleró cansada de esas invasiones a su privacidad.


Sus ganas de salir se habían evaporado con tan solo ver las revistas repartidas sobre la mesa. La idea de Hermione y lo que pensaría de él si lo viera salir esa noche a un bar, eran suficientes para tratar de persuadirlo de su decisión.

— Puedo salir sin causar problemas —se dijo a sí mismo, mientras observaba su reflejo en el espejo.

Oh, claro que no.

— Sí, sí puedo. —se repitió, deslizando por sus brazos una chaqueta de cuero. — Y lo voy a hacer.

Esquivó por millonésima vez sus pensamientos y salió de su habitación. Hizo un recuento de sus cosas en los bolsillos y luego fue directo hasta el ascensor. Sus compañeros efectivamente lo esperaban en el bar del hotel, compartiendo un par de tragos.

— ¿Listo? —preguntó el rubio.

— ¿Dónde iremos? —quiso saber.

— Es una sorpresita —respondió otro de sus compañeros, con aire de misterio.

Todos rieron cómplices de aquel plan y arrastraron al pelirrojo al vehículo que los transportaría esa noche. Ron no opinó ni objetó nada, solo dejó que lo guiaran a donde fuera que lo llevaran. No tuvo mucho tiempo para imaginarse sus opciones, porque el auto se detuvo a las fueras de una discoteca. Había una gran fila esperando para poder entrar, cosa que ellos no tuvieron que hacer claro.

Un par de palabras con el guardia de seguridad y este los dejó entrar.

En el interior reinaba el aroma a tabaco y licor. Parecía ser muy elegante, pero el ambiente de fiesta no se lo quitaba nadie. Una multitud de personas bailaba en el piso inferior, mientras varias parejas coqueteaban, se besaban o toqueteaban en el nivel superior. En el final del pasillo se encontraba un amplio bar, repleto de hombres dispuestos a comprar más bebidas.

— Bienvenido al paraíso —le murmuró el más rubio de sus compañeros.

— ¿Así se llama?

— No seas tan preguntón, hombre —lo regañó este. Ron rodó los ojos, consciente de que nadie podía verlo con claridad. — Ve y diviértete un rato.

— Solo tomaré un par de tragos.

— También puedes bailar —aportó otro compañero. — Y quien sabe, tal vez alguna buena compañía de una preciosa mujer no te haría mal…

— Sí, no lo creo —rectificó Ron.

— Solo diviértete ¿de acuerdo? Te lo mereces hermano.

Ron asintió dándole unas palmadas en la espalda a su amigo. El grupo se dividió sorprendentemente rápido, así que cuando pensaba ofrecerles tomar un trago, sus palabras quedaron en el aire. Caminó lentamente hasta el bar y se apoyó en la barra, esperando a que la voluptuosa muchacha lo atendiera. Tardó más tiempo de lo normal, porque los incesantes gritos de borrachos y parejas, mantenían la atención de la chica lejos de él.

— ¿Me invitas un trago? —susurró una mujer con su tono más seductor.

Ron no escatimó en echarle una mirada a la recién llegada, llegando a una sola conclusión…

Ella no era Hermione.

— Lo haría si me atendieran en algún momento —mintió.

— Tal vez tengas que ser más cariñoso, para que te atiendan.

— No sé si valga la pena, realmente.

Hubo un silencio que Ron no logró definir. La mujer lo observaba con fiereza, casi como si esperara el momento adecuado para lanzarse sobre él.

— Soy Elena —se presentó ella finalmente.

— Ron —respondió él, sin mucho entusiasmo.

Meditó que cosas podrían estar mal con él. Porque estaba claro que no sentía ningún interés por aquella mujer y su mente divagaba muy lejos de ese lugar.

¿Dejaría en algún momento de pensar en que podía estar haciendo Hermione en ese momento y concentrarse en la belleza frente a sus ojos?

— Parece que estás con la mente en la luna.

— Algo así —confirmó él.

— Tal vez yo pueda hacerte llegar un poco más lejos —propuso ella, acercándose sigilosamente.

Ron entendió que en ese instante debía actuar con algún movimiento al estilo Weasley. Tiempo atrás habría dicho un par de palabras, y esa mujer estaría en su cama rogándole una sesión más de besos. Pero ahora más que eso, deseaba alejarse.

— Tal vez en otra oportunidad…

La decepción se expresó claramente en el rostro de la mujer. Ron notó perfectamente el momento en que la decepción pasaba a vergüenza y luego a orgullo. Un segundo después estaba nuevamente solo.


Una vez que su auto estuvo estacionado a las afueras de su casa, abrió la puerta y comenzó a trasladar sus compras. Le tomó más de tres viajes de ida y vuelta llevar todo lo que había comprado. Cuando la puerta estuvo cerrada, divisó el grupo de cartas que se arremolinaban junto a la puerta. Se acercó a recogerlas y camino con ellas hasta el sillón. Encendió la televisión y se quitó los zapatos. Leyó las cartas de deudas, rompió las de propagandas y analizó con detenimiento el último sobre que con el logotipo del laboratorio se destacaba por sobre todo. Su nombre residía en el borde inferior con una caligrafía de maquina perfecta. Lo abrió temerosa, recordando las palabras del doctor.

Pensó en llamarlo antes, pero la curiosidad de saber que podía ser la incitó a leer el sobre. Sacó el grupo de papeles de su interior y poco a poco los fue analizando.

Probablemente no sacaría mucho con leerlos, porque no entendía ni jota de lo que esas estadísticas y resultados significaban, pero decidió leerlos de todas formas.

Y en el último papel que leyó su mundo se derrumbó… nuevamente.


— ¿Es que estás ciego o eres gay? —preguntó su rubio compañero.

Ambos soltaron una sonora carcajada. Ron le tendió un vaso de los que acaba de comprar y lo hizo chocar con el de su compañero.

Los guapos modelos continuaron riendo de tontos comentarios, mientras poco a poco el resto de sus compañeros volvían con ellos. Todos comentaban sus conquistas y admitían que no estaba muy emocionante la fiesta.

Y todo habría sido así de bueno, si de un momento a otro un agudo dolor en su pecho no lo hubiera hecho gritar.

¿Qué demonios había sido eso?

¿Le iba a dar un ataque al corazón o algo?

— ¿Qué diablos…? —exclamó su amigo.

— ¿Estás bien? —preguntó otro, preocupado.

— Sí, no sé qué demonios fue eso. —respondió. — Supongo que ya me estoy poniendo viejo.

El grupo volvió a reír, pero conscientes de que la situación había sido muy extraña. Ron decidió no tomarle mucha importancia a esa repentina oleada de preocupación en su interior, y siguió saboreando su trago.


Casi como si un imán la atrajera, siguió el camino que por tantos años había recorrido en esa clínica.

— ¡Señorita! ¡Necesito su identificación para pasar!

— ¡Lily! ¡Es Hermione Granger, no tienes que pedirle identificación! —exclamó otra mujer, deteniéndola justo a tiempo.

Hermione sintió que todo se volvía en silencio y corrió hasta la habitación de su padre. Y una vez que estuvo fuera abrió la puerta de un tirón y la cerró con la misma fuerza, corriendo para desplomarse junto a su cama.

Entonces el llanto la consumió. Sus ojos soltaron todas las lágrimas existentes y no pararon en ningún momento. Cuando sintió que se ahogaba por la falta de aire respiró entrecortadamente y cerró los ojos por un momento. La cabeza comenzaba a pincharle y sus ojos pesaban cada vez más.

Sus labios al fin lograron separarse, para poder armar el grupo de palabras que necesitaba soltar.

— ¡Dios! — exclamó con desesperación. — Juré que saldría adelante a pesar de todo. Pero no puedo con esto. No de esta forma y sola. ¡Cielos, cielos, cielos!

El llanto se intensificó mientras la desesperación la inundaba en cada parte de su cuerpo. El dolor mezclado con la consternación no podía ser jamás una buena combinación.

¿Qué iba a hacer?

— Tienes que ayudarme, por favor —sollozaba, mientras su pecho subía y bajaba irregularmente. — No sé qué hacer, no puedo… yo no sé… ¡Cielos, ayúdame!

Lo único que lograba escuchar, eran sus dolorosos ruegos hacia su padre. Exigiéndole que despertara y la ayudara con todo lo que comenzaba a vivir en este momento.

— Yo puedo ayudarte… —susurró alguien. — Pero debes estar callada o esto se pondrá feo.

Hermione intentó mantenerse quieta.

Esa voz.

La amenaza.

Solo podía ser una persona.


— Creo que ya es hora de que vuelva —opinó Ron. — Sigo estando cansado con todo esto del cambio de hora. Y creo que mi metabolismo no se recupera tan bien como hace un tiempo.

— Está bien, compañero. Vámonos.

— No es necesario que vengan conmigo, puedo tomar un taxi o algo así.

— Ni hablar de eso. Vinimos juntos y nos vamos juntos.

— Estamos en otro país Ronald, recuérdalo. —agregó el rubio. — No queremos que nuestra estrella le pase algo malo. Piensa que nuestro jefe nos mataría si te perdemos.

Las risas volvieron a hacerse presente, cosa que Ron agradeció. La convivencia con sus nuevos compañeros era mejor de lo que se había imaginado. Pensó en las veces que se había llevado bien con sus compañeros de trabajo y una vaga idea de jamás lo atacó.

En ninguno de sus anteriores trabajos más que con Record Magic, las cosas habían andado tan bien. Y en eso cabía mencionar también que su relación con Hermione y el equipo, no había sido de lo mejor desde un inicio.

Entonces meditó sobre lo idiota que había sido, y que en cierta parte, se merecía todo lo malo que le sucedía.


— ¿Qu-que haces tú aquí? —se atrevió a preguntar, intentando ponerse de pie lentamente. — ¿Por qué tienes esa pistola?

— Digamos que mi única seguridad para mantenerte tranquila es que tenga esto entre nosotras.

— No… no es necesario. Podemos hablar como dos personas normales.

— ¿Y quién me asegura que no vayas a gritar como loca para que te ayuden?

— Nadie, pero tendrás que conformarte con mi palabra.

— Escúchame niñita, las reglas las pongo yo. Así que ahora te cayas y yo hablo. —amenazó. Hermione asintió y se sentó en la silla más cercana, temerosa de hacer un paso en falso y ganarse un disparo en la frente. — Sabes quién soy, todos los saben claro, pero ya que descubriste quien es mi marido, ahora eso nos convierte en enemigas. Tú tienes todo el amor y respeto de mi hombre y yo solo quiero que eso sea así para mí.

— Yo no…

— ¡Dije que te mantuvieras calladas! —gritó ella, fuera de sí. — ¡Claro que lo tienes todo eso! ¡Él te adora! ¡Solo tiene palabras lindas para ti! Y resulta que eso a mí no me parece… ¡Yo soy su esposa! ¡Yo soy a quien debe amar! ¡No a ti! ¡La estúpida chica huérfana!

— Escucha, Robert no me ama de la forma que piensas. Solo es como un padre para mí. —se aventuró la castaña. Todo su cuerpo temblaba, en cualquier segundo a esa loca se le podría escapar un disparo y su vida habría terminado. — Yo no lo amo, solo es mi jefe. Nada más que eso, te lo aseguro.

— ¡Eso no quita lo que él sienta por ti! —volvió a gritar ella.

— Te juro que jamás ha pasado ni pasara nada entre yo y él. Robert es como mi padre, nada más. Cielos, por favor, te lo ruego baja esa arma.

— ¡Yo decidiré cuando bajarla! —respondió la mujer a la defensiva. Hermione levantó su mirada a la mujer. El valor la impulsaba a mirarla a los ojos y descifrar que era lo que motivaba a Rita Skeeter para tratar de matarla. — Y ya que la única solución para que tu desaparezcas de su vida, es… matándote.

— ¡No, por favor! —suplicó Hermione, llevando sus manos en alto hasta su abdomen para abrazarse a si misma. — Por favor no lo hagas.

— ¿Sabes lo bien que se siente verte rogándome, huerfanita? Es casi tan bueno como saber que dejarás de interceder en mi vida.

— Yo no he hecho nada, por favor —continuó ella sollozando. Ese era su fin. Debía hacer algo, o moriría a manos de esa loca. — Ro…Robert fue a la cárcel… por ti.

La postura de Rita se volvió tensa. Todo en ella tembló y por un segundo creyó que la veía bajar la pistola. Pero ese movimiento fue tan leve, que parecía no haber sido verdad cuando la mujer volvió a apuntarla con sus manos temblando.

Si tenía suerte no lograría dispararle en algún órgano importante y tal vez podría sobrevivir.

— ¡MENTIROSA! —respondió finalmente con ferocidad, acercándose lo suficiente para poder darle una cachetada, que hizo arder su mejilla desde su ojo hasta la mandíbula. — ¡Eres una puta mentirosa! ¡Solo intentas confundirme para que no te vuele la cabeza de un disparo!

— El me lo dijo —murmuró en un tono casi inentendible. — El me confesó que no te delataría jamás. —la mujer se mantuvo en silencio escuchándola atenta, así que ese fue el momento de continuar. — Me dijo que jamás podría delatarte y que prefería ir a la cárcel en tu lugar. ¿Po…Por…Porqué crees que él fue detenido? Solo intenta protegerte.

— Más te vale que estés diciendo la verdad —la amenazó, retrocediendo nuevamente un par de pasos, hasta ubicarse a un lado de su padre. — Él es tu padre ¿no? —Hermione se mantuvo en silencio, sin intención alguna de responder. — ¡Te pregunté si es tu padre, puta!

— S-sí

— ¿Y por qué sigues manteniéndolo conectado a estas máquinas?

— Es la única familia que me queda —respondió mecánicamente. — Soy hija única, mis abuelos murieron y no tengo tíos.

— Es una historia memorable de novela ¿no crees? —bromeó ella. Hermione sintió la rabia crecer en su interior. — ¿Y qué pasaría si le pego un disparo en la cabeza? Probablemente no sienta nada de todas formas, así al fin puedas sentir una parte del dolor que yo siento, al saber que te metiste en los calzoncillos de mi marido.

— Yo no…

— ¡Cállate! ¿Qué no entiendes que no te he dado el permiso de hablar?

Su respiración era cada vez más irregular. Su cuerpo tembló descontrolado, suaves lamentos se escapaban de su boca y las lágrimas comenzaron a nublarle la vista. Le rogó a todos los cielos que si ese era su momento de morir, que al menos fuera sin dolor.

Entonces las cosas se volvieron sorpresivamente a su favor.

Por la ventana observó cómo atrapaban a alguien que se encontraba al otro lado de la puerta. Dan Wilson, nadie más que él. Y luego suspiró con desesperación, intentando hacerles entender a los que estaban afuera que ella estaba ahí siendo amenazada por una loca con pistola. Pensó en gritar con todas sus fuerzas o incluso correr, pero sabía que sería en vano. En su lugar conseguiría que le pegaran un disparo y eso habría sido todo.

Tembló de pies a cabeza cuando notó que uno de los policías, abría sus ojos desmesuradamente comprendiendo la escena en que se encontraba envuelta. Lo observó con desesperación como si esa fuera su última esperanza, que en resumidas cuentas, lo era.

Él hombre llevó uno de sus dedos a sus labios, indicándole que se mantuviera en silencio. Hermione asintió. Luego buscó con sus ojos a Rita, que observaba tranquilamente unas hojas y luego se volvía para mirarla.

Hermione desvió sus ojos a cualquier otro lugar, porque sabía que si le demostraba que sabían que estaba sucediendo, todo habría llegado a su fin.

— ¿Qué… que quieres de mí? —preguntó, tratando de distraerla de lo que fuera que tramaran afuera. — ¿Hay... algo que pueda… hacerte cambiar de idea?

— ¿Aparte de deshacerme de ti? —Rita pareció pensar con calma su respuesta. — No, la verdad no. Mientras antes salgas de mi vida, más rápido el podrá olvidarse de ti y todo volverá a ser como antes.

— ¿No lo entiendes? Si me matas nunca las cosas volverán a ser como eran. —se aventuró. Debía esperar. Su salvación estaba en mantenerla distraída. — Robert te perdonará si te disculpas con él y le dices… le confiesas que aún lo amas…

— ¡Robert no me cree, tonta! ¡Él ya no me cree! —respondió gritando. Continuó alzando el arma para amenazarla y luego comenzó a reírse como si todo fuera una broma. Ojala lo hubiera sido. — ¡Pensé que eras más lista, huerfanita! ¡Él es mucho para alguien como tú! Él definitivamente no sabe que lo mejor para él soy yo. Él me pertenece y tú has arruinado todo. Eso nos deja por lo tanto una solución y creo que ya la sabes…

De pronto la puerta se abrió con extremada fuerza.

— ¡Manos en alto! ¡Estás detenida, Rita Skeeter! —gritaron los policías blandiendo sus armas hacía la mujer.

Pero todo sucedió muy rápido y repentinamente.

La mujer dio un salto y por reflejo presionó el gatillo que tenía el arma, dejando libre una bala de grueso calibre. Hermione reaccionó con rapidez lanzándose al suelo, sin embargo el proyectil le rozó el brazo y se estrelló en la pared.

Los policías atraparon a Rita y rápidamente la desarmaron, tirándola al suelo para esposarle las manos.

Pero Hermione era apenas consiente de todo ello, porque su brazo dolía como si le hubieran quebrado todos los huesos del cuerpo. El dolor se apelmazó en todo su cuerpo y su corazón latió tan rápido que pensó que explotaría. Sus ojos no dejaban de lagrimear y pronto logró divisar como un charco de sangre se formaba junto a su cuerpo.

Y entonces en medio de todo el dolor y los instantes que intentaba mantenerse consiente, un sonido más allá de los gritos la hizo reaccionar.

Una de las maquinas que mantenían con vida a su padre, comenzaba a sonar con insistencia señalándole que algo no andaba bien. En ese instante escuchó gritos y vio enfermeras y doctores aparecer. Un grupo se arremolinó junto a ella y otro a un lado de la cama de su padre.

Quiso gritar.

Quiso decirles a los médicos que ayudaran a su padre.

Quiso saber que sucedía con Rita Skeeter.

Pero todo su mundo desapareció segundos después de que escuchara un ¡Llévenla a pabellón, debemos comenzar la cirugía de inmediato!


Cuando llegó a su habitación, no tuvo más energías que para tirarse sobre la cama. La temperatura había bajado considerablemente y junto con ella el sofocante calor. Las sabanas volvían a estar más heladas y el deseo de dormir lo motivó a levantarse. Se quitó toda la ropa y solo quedó con sus boxers. Abrió las sabanas de su cama y se recostó dentro, soltando un suspiro de satisfacción.

Pensó en que su cuerpo ya no lograba soportar tan bien las salidas de noche y que el cansancio era un tópico constante cada día. Pensó en su familia y lo lejos que se encontraba. Pensó en que su estómago rugía de hambre y en el pastel que descansaba sobre la mesa de su velador. Pensó que estaba demasiado cansado como para estirar su mano y tomarlo. Pensó en sus ganas de volver a casa. Y pensó finalmente en Hermione, antes de caer profundamente dormido.


Hermione no fue consciente de las largas horas que había estado inconsciente, hasta que reconoció a Harry y Ginny a un lado de su cama.

¿Dónde estaba?

¿Qué hacía en el hospital?

¿Y su padre?

¿Qué había pasado con Reeta?

— ¿Qué pasó con…?

— Fue arrestada —respondió Harry rápidamente. — Se la llevaron apenas estuvo esposada, o eso fue lo que dijeron los policías. ¿Cómo te sientes?

— Como si me hubiera pasado un tren por encima —admitió ella, cansada. Todo su cuerpo pesaba más de lo normal. Su brazo dolía y la cabeza le martillaba.

— Pero en un rango de uno a diez. Diez, es me voy a morir y uno, de maravilla… ¿Cómo te encuentras?

— Creo que en un sobreviviré.

— Bueno… eso supongo es algo bueno. —bromeó él.

— ¿Y mi padre? ¿Qué pasó con mi padre? Escuché el sonido de la maquinas funcionar otra vez cuando me dispararon. ¿Qué… que paso?

— ¿Por qué no descansas un poco? Ya hablaremos de eso más tarde. —le aseguró Ginny, acariciando su mano con delicadeza.

— ¿Qué significa eso? ¿Él…? —masculló. Ni siquiera podía decir la palabra, porque eso la destrozaría por completo.

— El doctor hablará contigo después. Ahora necesitas descansar, antes de que los detectives vengan a pedir tu testimonio de lo que sucedió.

Hermione no insistió más. No tenía la suficiente energía, así que prefería guardarla para cuando tuviera que escuchar de los labios del doctor la verdad.


El calor de un nuevo día lo comenzaba a despertar otra vez. Los pájaros cantaban, música resonaba en su habitación y Hermione lo esperaba junto al balcón.

¿QUÉ?

¿Hermione?

¿Qué hacía ella en su habitación?

Hermione —la llamó evidentemente sorprendido.

¿Qué sucede, cariño? respondió ella sonriéndole radiante.

Una sensación reconfortante lo recorrió al verla ahí sonriéndole. Su cuerpo reaccionó a su voz. Y la satisfacción de tenerla nuevamente frente a él parecía perfecto. Su esbelta figura se cubría tras la suave y delicada sabana. Por supuesto la luz hacía el efecto adverso al provocar que la tela se trasluciera, y toda su intimidad estuviera expuesta ante él. Un sonrojo cubrió sus mejillas, y recordó lo adorable que era verla abochornada.

¿Sabes lo maravillosa que eres?

No lo sé, tal vez tú puedas explicármelo.

Ron soltó una risa de alegría y asintió dispuesto a ponerse de pie y atraparla en sus brazos.

Claro que eso fue imposible, porque un feo y sonoro sonido nubló todos sus sentidos. Su visión se volvió borrosa un instante y después no la vió más.

¿Hermione? ¿Dónde estás? preguntaba asustado.¿Hermione dónde estás?

Mientras daba vueltas desesperado por todo el departamento, un segundo sonido igual al primero resonó en su casa.

Ron… Ayúdame, Ron…

¿Hermione?

Ayúdame Ron…

Por más que buscó por todo el lugar, la voz de Hermione no aumentaba en sonido, pero seguía siendo constante. Después de recorrer toda la primera planta de la casa, subió nuevamente a su habitación y ahí la encontró, junto a un charco de sangre. La sabana teñida de aquel tono rojo, presentaba uno de sus mayores miedos.

¡Demonios! ¿Qué pasó? ¿Por qué… porqué estás sangrando?

Fuiste tú acusó la castaña sollozando apenas.

Y-yo no fui aseguró él.

Ayúdame, Ron…

La impotencia de no saber qué hacer lo embargó en cada célula de su cuerpo. Mientras Hermione sollozaba pidiéndole ayuda, él solo le repetía una y otra vez que no se preocupara, que pronto llegaría alguien y que estaría bien.

No me dejes sola…

Nunca.

¿Me seguirás amando cuando haya muerto?

No te vas a morir, no lo harás.

No me olvides.suplicaba entre suspiros.

Jamás.

Ámame.

Toda la vida, mi amor.

Aquel brillo tan característico en sus preciosos ojos castaños, lentamente iba desapareciendo. Todo lo que había amado en ellos desaparecía dejando unos ojos fríos y vacíos. Su cuerpo helado y cada vez más pálido…

Ya no había más Hermione.

— ¡NOOOOOOO! —gritó con desesperación, mientras un fuerte sentimiento de ahogo lo atrapaba. — Demonios, no.

El sudor frio corría por su espalda como un fuerte recuerdo de su pesadilla. Sus manos temblaban mientras que su corazón latía desbocado. El miedo continuó haciendo su efecto hasta que su respiración volvió a acompasarse. Se recostó nuevamente y miró la pared de su habitación concentrado en recordar los recuerdos, más felices y agradables.

Solo había sido una pesadilla.

Ella estaba bien.

Solo una pesadilla.

Estiró su brazo para atrapar el control de la televisión y la encendió de un solo clic. Avanzó canal por canal buscando alguna noticia que le informara que algo malo había pasado, pero no encontró nada. Finalmente se dio por vencido y apagó la televisión nuevamente. Encendió la lamparita de la mesita de noche y observó la hora.

4:00 A.M.

Todavía había tiempo para descansar.

Apagó nuevamente la luz y se recostó. Envolvió las sabanas en su cuerpo y pensó en Hermione.

En la linda, maravillosa y perfecta Hermione que recordaba, tratando de alejar así la fea imagen de ella muerta.


— ¿Cuál fue la razón por la que entró tan apurada a ver a su padre? —preguntó un hombre con libreta y lápiz en mano, mientras otro se preocupaba de grabar la conversación.

— Había recibido una noticia… importante —agregó arrugando el entrecejo. — Y necesitaba estar con mi padre para procesarla.

— ¿No había nadie más en la habitación cuando llegó?

— No, nadie. —dijo rápidamente. Pero se detuvo a pensarlo unos segundos. — A menos que estuviera escondida en el closet o algo así. No me fijé en eso.

— Revisen el closet —pidió el hombre.

Un par de policías así lo hicieron, sin obtener muchas respuestas de todas formas.

— ¿Qué le dijo la señora Skeeter cuando la vió al principio?

— Me dijo que me mantuviera callada o que si no las cosas se pondrían feas. —repitió con las mismas palabras.

— De acuerdo, ahora reláteme que sucedió después.

Hermione continuó repitiéndole la historia desde el momento en que descubrió quien era la persona que la apuntaba con el arma, hasta que recibió el disparo en el brazo.

— Luego de eso no recuerdo nada más —admitió triste. — Creo que me desmayé.

— Tuvo mucha suerte, el disparo no provocó mayores daños.

¿Suerte?

Ese hombre no tenía idea de lo mala que era su suerte…

Una enfermera entró para volver a atender a Hermione, revisar su ficha clínica y preguntarle cómo se sentía. Al obtener buenos resultados, le pidió que la llamara en caso de cualquier cambio y luego de ello desapareció sin molestar a nadie.

— Bueno, creo que hasta el momento hemos conseguido todo lo necesario. En caso de que necesitemos más información, no dude que acudiremos a usted nuevamente. Estaremos avisándole de la situación, muchas gracias por su cooperación. Que se mejore muy pronto —dijo el detective, retirándose con su grupo de policías.

Momentos después no hubo mucha calma, porque apareció el doctor para informarle de su estado de salud y hablarle de su padre.

El miedo la dominó. Y pensó que su corazón fallaba otra vez.

El medico comenzó explicándole que habían hecho con su brazo al recibir el disparo y luego le dijo que lo que más necesitaba sería reposo y cuidado. Le habló de que no sería necesario mantenerla en el hospital si se sentía mejor al día siguiente. Finalmente cuando todo estuvo claro sobre su propia salud, recurrió al tema que a ella más le importaba.

— Su padre sufrió bastantes traumatismos. Su cuerpo no estaba lo suficientemente fuerte para actuar ante el paro cardiaco. Por consiguiente todos sus órganos comenzaron a fallar al mismo tiempo.

Eso fue suficiente para que un punzante dolor la dejara casi inconsciente nuevamente. El llanto continuó con los jadeos de desesperación y la falta de aire la mareó. Harry se acercó para abrazarla, mientras ella gritaba desesperada.

— Señorita Hermione, no lloré por favor. Su padre está bien y en recuperación. —añadió el médico. — Los cirujanos lograron controlar la situación justo a tiempo.

— Pero usted dijo…

— Creo que interpretó mal mis palabras.

¿Qué había interpretado mal sus palabras? ¡No había dicho nada positivo en toda la maldita frase! ¿Cómo pensaba que ella creyera que todo estaba bien?

¡Los doctores cada vez eran más estúpidos!

— ¡Esa no es forma de explicar las cosas idiota! ¿Cómo cree que voy a reaccionar si me dice que mi padre no estuvo preparado para el ataque? ¡Claro que no estaba preparado! ¡Estuvo por años en un maldito coma! ¿Qué esperaba? ¿Qué saliera corriendo a bailar? —exclamó consternada. — ¡No le diga jamás a un paciente de esa forma que su pariente no está muerto!

Harry y Ginny soltaron un par de risitas ante la situación. Las enfermeras los acompañaron, mientras observan a un avergonzado doctor. Él pareció sorprendido, pero luego asintió.

— Señorita yo…

— Escuche, lo siento. —se disculpó ella repentinamente, sonrojada. — No debí tratarlo así, es solo que me hizo pensar que mi padre… había muerto y eso me asustó, y yo…

— Está bien señorita Hermione, la entiendo. Creo que no elegí mis mejores palabras.

— Estoy de acuerdo en eso —afirmó ella. — ¿Cuándo puedo verlo?

— Está saliendo de la anestesia así que puede ir a verlo en cualquier momento. Preguntó por usted, de hecho.

Una sensación de satisfacción la embargó. Su corazón se hinchó de alegría y asintió emocionada.

— Iré por las enfermeras —se ofreció Harry. — Así podrás ir en una silla de ruedas.

— Puedo caminar —dijo la castaña.

— Prefiero que siga manteniendo reposo —intercedió el doctor. — Pero si quiere ir a verlo, será mejor que vaya en silla de ruedas.

— De acuerdo, de acuerdo —accedió ella finalmente. No era el momento para discutir por tonteras, iría hasta arrastrándose si se lo permitían.

Minutos después apareció Harry con un grupo de enfermeras. Harry se ofreció para levantarla y dejarla en la silla, así que ellas solo se preocuparon de que su brazo adolorido estuviera en una posición correcta y que el resto de su cuerpo no fallara. Ginny por otro lado fue la encargada de llevarla en la dirección correcta. La habitación de su padre, quedaba en un nivel más alto, así que tuvieron que tomar el ascensor y luego preguntar en la siguiente recepción por el Señor Granger.

Y una vez que les informaron de la habitación, Ginny aceleró el paso tan emocionada como Hermione.

La puerta se abrió y Hermione al fin pudo verlo.

Era su padre.

Aquel hombre con expresión desorientada, se fijó en ella.

Y le sonrió.

Su padre estaba vivo y le sonreía como si la hubiera extrañado demasiado.

Somos dos, pensó la castaña, mientras una cascada de lágrimas le nublaba la vista.

Al fin somos dos.


¡Hola mis queridos lectores!

¿Impactados? ¿Tristes? ¿Alegres? ¿Quieren golpearme?

He vuelto un domingo más, con este capítulo de larga duración. ¿A que no esperaban que fuera tan extenso? Bueno, pensé que lo mejor ahora que tan solo nos quedan dos capítulos es finalizar con estilo ¿no? jajajaja

Quisiera agradecerles una vez más por todo el apoyo. La historia ahora que llega a su final me ha dejado muy nostálgica y leer sus maravillosos comentarios son la alegría de todo.

Como siempre mes despido informándoles que el penúltimo capítulo será publicado el próximo domingo.

Comentenme que les ha parecido el capítulo y que creen que pasará.

¡Nos leemos muy pronto!