Sí, sí, hoy no es domingo, pero también sí, sí, he tardado tres semanas en actualizar. ¡Y ha sido agotador! pero ¿sabéis qué es lo bueno? Que he acabado el curso y los exámenes, y eso significa que tengo más tiempo libre, y más tiempo libre significa que... ¡actualizaré más deprisa! así que, dentro de lo que cabe, la cosa no está tan mal, ¿no?
Voy a comentar poco de este capítulo. Para empezar, es una especie de capítulo de transición para lo que viene en el siguiente episodio, pero eso no quiere decir que no sea importante, porque ocurre una cosa que... simplemente ocurre, algo que va a cambiar el trascurso de la historia otra vez y totalmente. Algo que, me imagino, muchos habéis estado esperando. No diré qué. Solo leed. Vuelve a ser un capítulo que le gustará más a chicos que a chicas por la batalla, pero es necesaria. Tened en cuenta que las batallas me cansan, así que no habrá muchas más xD. ¿Qué esperabais? ¡Esto es un fic de Dragon Ball!
Oh, sí, en este capítulo me gusta Bra especialmente porque su mentalidad sobre ciertos temas cambia, y para mejor. También me gusta la personalidad de los boburrianos porque de verdad están poniendo en un aprieto a los Guerreros Z. En cualquier caso, espero que este capítulo os guste. Colgarlo un día antes es un regalo para Jaz Min por subir un capítulo más de La primera y la última, y también un regalo para vosotros por toooooooodos vuestros rewiens *o* Cuantas más cosas me hacéis saber en ellos, más ganas tengo de escribir y más rápido lo hago, tenedlo en cuenta ;) Este capítulo vuelve a las 23 páginas de antaño, no es tan largo como el anterior, por supuesto. En cualquier caso, espero que os guste y que la pelea no os quite las ganas de leer, porque soy consciente de que muchos se aburren si no ven el romance de inmediato. Solo os pido que seáis pacientes y lo veréis. La auténtica prueba para la parejita principal está por empezar.
Sin más dilación, para vosotros!
Capítulo 20
Miedo
Día 195 (832 kilómetros al oeste de Ciudad Satán)
Vegeta se revolvió esa mañana con el sol demasiado alto como para ignorar su cegadora luz. Giró la cara, en balde, intentando rehuirla, pero el astro parecía enfocarle adrede, con intensidad. Se llevó una mano a los ojos y los tapó con el antebrazo. Luego bostezó, y su otra mano se agitó sobre la piel desnuda de Bulma, todavía dormida sobre su hombro, como de costumbre. Eso significaba que si se agitaba de más, la despertaría, gruñiría, y empezarían a pelearse... y llevaban una racha demasiado buena sin peleas como para estropearla esa mañana. Vegeta se resignó, clavando los ojos en el techo de esa pequeña casa cápsula que los había acogido por más de dos semanas. Su mujer, o su futura mujer según las reglas humanas, era previsora. O más bien, amante de la comodidad. De no ser por ella habrían pasado los últimos días durmiendo entre rocas como había hecho Vegeta hasta que Bulma fue a buscarlo, y aunque estaba acostumbrado a dormir así por sus expediciones de juventud, debía reconocer que ahora le resultaba bastante molesto.
Se había acomodado demasiado. Claro, eso era algo que nunca admitiría, y mucho menos delante de Bulma, a la que había acusado de floja y perezosa por hacer uso de su tecnología habitual en lugar de dormir a la intemperie. En realidad lo agradecía. Hacer el amor sobre rocas dolía, sobre todo si era él el que estaba debajo, y conociéndola sabía que no dejaría que fuera de otra forma si no había un sitio cómodo sobre el que recargar la espalda. Podría hacerse una herida, ¡qué calamidad! Mujer estúpida y quisquillosa. Si ella supiera... Oh, sí. Vegeta recordó entonces que ella ya lo sabía. Todo, además.
Y no le importaba.
El príncipe suspiró largamente. Bulma emitió un gemido cuando él estiró el cuello e intentó reconciliar el sueño, envolviendo sus hombros con el brazo que no intentaba ocultar los rayos del sol. Bostezó otra vez y apoyó la barbilla sobre su pelo azul. Luego cerró los ojos, tranquilo como no había estado en meses, no desde que Bra había empezado su entrenamiento. Un tema peliagudo le recorrió la cabeza. ¿Cómo le diría a Bulma lo que ocurría con su hija? Tendría que hacerlo tarde o temprano, y también debía explicárselo claramente a Bra. El único motivo por el que no había querido acercarse a su hija ni hablar con ella a pesar de la llamada de la noche anterior, era porque todavía no sabía cómo abordar la situación. Lo había pensado largamente y había llegado a la conclusión de que lo más propicio era mutilar su sistema reproductor de alguna manera para que no pudiera tener hijos, y sabía que Bulma, y tal vez Gohan, eran los únicos que podían hacerlo sin dañar nada más. Una operación no era suficiente. No podía quedar nada. Los alienígenas y demás seguirían llegando porque el ki de la hembra de Vegetasei seguiría insistiendo, pero ya no habría modo de que naciera un bebé mutante y eso sería un problema menos.
El problema en sí era que Bra estuviera de acuerdo.
No estaba seguro de qué actitud tomar frente a eso. ¿Debería obligarla aunque ella no quisiera? ¿Debería respetar su decisión? ¿Debería...? ¿Qué debería hacer? Podía ser demasiado traumático para ella, y aunque sabía que su hija era fuerte, no quería ser él el que le provocara tanto dolor. Si Bra sufría, prefería que fuera a causa de cualquier otro. Lo último que quería era que su hija lo odiara... todavía más. Le guardaba rencor, lo reconocía. Todavía estaba enfadado con ella, pero también temía que fuera al contrario y que los dos, orgulloso miembros de la familia real, se vieran encerrados en un círculo vicioso de odio y afecto paterno-filial del que nunca saldrían por culpa del orgullo.
Vegeta estaba casi seguro de que pasaría eso, porque si su hija no se disculpaba primero, no sería él el que lo hiciera por mucho que la quisiera. Se consoló vagamente en Trunks, con el que había hablado varias veces a lo largo de esas dos semanas de manera escueta. Actuaba como si nada hubiera pasado desde que tuvieron aquella conversación tan lejana en la que se enteró de todo lo relación con su hermana, y Vegeta no podía negar su alivio por ello. Bra siempre había sido la niña que lo había tenido encandilado desde el día que decidió no matarla, lo reconocía, pero aunque lo había pillado en una etapa de sí mismo en la que era más blando y abierto a sentimientos afectuosos, Trunks siempre sería el primogénito, y en parte era su orgullo de padre aunque no se mostrara muy receptivo con él. Por eso podía notar sus cambios. Por eso podía notar lo grave que se estaba volviendo su voz y los oscuros que se estaban volviendo sus ojos. Por eso podía notar que estaba empezando a ser algo más hostil, aunque fuera con vagas respuestas bruscas que se apresuraba a corregir. Su hijo era muy diferente de Mirai Trunks, mucho. Tenía mucho más de su padre de lo que tenía el pacífico hijo del futuro criado solo por Bulma, pero eso no le molestaba. Solo le hacía estar más pendiente desde la lejanía.
Y Vegeta sabía que Trunks era peligroso. Tanto o más que Gohan cuando se enfadaba y perdía los papeles. Era el ejemplo perfecto de padre de cría, de jefe de manada, de defensor familiar, quizás. La mayor parte del tiempo estaba tranquilo, pero cuando se sentía amenazado, cuando sentía que amenazaban a su manada, podía morder, desollar, jugar cruelmente y disfrutar de ello. Oh, lo sabía. Aunque Trunks pensara que no tenía ni idea sobre ello, sabía que había destrozado y desmembrado a una manada de humanos que formaban parte de eso a lo que llamaban la mafia. Sabía que la aparición de los boburrianos estaba sacando lo peor de él, esa parte oscura que solo pertenecía a su sangre saiyan, y no estaba seguro de cuánto tardaría en explotar y en volver a adquirir ese comportamiento tosco que había tenido durante unos años cuando pasó de adolescente a adulto. Había tomado la decisión de ser un hombre bueno y rechazar esa parte saiyan tan peligrosa... pero Vegeta sabía que no podía ser siempre bueno. Los instintos en su raza tiraban más que los sentimientos, y Vegeta solo había conocido a una persona que se había librado de esa maldición.
El hijo menor de Kakarotto, Goten.
Kakarotto solo era pacífico y compasivo porque se había golpeado la cabeza cuando era pequeño, pero no lo era de manera innata. Vegeta no sabía si algo de ese carácter sanguinario propio de su raza podía surgir en un momento crítico, pero la posibilidad de que la personalidad de Kakarotto se sobrepusiera a la de Goku estaba ahí, aunque fuera muy lejana y remota. Con Goten no había ese problema. Podía verlo en sus ojos pacíficos e incapaces de hacer daño a un ratón, con unos límites muy marcados a pesar de pelear con tanta voluntad como Trunks. Vegeta siempre había pensado que era un debilucho, probablemente el más débil antes de Pan y Bra, pero debía reconocer que era una combinación perfecta para Trunks. Su presencia mantenía controlado el instinto animal de su hijo, tan marcado por su juventud como le había pasado a él, tan marcado por sus propios genes y solo comparado con la furia de Gohan en ocasiones puntuales. Vegeta podía estar tranquilo por su hijo mayor.
Mientras su mejor amigo Goten estuviera cerca de él, no habría problemas.
Ser padre podía no ser muy duro, pero ser un buen padre lo estaba matando poco a poco. Has caído muy bajo, Vegeta, se dijo a sí mismo. Y lo peor es que ni siquiera te importa.
Bulma se agitó a su lado y abrió los ojos un rato después, todavía adormilada y pestañeando, con los ojos llorosos por la somnolencia. Vegeta la observó mientras se sacudía el pelo azul y alzaba la vista para encontrarse con sus ojos. Ella sonrió.
"Buenos días"
"Serían mejores si no me apresaras contra la cama cuando me despierto" Bulma se restregó los ojos y volvió a bostezar, separándose de él para sentarse sobre la cama.
"Es el único momento de romanticismo que hay entre nosotros, y no vas a quitarme eso"
"Sé realista, mujer. Solo te dejo hacerlo porque te vuelves insoportable durante todo el día si no lo hago" Vegeta colocó las manos bajo su cabeza en actitud despreocupada, observando cada movimiento de ella mientras se levantaba en su absoluta desnudez y buscaba su ropa interior por el suelo.
"¿Dónde está mi ropa?" preguntó, a lo que él se encogió de hombros.
"Entre la mía" Bulma se agachó y rebuscó entre las prendas que inundaban el suelo de la casa cápsula. Notó la mirada de su futuro marido clavada en su nuca y en el resto del cuerpo, y sonrió con superioridad, pavoneándose por ello. "¿Sabes lo que me haría realmente feliz ahora mismo, mujer?" Bulma alzó una ceja, imaginándose erróneamente por dónde iban los tiros, totalmente orgullosa de provocar esa reacción matutina. "Que me prepararas el desayuno y me lo trajeras a la cama. Eso me haría jodidamente feliz" la mujer puso los ojos en blanco ante la sonrisa burlona de él y negó con la cabeza.
"Eres inaguantable" le aseguró, colocándose las bragas para dirigirse a la cocina improvisada. Sus pechos se agitaban con cada avance y Vegeta los siguió con la mirada hasta que desaparecieron de su vista.
"¿Eso quiere decir que vas a preparármelo o no?"
"¡No pienso llevártelo a la cama, mono del demonio! ¡Y pienso quemar el baicon!" gritó desde la cocina.
"Si vas a ser mi mujer, tendrás que saber cocinar, como tu madre. Ya que no eres una princesa no aceptaré menos" Vegeta la vio aparecer por el umbral de la cocina para, acto seguido, lanzarle una chuleta de cerdo a la cabeza, algo que acabó impactando sobre la almohada dramáticamente cuando él se apartó en un movimiento reflejo. La observó y luego se volvió hacia una Bulma que se carcajeaba a su costa con la sartén todavía en la mano. "¿Cómo quieres que me coma eso? ¡Está crudo!" recalcó, y aunque intentó ocultarlo por todos los medios, una sonrisa divertida se posó sobre sus labios.
Una sonrisa que desapareció tan pronto como llegó.
Vegeta sintió el latigazo telepático por todas partes. Por una parte, sintió la ruptura del pequeño vínculo que tenía con el hijo pequeño de Kakarotto como parte de la manada de saiyans que vivía en la Tierra. Los hijos de Kakarotto estaban conectados a su padre, y este estaba conectado a él con gran intensidad por ser los únicos razas puras de saiyan además de rivales, lo que provocó que el impacto de la ruptura fuera intensa, aunque no tanto como lo que vino a continuación. Vegeta supo de inmediato que Goten había muerto y fue entonces cuando se percató de las energías que rondaban su cadáver, cada vez más intensas. Gohan y Pan estaban allí, y Gohan, maldita sea, estaba mandándole ondas de intensa ira a su cerebro.
Entonces llegó el segundo latigazo. Trunks.
Su odio prácticamente lo desestabilizó. Se llevó una mano al cuello, notando la intensidad de los sentimientos de su hijo azotándole la nuca, y supo entonces que estaba fuera de control, totalmente. Mierda. Vegeta se levantó de la cama y empezó a buscar su ropa de forma acelerada. No podía simplemente ignorar aquello, aunque no pudiera sentir la energía de los boburrianos. Estaba claro que Goten no había muerto así porque sí, por lo que la sospecha de que esos malditos habitantes de Boburia estuvieran allí, cerca de su hijo, le hizo darse aun más prisa.
"¿Qué pasa?" cuestionó Bulma, acallando sus carcajadas al ver la seriedad y la gravedad adquirida por Vegeta mientras se ponía la ropa. "Vegeta..." terminó de colocarse los pantalones y la miró para dar lugar a una de las expresiones más duras que le había visto en años.
"Goten ha muerto" declaró, escueto y raudo, dirigiéndose hacia la puerta de la casa cápsula con urgencia.
"Dios mío..." murmuró Bulma con los ojos desorbitados. "Goku..." fue su siguiente pensamiento.
"Ese imbécil no puede pelear ahora. Como no lo contengan no será más que un estorbo" pero Bulma no escuchó esa última oración, pues sus pensamientos acababan de dar con una última interrogante, más preocupante que la anterior.
"Trunks..." Vegeta salió de la casa cápsula y se concentró en la energía de su hijo. Sus dientes chirriaron cuando intentó establecer un vago vínculo mental con él, pero Trunks agitó sus pensamientos violentamente.
DÉJAME
Esa fue su agresiva respuesta, y acto seguido Vegeta sintió cómo alcanzaba un nivel desequilibrado de poder. Las cosas se estaban descontrolando a una velocidad de vértigo y esperaba no tener que noquear a su hijo por ello.
"No se te ocurra venir, Bulma" le exigió a la mujer, que lo miró con irritación mal contenida.
"¿De qué estás hablando? ¡Trunks podría...!"
"Trunks está bien" mintió. "Yo me encargo de esto, pero a ti que no se te ocurra moverte de aquí. ¡Y lo digo en serio!" Vegeta no le dio tiempo a responder. Sin más alzó el vuelo a una velocidad de vértigo y cruzó el cielo en dirección a Ciudad Satán tan rápido como podía. Notó, en última instancia una energía más. Una energía que lo hizo detenerse al instante con la cara desencajada. Bra iba a toda velocidad hacia allí y no tardaría en llegar al campo de batalla, atraída y desequilibrada por la muerte de Goten, contagiada también por la ira de su hermano.
"¡Joder!" gritó, y se transformó en súper saiyan de nivel 2 para aumentar el ritmo al máximo. Aun así, supo con certeza la verdad de una realidad difícil de aceptar.
Estaba demasiado lejos y tardaría mucho en llegar. Demasiado.
[...]
"¡Tengo que ir!" Goku se revolvió una vez más, y el resultado fue una brusca caída al suelo del jardín cuando todos sus amigos hicieron contra peso sobre él. Yamcha, Tenshinhan, Chaos y Krilín lo inmovilizaron contra el suelo a base de fuerza. Incluso el Maestro Roshi se acercó sin un ápice de vacilación y se sentó sobre su nuca, hundiendo su bastón sobre ella para impedirle alzarse del suelo.
"No puedes pelear así, Goku. ¡Es una locura!" le gritó Yamcha, forzando los tensos brazos de su amigo.
"Apenas puedes transformarte, y aun estando en el nivel 3 fuiste derrotado. ¡Es imposible, solo estorbarás!" recalcó Krilín haciendo fuerza sobre su espalda para que no se moviera. Chaos, agarrado de sus piernas, era sacudido de arriba a abajo con cada histérico pataleo.
"Esta vez no puedes hacer nada, Goku. Será mejor que se lo dejes a Vegeta. Él sabrá qué hacer" le aseguró el Maestro Roshi golpeando su cabeza insistentemente contra el césped.
"¡No lo entendéis! ¡HAN MATADO A MI HIJO!" tronó con la desesperación marcada en la voz.
"¿Qué?" aunque su tono fue débil, todos lo escucharon claramente cuando la palabra salió de su boca. Chichí y Videl observaron la escena tan pálidas como muertas. Instintivamente, la primera se llevó una mano al vientre cuando volvió a preguntar. "¿A quién han matado? ¿De qué estáis hablando?" su voz se apagó, sus cuerdas vocales temblando.
"¿Dónde está Gohan?" cuestionó Videl acto seguido. Corrió hasta la masa musculada que peleaba contra el ya no más fuerte del universo. La expresión de Videl bastó para que el Maestro Roshi se apartara cayendo al suelo, dando vueltas sobre sí mismo cuando ella agarró el cuello del gi de Goku y lo obligó a alzar la cabeza para mirarle a la cara. "¿DÓNDE ESTÁ MI MARIDO?"
"No es Gohan" Uub se acercó a su maestro con el ceño fruncido y los dientes apretados. "Gohan y Trunks están furiosos por la muerte de Goten. Como no se controlen se les va a ir de las manos"
"Goten... Goten ha..." empezó a decir Chichí, su palidez solo recalcada bajo un tono morado en una piel que empezaba a ser lamida por las lágrimas. "No es verdad... no es... mi niño... ¡Mi niño!" hizo amago de avanzar hacia adelante, desesperada, sin un ápice de razonamiento salvo la necesidad de corroborar esa gran verdad. La única que se apresuró a detener su exaltada reacción fue Marron, que descompuesta por la noticia y todavía reacia ante lo oído, la abrazó por los hombros y la retuvo a duras penas. "¡Suéltame! ¡Mi hijo, mi Goten me necesita! ¡Déjame ir! ¡DÉJAME!"
Entonces la desesperanza inicial pareció decaer, empalidecida por los gritos de la madre que había perdido a su hijo. Goku hizo amago de moverse una vez más aprovechando la distracción y el silencio, pero un pie con una fuerza mucho mayor que la de todos los demás se posó sobre su cabeza y la hundió contra el suelo, inmovilizándolo totalmente. A-18, cruzada de brazos, lo miró con gesto frío desde arriba.
"Tú no te mueves de aquí. Por una vez en tu maldita vida, vas a estarte quietecito y vas a dejar que actúen los demás" declaró la androide sin un ápice de compasión en la voz. Fue el susurro de Videl el que hizo callar a Chichí, que poco a poco empezó a derrumbarse entre los brazos de Marron, sin fuerzas y con las piernas temblorosas.
"Pan... Pan está allí... ¡Mi hija está allí!" gritó totalmente alterada. Alzó el vuelo para ir en su búsqueda, pero la mano de A-18 la agarró por el tobillo y la detuvo, como quien sujeta una pluma en el aire.
"Esta batalla no es para debiluchos. Ya que no podéis hacer nada, por lo menos no estorbéis. Si tú te metieras en medio podrías poner a Gohan en un aprieto, y es el más fuerte de los que están allí ahora mismo. No puede permitirse distracciones." Ella quiso replicar, quiso darle una buena coz a la androide en la cara, pero cuando lo intentó esta la sacudió y apretó el agarre de su tobillo en señal de aviso. El sudor empezó a descender por el rostro de Videl, casi equiparable a sus lágrimas. Fue entonces cuando Uub dio un paso al frente.
"Iré a ayudar" sentenció.
"Uub, tú no estás..." empezó a decir Goku, pero su alumno le dirigió una mirada decidida mientras posaba el dedo índice y corazón sobre su frente.
"No estoy pidiendo permiso, maestro" y antes de que nadie pudiera detenerle, desapareció.
Marron observó el panorama sin acabar de creerse lo que sucedía. Su madre seguía manteniendo a Goku al margen de todo aquel asunto, y a juzgar por los ojos ardientes de este podía asegurar que estaba revolviéndose en su propia ira. Dios mío... Goten ha muerto de verdad. Los brazos de Marron se aflojaron por la impresión y el repentino agujero que se instaló en su pecho. Un pequeño puchero que avecinaba el inicio de un torrente de lágrimas hizo acto de aparición. Siempre hemos estado juntos, los tres... Goten, yo y... pero antes de que sus pensamientos finalizaran, sintió a Chichí escurriéndose de sus brazos al borde del desmayo. Tuvo que hacer acopio de fuerza para mantenerla sujeta y no dejarla caer.
Trunks...
[...]
"¡Eso no va a funcionar!" Picolo dio un paso al frente. Su brazo cercenado insistía en volver a crecer provocándole un dolor cegador, pero el namekiano tenía otras cosas por las que preocuparse antes que por el dolor. A su lado, Pan lloraba en silencio sin acabar de reaccionar ante lo sucedido. Recuerdos de su alegre tío viajaban de un lado para otro, recuerdos de las veces que la había llevado al parque de atracciones cuando era pequeña, de las veces que la había paseado y le había comprado un helado cuando se sentía sola y triste por cualquier tontería adolescente a la que pocos le daban importancia. Recuerdos de cuando la había llevado al cine a ver películas de dibujos animados y ositos cariñosos que a ningún adulto le gustaban. El recuerdo concreto de aquel lejano día en el que se dejó ganar en el Torneo de Artes Marciales porque no quería pelear contra ella y hacerla llorar. Tampoco se enfadó el día que Pan se burló de su rubia novia y cortaron por ello.
Goten nunca se enfadaba. Con nadie. Goten tenía una amabilidad y sensibilidad genuina, innata, y no había el más mínimo de maldad en sus acciones. Había luchado por ella, por ellos, aun sabiendo que no tenía ninguna posibilidad, y la había salvado del enemigo. Goten era el menos dañino de los Guerreros Z y el más noble... y ahí estaba.
Muerto en brazos de su mejor amigo.
"Mátalo..." empezó a susurrar Pan.
Picolo lo notaba. El suelo temblando alrededor de la inquietante escena donde Trunks seguía abrazando el cuerpo de su caído amigo, el ambiente cargado no solo a su alrededor, sino también quemando el oxígeno alrededor de Gohan, difuminando el aire. Ninguno de los dos se movía, sus rostros todo oscuridad. Algunos escombros empezaron a agitarse en el aire, tambaleándose, temblando, con la gravedad rompiendo todos sus límites.
"Mátalo..." volvió a decir Pan a su espalda en tono lúgubre.
Benkas sacudió la espada de braummuro en el aire. La sonrisa divertida no había desaparecido de su cara todavía. Solo hacía falta observar las distantes expresiones de los dos guerreros para saber que la auténtica batalla empezaba ahora... y el boburriano lo deseaba con todas sus fuerzas. Sobre el cielo, Baika observaba la situación sin un ápice de confianza. Después de lo que le habían hecho a su hijo ni siquiera confiaba en que las capacidades del padre de este pudiera detenerlos, no cuando eran tantos híbridos. No cuando los habían enfadado hasta el extremo. No cuando el rey ni siquiera había aparecido. Quiso advertirle a su líder que incitarlos era una mala idea, especialmente cuando Benkas alzó un dedo hacia Trunks y lo instó a ir a por él.
"¿Por qué no dejas el cuerpo de tu amigo y vienes a vengarlo? Ya sabes... ahora es comida para los gusanos" Benkas no podía ver el rostro furibundo de Trunks, que con la cabeza gacha, mantenía los ojos enrojecidos en el rostro ensangrentado de su muerto amigo. En su cabeza no había sitio para las culpabilidades, aunque sabía que si hubiera llegado antes habría podido hacer algo. Si no se hubiera entretenido tonteando con Marron, si hubiera estado más cerca, si le hubiera sentido un poco antes... y ni siquiera había sido capaz de decirle cuánto lo quería. El hermano que nunca tuvo, unidos prácticamente desde antes de nacer. Había perdido algo más que el autocontrol. De su triángulo imperecedero, había perdido al más importante de los tres, y si no conseguía traerlo a la vida de inmediato enloquecería. De hecho, ya lo estaba haciendo. Benkas anduvo hasta el joven, impaciente, cuidándose las espaldas de un Gohan silencioso y taciturno que desprendía un aura maquiavélica. El pelo de Trunks se había vuelto de un rubio cegador hacía segundos, y aunque a su alrededor todo eran ruinas, seguía sin atacar. "¿Es que piensas quedarte ahí todo el día? Vamos, no lo he matado para que no hagas nada" insistió Benkas. Se sintió tentado. Quiso agarrarlo y sacudirlo, pero aunque fuera temerario la experiencia le decía que no era bueno enfadar en demasía a un saiyan.
La última vez que su raza lo había hecho, fueron aniquilados.
"Mátalo..." repitió Pan en una letanía constante, como si se tratara de una marcha fúnebre.
"¿A qué esperas?" insistió otra vez. "¿No es tan importante para ti? ¡Vamos, dame algo de pelea!"
Y eso fue exactamente lo que tuvo cuando el ki se concentró en las zonas adecuadas. Benkas vio, sorprendido y con un recuerdo desalentador de lo que había sido el guerrero legendario cuando los aniquiló, la mirada absolutamente oscura y genocida en los ojos de Trunks. En los ojos del Trunks de pesadilla. Eso no fue lo único que recordó. La manera en la que los músculos se hincharon hasta decir basta rasgando la ropa y los ojos cambiaron, por un momento volviéndose blancos para, acto seguido, pasar a ruborizarse por la intensísima presión arterial, le recordaron horrores de ese fatídico día en el que toda su raza fue masacrada. Le recordaron al momento exacto en el que Broly se descontroló con una furia asesina al enterarse de lo que de verdad habían hecho con él. El momento exacto en el que dejó de ser un saiyan para convertirse en un monstruo.
"¡MÁTALO!" ordenó Pan entonces, olvidándose de la letanía para gritar con el estruendo de un trueno.
Y entonces el puño furioso de Trunks, moviéndose a una velocidad de vértigo a pesar de la portentosa masa muscular, se hundió en el estómago de Benkas, seguido inmediatamente de muchos más que lo alzaron del suelo y lo elevaron en el aire para volver a golpear en el mismo punto como si se tratara de una pelota atada a una paleta. El rostro del líder de los boburrianos se desencajó antes de que Trunks le diera un último golpe directo a la mandíbula que lo mandó por los aires.
"¡Ya he dicho que eso no va a funcionar!" gritó Picolo cuando el hijo de Vegeta voló en pos del enemigo con una velocidad mucho menor por el peso recientemente adquirido. Esa forma había sido usada pocas veces precisamente por su lentitud de reflejos y su escasa movilidad, que hacía que el brutal poder no sirviera para nada. Ninguno de los saiyan utilizaban esa transformación por su escasez de recursos, pues de nada servía tener un poder descomunal si la lentitud te hacía vulnerable e incapaz de golpear al enemigo. "¡Trunks, eso no...!" pero Picolo tuvo que retractarse cuando el cuerpo de Gohan, en su transformación de nivel 2, apareció justo detrás del de Benkas, que había logrado equilibrarse en el cielo para ser lanzado brutalmente contra Trunks otra vez cuando el híbrido juntó las manos en un único puño y lo hundió en su cara con toda su rabia. "O quizás sí funciona..." admitió el namekiano. La velocidad de Gohan y el poder desproporcionado de Trunks en esa forma. Sí, podía funcionar.
Las barreras telepáticas no parecían ser capaces de hacer nada contra la furia de los híbridos. Eso, o Benkas no era capaz de levantarlas. El boburriano podía oír los pensamientos furiosos de sus contrincantes y se percató de que poco tenían de racionales. Habían cruzado el límite y ya no podía detectar sus planes para esquivarlos. Frente a la brutal carnicería que estaban montando contra él, lanzándolo sin descanso y golpeándolo como si fuera un saco de boxeo sin el más mínimo reparo, haciendo crujir sus huesos y dejándolo sin oxígeno y sin posibilidades de contraatacar, lo supo. Había hecho bien en matar a uno de los suyos.
Con un hilo de sangre oscura recorriéndole la comisura de los labios, Benkas fue agarrado por los tobillos para ser sacudido como si fuera un trapo de cocina contra lo que quedaba de un edificio que ellos mismos había convertido en ruinas. El rascacielos tembló y se hundió cuando lo atravesó limpiamente, levantando una humareda y provocando un estruendo ensordecedor. Por un momento, gracias a la escasez de visión pensó que tendría la oportunidad de escapar de ese círculo vicioso de golpes sin ton ni son, pero cuando recuperó el equilibrio y el sentido de la orientación y salió volando en busca de un salvoconducto que le permitiera recuperar la ventaja, se encontró cara a cara con el acongojante rostro de Trunks, que detuvo su vuelo interponiéndose en su camino con un movimiento rápido. Lo apuntó, su mano a escasos centímetros de su cara, frente a esos ojos oscuros propios de su raza. Benkas vio, de reojo, una luz blanquecina deslumbrándolo por la espalda, haciéndose cada vez más cegadora y de mayor tamaño tras él. El boburriano reculó en un intento por esquivar el ataque, pero se encontró asediado. Bajo él, a escasos centímetros del suelo, una luz más pequeña pero con una potencia similar solo causada por la ira, le apuntó. Los ojos de Pan ardían henchidos en cólera, al igual que los de su padre.
"¡Ka... me...!" empezaron a pronunciar padre e hija prácticamente al mismo tiempo.
Benkas alzó el vuelo, pero una cuarta persona lo detuvo. Picolo apareció sobre él, los dedos de su único brazo sano recuperado extendidos hacia él en una sonrisa que dejaba ver sus grandes colmillos. Los ojos del boburriano brillaron intensamente, pero ni el más mínimo rastro de preocupación pareció envolver su brillante mirada. Solo la excitación del momento consiguió enturbiar su mente haciéndolo temblar. El resplandor lo dejó completamente cegado, pero no lo suficiente como para no ver la figura que apareció a su lado cargada de desesperación. Baika le cubrió las espaldas y alzó su barrera telepática en su punto álgido. Los dos bajaron la cabeza cuando una presencia que Baika conocía hizo acto de aparición al lado de Pan. Su brazo alzado junto al de la chica, sus ojos oscuros fulminándolos, su piel negra refulgiendo por la carga de un ataque que no tenía nada de ki y, al que por lo tanto, eran vulnerables.
Y Uub lo sabía.
El muchacho apuntó a Benkas con todo lo que tenía y un ataque conjunto emergió, al mismo tiempo, como si hubieran practicado durante años, de los cinco guerreros.
"¡Estás muerto!" oyó el boburriano gritar a Trunks con un tono tan salvaje como intimidante, gutural, como el rugido de un depredador, casi ininteligible.
"¡HAME... HA!"
Y desde los cuatro puntos emergió la explosión de luz que acabaría con sus vidas. El impacto fue tan brutal, que los boburrianos no fueron los únicos afectados. El grito de Baika retumbó por toda la ciudad acompañado por el estruendo de las cinco energías impactando en un mismo punto, envolviendo lo que quedaba de Ciudad Satán en luz en una tarde que había pasado a oscurecerse debido al humo de las explosiones. La luz cegadora lo envolvió todo eliminando por completo la visión de los guerreros, que irremediablemente fueron impulsados hacia atrás por la onda expansiva. Gohan se ancló a lo que quedaba de los escombros del rascacielos sobre el que se había apoyado para atacar. El edificio se desplomó bajo sus pies, pero él se mantuvo en el aire con las manos firmemente alzadas, poco dispuesto a ceder hasta estar seguro de que los asesinos de su hermano eran calcinados y reducidos a cenizas. Pan se estrelló contra el pecho de Uub, que la mantuvo en pie con gran esfuerzo. Picolo reculó, cegado.
El único que se mantuvo quieto en el aire fue Trunks, observando la luz a pesar de que sus ojos se quejaban por ello. Su musculoso cuerpo llevado al límite había abierto su ropa hasta hacerla jirones y dejar porciones de piel a la vista. La onda expansiva tiró de él hacia atrás con gran fuerza, pero su nuevo peso muscular le ayudó a mantenerse en el sitio, observando, manteniendo el ataque aun cuando ya no hacía falta.
La peor de las frialdades estaba implícita en sus ojos.
Poco a poco, la luz empezó a desvanecerse disuelta en el aire, y el silencio empezó a apoderarse de cada punto de la ciudad, solo acompañado por los edificios cediendo y los escasos gritos de la lejanía. A pesar de la destrucción segura de los boburrianos, los guerreros mantuvieron la vista en el cuerpo que se mantuvo en el aire, negro, casi destrozado. La expresión de Baika seguía mostrando un terror reverencial ante lo sucedido. Luego, su cuerpo calcinado con ese rostro descompuesto cayó en picado para desaparecer sobre los escombros de la ciudad. Hubo un suspiro colectivo cargado de alivio.
Un suspiro que fue reprimido casi de inmediato.
"No puedo creerlo..." el corazón de los guerreros se encogió cuando la voz sobreexcitada de Benkas resurgió de entre la escasa luz que acabó por desvanecerse. El boburriano agitó la espada de braummuro que había usado como escudo y dejó ver su cuerpo magullado, pero sin la menor herida de gravedad. "¡Eso ha sido increíble!" exclamó, y acto seguido soltó una carcajada que, con esos ojos abiertos de par en par, oscuros como el ala de un cuervo, consiguió ponerles los pelos de punta. Los guerreros entendieron lo que había pasado. Para evitar el impacto había usado su espada por un lado y el cuerpo de su propia mujer por el otro. Y se había salvado.
El muy cabrón seguía vivito y coleando.
"¡Es la primera vez que me pasa algo así, no hay duda de que los saiyan del planeta Tierra son impresionantes!" exclamó, visiblemente emocionado. Su boca dejó ver la sonrisa de unos dientes oscuros, enloquecido como estaba, conmovido. Su mirada se clavó en Gohan, que con la cara descompuesta apretó los puños temblorosos por la incredulidad y la rabia. Luego, llegó hasta Trunks, cuyo volumen muscular había vuelto a su estado natural. Lo observó como si pudiera ver a través de él, y tembloroso por la emoción, se llevó una mano al pecho. "¡De verdad deseo pelear contra vosotros! ¡Lo deseo!"
"¡AAAAAAAARRRGGGG!" el ki de Trunks ascendió hasta el extremo, totalmente guiado por la cólera. Sus ojos se emblanquecieron durante breves segundos, envuelto en un aura dorada de destrucción y deseos de aniquilación. Sin más, se dirigió hacia Benkas a toda velocidad. "¡ESTÁS MUERTO!"Pero no llegó a darle.
"¡Si yo fuera tú no haría eso!" Los guerreros se giraron de inmediato, su atención establecida nuevamente en el sujeto que habían olvidado momentos atrás para acudir a salvar a Goten, el otro boburriano, el mayor, el que tenía más experiencia y más trucos bajo la manga, el que les observaba desde el suelo con expresión relajada y astuta... el que en ese instante tenía la brillante bola de dragón de cuatro estrellas en su mano, el que estaba alzado nada más y nada menos que sobre el cuerpo sin vida de Goten. "No haría eso... si es que queréis revivir a vuestro compañero"
Los cinco se quedaron lívidos, estáticos, tiesos. El pie de Bumo se posicionó tranquilamente sobre el pecho atravesado de Goten, profundizando en su herida sin que este tuviera la menor reacción al respecto, simplemente como gesto de superioridad y total provocación. Sabía que los tenía cogidos con correa. Una correa que no le importaba soltar para divertirse un poco, siendo muy consciente de la superioridad de Benkas y de la suya propia si hacía uso de ciertas facultades. La respiración de Trunks se volvió errática entonces, al borde de la hiperventilación al ver semejante escena, al ver el cuerpo de su mejor amigo siendo prácticamente profanado.
No pudo evitarlo. Lágrimas de frustración y rabia se agolparon en sus ojos.
"Ya dije que no os metierais en medio" pronunció Benkas, irritado. "¡Me estáis robando la atención de los mejores guerreros que he conocido en mi vida!"
"Si no fuera por Baika te habrían freído. Deberías ser más agradecido y más respetuoso con tus mayores" Bumo apretó el pie sobre el pecho de Goten todavía más, agitándolo como si se estuviera limpiando el empeine con él.
"Deja... ¡DEJA EN PAZ A MI TÍO!" tronó Pan, y llorando a lágrima viva hizo amago de ir hacia el boburriano, pero Uub la agarró con fuerza por los brazos y la atrajo hacia sí, impidiéndoselo. "¡Papá...!" lloriqueó en una súplica implícita, rogando que la dejara ir a por él, rogando porque Gohan reaccionara y acabara con todos ellos de una manera o de otra. Pero Gohan, haciendo de tripas corazón, negó. Sus ojos brillaban intensamente.
"Ya está muerto. Le harás un flaco favor si te arriesgas por un cuerpo sin vida" declaró, su tono de voz sonó ahogado y rasgado, al borde del sollozo.
"Los estás paralizando, Bumo. ¡Y le estás quitando dinamismo a la pelea!" reclamó Benkas agitándose en el cielo con el rostro compungido, como un niño impaciente y mimado berreando por su regalo de Navidad. "¡ROMPE LA BOLA DE UNA MALDITA VEZ!" ordenó, y Bumo se encogió de hombros, quitándole hierro al asunto.
"Si vas a ponerte así..." dijo, y acto seguido apretó la bola entre sus dedos haciendo uso de su capacidad telekinética para presionarla con una fuerza monstruosa. La bola de cuatro estrellas ya estaba resquebrajada, pero seguía brillando, palpitando... hasta que Bumo la presionó lo suficiente y nuevas grietas empezaron a abrirse en ella. Los ojos de los Guerreros Z se desorbitaron, y solo Gohan fue capaz de reaccionar a tiempo y lanzarse en picado hacia el boburriano sin atender a la sospechosa manera en la que este sonreía.
"¡NO!" gritó Picolo. "¡ES UNA TRAMPA!" pero ya era demasiado tarde para semejantes avisos.
Efectivamente, era una trampa.
Bumo lanzó la esfera al aire cuando Gohan estuvo lo suficientemente cerca como para quitársela de las manos, y ambos se vieron cara a cara. El sudor recorría la frente del mayor de los Son, que en el último momento cerró la mano con la que intentó agarrar la esfera en un puño para atinar a Bumo en plena cara, pero este esquivó el ataque ágilmente y se echó hacia adelante, yendo a su encuentro. Por unos instantes, los rostros de ambos estuvieron a escasos centímetros, momento que el boburriano aprovechó para suspirar largamente frente a la cara de Gohan. Su aliento penetró en las fosas nasales del saiyan, y entonces Bumo se apartó, dejándolo solo con una sonrisa de oreja a oreja.
Gohan se quedó quieto. Ninguno pudo ver cómo sus pupilas se dilataban de manera imposible antes de que se llevara las manos a la cabeza y lanzara al aire el grito más desgarrador que alguien pudiera guardar en su pecho. Enormes lágrimas descendieron por su rostro oculto entre sus manos mientras se agitaba de un lado para otro con descontrol sin parar de gritar, totalmente conmocionado, descompuesto. Cayó al suelo de rodillas, sacudiéndose sin parar de chillar frente a la incrédula mirada de los demás. Lo que escucharon los dejó sin habla.
"¡PAAAAAN!" Chilló. "¡NOOO!" y se derrumbó, sacudiéndose entre temblores histéricos.
"¡Papá!" Pan se despegó del contacto de Uub de un brusco movimiento y voló hasta su padre seguida de su compañero. Se arrodilló frente al paralizado Gohan y lo sacudió por los hombros, pero él, con los ojos casi en blanco, no reaccionó. Su cuerpo prácticamente convulsionaba. "No, papá, no, por favor..."
"¿¡Qué demonios has hecho!?" gritó Picolo desde el aire. Descendió rápidamente dispuesto a abalanzarse sobre Bumo, pero la espada de braummuro de Benkas se interpuso en su camino, deteniéndolo. El boburriano había vuelto a adquirir una expresión resignada y para nada complacida por el cambio de planes tan repentino. De verdad estaba disfrutando de la pelea hasta que su compañero decidió hacer acto de aparición, arruinándole la diversión del reto.
"Tranquilo, no morirá... aunque puede que su cabeza no lo aguante y se vuelva loco. ¿Quién sabe? El miedo es un sentimiento taaaaaaaaan aterrador" explicó Bumo. "En nuestra raza, al igual que en la vuestra, cada uno puede desarrollar su propia técnica y especialidad. La de Benkas es la telekinesis, y puedo asegurar que la espalda tampoco se le da mal. La mía es un poco diferente. Benkas solo puede leer parte de vuestros pensamientos, pero yo puedo leer mucho más que eso. Yo puedo introducirme en la parte más profunda de vuestra mente y sacar a relucir cosas, cosas horribles, cosas vomitivas. Cosas como los peores temores de cada uno. Ese amigo vuestro, por ejemplo..." Bumo señaló el cuerpo convulso de Gohan revolviéndose entre los brazos de Pan, gritando y murmurando frases inconexas e ininteligibles, como si estuviera delirando consumido por dolorosas visiones. "... él tiene un miedo reverencial a la pérdida familiar, pero sobre todo al daño que cualquier enemigo pueda causarle a su mujer y a su hija. Tiene miedo de ser incapaz de protegerles, tiene miedo de no estar a la altura... y en la visión que está presenciando ahora mismo, puede ver todo eso y más como si fuera verdad. El pobre está paralizado de terror. Ni siquiera puede darse cuenta de que su hija está sana y salvo a su lado. Él solo puede ver cómo la torturan una y otra vez, una y otra vez... incapaz de hacer nada para evitarlo"
"¡MALDITO CABRÓN!" Gritó Picolo, sus ojos rojos de puro odio, los dientes chirriantes por la tortura que le estaban provocando a su protegido. "¡Es una ilusión, Gohan, no es verdad! ¡DESPIERTA!" le chilló. Bumo negó con la cabeza lentamente.
"Por mucho que grites no podrá despertar. Solo puede salir de ahí enfrentándose a sus propios miedos o... hiriéndome a mí"
"¡Entonces solo tenemos que acabar contigo primero!" declaró Trunks, y se lanzó en picado a por él. Su único objetivo era la bola que seguía descansando entre sus manos y Bumo lo vio venir. Se revolvió. Él no era tan bueno con la telekinesis como lo había sido Baika o lo era el propio Benkas, así que decidió quitarse el muerto de encima, casi literalmente hablando.
"¡Benkas!" lo llamó, y su compañero, sin temor alguno a que el namekiano pudiera herirle por la preocupación que podía sentir atorando su cabeza, se volvió a sabiendas de cuál era el plan de Bumo. Podía leer la mente de sus camaradas como si fuera un libro abierto, y no le costó trabajo saber qué pretendía hacer... y actuar en consecuencia.
Bumo le lanzó la bola de dragón antes de que Trunks pudiera alcanzarla. Él se detuvo de inmediato y giró la cabeza en busca de la misma, desorientado. No tardó ni un segundo en encontrarla nuevamente. No tardó ni un segundo en saber exactamente qué era lo que pretendían hacer con ella. Y aunque Picolo intentó detener a Benkas, no pudo evitar que agitara la espada como su fuera un bate de beisbol para golpear la esfera con todas sus fuerzas. Para Trunks, ese movimiento pasó a cámara lenta.
Home Run.
La espada de braummuro golpeó la esfera con fuerza y esta emitió un chasquido antes de que se deshiciera en cientos de pedacitos diminutos, brillando y cayendo, llevados por el aire como si se tratara de una lluvia de diamantes.
Acababa de pasar. Shenlong ya no podría ser invocado. Los boburrianos habían liquidado a todos los namekianos y por consiguiente, tampoco podían invocar a Porunga. En otras palabras, todos los que murieran a partir de ese momento jamás podrían volver a la vida.
Habían perdido a Goten, para siempre.
"Y ahora te toca a ti" la voz de Bumo impactó contra el cuerpo tembloroso de Trunks, que se volvió con lentitud, todavía demasiado impactado como para volver al combate. El aliento de Bumo le acarició la mejilla y se deslizó por su nariz, invadiendo su mente y apoderándose de su cerebro. Sus pupilas se dilataron. "¿Qué es lo que más temes, príncipe?"
Acto seguido, un grito desgarrador emergió de las profundidades de su garganta.
[...]
Bra estaba furiosa. Todo había pasado tan rápido... y ni siquiera había tenido tiempo para asimilarlo. De repente, lo había sentido. La ruptura mental y el cierre en banda de la mente de su hermano cuando intentó comunicarse con él, cuando intentó preguntarle si lo que había sentido era cierto o no. Trunks había cortado el vínculo telepático que podía tener con ella con una hostilidad difícil de describir, con una sacudida que consiguió desestabilizar su vuelo. Entonces Bra supo que era verdad: Goten había muerto.
Pero, ¿por qué Goten? De entre todos podía ser cualquiera. ¿Por qué el que menos se lo merecía? Él adoraba a los niños, eso era lo único que pudo pasarse por su cabeza. No pensó en cuántas novias o chicas había tenido a su lado, a todas ellas tratándolas como princesas sin mentir ni una vez, enamoradizo como era, encandilado por todas ellas. Goten adoraba a los niños porque había jugado con ella y con Pan cuando nadie más quería hacerlo, ni siquiera Trunks. Recordaba que había dejado que su sobrina y ella le hicieran peinados extravagantes e incluso le pintaran las uñas de color rosa pálido, jugando. Recordaba sobre todo una vez en la que, haciendo una travesura, a sabiendas del ridículo que haría, Bra pataleó junto a Pan para que las llevara al parque con dos coletas y los labios pintados de rojo pasión. Oh, Goten había pasado mucha vergüenza, pero no podía dejar que las niñas lloraran después del esfuerzo que habían hecho maquillándolo y peinándolo, así que cruzó la ciudad con ellas de la mano viéndose como un payaso, o quizás como un travestido. Trunks se había reído muchísimo, pero dejó de hacerlo cuando, curiosamente, atraídas por esa especie de instinto paternal, varias chicas se acercaron a Goten para alabar el trabajo que hacía contentando a las niñas a pesar de todo.
Bra estaba segura de que esa noche Goten no había dormido solo, pero no lo hacía como uno de esos asquerosos mujeriegos que engañaban a las mujeres, no. Él era sincero ante todo, y si pasaba la noche con alguien, era porque de verdad sentía algo por esa persona, aunque no durara mucho. Bra lo sabía porque había estado colada por él hasta los doce años. Un enamoramiento preadolescente que nunca se cumplió. Le había dicho que le gustaba cuando tenía once años, y Goten le acarició la cabeza y le dijo que si seguía sintiendo algo así por él cuando cumpliera veintiún años, se casaría con ella. Por supuesto, Goten sabía que estaba tratando con fantasías de cuentos de hadas sobre un príncipe azul que no era él, y sabía que Bra se olvidaría dada su temprana edad y lo que le quedaba por vivir. Y así había sido. Durante un año más siguió escribiendo "señora de Goten" en su diario, pero luego se olvidó y supo que lo que sentía no era amor.
Ahora lo sabía mejor que nunca.
Al sentir la desesperación de Trunks al descubrir que Goten había muerto, lo supo. Al sentir vagamente la presencia de Goku y de Gohan, lo supo. Al sentir a Pan llorar, lo supo. Eso era amor. Amor con mayúsculas. El esfuerzo que había hecho, el miedo que había sentido, la angustia al ver a Broly observándola desde el suelo mientras despegaba para ir a ver a su familia, los deseos de volver junto a él reprimidos conforme avanzaba, la sensibilidad, sus ojos oscuros clavados en los suyos confiando en que ella volviera esa noche al pequeño hogar que habían construido. Eso también era amor. Uno muy diferente, uno que se había situado casi a la par del amor que había construido en torno a su familia. Uno que la estaba matando y que la estaba partiendo por la mitad. Pero aunque doliera, Bra sabía cuál era el amor que predominaba por encima del otro.
Por eso, a pesar de todo, Bra desvió su ruta inicial y fue directa hacia Ciudad Satán esa mañana. Porque su familia predominaba, y siempre predominaría por encima de lo que pudiera sentir por Broly... aunque eso la matara de dolor. Bra nunca había tenido que decidir. La respuesta siempre había estado ahí.
Lo que vio cuando llegó, el humo, los escombros, el dolor, los gritos, los estruendos, el pánico humano, el miedo... todo eso la sacudió. A pesar de la muerte de Goten no se le había ocurrido que todo pudiera estar tan mal. Ella, que nunca había vivido una guerra, no podía creer lo que veían sus ojos. Las víctimas, los chillidos, la confusión, todo, TODO la puso enferma. Podía sentir el ki de Trunks mucho más adelante, en pleno centro de la ciudad junto al de Pan, Picolo, Uub y Gohan, e intentó ir directa hacia allí, pero algo la detuvo.
Los gritos.
Nunca había sentido especial simpatía por los humanos, siempre considerándose superior a ellos tanto en poder como en inteligencia, como en todo lo demás, pero los gritos fueron algo que no pudo ignorar. La parte humana de su madre hizo acto de aparición. La indiferencia de Vegeta quedó relegada totalmente. Su padre los ignoraría e iría directo al campo de batalla, pero aunque Bra se obligó a ello, fue totalmente incapaz de hacerlo.
Los niños lloraban con mucha fuerza.
"¡Maldita sea!" Bra descendió en picado para introducirse entre las calles, volando a gran velocidad buscando los focos de esos gritos. Mientras lo hacía, solo una cara se iluminaba en su cabeza. "Todo esto es culpa de Peach. ¡Estúpida Peach y estúpidas amistades humanas que me obligan a hacer estas estúpidas cosas! ¡Me han hecho tan estúpidamente débil como ellos!"
Definitivamente, echarle las culpas a los demás siempre era más fácil que echárselas a una misma.
[...]
"Lo has echado a perder. Como siempre" Benkas entrechocó sus colmillos e hizo un sonido chirriante al frotarlos entre sí. Bumo observó el panorama, reticente, y simplemente suspiró. No era nada fácil crear tantas ilusiones en tantas mentes diferentes. Habían ganado. Los híbridos y el namekiano se habían derrumbado de uno en uno en cuanto Bumo pudo acercarse lo suficiente como para que olieran su pestilente aliento alucinógeno, y Trunks, seguido de Picolo, se había derrumbado sobre el suelo cayendo desde una altura de 60 pisos, sin más. El golpe había sido grande, pero no tanto como el daño mental que cada uno estaba sufriendo encerrado en su propio infierno. Los tres se quedaron fuera de combate al instante, gritando y convulsionando hasta que sus cuerpos se paralizaban por completo con los ojos dilatados, completamente tensos entre los escombros.
Luego, les había tocado el turno a Pan y Uub.
Y se acabó.
"Espero que por lo menos el rey Vegeta aguante una ronda" declaró Benkas. Agitó la espada tras darle una sacudida y se dirigió hacia el cuerpo inerte y tembloroso de Gohan. Le dio una pequeña patada a la pierna. Él no se movió.
"Acaba con ellos y vamos a por la princesa. Paragus me ha hablado. Dice que está cerca, a no mucho más de tres kilómetros de aquí" Benkas no dijo nada. Sabía perfectamente lo que había dicho Paragus porque lo tenía bien vigilado por contacto telepático. De hecho, mientras observaba a Gohan y a los demás guerreros tumbados en el suelo, totalmente derrotados, un mensaje llegó hasta sus oídos. Son peligrosos. Si no los matas, volverán para causar problemas. Ese fue su consejo, pero Benkas lo ignoró por completo.
"Me llevaré a este" declaró, señalando a Gohan con un puntiagudo dedo azulado. "Y también al príncipe" Trunks, más allá, era el que más se agitaba sumido en esa horrible ilusión tan vivida. El Trunks de pesadilla estaba ahí, y también Mirai Trunks. Y los dos lo atormentaban de mil maneras diferentes. El que se estaba llevando el premio a la tortura era el Trunks de pesadilla con Goten y Marron como sus víctimas más cercanas. El auténtico Trunks intentaba por todos los medios no ver las clases de perversiones que estaban teniendo lugar en su cabeza, tan vomitivas, tan dolorosas. Ni él mismo podía creer que tuviera semejante mierda en la mente. El nombre de sus amigos emergía de entre sus labios, y en ocasiones el de su madre o el de su hermana. Pero sin duda, era el de Marron el que perduraba siendo vejada en su cabeza. "Tú ve a por la princesa. Yo iré en cuanto acabe con los que no me interesan" Bumo puso los ojos en blanco, alzó el vuelo y se dirigió a toda velocidad hacia el sur de la ciudad siguiendo las indicaciones mentales de Paragus, que se mantenía en la nave junto a Bia, lejos, muy lejos de allí.
Ninguno de los dos eran guerreros como Bumo o Benkas, o como lo había sido Baika. Paragus era un buen estratega, tan astuto como calculador además de un detector de ki. Si no lo hubieran revivido en Namek usando a Porunga, nunca habrían sabido dónde vivían los saiyans que quedaban. Él podía guiarlos cuando se trataba de detectar ki, y su información sobre el rey Vegeta y los demás era valiosa. Por otra parte, Bia era científica y sus capacidades viajaban desde la curación hasta las mejorías genéticas. Eran un buen equipo, aunque poco a poco sus miembros se estuvieran desintegrando... literalmente.
Benkas observó a Pan con desagrado. Benkas alzó su espada. Pronto tendrían a la princesa en sus manos, una auténtica híbrida con una sangre mucho más poderosa, así que puestos a decidir, supo qué era lo que tenía que hacer.
"Ayudaste en el asesinato de mi hijo" dijo, su voz totalmente carente de emoción. "Vale más la pena matarte que dejarte con vida, así que... disfruta de tu estancia en el otro mundo" y entonces, el boburriano descendió la espada de braummuro con gran fuerza sobre la nieta de Goku, y ella, paralizada y sin ser consciente de nada, sumida en sus propios temores, no se movió.
Pero no murió.
El boburriano desencajó la cara cuando las palmas de las manos de Uub se interpusieron en el camino de su espada, atrapando el filo entre ellas y manteniéndola en el aire. Su piel no se quemó, y los ojos del alumno de Goku lo fulminaron, totalmente cuerdos a pesar de la técnica que lo había hecho preso momentos antes.
"No..." no es posible. Eso estuvo a punto de decir, pero no lo hizo porque Uub se levantó del suelo haciendo fuerza, empujándolo hacia atrás sin soltar la espada. Rompió el contacto cuando consiguió alzar la pierna y darle una patada que consiguió lanzarlo unos metros hacia atrás, apartándolo de Pan. Benkas rechinó los colmillos. "Tú solo eres un humano cualquiera. Es imposible que puedas resistir el braummuro y nuestros ataques mentales" puntualizó.
"¿Eso crees?" Uub alzó un dedo y le instó a ir a por él, provocándole abiertamente con una sonrisa que marcaba su seguridad y superioridad, algo que consiguió inquietar al boburriano. Era la primera vez que lo provocaban a él y no al revés. "¿Lo comprobamos?"
Eso era una invitación abierta a un duelo. Y Benkas aceptó con la emoción palpitando en sus oscuros ojos.
[...]
La gente lloraba a voz en grito, asustada. Corrían de un lado para otro y suplicaban ayuda para los heridos, pero Bra no pudo hacer nada al respecto salvo apartar escombros haciendo uso de su fuerza. No era médica, y lo que quedaba de las personas que lograba sacar así se quedaba. Los gritos le martilleaban los oídos y el calor del fuego era horrible. Tuvo que hacer de tripas corazón con la pérdida de miembros y la visión de cadáveres, obligándose a recordar su entrenamiento con Broly, la manera en la que él cazaba y despellejaba a los animales muertos para sacarles las tripas y prepararlos para comer. Ella solía vomitar cuando lo veía, e incluso solía marearse, pero esa vez tuvo que aguantar las arcadas y siguió. No se acababa nunca.
Iba a volverse loca.
"¡Por favor, ayuda!" el chillido desesperado de una mujer fue precedido por otros y Bra corrió, de inmediato, hasta el centro del escándalo. Podía sentir la energía dispar de cientos de personas en un punto concreto, y cuando llegó hasta allí, lo que descubrió la dejó sin habla. La planta baja del centro comercial se había venido abajo y el resto del edificio se tambaleaba en el aire, a punto de caer para aplastar a aquellos pobres desdichados que habían quedado atrapados en su interior y en los subterráneos del parking, por no hablar de las personas atrapadas en plastas superiores que, histéricas, se colgaban de las ventanas intentando escapar de aquel infierno.
Bra se vio apurada entonces, además de apresada entre la espada y la pared. Sus ojos se dirigieron automáticamente hacia el lugar de donde procedía el ki de su hermano y los demás, y por un momento pensó en dejar a los humanos y salir volando al campo de batalla. Al fin y al cabo, había sido entrenada para pelear, no para ayudar o salvar vidas. Al fin y al cabo, Broly la había entrenado para defenderse y matar. Con ese pensamiento en mente, Bra dio media vuelta y dio un paso hacia el campo de batalla.
Solo uno.
Algunas de las personas atrapadas en el interior del centro comercial se abrazaron a sí mismas y a los que les rodeaban, aunque ni siquiera supieran quiénes eran. Los niños no paraban de llorar, algunos siendo brutalmente aplastados por la muchedumbre enfebrecida que intentaba salir en balde. El techo se les venía encima. Las columnas que mantenían todo en pie cedían y algunos hombres intentaron mantenerlas en su sitio para que todos pudieran salir, sin éxito. Entre ese jolgorio alocado, Peach cayó al suelo al intentar levantar a un niño herido sobre el que la gente corría sin ni siquiera percatarse de que lo aplastaban. Había acudido allí en busca de su aerocoche aparcado en el parking en una decisión precipitada y para nada adecuada, absurda ahora que lo pensaba bien, pero el pánico tras la explosión había hablado por ella. Se lo tenía bien merecido.
Cuando se dio cuenta de que no la dejarían volver a levantarse por las pisadas, ni tampoco al niño indefenso que lloraba en el suelo, pudo ver también que la locura por salir de allí solo estaba consiguiendo que las columnas cedieran más rápido dejando que la única salida, una pequeña grieta entre techo y suelo, quedara a la vista. Los de fuera también intentaban por todos los medios abrir más la grieta, pero la luz estaba apagándose, y en el momento en el que el techo tocara el suelo, quedarían atrapados... si con suerte, no se les venía la segunda planta encima. Peach empezó a llorar. Ya se daba por muerta. Ni siquiera podía respirar.
Y entonces la gente que intentaba mantener la grieta abierta se apartó. Peach pudo ver una nueva sombra dándole directamente en la cara, ocultando la poca luz que ya había. Las personas se echaron hacia atrás y, por un momento, dejaron de gritar. Se oyó el estruendo del acero cediendo cuando el techo empezó a levantarse, poco a poco, apartándose de sus cabezas muy lentamente. La luz se intensificó y la grieta se abrió. Pudo ver los rostros patidifusos de quienes la rodeaban y también de los que había fuera fijos en el cuerpo grueso y prácticamente inhumano de ella, con cada músculo fieramente marcado por el sudor y el esfuerzo, las mejillas ruborizadas, las venas de los bíceps marcadas. Sus ojos de un azul totalmente chispeante y atronador.
"Bra..." murmuró. O al menos creía que era ella, porque nunca, jamás, la había visto así.
"¿Qué hacéis?" preguntó su amiga con los brazos en alto, sosteniendo a base de fuerza de voluntad las cinco plantas que constituían el enorme centro comercial. "¡SALID DE UNA JODIDA VEZ, VAMOS!" ordenó sin admitir réplica alguna, y en cuestión de un segundo todos se precipitaron hacia los huecos que había dejado libres. La cara de Peach se iluminó mientras hacía acopio de fuerza para levantarse del suelo e ir en busca del niño herido, aunque fuera a base de empujones. No podía dejar que el esfuerzo titánico de su amiga fuera en vano, porque podía jurar que sus músculos estaban a punto de estallar. Por desgracia, la rapidez e histeria de los seres humanos no ayudaban en absoluto. Y la figura azulada que acababa de aterrizar a menos de doscientos metros de ellos tras Bra tampoco tenía pinta de ser de gran ayuda.
No. Definitivamente, Bumo no había aparecido para ayudar.
[...]
Vegeta había recorrido 530 kilómetros en menos de cinco minutos. Era un nuevo record en su marca personal, pero no tenía tiempo para pensar en ello y regodearse. Cinco minutos en un campo de batalla era demasiado, sobre todo si había una gran diferencia de escala de poder, cosa que podía jurar que había por cómo el ki de los Guerreros Z había decaído. No estaban muertos, pero podía jurar que estaban noqueados. Solo podía sentir el ki de Uub resistiendo. Más le valía aguantar hasta que él llegara, porque como Trunks muriera no solo rodarían las cabezas de los boburrianos.
Vegeta se vio partido por la mitad conforme avanzaba. Un sudor frío y espeso le recorría la frente por la preocupación y la prisa. En dos minutos más llegaría a su destino, pero notó entonces la separación y la distancia que había entre Trunks y Bra. No estaban juntos. ¡No estaban juntos! ¿Qué demonios estaba haciendo Bra? Su ki estaba en un nivel desproporcionadamente alto. ¡Pero ni siquiera estaba peleando! ¿Qué...? Entonces su ki se desequilibró y una sacudida telepática llegó hasta su mente, señal de que algo ocurría. Algo grave.
Vegeta aligeró. Sería rápido, primero iría a por Bra, que no tenía a nadie que le cubriera las espaldas, y en cuanto acabara con el problema iría a por Trunks. Esperaba que Uub pudiera con ello hasta que llegara. Solo dos minutos más. Solo dos.
Vegeta no tenía ni idea de que ya había alguien que iba a por su hija.
[...]
Bra no podía creerse lo que acababa de pasar. Solo pudo creerlo cuando su pierna se hundió entre los escombros y un chillido agudo escapó de su garganta sin represión alguna. Casi todo el mundo estaba fuera ya cuando ocurrió, salvo Peach y algunas personas que apenas podían levantarse tras haber sido aplastadas por la muchedumbre. Bra vio a su amiga con un niño herido y semi inconsciente en brazos acercándose a ella. La joven apenas pudo sonreír de alegría al verla allí, sana y salva. Peach se colocó a su lado y soltó al crío fuera del edificio. Varias personas lo agarraron y lo apartaron para ayudar, infinitamente agradecidos por la ayuda recibida. Aunque algunos intentaron dar las gracias a Bra, esta no estaba de humor para recibirlas con varias toneladas cargadas sobre su espalda.
"¿Puedes aguantar un poco más?" cuestionó Peach a su lado, observando a los heridos que se arrastraban como podían hacia el exterior del lugar. Bra soltó un largo suspiro y, acto seguido, tomó oxígeno. Un grito desgarrador salió del interior de sus entrañas y el aire que la rodeaba se volvió caliente y denso. Su pelo se erizó y el rubio cargado de electricidad de un súper saiyan hizo acto de aparición. Peach la observó con la boca abierta mientras Bra procuraba alzar los brazos todavía más para permitir mayor movimiento.
"Date prisa, Peach. ¡No puedo estar así todo el día! Sal rápido." la joven asintió y, una vez más, se adentró en el interior del edificio. Logró sacar a dos personas más, y Bra se sintió maravillada al ver a los humanos aguardando en la zona de peligro, ayudando a su amiga con los heridos a pesar de que podían morir aplastados si a ella le cedían las piernas. No tenían súper poderes y estaban arriesgando su vida, pero aun así se mantuvieron cerca dispuestos a ayudar en todo lo que pudieran.
"¿Los Guerreros Z se están ocupando de esto?" oyó que le preguntaba alguien, un joven no mucho mayor que ella con la cara cubierta de sangre reseca. Bra no pudo mirarle. El sudor le entraba en los ojos y le impedía ver con claridad.
"Hacen lo que pueden" logró articular.
"Hay muchas personas que confían en vosotros" Bra no dijo nada al respecto, demasiado ocupada reforzando el agarre y distribuyendo la fuerza empleada.
"¡PEACH!" gritó.
"¡Solo queda uno!" Bra se tensó todavía más al no ver a su amiga en su rango de visión, pero esta no tardó en aparecer con un hombre de mediana edad siendo arrastrado a duras penas, demasiado pesado como para cargarlo sobre su espalda. Estaba tardando demasiado. Solo uno más, solo uno más... Entonces Peach detuvo su avance y alzó un dedo hacia ella, pálida como la cal.
"¡CUIDADO!" gritó, pero Bra no podía moverse y recibió el golpe de pleno.
Chilló con fuerza y su rodilla se dobló por el golpe de uno de los escombros lanzados desde la lejanía, dándole justo en la pierna. Bra cayó y estuvo a punto de soltar el edificio. Peach gritó al ver que se le venía encima, y los humanos que rodeaban el edificio para ayudar recularon al verla ceder. Sin embargo, a pesar del brusco ajetreo, Bra no lo soltó. Desvió la mirada hacia su rodilla incrustada en el suelo y vio un reguero de sangre escurriéndose por ella.
Que no esté rota, que no esté rota...
Pero cuando intentó levantarse y se percató de que el dolor, tan agudo, no se lo permitiría, supo que si no estaba rota estaba muy cerca de ello. Giró la cabeza hacia atrás para descubrir al culpable y allí, todavía lejos, vislumbró de entre todos los demás a Bumo. Aunque nunca había visto a un boburriano, sabía que era uno de ellos. Él anduvo, lentamente, sin prisas, hacia ella, y Bra se desesperó al ver cómo su mano agarraba una de las varas de metal que eran utilizadas para reforzar la construcción de edificios. La cargó sobre su hombro y aunque el extremo no era puntiagudo podía jurar que si la empleaba con la fuerza suficiente, podía atravesar algo... o a alguien.
"¡PEACH, YA!" demandó fuera de sí. Su amiga se dio prisa, pero aparentemente no la suficiente, arrastrando cuanto pudo al herido. Consiguió llegar al hueco entre edificio y suelo y se inclinó para salir. Bra pudo ver cómo Bumo reclinaba la vara sobre su hombro como si fuera una lanza y se preparaba. "¡PEACH, POR FAVOR!"
Y Peach salió con el herido en brazos. Y Bumo lanzó la vara con gran fuerza, haciendo uso también de sus poderes telekinéticos para guiarla al punto exacto donde quería golpear. Y Bra soltó el edificio bruscamente para esquivar... sin éxito. El hierro atravesó la piel limpiamente y se incrustó en su hombro, atravesándolo de parte a parte. Ella no gritó. Cayó rodando por los escombros hasta que dio contra el suelo, donde se mantuvo escasos momentos antes clavar los dedos en ellos para levantarse. Tuvo intensísimas ganas de vomitar cuando consiguió sentarse con la pierna herida tensa y un dolor penetrante acuciándole cada parte del cuerpo. Ni siquiera sabía de dónde procedía, solo sabía que su visión se estaba nublando por momentos y se obligó a sí misma a reaccionar. Llevó la mano a lo que le atravesaba el hombro y la apoyó sobre la vara que la había atravesado. Dolió como mil demonios y por un instante estuvo a punto de perder el conocimiento.
Fue en ese estado de aletargamiento cuando consiguió, con manos temblorosas y ojos empapados por las lágrimas, agarrar la vara con algo de decisión y tirar de ella hacia fuera. La arrancó de un tirón y chilló, aferrándola con fuerza. Cayó al suelo cuan larga ella y lloró, cubriendo la herida sangrante con su única mano servible. Del otro brazo apenas sentía nada salvo un intenso cosquilleo. Sollozó con todas sus fuerzas al borde del desmayo.
"No te lo tomes como algo personal, princesa" oyó decir a Bumo. Bra alzó la cabeza a duras penas, todavía llorosa, y lo encaró. Su vista estaba difusa, pero pudo ver su figura y la manera lenta y segura con la que se acercaba, despreocupada. "Solo quería asegurarme de que no te resistieras" aseguró sin detenerse. Ella no se molestó en preguntar de qué hablaba, porque ni siquiera estaba segura de poder articular palabra. "Será rápido, como lo ha sido con tu hermano y los demás. No puedo asegurarte que con tu padre seamos mucho más compasivos, pero... consuélate sabiendo que no vivirás lo suficiente como para verlo."
Las lágrimas de la princesa se detuvieron de inmediato, como si acabaran de pulsar el interruptor adecuado para apagar la fuente de agua en la que se había convertido. Esperó. Esperó por él obligándose a recuperar la visión y a soportar el dolor, y antes de hacer el primer movimiento pensó en Broly y en sus enseñanzas. De algo, maldita sea, tenían que servir. El ki, si no es extremadamente potente, no hiere su piel, por lo que solo quedan los puños. ¿Qué hacer si levantan una barrera telekinética que impida el combate cuerpo a cuerpo? La cólera nunca viene mal. Reúnela toda en los puños y sabrás a qué me refiero. Eso le había dicho, por lo que era su día de suerte: Bra nunca había estado tan colérica.
Bumo entró en su rango de ataque con sobrada confianza, cerrando los cinco metros que los separaban. Cuando llegó a los dos... Bra actuó. Apretó la vara de metal entre sus dedos, se levantó levitando para impedir que su pierna herida se apoyara sobre el suelo y llevó la vara hasta la cara de Bumo en cuestión de un microsegundo. Él, sorprendido, recibió el golpe en plena mejilla y un borbotón de líquido espeso y oscuro salió disparado por su boca para dar contra el suelo. Bra soltó la vara y alzó su único puño sano. Se apresuró a golpear, pero sus nudillos impactaron contra la barrera telekinética recién levantada y se mantuvieron ahí unos instantes. Luego, la barrera se rompió. Bumo observó, con ojos desorbitados, cómo el puño impactaba contra su mejilla herida una y otra vez, acosándolo como si se tratara del puño de un luchador de boxeo profesional, acorralándolo con cada golpe, haciéndolo retroceder. Cuando Bra le dio un puñetazo definitivo que lo lanzó contra el suelo, Bumo se preguntó cómo era posible mientras escupía una hilera de dientes completa.
La miró, por un instante intimidado antes de que ella lo alzara agarrándolo por el cuello del traje de batalla para acercarlo a su cara.
"Eso no te lo esperabas, ¿verdad?" cuestionó, y él no respondió. La sangre oscura se escurría por la comisura de su boca, pero a pesar de que no volvería a comer alimentos sólidos en su vida por semejantes ganchos, dejó ver una mueca desdentada similar a una sonrisa. Los puños de Bra brillaban de un color verdoso que Bumo bien reconoció.
"¿Quién te lo ha enseñado?" preguntó, aunque apenas se le entendió por la mal formación de su boca. Su aliento se desprendió de ella en grandes dosis de alucinógenos de los que Bra no se percató, pero que penetraron en ella como si formaran parte del propio oxígeno. "Es imposible que el Sujeto 813..." pero ella no le dejó terminar. Alzó el otro puño, el que apenas podía sentir por la herida del hombro, y se decidió a matarlo en venganza por lo que le habían hecho a los humanos, a sus familiares, a ella... y sobre todo a Broly.
Pero no llegó a hacerlo.
Las pupilas de Bra ya estaban completamente dilatadas cuando vio cómo cientos de asquerosas y rápidas cucarachas emergían de la boca, los ojos y los oídos del boburriano para corretear sobre su brazo y trepar por su propio cuerpo, encaramándose a él. Su gritó hirió sus cuerdas vocales, imposible de ignorar. Un estruendo de auténtico terror, porque todos los saiyans temían a algo, y en su familia los bichos eran la perdición de todos ellos. Vegeta odiaba los gusanos, Trunks tenía una enorme aracnofobia de la que poca gente tenía conciencia, y Bra odiaba, temía y chillaba cada vez que veía una cucaracha. No había nada en el mundo que temiera más que a eso, nada.
Excepto la muerte de sus seres queridos.
Cayó al suelo y se retorció. Para Bumo solo era ella agitándose sin parar, chillando sin razón, pero Bra veía y sentía en sus propias carnes a esos bichos vomitivos recorriéndole la piel de arriba a abajo sin parar. La herida de su hombro se abrió aun más cuando estiró el cuello hacia atrás y alzó el brazo. Podía ver la figura de Bulma corriendo hacia ella para socorrerla, y también vio claramente cómo se partía en dos de manera brutal, como si fuera una muñeca a la que le acababan de partir el tórax.
"¡MAMÁ!" chilló, y lloró a voz en grito, pues uno a uno fueron apareciendo todos sus familiares y amigos para ser desmembrados frente a sus ojos. Trunks, Pan, Goten, Peach... un montón de cadáveres se formaba sobre el suelo, uno a uno. Y luego, cuando su cuerpo ya no podía convulsionar más y su mente estaba colapsando de terror y dolor, llegó uno más.
Vegeta.
"¡PAPÁ!" él estiró la mano hacia ella para sacarla de allí y Bra lo imitó para agarrarla, tanto en la ilusión como en la vida real. Pero nunca llegó a cogerla, pues una última figura apareció detrás de su padre para añadirlo a la pila de cadáveres. Su forma era enorme, grotesca y musculosa, y sus ojos eran de un blanco terrorífico. En su ilusión, Broly sonrió antes de agarrar a su padre por el cuello y hacer con él exactamente eso que le había jurado que haría tarde o temprano.
Destriparlo.
Bumo se arrodilló frente a una temblorosa Bra, paralizada, prácticamente en trance. Sus convulsiones habían parado con su último grito y en su lugar solo quedaba un cuerpo débil y demasiado aterrorizado como para contraatacar. El boburriano observó la hemorragia del hombro, imposible de detener, y luego la pierna herida y prácticamente fracturada. Tuvo que decidir con rapidez, pues dudaba que la chica sobreviviera con semejantes heridas además del daño mental, y entonces tendrían un problema. Necesitaban el aparato reproductor intacto.
Voy a sacárselo y a formar una membrana telekinética a su alrededor para que se conserve hasta llegar allí.
Decidió, y el vínculo telepático que lo unió con los demás boburrianos emitió una respuesta rápida.
¿Qué le has hecho? ¡La quería con vida!
Oyó quejarse a Bia.
Era más terca de lo que pensaba. Puedo llevarte el cadáver, pero el útero y lo demás hay que sacárselo ahora o se echarán a perder.
Sin vida no me sirve. Haz lo que creas necesario, ¡pero más vale que esté intacto cuando llegue aquí!
Bumo se encogió de hombros y rompió el vínculo telepático. Acto seguido abrió las piernas de Bra y se colocó entre ellas. Aprovechando su parálisis, le subió el top oscuro hasta justo debajo de sus pechos, y acto seguido bajó sus pantalones hasta que pudo ver la ingle, lo suficiente como para que su bajo vientre quedara plenamente visible. Palpó este último con manos expertas, buscando aquello por lo que habían venido, y lo encontró bajo capas de piel e intestinos que tendría que atravesar para cogerlo.
"Bien... te lo sacaré rápido, princesa" aseguró el boburriano sin la más mínima pasión en la voz. "Con lo que sobre puedes hacer lo que quieras" se burló abiertamente, a sabiendas de que lo que sobrara solo sería un cadáver. Se preparó para la intervención alzando un brazo. Con este y su control telekinético abriría la piel y el estómago para llegar hasta allí sin necesidad de mancharse las manos. Sería una extracción rápida. No por nada los boburrianos eran los mejores científicos del universo conocido... o lo había sido hasta su aniquilación. Bumo empezó a ejercer presión telekinética sobre el bajo vientre y la piel se estiró como si fuera de goma, a punto de abrirse.
A punto.
¡Bumo! la voz urgente de Paragus lo desconcentró, y sin embargo no pudo oír nada más. La conexión telepática se rompió al instante y un profundo dolor atenazó el brazo que había mantenido en alto. Notó una mano cerrada sobre su muñeca, aplastándosela de manera brutal, rompiéndola como si estuviera hecha de cartón. Bumo giró la cabeza muy lentamente para encontrarse con esa fuerza aniquiladora que logró hacerle sudar de pura congoja. Sus ojos se desorbitaron, y acto seguido, el grito por el dolor causado por su brazo siendo arrancado de cuajo acompañó a la ruptura de las ilusiones en las que habían sido hundidos los Guerreros Z.
Bra solo fue capaz de decir una cosa antes de volver a la realidad.
"Papá..."
[...]
Uub estaba en las últimas y lo sabía. Por mucho que fuera resistente a la espada de braummuro, esta seguía siendo una espada, y cortaba la piel como si fuera mantequilla. La esquivó un número indeterminado de veces, pero cuando lo hacía Benkas se acercaba demasiado a los cuerpos de los demás guerreros y él se veía obligado a defender en lugar de contraatacar. Esa era la realidad, no podía pelear con ellos allí. El boburriano era un buen espadachín, y eso, unido a su sadismo y a sus pocos escrúpulos a la hora de pelear, aunque fuera atacando por la espalda, lo hacían temible.
Uub se vio, de nuevo, sumido en una difícil situación cuando la espada de Benkas estuvo a punto de descender sobre el cuerpo de Pan una vez más. La agarró con las manos, pero esta vez de mala manera. El braummuro se clavó en sus palmas y la fuerza de Benkas hizo que se arrodillara. Utilizó la telekinesis para aumentar su poder sobre la espada de tal manera, que Uub se descubrió con la hoja sobre su hombro, cercenando, abriendo una profunda herida y haciéndole apretar los dientes cuando la sangre emanó a borbotones.
"Supongo que esa niña significa mucho para ti" se burló el boburriano mostrándole los dientes oscuros. "¿Estás dispuesto a morir por protegerla?" Benkas hizo más fuerza y la espada se clavó todavía más. Uub contuvo un grito y, sin poder evitarlo, cayó de rodillas sobre el suelo. Aun así, no cedió.
"No vas a tocar... a ninguno" aseguró, sus ojos llameando de furia.
"No, claro que no" se rió. Entonces un tercer factor hizo acto de aparición. La cola oscura de Benkas se desató, con el aguijón cubierto de veneno. Lo apuntó y Uub tuvo una cosa clara. Si se apartaba, Pan moriría. Si no lo hacía, no solo le arrancaría el brazo, sino que lo mataría de envenenamiento. "Veamos si estás dispuesto a morir por esa chiquilla... o si el miedo es más fuerte"
El aguijón descendió lentamente para darle tiempo a tomar una decisión. Una decisión que ya había sido tomada para Uub. Se mantuvo allí en todo momento, sin miedo, fulminándolo con la mirada.
"Vas a pagar caro todo lo que has hecho" le aseguró.
"¿Y cómo lo pagaré si vosotros estáis muertos?" y acto seguido, hizo que el aguijón descendiera a toda velocidad sobre él, contra su cuello mientras Uub apretaba los ojos para aguantar el golpe que lo mataría.
Pero nunca llegó a clavárselo.
Benkas fue embestido por el hombro de Gohan en el último momento, lanzándolo por los aires y quitándoselo de encima al joven junto con la espada que le había abierto el hombro. Uub emitió un jadeo de alivio y empezó a toser de puros nervios y dolor. Su mirada se desvió hacia Trunks y Picolo, que en ese momento se levantaban de entre los escombros con las manos en la cabeza, recién despertados de la ilusión. Tras Uub, Pan se sacudió y se arrodilló a su lado, observando la sangrante herida del muchacho, todavía aturdida.
"¿Qué demonios ha...?"
"Ese otro boburriano os ha encerrado en una ilusión. Es muy peligroso" declaró Uub.
"¿Y cómo hemos conseguido escapar?" preguntó Picolo, pero nada más abrir la boca tuvo la respuesta cuando detectó un nuevo aluvión de energía próxima a ellos, a escasos segundos volando.
"¡Papá!" gritó Trunks, pero no fue él el que salió volando hacia allí, disparado con la emoción pintada en la cara. Benkas se levantó, enfundó su espada y salió volando a toda velocidad para ir en busca del rey. Si había conseguido herir a Bumo y romper las ilusiones de los demás es que era más duro de lo que pensaba, y eso solo consiguió emocionarle. "¡Serás cabrón, ni pienses que vas a tocar a mi padre!" Trunks alzó el vuelo y salió disparado tras Benkas, furioso. Picolo no tardó en seguirle.
"¡Gohan, hay que ponérselo más fácil a Vegeta! Esto todavía no ha acabado" su protegido asintió, y este apoyó una mano sobre el hombro sano de Uub antes de dar media vuelta.
"Has sido muy valiente, Uub. Por favor, cuida de mi hija también hasta que volvamos"
"¿Qué?" tronó ella. "¡Pero yo también quiero...!" pero Gohan no admitió réplica alguna y alzó el vuelo para seguir a los demás.
"¡Si quieres ser útil protege el cuerpo de Goten y ayuda a Uub!" exclamó.
Tal vez Dende pueda hacer algo con él. Si no puede...
Gohan hizo un gran esfuerzo por sacarse esas ideas de la cabeza y se concentró en lo que se le venía encima. Algo mucho peor de lo que podía llegar a imaginarse.
[...]
La princesa pestañeó, y su cordura y la visión de la realidad llegaron hasta su mente. Pudo ver los escombros, pudo ver su cuerpo sin rastro de cucarachas, pudo ver la sangre oscura de Bumo cayendo sobre su estómago desnudo, pero sobre todo pudo ver y sentir algo más allí, tras ella, levitando en el aire sin llegar a apoyar los pies en el suelo. Podía reconocer esa musculatura y traje de batalla en cualquier parte y sus ojos se llenaron de lágrimas al reconocer a Vegeta allí, a su padre sano y salvo, quieto, a escasos diez metros de ella. Acababa de llegar y no había pasado ni siquiera un segundo desde que la había vislumbrado y había descendido del cielo a toda velocidad para ir a su rescate. Ni un segundo. No lo suficiente como para impedir que Bumo la hiriera, y sin embargo, allí estaba, viva.
Pero no gracias a él.
"¡Papá!" Bra lo llamó, emocionada y aliviada. Dio media vuelta hasta situarse boca abajo e hizo amago de levantarse para ir hasta él, pero el dolor de su pierna y hombro eran demasiado acuciantes y solo pudo alzar una mano. "¡Papá!"
Pero su padre no la miró. Sus pupilas estaban clavadas en algo más que el boburriano recientemente manco. Bra no podía describir la expresión de su padre con palabras. Solo podía decir con certeza que estaba allí, y que algo iba muy mal por la manera en la que observaba la escena. Muy mal. Estaba estático sin haber caído en ningún embrujo, totalmente impactado.
"¡PAPÁ!" entonces Bra oyó la voz de su hermano descendiendo desde el cielo para llegar hasta ellos tras otro boburriano. Aunque ambos eran enemigos de muerte, los dos tuvieron la misma reacción cuando centraron la mirada en lo que había frente a ellos. Exactamente la misma que la de Vegeta, quietos, sin hacer un solo movimiento. Pudo ver cómo la piel de Trunks perdía color hasta volverse cadavérica, y no fue al único al que le ocurrió. Tras ellos, Picolo y Gohan, uno detrás de otro, emergieron, y tan pronto como tuvieron punto de visión, se detuvieron con la misma conmoción. Ninguno de ellos dijo nada, y por unos instantes solo hubo silencio. Un silencio muy tenso.
Algo no iba bien.
Bra notó la sangre oscura que le empapaba las piernas y se preguntó qué demonios estaba pasando. Si su padre estaba allí, paralizado, y los demás acababan de llegar, ¿quién había atacado a Bumo y le había salvado la vida? Se volvió muy despacio con un sudor frío recorriéndole la clavícula, con una sospecha acongojante inundando su mente. Deseó no verlo, deseó equivocarse y que no fuera quien creía que era, porque de ser así las consecuencias solo podían ser catastróficas.
Lo deseó... y no sirvió de nada.
La cabeza de Bumo había sido empujada contra el suelo para asegurarse de que no haría ni un movimiento más. Su brazo arrancado estaba entre los poderosos y despiadados dedos del guerrero que, en ese momento, solo tenía una fijación en esos ojos verdes: la cara totalmente desencajada de Vegeta. Aunque no fuera la enorme masa de músculos que ella había visto siempre en los derroteros del volcán, verlo transformado en un súper saiyan ya le causó suficiente congoja. Tenía la misma expresión que Bra había visto el día que se conocieron, esa que había usado para amenazarla hasta que sus palabras perdieron valor por los sentimientos que había implícitos en ellas. Sentimientos que, en esa situación, ya no valían nada.
Broly estaba allí, frente a su padre y el resto de Guerreros Z.
Sin ocultarse, tal cual era, a plena vista, transformado en súper saiyan y dispuesto a liquidar. Su cola se agitó y golpeó el suelo con un latigazo, tensa como pocas veces la había visto, sacudiéndose de una manera muy distinta a como lo hacía cuando jugaba con ella. Violenta, amenazadora como su cara.
Ni siquiera la miró.
Ninguno de los dos lo hizo.
Y Bra supo que había llegado el momento de la verdad, el momento por el que Broly había clamado desde que había vuelto a la vida, el momento de la venganza. El momento de la muerte para los Guerreros Z.
Y allí estaba ella, en medio de todo, la culpable de todo. Entre el hombre que le había dado la vida y el hombre del que se había enamorado.
Y solo uno de ellos podía salir con vida.
