Capítulo 49:

¡Bienvenidas fiestas!

El ambiente navideño comenzó a aparecer con gran fuerza en todas partes del mundo. Tanto los colores verdosos como los rojos y dorados inundaron calles, casas y todo tipo de residencia, invitando a su vez a los habitantes de todo el mundo a celebrar una nueva navidad y un próspero año nuevo.

Particularmente en esta ocasión, cierta modelo castaña tenía mucho de lo que agradecer. Esta navidad y año nuevo serían completamente diferentes, a los que habría esperado semanas atrás.

Después de que una fatídica tarde acudiera al centro donde su padre residía en estado de coma, una descontrolada Rita Skeeter la amenazara de muerte y le disparara en el brazo, las cosas parecían haber mejorado drásticamente. No solo ella se estaba recuperando perfectamente de su brazo, sino que su padre había despertado sorpresivamente de su condición y actualmente se encontraba en perfecta salud. Los médicos continuaban sin poder explicarse que después de tantos años hubiera logrado salir de su estado de coma y por ello, Hermione prefirió no buscarle una razón médica y atribuírselo a sus suplicantes ruegos diarios… o un milagro.

De todas formas, no lo pensó por mucho tiempo, porque la simple realidad de tenerlo nuevamente con ella, era suficiente como para olvidarse de cualquier otra cosa.

Por supuesto las cosas no habían sido tan fáciles tampoco. Tanto ella como su padre habían tenido que asistir a rehabilitación kinesiológica. Ella por su brazo y su padre por todas las extremidades que por largo tiempo no había movilizado. Además de ello, ambos se encontraban en atenciones con psicólogos y nutricionistas. Hermione se sentía prácticamente como si ella hubiera sido la que se encontrara en coma, pero prefería no causar más molestias y limitarse a cumplir con todas las reglas que el médico le había impuesto para salir lo antes posible de ahí.

Aproximadamente hace un par de días, todas esas revisiones y rutinas diarias habían quedado atrás, para por fin comenzar a disfrutar de la tranquilidad de su casa. Un hogar que ahora si parecía y podía ser definido como hogar.

Tal vez no estaba su madre, pero al menos tenía a su padre y eso era mucho más de lo que podía soñar.

— ¿Cómo ha despertado el mejor padre del mundo? —canturreó alegre, mientras deslizaba una bandeja con un suculento desayuno.

— Cielo, puedo tomar desayuno contigo en la cocina. —argumentó el.

Hermione sabía que él podía hacerlo, pero prefería mantener las cosas en la mayor tranquilidad posible y así todo no habría sido una falsa alarma. Además de que todas las noches se desvelaba a revisar si su padre seguía ahí o continuaba respirando, para luego poder al fin volver a dormir tranquila.

— Lo traje para ti, porque quiero que tomemos desayuno en la cama, viendo una película. ¿Te parece?

— Bueno, si esa es la situación, estoy totalmente de acuerdo.

Hermione soltó una risita y asintió, luego salió de la habitación en busca del resto de su desayuno. No tardó mucho en volver, por lo que cuando percibió que su padre solo había probado un trocito del pan no le pareció nada raro. Se sentó al otro lado de la cama y se cubrió con la frazada. Luego posicionó su desayuno sobre sus piernas. Su padre había encendido la televisión y para su sorpresa, escuchaba con atención las noticias que hablaban de ella.

— ¿Por qué no cambiamos? Vi que estaban dando mi pobre angelito en otro canal.

— Aún no me acostumbro a que hablen todo el día de ti, cielo. —interfirió él, entregándole una cálida sonrisa. — Estoy muy orgulloso de todo lo que has logrado y lo fuerte que has sido para salir adelante, pero no me parece que seas feliz. ¿Es el modelaje lo que realmente quieres hacer para el resto de tu vida?

Hermione sonrió, pero la felicidad no llegó hasta sus ojos. La razón de su tristeza era algo más allá de su carrera, y tenía nombre y apellido, además de un arrebatador cabello pelirrojo.

— Cuando ocurrió lo del accidente, tuve que tomar muchas decisiones inesperadas y rápidas. Una de ellas fue trabajar en esto, de la cual te juro que no me arrepiento. Me ha dado todo lo que tengo y con el tiempo me empezó a gustar, pero es cierto. No es lo mío.

— Aún eres muy joven, cielo. Puedes ser lo que quieras —dijo él. Hermione soltó otra risita. — ¿No te gustaría ir a la universidad?

— Es una idea que dejé de lado desde un principio.

— ¿Por qué?

— Porque sabía que no sería capaz de llevar una carrera y a la vez estudiar. Además de que tenía que preocuparme de que tú…

— ¿De que yo estuviera bien? —interrumpió él. Ella asintió, mientras soltaba un sonoro suspiro. — Bueno, ahora estoy aquí, cielo. Volveré a trabajar a penas me lo permitan los doctores, y ya no tendrás nada por lo que preocuparte. No debes tomar responsabilidades que no te corresponden a tu edad.

— Suenas como si hubiera quedado embarazada a los quince —bromeó ella.

— En algún momento tenía que darte esa charla ¿no? He llegado en el momento indicado.

Hermione asintió riendo nuevamente. ¿Cuánto hacía desde que se reía tanto? Probablemente mucho tiempo. Pero ahí estaba, junto a su padre, sano y salvo, riéndose hasta por los codos.

— ¿Te parece si me acompañas a comprar los materiales para preparar la cena de navidad? No queda mucho para preparar algo rico y especial.

— ¿Desde cuándo mi niña le gusta romper las reglas? Recuerda que no puedo forzarme mucho.

— Desde que tu doctor es un tarado —respondió ella rápidamente.

Su padre la abrazó durante un buen rato, mientras disfrutaban de un desayuno en la cama y una buena película navideña.


Al otro lado del mundo, mientras un calor cada vez más exasperante comenzaba a inundar la ciudad del nuevo país en el que se encontraban, el trabajo para cierto pelirrojo comenzaba a llegar a su final.

Esas dos semanas de trabajo habían sido relajantes, en parte porque solo se había dedicado a su trabajo y disfrutar de su tranquilidad en las playas de Latinoamérica. Y por otro lado porque había hecho cosas que por mucho tiempo deseaba hacer y solo las posponía por trabajo. Ahora resultaba que su trabajo le ofrecía las posibilidades de cumplirlas. Y ahí había estado disfrutando de las maravillas del turismo.

Aquella tarde terminaban una sesión fotográfica con la temática de ropa veraniega. Porque Latinoamérica a diferencia de Europa se encontraba en época de verano, así que les había venido como anillo al dedo todo ese tema.

La mayoría de la ropa era bastante cómoda y el resto simplemente la ocupaba un rato, así que no había problema con ello. Y entre fotos y flashes, los descansos eran lo más esperado tanto para Ron como para el resto de sus compañeros modelos.

En una mesa al otro extremo, había una amplia y larga mesa con todo tipo de comidas. Así que dispuesto a disfrutar de ese privilegio eligió un plato grande y comenzó a rellenarlo de todo lo que le pareció apetecible. Para su sorpresa Lucas, su jefe se encontraba haciendo exactamente lo mismo.

— ¿Hambriento?

— Me comería un caballo en este momento —aceptó.

— Somos dos —respondió él, luego observó con diversión la gran hamburguesa en su plato — ¿Estás seguro que puedes comerte eso? ¿Tu estilista te lo permite?

— Yo soy mi propio dueño, puedo comer lo que quiera. —bromeó el pelirrojo. Lucas asintió riendo también. — ¿Cómo va todo? ¿Estaremos listos para irnos esta noche a casa?

— Si terminamos las cosas antes de las ocho, todos podrán partir lo antes posible. ¿Tienes pasaje para esta noche?

— Espero poder viajar a las once. La línea me ha ofrecido viajar esta misma noche, así que lo planifiqué para esa hora. Pero tú eres el jefe, así que depende de ti.

— Estaremos listos en una hora, no te preocupes —aseguró él.

Hubo un silencio que se generó por la nueva búsqueda de ambos hombres por encontrar más cosas con las que alimentar sus hambrientos estómagos.

— ¿Has tenido noticias de la salud de Hermione? —preguntó Lucas, ofreciéndole un trago de los que se encontraban servidos.— Es sorprendente la mala suerte que tiene esa pobre muchacha.

— Supongo que debe estar bien, y no, no sé nada de ella. ¿Por qué la pregunta?

— Bueno, pensé que aunque estén separados, lo mínimo será que quieras saber de su salud después de lo que le pasó.

— ¿Qué? ¿Qué demonios? ¿Qué le pasó? —preguntó sorprendido, generando que su plato tambaleara un poco en su mano. ¿De qué diablos hablaba su jefe? Hermione estaba bien. ¿Cierto? — ¿Qué quieres decir con después de lo que le pasó?

— ¿No lo sabes? —examinó él sorprendido. Por la evidente mirada de ni puta idea de Ron, prosiguió. — A Hermione le dispararon, mientras iba a visitar a su padre. Escuché que fue una loca que constantemente escribía de ella en los diarios. Una tal Rebeca… Rita….

— Rita Skeeter —corrigió rápidamente.

— Si, bueno eso es lo único que sé.

— ¿Por qué nadie me dijo nada?

— Todos creímos que tu sabias, pero que no querías hablar de ello o que estabas lo suficientemente enojado para que no te importara.

— ¡Por supuesto que me importa! —exclamó con fuerza, dejando su plato sobre la mesa.

— ¡Eh, tranquilo Ron! —lo retuvo Lucas, empujándolo con una mano cuando parecía que perdía el control. — Ella está bien.

— ¡Cielos, soy un imbécil! —se maldecía, tirando de su cabello con fuerza. — ¡Las malditas noticias, por qué no vi las malditas noticias!

Todo ese tiempo que había decidido no prestar atención ni a revistas ni el diario o la televisión, se había estado perdiendo la noticia del siglo. La única maldita noticia que le importaba. ¿Qué el mundo conspiraba en contra de él? Probablemente Hermione pensaría que era un maldito idiota por ni siquiera llamarla o preocuparse de su salud.

¿Y su madre? ¿Por qué ella no le había dicho lo que había pasado con Hermione?


Ahora que comenzaba la temporada de fiestas de final de año, el clima comenzaba a acompañarlos con heladas ventiscas y lluvias incansables. El frio era insoportable para muchos y por largas horas parecía que muy pocos se aventuraban a salir de la comodidad de sus casas. Pero esa mañana parecía que el mal tiempo había cesado, dejando a su paso solo la nieve y un poco de frio.

Hermione se preocupó cuando su padre le informó que prefería quedarse en casa, que ir a comprar con ella. Claramente no le gustó mucho la idea, pero cuando él le pidió si más tarde podían salir a caminar un rato el fastidio se evaporó rápidamente.

Cuando se estacionó a las afueras de un gran supermercado, sabía perfectamente que este estaría bastante lleno, pero no pensó que fuera tanto después de todo. Así que entre intensas miradas de todo el mundo, logró llegar a su auto con todo lo necesario para celebrar una buena navidad la noche siguiente.

Una vez que llegó a casa, se sorprendió al descubrir que su padre estaba listo para una caminata. Correctamente abrigado, porque sabía que ninguno quería arriesgarse a un resfrío en esas fechas de fiestas. Ella por supuesto aceptó contenta por pasar ese tiempo con su padre y salieron a caminar por los alrededores de su casa.

El ambiente navideño era claro por todos lados y todo parecía perfecto para una tarde de caminata. Tanto la compañía como el ambiente, fueron la mezcla perfecta para que se diera cuenta de todo lo que debía agradecer esas vísperas navideñas.

Eso hasta que una mujer los tomó por sorpresa.

— ¡Hermione, cielo! —exclamó Molly Weasley, acercándose para darle un fuerte abrazo. Y lo mismo a su padre, que se encontraba apoyado de su brazo. — ¿Cómo has estado cielo? ¿Cómo están los dos?

— Bien, muy bien, gracias. —respondió ella, abochornada por la situación. — ¿Y ustedes como han estado?

— De maravilla mi niña, disfrutando de estas fechas. —admitió la mujer sonriendo ampliamente. — ¿Sabes? Justo iba a tu casa.

— ¿Enserio? ¡Vaya! ¿Por qué? ¿Sucede algo? —preguntó. Sabía que no era la mejor forma de expresar su preocupación por su familia, pero le preocupaba en cierta manera que algo hubiera ocurrido con Ron, o los otros Weasley.

— Quería decirte que nos encantaría que pasaran el año nuevo con nosotros, querida —confesó la mujer, tomándole la mano con fuerza y cariño maternal. Luego se dirigió a su padre. — Estamos todos muy felices de que esté usted mejor.

— Muchas gracias —agradeció él sinceramente, haciendo un leve asentimiento de cabeza, agregándose por primera vez a la conversación.

— Así que… ¿Contamos con ustedes para año nuevo? —quiso saber ella. Hermione enserio quería decirle que sí, pero la sola idea de imaginarse frente a toda esa familia. Llena de pelirrojos. Llena de personas que se parecían tanto a Ron. No, no era una buena idea. — Toda la familia estará muy feliz, por favor.

No.

De ninguna manera.

No hay nada que pensar.

No, definitivamente no.

— Sí, está bien. —aceptó finalmente.

— ¡Oh, maravilloso! —exclamó Molly con entusiasmo. — Nos vemos en una semana, entonces.

— Nos vemos, Molly —se despidió la castaña y el señor Granger también.

Cuando la señora Weasley estuvo lo suficientemente lejos de ellos, Hermione ayudó a su padre a sentarse en la banca más próxima y luego suspiró con fuerza.

— No es que sea experto en las actitudes de ustedes las mujeres, pero creo que no quieres ir a esa fiesta.

— No es que no quiera ir —intentó aclarar ella.

— ¿Es por Ron?

Esa pregunta le llegó con fuerza.

Después de que su padre hubiera escuchado toda la historia hace unos días, seguía sintiéndose avergonzada y triste. Y aunque sabía que debían hablar del tema, no parecía muy buena idea aún.

— No quiero que todo esto se vuelva incomodo, y menos cuando después de tanto tiempo al fin puedo celebrar un año nuevo tranquila y feliz.

— Cariño, no puedes estar segura de que él estará ahí.

— Créeme que sí —le aseguró. Su padre frunció el ceño intrigado. — La señora Weasley tiene como "regla obligatoria" que pasen las festividades juntos. Todos los Weasley van a la madriguera y celebran las fiestas.

— ¿Cómo es que esa casa alcanza para tanta gente?

— Es una maravilla —dijo ella, que sonrió inconscientemente. — Es una locura como en esa casa todo el mundo entra y puedes aun así estar tan cómodo como si fuera un hotel.

Su padre sonrió también, interesado por la madriguera.

— Hija, lo único que puedo decirte es que no puedes alejar a esa gente que te quiere tanto, solo porque te sientes incomoda con uno de ellos. Son tu familia. Ellos estuvieron ahí cuando más lo necesitabas.

— Lo sé.

— Entonces, creo que debemos ir de compras, por un bonito vestido para ti.

— Suenas como una mujer —bromeó ella.

— Bueno, es que después de años sin salir a comprar, creo que lo extraño un poco.

— ¡Va a llegar el final del mundo! —exclamó con dramatismo.

— Sí, eso mismo voy a decirte yo después cuando estés desesperada por no saber que ponerte.

— ¡Papá!

— ¡Hermione! —le respondió él riendo.

— De acuerdo, vamos. Creo que ya ha comenzado a helar de nuevo.


Mientras aguardaba para que fueran las once en punto, y emprender su viaje a Londres, marcaba con desesperación el número telefónico de su madre. Pero parecía que nadie se encontraba en la madriguera, porque por más que insistía nadie contestaba.

Observó su habitación con cansancio. Tanto él como sus compañeros estaban ansiosos por llegar a su tierra natal, porque al día siguiente sería la tan esperada Navidad, así que las ganas de llegar pronto eran inhumanas. Pero por más que observaba el reloj una y otra vez las once no se acercaban más rápido.

Alguien al fin alzó el teléfono.

— ¿Diga?

— ¡Papá! —exclamó apenas reconoció la voz.

— ¿Ron? ¡Hola hijo! ¿Cómo estás? ¿Listo para volver a casa?

— Tengo pasaje para las once, así que espero contando los minutos a que sea la hora. Además me estoy muriendo de calor aquí.

— Cuando llegues aquí extrañarás ese calor.

— ¿Ha nevado mucho?

— Lo suficiente como para que tenga a tus hermanos hace tres horas, trabajando afuera para sacar la nieve de la entrada de la casa.

— ¿Ya llegó Bill?

— Tardará un día más en llegar, tal vez se encuentren en el aeropuerto.

— Trataré de hablar con él para ver si podemos encontrarnos. —respondió. — ¿Y mamá?

— Salió a comprar y a hacer un recado.

— ¿Salió hace mucho? Necesito hablar con ella.

— Creo que debe estar por llegar en cualq… ¡Ahí llegó! espera un poco, hijo. —su padre dejó el teléfono y se escucharon pasos alejándose. Luego a los minutos pasos se acercaban.

— ¿Ron? —preguntó su madre. — ¿Cómo estás cielo?

— Indignado.

— ¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué pasó?

— Eso debería preguntártelo a ti, mamá. —respondió él, enojado. — ¿Por qué no me dijiste que Hermione fue herida?

— Porque tú me pediste que no te hablara de ella.

— ¡Pero eso era diferente! ¡Su vida corría peligro!

— ¿Tú crees que no te habría informado si las cosas hubieran sido más graves? Hermione está bien cariño, ella no tuvo nada peligroso, su brazo mejoró y tú tampoco preguntaste por nada, cuando está claro que las noticias pasan en todo el mundo.

— No ví las noticias —confesó fastidiado.

— ¿Entonces la culpa es de quien, Ronald? —respondió ella también con molestia. — Ya que soy la mejor madre del mundo, y para que estés tranquilo, ella pasará el año nuevo con nosotros, así que ahí podrás preguntarle en persona como está. Y podrás saludar también oficialmente a tu suegro.

— ¿A mí qué? —preguntó sorprendido.

— ¿Tampoco sabes lo del padre de Hermione?

— Claro que no…

— Bueno, el señor Granger despertó de su coma, cielo. Está en casa con Hermione. No puedes imaginarte lo feliz que está ella.

De pronto se quedó mudo. Todos sus pensamientos giraban en torno a Hermione, su padre y el año nuevo. ¿Podía ser la vida más maravillosa? Estaba más que feliz por ella, pero una sensación agridulce lo embargaba. Tanto por el hecho de que no hubiera estado con ella en ese momento, o cuando le dispararon, o porque ya no podía llamarlo suegro.

— ¿Necesitas que lleve algo para mañana?

— No cariño, hoy compre todo lo necesario. —aseguró ella. — ¿Cuándo viajas?

— En unos minutos, así que los llamaré cuando llegue.

— Bueno, cielo. Que tengas un buen viaje.

Ron le agradeció y luego se despidió. Sintiéndose un poco más tranquilo, pero claramente no menos culpable por su falta de preocupación.


Esta navidad, tanto para la familia Werasley como para los Granger, había sido una de las más mágicas.

Por un lado toda la familia Weasley se había conglomerado en la madriguera para celebrar en familia. Solo había faltado Bill Weasley, porque su trabajo y la salud de su esposa embarazada se lo habían puesto difícil, pero con la seguridad de que para año nuevo la pasarían todos juntos.

Todo había sido perfecto tanto en la comida, como en la celebración. Habían disfrutado de variadas conversaciones e interminables chistes que alegraban el ambiente. Junto con esto, la gran cantidad de presentes casi les quitaba la mitad del espacio, y el arbolito comenzaba a desaparecer. Esa noche, nadie se fue a la cama triste, porque la alegría de los Weasley, era algo que nadie jamás lograría igualar. Eran una familia feliz y así seguía siendo cada año.

Por otro lado, la familia Granger, aunque no era muy amplia, rebosaba de la misma felicidad. Hermione se había preocupado de preparar una gran cena, al estilo de las que solía preparar su madre cuando ella era más pequeña. Y su padre había preparado una sorpresa para ella, no solo en los regalos, sino también en la decoración del árbol de navidad. Este estaba lleno de fotos familiares, desde la punta hasta las ramas más inferiores.

Su padre la incitó a tomar una foto esa noche, diciéndole que esa sería la que se ubicaría justo bajo la imagen de la punta. Aquella bella foto de su madre, sería la perfecta estrella esa noche.


Seguida de aquella celebración tan maravillosa, una semana después le seguía la fiesta de año nuevo. Y como la familia Weasley y los Granger lo pasarían juntos, el estrés era mucho mayor. Molly había corrido de un lado a otro preparando todo para esa noche. Más comida de la normal y más adornos de los que jamás había puesto.

Hermione por otro lado se había puesto aquel vestido que había elegido con su padre, y él lucía una tenida elegante pero cómoda. Cuando ya era la hora que habían predispuesto para encontrarse todos, Hermione sintió que el nerviosismo aumentaba considerablemente. Aun no bajaba del auto y ya sentía que se desmayaría. Había una buena cantidad de autos, pero no el que esperaba encontrar, así que lo atribuyó a que Ron probablemente habría cambiado su auto por uno nuevo y mejor, como el que se encontraba estacionado en una de las esquinas.

Cuando ingresó en la casa, toda la familia se acercó a saludarla y admitiendo que estaban muy felices porque su padre estuviera nuevamente con ella. Luego poco a poco todos se fueron repartiendo nuevamente por la casa y en menos de lo que pensó todos a su alrededor habían desaparecido, incluido su padre, que ahora se encontraba conversando con los chicos Weasley.

¿Y Ron? ¿Dónde estaba él?

— Él no está aquí. —respondió Charlie, como si le estuviera leyendo el pensamiento. — Fue a buscar a Bill y a Fleur.

— No estaba busca…

— Claro que lo estabas —la interrumpió. Hermione suspiró rodando los ojos. No soportaba verse tan desesperada. — Pero está bien, porque él hizo lo mismo cuando llegó.

¿Se suponía que eso debía alegrarla? ¿Preocuparla? ¿Asustarla?

— ¿Cómo has estado, Charlie? —preguntó, haciéndole ver que ese no era una tema que quisiera hablar. — ¿Cómo va el trabajo?

— De acuerdo, entendí la indirecta. Pero conste que solo quiero lo mejor para ustedes.

Charlie desapareció luego de decir esas palabras. Ella frunció el ceño molesta. No se había molestado si quiera en responder a sus preguntas.

Pero no se preocupó mucho más, porque en eso apareció Ginny pidiéndole su ayuda en la cocina. Al parecer su tarea sería llevar los platos a la gran mesa.

— Yo puedo llevar los tres platos, no te preocupes —aseguró, tomándolos con agilidad.— Fui mesera un buen tiempo, tengo talento para esto.

Ginny soltó una risita y luego le aplaudió al verla ubicar los platos en sus manos y brazos.

— Gracias, Hermione. Iré a ver que más necesita mi madre.

A pesar de que solía manejarse muy bien en ese tipo de situaciones, esta vez sus manos temblaron y sumado al cosquilleo que la recorrió al sentir la profunda voz de alguien demasiado conocido, un plato voló hasta estrellarse contra su vestido nuevo. Todos se giraron al escuchar el sonido de la cerámica del plato romperse en mil pedazos. Incluso Ron, que arrugó el entrecejo ante la escena. Hermione deseó que se la tragase la tierra en ese momento.

— Querida… —inició Molly, agachándose a ayudar a Hermione.

— Yo lo siento tanto —se disculpó la castaña, con las mejillas a punto de estallar y los ojos llenos de lágrimas. — Yo lo limpiaré, prepararé la comida que he botado de nuevo, lo siento tanto.

— No te preocupes querida, está bien —la detuvo ella, con una sonrisa adorable. — De todas formas creo que nadie echará de menos un plato, cuando hay otros diez más. Pero tú vestido, cielo…

— Oh, no importa. —respondió ella restándole importancia. — Iré a limpiarme un poco.

— Yo puedo prestarte uno nuevo —se ofreció Ginny. — Traje unos dos en caso de emergencia.

La señora Weasley aplaudió ante la idea y repitiéndole por millonésima vez a Hermione que no había problema, le indicó que fuera a cambiarse.

— ¿Qué fue todo eso? Pensé que eras unas experta. —se burló la pequeña Weasley.

— Sí, creo que he perdido experiencia —respondió ella restándole importancia.

Lo cierto es que su desequilibrio con los platos no había sido la falta de experiencia, si no la aparición de cierto pelirrojo que hace tiempo no veía o escuchaba. Estaba relativamente tranquila porque no lo había visto directamente a los ojos en ningún momento, y eso la aliviaba un poco. Pero por otro lado la vergüenza la inundaba desde la raíz de su pelo hasta las uñas de sus pies.

— ¿Qué color prefieres? —le preguntó la pelirroja, una vez que sacó los vestidos de la maleta. — ¿Rojo o blanco?

El vestido rojo era muy provocativo y por otro lado el blanco era muy simple, muy juvenil pero más estilo playero.

— El blanco. —respondió rápidamente.

— No, yo creo que el rojo —se respondió a sí misma la pelirroja, guardando el blanco y ofreciéndole la prenda. — Tendrás que cambiarte en la pieza de al lado, porque esta tiene la ventana mala.

Hermione asintió, mientras salía raudamente a la habitación siguiente. La brisa de la pieza anterior había sido reemplazada por una suave fragancia masculina. Solo entonces fue consiente de en qué habitación se encontraba y su cuerpo se aceleró cuando reconoció unas fotos de Ron, cuando era pequeño. Sin mucho pensarlo se acercó y las analizó con cuidado. En ellas sonreía con dulzura, claramente inconsciente de todo el futuro que se le venía encima. La dejó en su lugar, tratando de ubicarla exactamente como había estado y luego echó una mirada al grupo de posters que colgaban sobre la pared a su derecha. Equipos de futbol, recortes de paisajes y alguna que otra medalla. Todo parecía tan sencillo, tan diferente a lo que se habían convertido.

Sin mucho preámbulo se comenzó a desvestir. Se quitó la bata que Ginny le había entregado después de darse una rápida ducha y la dejó sobre la cama. Ubicó el vestido en el suelo y luego se deslizó en él, subiéndolo lentamente por su cuerpo. Era más ajustado de lo que esperaba, pero eso no suponía tampoco un problema.

— Demonios —exclamó alguien al abrir la puerta. Hermione soltó una exclamación asustada y se dio media vuelta, encontrándose con nada más ni nada menos que Ron. — Lo siento, no sabía que estabas en… mi pieza.

— No, lo siento yo… no debí… pero Ginny me dijo que…

— Está bien, volveré más tarde —se disculpó él, comenzando a retroceder.

— ¡No, espera! —exclamó ella, con demasiado entusiasmo. Ron se detuvo pero no entró, y mantuvo la puerta medianamente cerrada para darle privacidad. — Necesito que me ayudes con el vestido.

Él pensó no haber escuchado bien, porqué seguramente eso era una locura.

No podría lograrlo.

Esto era demasiado para él.

— ¿Ron? —preguntó ella, después de unos segundos sin recibir respuesta.

Él se aclaró la garganta y asintió entrando en la habitación. Cerró la puerta, evitando así que alguien más tratara de entrar y se acercó un poco, solo para poder observarla de lejos. Sus ojos fueron rebeldes y se deslizaron desde los pies descalzos de la muchacha, hasta sus ojos castaños intensos. Hermione percibió el recorrido de la mirada de Ron y no pudo evitar sonrojarse. Tampoco es que le molestara, pero eso volvía aún más incómoda la situación.

— Entonces, te ayudo con… —comenzó él, señalándole la tela roja.

— Sí, por favor. —agradeció, dándose media vuelta. Una corriente de aire corrió por su espalda desnuda, recordándole que el cierre llegaba hasta la curva de su trasero. — Ginny decidió pasarme su vestido más… llamativo —finalizó bromeando.

¿Llamativo?

Eso era definitivamente algo más que llamativo, pensó él. Provocativo, era una mejor palabra.

— Esta bien, te queda muy bien. Todo te queda bien. —opinó.

Consciente de que debía hacer lo que la castaña le había pedido, se acercó los pasos necesarios y tomó con cuidado la tela y el cierre para comenzar a deslizarlo por su espalda. Tragó saliva nervioso, observando sin descaro alguno como un pequeño trozo de tela rojo cubría su espalda baja, cubriendo lo justo y necesario. Un pequeño movimiento en falso y podría ver su trasero en todo su esplendor. De pronto la bragueta de sus pantalones comenzó a estar más apretada de lo normal y su respiración se aceleró. Sus respiros fueron más fuertes y todo el aire expulsado chocó contra el cuello desnudo de Hermione.

Ella soltó un suspiro, más parecido a un gemido.

Y ahí todo se fue al demonio para Ron.

Su control estaba llegando al borde.

La deseaba, maldita sea. Con cada célula de su cuerpo, la necesitaba tanto como el aire.

Hermione no estaba en una situación muy diferente. Su corazón latía desbocado, haciendo que su piel se sonrojara y que sus ojos se cerraran instintivamente, solo dejando alerta sus sentidos del tacto y oído.

— ¡Hermione! ¿Estás lista? —preguntó la voz de Ginny al otro lado de la puerta. — Mamá quiere que empecemos a cenar.

— Sal… saldré en un momento —respondió ella con voz temblorosa.

— ¡Te esperamos abajo!

Ron se aclaró la garganta y se separó lo suficiente como para estar a una distancia prudente que le permitiera mantener el control de sus acciones. Se dio rápidamente la vuelta instintivamente recordando un abultado amigo en su región inferior. Hermione también se giró, encontrándose con él de espaldas. Trató de analizar su postura, cavilando entre la decepción y la incomprensión.

¿Él no quería verla? ¿O simplemente le repugnaba lo que había sucedido recién?

— Gracias —soltó ella, esperando alguna palabra.

— Está bien —aceptó él, saliendo raudamente de la habitación.

Y ella se quedó ahí. Sintiéndose una completa tonta, por haber creído sentir que él la deseaba. Ni siquiera la había mirado, y luego se había marchado sin más. Sus ojos lagrimearon nuevamente y trató de tranquilizarse, porque si no parte de su maquillaje se arruinaría de nuevo. Se puso los tacones y luego echándose una rápida mirada en un pequeño espejo, salió de la habitación dispuesta a olvidar toda su mala suerte del día.


— Demonios, demonios, demonios —maldecía el pelirrojo en susurros, apretando su agarre contra el lavabo del baño. — ¡Soy un maldito pendejo!

Su entrepierna abultada comenzaba a doler y él sabía que sería difícil hacerla decaer. Había estado a segundos de ponerse en evidencia. De demostrar su debilidad una vez más.

¿Es que esa mujer no se daba cuenta del poder que tenía sobre él?

Una simple mirada, un simple toque y él estaba a mil.

Solo recordar su piel sedosa, su desnudez y su voz…

¡Maldita sea!

Ahí estaba de nuevo el dolor. No estaba ayudando para nada a calmar la situación.

Piensa en pescados… monos… las nubes… gatitos… perritos… sus ojos… su boca… su piel… su cuerpo…

¡No!

Solo en autos, camiones, aviones, barcos, cualquier maldita cosa que no sea ella.

Hermione, ¿Has visto a Ron? —escuchó que le preguntaban en las escaleras. — No logramos encontrarlo.

No… digo, sí. —respondió ella, con evidente nerviosismo. ¿Eso era por él? — Creo que fue al baño o a su pieza. No lo sé.

Iré a buscarlo —se ofreció Harry.

Dile que no se demore, vamos a empezar a cenar.

Acto seguido escuchó las pisadas de su amigo dirigiéndose hacia él. La desesperación lo embargó, tenía que calmarse pronto o se volvería muy incómoda la situación. Más de lo que ya era…

— ¿Ron? ¿Estás ahí? —preguntó, golpeando la puerta del baño.

— Estoy ocupado —soltó él, tratando de hacerle creer que hacía otra cosa más que relajarse para que su entrepierna bajara.

— Oh, entiendo amigo. Tu madre dice que te apresures porque empezaremos a cenar.

— De acuerdo, gracias.

Ron esperó escuchar el sonido de los pasos de Harry alejarse, pero eso no sucedió.

— ¿Estás bien?

— Sí, claro —asintió él, como si nada. — ¿Por qué?

— Vamos Ron, tu sabes por qué.

— Estoy bien, Harry —respondió con sequedad.

— ¿Estás seguro? Puedes decirme… estoy solo acá afuera.

Por un segundo pensó gritarle y decirle que se fuera, pero en su lugar abrió la puerta con su rostro más derrotado y se encogió de hombros. Harry le dirigió su mirada más comprensiva y asintió comprendiendo la situación.

— ¿Qué pasó?

— Ese maldito vestido —masculló con enojo. — ¿No podía llevar alguna maldita túnica? Un pantalón o lo que sea…

— Se ve realmente linda —coincidió el esposo de su hermana.

— ¿Cómo dejas a Ginny andar por ahí vestida de esa forma?

— Hablas como un completo idiota, amigo —bromeó él. — ¿Crees que puedas hacer bajar a Ronnie Jr antes de que suban a buscarnos?

— Solo tengo que pensar en gatitos…

— ¿Y qué harás el resto de la noche? ¿Pensar en perritos también?

— Lo que sea con tal de no estar así de nuevo. —respondió Ron, un poco más relajado, ya que la conversación comenzaba a tener un efecto favorable. En minutos todo estaría como antes.

Se formó un silencio, que no fue incomodo, pero si desesperante. Harry se apoyaba en el marco de la puerta, observando en dirección a la escalera, alerta de la aparición de cualquiera, cuando Ron le informó que todo estaba bien otra vez.

Una vez abajo todos estaban sentados en sus lugares. Ron agradeció que el único lugar libre no fuera al lado de la castaña, porque sus ojos se habrían desviado demasiado hacia ella de tenerla cerca. En su lugar tomó asiento al lado de los gemelos y su madre, y trató de concentrarse en la comida y no en mirarla. Había estado tanto tiempo sin verla directamente, que era casi como algo prohibido posar su vista en ella. Había deseado con tanta fuerza poder volver a verla, que ahora que la tenía frente a él, no sabía cómo reaccionar. Ella estaba bonita. ¡Qué bonita! ¡Estaba tan hermosa como siempre! Y su sonrisa era mucho mayor ahora que tenía a su padre.

Posó sus ojos en ella, que conversaba animadamente con Bill sobre algo que no alcanzaba a escuchar. Sintió envidia. Una envidia no sana por su hermano.

— Bueno familia y amigos, es un placer poder tenerlos a todos aquí esta noche. —inició el señor Weasley. Él parecía ser el encargado de comenzar los discursos.— Y como último día de este año, debemos agradecer las buenas noticias que han llenado a nuestras familias y desear que sigan así para el próximo año. Así que como representante de mi familia, quisiera decirte Hermione, que estamos muy contentos de tenerte aquí, junto a tu padre por supuesto. Sabíamos que esta alegría llegaría pronto, y se ha cumplido finalmente. —todos aplaudieron, Hermione se emocionó y conteniendo las lágrimas asintió. — Por otro lado, estamos muy felices de tenerte un año más con nosotros Harry. Eres como un hijo más y deseamos que siga siendo así para siempre. —Harry agradeció y luego volvieron a aplaudir. — Bill y Fleur, estamos muy felices por ustedes también, y por ese pequeño Weasley que viene en camino. —la rubia soltó unas pequeñas lagrimitas. — Y finalmente a mi familia, decirles que estamos muy orgullosos de todos. Con Molly nos imaginamos por mucho tiempo que llegaran momentos como estos, cuando todos estuvieran realizando sus vidas independientemente y tuvieran tanto éxito. Creo mejores compañeros de vida no han podido elegir, así que por eso brindemos. Por el éxito de todos y que sea un excelente nuevo año.

Alzaron sus copas chocándolas unas a otras, en un repetitivo tintineo. Luego de esto, todos procedieron a comenzar a degustar las delicias que con tanto esmero la señora Weasley había preparado.

Como dijo Molly, el plato de comida que había caído al suelo no hizo mucha falta, puesto que todos quedaron satisfechos muy pronto y bastante comida quedó. Claro eso no fue un problema, ya que de a poco se acercaban nuevamente para sacar uno que otro bocado cuando pasaron de estar sentados en la mesa, a ubicarse en el gran patio, que había sido decorado especialmente para la ocasión. Bancas plateadas se ubicaban esparcidas por todo el lugar, pequeñas cadenas de luces, una mesa con canapés y tragos, etc.

Todos se esparcieron por el lugar, organizando pequeños grupos de conversación. Los gemelos junto a Bill y Charlie hablaban sobre trabajo y bromas. Fleur, Ginny y la señora Weasley se ubicaban cerca, hablando de algunas preparaciones de comida y el próximo bebe de la rubia. Y el señor Granger y Arthur hablaban sobre temas más triviales. Solo Hermione se encontraba observando el amplio cielo despejado y oscuro. Hacía frio, pero no lo suficiente como para aguarles el plan. Ella se concentró en aquel lienzo tintineante, que tan pocas veces había tenido la oportunidad de apreciar, o al menos desde que era una niña. Una sensación de confort la recorrió al recordar que todo parecía ir mejor que nunca.

— Es hermoso —soltó sin darse cuenta.

— Lo es —aceptó Ron, sorprendiéndola. Hermione lo miró por un momento. Una pequeña sombra de luz le permitía distinguir su rostro, su cabello resplandecía y sus ojos brillaban con fuerza. Desvió sus ojos de él para volver a concentrarse en el cielo, sin darse cuenta de que Ron no había dicho ese cumplido para el cielo. — Había olvidado lo bien que se ve desde aquí.

— Eres afortunado, yo no veía el cielo de esta forma desde que tenía seis años o menos.

— ¿Por qué no?

— No lo sé. —confesó ella pensativa. — Supongo que porque no me parecía trascendental en ese momento. Siempre ha habido cosas más importantes.

— Tu papá parece estar mejor que nunca —inició él, cambiando de tema.— Se ha recuperado rápido.

— Así es —afirmó ella, comenzando a caminar un poco más lejos de la casa. Ron la siguió instintivamente. — Se siente tan bien tenerlo de vuelta.

— Me alegro mucho.

— ¿Y tú como has estado? Ginny me dijo que te ha ido bien con tu viaje a Latinoamérica.

— Sí, bastante bien.

De pronto no sabían que decirse. La situación era incomoda y extraña. Más cuando el tema del que más querían hablar, era el que estaban seguros que no tocarían.

— ¿Y debes volver? —se aventuró ella. Ron sintió una punzada de alegría al notar que ella se interesaba por sus planes.

— Pasado mañana.

— Oh, ya veo. —masculló. Eso no era para nada una buena noticia. Esperaba que tal vez pudieran haber quedado para conversar uno de esos días. — Bueno, espero que te vaya muy bien.

— Gracias —respondió Ron. — ¿Y tú en que estás trabajando?

— En nada por el momento. Me tomé un tiempo para estar con mi padre, ya que ya sabes…

— Lo entiendo —aceptó él con una gran sonrisa. — Supongo que yo haría lo mismo.

— Esta semana me he dedicado a firmar papeles y organizar todo para crear la fundación también.

— ¿Es cierto entonces? —dijo. Hermione asintió, desviando sus ojos a él un momento en que él observaba el cielo. — Recuerdo haber leído algo en alguna parte sobre eso. Me alegró mucho, al fin lo has conseguido.

Si Hermione supiera lo atento que él había estado a cada noticia de ella en la televisión después de saber lo de su accidente, en diarios, revistas e internet, creería que es un completo psicópata.

— Así es. Valió la pena la espera —aceptó ella ilusionada. — Comenzaremos con los fondos y las actividades la próxima semana, así que estoy muy entusiasmada. Robert me ha ayudado con todo y mi papá ha dado algunas ideas también, así que todo está saliendo perfecto.

— Es bueno saber que has estado bien —confesó él sin darse cuenta. — Bueno, ya que no terminamos en muy buenos términos creo que te debo una disculpa también.

— No Ron, creo que la disculpa te la debo yo, me comporté mal y dije cosas que ni siquiera pensaba.

— Está bien, Hermione. Los dos nos equivocamos, estábamos enojados y teníamos que tomar decisiones muy repentinamente. Así que estamos bien.

Él se giró para mirarla y ella también. Se sonrieron con sinceridad y en un ataque de valentía, Ron se acercó lo suficiente para abrazarla. Hermione se sorprendió, pero le correspondió rápidamente, alzándose un poco de las puntillas para tratar de alcanzar su altura. Ron aspiró con fuerza el aroma de su perfume, mezclado con su propia esencia y sintió que se mareaba momentáneamente por solo tener el privilegio de tenerla en sus brazos otra vez. Hermione sintió que su cuerpo flaqueaba. Sus piernas se volvieron más débiles y su cuerpo tembló por la sensación de tenerlo nuevamente a su lado. Ron la rodeó de la cintura presionándola contra su bien definido cuerpo y sintió que llegaba a tocar el cielo nuevamente. Ese hombre acababa con toda su cordura.

— ¡10! ¡9! ¡8! ¡7! —canturreaban todos a la vez, cuenta atrás. — ¡6! ¡5! ¡4! ¡3! ¡2! ¡1!

— ¡FELIZ AÑO NUEVO! —gritaron casi todos.

Instante después todos se encontraban abrazándose los unos a los otros, deseándose que fuera un nuevo y mejor año.

— Feliz año nuevo, Ron —le susurró Hermione al oído y él se estremeció.

— Feliz año nuevo, Hermione.

No habían separado su abrazo ni antes de que empezara la cuenta regresiva, así que cuando sintieron que la situación se volvía extraña e incómoda se separaron y sonrieron.

— Será mejor que volvamos. —dijo ella, comenzando a caminar.

Ron tardó un momento en seguirle el paso, así que ambos llegaron a distinto tiempo y se dividieron para saludar a los que no habían felicitado.

La fiesta finalizó horas después, cuando todos parecieron estar de acuerdo en que era momento de ir a descansar. Se dividieron las habitaciones sin problema y luego todos durmieron. Ron y Hermione no volvieron a toparse esa noche, aunque fueron muy conscientes de que esa sin duda había sido la mejor noche juntos, desde hace mucho tiempo

Pasar el año nuevo juntos, no había sido tan mala idea después de todo.


¡Hola mis muy apreciados lectores!

Hoy les traigo el penúltimo capítulo de Famosos. Sí, lo sé, es muy triste que estemos llegando ya al final, pero así es la vida. Esta historia ha sido una compañera más de mi vida y que ustedes la quieran tanto, es algo maravilloso.

Le agradeceré por millonésima vez, porque sin ustedes esto no sería realidad. Créanme que jamás creí que esta historia se volviera tan popular. Yo solía leer mucho en las plataformas de fics Romione, y mi admiración era gigantesca para ciertas escritoras. ¡Es una maravilla!

Muchas gracias por todo, espero que el capítulo les haya gustado. Es especialmente largo hoy, también jajaj.

¡Así que muchos cariños a todos y nos leemos el próximo domingo para el ultimo capítulo!:)