Capítulo 50: Aeropuerto

Si despertar temprano en un día normal era desastroso, amanecer la mañana siguiente a año nuevo era una gran tortura. El ambiente festivo seguía respirándose con fuerza aquella mañana de enero en la casa de los Weasley, demostrando claramente que era el primer día oficial de un nuevo año. Y para hacer honor a ello, todos los residentes de la casa seguían disfrutando del placentero descanso, o al menos más de la mitad lo hacía. Incluso Molly Weasley había decidido quedarse a descansar un poco más de lo normal esa mañana. Y sí, eso era raro, pero aún más inexplicable era que cierto pelirrojo modelo no había logrado descansar mucho y no parecía tenía ganas de seguir en la cama. Desde que había despertado hace unas horas no conseguía hacer nada más que pensar en cierta castaña que se encontraba a unas piezas lejos de la suya descansando. Y no hacía más que rememorar el día de ayer, con todos y cada uno de los momentos en que se había cruzado con Hermione o que simplemente la había visto de reojo. Así que finalmente, hastiado de su propio masoquismo, se levantó. Se puso un par de vaqueros, un chaleco de lana blanca tejido por su madre, y bajó al primer piso, dirigiéndose directamente a la nevera en busca de algo que pudiera saciar su hambre.

El alcohol no lo había afectado como al resto de su familia y su estómago se lo demostraba claramente, rugiendo como si fuera el mismo godzilla. Se preparó un sándwich con un gran vaso de leche y se sentó frente a la mesa en una de las sillas, absorto en sus pensamientos mientras observaba con detenimiento aquel lugar que tanto adoraba. Era su casa. La misma que lo había visto crecer por dieciocho largos años. Ahora seguía prácticamente igual, y él lo agradecía, porque era más que reconfortante sentirse nuevamente en casa después de una larga estancia fuera del país.

— Buenos días —saludó alguien, apareciendo de la nada. Ron sintió que su estómago se contraía produciendo una extraña sensación, que distaba mucho de ser hambre. — ¿No puedes dormir o tu estomago está suplicando por comida?

— Un poco de ambas—respondió él. — ¿Tú?

— Lo mismo —respondió Hermione, mientras sin darse cuenta preparaba para ella, lo mismo que Ron comía en ese momento.

Hubo un silencio incómodo, lleno de aquellas inseguridades que entre ellos parecían nunca terminar. La idea de sentarse ambos en ese lugar, sin hablar y solo escuchándo al otro comer, era la peor idea para esa mañana. Y ya que parecía que ninguno se aventuraría a hacer más preguntas esa mañana o a salir de ahí, Hermione se mantuvo de pie apoyada en una pared, saboreando su desayuno, mientras Ron por otro lado se mantenía sentado, evitando mirarla.

¿Es que ella se empeñaba en hacerlo maldecir y pensar en gatitos?

¿No podía haberse puesto algo que le cubriera más que lo justo y necesario?

Bueno, no es que le molestara realmente, pero la idea de andar con una erección en sus pantalones enfrente de toda su familia, no era una buena imagen para recordar.

— ¿Cómo has estado de tu salud? —quiso saber, evitando hacer contacto visual con ella. Hermione continuó masticando, pero no lo miró tampoco. — Escuché lo qué pasó con Reta.

— Mejor, supongo. —respondió ella.

— ¿Y te recuperaste completamente de tus ulceras? —insistió él nuevamente. Parecía tonto estar preguntándole sobre lo que había pasado hace dos semanas, cuando algo mucho más importante había sucedido solo hace una.

Y Hermione realmente hubiera agradecido que no hubieran llegado a ese punto. Porque había olvidado por completo ese tema y sus resultados.

— Debo ir a buscar los exámenes lo antes posible. Se suponía que debía haber ido antes de año nuevo pero lo olvidé completamente con todo esto de las celebraciones, mi papá y lo de Reta. Y ya que dudo que hoy trabajen, tendré que ir mañana. —mintió, sintiéndose más que incomoda con el tema.

¿Había hablado demasiado? ¿O solo eran los nervios?

— ¿Pero te has sentido bien?

— Teniendo en cuenta que no me duele nada más que la cabeza, supongo que sí. —dijo soltando una risita nerviosa. Ron asintió sin saber que decir realmente.

— Supongo que me alegro de eso.

¿Supongo? ¿Qué diablos significaba eso? ¿Era un me alegro inmensamente que estés bien? O un… ¿Me alegra que no te hayas muerto?, analizaba Hermione.

— Vaya, no pensé que dudaras sobre si te parece bien o no que esté sana. —añadió ella dolida.

— Yo no quise decir eso.

— Pero lo hiciste.

— Sabes que no soy bueno hablando.

— Eso está claro —aceptó ella. Ron bufó molesto.

— Escucha, si te molesta que esté aquí me iré. Solo vine por esto —soltó ella apenada, poniéndose de pie. Tomó solo el vaso que había rellenado con leche y luego emprendió camino rápidamente hacía las escaleras.

¡Demonios! ¡Yo y mi estúpida boca!, se maldijo Ron. ¿No podía simplemente decirle que había alegrado mi vida una vez más con saber que no tenía nada grave?

— Hermione, espera. Lo siento —se disculpó él, tomándola del brazo justo cuando se encontraba en el primer escalón de la escalera. — No sabes lo feliz que estoy de saber que estés bien. Cuando supe que estabas enferma, yo me volví enfermo por quererte verte, pero pensé que probablemente lo mejor sería mantenernos alejados. Y luego hace una semana supe lo que había pasado con la mujer de Robert, e imagine que probablemente lo único que querías era tranquilidad y estar con tu padre y yo… y yo simplemente no supe que hacer.

— No me hubiera molestado saber de ti ¿sabes? —confesó ella. — Creo que jamás me había dolido tanto la indiferencia de alguien.

— Era mejor que nos mantuviéramos alejados. —añadió él, sintiéndose miserable por dentro. — Las cosas no habrían funcionado si…

— ¿Estás tratando de volver a terminar conmigo? —intercedió ella, dejándolo con las palabras en la boca. — Porqué creo que me quedó muy claro lo que piensas de nuestra relación.

— No… ¡Demonios! Solo trato de que podamos hablar… tranquilos.

— No lo estás consiguiendo —aseguró ella, soltándose de su agarre, porque no sabía cuánto tiempo más podría hacerse la fuerte.

— No es fácil ¿Sabes?

— ¡Claro que lo sé!

— ¿Entonces? Deberías entender por qué demonios no logro armar una oración completa sin arrepentirme de mis palabras. Llevamos bastante tiempo sin vernos y esto es lo primero que hacemos…

— El problema es que no te entiendo —inició ella. Ron la observó atento, mientras alzaba su vista para estar a la altura de ella. Sus cuerpos estaban separados por treinta centímetros y ambos no vestían más que ligeras ropas. — Dijiste que no me dejarías alejarme y fue lo primero que hiciste.

— Hermione… ya hablamos de eso.

— No, no lo hicimos. Si mal no recuerdo, desapareciste y cuando apareciste de nuevo me echaste de tu casa, pateándome el culo.

— No recuerdo haber…

— ¡No lo digo literal! —reclamó ella en un susurro, tratando de no despertar al grupo de pelirrojos que seguían descansando escaleras arriba.

— Hermione ya hablamos de esta situación, es lo mejor para los dos. Tú y yo no hacemos más que meternos en problemas.

— ¿Crees que soy tonta? —preguntó sorpresivamente. Ron arrugó el entrecejo sin entender el porqué de esa pregunta. — Respóndeme.

— Claro que no eres tonta.

— ¿Crees que tengo algún problema mental?

— Hermione, ¿porqué…?

— ¡Responde!

— Por supuesto que no.

— ¿Entonces quién te dio el derecho de decidir por mí? No recuerdo haber tenido alguna opción en la decisión que tomaste, y creo que eso suele hacerse en pareja ¿no? —dijo. Ron se mantuvo pasivo. — A menos claro que tu único deseo fuera terminar conmigo y encontraras la manera perfecta de deshacerte de mí. ¿Querías solo conseguir a alguien con quien acostarte? Probablemente yo era la opción más fácil ¿no?

— ¡Deja de decir esa mierda!

— ¡Entonces explícame! Porque no entiendo cómo es que te rindes tan fácil siempre.

— ¡Demonios, Hermione! —exclamó furioso. Se llevó sus manos al cabello y lo tiró con fuerza, demostrando claramente su desesperación. — No quiero perder. ¿De acuerdo? Estoy harto de perder todo lo que quiero, así que simplemente… me rindo.

— ¿Te rindes? ¿Tú prefieres rendirte a intentar ser feliz?

— Así al menos no pierdes.

— ¡Claro que pierdes! ¡Pierdes siempre si te rindes! —gritó ella, fuera de sí y haciendo especial énfasis con sus manos.

— ¡Prefiero eso a hacerte infeliz!

— ¿Y quién te dijo que me haces infeliz?

— ¡Es obvio!

— ¿Obvio para quién? —gritó ella.

Claramente ya no se preocupaban de que el resto los escuchara.

— ¡Para todos!

— ¡Eres el único que piensa eso, maldita sea!

— ¡Claro que no!

— ¡Claro que sí!

— No tienes idea de lo que significa esto para mí.

— ¡Claro que no lo sé! Tú no eres capaz de decirme que te pasa, o porqué siquiera piensas que es más fácil rendirte. Yo te amo ¿sabes? Y no me habría rendido en ningún momento si tú me hubieras apoyado en todo. ¡Pero detesto que te comportes de esta forma! ¡Que actúes como un niño que no sabe lo que quiere!

¿Ella había dicho que lo amaba? ¿Eso quería decir que seguía amándolo?

— ¡Tengo muy claro lo que quiero!

— ¿Ah sí? ¡Dime qué demonios quieres!

— ¡A ti! ¡Te quiero a ti, Hermione! ¡Quiero todo de ti! ¡Te quiero a ti cada día, en cada momento, cada minuto, por el resto de mi vida! No sabes cuánto te necesito y cuando sufro por tenerte tan cerca y no ser capaz de poder besarte o tocarte. ¡Me está matando simplemente tenerte cerca! Estas dos malditos semanas he sufrido como un maldito imbécil. Tengo todas las revistas en las que has salido y escucho las entrevistas de la televisión todos los días. Se está volviendo una estúpida obsesión saber de ti. Y odio por sobre todas las cosas a Viktor Krum. Lo odio a él y su maldita propuesta de trabajo para ti.

El silencio se hizo intocable. Ninguno de los dos se atrevió a decir palabra alguna. ¿Cómo sabía de la propuesta de Viktor? Probablemente las revistas… Pero… Aquella confesión de Ron la había dejado completamente sorprendida y paralizada. Le había confesado que la amaba, que la seguía queriendo. ¿Qué debía hacer?

Ron por otro lado respiraba con fuerza, tratando de tranquilizarse. Todo su cuerpo temblaba de rabia y no sabía cuánto tiempo resistiría estando así.

— Es una lástima que te hayas rendido. —dijo ella, después de un buen rato en silencio.— Porque yo habría luchado por ti.

Ron no tuvo oportunidad de responderle, porque un minuto después Hermione ya no estaba frente a él. Había subido las escaleras corriendo, después de dejar su vaso de leche en el suelo, frente a él.

Sintiéndose un maldito idiota, como siempre, Ron se mantuvo en su posición sin saber qué hacer. No se sorprendió cuando un par de personas bajaron a su encuentro.

— ¿Qué sucedió? ¿A quien le estabas gritando? —preguntó su padre, al encontrarlo al pie de la escalera.

— A nadie —mintió, tomando el vaso de leche de la castaña y caminando hasta la cocina para dejarlo sobre la mesa. — Me iré a bañar.

Tanto su madre, su padre y Bill lo observaron mientras se iba, tratando de entender la situación que se había generado. Ninguno tuvo que pensar mucho sobre ello, porque una hora después Hermione y su padre se despedían de todos.

— No es necesario que se vayan aún, querida. Pensábamos desayunar todos juntos —insistió Molly. — Preparé una torta para hoy.

— Muchas gracias, Molly, pero ya hemos abusado demasiado de su hospitalidad —respondió Hermione. — Además, mi padre necesita descansar, porque no se ha sentido muy bien últimamente.

El señor Granger, la miró confundido. No recordaba haberse sentido mejor en su vida, pero sí su hija lo decía… alguna buena razón debía tener.

— Lo pasamos muy bien ayer, tiene usted una hermosa familia —añadió él.

— Muchas gracias, esperamos que se recupere pronto. —dijo Arthur.

La despedida fue rápida, y Hermione no titubeó al momento de presionar el acelerador para salir lejos de ese lugar. Y para su suerte, su padre no preguntó nada, porque tampoco tenía ganas de hablar del tema.


Ron tardó más de lo normal en darse una ducha, y cuando se sintió más tranquilo y listo para enfrentarse a su familia y a Hermione, bajó las escaleras. Se sentó a la mesa, donde el resto de sus hermanos saboreaba el desayuno y echó una rápida mirada a los presentes. Algo estaba mal, ella y su padre no estaban.

¿Qué demon…?

— ¿Qué fue lo que hiciste? —preguntó Charlie, sin pelos en la lengua.

— ¿Qué hice de qué?

— Ya sabes de que hablamos —intercedió Bill, atrayendo la atención de todos. — ¿Cuál es la razón de que Hermione saliera prácticamente corriendo de aquí?

— ¿Por qué asumes que yo soy el culpable?

— Probablemente los gritos de esta mañana, nos den una idea —agregó Ginny, cruzándose de brazos al lado de su marido.

Harry le dirigió una mirada de lo siento, porque probablemente era el único en esa casa que no pretendía preguntarle de lo que había pasado.

— No estábamos gritando —mintió él, tomando una rebanada de pan sin mirar nada más que sus manos.

— Ron, lo escuchó hasta Fred, y si él se despierta es que sinceramente debe estar acabándose el mundo. —añadió George riendo.

El resto de la familia también se rió, y el ambiente se alivianó un poco.

— Escuchen, los temas entre Hermione y yo son personales. Además, no me gusta hablar de eso tampoco. —les informó. — Y ya que no hay nada entre ella y yo desde hace un tiempo, creo que tampoco es su problema.

— Si piensas que abrazarla por media hora en año nuevo ante nuestros ojos, no es problema nuestro, estás en lo cierto. —ironizó Bill.

— ¿Es que se han vuelto los psicólogos de mi vida? —preguntó molesto. — ¿Cuál es el problema que la haya abrazado? Fue parte importante de mí y vida y puedo hacerlo si quiero, así como también puedo no hablar de nuestra relación. Ustedes se están metiendo en problemas que nos les incumben.

— Ron, cielo, no reacciones así. Solo estamos preocupados por ti.

— Entonces no lo hagan…

— Puedes decir lo que quieras hermano, pero estaremos metiéndonos en tu vida hasta que te mueras, o nosotros, lo que sea primero —añadió Fred.

Un sonoro suspiro salió de la boca de Ron. Dejó el pan sobre la mesa y se llevó las manos a su cabello, restregándolo con desesperación.

— Escuchen, solo lo diré una vez y no lo repetiré. —dijo, luego tomó aire y se puso de pie. — Sigo enamorado de ella, sí, hasta las patas y eso es nuevo para mí. Creo que jamás me habían visto así, pero ya no hay nada que hacer. Hermione me odia y yo me iré a Latinoamérica en unas horas. Ya no hay tiempo de arreglar nada y probablemente lo mejor sea que nos olvidemos de todo y punto. Ella será mucho más feliz con alguien que no tenga la cabeza tan hecha mierda….

— ¡Ron! —lo retó su madre, al escuchar sus palabras.

— Es la verdad, mamá. Así que ahora no quiero que nadie más me pregunte del tema. Ella seguirá su vida, y yo la mía. Así debe ser.

Hubo un gran silencio. Todos parecieron aceptar las palabras del hombre menor de los Weasley, Eso hasta que Arthur se puso también de pie, dejando de lado el periódico y acercándose hasta su hijo. Ni una mosca se sintió.

— Escucha hijo, en algo tiene razón. —comenzó, mientras le ponía una mano en el hombro y le daba unos pequeños golpecitos. — Nosotros jamás te habíamos visto así. Tan enamorado de una mujer, y creo que esa es la clave de todo esto. Somos tu familia, y por ello, tenemos todo el derecho de interceder en tus problemas, de preocuparnos porque estés bien y que tomes las decisiones correctas. —Ron lo escuchaba atento, pero sus ojos no podían mirar a su padre. Arthur prosiguió. — Y en este momento no estás haciendo lo correcto, estás tomando la solución más fácil. Créeme que el amor jamás ha sido fácil y probablemente nunca lo vaya a ser, pero esa es la razón por la que vale la pena. Uno siempre lucha por lo que quiere, y ya que tú dices y demuestras que estás loco por esa muchacha, lo justo es que hagas lo correcto ¿no crees? Tienes derecho a ser feliz, y ella también.

— Pero es que…

— Hijo, si hay algo que tiene que quedarte claro, es que los Weasley no nos rendimos ante nada, y mucho menos en el amor. —aseguró con firmeza. — ¿O puedes decirme que alguno de tus hermanos no ha luchado por la mujer que ama? —ambos observaron a todos los presentes. — Incluso tu hermana, mírala.

Ginny asintió con una sonrisa presumida abrazando a Harry, mientras todos reían.

— Y lo hice antes que tú —amplificó ella riendo también.

— Espero que con eso te refieras a enamorarte —dijo Bill, en tono sobreprotector. — O Harry probablemente será el próximo en recibir un discurso.

La risa volvió a inundar la estancia. Fleur le dio un tierno beso en los labios, mientras le susurraba melosas palabras al oído.

— Así que, supongo que vas a luchar por lo que quieres ¿no?

Ron asintió. Arthur sonrió, y ambos se dieron un fuerte abrazo.

Luego de ello, Ron emprendió camino lejos de la madriguera, con una sola dirección en mente. Así que no tardó mucho en llegar a las dependencias de Hermione, porque el rugido de su Audi lo llevó directo hasta su objetivo. El problema llegó cuando no encontró a nadie en la casa. Nadie habló y tampoco se encontraba el vehículo. Pensó rápidamente en los posibles destinos a los que habría ido, y descartó la mitad sintiéndose un inútil. Tomó su teléfono y llamó incesantemente una y otra vez, sin recibir nada más que el buzón de voz. Dejó un incontable número de mensajes, hasta que la contestadora le informó que estaba lleno de mensajes. Inseguro de sus posibilidades, se quedó sentado donde mismo, esperando que tarde o temprano ella llegara.

Cosa que nunca sucedió.


— Estás muy callada —opinó su padre, mientras ambos observaban la hermosa puesta de sol que les ofrecía el mar. — Probablemente no debería entrometerme en temas entre tú y Ron, pero sé que está salida tan repentina y el argumento de "mi padre necesita descansar", son algún acto desesperado por alejarte de tu mente.

— Solo necesitaba estar lejos —respondió ella sin mirarlo.

— ¿O necesitabas estar lejos de él?

— Es algo muy complicado.

— El amor siempre lo es, hija.

— Pero esto es aún más complicado de lo normal. —aseguró, soltando un gran suspiro. Sus ojos se cerraron y se concentró en recibir los débiles rayos de sol en su rostro. — Hoy discutimos.

— Creo que todos nos dimos cuenta de eso.

— El problema es que…

Por más que Hermione buscaba las palabras correctas no lograba explicarse.

— ¿Cuál es el problema, aparte de lo obvio?

No lo digas.

No es el momento.

Sí, lo es. Es el mejor momento.

— Hace unas semanas, sufrí un problema con ulceras —comenzó. Su padre asintió, señalándole que la escuchaba. — Y el doctor que me atendió indicó que era necesario hacer unos análisis además para descartar otras cosas. Pero el problema es que esos análisis que no debían más que confirmar mi problema con las ulceras, también confirmaron otra cosa.

— ¿Algo más? —preguntó. Hermione asintió, girándose en la silla para observarlo. — ¿Qué cosa?

— Estoy embarazada.


¿Dónde demonios estás? —quiso saber Ginny, gritándole.

— Estoy afuera de su casa.

¿No te deja entrar? —cuestionó sorprendida.

— No, es que no está en casa.

¿Y dónde fue?

— Si lo supiera no estaría aquí, Ginny —respondió molesto.

Cierto, cierto, lo siento. —coincidió. Su hermano suspiró. — Llevas muchas horas ahí, Ron. Tu vuelo va a salir pronto, necesitas arreglar tus cosas.

— No puedo irme sin hablar con ella.

¿Qué vas a hacer entonces?

— No lo sé —confesó, tirando de su cabello. Un auto cruzó frente a él, pero efectivamente no era ella.

Bueno, hay una forma para que puedas hablar con ella.

— Ya intenté llamarla, no contesta.

No me refería a eso —aclaró la pelirroja. — Tal vez puedas volverte un poco romántico, hermanito.

— Déjate de rodeos, enana. —la detuvo él riendo. — Ilumíname con tu idea.


Ese silencio era el que odiaba.

El que no había querido sentir jamás, y que ahí se encontraba compartiendo con su padre.

— Sé que es algo repentino, y probablemente quieras matarme por ser madre tan joven, pero yo… —trataba de argumentar, mientras las lágrimas corrían por sus mejillas sonrojadas. — Yo lo amo, y sé que voy a amar a este bebe con todo mi corazón. Me preocuparé que no le falte nada y que sea el mej…

— Cariño, tranquila —dijo él, acercándose para abrazarla. — Está bien, no estoy enojado.

Y ahí Hermione se derrumbó.

Ese abrazo estaba liberando todo lo que se había contenido por años y años.

Y lo mejor, era que venía de su padre.

Probablemente no fue consiente de todo el tiempo que se mantuvieron así, porque para cuando volvió sus ojos al cielo, el atardecer ya se había ido, dejando a su paso un gran y espeso cielo azulado oscuro.

— Siento no habértelo contado antes.

— Está bien, hija. —restó importancia, limpiándole las lágrimas. — ¿Cuántos meses tienes?

— No lo sé —admitió, sorbiéndose la nariz. — Solo recibí esos exámenes, los leí y…

— Y no has hecho nada. —Hermione asintió. — Bueno, nos preocuparemos de tomar la primera hora que encontremos en una consulta.

La castaña asintió, abrazándose a su padre una vez más.

— Hay algo más que debo contarte —soltó temerosa. — Este no es mi primer embarazo.

— ¿No?

Ella negó levemente, probablemente algo imperceptible.

— Pero lo perdí cuando ocurrió todo lo del secuestro y es por eso que tengo tanto miedo. No quiero pasar por lo mismo y mucho menos sola.

— No estás sola, nunca lo estarás.

Aquellas palabras resonaron en su cabeza, recordando a la única persona que las había dicho tiempo atrás. Y ahora podía confirmar que eran verdad.

— Gracias.

— No tienes nada que agradecerme, soy tu padre. —dijo él sonriendo. — No quiero ponerte más problemas, pero… ¿No crees que él necesita saberlo?

— No en este momento —respondió ella rápidamente.

— Cielo, él es el padre, debería saberlo desde el primer día.

— No quiero que se quede conmigo solo porque estoy esperando un hijo —respondió, rebelando su mayor temor en ese momento. — No quiero que se quede a mi lado por obligación. Él debe preocuparse de su trabajo y…

— Y de ustedes —terminó el señor Granger. — Hermione, créeme que cualquier hombre que se encuentre en esta situación desearía saber la verdad. Ron no es un mal chico, y por todo lo que han pasado juntos, pienso que se merece saberlo cuanto antes.

— De todas formas ya es tarde —argumentó. Su padre la miró escéptico. — Su vuelo es en un par de horas.

— ¿Y?

— Que no habrá tiempo para…

—Vamos, aún podemos intentarlo al menos —insistió él, poniéndose de pie. — ¿O es que los hombres siempre tenemos que ser los románticos en todo esto?

Hermione soltó una sonora risita, cuando se puso de pie y siguió a su padre al auto.

El viaje no tardó tanto como esperaba, y probablemente era porque los nervios la habían hecho acelerar más de lo necesario en la carretera. Su padre no dijo nada, pero estuvo atento por cualquier cosa. Cuando llegaron a la casa, Hermione salió de un salto para ayudar a su padre a bajarse del auto.

— ¿Seguro que no quieres acompañarme? —insistió ella, nerviosa.

— Tienes que hacerlo sola, cielo.

— ¿Y qué va a suceder si ya se fue?

— No lo hará.

— ¿Pero y sí…?

— Hermione, hija. Solo ve ¿de acuerdo?

La castaña asintió agitando su cabeza. Luego abrió la puerta de la casa y suspiró al momento que dejaba a su padre pasar y ella emprendía un rumbo diferente.

— Deséame suerte.

— Suerte, hija. —respondió él sonriendo.

Hermione dio media vuelta, caminando directamente hacia el auto, cuando su padre la detuvo por sorpresa.

— Encontré esto en el buzón. Es para ti, tal vez debas leerla antes de ir —señaló él entregándole un sobre.

La castaña asintió, su padre se despidió y luego cerró la puerta tras de sí. Más nerviosa que nunca, tomó el sobre de papel y quitó la carta. Desplegó las dos hojas con la caligrafía de Ron, y comenzó a leer.

Querida Hermione:

No sé cómo demonios comenzar una carta. Jamás lo había hecho y probablemente no sea la mejor que vayas a leer… discúlpame por eso. Sé que es algo anticuado, pero para el objetivo que está escrita creo que será perfecta. ¿Cómo diablos comienzo esto?

Bueno, soy un cobarde.

Sí, un cobarde, un idiota y cualquier otra palabra que pase por tu cabeza en este momento, pero soy el idiota que te ama. El imbécil que está desesperado y el cobarde que ha recurrido a escribir una carta, a pesar de que sea pésimo escribiendo (o hablando) de mis sentimientos. Pero creo que la clave de esto es ser sincero así que…

Tú, Hermione Granger. Tú y nadie más que tú, eres lo mejor que me ha pasado en esta vida…

Yo no había amado tanto a alguien y eso me asustó. Sé que sueno como un pobre adolescente con las hormonas descontroladas, pero es que cuando se trata de ti no sé qué hacer. Jamás había perseguido a una mujer, porque usualmente son ellas las que me persiguen a mí. Sé que suena petulante, pero no quiero que lo pienses de esa forma. Quiero que lo veas de la forma en que el resto lo hace y que nosotros no. De la forma en que todos dicen que mis ojos brillan al verte, o que no puedo despegar mi vista de ti cuando estas cerca. De que te sonrió cada segundo, porque adoro verte cerca de mí. O incluso que no sea capaz de quitar mis manos de ti, porque sé que así todos saben que eres mía. Y me sorprende que todos lo vean y tu no. Soy un libro abierto cuando se trata de mis emociones, Hermione…

Desde el momento en que te vi aparecer en las oficinas de Record Magic, supe que serías alguien especial. Y no podía hacer nada más que tratar de alejarte de mí, porque yo era un cobarde con el amor. Eras tan perfecta. Todo en ti gritaba perfección y creo que me molestaba mucho el que estuviera tan dispuesto a arriesgar todo por ti desde el primer día. Te besé y juro que fue lo mejor del mundo. Me fui enamorando de ti, de tus sonrisas, de tu alegría, de tu belleza, todo de ti me enamoró. Me encantaba sacarte de las casillas y que no soportaras jamás las mierdas que te decía o hacía. Eras tan perfecta que tenía miedo de no ser lo suficientemente bueno para ti. Y en parte sigo creyéndolo.

Pero pretender no amarte, ha sido lo más difícil que he hecho en mi vida. Ver tu rostro lleno de dolor, al creer que yo no te amaba… fue lo peor. Desee desde el primer instante, abrazarte con todas mis fuerzas y repetirte una y otra vez que solo era una mentira, que pensé que sería mejor que la realidad. Pero nuevamente me equivoqué y tú sufriste las consecuencias… Nunca podré perdonarme todo el daño que te causé, pero puedes estar un poco más tranquila al saber que jamás fue verdad. Créeme que jamás se me habría pasado por la cabeza engañarte. Tú eras todo lo que yo quería, no había nada que quisiera de otra persona. Tú eres todo lo que siempre he soñado y mucho más. Eres perfecta Hermione, cada parte de ti me hace amarte más. Sé que dije que estaríamos mejor separados, pero seré egoísta y admitiré que no podría vivir un minuto más de mi vida sin ti.

Aunque también supongo que después de todo, lo mejor será darte un tiempo para que lo pienses y decidas si me darás una oportunidad. Volveré a mi trabajo en Latinoamérica y te daré tiempo para que lo pienses, pero ten claro que apenas esté de vuelta en Londres iré por tu respuesta. No necesito un rotundo sí, me basta con que me dejes intentarlo una vez más.

Por favor, dame una última oportunidad.

Juro ante todo que no la arruinaré esta vez.

Te ama, Ron.

No le tomó más de dos minutos en procesar todo lo escrito. Alargó su mano lo más rápido posible y comenzó a marcar un número de teléfono incesantemente. Nadie contestó, así que encendió el motor de su jeep y emprendió camino hacia el aeropuerto. Nuevamente no tardó mucho en llegar, así que sin tomar muchas preocupaciones estacionó el vehículo y corrió a la fila de ingreso. Volvió a marcar el número y esperó.

— ¡Ginny! —exclamó, apenas contestaron el teléfono. — ¿Cuál es el vuelo de Ron?

¿Qué?

— El número de vuelo, la hora, lo que sea que me ayude a encontrarlo, dímelo.

¿Qué? ¿Por qué?

— ¡Ginny!

Eh, de acuerdo, espera. Creo que es… ¡Harry, trae ese papel! —gritó la pelirroja a su marido, al otro lado del teléfono. — Sí, sí, ese. De acuerdo es el vuelo 309. A las once y media.

— Gracias, Ginny. Adiós —se despidió, cortando rápidamente su teléfono para pasar por el puesto de boletos. — ¡Deme cualquier pasaje que me acceso a al vuelo 309 de las once y media, con destino a Mexico!

— De acuerdo señorita, pero no grite.

Hermione soltó una risita nerviosa asintiendo. Esperó a que la mujer encontrara un pasaje después de cinco minutos y le entregó su tarjeta de crédito apurándola.

— Disculpe, ¿puede decirme que hora es? —preguntó a un hombre a su lado.

— Las once y cuarto —le informó él.

— Gracias. —dijo y luego miró a la mujer. — ¿Puede apurarse? Voy a perder el vuelo.

— Lo siento, pero necesito su carnet de identificación. —Hermione se lo tendió, sintiéndose cada vez más impaciente. — Esta bien, aquí tiene su…

La mujer no alcanzó a terminar la frase, cuando Hermione le había arrebatado los pasajes y sus documentos y había corrido. Una buena cantidad de persona se giraron a mirarla, no solo porque estaba corriendo como alma perseguida por el diablo, sino porque ya la habían reconocido.


— ¿Su boleto, señor? —pidió la azafata.

Alzó su brazo para entregárselo, pero se detuvo justo a tiempo para retroceder un poco. Se quedó mirando el pasaje por unos momentos. Ese boleto lo llevaría directo a su trabajo y lejos de Hermione. De ella y todo lo que amaba en ese país.

Probablemente se estaba volviendo paranoico, porque había escuchado su voz.

Diciendo su nombre.

Ron.

Una y otra vez.

— ¿Qué demon…? —comentó un hombre frente a él, girándose antes de subir al pasillo que lo llevaba directo al avión.

Y entonces él también lo hizo.

Llevado por un fuerte impulso, dio media vuelta y la reconoció.

Corriendo.

¿Corriendo?

Sí, corriendo.

Y no solo corriendo, si no que corría hacia él.

Sus ojos se fijaron en ella. Justo a tiempo para reconocerla en medio de la multitud de pasajeros que se arremolinaban ante la escena. Recordó lo mucho que ella odiaba ser el centro de atención y sonrió. Hermione corrió con las ultimas fuerzas que le quedaban y saltó hacía él. Ron la atrapó justo a tiempo abrazándola con fuerza a su cuerpo, mientras sus delgadas piernas le rodeaban la cintura y lo abrazó con tanta fuerza que pensó que estaba ahí para estrangularlo Lo que fue rápidamente eliminado de su mente, cuando ella buscó sus labios con desesperación. Él no tardó en corresponderle, porque deseaba tanto sus labios como ella los suyos, y sosteniéndola, ubicó su otra mano en su mejilla, tratando de guiar el compás de sus besos que desesperados buscaban el alivio a todas las emociones que tenían. Pero se lamentó al percibir las saladas lágrimas de Hermione sobre su mejilla, sumado a los fuertes jadeos que la acompañaban por el desgaste físico que había supuesto para ella toda esa maratón. Finalmente sonrió contra su mejilla, mientras la escuchaba tratar de acompasar su respiración.

— ¿Qué haces aquí? —logró articular él, con voz lastimera y suave.

Juntó sus frentes, cerrando los ojos para concentrarse solo en sus palabras. Necesitaba oírla, saber que eso no era una tonta escena imaginada por su mente.

— No podía dejar que te fueras —sollozó ella, besándolo nuevamente. Ron le correspondió sintiendo un grueso nudo en su garganta. — No puedes irte, y dejarme aquí. ¡No seas idiota!

Ron soltó una risita y la presionó con fuerza contra su cuerpo.

No podía llenarse de la perfecta sensación que los envolvía en ese momento.

— Soy un idiota ¿cierto?

— ¡El mayor idiota de este planeta! —aceptó ella, riendo y llorando al mismo tiempo. Sus emociones estaban por las nubes. — Pero el idiota que me ama, y que yo amo.

— ¿Leíste mi intento de carta romántica? —bromeó él.

— Es hermosa y perfecta —aceptó ella besándole las mejillas.

— Creo que comenzaré a escribir cartas más seguido si este es mi premio.

Hermione rió divertida.

— Te amo.

— Repítelo —pidió él, juntando sus frentes nuevamente. —Por favor, repítelo.

— Te amo Ron, te amo como jamás he amado a alguien.

— Pensé que jamás volvería a escucharte decir eso. —respondió él en un susurro lastimoso. — También te amo, Hermione. Solo a ti y a nadie más.

La castaña se sonrojó un poco y volvió a besarlo, mientras se mantenía atrapada entre su cuerpo, envolviéndolo con su piernas como si fuera un pequeño monito enamorado.

— Probablemente tengas que dividir ese amor un poco ahora.

— No, solo es para ti. Todo para ti. Puedes ser egoísta en esto, Hermione —le aseguró él.

— Ya no más. —respondió ella, bajando de su agarre solo para atrapar una de sus manos y dirigirla hasta su pancita.

Ron se quedó en silencio, quieto y sin saber si comprendía bien la situación.

— Tú…

— Vamos a ser padres. —susurró ella, liberando unas lagrimillas. — Así que no podremos ser egoístas con nuestro amor. Habrá que repartirlo en tres desde ahora en adelante… Si tú quieres…

Ron estaba pálido, quieto y sus ojos más grandes que nunca. Su respiración era fuerte y sonora, mientras analizaba la situación. De pronto se arrodilló frente a Hermione y luego miró hacia su estómago. La castaña lo observaba nerviosa, de no saber si era buena o mala señal. Pero cuando sintió los labios del pelirrojo besar su pancita por sobre la tela de su blusa, soltó una risita liberadora de todo el estrés.

— Podemos repartirlo en cuatro, cinco, seis, siete y la cantidad que tú quieras. —dijo él, abrazándose a su cuerpo, aún arrodillado, con una gran sonrisa. Hermione agrandó su sonrisa observándolo. — De hecho estoy dispuesto a comenzar en este instante con la creación de más pelirrojos a los que dividir nuestro amor.

— ¡Ron! —exclamó ella sonrojada, obligándolo a levantarse del suelo.

Hubiera querido seguir retándolo, si no fuera por el sonoro aplauso que resonó en todo el aeropuerto, cuando ambos estuvieron de pie. Estaban completamente rodeados de gente, sacándole fotos y grabando la situación. Con tanta emoción no habían recordado donde se encontraban, y que probablemente tanto la noticia de su reconciliación, como del embarazo, estarían dando vueltas por internet en unos momentos. Pero a decir verdad, en ese preciso momento, Hermione y Ron no tenían ni la menor preocupación por alejarse de donde estaban. Ya en un rato más podrían sentirse mal por publicar ellos mismo a los cuatro vientos su vida privada, pero en ese instante, solo el amor que se tenían era lo importante.

— ¿Qué vamos a hacer? —preguntó ella, enredando sus brazos al cuello del pelirrojo.

— Muchos bebes pelirrojos, ya te dije —respondió él como si nada, mientras la besaba nuevamente. ¡Demonios, jamás se cansaría de hacerlo!

Recibió un golpe en su brazo. Ambos rieron.

— ¿Te das cuenta de que soy yo siempre la que da el primer paso?

— ¿Estoy escuchándola quejarse de su gesto romántico, señorita Hermione? Porque si mal no recuerdo soy yo el que inició todo este evento romántico, con mi súper romántica carta de amor.

— Sí, sobre eso… creo que tendré que darte clases de escritura —bromeó ella. Ron arrugó el entrecejo. — Y no, con eso no ganas. ¿Recuerdas que tuve que correr desde la playa hasta aquí para rogarte que no te fueras?

— ¿Playa?

— Sí, playa. Kilómetros y kilómetros para llegar aquí. Así que sigo ganando.

— ¿Y si dejamos un empate? —ofreció él, besándola en la mejilla, luego en la frente y finalmente en la nariz. — No, sabes… ¡Al demonio!

Si Hermione quería ganar esa noche, estaba muy equivocada. Porque cuando Ron puso una rodilla en el suelo y le tendió su mano su corazón explotó de amor. Al igual de la gente que se encontraba mirándolo, porque un grito de victoria resonó nuevamente. Hermione volvió a reír por milésima vez en ese momento.

— ¿Ron, qué haces?

— Sí quieres luchar contra un Weasley romántico, debes aceptar desde ya que terminarás perdiendo siempre, cariño. —dijo él, volviéndose de a poco más serio. — Sé que he sido un tonto, y lamento que hayamos tenido que llegar hasta aquí para poder aceptar que estamos locos el uno por el otro, bueno… no lo lamento tanto y está claro que no quiero nada diferente… Te amo, y saber que tú me amas también es lo mejor que puedo llegar a imaginar. Eso y ese pequeño o pequeña que crece en ti. Ustedes son y serán mi vida, así que necesito preguntarte algo. —hizo un silenció y buscó algo en su chaqueta. — No, no tengo nada, pero bueno continuemos… —Hermione soltó una risita nerviosa. — Ten por seguro que esta no era la forma que quería, pero ya arreglaremos eso pronto, así que… Hermione Jean Granger, amor de mi vida, la mujer más maravillosa del universo, ¿me harías el favor de pasar el resto de tu vida, conmigo? No, espera, eso no es lo que hay que decir… Hermione Jean Granger —repitió, haciendo reír una buena cantidad de personas, incluida ella. — ¿Quieres casarte conmigo y hacerme el hombre más feliz del mundo?

— ¿Lo dices enserio? —preguntó ella, temblando de pies a cabeza con lágrimas de felicidad en sus ojos.

— Siempre tienes ese tono de sorpresa conmigo, eh. —respondió él abrumado. — Vamos a tener que cambiar eso también.

— Sí, quiero. —dijo ella repentinamente. — Sí, sí, sí, mil veces sí.

El aplauso se generalizó junto con el sonido de los flashes y de la gente gritar, escondió los leves susurros que ambos se dedicaron cuando se dieron el beso final, que sellaba aquellas promesas de un futuro juntos. Las cámaras de periodistas comenzaron a llegar, pero ellos no se molestaron en esconderse. Todo el mundo podía observarlos todo el tiempo que quisieran, con tal de que los dejaran besarse tranquilos.

Entonces en ese momento lo supieron.

Sabían que ese aeropuerto había visto despedidas y bienvenidas más verdaderas que cualquier otro lugar. Y ahora, frente al amor de sus vidas, al fin se decidían a luchar por su felicidad, permitiéndose ambos respirar tranquilidad.

Agradecieron mentalmente a la fama por haberlos llevado hasta él otro.

Hasta el amor de sus vidas y su propia felicidad…


Tiempo después…

Después de que por incontables días recibieran miles de cartas de felicitaciones por su compromiso, y el futuro bebe Weasley, al fin lograban volver a la normalidad.

Ron había terminado su trabajo en Latinoamérica, perfectamente acompañado por su prometida, y Hermione había dado inicio a la fundación que por largo tiempo soñó. Las cosas iban mejor que nunca y por mucho que tratara de alejar las ideas macabras de su mente, la castaña seguía teniendo miedo.

— No deberías tenerlo, estoy aquí. Nada malo va a pasarnos —aseguró él, mientras la abrazaba por la espalda, le daba pequeños besos en el pelo y acariciaba su abultada pancita de embarazada.

— Sabes que cuando está tan calmado…

— No necesariamente tiene que ser así —la detuvo él. Hermione continuó mirando hacia la lejanía. — Creo que estás teniendo demasiado tiempo libre, cielo.

— Es tu culpa —le informó, dándose media vuelta para mirarlo fijamente.

Ese era su futuro esposo. El dueño de unos maravillosos ojos azules, un cuerpo envidiable y unos brazos tan reconfortantes que la hacían desear olvidarse de ir a trabajar.

— ¿Sabes que te amo?

— No me molesta que lo repitas de vez en cuando —bromeó ella, acariciando su mejilla sonrojada. — Pero adoro cuando esas palabras salen de tus labios.

— ¿Y tú? ¿Me amas? —quiso saber él, sonriéndole encantadoramente.

— Aún no lo sé…. —mintió ella, riendo cuando recibió una ofendida mirada de su prometido. Rió al mismo instante en que presionaba sus labios, demostrándole con hechos lo que sentía por él. Tomó sus manos y las posicionó sobre su pancita. — ¿Crees que estaría así si no te amara?

Ron sonrió. Ella tenía razón.

Y al parecer su hijo o hija también creía eso, porque los fuertes golpes que estaba propinándole indicaban su presencia en la conversación.

— Cielos —jadeó ella, cerrando los ojos.

El pelirrojo no tardó mucho en percibir que la castaña no gozaba mucho de esa sensación estando de pie. Así que con la usual fuerza que lo caracterizaba, alzó a Hermione en sus brazos y se sentó con ella encima de su regazo, en uno de los sillones.

— Estoy comenzando a dudar sobre que sea una niña, tal vez será un pequeño futbolista el que tenemos aquí. —opinó él.

— Es una niña —aseguró Hermione. — Lo puedo sentir.

— ¿Cómo estás tan segura de eso?

— ¿Será porque la persona que tiene en su interior un bebe soy yo?

— Pero yo puedo imaginármelo —atacó él. Su futura esposa soltó una escandalosa risa.

— De acuerdo, ¿y qué nombre le pondremos? —quiso saber la futura madre.

— Será difícil que nos pongamos de acuerdo, en esto.

— Creo que ya que será niña, tú debes elegir el nombre.

— De acuerdo, pero tú debes decirme la letra inicial. Yo elegiré un nombre con lo que decidas.

— Estoy de acuerdo. —aceptó ella. — Así que la inicial debe ser… la R.

— ¿Por qué?

— Porque me gusta esa letra.

— ¿Tiene eso algo que ver conmigo? —insinuó él, alzando una ceja sugestivamente.

— Tiene todo que ver contigo.

Ron sonrió. Le era imposible no sonreír a cada momento. No podía ocultarle al mundo lo feliz que estaba.

— Rosie.

— ¿Quién demonios es Rosie? —se sorprendió ella, observándolo con el ceño fruncido y comenzando a molestarse. ¿La estaba llamando por otro nombre? ¿Quién demonios era Rosie?

— No hables así enfrente de nuestra hija, cielo. —respondió él riéndose. Hermione le propinó un fuerte golpe. — Rosie, será su nombre.

Un furioso sonrojo cubrió tanto el rostro como el cuello de la castaña, sintiéndose más estúpida que nunca.

— Pensaste que…

— ¡Ni lo menciones! —lo retuvo ella, riéndose.

Se acurrucó entre los brazos de Ron, sintiéndose protegida. Lo miró a los ojos y volvió a besarlo con fuerza, y satisfacción, llenándose de su saber por milésima vez en su vida. Se dejó llevar por las sensaciones que sus labios desplazaban por todo su cuerpo. Incluso el inquieto bebe saltó al baile, dando unas cuantas pataditas más.

Ron llevó sus manos hacia su estómago en movimiento, sonriendo, mientras continuaba besando al amor de su vida.

— Tranquila Rosie, hay suficiente Ron para las dos.


¿No saben que decir?

Pues ya somos dos, porque me he quedado sin palabras.

No sé como agradecerles lo mucho que han hecho feliz mi vida. Está historia comenzó siendo solo una idea, y ahora finaliza como si acabara parte mi. Estoy muy orgullosa de lo que hemos logrado, porque no he sido solo yo. Somos todos los que nos hemos involucrados con Famosos.

Quiero agradecerles especialmente a todos los que se involucraron tanto con la historia, que se preocuparon de agregarla a favoritos y que dejaron su comentario cada vez que pudieron. No saben lo asombroso que es leer palabras de un lector, agradeciéndote por la escritura o simplemente informándome que le encanta la historia. Yo crecí con la historia y me conformo con que a alguno de ustedes les haya ayudado también.

Y antes de finalizar con todo esto tengo dos cosas que decirles.

La primera, es que me duele en el alma, que esto haya llegado a su fin. Y me disculpo mucho por el largo tiempo que estuve alejada de la historia, pero como repetí hasta el cansancio yo no abandono mis historias. Amo Harry Potter con mi alma, y adoro a Ron y Hermione, así que sí, jamás lo dejaré.

Y la segunda, pero no menos importante es que tengo una idea. Tal vez les guste, o tal vez la odien. Pero aquí va... ¿Que opinan de una segunda parte?

Nos veremos muy pronto lectores, porque mis otras historias comenzarán a actualizarse. Espero leerlos ahí también y si no, fue un gusto compartir con ustedes esta historia.

Gracias por todo, espero que tengan una maravillosa vida :)

Con mucho cariño.

Rocio