Notas de autora: capítulo acabado por fin, aunque con retraso y sin el oneshot que pensaba escribir, me temo. Pero algo he avanzado con otro que colgaré en breve, y el capítulo sigue siendo largo, demasiado pero necesario u.u Sé que os dije que este capítulo se llamaría "La verdad detrás del llanto" peeeeero resulta que, para llamarse así, tendría que haber ocupado unas 50 páginas porque la verdad vendría después de lo que hay aquí escrito, y he pensado que sería mucho mejor partirlo por la mitad. Ahora sí, el siguiente capítulo será "La verdad detrás de llanto" y aquí me imagino que podréis haceros una idea de lo que eso quiere decir. No diré nada, solo espero no tardar tanto en escribir el siguiente.
Con respecto a este capítulo, es un poco de transición lo que hay aquí, pero necesaria. Los Guerreros Z quedan un poquito relegados para dar paso al grandullón y terco Broly, al que os perdono que queráis dar un par de palos por aquí xD, pero en fin.
Lo que sí espero que perdonéis es al Goku aquí tratado, que no sé si será ooc o no, solo sé que es jodidamente difícil manejarlo, mucho más que a Broly y que a cualquier otro. Ese hombre, lejos de su despreocupación y su amor por la comida y las batallas es un maldito misterio, y no sabía muy bien cómo iba a reaccionar ante algo como lo que está viviendo, pero me parece que, pese a todo, es un ser de carne y hueso, no de piedra. Espero no haberme pasado, aunque me gusta cómo ha quedado, y no solo él, también Chichí.
Una cosa más como dato curioso; el nombre de Topoka lo he sacado de la comida coreana llamada Topokki, buenísima. Los demás personajes, los inventados, también suelen tener nombres de comida, como las amigas de Bra con nombres de fruta, como Peach (melocotón), Pear (pera) Apple (manzana), y algunos más sí son cosa mía, pero me parecía bien seguir la tradición de Toriyama con la comida.
Poco más que decir, salvo muchísimas gracias por los rewiens *o* tan extensos y bonitos que me emocionan, y espero que os guste este capítulo también, aunque sea más relajado.
Si tuviera que describir este capítulo lo definiría como "la calma antes de la tempestad"
Aquí os lo dejo!
Capítulo 23
El síndrome de Beh'ril
Día 198.
No estaba haciendo lo correcto. Nunca lo había hecho, y él era demasiado bueno como para ignorarlo, pero aun así, pensar en su familia y en lo que podrían hacerle si no obedecía podía más que sus remordimientos. Algún día volvería a casa y estarían todos juntos otra vez, y por ese pensamiento no fue consciente en una primera visión de los hechos, pero cuando vio el espeso líquido que se extendía a sus pies y el rostro inerte de su hijo, supo con dolorosa certeza cuánto mal había hecho, y le dolió más que ser devorado o quemado vivo.
"¡NOOOOOO, ZANAROTEN!" el Capitán Zanahoria lloró a los pies del cuerpo de su hijo asesinado por Lechugón, el que había sido su compañero durante años de servicio.
"¡Jajajaja! ¡Eso te pasa por traicionar la confianza del Rey de los Vegetales! ¿Crees que no lo sabemos, Capitán Zanahoria? Has estado informando en secreto a la princesa Berenjenina y por eso arrasaremos con tu aldea de las zanahorias igual que hemos hecho con tu hijo Zanaroten" Lechugón rió con estruendo. El Capitán Zanahoria apretó la cabeza de zanahoria de su hijo y lloró su pérdida para, acto seguido, intentar levantarse contra su enemigo. Sin embargo, las heridas eran demasiado para él y cayó al suelo frente al trono del Rey de los Vegetales.
El rey, escondido entre las sombras, alzó un brazo con actitud indiferente.
"Suficiente. Acaba con él" el General Lechugón dio un paso al frente con las hojas de su cabeza sacudiéndose de un lado para otro. El Capitán Zanahoria, rabioso, apretó los puños.
"Aquí llega tu final, Capitán Zanahoria"
"¡No tan rápido, General Lechugón!" como solo un ninja haría, Brocolín emergió de entre la oscuridad de la sala y aterrizó ágilmente sobre las baldosas del suelo. Apuntó al enemigo con el puerro legendario, amenazándolo de muerte, y Lechugón retrocedió. Al lado de Brocolín, Berenjenina apareció vestida de princesa con su corona real.
"¡No tenéis compasión, sois crueles, y tú también lo eres, padre! ¡No te lo perdonaré nunca!"
"¿Cómo te atreves, niña? Levantarle la mano a tu propio padre por esa basura de guerrero. ¡No tienes vergüenza!" habló el Rey de los Vegetales con el rostro todavía cubierto por la oscuridad. Se levantó, y su capa de rey hondeó al viento.
"Detente, padre. Yo lo haré."
"¿Quién eres tú?" cuestionó Brocolín, agresivo, cuando vio aparecer a una berenjena ataviada con ropas futuristas y una extravagante melena.
"Yo soy el heredero del reino, el hermano mayor de Berenjenina y el primogénito del Rey de los Vegetales. ¡Yo soy Trunkoco! He venido en mi máquina del tiempo para acabar con la revolución y devolver la estabilidad al futuro apocalíptico del que vengo. ¡Y tú serás el primero en morir, Brocolín!"
"¡Inténtalo, príncipe Trunkoco!"
Y el príncipe así pensaba hacerlo. Con todo su poderío, desenvainó su espárrago milenario y apuntó a Brocolín con él. La batalla entre los dos estaba a punto de empezar, y a ojos ajenos no podía resultar más emocionante. Tama, el gato de los Brief, observaba la televisión con ojos confusos y atolondrados. No sabía dónde centrar su atención, si en la serie animada o en el guerrero legendario que la observaba ensimismado. A Tama le gustaba Broly. Lo que más le gustaba era que, cuando se aburría, le acariciaba el lomo y le tiraba de la cola para jugar, cosa que su dueño nunca hacía. Tama restregó su lomo por su codo y maulló, buscando su atención. La cola de Broly le rodeó las patas traseras y lo hicieron estirarse hasta caer al suelo. El gato se agitó e intentó arañar su cola en una pelea perdida de por sí. El guerrero sonrió con soberbia.
Entonces lo notó y su cola se erizó, deteniendo el juego de inmediato. Broly se levantó con una mano en el estómago vendado y Tama vio, haciendo mohines con los bigotes, cómo las vendas que cubrían su abdomen y su hombro se habían mojado de una sustancia viscosa que no era sangre. El guerrero legendario anduvo hasta el baño y el gato lo siguió. Se quitó las vendas estirando de ellas con gran fuerza y observó la herida del hombro que sanaba a gran velocidad.
"¡Mierda!" gritó, y el gato dio un salto por la impresión. Cuando Broly se giró frente al espejo y observó su estómago de perfil, al animal se le erizaron los pelos de las orejas. La herida había sido tratada varias veces todos los días, y se notaba que estaba mejorando. Ya no sangraba, y aunque en un principio Bra se había mostrado reticente, era obvio que la cauterización que él mismo se había impuesto le había ido muy bien. Cuando utilizó su propio ki para cauterizar sin un mínimo de anestesia la joven empezó a llorar y se perdió en un histerismo y en unos chillidos que lo sobrecogieron.
Con esos gestos tan empáticos, Broly comprendió que no podía ser tan brusco porque ella compartía parte de su dolor y el de su familia. Sus esfuerzos por mantenerse en pie esos días eran titánicos. Le había costado un poco de tiempo entender por qué salía de la cama cuando él le pedía que no lo hiciera, que descansara a su lado. Ahora entendía que necesitaba distraerse si no quería volverse loca, como a él le había pasado cientos de veces.
Eso quería decir que no podía hablarle de eso.
Su herida no tardaría en cerrarse, pero antes tendría que pasar por un proceso que había deseado que no sucediera por las traumáticas experiencias que había vivido con él. En esos dos días, al no ver los efectos secundarios, llegó a pensar que se libraría de él. Ahora, frente al espejo, veía que no era así. La herida de su estómago, casi seca hacía unas horas, había empezado a segregar una sustancia viscosa y verde, como si fuera la pringosa baba de algún animal. Su hombro también se había mojado por el mismo líquido similar a la pus sin llegar a serlo. ¿Cuánto aguantaría hasta que se presentaran los demás síntomas? Por experiencias anteriores, calculaba que no mucho. Un escalofrío le recorrió la columna vertebral al ser consciente de lo que le esperaba.
Sin embargo, en lugar de ponerse de mal humor y luchar contra ello como habría hecho meses atrás, consiguió mantener cierta calma. La necesitaría, porque en las próximas horas la perdería por completo.
Abrió el grifo de la bañera y dejó que se llenara con agua muy caliente. Mientras esperaba y pensaba en librarse, por todos los medios, de los indicios de supuración, Tama se revolvió sobre el suelo y se tumbó sobre él dejando un rollo de vendas que él mismo había traído con la boca hasta sus pies. Broly, que cuando se acercaba solía premiarlo aunque fuera con una mirada de soberbia, se aceró a la bañera y encogió su gran cuerpo para meterse, con dificultad, en ella. Dejó que el agua hiciera su magia limpiando la supuración mientras el gato lo observaba. Echó la cabeza hacia atrás y cerró los ojos con pesadumbre.
¿Ese es el niño? Demasiado pequeño.
Es mi hijo, y es muy especial. Tiene un poder de diez mil unidades, aunque ahora ha aumentado a doce mil. Quiero que sea capaz de controlarlo sin problemas. Es un favor, ágil Topoka. No quiero que le hagan daño como le hicieron nada más nacer.
Dudo que sea eso lo que quieres. Puedo ver tu avaricia y las ansias de venganza en tus ojos, Paragus. No es la primera vez que me cruzo con gente como tú, y me dais asco. Si quieres que entrene a tu hijo será bajo mis propias condiciones.
No consentiría que fuera de otra forma.
Bien... ¿cómo te llamas, niño?
Broly abrió los ojos. El sudor le recorría la frente y Tama dejó de maullar sobre su oreja cuando se hubo despertado. El gato estaba nervioso, lo suficiente como para subirse a uno de los bordes de la bañera con lo mucho que odiaba el agua. El guerrero sacudió la cabeza y el cuerpo, desorientado por el nítido sueño que había tenido sin estar dormido. Un recuerdo vago, muy vago del que solo tenía constancia de las voces.
Ya había empezado.
Tama dio un salto y gateó hasta la puerta del baño, arañándola con las patas pidiendo salir. Broly oyó el ruido de la puerta del exterior al cerrarse y salió de la bañera. Se secó el abdomen y el hombro con una toalla y empezó a vendarse.
"¿Hola?" oyó una voz femenina. Bra había llegado, aunque curiosamente ni siquiera la había notado. Terminó de vendarse, cogió una toalla limpia y salió del cuarto de baño desnudo, como siempre, con tanta naturalidad como si llevara puesta una segunda piel. Tama salió disparado hasta la figura que se encontraba en la cocina, merodeando por allí como si fuera la primera vez que entraba en esa vivienda.
"¿Dónde estabas?" empezó a decir él restregándose la toalla por el pelo húmedo. "¿Has conseguido cazar algo? Porque no pienso comer más brócoli, ni zumo de brócoli ni nada verde. ¡No soy un maldito conejo!" le aseguró. Curiosamente, esa vez Bra no se quejó y Broly se apartó la toalla de la cara, extrañado. "¿Medio humana?" mencionó.
Y allí estaba ella, mirándole con los ojos como platos y el cuerpo encogido, con los labios con un leve toque de carmín entreabiertos. Broly alzó una ceja. Bra no solía pintarse los labios muy a menudo, y tampoco recordaba que tuviera unos pechos tan grandes y una media melena. El pelo de su alumna era largo hasta casi la media espalda, aunque solía hacerse peinados extravagantes cada dos por tres. Ladeó la cabeza. Su energía tampoco era la misma, y aunque las dos mujeres eran como dos gotas de agua, no tardó en darse cuenta de que aquella que le observaba desnudo en el salón de su casa cápsula no tenía ese toque de brusquedad y rudeza que todo hijo de saiyan tenía. No, ni siquiera tenía músculos. Broly estaba seguro de que podría romperle el cuello de un soplido si quería, y ese pensamiento lo mantuvo calmado. Podría matarla, claro, porque quien estaba frente a él no era nadie más salvo Bulma, la madre de Bra, la mujer de Vegeta y la mejor amiga de su peor enemigo.
Podría matarla con un solo movimiento como la humana que era, sí, pero Bulma era una mujer con recursos.
"Así que tú eres el novio de mi hija, ¿eh?" dejó caer con la clara intención de hacerle ver quién era. "Yo soy la madre de Bra. No es la primera vez que nos vemos, ¿recuerdas? Aunque la otra vez eras mucho más alto y parecías mucho más peligroso" los nudillos de Broly crujieron una vez y se detuvieron, haciendo memoria, recordando. La imagen desgastada de esa mujer tan parecida a Bra resaltó, abrazada a Vegeta cuando él intentó matarlos a todos. Ahora lo entendía.
"Eres la hembra de Vegeta" afirmó con sospecha. Buscó la energía del príncipe y gruñó cuando no la notó, inquieto. La hostilidad volvió con la misma rapidez con la que se había ido.
"Yo no soy la hembra de nadie. En cualquier caso he venido sola, no tienes de qué preocu..."
"¿Has venido a por tu hija, humana?" preguntó con claro desdén. Bulma notó la tensión en los músculos de su cuerpo, el rostro compungido y los pómulos marcados con una agresividad que había visto muchas veces en los rostros de sus hijos y su marido. Se encorvó un poco, lo suficiente como para que la mujer retrocediera, no asustada, pero sí a la defensiva. Podía ver un salvajismo mucho más primitivo que el de Goku o el de su futuro marido. Tenía gestos como el de los depredadores felinos, y Bulma supo que Broly sería un hueso duro de roer. Era tal y como le habían advertido Pan y A-18.
Estaba en el territorio de caza de una fiera, en su madriguera, y no era bien recibida.
"No he venido a por Bra, aunque me gustaría saber dónde está"
"No os debe ninguna explicación. Ya no sois sus padres" Bulma empezaba a inquietarse y a irritarse. Apretó a Tama con mayor fuerza, que maullaba en dirección a Broly aunque no con agresividad, sino con consuelo.
"Es su padre quien no la quiere en casa, no yo. Sigue siendo mi hija y nada de lo que haga hará que cambie de parecer, ni siquiera que esté contigo"
"No es vuestra" reiteró muy lentamente. Se movió hacia un lado sin quitarle la vista de encima, tanteándola. Bulma se quedó quieta, aparentemente inalterable aunque sus piernas temblaba con ligereza. Nunca había visto a un saiyan tan agresivo. Ni siquiera Vegeta se había mostrado tan violento y salvaje como él lo estaba haciendo, dejando claro lo poco que la deseaba allí.
"¿Es tuya, entonces?" quiso saber, rebuscando en el grado de intimidad que ambos habían alcanzado.
"Odio vuestro concepto de propiedad, humana. ¿Crees que porque un padre tenga un hijo este ya le pertenece? ¿Crees que tienes algún derecho sobre ella porque la hayas parido? ¿Crees que porque mi polla haya estado en su vagina ya es mía?" los dientes de Bulma chirriaron ante lo último, ante tanta hostilidad y tan vulgares palabras. Oír algo así en una boca que no era la de Vegeta le impactaba, porque si bien había oído cosas peores, estas habían sido en juegos propios con su futuro marido, no en boca de un desconocido. Al fin y al cabo, estaba hablando de la vagina de su hija. "No es de nadie, y si Vegeta se cree más hombre por considerarla de su propiedad, ¡que venga aquí y me lo diga a la cara!"
"No creo que eso fuera lo más apropiado. De todas formas no he venido a llevármela, te lo aseguro. He venido para..."
"Ha sido la mocosa, ¿verdad?" la interrumpió. Bulma sospechaba que Broly no tendría ningún reparo en sacarle todos los dientes de la boca de un puñetazo si se sentía amenazado. Empezó a pensar que había sido un gran error preguntarle a Pan por el lugar donde se encontraban y haber viajado sola hasta allí, ya que sabía de antemano cuál sería la respuesta si le pedía ayuda. Hablar con alguno de los Son tampoco era buena idea; la muerte de Goten los había sepultado en una depresión profunda, y someterlos a la tremenda presión de Broly no parecía buena idea. Además, había pensado que verse rodeado de saiyans solo conseguiría empeorar la situación y ponerle a la defensiva.
Había acertado. Si llegar con una aeronave y acercarse hasta él desarmada y sin ninguna clase de poder ya lo ponía así, no quería ni imaginar qué hubiera ocurrido si Trunks la hubiera acompañado.
Bulma decidió esquivar la pregunta y andar con pies de plomo.
"¿Qué tal si esperamos a Bra y luego hablamos? Tranquilitos, sin hacer movimientos bruscos y tú... si estás vestido, mejor" intentó con una sonrisa conciliadora. La agresividad en su rostro no varió. "De acuerdo, no te vistas. Eres un... un..." Bulma no supo cómo terminar la frase. Por alguna extraña razón, quizás no tan rara teniendo en cuenta lo que tenía delante, solo era capaz de pensar en penes. La situación no podía ser más incómoda. "Bueno... eres un saiyan. Vegeta también es un saiyan, y yo bañaba a Goku cuando era pequeño, así que estoy acostumbrada a ver... cosas así. No es una sorpresa. No es desagradable verte ni nada parecido. Solo es..."
"¿Intentas seducirme, bruja?" la interrumpió él. El escándalo quedó impuesto en las facciones de Bulma.
"¡Claro que no! Eres el novio de mi hija, y yo amo a Vegeta. Nunca intentaría nada contigo. Además, tú quieres a Bra, ¿verdad?" preguntó como quien no quiere la cosa. Broly gruñó, sin dar la más mínima respuesta. "En ese caso no hay problema. Tú tienes a mi hija y yo tengo a Vegeta, así que no puedes enamorarte de mí aunque me consideres insoportablemente atractiva"
La intención de Bulma nunca fue coquetear, pero el tono de voz sonó sugerente y unido a sus gestos naturales, coquetos por naturaleza, envió un mensaje que no quería enviar. Por suerte, el receptor era Broly, y a este la mujer le parecía tan atractiva como una mandarina rancia.
"Si quieres aparearte conmigo prefiero mil veces a tu hija. Su voz es menos chillona y no es desagradable a la vista" habló con claro sarcasmo. La respuesta impactó contra el orgullo y la autoestima de Bulma, que por suerte para ella era demasiado alta como para que se tambaleara.
"¿Cómo has dicho? ¿Insinúas que no soy guapa? ¡Respóndeme, mono del...!" Broly la miró fijamente, dejándose caer con despreocupación sobre el suelo, sentado de piernas cruzadas. Una parte de su anatomía se agitó con el movimiento y Bulma tragó saliva con cierto rubor que reprimió a base de fuerza de voluntad, cada vez más incómoda. El insultó se atascó en su garganta. "Yo diría que eres tú el que intenta seducirme, pero no puede ser. Mi hija es preciosa, al fin y al cabo la he parido yo, y te aprecia mucho. Además, Vegeta se pondría hecho un..."
"¿Le importas?"
"¿Cómo dices?"
"A Vegeta. ¿Le importas?"
"¡Pues claro que le importo! Llevamos más de treinta años juntos. Puede que él no sepa demostrarlo con palabras, pero las acciones a veces valen más que..."
"Suficiente" la interrumpió él. La apuntó con el dedo índice, y el cuerpo de Bulma se paralizó, tieso como un palo al ver como una diminuta lucecita verdosa, no mayor que la luz que emite una luciérnaga, empezó a brillar sobre él. Broly se tornó tétrico, todavía más con esa sonrisa entre divertida y traviesa. "¿Sabes? Estoy hambriento y sediento. Lo único que como desde hace días es verdura y más verdura, y zumo de brócoli. Odio el jodido brócoli, así que espero que de verdad le importes a Vegeta, porque pienso hacerme un licuado con tus malditos sesos"
Y Bulma supo que de verdad lo haría, porque de verdad estaba sediento a juzgar por la manera en la que se relamió los labios. Por un momento pensó que era imposible que su hija hubiera conseguido domarle, porque ese monstruo no se parecía en nada a Vegeta como había pensado una vez. Quizás Bra estuviera muerta en ese momento. Quizás había cometido un error al haberla dejado ir. Quizás se la había comido mordisco a mordisco. A Bulma estuvieron a punto de llenársele los ojos de lágrimas de solo imaginárselo.
La sonrisa de Broly se ensanchó... y en menos de un segundo se esfumó.
"¡Broooooolyy!" Bulma abrió los ojos. La voz de Bra retumbó en las afueras de la casa, alegre, aunque con un tinte de amargura tras toda esa felicidad que, por ser su madre, sabía que en parte era fingida. El guerrero legendario reculó y bajó el brazo. Bra entró en casa cargada con pesadas bolsas. "Esta vez he estado a punto de cazar a un oso. Lo he agarrado por el cuello, como tú me enseñaste, y se lo iba a romper, pero entonces aparecieron sus oseznos y no podía dejarlos huérfanos. ¡No podía! Así que he vuelto a coger verduras de la huerta de..."
Bra no llegó a terminar la oración. La escena que se formó ante ella resultó demasiado conmovedora como para ignorarla. Las bolsas cargadas de brócoli, zanahorias y verduras varias cayeron al suelo cuando madre e hija cruzaron miradas y se reconocieron. La mujer, en el cuerpo de una joven de apenas veintiún años, pronunció su nombre con una madurez y un alivio que dejaba claro quién predominaba en edad a pesar del parecido físico. La boca de Bra se quedó entreabierta. Broly vio cómo le temblaba el labio inferior en una convulsión que pasó a su barbilla, y posteriormente a sus ojos brillantes. No iba a llorar, lo sabía. Había llorado tanto en esos últimos dos días que no le quedaban lágrimas que soltar.
"Mamá... ¡mamá!" la abrazó. Se lanzó a los brazos de su madre como Broly nunca la había visto hacer con nadie, ni siquiera con él mismo. Desvió la mirada. Se flageló mentalmente cuando se sintió excluido, insoportablemente celoso de la familia a la que ella pertenecía.
Ella tenía un mundo aparte que no acababa con él.
Él tenía una venganza infructuosa y la esperanza de que ella no se fuera. Solo eso.
¿Quieres matar a personas, a monstruos del espacio? ¿Te gustaría conquistar planetas como lo hacía el resto de tu raza?
No lo sé, señor.
¿Qué te gustaría hacer entonces?
Me gustaría dormir más. Dormir y comer más. Me gusta dormir, mucho.
¿Y por qué no lo haces? Alguien con tu poder podría permitírselo. Aprendes rápido, Broly, y por mucho que Paragus intente inculcártelo no eres como él quiere que seas.
Pero he nacido para matar, ¿no? Por eso entreno. Por eso tengo este poder que me cuesta tanto controlar.
Que hayas nacido de una manera, en un lugar o en un tiempo concreto no determina lo que eres. Lo que eres lo determinan tus decisiones. Un poder puede ser usado para destruir planetas o para protegerlos. Los saiyans se han dedicado a destruirlos por milenios, y tú eres un saiyan pero... ¿quieres lo mismo que ellos? Podrías ser un dios, Broly. Podrías ser lo que tu padre quiere que seas... o podrías ser lo que tú quieres ser. ¿Entiendes lo que te digo?
No sé si lo entiendo. A mí me gusta dormir. Solo dormir y comer, como los animales. Dormir y comer.
Broly dobló el cuello, inquieto. La imagen de su primer maestro apareció en su cabeza, y juraría que lo vio frente a él, sentado al otro lado de la mesa, mirándole con sus dos pares de ojos en esa cabeza que siempre había sido del color del hollín. El ágil Topoka pertenecía a una raza medio humanoide que constaba de cuatro brazos, seis dedos largos doblados como las garras de un aguilucho, y un rostro horripilante para la raza humana, con cuatro afilados ojos rojos en una cabeza calva, sin nariz, con las orejas pegadas a las sienes sobre las branquias como el anfibio que era, y con una boca que se abría de izquierda a derecha, dejando ver unos dientes afilados y ocasionalmente deformes, capaz de triturar cualquier cosa. Sus pies eran similares a los de un chacal, y su espalda se encorvaba. Su piel era oscura, muy oscura.
Era feo. Siempre había sido feo, como un monstruo de verdad, pero a Broly nunca le había importado. Nunca le tuvo miedo, y nunca dirigió una palabra contra su desagradable aspecto.
El ágil Topoka... su primer maestro.
"¿Qué haces aquí, mamá?" la emocionada voz de Bra lo sacó de sus cavilaciones, y la horrible figura del alienígena se desvaneció en cuando clavó la mirada en esas dos mujeres. "Te echaba de menos. ¡Os echo de menos a todos!" Bulma estaba sorprendida de la actitud de su hija. No la soltó ni para hablar, abrazándola con tanta fuerza que empezó a rebasar el límite de sus huesos. Esos gestos dejaban claro cuánto estaba sufriendo, porque su orgullo, digna herencia paterna, le impediría manifestar tanta necesidad por alguien ajeno de no encontrarse francamente mal. Aunque Bulma era consciente de todo eso, no hizo más que abrazarla y acariciar su pelo mientras chistaba sobre su oreja para calmarla.
"Cálmate, cielo. Ahora todo está bien... aunque estaría mejor si tu novio no hubiera intentado matarme" Broly se tensó. Bulma sonrió en pequeña venganza cuando vio sus dientes apretados por el chivatazo. Bra, que hasta ese momento había tenido hundida la cabeza sobre el hombro de su madre, siete centímetros más alto que ella, se volvió hacia él como un resorte.
"¡Broly!"
"¡Ha empezado ella! Me estaba mirando el pene... ¡y quería aparearse conmigo!" Bra y Bulma lo miraron, ambas con una ceja alzada cargadas de escepticismo.
"No le hagas caso, mamá. Le gusta llamar la atención."
"¿Quién habla de querer llamar la atención cuando se viste de esa forma tan ordinaria?"
"¿Qué has dicho?"
Bulma estaba gratamente sorprendida. Lo estuvo todavía más cuando su hija se tiró encima de él y los dos empezaron a revolcarse por el suelo en una pelea que, más que dramática resultaba cómica por lo surrealista que era. Costaba trabajo imaginar que ese Broly pudiera ser tan manejable, porque a ella no le había dado la más mínima oportunidad de atacarle de ninguna manera. Era agresivo, hostil, temerario, con poca paciencia, y sin embargo ahí estaba, más que peleando, jugando. Podría matar a su hija si quisiera, pero no lo hacía a pesar de la irritación que le causaba. No. Prefería jugar con ella de manera sana. Y eso decía mucho, sobre todo si Bulma lo comparaba con el monstruo que se había encontrado en el volcán, aterrorizándolos e intentando acabar con la vida de todos ellos.
"Dios mío... me recordáis tanto a Vegeta y a mí cuando empezamos nuestra relación..." dejó caer la mujer. Bra, que en ese momentos mordía la cola de Broly con toda su saña mientras él le rodeaba el cuello con un brazo, apretándolo lo suficiente como para hacerle daño sin estrangularla, lo soltó. Automáticamente él también lo hizo.
"¡Bah!"
"¿Pan te ha dicho que estaba aquí? Supongo que todos deben saberlo, aunque me extraña que nadie más haya venido ahora que Broly está herido" Bulma se sentó frente a la pequeña mesa ratona, ya sin la incomodidad inicial al ver el control que su hija tenía sobre aquel hombre tan peligroso. A-18 había tenido razón desde el principio; Bra parecía haberlo domado.
"No vendrán, cielo. Goku ha sido muy claro, y ya sabes que lo que él dice respecto a estos temas no se discute a no ser que tu padre se ponga terco, pero no lo ha hecho." Bulma se dirigió a Broly directamente. "Después de semejantes heridas sabemos que te harás mucho más fuerte. Lo adecuado sería matarte aprovechando que estás débil antes de que te recuperes con un poder mucho mayor, pero Goku intercede por ti. Más valdría que lo tuvieras en cuenta"
"No pienso agradecerle nada a un futuro cadáver" Bra suspiró largamente.
"No insistas, mamá. Ya lo he intentado yo miles de veces. Es un caso perdido"
"Pues no te vendría mal hacer una tregua porque aunque Goku te defiende, Vegeta no lo hace. Él va muy en serio y saber que estás con nuestra hija lo ha puesto contra las cuerdas. No me extrañaría que un día se presentara aquí y te matara aprovechando tu debilidad"
"Me gustaría ver cómo lo intenta"
"Lo verás. Para eso se entrena, y ahora Goku no puede hacer nada por detenerlo ni convencerlo de lo contrario" Bra se levantó del suelo y se dirigió a la pequeña cocina buscando algo para beber. Sabía que a su madre le gustaba el mismo café que a ella, pero este se había acabado hacía días, igual que todo lo demás. Ahora que no tenía crédito ni dinero en efectivo, Bra intentaba cazar como Broly siempre había hecho, pero era mala. Era tan mala que los animales la oían a kilómetros de distancia y huían despavoridos, y además era incapaz de matar a ninguno. Se veía obligada a robar verduras de una huerta cercana, porque desde luego no permitiría que Broly se moviera cuando todavía estaba recuperándose. Sintió cierta vergüenza al no poder ofrecerle nada a su madre.
Oyó la suave risa de Bulma cuando se percató de lo que ocurría, astuta como siempre y muy observadora. La mujer se llevó una mano al bolsillo y sacó dos cápsulas con el logotipo de la corporación.
"Sabía que podías estar en problemas. Ten. Conociendo el apetito de los saiyans, con eso tendréis para una semana. Es comida, mucha comida. Con carne, pescado... y sin brócoli" susurró esto último. La cola de Broly se sacudió un poco en señal de alegría, pero pudo controlarla antes de que sus instintos lo traicionaran.
"¿Qué hay en la otra cápsula, mamá? ¿También es para nosotros?"
"No exactamente. Esta... esta es para Broly" el susodicho se inclinó hacia adelante con rostros agrio. Bulma dejó caer la cápsula encima de la mesa y un pequeño maletín de metal apareció frente a ellos. Lo abrió y permitió que ambos lo analizaran, una con sorpresa y el otro con sospecha.
El ceño de Broly se contrajo peligrosamente cuando vio la jeringa, la aguja hipodérmica y el pequeño frasco de líquido rosáceo que había a su lado. Inyecciones. No las temía, pero no le gustaban. Durante años había tenido agujas clavadas en diferentes partes del cuerpo, y las inyecciones cargadas de morfina y droga habían estado a la orden del día. Había asimilado los anticuerpos de lo que le inyectaban durante esos largos años y cada vez necesitaba dosis mayores por su crecimiento acelerado.
Eso fue lo que acabó con los boburrianos.
¿Cuántos centilitros le has inyectado?
Los mismos de siempre, señor.
¡Idiota! ¡Ha crecido siete centímetros en las últimas setenta y dos horas! ¡Su cuerpo ya ha asimilado la droga! ¡Tenemos que inyectarle mayor cantidad o...!
La boca de Broly tembló. Sentía la sangre, sentía sus dientes hundiéndose en el cuello del boburriano que se encargaba de sus dosis diaria, clavándose como los dientes de un tiburón y arrancándole la garganta cuando saltó de la camilla inesperadamente y se echó encima del primero que encontró. Fue un error en la dosis diaria lo que lo liberó. Un simple error...
Pero eso no impidió que los matara a todos.
Sonrió levemente. Podía ver los cadáveres frente a él, sobre el suelo de la cocina, sobre su propia cama, al lado de la tele, en la bañera en la que él se había bañado momentos antes. La voz de Bulma hizo que las imágenes desaparecieran, pero no los sentidos. Seguía notando la boca pastosa por la sangre.
"Supongo que un saiyan tan experimentado como tú ya sabe lo que puede ocurrir tras sufrir unas heridas tan graves, así que lo preguntaré sin rodeos. ¿Crees que puedes llegar a tener el Síndrome de Beh'ril?"
"¿El síndrome de qué?" cuestionó Bra, confusa. Broly calló. Su labio inferior tembló, como si contuviera una mueca de rabia. La chica, adivinando que la situación era seria, se agachó y se sentó entre los dos, mirándolos alternativamente. "¿Qué es eso?"
"Un síndrome propio de los saiyans. Tu padre lo tuvo varias veces hasta que empezamos a confiar en él lo suficiente como para suministrarle semillas senzu cada vez que se hería de gravedad. Si se trata rápidamente o se utilizan segregaciones curativas, no surge, pero si la herida se abandona y no se le aplica nada, se desarrolla un síndrome bastante duro que dura de cuarenta y ocho a setenta y dos horas." Bra asintió, no muy convencida por la explicación de su madre. Se giró hacia él, analizando la seriedad y rudeza de su rostro. Lo conocía lo suficiente como para saber que ocultaba algo, y su mano se ciño sobre la suya por debajo de la mesa, apretándola.
Hubo un conflicto de miradas. Bra estaba preocupada y él sabía omitir, pero no mentir.
"¿Crees que puedes tener ese síndrome?" cuestionó.
"No. No tengo nada salvo un agujero en el estómago y otro en el hombro que tu hijo, tan gustosamente, me hizo" reclamó entre sonidos guturales. Se dejó caer sobre el suelo y nuevamente les dio la espalda. Tama se acercó y apoyó las patas delanteras sobre su costado, pero Broly le enseñó los dientes y esta vez rugió como un auténtico felino salvaje. El gato, asustado y con el lomo erizado, salió corriendo y se escondió tras Bulma.
Bra decidió dejarlo estar, irritada por semejante muestra de pocos modales. Sin embargo, fue temor a que ese mal humor fuera causa de algo más profundo lo que la hizo ignorarle para centrarse en la cuestión concreta. Él se levantó entre gruñidos y se dirigió a la pequeña cocina. Al pasar al lado de Bulma su cola se agitó y la mujer se agachó con un gritito de sorpresa. La cola se estrelló contra la pared, abriendo una pequeña grieta en ella. Broly le sonrió con algo semejante al sadismo al verla aplastada contra la mesa, patidifusa por el intento de ataque.
Bra, a pesar de haberlo visto, no le dio la más mínima importancia, preocupada por otros temas, así que Bulma trató de recomponerse.
"¿Cuáles son los síntomas? ¿Qué... qué le pasaría si lo tuviera?"
"Maldita sea, medio humana. ¡No tengo nada!"
"Bueno... no es letal, eso para empezar. Cuando un saiyan es herido de gravedad, al recuperarse su poder crece hasta límites insospechados. Algunos solo unas unidades. Otros miles de ellas. Para saiyans tan poderosos como Goku o Vegeta, millones. Es difícil calcularlo con precisión. Del mismo modo que para los humanos hay un aumento de glóbulos blancos cuando son heridos para proceder a la curación, también lo hay de ki para los saiyans. El Síndrome de Beh'ril surge cuando el ki asciende, básicamente, para ayudar a la regeneración y para adaptar al cuerpo al nuevo poder que será adquirido tras la curación. ¿Lo entiendes?"
"¿Eso no sería lo mismo que el aumento de ki al transformarnos en súper saiyans?"
"No es lo mismo. Cuando te transformas en súper saiyan, el ki sale hacia fuera. No se queda en el cuerpo. Las auras doradas de los súper saiyans son ki, y también el color de pelo y el de los ojos es producto del ki. En el Síndrome de Beh'ril el ki se queda dentro y es absorbido por los órganos, lo que los acaba haciendo más fuertes y flexibles, más difíciles de herir. Pero, hasta que los órganos asimilan el ki, el herido sufre una serie de síntomas realmente molestos"
"¿Qué clase de síntomas?"
"Bueno... solo he podido comprobarlo con tu padre, pero las veces que se ha herido los síntomas han seguido las mismas pautas. Gohan incluso llegó a dividirlos en tres fases. La primera se da unas veinticuatro horas después de que el saiyan resulte herido. Los síntomas son muy simples; poco apetito, fatiga, jaquecas, vómitos y a veces algo de fiebre. Es lo normal para un herido, así que es un poco difícil detectarlo en la primera fase."
Bra miró hacia adelante y Broly y ella supieron lo que pensaba el otro. El día anterior había sido duro y él se negaba a comer por falta de apetito. Bra, al pensar que era una estrategia porque no quería brócoli, lo obligó a comer. Como resultado acabó vomitando. El resto del día lo pasó durmiendo, y ni siquiera poner Brocolín para despertarle y animarle había servido. Durante el opening de la serie, Broly le dio la espalda a la televisión y siguió durmiendo. Bra le tomó la temperatura, pero como la media de los saiyans oscilaba entre los treinta y nueve y los cuarenta y cinco grados, no le dio importancia a que oscilara entre los cuarenta y tres y cuarenta y seis.
A pesar de que Bra se había equivocado y ambos lo sabían, ninguno dijo nada al respecto.
"Está bien, ¿qué pasa en la segunda fase?
"Que hay supuración. El ki se vuelve casi líquido por su subida, y sale a través de las heridas como algo parecido a la pus. Suele pasar a las treinta y dos horas. No significa que las heridas estén infectadas, sino que el organismo está deshaciéndose del ki que no necesita y no puede asimilar. Lo que viene después es lo más difícil; la tercera fase" hubo un silencio precediendo a semejante declaración, algo tenso que logró poner de los nervios a Bra. Vio cómo el guerrero legendario se inclinaba y apoyaba los brazos en el mostrador de la cocina, ignorándolas pero escuchando con atención. "En las dos primeras fases, el ki afecta al estómago, los riñones, los pulmones... los órganos vitales concretamente. En la tercera fase afecta al sistema nervioso y al cerebro. Por eso es la más complicada. El herido puede sufrir espasmos nerviosos y delirios sin fiebre, pero lo peor son las alucinaciones."
"¿Alucinaciones?"
"El ki afecta al cerebro y a los nervios; entre esos nervios están el óptico, el auditivo y demás. No solo se ven alucinaciones, sino que se oyen, se sienten, es demasiado vivido como para ignorarlas, con paranoias similares a las que se sufren en la esquizofrenia" Bra se puso blanca de solo oírlo. Visiblemente nerviosa y asustada, se levantó del suelo y anduvo hasta Broly. Le agarró el brazo con la mano temblorosa, esperando una negación a ese maldito síndrome, pero él solo la esquivó.
"Deja de preocuparte. No soy un crío del que tengas que estar pendiente las veinticuatro horas del día"
"¿Tienes esa cosa?" preguntó sin rodeos.
"No..."
"Tú no sabes mentir, por eso no me miras a la cara" puso los ojos en blanco y la miró. Sus ojos eran más afilados que de costumbre, pero estaban completamente lucidos. Bra se aferró a su brazo, fuerte, mordiéndose el labio con frustración y temor. "Maldita sea, eres lo único que tengo aquí después de lo que pasó la otra noche, así que dímelo. ¡Necesito saberlo! ¿En qué fase estás?"
¿En qué fase estás?
Broly giró la cabeza hacia atrás, por encima de Bra. Paragus lo observaba desde un rincón de la cocina, tranquilo, silencioso, calculador como siempre. Se llevó una mano al bigote y lo acarició como solía hacerlo cuando se le ocurría algo desalentador. Era igual, con todos los detalles. Seguía teniendo una cara que te hacía desconfiar a primera vista, algo que te recordaba a un zorro astuto. Nada de cariño ni aprecio por la vida ajena, solo interés conveniente. Daba igual de cuántas maneras se presentara; los sentimientos de Broly por él siempre serían los mismos.
Sufrió un ligero espasmo en el brazo agarrado, una pequeña convulsión. Bra vio cómo le descendía una gota de sudor helado desde la sien hasta el cuello, y también se fijó en sus pupilas, dilatándose al máximo. Bulma, observadora, incluso contó los segundos que pasó observando el rincón vacío de la cocina con esa fijeza.
26 segundos.
"Fase tres. Alucinaciones. Si hubiera sabido que llegarían tan pronto habría venido antes" declaró. Entonces Broly pareció despertar de su trance, y aunque Paragus siguió allí, se volvió hacia Bulma con inquietud.
"¡Cierra la puta boca, tú no tienes nada que ver en esto, no tienes nada que ver conmigo! Solo quieres saber si estoy enfermo para contárselo a Vegeta y hacer que venga a por mí aprovechándose de mi debilidad, ¡pero no tengo el síndrome! Pierdes el tiempo, humana" Bra soltó su brazo. Estaba enfadada, no solo por las formas con las que le hablaba a su madre, sino por su cabezonería y testarudez. Sabía que no era orgulloso hasta el límite de su padre, pero era independiente y solitario. Necesitaba su espacio, uno donde ella se había introducido, uno que ahora compartían, pero Broly siempre tendría un límite de cercanía. Tenía secretos y un pasado turbio que no quería que nadie tocara, porque a pesar de todo seguía desconfiando de todo y todos.
"No he venido para cerciorarme de que estés enfermo, sino a ayudarte a pasar por ello" Bulma sacó el pequeño frasco de líquido rosáceo del maletín y se lo mostró sin reservas. "La primera vez que Vegeta pasó por el Síndrome de Beh'ril, no tenía claros precedentes. Por aquel entonces no éramos pareja. Él estaba en mi casa porque yo lo invité, y todavía no sabía cómo manejar la cámara de gravedad. Se sobre esforzó y la cámara estalló. Pasé noches enteras velándole y pude ver los síntomas. Tu padre no tuvo visiones porque se pasó la mayor parte del tiempo inconsciente, pero sus espasmos fueron violentos al igual que sus delirios. Lo he visto tres veces más y Vegeta me ha hablado de ello. Es una de las cosas más desagradables para un saiyan, ¿no? Por eso, Gohan y yo creamos esto, el resultado de meses de trabajo. El síndrome seguirá si te lo inyectas, pero mantendrá tus nervios en orden y conseguirá reprimir los delirios. En otras palabras... no tendrás que pasar por las visiones"
Ese medicamento captó toda la atención de los dos, tanto de Bra como de Broly. En un inicio hubo cierta sospecha al pensar que ese frasco pudiera contener algún tipo de bacteria que lograra matarlo por intervención de Vegeta, pero le bastó detectar el alivio de Bra y cierta seriedad en Bulma para darse cuenta de que no se trataba de eso. Quizás no era agudo para ciertos temas, pero su curiosidad y los años que se había visto obligado a callar y a mirar lo habían convertido en alguien receptivo y observador. Sabía que Bulma no quería matarlo. Sabía que, en cierta manera, era igual que Bra; tenía su misma expresión decidida. No se decantaba por un bando concreto. Lo único que quería era el bien para su familia y para ello...
"¿Qué quieres a cambio?" cuestionó él. Bra pestañeó con un ligero de dolor de cabeza. Al hacer semejante pregunta Broly admitía abiertamente que le interesaba la propuesta, y eso solo podía significar que de verdad estaba enfermo. Y él lo sabía.
Bra tenía ganas de vomitar.
Pero todavía tuvo más cuando Bulma, controlando una agitación que empezaba a crecer al pensar en el tema que pensaba sacar a colación a cambio de esa medicina, se percató de la descomposición en el rostro de su hija. Lamentó que se hubiera enamorado de un hombre con una crudeza tan característica de Vegeta, y sintió todavía más, henchida en preocupación, que se hubiera decantado por él, porque eso solo podía significar una cosa: sufrimiento. Un dolor enorme con el que tendría que vivir hasta que Broly consiguiera relajarse... o hasta que desapareciera de su vida para siempre. Y si lo hacía, sufriría más que nada tras su marcha. Nunca habría consuelo para ella.
Bulma deseaba con todas sus fuerzas que su dolor mereciera la pena.
"Quiero que hables con Goku"
Y la respuesta fue el silencio más absoluto, el eco de sus palabras viajando entre las paredes de la casa cápsula, cayendo en un saco roto en la mente de Broly y retumbando en la temerosa pero precoz mente de Bra. Bulma estaba intentando hacer un trato con él, mucho más de lo que otros hubieran estado dispuestos a permitir. No dejaba de ser algo rastrero en la manipulación ajena, tomando provecho de una enfermedad, pero eso solo podía significar una cosa.
Los Guerreros Z estaban desesperados, o peor aún... Bulma lo estaba.
Y Broly lo supo con solo verla.
Empezó como un gorjeo y poco a poco se incrementó. Bra hubiera jurado que él estaba a punto de vomitar como ella, pero antes de que pudiera cerciorarse, el guerrero legendario se sacudió y se encogió sobre sí mismo con las manos en el estómago. Las dos mujeres se alarmaron al pensar en sus heridas.
Nada más lejos de la realidad.
Las estridentes carcajadas de Broly se adueñaron de la habitación, hundiéndolas en un ambiente helado y tétrico. Tama dio un salto y chilló con el lomo erizado y las uñas asomando. Bulma se sorprendió por su actuación, sin saber a qué achacársela, si a los delirios o a la demencia sádica de la que tanto había oído hablar en esos dos últimos días, la que mantenía a los guerreros recelosos ante la idea de formar una tregua con él. La mujer pensaba que no era para tanto, pero después de verlo cara a cara no estaba segura de qué pensar. Por el contrario, Bra ni siquiera se sorprendió. Sabía a qué venía ese ataque de risa tan demencial, y aunque su falta de sensibilidad la enfureció, solo pudo apretar los dientes.
Se estaba burlando y Bulma no tardó en darse cuenta de ello.
"¡No estoy bromeando! Solo quiero que hables con Goku unos minutos, nada más. De forma civilizada, sin peleas. Si no quieres arriesgarte incluso puedes hacerlo por teléfono, pero..." la mujer dejó de hablar cuando las risas aumentaron en potencia. Broly se sacudía y casi pataleaba por la gracia que le hacía. Ella miró a su hija, que lo observaba con los puños apretados y el ceño tan fruncido, que era la misma imagen de su padre. Estaba enfebrecida, y Bulma supo que de ahí no sacaría nada bueno salvo una pelea entre los dos. Aun así, no podía dejar las cosas a medias.
Había ido hasta allí por una razón, y no pensaba irse sin obtener la respuesta que quería.
"Las bolas del dragón ya no sirven, Bra. Tampoco podemos contactar con el Otro Mundo, y puestos a ser sinceros, no creo que podamos hacerlo en un futuro cercano. Eso significa que Goten nunca será revivido. Está muerto, totalmente. Y si alguien más muere... será para siempre" la información cayó como un jarro de agua helada sobre Bra, como un puñetazo en el estómago, como una puñalada por la espalda. En su cabeza solo vio a Goten, el alegre y amable Goten al que nunca más volvería a ver. Se tapó la boca, temblando. "¿Entiendes lo que quiero decirte, hija? La batalla contra los boburrianos está muy cerca. Goku no está en su mejor momento, y no solo por su fuera física, sino por la psicológica. Cuando se enteró de que Goten no volvería..." Bulma suspiró. No sabía cómo hablar sobre ello porque era algo difícil de creer incluso para sí misma, algo que nadie quería creer. "Goku ya no puede liderarnos, no de momento. Él siempre fue el pozo de alegría y esperanzas, y aunque nadie diga nada, verle así nos aterroriza y nos merma. Gohan y Trunks tampoco están bien, Picolo no despierta. El único que logra mantenerlo todo ahora es tu padre, y la batalla que se aproxima recaerá sobre él. Ahora que ha llegado al nivel tres, quizás podría derrotarlos pero... ¿a qué precio? Sea lo que sea lo que quieren, son unos sádicos. Tienen recursos que desconocemos y seguramente son más de los que creemos. Tenemos una gran desventaja. Una desventaja que podría solucionarse si Broly pusiera algo de su parte"
Las risas habían acabado, pero no ante la desesperación de Bulma. El guerrero legendario parecía haberse cansado de tantas carcajadas y adquirió una pose serena tras limpiarse las lágrimas causadas por la risa.
"Vaya, vaya, vaya... ¿quién me iba a decir a mí que vendríais a pedirme ayuda? El problema es que he pasado los últimos veintidós años en el infierno porque nadie utilizó esas estúpidas esferas del dragón para revivirme, y mi cabeza se ha quemado por ello. Mi mente está en blanco y ya no recuerdo cómo derrotar a los boburrianos. Además, las heridas que vosotros, malditos cabrones, me hicisteis, tampoco me aclaran la mente" Su verborrea estaba plagada de sarcasmo y rencor. Estaba claro que disfrutaba del momento, de la descorazonadora situación para los Guerreros Z. Bulma ya no hablaba con él. Sabía que si alguien podía convencerlo de actuar esa era Bra, no ella, así que se dirigió a su hija.
"Si tu padre o tu hermano murieran, ya no habría manera de hacerlos volver a la vida. Morirían de verdad. Solo intento aumentar nuestras posibilidades de ganar"
"Aumentar vuestras posibilidades usándome a mí como arma" declaró Broly, ya sin rastro de gracia. Había pasado de la diversión al más maquiavélico rastro de odio, oscuro, tétrico. Sabía demasiado bien cómo funcionaba y para qué lo querían los que lo rodeaban, y no le gustaba. Nunca le había gustado.
Quiero que vuelva al entrenamiento, ahora. ¡Leer, qué estupidez! Mi hijo no es un maldito erudito, es un arma, un guerrero. ¡No quiero que le llenes la cabeza de tonterías, Topoka!
La voz de su padre atravesaba su tímpano y llegaba hasta su cerebro. La visión de las puertas de madera del modesto lugar donde vivían él, Topoka y Paragus durante su preparación en una tarde donde el calor era insoportable. El lugar era desértico, pero de alguna manera acogedor.
¿Crees que no sé lo que intentas hacer? Quieres mantener a tu hijo como un estúpido que no puede ver más allá de sus narices. Lo manipulas con tus artimañas y le haces creer que no hay nadie más que tú en su pequeño mundo. Si no sabe leer ni escribir, si no sabe hacer más que dormir, comer y pelear, es mucho más fácil manejarlo, ¿verdad? Él puede hacer mucho más que vivir para ti y para tu venganza, y no voy a permitir que le sigas lavando el cerebro.
Broly sintió el tirón de su muñeca, ahora cubierta por el brazalete de braummuro, pero a antaño libre de cualquier presión. Su padre le agarró y tiró con fuerza de él, casi haciéndolo caer al suelo. Lo arrastró. Tenía seis años entonces.
Nos vamos de aquí. No dejaré que lo influencies más con tus tonterías. Él nació con ese poder para ser el arma definitiva, no para leer historias absurdas sobre mundos imaginarios o para jugar como un maldito crío.
¡Es un crío, Paragus!
¿Y qué? Los niños saiyans no juegan, y tú lo sabes. Has entrenado a cientos. ¿Por qué te empeñas en ser diferente con mi hijo?
Porque él es el último que queda y merece marcar la diferencia. Por mucho que intentes ocultarlo y evitarlo, sabes que no es violento. Es prácticamente pacífico, y no es un maldito insulto. Es un buen niño y no pienso permitir que lo corrompas con tus locas ideas. Broly, es hora de decidir. No tienes por qué seguirle.
Claro que tiene por qué. ¡Soy su padre! Yo lo salvé cuando nadie más lo quería. Yo lo cuidé cuando lo habrían matado. Lo defendí cuando el rey Vegeta lo condenó a muerte.
Eso es lo cualquier padre habría hecho por su hijo. ¡No te debe nada solo porque lo hayas hecho sobrevivir para tu propia conveniencia! Broly... es tu decisión, es tu vida.
La boca era pastosa cuando habló. Tenía la lengua dormida y, por algún motivo, con la cola entre las piernas, con el miedo reverencial que sentía por su padre por aquel entonces, con el dolor por perderlo tras esa declaración de principios, tomó la primera decisión de su vida.
No quiero... no quiero ir. No quiero vengarme de nadie. No quiero dormir y comer para siempre. Quiero hacer otra cosa. Puedo hacer otra cosa. Quiero quedarme con Topoka, padre. No quiero... no quiero ir contigo. No quiero ser un arma. Déjame. Déjame. Puedo hacer algo más.
Luego Paragus se fue. Le envió la mirada más siniestra que tenía, proclamándole eterno odio a su propio hijo, y se fue. Y Broly estaba aterrorizado porque se había librado de las cadenas a las que se había acomodado, sin las que se sentía inseguro y solo. Eternamente solo. Pero Topoka le acarició la cabeza con uno de sus cuatro brazos y le dijo que era un niño listo, y el miedo se disipó por un tiempo. Su padre nunca le había acariciado la cabeza. Fue agradable.
Y con esos delirios aislándolo de la realidad, supo cuál debía ser su respuesta, ahora y siempre.
"¿Queréis un consejo? De acuerdo, os lo diré" Bulma se llevó una mano al pecho, impaciente pero reticente ante lo que podría escuchar. En el guerrero no había ni rastro de compasión ni de lástima, solo el desprecio más vivido que había visto en mucho tiempo. "Si vais a luchar, llevad cápsulas del veneno más potente que tengáis bajo la lengua, porque si os atrapan desearéis estar muertos"
No hablaba con el más mínimo remordimiento. Los estaba enviando a una muerte inminente y le estaba haciendo daño a Bra, mucho daño, pero pese a ello no cedió. Bulma intentó adivinar si lo hacía porque su hija no le importaba y resultaba un mero entretenimiento, o porque intentaba guardarse las espaldas como Vegeta había hecho en su etapa más vulnerable, temiendo volverse demasiado blando. Sin embargo, no pudo leer nada en su agria mirada. Era tan fácil leer la mente de Vegeta cuando se conocieron, tan fácil detectar sus miedos... pero leer a Broly era como intentar descifrar un folio en blanco, sin la más mínima pista. No sabía si era diabólico o si simplemente estaba resentido, pero pese a todo algo le quedó claro, muy claro.
No sería fácil tratar con él si alguien no lo emblandecía primero, y ese papel solo le correspondía a su hija.
"Broly..." intercedió ella, furibunda. "Te he defendido y he perdido a mi familia por ello. Te he ayudado cuando podrían haberte encerrado para hacerte hablar. Estoy contigo ahora y te estoy cuidando cuando no debería hacerlo. He tomado mi decisión y no te recrimino nada, porque es cosa mía, pero si significo algo para ti, si de verdad sientes algo por mí como me dijiste aquella vez, haz algo. Di algo. No es solo por los boburrianos, también es por ti. Si sigues actuando así vas a quedarte solo, porque yo tengo un límite, así que por favor..." Bra no tuvo que decir nada más, porque Broly se movió. Actuó. Estiró la mano hacia el frasco de medicina y se lo quitó a Bulma de las manos. La mujer pensó, esperanzada, que iba a aceptar la propuesta, y Bra también lo creyó.
Por un momento.
Broly ni siquiera se detuvo a plantearse las infinitas posibilidades, porque antes de que pudiera hacerlo, el pequeño frasco se hizo añicos entre sus fuertes dedos. La medicina salpicó su mano y chorreó hasta el suelo en pequeñas gotas rosáceas mientras el cristal era reducido a polvo sin causarle ni un agravio a su dura piel.
"Antes loco... y muerto" aseguró sin que la voz le temblara en absoluto. "Ahora largo de aquí"
Bulma se lo esperaba, y aunque una angustia vital la recorrió por entero al pensar en la posibilidad de que nadie les ayudara, eso no impidió que se resignara. Estaba claro que ese hombre no iba a ayudarles aunque se lo suplicaran de rodillas.
"De acuerdo" afirmó. Se levantó, guardó el maletín en una cápsula y se aproximó hacia la puerta con la expresión más serena que pudo mantener. Se acercó a su hija, cuya mirada se ocultaba tras una expresión agria y el pelo sobre su frente. "Da igual lo que diga tu padre. Siempre serás bienvenida en casa, cielo" aquello fue una proposición velada de que fuera con ella, pero Bra tenía claro dónde debía estar, al menos de momento.
"No dejes que Trunks cometa una locura. Goten era la mitad de su vida y sin él... ni siquiera estoy segura de que pueda vivir"
"Vivirá... como lo haga ya es otra historia" Bulma pensó en irse sin despedirse, en salir y no mirar atrás, pero al abrir la puerta al exterior no pudo evitarlo. Dio media vuelta y abrazó a su hija con fuerza. Bra la correspondió, pero con mucha menos intensidad, agotada. "El rencor no te hará más fuerte, Broly, ni tampoco la venganza" tras decir esas palabras que tan poco efecto hicieron en él, Bulma salió de allí haciendo acopio de valor, muy consciente de lo que dejaba atrás. El leve sonido de la cápsula que contenía la aeronave al ser arrojada y de esta al alejarse fue lo único que llenó el incómodo silencio que quedó entre los dos.
Broly no tenía nada que decir. Esperó a que ella empezara a recriminarle sus actos, como siempre, a regañarle, a poner el grito en el cielo, pero no dijo nada. Absolutamente nada. Eso resultaba mucho más inquietante que sus gritos. Aguantó. Siguió esperando. Los gritos eran algo bueno en ellos, pero Bra no pensaba cubrir sus necesidades, no esa vez.
"¿Qué es lo que tienes que decir?" cuestionó, nervioso. Pero Bra siguió sin decir palabra y Broly se molestó. Se acercó. Tama maulló. "Bra..." la llamó, y a punto estuvo de posar una mano sobre su hombro antes de que ella se volviera y, como él había hecho una vez, se le tirara encima con la boca por delante. Lo tiró al suelo subiéndose encima de él, le dio un par de puñetazos en la cara que le sacaran una exclamación de sorpresa sin hacerle auténtico daño y luego, cuando él alzó la mano para apartarla, sintió el ardor del mordisco. Bra cerró los dientes justo encima de su brazalete de braummuro, clavándolos con toda la fuerza que podía. La sangre descendió por su barbilla y su brazo junto a las rabiosas lágrimas.
Broly se mantuvo quieto, taladrándola con unos ojos tan oscuros como su conciencia. Esperó, aguantando el dolor sin el más mínimo quejido, a que ella le soltara, y cuando lo hizo la sangre salpicó el suelo del salón.
"¡Te odio!" le gritó. "¡Eres el hombre más despreciable del universo! ¡Maldito sea el día que te reviví, Broly, maldito sea!" Bra se levantó de encima de él limpiándose la boca con el antebrazo. Estaba histérica y colérica, y Broly no hizo nada para evitar que se fuera al verla correr hacia la puerta. Se detuvo, sin embargo. "El chico que ha muerto era mi amigo. De hecho, estuve enamorada de él durante más tiempo del que lo he estado de ti, ¡y no me hace falta conocerte mucho más para saber que era mucho mejor que tú! Deberías haber sido tú el que hubiera muerto, no él." Bra esperó, aguardó una respuesta aunque estuviera forzada por alguna clase de celos injustificados, pero no hubo nada salvo miradas funestas, silenciosas. Ella ya no sabía qué otra parte de sí misma iba a romperse con eso, pero estaba claro que no pensaba quedarse vagando en la mentira de un hombre sin compasión. No era esa clase de cobarde. "Cuando dijiste que sentías cosas por mí... mentías ¿verdad? Solo lo dijiste porque querías..."
"No" negó, escueto, rápido y sin una mínima explicación. "Yo no miento, pero tú no lo entiendes y creo que soy jodidamente claro al respecto. Lo único que me vincula a tu familia eres tú y nada más lo hará. Ya mueran los boburrianos, ya muera tu familia, a mí me conviene, y no voy a cambiar mi manera de verlo solo porque tú lloriquees un poco. Hay cosas que no puedo perdonar"
"Así que de eso va todo... de rencor, de venganza porque Goku lloró un poco en la cuna"
"Si crees que los odio tanto porque Kakarotto lloró a mi lado cuando era un bebé, es que eres estúpida" contestó con brusquedad. Bra quiso volver a echarse encima de él, pero vio la herida recién abierta de su brazo y también la segregación verdosa que se escurría por ella y no se movió.
"¿Por qué no me hablas sobre ello? Pensaba que confiabas en mí. ¿Qué es lo que no puedes perdonar, Broly, qué? No puede ser tan grave como para guardar rencor durante..." él la interrumpió, helado y, por otro lado, furioso de que intentaran hurgar en ello. Aunque fuera Bra quien lo hiciera, tampoco podía perdonar eso.
"No quiero que nadie, ni siquiera tú, se meta en ello, y si estás empeñada en meterte puedes largarte con tu familia porque es mi recuerdo, ¡mío! ¡Y NADIE LO TOCARÁ!" gritó. Bra se acongojó por la violenta respuesta. Ya ni siquiera le importaba el dolor y la rabia que pudieran reflejarse en su macabro, cada vez más oscuro, rostro.
"Está bien, nadie lo tocará" declaró. Estaba temblando cuando agarró a Tama, que no opuso ninguna resistencia, al ser cargado por ella, huyendo de esa bestia sin corazón en la que se había convertido ese hombre que tanto le gustaba. Bra hizo un poder por tragarse el llanto cuando abrió la puerta de salida. "Espero que ese recuerdo te abrace por las noches y te cuide cuando lo necesites, porque yo no lo haré"
Y se fue. Tan claro y simple como eso. Se fue cerrando la puerta con el mayor de los desprecios.
Y él se quedó solo con sus recuerdos.
[...]
Chichí caminaba despacio. Lenta pero decidida. La cocina ya no la amparaba, y su familia no estaba de humor para comer tampoco, ni Gohan, ni Pan, ni mucho menos Goku. Chichí era una mujer fuerte como la que más, con cargas a su espalda con las que nunca debería haberse hecho. Se casó joven, tuvo un hijo con un hombre que poco sabía sobre la crudeza de la vida, pero que los mantenía a todos a salvo y felices con muy poco. Enviudó aun más joven, estuvo separada de su único hijo, sola, sin nada, constantemente preocupada por la salud de cada uno hasta la viudedad definitiva que había durado siete años. La separación de Goku había sido dolorosa, mucho.
Pero nunca sería tan dolorosa como pensar en la ausencia de Goten.
Él llegó como un regalo caído del cielo, nunca mejor dicho, y Gohan y Chichí habían intentado por todos los medios llenar el vacío que había dejado su padre con él. Nunca lo forzó a estudiar, porque aunque esa parte siempre le había tocado a ella imponerla, la falta paterna a la hora de entrenar y el gran poder que demostró tener desde pequeño le hizo saber que precisaba más entrenamiento que estudio. Lo hizo. Hizo de padre y madre a la vez, para los dos, y fue duro con el recuerdo de su marido a su espalda, pero pudo con ello. Y por lo que crecía en su barriga en esos instantes, también debía poder con ello ahora.
Aunque había llorado las dos últimas noches sin pegar ojo, sola en la cama, se había levantado al día siguiente para hacer lo poco que podía hacer, o al menos mantenerse alerta frente a las ocurrencias de los demás al respecto. Tenía ganas de quedarse en la cama durante horas y horas, pero no era algo que pudiera permitirse.
Era fuerte.
Ya había pasado por eso.
Y Goten volvería, de una forma u otra, porque había demasiada gente que lo amaba como para dejarle solo en el Otro Mundo. Y lucharían por él.
Lo que Chichí temía era que el que no luchara fuera su padre, por increíble que pareciera.
Los Guerreros Z estaban desesperados, incluida Bulma, que había intentado disimularlo como había podido, sin éxito. La mujer se había dejado llevar por el miedo al ver a Goku aquella noche, cuando volvió a la corporación un día después de irse, furioso, para averiguar qué ocurría con Dende y si lo que había oído de Karin era cierto. Por cómo volvió, lo era. Nunca, nunca lo habían visto así, y Chichí podía asegurar que se estremecieron de pies a cabeza cuando entró por la puerta. Incluso Vegeta se sintió incómodo cuando pasó por su lado con esa tétrica mirada, sin decir nada. Era oscuro.
No era su Goku.
Y el Goku que no era su Goku se aisló en el techo de la corporación y no se movió de allí durante las siguientes horas. Pero lo peor no fue eso, sino su respuesta cuando le preguntaron qué debían hacer, cuál era el plan. Vegeta ya sabía lo que debían hacer, y había dado la orden de mantenerse alejados del Goku que no era su Goku hasta que las cosas se calmaran. A entrenar, a investigar todo cuanto podamos. Necesitamos información. Deberíamos recurrir a Broly. Si volvéis a pronunciar ese nombre os mato. Esas habían sido sus palabras, pero no le hicieron caso porque querían oírlo de la boca del que siempre había sido su líder.
"¿Es que no podéis hacer algo por vosotros mismos ni una maldita vez?"
Definitivamente ese no era su Goku, pero aunque no lo fuera y todos lo supieran, sus palabras hicieron daño de la misma manera, intentando sacar el sufrimiento de sí mismo transmitiéndoselo a los demás sin querer.
"Lo siento. No quería... el plan de Vegeta está bien. Hacedle caso. Yo... ya se me ocurrirá algo" fue su rápida rectificación en una sombra que seguía sin ser Goku, pero que se acercaba un poco más a la realidad.
Chichí fue consciente de como Bulma se dejó llevar en cuanto le oyó, en cuanto vio que permanecía allí sin hacer nada, vulnerable como nunca lo habían visto. Vegeta tomó el control de la situación en cuanto vio cómo les entraba el pánico y la mujer vio lo que Chichí siempre había visto en su marido. Vio al nuevo líder en el príncipe de los saiyans y vio los sacrificios que tendría que hacer para protegerlos a todos... y no lo quiso. Por eso Bulma despertó a Pan muy temprano esa mañana, le preguntó y suplicó que le dijera el paradero de su hija y de Broly, y ella, sintiéndose mal por su amiga pero todavía peor por su familia, se lo contó solo a ella tras hacerle prometer que no se lo diría a Vegeta. Chichí vio cómo salía disparada hacia allí esperando que Broly estuviera lo suficientemente desesperado como para ayudar, aumentar las posibilidades de Vegeta y espabilar, de alguna manera, a Goku con el reto que él suponía. Ella deseó que lo consiguiera aunque no le hiciera gracia ese enemigo tan violento.
Por la manera en la que Bulma apareció en casa esa tarde, supo que no había logrado nada.
Caminando por el pasillo en dirección a la cama sobre la que estaba deseando tumbarse, podía oír los gritos furiosos de Vegeta recriminándole a su mujer el haber ido a por ese demente, y también podía oír los chillidos de Bulma en respuesta. Trunks no había aparecido en los últimos días, al menos no bajo su mirada. El mejor amigo de su hijo parecía llevar un mutismo y un luto estricto desde lo sucedido, y Chichí, por primera vez, agradeció que Goten tuviera un amigo tan fiel, aunque este sufriera tantísimo por su muerte. La mujer sabía que ese chico se cortaría los brazos para hacerle volver a la vida, y confiaba en que lo consiguiera. La hija de A-18 y Krilín lloraba por los rincones al igual que ella, y también le consoló saber que no era la única que sufría, aunque eso no fuera agradable. Pan no salía de su habitación en absoluto, encerrada a cal y canto, y Uub, ese chico que tanto la apreciaba, rondaba su puerta casi todo el día ya que la adolescente no dejaba entrar ni a su propia madre. Gohan era el único que parecía mantenerse cuerdo después de eso, irritable en extremo, pero entero. Chichí no sabía que pasaba las noches abrazado a su mujer, a veces sollozando como un niño asustado, otras veces en defensa, con miedo a que alguien le arrebatara a su familia mientras dormía. El insomnio lo volvió casi agresivo, y su conversación era hostil y tosca, como nunca lo había sido. Había entrada en estado de ira, y no saldría de eso hasta que lograra alcanzar ciertas metas para calmar su dolor frente a la perdida.
Pero el más preocupante era Goku, con diferencia.
Chichí, muy despacio todavía, con grandes ojeras bajo los ojos y el pelo suelto y algo despeinado, como pocas veces lo llevaba, no recogido en su habitual y recatado moño, abrió la puerta del cuarto que ella y Goku compartían durante su estancia en la corporación. Estaba oscuro, con la luz apagada, pero pudo ver la sombra de su marido dándole la espalda sentado en la cama, inclinado hacia delante con la cabeza baja frente a la ventana.
Chichí entró y encendió la lucecita de la mesita de noche. Él no se inmutó.
"¿Qué estás haciendo aquí solo? Krilín lleva un rato buscándote" Goku no respondió. Se mantuvo en un estado de trance en el que Chichí ya lo había visto sumergido varias veces. La mujer se acercó y se sentó a su lado. Antes de apoyar una mano sobre su hombro vio cómo sus labios se movían murmurando palabras sin sonido. "¿Qué estás haciendo, cariño?"
Goku despertó. La miró como si no hubiera detectado su presencia.
"Chichí..." la llamó, y hundió la cabeza entre sus hombros. "Estaba pensando en el Otro Mundo y en cuando estuve allí. Acabo de acordarme de algo"
"¿De qué?" insistió ella. Goku había cogido una costumbre extraña dos días atrás; dejaba las frases a medias, como si sus pensamientos se cortaran abruptamente.
"Allí puedes ver la Tierra. Kaio-sama la veía, y también puedes escuchar lo que dicen los vivos. Goten es mi hijo y un Guerreroz Z, así que lo más seguro es que esté con Kaio-sama buscando la manera de volver a casa. Seguro que puede vernos y oírnos, y estaba pensando en decirle algo aunque él no pueda responder" Chichí sonrió, aliviada por la noticia. No sabía cómo era el Otro Mundo, pero según había oído era tan bonito como tranquilo. Al menos allí el alma de Goten estaría a salvo. Sin embargo, Goku no parecía aliviado en absoluto. No había consuelo para sus ojos oscuros, ninguno, y su voz tembló cuando le hizo saber lo que iba mal. "El problema es que..." volvió a callar, dejando la frase a medias, y Chichí intentó no sacudirlo, exasperada por esa costumbre. Entonces Goku habló, y sus nervios, su desesperación, su melancolía, todo se reflejó en una voz rota que luchaba por continuar siendo apaciguadora, ya sin fuerzas "El problema es que no sé qué decirle. Mi hijo ha muerto luchando y no sé qué debería decirle. No me sale nada. No sé..." hundió los ojos en una mano, apesadumbrado, torturado por esa imposibilidad.
"Tú nunca has sido un hombre de palabras, Goku" intentó consolarlo ella.
"Pero es mi hijo muerto, Chichí. Nuestro hijo... y no sé qué debería hacer" la mujer agarró una de sus manos y entrelazó sus dedos con fuerza en una clara muestra de apoyo.
"Dile que lo harás volver a casa pronto. Prométeselo"
Y entonces él se levantó, soltando su mano para alejarse, dando una vuelta alrededor de la cama con la respiración entrecortada como la de un animal asustado. Dio vueltas frente a la confusión de ella, y Chichí frunció el ceño, sin entender esa reacción. Entonces Goku se detuvo dándole la espalda, suspiró profundamente y no se atrevió a mirarle a la cara cuando dijo las palabras más impactantes jamás salidas de su boca. Unas palabras que hicieron que Chichí se levantara como un resorte, incrédula y espantada.
"Creo que no podré hacerlo"
"Pero, ¿qué estás diciendo, Goku?" exclamó ella.
"Yo... ya no soy tan poderoso como antes. Gohan, Vegeta, Trunks, A-18, Picolo... cualquiera de ellos podría derrotarme ahora. No soy nadie, Chichí. Y tampoco están las bolas del dragón, ni los dioses, ni nadie... y sigo sin poder decirle nada a Goten. Da igual cuánto lo intente, no puedo superarme a mí mismo. ¡No puedo!" Chichí no podía creer lo que oía, y sin duda le hubiera sonado a broma de no ser por un detalle crucial que le heló la sangre y le secó la boca.
Oh, Dios mío... No puede ser...
Pero sí podía ser, porque aunque lo hubiera visto siempre como a alguien superior a un dios en fortaleza, a veces demasiado frío cuando ni él mismo se percataba de ello, distante a pesar de estar junto a ellos, con dificultades para dar un simple abrazo a sus hijos o soltar palabras certeras en momentos difíciles, torpe como ninguno en lo que a sentimientos se refería, Goku, el dios que vivía en el corazón de todos, el inmortal, también tenía una parte humana.
Y en ese momento la dejó a la vista como nunca lo había hecho, porque aunque se tapara la cara con una mano Chichí podía ver perfectamente que estaba llorando. Lloraba como un niño grande, exactamente lo que era, lo que ella vio y descubrió después de tantos años conviviendo junto a él. Fue una epifanía, un alumbramiento lo que se encendió en su cerebro. Sus sollozos apagados y casi aterrorizados, frustrados, reprimidos por la presión de sus dientes apretados, como los de un crío que, de pronto, se veía solo y desprotegido en un paraje sombrío, incapaz de defenderse por tanta sobreprotección.
Y había sido eso. Demasiada sobreprotección. Las bolas de dragón, una fuerza increíble, amigos por todas partes, tantos, que a veces resultaba agobiante, una familia que siempre le esperaba y a la que él nunca había tenido que esperar. Incluso la ayuda y la amistad de los dioses, que siempre estaban ahí si la situación era demasiado peliaguda.
Goku lo tenía todo y ahora se lo habían quitado, porque él no era solo músculo. Era carne, entrañas y sentimientos, era Goku rodeado de amigos, familiares y segundas oportunidades que nunca acababan con el milagro de las esferas tras las que había crecido. Era un niño sobreprotegido que se había estrellado contra la realidad de forma brutal en cuanto le arrebataron lo que siempre había tenido.
Un niño que, solo y perdido, se encontraba desamparado y desesperado.
Y Chichí lo supo en ese momento tras descubrir que nunca le había visto llorar, y el corazón se le heló por ello. No se le heló en ternura. No se le heló en deseos de consolarle y amarle. Se le heló en furia reprimida y en coraje.
Porque en ciertos casos, quien bien te quiere te hará llorar.
"No puedo luchar. No puedo buscar las bolas del dragón. No puedo contactar con los dioses. No puedo hacer nada, ni siquiera puedo prometerle a mi hijo que le devolveré a la vida. ¡Tampoco estuve allí cuando lo mataron, y tampoco puedo pelear contra los boburrianos para vengarle! ¡Le he fallado y no se me ocurre nada para remediarlo! Soy... soy el peor padre, pero al menos podía pelear, pero ahora... ¡ahora ya ni siquiera me queda eso! ¡No puedo hacer nada, ya no puedo...!
Chichí comprendía que de verdad estaba desesperado.
Estaba perdido por primera vez en su vida, sin nada a lo que atenerse, sin su acostumbrada fuerza, sin las esferas del dragón para rectificar errores, sin los dioses como lejano punto de apoyo, con su familia desapareciendo frente a sus ojos sin posibilidades de luchar para evitarlo. Estaba aterrorizado. Y por eso y por otras cosas, callándolo súbitamente, Chichí le regaló su mejor golpe justo sobre su boca con toda la intención de hacerle auténtico daño, cosa que resultó imposible desde el principio. Goku calló pese al indoloro golpe. La miró, apartando la mano de los ojos empañados y descubrió la seriedad en ella, su impotencia, su dolor, pero sobre todo su rabia.
"¿Cómo te atreves a rendirte así, Goku? ¿Cómo te atreves siquiera a...? ¡No! Da igual cuántas veces hayas salvado el universo, siempre has sido egoísta, siempre has tomado tus propias decisiones sin consultarle a nadie, siempre yendo de un lado para otro sin tener en cuenta a los que dejas atrás. ¿Tienes idea de cuánto hemos sufrido tus hijos y yo por tus ausencias? Incluso tus amigos... Y aunque usáramos las esferas del dragón no podíamos traerte de vuelta. ¿Tienes idea de lo difícil que fue decirle a Goten que su padre no estaba presente porque no quiso volver a casa con su familia, porque se quedó entrenando en el Otro Mundo? Sí, maldita sea, sé por qué lo hiciste, por mantenernos a salvo. ¡Pero no dejó de ser doloroso! Gohan, Trunks, Vegeta, Picolo, Goten, incluso Pan y Bra son guerreros. ¡Y esto es lo que hacéis, pelear, no lloriquear! ¿Cuántas veces crees que Vegeta se ha sentido frustrado e impotente al ver que no podía superarte, cuántas veces se ha sentido humillado e inútil? ¿Cómo nos sentimos nosotros cuando tú te negaste a volver a la vida, Goku? ¡Con un niño al que no viste crecer y al que tampoco viste desde el Otro Mundo porque seguramente estabas demasiado ocupado entrenando! No podíamos revivirte tampoco por tu maldita decisión, pero aprendimos a respetarlo porque por mucho que hiciéramos, por mucho que lucháramos, no te recuperaríamos. Aprendimos a vivir con ello, impotentes y sin fuerzas, sin esferas, sin dioses, sin nada. Y después de todo eso, fruto de una decisión tuya, ¿te atreves a subestimarte y a darte por vencido?" Chichí estaba furiosa. Cada aspaviento, cada lágrima que derramaba, cada palabra que dejaba iba dirigida hacia él con toda su fuerza, fruto de un rencor ya olvidado, de una desesperación perdida cuando él volvió a la vida, fruto de la exasperación. "Eres un crío con cuerpo de adulto, Goku. Tus sentimientos se han quedado atrás con tu yo de doce años, y desde que murió tu abuelo no has visto la realidad, rodeado por las segundas oportunidades de las bolas de dragón, por el cariño de tus familiares y amigos, siempre presente aunque a veces ni siquiera lo merecieras. ¡Nos tenías tan presentes que ni siquiera nos dabas importancia y ahora que te lo quitan todo te rindes, así, sin más, y te pones a llorar! ¡No te lo perdonaré si lo haces, ninguno lo hará, ni siquiera Goten! Él te aceptó a pesar de todo, te abrazó y te llamó papá sin recriminarte nada. ¡Te estuvo esperando durante siete años y no pienso permitir que lo des de lado porque te hayas golpeado con la cruda realidad! ¡Así que deja de lloriquear como un crío, conciénciate de que lo que ha pasado es real y haz lo que siempre has hecho, lo que siempre has buscado! ¡PELEA!"
Chichí terminó de hablar. Cuando calló, su respiración resultó entrecortada por el largo discurso dado y por el llanto que se atascaba en su garganta. No era fácil. Nunca había sido fácil ser la mujer de Goku, pero por primera vez era ella la que le obligaba a pelear y no la que soportaba sus batallas, preocupada esperando su regreso. Se estaba apuñalando a sí misma al empujarle a ello, pero tenía muy claro lo que debía hacer, lo que él necesitaba. No podría ser la mujer del hombre más poderoso del universo si no conociera cada una de sus debilidades y necesidades e hiciera la vista gorda en situaciones de alerta en las que él podría perecer. Pero era tan duro...
Se limpió las lágrimas con la manga del vestido para que él la tomara aún más en serio, pero no se atrevió a mirarlo cuando lo hizo.
"Por una vez eres tú el que necesita apoyo y no el que lo da. Aunque no quieras hacerlo ahora te necesitamos, Goku. Siempre lo hemos hecho y siempre lo haremos, así que no puedes estar así, aunque sea doloroso. Flaquear no es algo que puedas permitirte, pero para eso estamos nosotros; Gohan, y también Goten aunque no esté presente. Yo también puedo cargar con tu peso y..." Chichí suspiró. Había pensado largamente cómo decirle aquello, había esperado al momento idóneo en el que estuvieran todos juntos, a salvo y tranquilos en el Monte Paoz de nuevo para rematar el colmo de la felicidad, pero sabía que el momento oportuno tardaría en llegar, o quizás, ni siquiera llegara. Con una mano frotando su barriga y cierto rubor en las mejillas pálidas por el llanto, se atrevió a hablar por fin. "Estoy embarazada."
La noticia, aunque ella no lo vio en primera instancia, fue un bálsamo de alivio en un pozo de agonía. En cuestión de un segundo Goku cambió de pensamientos y sentimientos. Palabras claras que le habían hecho falta desde hacía mucho tiempo, palabras que asimiló cuando oyó la noticia que creyó no volver a oír de nuevo desde el nacimiento de Gohan. Fue un bálsamo y también una patada hacia la aceptación, hacía la realidad.
Goten había muerto.
No había más que hablar porque esa era la realidad. Sin adornos. Sin esferas ni dioses ni increíble fuerza.
Así era la historia tal y como siempre fue para los humanos que ellos protegían.
Y Chichí estaba embarazada. De él. Otra vez.
La frustración de Vegeta durante tantos años por no poder alcanzar su nivel; la impotencia y resignación de su familia por no poder traerlo a casa durante esos años de defunción, años en los que él ni siquiera se había asomado a mirar los cambios, a averiguar cuánto lo necesitaban aunque hubiera podido hacerlo. Era un héroe, pero la verdad también era esa. Nunca fue un buen padre ni un buen marido, desentendiéndose de todo aquello que no le empujaba hacia las batallas que necesitaba constantemente. No lo fue, le pesara a quien le pesara, y nunca fue consciente de cuánto significaba eso para su familia hasta entonces.
Hasta que mataron a Goten y no tuvo segundas oportunidades.
Goku era adorado por su despreocupación y su voluntad, por lo que le inculcaba a los demás con solo sonreír. Sonreía siempre porque nunca se tomaba las cosas verdaderamente en serio ya que siempre le habían enseñado que había segundas oportunidades.
Ahora, por fin, se golpeaba contra la dura realidad y su respuesta era lloriquear como un crío.
Era un crío.
Un crío que había perdido a un hijo que no había sido vengado, un crío que tenía otro hijo, una nieta y un niño en camino. Un crío que, además, era marido, padre, abuelo, amigo, maestro, guerrero y líder de los defensores de un mundo pequeño pero único. Un crío que tenía la fuerza para guiarlos a todos y cargar con ellos si hacía falta.
Un crío que ya no era un crío, porque Chichí, dura y terca, una mujer demasiado tosca y no lo suficientemente bonita para ser la esposa del hombre más fuerte de todos según había oído, se había atrevido a darle algo que necesitaba desde hacía años. Una mujer común y corriente como todos la veían, demasiado gruñona y mandona como todos la creían, que no era digna como muchos pensaban. Y sin embargo él se arrodilló frente a ella, solo frente a Chichí y le rodeó la cintura con los brazos, descansando la cabeza sobre su estómago en una demostración de vulnerabilidad que solo ella vería. Lo aceptó y lo acunó, porque después de la riña era lo que necesitaba.
Goku no habló con Goten, y lloró en silencio hasta bien entrada la noche. Pero cuando Chichí despertó movida por los nervios a las seis de la mañana, tan temprano que el sol ni siquiera había hecho acto de aparición, Goku ya no estaba con ella.
Estaba fuera, entrenando con la voluntad férrea que nunca perdería mientras Chichí, que era la única, verdadera, digna e irremplazable por mucho que los demás pensaran, creyeran o dijeran, estuviera allí para recordarle esas cosas que nadie más se atrevía a recordarle.
Y así seguiría, avanzara o no, hasta que Goten hubiera sido vengado y devuelto a casa, con su familia.
[...]
Estaba contento como pocas veces lo había estado. Nada que temer, nada que hacer, nada que oír y nada que obedecer. Podía dormir y comer si le apetecía, sus pasatiempos favoritos, pero estaba demasiado ocupado leyendo libros que todavía no entendía del todo. Tenía una naturaleza curiosa que había desconocido hasta el momento, no intelectual, pero sí un interés sano por descubrir cómo funcionaba lo que le rodeaba, cómo sanaban las heridas, cómo pensaban los seres que veía cuando iba al mercado, esos tan parecidos al ágil Topoka y que, sabía por cómo lo miraban con sus cuatro pares de ojos, lo consideraban feo por ser de otra raza, y quizás hasta peligroso al reconocerlo como un saiyan. Olisqueaba las especias para la cena y la numerosa cantidad de carne y pescado, y también de insectos, comida favorita de su maestro. El ágil Topoka era venerado por su raza, ya que gracias a sus conocimientos de lucha mantenía alejados a los alienígenas con intenciones oscuras.
También era venerado por Broly, porque le permitía hacer cosas que normalmente su padre no le dejaba hacer; le pedía opinión para la clase de comida que le apetecía, le dejaba tiempo libre para hacer lo que quisiera, le dejaba libros y también pasear por donde se le antojara sin tener la vista puesta en él. No solía darle órdenes salvo para que lo ayudara a hacer las tareas de la casa, cosa que no le gustaba hacer, pero por lo que solía caer algún premio en chucherías o en juguetes.
Broly nunca había tenido juguetes.
No tenía amigos porque era diferente, pero no le importaba que lo miraran, porque era el protegido del ágil Topoka y eso bastaba. Leía mucho, aunque despacio; libros de aventuras y de animales. A veces jugaba a la pelota solo, después de entrenar en su medida justa, sin gritos ni aspavientos exagerados como solía pasar con su padre. Desde que Paragus no estaba, Broly podía decir que era feliz porque pensaba en muchas cosas cuando antes solo podía pensar en comer y dormir. Ahora podía hacer tantas cosas, que no sabía qué hacer. Solía vagar mucho observando fauna y flora, a veces cazando y otras solo como espectador de la naturaleza, aunque aquel planeta fuera en su mayoría desértico.
Un día, ya a sus siete años, con los restos de frutas del desierto manchándole la boca, llegó a la que ya era su casa.
He vuelto. Avisó, pero nadie respondió y eso le extrañó. Topoka siempre era rígido al respecto de los modales. Broly avanzó por la casa de madera, curioseando, preguntándose si era alguna clase de juego aunque Topoka no solía jugar. La cocina olía bien. Sospechaba que comerían saltamontes asados, sopa de oruga y, quizás, como a él le gustaba más que nada, dura carne de dinosaurio. Esperaba que fuera mucha, porque Broly tenía mucha hambre.
Entró en la cocina y arrugó la nariz porque olía a quemado. La hoguera estaba casi consumida y la sopa se había convertido en una mancha en el fondo de la olla.
¿Ágil Topoka? preguntó. Se balanceó hacia delante y hacia atrás frente a la olla y dio un par de vueltas más antes de dirigirse a la habitación de su maestro, en la que no acostumbraba a entrar por respeto, pero no porque él se lo prohibiera como solía hacer su padre. La habitación estaba abierta, pero Broly golpeó con los nudillos la madera de todas formas, sin atreverse a asomarse. ¿Ágil Topoka? volvió a preguntar. Nada, y curioso como era, no pudo evitar asomar la nariz lentamente por la rendija de la estancia.
Vio los pies azules y curvados, como los de un chacal, del alienígena estirados sobre el suelo, y Broly esperó un poco antes de percatarse de que algo no iba bien. Abrió la puerta de golpe y su cola, que se sacudía en el aire hasta el momento, descendió hasta dar con el suelo, prácticamente sin vida.
¡Ágil Topoka!
Se arrastró por el suelo hasta llegar a él, gateando como un animal herido con los ojos húmedos al verlo inerte en una imagen grotesca de algo parecido a un monstruo mitad anfibio, mitad reptil, inmóvil en el suelo, acurrucado como una larva con las extremidades encogidas. A él no le dio asco aunque en su día le causó cierta impresión. Lo sacudió entre gritos y llantos aterrorizados, pero lo único que consiguió fue que una baba blancuzca y espumosa le manchara la piel, poniéndolo perdido.
Le costó trabajo asimilar que estaba muerto. Mucho trabajo. Y cuando lo hizo, se acurrucó en una esquina de la habitación a la espera de algo que no conocía, quizás un milagro. Lo único que llegó fue Paragus fingiendo que lo echaba de menos, manipulándolo como siempre hacía. Y Broly se dejó llevar por miedo a quedarse solo en un mundo demasiado grande.
Lo enterró con sus propias manos y luego volvió a lo de siempre.
Dormir, comer... y fue entonces cuando Paragus añadió algo más a la ecuación aprovechándose de su rabia por la perdida.
Matar.
Broly lanzó la mesa ratona al otro lado de la habitación en un arranque de lucidez, intentando deshacerse de las visiones que atacaban su mente. Desde una esquina de la habitación, Paragus lo observaba inalterable, pero no era él el que le estaba atacando los nervios. Era el llanto, los lloros, los gritos. Era Kakarotto revolviéndose a su lado. Eran los guardias asegurando que el hijo de Bardock tenía muchas más ganas de vivir que el poderoso pero poco vigoroso hijo de Paragus. Eran otras clases de llanto que Broly odiaba porque le traían demasiados recuerdos.
Era su propio llanto recordándole que tenía puntos débiles, el propio recuerdo que trataba de guardar para sí con tanta fuerza.
Y lejos de allí, en la Corporación Cápsula, sometiéndose a un entrenamiento duro después de despertar de un letargo que casi lo había hecho renunciar, Goku también lo oyó. Buscó con la mirada el origen del llanto que le atenazó la cabeza, sin encontrarlo, sin sospechar que estaba compartiendo algo importante con el ser que más lo odiaba del universo, con alguien que había intentado matarlo a la más mínima oportunidad, con alguien que lo mataría si lo tuviera cara a cara, con alguien que era naturalmente opuesto a él.
Y sin embargo, pese a las enormes diferencias que los separaban, pese a las vivencias radicalmente contrarias, ambos compartían algo que los unía de manera inesperada y definitiva, solo una cosa, quizás la única que podría hacer que Broly colaborara.
Pero también la única que podría destruirlo por completo, para siempre.
