Nota de autora: Vale, podéis matarme otra vez porque este capítulo he tenido que dividirlo en dos partes, pero si no lo hacía... ¡se estaba haciendo demasiado pesado incluso para mí que fuera taaaaan largo! Así que esta es la parte uno y el siguiente será la parte dos y definitiva con lo que queda de la historia de Broly. Síp, estos dos capítulos son especialmente dedicados a él. Siento que el romance haya quedado un poco en segundo lugar, pero volverá a remontar, lo prometo, y también la comedia aunque ahora mismo haya más drama que otra cosa.
Siento también no haber respondido a los rewiens esta vez. ¡Lo haré la próxima, lo prometo! pero aquí hay exámenes de recuperación y me ha sido imposible escribir tanto, porque aparte de esto estoy haciendo un oneshot que colgaré en breve, seguramente la semana que viene. ¡Y será totalmente largo! Tal vez incluso lo divida en tres partes también, porque es demasiado.
Esta vez no voy a decir mucho más, solo, como dato curioso, que los nombres de Mikchi (Kimchi) y Bugogi son nombres un poco cambiados de comidas coreanas que podéis buscar. ¡Muchísimas gracias por todos los rewiens! Son increíbles y adoro que sean tan largos y profundicen tanto. Cuanto más lo hacen, más me motivan y más me da la impresión de que necesito seguir escribiendo, algo que debo hacer aunque, ciertamente, este capítulo me ha costado mucho porque estoy un poco en crisis de inspiración (quizás por eso lo he subido incompleto, dividiéndolo en dos partes como no tenía pensado hacer). Gracias a sofi12, Link-girl yuri fan (bienvenida ;), bechu, Bego-bura-xD (quien sigue conmigo desde el principio y admiro su paciencia!), Luna Creciente, InuKidGakupo (precioso rewien, cierto que es una gran casualidad lo de Chi), terbia (como siempre, maravilloso rewien, tan profundo sobre todo con Broly y Topoka, has logrado captar exactamente lo que quería decir!) claire redfield, DarknecroX, LeonaSt (Chichí es maravillosa y perfecta para Goku, ¿cierto? Y Broly, sí, es predecible, y me gusta que no se haya vuelto un tierno y mantenga sus ideales pese a estar con Bra), Prl16, Ariasujm-cham, (adoro la analogía de Broly con un perro apaleado, ¡es tan cierta! Tu rewien es inmenso y lo amé, de verdad, y lo que une a Goku y Broly es... ¡aaahh! pero aunque haya ciertos paralelismos que verás aquí, no es exactamente eso lo que los une), Fanfan, kare, Nebilimk, Mosheneira, Kaede-Hime (¡alaaaa, tú también quieres un bebé de Broly? ¡No me lo esperaba! xD con lo de la frase de El hombre es bueno y la sociedad... creo que no es del todo así. Creo que hay hombres que nacen buenos y malos, y en los primeros son corrompidos, sí, pero los segundos nacen así. ¡Gracias por el inmenso rewien!), STF01 (tranquilo, que hermanos no son xD), Xxyoxitha94xX y kgonzalezmaga.
MILLONES DE GRACIAS POR LOS REWIENS! intentaré responder los próximos, lo prometo. Ahora ya, espero que este capítulo os guste! A mí me ha encantado indagar en el pasado de Broly. Adoro a este hombre! ¡Besos!
Capítulo 24
La verdad detrás del llanto
Parte 1
Día 199.
No se podía decir que Vegeta, en algún momento de su vida, hubiera estado de buen humor. No, al menos, a ojos del resto de Guerreros Z. Trunks, Bulma y Bra podían ver a leguas de distancia cuándo era buena idea importunar al príncipe de los saiyans y cuando no, porque para eso convivían con él, o al menos para eso habían convivido juntos durante tantos años. Antes de que todo eso ocurriera. Podían verlo a distancia, y esa mañana Trunks podía dar por sentado que no era un día bueno para él. De hecho, dudaba que lo fuera alguna vez tras la traición, si lo podían llamar así, de Bra, su ojo derecho, la chica a la que había considerado medianamente inocente y lo bastante pura como para adorarla por encima de su propia vida. Su huida con un desterrado agriaba el carácter de su padre hasta decir basta, y ni siquiera Bulma podía cambiar eso, sobre todo después de ayudar a Bra en contra de la voluntad de Vegeta, como siempre hacía.
Trunks supo lo que su padre pensaba cuando se lo encontró en la Cámara de Gravedad, magullado a altas horas de la noche. Entonces lo había dejado pasar, pero por lo que tenía en sus manos, el primogénito sabía que no iba a hacer la vista gorda ni una vez más. No era el único que estaba allí. Goku, recién incorporado como el primero, con su misma sonrisa de siempre a pesar de que nunca más volvería a ser tan pura como a antaño, había despertado de su trance al fin. Gohan, por otra parte, también estaba allí. Bajo sus ojos había un halo morado tras noches de insomnio, con un ceño permanentemente fruncido que, de alguna manera, atraía a Trunks con la impresión de que no era el único que había tomado una decisión importante que viajaba por derroteros oscuros. El hombre se había vuelto tan apático como él, quizás más, porque lo que para el príncipe era indiferencia, para Gohan era furia contenida, negación quizás, deseos de matar en esa capacidad innata que siempre había oído que tenía, pero que nunca le había visto desatar. Tenía la impresión de que no tardaría en hacerlo, pues Gohan también vivía su propia pesadilla. Poco le importaba lo que Vegeta tuviera que decirle. Tenía muy claro lo que tenía que hacer y le daba igual quién se interpusiera en su camino o con qué excusa.
El Trunks de pesadilla lo había dominado en cada uno de sus ámbitos.
Vegeta le lanzó la espada de Tapion, esa tan parecida a la que había tenido su yo del futuro. Trunks la cogió al vuelo sin el menor esfuerzo, con la hoja oculta tras su vaina. Goku detuvo su entrenamiento para mirarlos alternativamente.
"Sal fuera. Ahora" le ordenó Vegeta, y Goku supo que no era momento para vacilarle. El príncipe estaba furioso y él ya no tenía poder alguno para detenerle, salvo el de una palabra que Vegeta jamás había respetado.
"Estoy ocupado" le aseguró Trunks con una parsimonia que pocas veces le habían visto desde que había logrado recuperar el control sobre sí mismo tras esa etapa de adolescente rebelde, esa metamorfosis de adulto en la que había decidido en qué clase de persona quería convertirse. Había tomado una de esas decisiones que solo se tomaban una vez en la vida, pero ahora, tras el golpe brutal de la muerte de Goten, sin el apoyo y sin la persona que lo mantenía en la línea adecuada, todo había cambiado.
Para mal.
Le dio la espalda a su padre y la idea no fue buena. En cuestión de un segundo Vegeta se le echó encima y lo empujó contra la pared de la Cámara de Gravedad agarrándolo por el cuello de la chaqueta con una brutalidad que no logró sacarle a Trunks ni una mueca de disgusto.
"¡Conmigo no juegues! Has afilado la espada después de veinte años y sé que no lo harías si no tuvieras intención de usarla. ¿Qué pretendes hacer tú solo, niño? ¿Es que quieres que te maten? Antes de salir de aquí con eso te parto las piernas."
"Vegeta, cálmate" le pidió Goku, conciliador, y como siempre la respuesta no fue muy suave viniendo de él.
"¡No estoy hablando contigo! ¿Crees que puedes venir a decirme cómo debo hablarle a mi hijo después de pasar de nosotros durante los últimos días? ¡Vete a la mierda, Kakarotto, idos todos a la mierda!" el mal genio de Vegeta empezaba a traspasar las barreras de tolerancia que los demás demostraban tener para con él, y para Trunks no fue menos. Comprendía el estrés de su padre, comprendía los nervios de todos los que por allí pululaban por los recientes acontecimientos, pero poco le importaba.
Trunks solo tenía una cosa en mente ahora. Solo una, y lo demás le daba igual, absolutamente igual. Por eso apartó la mano de su padre de su cuello con absoluto desprecio, afianzó con mayor fuerza la vaina de la espada y caminó lejos de allí, ignorándolos por completo con la más absoluta y helada indiferencia.
"Lo que yo haga no es asunto tuyo. Ya no soy un crío al que puedas sermonear y acongojar, así que preocúpate por lo demás, por mamá, por los boburrianos, por la información que nos falta..." los ojos de Trunks, fríos y sin un atisbo de piedad, se posaron en los suyos de reojo en una actitud semejante a la que uno tiene cuando poco le importan los sentimientos del contrario. "Por Broly, porque por mucho que te cueste admitirlo, sabes que el guerrero legendario nos solucionaría muchas cosas y tu hija es una forma clara de llegar hasta él"
"Eso es verdad, Vegeta. Creo que deberíamos hablarlo otra vez ahora que todo está más calmado" coincidió Goku, pero antes de añadir nada más calló. Los puños del príncipe estaban tan apretados que tenía los nudillos blancos y los bíceps casi morados por las venas marcadas de fuerza brutal y rabiosa.
"Yo no tengo una hija" fue su sentencia.
"No creo que debas estar enfadado con ella. Estas cosas pasan y podrías arrepentirte luego" siguió indagando Goku, pero la respuesta de Vegeta era tajante al igual que su determinación. Con los ojos rojos por la rabia, se volvió hacia él, hacia los dos, todo rabia y dolor, pero sobre todo traición.
"¡Yo no tengo una hija!" gritó. "Y como actúes por tu propia cuenta, seguramente tampoco tendré un hijo dentro de poco, así que cíñete al plan y no cometas locuras, Trunks"
"¿Plan? ¿Qué plan? ¿Esperar hasta que nos abatan, hasta que a ellos les de la gana de atacar? Me niego a esperar, papá. Quiero ser yo quien vaya a por ellos ahora. ¡Mantenernos a la defensiva es una gilipollez!"
"¿Crees que a mí me gusta quedarme aquí de brazos cruzados, esperando que cometan algún fallo? No, ni hablar, pero da igual cuánto los busquemos. Nadie ha encontrado nada y ya hemos recorrido el jodido mundo varias veces. ¡No hay forma de encontrarlos!"
"Seguro que Broly sabría cómo dar con ellos" Vegeta dio un paso al frente, colérico, dispuesto a iniciar una batalla sin compasión contra su ahora irrespetuoso hijo, pero Goku se interpuso entre los dos con la misma capacidad apaciguadora de siempre, aunque su fuerza fuera mucho menor. Vegeta se detuvo aunque ahora ya no pudiera hacerle frente. Ambos lo sabía. Ambos sabían que si iniciaban una batalla en esas condiciones, el mayor haría picadillo al héroe del universo y lo escupiría luego, pero eso no significaba que fueran a hacerlo.
El paso de los años había conseguido que lo que los uniera fuera algo más que la capacidad de batalla. El respeto mutuo entre los rivales era patente, y de alguna manera la presencia de otro de su misma raza los mantenía constantes y en la necesidad de tener una segunda opinión en casos complicados.
"Basta, los dos. Pelearnos es lo peor que podemos hacer ahora. No saldremos de esta si no mantenemos ideas comunes" declaró Goku. Hubo silencio, el silencio de nadie capaz de corregirle, porque sabían que tenía razón. Los cuatro lo sabían.
Pero cada uno tenía sus propios planes.
"Ese cabrón no vendrá aquí" aseguró Vegeta como única decisión incuestionable. Goku asintió, siendo consciente de que, aunque lograra convencer a Broly, nada funcionaría si Vegeta no pusiera de su parte. Gohan, que tampoco compartía la opinión de su padre, se limitó a escucharlos desde lejos, prácticamente ajeno a la cuestión, ocupado de su propio entrenamiento. "Tenemos que encontrarlos antes de que ellos se muevan. En una batalla como esta el factor sorpresa es clave, y también la estrategia. Han matado a Goten y han utilizado la aparición de Broly en su provecho para dejar fuera combate al namekiano y mermar nuestra voluntad con la desaparición de las esferas. Nos están atacando desde dentro, a la mente y a los sentimientos, no al cuerpo, así que tenemos que estar preparados. Esto no es una batalla como las que hemos tenido hasta ahora, es mucho peor y vamos perdiendo. Necesitamos desestabilizarlos también, necesitamos recuperar la ventaja descubriendo su posición, sus puntos débiles, cualquier cosa..."
"Con un ataque preventivo bastaría para sacarlos de su madriguera" añadió Trunks. "Buscan a Bra, pero ya visteis cómo huyeron cuando apareció Broly. No se acercarán a ella mientras esté con él. Por lo menos eso es un consuelo" Vegeta gruñó ante la realidad, pero no hizo comentario alguno al respecto, más relajado, más estratega, más despierto que nunca. Gohan, que ya había sido avisado dos días atrás sobre lo que esos boburrianos buscaban exactamente, demasiado listo como para no olerse nada de lo que ocurría, se mantuvo en silencio, pensativo en todo momento, siguiendo las deducciones de sus compañeros, analizando desde las sombras. "Aunque busquen a Bra está claro que no la quieren solo a ella. Vosotros no peleasteis contra Benkas, pero Gohan y yo sí, y estará de acuerdo conmigo en que son unos sádicos. No quieren llevársela y se acabó. Quieren matarnos porque les supone un reto, porque les divierte, porque, seguramente, nos verán como un experimento al igual que lo fue Broly en su día. Intentarán ir a por Bra, pero no lo harán sin matarnos a nosotros también. Ella es una excusa perfecta."
"Entonces todos somos su objetivo" concretó Goku. "¿Puede que les interese algo más? Tal vez quieran este planeta también, como ellos ya no tienen ninguno..."
"Es una posibilidad" acertó Trunks. "Si fuera así, sería algo a nuestro favor. No tendríamos que preocuparnos porque intenten destruirlo"
"Miradlo por el lado bueno; no podrán desear inmortalidad ni nada parecido, así que por ese lado también podemos estar tranquilos. Creo que deberíamos acabar con este problema antes de intentar solucionar... el resto" Trunks y Vegeta callaron, a sabiendas de que Goku estaba haciendo referencia directa a la muerte de Goten y, quizás, de alguien más si se daba el caso. También hablaba de la imposibilidad de contactar con los dioses.
Aunque no lo mencionó como algo especial, el simple hecho de que lo pronunciara en lugar de ignorarlo los calmó sin remilgos. Si Goku hablaba sobre ello era porque había una posibilidad de arreglarlo, por pequeña que fuera... o al menos eso quisieron creer.
"A mí no me gusta actuar en equipo, lo sabéis mejor que nadie, pero admito que lo peor que podemos hacer es separarnos ahora. Necesitamos cubrirnos las espaldas por si nos atacan de improviso, porque pase lo que pase no podemos morir. Pueden herirnos, pero no matarnos, ¿está claro? Si nos matan, el equipo entero cae, así que no quiero que nadie se mueva solo por ahí. Lo primero que harán los boburrianos será quitar de en medio a los estorbos para acercarse a nosotros poco a poco, para sacarles información a los más débiles y destrozar nuestra confianza, así que nada de hacerse el listo. Eso va por ti, Trunks, y también para tu nieta y tu alumno, Kakarotto. Aunque me cueste admitirlo, somos los únicos saiyan que quedan, nuestras dos familias, y somos una manada. Actuar por nuestra propia cuenta afectará tanto a una familia como a otra, así que nada de hacerse el héroe." las órdenes de Vegeta fueron claras y Goku le dio el visto bueno nada más oírlas.
Aunque tuviera mal genio, no había nadie más preparado para el campo de batalla que Vegeta, y eso tenía que admitirlo. En una situación así se alegraba de que fuera él, y no otro, el que tomara el mando aunque sus métodos no fueran muy ortodoxos. A pesar de las órdenes, la sombra de los deseos de venganza asomaba por cada rincón de la mente de Trunks, y no solo la de él.
Gohan, en un rincón de la Cámara de Gravedad, todavía silencioso, le dio vueltas a las palabras que Vegeta acababa de pronunciar. Palabras que, sin querer, aclararon su mente y dejaron abierta una puerta hacia una realidad que no habían explorado, posible y disuasoria, demasiado obvia como para que les hubiera llamado la atención. Las puertas de una posibilidad que no habían investigado quedaron abiertas de par en par en la mente del mayor de los Son, cuya mirada se desvió hacia la ventana de los mandos de la Cámara de Gravedad.
Lo primero que harán los boburrianos será quitar de en medio a los estorbos para acercarse a nosotros poco a poco.
Solo él reparó en lo que eso quería decir, y en lo que el sadismo de Benkas podía buscar para satisfacer sus propias necesidades de locura y maldad. Lo había visto claro cuando lo vio por primera vez, cuando lo golpeó y él se rió con ojos demenciales, cuando mataron a su mujer y él ni siquiera se inmutó ni reparó en ello. Era un sádico, y los sádicos hacían daño porque les divertía y emocionaba. Cuanto más difícil fuera el reto, más se divertían, y Gohan sabía cuál era el reto más peligroso después de ellos, insignificante para los saiyans, pero para una necesidad de emergencia como la de un animal como Benkas no vendría mal. Si querían hacerse con el planeta Tierra, incluso supondría matar dos pájaros de un tiro. Era demasiado obvio y simple como para pensar en ello, pero según la navaja de Ockham, la explicación más sencilla podía ser la correcta.
Gohan salió de allí dando por acabado su entrenamiento sin levantar más sospechas que las del Trunks de pesadilla, que lo observó con sus afilados ojos de hielo. Tras ellos, Goku se llevó una mano a la cabeza antes de continuar con el entrenamiento con la clara intención de rebasar sus propios límites. Quizás ya los había rebasado y ni él mismo lo sabía. Hacía ya un buen rato que había empezado a dolerle la cabeza, y su brazo derecho sufrió un espasmo peculiar antes de iniciar una secuencia de devastadora fuerza.
Al girarse hacia Vegeta para iniciar una pelea que, sin duda, aumentaría el ego del príncipe por la brutal paliza que le daría, pero que serviría para incentivarle más y más, le pareció oír un chillido agudo y sollozante tras de sí, pero como al volverse no vio nada y Vegeta no le dio la más mínima importancia, decidió ignorarlo.
"¿Has oído eso?" preguntó cuando se repitió rato después, con la boca ensangrentada.
"¿El qué?" fue lo único que contestó el príncipe, entretenido con los golpes contundentes que lograban hacerle sonreír de gozo. Sí, lo estaba disfrutando, y mucho.
"El llanto. Los gritos..."
"¿Qué llanto, qué dices? Si quieres que pare no me vengas con excusas tan tontas, Kakarotto." Goku no dijo nada más, extrañado porque él no los escuchara.
En su mente eran tan claros esos sollozos, como si fueran reales.
Y tal vez lo fueran. Quizás demasiado.
[...]
Había pasado mucho tiempo desde eso. Tanto que ya ni siquiera se acordaba, o eso había pensado. Había llegado un momento en el que la realidad se confundía con la ficción, y los recuerdos iban y venían, y él no tenía del todo claro cuáles eran reales y cuáles no. Muchos eran difusos, sobre todo los que tenían que ver con los boburrianos, seguramente porque de esos diez años que estuvo en sus manos, cuatro los pasó tan drogado, que ni memoria tenía de ellos. Otros eran de una habitación blanca, inmaculada como todo lo que había allí, pulcra, a veces manchada por sangre ajena o propia, pero siempre limpia cuando volvía en sí.
Otros no quería recordarlos.
Se tumbó en la cama aquella mañana, sin apetito, sin ganas de hacer nada. Nunca había sido muy activo, quizás demasiado vago por tener tanta confianza en su extremo poder, que no mermaba por mucho que durmiera. A veces había dormido días enteros, sobre todo cuando dejaba salir grandes cantidades de ki. Entonces su cuerpo se desestabilizaba, vomitaba y dormía, mucho, muchísimo. Cuando despertaba tenía hambre, mucha hambre. Al principio esas eran sus únicas obligaciones y pasatiempos, comer y dormir porque su padre así se lo exigía, y él lo hacía con el recuerdo del breve tiempo que había pasado con Topoka. Fue, sin duda, al que más quiso si podía decir que quería a alguien. Al menos nunca deseó que muriera, pero no fue el único.
Fueron cinco, y después su mente se corrompió para siempre.
El nómada Tigero se sintió atraído por su enorme poder. Era viejo, de una raza poco menos que petulante en su amplio conocimiento de las cosas, sobre todo del ki. Aunque era mucho más fácil de ver que Topoka, tenía una característica que a Broly le molestaba hasta decir basta. Recordaba cómo se le había erizado el pelo de la cola cuando se acercó por primera vez. Se llevó una mano a la boca conteniendo el vomito, pero su padre le apartó la mano con solemnidad, aunque el pelo de su bigote también estuviera tieso en una mueca desencajada.
"Respira por la boca" y Broly así lo hizo.
Porque Tigero y toda su raza, por mucho que su conocimiento fuera amplio, eran pestilentes, hediondos, repugnantes en lo que a olor se refería. Quizás para una raza como la humana nunca hubiera sido tan insoportable, pero para los saiyan, con sentidos animales muy desarrollados, era devastador. Su hedor era el mecanismo de defensa de la raza y, gracias a él, habían conseguido que los saiyan no se acercaran a un planeta tan asqueroso, imposible de vender por las pestilencias que desprendía, él y sus habitantes. Broly pasaba el tiempo entre arcada y arcada, y apenas podía dormir por la peste. El ambiente era tan cargado, que le mareaba, y le costó meses acostumbrarse a él. Aunque no tenía recuerdos muy claros al respecto, porque poco a poco los había ido borrando de su memoria, recordaba conversaciones vagas.
"¿Por qué te bañas tanto, niño? ¡Qué costumbre tan fea! Todos los días igual. ¿Por qué tengo que tener un alumno tan pulcro, por qué? Has cogido la costumbre de tu padre, supongo" a Broly le molestaba cuando Tigero le golpeaba la cabeza con su bastón, recriminándole que se bañara todos los días, o al menos casi todos, junto a su padre. Su maestro no se bañaba nunca, jamás, y hacía alarde de ello. "Mírame a mí. Porque la suciedad es buena, niño. Una vez te bañas pierdes tantas cosas... la suciedad es una manera de evitar la enfermedades. ¡Trescientos veinte años tengo ya, y nunca me he resfriado!"
"Eso es una guarrada" se atrevió a responder una vez, cuando ya tuvo la suficiente confianza como para decirlo en voz alta. Tigero corrió detrás de él por toda la casa con su bastón en alto para golpearle por faltarle el respeto así. Lo hacía muy a menudo cada vez que Broly soltaba algo que, en su opinión, era indebido. Paragus pensaba que el anciano, cuando lo pillaba, lo golpeaba, pero aunque al principio lo hizo, nunca lo suficientemente fuerte como para causarle daño, luego dejó de hacerlo. Lo perseguía por toda la casa en una persecución que a ojos de Paragus resultaba una buen reprimenda, pero con el tiempo no hubo castigo.
Era un juego, el del escondite, o el de pillar. Tigero fue el primero que jugó con él de verdad, y también el primero que cogió la costumbre de agarrarlo por la cola y tirar de ella para obligarle a obedecer. Los dos sabían que agarrarle por la cola no era un impedimento para que él se revolviera y lo matara, pero nunca hizo nada en contra de ello, porque dejar que lo agarraran por la cola era un gesto de sumisión que solo permitía a gente que, de alguna manera, respetaba, quizás amaba. Solo un privilegiado que merecía que se doblegara.
El anciano le enseñó a tener autocontrol del ki, tarea difícil dada su escasa concentración y, sobre todo, el olor que le complicaba esa tarea. Gracias a sus vivencias allí, también logró aumentar su capacidad olfativa, muy superior a la de muchas especies, incluida la suya. Olía las cosas a grandes distancias y sabía diferenciarlas y situarlas perfectamente gracias a ello. Lo más difícil no fue acostumbrarse al olor, sino a la forma de alimentarse de la raza de Tigero. Eran carroñeros muy selectivos. No comían carne como la de Broly o la de Paragus, sino carne en mal estado en proceso de descomposición, cosas muertas que a los saiyan podría provocarles la muerte. A la hora de la comida no tenían escrúpulos, y poco importaban los parásitos o los gusanos. Cuanto más podrida, mejor sabía para ellos. Incluso tenían la costumbre de devorar a su propia especie una vez uno de sus miembros se volvía inservible para la sociedad.
Y eso fue exactamente lo que le ocurrió a Tigero.
Un día como otro cualquiera, el hombre se contagió de la ferviente necesidad de los saiyan de bañarse, porque notaba que el niño apenas podía tolerar su cercanía por el olor. Gruñendo, como siempre, se atrevió a bañarse junto con él. Estaba tan sucio, que Broly tuvo que frotar su espalda para levantar la roña. El agua se puso negra, y le llevó más de cuatro horas que quedara limpio. Tenía la piel anaranjada detrás de toda esa porquería, quién se lo hubiera dicho, y su cuerpo era muy distinto al de los saiyan, apenas humanoide. Pero para Broly, que no tenía conciencia de la fealdad, le era igual. Tigero no reconoció que se sentía bien estar limpio, para variar. Salió gruñendo del agua, como siempre, pero Broly se reía por el cambio y porque ya no olía mal.
Y cuatro días después de eso, se puso enfermo.
Se puso tan enfermo, que se le paralizaron las piernas y los brazos y ya fue incapaz de moverse.
"Vámonos, Broly. Ya no podemos hacer nada por él. Está claro que para su raza bañarse es un suicidio, pero no es culpa tuya. Fue él el que se decidió a bañarse, no tú. Tú solo se lo repetiste muchas veces, pero no fue culpa tuya" Paragus siseaba en su oído, de eso sí se acordaba, o al menos eso creía recordar. Le incitaba a dejarle solo y no le gustó que atacara a unos cuantos miembros de la raza de Tigero en defensa del cuerpo de su maestro, porque temía que le pegaran alguna enfermedad por la suciedad que los cubría. Pero Broly no podía dejar que se lo comieran.
Y sin embargo lo hicieron... y Tigero lo obligó a mirar.
Era un honor para la raza de Tigero ser comido sin resistencia por su parte, y el anciano parecía satisfecho cuando le dieron el primer mordisco. Mientras lo hacía, le agarraba de la cola con mucha fuerza, tanto que le dolió de verdad, y lo miraba. Abrió la boca para decirle algo, pero Broly estaba aterrorizado y asqueado por la grotesca escena mientras se lo comían. Se apartó de él, le obligó a que le soltara la cola y salió corriendo para vomitar.
Nunca supo si terminaron de devorarlo o no, porque nunca volvió a por él.
Broly se cayó de la cama y dio contra el suelo. Sus pupilas dilatadas no se centraban en nada en particular y las sábanas, manchadas por la sangre del mordisco que Bra le había dado, se deslizaron vagamente sobre él. Tuvo ligeros espasmos que no alcanzó a detener ni a reconocer, temblando de manera convulsa, enfriado, helado. Sus ojos viajaban de un lado para otro y su respiración se remarcaba en su pecho, subiendo y bajando. Le daba la impresión de que se asfixiaba, de que la columna se le partía en dos y se le congelaba hasta el tuétano de los huesos. Se moría de frío y, como pudo entre las convulsiones, agarró las sábanas y se arropó con ellas, aun tumbado en el suelo helado. Se encogió, haciéndose un ovillo. Ocultó su cara bajo las sábanas y el rostro ceniciento de otra criatura que nada tenía que ver con los feos Topoka y Tigero pareció jugar bajo ella, situándose sobre él, divirtiéndose a su costa con dientes pulcros, recorriendo su clavícula con una lengua casi tan larga como su pelo de un rosáceo pálido. Sus ojos eran todo pupilas, sin iris, y Broly la reconoció a pesar de que hacía mucho tiempo que se había olvidado de ella.
Curiosamente, nunca la había comparado con Bra cuando, de alguna manera, mostraban tener un parecido incierto. Quizás se parecían porque era una de las pocas mujeres con las que había tenido una relación que no había sido desagradable, aunque quizás sí enfermiza. Una vez le dijo cuál era su auténtico nombre, pero él ya no se acordaba de él. Para Broly, para Paragus y para todos los que habían estado con ella era Mikchi, que como sabría más tarde, era el nombre de la diosa del hielo en la cultura del planeta que le sirvió de paso durante sus últimos cuatro años de libertad.
Era un planeta helado y él ya tenía diez años. Tigero había muerto poco menos de un año atrás, y recordaba haber pasado la mayor parte del tiempo durmiendo en una nave, viajando por el espacio en busca del siguiente maestro que pudiera ayudarle a controlar su disparatado poder. Paragus empezaba a desesperarse porque los primeros síntomas habían empezado. Estaba irritable, cada vez más, y su cabeza dolía como mil demonios. No comía bien, vomitaba a menudo y dormía demasiado, más de quince horas diarias, y muchas veces ni siquiera su padre podía despertarlo, aunque lo sacudiera con fuerza. Paragus nunca había necesitado scotters para medir el ki de los que le rodeaban, y aunque no le decía cómo de fuerte era, Broly sabía que algo iba mal, quizás saliéndose de lo que su padre esperaba. Su ki se había disparado junto a su entrada a la adolescencia antes de tiempo. Creció rápido. Broly recordaba tener que auparse para entrar en la nave y, medio año después, ni siquiera tenía que saltar para llegar a ella. Estaba creciendo... y no era lo único que lo hacía en él.
Ese recuerdo era vivido. Recordaba la confusión que le había supuesto despertarse erecto. Recordaba que no sabía muy bien qué hacer y también recordaba, asqueado, cómo su padre lo miró con el ceño fruncido. Demasiado pronto. Nada bueno. Si no vas a decirme qué pasa, déjame en paz. Eso dijo él, y a Paragus no le gustó la respuesta, ni tampoco que le amenazara con la mirada. Poco después aterrizaron en el planeta helado. El lugar era lujoso y coloreado, sobre todo rojo. Parecía un palacio en mitad del hielo en una ciudad grande y ruidosa que solo le provocaba más y más dolor de cabeza. No se acordaba de cómo eran las otras mujeres, tan distintas, de razas tan dispares. Algunas eran realmente desagradables a la vista, y otras no lo eran, pero a él no le interesaban. Luego llegó ella, Mikchi, humanoide, de pelo rosáceo pálido, tanto, que parecía algodón de azúcar, piel tan cenicienta que parecía la de un muerto, ojos muy grandes y similar a la raza saiyan, pero delicada, muchísimo. Flotó escaleras abajo y se situó frente a ellos. Era tan dulce como parecía y Broly la miró con desconfianza. Bastó que pasara su pelo bajo su nariz y le pidiera con esa voz tan, tan suave que le siguiera, para que lo hiciera.
Lo demás no lo recordaba muy bien. Lo mezclaba con otras situaciones mucho más desagradables. Sí, se acordaba de eso, de la habitación dorada y roja, y de su propia confusión cuando se puso de rodillas frente a él e hizo aquello por lo que le habían pagado.
Tuvo miedo, lo admitía, y la empujó con tanta fuerza que la tiró al suelo de espaldas, pero a ella no le importó aunque de verdad le dolió.
"Tranquilo. Soy muy buena las primeras veces, y también lo soy con los niños como tú. Serás un hombre muy guapo, aunque un poco rudo. No le harás daño a las mujeres como yo, ¿verdad?" no volvió a intentarlo cuando él le mostró los dientes.
No recordaba bien qué había pasado después, solo sabía que hablaron durante un buen rato, él a la defensiva, y ella tratando de calmarlo y endulzar la situación. Era una experta en eso, y de alguna manera lo consiguió. Solo usó la boca esa vez, fue muy lenta, pero recordaba que no le agradó porque le parecía asqueroso y temía que le mordiera. No terminó, y lo demás solo fue hablar. Mikchi hablaba mucho, pero nunca de sí misma. Sabía escuchar, lo hacía muy bien, y él le habló de algunas cosas, no todas, pero sí de su padre y de lo que le molestaba la entrepierna a veces...
Ella de verdad sabía escuchar, y daba buenos consejos. Al contrario de lo que le decía su padre le aconsejó no dormir y decir lo que pensaba, absolutamente todo, sin mentir. Mentir era innecesario, aunque doliera. Por ella no mentía hoy en día. Lo hizo, y a Paragus empezó a darle miedo. Fue entonces, y no antes, cuando empezó a temerle de verdad. Y fue entonces cuando Broly empezó a hacer lo que le daba la gana, porque descubrió que tenía tanta poder que su padre le temía, y podía hacer lo que quisiera con él. La primera vez que mató había sido antes de la muerte de Tigero, pero no recordaba qué o a quién. Después de que su segundo maestro fuera devorado, empezó a desarrollar ciertas actitudes con la comida que rozaban el canibalismo.
Solo quería carne, y ni siquiera le importaba que fuera cruda.
"No quiero verdura, ni fruta, ni hongos... tráeme carne" exigió cierto día en la pequeña y austera posada en la que dormían. Paragus tenía un cierto aire de grandeza que se veía obligado a opacar a la espera de que Broly estuviera preparado para hacer frente a todo lo que se interpusiera en sus planes, así que las comodidades solían ser pocas, especialmente para él.
"La carne es cara en este planeta. Confórmate con verduras" le ordenó su padre. Broly recordaba haber agarrado con fuerza la mesa mientras le miraba. Por algún motivo, quizás por las voces que le rodeaban, estaba nervioso. Esperó a que llegara el hombre que le traía la comida, y cuando lo hizo, frente a él hubo una fuente de verduras, frutas, hongos y cereales. En la cumbre, un brócoli, detalle que no le hizo la más mínima gracia. Cuando el hombre, si es que podía llamarse a sí a su raza, dio media vuelta, antes de que su padre pudiera empezar a comer colocó la mano tras los platos de la comida y los arrojó al suelo con rapidez, echándolo todo a perder con un estruendo claro. Por el suelo corrieron las verduras y frutas.
"Quiero carne, no esta mierda" declaró.
"Pues por esa jugarreta no tendrás nada. Te irás a la cama sin cenar" le castigó Paragus. Él le ignoró.
"Si no me traes carne, la mejor que tengas... te comeré a ti y a todos los que hay aquí" el hombre que traía la comida se acercó, haciendo un esfuerzo por sonreír por el descaro del niño, que no le llegaba mucho más allá de la cintura.
"¿Puedes pagarla?"
"La pagaré con tus intestinos si no te das prisa"
"¡Qué impertinente, saiyan tenías que ser! Pero si yo fuera tú iría con más cuidado. Los saiyans no son los guerreros más poderosos del universo, y menos ahora que los han masacrado. Es una suerte que vosotros sigáis..." pero Broly no le dio tiempo a terminar. No fue porque le molestara lo que le dijera, sino porque tenía hambre y el hombre no parecía tener prisa por traerle su comida.
Lo agarró con un movimiento simple, de la nuca, y lo empujó contra la mesa. Su frente se golpeó contra ella y la madera se astilló por la fuerza empleada. Paragus se levantó de un salto. Todos los que estaban comiendo lo hicieron tirándolo todo al suelo. Más que el ruido de los golpes, Broly recordaba el sonido de los platos y los vasos estrellándose contra el suelo mientras él estrellaba la cabeza del alienígena contra la mesa una y otra vez, hasta que no hubo mesa que lo contuviera, hasta que fue contra el suelo con lo que lo golpeó, y siguió, y siguió durante cerca de dos minutos... mucho más después de matarlo. Cuando se cansó, hubo silencio y respiraciones entre cortadas por la sorpresa. Broly no estaba sorprendido de que no quedara nada reconocible de él salvo una mancha en el lugar donde antes estaba su cabeza.
Lo puso boca arriba, lo agarró por el tórax y estiró agarrándolo solo con las manos para abrirlo. Paragus supo qué tenía pensado hacer, y espantado al ver su boca cerca de su barriga, habló.
"Yo pagaré la carne... pero déjalo, Broly" le pidió, y aquello fue más una súplica que las órdenes que solía recibir. Quizás, por eso, obedeció, porque se sintió complacido, porque le gustó la cara desencajada de su padre, el miedo, todo. Por eso sonrió de oreja a oreja.
"Hum..." Broly empezó a tararear bajo las sábanas. No conocía más canciones que las de las series de dibujos que veía, porque no había oído más música que la del planeta helado por el que dio tantas vueltas durante esos últimos cuatro años, y aun así había sido en ocasiones especiales, solo al principio porque creció demasiado rápido como para interesarse más en la música que en temas más carnales, pero lo poco que escuchó fue agradable aunque su oído, demasiado fino, escuchara lo desafinado de pequeños y gráciles movimientos como los de las mujeres del palacio de hielo. No se acordaba de la canción, y aunque lo hiciera ni siquiera entendía lo que significaba en ese idioma tan sumamente agudo pero, por otra parte, demasiado dulce como para que le molestaran los tonos. Recordaba, eso sí, el temple y el ascenso de las rimas, el ritmo y sus altibajos.
Mikchi utilizaba un instrumento extraño, de cuerdas que, al ser rozadas con ágiles y finos dedos como los de ella, dejaban escapar sonidos tan suaves como sus movimientos. Cantaba mientras lo tocaba y Broly la observaba y escuchaba. Recordaba que, en el pozo de sabiduría popular que era ella, le dijo que la música amansaba a las bestias, y por eso le pidió que tocara para él, y funcionó. La verdad era incuestionable tanto para Mikchi como para Bra, y también para muchos otros que se hubieran atrevido a aproximarse más de la cuenta. Era tan manso cuando lo trataban bien, que rayaba la dominación y entrega absoluta. Probablemente, si Paragus no lo hubiera corrompido, habría podido dominarlo hasta lo extremo, pero era demasiado ambicioso y rastrero como para hacerlo.
"La canción habla de la diosa del hielo, de la nieve y el granizo, de las montañas y los ríos helados, de la extinción del fuego" le explicó.
"¿Qué es nieve?" Broly no tenía ni idea, porque aunque el planeta entero estuviera helado, nunca nevaba. La primera vez que vio la nieve fue en la Tierra, y como los nombres eran diferentes por las distancias entre lenguas, no entendió el concepto. Mikchi se rió.
"Aquí no nieva nunca. Hace demasiado frío incluso para eso. En la canción el fuego se rinde ante la diosa del hielo, y cuando vienes a verme y no me pides más que una canción y algo de charla, me siento como la diosa del hielo frente al fuego manso" Broly no acababa de comprender la referencia, así que no dijo nada al respecto. "Deberías tener cuidado, porque aquí incluso el fuego se congela"
"¿Y si algún día lo hiciera? No solo una canción... ¿te haría sentir mal?"
"Me dedico a esto, Broly. De ti me lo tomaría como un halago. Algún día serás muy fuerte y poderoso... no dejes que el hielo te domine"
Él ya andaba por la cuerda floja cuando Mikchi le habló de eso, entre cuerdo y demente, cada vez más frío, cada vez más insensible frente a las brutalidades que veía y cometía. Porque sí, ya a esos doce años era un asesino consagrado, y poco le afectaba la gente a la que mataba o como lo hiciera.
No eran mucho más que cerdos para él.
Bugogi le enseñó a cazar y a ser sigiloso. Broly se estaba convirtiendo en un hombre rudo y altanero que llamaba la atención. A sus doce años ya medía un metro sesenta y cinco, algo en lo que se diferenciaba exponencialmente del resto de saiyans, que crecían muy despacio hasta, aproximadamente, los quince años, cuando daban el estirón definitivo. Su cuerpo mutaba rápido, y aunque sus músculos no se definieran totalmente, su espalda ahora era muy ancha, preparándose para lo que vendría luego. Bugogi... de él Broly recordaba que pertenecía a una raza depredadora y sigilosa experimentada en la cacería de especies para colecciones propias. Viajaban por el universo y cazaban una hembra y un macho de cada raza, por gusto, por sadismo quizás, pero eran los mejores haciéndolo. Lo único que salvó a Broly de que no intentara cazarlo a él, era que ya tenía un saiyan hembra y otro macho en la colección.
Broly vio a un saiyan diferente a su padre por primera vez cuando Bugogi le mostró su colección. Solía mantener a las razas vivas por gusto, bien alimentadas y cuidadas, pero atrapadas para siempre, y eso no les gustaba. Broly y Bugogi se sintieron identificados en el otro por su frialdad y su despiadada forma de actuar, y fue eso lo que hizo que el cazador decidiera acoger al saiyan. Los dos eran letales en muchos aspectos, y formaban un buen equipo de caza. Si para Broly, Topoka y Tigero habían sido como padres y Mikchi era como una especie de "amante platónica" sin consumación, Bugogi fue un amigo con el que podía hablar de cualquier cosa durante el tiempo muerto que pasaban de cacería. Fue él el que le dio el aviso la primera vez.
"¿No has pensado que esos dolores de barriga que tienes pueden ser por la comida que te da tu padre? ¿Quién sabe? Quizás te está envenenando para evitarse problemas ahora que sabe que no puede controlarte" se lo dijo claramente, y Broly empezó a sospechar. Bugogi sabía todo lo que había pasado con Paragus y con los demás, absolutamente todo. No había secretos entre ellos como dos amigos íntimos que eran, y se fiaba más de él que de cualquiera.
Esa noche, Paragus se despertó sobresaltado al ver a Broly sobre él, en la cama. Su expresión era tétrica y escupió frente a su padre algunas de las cerezas que había fingido comer de postre, envenenadas. Esa noche Bugogi y él habían dado el cambiazo a la comida, habían comido cosas sanas y lo preparado por Paragus se lo habían dado de comer a varios alienígenas de colección. La hembra saiyan había muerto intoxicada, y otros iban por el mismo camino. La respuesta fue obvia y Broly no fue a pedir explicaciones, sino a hacerle sufrir. Otras veces le había gritado y, quizás golpeado una sola vez, pero esa noche, apoyado por el tan mortífero Bugogi, que subía su autoestima como solo un amigo de verdad puede hacer, aunque fuera tan diabólico como él, cometió el acto de humillación máxima contra su padre. Le demostró que para él su palabra ya no significaba nada, ni tampoco su presencia, lo humilló e insultó mientras le daba una paliza de considerables dimensiones sin mostrar el más mínimo reparo porque fuera su padre y luego, Bugogi y él lo arrastraron hasta una de las celdas de la colección de caza. Lo encerraron allí después de sacar el cuerpo de la saiyan muerta, desnudo para mayor humillación, y rieron.
"¡Este es mi regalo para tu colección!" le hizo saber Broly, y frente al furioso, malherido y humillado Paragus, los dos chocaron las manos mientras se burlaban a carcajadas.
Fue su mejor año, el que más muertes causó, y en el que se volvió más despiadado apoyado por Bugogi. Para los dos todo era un juego de niños, la vida y el sufrimiento, también las humillaciones, algo divertido. Ahora sabía que para Bra era algo cruel e inhumano, pero en aquella etapa lo disfrutó como nunca. Parecía alimentarse del mal ajeno. Y un día, con trece años recién cumplidos, se decidió al fin.
Aquella vez, la visita no fue para escuchar una canción. Estaba distinto, más hombre. Mikchi lo notó con solo verle, más alto, más fuerte, con una sonrisa de superioridad y decisión que nunca había tenido. Iba camino a convertirse en lo que era hoy en día, y ya asomaban los primeros rasgos totalmente viriles. Hacía tiempo que no se veían y Mikchi supo lo que le iba a pedir esa vez.
"No quiero tu dinero" le dijo ella antes de que él abriera la boca. "Serás muy poderoso algún día, y esto es un halago para mí. Tú merecías ser el rey de tu raza, nunca dudes de eso"
"No lo hago" Broly ya lo sabía, él se merecía mucho más de lo que tenía, y algún día lo conseguiría.
Si Mikchi le enseñó a algo más que a escuchar y a amansarse, a relajarle, fue a eso, a fornicar. El concepto de hacer el amor solo existía en el planeta Tierra, y eso decía mucho sobre las altas expectativas de los humanos en cuanto a sentimientos se refiere. Broly no estaba enamorado, pero tenía a Mikchi en la más alta estima en su reducido mundo sanguinolento, al principio de su reducida lista de prioridades donde Kakarotto todavía no estaba presente, y si eso se podía llamar amor, entonces lo era. De una manera enfermiza y escasamente romántica dadas las circunstancias, pero lo era.
Cuando iba a verla, se acostumbraba a matar a los hombres que pagaban por ella, aunque fuera durante el acto en sí. Recordaba haber aparecido de improviso una vez, como solía hacer. Mikchi solía anular sus citas cuando él aparecía porque sabía que no se iría hasta el día siguiente, y esa noche sería brutal. Era el único saiyan que conocía, pero Broly era especialmente difícil en la cama en muchos aspectos. Esa noche en concreto, entró por la ventana sin avisar, y ella estaba con un cliente en pleno acto. Broly no se anduvo con remilgos, no por celos, sino por necesidad. Lo apartó de encima de ella de un manotazo, aplastó su cabeza contra la pared, dejó que el cadáver cayera al suelo y, ni corto ni perezoso, se subió encima de ella y la fornicó sin detenerse en los preliminares que le había enseñado a hacer. Hasta el día siguiente no se llevaron el cadáver, pero ella no se asustaba con facilidad. De hacerlo, no habría podido soportarle.
En ese sentido se parecía a Bra.
"Estás creciendo muy rápido. Casi eres un hombre" le decía ella. Broly lo sabía por cómo se desarrollaba todo en él, incluida su corpulencia, y también su personalidad arrollando la de cualquier otro, incluida la de ella. "Me da pena verte crecer"
"¿Por qué?"
"Porque no tienes ninguna oportunidad y nunca la tuviste, igual que yo. Eso le suele pasar a la gente especial. Seguramente nunca conocerás a nadie que se adapte a ti y a tu vida"
"¿Y qué? No necesito a nadie"
"Eso crees tú porque todavía tienes trece años, pero algún día te lo preguntarás y odiarás a quien te quitó la oportunidad de ser normal, porque también te quitó la posibilidad de no estar solo"
"No estaré solo. Estaré rodeado de subordinados. Mi poder sigue creciendo y no me estancaré aquí. Dentro de unos años iré a por Freezer y me quedaré con lo que es suyo, y luego iré más allá. Voy a ser más que un rey, seré emperador, o un dios. He nacido para eso" Broly decía aquellas cosas con una seguridad sin precedentes. De verdad lo creía, y probablemente lo habría conseguido de no ser por las circunstancias que acontecieron más tarde.
Recordaba que Mikchi lo miró con ojos brillantes aquella vez, como nunca los había visto. Esa fue la primera y única vez que se mostró débil frente a él.
"¿Me llevarás contigo?"
Él no le respondió, y no sabría decir por qué. Ahora entendía que, quizás, esperaba a alguien que fuera capaz de amansar su furia y su fuego, no de incitarlo a continuar con su desgraciada vida de asesino. Quizás esperaba a Bra, o simplemente prefería estar solo. No lo sabía. Sí, definitivamente ya eres un hombre. Ya piensas como ellos. Eso dijo ella, y él, sin alcanzar a saber por qué, la abrazó. Ella lo dominó en más de un aspecto, y esa noche también lo hizo en la cama de manera que dolió, incluso físicamente. Los mordiscos eran terribles dados en ciertas partes del cuerpo, y también los golpes. A veces las personas son demasiado fuertes emocional y psicológicamente como para aguantarse a sí mismas, y por ese motivo esas personas fuertes a veces necesitaban no serlo tanto y darle el mando de cuerpo, mente y corazón a otra persona. Por eso su relación y algunas de las relaciones sexuales que tuvieron eran enfermizas y poco sanas para él, pero Broly estaba ya demasiado enfermo como para no disfrutarlo.
Luego se fue, sin llevársela consigo, libre como se veía a sí mismo, inmortal y todo poderoso. Ya era un súper saiyan, desde hacía tiempo, pero no era algo que mostrara a ojos de los demás con facilidad. Siguió con Bugogi haciendo lo que, por aquel entonces, solo eran jugarretas mal empleadas comparado con lo que podían hacer. Cazaban razas alienígenas, jugaban con ellas de maneras crueles e inhumanas. Eran juguetes sin más vida que las que ellos permitían que tuvieran. Enfermo, sí, y loco, con unas ideas aun peores que las suyas, pero no había mejor amigo que Bugogi para él, y tampoco había uno mejor para el sádico alienígena.
Luego ocurrió, como solía ocurrir siempre con la gente que Broly quería, como si la maldición lo acompañara consigo.
Era noche de luna llena y Broly dormía, tapado hasta arriba a sabiendas de lo que ocurriría si la observaba. No era la primera vez que le ocurría, pero la transformación en ozaru había sido remota años atrás, siempre vigilada, por si acaso. Entonces, de pronto, un estruendo acabó con su sueño y con parte de la casa donde dormían. Broly salió de allí, sorprendido, con la cabeza baja para no mirar la luna, pero cuando descubrió quién era el enemigo se vio obligada a alzarla. Un ozaru torturado y furioso. Lo reconoció por la marca a fuego que Bugogi siempre usaba con sus víctimas, cubierta de pelo, pero clara en una zona calva del pecho. Se había escapado de la colección y, tras mirar la luna, ahí se encontraba, enorme y colérico por los maltratos.
Bugogi salió para cazarlo e intentar detenerlo, al igual que él, y los dos emplearon una técnica que usaban a menudo con presas pequeñas y menos rudas, algo que no funcionó. Broly le atravesó el brazo de parte a parte, lo cercenó, pero el ozaru no volvió a la normalidad y atacó a Bugogi con toda su fuerza para aplastarlo con el pie. Broly se interpuso, lo embistió y lo apartó del peligro, cayeron rodando colina abajo y él se levantó para cortarle la cola, furioso por el golpe.
Pero entonces, sin poder evitarlo, vio la luna.
Y de lo demás no recordaba nada.
Cuando despertó al alba, estaba lejos de la casa de Bugogi. Volvió desnudo, y lo que encontró no fue mucho más que escombros y cadáveres, incluyendo el del saiyan encabritado. El cuerpo de Bugogi estaba más allá, o al menos lo que quedaba de él, solo la mitad inferior. Broly nunca sabría si quien había reventado su tórax y su cabeza había sido él o el otro ozaru, pero en cualquier caso la desesperación fue la misma.
No recordaba las cosas que había sentido, si es que había sentido algo. No recordaba llorar, no recordaba gritar, no recordaba nada salvo esos sucesos tan cruciales que, de alguna manera, impactaron contra su podrida cabeza de maneras que él no alcanzaba a imaginar, insensibilizándolo, haciéndolo inmune a cada cosa que ocurriera después por más brutal que fuera, y también restándole importancia a lo que él mismo hacía. Nunca lo justificaría. Nada de lo que hubiera visto o vivido justificaba que fuera un asesino o un sádico, absolutamente nada, porque había personas que vivían situaciones similares y eso solo los incentivaba a no hacer daño, porque ya había suficiente. Por lo general, esas personas acababan mal por esos principios a los que se aferraban, pero Broly no era como ellos. Si él sufría a nadie le importaba, así que a él tampoco le importaba que los demás sufrieran.
Por muy trastocado que estuviera, nada lo justificaba, ni ahora ni nunca. Pero, ¿qué más daba si después solo venía la muerte y el silencio? ¿Qué había de malo en matar? Él ya no lo sabía, y de hecho, seguía sin comprenderlo aunque Bra estuviera a su lado.
Oyó rumores sobre Freezer una semana después de eso, cuando su cabeza todavía asimilaba información y no estaba lo suficientemente alterada como para matar a nadie. Paragus ya no lo quería a su lado. Le tenía miedo, pánico a que perdiera la cabeza y lo matara a él también, pero tenía sus trucos para aguantarlo. Entonces, una semana después, escuchó que los soldados de Freezer pululaban por ahí, atraídos por los rumores de los ozarus que se habían peleado en aquel planeta remoto. Estaban allí, y también estaban en el planeta helado, el cual no sabían si purgar o no debido a los negocios que allí se trataban. Por lo visto, estaban valorando sus posibilidades, y para ello estaban probando las mercancías que allí había.
Las mercancías...
"No puedes ir allí, Broly. Si los soldados de Freezer te descubren te matarán, igual que hicieron con el resto de nuestra raza. ¡Nos quieren a nosotros! ¡No te consiento...!" Broly calló a su padre con un golpe que lo tiró al suelo, dejándolo allí tumbado, sangrando a borbotones. Luego se fue para buscar a Mikchi y llevársela consigo, como le había negado la última vez que se vieron.
Ahora Broly lo recordaba. Recordaba por qué se había olvidado de ella, aunque hubiera sido inconscientemente. Recordaba lo que vio y todavía se le ponían los pelos de punta al recordarlo, aunque en aquella ocasión ni siquiera había pestañeado. Ahora, cuando veía a Mikchi en aquella situación, también veía a Bra superpuesta a ella, y tuvo que gatear hasta el baño para vomitar. Cuando acabó, se tumbó sobre los azulejos e hizo lo posible por borrar ese recuerdo tan grotesco, pero no fue capaz y su estómago volvió a revolverse.
"¿Bra...?" la llamó, pálido y con ojeras moradas bajo los ojos. Sonaba tan vulnerable que costaba creer que fuera él. Se aupó sobre la bañera, cayó a ella arrastrándose y abrió el grifo. Arrodillado, dejó que el agua golpeara sus sentidos alterados.
Los soldados de Freezer lo habían arrasado todo en una masacre contra civiles que poco tenía que envidiar el sadismo de su líder. A Broly, dado su conocimiento de caza y sigilo, no le costó trabajo adentrarse allí. Mató a los pocos que le vieron y llegó al palacio helado donde las hembras de todas las especies calmaban a los hombres y amansaban sus instintos. Era un lugar respetado, aunque no lo pareciera. Allí, las prostitutas estaban en gran estima y el trabajo como tal era considerado noble y altruista de alguna manera que Broly no alcanzaba a comprender. Allí nunca había altercados, y las mujeres no eran tratadas como rameras o putas, y si los clientes las insultaban o las agredían, la ley se ocupaba de ellos. Pero cuando llegaron los soldados de Freezer la ley se convirtió en lo que ellos desearan, y si ellos querían agredir, insultar y humillar, lo hacían sin más.
Broly entró por la ventana y se acercó como si fuera de caza, buscando las habitaciones de Mikchi. En los patios, oía los gritos de los soldados y vio la brutal manera en la que violaban en grupo a dos prostitutas que él conocía de vista. Broly siguió adelante y, cerca ya de las habitaciones de Mikchi, tuvo que detenerse. La puerta de una de ellas se abrió.
"¿No piensas disfrutar de esto?" oyó una voz atronadora y masculina.
"Por supuesto que no. Yo no me codeo con putas, ¿por quién me tomas?"
"Está medio muerta, Nappa. ¿Cómo se te ocurre dejarle algo tan sucio a nuestro príncipe?"
"Si tú no hubieras matado a la otra Vegeta no estaría de mal humor. Era una buena pieza"
"Dejadlo de una vez y larguémonos de aquí" la imagen del hombre que salió por la puerta impactó contra la mente de Broly en cuanto lo recordó. Había eliminado tan bien ese recuerdo que ni siquiera se había percatado de que fue esa la auténtica primera vez que vio al objeto de sus odios, a Vegeta, príncipe de los saiyans y padre de Bra. Salió de la habitación con porte digno y la cabeza alzada, con expresión agria y desalmada. Tenía seis años más que él, un total de diecinueve años, y la diferencia para Broly resultó abismal, no por poder, pues ya era mucho más poderoso que él en ese entonces, sino por actitud.
Le bastó verle una vez para saberlo.
Él era el rey, el auténtico rey, y Broly nunca lo sería porque había demasiada diferencia.
Vegeta salió y aunque Broly intentó confundirse con la pared, él lo vio. Se giró hacia él y el guerrero legendario se quedó paralizado, atemorizado, encogido sobre sí mismo. Sus ojos colisionaron, fuego contra fuego, y él solo pudo bajarlos con total sumisión a pesar de que podría haberlo destrozado si hubiera querido. No se atrevió a hacerlo. Su cola se enrolló alrededor de su pierna, escondida, pero el príncipe lo vio y achicó los ojos. Luego Broly temió lo que se le venía encima, descubierto por el que ahora era un soldado de Freezer.
Y sin embargo, Vegeta se colocó el scotter y lo ignoró.
"¡He dicho que os mováis!" gritó una vez más. Los dos, entre murmullos de desagrado, salieron de la habitación. Nappa y Raditz siguieron a su príncipe sin siquiera percatarse de su presencia. Vegeta lo miró de reojo una vez más antes de empezar a bajar las escaleras con un autocontrol imposible, con un porte que denotaba superioridad y nobleza. Aunque Broly fuera mucho más poderoso que él y tuviera motivos más que suficientes para odiarle, no fue capaz de alzar la voz siquiera.
Nunca supo por qué le dejó ir. Ni siquiera esperaba que lo recordara hoy en día.
Tras conseguir que su corazón volviera a latir con normalidad, Broly siguió hacia delante hasta llegar a las habitaciones de Mikchi. No había nadie y entró. Las cortinas estaban destrozadas, el maquillaje estaba desperdigado por el suelo, la cama ajada, el viento helado entraba por las ventanas abiertas. Broly caminó por allí muy despacio, con el olor de la sangre fresca azotándole la nariz. Lo primero que hizo, molesto por el sonido del viento que le dificultaba las percepciones auditivas, fue cerrar la ventana. Cuando lo hizo, oyó el repiqueteo de la sangre cayendo sobre la madera fina y dio la vuelta. Vio la silla detrás del biombo teñido de rojo cuando, antaño, había dibujado hermosas formas azules. Luego el sonido de sus pasos, siempre lentos, como los de un fantasma. Lo apartó con igual lentitud.
Broly se levantó de la ducha, repentinamente sereno y asustado. Salió con rapidez y corrió fuera del cuarto de baño, tan espantado como temeroso por sus recuerdos. Porque hubiera jurado que era Bra la que vio aquel día, y no Mikchi, su retorcida, dulce y fría amante. Salió de casa dando un portazo que podría haberla echado abajo, pero que logró controlar dado su tedioso estado. La imagen de ella con las piernas y las manos atadas a los posabrazos de la silla volaba por su cabeza, con la sangre descendiendo de cuello y pecho, pero sobre todo de más abajo, del maltratado lugar donde él había estado, ahora ahogado en el dolor de un cadáver mutilado. No parpadeó con lo que, sanguinariamente, le habían clavado. Su cara se mostraba tan fría como de costumbre, pero también igual de dulce enmarcada por ese pelo rosáceo que seguía pareciendo algodón de azúcar. Tenía los ojos abiertos, pero no eran de los que temían a la muerte, sino de los que la aceptaban con los brazos abiertos, probablemente para evitar el dolor de lo vivido.
"¡Bra!" la llamó.
Salió de allí tan despacio como había entrado y anduvo por los el pórtico interior rumbo a las escaleras que daban al patio bajo donde los soldados de Freezer se divertían. No intentó ocultarse ni mantenerse sigiloso, y no lo detectaron hasta que vieron a la niña que corría, desnuda, lejos de ellos hacia él subiendo las escaleras. Broly no sabía por qué recordaba aquello, porque esa niña no era importante para él y era la primera vez que la veía, pero a veces la mente haya las mayores locuras en los sucesos más insignificantes, y para su subconsciente significó algo. La niña huyó y llevaba un bebé que lloraba en brazos. Broly recordaba muy bien su llanto, y también recordó el de Kakarotto golpeándole con fuerza. Salieron de allí tan rápido como habían aparecido, pasando por su lado, y fue entonces cuando los soldados de Freezer centraron su atención en él y en su cola.
"Un mono..." dijo uno de ellos.
"¿Es del grupo del príncipe Vegeta?"
"No..." el llanto del niño le siguió de cerca, y un extraño tic movió su labio superior hacia arriba dibujando una pequeña sonrisa. "¡No, no lo es!" No hacía falta explicar lo que ocurrió luego.
El planeta helado dejó de existir poco después, y Freezer montó en cólera, aunque nunca descubrió quién lo había destruido, a él y a sus hombres.
Del quinto no recordaba nada, ni su cara ni su nombre, ni tampoco qué fue lo que le enseñó porque estuvo muy poco tiempo con él. Recordaba cómo lo había matado, eso sí, y por qué. Él era el más cariñoso de los cinco, el más cercano, y no le costó trabajo acercarse a él. En el momento en el que lo hizo, Broly lo asesinó con conciencia propia, mirándole a los ojos, porque no tenía intención de dejarse doblegar ni encariñarse con nadie más. Así no tenía que aguantar su muerte después, las decepciones, nada más. No sintió nada y le vino a dar exactamente igual. Ese fue el puente que se derrumbó dejándolo al otro lado, en la orilla equivocada. El puente que unía humanidad con crueldad, sensibilidad con impasibilidad, cordura con locura. En su mente, algo quedó trastocado para siempre. Incluso hoy, aunque remotamente amansado, podía despertar en cualquier momento.
Pero nada había acabado ahí. Fueron los boburrianos los que pusieron a prueba su locura y le descubrieron un nuevo grado de crueldad que, seguramente, merecía después de todo lo que había hecho, pero que era imperdonable daba igual por donde lo mirara. Imperdonable respecto a ellos. Imperdonable respecto a Kakarotto y Vegeta, pero sobre todo imperdonable para sí mismo.
Y aunque él todavía no lo supiera, era exactamente eso lo que lo unía a Kakarotto.
[...]
"Pan, abre y ven a comer con nosotros" Goku pidió, e inmediatamente después, como no estaba acostumbrado a hacer esas peticiones, se llevó una mano a la nuca cuando los gritos de su nieta llegaron del otro lado de la puerta.
"¡No quiero comer, ya os lo he dicho! ¡Dejadme en paz!" chilló con una fuerza descomunal que, sin duda, había heredado de su abuela paterna.
"La abuela ha preparado tu plato favorito, ¿de verdad vas a perdértelo?" intentó convencerla Videl.
"¿No estáis tan decepcionados conmigo? ¡Pues entonces ni siquiera sé por qué me lo pedís!" Chichí, que igual que el resto de los Son estaba allí, se giró hacia Gohan, cruzado de brazos contra la pared en una actitud claramente pasiva, al igual que los días anteriores.
"¿Es que no piensas decirle nada a tu hija? Fuiste demasiado duro con ella."
"Algunas cosas tiene que aprenderlas así" Chichí frunció el ceño, enfadada por la actitud de su hijo. Goku y Videl fingieron no haberlo oído.
"Lo siento, Pan. Tu padre y yo fuimos muy duros contigo. Al fin y al cabo, si Broly no hubiera aparecido probablemente no solo habría muerto tu tío. Olvídate de lo que te dije, serás una buena guerrera, así que sal de ahí y ven a comer con el resto" Pan no respondió. En su lugar solo hubo silencio, y aunque Goku podría tirar la puerta abajo, no lo hizo por respeto hacia la habitación que su nieta había escogido como santuario para ahogar sus penas. La muerte de Goten había chocado contra toda la familia, pero para una adolescente que había vivido su primera batalla, alguien que todavía no tenía experiencia en combate ni en esas emociones que solo se experimentan tras la muerte de un ser querido, resultaba especialmente dolorosa y preocupante. Quizás por eso, y porque su familia necesitaba algún incentivo para seguir en esos momentos tan duros, Goku se decidió a dar la noticia. "¡Vamos, Pan, sal! Vamos a celebrar una cosa. ¡Tu abuela está embarazada! ¿Sabes lo que eso significaba? Dentro de poco habrá otro miembro en la familia. ¡Tenemos que celebrarlo!"
Gohan, el único que no estaba enterado de la noticia junto a su hija, achicó los ojos y observó a sus padres con un gesto para nada amable, ni tampoco alegre. Chichí, Goku y Videl empezaron a hablar con gran emoción sobre el futuro del niño o la niña que sería su nuevo hermano o hermana, y esa ilusión solo consiguió empeorar su estado de ánimo. Aunque enfadados el uno con el otro, tanto al padre como a la hija se les pasó lo mismo por la cabeza.
"Tienes que estar bromeando, abuelo" oyeron sollozar a Pan, cortando de raíz su esperanza por sacarla de ese aislamiento en el que se había recluido ciegamente. "No hay manera de que me alegre de eso. No necesitamos otro miembro en la familia, ¡solo necesitamos al tío Goten! No hace ni una semana que murió, ¿y ya intentáis sustituirlo? ¡No lo acepto!"
"No vamos a sustituirlo, Pan. Esto ha surgido, no es..." intentó convencerla su abuela, pero esta vez no fue la adolescente la que los calló con sus sollozos. Gohan se apartó de la pared dando un golpe seco contra esta, con el puño apretado. Sus ojos no aceptaban excusa alguna.
"¿Qué demonios estáis haciendo? Estamos en guerra. ¿Creéis que es buen momento para tener niños?" Videl apretó los dientes cuando oyó semejante comentario. Durante los últimos días se mostraba tolerante hasta el extremo con su marido, aunque este estuviera tan distanciado de Pan y ella que dolía, pero estaba rayando el límite de la tolerancia con ese comportamiento antipático e irreconocible. Aunque quiso plantarle cara e iniciar una pelea verbal, Chichí la contuvo con un gesto simple y decidido.
Definitivamente, el mal humor del que Gohan estaba haciendo gala últimamente venía de herencia materna.
"¿Con quién te crees que estás hablando, Gohan? Después de lo que ha pasado y hasta que traigamos de vuelta a Goten, lo último que necesitamos son aspavientos como los tuyos, así que si no te gusta ni te alegras por tu nuevo hermano o hermana, vete a gruñirle a Vegeta" Gohan chistó y Chichí se sulfuró por la desagradable respuesta.
"¿Y quién cuidará de él cuando nazca? Porque si papá va a morir otra vez en esta guerra, no pienso ser yo quien lo haga" los ojos de Videl se agrandaron y el rostro de Goku se contrajo en una mueca entre seria y cansada, pero Chichí, lejos de dejarse intimidar por ese mal genio justificado, se dirigió a su hijo y le regaló una bofetada que logró cruzarle la cara. Aunque el ceño fruncido de Gohan se acentuó cuando su madre, con la cabeza alta y el sedoso pelo sacudiéndose en puro hastío, dio media vuelta e inició la marcha hacia la cocina sin dirigirle la palabra, no dijo nada ni hizo amago de iniciar ningún movimiento.
"Goten es importante para todos, Gohan, no solo para ti. Tu padre y tu madre intentan animarnos dándonos una buena noticia y tú los desprecias... ¡Si necesitas desahogarte hazlo, pero ponte en su lugar y no lo pagues con ellos, maldita sea!" fue la brusca respuesta de Videl. Esta siguió a su suegra con el mismo gesto enfadado. Solo él y Goku permanecieron frente a frente.
"Gohan... sé que te dejé una pesada carga cuando nació Goten, y sé que para ti es más hijo que hermano, pero ese mal humor no lo traerá de vuelta a casa. Mostrarte tan apático solo conseguirá separarnos, y en estos momentos es lo último que deberíamos hacer" Gohan se giró, dándole la espalda. Su mano temblaba cuando apartó la mirada de su padre con un movimiento siniestro a la par que melancólico. Goku pensó que le diría algo desagradable o le esquivaría como había hecho durante los últimos días, pero su tono de voz sonó extrañamente reconfortante cuando habló a pesar de las misteriosas palabras.
"Tú ya no peleas bien, papá. Quizás... quizás esta vez debas ser tú el que se encargue de la familia y yo del resto" Gohan empezó a andar, alejándose, dejando en el aire aquella inquietante frase. A Goku le recorrió un escalofrío de la cabeza a los pies y dio un paso al frente.
"¿Qué quieres decir con...?" no pudo acabar la pregunta.
Fue tan potente y atronador, que se encogió sobre sí mismo y casi se derrumbó sobre el suelo. Sus manos tomaron su cabeza y se cerraron alrededor de ella. El chillido, los gritos, los sollozos eran tan agudos que, momentáneamente, se vio privado del sentido del oído y perdió el equilibrio. Chochó contra la pared y Gohan se volvió, sorprendido por los caóticos movimientos y la palidez en el rostro de su padre.
"¿Papá...? ¡Papá!"
El saiyan cayó al suelo de rodillas, aturdido por los gritos. Una serie de imágenes difusas atacaron su conciencia y entonces todo se oscureció. La imagen de Gohan desapareció y se vio a sí mismo en mitad de un pasillo de similares dimensiones a los de la Corporación Cápsula, pero tan blancos que cegaban. Alzó la cabeza, confundido, tétricamente asustado. Las venas de su cuello se marcaban por el dolor de cabeza que, por suerte, remitió lo suficiente como para ser capaz de desdoblarse y observar lo que había a su alrededor, analizarlo.
Los chillidos se apagaron y dejaron un hueco estremecedor.
Goku se quedó quieto, paralizado, sin comprender absolutamente nada. Giró sobre sí mismo buscando a Gohan y a los demás, pero no solo no los vio, sino que no los sintió. Su mente parecía estar embotada, mareada, y las imágenes eran distorsionadas. Si alguna vez se hubiera emborrachado o drogado, sabría que la visión no se diferenciaba demasiado de esas escenas desorientadas. ¿Dónde estaba? Y entonces apareció la primera muestra de vida. Oyó jadeos, no de placer, no de sorpresa, sino de dolor y angustia puros. En mitad del larguísimo pasillo había una interjección que lo hacía ver laberíntico, y de allí surgió un cuerpo azulado que, prácticamente, se arrastraba por el suelo. Goku lo reconoció al momento; un boburriano ataviado con solo la tela que le tapaba la entrepierna, como parecía ser costumbre entre los civiles de esa raza casi extinta. Se arrastró de espaldas con la cara desencajada, alzando las manos temblorosas.
Antes de que Goku pudiera reaccionar, una luz resplandeciente y verde impactó contra el boburriano y lo convirtió en poco más que una mancha en la inmaculada pared. Retrocedió al oír los erráticos pasos, sorprendido, y adoptó una pose de defensa genuina. Un cuerpo desnudo, corpulento y muy grande emergió de la esquina del pasillo, e inició una marcha zigzageante hacia él. Su pelo le ocultaba parte de la cara cubierta por un líquido negruzco, pero Goku lo reconoció por lo demás a pesar de su juventud. Tenía brazos, tobillos y cuello cubiertos por pesadas joyas de braummuro, objetos que todavía hoy en día portaba. Sus ojos eran oscuridad absoluta, tan dilatados como las pupilas de un gato, al máximo. Jadeaba con fuerza, como un toro agotado tras correr una larga distancia.
Parecía centrar la vista en él unos segundos, pero no dio muestras de reconocerlo.
"¿Broly?" cuestionó Goku. Entonces él anduvo hacia delante con una mano siempre contra la pared para guiarse y no caer. Sus piernas no le obedecían como deberían y apenas podía mantenerse en pie. Al ver que no sería capaz de atacarle en semejante estado, Goku, con pies de plomo y gran cautela, intentó acercarse, pero Broly hizo un movimiento brusco, anduvo hacia él y, cuando el salvador del universo hizo amago de defenderse, el cuerpo del guerrero legendario lo atravesó.
Con la boca abierta, se giró, palpando cada parte de su puerto que parecía muy corpórea para lo que acababa de ver. La cola de Broly no se agitaba mientras él intentaba correr sin conseguirlo, tambaleándose. Su columna vertebral estaba cubierta con un grueso instrumento de metal que Goku le había visto arrancarse en la grabación que habían podido descodificar semanas atrás. Eso, y la juventud de Broly, que rondaría los veinticinco años, lo guió a una suposición acertada.
Era alguna clase de ilusión, o quizás, un recuerdo que no le pertenecía.
Corrió tras Broly y giró una nueva esquina cuando él lo hizo. Lo que se encontró lo descentró una vez más, y comprendió que, si su suposición era cierta y aquello era alguna clase de recuerdo, estos se mostraban tan caóticos como la mente a la que pertenecían.
"¿De dónde has sacado eso, Sujeto 813?" habló uno de los boburrianos sin cara. Para Broly, al menos, no la tenían. Goku se encontró en una habitación tan blanca como el resto cuyo punto más oscuro solo era rematado por el pelo de Broly, que resaltaba en medio de la habitación. Estaba maniatado con cadenas de braummuro, sentado pero cabizbajo y preso. En aquella imagen, era muchísimo más joven que el que acababa de pasar frente a sus narices. A pesar de ser tan ancho de espaldas, todavía no había terminado de desarrollar su musculatura.
No podía tener más dieciséis años.
Se agitó, molesto, enseñando los dientes con la cara desencajada de rabia mientras era observado por los boburrianos, analizado. La tecnología lo rodeaba al otro lado de un grueso cristal que dejaba todo a la vista, allí donde se encontraban los alienígenas que lo tenían preso, aislándolo.
"¡Ya te he dicho que no me llames así!" gritó él.
"¿De un sueño? ¿Lo has soñado?" Insistieron ellos. Goku notó cómo el niño se doblaba hacia adelante, ruborizado hasta casi ponerse morado. Tras él, asomó la sonda que penetraba en su espina dorsal y alcanzaba sus nervios.
"No lo sueño... lo vivo" admitió.
"Ves flores, grandes ciudades, lagos, montañas... ¿por qué no me hablas de ese dragón mágico? ¿qué es lo que hace?" Broly agitó la cabeza con los ojos brillantes. Se balanceó hacia delante y apretó los dientes. "¿No quieres hablar con nosotros? ¿Prefieres hablar con Boburia?
"¡Sí!"
"Boburia no puede hablar contigo ahora. ¿Hablarás con Bia?" Broly dejó ver un puchero encogiendo la barbilla y negó con la cabeza.
"Con ella no"
"Bien, pues no la llamaremos si nos hablas sobre lo que ves, Sujeto 813" Goku veía cómo le molestaba ese nombre, cómo lo odiaba, cómo despedazaba con la mirada a todo aquel que lo usaba. Pero aun así, reaccionó ante él. No sabía si porque le hicieron algo a través de ese instrumento clavado a su columna, o porque no quería, por nada del mundo, que llamarían a Bia, pero fuera por lo que fuera, habló. Y lo que dijo lo dejó sin palabras.
"Concede deseos. El dragón concede deseos. Los pides y los cumple, pero antes tienes que reunir las bolas para que salga, las siete bolas del dragón. Cuando las tienes puedes invocarlo"
"¿Quién te ha contado esa historia?"
"Lo he visto, nadie me la ha contado" repitió. "El chico me lo ha mostrado"
"¿Qué chico?"
"Es un saiyan como yo. Tiene mi misma edad y vive en el planeta Tierra"
"¿Vive allí... después de liquidar a los habitantes de ese planeta?"
"No. Convive con ellos. Le gustan y son sus amigos. Tiene muchos amigos y buscan las esferas para pedir deseos... ¡Estoy harto de decirlo!" terminó gritando con gran agresividad. La sorpresa de Goku se acentuó. Casi calculó las posibilidades de que estuviera hablando de otro niños saiyan en un planeta con un nombre igual a la Tierra donde también hubieran esferas del dragón, pero supo que era absurdo.
Se refería a él. Y eso era imposible.
"¿El chico te lo muestra? ¿Te habla?" volvieron a preguntar los boburrianos sin cara, esos muñecos azules que parecían estar allí sin estarlo en realidad. Goku captó la idea de que para Broly, sus torturadores no eran mucho más que sombras azuladas con la capacidad de hacerle sufrir.
"No me habla. No sabe que lo veo, no sabe que estoy ahí ni tampoco sabe que yo existo"
"¿Y por qué puedes ver lo que él ve, Sujeto 813?" Broly giró la cabeza de un lado a otro insistentemente. Por la manera en la que le brillaba la cara, era obvio que estaba siendo sometido a una presión muy fuerte. "¿Por qué puedes verlo?" repitieron, y él alzó la cabeza con ojos casi tan rojos como su cara. Había empezado a moquear.
"Porque no quería morir y me aferré a él"
"¿Qué quieres decir?"
"No lo sé. Dejadme en paz..." pidió, agotado. Cuando terminó de hablar su cabeza se precipitó hacia delante y quedó colgada de su cuello, como si se hubiera quedado dormido atado allí. Entonces los boburrianos empezaron a hablar entre ellos, y Goku los escuchó sin quitarle los ojos de encima al cuerpo del adolescente.
"Lo apuñalaron poco después de nacer. ¿Creéis que es por eso?" inició alguien el debate.
"Nunca he oído que un bebé sobreviva a algo así"
"Los saiyan son una raza muy instintiva, pero también tienen capacidades telepáticas, aunque no sean muy intensas. ¿Es posible que estemos ante un vínculo mental? Pensadlo bien. Lo apuñalaron y para no morir, se aferró a la mente de otro bebé y se mantuvo con vida gracias a él. No es tan descabellado. Hemos visto a saiyans que se han aferrado a la mente de otro para aguantar este asedio... podría pasar"
"Sí, pero las capacidades telepáticas de un saiyan son muy limitadas. Suponiendo que hubiera otro niño que sobreviviera a Freezer... ¿A cuántos años luz puede estar el planeta donde se encuentra?"
"Según dice, el otro no sabe de su existencia. Estamos hablando del guerrero legendario, un prodigio, un mutante, un avance en la evolución de su raza. Puede que él sea más perceptivo. En cualquier caso, no tenemos precedentes a él con el que compararlo, así que deberíamos tomarlo por posible. Por otra parte, las drogas podrían haber aumentado su capacidad telepática"
"No lo sé. Es realmente difícil de creer que tenga un amigo con el que mantenga un vínculo telepático a tantos..."
"No es mi amigo" el comentario de Broly fue tan agresivo como claro. Sus ojos traspasaban el cristal tras el que se guarecían los boburrianos, tensos y coléricos. Goku podía jurar que lo estaba mirando a él, que lo había alcanzado a él y que solo él era el objeto de esa mirada tan turbia y demencial. No sintió temor, ni tampoco indiferencia. No sintió nada salvo los huesos congelándose frente a ese rostro torturado y torturador. Porque Broly estaba pagando por sus crímenes y por su despiadada vida, y no sentía pena por él, sino frío. "Yo no tengo amigos"
Y con esa declaración, hielo fue lo único que le transmitió.
Cerró los ojos, pensando, razonando. Ahora entendía algunas cosas. Si Broly se había aferrado a su mente en un vínculo telepático cuando fue apuñalado y este se mantuvo durante tantos años... era ese el motivo por el que lo recodaba, por el que sabía su nombre, por el que lo reconoció aun cuando no se habían visto desde que eran unos recién nacidos. Broly lo había acompañado durante mucho tiempo y él nunca se percató de ello. Había vividos sus aventuras estando encerrado y siendo torturado. Pero, si tenían un vínculo ¿cuándo se rompió? Porque Goku no había sentido a Broly siendo revivido, ni un ápice de él. Tuvo una ligera idea casi de inmediato.
El día que su puño atravesó a Broly hiriéndolo de muerte en Neo Vegetasei.
Goku había sentido un pinchazo y un grito de rabia en la cabeza, pero las circunstancias eran tan extremas que no le había dado importancia. Pese a ello, era algo que siempre había recordado, más que al propio Broly. Su grito.
Y ahora lo sentía nuevamente, pero no desde que fue revivido. Algo los había unido otra vez, y por eso también sentía su inestabilidad emocional en ese mismo momento, vulnerable, débil, pero tan agotado y angustiado mentalmente como él mismo. Quizás por eso compartían recuerdos.
Broly había vivido su vida desde un calabozo de tortura, y ahora le tocaba a él vivir la suya, aunque no le gustara.
Salió de la habitación y, al hacerlo, como si solo hubiera estado de visita en una pesadilla tenebrosa, lo vio cara a cara, a Gohan, con las manos sobre sus hombros manteniéndolo en pie.
"Papá..." lo llamó. Goku pestañeó y se vio a sí mismo de vuelta a la realidad, en mitad del pasillo, frente a la puerta de Pan. Padre e hijo se miraron largamente. Él podría explicarle lo acababa de pasar, lo acababa de vivir y estaba seguro de que su hijo sabría qué hacer y de qué se trataba esa extraña percepción, pero calló.
Calló porque no quería traicionar a Broly, porque ya era partícipe de sus actos, de sus recuerdos, de sus sentimientos, y por muy asesino que fuera, había algo más que lo unía a él. Algo que todavía no había visto, pero que no tardaría en ver.
Y en su fuero interno, ya sabía de qué se trataba.
Tenía ganas de vomitar.
