Notas de autora al final del capítulo.
Capítulo 26
Descontrol
Día 200.
(05:55 a.m.)
Corporación Cápsula
Trunks tenía una manera de ser especial. Cuando empezó a rozar la mayoría de edad, al verse envuelto y acorralado entre la perfección y heroicidad de su yo del futuro, entre las expectativas de su familia y lo que él deseaba, tomó una decisión que le había dado más problemas que alegrías. En su cabeza de genio no solo habían rondado imágenes de máquinas, abiertas o no, de planos, de engranajes, de cosas artificiales y sin vida; también habían rondado movimientos de artes marciales y conocimientos armamentísticos muy elevados; de hecho, inventó armas de una potencia destructiva inmensa a escasa edad, pero nunca las utilizó y, con el tiempo, acabó desterrándolas y destruyéndolas para evitar tentaciones.
Le hubiera gustado usarlas, sí, porque en su cabeza también había sentido una curiosidad malsana por abrir igual que una máquina a algún cuerpo humano, pero Trunks conocía los límites igual que Vegeta. Su padre, mientras lo veía crecer, veía también desarrollar esos ojos que, aunque fueran del color de los de su madre, veían con instinto de saiyajin puro. Por aquel entonces, el Trunks de Pesadilla era uno con el auténtico Trunks, compartían sentimientos, y aunque muchos eran contrarios, había uno común.
El odio hacia Mirai Trunks.
Cuando Trunks empezó a darse cuenta de qué le deparaba la vida, de que odiando a su yo del futuro no iba a conseguir nada, tomó la decisión de eliminar todo lo malo de él, de rehuir sus bajos instintos y enmascarar esos pensamientos tan rebuscados y sanguinarios. En otras palabras, rechazó parte de sí mismo para intentar alcanzar a Mirai Trunks.
Fue gradual, y aunque tuvo sus altibajos, poco después de ese periodo de crisis contra el mundo en el que desató su parte oscura, lo consiguió. Se convirtió en alguien intachable de la cabeza a los pies, y sus pensamientos sobre armamento y las ganas de batallas desaparecieron. Dijo adiós a su instinto animal, a su lado saiyajin para volverse humano.
Así nació el Trunks de Pesadilla, convertido en un alter ego rechazado y muy, muy furioso por la represión, manifestándose solo a través de los sueños, lo único que Trunks no podía controlar. Solo Goten sabía de su existencia, y aunque había aprendido a controlarlo, había momentos en el que Trunks no podía más y lo dejaba tomar posesión de su cuerpo y su mente. Entonces, durante unas horas o algunos días, el Trunks de Pesadilla volvía a la vida para darle una patada en el culo a su perfecto yo y a todo el que lo rodeaba.
El día 200 era uno de esos días.
Trunks de Pesadilla solía tener sentimientos más o menos comunes al Trunks Perfecto. Si el segundo amaba a Goten y a Marron, el Trunks de Pesadilla también lo hacía... aunque a su retorcida manera.
—¿Qué haces despierto a estas horas? —le preguntó Marron. Los ojos del Trunks de Pesadilla brillaron ante ella. Los de la joven se deslizaron por su cuerpo hasta dar con la espada que portaba—. ¿A dónde vas con eso? —Marron suplicó mentalmente que le dijera que solo iba a entrenar a la Cámara de Gravedad, pero Dende no estaba para escuchar sus súplicas.
—Voy a matar al boburriano que asesinó a Goten —le respondió él con una total falta de nerviosismo en la voz. Marron se quedó muda, pálida.
—Sabía que estarías despierto, aunque no pensé que intentarías irte —el Trunks de Pesadilla ladeó la cabeza, esperando una explicación. Marron caminó hasta él. Sus brazos la abrazaban, apretando algo contra su pecho, y cuando lo tuvo delante, alzó el marco.
La fotografía que le había regalado el día de su cumpleaños al Trunks Perfecto impactó contra la retina de Pesadilla: los tres, Goten, su yo perfecto y ella disfrazados para Halloween, perfectamente felices e inocentes, todavía demasiado críos para predecir nada de lo que podría ocurrir en un futuro tan lejano. Él observó la fotografía, pero no hubo la menor muestra de sentimentalismo por ello. Sus ojos se desviaron hacia el techo, en blanco.
—¿Qué intentas decirme, Marron? —le preguntó. La joven se encogió, sorprendida por esa muestra de frialdad. Trunks siempre había reaccionado frente a su presencia, aunque fuera para gastarle bromas o para ruborizarse y hacerse el chico duro.
Parecía ahora parecía otra persona.
—No puedes ir para vengarle. A Goten no le gustaría, le dolería mucho que te pusieras en peligro cuando él ya está muerto. Si pudiéramos comunicarnos con él desde aquí, seguro que te diría que no fueras. ¡No te pongas en peligro, ya hemos perdido a uno de los tres y no quiero perder a otro! —Marron se mostró sensible pero también mostró un tono dominante y exigente más que suplicante. El Trunks Perfecto se habría deshecho ante ese acercamiento, y quizás por eso había decidido dejarle el mando al de Pesadilla, porque sabía que no podría contra Marron.
—¿Es eso lo único que tienes que decirme? —Marron se sobrecogió, incrédula ante la inmutabilidad de él. Trunks dio media vuelta—. Si eso es todo...
—¡No es todo! ¿Por qué actúas así? No pareces...
—Cuando mate a Benkas podrás venirme con los sentimentalismos que quieras, pero ahora... —la interrumpió él, molesto por el intento de comparación.
—¿Sentimentalismos? ¡No son sentimentalismos! ¿Qué demonios te pasa? Tú no...
—¿No soy así? —Trunks la miró de reojo con una sonrisa impresa, una mueca desconocida para ella, inoportuna para la ocasión—. Voy a matarlo, y si Goten estuviera aquí y me dijera lo mismo que tú, lo haría de todos modos. Este es mi maldito planeta y ningún hijo de puta alienígena toca a mi familia y se va con todos las extremidades en su sitio.
—Te entiendo —aseguró ella—, pero no quiero perderte como a Goten —reconoció. Aunque intentó por todos los medios no llorar, no pudo evitar que las lágrimas descendieran por sus mejillas; se las restregó con el brazo mientras Trunks, sin ningún debate interior, seguía el ki de Gohan a través del planeta. Cuando lo perdió, ocultándose, dejó escapar un bufido. Ahora sería más difícil localizarlo, pero eso no le haría ceder, en absoluto. Solo le daba algo de tiempo para despedirse.
—Antes de irme yo también tengo algo que decirte, pero deja de llorar, Marron.
La muchacha lo hizo con esfuerzo, tragándose las lágrimas para mirarlo a los ojos; el Trunks de Pesadilla pensó en lo resplandecientes que eran y en el cariño que le provocaban. Parte del Trunks Perfecto inundó su cabeza. Aunque siguió dominándole, era justo que ambos compartieran ese momento, con la suerte de que el dominante no tenía ni un atisbo de pudor. Lo dijo con desparpajo, tranquilo.
—Estoy enamorado de ti. De hecho, llevo muchos años enamorado de ti.
La expresión de Marron no varió ni un ápice, en procesamiento de la información. Sus ojos y los de Trunks se analizaban mutuamente, en búsqueda de algo que dijera que el contrario mentía o que los sentimientos se habían quedado atascados ante esa confesión inesperada. Cuando consiguió entenderlo, el corazón de ella se detuvo y un suspiro trepó por su garganta.
¿Por qué? ¿por qué me dice esto ahora? No es cierto, no puede ser...
—No lo entiendo.
Las piernas de Marron temblaban con violencia. En aquel momento, lo último que se le hubiera ocurrido decir era que ella también lo amaba, aunque no desde hacía tantos años como él. Si lo que Trunks decía era cierto, ¿merecía esos sentimientos por su parte después de tantos años sin darse cuenta de ello? Había estado muy ciega ahora que todo encajaba. El nerviosismo, el pudor, las bromas, los esfuerzos por alejarse pero también por acercarse. Y ella había sido fría, mucho, pensando que Trunks la detestaba.
Enamorado.
—Yo... Yo también...
—No hace falta que me respondas, solo te lo he dicho para que lo recuerdes si me matan ahí fuera —el corazón de Marron volvió a latir con fuerza, y sus ojos se desorbitaron ante la respuesta y el tono de voz, tan despiadado y carente de emociones, tan frío. Empezó a pensar que estaba bromeando, y eso la llevaría a que ese no era el Trunks que conocía, porque desde luego no era una situación oportuna para bromear.
—Eso... eso es cruel. Es totalmente cruel e impropio de ti. ¿Quieres que recuerde eso si...? ¡No! —se negó ella, sus puños apretados y los ojos otra vez empapados—. ¿Intentas hacerme sentir mal, intentas destrozarme?
—Es cierto, es cruel. No había pensado en ello. —Trunks sonrió. Fue un gesto inquietantemente macabro, una mezcla entre amabilidad y la más pura picardía y falta de compasión. Extraño, irreconocible.
Todavía fue más raro cuando se inclinó sobre ella, coló una mano entre su pelo rubio y la acercó a él con brusquedad, muy diferente a la forma con la que solía tocarla. Su cuerpo chocó contra el de él, infinitamente más duro y fuerte, antes de que la besara en los labios. Los ojos de Marron se desorbitaron y sus dedos apretaron la chaqueta con el logo de la corporación. Las rodillas le fallaron, pero él no le permitió caer, agarrándola por la cintura, pegándola más, uniéndola a su cadera. Marron siguió llorando incluso cuando empezó a corresponder al beso, asustada. No solo amó que la besara, sino también amó que le diera tiempo para disfrutarlo, para unirla a él y para ganar minutos antes de que se fuera y la hundiera en la incertidumbre y el pánico de la batalla. Fue esta última intención la que la hizo enredar las manos sobre su ancha espalda, la que tocó su arma, la espada, y se retiró de inmediato para abrazarse a su cuello. También fue la que le consintió que se adentrara en terreno vedado con la lengua, explorando algo que le pertenecía al Trunks Perfecto.
Acabó, como solía ocurrir con muchos hombres, acorralada contra la pared, sorprendida porque nunca se había imaginado a Trunks con tanto poderío y afán de dominación. Su actitud fría en la Corporación Cápsula ocultaba a una bestia siempre dormida y caliente, en estado de hibernación, la misma que la hizo gemir cuando sus manos tocaron con acierto su cuerpo y apretaron sus pechos entre las manos, apresándolos y empujándolos hacia arriba, jugando con su tacto. Las lágrimas aumentaron al darse cuenta de que estaba dispuesta a dejarse poseer con tal de ganar más tiempo, pero el Trunks de Pesadilla era tan listo como el Trunks Perfecto, y se separó en cuanto notó la mano de Marron descendiendo en busca de algo duro que agarrar, desesperada.
Sabía lo que quería hacer, y aunque no lo rechazaría en su sano juicio, esa vez tuvo que hacerlo.
Separó los labios y apartó la entrepierna, negando su contacto sobre ella. Marron lo miró, confusa. Las manos de Trunks no se apartaron de sus pechos en ningún momento, y cuando tuvo claro que Marron había captado que no iba a dejar que tocara esa parte de él, volvió a acercarse lo suficiente como para que ella pudiera sentir su aliento sobre los labios.
—Esto no lo hacía el otro Trunks, ¿verdad? —comentó, pícaro—. Cuando vuelva quizás sea yo o el otro, pero en cualquier caso espero que no te olvides de mí. Te visitaré a menudo para asegurarme de ello.
—Trunks, no te entiendo... —ante su incertidumbre, él aumentó la sonrisa dándole un último beso en los labios, leve y rápido.
—Cuento con que no lo hagas, Marron.
Y, tras esa declaración, tras verse reflejada una última vez en los penetrantes ojos azules, Marron se quedó dormida y quedó colgando de los brazos del Trunks de Pesadilla. No notó siquiera el levísimo pellizco dado en una zona estratégica de su cuello, una llave del sueño perfecta. Trunks la llevó al cuarto donde dormía mientras vivía allí, la depositó en la cama y luego, esta vez sí, salió de la Corporación Cápsula, preparado para volver en una bolsa para cadáveres si fuera necesario, pero concienciado de que no lo haría solo.
Volvería, muerto o no, con la cabeza de Benkas en su regazo.
(11:25 a.m.)
Bosque Extenso al sur de Capital del Oeste
—¡IDIOTA! —el grito de Bra se escuchó no solo por toda la casa, sino también por los alrededores del paraíso en el que vivía desde hacía semanas, ese que se había convertido en pesadilla.
No le gustaba cazar y fallar para llegar a casa preocupada por un Broly que esperaba estuviera depresivo y en periodo de recuperación. No le gustaba, en ese temor, encontrárselo frente a la televisión, riendo a carcajadas con los dibujos animados y devorando paquetes de galletas "Brocolín" uno tras otro sin descanso.
Se dirigió hacia él con los puños en alto, y Broly, sabiéndose en peligro, estiró la cola y la enredó entre las piernas de Bra, haciéndola caer con tal mala suerte, que su rostro se hundió en su regazo.
Como era costumbre, él estaba desnudo.
—¡La madre que te...! —chilló, revolviéndose.
—Si tantas ganas tenías de aparearte podrías haberlo dicho desde el principio —comentó él. Bra se ruborizó, y mientras hacia un esfuerzo por levantarse esquivando la entrepierna que tanto conocía, oyó la canción de unos nuevos dibujos animados. No estaba segura de qué decían, pero el nombre Bab Escoria, una caca de perro que vivía debajo del mar junto su amiga Boñiga y el arisco Mojón, hacía eco en su cabeza.
Era pegadiza, pero absurda. Y Broly la tarareaba.
—Maldita sea, Broly, ¿por qué no puedes ver fútbol o porno como un hombre normal? —el susodicho la miró en silencio. Una ceja se alzó con curiosidad.
—¿Porno? ¿Qué es eso?
—¡Argg, da igual!
Bra se levantó del suelo donde él siempre se sentaba para ver la tele y anduvo hasta la cama, enorme. Se tumbó en ella boca abajo, hundiendo la cara en la almohada. Lo miró. Su abdomen y su hombro seguían vendados, tapando parte de la ancha espalda también. Los ojos de Bra se agudizaron en busca de esa cicatriz tan difícil de detectar, pero que con la luz del día brillaba sobre la morena piel en un extraño contraste de color. Broly estaba mucho mejor físicamente, y ningún movimiento parecía provocarle el más mínimo dolor o molestia; pero no era esa clase de dolor la que preocupaba a Bra. Por muy bien que lo disimulara, le costaba creer que pudiera mostrarse tan calmo y tranquilo después de lo ocurrido esa misma noche.
El dolor mental y sentimental podía ser colosal.
Bab Escoria acabó, y el opening de Brocolín hizo acto de aparición. Broly se sabía la canción de memoria, pero sentía los ojos de Bra clavados en su nuca, y, atraído por ellos, giró la cabeza. Ambos se miraron durante un largo rato, en silencio.
—¿Te sientes bien, Broly? —le preguntó. Él volvió la cabeza hacia la televisión, apoyando las manos en el suelo, recostando la espalda en actitud despreocupada. Tama restregó el lomo contra su muñeca, maullando.
—¿Por qué iba a estar mal?
—Ha sido una noche dura.
—Sí, bueno... ya ha acabado.
—¿Y no te sientes mal? ¿No te duele nada, no sientes... nada?
En la pantalla, Brocolín mantenía una seria conversación con el Capitán Zanahoria después de lo ocurrido con su hijo Zanaroten. El tema que se trataba, la venganza del Capitán Zanahoria contra el Rey de los Vegetales por el asesinato de su hijo, era de todo menos adecuado y oportuno, a pesar de la comedia explícita en cada diálogo.
—Si quieres llamar mi atención para que nos apareemos, dilo directamente. No hace falta que me preguntes si estoy bien o no. Si te preocupa que sea brusco puedes montarme.
—¿Quién dice nada de aparearse? ¡No me refiero a eso! —Broly agarró un puñado de galletas y se las metió en la boca, encogiéndose de hombros en un gesto que hacía una pregunta indirecta para que fuera más clara. Bra tragó saliva, buscando la cuestión exacta, pero como sabía que con Broly los acertijos e indirectas no servían, fue directa a la herida—. ¿No te sientes mal después de recordar lo que le pasó a tus maestros y a tus...?
—No —declaró, seco y claro—. Pasó hace mucho tiempo.
—Sí, pero sigues queriendo vengarte por ello, ¿no?
—No por ello. Creo que no lo entiendes.
—¿Entender qué? —la pantalla de la televisión se reflejaba en las pupilas de Broly sin penetrar en ellas. La imagen y el contenido no llegaban a su cerebro y eso solo consiguió irritarle y desconcentrarle. Se echó hacia atrás hasta que su robusto cuerpo quedó tendido en el suelo, con la vista fija en el techo.
—Esta venganza es mía, por y para mí, no por mis hijos o mis maestros muertos. El único motivo por el que sabes eso es porque no pude contenerme con el síndrome a cuestas. No le des más vueltas, yo no se las doy. Todos ellos están muertos y no tiene sentido dar marcha atrás; lo único que tengo claro es que no volverá a pasar, y si pasa, me encargaré de que quien me la juegue otra vez deseé no haberlo hecho. Lo que quiero decir es que todos aquellos a los que he matado los aniquilé porque me dio la gana, no por otra cosa. Escogí la destrucción porque quise, no porque me empujaran a ello... y puestos a ser sinceros, no me arrepiento de haberlo hecho.
El interior de Bra era un hervidero de emociones, muchas de ellas ininteligibles y repletas de confusión. ¿Quién, en su sano juicio, no quería ser salvado? Quizás los psicópatas pero, después de todo, estaba claro que Broly no era un psicópata, sino alguien despiadado y rencoroso a más no poder, con una cultura muy diferente a la que ella conocía. Para Bra, criada en tiempos de paz, matar estaba vedado y era impensable. Para Broly y sus circunstancias, el mundo seguía girando acabara con quien acabara, y los remordimientos eran opcionales.
El mundo de Broly era simple, mucho más sencillo que el de los humanos, y todo se reducía a no darle demasiadas vueltas, a menos sentir, menos razonar y más sobrevivir. Sus maestros y los bebés estaban muertos, pero él seguía vivo, y la compasión y los sentimentalismos eran un lastre para la vida, así que debían quedar atrás.
A Bra le daba demasiada lástima, pero a él no parecía darle ninguna.
—¿Y si yo te la jugara, Broly? ¿Qué harías entonces? —los ojos del guerrero legendario rodaron hacia abajo, lejanos a los dibujos animados.
Hubo una batalla leve entre instinto y sentimientos, y por una vez después de tanto tiempo, tras recordar qué hacía allí y cuál era su objetivo, sus prioridades cambiaron.
—Te sorprendería lo fácil que es odiar con más fuerza de la que se ha amado a una persona, hasta revolverte las entrañas más que nunca cuando te traiciona —los labios de Bra temblaron ante la amenaza implícita. El pelo azulado cayó hacia adelante, ya mucho más largo desde la última vez que lo cortó, rozando los hombros del guerrero legendario, ocultando su rostro en una cortina de oscuridad—. Mi mente tiene un límite, y mis sentimientos también. No soy compasivo, niña, y si alguien me hace daño, lo paga. Tu deberías saberlo, al fin y al cabo tú y tu familia somos iguales en ese aspecto.
—¿Yo y mi familia? —repitió ella.
Broly era un experto en eso, al igual que lo era Vegeta, al igual que lo era cualquiera de la condición de ambos. Solo un asesino podía reconocer a otro asesino con solo mirarle a la cara; solo un monstruo sabía reconocer a otro.
—Tu hermano mayor, Trunks... Él era un buen chico, me recuerda un poco a mí. Puede que no solo Vegeta y Kakarotto me diviertan después de todo.
Bra no aguantó semejante muestra de desprecio, y el escándalo dominó cada una de sus facciones.
—Mi hermano no es como tú.
—Nadie es como yo hasta que llega al final del camino de la desesperación. Es ahí cuando nacen los auténticos monstruos —dejó ver una descarada mueca de arrogancia y jocosidad. En cualquier caso, a Bra no le molestó. Ya no.
Estaba empezando a acostumbrarse a amar esa parte despiadada de él, y esa noche se había dado cuenta de cuál era el truco de su madre, la única verdad incuestionable, la que la mayoría de las mujeres, bobas ignorantes y presuntuosas no conocían cuando intentaban domar al chico malo. El truco no estaba en domarlo, sino en aceptarlo tal y como era, en quererlo si se tenía el coraje suficiente para ello. Si todo iba bien, quizás, y solo quizás, si él amaba con suficiente fuerza, cambiaba por sí solo, pero nunca por entero. Las vivencias siempre estarían allí, la cuestión era vivir con ellas y soportarlas, aceptarlas, dominarlas a ellas y no ser dominado por ellas.
Solo unas pocas personas, como Bulma, podían aguantarlo, y solo unos pocos, como Vegeta, llegaban a cambiar parte de sí mismos para ponérselo más fácil a la persona amada. En otras palabras, la cosa solo funcionaba unas cuantas veces, diez entre un millón. Pero a la familia Brief le encantaban los casos perdidos y nadar contra corriente.
Si alguien podía aceptar esa parte de él, solo podía ser Bra.
—¿De qué te ríes, medio humana? —Broly se sintió burlado al ver ese gesto tan atípico. Esperaba que se enfadara, y mucho, pero Bra se limitó a levantarse de la cama con esa sonrisa que logró ponerle los pelos de punta.
—Me voy a bañar en el lago para relajarme. Cuidar de un mono estúpido como tú me estresa demasiado —Broly estaba intrigado por la misteriosa faceta de comprensión. Antes de abrir la puerta de la casa cápsula, Bra se quitó la ropa poco a poco. Él se concentró en su espalda, todavía muy flaca para ser la de un guerrero—. Por cierto, ¿quién es Mikchi?
—¿Quién?
—Mientras dormías con el síndrome, has llamado a una tal Mikchi. ¿Quién era?
La concentración de Broly se rompió de inmediato.
Bra notó su nerviosismo al ver como una gota de sudor descendía desde su sien hasta su cuello. Lo notó también cuando, fingiendo distracción, agarró con la cola otro paquete de galletas Brocolín y se llevó algunas a la boca.
—¿No querías darte un baño? ¿A qué esperas?
—Prefiero saber quién era y qué significaba para ti —aseguró ella.
Broly tragó duro. No tenía miedo a su reacción, pero sabía que no le gustaría saberlo, y menos después de pronunciar su nombre en sueños. Las hembras eran muy molestas en ese aspecto, la propia Mikchi se lo había dicho una vez, pero sería mejor que Bra no lo supiera.
(11:34 a.m.)
Base militar de Capital del Este
Gohan aterrizó en el amplísimo y solitario patio de la base militar de la Capital del Este, situado a varios kilómetros de la ciudad, en una distancia de seguridad máxima que ahora le parecía nimia en comparación con lo que podía ocurrir. Había tardado demasiado en llegar, pasando por las bases navales, aéreas y militares de todas las regiones, analizándolas una a una con el tiempo justo, buscando evidencias. Su intuición rara vez fallaba, pero después de buscar de una en una y no encontrar nada, empezó a tener sus dudas.
La lógica le había dicho que, si Benkas cumplía con una patología sádica, después de tanto tiempo al verse solo, sin acción, lejos del combate que deseaba, empezaría a buscar sangre, a desearla. Si no sabía dónde estaban los guerreros o se veía incapacitado para atacar estando todos juntos, iría a por los siguientes mejor preparados para un enfrentamiento directo, aunque estos fueran insignificantes en comparación a su poder; esos eran las fuerzas de defensa de todo el planeta, en otras palabras, los militares, marines y pilotos de guerra.
Según tenía entendido —y entendía bastante—, los mejores guerreros siempre acababan en el ejército con pensiones ridículamente altas, contratados de por vida, vigilados a la vez que utilizados con funciones bélicas para evitar que se volvieran en contra de los gobiernos de las capitales y, sobre todo, para que protegieran a la tierra de las Fuerzas Especiales de Defensa, o lo que era lo mismo para ellos, los Guerreros Z.
En su mayoría, los humanos confiaban en ellos, pero había otros, como los superiores militares, que no lo hacían. Gohan lo entendía, al fin y al cabo, ¿qué garantizaba a los altos cargos que uno de ellos, de los que no sabían absolutamente nada salvo que tenían un inmenso poder, empezara a usarlo contra la humanidad? Por eso solicitaba la presencia vana de cualquier guerrero que se preciara, salvo Mr. Satán, que rechazaba las solicitudes por motivos obvios.
Gohan tenía la corazonada de que Benkas no sería ajeno a la distribución y el funcionamiento militar, y por lo tanto andaría cerca, ya fuera por aburrimiento, por quitarse de en medio a las potencias militares para conquistar el planeta, o por reunir información. Si estaba en algún sitio y no escondido, sería en una de las bases.
Había otra posibilidad en la que Gohan prefería no pensar, pero que era muy probable si el perfil psicológico de Benkas era el de un sociópata: llamar la atención de los Guerreros Z con un asesinato en masa.
Si los había leído correctamente durante la batalla, sabría que matar a miles de inocentes los obligaría a salir a pelear para defender el planeta, y si su mente era en extremo retorcida, usar el armamento humano sería un buen plan, porque mataría varios pájaros de un tiro usando la máxima potencia de la humanidad contra sí misma, quizás iniciando una guerra que, a la larga, los pondría en serios aprietos.
Gohan no solo temía esa posibilidad, sino también el uso de ciertas armas; una bomba nuclear no solo acabaría con millones de humanos siendo lanzada en el lugar adecuado. También traería consigo siglos de radiación. Además, para un saiyajin las balas eran fáciles, pero la potencia explosiva de las bombas atómicas y armas nucleares era otra cosa muy distinta. Si sus cálculos no fallaban basándose en la autodestrucción de Cell, cabía la posibilidad de que un saiyajin fuera destrozado y saltara por los aires con una bomba de ese calibre demasiado cerca.
Antes de aterrizar en el patio de la base militar de la Capital del Este, rogó que Benkas ni ningún otro boburriano estuviera pululando por allí.
Fue en vano.
El lugar estaba desolado de vida, no como había pasado con las otras bases visitadas, pero lo peor no era eso; lo peor era que los cadáveres seguían allí. Tirados sobre el suelo ensangrentado había tantos hombres y mujeres con uniforme verde como miembros amputados. Un olor desagradable a quemado llegó hasta su nariz y Gohan tuvo que tapársela para rehuirlo, reconociéndolo de inmediato: era el mismo olor que había desprendido el cuerpo de Goten después de su muerte, creado por el paso de la espada de braummuro cercenando la piel.
Se adentró en el territorio haciendo de tripas corazón y levitó sobre los cuerpos, buscando algo de vida. No tardó en encontrar una mano temblorosa y se apresuró a ver el rostro de ojos enormes y desorbitados que se agitaba en el suelo en sus últimos segundos de vida. Gohan se inclinó sobre él, detectando de inmediato la hemorragia en una soldado de mediana edad, grande y fuerte, pero no lo suficiente. Aunque tenía amplios conocimientos sobre medicina, no le hacía falta usarlos para saber que estaba en las últimas.
Ella murmuraba algo con su último aliento. Gohan se inclinó para oírlo.
—Las... las armas... bombas... —oyó. Acto seguido, expiró.
Gohan se apartó, no sin antes cerrarle los ojos con la palma de la mano. El sudor helado descendió por la sien hasta el cuello antes de suspirar en profundidad, reuniendo el valor y el infinito desprecio por aquello a lo que se enfrentaba. Poco a poco, las sensaciones que Cell le provocó en su día se avivaban con cada cuerpo humano que jamás sería traído a la vida.
Al igual que tampoco lo haría Goten.
—Habéis tardado —Gohan alzó la mirada hacia la entrada de la base militar. Allí, sentado en las escaleras que daban al interior, estaba su objetivo. Su cara azulada mostraba una expresión entre aburrida y curiosa al centrarse en él—. No puedo decir que no esté sorprendido; para los boburrianos siempre fuisteis monos con una inteligencia muy limitada, pero ahora veo que hay algunos más listos que otros. Está claro que tú eres especial, y esto requiere una investigación a fondo.
Benkas se levantó de las escaleras. Usó su espada de braummuro como apoyo para levantarse y, con uno de esos gestos que ya eran tan irritantes, se apartó el pelo rojo vino del rostro y destacó una risilla.
—Supongo que no estás por la labor de acompañarme por las buenas.
Gohan no pensaba contestar a eso. En su lugar anduvo al frente mientras él bajaba levitando. Aterrizó a una una distancia peligrosa con una sobredosis de seguridad en sí mismo.
—No pasa nada, siempre lo he preferido por las malas. Lo único que me fastidia es que no venga contigo el hijo del rey; me hubieras ahorrado el trabajo de bus...
—¿Sabes qué es lo que me fastidia a mí? —lo interrumpió Gohan. Benkas alzó la mirada recuperando su sentido de alerta en el último momento; predecir los movimientos era inútil si estos eran demasiado rápidos como para esquivarlos, y eso fue exactamente lo que ocurrió.
Al levantar la cabeza, toda la fuerza del movimiento progresivo de la pierna alzándose magistralmente, guiándose con un feroz y rápido movimiento de cadera impactó en su mandíbula. Benkas sintió los dientes temblar, la mejilla ceder, los huesos crujir cuando todo su cuerpo, acompañando a su cabeza por el golpe, fue lanzado a varios docenas de metros de distancia, haciéndolo atravesar pared lisa y revolcarse por el suelo hasta que, entre escombros, consiguió recuperar el equilibrio.
Cuando pudo centrar la vista, el cuerpo de Gohan brillaba en un aura más oscura que dorada al otro lado de la pared y las habitaciones atravesadas, con los ladrillos desprendiéndose y el polvo ascendiendo a sus alrededores.
—Lo que a mí me fastidia son los gilipollas que hablan mucho y pelean poco —le aseguró. El cuerpo de Benkas tembló. Sus labios se entreabrieron cuando el poder de Gohan se incrementó hasta levantar cimientos y cadáveres en el aire; él solo era una masa amorfa de ojos rasgados y rojos por la cólera—. Has matado a mi hermano, has destruido mi familia, amenazas mi planeta... ¡AHORA VEN AQUÍ A MORIR!
Solo pudo ver el reflejo, los rápidos movimientos de las piernas que ni siquiera tocaban el suelo dirigiéndose hacia él, el humo y el polvo levantándose con cada paso. Antes de que el puño de Gohan se alzara sobre su cabeza, capaz de hundirla entre sus propios hombros por la fuerza empleada y convertirla en una mancha en el suelo, la expresión de Benkas se descompuso.
Sus ojos lagrimearon, la sangre y la saliva verdusca propia de su raza descendió por la comisura de sus labios.
No estaba asustado, no estaba acabado. Todo lo contrario.
—In-cre-í-ble —dijo, y con cada sílaba se regodeó en la excitación más rastrera y perversa.
(11:35)
Corporación Cápsula
—¡Como se te ocurra desaparecer de aquí, te voy a dar tal saltenazo en la cara, que te van a bailar todos los dientes! —Chichí gritó, y automáticamente Goku se encogió en la cama como un cachorro asustado.
—Vamos, Chichí, no seas así, ¡será bueno para Goten! —aseguró él.
—Te lo advierto, Kakarotto, si vuelves sin cara no pienso darte ni un jodida semilla.
Vegeta se esforzó por mantener los brazos cruzados ante la idea que Goku había compartido con ellos, despierto desde hacía solo quince minutos tras haber recuperado el apetito y desayunar fuerte. Ya no quedaba rastro de lo visto y vivido, y no había respondido a nada de lo cuestionado sobre lo que le había ocurrido para caer así, en una inconsciencia que había durado algo más que una noche.
El optimismo había vuelto a él, pero no todo el mundo estaba feliz por ello.
Mientras Goku se colocaba las botas y se ataba con fuerza el gi a la cintura, Videl entró en la habitación abierta ignorando el cuerpo tenso del saiyajin mayor y el enfado monumental de su suegra.
—¿Habéis visto a Gohan? No lo encuentro por ninguna parte —preguntó.
—Ya te lo he dicho, Vegeta. Voy a ir allí, voy a hablar con él y a decirle...
—A suplicarle que no te arranque la cabeza, más bien —lo cortó Vegeta. Su humor se bamboleaba, desequilibrado ante tanta estupidez y falta de obediencia, pero sobre todo malhumorado por el tema en cuestión—. Kakarotto, Broly no va a unirse a nosotros y no solo porque es un psicópata sin control, sino porque a mí no me da la gana. ¡No va a entrar en esta casa, no va a formar equipo con nosotros y por supuesto, te matará en cuanto te presentes delante de él! Bastantes problemas tenemos ya como para que vayas a por él y te rompa las piernas, y será lo mínimo que hará como... ¿Me estás escuchando? —Goku no lo hacía. A partir de esa negativa a dejarle entrar en casa dejó de hacerlo y se levantó de la cama, por fin, preparado para iniciar una batalla si era necesario.
—Me he decidido, Vegeta. Ayer me enteré de cosas sobre Broly, cosas horribles sobre su vida, y creo que puedo llegar hasta él y convencerle de que se una a nosotros.
—¡NO, NO, NO Y NO! —chilló Chichí una vez más—. ¡NO VAS A PONERTE EN PELIGRO DESPUÉS DE ESTO, GOKU!
—Estoy jodidamente de acuerdo con tu mujer. ¡NO! —lo secundó Vegeta.
—¿Otro plan suicida? —suspiró Videl. A lo largo del pasillo que llevaba a esa habitación, el sonido de unos tacones resonó. La cabeza azul de Bulma se asomó, vestida perfectamente para una salida hacia la sede de la Corporación Cápsula, con el pelo todavía despeinado por las prisas y el estrés.
—¿Alguien sabe dónde está Trunks? Necesito su ayuda, estoy saturada y no puedo dejar más de lado el trabajo de la corporación. Después de la destrucción en Ciudad Capital estamos hasta arriba —Vegeta se giró hacia ella con la boca abierta para replicar, pero ningún sonido salió cuando Goku se dirigió hacia el pasillo, ignorando las advertencias de ambos.
Vegeta alzó una pierna y la colocó en el umbral de la puerta, cerrándole el paso.
—¿No me he explicado con claridad?
—Oh, venga, Vegeta... sabes que le necesitamos. Es la mejor estrategia para ganar, y la más rápida.
—Tú no te enteras, ¿verdad? —Goku frunció el ceño con inquina, pero no la suficiente como para intimidar al contrario. Ambos sabían que la inclusión de un tercer guerrero no solo sería un buen modo de contraatacar, sino también una ayuda extra en sus entrenamientos.
Broly podría espabilarlos, y ambos lo sabían. Con solo tenerlo cerca los haría dar lo mejor de sí mismos por propio instinto de protección, y además tendrían una clara ventaja, porque los boburrianos le tenían pánico.
El problema era el control y, por supuesto, el odio entre el príncipe y el guerrero legendario, un odio que quizás, Bra lograra solventar, el punto común entre ambos.
—Vegeta, sé que estás muy dolido por lo de Bra, pero esto no se trata solo de ti o de tu hija. He visto a Broly. He visto gran parte de su vida, como me pasó a mí contigo durante la fusión. Sé por qué nos odia tanto y créeme, no es un odio injustificado como pensábamos. Tiene grandes motivos y unos recuerdos tan tétricos como los tuyos —lo demás quedó en suspenso, dejando en una intriga ciega a las mujeres que los rodeaban. Videl y Chichí los observaron alternativamente. Los ojos de Bulma analizaron las facciones de sobra conocidas de su futuro marido, siniestras, pensativas, a la defensiva.
Goku y Vegeta se analizaron en silencio, midiendo lo que cada uno estaba dispuesto a tolerar. Finalmente, el príncipe hizo una declaración para nada noble.
—Me niego a ayudar a ese cabrón. Puede haber tenido la peor vida de todas, pero eso no excusa nada. No lo quiero cerca de mi familia.
—¿Es que no te das cuenta? No está cerca de tu familia. Desde el momento en el que Bra lo eligió, está dentro de ella tanto como si te gusta como si no —la rabia palpitó en los puños y los dientes apretados de Vegeta, pero Goku no retiró sus palabras. Se giró hacia Chichí, cuya cara brillaba en un furioso tono rojo—. No te pongas así, Chichí, o podría afectar a Gora.
—¡NADA DE GORA, GOKU! —tronó ella, y el susodicho volvió a encogerse. Al contrario de lo que parecía en un principio, la mujer acabó suspirando y su rabia salió despedida, aunque no desaparecida—. Más te vale volver a casa de una pieza, porque como no sea así, pienso destrozar lo que quede de ti, ¿me has oído? —El Salvador del Universo asintió muy despacio. Volvió a mirar a Vegeta, pero esta vez él no le devolvió el gesto complaciente.
—Haré que me escuché sea como sea —una vez más, frente a los rostros recriminatorios de su mujer y compañeros, Goku se llevó dos dedos a la frente. Miró una última vez a Chichí antes de desaparecer.
Tras esto, hubo silencio absoluto, y luego Vegeta habló:
—Broly lo va a destrozar.
No era una suposición.
(11:45)
Bosque Extenso del sur de Capital del Oeste
Estaba incómodo. Hundido hasta la cintura en el lago, sentía el ki de Bra ascender sin detenimiento, roja como una cerilla, cada vez más furiosa. Ni siquiera quería acercarse a él después de semejante confesión, y eso era malo; Broly esperaba aparearse hoy. Ahora entendía por qué Mikchi le había dicho que no era bueno hablar de amantes pasadas con amantes presentes.
—Esto es inaceptable. ¿Cómo he podido ser tan tonta? Una niña como yo con un hombre tan mayor como tú, ¡está claro que te has acostado con un montón de mujeres! ¡Maldito seas, Broly, y encima con una prostituta! Esto es degradante.
—No entiendo tu enfado. Mikchi está muerta y pasó hace mucho tiempo, ¿qué más da?
—¡Pues me importa! —dijo ella, nadando de un lado para otro a gran velocidad—. ¿Fue tu primer amor?
—¿Mi primer qué?
—¡Tu primer amor! Las revistas y los especialistas siempre dicen que el primer amor nunca se olvida. ¿Te has olvidado tú de él? —Broly arrugó la cara, tan contrariado como confuso.
—No tengo ni idea de lo que dices. Mikchi y yo teníamos mucho sexo, no sé qué tiene que ver lo demás en eso —Bra recordó que Broly no tenía un concepto unido sobre el amor y lo carnal; para él, el sexo era una cosa y los sentimientos eran otra, y daba la casualidad de que, en la relación de ambos, esos dos se habían unido, pero nada más.
—Entonces, ¿no la querías? —la cola de Broly se zarandeó en el aire, mojada.
—Si me acostaba con ella es porque lo hacía —Bra volvió a analizarlo. Entendió su extrañeza; de nuevo confundía los conceptos desear y amar.
—Quiero decir, ¿la querías como a mí?
—No. Es diferente.
—¿En qué sentido? —pero él se limitó a encogerse de hombros—. ¿Era más guapa que yo?
—Ya te he dicho que no tengo una gradación para eso. Tú eres más fuerte, y para mí es mejor. Es más fácil joder así —Bra pestañeó con un tinte rojo tiñéndole los pómulos ante la palabra. Broly observó su relajación, y pensó que ahora era el momento indicado de pedirlo, así que inclinó la cabeza hacia adelante y enredó la cola en su cintura, acercándola a sí mismo—. Tengamos sexo —pidió. Lamió su sien mojada muy despacio, y el rubor de Bra se acentuó.
—Solo si me respondes a algo más. ¿Quién era mejor apareándose, ella o yo? —él entrecerró los ojos, recargándose otra vez en la orilla del lago, con medio cuerpo fuera para que las heridas, casi cicatrizadas, no se mojaran. Un pez se paseó a su alrededor, bajo las aguas cristalinas, antes de responder a la pregunta.
—Mikchi era prostituta. Ella era mucho mejor que tú —afirmó—. Además, podía usar sus dos agujeros.
—¿Los dos agu...? ¡Esto es el colmo! ¡Aparéate con un gorila, mono estúpido! —tronó ella. Otra vez atenazada por el rubor, pero mucho más furioso, Bra hizo amago de salir del agua, pero la cola de Broly siguió sujetándola con fuerza, impidiéndole la huida. Las manos de Bra acabaron apoyadas en su duro pecho, algo más abajo de la herida del hombro.
—Soy mucho mayor, tú misma has dicho que es normal. No entiendo a qué viene tanto drama.
—Yo tampoco, al fin y al cabo también he tenido muchos novios antes que tú, y he hecho muchas cosas con ellos —la chica acabó sonriendo. Notó la cola endurecida alrededor de su cintura. Broly hizo una mueca.
—¿Qué intentas hacer? Soy un hombre adulto, no puedes provocarme, niña tonta.
—También estuve con Apple durante un tiempo, pero... —mintió ella. La reacción fue inmediata. Un gruñido quedó atascado en la garganta de Broly, y Bra le rodeó la cabeza con los brazos antes de que hiciera un movimiento brusco. Se sentó a horcajadas sobre su regazo y ambos pechos quedaron unidos—. Él también era mucho más agradable que tú, y no me daba dolor de cuello cuando quería mirarle a la cara.
—Estás jugando duro, medio humana, y vas a conseguir algo duro como no midas tus palabras.
Bra no tenía nada que decir respecto a eso.
Cerca de allí, exactamente a la misma hora, lo suficientemente lejos como para no captar su atención de inmediato, un cuerpo se materializó sobre las raíces de un gran árbol. Los pies de Goku aterrizaron y su ki, oculto para impedir sorpresas innecesarias, empezó a mostrarse poco a poco. Sabía dónde estaba el guerrero legendario ahora que había identificado esa energía a medio esconder como la suya, una a la que no había prestado atención durante los últimos meses, lo que lo había acabado arrastrando a esa situación de vínculo telepático.
Se concentró y, muy vagamente, sintió algo similar al gozo a través de esa conexión. Al menos parecía de buen humor, y esperaba que este no se desvaneciera en cuando se descubriera, aunque eso sería mucho pedir.
—Bien, aquí vamos.
Con un suspiro, Goku dejó al descubierto su ki, y su onda se extendió como una ola por todo el bosque.
En cuestión de segundos, Bra había acabado en la misma posición adquirida por Broly para no mojar sus heridas. Los antebrazos estaban apoyados sobre la hierba, y de cintura para arriba estaba fuera del lago, con los pechos descubiertos y duros por el frío de la mañana. Seguía a horcajadas sobre su regazo, con los pies apoyados en la arena que se introducía entre sus dedos, apretados con cada falsa embestida que preparaba el terreno. Bra se sintió insegura cuando notó la lengua más dominante de lo normal y las manos aferrándose a su trasero con fuerza, apretándolo contra su hombría. Apenas había preparación de por medio, pero eso no impidió que ella se restregara.
—Estás siendo muy bruto —le hizo saber en cuando su boca se separó después de tragarla.
—¿Después de esta semana de mierda con tu familia y mis recuerdos? Ya lo creo que sí —cuando sintió cómo entraba, Bra pensó en la tal Mikchi, en las cosas que ella y él podrían haber hecho juntos, quizás limitadas ya que Broly tenía trece años entonces, y esperaba que una mente algo aniñada todavía, pero eso no impidió que se sintiera celosa y quisiera estar a la altura.
Su mano tanteó terreno vedado al final de la espalda, justo sobre la cola, y antes de que él la penetrara por completo, la agarró y tiró de ella con fuerza. Broly dio un bote con los dientes castañeando, adquiriendo un marcado rubor que pocas veces se le veía.
—¡Niña! —gimoteó. La mano de Bra ascendió por el pelaje erizado y áspero, y luego descendió en una imitación clara de una masturbación.
—¿Esto también te lo hacía Mikchi? —no, no lo hacía porque su cola solo la habían tocado Tigero y Bra. Broly acabó con la cabeza recostada contra su clavícula, regalándole un lametón al principio del pecho izquierdo, relajado y gozoso por el bizarro disfrute de su cola siendo rascada y ultrajada por la mano experta—.Por lo que he visto en ti, tener cola tiene muchas funciones extras a parte de convertirte en ozaru. ¿Me las vas a enseñar? —cuestionó con un tono endemoniadamente dulce. Eso era una provocación en toda regla.
Broly dejó ver todos los dientes en una sonrisa perversa.
Se inclinó hacia adelante para acabar con lo que había empezado, apretando su trasero contra su pelvis y tirando de las nalgas por puro gusto. La sentó en su regazo, pero no pudo acabar y ni siquiera empezar. Los aros de sus orejas se sacudieron cuando elevó la barbilla increíblemente tensa, con los ojos clavados en ninguna parte concreta. Se detuvo, y esa fue señal suficiente para que Bra prestara atención al ambiente tétrico que lo domó, a esa mandíbula apretada y tan dura como piedra esculpida, a esos dientes que parecían deformarse en un rostro animal poco a poco, crisparse, descomponerse. La cola estaba tan erizada, que Bra tuvo que soltarla por el puntiagudo tacto, y su pelo se asemejó al de un gato a la defensiva, avisando de su ataque inminente.
Bra tuvo la impresión de tener a una hiena encima. Luego lo sintió con la misma claridad con la que él lo hizo.
Goku estaba allí, a apenas quinientos metros en el bosque, al descubierto.
—Pero qué... —murmuró, tan impactada como él—. ¿Qué demonios está haciendo?
Broly iba a responder por ella cuando se movió hacia arriba, saliendo del agua, aplastándola por su peso antes de ponerse en pie y echar a correr hacia los árboles hundiendo los pies en la hierba. Bra intentó detenerle, pero tan rápido como consiguió sujetarle por un tobillo, él se zafó y siguió hacia adelante.
La muchacha, todavía patidifusa, se revolvió en la orilla para levantarse con la boca abierta.
—Esto no puede estar pasando... ¡Será idiota! —chilló.
Goku esperaba que Broly corriera hacia él hecho una furia, esperaba que derrumbara árboles entre rugidos animales, arrasando con todo lo que encontrara en su camino; esperaba pelea, por supuesto, y por eso había adoptado una posición defensiva en cuanto había liberado su ki para ser detectado. Iba a plantarle batalla, intentaría doblegarlo y hablarle, inmovilizarlo cogiéndolo por el cuello. Quizás recibiera un buen par de golpes, pero no esperaba nada más que eso. Lo tenía todo bajo control.
Lo que no esperaba, en absoluto, era ver aparecer a Broly desnudo entre la maleza. Tampoco esperaba esa fiereza animal, ni algo bamboleándose con cada movimiento mientras corría hacia él, ansioso. Se sacudía, y después de lo disfrutado con Bra, no estaba frío ni inmune a sus caricias. Lo que Goku vio no era lo que se esperaba en una batalla entre hombres.
Definitivamente no podía lidiar con eso.
Le gustaba ir desnudo como al que más, y había peleado en esas condiciones muy a menudo siendo un niño, pero no así, no después de saber lo que era el sexo y ser consciente de que Chichí lo mataría si se desnudaba delante de otra persona que no fuera ella o sus hijos, porque si lo hacía podía dar a entender cosas indecentes. Así que, o Broly no lo entendía muy bien, o quería poner en práctica esas cosas indecentes con él.
En cualquier caso, Goku no pensaba quedarse quieto para averiguarlo y, por una vez, no pudo evitar dejarse llevar por el pánico.
Poco antes de llegar, esquivando ramas y árboles que caían sobre el suelo estrepitosamente con el paso de Broly, Bra, con solo una toalla de baño, empezó a oír los gritos.
—¡Broly, escúchame, esto no puede ser! ¡En serio, para! ¿Qué pensarían mi mujer y mis hijos si me vieran así? ¡Chichí me mataría! ¡Contrólate, por favor! ¡Piensa en Bra! —la susodicha aceleró el ritmo, cada vez más confusa por las extrañas palabras agudas que salían de la boca de Goku. Cuando aterrizó en el lugar exacto, justo frente a ellos, un ligero tic sacudió su ceja.
Broly había creado un claro destrozándolo todo a base de puñetazos y patadas, y Goku, en medio de él, había caído de culo al suelo y se apartaba como podía del gigante que lo intimidaba con su desnudez. Pálido como nunca lo había visto, atemorizado, intentó alejarse una vez más. Bra llegó a la conclusión exacta de lo que Goku pensaba que estaba ocurriendo allí, así que antes de que hubiera una mayor muestra de patetismo por parte de ninguno de los dos, intercedió.
—¿Se puede saber qué estáis haciendo?
Las dos figuras se detuvieron, y Goku dio gracias por la aparición de la más joven.
—Bra... —la llamó, aliviado.
Inmediatamente después, el puño de Broly se hundió contra su mandíbula al mismo tiempo que se montaba encima de él para propinarle la paliza más grande de su vida.
—¡Broly! —chilló ella.
—¡TE VOY A MATAR!
—¡Broly, para en este instante, ahora mismo! —el mayor sintió sus manos sobre sus hombros y, luego, sobre su cuello, rodeándolo con una llave perfecta para estrangularlo e inmovilizarlo cortándole el aire, una técnica que él mismo le había enseñado. Pero aunque consiguió asfixiarlo de verdad, sus gruesas manos se enroscaron alrededor del cuello de Goku de la misma manera, y pronto todo aquello se convirtió en una lucha por ver quién aguantaba más sin respirar.
Goku podría haberse transformado en súper saiyajin cuando se vio acorralado, pero no lo hizo. Se limitó, con el ceño fruncido, a agarrar los antebrazos de Broly con mucha fuerza, intentándo quitárselo de encima, hacerle aflojar un poco para poder hablar. Bra empezó a desesperarse.
—¡BROLY, SUÉLTALO, AHORA!
—¿¡Cómo te atreves, MALDITO GUSANO!? ¡Voy a DESTRIPARTE! —Goku los vio con mucha claridad, como nunca antes los había visto; esos ojos enrojecidos, esa cólera, todo en él ira profunda contra su persona. Nunca había tenido unos brazos tan fuertes en su garganta, capaces de romperle el cuello antes que matarlo de asfixia.
Empezaba a ponerse morado, pero no era el único. Broly también empezó a adquirir una tonalidad azulina nada sana, y cuando Bra le pisó la cola para que lo soltara, se sacudió para quitársela de encima y aflojó el estrangulamiento. Ella no lo soltó, y Broly tampoco lo hizo con él, pero eso fue suficiente para que Goku dijera las palabras que podrían detenerle, probablemente las únicas sin recurrir a los puños.
—¡Sé lo que ocurrió...! —trastabilló con la boca, salivando—. ¡Sé lo que ocurrió con tus hijos! —entonces Broly dejó de apretar, repentinamente quieto. Bra los miró, a ambos, alterna, sopesando las posibilidades y las incógnitas, sin entender cómo era posible que algo tan íntimo fuera conocido para el peor enemigo de él. Esperó que no pensara erróneamente que ella se lo había contado a Goku, pero Broly sabía muy bien cómo lo había descubierto.
Cuando Goku consiguió recuperar el aliento, Bra aflojó el cuello del guerrero legendario.
Entonces Broly volvió a apretar, esta vez más fuerte que antes, aprisionándolo contra el suelo, y ella, enseguida y con los ojos desorbitados, volvió a echarse sobre su espalda para obligarle a soltarlo, sin éxito. Broly la empujó hacia atrás y Bra cayó, con la espalda resquebrajando la dura madera de un árbol a diez metros de ellos.
—Tú no sabes nada —aseguró Broly—. ¿Crees que porque tu hijo haya muerto en combate entiendes algo? ¿Crees que por haber visto un poco de lo que he vivido puedes venir aquí fingiendo comprensión? ¡NO ME JODAS! —el rostro de Broly quedó a escasos centímetros del suyo, descendiendo tan deprisa que provocó pavor. Su aliento se paseó por la cara de su contraparte mientras hablaba, con los dientes que durante tanto tiempo habían triturado la más dura carne muy cerca de su cuello—. Vi cómo te quedabas con todo lo que yo tenía derecho a tener, vi cómo reías y disfrutabas, cómo te reproducías y tenías un hijo, cómo morías y lo dejabas solo, cómo te permitías el lujo de desear alejarte de todos ellos para entrenar. ¿Tanto te gustan las batallas, Kakarotto? Ahora que tu hijo ha muerto ya no te hacen tanta gracia, ¿verdad? Ahora que tu hijo ha muerto vienes a pedirme ayuda, ahora... ¡Cuando tú nunca me ayudaste a mí, nunca!
Una de las manos de Broly se apartó del cuello de Goku mientras la otra le sujetaba y formó un puño tenso y brutal que descendió sobre su cara. Por suerte, tuvo los reflejos y la libertad necesarios para apartar la cara del lugar exacto. El puño se hundió en el suelo, levantando arena y dura roca destrozada.
—¡Nunca te ayudaré, nunca te tenderé la mano, nunca, nunca, NUNCA! ¡Saber que tu hijo está muerto y que tú sufres por ello es la mejor alegría que podría tener! —el puño se alzó otra vez, manchado por la arena y los restos de roca, apuntándolo para descender.
Goku lo intentó una vez más.
—¡Broly, escucha...!
—¡Para de una vez, Broly! —Goku vio a Bra, agarrándole el brazo nuevamente alzado, pero eso no impidió que lo precipitara sobre él. Giró la cara para el lado contrario y el puño volvió a estrellarse contra el suelo, esta vez abriendo una pequeña brecha en su mejilla que empezó a sangrar. Bra salió disparada hacia adelante, rodando por el suelo lejos de ellos.
Broly volvió a alzar el puño.
—Lloras por un solo hijo... yo perdí a seis. ¿Con qué derecho te quejas? ¡Ni siquiera les prestabas atención! ¡Nunca lo has hecho con nada, siempre peleando, siempre entrenando, la guerra es lo único que te interesa, como si fuera un juego! Y lo que más me cabrea... —el tono de Broly se suavizó lo justo, reuniendo aire para volver con la acusación final, una a la que Goku no hacía oídos sordos. Estaba impactado por la capacidad lógica del guerrero legendario, por su observación sobre su familia, la que él no había tenido, por sus sentimientos tan sinceros y tan humanos, pero sobre todo por las verdades que salían de su boca, cosas muy ciertas que nadie, salvo Chichí, le había dicho jamás, cosas en las que ni siquiera reparaba.
El abandono.
Él vivía en torno a la batalla, buscando la batalla, deseándola.
Broly siempre había vivido dentro de ella, agasajado por ella, acorralado.
Goku lo había tenido todo por una suerte milagrosa, tanta, que ni siquiera la apreciaba ni la agradecía.
Broly no sabía lo que era la suerte, y nunca había podido apreciar a nadie, porque cuando lo hacía se lo quitaban.
Eran vidas muy distintas y muy pocos puntos en común; solo uno que no tenía nada que ver con la muerte, absoluto y suficiente, y aun así Goku había esperado no tener que usarlo porque le parecía rastrero, pero necesario dadas las circunstancias.
La arena cayó sobre su cara, descendiendo por el puño alzado del enorme guerrero legendario.
—Lo que más me cabrea es que alguien tan egoísta sea el Salvador del Universo. ¡Lo que más me cabrea es que todos te sigan queriendo sin que hagas nada para merecerlo! ¡Eres una pura farsa que se hace el noble cuando vale menos que sus enemigos! ¡VETE AL INFIERNO, KAKAROTTO!
El puño, otra vez, descendió, pero Goku no pensaba esquivarlo, no ahora.
Y ahí las palabras claves, tentando a la suerte otra vez.
—¡Quieren hacerle a Bra lo mismo que hicieron contigo!
El puño se detuvo en el aire, encarnación de los sentidos más vivaces al detener la gran velocidad y la fuerza empleada justo sobre su nariz.
Desde el suelo, haciendo el amago de levantarse una última vez, los ojos azules brillaron en extrañeza ante la confesión. Frente a él, los de Broly palpitaban en controlada desesperanza.
—¿Qué?
(11:55)
Base militar de Capital del Este
Benkas estaba en serios aprietos, o eso pensaría cualquiera que lo viera en la locura de la batalla. No hacía falta ser muy observador para darse cuenta de que Gohan le estaba dando la paliza de su vida, rápido, eficaz, machacador de huesos letal como había sido en ocasiones contadas. Tenía la rapidez y el potencial del Gohan que había masacrado a Cell, su furia característica seguía ahí después de tantos años inactiva, y Benkas la recibía con cada certero golpe dirigido, en su mayoría a costillas, piernas y cuello. Podía esquivarlas a duras penas, podía alzar la barrera telekinética que solo lo detenía un par de segundos antes de ceder frente a sus poderosos puños.
Gohan era un arma mortífera de ira descontrolada que iba a devastarlo, y ni siquiera había llegado al nivel dos de su transformación. Al fin y al cabo, como todos los saiyajins, era un experto en el cuerpo a cuerpo.
Pero Benkas era listo, muy lejano a ser un luchador noble, sin escrúpulos.
La batalla estaba decidida desde el principio.
Desenvainó la espada en un breve lápsus de tiempo en el que Gohan le permitió respirar. Su mano apenas pudo agarrar el mango por culpa de la sangre oscura que se escurría por ella, pero cuando lo hizo atacó sus piernas. Gohan se elevó fácilmente, dando una vuelta en el aire y, para sorpresa de Benkas, cayó sobre el filo de la hoja, de pie, como quien camina sobre una cuerda floja. De abajo a arriba y viceversa, se observaron.
—¿No te lo estás tomando demasiado mal? Solo maté a tu hermano, vosotros matasteis a mi hijo; no seas exagerado.
—Tú no querías a tu hijo —declaró Gohan, brutal. Benkas ladeó la cabeza—. No luchas por él, luchas porque te aburres. Eres de lo peor y eres malvado.
—Ya estamos otra vez igual, eres malvado, como si eso fuera algo malo, pero dime... ¿qué haríais los buenos sin un malo? ¿Podríais llamaros buenos sin los que vienen a haceros daño? ¿Podríais vivir sin nosotros? No habría historia si no estuviéramos. Yo me siento muy bien siendo como soy, y no estoy loco, no. Odio cuando meten la locura en medio. ¿Por qué os resulta tan difícil comprender que hay alguien al que, simplemente, le gusta hacer cosas malas? Matar puede ser una afición también, tan respetable como... —Gohan se acuclilló sobre la espada, manteniendo las puntas de los pies en ella. Agarró a Benkas por el pelo y tiró de él hacia adelante, hasta su cara, interrumpiendo su verborrea.
—No soy antropólogo, y tus reflexiones me aburren —la frente de Gohan golpeó su nariz chata, y Benkas fue lanzado hacia atrás. El saiyajin logró atrapar la espada con el pie, aplastando su filo contra el suelo cuando el boburriano fue lanzado hacia atrás, obligándolo a soltarla.
Benkas dio vueltas por el suelo levantando arena, y en el proceso de cegamiento consiguió equilibrarse en el interior de la base militar, introduciéndose dentro de ella por el agujero que había atravesado momentos atrás. Gohan le perdió la pista y ascendió en el aire, rastreando las energías de los humanos que quedaran con vida dentro de la base; no detectó nada, lo que significaba que el boburriano los había liquidado a todos.
Eso lo había sentenciado.
Gohan apuntó a la base militar con la palma extendida, cargando ki. Se dijo a sí mismo que debía ser muy precavido y certero para arrasar con la planta principal y no a los subterráneos, donde estarían las bombas a buen recaudo. Su puño se cerró, y solo el dedo índice quedó al descubierto. La diminuta esfera azulada emergió de él y cayó sobre la base provocando una explosión sorda que se elevó en forma de humo. Todo quedó calcinado, y Gohan observó cómo el fuego se abría paso entre los restos, quemándolo todo; apostaba a que Benkas no era inmune a ese calor abrasador, y estaría en lo cierto.
El cuerpo azulado apareció, volando muy lentamente, alejándose del humo. Gohan, seguro de sí mismo, se giró hacia él.
Benkas también estaba muy seguro de sí mismo pese a las notables heridas de la paliza, y no sin razón.
Se limpió la sangre de la boca y, antes de que Gohan se precipitara sobre él, alzó el brazo hacia arriba. Desde el arenoso suelo que rodeaba la base militar, un objeto grueso y metálico surgió, de metro y medio, pesado y con una forma muy peculiar que el saiyajin reconoció. Ascendió en el aire, arrastrado por la fuerza telekinética de Benkas hasta que estuvo a su altura; el ruido del metal golpeado por el aire le puso los pelos de punta.
En un lateral del cuerpo metálico pudo leer, pintado en perfectas letras blancas, el nombre K-19.
Las pupilas del saiyajin se dilataron en extremo.
—Diría que esto no te lo esperabas —comentó Benkas con la mayor de las tranquilidades.
Gohan no podía creer lo que había frente a sus ojos, flotando sin ningún sustento, a un despiste de caer al suelo provocando la mayor de las catástrofes.
—¿¡Te has vuelto loco!? ¡Suelta eso ahora! —gritó, y Benkas, jocoso, así lo hizo.
La bomba descendió, crispando los nervios de Gohan que hizo amago de ir a por ella, pero enseguida se detuvo en el aire, a apenas diez metros de distancia del suelo. El sudor helado descendió por cada poro de su cuerpo.
—Es curioso que una cosa de este tamaño pueda hacer tanto daño, ¿verdad? La radioactividad debe de ser preocupante también. ¿Cómo permitís que los humanos creen estas cosas? Cinco o cuatro de estos y el planeta se iría al cuerno. No veo la hora de dejarlo caer.
Gohan ya no estaba seguro de sí mismo, en absoluto. Pocas veces le habían sudado tanto las manos, no desde Cel y recordaba bien cómo había acabado todo con él, no desde su transformación en alguien místico cuyo poder se había evaporado con el paso de los años. En esa situación no tenía ni idea de qué hacer.
Estaba contra las cuerdas, pero no todo estaba perdido.
Contrólate... contrólate...
Gohan suspiró y pensó en la situación con detenimiento. Tenían a Vegeta, tenían a Uub, tenían a Trunks, tenían a... no, no a Pan. Por eso había ido allí ese día, porque no quería por nada del mundo que Pan se encontrara frente a un sádico como ese. Nunca, jamás. También se tenía a sí mismo, no podía olvidarse de ello; todavía tenía dos brazos y dos piernas para pelear junto a una voluntad inquebrantable. Sus padres estaban vivos, su mujer y su hija también, y si esa bomba caía en un lugar equivocado...
No.
Todavía estaba vivo, y solo él podía defender a Goku y a los demás ahora.
—Si dejas caer eso, tú también morirás y lo sabes —le anunció. Gohan rebuscó. Sus conocimientos sobre la vida eran amplios; era un erudito, el único guerrero que poseía el don de la inteligencia en grado sumo, mucho más desarrollado que el resto, a la par con el del súper dotado Trunks. Si el perfil que había diseñado de Benkas con solo verlo una vez era correcto, quizás pudiera hacer algo. Tal vez podría provocarlo lo suficiente como para que la bomba cayera sobre él y no sobre nadie más y, tal vez, solo tal vez, podría detenerla si estaba preparado— Estás realmente obsesionado con eso de ser malvado, ¿verdad? Tampoco veo nada de especial en ello; Freezer era bastante peor que tú, y Cel también. Nada demasiado destacado. —Benkas se había mostrado jocoso en todo momento, seguro de sí mismo, pero cuando esas palabras llegaron hasta él, Gohan detectó con satisfacción cómo la socarronería desaparecía, así que prosiguió—. Si de verdad fueras tan malvado ya me habrías liquidado usando una gran treta contra mí, pero sigo aquí, entero y sin un rasguño. ¿Y tú?
Benkas no dijo nada al respecto, pero su rostro lo escudriñó como un niño que ha perdido a su juego favorito, desbancado por otro mejor. La sangre oscura descendió de sus labios hasta el cuello, y el boburriano la lamió con la punta de la lengua.
—Hablas mucho, pero haces poco, y sigues sin moverte. No consigues ponerte al nivel de los psicópatas que ya he visto —el sudor descendía por el rostro de Gohan en grandes cantidades al ver que el contrario no reaccionaba a sus provocaciones. Entonces Benkas giró medio cuerpo y su mirada, pensativa y para nada juguetona como antes, se clavó en la lejanía, justo sobre Capital del Este. Gohan se desesperó—. ¿A qué esperas? ¡Haz algo! Cualquiera diría que estás acomplejado. No me digas que es eso... ese afán por ser el peor...
—Me estás decepcionando —lo cortó de pronto Benkas. La oscuridad de sus ojos se cernieron sobre él—. ¿Es que no sabes que puedo leer tu mente? Tus provocaciones me fastidian. Esperaba más de alguien tan listo como tú, pero yo no voy a decepcionarte —la bomba K-19 se tambaleó en el cielo, situándose a escasos metros de su nuevo dueño—. Aunque sea por hacer que te tragues tus palabras, fingiré que tu intento de cabrearme ha funcionado, aunque no con los resultado esperados.
Entonces Benkas estiró un dedo señalando la Capital del Este, y la bomba, como si hubiera sido lanzada a toda velocidad, salió disparada hacia allí tan rápidamente, que Gohan apenas pudo seguirla con la mirada. Benkas, con una personalidad que parecía radicalmente opuesta a lo que había mostrado hasta el momento, se sintió satisfecho. Por la fuerza mental empleada, no tardaría en impactar contra la ciudad provocando solo Kami sabía el qué; pero a él poco le importaban las consecuencias de sus actos. Solo quería destruir todo cuanto veía. No había nada concreto, no había trauma, creador de homicidas.
A él, simplemente, le gustaba matar.
Por eso le fastidió tantísimo que Gohan saliera a toda velocidad hacia Capital del Este con los pensamientos claros pese a toda su verborrea anterior.
Iba a salvar a los humanos a toda costa y a detener su afán de aniquilación.
—De eso nada —Benkas alzó los brazos y lo siguió, irritado al máximo. Puso cada sentido telekinético en sus alrededores y, durante la persecución, la tierra tembló conforme el saiyajin avanzaba.
Frente a Gohan, el paisaje desértico se partió en dos. La tierra se agrietaba conforme avanzaba, dejando ver sus ardientes entrañas, pero eso no le impidió seguir la persecución, ganando terreno para detener la bomba con las manos desnudas. Poco le importaba que Benkas lo siguiera de cerca y provocara terremotos con sus pensamientos, poco le importaba el destrozo de carreteras y caminos. Capital del Este era el núcleo de población más extenso y habitado del mundo, por eso la base militar era una de las mejores preparadas y equipadas.
22 millones de habitantes en sus manos.
Iba a ser el peor genocidio de la historia después de Boo, pero esta vez no tenían manera de arreglarlo.
La tierra se alzó levantando rocas y muros de contención, todo cuando había de por medio; árboles, animales, medios de transporte de pronto alzándose del suelo como si pesaran menos que una pluma, y tras él, la mente retorcida de Benkas lo controlaba todo, como un niño jugando con sus muñecos de acción, todo controlado bajo los hilos de una cabeza perversa sin límites para la imaginación. Gohan sudó cuando los obstáculos, todos de una vez, se dirigieron hacia él y tuvo que esquivarlos sin aminorar la velocidad ni perder de vista el objetivo K-19. Era bueno de reflejos, pero Benkas era rápido de mente, y pronto se vio en medio de un huracán devastador que le dificultaba horrores el avance.
Sin embargo, llegó hasta el metal altamente explosivo, esquivando con dificultad, recibiendo rasguños y golpes que se molestaba en ignorar. Lo que más temía era que algo golpeara la bomba y lo destruyera todo, pero Benkas sabía exactamente donde quería hacerla estallar, y su control mental era prodigiosa. Aunque Gohan estaba justo detrás, cada vez a menos metros, ni una hoja de los árboles que eran arrancados del suelo tocaron el arma asesina.
Cuando Gohan estiró el brazo derecho para agarrar la bomba, ya a apenas veinte centímetros de distancia, la enorme porción de tierra de cuarenta metros y varias toneladas de peso que le cayó encima ni siquiera rozó el arma.
Gohan cayó de inmediato, arrastrado por el golpe y las toneladas que se le vinieron encima. Su cuerpo levantó una humareda cuando se estrelló contra el suelo antes de precipitarse a las entrañas del planeta descubiertas.
Los habitantes de Capital del Este se preguntaron qué era eso que cruzaba el cielo a tal velocidad hacia ellos. Acostumbrados a las tácticas militares del ejército y de los saiyajines que veían de vez en cuando sin conocimiento de lo que eran, no le dieron importancia y siguieron con sus quehaceres.
En el centro de la ciudad, como siempre a esas horas de la mañana, había un gigantesco atasco en hora punta. Los pitidos y los gritos de frustración iban y venían; a esas horas, casi un ocho por ciento de la ciudad se ubicaba en setecientos metros cuadrados. Ninguno podía saber lo que se les venía encima.
Las cabezas, poco a poco, se asomaron por las ventanillas para alzar los ojos al cielo. Algunos conductores angustiados incluso salieron de sus vehículos para ver qué era esa cosa oscura que partía el cielo en dos con su velocidad. Los padres ordenaron a sus hijos que se quedaran en el interior del coche, confusos al verlo dirigirse hasta allí. A algunas personas les entró el pánico, sobre todo a aquellos militares que no estaban de servicio aquella tétrica mañana de matanza.
—La madre que... no puede ser... —alguien, con el uniforme militar, murmuró, y tras soltar un grito de espanto echó a correr aunque sabía que, si eso era lo que creía que era, no había posibilidades de sobrevivir.
—¡Arrancad de una vez! —los gritos de algunos camioneros y conductores maleducados no pudieron disimular el sonido del viento cuando el gran trozo de metal empezó a descender a grandísima velocidad. Al ver las caras patidifusas y espantadas de los pocos que se habían dado cuenta de lo que estaba por ocurrir, uno de ellos salió de su furgoneta, se quitó las gafas de sol y elevó la vista al cielo.
Fue rápido, y la mayoría de los 22 millones de inocentes no se dio cuenta de nada...
Ni siquiera cuando la bomba pendió sobre sus cabezas, a apenas unos milímetros de un camión que, para colmo, era cisterna, con la base puntiaguda a punto de impactar contra la contención.
La mayoría siguió sin entender lo que acababa de ocurrir, ni siquiera cuando Gohan, hecho un mar de sudor y sangre, solo con un brazo en uso después del impacto contra su mano derecha por esa porción de tierra tan pesada que lo había remolcado cientos de metros, mantuvo la bomba en el aire, sobre sus cuerpos humanos, agarrada por la base con infinito cuidado a pesar de las circunstancias.
La gente lo vio ahí, flotando con el instrumento en su brazo izquierdo, perpleja y sin saber qué hacer ni qué ocurría. Solo se quedaron ahí.
Gohan, intentando controlar el comienzo de la hiperventilación, se permitió aterrizar muy lentamente sobre el suelo, alejándose del buque cisterna.
Por poco... por poco... Kami-sama...
No se atrevía a soltarla ni a sustentarla con el brazo derecho, pues sangraba y sudaba tanto, que le daba pavor que se le escurriera.
—¿Qué demonios...? —los murmullos empezaron a hacerse presentes.
—¡Es un Guerrero Z, mamá! —oyó entre la muchedumbre—. ¡Mira su pelo, es un guerrero!
—¿De verdad es uno de esos guerreros?
—¿Qué está pasando aquí?
—¿Qué es eso que tiene en sus manos?
Gohan hacía oídos sordos a todo, solo concentrado en el trozo de metal y calculando qué haría falta para hacerlo detonar.
¿Qué debo hacer? Es un milagro que no haya estallado cuando la he agarrado. Tengo que llevarla lejos de aquí, lejos de Benkas. Un golpe por pequeño que sea y...
Entonces Gohan se dio cuenta de lo increíblemente liviana que era la bomba a pesar de su gran tamaño, y también de que no había explotado tras detenerla bruscamente cuando rebasaba la velocidad del sonido.
Pesaba demasiado poco.
Gohan tuvo un presentimiento, y ni todas las voces de los humanos en sus oídos podrían rebatir el mal augurio que le invadió la mente y el cuerpo. No sabía qué hacer, pero no le hizo falta. Su instinto y esa corazonada tan horrible guiaron su visión hacia el cielo, tan lejos como sus ojos podían ver, y detectó a Benkas allí, flotando en la lejanía sin variar un ápice de desdeña y soberbia. Gohan no escuchó nada de lo que se decía a su alrededor, como si padeciera de una sordera repentina.
Benkas, en un gesto casual, se llevó las dos manos a los oídos, y Gohan supo que pretendía protegerlos del brutal estruendo.
Su rostro se descompuso al mismo tiempo que daba media vuelta, descubriendo el verdadero objeto de sus preocupaciones cayendo sobre el capó de un coche familiar. Vio la forma cilíndrica del detonador, seguramente cargada de plutonio, y también vio la alegría en la cara de uno de los niños que iban en el coche, señalando al héroe guerrero.
Soltó la carcasa de la bomba, por supuesto vacía, y se abalanzó sobre el detonante sin pensar en ello. Estiró el brazo izquierdo para agarrarlo cuando ya rozaba el coche, con los reflejos y la velocidad más aguda.
Solo le dio tiempo a empujarlo contra sí para cubrirlo con su propio cuerpo y evitar el mayor daño posible.
El centro de la ciudad desapareció del mapa en menos de un decisegundo.
(12:00)
Corporación Cápsula
Pan dio un salto de la cama tan rápido, que casi cayó de ella. El corazón bombeaba deprisa y su cabeza dolía como si hubiera sufrido las pisadas de una estampida de caballos. Tenía la camiseta mojada de sudor y notó, pese al repentino frío, algo caliente descendiendo por su oído izquierdo. Cuando lo rozó, vio las gotas de sangre bajando por su barbilla.
Se levantó y cayó, con las piernas convulsas. Dejó en el suelo el uniforme de combate de su tío Goten y apoyó una mano sobre la mesita de noche para levantarse. Inmediatamente dio con algo inesperado; las gafas de su padre bajaron al suelo en un mal augurio, rebotando sobre su regazo. Pan las observó antes de agarrarlas controlando a duras penas sus temblores.
Sin pensar en nada, con la cabeza bloqueada, se las puso.
Inmediatamente después oyó a Vegeta en el exterior, en el jardín, saliendo de la Cámara de Gravedad, destilando tonos dorados en su fase de súper saiyajin de nivel 2 y despegando a la velocidad del sonido.
Uub entró en la habitación en ese momento, ignorando su petición de intimidad después de tantos días, pero ni siquiera él, con el cariño que sentía por ella, pudo evitarlo.
Las gafas, que ahora pertenecían a Pan, no tardaron en humedecerse.
(11:58, dos minutos para el impacto)
Bosque Extenso al sur de Capital del Oeste.
—¿Esto va en serio? —Goku no hizo nada por esconder el secreto que Vegeta había guardado tan celosamente ante la pregunta de Bra. Asintió. La joven contuvo un gemido del disgusto más profundo. Broly, haciendo un poder por escuchar y no arrasar, a varios metros de distancia, se mantuvo impertérrito—. Entonces... mi padre no me dejaba entrenar y me dijo todas esas cosas horribles por...
—Por protegerte.
Bra dejó escapar un sollozo, encajando el golpe como buenamente pudo. Tenía el corazón encogido y las tripas cargadas de remordimientos.
—Y Goten... también es culpa mía que él...
—No, nada de lo que está pasando es tu culpa —le aseguró Goku. En ningún momento había pensado en algo así, y habría sido fácil hacerlo, pero no era su manera de ver las cosas—. Los boburrianos mataron a mi hijo gratuitamente, atacaron a Pan y Picolo sin que tú estuvieras allí, y comienzo a pensar que sabían muy bien que no era necesario acabar con todos nosotros para pillarte desprevenida. Habría sido mucho más fácil así, pero... no lo hicieron. Buscan batalla. De hecho, creo que buscan... —los ojos de Goku se desviaron hacia Broly buscando apoyo en sus suposiciones.
Al fin y al cabo no había nadie más conocedor de ellos.
—Quieren una aniquilación —Broly se encogió de hombros ante esto último—. Bien. Se completará el genocidio y la extinción de los boburrianos aquí.
Goku miró a Broly con sorpresa y un deje de esperanza.
—¿Eso quiere decir que vas a ayudarnos?
—Claro que no —zanjó él, divertido por la suposición—. ¿Qué necesidad tengo de interceder? Ellos me temen, y si no los matáis vosotros, lo haré yo. De una forma o de otra todo esto solo puede acabar con todos vosotros muertos y yo haciéndome cargo de vuestros restos.
—Pero si permites que eso ocurra, Bra también morirá, o se la llevarán con ellos y le harán lo mismo que te hicieron a ti —la joven tragó saliva, nerviosa, dándole vueltas a demasiadas cosas. No podía evitar sentirse culpable por la muerte de Goten aunque no hubiera sido culpa suya, pero sobre todo por la repudia hacia su padre.
Había sido tan mezquina que no veía la hora de disculparse pese a su orgullo.
—Bra no morirá, imbécil. Es la que está más a salvo de todos vosotros.
—¡Pero es un riesgo a tener en cuenta! ¿Y si la atrapan qué harás?
—Eso no va a pasar.
—Maldita sea, ¿es que no puedes ser ni un poco solidario con tus compañeros de raza? —Broly y Goku se miraron, el primero haciendo un esfuerzo por no romper a reír por ese débil argumento que, estaba seguro, a su contraparte le daba rabia utilizar.
—Ya soy solidario. Te voy a dejar vivo para que vayas a casa y puedas sentir de primera mano cómo os matan uno a uno. Luego, si todavía sigues vivo, seré yo quien te mate. ¿Quién sabe? —Broly, desdeñoso aunque no muy complacido al ver que los boburrianos le robaban a sus presas, hizo un esfuerzo por ocultar su fastidio y trasmitir indiferencia. Prefería quedarse sin venganza a ayudar a alguno de aquellos desgraciados enemigos—. Nada me gustaría más que verte sufrir la muerte de tu otro hijo, Kakarotto.
Goku arrugó aun más el entrecejo, asimilando todo ese desprecio para contraatacar.
Pero, como si esas palabras hubieran invocado a la realidad, recibió un golpe mental tan tremendo que lo echó hacia atrás y lo hizo caer al suelo de pronto.
Los tres se encogieron ligados por la red telepática, especialmente Broly, que por causa de ese vínculo tan molesto restituido con Kakarotto, sintió el estruendo en su oído y la sensación del tímpano roto por un golpe brutal, al igual que él mismo.
Goku pasó del pálido al morado mientras la sangre descendía por su oreja izquierda.
Broly alzó la vista al cielo, todavía imperturbable.
—Bingo.
(12:03)
Zona cero.
Tres minutos atrás, zona central de Capital del Este.
Aterrizó. El sondeo telepático por encima de la zona no dio ninguna clase de resultado en quinientos metros cuadrados a la redonda; esto debería haberle hecho ceder en su empeño de buscar los restos carbonizados del sujeto liquidado, pero no fue así.
El centro de la ciudad era pura oscuridad. El humo había ascendido al cielo y había formado la imagen de una seta gigante mientras la onda expansiva acababa con todo lo demás. No había ni un mínimo de visibilidad, y Benkas voló a tientas hasta que sus pies dieron con la ceniza, hundiéndose en el suelo hasta los tobillos. Intentó ver algo, ignorando el cargado ambiente imposible de aguantar para un ser humano, radioactivo. Formó un escudo telekinético a su alrededor para que el humo no llegara hasta su nariz y le hiciera toser. Luego anduvo por allí, buscando.
Seguía sin ver nada, solo el densísimo humo negro como el carbón, atrapado en una oscuridad incesante. Las cenizas eran indistinguibles, ya pertenecieran a restos biológicos o materiales. Por supuesto, no pensó en la cantidad de humanos que habían muerto en esa explosión.
Los cuerpos de los saiyajins son resistentes. Si no se hubiera puesto en medio habría destruido la ciudad entera y los alrededores... Esto es decepcionante, esperaba algo más.
Benkas se detuvo. Las cenizas volaban alrededor de sus pies y él las observó con un deje de desprecio. Su tarea había acabado allí.
Estaba claro que de Gohan no habían quedado ni los huesos.
Dio media vuelta buscando el lugar con más claridad para alzar el vuelo y alejarse antes de que llegaran los demás saiyajines, atraídos por el vínculo roto en uno de sus compañeros. Dio un par de pasos sobre las cenizas, los cadáveres, las ruinas de una civilización que para él no significaban nada en absoluto. Jamás hubo tanto desprecio por la vida como el que aquel ser sentía... o no sentía.
Los pies se hundieron en su camino una vez más, dejando paso libre a los restos bajo su escudo telekinético, abriéndose camino entre cadáveres.
Benkas era la clase de criatura que hacía que el fin justificara los medios...
...Y Gohan lo sabía.
Una mano traicionera y única fue la que lo empezó todo. Una mano fantasma que emergió de entre las cenizas en una perfecta analogía del ave consumida por el fuego y resurgida. Una mano que, escondida entre los restos, dio un nuevo susto.
Benkas abrió los ojos como platos cuando sintió cómo esa mano se aferraba del último sitio que esperaba que tocaran, un punto débil y desprotegido. Su cola quedó apresada entre poderosos dedos, y su aguijón, replegado, no pudo agarrar nada pese a su movimiento incesante. Dio media vuelta justo cuando las cenizas se alzaron y cubrieron su visión frente al resurgimiento de un cuerpo vivo.
Quizás masacrado, pero vivo.
Benkas no pudo ver la cara del enemigo, ni su estado por culpa de las cenizas que redujeron su campo de visión a la nada, pero oyó su grito despiadado, enfebrecido, y sintió el inesperado empuje de su pierna sobre su baja espalda, obligándolo a inclinarse hacia adelante tomándolo desprevenido.
La mano fantasma tiró de su cola en extremo mientras el aguijón se agitaba, deseoso por clavarse en algo sin resultado. Benkas cayó de rodillas, con las manos hundidas en las cenizas.
—¿¡Qué demonios estás...!? —gritó, pero la mano no se detuvo. Tirón con una fuerza bárbara y el boburriano intentó golpear al enemigo con un ataque telekinético, pero si logró atinarle solo consiguió que tirara más fuerte. Un montón de espeso líquido negro impregnó la cola cuando esta empezó a desprenderse, como un gusano partido por la mitad—. ¡Deja de hacer eso, suéltame!
Pero él no lo hizo.
A Benkas le gustaba jugar, e iba a tener el mejor juego de su vida.
La cola se desprendió totalmente, arrancada desde la baja espalda, aplastada entre los brutales dedos. La sangre negra salió a borbotones y descendió entre las piernas del boburriano, que dejó escapar un grito de dolor e ira.
En cuanto el enemigo lo soltó, con una amenaza menos, Benkas se alejó de un salto y se llevó la mano a la espada de braummuro para apuntarle con ella; su mano libre cubrió lo que quedaba de su cola ponzoñosa, colérico. Sin cola sería mucho más difícil mantener el equilibrio, y también más complicado guiar las ondas telepáticas, pues esta actuaba de manera muy similar a una antena, no solo cargada del veneno de su raza.
¿Cómo había podido no darse cuenta? El hermano de ese miserable había descubierto que los boburrianos eran telépatas antes de morir. Debía haber supuesto que su hermano mayor también tenía buen ojo para descubrir puntos débiles.
—¡Te voy a matar por esto, mono del demonio! —avisó con la espada en la mano, e inmediatamente inició un mandoble contra el enemigo, algo que consiguió esquivar a duras penas. Se inició una batalla dispar a pesar de la falta de equilibrio en Benkas, una lucha concienzuda en la que solo uno peleaba y el otro se limitaba a esquivar muy por los pelos. La ceniza y el humo le impedía ver el estado del enemigo, pero para Benkas estaba claro que algo ocurría cuando consiguió darlo una patada telekinética (de las que se sentían y no se veían) en el lateral de la cara izquierdo y lo lanzó a varios metros, remolcándolo sobre las cenizas.
Era difícil de creer que hubiera logrado golpear a alguien que, momentos antes, le había dado una paliza física brutal sin recibir un rasguño.
Benkas, curioso al ver que el enemigo hacía grandes esfuerzos por levantarse sin conseguirlo, logró extender parte de su escudo telekinético mientras caminaba hacia él. La ceniza se disipó ante el acercamiento y, poco a poco, Benkas pudo ver a Gohan... y entendió de inmediato por qué no luchaba.
No podía.
Aunque hubiera sobrevivido no cabía duda de que había sido de milagro.
Benkas no podía ver la mitad izquierda de su cara por la cantidad desorbitada de sangre que la recorría, y sospechó que le quedarían bonitas cicatrices por ello, porque las quemaduras no podían ser leves en absoluto. Quizás, y no se arriesgaba deduciendo, esa parte de su cara se derritiera hasta la nada si no conseguía atención médica al momento. Pero lo más grave, lo que le impedía pelear y solo le dejaba defenderse no era eso.
Había perdido el brazo izquierdo; estaba totalmente manco.
Benkas solo podía admirar, a su retorcida manera, cómo a pesar de la gravedad de sus heridas había emergido y había conseguido arrancarle la cola, dejándolo incapacitado. Pero aunque ambos habían perdido algo valioso, solo Gohan se estaba desangrando... Benkas no.
Gohan intentó levantarse una última vez, pero no solo el brazo perdido le hacía difícil algo tan sencillo. No oía absolutamente nada, tan sordo que ni siquiera oyó las palabras socarronas de Benkas mientras se acercaba a él; la explosión lo había discapacitado por completo, y junto a su capacidad auditiva había desaparecido su sentido del equilibrio y la orientación, además de su ojo izquierdo, el cual ya ni siquiera sabía si existía, porque no sentía al mitad izquierda de su cara.
Solo sentía el brazo izquierdo fantasma, el dolor atroz y la sangre corriente abajo, ríos que le robaban fuerza y sentido.
Gohan cayó, respirando muy lentamente sobre las cenizas, indefenso ante la espada de Benkas, que se posicionó muy cerca de su cuello sin que él siquiera fuera consciente de ello. Aunque no oía nada salvo un pitido que le dejaba la mente en blanco, las intenciones estaban claras.
—Estas cosas me pasan por subestimar al enemigo —la espada se paseó sobre el brazo derecho, en el punto exacto que lo unía al hombro. La piel se quemó sobre este principio, pero Gohan siquiera lo sintió—. Me has enfadado mucho, pero no recuerdo haber visto un mono tan listo como tú antes. Un caso sin precedentes... no puedo dejarte morir después de lo que ocurrió con el Sujeto 813, así que no te muevas. Te cortaré el otro brazo para que no des más problemas. —Benkas alzó la espada, preparado para cercenar. Cuando Gohan, consciente de sus intenciones al ver sus gestos, intentó moverse, el boburriano posicionó uno de sus pies sobre su cabeza. Hundió su rostro ensangrentado entre las cenizas y Gohan ni siquiera pudo quejarse—. Cuando te recuperes, tú y yo solucionaremos esto, y esta vez me aseguraré de hacerte pagar lo que le has hecho a mi maldita cola. Si eres bueno, puede que incluso te traiga a tu hija, aunque no puedo asegurar que esté entera.
Benkas dio un alarido un momento antes de descender la espada contra el brazo de Gohan. Él, que no había oído nada, cerró los ojos con fuerza prediciendo su final.
Había fallado en su propósito. Millones de humanos habían sido liquidados, vidas que no serían recuperadas, pero él solo podía pensar en qué sería de su familia si lo mataban. ¿Y si su padre no podía contra ese enemigo, y si era demasiado para Vegeta? ¿Y si, en esos golpes de sadismo, Benkas le hacía daño a Videl o a su madre con ese hermano o hermana que esperaba? ¿Y si iban a por Pan?
A por su pequeña Pan.
No podía morir allí.
No podía dejar a Pan a su suerte, no podía dejar que se encontrara con alguien como Benkas. ¡No podía...!
La espada descendió sobre su cuerpo y Gohan no pudo oír el sonido de la hoja descendiendo...
...La hoja descendiendo e impactando contra un metal afilado de una segunda arma de características muy similares.
El ataque de Benkas fue rechazado y el boburriano fue empujado hacia atrás con gran violencia. Se elevó en el aire unos metros y cayó más allá, de pie, lejos del herido y del nuevo enemigo que se presentó, sano y preparado. En un primer momento, de espaldas, no lo reconoció. Observó con renovada irritación cómo conseguía elevar a Gohan lo necesario como para mantenerlo sentado sobre sus rodillas. Él sí lo reconoció, y el alivio llegó hasta su muñón izquierdo cuando, rápidamente, se quitó la banda que sujetaba la vaina de su espada a su espalda y lo rodeó con ella, ejerciendo gran presión en un torniquete para detener parte de la hemorragia.
Cuando se apartó de Gohan, que seguía precisando una atención médica que no tenían, el nuevo luchador se volvió hacia Benkas y el azul, teñido de rojo por la pureza de sentimientos negativos, llegó hasta el boburriano.
Lo reconoció entonces, aunque juraría que la última vez que se vieron sus ojos eran más puros y menos oscuros.
—Te encontré... —dejó caer Trunks, espada en mano, predisposición asesina en cada poro de su piel.
De repente, Gohan tuvo una epifanía. Juraría que ya había vivido una situación muy similar antes, quizás en otro tiempo. Agotado y herido se dejó caer en las cenizas, esperando que la cosa no acabara como recordaba.
Los ojos turbulentos y la semi- sonrisa desquiciada en Trunks no aseguraban nada. Al fin y al cabo no era Trunks Perfecto, sino Trunks de Pesadilla, y nada bueno podía salir de eso.
Antes de que Benkas pudiera decidir cómo proceder en esa situación tan delicada, Trunks saltó hacia él e, intentando protegerse de su velocidad y ataque sorpresa, ambas espadas chocaron bruscamente. Otra vez, Benkas fue lanzado hacia atrás por su fuerza bruta, y otra vez se descubrió a sí mismo protegiéndose de un nuevo ataque y, pronto, se vio enzarzado en una cruenta batalla de espadas: los movimientos de Trunks no eran precisos, y se dejaba llevar más por los reflejos que por una técnica clara, pero el boburriano supo que estaba en problemas cuando cada golpe hacía que le temblaran las manos por la potencia de las vibraciones. Su mejor ataque no estaba en la técnica, sino en la brutalidad.
Intentó situarse y leer sus pensamientos en cuanto vio un mínimo hueco para escabullirse, ascendiendo hacia el cielo para ocultarse entre el humo. Lo consiguió, pero en cuanto se fundió entre las nubes, oculto por la densidad, sintió la palpitante locura de los pensamientos llegar hasta él.
Atrapar y destripar, atrapar y destripar, atrapar y destripar, atrapar y destripar atrapar y destripar atrapar y destriparatraparydestriparatraparydestriparatrapar ydestripar...
Benkas se sobrecogió cuando los pensamientos, sin ninguna otra floritura ni cohesión, poseyeron su cabeza. No tardó ni un segundo en darse cuenta de que no había escapatoria en esa voluta de humo tan oscura como la oscuridad misma. Trunks de Pesadilla le acechaba, y cuando le vio sus ojos ya estaban a dos centímetros de su cara. Podía jurar que el azul pacífico había desaparecido para transformarse en el estruendoroso rojo sangre de un cadáver abierto, de un hígado o un pulmón putrefacto.
Entonces Benkas supo la verdad. No estaba luchando contra otro saiyajin con una humanidad piadosa.
Estaba peleando contra un monstruo como él.
(12:05)
Bosque Extenso al sur de Capital del Oeste.
—Está vivo... —Goku suspiró, el alivio y la gloria en un suspiro—. Gohan está vivo.
—¡Sch! —Broly chistó con fastidió al conocer el resultado, obviamente insatisfecho. No fue el único. Tanto Goku como Bra tenían el alma en un vilo, sintiendo la batalla desde la lejanía. La joven sintió el ki de su padre volando a un ritmo desenfrenado al territorio del combate, y supo de primera mano que eso logró tranquilizar a Goku, pero no relajarlo en absoluto.
Entonces, la joven sintió a Trunks, y su dominio de la situación se deshizo por completo. Goku y Bra se miraron, y Broly alzó una ceja, curioso al detectar a la tercera persona.
—Trunks... mi hermano... —Bra se espantó. Podía notar el ki de Gohan al mínimo, sin duda herido por el golpe que hubiera recibido. Si Gohan no había podido hacer nada contra el enemigo, ¿qué posibilidades tenía Trunks? Y su padre no podía ser más rápido, ¿y si hacían daño también a Vegeta? ¿Qué estaba ocurriendo a su alrededor, qué hacía ella allí de brazos cruzados mientras su familia peleaba? ¿No se había entrenado para eso? ¡Por supuesto que sí! Y más después de saber que los boburrianos estaban allí atraídos por su propia tozudez.
Tenía miedo. Estaba aterrorizada, y envuelta en esos sentimientos de angustia y temor por su familia, supo lo que debía hacer.
—Tenemos que ir allí —aseguró—. No podemos quedarnos de brazos cruzados, tenemos que ir...
—Bra... —Broly la llamó al ver su reciente palidez. Su gran mano se posicionó sobre el hombro desnudo, pero ella se apartó como si le hubiera picado con un aguijón.
—¡Tú los conoces, sabes que son peligrosos! ¡Pueden hacerle daño a mi hermano, y sé que lo sabes, igual que sabes destrozarlos y lo que desean! —Bra se acercó con los brazos por delante, apoyando las manos sobre su duro pecho, golpeándolo con los puños cerrados—. ¡Destrózalos! —le ordenó.
Broly la observó, distante pero no indiferente ni con regocijo como había actuado con Goku.
No dijo ni una palabra y Bra se apartó una vez supo que daba igual cuán desesperada estuviera. No haría nada por consolarla si eso incluía consolar a su familia también.
—Eres despiadado, Broly —confesó. Él no se inmutó ante la acusación, frío de repente, como un carámbano.
Goku analizó su expresión mejor que la propia Bra, la cual le había dado la espalda corrió hasta él, a su lado. Todo quedó claro entonces: Broly estaba solo, y Bra había cambiado de bando guiada por la desesperación familiar. Goku no tenía tiempo que perder, al borde de sus propios nervios, pero se preguntó cómo reaccionaría el guerrero legendario al verse en la soledad más absoluta una vez Bra no estuviera a su lado. ¿Había una mínima posibilidad de que cambiara de parecer? En otros momentos Broly se habría quedado para asegurarse de ello, pero no después de todo lo que había vivido.
Esperó unos segundos, los justos mientras se llevaba dos dedos a la frente muy despacio, rodeando el cuerpo de la chica con un brazo.
Esperó...
Y Broly, en el último momento, no sin apretar los dientes, reaccionó.
—¡Medio humana! —gritó. Goku sintió cómo los hombros de la chica se encogía en estremecimiento, y también notó cómo escondía parte de su cara en su propio brazo, sin mirarle a los ojos. Pese a esa muestra de rechazo, Broly habló; palabras muy distintas de las que Goku esperaba oír—. Hace unos momentos te dije que mi mente y mis sentimientos tenían un límite; ve a por tu familia y lo habrás cruzado.
Goku no tenía ni idea sobre qué habían hablado momentos atrás, pero era obvio que Broly le estaba dando un ultimatun a la joven, y por la manera en la que sus dedos estrangularon su gi, era de los graves.
Bra se mordió el labio inferior con el corazón hecho tripas.
—Si me voy, me odiarás, ¿no? —cuestionó ella, y aunque Broly no respondió, Bra ya conocía la respuesta—. No quiero ser tu emperatriz ni nada tuyo si mi hermano o mi padre tienen que morir a cambio, así que ódiame o haz lo que tengas que...
—Bien —él la interrumpió. Personalmente, aunque Goku no conocía a Broly lo suficiente como para sacar conclusiones precipitadas, el tono usado y su aparente desdén y falta de interés le parecieron la máscara más vieja y sobreprotectora que pudiera tener. Estaba salvaguardando sus propios sentimientos con esa inhumana muestra de conformismo, pero Bra no pareció notarlo.
O quizás estaba demasiado acostumbrada como para querer soportarlo.
—Como dicen los humanos, nuestra relación acaba aquí.
No hubo nada más.
Goku pensó que debía intervenir, porque algo muy fuerte se estaba rompiendo entre esas dos personas, algo tremendo que casi podía palpar, pero mucho más en Broly que en Bra. La muchacha estaba perdiendo parte de su nuevo ser, de esa madurez y nuevo camino que había tomado al conocerle junto a unos sentimientos tan puros como descabellados, tan ilógicos como cualquier amor en periodo de crecimiento.
Él, por su parte, estaba perdiendo la humanidad que había reunido en esos meses, mucho más de lo que había conseguido en toda su vida. Esa era su última oportunidad, y el rencor del pasado estaba destrozando su futuro. Era el que perdía más, pero no parecía importarle.
Pudo ver algo descabellado en ambos, tan grande era su estupor y lo que veía creciendo entre los dos: era como ver a Vegeta y a Bulma separados en sus inicios, destruyéndose antes de crear nada nuevo. Se estaban perdiendo y eso le apenaba.
—¿Estás seguro de lo que haces, Broly? Sé que lo has pasado muy mal, pero piénsalo bien. Nosotros siempre tenemos los brazos abiertos, y Bra te quiere. No es tan malo ser uno de los nuestros; incluso Vegeta lo hizo y creo que puedo decir que ni siendo rey podría estar más contento. Ya tienes medio camino hecho... todavía puedes tener la familia que perdiste. Nosotros... ¡incluso nosotros podemos ser una familia para ti! —Broly escuchó ese discurso sin dar muestra de compasión o interés. Pese a ello, al oír esa última sugerencia, su cola acabó estrellándose con el tronco de un árbol cercano en gesto de irritación con un latigazo.
Goku nunca se rendía, y menos aun después de todo lo ocurrido. Recordó las palabras de Chichí cuando, días atrás, estuvo a punto de rendirse, y quiso seguir hablando y no moverse de allí hasta convencerlo, pero un nuevo latigazo mental los sacudió a ambos, solo que esta vez no venía de Gohan.
Trunks... algo había ocurrido con él.
—¡Vámonos de una vez! —gritó Bra con voz sollozante, histérica—. ¡Da igual lo que le digas, no lo convencerás nunca! ¡Es un egoísta! —la expresión de Bra estaba desencajada en contención de las lágrimas cuando Goku se decidió y llevó dos dedos a su frente. Antes de desaparecer, los ojos de los dos amantes se cruzaron. De repente, las miradas tiernas se habían tornado rencorosas y recriminatorias.
La demostración más palpable de que del amor al odio solo había un paso estaba allí, en ese claro de bosque en el que, instantes después, solo quedó una persona.
(12:07)
Periferias de Capital del Este, zona superviviente de la explosión.
El pánico reinaba en cada rincón de la ciudad, lo bastante grande como para que este provocara estragos importantes. Aunque la onda expansiva, gracias al cuerpo de Gohan, no se había extendido más de unos metros, el humo había llegado allí, y las cenizas entraban en los pulmones de las personas haciendo que el ambiente fuera completamente inhabitable. La Capital del Este, en cuestión de segundos, resultó ser caótica y mortífera, y las personas que podían caminar rompieron en estampida general sin orden ni concierto. Muchas de ellas se habían quedado tan sordas como Gohan por el sonido, y los heridos eran incontables, no siempre a causa de la explosión, sino por la naturaleza humana que egoístamente intentaba sobrevivir sin tener en cuenta su humanidad para con los demás.
Era la ley de sálvese quien pueda y dejen al resto a su suerte.
La gente huía sin importar a quien se llevase por delante en una batalla de unos contra otros por la supervivencia, y de esas hormigas que oían entre llantos histéricos solo quedarían unas pocas.
Las personas no tenían tiempo para prestar atención a la criatura maldita que había provocado todo ese caos, la cual emergía del humo de la zona cero y volaba a toda velocidad hacia allí con parte del cuerpo ensangrentada debido a la paliza recibida antes y después de la explosión. Lo que quedaba de su cola zigzageaba en el aire. Furioso, inmerso en una persecución de la que intentaba escapar a como diera lugar al verse atrapado, vislumbró la muchedumbre humana y pensó que podría repetir la estratagema que ya le había salido bien una vez. Sin más, descendió a toda velocidad y, antes de que Trunks, saliera de entre el humo, su cuerpo ya viajaba entre los histéricos humanos, confundiéndose entre ellos sin una posibilidad de ser encontrado.
Era como buscar una aguja en un pajar.
Benkas, tranquilo al saberse a salvo, dejó de volar y empezó a andar entre el histerismo colectivo. Una vez camuflado solo tenía que buscar un hueco y salir de allí fuera de la mirada de halcón de Trunks. Luego volvería a la nave y esperaría a que todo se fuera de control sentado en una cama mullida mientras calmaba el dolor punzante de su masacrada cola.
Quizás le había costado un poco más, pero todo había salido bien y según su plan.
Excepto porque no contaba con que Trunks Perfecto fuera ahora Trunks de Pesadilla.
Notó cómo algunas personas se paralizaban y giraban la cabeza hacia el cielo, rompiendo el caos inicial, y Benkas, sorprendido por el cambio repentino, giró con ellas. Inmediatamente, sus ojos se desorbitaron y sus pupilas se dilataron. El sudor verdoso de su raza descendió por su cuello.
No puede ser...
Trunks, flotando en el cielo con la mano extendida hacia la muchedumbre, cargaba una esfera de luminoso ki para nada deleznable.
No será capaz, esto está lleno de humanos y ellos protegen a los humanos. Es un farol.
Sí, quizás para el otro Trunks lo fuera, pero el Trunks de Pesadilla no estaba en absoluto atado a las limitaciones de la débil mente humana de su perfecto otro yo. Él era la parte saiyajin, y los saiyajines habían exterminado tantas razas... En aquellos momentos, él era la herencia genética de una raza de animales destructivos y sin escrúpulos. Y Goten, el bueno de Goten, el único que podía detenerlo había sido asesinado por las manos del propio Benkas.
Sin saberlo, el boburriano había cavado su propia tumba.
La esfera de ki salió disparada hacia la muchedumbre entre la que Benkas se encontraba y, en cuestión de segundos, cientos de humanos desaparecieron del mapa sin la menor muestra de represión por parte de su atacante. Cuando el Trunks Perfecto despertara se odiaría a sí mismo hasta el tuétano de los huesos, pero mientras Trunks de Pesadilla estuviera ahí, siempre habría una parte de él que sería indiferente ante lo ocurrido entre los humanos.
La perfección tenía un precio muy alto, y su otro yo, masoquistamente, lo sabría de primera mano gracias a ese parásito malvado.
Benkas ascendió tan rápido como pudo, quedando al descubierto, huyendo de esa bomba brutal en la que no había habido la menor contención. No le dio tiempo a huir como tenía planeado, ni a camuflarse entre el humo. La espada de Trunks, en toda su gloria y euforia, cayó sobre él como una losa y Benkas apenas pudo hacer interceder su espada de braummuro entre ambas. La fuerza del saiyajin era tan prodigiosa dado su enfado, que daba igual cuánto entrechocaran y la habilidad que poseyera el otro sobre su arma; siempre acababa siendo lanzado varios metros atrás y, cuando volvían a la carga, solo Benkas cedía.
Benkas había estado en situaciones peliagudas pero ninguna como esa.
Le rozaba con cada ataque y la piel de Trunks quemaba y se tornaba rojiza y sangrante ante su paso, pero él nunca daba muestras de dolor, solo de masoquista emoción. Estaba tan colérico, dejaba tantos puntos débiles al descubierto, que era sencillo atinar, pero no hacerlo perecer. Cada vez que le daba, Trunks se volvía más violento y no atendía a razones.
Finalmente, después de muchos temblores de manos, Benkas consiguió tomar eso a su favor.
La espada que había sido de Tapión rozó la mejilla del boburriano y le abrió un tajo hasta la oreja; había dejado abierto ese hueco adrede para incitar un movimiento en el que Trunks atacó hacia arriba, quedando indefenso de brazos para abajo, algo que Benkas aprovechó para afilar su espada desde el pectoral derecho al costado izquierdo. Trunks se dio cuenta de sus intenciones, pero para cuando lo hizo, el filo de la espada ya había cercenado la estructura de su piel. No hubo sangre, por supuesto, solo la quemadura y el dolor intensísimo que, por un instante, le detuvo.
Ambos se volvieron y sus espadas entrechocaron, por primera vez en igualdad de condiciones. Se observaron tan de cerca, que podían sentir el aliento contrario.
—¿Es que no te das cuenta, chico? Yo ya he ganado. Me derrotes o no, tu amigo no volverá a la vida y su hermano no recuperará su brazo. El hombre que le hizo eso a mi hijo tampoco podrá volver a pelear, y tú estás tan tocado que tampoco te recuperarás por mucho tiempo que pase. Esto ha acabado. ¡Acabó hace mucho y no cambiará me liquides o no! ¡YA HABÉIS PERDIDO!
Trunks acompañó su grito con más rabia, y su pierna, a pesar del escozor que le provocó encoger el estómago, acabó en el estómago de Benkas pateándolo hacia abajo. El boburriano salió disparado, pero logró recuperar el equilibrio y efectuar un nuevo mandoble que golpeó la empuñadura de la espada del saiyajin. Trunks soltó la espada, que cayó dejándolo desprotegido, pero no fue a por ella.
Fue a por Benkas.
Se precipitó sobre él como una pantera y lo arrastró hacia abajo, contra el suelo. Ambos se arrastraron varios metros, levantando el asfalto que se había librado de la explosión, lo poco que quedaba de las carreteras agrietadas, atravesando cristales y columnas sin descanso hasta que, por fin, la potencia del ataque se redujo a la nada. Cuando el boburriano perdió el aliento por el golpe de su espalda contra rocas y cenizas, Trunks agarró la mano con la que sujetaba su espada y la golpeó repetidamente contra el suelo. Benkas luchó por mantenerla, y Trunks, cansado de florituras, clavó los dientes en su muñeca hasta que la oscura sangre empañó sus encías y la carne azul quedó entre sus dientes.
Las artes marciales ya no estaban en sus movimientos, sino el más puro instinto animal.
Desgarró su muñeca como un sabueso, golpeó su cara repetidas veces con el puño mientras Benkas trataba de quitárselo de encima con una única mano. El golpe telekinético le dio por fin, como si le dieran una docena de bofetadas en la cara, y el saiyajin fue empujado hacia atrás poco a poco; sus pies se anclaron en el suelo para no ceder. Finalmente, al sentir que con cada empujón hacia atrás solo conseguía que Trunks se llevara su propia muñeca con él, pegado como una lapa, clavándole los dientes hasta el hueso, Benkas no pudo soportar más el peso de la espada tras un último forcejeo telepático.
El arma voló hasta situarse a varios metros detrás de Trunks, y Benkas quedó desarmado cara a cara con el descontrol de ojos turbios y rojizos que, despiadadamente, escupió su muñeca e inició una secuencia de fortísimos golpes contra su mandíbula que el boburriano logró esquivar agitando el cuello y elevando un muro telekinético que provocó que los nudillos de Trunks golpearan algo similar a roca pura.
—¡Suéltame ahora mismo, jodido animal! —exigió. Trunks, lejos de hacerlo, insistió en los golpes contra el muro que cubría la cara del boburriano. Sus golpes eran precisos y tan brutales, que no tardarían en echar el muro abajo y Benkas, desesperado, intentó clavarle el aguijón de su cola.
Maldijo a Gohan al recordar que ya no tenía cola.
—¿Crees que no sé lo que queréis hacer? —habló Trunks por primera vez. Sonaba tan desquiciado como destrozado—. Goten solo fue el principio. ¡Habéis venido a matarnos a todos, a aniquilar a nuestra raza! ¡Bra solo es una excusa! —el muro telekinético empezó a resquebrajarse. Los ojos de Benkas brillaban en desesperación con cada golpe—. ¡Este es mi planeta y nadie va a tocarlo! ¡Nadie va a aniquilar a mi raza, NADIE! —entonces, cuando los nudillos que golpeaban el muro invisible que protegía la cara de Benkas empezaron a abrirse dejando ver la carne ensangrentada, algo cambió en los ojos rojizos y empezaron a volver a su azul natural, todavía rabioso—. ¿POR QUÉ LO MATASTE? ¡NO TENÍAS NINGÚN DERECHO, NO A GOTEN, NO A GOTEN, NO A GOTEN! —y ahí estaba, muy diferente al otro Trunks, dando la cara el hombre que quería ser perfecto tras el azul de sus ojos ahora lluvioso, mojado, empapados en lágrimas que se bamboleaban con cada sacudida para dar un golpe más.
Benkas vio su oportunidad entonces, clara como sus mirada. Sus ojos dieron con la espada de braummuro y sus dedos se doblaron en un gesto claro hacia ella, apenas vigilante del muro que casi roto.
—¡Monstruo, asesino! —entonces, con un último puñetazo, el muro telekinético se hizo trizas.
Podría haberlo matado en ese único segundo que quedó desprotegido, y el Trunks de Pesadilla sin duda lo habría hecho... pero ya no era él. Movido por sus sentimientos, él también quedó desprotegido y no atacó una vez más. Se detuvo, a punto...
Y por fin, las palabras que no se había atrevido a decirle en su día por orgullo, en la hora de su muerte, salieron de entre sus labios.
—Yo... —tartamudeó, hipó, sollozó—... Yo le quería más que a nada en el mundo...
Entonces Benkas encogió los dedos índice y corazón llamando a su espada, que guiada por su telekinésis, se alzó de inmediato y voló, atravesando de lado a lado el pecho de Trunks por la espalda justo en el mismo lugar en el que había atravesado a Goten cuando lo asesinó.
Los ojos de Trunks quedaron abiertos de par en par, inclinado hacia adelante, perfectamente azules.
Solo sangre salió de su boca, igual que Goten antes de morir.
(12:09)
Zona cero. Capital del Este.
Gohan luchaba por no quedarse dormido. Sabía cuáles serían las consecuencias si lo hacía, pues en su estado, con una perdida de sangre tan grande, dormir sería el equivalente a no despertar nunca, a morir. Estaba en un gran problema entonces, porque la acumulación de humo estaba fastidiándole los pulmones y no veía la hora de cerrar los ojos.
Estaba somnoliento.
Intentó levantarse otra vez a sabiendas de que debía ponérselo fácil a Vegeta para cuando apareciera, aunque lo más seguro era que fuera a por Trunks, cuya energía se había distorsionado de repente. Gohan quería mucho a Trunks, especialmente al del futuro después de lo que habían pasado juntos contra los androides, pero aunque intentara ayudarle no podía ni con su propio cuerpo.
Ahora mismo solo quería dormir y ver a Pan y a Videl aunque fuera en sueños, asegurarse de que estuvieran a salvo y nada les ocurriera. Pensó también, en un arrebato de nostalgia, en Chichí y en su padre, cerca, acurrucándolo en ese hogar que había disfrutado durante tan poco tiempo, en ese intervalo de paz entre su nacimiento y los cuatro años de edad, y también en esos tres años antes de los androides. Después, aunque su padre hubiera vuelto a la vida, ya no era lo mismo. Ya no era un niño al que había que acunar y proteger.
Pasó de ser el protegido a ser el protector demasiado pronto, de eso no había duda.
Nunca había querido recabar en ello porque respetaba demasiado a su padre como para hacerlo, pero le hubiera gustado tanto tener una infancia normal, como la de Goten como mínimo.
Le hubiera gustado mucho.
Y Pan tendría que pasar por lo mismo si él moría ahora. Viviría lo mismo, las mismas batallas, los mismos sacrificios, los mismos entrenamientos sin descanso, la misma paz interrumpida, la misma necesidad de proteger y pelear aunque no quisiera, el mismo peso, la misma carga... el universo en sus manos.
No podía morir allí. No podía dejar eso en unos brazos tan delicados.
Todavía es una niña... Todavía es mi niña...
Gohan se arrastró entre las cenizas. Los ojos le lagrimeaban no solo producto de los intensos sentimientos, sino también por el humo que empezaba a hacerle toser y a asfixiarlo. Con cenizas hasta en la nariz, hundió su único brazo en el terreno poco firme e hizo el mayor esfuerzo por levantarse, incluso sin equilibrio por la perdida auditiva y, posteriormente, visual.
Dejó de ver en cuanto se levantó, cercano a la inconsciencia más profunda. Ciego y sordo, se hundió en la oscuridad solo con un brazo para guiarlo entre la bruma.
No pudo alzar el vuelo. Cayó en cuanto dio dos pasos, pero los brazos firmes de una tercera persona lo sostuvieron como no lo habían hecho en decenas de años. Pese a ello, incluso en la inconsciencia, ciego, sordo, manco... pudo reconocerlos.
—Papá...
Aunque él no pudo oírse hablar a sí mismo, Goku sí lo escuchó. Gohan sintió el pecho de su padre hinchándose contra lo que quedaba de su brazo, y también notó su barbilla apoyándose sobre su frente, pero no notó la humedad en la parte izquierda de su cara, sin la menor sensibilidad.
—No... —dijo Bra, pero Gohan no sabía siquiera que estaba allí. El estómago y el corazón de la joven dio un vuelco y tuvo ganas de vomitar, no de repelencia, sino de impotencia y rabia, de puro dolor al ver el destrozo. Sus manos rompieron a temblar al igual que el cuerpo de Goku, pero por razones muy distintas.
Quería pelear como no lo había deseado en su vida.
No, no quería pelear.
Quería matar.
Un gemido salió de su boca, más animal que humano, insonoro, puro grito gutural.
Los tres sintieron a Vegeta cruzando el cielo sobre sus cabezas, pero solo dos vieron el resplandor de su ki atravesando el humo y viajando más allá de ellos, hacia el lugar donde estaban Trunks y Benkas concretamente. A Bra le hubiera gustado ir tras él, pero fue consciente del estorbo que supondría, sobre todo después de enterarse de que los boburrianos estaban allí, en parte, por su causa, buscándola a ella.
Se acercó a Goku, que abrazaba a Gohan con la mejilla hundida en la suya. Cuando se apartó para mirarla, su barbilla estaba manchada de sangre y sus ojos eran un pozo de odio y represión; un pozo cargado de agua. Bra no podía ni imaginar su impotencia, así que al igual que él, odiando a los boburrianos con todas sus fuerzas por herir a las personas que más querían, hizo de tripas corazón y se limpió las lágrimas, reprimiendo el recuerdo de su último adiós para Broly.
—Vayamos a casa.
(12:10)
Periferias de Capital del Este.
—Maldito cabrón, casi me matas —Benkas se revolvió bajo el cuerpo inerte de Trunks. El saiyajin, nada más recibir el golpe de la espada, se había quedado paralizado con la boca entreabierta y los ojos entrecerrados, de rodillas sobre él, con los brazos colgando en peso muerto a ambos lados de su cuerpo. La punta de la espada de braummuro rozaba el estómago de Benkas, empapada en sangre que se evaporaba poco a poco. Si no había muerto de inmediato, poco le faltaba. Ya ni siquiera tenía pensamientos.
Benkas intentó salir de debajo de su cuerpo entre gruñidos, ofuscado tras semejante paliza. Aun así, la satisfacción seguía presente al ser consciente de que había ganado.
O eso creía.
Tengo que volver antes de que lleguen los demás. Tengo que volver...
Benkas notó el leve movimiento en los dedos de Trunks y se quedó quieto, observando, convenciéndose a sí mismo de lo imposible que eso era. Le había dado justo donde le dio a Goten y eso había bastado para matarlo. Pero Trunks no era Goten; no se parecía ni remotamente a él.
Los ojos azules brillaban sobre el boburriano cuando la boca de Trunks se abrió todavía más. Benkas pensó que iba a vomitar sangre, pero cuando su lengua emergió muy despacio entre sus labios, como un gato relamiéndose los bigotes, regodeándose en su leche, casi lujuriosamente, vio algo en ella, mostrándoselo en una mueca burlona, sarcástica.
En la punta de la lengua tenía una semilla del ermitaño.
Benkas desencajó la cara cuando Trunks cerró la boca y tragó, sin masticar, en un movimiento que no suponía el menor esfuerzo en su situación. Vio la nuez, pérfida bajada hacia su estómago, agitándose cuando la semilla pasó por ella. Vio sus ojos, que dejaron de ser de ese azul puro para tornar a ese color rojizo tan desagradable. Vio sus dientes tornándose en una sonrisa clara. Vio su muerte... antes de que los puños del Trunks de Pesadilla, aun con la espada de braummuro incrustada en sus entrañas, iniciaran la secuencia de golpes contra su cara que Benkas, esta vez, no pudo detener.
No fue rápido, ni mucho menos, pero sí innecesariamente brutal de modo que, en medio de esa espiral sanguinaria, de esos gritos entrecortados pero satisfechos por parte de Pesadilla, solo quedó una duda ante tanto salvajismo.
¿Quién era el auténtico villano de tanta destrucción? ¿Quién era el animal en esa morbosa necesidad de sangre? ¿Quién era el monstruo ahora? Porque cuando un enemigo ya no puede levantarse, deja de ser un enemigo, y esa era la primera regla de todo lo que eran los Guerreros Z, una regla que Trunks rompió... y siguió aunque el boburriano ya no pudiera alzarse.
Siguió, siguió, siguió, siguió, siguió...
Describir la explícita imagen estaba fuera de lugar. Solo queda mencionar que cuando Vegeta agarró a su hijo por la espalda y lo zarandeó alejándolo de Benkas, él estaba fuera de sí.
—¡Suéltame, tengo que acabar con él! ¡Quiere aniquilar a mi raza, quiere aniquilarnos a todos, tengo que matarlo!
—¡Ya está muerto, Trunks! —detuvo el alocado pataleo que había empezado a llevar a cabo en el aire, luchando por volver a por el cuerpo (la mancha) indeleble entre los escombros. Vegeta lo soltó en cuanto recuperó la calma, justo cuando sus ojos volvieron a ser puramente azules.
La mancha estaba allí, irreconocible, testigo de sus crímenes, muerta...
...como Goten.
Vegeta no se equivocaba al decretar esa ocasión como la primera vez que su hijo se comportaba como un crío en toda su vida, uno de verdad, no ridículamente maduro en un intento desesperado por alcanzar a Mirai Trunks. No había tenido tiempo de llorar la muerte de Goten, solo de enfurecerse y de jurar venganza por ella, y ahora que la había conseguido no había nada. Goten seguía tan muerto como cuando lo mataron, y Trunks no estaba aliviado en absoluto.
Se abrazó a su padre entre gritos y llanto y Vegeta adoptó la actitud estoica que mantuvo a antaño. No lo agarró cuando Trunks cayó de rodillas al suelo, abrazado a una de sus piernas mientras gritaba. Vegeta había vivido esa escena muchas veces como para no saber que necesitaba ese desahogo sin interrupciones, así que no se movió ni dijo nada, encarnación de frialdad como el rey de los saiyajins que era.
Como padre, lo siguió y se mantuvo a su lado durante las horas siguientes con la procesión por dentro, a sabiendas de que si Goten no volvía a la vida, podía considerar a su hijo tan muerto como él.
(18:54, tarde-noche)
Corporación Cápsula
Bra estaba en el patio, nerviosa, a la espera. Estaba tan preocupada porque Trunks y Vegeta no hubieran vuelto a casa todavía que los pensamientos sobre Broly casi habían desaparecido. Sabía que estaban bien por cómo los sentía, pero si todavía no estaban allí era por algo. Tal vez Trunks había roto con sus sentimientos por fin y su padre lo mantuviera lejos para intentar calmarlo, o tal vez estuviera tan herido como Gohan. El estómago se le revolvió pensando en ello.
El recibimiento no había sido cálido, sino alterado y errático. Nadie se había dado cuenta de su presencia al entrar por la puerta que daba al laboratorio de Bulma para que Chichí y Videl no entraran en shock. Le dieron a Gohan una semilla del ermitaño y llamaron al médico de inmediato. Antes de que llegara, su madre fue a hablar con Chichí y con Videl, pero otra persona se adelantó a los acontecimientos.
Todavía podía ver el rostro de Pan cuando entró en la sala de repente, sin ser invitada, con las heridas todavía frescas y la cara sin vendar de Gohan. Gritó llamando a su padre, creyéndolo muerto, y Gohan tardó en darse cuenta de que estaba allí porque se había quedado completamente sordo. Salió corriendo antes de que Goku pudiera hacer amago de calmarla, y su padre entró en un estado de shock hipovolémico. Para cuando llegó el médico, ya estaba inconsciente, y fue un alivio.
No tuvo que ver las reacciones de Chichí y Videl cuando lo vieron.
Bulma estaba al lado de Bra en el jardín, esperando. Fumaba cigarrillos uno tras otro sin descanso. Poco más allá, A-18 y Marron esperaban sentadas en el porche, la segunda con la cabeza hundida entre las rodillas.
—¿Qué le pasa a Marron? —preguntó la joven, más por esquivar el tema de su familia que porque de verdad le interesara.
—Trunks la noqueó esta mañana antes de irse para que no dijera nada. Se despertó a la una del mediodía, mucho después de todo lo que ha pasado; creo que se siente culpable por no habernos avisado antes, y también está muy preocupada por tu hermano —Bulma dio una nueva calada a su cigarrillo. Tenía los ojos hundidos y rojos. Bra juraría que había estado llorando, o quizás estaba a punto de hacerlo, reprimiendo las ganas para cuando llegara Vegeta.
—¿Me dejas? —preguntó. Bulma, liberal y muy agobiada, le cedió el cigarrillo a su hija. Bra le dio una calada profunda antes de empezar a toser y devolvérselo con asco. Bulma rió sin fuerzas.
—¿Cómo está Broly? —el rostro de Bra se encogió.
—Hemos roto —decretó, y otra vez, Bulma rió.
—Si me dieran un zeni por cada vez que tu padre y yo hemos roto, sería el doble de rica de lo que soy ahora.
—No es broma, mamá. Esta vez ha sido definitivamente. Es un egoísta y no quiero tener nada que ver con él.
—Así que rechaza nuestra petición de ayuda...
—Sí. Ni siquiera le importa cómo yo pueda sentirme al respecto... ¡mono estúpido, le odio! —Bulma forzó la sonrisa. A pesar de lo mal que la había tratado cuando se vieron a solas por primera vez, Broly no le caía mal; su carácter le resultaba cercano al de Vegeta, y también algo infantil y simple en comparación con Goku. Era imposible que no le suscitara cierta ternura masoquista—. Ahora me preocupan más Trunks y papá, sobre todo papá. Quiero pedirle perdón por todo esto, pero si se pone muy burro y orgulloso no sé cómo reaccionaré. Siempre acabamos saltando y peleándonos.
—Bueno... tu padre ha estado muy irritado estos últimos días. ¡Estaba insoportable y cuando te mencionábamos gruñía! Le has decepcionado mucho con esto, pero si los hijos no decepcionaran a sus padres de vez en cuando, no estarían creciendo adecuadamente —Bra suspiró ante el apoyo de su madre, feliz de que por lo menos una única persona la entendiera.
El ki de Vegeta y Trunks palpitó muy cerca de ellos, a muy poca distancia. Bra elevó la mirada al cielo, tensa, cuando vio la estela blanquecina descendiendo de entre las nubes para aterrizar en medio del jardín. Marron se levantó del porche con la vista fija en una única persona. Bulma corrió hacia ellos mucho antes de que sus pies dieran contra el suelo, y Bra la siguió de cerca. La madre se colgó del cuello de su primogénito en un gran abrazo, sin fijarse si quiera en sus inexistentes heridas, pero sí en la ropa ajada, manchada de una sustancia oscura y la cara demacrada, agotada.
—¿Estás bien, cariño? ¿Estás herido? —Trunks negó con la cabeza sin una palabra. Era una sombra de lo que había sido lo que quedaba de él.
Marron se acercó, pero para no interrumpir el ambiente familiar y recordando las palabras que le había dedicado esa misma mañana, se abstuvo de ir a por él aunque estuviera deseando abrazarle.
—¿Bra? —Trunks la llamó, sorprendido al verla. Su hermana sonrió, y pese a todo lo ocurrido ese día, esa vez fue sincera. Casi pudo ver una mueca de alivio en el rostro hundido de su hermano.
Pero no todo era alegría en ese reencuentro familiar.
—¿Qué demonios estás haciendo tú aquí? —Vegeta desprendía furia por cada poro de su piel. En un primer momento, su corazón había latido en agradecimiento al ver a su hija de vuelta en casa, pero poco duró esa sensación, solo hasta que recordó por qué se había ido. Bra quedó estática, sin saber qué decir. Esperaron, tensos, a que uno de los dos diera el paso para reconciliarse, pero solo Vegeta actuó, y no de la manera adecuada—. Largo de aquí.
—¡Vegeta!
—¡Tú no te metas en esto, Bulma! —la mujer, enrabietada, abrió la boca para replicar, pero Vegeta no le dio tiempo para interceder—. Te dije que si salías por esa puerta no volverías a entrar. ¿Crees que no hablaba en serio? ¿Crees que puedes dejar a tu familia en vilo cuando te convenga y volver cuando te dé la gana? ¡No, no puedes! ¡Si tienes algún problema cuéntaselo a ese maldito animal que tienes por pareja, y ahora largo de mi casa!
Nuevamente, Bra se vio mermada por la ferocidad de su padre. Sus piernas temblaban, no de temor, sino de tristeza y arrepentimiento por todo lo que había causado. Tuvo grandes ganas de replicar, y aunque se recordó a sí misma todo lo que Vegeta había hecho por ella en secreto, a expensas de todos, no pudo cerrar la boca en defensa de sus propios intereses.
Aunque todo había acabado mal, seguía sin arrepentirse de haber estado con Broly.
—¡No, no voy a irme, papá! ¡Ni siquiera sé por qué te molesta tanto! Si me hubieras explicado desde el principio por qué no querías que entrenara, ¡nunca habría revivido a Broly! ¡Así que la situación actual también es tu culpa! —Vegeta reculó, pálido. Bra, empujada por esa pequeña victoria sobre la conciencia de su padre, se inclinó hacia adelante con los brazos en jarras—. ¿Por qué no me dijiste lo de mi ki? ¡Tendrías que haberlo hecho, no soy una cría, lo habría entendido!
—¡KAKAROTTO! —Vegeta gritó, crispado y brutalmente ofuscado. Gritó de nuevo a la espera de que Goku saliera de casa para romperle la mandíbula por haberse ido de la lengua, porque obviamente no podría haberlo hecho ningún otro.
—¡No esquives mi pregunta, papá! ¿Por qué no me dijiste nada?
—¿¡Habrías dejado el asunto en paz si te lo hubiera dicho!?
—¡Por supuesto que no!
—¡Claro, porque eres tan jodidamente cabezona como tu madre!
Los gritos hacían eco por el jardín y también en los interiores de la casa. En cuestión de segundos gran parte de los invitados estaban fuera, ya nerviosos de por sí por los sucesos acaecidos eses día. Sabían que habría una gran discusión cuando Vegeta llegara a casa, pero no esperaban que empezaran a dar voces a diestro y siniestro. Goku se imaginó a qué se debían los gritos de Vegeta llamándolo, y supo que estaba en problemas, lo que le hizo desear escaquearse del asunto, pero aun así salió al jardín con el resto arrastrado por los acontecimientos de los que él era culpable, y achacó con las consecuencias para evitar males mayores.
—¡Te dije que cerrarás la boca, Kakarotto! —le gritó el príncipe, y el saiyajin menor puso los ojos en blanco.
—¡Tuve que hacerlo, pensé que Broly accedería si se lo decía!
—¿Decir qué? —preguntó Bulma.
—¿Otra vez secretos? ¡Después de lo que ha pasado con Gohan más vale que sueltes todo de una vez, Vegeta! —exclamó Ten Shin Han.
—¡No tengo nada que decir salvo que mi hija está fuera de esta mierda! ¡Lárgate de una vez con ese animal sobrecrecido y no vuelvas por aquí!
Vegeta estaba cada vez más nervioso al ver a la pandilla de humanos e híbridos que los rodeaban. No soportaba que nadie se metiera en sus temas familiares, y mucho menos si corría el riesgo de no llevar la razón en el asunto. Pese a todo, no cedió, dándoles la espalda para encarar a su hija, negándose a recurrir a la violencia una vez más pese a los deseos que sentía de ello.
Bra ahogó esos deseos en cuanto volvió a abrir la boca.
—¿Es eso lo que tanto te cabrea, papá? ¿Que me fuera con él en lugar de contigo? ¡Pues puedes estar tranquilo porque ya no hay nada entre nosotros! ¡Broly y yo hemos acabado! ¿ESTÁS CONTENTO AHORA? —Vegeta calló, conteniendo las ganas de darle una bofetada a su hija por hablarle de ese modo. No dijo nada al respecto, en parte porque vio el puchero inevitable de Bra, su barbilla arrugada, sus ojos húmedos y decidió que había tenido bastante. Estaba a punto de ponerse a llorar, y Vegeta, para bien o para mal, siempre había tenido debilidades en lo referente a sus emociones. Seguía enfadado, mucho, pero que ella renegara de su bestial amante ya era un gran paso hacia la normalidad y la restauración de su tocada familia.
Lo habría sido.
Todo pareció calmarse durante unos segundos, lo que Bra tardó en contener sus emociones, pero de pronto el rostro de Vegeta se endureció más aún, su vello se erizó y sus dientes se apretaron.
—Eres una mentirosa, niña —Bra frunció el ceño tras limpiarse las lágrimas que habían logrado escaparse con el dorso de la mano. Su padre la escudriñaba con desprecio ciego—. Si habéis acabado... ¡¿Por qué demonios lo has traído contigo?!
Entonces, su corazón se detuvo. Y no fue el único. Las personas que los rodeaban, incluido Goku, dejaron ver su perplejidad en cada una de sus facciones. El viento que sacudió su pelo azul no era en absoluto cálido, sino frío como aquella lejana vez, tan remota ya, que apareció entre la oscuridad del bosque.
Bra se giró con ojos cristalinos.
Los pies de Broly dieron contra el suelo del jardín, aterrizando tras el descenso por el vuelo; sus brazos cruzados, a la defensiva; su tosquedad, su rudeza en cada músculo, su molestia e irritabilidad... pero también su parsimonia y tensión, su pasividad. Cada uno de los presentes tuvo una reacción que variaba entre la mudez y el miedo más extremo, a la sorpresa y algo semejante al orgullo al imaginar por qué ese tosco ser se encontraba allí.
Solo podía haber un motivo, y si fuera el de matarlos a todos, ya lo habría hecho.
Bra apretó los labios entre el silencio, a punto de llorar. El día que se conocieron le pareció un titán devastador y bruto, una imagen que se había ido deformando con el paso del tiempo, pero que ahora volvía a aparecer en su cabeza, humanizado, pero altivo. Su cara era mármol helado, inexpresión que gritaba cuidado por cada poro, animal peligroso. Todos lo vieron y leyeron adecuadamente esa señal remarcada por el ceño fieramente arrugado y los labios fruncidos, lo que les hizo retroceder y apegarse más unos a otros, concienzudos y protectores en referencia a lo que se estaban jugando frente a ese monstruoso hombre. Era curioso que solo contadas personas pudieran ver el potencial de su significante aparición, ysolo una de ellas se atrevió a dar un paso al frente, con los brazos abiertos.
—¿Has cambiado de opinión? —preguntó Goku, esperanzado a más no poder.
Broly guardó silencio, analizando a cada uno de los presentes, viajando de cabeza en cabeza, desde el temor de Oolong, la protección de A-18 sobre su familia, hasta la cólera de Vegeta. Luego la miró a ella, llorosa, ansiosa por tocarlo sin creerlo en absoluto. Los ojos de Broly eran herméticos, no dejaban ver nada. Los de Bra lo mostraban todo como un libro abierto, la única auténticamente feliz de verlo allí, idealizando lo imposible de idealizar, la monstruosidad del guerrero legendario.
Tan entusiasmada estaba, que ni siquiera sospechó lo que podría estar pasando por su mente, quizás algo no tan grato como podía creer.
—Tenemos un enemigo en común —declaró por fin, con desdén y soberbia—, pero eso no cambia nada —aseguró, acabando con un gruñido claramente amenazador.
Y, por fin, una buena noticia; el guerrero legendario estaba de su parte.
Goku suspiró en gozo, aunque los demás sintieran más miedo que alegría. Ninguno se fiaba, pero la tregua ya había sido hecha, al menos hasta que los boburrianos desaparecieran. Vegeta temblaba de furia, y no era el único. Broly y él se miraban con un grado nuevo de intensidad en el camino del odio, reprimiendo sus ganas de sacarse los ojos con las manos.
A pesar del creciente júbilo, solo Bra se atrevió a acercarse a él.
—Broly... —lo llamó. Sus sentimientos estaban a flor de piel, todavía incrédula, ansiosa, llena de agradecimiento y deseos de abrazarse a él para no soltarle. Por fin todo lo malo tenía sus frutos, por fin habían conseguido hacerle llegar algo, una mínima parte de humanidad a su bruto corazón. Le estaba mostrando una parte sensible, prueba de que su sufrimiento no caía en saco roto. ¿Quería decir eso que apreciaba suficiente a Bra como para intentarlo? La muchacha estaba exultante—. Broly, no sé cómo...
Podía esperar muchas reacciones de él; quizás furia por haberlo dejado solo en el bosque, quizás molestia, tristeza, tal vez, muy remotamente, algo de arrepentimiento por su parte. La ternura y las disculpas quedaban lejos para alguien tan brutal.
Lo que no esperaba era la indiferencia.
Broly le dio la espalda, ignorándola como si nunca hubiera habido nada entre ellos, justo como el día que se conocieron.
Entonces ella lo entendió. Todo había acabado entre ambos.
Broly había dado un gran avance hacia la humanidad, pero su relación, tras tantos agobios y peticiones por hacerle reaccionar, prácticamente manipulándolo para obligarle a actuar como el arma que todos veían en él, había vuelto a la nada inicial, tal vez, sin posibilidad de ser retomada.
N.A: sé que he tardado más que nunca en actualizar, pero no os quejaréis. Creo que este es el capítulo más completo de todo el fic, con amor, insinuaciones, algo de risa, pelea y bastante dramatismo, el más largo después del 21. No es de extrañar teniendo en cuenta que quedan 4 capítulos, sí, 4, n como dije. ¡4 Capítulos para el final absoluto de Instinto animal! Esta es la recta final que estoy deseando acabar. No mentiré al decir que el fic me tiene cansada, y también creo que no soy la única, puesto que he notado un descendimiento en los rewiens, lo que me ha entristecido y me ha hecho bajar el ritmo un poco. Supongo que el fic se ha desviado mucho de la trama principal y ya resulta cansino.
Tengo un poco de miedo de que este capítulo decepcione porque me da la impresión de que algunas escenas las he escrito muy rápidas y cambiadas en comparación a las batallas de los 19, 20 y 21, pero había tanto que poner que no me ha quedado más remedio que hacerlo. También temo el ooc (en Trunks, pero tened en cuenta el principio, es el Trunks de Pesadilla!), pero sobre todo temo lo sucedido con Gohan.
Ha sido, quizás, un poco fantasioso lo de la bomba nuclear, lo sé, pero también es muy fantasioso que el mundo entero conozca la existencia de los Guerreros Z y nunca se haya intentado investigar sobre ello o autoproteger el mundo con fuerzas militares muy potentes una vez se sabe que hay seres tan poderosos ahí fuera. Teniendo esto en cuenta, es lógico y para nada disparatado que un enemigo se aproveche de ello, y bueno... hablamos de una bomba nuclear, que en comparación con las capacidades de los saiyajins y de lo que dejan ver en la serie, puede tener una brutalidad muy equiparable a sus ataques con ki, me atrevería a decir que incluso más.
Me he quedado con ganas de describir las reacciones de Chichí, Videl y más detalladamente Pan al ver al pobre de Gohan, pero eso habría alargado el capítulo unas 4 páginas más, y ya es suficiente con casi 50!
Me alegro tanto haber acabado con el terror psicológico de Broly... creo que perder dos capítulos en su pasado ha sido un error por mi parte. Debería haberlo dejado como lo tenía pensado: en principio, cuando Broly cayó en el capítulo 21 por el golpe de Goku, iba a ser apresado de verdad y Bra no iba a llevarlo lejos de ellos, pero decidí que sería mejor así, fallo tonto el mío. Solo he conseguido que los capítulos 23, 24 y 25 sean prácticamente de relleno, pues en principio todo el pasado de Broly iba a descubrirse en el capítulo 23 sin miramientos para dar paso a lo que sucede en este directamente, la batalla entre Benkas, Trunks y Gohan donde hago una especie de "miramiento" hacia la línea temporal de Mirai Trunks.
En fin, hecho queda. Ahora sí estoy en la línea que quería del fic, así que todo a partir de aquí será importante, por donde yo quería tirar desde el principio. La cuestión, después de tantas negaciones, ¿qué es lo que ha hecho cambiar a Broly de opinión tan de repente? ¿Es posible que tenga algo planeado, algo en lo que ni Bra ha reparado?
Para este capítulo he usado varias bandas sonoras como inspiración, entre ellas la maravillosa banda sonora de Shingeki no Kyojin, ideal para las partes más truculentas de la batalla (maravillosa serie, por cierto, que tiene ganado de verdad los incontables premios que está recibiendo. No sé hace cuánto tiempo fue la última vez que vi una serie tan buena)
Vale, no más comentarios. Ahora sí, mil gracias por los rewiens, de verdad. ¡SON MI FUENTE DE ENERGÍA! GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS! y también debo decir que si alguien me pregunta cuándo actualizaré o cualquier otra cosa, ¿cómo espera que le responda si lo hace en anónimo. Pero de todas formas, mil gracias, sin los que todavía lo siguen esta historia no existiría.
¡Nos leemos en el próximo, que ni idea de cuándo será! Solo digo que los rewiens siempre ayudan a tener más ganas de escribir xD. ¡Espero que os haya gustado y hasta la próxima!
