Este "especial" se desarrolla entre los capítulos 10 y 11, es decir, poco antes de que Bra y Broly se fueran de vacaciones para ver el mundo y también semana y media antes de la llegada de los boburrianos.

Es absolutamente cómico, así que los que teman el drama el día de Reyes pueden leer tranquilamente.

N.A: al final del capítulo.

ESTE CAPÍTULO NO ES NECESARIO PARA SEGUIR LA TRAMA, SOLO SE TRATA DE UN SUCESO OCURRIDO ENTRE LOS CAPÍTULOS 10 Y 11 SIN MAYOR TRANSCENDENCIA. PODÉIS LEERLO O PASAR DE ÉL.

Para los que decidan leerlo, espero que os guste este regalo de Navidad atrasado.


Especial de Navidad


Día 129. Víspera de Navidad: Noche Buena.

20:35

—¡TRUNKS! —Bra gritó con todas sus fuerzas cuando Tama saltó sobre su hombro y erizó el pelo estropeando el suyo, el cual llevaba un buen rato rizando con una plancha profesional, creando numerosos tirabuzones. A los pies de esta, el cachorro de rotweiller enseñaba sus encías todavía sin dientes mientras chillaba en un intento fallido de ladrido. A su mes de edad, se tambaleaba cuando caminaba y solo jugueteaba, y Tama, nervioso con el desconocido, se subía a todos lados huyendo de él—. Oh, maldita sea. Dejadme en paz hasta que termine por lo menos.

El canino ladeó la cabeza observándola con grandes ojos de cachorrillo que hacían imposible que la muchacha se enfadara con él. Cuando empezaba a resignarse, Trunks entró en su cuarto apresuradamente. Su hermano, tan hastiado con los trajes de chaqueta que debía llevar día sí y día también, había optado por ropa más sencilla pero igual de elegante.

—Si llego a saber que sería tan pesado cuidar de un cachorro habría comprado otra cosa —se quejó, agarrando al canino para apartarlo del gato. En cuanto se vio libre de problemas, Tama saltó del hombro de Bra.

—Podrías haberlo comprado unas horas antes, no con una semana de antelación.

—¿Y qué querías que hiciera? Lo iban a sacrificar en la perrera en unos días y entonces sí que tendría problemas —Trunks soltó la caja de regalo en el suelo y metió al cachorro dentro. El animal, jugando, dio un salto intentando ir tras Tama otra vez y cayó torpemente sobre la moqueta. Trunks pidió paciencia—. Me cansan los animales. Prefiero las máquinas —Bra se carcajeó—. ¿Qué demonios quieres? Tienes comida en la caja, ¡quédate ahí y duérmete!

—No creo que a Goten le guste que lo tengas asfixiado ahí dentro.

—No es para Goten, sino para Marron —Bra apreció el ligero rubor al oír el nombre de la rubia en su boca, y sonrió de oreja a oreja tomándole el pelo.

—¿Le vas a regalar un cachorro a Marron? Y parecías tonto...

—¡YA TE HE DICHO QUE NO PIENSO PONERME ESO, MUJER LOCA! —la estridente voz de su padre atravesó el pasillo y llegó hasta ellos de improviso, y automáticamente Trunks y Bra se miraron. No les dio tiempo a contar hasta uno cuando la voz de su madre retumbó entre las paredes de igual manera.

—¡ESTÁS EMPEÑADO EN DESTROZAR MI NAVIDAD, VEGETA! ¿qué te cuesta ponerte un traje para variar?

—¿Tengo pinta de maniquí? ¡No pienso vestirme como uno de tus estúpidos gerentes! ¡NO SOY UN MALDITO PINGÜÍNO!

—¿Y así piensas recibir la Navidad? ¡¿CON TU TRAJE DE BATALLA Y TU ARMADURA!? ¿Y cómo te vestirás cuando nos casemos, eh? ¡ERES INSOPORTABLE!

Las voces siguieron, y los dos hermanos pusieron los ojos en blanco.

—¿Qué le vas a regalar a papá? —cuestionó Trunks.

—Unos guantes resistentes a las altas temperaturas, impolutos y elásticos. ¿Y tú?

—Un robot asesino —sonrió el muchacho—. Podría haberlo vendido a los señores de la guerra, pero...

—A veces me das miedo, Trunks —se burló su hermana pequeña, y el joven se limitó a reír con superioridad, sin ser todavía consciente de cuánta razón tenía ella para decirlo—. ¿Qué harás después de la cena?

—Iré con Goten a un club nocturno no acto para el público infantil —Bra le dirigió una mirada cargada de escepticismo al captar su sarcasmo y referencia a ella misma. No quería ni que, por asomo, se le ocurriera intentar ir con ellos, pero Bra tenía otros planes, y orgullosa, alzó la cabeza mientras se miraba al espejo y terminaba de maquillarse.

—No te emociones, tontito. Yo iré con Peach y mis amigos de la universidad y no volveré hasta muy tarde. Papá me ha prometido no venir a buscarme esta vez.

—¿Ah, no? Puede que sea yo el que vaya a por ti si noto a algún individuo sospechoso —Bra tuvo un pequeño tic en el ojo al captar el tono socarrón de su hermano. Aproximándose a la puerta con el perro ya dentro de la caja, se apoyó en esta y la miró una última vez. Sus ojos afilados, igual que los de ella en esos momentos, chocaron—. No soy tan ingenuo como para creerme que no hay ningún chico, pero me quedaría más tranquilo si supiera que sigues siendo casta y pura... o por lo menos procura que papá no se entere de que no lo eres.

—¡Cómo te atreves a insinuar algo tan vergonzoso! —Bra fingió enfado, aunque sus mejillas no se encendieron por nada. Podría ser casta y pura de cuerpo (aunque eso dependía de qué se considerara como tal), pero su mente estaba corrompida hasta las raíces. Esa mañana, sin ir más lejos, había dejado solo al principal enemigo de los Guerreros Z y, desde entonces, no podía dejar de darle vueltas al asunto.

Desde que Broly había sido revivido bajo su mano habían pasado muchas cosas, pero la más inquietante, aparte de su incremento de poder, era la reciente atracción surgida entre ambos. Bra empezaba a pensar que no había sido buena idea besarle tras su fiesta universitaria, ni llevarlo a ver la película de Brocolín, ni permitirse besar tras esta misma. ¿En qué demonios estaba pensando? ¡Era una locura! Y sin embargo todo estaba pasando muy deprisa, tanto, que ahora se encontraba a sí misma preparando un viaje para compartirlo con él.

Ese mono estúpido...

Ese día Bra había ido a entrenar como de costumbre, por la mañana, pero había vuelto antes de la hora de comer para prepararse, curar sus heridas, limpiar su suciedad y fingir que nada había pasado. Como siempre, la cosa le había salido bien salvo por un pequeño problema.

Broly estaba furioso.

¡Me da igual que sea Nepetad! Vamos a ir a ese estúpido viaje tuyo y perderemos mucho tiempo... ¡Mi paciencia se agota, medio-humana, y tú no te transformas en súper saiyajin, ni te acercas a ello!

¡Es Navidad, Broly, NAVIDAD! ¡Y me da igual lo que me digas! Hoy es un día lleno de alegría, de amor, de canciones, de familias, de regalos... ¡esta noche viene Santa Claus! —recordaba perfectamente la cara de extrañeza de él, su ceño fruncido y su propia exasperación a la hora de explicarlo—. ¡Santa Claus, Broly! Un hombre que recorre todo el mundo en una noche y deja regalos a las personas que se han portado bien.

¿Qué tontería es esa? Ningún ser humano podría recorrer el planeta en una noche —Bra quiso explicarle la tradición de la Navidad, pero antes de poder expresarse, Broly ya había hechos sus propias conjeturas—. A no ser que fuera... ¡un súper saiyajin!

No es un súper saiyajin, Broly. Te lo explicaré —estuvo haciéndolo durante media mañana, hablándole de las costumbres y tradiciones navideñas. Incluso le enseñó una foto de Santa Claus y le explicó que no existía, pero llegados a cierto punto la mente infantil de Broly no dio para más.

Así que un súper saiyajin gordo vestido de una forma tan ridícula da la vuelta al mundo una vez al año y deja regalos a las personas que se han portado bien... ¡Pues ese súper saiyajin gordo se va a quedar sin regalos este año!

Te digo que no es un súper saiyajin... —pero ya no había manera de convencerlo de lo contrario, y Broly empezó a prepararse para la batalla que tendría lugar esa noche.

Se le metió en la cabeza la estúpida idea de que Santa Claus, por ser un súper saiyajin, iría a por él buscando pelea, y si no lo hacía Broly lo encontraría y le daría la paliza de su vida. No estaba preocupada por lo que fuera a hacer a su costa, pero no podía dejar de pensar en su emoción tras escuchar sobre esa tradición navideña.

Sentada frente al escritorio, con Trunks observándola desde el umbral de la puerta, su mirada se desvió a los regalos que ocultaba debajo de la cama. Pensó en ellos unos segundos y controló su sonrisa antes de lanzarle un nuevo cojín a su hermano.

—¡No cambies de tema! Como si no supiera que Goten y tú haréis de las vuestras otra vez... —Trunks, ruborizándose, le lanzó el cojín de vuelta, y antes de que ella pudiera replicar ya había cerrado la puerta.


Corporación Cápsula

21:55

El árbol de Navidad medía cuarenta metros en la Corporación Cápsula, mayor que la propia corporación. Indudablemente, la dueña de esta nunca había sido muy discreta, y las luces de Navidad ya cegaban a más de uno. Que se hubiera colocado donde estaba la Cámara de Gravedad no había hecho ninguna gracia al cabeza de familia, pero Vegeta y Bulma habían hecho ciertos tratos en su juventud que todavía perduraban, entre los que estaban no entrenar los días importantes del año —curiosamente, Vegeta solo había admitido Navidad como tal—. Así que la irritación del saiyajin era justificada.

—¡Ooohh, estás tan guapa como tu madre! —exclamó Bulma en cuanto la vio bajar las escaleras. Bra, en respuesta, alzó la cabeza con gracia y sus tirabuzones se sacudieron. Su vestido no era algo que Vegeta aprobara con facilidad, corto hasta poco más allá de las pantorrillas dejando poco lugar a la imaginación en una versión femenina y casi erótica de lo que podría llevar Santa Claus, pegado al pecho en una muestra de generoso escote hasta la cintura, un cinturón oscuro y una falda con vuelo recubierta de pelo blanco, haciendo juego con las botas y los guantes.

—Esos vestidos me traen tantos recuerdos. Cuando era joven yo también los usaba, y ahora que vuelvo a ser joven antes de mi boda... —empezó a decir Bulma.

—¿También te vestirás de putita? —el tono de Vegeta sonó peligroso y poco tolerante. Cuando su mujer lo fulminó, el príncipe se cruzó de brazos y gruñó frente a su hija—. Maldita sea, niña, ¿es que no tienes frío? Coge el abrigo y tápate.

—No seas cascarrabias, papá. Me dijiste que hoy podría hacer lo que quisiera. ¡Me lo prometiste el año pasado y espero que no me sigas esta vez! Ya soy una chica adulta y...

—¿Y para ser una mujer adulta tienes que vestirte así? He visto putas con más clase —Bra sacudió el pelo, indignada, y Bulma, para calmar el ambiente, se interpuso entre padre e hija.

—Ya tiene dieciocho años, Vegeta. Déjala tranquila —el príncipe intentó replicar, pero su mujer le lanzó una mirada cargada de significado que le hizo poner los ojos en blanco. Finalmente, suspiró. Cuando dio media vuelta y alzó el vuelo para buscar algo de aire, Bra se fijó en que iba vestido tal y como su madre le había pedido.

—¿Cómo lo has hecho? —le preguntó, y Bulma sonrió.

—Le he dicho que si no lo hacía, no tendría regalo de Navidad por mi parte.

—¿Y cuál es tu regalo? —Bulma sonrió de oreja a oreja, y antes de darle un sorbo a su copa de champán, se carcajeó abiertamente con un pequeño rubor que Bra no supo si achacar a la bebida o a sus intenciones.

—Cuando tengas un hombre sabrás lo que quiero decir.

Bra se quedó estática, allí postrada en medio del jardín. Los primeros invitados habían empezado a llegar, y entre ellos pudo ver a Yamcha dándole un abrazo a su madre, la familia de Krilín con una Marron agobiada por la forma entre vergonzosa y pícara con la que la saludó Trunks, y pronto todos los demás. La capa blanca de Picolo se zarandeó en el aire cuando aterrizó sobre el techo de la casa, observándolos a todos de brazos cruzados, y uno a uno, todos aparecieron

Bra, sin embargo, se descubrió con las ganas de fiesta perdidas tras horas y horas de arreglos y detalles.

El ki de la familia Son, los únicos que faltaban en aquella reunión y que permanecían en la lejanía, en el Monte Paoz, se esfumó de improviso, y todos clavaron los ojos de manera momentánea frente al árbol de Navidad antes de que los cuerpos de las dos familias aparecieran frente a ellos, todos agarrados y bien vestidos, preparados para la comida y la fiesta.

Todos reunidos por fin.

—¿Y bien? ¿Dónde has dejado a ese mono? —cuando Pan le habló, Bra despertó de su ensoñación momentánea y la miró con el ceño marcadamente fruncido. La adolescente le dedicaba una sonrisa altiva, muy similar a la suya propia.

—No hables tan alto de él —susurró, y Pan, inmediatamente, bajó la voz y ambas cabezas se pegaron para compartir información—. Está en su casa, por supuesto. No esperarías que lo trajera, ¿verdad?

—Claro que no, pero tenía la esperanza de ver algo divertido hoy. De solo imaginar a tu padre y a ese mono tonto en la misma habitación... —Pan contuvo la risa, pero a Bra no le hizo ni la menor gracia. Sus ojos se desviaron hacia Vegeta, que de brazos cruzados clavó una mirada fiera en Goku. Este, tras saludar de forma rápida a los demás, se la devolvió de reojo.

Los dos habían hecho promesas a sus mujeres sobre no tener una batalla esa noche, así que los dos acabaron suspirando hastiados por ello pese a seguir observándose ansiosos por iniciar una pequeña refriega.

—Yo me imagino a Broly encerrado con tu abuelo y también me entra la risa —la picó Bra. Los ojos de Pan se achicaron y ambas chicas se fulminaron con la mirada.

—Mi abuelo lo haría picadillo, igual que a tu padre.

—Broly barrería el suelo con él si le apeteciera.

—¡Sigue soñando! Mi padre y el abuelito ya lo derrotaron una vez y volverán a hacerlo.

—¡Solo lo consiguieron porque mi padre y mi hermano estaban allí, y aun así les dio una paliza antes de que pudieran rozarle siquiera! —las dos amenazaban con iniciar una pelea aun mayor que la de sus progenitores. La rabia que destilaban era tan grande, que cuando alzaron las cabezas se encontraron siendo el foco de todas las miradas. Ruborizadas, callaron.

—Ya que hemos conseguido hacer que los gorilas que tenéis por padre y abuelo no se peleen, más vale que vosotras tampoco lo hagáis —se quejó Bulma.

—¡Pues a mí no me importaría ver una pelea de chicas! —comentó el Maestro Roshi, que tras ellas, dio un largo trago a la primera botella que había conseguido de puro whisky.

—¡Tú no te metas, viejo verde!

La noche sería larga, quizás en exceso.


00: 00

—¡Cinco, cuatro, tres, dos... uno...! ¡FELIZ NAVIDAD! —inmediatamente a media noche unos pequeños fuegos artificiales surcaron el cielo y los corchos del champán salieron despedidos al aire. Los villancicos ahogaron la ruidosa música que hasta el momento sonaba por todo el recinto y la alegre música llenó el ambiente.

Los regalos volaron de un lugar a otro entre risas y cariñosas escenas de agradecimiento. El jingle bells dominó la escena en las bocas de los ya ebrios, sobre todo de un Krilín ruborizado que se había hecho dueño del karaoke.

Las fiestas en la Corporación Cápsula siempre se salían de control, y aquella noche no fue diferente. Oolong y el Maestro Roshi habían iniciado un lamentable espectáculo de malabares; Krilín cantaba frente a la indiferencia de su mujer, que por mucho que bebía no lograba mantener un estado de ebriedad dada su condición de androide para soportar la escena. Tenshinhan mantenía su porte estoicamente pese a sus levísimos tambaleos, con Chaotzu rondando entre risas su figura tensa. Chichí decidió acompañar a Bulma en su bebida cuando Goku y Vegeta se sepultaron el uno al otro con comida de toda clase (si no podían pelear con los puños, por lo menos averiguarían quién tenía mayor aguante con la comida). Videl hacía un poder por mantener a su marido en pie, e intentaba por todos los medios que dejara de bailar vestido del Gran Saiyaman sin conseguirlo. El espectáculo era francamente divertido para quien estuviera pasado de copas, y lamentable para el que no. Ver a Picolo siendo asediado por Yamcha, intentando hacerle tragar vino, no tenía precio.

Pero lo más emocionante para Bra era ver a Pan y a Uub a lo lejos espiándoles desde los arbustos del jardín. Observó entre risas pícaras, lo suficientemente bebida como para que el suelo se tambaleara, cómo su amiga, en un ambiente íntimo, le regalaba una bufanda al joven, que tan ruborizado como ella, la aceptó y se la colocó de inmediato.

Bra casi podía notar el cálido ambiente que los rodeaba y sintió envidia.

—Así que puede ser romántica y femenina como su abuela cuando quiere, eh... —mareada, se dejó caer al suelo de culo y sus ojos se cerraron brevemente—. Estúpido Broly, yo también puedo serlo si quiero, pero no hay forma de que haya nada romántico con ese gorila idiota. ¡Eres un mono del demonio, y te odio! —gritó.

—¿Quién es un mono del demonio, princesa? —en ese momento, la aparición de Goten la descolocó. Se dejó caer a su lado con la camiseta descolocada y se señaló a sí mismo cuando la tuvo delante—. ¿Yo soy un mono del demonio?

—Tú no. Otra persona —Bra hipó, e inmediatamente después Goten también lo hizo.

—¡Todos somos unos monos del demonio! —el joven señaló hacia adelante, y Bra vio a Trunks y a Marron a los pies del árbol de Navidad. La joven rubia abrió su regalo y sacó al cachorro con una resplandeciente sonrisa. El animal le lamió la cara y ella casi lloró de alegría, emocionando más y más a su hermano si cabía—. Esta noche Marron y él...

—¡No quiero saberlo! —exclamó de inmediato.

—... No harán nada —finalizó—. A no ser que Pesadilla despierte y tenga que hacerle daño otra vez —aseguró.

—¿Pesadilla?

—¡Schhh! No lo menciones o aparecerá y me matará —Goten le tapó la boca con una mano, y ella se limitó a asentir, demasiado mareada como para llevarle la contraria—. Si Pesadilla despierta ten cuidado. Es muy malo. A mí casi me mata una vez... y no lloró. ¿Tú llorarías? —Bra se encogió de hombros, riéndose al ver la expresión risueña de él—. ¿Llorarías si me muriera?

—¡No lo sé! —dijo en voz demasiado alta.

—¿Quieres saber una cosa? Quiero mucho a mi padre, pero creo que si me muriera él no lloraría —Goten se rió y Bra también lo hizo. Luego los dos quedaron en silencio, adormilados y borrachos. Ninguno de los dos recordaría nada de esa conversación que, sin embargo, guardaba mucho más de lo que parecía a simple vista.

Por desgracia, Goten no tardaría en descubrir cómo de equivocado estaba.


00:42

—Buenas noches, somos amigos de Bra y hemos venido a por ella. ¿Está... —Peach ladeó la cabeza para ver el interior de la casa, y Apple hizo lo mismo cuando escuchó el grito estridente del Maestro Roshi pasado de copas columpiándose en el enorme árbol de Navidad como si fuera Tarzán. Desde el exterior era difícil ver el jardín, y cuando Trunks se percató del excesivo interés, cerró la puerta levemente. Se inclinó hacia adelante, frente a la emocionada Peach al reconocerlo como el vicepresidente de la corporación, pero él, ruborizado por las copas de más, solo se inclinó sobre Apple con toda la fiereza de su expresión remarcada en su ceño fruncido.

Tras ellos dos estaban Nora, Guetti y Bamara, impecablemente vestidas para celebrar la víspera de Navidad. Perguo y Germon esperaban la salida de Bra en el gran coche de Peach, observando la mansión con las bocas abiertas, tan luminosa que podría alumbrar toda la ciudad desde allí. La música del coche no era ni la mitad de estridente de la que había en el interior, y los muchachos observaron con una gota de sudor en la frente cómo el árbol de Navidad del jardín se agitaba de un lado para otro como si estuviera vivo.

Tras un pequeño vistazo para asegurarse de quienes eran aquellas personas que había frente a su casa, Trunks clavó los ojos en Apple, tan cerca que el muchacho tuvo que retroceder para que sus narices no se chocaran.

—¿Vienes a recoger a quién? —cuestionó.

—A Bra.

—Oh, Dios mío, usted es el hijo de Bulma Brief, ¡estoy tan emocionada de conocer al futuro presidente de...! —pero antes de que Peach pudiera terminar de hablar, Trunks giró la cabeza y gritó con todas sus fuerzas.

—¡PAPÁ! HAN VENIDO A POR BRA —Apple dio un pequeño bote por la sorpresa, y los ojos de Peach brillaron cuando Vegeta entró en la casa desde el jardín. Aunque el hombre resultaba bastante más bajo que Apple, ambos sintieron la intimidación que su sola presencia suscitaba.

Vegeta abrió la puerta de par en par y clavó la afilada mirada en Apple sin dignarse a mirar, siquiera, a los que los acompañaban tras ellos, a una distancia prudente. Tras Vegeta, Trunks y Goten se enviaron miradas cómplices y contuvieron una risita.

—¿Quién viene a recoger a Bra? —cuestionó el mayor—. ¿Quién coño eres tú y qué intenciones tienes para con mi hija? —Apple miró a Peach de reojo, tenso como un palo al igual que la joven—. ¿Estás sordo?

—No... ehm... me llamo Apple y...

—Apple —Vegeta fingió escupir a un lado con infinito desprecio—. ¿Cuántos años tienes?

—Veinte se...

—¿Te crees muy macho, gusano? Vienes a mi casa a por mi hija con esos aires y esa ropa tan ridícula... ¿Te gusta pelear, Apple? —el muchacho frunció el ceño, agudizando la mirada con cierto pavor. Tras Vegeta, pudo ver a Trunks y a Goten conteniendo las lágrimas de la risa, y empezó a pensar que se estaban burlando de él, pero el rostro del cabeza de familia no dejaba lugar para la burla.

—No, señor. Yo no... no peleo...

—¿No peleas? Un hombre que no pelea no es un hombre de verdad, ¿cómo piensas proteger a mi hija si no peleas, niñato? ¿O es que pensabas llevártela a algún sitio a solas, eh? ¿Quieres follarte a mi niña? —la cara del muchacho se desencajó, y Trunks y Goten no aguantaron más y empezaron a reírse a carcajadas—. Un hombre que no sabe pelear tiene los cojones de presentarse en mi casa para llevarse a mi hija a hacer guarradas. ¡No salí del psiquiátrico después de veinticinco años para encontrarme con esta mierda! —Peach estaba pálida, pero su curiosidad, como siempre, no le impidió preguntar y asentir.

—¿Del... psiquiátrico? —preguntó.

—Sí —Vegeta se cruzó de brazos, imperturbable—. Después de descuartizar a aquellos cabrones tuve que alegar enajenación mental para no pasar el resto de mi vida en la cárcel. Fue una buena decisión, aunque no pude restablecerme del todo —los ojos oscuros y peligrosos del mayor se clavaron primero en Apple, luego en Peach y, por último, en cada uno de los amigos que los acompañaban, de uno en uno—. Todavía oigo voces que me piden que destripe a todo aquel que tenga delante, especialmente a los novios de mi hija —Peach y Apple decidieron que ya habían tenido suficiente. Asintieron con la cabeza dando marcha atrás, pero antes de hacerlo Bra le dio un leve empujón a su padre para apartarlo de la puerta, con el rostro crispado y las mejillas ruborizadas por el alcohol.

—¡Ya vale, papá! ¿Por qué siempre tienes que asustar a todo el mundo? Son mis amigos, así que deja de mentir —Vegeta dejó escapar una sonrisa que, aunque dejaba clara su diversión por la broma, solo consiguió ponerles los pelos de punta a los amigos de su hija—. No os preocupéis, solo bromeaba.

—Eso depende de lo que hagas con mi hija, Apple —amenazó, y el mayor solo pudo tragar saliva ante semejante tono—. Te quiero en casa a las seis.

—¡Me dijiste que podía pasar la noche fuera! —gritó la joven.

—Lárgate de una vez antes de que me arrepienta, mocosa —Bra puso los ojos en blanco, pero acabó aceptando la propuesta a sabiendas de que una llamada a su madre unas horas más tarde lo solucionaría todo. Antes de salir por la puerta, la chica le dirigió una mirada furibunda a su hermano y al tío de su amiga.

—¡A vosotros os debería de dar vergüenza! —Trunks y Goten se encogieron con dolor de estómago por las carcajadas. Se recompusieron a duras penas frente a la princesa sin parar de reír.

—¡Oh, venga ya! Ha sido divertido, reconócelo, pequeña.

—¡De eso nada, Goten! Me tienes harta con tus bromas, la próxima vez ¡te mataré! —amenazó. El chico sonrió de oreja a oreja rascándose la nuca en un gesto propio de su padre.

—De algo tendré que morirme.

Trunks se rió ante lo dicho, y Bra, contagiada por la eterna sonrisa y alegría de Goten, también lo hizo antes de salir por la puerta.


En algún lugar de la ciudad...

04:00

Los pies de Bra iban a explotar, y la joven lo sabía. Las botas altas con semejante tacón la estaban matando, pero eso no impidió que siguiera con ellas al bajar del coche. Eran las cuatro de la mañana y aunque la joven se había divertido después de horas de baile y bebida, algo en su cabeza no la dejaba disfrutar de todo cuanto la rodeaba. La música era atronadora, estridente, y cuando se cansó de ello y se vio atorada y mareada por tanto adolescente fiestero, decidió salir fuera a tomar el aire.

Sus empujones en el pub acabaron por tirar a un grupo de personas al suelo, pero cuando el viento le dio en la cara se sintió mucho mejor. Estaba mareada y adormilada, y acabó metiéndose en el coche de Peach junto a su amiga como acompañante. Apple las siguió de cerca. Oyeron los piropos descarados de algunos de los que se paseaban por allí, pero salvo un piérdete rápido por parte de Apple nada salió de sus bocas. Bra estaba sorprendida y miró a su compañero con una ceja alzada desde el asiento del copiloto, resguareciéndose del frío invernal.

—¡Qué agresivo, Apple! —exclamó—. No me lo imaginaba viniendo de ti.

—No soy agresivo, soy respetuoso con Peach. A ti te gustan demasiado los piropos como para molestarte —se burló él sutilmente, y la susodicha soltó una carcajada mientras ella fruncía el ceño.

—No pensaba llamar la atención.

—Claro que no, por eso te has puesto lo más recatado que has encontrado, ¿no? —siguió Peach, y Bra, bebida e incapaz de coordinar oraciones mordaces, le sacó la lengua.

—Lo que no acabo de entender es de quién querías llamar la atención, porque supongo que no era la mía, ¿verdad? —Apple le sonrió. Bra casi pudo ver cómo sus dientes brillaban en esa boca que, para muchas, era tan apetecible, y notó el codazo mal disimulado de Peach contra sus costillas. Su amiga le guiñó un ojo y ella, sin tener muy claro por qué, se ruborizó.

Su mente, una vez más, divagó.

Me voy ya. Volveré mañana por la tarde, o quizás pasado... ¡pero ni se te ocurra buscarme si no aparezco —en la puerta de la casa cápsula, Bra ya se había cambiado de ropa sustituyendo su indumentaria deportiva totalmente sudada por algo más simple. Estaba agotada, esa mañana Broly había sido especialmente duro con ella; de hecho, no recordaba haber entrenado tan duro desde que se conocieron. Esperaba que las semillas senzu le hicieran recuperar sus fuerzas, pues de no ser así no sabía si podría aguantar toda la noche como tenía previsto.

Únicamente había un problema en su camino: Broly, cruzado de brazos frente a ella, le impedía avanzar.

Todavía queda mucho por hacer. Vuelve a ponerte el traje de entrenamiento.

¡Ni hablar! Me has destrozado hoy. ¿Qué demonios te pasa? Nunca eres tan duro conmigo.

Soy tu entrenador, medio humana, y necesitas entrenar mucho más para avanzar. ¡Vamos, ponte el traje! Estaremos aquí hasta el anochecer si lo necesitas.

¡Ya te he dicho que tengo una fiesta y que no puedo estar hasta tan tarde! —Broly le giró la cara con un gesto que, más que remarcar enfado, mostraba infantilidad.

Una de esas fiestas donde los humanos se restriegan, beben y procrean... —Bra arrugó la cara ante su murmullo desquiciado. Cuando fue a la fiesta universitaria el día de su primer beso también se mostró reticente y esquivo, y empezó a sospechar por qué estaba empeñado en ser tan brutal cuando él era el primero que se aburría de tanto entrenamiento. Era perezoso por naturaleza.

No quieres que vaya a la fiesta, por eso me entrenas tan duro. ¡Quieres agotarme!

¿Y por qué iba a querer hacer algo tan absurdo?

¡Porque tienes metida en la cabeza la idea de que voy aparearme con humanos! —Broly calló, repentinamente silencioso. Cruzado de brazos en una posición defensiva que bien le recordaba a su padre, sacudió la cola y le dio la espalda—. Si quieres que me quede...

¿Por qué iba a querer que lo hicieras? ¡No seas ridícula!

¡No lo soy! No te prometo nada, pero deja de darle vueltas a eso del apareamiento. Además, volveré temprano a casa en el coche de Apple, así que...

¿Apple? —la interrumpió.

Sí. No le conoces. Es un amigo con el que bailé en la fiesta universi... —pero a Bra no le hizo falta decir más. Broly conocía a Apple; lo había visto bailar con Bra desde lejos, y también había visto su acercamiento y ese beso en el cuello que le había dado.

Su reacción fue inmediata.

Ese humano procreador... —rechinó los dientes—. No parará hasta preñarte. Sabe que eres una princesa y no se detendrá hasta follarte. ¡Le partiré las piernas!

¡Tú no vas a partirle las piernas a nadie!

Y tú a mí no me das órdenes. ¿Qué le pasa al imbécil de tu padre? ¿Es que no se da cuenta?

Él confía en mí, como tú deberías hacer. No voy a acostarme con nadie, y aunque lo hiciera ese no es asunto tuyo.

¿Cómo no lo es? Si lo hicieras te quedarías preñada y entonces, ¿qué pasaría con el entrenamiento?

Ya te he dicho que no voy a hacer nada.

Puede que tú no, pero ese humano está deseando hacerlo —entonces Bra lo pensó detenidamente y la idea no le pareció tan mala. Le encantaba que, cuando se vestía bien y estaba guapa, los hombres la miraran, y si Apple, un chico tan guapo, mostraba interés, se sentiría la reina de la fiesta. No pudo evitar sentirse halagada y una sonrisa se dibujó en su cara mientras daba pataditas al suelo, emocionada por la idea.

¿Tú crees? —en cuanto Broly notó esa sonrisa, Bra se sepultó a sí misma. Espantado al pensar que su alumna podría estar interesada, las cosas se salieron de control.

¡No vas a ir!

¿Qué mosca te ha picado? ¡Por supuesto que voy a ir y tú no puedes impedírmelo!

¡Si vas, mataré a alguien!

¡No, no lo harás!

¡Ponme a prueba, lo haré!

Esta vez fueron los dientes de Bra los que chirriaron de rabia, pero aun así, indignada, dio media vuelta y empezó a caminar hacia el bosque sin hacerle el menor caso. Para Broly no había nada peor que ser ignorado.

No lo harás —reiteró.

Mira cómo lo hago, mono estúpido.

Y Broly no lo aguantó más.

¡NO LO HARÁS! —Gritó.

Lo siguiente que Bra recordaba era una persecución incesante durante cerca de una hora por el bosque cuando Broly echó a correr detrás de ella para atraparla y ella echó a correr para no ser atrapada. Los gritos sonaron por todo el bosque, llamándose el uno al otro y exigiendo parar. Bra apenas había podido escaparse; le había lanzado tantas piñas a la cabeza, ramas y cualquier cosa que se le pusiera a tiro para detenerlo... pero él tenía la cabeza muy dura literal y metafóricamente hablando.

Se había escaqueado de milagro, y allí estaba... sin dejar de pensar en él. Le sorprendía cuánto lo echaba de menos esa noche y lo poco feliz que era al pensar en que no estaba presente. Casi deseaba que él apareciera en cualquier momento exigiendo que se alejara de Apple y se la llevara de allí.

No lo aguantó más y tomó una decisión.

—Tengo que ir a casa ahora mismo.


Bosque Extenso al sur de Capital del Oeste.

05:00

Bra se quitó las botas y sus pies se hundieron en la hierba húmeda. Con los regalos que traía le era difícil ver lo que había delante, pero consiguió estabilizar la visión que a duras penas mantenía intacta y andar entre tambaleos hacia la casa cápsula vigilando que el guardián del lugar no la escuchara.. Hipó mientras caminaba y varias veces tuvo que arrodillarse y contener una risita nerviosa debido a la borrachera. Deseó que Broly no estuviera allí, porque de estarlo la atraparía de inmediato con su fino oído por semejante escándalo. Sus súplicas fueron escuchadas cuando entró y descubrió que, aunque las luces estuvieran encendidas, allí no había nadie.

¿Habrá ido a atrapar a Santa Claus de verdad?

Eso le facilitaba las cosas.

Anduvo hasta la cama solitaria y soltó los regalos perfectamente envueltos junto a la televisión. Luego decidió salir de allí lo más rápido que pudiera, y para ello alzó el vuelo una vez fuera de la vivienda vacía. Se elevó en el cielo con un suspiro de alivio al verse libre de tener que dar explicaciones y al imaginar la cara de Broly al abrir sus regalos, pero cuando estuvo lo suficientemente alta, ocurrió algo a la velocidad de la luz. Sintió el viento agitándose a su alrededor a toda velocidad, golpeándole la cara y, acto seguido, sin que pudiera predecir el movimiento en absoluto, su cuerpo se vio brutalmente arrastrado hasta el lago helado, empujado por una fuerza superior que la embistió con toda su fuerza.

El hielo se rompió cuando su cuerpo se estrelló en él y Bra se zambulló en el agua fría, mortal. Sintió como si un sinfín de cuchillos le atravesaran la piel y llegaran a sus pulmones, atorándolos en una herida mortal. Se sacudió con fuerza y notó el fuerte brazo que le rodeaba la cintura. Pataleó buscando una manera de salir de allí; no veía nada y eso la desesperó hasta decir basta. Asustada, sintió como aquel que le había apresado le rodeaba el cuello con los brazos y apretaba, y en un intento desesperado por ver qué la mantenía sujeta logró concentrar su desesperación en la palma de su mano.

Una bola de energía se concentró y la escena se iluminó; frente a ella, Broly observándola con un deje de sorpresa se alumbró, e inmediatamente Bra pataleó y le golpeó las costillas con el pie para soltarse. Él no lo hizo. Por el contrario, la apresó aun más contra su pecho y, sin que tuviera que decir nada, nadó rápidamente hacia el exterior cargándola contra uno de sus costados.

La cabeza de Bra emergió del agua con una tos convulsa cuando él atravesó el hielo con su puño de acero. Tiró de ella hacia arriba hasta dejarla sobre el hielo y, a cuatro patas, se deshizo en escalofríos y tos. Broly salió inmediatamente después. El hielo se resquebrajó por su peso, y tuvo que flotar para no hundirse otra vez.

Helada hasta el tuétano de los huesos, Bra se giró hacia él con los dientes rechinando.

—¿¡Qué demonios crees que haces!? ¡CASI ME MATAS! —le hizo saber. La cola de Broly se sacudió antes de mirarla con una rodilla clavada en el suelo.

—Tú no eres Santa Claus.

—¡Pues claro que no, estúpido! ¿Me has confundido con él acaso? ¿ME ESTÁS LLAMANDO GORDA? ¡Eres un completo imbécil! Has echado a perder mi ropa, mi peinado, mi... ¡mi todo! ¡IIIIAAAH! —chilló con total descontrol, tanto, que el guerrero legendario se vio obligado a taparse los oídos, molesto mientras se sacudía para librarse de la humedad.

—Deja de llorar o me harás enfadar —molesto por los gritos, Broly la agarró y la alzó sobre su hombro como si fuera un saco de patatas. Bra no pudo hacer más que romper a temblar y lloriquear mientras se dirigían a la casa cápsula, absolutamente furiosa.


05:22

—Eres el mono más estúpido, odioso, bruto, enorme, monstruoso... —Bra temblaba quitándose la ropa en el cuarto de baño, prenda por prenda. Fuera, Broly se desnudaba pasivamente y se sacudía para deshacerse de los restos de agua. Una vez desnudo, su rostro se desvió hacia el montón de regalos que había al lado de la televisión. Su ceño se arrugó.

—¿Qué demonios es esto? —preguntó. Al otro lado de la puerta, Bra, mareada por la cantidad de alcohol ingerida antes de llegar allí, tuvo auténticas ganas de vomitar. El golpe y el agua fría la habían despertado momentáneamente, pero ahora cubierta por toallas calientes volvía a estar tan mareada como hacía unas horas.

Cayó al suelo de culo una vez antes de dirigirse a la puerta del baño y salir. Broly, ya desnudo, observaba los regalos como si fueran la peste.

—Son regalos de Navidad —hipó—. De Santa Claus...

—¡Arg! Ni siquiera me he dado cuenta. ¡Ese gordo es rápido! —Broly se llevó un paquete a la cara y lo olisqueó. Luego lo sacudió mientras Bra se dirigía a la cama y se dejaba caer en ella con un cierto dolor de cabeza, somnolienta. Los ojos se desviaron a la cola que se sacudía en el aire de un lado para otro, salida de la baja espalda, justo sobre el trasero del guerrero legendario. Bra gimoteó, observándolo como si fuera una estrella fugaz a la que había que seguirle el ritmo.

—Me gusta tu trasero, Broly —el susodicho se giró hacia ella de inmediato con una ceja alzada. La joven había apoyado la barbilla en su mano y lo observaba sacudiendo las piernas de arriba a abajo con una rubor poco sano en la cara. El guerrero legendario, instintivamente, encogió la cola.

—¿Qué? —Bra suspiró y se revolvió con expresión soñadora—. ¿Por qué? ¿Quieres meter algo en él? Porque no me gusta y te morderé si lo intentas.

—Es que... huummm... —Bra ronroneó. Broly la miró de arriba a abajo. La toalla con la que se tapaba había descendido con el movimiento hasta situarse justo sobre sus pechos, dejando a la vista un escote generoso sobre el sujetador aun mojado. Las atléticas piernas se movían, solo consiguiendo que la toalla ascendiera aun más hasta poco más abajo del trasero.

Broly no estaba seguro de qué pretendía, así que se limitó a mirarla con desconfianza. Se acercó despacio y los ojos de Bra casi lograron intimidarlo cuando se centraron en su entrepierna. Una vez lo suficientemente cerca, se inclinó y olisqueó su cara, lo que la hizo reír. El agua helada había hecho desaparecer parte del olor, pero como buen cazador logró detectarlo cuando ella abrió la boca con cierta intención juguetona. Su aliento alcoholizado le golpeó la nariz y le hizo fruncir el ceño.

—¿Qué mierda has tomado? ¿Una de esas bebidas de la tele? —adivinó. Bra le enseñó la lengua y él se apartó cuando estuvo a punto de tocarle la punta de la nariz con ella—. ¿Has tenido sexo con ese humano?

—¿Y qué si lo hubiera hecho? —la mirada de Broly se oscureció, y sin más se apartó. Incluso en su estado la joven supo que no debía bromear sobre eso si no quería que alguien acabara siendo herido—. Quiero que abras mis regalos.

—¿No los había traído el saiyajin gordo?

—¡Oooohhh! —Bra alzó una mano y acarició su mejilla grotescamente, más bien con un frote insistente, como si tratara de limpiarle la cara—. ¡Eres taaaaan adorablemente inocente, hombre mono!

Un ligero tic sacudió la ceja de Broly.

—Estás rara... y loca... y te huele el aliento a algo muy fuerte que me desagrada. Duérmete —le exigió, y su mano gran mano acabó en su cara, empujándola hacia abajo en el colchón. Bra se tumbó en la cama como él la obligó a hacer, pero en cuanto estuvo un par de segundos tumbada, Broly notó cómo paseaba la lengua por la palma de su mano hasta uno de sus dedos, y ante su perplejidad, acabó metiéndose uno de ellos en la boca, chupándolo.

Él la miró. La toalla ya se había subido hasta dejar al descubierto sus bragas mojadas y transparentes por la humedad.

—¿Estás insinuándome algo, medio humana? —cuestionó. Entonces Bra se levantó de golpe, sacando su dedo de su boca.

—Sí, ¡deja de hacerme daño! ¿Crees que soy tonta? Sé cómo eres, Broly. Eres como un abejorro.

—¿Cómo qué?

—¡Cómo un abejorro! —aseguró con gran énfasis—. Siempre está rondando aunque tú no lo veas, y nunca sabes cuándo va a picarte con su aguijón —Broly no entendía en absoluto su referencia, y ni siquiera Bra estaba segura de lo que decía. Solo quería hacerle ver su molestia ante el hecho de que siempre rondara su mente aun a sabiendas de que, tarde o temprano, todo se iría al cuerno y atacaría a su familia, dejándola sin nada, picándole finalmente.

Pero Broly no lo veía tan claro.

—¡No tengo ni idea de lo que es un abejorro, Bra! ¡Si quieres pedirme algo dímelo directamente! ¿De qué maldito aguijón me estás hablan...? —y entonces Broly lo entendió, o eso creyó. Él era alguien literal y las metáforas no eran algo que entendiera, pero cuando Bra apoyó la cabeza en su hombro más melosa de lo acostumbrado, tuvo una epifanía.

Espero para asegurarse, temiendo que intentara arrancarle la cola si lo había entendido mal.

—¿Qué quieres decir con aguijón? —la joven no respondió, adormilada sobre su hombro. Hizo un sonido adormilado mientras movía los labios saboreando su propia lengua—. ¡Bra! —insistió él.

—Nos hemos besado ya dos veces, Broly —empezó a explicar ella cuando abrió los ojos de golpe, despertada por su grito—. Pero todavía no somos novios, no... primero tienes que decirme algo romántico.

—¿Romántico... yo? —Broly analizó la situación. Ahora lamentaba no haber visto esas odiosas telenovelas de acento exagerado que hablaban de amores complicados en la televisión. Odiaba esos programas y siempre los pasaba para ver los dibujos animados. Por culpa de eso, ahora no tenía ni idea de qué decir. Recordó vagamente cómo Brocolín y Berenjenina se habían confesado el uno con el otro. Brocolín había dicho lo que más le gustaba de ella, desde sus hojas verdes hasta su cabeza morada, pero Bra no tenía hojas verdes ni cabeza morada. Pensó en algo que le entusiasmara de ella, algo que lo hiciera sentir muy bien, y su boca se movió sin tener en cuenta el protocolo de educación ni reglas sociales ni de cortesía para con ella—. Hum... tu flujo huele bien.

Inmediatamente después, Bra se apartó de su hombro.

—¿Mi flu...? ¿Qué eres, un perro?

Bra se ruborizó aun más, y molesto, irritado y nervioso, Broly no pudo evitar también su propio rubor y vergüenza por la respuesta.

—¡Maldita sea, niña! —tronó levantándose de la cama de un salto—. ¡Soy el guerrero legendario y no necesito decir gilipolleces para aparearme con nadie! ¡No vuelvas a intentar ponerme en ridículo y abre las piernas!

—¡No! —exclamó ella, escandalizada. Inmediatamente hizo lo contrario a lo expresado pero curiosamente, mientras intentaba hacerse la exaltada, una sonrisita se dibujaba en sus labios. Broly empezó a pensar que se estaba burlando de él, y sin más, ya cansado de tanto espectáculo, la agarró por los tobillos e hizo lo que un auténtico caballero nunca haría.

Claro, él no era un caballero en absoluto.

Le abrió las piernas a la fuerza y se echó encima de ella en la cama mientras Bra pataleaba, reía y se quejaba. No hubo forcejeo cuando él le quitó la toalla de un tirón dejándola en ropa interior, y Broly se sorprendió cuando notó sus piernas alrededor de su cintura, empujándolo hacia adelante, intentando hacerlo caer sobre ella. Como solía hacer, lo primero que buscó lejos de su boca fue el hueco que había entre sus pechos, agarrando el sujetador con los dientes. Le apartó las manos cuando ella se empeñó en acariciarle la cabeza, molesto, y cuando empezó a decir cosas absurdas entre risas, Broly, con una vena creciente en su frente, llevó las manos a su cintura y tiró del elástico de las bragas hacia abajo.

Se las quitó de un tirón apartándose lo suficiente de ella como para hacerlo, rápido, y sin más, las acercó a la cara de su alumna y se las metió en la boca para acallarla. No fue culpa suya. Sus estupideces y carcajadas empezaban a matarle la libido. Esperaba que se pusiera hecha una furia de un momento a otro, pero lejos de hacerlo se quedó absolutamente quieta.

Sabía que no estaba en sus cabales y, según la televisión, hacer algo así era ruin y rastrero para un hombre. Además, Bra se enfadaría mucho con él y le arrancaría la cola. Probablemente no querría volver a entrenar más con él en su vida. Probablemente lo odiaría por traicionar su confianza así. Probablemente...

¿A quién le importaba? Él quería follársela y ningún razonamiento humano iría contra eso.

Estiró las manos y agarró sus pechos por encima del sujetador, y cuando quiso ir más allá levantándolo, a punto de arrancárselo de cuajo, oyó un sonido molesto procedente de debajo de su alumna. Una cancioncilla pegadiza a la par que irritante llegó hasta sus oídos y Broly, gruñendo, la apartó lo suficiente como para ver su móvil descansando sobre la cama con la pantalla iluminada.

El nombre de "Hermano coñazo" brillaba en letras grandes, pero había un gran problema.

Aunque sabía hablar perfectamente el interplanetario estándar, el saiyano, el boburriano y el humano, Broly no sabía leer ninguno de esos idiomas, así que las letras significaron lo mismo que esa molesta cancioncilla. Agarró el móvil y, sin más, lo dejó caer de la cama al suelo y volvió a subirse sobre su alumna.

La acarició con manos rudas y le quitó las bragas de la boca buscando el caliente contacto con el que ya había jugado más de una vez, pero cuando sus labios se unieron y notó cómo los de ella se mantenían lánguidos, apretó el entrecejo. Se apartó para mirarla e inmediatamente después, un tic nervioso le sacudió el ojo izquierdo mientras las venas del cuello se le hinchaban de manera brutal.

Estaba completamente dormida.

—¡Maldita medio humana, deja de burlarte de mí! —exigió, colérico. Se apartó de ella sacudiendo todo cuanto veía a su paso, desde la almohada que hizo trizas partiéndola por la mitad a base de tirones hasta la mesa que había al lado de la cama, volcándola. En cuestión de segundos, la casa quedó hecha unos zorros.

Fuera, algunos animales que dormían se despertaron por el jolgorio y los rugidos animales y se alejaron espantados. El sonido de platos rompiéndose y vasos estrellándose por todas partes retumbó por la casa. Furiosísimo, ahogado en la necesidad de matar algo para calmar su orgullo herido, arañando las paredes y con todo salvo la cama y la televisión destrozado, decidió que había cruzado el límite.

No podía seguir obedeciendo a esa perra de apenas dieciocho años sin nada a cambio, y pensaba demostrárselo cuando se despertara al día siguiente con la cabeza de un niño humano a los pies de su cama. Sí... imaginarse algo tan dantesco fue lo único capaz de relajarle lo suficiente como para hacerle pensar con claridad después de semejante desplante. Estaba seguro de que no era culpa suya, de que ella se había estado burlando desde el principio y no había pensado en darle lo que quería en ningún momento. Jugaba cruelmente con su hombría sabiéndolo acorralado, y Broly odiaba que lo manipularan de semejante manera.

Nadie, y mucho menos ella, iba a manipularlo.

Nunca más.

Se levantó del suelo en el que había acabado tras romperlo todo y se dirigió a la salida dándole una última patada a una de las cajas envueltas en papel de regalo verde. La caja salió disparada contra la pared y, cuando el guerrero abrió la puerta para cruzar el umbral por fin, un sonido procedente de la misma logró detenerlo. Escuchó, extrañado y curioso, pero aún furioso.

"¡Soy Brocolín, el guerrero del brócoli, y juntos pelearemos contra mil y un enemigos!"

Broly pestañeó, confuso al oír semejante frase salida de contexto. La voz de Brocolín salía de esa caja cerrada y dio media vuelta, incapaz de dar de lado su curiosidad. Se detuvo frente al supuesto regalo del que había desconfiado y, tras sacudirlo una vez más y oír una nueva cantinela ("Estoy muy contento de conocerte. ¡Seamos amigos y luchemos contra el rey de los Vegetales!") lo abrió rasgando el papel brutalmente, sin el menor cuidado. Lo que vio lo desestabilizó y lo hundió aún más en confusión.

Un Brocolín, esponjoso, un peluche de apenas treinta centímetros, lo saludaba enérgicamente.

Broly quedó, de inmediato, perplejo...

...Antes de quedar fascinado.

Olisqueó el peluche y lo sacudió de un lado para otro, y cuando el juguete empezó a hablar otra vez con la voz de su personaje favorito de dibujos, lo soltó intentando descifrar el mecanismo del juguete. Lo olisqueó una vez más en el suelo, pero salvo el olor característico de Bra, una mezcla entre limpieza, feromonas y colonia de coco, no detectó nada más. Allí no había ni rastro del olor desconocido de ese tal Santa Claus y Broly la miró en la cama, casi completamente desnuda, durmiendo con una sospecha creciente.

Desenvolvió los demás regalos a gran velocidad y los olisqueó uno por uno. No estaba seguro de para qué funcionaban algunos, como la colección de dvds o algunos juegos y libros de ilustraciones que no sabía leer, pero entendía el mecanismo de la ropa que odiaba ponerse y de las numerosas cajas de galletas y demás comida que le atrajo como las polillas a la luz. Intentó descifrar el significado de aquello y llegó a una conclusión obvia: eran regalos para él de parte de ella. Porque allí, salvo sí mismo, a nadie más le gustaba Brocolín.

Estaba desconcertado.

Era la primera vez que recibía un regalo.

Inmediatamente pensó en que ella querría algo a cambio, pero lo dudaba puesto que lo poco que tenía, su capacidad de entrenamiento, ya la estaba utilizando. Bra sabía que él no tenía nada más y tampoco tenía sentido utilizarle para su propio beneficio.

Entonces, ¿qué querían decir esos regalos? ¿Era posible que se trataran de algo desinteresado?

No entendía nada de esa muchacha.

La vio romper a temblar, todavía con el pelo húmedo, en su cama, acurrucándose en esta abrazando su almohada. Instintivamente su cola se estiró y agarró las sábanas para taparla con ellas mientras él trataba de descifrar el misterio. Cuando volvió a agarrar el peluche de Brocolín, este volvió a hablar:

"¡Eres un gran amigo!"

Broly ladeó la cabeza. Obviamente se trataba de una especie de peluche programado para decir unas cuantas oraciones con sentido, pero a él le pareció, además, que era un juguete ingenioso. Le gustaba. Su malhumor se esfumó como una mañana de niebla al llegar el mediodía.

Hubiera seguido así si la música de ese aparato que Bra siempre llevaba consigo no hubiera empezado a sonar tras él, en el suelo. Broly agarró el móvil con la cola y lo lanzó al otro lado de la habitación, estrellándolo contra la pared para que se callara de una vez y le dejara disfrutar de sus decenas de cajas de galletas.

Para su mala suerte, el teléfono se abrió y la llamada fue aceptada por el golpe.

—¡Bra! —el grito masculino taladró sus oídos, y Broly, con un gruñido irritado, dirigió una mirada al aparato. Al otro lado, la música a todo volumen hacía eco y la voz de Trunks, el hermano coñazo, resonaba sobre ella—. ¿Qué demonios haces? Son las cinco y media, ¡ya deberías estar llegando a casa! —la voz de Trunks era claramente ebria. La cola de Broly agarró el teléfono y lo subió hasta su cara. El guerrero observó el aparato sin saber muy bien qué hacer, excepto aplastarlo—. ¡BRA, TE ESTOY HABLANDO! ¡Vuelve a casa ahora o papá se cabreará conmigo! ¡Se supone que tengo que estar pendiente de ti y como no me respondas en este momento, pienso...!

—¿Quién coño es este? —musitó Broly, cada vez más irritado. En su vida había manejado un teléfono, pero los había visto en televisión y sabía lo que eran. Lo que no contaba era con que, al otro lado, el transmisor del mensaje lo oyera.

—Espera, ¿quién eres tú? —Broly se exaltó al recibir respuesta y su cola soltó el teléfono para levantarse e ir hasta su alumna dormida y sacudirla mientras él lo sujetaba.

—Bra, te están llamando —la llamó, pero nadie respondió. La miró fijamente y la sacudió de nuevo, molesto, pero Bra se limitó a quejarse y a sacudir una mano en el aire para quitárselo de encima. Al otro lado de la línea, Trunks oyó un gran rugido y un grito que sonó sospechosamente parecido a algo así como "¡La madre que la...!"

Empezó a inquietarse, sobre todo porque la voz era tan masculina como la de un hombre adulto, hecho y derecho. Mareado, buscó la manera de salir de ese lugar lleno de gente, y haciendo un uso leve de su fuerza sobre humana, logró apartar a todo el que se le ponía por delante para dirigirse hacia la salida del local. En el transcurso, dio con el cuerpo de Goten, al que sin reconocer de primeras le propició un certero codazo en las costillas.

—¡AUCH! —se quejó él, pero inmediatamente su sonrisa de siempre volvió mientras él salía de allí a trompicones. Lo siguió inmediatamente deteniendo su alocado baile, y una vez fuera...

—¿Quién eres y dónde está mi hermana? —preguntó Trunks. Se sentó en uno de los bancos que había frente al local y allí intentó enfocar la mirada. Goten llegó a su lado cruzando la carretera aceleradamente, ruborizado y tambaleándose. Apoyó la cabeza sobre su hombro y empezó a tararear una canción. En su mano todavía había un refresco claramente alcoholizado.

Al otro lado de la línea, oyó al hombre desconocido llamando a su hermana "¡Bra, despierta! ¡QUÉ TE DESPIERTES, MEDIO HUMANA!", pero, nuevamente, no hubo señales de ella.

—¿Qué coño le estás haciendo a mi hermana, eh? ¡Apenas tiene dieciocho años! —avisó con agresividad. Goten, junto a él, inició una retahíla de carcajadas sin sentido. Entonces, tras oír un gruñido totalmente sacado de quicio, la voz masculina volvió al móvil.

—¿Tú eres su hermano? —oyó que le preguntaban. Trunks asintió con altanería, sin ser plenamente consciente de que al otro lado del móvil no había forma de que el otro pudiera ver tal asentimiento. Esperó una muestra de reconocimiento, ya que no había nadie que no supiera quién era, sobre todo si era cercano a Bra. Y sí, eso obtuvo, reconocimiento... pero no el que esperaba—. ¡Maldito hijo de puta! ¡Tú te measte encima de mí! ¡Antes de acabar contigo y con tu estirpe te abriré en canal y conectaré tu intestino a tu boca para que te tragues tu propia mierda! ¿Me has oído, basura?

Trunks se apartó el móvil del oído con los ojos como platos. Goten, que había oído la respuesta, inició una serie de carcajadas atronadoras que acabaron cuando se atragantó. Incrédulo, pero también agresivo y alterado por la ingesta descontrolada de alcohol, mucho mayor que la de un simple ser humano, respondió a la pulla.

—¿De qué demonios hablas? ¡Yo no me he meado encima de nadie en mi vida! ¡Escúchame, capullo, o me pasas con mi hermana ahora mismo o iré a por ti, y pienso darte tal paliza que te dejaré con menos dientes que una gallina!

—¿Dónde y cuándo, bastardo hijo de un enano? —la boca de Trunks se abrió por la sorpresa ante semejante atrevimiento. Pensó en la suerte que ese hombre tenía de que hubiera llamado él y no su padre, porque de haber recibido él ese insulto prefería no pensar en lo que ocurriría.

Decidió que el tiempo de los insultos y amenazas había acabado.

—Voy a por ella. Nos vemos en diez minutos y pienso cumplir mi amenaza.

Colgó.

Broly sonrió para sí mismo, creyéndose vencedor de la disputa verbal. Cerró el teléfono y, tranquilamente, lo depositó al lado de su alumna dormida. Se tumbó en la cama junto a ella con una caja de galletas sobre su estómago, cogiéndolas a puñados y llevándoselas a la boca, masticándolas sin ningún tipo de educación o cuidado.

—Será imbécil, ¿y cómo piensa localizarme? —quiso disfrutar de su triunfo, ya más relajado y sin un ápice de irritación ni preocupación. Bra seguía a su lado, y cuando agachó la cabeza y le acarició el pelo azulado en una muestra de agradecimiento poco propia de él, cayó en la cuenta de algo de lo que no se había percatado.

El ki de Bra palpitaba en un estado de descubrimiento pleno fácil de detectar.

Las galletas saltaron por los aires cuando ató cabos y supo que Trunks, al igual que su hermana, podría seguir el ki de la joven hasta él con gran facilidad. Era cuestión de minutos que su energía lo atrajera hasta su escondrijo, y entonces tendría que matarlo, y Vegeta se enteraría de inmediato, y los demás se le echarían encima... y todo acabaría porque Bra aún no le había confesado cuál era el punto débil de Kakarotto.

Si no lo mataba ella, lo harían los demás y no podría vengarse en absoluto.

—¡Mierda!

Debería haber seguido buscando a Santa Claus en lugar de prestarle atención a esa liosa cría.


Corporación Cápsula

05:45

Trunks llegó a la Corporación Cápsula con un humor de perros además de con un Goten a su espalda que apenas podía mantenerse en pie. Aterrizó en el jardín tambaleándose y se dirigió, inmediatamente, a las amplias puertas correderas de cristal para entrar. Su amigo cayó al suelo de culo, sobre el césped, y Trunks ni siquiera se percató de ello.

—¿No íbamos a ir a por la princesa? —preguntó Goten con tono amorronado.

—Y a eso voy. Puedo sentirla. Ha venido volando en cuando la he llamado —le aclaró Trunks, que en esos momentos se peleaba con las llaves para abrir la ventana, intentando banalmente meterla en la cerradura. Todo le daba tantas vueltas que no había forma de atinar. Goten, tras él, se levantó y caminó pesadamente hasta situarse justo tras su espalda. Acabó apoyando la frente sobre su hombro y le agarró la mano con la que intentaba abrir la puerta evitando que temblara. Entre ambos lograron encajarla y entrar.

—¿Y tú querías meterla? —preguntó el menor entre risas. Trunks apenas respondió con una mueca de suave alegría. Ambos entraron y mientras el mayor buscaba el interruptor de la luz para aquel lugar oscuro y silencioso que era el salón, algo difícil si tenía en cuenta el estado en el que se encontraba, Goten saltó sobre el sofá, se desplomó sobre él torpemente y se abrazó a un cojín, encogiéndose sobre él—. No lo entiendo... si tu hermana ya está llegando a casa, ¿para qué hemos venido? ¿No la llamaste para eso?

—¿Es que no lo oíste? A ese imbécil... —Trunks pestañeó en la oscuridad intentando mantener el equilibrio sin resultado—. Voy a darle una paliza.

—¡Oh, no! —gritó Goten, dando vueltas por el sofá—. ¿Por qué no puedes estarte quieto y disfrutar de la navidad? Hoy viene Santa Claus, y tú tendrás regalos bonitos... —Goten quiso decir algo más, pero el ki de Bra se agitó encima de sus cabezas captando su atención e, inmediatamente, descendió a toda velocidad. Su mirada lo siguió en la oscuridad mientras Trunks, harto, se daba por vencido buscando el interruptor sin éxito.

Goten oyó el sonido de algo deslizándose y cayendo al suelo. Oyó las cenizas saltando y las manos rasgando una pared, como si se agarraran a ella y se deslizaran usando garras. Sus ojos, sin darse cuenta, acabaron en la chimenea apagada que rara vez usaban los Brief desde que tenían calefacción propia. La misma estaba tan apartada y era tan moderna en contraste con la casa, que apenas se diferenciaba como lo que era. Esa vez, Goten la reconoció como tal y se quedó estático. Trunks, que también oyó el ruido, se acercó a la chimenea con una ceja alzada, incrédulo.

—Pero, ¿qué demonios...? —musitó.

Juraría que alguien estaba bajando por ella.

—Oh, Dios mío... —musitó Goten, apretando el cojín cada vez con más fuerza. Trunks estaba tan desconcertado, que inclinó la cabeza bajo ella, pero su amigo le gritó una negación tajante—. ¡Es Noche Buena, tiene que ser Santa Claus!

—¡No digas tonterías, Goten! No puede ser... es imposible...

—¡Él existe de verdad, es increíble! —los ojos del alcoholizado Son brillaron mientras unas piernas asomaban por la chimenea, a punto de hacer pie. Trunks retrocedió, patidifuso ante la visión cuando la escasa ceniza ascendió guiada por la sacudida de esos pies que, además, eran de alguien bastante grande.

Entre la oscuridad del lugar ninguno de ellos pudo ver nada claramente, pero ambos captaron la silueta de una persona muy alta, realmente corpulenta y con algo cargando sobre su hombro derecho, como si fuera un gran saco.

El saco de los juguetes de Santa Claus.

Goten abrió la boca de par en par y Trunks, demasiado asombrado y ebrio como para pensar con lógica, dio un paso al frente hacia el hombre que les daba la espalda y que salió de la chimenea encogiéndose para caber a través de ella. Apenas lo tuvo a cincuenta centímetros de distancia, preguntó:

—¿Santa Claus? —lo interrogó inocentemente. Trunks estaba preparado para un gran "¡Joujoujou, feliz Navidad!", y Goten salivaba al pensar en regalos, mayormente comida a raudales.

Lo que ninguno de ellos esperaba fue lo que ocurrió de verdad.

El supuesto Santa Claus se volvió a gran velocidad y, tomando a Trunks totalmente por sorpresa, estrelló un puño tremendamente certero contra su barbilla levantándolo del suelo de inmediato. Con un grito de sorpresa, el mayor de los Brief fue lanzado a través del salón por la potencia del golpe, saliendo disparado por la puerta corredera de cristal que había abierto minutos atrás y cayendo finalmente sobre el césped del jardín, rodando por él sin parar, levantándolo, hasta que su cabeza dio finalmente con el tronco del inmenso árbol de navidad de su familia. El golpe fue tan duro, que el tronco se partió en dos, pero no cayó.

Trunks abrió los ojos débilmente, completamente adolorido y pasmado.

Todavía sentado en el sofá, Goten observó la escena con ojos desorbitados y, al oír los pasos del desconocido hacia él, se levantó de un salto, todavía desequilibrado por el alcohol.

—¡Tú no eres Santa! —declaró.

Por supuesto, antes de que pudiera decir nada más ni reaccionar, aquel que desde luego no era Santa Claus lo agarró por la nuca y lo obligó a inclinarse hacia adelante mientras clavaba una brutal rodilla en el estómago del joven. El dolor fue bestial y Goten cayó de rodillas de inmediato, salivando y tosiendo, sin aliento. Entonces, el corpulento desconocido le noqueó con un simple y rápido golpe en la nuca.

Goten cayó al suelo cuan largo era, inconsciente.

Trunks intentó levantarse. Su cabeza dolía como mil demonios, y antes de que pudiera alzarse sintió el inmenso peso de ese Santa Claus que no era tal. Había corrido hasta él con una velocidad sobre humana y sus pies se posaron sobre sus bíceps, aplastándolos contra el suelo. Trunks alzó la mirada y vio algo tan sacado de contexto, que no podía creerlo.

El supuesto Santa Claus era Broly, ese saiyajin contra el que había luchado de pequeño dos veces y que había anidado sus peores pesadillas durante años. El saco que llevaba sobre su hombro derecho no era otra cosa que su hermana pequeña desfallecida, tan inconsciente como él acabó en cuanto el guerrero legendario le propinó una brutal patada en la cara. El golpe, sumado al alcohol, lo dejó KO al instante.

Una vez acabada la faena, Broly suspiró y dio media vuelta. Debía ser rápido. El olor de Vegeta estaba por todas partes, y no solo eso, también podía sentirlo arriba, sobre su cabeza en una de las habitaciones de esa enorme casa; había descendido por la chimenea para no tener que usar su ki, ni para volar y arriesgarse a entrar en una habitación desconocida donde pudieran atraparle tras romper una ventana ni para sentir el ki. Estaba cegado usando solo sus sentidos animales y, para matar el olor, decidió descender por ese lugar lleno de ceniza, la cual camuflaba su propio olor corporal. A no ser que el olfato de Vegeta fuera extremadamente fino, no lo localizaría ni lo detectaría. Lo peor era que ese joven, el hermano mayor de Bra, lo había visto antes de dejarlo inconsciente, y podría hablar en cuanto despertara.

Sería más seguro matarlo para que no lo delatara.

Broly volvió la vista hacia él replanteándose lo que debería hacer al respecto. Agarró al joven por el pelo y lo alzó lo suficiente como para posar una mano en un lateral de su cuello; inmediatamente ejerció algo de fuerza sobre él para partírselo en un movimiento simple y rápido, pero la respiración de Bra sobre su hombro desnudo lo detuvo. Eso, y el sonido de unos pasos descendiendo las escaleras que daban a la primera planta, donde Goten había caído inconsciente frente a la chimenea.

En cuanto los pies de Vegeta dieron contra el suelo del salón, se dirigió a la cocina a paso ligero emitiendo un leve bostezo. Tenía la boca seca y, por algún motivo que habría acarreado a la influencia navideña, tenía ganas de beber algo alcoholizado. Sentía la energía de los invitados; A-18, Krilín, Marron, el Maestro Roshi y Oolong se habían quedado a dormir debido a la lejanía de su hogar. No hacía falta decir que a Vegeta no le hacía la menor gracia, especialmente tratándose de Oolong y el Maestro Roshi, los más pervertidos del grupo con una fijación mal sana en su mujer y en cualquier chica bonita que se les apareciera. Malsana porque como se acercaran a Bulma más de lo debido, haría tortuga y cerdo estofados para la cena; ya habían visto más de lo que deberían haber apreciado a lo largo de toda su vida.

Abrió el frigorífico y sacó una cerveza, abriéndola con un simple toque de sus dedos. Entonces, tras concentrarse un poco mientras bebía, sintió el ki de varias personas más cercanas de lo que creía. Con la cerveza en la mano anduvo hacia la primera de ellas y, cuando descubrió a Goten durmiendo plácidamente sobre el suelo, sus ojos se pusieron en blanco.

—Maldita sea —musitó. Desvió los ojos hacia el jardín, y a través de la puerta abierta y gracias a las luces del árbol de Navidad descubrió el cuerpo de su hijo a la intemperie. En lugar de meterlo dentro para que no cogiera frío, Vegeta dio un sorbo a su bebida negando con la cabeza. Se dirigió hacia las escaleras otra vez, pero la energía de una tercera persona apareció a su lado de improviso y, automáticamente, se giró hacia el sofá. Sobre este, Bra dormía plácidamente y Vegeta frunció el ceño.

Unos segundos antes, su hija no estaba allí.

Vegeta aspiró, acercándose a ella. El penetrante olor a alcohol era molesto, pero no lo suficiente como para incapacitar el resto de sus capacidades instintivas, esas que, con el tiempo en la Tierra, se habían marchitado poco a poco.

Lo estaban tanteando como una presa.

Vegeta se tensó; su ki aumentó y sus rodillas se doblaron a la espera de un ataque preventivo. Soltó la cerveza descuidadamente y adquirió una pose de defensa. Le resultaba extremadamente difícil descubrir el lugar desde el que lo vigilaban. Su olfato estaba aturdido por el olor a alcohol y a ceniza, el ki de la criatura estaba tan bien escondido, que podría confundirlo con el de un ratón o un gato. Vegeta podría jurar que ese ser sabía lo que hacía, experimentado en la caza con un instinto de depredador nato.

Esperó; entrecerró los ojos. Entonces le sintió moverse y precipitarse sobre su espalda a gran velocidad y, de inmediato, se volvió con fiereza para defenderse, recibir el golpe y contraatacar.

Lo único que pudo sentir fueron los grandes pechos de Bulma botando bajo su ropa interior antes de que la mujer le aplastara la cabeza entre ellos. Vegeta se escandalizó con una mueca abochornada cuando Bulma, todavía un poco bebida después de la fiesta, restregó su cabeza contra su clavícula con demasiado énfasis y melosidad mientras le llamaba con apodos odiosamente dulces.

—¡Bulma, suéltame! ¿Se puede saber qué coño haces? —la mujer lo soltó ante la exigencia, pero su cuerpo quedó colgando de su cuello por los brazos. A Vegeta le tembló un párpado cuando se vio obligado a agarrarla para que no se tirara al suelo—. ¡Mujer loca! Casi te mato. Pensaba que eras...

—¿Por qué te vas de la cama y me dejas sola? ¡Rastrero!

—Tenía sed. Vamos, levanta —Vegeta no tenía paciencia con gente ebria, así que al ver que no se movía con una sonrisa en los labios, supo lo que la mujer estaba buscando. La levantó en brazos tal y como ella quería y pudo ver cómo la sonrisa de Bulma se ampliaba inmensamente.

—¿Qué haces aquí solo con la luz apagada?

—Estaba bebiendo... y me he encontrado con esto —Vegeta hizo un leve gesto con la cabeza, mostrándole a su mujer los cuerpos de Goten y Bra desperdigados por allí, dormidos profundamente.

—¡Oh, qué pena! Ahora no podremos hacerlo aquí —el príncipe pestañeó sin captar el significado oculto por lo dicho hasta que su mujer se inclinó sobre su oído—.Ya sabes cómo me pone la mesa de la cocina... —ronroneó.

Vegeta decidió que ya se había entretenido lo suficiente y dio media vuelta hacia las escaleras con su mujer en brazos. En la oscuridad de estas, subiéndolas con una rapidez que empezaba a asemejarse a la urgencia, Bulma hizo una última pregunta.

—¿Quién creías que era?

—Un animal peligroso.

Bulma rió ante la ocurrencia y Vegeta supo que sus instintos asesinos se estaban yendo al traste a pasos agigantados. Cuando Bulma le mordisqueó la oreja entre jugueteos, supo que poco le importaba. Los pasos de Vegeta se alejaron camino arriba, dejando el lugar en toda oscuridad, hundido en un silencio perpetuo y tétrico.

Tras unos segundos de sigilo y tranquilidad, la escasa sombra que permitía la luz del árbol de Navidad se agitó y descendió del techo, donde Broly se había encaramado boca abajo mientras Vegeta inspeccionaba el lugar. Había estado justo sobre su cabeza, observándole con los dientes apretados y los gruñidos contenidos. Sus deseos de dejarse caer sobre él de improviso para degollarle no habían sido pocos, y lo habría hecho de no ser por la aparición de esa mujer tan ridículamente bien dotada. Broly solo había visto una cosa cuando ella se encaramó sobre el príncipe: pechos. También la habría liquidado de no ser por su color de pelo, que había logrado distinguir en la oscuridad. No había duda de que esa era la madre de Bra.

No estaba seguro de por qué había decidido dejarlo estar, ni tampoco de cómo era posible que hubiera logrado controlar su furia al ver a ese cerdo que le había limitado sus actuaciones y su vida, pero lo había hecho. Sus ojos se desviaron hacia el hermano de Bra, todavía tumbado en el jardín. Enfadado consigo mismo por no haber atacado a Vegeta una vez tuvo la oportunidad, golpeó la mesa del salón con una pierna, volcándola en acto. Hizo un gran estruendo, pero al parecer todo el mundo estaba demasiado ocupado como para reconocerlo.

No había más que pensar.

Mataría al hijo de Vegeta por semejante ofensa y lo colgaría con la entrañas al descubierto en ese árbol tan resplandeciente.

Estaba decidido.

Broly se dirigió hacia la ventana abierta con una sonrisa sardónica en los labios al pensar en las tripas del muchacho. Su cola se zarandeó de un lado a otro pensando en ello, dejando patente su alegría, pero cuando dio un paso hacia allí notó una mano brusca afianzándose a ella. No llegó a tirar, solo a agarrar para impedir su ida.

Bra, con los ojos entreabiertos, logró detenerle sin moverse del sofá, demasiado borracha incluso para levantarse. Broly retrocedió en sus pasos. La chica le hizo un gesto leve con los dedos de la mano y, obedientemente, él se agachó hasta arrodillarse frente al sofá para ponerse a su altura.

—No te vayas... —le pidió.

—¿Sabes dónde estamos? Esta es tu casa, niña —los ojos de Bra giraron alrededor de la sala, pero no lograron situarse en absoluto—. Yo nunca seré bienvenido aquí, así que olvídalo.

—Eres bienvenido para mí.

El perpetuo ceño fruncido de Broly se suavizó; su furia solía plasmarse en cada uno de sus gestos, su descontrol de una manera muy diferente a como se plasmaba en Vegeta. El padre de Bra había sido calculador, sarcástico y torturador nato, pero Broly era como un animal hambriento y enrabietado, defendiendo su comida. Aunque había notables diferencias, ambos habían mordido para sobrevivir incluso a su propia especie, pero ahora Vegeta mordería para defender a los suyos y Broly por pura ambición y sed de venganza. Ciertamente, nunca sería bien recibido.

Broly tenía demasiados motivos para atacarles... y solo uno para no hacerlo.

La cuestión era si ese motivo valía la pena o no.

Bra se durmió casi inmediatamente después. Paseó su frente por la barbilla de él, y su cabeza acabó siendo acariciada por su mejilla, restregándose contra ella en un gesto instinto. Descendió hasta el sofá otra vez con los ojos cerrados, y Broly la siguió frotando la sien contra su clavícula, luego contra su cuello y finalmente contra su pecho. Al ascender, le dio un lametón sobre la mejilla y se apartó. Se levantó y decidió salir de allí antes de encontrarse algo más que lo detuviera, echando una última mirada a Bra dormida.

Salió por el jardín y, una vez más, encontró a Trunks allí. Lo miró con infinito desprecio y tomó otra decisión. Antes de salir de allí, le devolvería a ese desgraciado algo que le debía y que nunca olvidaría.


25 de Diciembre

10:15 am.

A-18 bebía su café matutino sin apartar los ojos del cuerpo de Goten que descansaba sobre el suelo del salón. Lo movía con un dedo para que se mezclara bien con la escasa leche que tenía y el calor se disipara un poco; estaba ardiendo al máximo. Esperó desviando la mirada a Bra dormida sobre el sofá, ignorando deliberadamente a Trunks en el jardín. Krilín y Bulma estaban en un estado muy similar, derruidos sobre la mesa de la cocina junto a la taza de café bien cargado. Oolong hipaba hundiendo el hocico en el desayuno y Marron comía tranquilamente y daba algo de beicon al cachorro que Trunks le había regalado la noche anterior. Solo Vegeta y ella estaban en plenas facultades esa mañana.

A-18 no lo aguantó más y derramó el café ardiendo sobre la cara descubierta de Goten, que dio un salto y un alarido tal, que casi logró colgarse de la lámpara del salón.

—¡QUEMA! —tronó, e inmediatamente un dolor de cabeza horrible le sacudió de la cabeza a los pies. Sobre el sofá Bra abrió los ojos por el grito y se cayó de este al suelo, golpeándose la cara. De rodillas, como un animal, gateó intentando levantarse con la cara ruborizada.

—Oh, dios mío... mi cabeza... —se quejó.

—Eso os pasa por beber más de la cuenta, inútiles —los acusó Vegeta por igual.

Ambos, tanto Bra como Goten, se situaron a duras penas en el lugar de los hechos, reconociéndose en el salón de la Corporación Cápsula. El segundo agarró un cojín del sofá y lo abrazó, quedando rezagado en el suelo mientras Bra hacía un esfuerzo inútil por levantarse.

—Ha llegado el gordo de Santa, ¿es que no queréis vuestros regalos? —se burló Vegeta. Le dio una leve patada a la silla donde Bulma descansaba, sacudiéndola, y esta la miró con una inmensas ojeras.

—Déjame en paz, príncipe del demonio.

—Suficiente... yo ya tuve mi regalo ayer —se rió él.

Marron se levantó de la silla cuando terminó de desayunar, y llevó los platos al lavavajillas seguida animadamente por su nueva mascota. En cuanto lo hubo recogido todo salió al jardín con la intención de jugar un poco con su efusivo compañero. El animal corrió hasta situarse junto a Trunks, que dormitaba encogido sobre sí mismo. Marron se acuclilló sonriente frente a él, pensando en que debería despertarlo para que no cogiera frío y se fuera a la cama o a por una taza de café humeante; se rió cuando el perro le lamió la cara, alegre y animada.

Por un momento, pensó en perdonarle todas aquellas pesadas bromas que le había hecho a lo largo de su vida, esas que pretendían captar su atención, cosa que ella no sabía. En las últimas semanas Trunks le había salvado la vida una vez y se comportaba como un buen jefe, adulto y casi maduro cuando no se ponía nervioso a su lado. El precioso animalito que agitaba la cola a su alrededor era una prueba de lo mucho que había cambiado; los sentimientos de Marron estaban empezando a cambiar a pasos agigantados, y más lo hicieron al verlo allí dormido como un angelito, con una expresión tan dulce que embelesaba.

Estaba dispuesta a perdonárselo todo... y lo hubiera hecho si no la hubiera cagado justo en ese momento.

El perro siguió lamiéndole la mejilla amistosamente y Trunks abrió la boca entre sueños, gimoteando.

—Hum... sigue lamiendo, Marron...

La muchacha pensó que no había oído bien, pensó que le estaba gastando una de sus bromas más sucias. En cualquier caso, la reacción no se hizo esperar; se ruborizó hasta las orejas y, enfurecida por la vergüenza, se levantó de un salto y le dio una fuerte patada en las costillas que lo despertó de inmediato mientras gritaba.

—¡IDIOTAAAAAAA! —la cabeza de Trunks dio vueltas por todo el lugar con semejante chillido, y tan incrédulo como confuso, observó como la rubia entraba en su casa hecha una furia mientras el perro la seguía de cerca meneando la cola.

Intentó poner en orden sus pensamientos sin saber qué había hecho o dicho para enfadarla, espantado, pero a su cabeza solo vino una única imagen: la figura de Broly con Bra en brazos, dándole una patada en la cara que lo dejó KO la noche anterior. Broly, sí, el mismo... y juraría que iba vestido de Santa Claus.

En el salón, Bra se levantó del sofá a rastras, a punto de vomitar sobre el suelo pulcro. Estaba tan mareada y tenía el estómago tan revuelto que, aunque se moría de hambre, apenas podía caminar hasta el salón. Una pregunta viajó por su cabeza... ¿cómo había llegado hasta allí? Lo último que recordaba era a Broly sacándola del lago, a ella quitándose la ropa helada y poco más; esa misma ropa que ahora llevaba puesta otra vez. Su vestido rojo y seco estaba amoldado a su cuerpo, pero no recordaba habérselo puesto otra vez ni haber vuelto a casa. ¿Qué demonios había pasado?

La entrada de una furiosa y ruborizada Marron en el salón hizo que su cabeza doliera todavía más, pero inmediatamente, despertándola de su estado resacoso al momento, su hermano irrumpió en el lugar totalmente exaltado con unas inmensas ojeras y la mejilla amoratada.

—¡Broly está vivo! —gritó.

Bra se espabiló de inmediato.

—¡Lo he visto, ha entrado en casa por la chimenea vestido de Santa Claus y nos ha noqueado a Goten y a mí! ¡Incluso llevaba a Bra sobre un hombro! ¡Está vivo!

Bra dejó escapar un gritito angustiado, aterrorizado que nadie oyó. Frente a Trunks, Vegeta se levantó de la silla dando de lado su desayuno todavía con la boca llena. La expresión de su hijo era de profundo pánico, y Bra pudo ver la gravedad en el rostro de su padre.

Los había descubierto. Todo había acabado.

Bra empezó a temblar considerándose chica muerta.

Entonces Vegeta le arrojó un vaso de agua helada a Trunks en plena cara, igual que A-18 había hecho momentos después. El susodicho se quedó paralizado con el entrecejo fruncido.

—Vete a tu cuarto y date una ducha con agua fría. Te irá bien —le aconsejó su padre.

—¡Pero papá, es verdad! Lo vi cuando volvimos a casa. ¡Goten también lo vio!

—¿Eeeehhm? —el mencionado abrió la boca de par en par, bostezando. Todos los ojos se clavaron en él, esperando una confirmación, pero ese se limitó a encoger la cara—. ¿Lo vi? Solo vi a Santa... y era un Santa muy agresivo y muy alto. Siempre he pensado que era más pequeño y más gordo.

—¡Porque no era Santa, era Broly!

—Así que Broly entró anoche en nuestra casa por la chimenea, vestido de Santa Claus el día de Noche Buena, os noqueó a ti y a Goten y se llevó a Bra sobre su hombro sin intentar masacrarnos uno a uno... ¿eso es lo que quieres decir? —Trunks fue consciente de lo horrible que sonaba su versión en boca de su padre. De hecho, él mismo dudó de ello en cuanto lo mencionó, y se olvidó totalmente cuando Vegeta fue a la cocina y volvió con una jarra de agua helada que, otra vez, poniendo el suelo perdido, le arrojó encima como si se tratara de un simple cubo.

—¡Ya vale! —exclamó Trunks.

—Maldito borracho, vete a tu cuarto de una vez y deja de decir esas gili... —pero antes de que Vegeta pudiera terminar, y cuando Bra ya empezaba a suspirar de alivio, hubo algo que acalló su frase. Se acercó a su hijo, muy serio, y la tensión volvió al cuerpo de Bra cuando se inclinó sobre él hasta que su nariz prácticamente rozó su hombro. Se apartó con la cara encogida y el ceño muy fruncido.

La joven dejó de respirar. ¡Claro, había detectado a Broly por el olor! Al fin y al cabo ambos eran saiyajins, y tenían las mismas facultades.

¡Estaba muerta!

—¿Te has meado encima? —nuevamente, la pregunta la descolocó por completo, al igual que a su propio hermano, que se quedó a cuadros con los ojos muy abiertos—. Hueles a meado.

—¿Cómo... dices?

—Es cierto. Huele a orina —asintió A-18 sentada frente a su hija, cuyos colores eran ahora de rojo fosforito. Bulma miró a su hijo y olió desde la mesa; encogió la nariz con desagrado cuando notó el olor de igual manera.

—¡Trunks, qué vergüenza!

—Pero ¿qué dices? ¡Yo no me he meado encima! —aseguró, pero en cuanto se llevó un brazo a sí mismo y se olió, notó el olor al igual que el resto, pasmado. Tenía los pantalones secos, estaba seguro de que no se había hecho nada encima, pero aun así se ruborizó como un farolillo de feria. Totalmente avergonzado, como un niño pillado haciendo una travesura, bajó la cabeza con los ojos brillantes.

Bra suspiró, aliviada al no verse descubierta, pero por otra parte también curiosa cuando vio que los pantalones de su hermano estaban totalmente secos y el olor llegó hasta ella. De repente, un recuerdo vago llegó hasta su mente.

Tu hermano se meó encima de mí cuando me conoció.

Eso le había dicho Broly hacia tiempo, en el volcán donde habían entrenado y lo había visto transformado por primera vez en guerrero legendario. Una gota de sudor descendió por su frente al darse cuenta de lo poco que le costaba imaginárselo descubriendo su pene y haciendo pis sobre su hermano, al que había dejado inconsciente momentos atrás con una sonrisa de satisfacción en la boca. Seguro que lo había hecho, seguro que le había dado una patada en la mejilla que el pobre tenía amoratada y luego se le había meado encima para devolverle aquella humillación.

Seguro que había sonreído de oreja a oreja mientras lo hacía con la cola sacudiéndose de un lado a otro felizmente. Como si lo viera.

La madre que lo parió.

Pero aun así Bra no dijo nada, y se disculpó mentalmente con su hermano por hacerle pasar esa vergüenza por la inmadurez de semejante bruto. Ella también sonrió, emocionada al ver cómo se había desarrollado todo a su favor, con la resaca casi desaparecida por el susto que se había llevado.

Se dirigió al jardín con la intención de tomar un poco el aire y andar hasta sus regalos, esos que descansaban alrededor del maltrecho árbol de Navidad. Se quedó, sin embargo, escuchando la discusión entre su padre, su hermano y su madre con cierta diversión, y por primera vez en mucho tiempo apreció cuánto valían esas discusiones familiares que, un día no muy lejano, tanto echaría de menos.

El Maestro Roshi saltó las escaleras que daban a la segunda planta como un hombre jovial, todavía ruborizado y borracho. Krilín, Bulma y Oolong rieron ante su presencia mientras Bra, cruzada de brazos, se apoyaba en el marco de la ventana pensando en si los regalos que había dejado en la casa cápsula le habrían gustado a ese grandullón maleducado; aunque tenían un montón de regalos bajo el árbol de Navidad, lamentaba que ninguna fuera de él.

Aunque fuera la cosa más absurda, le hubiera gustado tanto recibir algo suyo... una gran sorpresa.

Y la había recibido, aunque ni ella misma lo sabía aún.

—¡Pero qué guapa estás, Bra! —el Maestro Roshi se le acercó con las manos por delante con una expresión poco confiable. Normalmente, Bra le habría regalado un golpe o le habría llamado viejo verde de estar de mal humor, pero esa mañana no podía ser mejor—. ¡Eres la viva imagen de tu madre con tu edad, incluso empiezas a desarrollarte tan bien como ella! —Bra agitó la cabeza con orgullo pese a las intenciones libidinosas del anciano. Vegeta, sentado de nuevo a la mesa, gruñó con parte del desayuno en su boca, y Bulma se rió.

—Hoy estoy de buen humor, así que dejaré que me hagas cumplidos, Maestro Roshi —Bra se volvió hacia su familia con el rostro resplandeciente. Entonces, una fuerte corriente de viento le azotó por la espalda—. ¡Hoy hace tan buen día!

La corriente de viento subió su vestido hasta la cintura, dejando al descubierto lo que había debajo frente a su familia, lo que deberían de ser sus bragas.

Pero no había bragas.

Vegeta escupió la comida de vuelta a su plato, los ojos de Bulma, Marron y de la propia A-18 se abrieron como platos, Trunks desencajó la cara con espanto, Goten se levantó de inmediato del suelo y observó la escena con la boca abierta, pero las reacciones de Oolong, que echó humo por su hocico porcino y la del Maestro Roshi, que soltó una carcajada desquiciada mientras un reguero de sangre se escurría por su nariz, no tuvieron precio.

Bra observó la escena sin captar nada hasta que el frío llegó hasta su entrepierna y descendió la mirada abajo. Cada parte de su cuerpo se tiñó de un rojo intenso al captar lo sucedido.

—¡Sí que te pareces a tu madre, niña! —comentó el Maestro Roshi, y antes de que Vegeta pudiera golpearle, Bra ya había hecho su movimiento.

—¡IIIIIIIIIIAAAAAAAAAAAAAHH!

Gritó tan fuerte que el perro de Marron empezó a llorar, escondiéndose tras las piernas de esta.

—¡MALDITO MONO DEL DEMONIO, TE MATARÉEEEEEEE!

Y siguió gritando incansablemente durante largos minutos, porque nadie salvo Broly podría haberle quitado las bragas, y tenía absoluta razón.

A muchos kilómetros de allí, ajeno a la situación de la Corporación Cápsula, el guerrero legendario agitaba la cola mientras dormía apaciblemente sobre su enorme cama en su casa cápsula. Los paquetes de galletas vacíos le rodeaban, tirados sobre el suelo y con restos sobre la cama; los dibujos animados se iluminaban en la tele de la desordenada habitación, los juguetes y la ropa estaban tirados por todas partes y solo dos, haciéndolo inmensamente feliz mientras dormía, lo acompañaban durante su sueño.

Las bragas de Bra estaban enredadas en una de las manos del guerrero, prácticamente pegadas a su nariz mientras dormía y dejaba escapar algún que otro ronquido. En su brazo libre, el peluche de Brocolín era aplastado entre sus bíceps y con cada sacudida, una oración quedaba a medias.

"¡Eres mi mejor amigo y juntos viviremos grandes aventuras!"

Sí, no cabía duda de ello mientras Broly hablaba en sueños.

—Acabaré contigo... Capitán Zanahoria... Berenjenina... grraaarg... es mía... grrugraar... —entre ronquidos y algún que otro insulto, Broly disfrutaba de sus nuevos juguetes.

Y en una cama enorme para él solo con las bragas de su alumna en la mano y el peluche de su héroe favorito en la otra, Broly decidió que cuando fuera amo y señor de la Creación ordenaría que se celebrara la Navidad en cada rincón del universo...

Y todos sus súbditos deberían hacerle regalos ese día si no querían tener una muerte lenta y dolorosa.


[...]

N.A: puesto que Instinto animal fue publicado por primera vez el 31 de Diciembre, en Noche Vieja (no sé yo qué tendría que hacer en lugar de colgar un fic esa noche o.O) y puesto que se ha hecho bastante popular y el drama actual ha desgarrado parte de la trama inicial, muy humorística en sus inicios más que otra cosa, me decidí a hacer este especial de Navidad. No es necesario leerlo para entender nada de la historia; este capítulo en sí es "de relleno" pero me pareció bien escribirlo y colgarlo por estas fechas porque siempre quise hacer una referencia a la Navidad puesto que la historia se inicia en invierno, pero nunca dije nada sobre ella porque me dejé guiar demasiado por la trama. Aquí tenéis lo que ocurrió ese día xD

Espero que os sirva para destensaros del dramón que está dominando últimamente a la historia y os acordéis de los primeros capítulos, de cómo era el inicio, de las relaciones todavía frías entre Bra y Broly aunque ya un poco "caldeadas", pero ni mucho menos tanto como en los últimos capítulos. Por ahora no había drama en esos instantes, y toda la familia estaba unida, Goten seguía vivito y coleando aunque las relaciones con Goku, al pobre, le resultaban un poco frías porque el salvador del universo con respecto a la familia tenía la sensibilidad en el culo (cosa que ha cambiado un poco, ¿verdad?); el Trunks de Pesadilla no estaba cerca en absoluto aunque Goten y él se conocen desde hace mucho años, cosa que deja caer en su charla con Bra (sigo sin saber qué hacer con el Trunks de Pesadilla, creo que merece hasta un fic aparte, pero quizás sea un poco traumático y muy belicoso, como un Instinto animal sin la parte cómica y romántica) y sobre todo, la familia Brief sigue entera en su ignorancia con respecto a Broly. Vegeta sigue queriendo demasiado a Bra, y está bastante humanizado (tanto que incluso bromea con los amigos de su hija), pero sobre todo Bra... escribiendo este especial me da la impresión que desde los primeros capítulos a los últimos ha madurado muchísimo, casi tanto como Broly.

En fin, algunos leeréis esto por la noche y otros por la mañana del que, en España, es el día de los Reyes Magos, cuando los tres reyes magos vienen a las casas de los niños a dejar regalos. No he hecho mención a los reyes magos y sí a Santa Claus porque soy consciente de que Santa Claus es mucho más internacional que los Reyes Magos (no sé si es solo en España donde se dan), así que esto sucede técnicamente el día de Navidad, no el 6 de enero que sería el día de regalos para España.

Soy consciente de que resulta raro incluir una tradición que tiene mucho que ver con la religión cuando en Dragon Ball no hay nada de eso, pero tomésmolo desde el punto de vista laico. Estos muchachos celebran la navidad por tradición, no por creencias, así que poco tiene que ver que el 25 de Diciembre fuera el nacimiento del niño Jesús xD.

Si la aparición de Apple os parece rara después de su pelea con Broly en el capítulo 17, tened en cuenta que cambié su aparición por completo y dicha pelea entre ellos jamás existió. Apple no fue un cabrón, si no un caballero según la reedición del capítulo, y fue Broly el que actuó adorablemente inmaduro contra él. Con respecto a lo que le ocurre a Trunks en este capítulo, aclaro que adoro al personaje, no es bashing, lo juro, no pretendo ridiculizarlo en absoluto, pero se me ocurrió que Broly merecía una pequeña venganza y ahí está! xD Tenía que ponerla.

Ahora sí, os aviso de que os empapéis tranquilamente este capítulo (si queréis, no es necesario para entender la trama) porque empiezo mis exámenes de universidad y no los acabo hasta principios de febrero, por lo que puede que tarde en actualizar (puede, quizás no tanto), motivo de más para subir este capítulo especial.

Por último, OS DOY MIL GRACIAS POR LOS REWIENS. Ya sabéis que son mi fuente de inspiración y adoro y aprecio cada uno de ellos, de verdad. Ver tantos rewiens y buenos comentarios solo aumenta mis ganas de escribir y de actualizar rápido, todo lo deprisa que pueda, y más aún cuando veo cómo analizáis la historia y los capítulos, incluso los personajes. ¡Lo adoro y vuelvo a dar CIENTOS DE GRACIAS por ellos! Lamentablemente, esta vez no podré responderlos, pero solo por esta vez por mis estudios (demasiado tiempo paso escribiendo y luego se me viene todo encima u.u). Prometo responder la próxima vez, ¡lo juro!

Como compensación por ellos, os voy a decir el título del siguiente capítulo para que estéis más tranquilos con toda esta angustia de los anteriores episodios. El capítulo 29 se llamará: "El retorno de la esperanza", ¡a ver qué especuláis ante eso! xD

Muchísimas gracias otra vez y espero que hayáis pasado una muy Feliz Navidad.

¡Un años con vosotros y vosotras se ha pasado volando para mí ;)!