N. A: final del capítulo.


Capítulo 29

El retorno de la esperanza


Día 208 (03:26 am)

Broly oyó el sonido de la televisión nada más poner un pie en el jardín de la Corporación Cápsula. Lo atrajo de inmediato, desviando su atención de Yamcha y Tenshinhan, ambos manteniendo una guardia alta durante la noche mientras el resto del grupo descansaba y dormía. Sabían que poco podían hacer con enemigos de poderes tan desorbitados, y esa era su manera de ser útiles a la espera de algo más.

Tenía sueño, pero no estaba cansado. Para él eran dos cosas muy distintas. Si no dormía lo suficiente, una friolera media de once horas, a veces más, el doble que lo que necesitaba un saiyajin normal, empezaba a tener serios problemas de autocontrol y humor; su cuerpo necesitaba descansar para controlar y retener las desorbitadas cantidades de ki que segregaba, y si no pegaba ojo, a menudo perdía el norte. No era necesario que durmiera por la noche, cualquier hora del día estaba bien y tampoco hacía falta que fueran horas seguidas. Lo único que necesitaba era recargar las pilas. En aquel lugar lo necesitaba más que nunca, pero el ruido de la televisión lo atrajo como la luz a las polillas. Su curiosidad era insana, algo que ya debería haber aprendido.

Se adentró en la casa por la puerta del jardín, sin ocultar su presencia. La televisión brillaba y Broly se acercó sacudiendo la cola. Una sucesión de imágenes envueltas en risotadas divertidas y comentarios jocosos llegaron hasta sus oídos. El orgulloso príncipe de los guerreros estaba sentado en el sofá casi dormido por completo en la televisión; en sus brazos, un bebé de pelo azulado babeaba entre sueños. El hermano de Bra, diecisiete años más joven, le hacía muecas a los dos mientras la imagen era inmortalizada por la cámara.

Broly ladeó la cabeza cuando entendió que se trataba de una escena familiar.

—Hola, Broly —el susodicho descubrió a Bulma sentada en un extremo del sofá. Fumaba con un carácter apacible y marcadas ojeras. Sus manos temblaban copiosamente por los nervios de las circunstancias, pero eso no era algo que él mencionara—. No te hemos visto en los últimos días, pero sabíamos que volverías. Eres un alma libre, ¿verdad? —él no dijo nada y siguió observando el conjunto de escenas—. ¿Quieres verlo conmigo? El bebé que Vegeta tiene en brazos es Bra.

Por el simple hecho de que hubiera un bebé en la película, Broly ya se sentía incómodo, pero cuando supo detectar las semejanzas entre ese pequeño medio humano y su propia medio humana, se decidió a aceptar la proposición. Despacio, cubriendo el terreno con pies de plomo, se sentó en el otro extremo del sofá, lejos de Bulma. Trunks siguió haciéndole carantoñas al bebé mientras Bulma grababa la escena intentando controlar su risa, pero entonces la diminuta Bra hizo un puchero y empezó a llorar. Vegeta se despertó, miró a su hijo, se dio cuenta de lo que había hecho y hundió sus nudillos en su cuero cabelludo. El niño se alejó con los ojos brillantes por el dolor mientras Bulma se deshacía en carcajadas y Bra seguía llorando. Broly se estremecía con cada grito y la Bulma que estaba sentada a su lado lo notó; pasó la cinta adelante y el sonido del llanto se calmó. Broly suspiró.

—Así que ese es tu miedo. Eres pedofóbico —el ceño de Broly estaba fruncido. La mujer era aguda, mucho más que Bra; a ella le había llevado meses darse cuenta de cuánto pavor le causaban esas desagradables criaturas—. Tranquilo, no se lo diré a nadie, pero tengo curiosidad. Alguien tan grande y fuerte como tú... ¿es algo irracional o pasó algo que te provocara ese miedo?

—¿Es que Kakarotto te ha ahorrado los detalles?

—Goku no me ha dicho nada. De hecho me sorprende que él conozca el motivo de tus miedos. Soy científica y muy observadora, solo eso.

—Científica —Broly casi escupió a un lado de puro desprecio—. La última vez que tuve contacto con alguien de tu calaña su planeta explotó y su raza se extinguió.

—Si los hubieras extinguido de verdad, no estaríamos en esta situación ahora —le respondió con altanería. Broly pensó en cuánto se parecía Bra a su madre en lo referente al carácter, aunque su alumna era mucho más inmadura y menos sagaz, más bruta. No tenía esa especie de elegancia con la que Bulma acababa las oraciones, y eso era una suerte porque Broly detestaba las sutilezas— ¿Qué te hicieron para que reniegues de tu odio por nosotros y decidas unirte para acabar con ellos? Aparte de lo obvio, quiero decir. Ya sabemos que... —Bulma siguió hablando sin parar, tanto y tan rápido, que Broly desconectó de su conversación y se limitó a observar la pantalla.

El anciano matrimonio Brief era grabado por el revoltoso nieto mientras tomaban café con pastas. Goten, visiblemente más pequeño que Trunks en aquella época, correteó hacia la mesa y consiguió agarrar tantas galletas y dulces como le fue posible; empezó a tragarlos como todo un saiyajin haría hasta atragantarse. En los brazos de su madre, siendo observada por sus abuelos, la pequeña de la familia se empachaba mamando del pecho de Bulma.

—Esos son mis padres. Murieron hace unos años. Tuvieron una vida larga y feliz así que no puedo quejarme, aunque cuando los veo en estas grabaciones todavía siento... —los ojos de Broly empezaron a cerrarse de puro aburrimiento mientras seguía escuchando la verborrea de la mujer.

Su "conversación" con Bulma llegó a un extremo, así que decidió cortar por lo sano para no oír más palabas inútiles intentando ganar su amistad. Fue breve y conciso, y le sorprendió lo poco que le importó mencionarlo para acallarla cuando había guardado semejante secreto durante tantos años. Ahora que Bra y Goku lo conocían, poco le importaba.

—Los boburrianos me utilizaron de semental mientras me tenían encerrado, crearon vida con mi simiente a mis espaldas y cuando se cansaron de mis hijos, los mataron.

Hubo una carcajada resonando en los altavoces de la pantalla de televisión, el único sonido aparte del, de pronto, acelerado corazón de Bulma. Ahora Bra tenía cuatro años de edad y comía aceleradamente una tarta de arándanos hecha por su abuela hundiendo la cara en ella; estaba pringosa y sus mejillas estaban manchadas de salsa de arándanos, pero ella se rió, alzó la cuchara que no había usado hacia la ventana del jardín y gritó "¡papá!". Vegeta entró y la observó con una mueca de desagrado antes de tornarse en una diminuta mueca de diversión que se molestó en ocultar.

Bulma tragó la saliva acumulada en su boca e intentó controlar el temblor de sus manos sin ninguna clase de éxito.

—Dios mío... No lo sabía. Lo siento mucho. Debió de ser...

—¿Horrible? —la interrumpió él—. Los críos murieron, ¿y qué? No los conocí. Lo único que sabía de ellos es que lloraban a todas horas y no me dejaban dormir. Me estaban volviendo loco y cuando los vi... eran mitad boburrianos —el cuerpo de Broly se contrajo en desprecio, en vomitiva grima ante el recuerdo.

—Y pese a ello, quieres vengarlos desesperadamente —atajó. Aunque Bulma entendió que no era un tema que le resultara especialmente doloroso, supo que había más aparte de esa crudeza y aparente indiferencia—. ¿Bra lo sabe? —Broly asintió lentamente, y ella sospechó que al nombre de su hija debía de añadir el de Goku como conocedores de ese horripilante secreto—. ¿Y por qué me lo cuentas a mí?

—Porque llevo guardándolo años y he descubierto que al callarlo le doy más importancia de la que tiene. Ellos murieron, yo sobreviví y no hay más salvo la cabeza de los supervivientes boburrianos. Cuando los mate será como si no hubiera pasado nada.

—Mataron a tus hijos y no creo que eso pueda ser olvidado fácilmente.

—No lo será si le dais más importancia de la que tiene; Kakarotto lo hace, el muy idiota. Cree que debe ser comprensivo conmigo por eso —Broly se rió por la ridícula idea.

—En realidad, Goku quiere ser tu amigo. No para derrotar a los boburrianos, no para utilizarte como un arma, sino de corazón. ¿Entiendes eso?

—No soy tan estúpido como para creerme que quiere enlazar una amistad conmigo, humana.

—Pero es cierto, quiere hacerlo. De hecho, le caes bien —Broly dejó escapar una risita gutural—. No te rías, es verdad. A Goku le encantan las personas fuertes y tú lo eres. Tiene la esperanza de que, cuando todo esto acabe, te quedes con nosotros y peleéis de verdad, sin interrupciones. Tú y Vegeta, además de los boburrianos, sois dos de los motivos por los que no para de entrenar incluso después de todo lo que ha ocurrido con sus hijos. No soporta ser tan débil con personas tan fuertes a su alrededor. De verdad te admira ahora, a ti y a Vegeta —Broly intentó ignorar lo recientemente oído con todas sus fuerzas, convencido de lo poco que le importaba esa declaración aunque no fuera así. En la pantalla, Bra había pasado a tener siete años y era acompañada en su primer día de colegio a la escuela por su padre, siempre cercano pero aparentemente severo, vigilante. Bra iba agarrada de su mano y le contaba un sinfín de cosas que Vegeta no parecía escuchar, motivo que no era suficiente para hacer que la niña se callara—. Y a Vegeta también le caerías bien si no fuera porque estás con Bra —eso sí provocó una reacción inmediata en él, que sin más, estalló en fuertes y escandalosas carcajadas.

—Lo único que le pasa a tu marido es que es un mal perdedor y no soporta que otro macho entre en su territorio. Pero si tanto le preocupa dile de mi parte que entre su niñita y yo ya no hay nada —Broly se levantó del sofá sin ninguna intención de continuar con esa conversación, pero una risotada por parte de Bulma le hizo volverse con el ceño fruncido hacia ella. La mujer le sonrió de oreja a oreja.

—Vegeta y yo hemos dicho eso muchas veces. Sinceramente, espero que lo que digas no sea verdad. Si no fuera por ti, Bra nunca hubiera madurado. Entre tú y yo, mi hija nunca le había replicado a su padre hasta el día que volvió de Hawiia después de pasar una semana contigo. Vegeta se puso hecho una furia y Bra se asustó muchísimo, pero se mantuvo firme como no lo había hecho nunca y le dijo claramente lo que quería y lo que pensaba hacer al respecto. Desde ese momento supe que mi hija estaba enamorada, porque nunca le levantaría la voz a su padre de no haber otra persona de por medio.

—¿Intentas hacer que nos reconciliemos, mujer? —le preguntó el guerrero legendario, y Bulma pudo ver cierto rubor en su rostro por ello.

—Solo intentaba guiarte. Ya que eres mi yerno tengo que llevarme bien contigo y... —Bulma inició una nueva charla que Broly no se molestó en escuchar. La mujer se veía ojerosa y cansada pese a su vitalidad, y el guerrero sospechó que fingía desesperadamente con esa actitud que todo iba bien cuando, en realidad, estaba desesperada.

Miró una vez más la pantalla mientras Bulma no dejaba de hablar, ignorándola por completo. Bra ya tenía sus largos diez años y estaba haciendo castillos de arena en la playa enfurruñada porque Pan había construido uno más grande que el suyo. Llamó a su hermano para que la ayudara y la joven Son le exigió a su tío que la aupara para iniciar una batalla sobre sus hombros contra Bra.

La familia ahora rota parecía feliz.

—Dices que Kakarotto quiere pelear conmigo en igualdad de condiciones, ¿no es cierto? —Bulma calló ante el cambio de tema repentino. Broly parecía cansado pero indiferente, más apagado de lo que lo había visto hasta entonces, oscuro. Le lanzó una mirada tétrica y le hizo un gesto antes de empezar a andar hacia el interior de la casa. Bulma se levantó de inmediato y lo siguió—. Quiero que te quede clara una cosa, humana; esto lo hago por mí, porque me aburre la situación y porque Kakarotto no permitió que Vegeta me atacara en mi momento de debilidad. No pienso deberle favores a semejante imbécil. Además, ver a un buen guerrero perder su voluntad de combate tan ridículamente me parece patético, y yo necesito una buena batalla, no una masacre.

Bulma quiso preguntar a qué se refería exactamente, pero tras cruzar el largo pasillo, Broly se detuvo en un punto clave, tranquilo y casi aburrido. La mujer observó la puerta que le impedía el paso con una ceja alzada, sin comprender.

—Este es mi laboratorio.

—Lo sé. El olor a desinfectante me irrita —Bulma esperó una explicación, pero al ver cómo el guerrero se dejaba caer mansamente contra la pared a la espera de que abriera la compuerta, hizo lo que se esperaba de ella. Al fin y al cabo, dentro no había nada que pudiera interesarle en absoluto.

Bulma entró, inquieta, y Broly la siguió con una creciente incomodidad por el lugar en cuestión.

—¿Por qué quieres...?

—Eres científica, como los boburrianos. Sabrás qué hacer cuándo lo veas.

—¿Ver el qué? —Broly se desplomó en una silla cercana a la salida, receloso con adentrarse más en aquel horrible lugar que tanto le recordaba a su pasado. Sus ojos se enturbiaron hasta lo indecible frente a una Bulma confusa.

—Si le cuentas a alguno de tus amiguitos lo que voy a hacer, haré que te atragantes con tu propio hígado.

Bulma no replicó. Si alguien era experto en psicópatas esa era ella, sí, y podía asegurar con solo mirarle a los ojos que Broly no estaba bromeando en absoluto.


Día 212 (10:27 pm)

Ciudad Satán

Pan y Uub aterrizaron simultáneamente en aquel terreno escambroso y destruido, restos de una ciudad gloriosa que ahora mismo no podía permitirse ser reconstruida para suerte de ambos. Aquel había sido el lugar, y ambos jóvenes tuvieron un recordatorio claro del momento exacto en el que Goten, valiente y decidido, se enzarzó en una batalla alocada contra Benkas para proteger a Pan y a todos los que allí había, seguramente a sabiendas de que no tenía nada que hacer contra el enemigo; no sin Trunks. Los dos recordaron su expresión confusa cuando la espada le atravesó y se derrumbó en los brazos de su mejor amigo. Permaneció quieto y tembloroso hasta su muerte, segundos eternos después. Pelearon sin ni siquiera tener en cuenta a los civiles, coléricos. Trunks y Gohan habían sido monstruosos ese día.

Luego, la bola de cuatro estrellas, la de Goku, la del difunto abuelo Gohan, se rompió, y todo se fue al infierno.

Ni Uub ni Pan sabían qué hacían allí exactamente, pero después de escapar con mucho cuidado durante las últimas noches, habían acabado allí, sin esperanzas. Por suerte o por desgracia, ninguno de los guerreros les prestaban atención por los recientes sucesos, y Gohan, el más espabilado con respecto a su hija, todavía estaba demasiado descolocado como para notar su ausencia. Tenían poco tiempo, sin embargo, antes de que se dieran cuenta. Anduvieron por allí durante un par de horas, levantando casquetes y rocas, como los últimos días; el silencio era absoluto, matador, y solo el viento dejaba resquicios de lo que allí había sucedido trayendo consigo un penetrante olor a polvo y putrefacción.

—Aquí no hay nada, Uub —declaró Pan. Uub, que miraba infructuosamente bajo las vigas de un edificio derruido, se giró hacia ella al descubrir los restos de varios cadáveres humanos descomponiéndose. Aunque su cultura le exigía enterrar los cuerpos, su conciencia y la presencia de Pan le hizo imposible el desear moverlos de allí. La muchacha ya había tenido suficiente sangre para el resto de su vida, y ver más cadáveres desmembrados no podía hacerle ningún bien.

El joven descendió las vigas otra vez con un sudor frío recorriéndole la nuca.

Pan estaba rendida mentalmente. Su cuerpo buscaba medios para distraer a su cerebro y a sus sentimientos para no pensar en la situación. También tenía la esperanza de encontrar algo, por pequeño que fuera, capaz de traer un mínimo de alegría a los suyos; ya ni siquiera los reconocía. Su abuela pasaba las horas junto a su padre y su madre, con una templanza a la hora de ayudar a Gohan que resultaba admirable si tenía en cuenta su embarazo. Videl a duras penas podía seguir por su misma línea, sufriendo una locura de amor por el calvario de su marido. El estado mental de su padre se tambaleaba en una inseguridad inusitada hacia sí mismo, un martirio constante que lo hundía más y más con el recordatorio de su audición perdida.

Pan había presenciado una discusión ese mismo día que había acabado de muy mala manera. Videl había abofeteado a su padre como una loca y Pan no pudo soportar seguir allí, sin hacer nada, impotente, cuando su padre escribió con su única mano que, quizás, deberían alejarse ambas de él. No podía pelear ahora, y probablemente sería difícil que trabajara en su estado. Se veía inútil e inservible, y en lugar de preocuparse por sí mismo y por su recuperación, se preocupó por ellas. Temía que Videl ya no lo amara. Nunca se cambiaba las vendas de la cara delante de ellas, y su preocupación por Pan era muy similar.

Quizás deberíais iros y empezar algo nuevo.

Eso había insinuado, y Videl le había cruzado la cara y poco le faltó para dejarle el único ojo sano morado por la rabia. Se puso a llorar, histérica porque Gohan se atrevía a pensar que ella iba a dejarlo de lado por ese incidente, furiosa, y él no supo cómo consolarla porque no había consuelo para sí mismo. Pan tenía un extremo cuadro de ansiedad por todo lo sucedido, y Bra, aunque hacía todo lo posible por sobreponerse y cuidar de ella, no podía consolarla, ni tampoco Uub, y mucho menos Goku. Nadie podía. Lo único que la calmaba un poco era moverse en una búsqueda banal, y Bra, para devolverle el favor por haber ocultado a Broly, empezó a guardarle las espaldas en sus escapadas al exterior.

Y allí estaba, sin resultados.

—No hay nada, absolutamente —aseguró ella. Se dejó caer sobre unos escombros con la espalda inclinada hacia adelante y el pelo cayendo sobre sus ojos. El traje de batalla de su tío le estaba demasiado grande, pero la joven no se lo quitaba ni por asomo, al igual que las gafas de Gohan cuando no las necesitaba. Eran una muestra de apoyo, una necesidad en su estado mental, una prueba de gloria y honor, señal de respeto—. Me rindo.

Uub suspiró antes de dejarse caer a su lado, lo suficientemente cerca como para que los dedos de sus manos pudieran rozar los de ella. Se mantuvieron en silencio durante un largo rato bajo la oscuridad de la ciudad fantasma.

—Tu abuelo me ha enseñado a no rendirme nunca, Pan, y a ti también. Esas no son palabras propias de ti —la joven le giró la cara encogiendo las piernas y apoyando la mejilla en ellas—. Pan...

—Estoy cansada y no encontramos nada, y aunque lo hiciéramos yo no podría contra los boburrianos. No podría vengar a mi abuelo, a mi tío, a mi padre... nos han destrozado la vida y yo no podría... —entonces la joven se levantó. Colérica, con los brazos extendidos a ambos lados de su cuerpo, se dirigió al cielo con el rostro desencajado y el corazón compungido— ¡No podría contra esos malditos hijos de puta! ¡Los odio, los odio, los odio! —empezó a gritar, desesperada, y Uub se mantuvo callado durante todas esas maldiciones agonizantes, permitiéndole el desahogo que no se había permitido hasta entonces.

Pan rompió a llorar, pero eso no impidió que cada palabra se transformara en rabia pura, en impotencia por los caídos.

—Te entiendo, Pan, pero...

—No, no y no... ¡Tú no entiendes nada! ¡Aunque hayas estado con nosotros tanto tiempo, no formas parte de nuestra familia, nunca lo has hecho, así que no tienes ni idea! —las palabras fueron brutales, y para cuando la muchacha se dio cuenta de que estaba pagando su dolor en una de las pocas personas que la seguían a pesar de su irritabilidad, calló con los dientes apretados. Uub la miró con esos ojos que tan débil la hacían sentir, con esa comprensión.

—Es cierto —suspiró—. No formo parte de vuestra familia. Mi gente vive en una aldea pobre, sin tecnología y de una agricultura que les da más trabajo y enfermedades que bienes. Nunca podría olvidar mis orígenes ni a mis queridos padres y hermanos, pero tampoco puedo olvidar a los que me dieron la oportunidad de darles una vida mejor, de ser algo más, de... —Uub calló. Su ceño relajado se frunció ejerciendo un control sobre humano para no irse demasiado de la lengua. Pero ese momento de silencio, con la brisa escurriéndose entre los edificios derruidos, entre los muertos sepultados, le hizo decidirse.

Estaban en guerra. Podrían morir en cualquier momento.

—Se supone que soy la encarnación de alguien maligno, y posiblemente, hundido en la desesperación de la miseria, habría recurrido al camino fácil para ayudar a mi aldea y a mi familia. Pero tu abuelo me apartó de todo eso, me enseñó los principios que nunca hubiera aprendido por mí mismo y me hizo lo que soy ahora. Él... él me trajo hasta ti, Pan —la muchacha pestañeó. Uub se levantó del suelo y la encaró.

Jamás, en toda su vida juntos, lo había visto con una expresión tan decidida y autoritaria.

—Tú no lo recuerdas porque eras muy pequeña todavía, pero yo sí. Viniste a mi aldea una vez con tu abuelo, justo el día que vino a conocer a mi familia para pedirle permiso formalmente para entrenarme. Iba contigo de la mano y tú curioseabas por todos lados. Cuando Goku le propuso a mis padres llevarme con él, tú te subiste a la mesa y me gritaste: "mi abuelo es el hombre más fuerte del universo y es mi entrenador, pero lo compartiré contigo porque eres muy pobre y me das mucha pena" —Pan no recordaba nada de eso. En aquel entonces, calculando, debería tener cuatro años de edad. Sin embargo sonaba a algo tan propio de ella, que se ruborizó al saberlo verdad. Uub le quitó importancia agitando la mano y acariciándose la cabeza en una expresión típica de su maestro—. Yo solo te di las gracias y luego fui a vuestra casa. Me tratasteis como a un hijo más y me disteis lo que mi familia no podía darme. Tú me odiabas, Pan, porque te quitaba tiempo con tu abuelo, pero de alguna manera tu familia siempre acababa compensándotelo porque para ellos siempre has sido la pequeña y la más importante. Goten te adoraba, siempre has sido el orgullo de tu padre y una de las personas más preciadas para tu abuelo. Aunque el maestro Goku me introdujera en vuestro mundo y tú te enfadaras porque me entrenara, no había forma de que yo pudiera competir contra ti, y no me importaba. Aún no me importa. Os debo mucho. Sois mi segunda familia y me juré a mí mismo que lo compensaría todo algún día... que lo compensaría... contigo.

Pan notó un acelerón repentino. Uub detuvo su monólogo, pero su seguridad y decisión no varió ni un ápice. Notaba su cara arder. Una ligera idea de lo que tenía pensado decir llegó hasta su cabeza, y sintió que el corazón se le encogía en el pecho con una palpitación incesante y rápida.

—Uub... —lo llamó. Se giró hacia un lado intentando esquivar la situación, tan nerviosa que las manos le sudaban y temblaban, tan ruborizada como él—. Este no es...

—Pensé que si eras tan importante para ellos podría compensarlo usando mi fuerza para protegerte —la interrumpió—. Lucharé junto a tu familia contra este enemigo porque se lo debo y porque los aprecio, pero también, y por encima de todo, porque tengo que proteger el tesoro más preciado de los Son —Pan no supo qué decir o hacer. No era ninguna sorpresa para ella que sus propios sentimientos se revolvieran como las alas de un colibrí, y ni siquiera sabía desde cuándo.

Recordaba que, cuando era pequeña, había tenido caprichos al pensar en grandes guerreros. No era como Bra que pensaba en príncipes azules. Ella se conformaba con alguien decidido y fuerte que supiera manejarla y hacerse notar. Debía reconocer que durante unos años había tenido un leve capricho por Trunks, e incluso un muy lejano amor platónico resguardado por la admiración en Vegeta como hombre que representaban el poder guerrero, la decisión y la autoridad absoluta. El capricho pasó pronto y se descubrió a sí misma deseando la atención de Uub cuando este no se la daba, celosa porque ella siempre tenía la atención de todos y él no parecía tenerla puesta en ella. Lo obligaba a mirarla, lo arrastraba de un lado para otro como le venía en gana, y pese a todo, pese a sus enamoramientos como adolescente y sus pequeñas y escasas citas que no llevaban a ninguna parte, ni siquiera a algún beso esporádico, Uub la seguía y la veía desde lejos. La cuidaba, la escuchaba, la acompañaba, entrenaban juntos y compartían familiares.

Entonces llegó un momento en el que a Pan no le importó compartirlos con él.

Y también llegó un momento en el que, por mucho que lo intentara, no podía pensar en un hombre a su lado que no fuera él.

Aunque no fuera muy decidido. Aunque la siguiera con una constante sonrisa sin quejarse. Aunque se dejara ganar en los combates para hacerla sentir bien.

Él era lo que nunca había deseado y, sin embargo, lo que necesitaba y quería.

Pero aquello no era una proposición... ¿o sí lo era? Sus pies se sacudían en el suelo, nerviosa por la duda. A su espalda, a apenas unos metros de distancia, algunos escombros se sacudieron y cayeron al suelo dejando abierto un pequeño boquete oscuro, a través del cual un ojo negruzco se clavó en ellos. Entonces, cuando ella estaba a punto de pronunciar su nombre, Uub la agarró por los hombros.

—Pan... —su boca se secó, ansiosa por oír más, con la necesidad inmediata de algo que no llegaba porque Uub estaba nervioso, tembloroso, pero no indeciso—. Pan... yo... —no acabó la oración. Sus pensamientos no estaban en orden ni tampoco los de ella. Lo único que Pan notaba eran sus manos descansando sobre sí, el calor de su tacto en sus hombros, el pulso acelerado que palpitaba en sus muñecas. Uub tuvo un pequeño acercamiento, minúsculo porque no sabía qué decir ni qué hacer, y todo lo que hizo fue instintivo. Apretó el ceño, cerró los ojos debatiéndose consigo mismo y solo cuando pudo entrever cómo Pan cerraba levemente los suyos, se inclinó hacia adelante, y ella también.

No era el momento indicado para eso, pero... ¡lo necesitaban tanto!

El aliento de Uub no llegó a rozar sus labios.

Pan notó como, de pronto, era brutalmente empujada a un lado, tirándola al suelo. Sorprendida, dio un gritito antes de recuperar el equilibrio y volverse hacia él con el pelo despeinado, cayendo con agilidad gatuna, una ceja alzada, el rubor aún patente para preguntarle qué estaba haciendo. Calló, y su aliento se contuvo cuando, al verlo de pie sin haberse movido, entendió lo ocurrido.

Sus ojos se abrieron como platos y el corazón, acelerado, dejó de latir, sin respiración, ahogada en su propia incredulidad y confusión.

Una cola oscura había reptado como una serpiente detrás de Pan, emergiendo de entre los escombros con el aguijón ponzoñoso por delante, a punto de hundirse en la espalda de la chiquilla. Uub la vio, Uub la apartó, Uub no se movió y la recibió en un lateral del pecho con toda la saña de su dueño. Pan no pestañeó, ni él tampoco, sujetando la aguja del aguijón con las manos desnudas incrustándose en su piel, dejando escapar el veneno negro y grumoso del boburriano que los había atacado.

Ambos elevaron la visión hacia los escombros que se habían movido dejando paso a una criatura que poco tenía ya de humano o alienígena. Su piel estaba completamente quemada y solo tenía un brazo y parte de las dos piernas. Era prácticamente irreconocible, pero al analizar la situación ambos supieron de quién se trataba.

Baika.

O lo que quedaba de ella después de haber recibido el ataque conjunto de Gohan, Pan, Uub, Picolo y Trunks tras la muerte de Goten.

Los ojos de Pan brillaban en discordia y absoluta incredulidad.

—Tú... —murmuró. Aquel trozo de carne chamuscado no mencionó palabra, moribundo.

Lo que sí hizo fue sacudir la cola violentamente, golpear a Uub en la cabeza con un lateral de la misma para soltarse y, finalmente, hundir el aguijón en su cuello.


10:30 pm

Corporación Cápsula

Broly vigilaba el ki de Vegeta y Kakarotto desde el techo de la corporación. Ambos se habían alejado de la Cámara de Gravedad hacía un buen rato, y sospechaba que ninguno de ellos volvería esa noche, o al menos no su odiosa contraparte de misma edad. Después de entrenar tanto infructuosamente, era el momento de Goku para estar con ese hijo que había quedado deshecho. Broly mantuvo el ceño fruncido mientras Tama se restregaba contra su pecho y afilaba las uñas en él provocándole poco más que cierto gusto por la masoquista caricia.

Mirando al cielo, se preguntaba cuánto tardaría en hacer efecto lo que la mujer de Vegeta y él había planeado; no mucho, sin duda. Tal vez un par de días más.

Aburrido, acarició al gato y contuvo un bostezo. Mientras los demás, incluida Bra, se mataban a entrenar y a buscar formas de dar con los boburrianos, él se aburría inmensamente. Era vago por naturaleza, y aunque su cuerpo se regodeara frente a algún desafío, se cansaba pronto de pelear. No era, ni mucho menos, un adicto al entrenamiento como Kakarotto o Vegeta. Como mucho, era adicto a la televisión.

Broly decidió que ya estaba bien de hacerse el duro. Era hora de buscar la tierna cercanía de Bra, esa que tan irreflexivamente había rechazado cuando, en realidad, el cabreo ya se le había pasado. Bulma tenía razón. Broly llevaba días sin hablar con ella y aun más días sin tener pleno contacto ni la mente tranquila, y sabía, por la torpeza con la que su alumna hacía las cosas, que ella tampoco pensaba claramente.

No era orgulloso hasta la estupidez, como consideraba a Vegeta, así que el orgullo no le impedía volver a entablar conversación con la medio humana e, incluso, esperar una sesión de apareamiento... si había suerte. Él no suplicaría, por supuesto, pero estaba dispuesto a ceder un poco si ella le hablaba de buenos modos.

Broly detectó la energía de Bra enseguida, esa que sus instintos rehuían y que su cabeza perseguía alocadamente por toda la corporación. Sabía que ella también lo sondeaba constantemente, así que no le daba más importancia de la que tenía que darle. La sintió en la Cámara de Gravedad con un ki elevado junto a otro inquietantemente calmo.

Uno que reconoció sin mucho esfuerzo y que consiguió erizarle la cola.

Broly saltó del techo y aterrizó con Tama entre sus manos. El gato saltó al suelo, y él se dirigió a la Cámara de Gravedad, acelerado. Antes de que pudiera llegar a la puerta, esta se abrió y Trunks salió de ella con las manos en los bolsillos y los ojos entrecerrados. La parsimonia y el vacío absoluto domaban cada una de sus facciones. Él y Broly se habían cruzado alguna vez, pero se habían ignorado mutuamente con la mayor de las indiferencias. Broly lo notaba, no obstante. Conocía esa mirada. El odio y la furia eran naturales en el mundo que él y Vegeta habían compartido, pero Trunks no tenía esa clase de mirada que clamaba odio, no.

Lo suyo era un pozo sin fondo, espacio vacío. Eso significaba que no tenía nada que perder ni nada que ganar, nada por lo que luchar. Una existencia plana y sin sentido, lo que quería decir que no tenía limitaciones, y alguien con un poder como el suyo sin limitaciones... era el peligro personificado.

Era peor que Vegeta o él mismo.

Trunks pasó junto a él sin el menor cambio en la cara y Broly lo vigiló de reojo, preguntándose si debería asesinarlo pronto, porque si reaccionaba de algún modo podría ser peor que Kakarotto o Vegeta. Si lo mataba, su muerte se acercaría más a un sacrificio por compasión que a un asesinato, de eso no había duda. No solo era un peligro, sino también un martirio constante, una vida de calvario puro. Era estremecedor.

Y lo que hizo a continuación demostró cuán preso de la locura estaba.

—No fue tan duro... Benkas... —comunicó. Broly detuvo su paso. Sus ojos lo observaron de reojo, ambos dándose la espalda, abiertos a la posibilidad de recibir algún golpe—. Ese alienígena era de mucho hablar y de poco actuar. Ni siquiera sé cómo pudo suponerte tanto problema como carcelero, pero si fue así, es porque no eres tan fuerte como pareces —un tic sacudió el ojo izquierdo de Broly. Estaba claro que Trunks le estaba provocando—. Supongo que el tamaño y la fama no lo es todo. Quizás me sorprenda a mí mismo acabando contigo en lugar de hacerlo mi padre o Goku —la cola de Broly se sacudió en el aire mientras pensaba en cómo reaccionar ante eso. Bra se enfadaría si le atacaba, y mucho—. Hablando de eso, ¿te divertiste masacrando a unos niños como nosotros, grandullón? —Broly reprimió un gruñido ante la bravuconería.

Su respuesta fue innecesariamente brutal.

—Necesitas desesperadamente algo de acción y dolor para distraerte de tu propia mierda, y no pienso dártelo porque no soy ningún redentor. Si tanto le echas de menos, ¿por qué no vuelves a la cámara frigorífica y te follas el cadáver de tu novio? —no hubo respuesta, y el mayor soltó un sonido de satisfacción al saberse ganador.

—¡BROLY! —la voz de Bra lo distrajo. La joven lo observó con espanto desde la puerta de la Cámara de Gravedad, y a él no le hizo falta más para saber que había oído su pulla. Salvo una ligera hinchazón en la mejilla, un ojo amoratado y un poco de sangre en el labio, parecía muy entera pese al enfrentamiento con su peligroso hermano. Descendió las escaleras y se acercó a Trunks, visiblemente preocupada—. No le hagas caso. Es un mono idiota con un humor de perros. ¿Estás bien?

Él no dijo nada y Broly observó haciendo una mueca de disgusto. Tanta complicidad fraternal lo sacó de quicio y se dirigió al interior de la cámara para esperarla. Por el rabillo del ojo vio como Trunks la correspondía con inusitada fuerza. Ambos hermanos se separaron. La muchacha anduvo hasta la cámara. Antes de cerrar la compuerta para dejarlos solos entre esas paredes, inclinó la cabeza hacia un lado, curiosa.

—¿Qué te has hecho en la cara? —le preguntó. Bra, con el guante inmaculado que le cubría los dedos, le acarició una mejilla, empapándolo en sangre.

Broly se quedó perplejo.

Se tocó la mejilla cruzada por un tajo sanguinolento y se preguntó cuándo demonios había ocurrido algo así. Su visión se dirigió automáticamente hacia el exterior mientras la compuerta se cerraba, hacia la espalda de Trunks que cargaba con esa afilada espada desde que la había empleado con Benkas. Vio cómo la enfundaba y cómo un tic más nervioso que otra cosa le dibujaba una sonrisa desquiciada; le había herido tan rápido que ni se había percatado de ello.

Definitivamente era el peligro en persona. Tendría que matarlo el primero.

—¿Qué estabais haciendo? —Broly se limpió la sangre con la palma de la mano antes de que volviera a empezar a sangrar.

—Hemos peleado un poco y me he dado cuenta de que hay un problema con el software en el sistema que controla la gravedad. No la mide bien. Mi madre es una genio, y también Trunks. El único gen que tengo de ellos es mi facilidad con la informática y la programación, así que...

—¿Y qué pinta él en todo esto?

—Trunks está destrozado. Es una sombra de lo que solía ser desde que murió Goten, así que no te metas con él —Bra tecleó un par de coordenadas en el sistema central de la cámara y notó la cercanía de Broly, sentándose despreocupadamente a su lado con la espalda pegada a la pared—. Hemos estado hablando.

—Y te ha pegado.

—Solo entrenábamos un poco, aunque no estoy a su nivel... ni nunca lo estaré —la muchacha se acarició la mejilla hinchada. Su cabeza era un hervidero de confusión e inseguridades, y no solo por la presencia de Broly, sino por la inestabilidad que de repente marcaba su futuro y el de quienes la rodeaban. Solo tenía una cosa clara, y no era buena—. No soy talentosa como me dijiste aquella vez, ¿verdad? —Broly pestañeó. Tama, que se había colado junto a él, siguiéndolo por todas partes sin parar, encariñado, se restregó contra su pierna.

—... Tienes ventajas y eres fuerte, pero todos los saiyajins que te rodean aquí lo son más que tú, y tienen mucha más experiencia.

—Ya... —Broly detectó el timbre de desmotivación en su voz y supo que parte de esa melancolía era culpa suya por ser tan frío y desconsiderado. Quería arreglarlo, pero no estaba seguro de cómo hacerla sentir mejor; en realidad, nunca lo estaría.

Esperó en silencio y ella terminó de programar el sistema central y apoyó las nalgas sobre los comandos desactivados, cruzándose de brazos con una reserva natural.

—Voy a presentarme a la operación —declaró. Con eso logró captar toda su atención—. Si es la única manera que tengo de ayudar, voy a hacerlo. De eso es de lo que hemos estado hablando Trunks y yo esta mañana, y él... bueno, se ha puesto tozudo. Ha hecho sus propias comprobaciones y está seguro de que el gen que buscan esos alienígenas lo transmiten los varones de la familia. Si tuviera una hija, cree que sería igual que yo, y si fuera varón, su nieto podría tener una hija, así que el gen se extendería de una manera o de otra. Se le ha metido en la cabeza que tiene que...

—¿Castrarse? —Broly sonrió ante la idea.

—No tanto. Hay formas de infertilizarse sin tener que recurrir a eso. En realidad espero que Trunks cambie de opinión. Solo se ha empeñado porque su vida ya no tiene mucho sentido, pero tener un hijo es una buena manera de volver a recuperarlo, ¿no? —Broly empezó a sospechar la dirección por la que la conversación empezaba a desviarse.

—Esa decisión... ¿tiene algo que ver con que yo no quiera tener críos en mi vida? —preguntó fingiendo desinterés. Bra soltó una carcajada falsa.

—¿Quién es el egocéntrico ahora? Pensaba que te daba igual que tuviera hijos con otro hombre, y aunque no fuera así, a ti te viene muy bien que yo me mutile.

—Tienes una idea errónea de mi forma de pensar respecto a eso. Tener hijos es algo importante para cualquier persona y no le veo la gracia a que tú te niegues esa posibilidad solo porque esos jodidos alienígenas te amenacen. Me jodieron con eso una vez y sé de lo que hablo, pero tú verás lo que haces. Es tu cuerpo y tu decisión.

Bra lo observó. Su mente captó la amargura mezclada con falsa indiferencia en su voz, y también vio la manera juguetona y distraída con la que jugaba con su gato desde que lo había conocido. Lo cuidaba como pensó que nunca podría cuidar de nadie, siempre tan independiente y libre. La había entrenado con crueldad al principio, con esmero y responsabilidad después, pendiente de sus errores para obligarla a levantarse y hacer algo al respecto. Adoraba las películas y los dibujos infantiles, todo cuanto fuera propio para los niños, pero no soportaba a estos. Su comportamiento decía mucho de sí mismo para alguien que odiara a los críos, y encima no quería que ella se sometiera a una operación de infertilidad.

En cierto modo retorcido, Broly tenía el corazón de un padre, pero eso no era algo que él deseara escuchar.

—¿Alguna vez pensaste en ponerles nombre? A ellos... —Broly sabía a qué se refería, y no, no lo había pensado tampoco. No solía pensar mucho porque cuando lo hacía sentía demasiadas cosas que prefería ignorar—. ¿Cómo los hubieras llamado? —cuestionó.

Entonces él se levantó del suelo, sin ningún deseo de escuchar más sobre eso, y Tama se colgó de una de las perneras de su pantalón hasta que cayó, alejándose de su dueño. Los brazos de él se apoyaron sobre los comandos de la cámara, encerrando a su alumna entre su musculoso cuerpo y estos. Bra tragó saliva y se recordó a sí misma la última conversación que habían tenido. Él le había pedido que se largara porque no era lo suficientemente madura como para enfrentarse a su padre, y ahora estaba allí, mirándola con esos ojos tan penetrantes.

—¿Tú tendrías a mis hijos? —preguntó. Bra se ruborizó.

—¿Qué importa? Hemos roto, ¿recuerdas? Soy demasiado inmadura para ti y con los años que tienes, es normal —Broly alzó una ceja, preguntándose si le estaba llamando viejo. Suponiendo que los años en el infierno no pasaran, no tendría más que treinta y pocos, aunque su año de nacimiento fuera cinco décadas atrás. En cualquier caso, no veía la relación—. Esta conversación sobre bebés no tiene sentido. Si quieres ser padre siempre puedes... —Broly hizo oídos sordos. Siempre lo hacía cuando algo dejaba de interesarle en las conversaciones; no le costaba nada desconectar, y aunque apreciaba en su mayoría las charlas con Bra, a veces hablaba demasiado.

Por suerte, a ella podía hacerla callar, no como a Bulma.

Se inclinó lo suficiente como para conectar los labios con los de ella unos segundos en un contacto que se hizo forzoso y brusco cuando Bra se revolvió, furiosa. De repente, le cruzó la cara de un guantazo. Él la ladeó, y contra todo pronóstico se rió, lejos de sentirse rechazado, más bien emocionado. Su risa consiguió desquiciarla y cuando él intentó besarla otra vez, con un forcejeo que era más bien un jugueteo, ella le dio otro golpe en la otra mejilla, doblándole el rostro al otro lado.

—¿Cómo te atreves después de cómo me trataste el otro día? Me dices que me largue y que no te merezco porque soy una niñata inmadura y ahora me pides que tenga a tus hijos... ¿cómo explicas eso?

—Soy voluble. Y no pido que tengas a mis hijos, sigo odiando a los mocosos, pero eso no implica que odie hacerlos —Bra se ruborizó, entre la rabia y la vergüenza. Intentó escapar de entre sus brazos, pero Broly la empujó contra los comandos otra vez, poco participativo. La agarró por la barbilla, analizó esa fiera expresión. Si no fuera por el color de ojos, los tendría exactamente igual que los de su padre y eso solo consiguió que el gigante sintiera muchos deseos de ser rudo, un auténtico animal—. Mira, niña, sigues siendo una cría inmadura que no es capaz de pelear por lo que quiere, pero lo que me piense sobre todo esto es una cosa y lo que sienta y quiera hacer otra, así que te perdono.

—¿Me perdonas? —habló ella, incrédula y sarcástica—. ¡Qué curioso! Pensaba que la culpa era de los dos. Tuya por no comprender mi postura y mía porque es cierto, no lucho por ti tanto como debería. —Broly notó un cambio en su mirada, más grave y menos soñadora. Estuvo tentado de soltarla para escuchar qué pensaba hacer al respecto, pero ella llevó las manos a las suyas, las que la mantenían presa, y las posó sobre ellas en los comandos—. Siento eso, aunque no espero que lo comprendas.

—Tal vez si me llamas papá a partir de ahora... —Bra lo miró con horror. La postura de él era tan seria que no estaba segura de que bromeara. Su frente dio contra la suya, empujándola hacia atrás sin que ella opusiera resistencia, débil—. Te sorprendería saber lo que afecta el comportamiento de un padre en un hijo. El mío me volvió loco y tú buscas algo parecido al tuyo, alguien que te ponga contra las cuerdas. ¿Todavía quieres montar sobre el regazo de papá? —Bra se puso tan blanca como un muerto, incluso algo morada por lo que estaba insinuando. Alzó el brazo para golpearle otra vez, pero Broly agarró su muñeca en un reflejo. La apretó, y aunque estaba ejerciendo la suficiente fuerza como para hacerla lloriquear, Bra solo apretó los labios—. Esa admiración incestuosa se pasa con el tiempo pero solo si tú lo dejas y lo enfrentas. De momento solo eres la niña retorcida de papá, y eso compagina bien conmigo, porque yo soy el monstruo de papá.

Bra temblaba bajo su mando y posición de autoridad. Su estómago se revolvía por las vomitivas burradas que había dicho y que sabía que no eran ciertas. Sin embargo, en una cosa tenía razón. Nunca podría vivir su vida, ya fuera con Broly o sin él, si no le plantaba cara a Vegeta y peleaba por lo que quería, al igual que Broly nunca dejaría de tenerle miedo y odio a los bebés hasta que se enfrentara a Paragus.

Y estaba muerto.

No sabía si lo tenía más fácil o más difícil por eso.

La frente de Bra encaró a la suya por fin y empujó la contraria, pero él no se movió, sonriente ante el intento de recuperar el control. La muchacha quiso preguntarle si eso significaba que volvían a estar juntos, si es que alguna vez lo habían estado de verdad, pero la única respuesta que habría ante eso era la cercanía de sus labios entreabriéndose para jugar. Bra empezó a inclinarse sobre los comandos sin darse cuenta, y su mano libre acabó en la mejilla todavía sangrante de él. Broly la empujó hacia atrás, sintió su entrepierna frotándose contra sus muslos en cuanto estuvo tumbada, y cuando las bocas iban a encontrarse por fin, en un trato para nada parecido al último que habían tenido, más sutil, más ansioso y romántico si podía llamarse así, Tama empezó a maullar con fuerza y correteó hasta la compuerta abierta.

El gato hizo que los ojos de Broly se giraran hacia allí, haciéndole refunfuñar. Bra se sentó de inmediato. Vegeta, cruzado de brazos, los observaba con un hombro apoyado sobre el umbral de la compuerta, en una contención de ira letal que ascendía por momentos.

—Vamos, seguid. No os cortéis por mí —aconsejó en claro sarcasmo, pero Bra, pálida, hizo justo lo contrario.

O al menos hizo amago de hacerlo.

Apoyó las manos sobre el pecho de Broly y lo empujó hacia atrás, lo suficiente como para que todo contacto se rompiera. Él reculó sin queja alguna y Vegeta suspiró, aliviado por el rechazo. Era la primera vez que los había visto juntos de esa manera y cada poro de piel se había revuelto en repugnancia clara y sobre protección reprimida hacia su cachorra. La impresión de sentirse desplazado por un hombre, fuera cual fuera, ya era vomitiva, pero si ese hombre, para colmo, era tan o más fuerte que él, Vegeta se quedaba sin nada en lo que apoyarse.

Por eso no pudo evitar casi regodearse al ver que Bra seguía teniendo dos dedos de frente. Aquello solo era un arrebato pasional. No tenían futuro juntos, ninguno. Él no la quería, ella era demasiado pequeña para entender lo que era ese sentimiento todavía. Todo era un juego que acabaría pronto.

Su hija ni siquiera era capaz de luchar por él.

Vegeta sonrió imperceptiblemente y dejó escapar un sonido de regodeo que consiguió herir al guerrero legendario. A lo largo de su vida se había sentido manipulado, rechazado, como un conejillo de indias, repudiado, pero nunca había alcanzado ese nivel de humillación, debido claramente a la presencia de uno de los únicos dos hombres que podían hacerlo sentir inferior. Él era el guerrero legendario y Vegeta el símbolo de su destierro y repudio.

¿Cuántas veces lo había humillado ya?

Sus puños se apretaron, Vegeta ensanchó la sonrisa y Bra lo vio todo... y actúo en consecuencia. No podía seguir siendo la niña de papá para siempre y no podía seguir haciendo daño a ambos con sus inseguridades, al igual que tampoco podía dejarse llevar eternamente por el miedo a la perdida de algo que, tarde o temprano, iba a perder. Estaba temblando cuando lo hizo, pero finalmente se decidió. Se abrazó a Broly con fuerza y él se quedó estático, sorprendido. La sonrisa se borró de la cara de Vegeta y ella no le miró. Su ceño fruncido dejaba clara su determinación a pesar del temblor. No era capaz de mirar a su padre a la cara, pero se había decidido por fin.

Estaba luchando.

Quizás Bra no estaba tan confundida como Vegeta quería creer.

En un principio, Broly notó las mejillas calientes cuando él raramente se avergonzaba. Se preguntó qué demonios estaba haciendo su alumna por la increíble fuerza con la que lo agarraba y colocó las manos en sus hombros para alejarla.

—No me apartes o me voy a morir —le aseguró ella. Entonces Broly lo entendió.

Lo había elegido.

Con la confianza recuperada y la seguridad en la cara, le dedicó una sonrisa bravucona y provocativa a Vegeta, que negó con la cabeza repetidas veces. Estuvo a punto de dar marcha atrás para salir de allí hecho una furia, pero cuando volteó, se lo pensó mejor y volvió atrás, entrando en la Cámara de Gravedad por completo, crispado y asqueado al ver los brazos de su pequeña alrededor de la cintura de aquel hombre mucho más corpulento, mucho más alto, mucho más poderoso y, en definitiva, mucho más que ella. Podría partirla por la mitad de un golpe bien dado si le viniera en gana, pero no lo hacía y Vegeta seguía sin tener claro por qué.

No. Seguía sin consentirlo y no lo haría ni lo entendería hasta el final de sus días.

—No tienes idea de lo que estás haciendo, Bra —el tono del príncipe sonó ronco y casi incomprensible en un aluvión de gruñidos. La joven hundió la cabeza aun más en el pecho del guerrero, como si quisiera ocultarse en él, y Broly la rodeó con un brazo en un gesto impropio y protector.

—Lo sabe muy bien. No seas mal perdedor, príncipe.

—¡Tú no te metas en esto, gusano! Estoy hablando con mi hija ahora —la sonrisa de Broly se acentuó ante la respuesta a la provocación. Aunque ambos se odiaban, el de mayor estatura era consciente de cuánto le gustaba fastidiar al príncipe con sus palabras y sacaba partido de ello en cuanto podía. Esa vez, Vegeta no estaba para sus bromas y se dirigió a Bra directamente—. Tú no lo has visto, no has crecido viendo lo que estar con un saiyajin significa. Somos destructores, nuestro instinto prima por encima de cualquier cosa y cada día de nuestra vida que no peleamos lo deseamos. ¿Por qué crees que Kakarotto está siempre alejado de su familia? ¿Crees que es porque él quiere? ¡No, lo necesita, yo también y ese monstruo que has hecho tu mascota también lo necesita! No va a estar contigo para siempre, Bra. En cuanto sus instintos animales le llamen, se irá y tú no podrás evitarlo.

Los brazos de la muchacha apretaron su cintura, y aunque Broly lo notó, no intentó buscar su respuesta. Bra se puso pálida al pensar en esa posibilidad a la que él nunca se negaría del todo, pero había dos precedentes que habían acabado bien y eso la hacía tener esperanzas e ideales. Goku había permanecido allí pese a su adoración por las batallas, y su padre no era menos. Nunca se iría dejando sola a su familia y Broly tampoco lo haría.

Todavía era muy inocente si pensaba que él nunca la dejaría sola.

—Tú estás aquí con mamá, ¿verdad? y Goku sigue con Chichí pese a todo —Vegeta negó, ofuscado. Se maldijo, una vez y mil veces, por haber consentido que Bulma le llenara la cabeza de ideas de princesas y superficial dulzura. Él mismo había sido culpable de semejante proceso no entrenando con ella, no hablándole de su vida pasada ni de la verdad. Sobre todo la verdad.

Esa que era hora de conocer.

—No lo entiendes —le aseguró él—. Crees que fue fácil pero no lo fue. Todo el mundo cree que en tres años ocurrió todo y fuimos felices desde entonces ¡No lo fue, no lo es! ¡Odiaba a tu madre y hay días en los que todavía la odio por alejarme de mi naturaleza! —El impacto brutal llegó hasta ella, cuyas piernas cedieron por la impresión. Broly posó una mano bajo su espalda y la mantuvo de pie sin el más mínimo tacto. De pronto, Bra no estaba segura de nada. Prefería no seguir escuchando, pero el guerrero legendario, con su porte interesado y decidido, la obligó a escuchar. Quizás odiara a Vegeta con toda su alma, pero en ciertas ocasiones podía llegar a ser respetuoso con el enemigo, y esa era una de ellas—. En esos tres años tuvimos a Trunks, nada más. Nuestros caracteres son parecidos y tuvimos sexo sin protección muy a menudo. Tu hermano fue un accidente que ninguno esperaba ni buscaba. Yo no lo quería en absoluto. Si hubiera nacido hembra la hubiera matado, pero nació varón y lo dejé estar por comodidad. Yo no quería a Bulma y ella tampoco a mí en ese entonces, o al menos no como pensáis. Fue después, mucho después, cuando nos acercamos y la cosa cambió.

» Nuestra relación es algo que tardamos años en construir sobreponiendo a Trunks y dejando nuestro orgullo a un lado. No fue cosa de un momento, ni siquiera de meses. Tu madre y yo conseguimos llegar adonde estamos ahora trabajando nuestra actitud diariamente, sin descanso. Los sentimientos no son suficientes para los saiyajines, y Kakarotto no lo pasó mejor que yo en su matrimonio, créeme. Me fusioné con él y desde entonces, aunque lo odie, no hay secretos entre una mente y otra. Él no soportaba a su mujer y todavía hoy en día hay momentos en los que no puede con ella y huye para desahogarse. El paso del tiempo le hizo acostumbrarse y supongo que, un día, se dio cuenta de que sí la quería, pero ahí lo tienes fallando como padre y marido; él no puede ni quiere controlar sus instintos porque es lo que le hace ser como es, al igual que a mí, pero yo tomé mi decisión y él falla porque da prioridad a una cosa y no a otra. No es fácil. Para nosotros, los saiyajines de raza pura, los sentimientos van después de los instintos, siempre, y nada garantiza que vosotros, los mestizos, seáis impunes a eso. Mira a tu hermano. Es puro instinto ahora, y aunque intente sobreponerse con su inteligencia y su humanidad, ese ser, esa pesadilla siempre vuelve a por él. Goten, por el contrario, era puro sentimiento, sin un ápice de instinto, y mira cómo ha acabado, Bra. Incluso tú, aunque hayas tenido arrebatos, eres más sentimiento. Da igual cómo lo mire, niña: vuestra relación no puede acabar bien.

Aquella realidad impactó contra la idea equivocada de Bra. Desde que tenía uso de razón, siempre había visto y oído a sus padres discutir a todas horas, pero con el paso del tiempo se hacía una costumbre. Tan pronto como se peleaban y se tiraban los trastos a la cabeza, se reconciliaban, y a ella siempre le había parecido que todo estaba bien por ello. Al parecer, la realidad era diferente. Cualquiera que los viera podía ver de lejos cuánto se querían, la pasión que le ponían y también su gran compenetración, pero también veía el choque brutal de temperamentos. Sin duda, no fue ni era fácil, pero los sentimientos siempre habían estado por encima... ahora descubría que nunca había sido así.

Su padre vivía un calvario diario que era medio compensado con la presencia familiar. Había tomado una decisión que lo mantenía allí, atado a ellos. Pensó. ¿De verdad quería a Bulma? ¿Y a ellos? ¿O eran un lastre? ¿Y Trunks? ¿Era libre ahora que Goten, puro sentimiento, había muerto, o estaba más anclado que nunca a sus propios instintos?

¿Qué demonios eran los instintos, una maldición o un don?

—Muchas veces he deseado matar a Bulma como no tienes idea, y no en el sentido de que me desquiciara —el aliento de Bra se contuvo, incrédula. Vegeta recordaba momentos amargos, cientos de ellos, en los que se despertaba en la cama junto a la mujer que tanto le había cambiado la vida. Recordaba cuántas veces había rozado su cuello con ambas manos deseando ser capaz de apretar y siempre retractándose. Los sentimientos siempre ganaban, pero nunca podría estar seguro de que fuera a ser siempre así—. Hay momentos en el que, como animales, necesitamos algo que este planeta no puede darnos. La necesidad de batalla y destrucción es constante, y tu madre me aleja de eso, de algo que necesito y por lo que muero todos los días de mi vida. Es una lucha sin cuartel.

» Lo que quiero decir es que da igual cuántos enemigos se presenten. Nosotros siempre pelearemos pero la peor batalla siempre la llevaremos por dentro, una constante entre sentimientos y la propia naturaleza de cada uno. Es lo que a ti te hizo revivir a Broly, es lo que te hizo callar para entrenar pese al peligro que suponía, es lo único que mueve a Trunks ahora que no está Goten, es lo que hizo que Gohan ideara solo un plan suicida, es lo que mantiene a Kakarotto alejado de su familia, es lo que a mí me hace desear que mi mujer y mis hijos mueran pese a mis sentimientos. ¡Es el jodido instinto, Bra! ¡No puedes luchar contra él y Broly tampoco podrá! ¡Será eso lo que lo lleve a pelear contra nosotros hasta matarnos o morir, y ni siquiera se lamentará después! Él te hará caer, Bra. Tú todavía eres una cría para entenderlo, pero Broly sabe a lo que me refiero, ¿verdad?

Los ojos de padre e hija se detuvieron sobre él. El hombre se mantuvo tan inalterable como si estuviera sordo, pero Vegeta podía ver más allá de su tranquilidad. Si había personas que supieran lo que significaba ser auténticas esclavas de los instintos, esas eran ellos, y Vegeta sabía que Broly lo respetaba por ello, e incluso se planteaba las cosas frente a un guerrero tan veterano como él. El guerrero legendario podía ser muchas cosas, pero no era estúpido.

—No voy a obligaros a hacer nada porque veo que es inútil y absurdo por mí parte intentarlo. Habéis forjado un vínculo, pero es algo muy débil en comparación al que nos hemos esforzado por hacer crecer Kakarotto y yo con nuestras hembras e hijos durante años. Esto no es una mentira que te cuente por conveniencia, Bra, es la verdad. Si seguís intentándolo vais a sufrir, y a juzgar por la naturaleza de Broly, lo haréis más que ninguno si es que conseguís llegar a algo. Puede que no tenga ni idea de vuestra relación como tal, pero puedo decir con seguridad que lo que tenéis ahora es una pasión que puede esfumarse tras un año, como mucho dos. No es demasiado si lo comparáis con toda una vida de sacrificio y represión que, para colmo, no os asegura felicidad.

Bra sabía que Vegeta no mentía en nada. Se estaba esforzando por mantener una conversación civilizada con un hombre que odiaba, al que no le tenía el menor aprecio, como un padre haría. Incluso les estaba permitiendo tomar las decisiones a ellos, y la joven lo apreciaba por eso, pero también sentía un ambivalente pozo de sentires en el pecho. La relación de sus padres era muy distinta a la que ella creía conocer. Trunks siempre había sido como veía ahora, y no como la falsa máscara agradable con la que iba a todas partes antes de la muerte de Goten. Sentía que vivía una gran mentira edulcorada que ahora le pasaba factura. Lo único que tenía claro era que no quería que Broly la soltara por nada del mundo, y eso incluía toda su vida pese al sufrimiento.

¿Estaba siendo egoísta acaso? ¿Y él, cuál era su deseo? ¿Era menos doloroso separarse que estar juntos? Todo estaba en las manos de él. Era, por entero, su decisión, porque Bra ya había elegido.

Pero Broly no tenía nada claro.

Entonces Vegeta volvió a hablar, pero esta vez Bra no entendió una palabra de lo que dijo. Usó una lengua gutural y rasgada, ininteligible y con un sistema fonético muy distinto al humano, casi imposible. Era saiyano, y solo él y Broly, de entre todos los alienígenas del universo, podían comunicarse con él sin mayores problemas. Ella no lo entendió, pero el guerrero legendario lo hizo perfectamente y su expresión se suavizó, pensativa. Las manos amplias se separaron, poco a poco, del cuerpo de Bra.

—No te hablo como padre ahora, sino como saiyajin veterano. Si tus necesidades instintivas son como creo que son, créeme, no quieres esto. No podrías volver a matar por placer, ni tampoco destruir, y aunque ahora crees poder sobrellevarlo, un día descubrirás que no es así. Harías daño a mi hija y a todos los que hayan logrado tenerte un mínimo de aprecio. Técnicamente, nosotros ya no somos saiyajins, sino guerreros castrados. A Kakarotto y a Gohan ya no les crece la cola y no lo padecen porque no se han criado como auténticos guerreros. Pero yo, en cambio, siempre me la arranco... En ocasiones desearía matarme a hacerlo, pero es el precio que hay que pagar... Y no creo que tú estés preparado, ni ahora ni nunca, para pagarlo —Vegeta dejó ver una sonrisa prepotente que disfrazaba la humillación de marcarse a sí mismo como algo que no era un guerrero. Prácticamente, se hacía pasar por un humano pese a ser muy consciente de que no lo era, pese a sentir cierto desdén por las criaturas inferiores que eran. Pero eso, también, lo ponía el mismo nivel que Bulma.

Era la degradación suprema para alcanzar un mínimo de los sentimientos que, para su raza, estaban vedados.

Arrancarse la cola.

Vegeta había terminado de hablar.

—Piénsalo, guerrero legendario. Probablemente eres el único del universo que todavía puede decir que es un saiyajin de verdad —Vegeta se dirigió a la salida de la Cámara de Gravedad, dejando en incertidumbre a Bra, en ambigüedad a Broly. Antes de que saliera, este último volvió a emplear la lengua saiyana con perfecta pronunciación pese a los años que llevaba sin usarla.

—Tú pareces feliz con esa mujer. También Kakarotto.

Vegeta se rió.

—Somos de la raza de los saiyajins. Somos guerreros, asesinos, conquistadores, genocidas, destructores por naturaleza deseosos de gloria y batalla constante... Nosotros nunca somos felices del todo.


10:45 pm

Ciudad Satán

—¡UUB! —Pan gritó. El estruendo de sus cuerdas vocales significó el disparo de salida para el moribundo ser. Pan corrió hasta él para socorrerlo, pero la cola poderosa se cernió sobre la joven y le rodeó el cuerpo como los anillos de una anaconda harían. Tiró de ella hacia sí y Pan quedó presa, siendo estrujada, frente al monstruo femenino.

El aguijón se acercó a su rostro, soltando líquido oscuro.

—¡NO! —gritó Uub. Su mano se separó del cuello herido. El dolor del pinchazo quemaba horriblemente, pero eso no impidió que, a sabiendas de que moriría en cuestión de minutos, se encarara a ella. Dio dos pasos al frente para pelear, pero Baika lo amenazó estrujando a Pan con más fuerza hasta sacarle un grito de dolor. La ponzoña se escurrió por su cara, rozando la piel en señal de advertencia. Uub se detuvo.

Estaban fastidiados.

Si atacaba, Baika heriría de muerte a Pan o la mataría. Si esperaba a tener una oportunidad, podría ser él el que muriera y nada se resolvería. El tiempo jugaba en su contra, y mientras analizaba la situación, cada segundo que pasaba era crucial. ¿Por qué su maestro no le había enseñado qué hacer en situaciones así? Pero en cualquier caso, pensar en lo que él haría no iba a salvar a Pan. Al menos tenía clara una cosa: lo importante allí era proteger el tesoro de los Son, no su vida, y estaba fallando estrepitosamente. Necesitaba un plan de ataque inmediato, necesitaba...

Desgraciados.

Baika los llamó por telepatía. Su boca y sus cuerdas vocales eran inutilizables.

Habéis matado a Benkas. No os conformasteis con mi hijo y conmigo... también él. ¡Habéis arrasado a mi familia entera, con nuestros propósitos! ¡Benkas era el mejor guerrero de nuestra raza, él tenía que sobrevivir!

Uub notó la boca pastosa y no pudo hablar. Sus ojos viajaban buscando una forma de liberar a Pan, pensando tan rápido, que ni siquiera se dio cuenta de que ya no hacía falta. No.

—¿Benkas... Benkas tenía que vivir? —Pan preguntó, y Uub sintió. El ki de la muchacha ascendió, saliéndose de la norma a la que estaba acostumbrado. Baika apretó la cola de reptil sobre los huesos de la joven, pero aunque consiguió provocarle un dolor cegador, lo único que logró sacarle fue un apretón de dientes.

Los escombros a los pies de la joven temblaron.

—Benkas... el boburriano que mató a mi atolondrado y amable tío —Pan todavía podía ver aquellas imágenes, sustitutas de la sonrisa y las muecas constantes de Goten. El cuerpo inerte, los ojos abiertos de par en par, sin vida, el pecho abierto y quemado, la sangre acumulada en su boca y descendiendo por la nariz... Nunca pudieron arreglar las marcas y golpes recibidos durante la pelea, porque sus células estaban muertas.

Así se había quedado. Era un cadáver congelado.

—El boburriano que desfiguró y le arrancó el brazo a mi padre...

Gohan había sido llevado inconsciente y destrozado, desangrándose, hacia el laboratorio. Pan tenía la visión clavada en la retina a través de las gafas de su padre. ¿Dónde está su brazo? ¿Dónde está su cara? ¿Qué le han hecho a papá? La sangre impregnaba la ropa y empapaba la camilla cuando a Gohan le dio el shock tras cauterizar el muñón. Su grito la mareó, y sus ojos se apagaron cuando él la descubrió allí, observándolo todo. Quedó inconsciente y Videl estalló en llanto.

—El abuelo nunca llora, pero vosotros... y Uub...

Pan nunca olvidaría lo que los boburrianos le habían hecho a su familia. Nunca los perdonaría, ni aunque pasaran mil años. Ella no tenía el espíritu tranquilo de su abuelo, era pura rabia, puros deseos de venganza...

Era puro instinto.

Los casquetes se elevaron del suelo al igual que el aura blanquecina, y Uub supo que algo estaba ocurriendo y dio un paso atrás, fiero observador de los sucesos, de la cólera que también era herencia paterna.

—Merecía morir... tenía que morir... —susurró. El aura se elevó y el ambiente se enrareció, deshaciéndose como si todo lo que rodeara a Pan estuviera sometido a una temperatura brutal. Al ver cómo sus cejas empezaba a cambiar de color y su pelo se erizaba, Uub supo lo que estaba pasando.

Por fin.

Sonrió.

—¡Y tú también tienes que MORIR! —las gafas de Gohan se resquebrajaron sobre los ojos de Pan, convirtiéndose en un montón de cristales sacudidos por el aura dorada que explotó de adentro hacia afuera con un grito enfurecido. El cuerpo maltrecho se sacudió por el golpe del viento. Baika, prediciendo que, de alguna forma desconocida, todo se estaba saliendo de control, decidió ponerle fin.

El aguijón se precipitó sobre el cuello de Pan.

Uub, aprovechando el despiste, lo agarró con una mano desnuda, apareciendo frente a ambas. Lo partió en dos con un movimiento de muñeca, dejándolo inútil, y entonces Pan estiró sus brazos a ambos lados del cuerpo, empujando los anillos de la cola lejos de ella, soltándose a base de fuerza bruta. Se volvió hacia Baika y la palma de su mano quedó frente a su cara. La boburriana, entre los dedos, pudo ver los ojos azul eléctrico, coléricos, así como el pelo dorado sacudiéndose por la potencia del aura de un súper saiyajin.

Todo pasó demasiado rápido como para impedirlo.

—Muere —pronunció Pan.

La cabeza de la boburriana salió despedida al impactar el potente cañón de ki contra su cara. La destrucción fue precedida por la explotación de los restos de la ciudad, la caída de edificios que, a duras penas, se habían mantenido en pie en la última batalla. La oscuridad se iluminó de una luz multicolor y el estruendo se hizo sordo para ellos en cuanto Uub se dejó caer, sentándose en el suelo con el sudor cubriéndole la frente. El veneno empezaba a extenderse, y Pan solo observó el cuerpo arrodillado de Baika, sin cabeza, una mancha oscura que se derrumbó ya sin forma.

Se sintió aliviada al descabezarla. Suspiró profundamente, absorbiendo su gloria en una mínima venganza que no acabaría hasta que todos los boburrianos fueran aniquilados. Apenas sintió y paladeó el increíble poder alcanzado. El pelo dorado y los ojos azules en lugar de verdes por ser hembra. Lo disfrutó antes de que se viniera abajo, y Uub apreció con un sonrisa alegre los frutos del entrenamiento de Pan, siempre ansiosa de llegar a más, enfundada en el traje de combate que había sido de su tío, portando todavía las gafas de intelectual que Gohan ya no podía usar.

Era fuerte. Era el tesoro de los Son.

Pan se arrodilló a su lado. Su pelo volvió a ser de un tono oscuro y los ojos, tan fieros momentos antes, se empañaron al verlo herido.

—¡Uub, el veneno!

—Sí, lo sé —aclaró él—. Si me muevo, se extenderá y me matará, pero... tú estás bien, ¿verdad? —Pan se encogió ante él. Su boca hizo un puchero al ver la tranquilidad reflejada en su sonrisa, su bondad, su alegría por ella. Su adoración.

Ella siempre se había fijado en los tipos fuertes y autoritarios, aquellos que podían demostrarle que eran grandes guerreros, pero a la hora de la verdad Uub era el único que siempre estaba y estaría. El único, torpe, vergonzoso, amable, considerado, atento y noble, pobre y feliz.

Pan lo sabía. Pan lo aceptó. Pan se decidió. Pan se echó encima de él, abrió la boca y la cerró alrededor de la herida de su cuello, emponzoñada, y chupó con fuerza de ella.

—¡PAN! —Uub se puso tan rojo, que ni siquiera su color de piel pudo disimularlo. Sintió sus labios tirando de su piel con mucha fuerza, la suficiente como para dejar un moretón, calmando el dolor del picotazo. Pan se separó varias veces para escupir la sangre y el veneno que logró extraer, escaso este último, por suerte, dadas las condiciones de Baika. Repitió la operación varias veces, y el frío que había paralizado el cuerpo de Uub comenzó a esfumarse.

Él la observaba escupir, en silencio, y la sentía chupar desesperada, incluso cuando ya no había ponzoña que extraer. El cuello, muy sensible, le provocó un escalofrío. Cuando Pan escupió de nuevo, se limpió los labios con la muñeca y fue a chupar otra vez, Uub la detuvo.

—Pan, ya. Estoy bien —entonces ella paró, con los dedos de la mano cerrados fuertemente sobre el traje de combate de él, insegura y asustada al pensar en su muerte.

Pero Uub parecía sano. Estaba sano. Y la miraba...

... Y lo siguiente que Pan supo era que también la besaba.

Los labios ardían, el corazón aleteaba. Encajaron con una lentitud y tranquilidad pasmosa, y la profundidad no fue necesaria, ni tampoco ansiada pese al leve movimiento de sus labios.

Uub se lanzó con el sentimiento de estar al borde de la muerte, de ser incapaz de protegerla y acompañarla a partir de ese momento, de llevarse consigo sentimientos adornados con bochornosa vergüenza que nada tenía que ver con el impedimento de estar muerto. La muerte daba valor y coraje para llevar a cabo los actos más truculentos y apasionados, para robar sensaciones sin pensar en las consecuencias, para desear y tomar los labios que muchas veces había pensado atrapar... para devolver los sentimientos con escasa experiencia y toda dedicación.

Las manos de Pan ascendieron y los dedos apretaron su ropa en muda respuesta, temblorosas falanges aterrorizadas por la posibilidad de pérdida, mientras la piel negra acariciaba la pálida mejilla, con el pelo oscuro y suave jugando entre los dedos. Uno de ellos, en una prueba poco inusitada de atrevimiento, apartó la patilla de las gafas de Gohan. Estas cayeron sobre los escombros con los cristales rotos, y los cuerpos se fundieron en una abrazo de pura necesidad mientras sus labios se sentían y lamían el uno al otro.

Era allí, en aquel lugar, donde los labios se fusionaban en el declive de la inexperiencia y el auge de los sentimientos, sin nada más que el roce de uno contra otro y la humedad, rodeados de escombros en la cúspide de la destrucción...

En el principio de la esperanza.

Se separaron y ninguno se atrevió a mirar al contrario, motivo de más para esconder la cabeza en el hombro ajeno, manteniendo el abrazo entre suspiros delatadores de nerviosismo. No veían acercarse el momento de separarse, ni lo deseaban, pero el brillo entre los casquetes clamó por la atención de los dos. Pan vio solo uno, junto a sus rodillas emitiendo la luz de una estrella anaranjada. Sus dedos viajaron hasta ella y la agarraron atraída como una polilla por el fuego. El trozo de cristal viajó hasta su rostro e iluminó su visión.

Inmediatamente, supo lo que era.

—Uub... —el joven no sabía qué decir. Totalmente avergonzado, permitió que Pan se apartara de él pese a no desear soltarla por nada del mundo, y ruborizado a más no poder intentó iniciar una explicación sin sentido. Pan, aunque había amado el momento y todavía tenía el corazón desbocado, centraba su atención en algo más, pasmada y taciturna—. Uub, ¿sabes lo que es esto? —cuestionó. El muchacho agradeció mentalmente el cambio de tema, y siguió la mirada de la adolescente hasta su mano.

El bochorno desapareció de inmediato para dar lugar a la turbación.

—Eso es...

—Es un fragmento de la esfera del dragón que se rompió, estoy segura —Pan rodó el cristal naranja entre sus dedos. Pudo ver el rojizo de una estrella también reflejada en él—. Hasta donde yo sé, cuando las esferas del dragón dejan de funcionar tras pedir un deseo, se convierten en piedra hasta que pueden volver a utilizarse. Cuando se rompió la esfera de cuatro estrellas, eso debió inutilizar las demás, y todas, incluidos los fragmentos de esta, deberían haberse convertido en piedra. Pero si estos siguen brillando y emitiendo energía, eso quiere decir que...

—Que ninguna ha sido inutilizada. Todas funcionan, incluida esta —atinó Uub. Agarró el pedacito de esfera y lo observó con detenimiento, calculando una infinidad de posibilidad—. Pero un trozo no puede tener el mismo poder que una esfera entera, no puede...

—Un trozo no, pero si los reunimos todos... tal vez... tal vez solo tengamos que juntarlos y reconstruirla. Puede que...

—Puede que funcione.

Pan y Uub se observaron, ya sin rastro de vergüenza, a sabiendas de que había algo mucho más importante a lo que debían atender. Se giraron hacia los escombros de la ciudad y, achicando los ojos, empezaron a detectar diminutas estrellas anaranjadas desperdigadas por todos lados. Todos emitían energía, todos brillaban pidiendo a gritos ser recogidos y unidos.

No sabían si estaban suponiendo demasiado, pero en cualquier caso merecía la pena intentarlo.


Día 213 (02:22 am)

Corporación Cápsula

Goku miró sus manos y absorbió el inmenso poder que las recorría con renovado placer, a la par que incredulidad. Vegeta, frente a él, con una sonrisa ladina, le dio la espalda para dirigirse al interior de su casa al dar, por fin, el trabajo por zanjado. El aura dorada de un súper saiyajin de nivel dos iluminaba la oscuridad del jardín, y Goku volvió a examinarse a sí mismo y a regodearse en ese poder recuperado. Había notado un ascenso brutal en su nivel de poder en los últimos días, pero temió que todo ello se debiera a un exceso de efusividad por lo sucedido con Gohan, así que no había hecho el intento hasta ahora. No había sido el único que lo había notado. Vegeta lo había retado esa noche con una intención clara, y ahí estaba el resultado. Goku había alcanzado un nivel de batalla similar al de antaño con gran parte de su ki desbloqueado, como si las toxinas de la ponzoña boburriana estuvieran siendo depuradas.

No entendía el porqué, pero lo agradecía inmensamente. De hecho, estaba seguro de que si hacía un esfuerzo más, en cuestión de media noche volvería a convertirse en saiyajin de nivel tres fácilmente. Estaba exultante. Ahora sí. Los boburrianos se llevarían su merecido, pero por alguna razón, no estaba tan feliz como lo habría estado en circunstancias normales.

Tal vez porque la batalla ya no era tan importante.

Observó sus manos con la sonrisa extinguida, pensando en Gohan llamando a Picolo en su cama hundido en la histeria, pensando en Goten llamándolo antes de morir. Pensando en Chichí llorando y en su futuro hijo o hija. Al dar la vuelta a sus manos, apretó el ceño y descubrió las venas casi ocultas bajo la piel. Detectó, de pasada, un tono furiosamente verdoso recorriéndolas en lugar del típico azulado, imposible de ignorar, antes de que se extinguiera.

Ni por asomo sospechaba que Broly, después de tantísimos experimentos con los boburrianos y numerosas picaduras y pruebas con su ponzoña, había desarrollado anticuerpos naturales a su veneno, algo que lo hacía absolutamente inmune a este. Tampoco se le pasaba por la cabeza la posibilidad de que se hubiera dejado investigar por Bulma, ni de que le hubiera dejado tomar una muestra de su sangre con la que ella había hecho un antídoto contra las toxinas que impedían su aumento de ki. Mucho menos podía concluir que ella, haciendo caso de la petición de no decir nada del guerrero legendario, le había estado suministrando el antídoto ocultándolo en su comida durante los últimos días. Goku no podía pensar en nada de eso, pero eso era justamente lo que había ocurrido.

Aunque nunca lo sabría.


Día 213 (Unas horas después)

Corporación Cápsula

Broly acarició el cabello azul esparcido por la almohada de la cama de su alumna, cubierta por cobijas que la joven había pateado lejos de sí. Mientras dormía, las heridas causadas por Trunks se esfumaban poco a poco, y su cuerpo recuperaba las fuerzas que necesitaría para dentro de dos días, exactamente a las doce y treinta y dos minutos, momento en el que se había programado la operación. Ella, decidida, había comunicado la noticia sin miedo. Bulma intentó disuadirla, pero Bra era demasiado terca como para ceder. Dentro de menos de dos días, le extraerían el aparato reproductor al completo, y ese hueco tan importante para una mujer quedaría vacío... para siempre.

Vegeta lo asimiló con mudismo y asentimiento, pero se había llevado las manos a la cara cuando, inmediatamente después, Trunks declaró que pensaba hacer un análisis genético sobre sí mismo. Si descubría que eran los hombres de la familia los portadores de ese inmundo gen, no dudaría en imitar a su hermana. En otras palabras, la herencia genética del príncipe acabaría con ellos, a no ser que Vegeta tuviera otro hijo.

Aunque el guerrero legendario no podía imaginar ni sospechar los sentimientos y pensamientos del príncipe al respecto, podía adivinar que la situación le había trastocado y dolido. ¿Quién sabía? Si Trunks descubría que, efectivamente, eran los varones los que transmitían el gen, era posible que incluso Vegeta renunciara a tener más hijos.

Broly no era tan ingenuo como para creer que él no tenía nada que ver en esa decisión. Sabía cosas que no había dicho.

Recordaba muy bien la confesión de Boburia, aquel boburriano que lo había investigado durante tantos años y que había guiado a los demás en su tortura. Sabía, por ejemplo, que el origen de ese gen era un guerrero legendario —o más bien, un mutante con la suerte de ser exponencialmente poderoso por una deficiencia de autocontrol— muy lejano a él, probablemente varios siglos anterior. Por lo que Boburia le explicó, era muy posible que ese saiyajin superior a los demás lograra instaurar su ley y jerarquía a base de brutalidad, convirtiéndose en el primer rey antes de acabar con los tsufurujin. Sus descendientes no fueron guerreros legendarios, pero era probable que algo de su mutación se hubiera traspasado a ellos, por lo que la realeza de Vegetasei quedó mutada desde entonces. La mutación que sufría Bra fue provocada, en principio, por unos genes mutantes similares a los suyos propios, y eso quería decir que no solo Vegeta, Trunks y ella podían servir de utilidad a los propósitos de los boburrianos.

Él mismo podía hacerlo.

Seguramente, los boburrianos habían decidido recurrir a lo que quedaba de la familia real cuando él mismo destruyó su planeta y todas las muestras tomadas de él. Descubrieron que Broly había muerto tras destruir su galaxia, y los supervivientes decidieron ir a por Vegeta y su descendencia, los únicos posibles portadores de algo de ese gen mutante. Eso quería decir que era posible que pretendieran continuar con lo que había quedado inconcluso décadas atrás, con su propio experimento.

Pero seguían quedando demasiadas incógnitas. ¿Cómo demonios habían averiguado dónde estaba Vegeta? Y aun así, aunque lo supieran, por fuerza tendrían que haber pensado que no eran rivales para él. Al fin y al cabo, ningún miembro de su raza se había enfrentado aún directamente con el príncipe; habían ido directamente a por Bra, la más débil. Sin duda, sabían de la existencia de una descendencia o, de lo contrario, no habrían venido al planeta Tierra sin algo que les diera ventaja. Pero ¿cómo? ¿Quién sabía lo suficiente? ¿Quién podía tener relación con los boburrianos y con los saiyajins terrestres?

Broly no solía pensar demasiado, y cuando lo hacía era porque la ocasión lo requería. Lastimosamente, no lo hacía muy bien y estaba cometiendo el mismo error que los Guerreros Z habían cometido con él; estaba dando por muerto a quien no estaba muerto, pero eso él no podía saberlo.

En cualquier caso, se decidió horas después de escuchar a Vegeta hablar y a Bra decidirse a mutilarse a sí misma. Lo hizo también cuando sintió el ki de Kakarotto crecer, pero sobre todo por el último planteamiento. Justo cuando Vegeta salió de la Cámara de Gravedad dejándolos solos y él se alejó de Bra en la necesidad de pensar. Le hizo daño, lo sabía, pero necesitaba aclararse.

Entonces, una vez a solas, lo supo.

Era él mismo. Esas eran sus cadenas, no las que los boburrianos le habían colocado con el braummuro. No el peso del destierro del rey Vegeta. No la sombra de su padre y de sus hijos muertos. Era su instinto lo que lo alejaba de todo y de todos, lo que lo hacía diferente, mucho más que un saiyajin poderoso, mucho más que una amenaza para los guerreros terrestres. Su descontrol lo hacía más animal que humano y lo alejaba de todo lo que podría llegar a ser o tener; lo alejaba de sus sentimientos, de sus capacidades mundanas, de Bra, de lo que Kakarotto y Vegeta habían conseguido.

Nunca le había dado una oportunidad a la humanidad porque le resultaba tan débil y patética... pero nunca había visto ni sentido mayor tranquilidad y satisfacción que en esos meses de secretismo y relajación, entrenando junto a su alumna pese a la humillación que le había supuesto en un principio. Para Vegeta no era humillante, ¡ya no! Feliz del todo o no, de alguna manera no se arrepentía de convivir y actuar casi al mismo nivel humano, con una rutina, un hogar, una mujer, unos hijos... y Kakarotto empezaba a darse cuenta de lo que era no tener nada de eso. Se arrepentía. Lo veía en él, lo sentía.

Entonces... ¿no era humillante? Si ellos, los más poderosos y orgullosos guerreros se rebajaban al nivel humano y luchaban contra sus instintos por permanecer allí, junto a sus familias, ¿era posible que él hubiera estado equivocado desde un principio? A sus sentimientos remitía, débil ante esa medio humana y sin embargo, pese a las advertencias de Vegeta, incapaz, negándose fieramente a abandonarla pese al daño que podría ocasionarle. ¡Por un instante se le ocurrió hacer caso a ese estúpido príncipe y abandonarla por su propio bien! Pero, ¿no quería decir eso que le tenía tanta estima, que estaba dispuesto a anteponerla a sí mismo? Ni siquiera la procreación entraba como excusa si ese era el caso. Era puro sentimiento desinteresado.

Pero por otra parte, se negaba con el máximo de los egoísmos más infantiles. No quería abandonarla, no quería irse de allí y le daban igual las consecuencias o el dolor que pudiera acarrear. No y no, y podía verse a sí mismo pataleando y rugiendo si alguien intentaba impedírselo.

No.

¿Qué debía hacer?

Broly, miserablemente, dominado por sus instintos más bajos durante toda su existencia, se descubrió a sí mismo pensando en darle una oportunidad a la humanidad. Ya había estado en la situación más baja que una persona podría llegar a alcanzar. ¿Era estúpido permitir algo más? Quizás, algún día incluso podría acabar como Vegeta o Kakarotto... y de pronto, eso ya no le sonaba tan horrible. Si Bra no le hubiera dado una oportunidad nunca habría llegado a donde estaba ahora, fuera donde fuera, casi a la par que esos dos hombres que le causaban sensaciones ambivalentes.

Pero antes de llegar a eso, tendría que hacer algo.

No podía ser libre de tomar decisiones si sus carceleros seguían vivos, amenazando el futuro de Bra y recordándole su pasado constantemente. No podría controlar su instinto ni luchar contra él si los boburrianos seguían allí.

Broly suspiró. Agarró las cobijas que descansaban a los pies de su alumna y la arropó con ellas.

En dos días, Bra podía ser mutilada sin remedio y quizás...

Quizás él no lo deseara.

Tal vez... algún día incluso... ellos podrían...

Pero el pensamiento quedó solo en eso.

Broly se subió al alfeizar de la ventana por la que había entrado a la habitación de ella. Acarició su mejilla con la cola y alzó el vuelo, iniciando un ritmo frenético en plena noche con un único pensamiento en mente.

Esto debe acabar, ahora.

Los ojos de Bra, abiertos en cuanto se alejó, lo siguieron desde la lejanía de su habitación. Sobre sus rodillas, maullando, Tama fue acariciado hasta que Bra lo levantó, lo soltó en el suelo, y empezó a vestirse con su traje de batalla.

En efecto, todo acabaría más rápido de lo que ambos imaginaban.


[...]


N.A: Sé que he tardado mucho en actualizar, lo sé, pero lo avisé. Era mi época de exámenes y he de admitir que, por algún motivo, mi inspiración para este fic últimamente es escasa, y es una lástima. Ya le queda muy poco, pero si tengo tan poca, supongo que tardaré un poco más en escribir, ¡lo siento muchísimo! no es culpa mía, sino de las musas, lo juro.

Lo curioso es que, aunque no tengo inspiración en este fic, sí lo tengo para otros, y aunque no aseguro nada, os diré que he iniciado una precuela llamada Dulces Pesadillas (Sweet Nightmare, inspirado en la canción Sweet Dreams, particularmente la versión de Marilyn Manson), y por el nombre, supongo que entenderéis de que va, lo que muchos habéis mencionado sobre cierto personaje que hace de las suyas con su propia subtrama y su "sadismo", ambivalente por donde se mire y en ningún bando en particular, salvo en el suyo propio. No prometo nada, porque no colgaré nada más de no estar finalizado (Futuro sigue esperando, y por ser impaciente metí la pata y no sé si lo acabaré), y si algún día lo subo, será en un oneshot muy extenso o en un fic no muy largo de capítulos cortitos, tipo Titanes de Hielo. Por supuesto, por ser precuela, no tendría nada que ver con Instinto animal, que iría después, por lo que Broly no estaría presente, y se podría leer sin tener en cuenta este fic en absoluto. No sé ni por qué lo menciono, ya que solo especulo. Nada me asegura que lo cuelgue algún día, pero como algunos estabais interesados en ese Trunks de Pesadilla, me ha parecido oportuno comentarlo.

Centrándome en Instinto, mi intención era hacer capítulos más cortos y actualizar más seguido, pero este ha vuelto a ser largo, aunque supongo que tiene motivos con muchos sucesos muy relevantes e importantísimos. Broly parece haber bajado la guardia y haberse decidido a ayudar por fin, gracias a lo cual Goku ha recuperado gran parte de su poder. Vegeta ha hablado de lo que es el auténtico instinto, de la maldición de los saiyajins y, en definitiva, del por qué de todo lo que ha sucedido hasta ahora y de por qué el nombre del fic. Se lo ha callado durante mucho tiempo, pero al fin ha explotado y ahora la decisión es de Broly por entero, que ya se ha puesto en marcha. Pero sin duda, lo más importante... Si Pan y Uub tienen razón en sus suposiciones y solo tienen que reunir los fragmentos de la esfera de cuatro estrellas, eso quiere decir que...

¡tachán, tachán! ¡Y ahí está la vuelta de la esperanza! ¿Será posible o no? ¿Es posible que Broly de verdad se haya abierto ante la confesión de Vegeta y se haya decidido a hacer algo bueno aunque sea por puro egoísmo, o simplemente lo finge por un interés desconocido?

Y también está la importante conversación de Vegeta, la realidad de los saiyajines, lo que de verdad impide que Bra y Broly estén juntos, lo que mueve a pelear a cada guerrero. El único que parece controlar sus instinto es Vegeta, pero los demás no, ni siquiera Gohan pudo en su día. El único que, al parecer, salió impune, fue Goten. Aquí está el motivo del nombre del fic, la realidad de todo. ¡Este es el instinto animal que los mueve a la batalla y los separa de sus familias, el análogo de los sentimientos!

Espero que este capítulo os haya gustado, y para los románticos, aunque no haya mucho de Broly y Bra, sabéis que están más que dispuestos a volver, y el beso de Uub y Pan rula por ahí (Love in the air!)

Espero que la larga espera haya merecido la pena, aunque no estoy muy convencida con este capítulo. Me da la impresión de que he hecho Ooc con Vegeta y eso me mata...

Ahora, muchísimas gracias por los rewiens y aquí los contesto. Soy consciente de que esto no se puede hacer según las reglas, así que creo que, cuando cuelgue el siguiente capítulo, borraré mi respuesta de aquí. No os los envío al mp porque después de casi un mes y medio lo consideraba un poco fuera de lugar, pero en fin. ¡Muchísimas gracias, nunca me cansaré de decirlo! Gracias a: Colli Kabuto (El ki de Vegeta subió porque iba a pelear con Trunks, no porque notara que Bra estaba haciendo cosillas con Broly xD ¡y menos mal!) Xxyoxitha94xX(estoy pensando en hacer un especial del Trunks de Pesadilla, ya que no eres la única que clama por él. Creo que está siendo uno de los personajes favoritos sin ser uno de los principales. ¡Gracias por comentar!) Mari-O.K (gracias, nena. En realidad escribo también historias originales, pero no las subo a internet ni nada. Lo que dices sobre los personajes es cierto, yo también los veo madurar y me encanta profundizar en ellos) kgonzalezmaga(muchas gracias! la verdad es que pienso que esa profundidad que intento darle a los temas es algo que me hubiera gustado que tuviera Dragon Ball. El mal menor, el sacrificio... es algo a lo que guerreros de verdad deben enfrentarse día a día. Gracias por las felices fiestas, la verdad es que no estaba segura de si allí había reyes magos o no) erika maria (ahora que he decidido responder por aquí te saludaré a menudo, erika. Siento tardar en actualizar, pero no me queda más remedio! espero que este te haya gustado de todas formas) Usuario865(muchas gracias por tu paciencia!) kAeDe-HiMe (te adoro, Kaedeeee! *o* y adoro tus referencias a God of War xD. El drama de Gohan es intenso, pero todo tiene una razón de ser, y espero que hayas recuperado un poco la esperanza. Bra está en una posición muy difícil, y no todo el mundo podría comprenderla. Trunks es un misterio, y con Vegeta y Bulma... Me alegra que el especial relajara, porque la situación estaba demasiado tensa y quería hacer un poco de referencia a la comicidad inicial del fic antes del dramón. En fin, ¡espero que este te haya gustado!) Portidaz(creo yo que nadie se esperaba que este fuera el malo final de Brocolín, ni tampoco sus motivos!) Mya Fanfiction(guau, pues esperaré tu rewien 700 si llego a tanto. Mientras escribía Brocolín temía que alguien se tomara mal la sátira, y eso que a mí me gusta muchísimo el VegeBul, pero creo sinceramente que le dan tanto bombo a la pareja, que se olvidan de otras cosas. Goku es el que más está madurando en este fic sin duda, a Trunks se le ha ido la cabeza por completo y no mencioné que Vegeta supiera algo de Pesadilla, aunque sí dejé caer que sabía que Trunks había asesinado a personas y lo había dejado correr. Con lo de los ansiolíticos, tranquila, no dije que Bulma vomitaba por estar embarazada; el vomito también lo pueden causar los nervios excesivos. Y sí, la guinda del pastel, ese pequeño Broly/Bra que en nada ha quedado. Espero que este te guste también linda, besazos!) LAURA (muchísimas gracias por ese detalle, nena! sí, escribir es complicado) Link-Girl Yuri fan(No, no, no y no! ¿Por qué odias a Bra, por quéeee? yo te diré por qué, porque Bra está entre los dos "favoritos" y no puede ir con uno sin fastidiar al otro. Vegeta porque es Vegeta, el consentido del fandom, y Broly porque ha conseguido ganarse el corazón de los lectores, o eso creo yo, entonces, ¿por cuál se decanta? y elija el que elija, no lo aceptaréis porque fastidiará a uno de ellos. Pesadilla ya ha hecho suficiente, como haga más destruye el planeta, y lo de Gohan, todo tiene su razón de ser! esto es una guerra, y los Guerreros Z llevan demasiado tiempo con su mundo color naranja con las bolas del dragón. Además, así es más impredecible, ¿verdad? Broly tiene la edad de Goku, vamos, que podría ser el abuelo de Bra perfectamente, pero tranquila, que no es tan desagradable como parece. Y Tama, como veo que gusta tanto, seguiré usándolo para que reparta amor por ahí. ¡Un besazo!) sofi12 (lo de la ensalada mixta es como decir orgía pero en plan crío, así que sí, algo de Trunks x Goten tiene. De hecho, adoro a esa pareja como para no hacer referencia a ella. ¡Por fin alguien entiende que para Bra la situación tampoco es fácil!) InuKidGakupo (otra persona que adora a Pesadilla, honestamente no sé qué hacer con este tío, porque veo que la gente clama por él. Y sigo insistiendo en lo que también le dije a Link-Girl, creo que no os cae bien Bra porque está entre los dos favoritos, y si se va con uno hace sufrir al otro, solo eso. En realidad, ha madurado mucho a lo largo de la historia, creo yo, y Pan... espero que te haya sorprendido aquí. Ah, ese án es Mr. Satán, sí, no sé por qué la página me comió letras. ¡Nos leemos!)clairedbzcullen (escribir ese momento padre e hijo ha sido brutal para mí, pero me alegra que te gustara. No te preocupes por los rewiens cortos, que sea largo no quiere decir que sea bueno. Espero que este te gustara también) Prl16 (Ya no hay tanto drama, al menos por un tiempo. He de decir que siempre he querido poner algo relacionado con los guerreros que combaten y sufren sin posibilidades de revivir, a diferencia de lo que ocurre en Dragon Ball. La angustia es mucho mayor, y Vegeta lo sabe bien, por lo que es el indicado para llevar a todos al campo de batalla. Sigo diciendo que tendré que profundizar un poco más en Trunks de Pesadilla, porque todo el mundo lo adora. Me alegra que el especial de navidad te hiciera reír, porque esa era la intención totalmente. ¡Espero que este capítulo también te haya gustado!) kare (gracias por comentar! me alegra que te gustara!) STF01 (adoro tus rewiens, así que te mencionaré lo que duré el fic además de ahora. En cualquier caso, mi intención con toda esta masacre de Son es hacer que Goku recapacite y madure como padre de familia, y lo está haciendo aunque por las malas. Con lo de Broly, bueno, en este capítulo ya ha dejado espacio para la humanidad, pero la cuestión es... ¿quién podrá más, su instinto o su humanización? y con lo de Paragus... ¡SCHHS! ¡pronto lo descubrirás! xD Espero que te gustara el regalo de reyes!) Marilu Moreno (Gracias, gracias, siento que no pudieras ver bien esta serie de niñez, aunque yo la retomé hace relativamente poco, así que no somos tan diferentes. Pan y Bra son personajes muy versátiles y sí, es cierto que les dan caracteres horribles en otros fics, pero también hay algunos que las tratan decentemente. Yo intento darles carácter y nobleza, y en este Pan se ha lucido. ¡Espero que te haya agradado! Vegeta y Broly son parecidos solo porque yo lo pongo en el fic. En realidad, seguramente Broly es un sádico total sin un ápice de razón. ¿Quién sabe? Esta personalidad que yo le doy solo se puede ver en una suposición de fic. ¡Espero que este también te haya gustado!) Bego-Bura-xD (con tu comentario acabo de darme cuenta de que tienes razón. De momento es el fic español con más rewien T.T y tú has comentado todos los capítulos desde el principio, nena. ¡Muchas gracias!) Danni FerrCross (En realidad, Gohan no está vegetal, solo sordo, manco y con la mitad de la cara insensible, pero por el resto está bastante bien para haberle explotado pura radiación en la cara! mi intención era emocionar con la escena, así que me alegra que hayas llorado un poquito xD. Sí, me baso en cosas muy paternales en este fic. De hecho, todo es una gran "alegoría" a la paternidad en cómo afectan los actos de ciertos padres a los hijos, pero eso lo dejaré para otro momento. ¡Espero que este también te gustara!) nana (¿quién ha dicho que vaya a dejar de escribirlo? gracias por comentar!)nekoclauclau(gracias por la aclaración! no tenía ni idea, así que no me arriesgué!) Martinikao Riddle(gracias por leer y comentar. Si lo has leído desde el principio, espero que lo leas hasta el final, que ya no queda tanto, o eso espero! nos leemos!) Galaxylam84(Graciaaaas!) claire redfield (hum... obviamente no voy a responder a ninguna de tus preguntas, porque eso sería revelar toda la trama del fic y ningún autor en su sano juicio lo haría xD, así que lo siento. Si quieres saber las respuestas, tendrás que leer como todo el mundo. Por otra parte, esta historia tiene muchas subtramas, y la relación Vegeta x Bulma y su lemon no entra dentro de ellas. Creo que no es la primera vez que preguntas. Puedo resolver dudas que tengan que ver con lo que ya ha sido escrito, no con lo que aún no he escrito, y el final... bueno, será como estime oportuno, no como los lectores lo pidan. Gracias por comentar!)AckMan-Multiverse(no me aburro con el comentario, ¡es tan lindo y largo! Es genial que te guste, y no solo por la pareja crack, que ahora es lo de menos. Hay muchísimas subtramas en este fic, y que empezara con Broly y Bra no significa que esa sea la más importante. Para mí, la maduración de los personajes frente a las situaciones es lo más importante, algo que viven todos, pero sobre todo Goku y el propio Broly, me alegra que te percataras de ello. Mirai Trunks no creo que aparezca en este fic, y si lo hace será de forma muy irrelevante y solo muy levemente, y por supuesto, no es un transexual. Vegeta solo lo dice con puro sarcasmo, y no eres la única que me pide que no lo mate, pero ¿quién sabe? Trunks no tiene ninguna enfermedad mental, quizás, como mucho, un cierto desorden de la personalidad si se le puede llamar así al instinto que es pesadilla, pero nada más, y tampoco siente algo incestuoso por Bra xD es su hermana, la respeta y la aprecia como tal, se preocupa como hermano mayor, solo eso. En este fic no hay incesto, como mucho un inofensivo complejo de Electra de Bra por Vegeta, pero lejano al incesto totalmente pese a lo que insinúe Broly. Otra cosa es lo que ocurra en la serie Brocolín y lo que ocurra en la realidad, tenlo en cuenta; el rey Vegeta no está vivo, Bulma no ha sido capturada y Trunks no es el villano de esta historia. Todo esto ocurre en Brocolín, la serie de dibujos, no en el fic real. La esquizofrenia no tiene nada que ver con lo que yo intento describir en relación al instinto que los saiyajins sufren; no están locos, pero son mucho más animales que los seres humanos y se les hace un mundo controlar eso, como expresa Vegeta en este capítulo. La relación entre padre e hijos, ¿por qué te parece cuento? ¡Gracias por el gran comentario, en serio, y bienvenida al fic, al que ya le queda muy poco, o eso espero!

¡Y ahora sí, nos vemos en el siguiente capítulo! En un principio el título del siguiente iba a ser "Los problemas de papá y mamá", pero seguramente lo cambiaré conforme lo escriba. Aun así, ya podéis tener una pequeña idea de qué puede ocurrir en el siguiente con ese título, prefiero dejarlo a la imaginación. ¡Nos leemos!