Nota de autora y respuesta a rewiens al final del capítulo.


Capítulo 31

El pequeño monstruo de papá


(12:47)

Base de los boburrianos, centro de pruebas

Broly mentiría si dijera que no estaba sorprendido, pero también lo haría si se mostrara especialmente nervioso o, quizás, asustado. Su cuerpo había temblado cuando vio a Paragus frente a él. Su boca se había secado y su corazón había latido como si formara parte de un grupo de caballos salvajes y desbocados. Ese hombre le traía tantos recuerdos amargos, que el solo hecho de revivirlos le espantaba. Representaba lo que más temía, pero también representaba todo lo contrario, el único apoyo y amor familiar que había conocido. Ambos se balanceaban en desigual equilibrio sobre una balanza, porque de pronto, sin la furia desenfrenada del guerrero legendario, sus sentimientos quedaban difusos y no del todo claros. ¿Le odiaba? ¿Le había echado de menos? Debía admitir que se había cruzado por su mente más de lo que debería haberle permitido, pero no lo había extrañado ni por un momento. ¿O sí? Dándolo por muerto había olvidado sus sentimientos por él, y ahora no recordaba a qué conclusión había llegado con ellos, si es que había alguna.

Abrió la boca, pero volvió a cerrarla. Con Paragus siempre pasaba lo mismo. El hombre era débil pero causaba algo en los demás en cuanto hablaba. Tenía un carisma y una lógica imposibles de ignorar, y quien pasaba algo de tiempo con él se encontraba en un encrucijada; lo odiaba de manera instantánea, pero también se veía ansioso por doblegarse a sus designios. Broly nunca había podido pelear con él en el terreno de la palabra, por eso siempre había usado los puños. Sabía que si su padre hablaba, lo manipularía a su antojo. Con el paso del tiempo aprendió que la única manera de vencerle era no dejándole dar el primer paso, atacar primero y romperle la mandíbula para que no pudiera efectuar su mágica influencia.

El guerrero legendario cogió aire. Estaba entre la espada y la pared. Bastaría una conversación para que Paragus consiguiera de él más de lo que estaba dispuesto a dar a nadie. Pero entonces Broly recabó en su error... y se rió.

Las cosas habían cambiado. Era un adulto pleno, no necesitaba a su padre para que guiara sus pasos. Había vivido solo y andado por el infierno solo. Había aprendido una gran lección el día que se dejó dominar por su parte instintiva y destrozó a su padre estrellándolo contra el cometa Molly. Se sintió bien, libre. Quizás la sensación duró poco, pero apenas había pensado en él desde entonces... y ya no estaba absolutamente solo. Aunque no estuviera allí con él, Bra estaría esperándolo, tal vez en la Corporación Cápsula, tal vez en la casa cápsula de ambos, pero de cualquier modo, estaría.

En cuanto acabara con ellos y toda la amenaza desapareciera, estaría y él podría decidir si prefería seguir solo, o darle una oportunidad a la humanidad.

—Padre... —habló. Su tono sonó impertérrito, y los ojos de Paragus se estrecharon cuando vio la seguridad en los gestos de su hijo. Broly nunca había sido excesivamente seguro de sí mismo cuando estaba a su lado, pero en aquel momento el hombre sintió algo que no esperaba encontrar en él: solemnidad.

—Hijo —lo llamó—. Ha pasado tiempo.

—No el suficiente. Sigues siendo un petulante peligroso con locas ideas de grandeza. ¿Me equivoco al pensar que te has unido a esta raza en sus absurdos propósitos? —dijo. Señaló con un dedo a Bumo, que herido y suspirante, apretó las encías e hizo un intento de arrastrarse lejos de ellos.

—Cada uno tiene sus formas de enfrentarse a la vida, Broly. Yo tengo las mías y tú has elegido un nuevo camino muy curioso. Siempre te consideré demasiado prepotente como para rebajarte al nivel de los saiyajins amaestrados de este planeta, o al de cualquier otra raza —Paragus esperó una respuesta irritada.

Broly siempre había necesitado atención constante porque Paragus lo crió para que así fuera. Quería que él lo necesitara para asegurarse de que nunca se alejaría de él y de sus propósitos, y Broly había demostrado aferrarse a los pocos que le tendían algo de cariño con uñas y dientes. Lo había criado como a un animal doméstico a conciencia. Había sido absolutamente pacífico y manejable hasta los siete años, quizás hasta un poco más tarde, y Paragus se aprovechó de ello reduciendo su vida a acciones muy simples: comer y dormir. Cuando Broly mostraba distracción o interés por algo que no era eso, su padre lo castigaba retirándole la palabra durante días, momentos en el que el niño clamaba por atención y se hundía en desesperación, ya que no conocía nadie más que le mostrara algo de compasión o cariño... hasta que encontró a Topoka. Del abandono y el entrenamiento diario de una mascota pasó a ser premiado, a ser incentivado y a desarrollar una personalidad propia. Su educación varió. Ese fue el principio del fin para Paragus. Con once años, ya no quedaba nada de ese niño pacífico y dulce, de esa mascota. Con doce años tenía una personalidad muy definida e implacable, seguro de sí mismo. Pero siempre, siempre sentiría debilidad por su padre, y Paragus lo sabía.

Lo que no sabía era que Broly había madurado, y por decirlo de alguna manera, tenía un "nuevo dueño".

—No resulta tan humillante... no después de ser amaestrado por un débil gilipollas con aires de grandeza —Paragus sabía que se refería a él. En otros tiempos, su hijo habría rabiado por insinuar que había sido rebajado, pero ese valor negativo se había reducido a la nada.

—Entonces, ¿te has convertido en uno de ellos?

—Yo no diría tanto, pero quizás para ti no haya diferencia. Estoy de su parte... de momento —aclaró.

—Te has dejado embaucar. Te has unido al enemigo, Broly. Te crié para que esto no ocurriera, no sé cómo ha podido pasar —los ojos del guerrero legendario brillaron en un rostro cargado de desdén. Paragus, el experto en psicoanálisis, los examinó lo suficiente y ató cabos. Suspiró—. Una mujer. Siempre son ellas, siempre fastidiando, siempre el enemigo de la ambición y la posibilidad de obtener el poder absoluto. Por Dios, Broly, ¡no te crié para que fueras tan estúpido! —le reprendió. Por un momento, él sintió ganas de retractarse y darle la razón, como si un recuerdo de sus actos pasados le hubiera azotado el sistema nervioso. Alzó las manos un poco, pero volvió a dejarlas laxas a ambos lados de su cuerpo, reprimiéndose. Él ya no podía manipularle. Ya no tenía poder sobre él. Debía recordárselo y tenerlo muy claro. ¡Lo odiaba! Claro que sí. Lo hacía... ¿verdad?—. Todavía estás a tiempo. Sigues siendo el más poderoso, y con Boburia de nuestra parte, no habrá quien pueda con nosotros en todo el universo. Olvídate de esa mujer y podrás volver a ser el que eras antes, el sanguinario y orgulloso saiyajin, el futuro rey y emperador de la galaxia. Arreglaremos este estropicio, haremos que...

—No.

La respuesta fue dura y contundente. Paragus, que había empezado a andar mientras trataba de convencerlo, se detuvo.

—¿Qué has dicho?

—Me has oído bien. Me quedo aquí, en este planeta, y si me voy alguna vez, ten por seguro que no será contigo.

El mayor pestañeó. Una ligera jaqueca se posó sobre sus sienes. Era la misma molestia que un padre podía tener cuando un hijo se plantaba y se revelaba, y nada podía hacerle cambiar de opinión. La impotencia era suprema.

—No puedes estar hablando en serio, Broly. Tú no eres como ellos, no eres como Vegeta y Kakarotto, ¡ellos ni siquiera pueden ser considerados saiyajins, ya no! Han renunciado a su orgullo, a su instinto belicoso, a su herencia genética, a sus costumbres, a su propia cola... ¡a todo! Son una vergüenza para lo que queda de nosotros. ¿Y ahora qué son? Prácticamente son terrícolas, viviendo con humanos, emparejados con humanos, teniendo hijos medio humanos y viviendo en paz. ¡Ellos no son saiyajins y definitivamente tú no eres como ellos! —Paragus era demasiado correcto como para escupir de puro desprecio, pero si no fuera por eso, lo habría hecho—. De acuerdo, Broly. Puedo entender tu capricho, así que coge a esa mujer y llévatela contigo. El universo no solo necesita a un emperador, sino también a una emperatriz, así que haz el maldito paripé con ella si tanto la deseas, pero te lo advierto: durará un par de años, como mucho tres o cuatro, y luego te darás cuenta de que frena tus avances como dueño y señor del universo. Todas las mujeres hacen lo mismo, así que hazle lo que le tengas que hacer, haz que tenga a tus hijos y mándala al infierno.

—¿Sabes qué? —cortó Broly. Paragus pensaba seguir hablando, allí donde su poder radicaba, en la palabra, pero el guerrero legendario dio varios pasos al frente y él calló, cauteloso por su cercanía repentina. Alzó la diadema inhibidora en señal de advertencia y Broly se detuvo, pero no por temor—. Di una palabra más sobre mi mujer, y te liquido aquí mismo.

—¿Tu mujer?

—Es la única manera de entender las cosas para ti, así que dejémoslo en mi mujer, sí —Broly sabía que el término no era el adecuado, no por la falta de algo que nombrara a Bra como su esposa, sino porque no creía en los seres vivos como propiedades de nadie. Después de pertenecer a su padre y a los boburrianos, los posesivos eran algo que odiaba y que no usaba, pero la mente de Paragus, como la de todos los dictadores, era estrecha e intolerante. No podía entenderlo de otra forma.

Paragus negó, escandalizado.

—¿Cómo has podido llegar tan lejos con una humana? —Broly calló, sin ninguna intención de dar más información de la debida, pero Paragus leyó su silencio como si se tratara de un libro abierto—. No es humana, ¿verdad? ¿Puede ser... alguien cercana a los guerreros? No me digas que... —Broly le dio la espalda. Caminó de nuevo hacia el tanque de regeneración y le dio una patada al cuerpo de Bumo, apartándolo de sí con puro sadismo y antipatía. El boburriano tosió sangre y se encogió, arrastrándose lejos de él.

—La conversación ha acabado.

—Es la que estábamos buscando, ¿verdad? La hija de Vegeta —Paragus sabía que era imposible que su hijo cayera rendido ante alguien tan frágil como un humano, y la única mujer con la que podría haber tenido contacto de la raza saiyana era la princesa. Recordar que le había arrancado el brazo a Bumo para protegerla le dejó las cosas más claras—. ¡Qué ironía! Humillado y domado por la nieta del hombre que te desterró. ¿Sabes por qué lo hizo el rey, Broly? ¿Lo has olvidado? Porque sabía que eras especial. Nada más nacer supo que podrías quitarle el puesto, destruir a Freezer, hacer lo que te diera la gana con su trono, y él no podría hacer nada por evitarlo.¿Crees que esa mujer es diferente del rey? Es su hija y te ve igual que él te vio en su día... como el monstruo que podía sustituirle.

Broly tragó saliva. Una vena palpitó en su sien con tantas blasfemias e insultos hacia Bra, a la que podía ver frente a sí mismo como si estuviera allí, quejándose, gruñéndole, actuando como una cría, madurando, entrenando, preocupándose por su seguridad, cuidándole cuando estaba enfermo con el síndrome de Beh'ril, siguiéndole pese a salir siempre escaldada... renunciando a su padre por él. ¿Quién era Broly para decirle nada si él no era capaz de matar a Paragus allí mismo?

—Pero ella es más lista. Solo hay que ver lo que ha conseguido hacer contigo. Ha visto una manera de sacar provecho de ti sin tener que matarte. Solo ha tenido que seducirte para manipularte y poner tu increíble poder de su lado. ¿No es eso lo que han hecho todos hasta ahora, Broly? Pero, ¿quién les culpa? Eres el arma más poderosa de todas, y la ambición es grande. Te está utilizando, hijo. Si crees que alberga alguna clase de sentimiento por ti, no es más que pura fachada. No debería tener que decirte esto porque ya lo has vivido. Aquellos que se acercan a ti solo lo hacen por tu poder. El único que se sacrificó solo por ti fui yo, y me lo estás agradeciendo muy mal. Soy tu padre, y me debes algo más de lo que me has dado hasta ahora. No te preocupes, estoy dispuesto a perdonarte por lo que ocurrió en Neo-Vegetasei, y prometo no colocarte la diadema otra vez si abandonas esta locura y vienes conmigo ahora mismo. Si insistes tanto, llévate a la princesa y tened una descendencia digna, pero vamos... No creerás que alguien como tú puede encajar aquí, ¿verdad?

Broly notó que empezaba a dudar. Las inseguridades volvieron y él no supo cómo hacerles frente. Todas sus horribles vivencias aparecieron ante sus ojos, sustituyendo lo poco que había vivido allí, tranquilo. Mucho tiempo no podía verse contradicho por un corto periodo de felicidad, pero los hechos de esos meses lo cambiaban todo en él. Habían sido más veces de las que estaba dispuesto a admitir las que había pensado en adaptarse y quedarse allí, con Bra, y el tiempo diría si le daba una oportunidad a esa forma de vida que los guerreros tanto apreciaban. Las palabras de Vegeta habían achacado parte de su determinación, pero esta no estaba acabada. Había ido allí buscando respuestas, y las que su padre le daba no le valían.

La realidad era que él quería quedarse allí aunque los instintos le dijeran que no. Los sentimientos lo partían por la mitad, el ello y el superyó se peleaban entre sí por la dominación absoluta, y Broly seguía sin tenerlo claro.

—Ellos... son felices —dejó caer. Paragus se escandalizó.

—Antes tu felicidad era la destrucción y ahora estás pensando en vivir en paz y armonía en un planeta hermoso, sí, pero pequeño y pacífico, lejos de tus instintos y de tu forma de ser. ¿De verdad crees que eso funcionaría? ¿Acaso estás pensando en vivir aquí con tu propia casa, tus propias leyes, tu propia vida sin asesinatos ni más batallas que las que pueden ofrecerte Kakarotto y Vegeta? ¿Con esa chica... con hijos de verdad? Formar una familia donde te vean como quien eres, no por lo que eres, ¿es eso lo que quieres y buscas aquí? —Broly no respondió, pero no hacía falta que lo hiciera para que Paragus lo entendiera—. A todo hombre le llega la necesidad de tener descendencia alguna vez, lo entiendo, pero piénsalo, Broly. Piensa lo que ocurrió la última vez —el guerrero legendario tragó duro. Su ceño se frunció hasta el extremo y los dientes se apretaron hasta lo indecible. Si su padre tiraba por ese lado, no podía asegurar su autocontrol—. ¿Acaso quieres volver llorando otra vez? ¿O es que no recuerdas cómo volviste a mí después de lo que ocurrió con los boburrianos?

Las mejillas del guerrero se encendieron de vergüenza hacia sí mismo al recordar lo sucedido aquel día, hacia tantísimo tiempo ya. Escapó de los boburrianos y cayó en la trampa de Paragus, buscándolo por todo el universo para darle muerte por haberlo vendido a esos torturadores que tanto daño le habían hecho. Lo encontró tras varios meses, y cuando lo hizo ocurrió exactamente lo mismo que estaba pasando ahora.

Se dejó manipular.

Sentía vergüenza al recordar cómo, en lugar de enfurecerse, se había puesto a lloriquear. Amargado por la culpa, por haber permitido que mataran a sus hijos, bajó la cabeza y estuvo dispuesto a perdonar a su padre. No es fácil ser padre, y yo te lo he puesto todavía más difícil. Asumió la culpa de que Paragus tomara esa decisión con él, demasiado agotado tras diez años de experimentos y nada de contacto con alguien que no buscara su mal. Con Bra omitió esos detalles, pero esa era la auténtica historia. Volvió para ser acogido bajo el brazo paterno llorando como un crío, como el perro abandonado que vuelve a encontrar a su dueño tras mucho tiempo y llora de alegría. Lo hizo... y aprovechándose de su sumisión y sus deseos de ser consolado y no estar solo, su padre le colocó la diadema inhibidora.

Nunca debía olvidar eso.

Él había sido bueno y todos se aprovechaban cuando bajaba la guardia y se disponía a escuchar, cuando era pacífico. TODOS. Por la espalda... Salvo sus maestros, salvo Bra, salvo los Guerreros Z si se ponía a pensarlo detenidamente. Ellos solo le atacaron cuando él les atacó, nunca de manera premeditada y con la intención de manejarlo o utilizarlo, ni siquiera Vegeta. Broly podía sentirlo en su contacto psíquico con Kakarotto, podía verlo en los ojos del príncipe, en la oscuridad de su hijo, en la honestidad de Bulma, en el respeto y casi temor de todos con los que había convivido en esos escasos días. Nadie le había atacado, ni pensaban hacerlo. Aunque la ocasión lo requería y tenían en sus manos una diadema inhibidora, no lo habían amenazado con ella, ni siquiera cuando estaba herido y débil. Habría sido tan fácil manipularle...

Ya tienes medio camino hecho... todavía puedes tener la familia que perdiste. Nosotros... ¡incluso nosotros podemos ser una familia para ti!

Eso le había dicho Kakarotto, y había sido sincero. Incluso tras la pérdida de un hijo, en la desesperación que Broly conocía bien, le pidió y le ofreció una mano de ayuda. ¿Quién era el verdadero enemigo? ¿Por qué lo dudaba siquiera?

—Piénsalo, Broly. Piénsalo detenidamente. Tu destino es ser alguien grande, para eso naciste con ese poder, para eso fuiste criado, por eso te convertiste en lo que eres ahora... no dejes que te echen a perder.

Broly soltó todo su aliento hundido en una tensión que logró cegar su juicio. Las palabras de su padre eran puñales entre las costillas que no le dejaban respirar por la autoridad representada, pero esta vez, estas también fueron su perdición. Por ese poder había vivido solo, había sido torturado y rechazado, por él se había convertido en lo que era hoy en día... eso era lo que siempre había pensado. Estaba destinado desde su nacimiento.

Pero ahora se daba cuenta de que era la mentira de su vida.

Su poder nunca había tenido nada que ver.

—No... — Su poder no le había hecho eso—. No... —Su poder no le había convertido en lo que era porque, pese a seguir poseyéndolo, Bra lo había aceptado, sin segundas pretensiones—. No... —Su poder nunca había tenido nada que ver, y tras tantas negaciones, tuvo claro quién le había condicionado y convertido en lo que era hoy en día.

Un dedo acusador, sin ápice de duda. Unos ojos afilados y sentenciosos. Una conciencia limpia y un cuerpo no limitado ya por la débil mentalidad del hombre que, por fin, se dejó dominar por la humanidad y no por los instintos. La furia del hombre, la verdad de su parte, los sentimientos en pleno dominio de sus capacidades.

Así señaló a su padre y lo sentenció para siempre.

—Fuiste tú... ¡TÚ ME ECHASTE A PERDER!

Y por fin, Paragus perdió, no contra el poder, sino contra su propia palabra... y contra el que ya no era su hijo.


Día 213 (12:52)

Oeste, restos de Capital del Este


Dios... Pensó Vegeta con el más profundo de los alivios.

Allí, en las afueras de lo que quedaba de la Capital del Este, donde los animales se estaban volviendo locos por la radiación de la bomba nuclear, el príncipe no podía creer la suerte que había tenido. Tuvo que abrir a un par de animales enloquecidos para encontrar la esfera. Uno de ellos, rabioso y con un comportamiento autodestructivo, se la había comido. La esfera de cinco estrellas que tenía en la mano podría haber recibido la explosión de pleno, y Vegeta, aunque sabía que esta era dura, casi imposible de romper, no podía estar seguro de hasta qué punto podía aguantar las altas temperaturas. Afortunadamente, estaba intacta.

Se elevó en el aire y empezó a volar en dirección a la Corporación Cápsula. Observó a las pobres criaturas y a los árboles muriendo desde al aire. La vegetación que rodeaba la capital había empezado a marchitarse por la radiación, dejándolo todo seco. Vegeta apretó los dientes. Después de tantos años, viajando de planeta en planeta, era muy consciente de que la Tierra era un lugar que debían atesorar. Quizás fuera de una raza guerrera brutal, pero podía apreciar la belleza después de ver tanta fealdad. El planeta Tierra estaba perdiendo su magnífica naturaleza por culpa de las catástrofes que los boburrianos dejaban a su paso. Necesitarían muchos deseos para arreglar eso, pero primero revivirían a Goten y curarían a los heridos. Luego exterminarían a los boburrianos con sus fuerzas restablecidas y con los dioses de su parte.

Era la hora del contraataque.

Vegeta, ¿la has encontrado? —el saiyajin se llevó una mano al intercomunicador para responder, un aparato similar al scoutter que él mismo había llevado consigo a la Tierra.

—Sí, la tengo. ¿Qué pasa con los demás?

Tenshinhan y Chaoz ya están aquí con la de tres y una estrellas. Goku acaba de comunicarme que ya tiene la de siete, y Krillín la de dos. Nos quedáis Yamcha y tú —le respondió Bulma.

—Yo tengo la de cinco —eso solo les dejaba con la de seis estrellas—. Maldita sea, ¿cómo es que ese idiota aún no la ha conseguido? Siento a Trunks desde aquí. Se está poniendo muy nervioso.

Lo sé. Está un poco agresivo, pero pronto acabará esta pesadilla. En unos minutos, Goten volverá con nosotros y lo demás será fácil y rápido. Trunks se calmará en cuanto lo tenga delante —Vegeta esperaba eso, aunque tenía la impresión de que su hijo no volvería a ser el mismo de siempre. Una parte de él se había perdido, y la otra había tomado el control de su cuerpo. Aunque Goten volviera a la vida, no sería tan fácil arreglar la mente distorsionada de Trunks, ni siquiera para él.

—No te acerques a Trunks ahora mismo, mujer. Déjalo tranquilo hasta que yo llegue.

¿Por qué dices eso?

—Tú solo hazlo. Está demasiado susceptible ahora.

Bueno, da igual. Ven pronto y acabemos con esto de una vez. Por cierto, ¿has visto a tu hija esta mañana? No la he visto en todo el día, ni tampoco a Broly.

Vegeta arrugó la cara. Recordó su conversación con ambos el día anterior. No se había planteado si había hecho bien o mal al hablar demasiado sobre lo que ocurría con el instinto saiyajin. Sabía que al hacer patente su experiencia, había dañado el núcleo de la relación entre ambos, pero también sabía que era una prueba que debían hacer tarde o temprano. Si sus simples palabras acababan con lo que ambos tenían, era porque su vínculo no era lo bastante fuerte, y, por lo tanto, la relación no tenía futuro. Si por el contrario, Broly se decidía a correr el riesgo... Vegeta prefería no pensar en ello.

Sabía que por parte de Bra, ella siempre elegiría a ese hombre tan irritante. Mucho debía madurar para darse cuenta de que ellos no deberían estar juntos, cosa que no haría de momento. Ni siquiera Bulma lo había hecho hasta hacía unos meses, cuando ambos se pelearon y él le habló de lo que el instinto significaba para los saiyajins. Decidió dejarlo ir pese a sus sentimientos, pero él no la dejaría ni aunque las circunstancias lo superaran. Bra y Broly no habían llegado a ese grado de necesidad, y Vegeta dudaba que lo hicieran alguna vez.

Pero si se paraba a pensarlo...

Broly era un hombre adulto e insistía en estar con Bra. Aunque a veces se le antojaba mostrarse distraído e incluso retardado como Kakarotto, tenía una astucia escondida, algo que había madurado en un afán de supervivencia necesario. Vegeta lo había visto el día anterior durante su conversación. Le había escuchado con respeto y había sido consciente de lo que quería decirle. Sus palabras no habían caído en saco roto porque Broly sabía muy bien de lo que le hablaba. El hombre entendía que podría hacer daño a Bra de seguir profundizando en su relación, y también a los demás... y ahí estaba el problema.

Broly lo sabía, lo entendía y le preocupaba. Si no sintiera algo fuerte, le habría dado igual seguir su relación con Bra, aunque esta le doliera a su hija. Sin embargo, se lo estaba pensando. Eso quería decir, desgraciadamente para Vegeta, que ese hombre era sincero con respecto a sus sentimientos. Broly quería a su hija a largo plazo, quizás no por amor, pero sí por algo que se acercaba bastante si tenía en cuenta los estándares sentimentales de los saiyajins. Si de verdad estaba encaprichado/ensimismado —decir "enamorado" le parecía demasiado fuerte como para pensarlo siquiera—, los Guerreros Z ganarían un aliado valiosísimo, pero también alguien que podría volverse contra ellos en un momento de enajenamiento existencial. Vegeta no quería hacerse cargo de otro Vegeta, pero Kakarotto ya lo había aceptado como uno de los suyos, y lo que Kakarotto pensara en el grupo acabaría imponiéndose sobre lo que pensaran los demás.

Broly estaba a un paso de formar parte de su familia, y él prefería castrarse antes que permitirlo.

—No. No los he visto —Vegeta cortó la comunicación con Bulma, aprovechando ese viaje hacia la corporación como un momento de reflexión genuina. Esta no duró mucho. El intercomunicador lanzó un zumbido en señal de que alguien trataba de comunicarse con él, y Vegeta aceptó la llamada con un golpe de voz.

Vegeta, ¿dónde estás?

La voz de Yamcha lo descolocó. Ambos no se llevaban del todo mal. En realidad, no se llevaban. Para el saiyajin, su existencia era indiferente. Nunca le había tenido celos ni rencor por haber tenido una relación con Bulma. Quizás era porque confiaba demasiado en ella, o tal vez porque sentía que ese humano no albergaba más maldades que el egocentrismo típico en su raza. Por el contrario, sí había notado el recelo que él le guardaba, uno que se había enfriado con el paso de los años hasta convertirse en simple tolerancia y resignación. Por no tratarse en absoluto, su contacto con él le hizo sospechar que algo iba mal.

—Voy de camino a la corporación. ¿Tienes ya la maldita esfera? Eres el único que queda.

Precisamente tengo un problema con ella. Tú y Goku debéis venir al sur de la Capital del Norte enseguida. Bulma tiene las coordenadas exactas. Es... —Vegeta soltó una risilla burlona ante la urgencia.

—¿El poderoso guerrero tiene problemas para conseguir la esfera? ¡No me toques los cojones, no estamos para perder el tiempo! Da igual dónde tengas que meter la mano, ¡hazlo y punto! —al otro lado de la línea, Vegeta oyó que Yamcha pedía paciencia.

Créeme. Te interesa. Nos interesa a todos. No hay manera de que yo pueda recuperar la esfera si está donde me indica el radar —Vegeta no tuvo más remedio que gruñir y dar media vuelta para ir hacia allí.

—Más vale que sea importante, o te liquido —lo era, aunque Yamcha prefería no dar detalles claros hasta que ellos estuvieran delante.

Describir la base de los boburrianos escondida entre las montañas de la Capital del Sur era difícil.


13:00

Base de los boburrianos, centro de pruebas


—No voy a hablar contigo, ni ahora ni nunca. Tú sabes perfectamente lo que hiciste y no te debo nada. Durante estos últimos meses he visto todo lo que tenía que ver y, maldita sea... me manipulaste tanto que vi lo que tú querías que viera, pero esto acaba aquí. Ahora tengo los ojos abiertos y la mente libre de tu puta corrupción, y te veo a ti, padre... muerto —el dedo acusador se cerró sobre un puño que se abrió. Una esfera de energía vibró en la palma de un color verde ardiente. Bumo se encogió a un lado de ellos y Paragus retrocedió.

—Broly, escúchame...

—¡NO! ¡No quiero oír nada de ti! Voy a decírtelo claro. Esto no es una venganza. Tengo toda la intención de quedarme en el planeta Tierra, y tú molestas, Paragus —la utilización de su nombre dejó claro que Broly estaba hablando en serio. Quiso deshumanizarle como padre suyo usando ese apelativo para no sentir nada a la hora de matarle otra vez, y funcionó, lo que hizo que el mayor intentara recuperar el control.

—Pero hijo...

—Cierra ese maldito agujero que tienes por boca, y no vuelvas a llamarme hijo. Este será mi último asesinato... y voy a disfrutarlo —Broly sonrió, pero cuando estaba a punto de dejar ir el ki que lo mataría con ansia asesina, Paragus elevó el brazo derecho en el que mantenía el brazalete de control y posó un dedo sobre él.

—Tú lo has querido así, hijo —presionó un botón y todo se vino abajo.

La sala, en silencio salvo por la electricidad que emanaba la esfera de ki, prorrumpió en brutales chillidos de agonía, en palabras sin significado y frases guturales. Los gritos eran estremecedores, llevados a la locura de puro martirio. Cualquiera que los oyera se acongojaría, especialmente por un detalle.

Eran llantos de bebés y niños.

La energía de Broly se vino abajo y la esfera desapareció, como si el sonido absorbiera todo su poder. Pálido como un muerto, sintió que su cuerpo quedaba flojo y que unas intensas ganas de vomitar trepaban por su garganta. De hecho, lo hizo. Cayó al suelo de rodillas y echó la cabeza hacia adelante, vomitando como un torrente. La reacción fue instantánea. Después de siete años escuchando esos gritos en su cabeza, encerrado en una claustrofóbica habitación sin opciones para dormir y desconectar, volviéndose loco a cada segundo, era imposible aguantar eso. Los gritos de sus hijos, y probablemente el de los niños de otras razas torturadas por los boburrianos, azotaron cada nervio de su cuerpo y lo convirtieron en una vulnerable criatura incapaz de hacer el más mínimo movimiento. Temblando como un flan y con la respiración atascada en su garganta, sintió las lágrimas amontonándose en sus ojos, sin descender.

Paragus anduvo hasta él, ya sin miedo, y lo observó desde arriba con cierta lástima y condescendencia. La situación había dado un vuelco y ahora era él, el poderoso guerrero legendario, el que estaba arrodillado y a merced de cualquiera, porque por mucho que lo intentara no podría moverse. De hecho, ni siquiera se vio con fuerzas para intentarlo.

El cerebro de Broly había desarrollado un mecanismo básico de detección y supervivencia. El llanto de los bebés predecía un dolor agónico en el plano físico por la tortura a la que fue sometido durante años mientras lo oía, desde el llanto de Kakarotto que vino antes de ser apuñalado a su celda de contención. Broly podía sentir cómo sus tripas se salían por la cicatriz de su estómago aunque estas estuvieran en su lugar. También predecía el impacto mental y sentimental de los hijos muertos. El llanto de bebés era la canción de su vida.

Aquello era inhumano.

—Mírate, Broly. ¿Crees que me gusta verte así? Te he criado para que seas rey, no para que te eches a temblar cuando oyes llorar a un montón de críos, pero no me dejas opciones. Nunca me has entendido, nunca has querido entender que todo lo que hago y he hecho era con vistas a tu futuro. Tu sufrimiento era algo que me agradecerías algún día, pero eres tan impaciente que siempre me obligas a recurrir a lo peor de lo peor.

Broly empezó a hipar y a toser, incapaz de respirar. Paragus era un cínico que, sin embargo, sentía el dolor de su hijo en esas condiciones. Su lástima por él no era falsa, y sus deseos de no recurrir a eso tampoco lo eran, pero desde luego, era imposible dejarlo vivir en paz y armonía cuando había nacido para mucho más. Paragus se agachó frente a él, de cuclillas, y lo vio llorar y gimotear, incapaz de luchar. Dio vueltas a la diadema inhibidora entre sus manos, pensándose si debía usarla o no. Volvió a buscar valor al ver a Broly así, hundiendo la cabeza en el suelo con las manos sujetándola, llorando como un niño pequeño, especialmente cuando la palabra "papá" era gritada por los bebés muertos.

Lo estaban llamando, lo habían llamado, y eso lo recordaría el resto de su vida. La familia que, por unos segundos, casi se había permitido imaginar allí, desapareció. No podía ni podría... Nunca. Ellos seguirían llamándole... y él nunca iría a por ellos ni los ayudaría. Igual que su padre había hecho.

—Lo siento, Broly. De verdad. Pero cuando seas rey me lo agradecerás —Paragus posó una mano sobre su espalda desnuda en gesto de consuelo. En su otra mano, la diadema inhibidora seguía agarrada entre los guantes protectores del mayor—. Yo estaré contigo en todo momento. Soy tu padre, y por mucho que me duela, no voy a abandonarte otra vez.

—¡TÚ NO ERES MI PADRE! —rugió él. Su cabeza se alzó, sus ojos inyectados en sangre, lo taladraron—. ¡TOPOKA LO ERA! ¡TIGERO LO ERA! ¡Bugogi era mi amigo y Mikchi...! —antes de que pudiera acabar, Paragus le cruzó la cara, ladeándosela con una mano. Su padre no era el hombre más fuerte que había conocido, pero el golpe le dolió más de lo que le habían dolido otros muchos.

—Eres un desagradecido. ¡Cuando te pones tan tozudo me cabreas mucho, Broly! Está claro que tu mal humor lo heredaste de mí.

El pecho del guerrero legendario subía y bajaba entre la ansiedad que lo paralizaba y la furia más absoluta. Sus dientes, apretados, buscaban el desesperado modo de sacarse esos gritos de la cabeza, sin éxito. Al fin, Paragus lo contempló.

—Está bien, Broly. Vamos a pasar mucho tiempo juntos después de esto, así que será mejor que empecemos de nuevo como padre e hijo —el menor solo pudo responder de una forma; escupiéndole en la cara. Paragus, asqueado, se limpió la saliva restregándose el guante por los ojos antes de fulminarlo con la paciencia agotada. Lo agarró del pelo y tiró de él hacia adelante, acercándolo demasiado a la diadema inhibidora que Broly observaba con recelo, odio... y temor—. Vamos a llevarnos bien esta vez, y para eso, he decidido que no quiero que haya secretos entre nosotros, así que voy a revelarte algo que debí haberte dicho hace mucho tiempo.

Paragus se levantó sin soltarle el pelo, y las manos de Broly cayeron laxas a ambos lados de su cuerpo, tan temblorosas como si le estuvieran dando un ataque epiléptico. Desde arriba, su padre dejó de sentir pena por él, por ese niño lloroso que, por lo visto, no había cambiado tanto desde ese bebé que lo había salvado de la muerte y que siempre estaba durmiendo, sin dar un solo ruido. No. Ya ni siquiera le inspiraba compasión.

Acercó a su frente la diadema inhibidora y nuevas lágrimas furiosas descendieron por sus pómulos endurecidos.

—Verás, Broly, lo cierto es que... Yo maté a tus cuatro maestros.

Y entonces le colocó la diadema inhibidora.

Todo ocurrió tan deprisa, que resultó chocante incluso para Paragus. Nada más colocársela, el cuerpo de Broly convulsionó como si hubiera recibido una descarga eléctrica. Sus ojos quedaron en blanco y su cabeza se echó hacia adelante, colgando de su cuello, inerte. Paragus ladeó el rostro, entre curioso y preocupado.

—Broly... —lo llamó, y se apartó. En cuanto se alejó, el cuerpo del guerrero legendario cayó a peso muerto sobre el suelo, como un maniquí que ya no puede sostenerse por sí mismo. Ahí se quedó.

Y ahí fue donde Bra lo encontró.

—¡NOOOOO!

Paragus y Bumo se giraron en cuanto la oyeron. Bra, que llevaba largo tiempo recorriendo los laberínticos pasillos de la nave sin saber por dónde acortar hacia la energía de Broly, llegó sin aliento y todavía sangrando, justo cuando él cayó al suelo con la diadema sobre su frente. Ignoró a los presentes, pasó por el lado de Paragus cojeando y se deslizó sobre el suelo hasta el guerrero legendario, pasando la cabeza sobre su brazo, elevándolo hasta su altura. Su mano acarició su mejilla con rudeza, y buscó cruzar los ojos con los suyos, pero sus pupilas dilatadas no se centraron en absoluto. Entre sus brazos, el pelo rubio de su transformación se deshizo en su tono oscuro habitual. Pálida, lo zarandeó y lo llamó.

No hubo ni un mínimo de respuesta.

—No despertará, princesa —Paragus habló, interrumpiendo el hilo de los pensamientos de Bra. La chica no le dio tiempo a hablar ni a sollozar por él. Se levantó, depositando la cabeza de Broly sobre el suelo muy suavemente, y se dirigió a Paragus. Lo agarró de la capa que le cubría el cuello y tiró de él hacia muy abajo debido a su gran estatura, rabiosa.

—¡Sé quién eres, maldito cabrón, y me da igual! ¡Haz que despierte ahora mismo o te sacaré las entrañas por la boca! —lo amenazó. Paragus dejó escapar una corta risilla que se acabó cuando Bra le cruzó la cara con el brazo libre. Un hilo de sangre descendió por los labios del hombre, que se tambaleó, sorprendido—. No voy a andarme con gilipolleces, Paragus. Quítale esa cosa.

—No hay duda de que eres la alumna de Broly. Tienes su mismo mal humor y pareces haberlo domado bien. Pero no te lo tengas muy creído, niña. Sus maestros también lo hicieron... y todos acabaron muy mal —Paragus se restableció y se limpió la sangre. Se acercó a Bra pero esta le enseñó los dientes y se encorvó en una amenaza animal clara, igual que Broly en un gesto suyo.

—Broly me habló de ellos. Me contó que Topoka murió cuando cumplió los siete años y que Tigero sufrió una intoxicación que acabó con él. También me dijo que Mikchi fue asesinada por los soldados de Freezer y que su otro maestro, Bugogi, murió en circunstancias extrañas... Y fuiste tú. Todo este tiempo... Tú hiciste algo para que ellos se alejaran de Broly para siempre. ¡Tú los mataste, admítelo!

—No lo niego —Paragus habló. Vigiló que Broly no reaccionara ante su confesión, porque de hacerlo, las consecuencias podrían ser catastróficas, pero él seguía inconsciente, probablemente, para siempre—. Todos ellos eran idiotas. Podrían haber tenido el universo en sus manos apoyando a Broly en su avance como guerrero legendario, pero ninguno lo hizo —Bra apretó los puños, aunque en uno de ellos sufrió el dolor del brazalete de braummuro todavía clavado en él—. Topoka era un estúpido hipócrita. Estaba acostumbrado a enseñar a saiyajins a pelear, a mostrarles cuáles eran los valores de auténticos guerreros; orgullo, dignidad, fiereza, crueldad, sin compasión. Todos los que él entrenaba eran la élite. Los convertía en esclavos de la guerra, en seres sin corazón. Debía enseñarle esos valores a Broly, el egoísmo, la crudeza, la maldad intrínseca... y no fue capaz. Se retractó en sus ideales, se volvió blando, pensó que lo ideal para Broly no era pelear, sino aprender a pensar por sí mismo para tomar buenas decisiones cuando se convirtiera en rey. Un rey justo, no como Freezer, eso pensaba ese viejo idealista. Le enseñó cosas inútiles, a leer, a fantasear, a jugar, y más habría hecho si Broly no fuera duro de mollera. Por supuesto, está hecho para pelear, y cualquier cosa que se salga de eso está fuera de su alcance.

—No tienes ni idea de tu hijo —gruñó ella. La sangre le hervía por los insultos y la nula confianza en él. Los deseos de matar a ese hombre eran irrefrenables, pero acabar con él era decisión de Broly, no suya—. Broly es libre y tiene capacidad para hacer lo que desee. Tú le impusiste esas limitaciones. El problema siempre fuiste tú, no él.

—Sí, eso era lo que creía Topoka. Por eso murió —admitió—. Él se encariñó con Broly, como todos los demás. Cuando era pequeño tenía ese poder; te miraba con esos ojos tan grandes y brillantes, hacía que te compadecieras de él con esa vocecita aguda, siempre con la cabeza gacha, siempre en silencio, tan pacífico, tan pequeño como un cachorro... daban ganas de adoptarlo y cuidarlo. No lo entendía. ¿Por qué un saiyajin puro, y más aún, un guerrero de su calibre, un guerrero legendario, nació siendo tan pacífico? No tenía lógica. Era un desperdicio que pensé que se arreglaría con el tiempo, pero cuando Topoka influyó lo suficiente en su débil mente como para ponerlo en mi contra, supe que no se convertiría en un auténtico guerrero legendario sin ayuda. Estaba claro que yo era el único capaz de guiarlo sin desviarme del camino, el único que no se rendía ante su encanto pacifista. Así que hice lo que tenía que hacer para convertirlo en lo que hoy en día es... o lo que era antes de conocerte a ti.

—¿Qué quieres decir con eso? —Bra retrocedió cuando Paragus se paseó alrededor del cuerpo de su hijo inerte. Bra colocó las piernas a ambos lados de su cuerpo en actitud protectora mientras lo escrudiñaba.

—El primero fue Topoka. Cuando Broly decidió quedarse con él, fingí desaparecer, pero en realidad solo busqué mi momento. No soy fuerte, solo soy un saiyajin de clase baja, pero mi mente es suficiente. Esperé a que Topoka bajara la guardia y a que ambos se acostumbraran a su nueva vida juntos, y envenené la comida que solo él tomaba —bajo Bra, los dedos de Broly tuvieron un espasmo débil, pero ninguno lo notó. La muchacha apretó los dientes—. Broly sufrió, y la rabia que esto le provocó me vino muy bien para el desarrollo de sus habilidades y agresividad. Oí hablar de Tigero poco después como el mayor experto en control de ki de la Galaxia del Oeste, y él se interesó por Broly de inmediato. Por supuesto, era un interés morboso y conveniente, ya que no todos los días se descubre a alguien con tanto potencial y con un destino tan claro.

»Tigero continuó su aprendizaje y le enseñó a controlar el ki con paciencia y brutalidad, al principio con un método que yo mismo aprobaba. Era rudo y su asqueroso olor me hacía pensar que Broly rehuiría cualquier contacto demasiado cercano con él, pero me equivoqué otra vez.. Al principio, cuando a esa maloliente criatura le era indiferente Broly, lo golpeaba para castigarlo o reprender su mala concentración; para un experto en ki no era complicado herirlo y dejar marcas en la piel. Al cabo de los días o las horas, desaparecían... y poco a poco, dejaron de aparecer. Ni un moratón, ni una señal, y la insolencia de mi hijo crecía. Estaba claro que ya no era capaz de continuar su entrenamiento por las duras, y cuando Broly lo convenció para que se bañara, tuve claro que ya no podía sacar nada de él. Hubiera sido fácil llevarme a mi hijo, pero su cabeza había madurado y había aprendido a decir no con sobrada habilidad. Solo necesitaba a una persona que lo guiara, y no había espacio para Tigero y para mí, así que hice lo que tenía que hacer al igual que hice con Topoka.

Bra recordaba lo que Broly, muy vagamente, le había contado mientras estaba enfermo con el síndrome, y entre lo que le había revelado había descripciones muy vagas de sus maestros. Sabía que Tigero olía mal y estaba en su naturaleza ser carroñero y no lavarse. Broly le había pedido que se bañara un día, y murió por ello, o al menos eso había creído. El guerrero legendario se negaba todo lo que le hacía daño e intentaba olvidarlo, pero Bra ya lo conocía bien; si no le había hablado mucho de Tigero era porque sentía cierta culpa por lo sucedido.

Nunca debió sentirla.

—No murió por el baño. Tú lo mataste —afirmó con toda seguridad.

—Solo lo intoxiqué. Comía carroña, y entre el montón de mierda que tomaba, escondí fruta en buen estado. El resultado fue una intoxicación severa, y como sus defensas estaban bajas después de bañarse, no pudo superarla —Paragus miró a Broly con superioridad, rememorando un detalle más de ese maestro suyo que se le tornaba tan lejano—. Tigero no era estúpido. Se dio cuenta de mis intenciones durante su agonía y de cómo pensaba criar a mi hijo, e intentó avisarle. Cuando sus vecinos carroñeros vinieron a hacerse cargo de su carne ya putrefacta, él aún estaba vivo. Agarró a mi hijo por la cola y murmuró palabras de advertencia, pero a Broly le repugnó tanto la escena, que se soltó y corrió: nunca lo escuchó, pero en su cabeza se quedó fija esa imagen. Siempre ha tenido cierta predilección por la carne cruda, y en esos años, también por el canibalismo. Estoy seguro de que la imagen de su maestro siendo devorado le trastocó lo suficiente como para definir ciertos hábitos alimenticios... pero eso no es lo importante. Lo importante de verdad es que su muerte hizo que Broly se volviera agresivo e irritable, intratable. Su madurez sexual, más temprana de lo normal, también contribuyó a ello. La primera vez que mató fue porque intentaron quitarle la comida, un mecanismo de defensa de su territorio; ni siquiera tenía hambre. Luego fue porque quería algo y había seres que se lo negaban, generalmente también comida. No se conformaba con cualquier cosa; o era carne o te comía a ti. Fue ahí donde empezó a costarme tratar con él sin recibir un mordisco. No eres la única que fue marcada por él —Paragus se levantó algo de la capa blanca que caía sobre su espalda y le enseñó una dura y profunda cicatriz sobre el hombro. Cuando dejó más porción de piel a la vista, Bra distinguió las mordidas que recorrían sus brazos y piernas. Le recordó a un domador de fieras, y casi lo compadeció, pero se recompuso se inmediato. Con ella no funcionaría ese truco tan burdo que tan bien funcionaba con su hijo.

»Desde siempre, el hombre se vuelve más complaciente y sumiso cuando yace con una mujer. Broly todavía era joven, y su madurez sexual no coincidía con la mental, pero lo llevé con esa prostituta de igual manera para que cuidara de él y lo calmara. Al principio no funcionó, pero con el paso del tiempo y con Bugogi como compañero y amigo inseparable, Broly desarrolló una personalidad muy marcada y mucho carácter. Ya no era un crío manejable, sabía moverse solo. Adquirió una gran seguridad en sí mismo y la prostituta empezó a ser útil, quizás demasiado. Broly desarrolló una especie de afecto ilícito por ella; nunca intentó sacarla de allí ni impedir que otros la tomaran, ni siquiera tenía intención de convertirla en algo más que su compañera sexual, pero le tenía aprecio, lo sé. Igual que Bugogi, el traidor para ambos.

—¿También lo mataste a él?

—No, pero puse las cosas a mi favor para que muriera. Bugogi era mi aliado. Yo le pagaba para que se acercara a Broly y lo vigilara, lo ayudara a convertirse en la persona sanguinaria que debía ser cazando seres de otras razas. Para ganarse su confianza, incluso le sugirió que yo le envenenaba, y entre los dos me humillaron y encerraron en una celda de contención —Paragus sonrió ante esto, como si la representación de ese teatro le hubiera hecho gracia—. Bugogi era un mercenario. La relación de amistad que esos dos tuvieron fue una invención absoluta, una compra, un plan a largo plazo. Bugogi era un asesino sin escrúpulos e hizo creer a mi hijo que era su amigo mientras desarrollaba su personalidad. Mientras Broly le sonreía y le trataba como la persona más cercana a él, yo le pagaba y le revelaba información sobre las razas más extrañas del universo para su colección. Era un buen trato... hasta que vio el potencial auténtico de mi hijo y pensó que sería mejor ser su amigo de verdad a hacer tratos conmigo. Al fin y al cabo, Broly sería el rey algún día, no yo. Me traicionó. Nos traicionó a los dos. Rechazó mi dinero y siguió con mi hijo pese a todo, como un auténtico amigo.

—Tal vez es porque de verdad fue su amigo. Tal vez es porque se encariñó como el resto de los otros, a diferencia de ti, el único que nunca ha visto a Broly como una persona y sí como un animal —le gruñó Bra.

—Es posible que así fuera. Como ya te he dicho, Broly tenía parte de esa magia que hace que desees estar con él aunque te haga daño.

—Algo que, sin duda, heredó de su padre —le recriminó ella. Paragus sonrió con petulancia y orgullo.

—El caso es que no duró mucho después de romper su pacto conmigo. Me las ingenié para acabar con él, alguien que conocía mis trapos sucios demasiado bien como para dejarse envenenar. Todo fue a escondidas de Broly, por supuesto, lo que lo hizo más complicado. Tras algunos intentos infructuosos y la superioridad de Bugogi, llegó una noche de luna llena. Broly siempre dormía en una habitación sin ventanas cuando llegaba esa noche, y se me ocurrió que, de una forma u otra, podría aprovechar su ausencia y descanso. Entre las colecciones de Bugogi había dos saiyajins, una hembra y un macho. La hembra murió, pero el macho fue muy útil para mi propósito. Abrí su celda, fingí liberarle y darle la libertad, y él salió huyendo lleno de rabia, ansioso por acabar con Bugogi con sus propias manos. Lo que no se esperaba cuando salió al exterior fue la luna llena. Se transformó en ozaru sin poder evitarlo y Bugogi salió a su encuentro seguido de mi hijo.

»No fue un accidente; yo lo provoqué. Broly se transformó y los mató a ambos sin conciencia de ello. Se comió la mitad superior de Bugogi y mató a golpes al saiyajin. Fue patético. Bugogi lloró frente a ese mono gigante al ver que no podía tranquilizarlo y se resignó a morir. Ni siquiera intentó atacar a Broly, cuya personalidad se volvió todavía más sanguinaria y arisca después de aquello. Ya solo quedaba la puta.

—Mikchi... —murmuró Bra—. Pero ella fue asesinada por los soldados de Freezer, no por ti.

—Es cierto, pero quizás tuve algo de culpa al pasearme por allí con la cola descubierta. Freezer tenía subordinados por todas partes, por eso Broly y yo siempre ocultábamos la cola. Ir mostrándola por cualquier lado era una locura. Ese lagarto asqueroso mataba a todo saiyajin superviviente que se encontraba, salvo a Vegeta y a su grupo, y cuando recibió noticias de que en ese planeta habían visto a un saiyajin puro, no tardó en enviar soldados para acabar con él. Por supuesto, lo primero que hace un soldado tras largos meses de servicio es aliviarse e ir a por las putas. Los soldados de Freezer no eran delicados y, como a tantas otras mujeres del planeta, putas o no, las violaron y vejaron en grupo... y las mataron. Esa mujer solo fue una de ellas.

»Después de aquello, Broly era incontrolable. Lo convertí en el ser que siempre debería haber sido. Odiaba todo y a todos, no respetaba nada, no tenía escrúpulos y su cabeza iba y venía. Estaba enloquecido, y ni siquiera a mí me respetaba. Admito que, a veces, me daba unas palizas de muerte; de hecho fue él el que me sacó el ojo. Pero lo volvería a hacer. Volvería a matar a sus maestros uno a uno porque sus muertes hicieron lo que se ve de él. Una criatura abominable con ansias de poder y venganza. Siendo débil como soy, nunca podría haberlo hecho solo. La vida no es lugar para débiles; o mueres siendo nadie o vives al lado del más fuerte. Yo lo hice, y si hay algo de lo que me arrepiento es de habérselo entregado a los boburrianos. Pensé que ellos lograrían controlarlo antes de que él consiguiera escapar. Sí, era consciente de que tarde o temprano, Broly explotaría y acabaría con todos, y entonces vendría a por mí, y yo le estaría esperando. Pensaba que cuando volviéramos a vernos, él habría cambiado, pero me equivoqué. En lugar de volver hecho un hombre controlado y dispuesto a gobernar, volvió como alguien vulnerable, lloroso por las torturas a las que había sido sometido. Lo último que quería era volver a pelear. Era dócil. La muerte de mis nietos le trastocó la cabeza y terminó perdiendo todo por lo que habíamos luchado... por eso le coloqué la diadema, porque su mente ya no me servía. Cuando se liberó de ella volvió a ser el mismo hijo de puta que era antes de los boburrianos, pero ya era tarde. Me mató y él se quedó solo a la deriva. Todos los planes se fueron abajo, y ahora que tenemos otra oportunidad, tú estás en medio.

Paragus escudriñó a Broly. Él seguía inamovible, sin pestañear, con las pupilas dilatadas. Su padre negó con la cabeza en pura decepción.

—Tantos años moldeándolo, pero siempre hay alguien que impide que llegue a ser el monstruo que papá siempre ha querido que fuera.

Los labios de Bra temblaban y sus ojos se empañaban. No solo la cruel historia le había sensibilizado cada extremo de su ser, sino también el intenso dolor del fuego que para ella eran las diademas de braummuro. No podía imaginarse el dolor que Broly debía sentir con eso puesto, si es que sentía algo. Según le había dicho él, uno no se enteraba de nada con esa cosa puesta, como si hubiera dejado de existir.

Lo que no le había dicho era que, pese a tener la diadema, uno lo oía todo, incluyendo a un padre confesando sus delitos.

—¿Qué hiciste con el quinto maestro? —sollozó Bra.

—¿El quinto?

—Había cinco, Broly me lo dijo. ¿También lo mataste a él? —Paragus, por primera vez desde su aparición, se mostró confuso.

—¿Matarlo a él? ¿Eres tonta? ¿Es que Broly no te dijo quién era? Hum... en cualquier caso no contribuyó demasiado a su entrenamiento. Apareció igual que desapareció.

—Broly no lo recuerda. Para él no tiene cara. ¿Quién era? —Paragus se tornó más serio y reservado de lo que se había mostrado hasta entonces. Desvió la mirada de un lado a otro antes de clavarla en ella para decir de quién se trataba...

...Pero de pronto, todo empezó a temblar con estrépito.

Él y Bra se giraron y se encontraron con el tanque de regeneración y lo que había en su interior. Boburia, esa enorme masa de poder y mezcla de razas, se agitaba sin parar entre rugidos. La cola golpeaba el tanque sin parar, resquebrajándolo, y los dientes le castañeaban. Abrió la boca y mostró los colmillos mientras rugía y convulsionaba. Sus ojos, pura oscuridad, se abrieron. Estaba despierto.

—Maldito seas, Paragus —Bumo, en una esquina de la sala, apoyándose sobre los mandos de control, escupía sangre con cada palabra que pronunciaba, en las últimas. Ambos observaron con horror cómo el boburriano había pulsado el botón para inyectar esteroides y demás sustancias para despertar a Boburia—. Nos diste a Broly sabiendo que era una bomba de relojería que podría estallar en cualquier momento. Nos utilizaste para tus fines, y por eso nuestra raza fue aniquilada. Si lo hubiéramos sabido nunca te habríamos revivido, maldito cerdo traidor. ¡Carga con las consecuencias, porque Boburia acabará con todos vosotros ahora que está despierto! —Bumo hizo un último esfuerzo. Quiso abrir el tanque tirando de una palanca de mandos para dejar que el monstruo escapara, pero Paragus fue rápido.

—¡Broly! —gritó. Bra saltó hacia atrás, cayendo al suelo de culo, pues en cuanto pronunció su nombre, el guerrero legendario se elevó del suelo como un resorte. Sus ojos estaban apagados, pero su cuerpo reaccionó como el de un autómata sin vida—. Cambio de planes. ¡Acaba con Bumo!

—¡Broly, no! —Bra lo llamó. Intentó hacerlo reaccionar aunque fuera con sus gritos, pero el guerrero legendario no se detuvo.

Moviéndose más rápido de lo que nunca le había visto, vio cómo Broly estiraba un brazo hacia el enemigo y le agarraba la cabeza con una mano, enterrándola contra la pared. Nada más impactar contra ella, el pelo de Broly se volvió de un extraño tono que iba entre azul y morado, su transformación en súper saiyajin mientras tenía puesta la diadema inhibidora.

La cabeza de Bumo explotó entre sus dedos. Su cráneo se hizo pedazos y la sangre salpicó por todas partes, decorando la pared de un intenso tono negro. Bra se llevó las manos a los labios por la impresión, a punto de vomitar. Broly se separó de la pared sin ninguna expresión, indiferente como un maniquí.

—¿Lo ves, princesa? Ya tengo a un guerrero legendario, y cuando Boburia se desarrolle por completo tendré dos. Para sobrevivir, el débil debe estar junto al fuerte, ahí está el truco. Como eres la única mujer de la realeza saiyajin que hay, te permitiré venir con nosotros. Podrás estar con Broly todo lo que quieras, seré compasivo y serás la emperatriz del universo al lado de mi hijo, pero para eso tendrás que colaborar con nosotros.

—Maldito sádico... Broly se despertará y acabará contigo, ya lo veras... ¡Él ya no es de los tuyos y antes de unirme a ti o a él en ese estado, prefiero morir! —exclamó la joven. Paragus ensanchó una sonrisa y se giró hacia el tanque de regeneración.

—Si eso es lo que deseas, Boburia se encargará amorosamente de ti. ¡Aquí tienes el eslabón que te falta para alcanzar la perfección, Boburia, todo tuyo! —Bra palideció. Tras ese líquido rojizo apenas pudo detectar la rapidez con la que el boburriano, ya despierto del todo, movió la cola. La elevó, y sin más, la incrustó en el cristal, atravesándolo con su gran aguijón. La cola se coló a través de ese hueco y litros de líquido salieron a través de él.

Bra intentó esquivar la cola que se abalanzó sobre ella, pero aunque se lanzó al suelo dando una voltereta en el aire, fue demasiado lenta. La cola reptó como una serpiente y se enrolló en su cintura. La elevó, la sacudió y tiró de ella hacia el tanque, colándola por el cristal roto. Bra gritó cuando se golpeó la cabeza contra el cristal, y calló cuando se hundió en el líquido rojizo siendo empujada hacia abajo... hacia la boca del monstruo con las fauces abiertas.

Pataleó, se resistió, intentó soltarse haciendo uso de toda su fuerza conteniendo el aire, y finalmente, se agarró a los enormes colmillos y los empujó para alejarse de ellos, sin éxito. La fuerza empleada era brutal, y Bra se vio succionada hacia el interior de su boca, ahogándose. Pataleó todo cuanto pudo y estiró el brazo herido y libre hacia la garganta de Boburia. Disparó varias ráfagas de ki, y cuando le dio la impresión de que este iba a ceder por el impacto, Boburia se echó hacia adelante, cerró la mandíbula...

... y uno de sus colmillos atravesó la pierna de Bra.

El grito bajo el líquido rojizo, ahora por la sangre, la dejó sin aire. Este descendió lo suficiente como para que la cabeza de Bra saliera a la superficie, permitiéndole respirar, pero en lugar de ello, volvió a gritar como nunca lo había hecho mientras intentaba, banalmente, escapar. Lo único que logró fue un tirón más brutal todavía. Si tiraba una vez más, le arrancaría la pierna, estaba segura de ello. Luego se la comería entera.

Medio desmayada por el dolor, solo pudo gritar, y solo un nombre reconocible escapó de su boca.

—¡BROLY!

Frente al tanque de regeneración, Broly observaba todo lo que ocurría junto a su padre, impertérrito.

—Hecho —aclaró Paragus— Ya ha probado su sangre, ahora solo es cuestión de tiempo que la asimile y despierte el gen del guerrero legendario en su organismo. Pronto Boburia será como tú, Broly. Vas a tener compañía —se burló su padre. Él no parecía escucharle, silencioso con el espectáculo sádico que había dentro del tanque de regeneración. Paragus notó su mirada en Bra, cómo ella luchaba para escapar desesperadamente mientras lo llamaba y lloraba. Decidió que no quería correr riesgos otra vez, y como había hecho con los demás maestros y seres queridos de Broly, actuó en consecuencia—. Mátala y ayuda Boburia a tragársela. Un poco de sangre más no vendrá mal. En cuanto se la coma, le colocaremos el braummuro que hay en esta nave, y será nuestro.

Broly encogió las rodillas para saltar hacia allí y matar a Bra de un buen golpe, certero y rápido en la cabeza. Calculó la distancia y el impulso, la fuerza que debería ejercer, todo, y se preparó...

...Pero no se movió.

—¿Qué haces? Mátala —ordenó Paragus otra vez. Frunció la boca al ver que su hijo permanecía allí, quieto, como una estatua. Se acercó a él para analizar su inalterada expresión, y no vio nada fuera de lo común salvo los oídos. La sangre se escurría por sus orejas desde lo más recóndito de su mente, de su cerebro en una negación clara ante la orden.

Una parte de él se estaba resistiendo, y la consecuencia era una subida de tensión que podría reventarle arterias cerebrales. Bumo se lo había avisado, al igual que Bia, pero Paragus no lo había tenido en cuenta hasta ahora.

—No te resistas, Broly. Si lo haces te estallará la cabeza, y no es un decir. Ve a por ella y acaba con su sufrimiento —él siguió sin moverse, y Paragus rechinó los dientes, acercándose el control dorado a la boca para hablar a través de él—. ¿Prefieres tener un derrame cerebral a matarla? Va a morir de todas formas, hijo. ¡Y tú no puedes hacer nada para evitarlo! ¡Acaba con esto de una jodida vez, es una orden!

Por fin, Broly reaccionó como se esperaba de él, y dio un gran salto hacia el cristal roto. Voló hacia Bra con un brazo extendido para dar el golpe de gracia, y ella lo vio entre el vaho de su semi-inconsciencia. Sin pensar en nada, se dejó caer en los brazos del desmayo por el dolor, colgando entre las fauces de Boburia. Esperó el golpe de gracia.

Broly estrelló el puño en el colmillo que atravesaba la pierna de Bra, arrancándolo de la encía y llevándoselo consigo cuando rodeó la cintura de la chica con su brazo libre. Boburia chilló como un animal malherido pidiendo ayuda, y Paragus desorbitó los ojos en confusión. Una esfera de ki verde fue cargada y lanzada contra la boca de la criatura, y esta atravesó la garganta y la nuca del príncipe de los boburrianos. La criatura cayó hacia atrás, viniéndose abajo, otra vez aparentemente dormida. Broly aterrizó con Bra entre sus brazos, todavía con ojos oscuros e imperturbables, deslizándose con gran suavidad, como si no se hubiera movido en absoluto.

Paragus no entendía nada.

—¿Qué demonios significa esto? —se cuestionó, nervioso. Si la diadema no funcionaba y Broly tenía libre albedrío, nada le impedía atacarle, y eso solo consiguió hacerle sudar en pánico.

El maullido de un animal le detuvo en su búsqueda de respuesta urgente. Tama, una vez que el peligro había pasado, se paseaba por allí entre bostezos, lamiéndose las patas. Paragus observó al animal como si fuera la cosa más rara que había visto en su vida, y más lo hizo cuando este corrió hasta Broly y se cobijó entre sus tobillos, restregándose el lomo por ellos. Saltó sobre el hombro del guerrero legendario y, luego, sobre la clavícula de su dueña. Empezó a lamer la sangre que recorría le recorría la cara mientras estaba inconsciente inconsciente, intentando despertarla. Broly le arrancó el diente de la pierna de un tirón, y Bra se despertó entre gritos espantados. Arrodillado frente a ella, la joven pudo ver los pequeños cambios en su rostro, indescifrables para quien no lo conociera. Sus ojos recuperaron algo de brillo, aunque seguían dilatados, y su color de pelo con la diadema se volvió, poco a poco, de un rubio verdoso.

Paragus estaba tan ocupado buscando el motivo de la desobediencia que no se percató de que él, tranquilamente, depositaba a Bra sobre el suelo y le pasaba una mano por la mejilla húmeda.

Estaba consciente. Había vuelto en sí, no había duda.

—¿Quieres saber cómo? —Paragus dejó de toquetear el control de mando al oírle hablar. La voz era grave y poco emotiva—. Casi me tienes, cucaracha de mierda, pero en cuanto me la has puesto he notado que la diadema era mucho menos represiva que la otra vez. Apenas he tenido que insistir, y al hacerlo me he dado cuenta de lo que de verdad hacía esta maldita cosa —Broly se llevó una mano a la sien, sobre la diadema. Sus dedos se quemaron, pero eso no impidió que tirara de ella para quitársela.

Con un simple click, se la sacó.

—La diadema cerebral controla el instinto, gilipollas, algo que, mientras me corrompías poco a poco, te era muy útil. Por lo visto, ya no tiene el mismo efecto —Broly observó el objeto de sus temores mientras le quemaba las manos. Lo apretó, indiferente, y este se resquebrajó. Cuando se volvió hacia Paragus, ya había conseguido partir la diadema en dos—. Ya no soy todo instinto. Ya no soy un perro. Ya no soy un animal.

Lo que quedaba de la brillante diadema cayó a los pies de Paragus, y el hombre, espantado, vio cómo Broly, en un visto y no visto, se posicionaba frente a él a apenas unos centímetros de distancia. Su hijo le sacaba dos cabezas. De no ser por su visible juventud propia de un hombre de treinta años, cualquiera diría que era mucho mayor que él.

—Así que mataste a Topoka, a Tigero, a Bugogi y a Mikchi —no fue una pregunta, sino una afirmación. El sudor descendió por el rostro de Paragus a raudales. Las palabras que tan certeras eran le estrangularon la garganta—. Ahora no sé qué hacer. Después de pasar la prueba de la diadema me considero un hombre, un saiyajin con sentimientos, así que debo controlar mi instinto —que Broly hablara con parsimonia y casi aburrimiento solo conseguía inquietar más a su padre. No estaba seguro de si estaba siendo irónico, pero la sonrisa que llegó a sus ojos brillantes y azules, ese ceño fruncido, la mueca burlona y la manera en la que lo taladró con su visión, le dejó claro que aquello no iba a quedarse así—. Mataste a mi padre a sangre fría, intoxicaste a mi maloliente maestro, ideaste un plan para que yo mismo acabara con mi mejor amigo y dejaste que violaran a mi amante hasta la muerte. Ahora, casi me obligas a matar a mi mujer medio-humana... Podría estar recriminándotelo todo el día como alguien civilizado, pero sabes que nunca he tenido paciencia con las palabras. —Broly agarró su cara con las manos, apretándola para que no pudiera moverla—. Lo siento —Paragus tembló. Conocía ese tono de voz, el que ya no era ni animal ni propio de alguien racional. Los ojos de Broly eran los de un demente, dos agujeros negros que se tragaban su pánico y se alimentaban de él—. Voy a tener una recaída.

Paragus notó los dedos temblorosos de su hijo por la excitación del momento. Solo pudo fijarse en el cielo de su boca y en lo oscura que era su garganta, en los dientes tan blancos que tenía, en los caninos mucho más afilados que los de cualquier otro saiyajin, en los colmillos y las muelas igual de peligrosos y punzantes.

La mandíbula de Broly, en primera instancia, se cerró sobre su nariz.

Luego vinieron los gritos mientras le comía la cara, literalmente.

Bra, medio despierta, buscaba la manera de detener la hemorragia de su pierna. Perdía sangre a raudales, y cuando la miró se dio cuenta de que un agujero enorme le atravesaba músculo y le resquebrajaba el hueso, sin contar venas. Si no se curaba pronto podría perder la pierna, pero fue incapaz de moverse. Tama le lamía la sangre, intentando detener su flujo. Bra estaba tan aturdida, que los gritos de Paragus se le hacían lejanos, como de otro mundo. Con la vista borrosa, vio cómo alguien se agitaba bajo un cuerpo enorme que arrancaba y tiraba de tendones y cosas que prefería no saber.

Estaba demasiado débil como para vomitar.

—Broly... —musitó, suplicando ayuda. Veía a un enorme lobo desmembrando con los dientes una pieza de caza, y al ver que él no la escuchaba por encima de los gritos de su padre, Bra lo llamó con más fuerza—. ¡Broly!

El animal-hombre caníbal se detuvo.

Paragus chillaba y gimoteaba con las manos en la cara destrozada e irreconocible, dándose la vuelta sobre el suelo. Ya no tenía ojos, nariz, lengua u orejas con los que seguir utilizando a los demás a su antojo. Todo su carisma ya había desaparecido cuando Broly se apartó de él y caminó hasta Bra. Se agachó sobre ella, la elevó entre sus brazos apoyándola contra su pecho y escupió trozos de carne y pellejo a un lado. Ella elevó una mano para quitarle el rojo sangre que le había manchado labios, mejillas y barbilla, pero solo consiguió mancharse las manos.

—No vuelvas a hacer eso —le ordenó.

Era la única orden que Broly aceptaría después de recuperar su libertad.

—Hasta nunca, Paragus —habló con el mayor de los desprecios.

Con Bra en brazos y Tama sobre ella, con el objeto de su humanidad entre sus brazos, Broly empezó a andar para salir de allí sin escuchar los balbuceos de su ciego, sordo y mudo padre. Ese había sido su último acto de salvajismo animal antes de dar el paso definitivo hacia la humanidad.

O eso era lo que él creía.

Broly se dirigió hacia la salida con Bra dormitando entre sus brazos, pero no pudo salir de allí. En un visto y no visto, perdió todo el aire de sus pulmones y el aliento se le escapó en la más brutal asfixia. Su cola quedó lánguida y sus piernas fallaron, doblándose hasta dar con el suelo. Gritó como nunca lo había hecho, de dolor puro e inesperado, y la sangre descendió a chorros desde su espalda hasta el suelo, encharcándolo todo. Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no dejar caer a Bra, pero no pudo sostener sus piernas y estas se golpearon contra el piso. Broly, henchido de dolor, el corazón acelerado y un grito agudo, giró la cabeza hacia atrás.

Le habían dado un latigazo, cruzándole la espina dorsal donde la cicatriz de la sonda hacía la piel débil. La herida se había abierto, rebelando carne y casi hueso, justo como aquel día en el que se arrancó el instrumento de tortura. Perdió la fuerza.

Asomado por el tanque de regeneración, con los dedos apoyados en el borde y la mejilla sobre el mismo, Boburia le contemplaba. Su boca sonriente era enorme, lo grotesco personificado. Parecía un niño travieso y enloquecido. Los labios gruesos y los ojos enormes parecían suplicar por algo de divertido juego. Un bebé gigante y diabólico.

Broly nunca había visto algo tan dantesco y peliaguado.

—¿Me estás viendo, Broly? —habló Boburia. El tono tenía altibajos constantes, como un disco rayado—. Ahora soy como tú —soltó con voz cantarina. La cola que le había dado el latigazo se agitó en el aire.

Broly reaccionó de inmediato pese al dolor.

—¡UAAHH! —gritó cuando se transformó en el guerrero legendario. Los inmensos músculos apretaron a Bra todavía más, a la que recolocó en uno solo de sus enormes brazos. Con el otro, una cantidad desorbitada de ki cargó su poderosísimo ataque—. ¡O-ME-GA BLASTER!

La esfera verde voló hasta Boburia, y esta le estalló en la cara provocando un temblor que sacudió la nave y empezó a resquebrajar la montaña sobre la que se encontraban. El techo empezó a venirse abajo, y Broly apartó las rocas con los puños para que no cayeran sobre Bra. Sonrió cuando vio que Boburia había sido descabezado, pero su alegría no duró mucho.

La cabeza le creció otra vez. No podía describirlo de una manera más detallada. Le creció, se reconstruyó como si estuviera hecha de plastilina, y su sonrisa perduraba. Alguien gritó por la caída de los casquetes. Broly vio lo que quedaba de Paragus arrastrándose por el suelo buscando una forma de vivir sin ver ni oír nada, solo sintiendo el dolor de su cara devorada. También vio su final. La cola de Boburia se movió como una anaconda en su territorio. Agarró a Paragus, lo estranguló entre sus anillos, y lo elevó en el aire. Boburia ascendió la cabeza y abrió las fauces.

Paragus no tuvo tiempo de gritar más antes de que la criatura se lo metiera en la boca y lo devorara en un par de mordiscos. Su cuello se movió cuando se lo tragó, y luego, Boburia volvió a centrarse en él sin que esa sonrisa permanente desapareciera, con los dientes manchados de rojo y restos de carne. Medio brazo colgó de su recién regenerado colmillo.

Broly se quedó paralizado.

—Voy a comeros vivos.

Eso dijo la criatura. Estiró un dedo ganchudo hacia Broly y una esfera de color verde musgo brilló en él.

Al guerrero legendario solo le dio tiempo a abrazar con mayor fuerza a Bra para protegerla antes de que el ataque fuera disparado contra él, atravesándole el pecho y golpeando su cara con una onda expansiva. Broly no notó que la nariz se le rompiera por el golpe, aunque lo hizo. Tampoco notó la sangre descendiendo por su cara.

Cuando atravesó la pared, pese a ser el guerrero legendario, ya estaba inconsciente.


(13:18)

Sur de Capital del Norte


Vegeta aterrizó sobre la formación rocosa en la que Yamcha se encontraba, nervioso y preocupado. Casi al mismo tiempo, Goku hizo acto de aparición con los dedos sobre su frente, y el príncipe de los saiyajins se volvió hacia él con reproche.

—¿De qué te sirve la transportación si apareces cuando te da la gana? —Goku dejó entrever una sonrisa despreocupada mientras se rascaba la nuca.

—Es que mi familia y yo estábamos tan emocionados... Goten volverá en un rato a casa, Gohan se recuperará y Chichí está preparando una cena inmensa y un montón de regalos. Además, Gora ha dado su primera patada —Vegeta puso los ojos en blanco, preguntándose cómo demonios iba a dar patadas la criatura cuando Chichí apenas estaba de tres meses. Su tripa ni siquiera se notaba, pero al futuro padre le brillaban los ojos de imaginarlo.

—Pues lo siento, Goku, pero la resurrección de Goten tendrá que esperar un poco más, y algo me dice que no será tan fácil como creéis —aseguró Yamcha con gran seriedad.

El guerrero elevó un dedo hacia la montaña rocosa que había frente a ellos, y ambos alzaron la cabeza. El resplandor de los restos del braummuro que había cubierto la entrada los hizo pestañear, confusos. Cuando se percataron de lo que era, ambos ceños se fruncieron en gestos amenazantes y fieros. Una de dos, o los boburrianos habían dejado miguitas de pan para esconderse, o dentro de la montaña estaba lo que con tanto ahínco había buscado: la base boburriana.

—¿Están ahí?

—Cuando he llegado ya estaba así y no me he atrevido a entrar. Pensé que si lo hacía podría poner en peligro... lo que hay dentro.

—¿Lo que hay dentro? —cuestionó Goku.

—Concentraos en la energía del interior y sabréis a lo que me refiero —Goku y Vegeta así lo hicieron, y ambos sondearon el interior de la gran montaña como si tuvieran un radar experto en la cabeza. Casi pudieron vislumbrar los pasillos y el interior del lugar. Viajaron a través de la nave nodriza hasta atravesar los innumerables pasillos y llegar al centro de todos ellos.

Lo que sintieron allí los dejó de piedra.

—No puede ser... —ambos saiyajins se miraron con gotas de sudor frío descendiendo por sus sienes. Yamcha confirmó sus peores teorías.

—Sí. Broly está dentro. De hecho, estoy seguro de que fue él el que abrió la puerta que daba al interior, pero eso no es lo peor. Su energía está...

—Está muy concentrada y débil, reprimida, como si apenas tuviera, y no está ocultando su ki —asimiló Goku.

—No, no lo hace. Si fuera así ni siquiera lo detectaríamos. Lo siento como... —Vegeta tragó saliva y Goku lo acompañó en ello. Con las miradas en alto, entendieron la peliaguda situación—. Como en Neo-Vegetasei —Goku se acuclilló sobre el suelo y golpeó algunas piedrecitas con los nudillos, pensativo.

—Deberíais haberlo sentido hace un rato. Su ki estaba estable, luego pasó a estar muy alterado y pletórico, y de repente casi desapareció, pero eso no es lo peor —Yamcha se señaló el intercomunicador con un dedo antes de seguir explicándose—. He venido aquí porque Bulma dice que estas son las coordenadas de la esfera del dragón que falta, la de seis estrellas. Mientras esperaba a que llegarais he buscado en cada centímetro de estas montañas y no la he encontrado. Creo que está dentro... seguramente en manos de los boburrianos.

Los ojos de Goku y Vegeta se desorbitaron en exaltación, pálidos y exaltados. Con los puños apretados, ambos supieron que la situación volvía a ser la misma que la de aquel fatídico día 195, con Benkas rompiendo la esfera de cuatro estrellas y dejando a Goten desfallecer en un intento de protegerla. Ninguno de los dos había estado allí para verlo, pero tenían claro que esa situación no volvería a repetirse estando ellos dos al mando.

Sin embargo, no era tan fácil como parecía.

Goku alzó el vuelo, decidido a dejarse llevar por su instinto e ir hacia allí en busca de pelea, exaltado al recordar el rostro de Goten muerto entre sus brazos cuando lo tuvo delante. El mundo se le vino abajo de una manera que no quería repetir, pero el consuelo de las esferas del dragón y la ayuda de los dioses detuvo el brutal impacto entonces. Cuando se enteró de que no habría resurrección, su mente colapsó. No podía volver a vivir esa situación, y mucho menos hacérsela vivir a su familia otra vez. ¡No! Pero Vegeta detuvo su avance elevándose también e interponiéndose en su camino de brazos cruzados, tan decidido como él, pero con el autocontrol digno de alguien que todavía no ha sido provocado. Por primera vez, Vegeta era el calmo y Goku el descontrolado.

—Quítate de en medio, Vegeta. Voy a darles su merecido y a recuperar la esfera ahora mismo —le gritó, ofuscado y nervioso.

—Cálmate, Kakarotto. No podemos entrar ahí dando tiros y sin ningún plan. No sabemos con qué nos encontraremos.

—¡No hay tiempo para planes! Podrían destruir la esfera y hacerla irrecuperable esta vez. ¡Es nuestra única oportunidad!

—Ya lo sé, no me grites, no...

—¡Tengo que entrar, no puedo perder a mi hijo otra vez! —Goku hizo amago de atravesar la defensa de Vegeta para introducirse en el interior, pero el príncipe dio una vuelta sobre sí mismo y se interpuso en su camino otra vez. Ambos se observaron fijamente y Goku apretó los dientes. Sin darse cuenta, adquirió una pose de batalla, pero Vegeta siguió calmo.

—Piénsalo, Kakarotto. ¿Qué pasará si entras ahí y es una trampa? ¿Qué pasará si te matan? ¿Crees que Gohan, en su estado, podría cuidar de tu mujer, tu nieta, tu nuera y tu futuro bebé? ¡Hazle un favor a tu hijo y contrólate!

Los labios de Goku se fruncieron en algo parecido a un puchero, intentando reprimir mucho más que sus deseos de pelear. Notó la garganta irritada y dolida, y también los ojos vergonzosamente húmedos. Fue entonces cuando vinieron las palabras que no había podido comunicarle a su hijo muerto aquella noche, cuando Chichí le golpeó y le soltó las verdades a la cara.

—Goten me ha estado esperando toda la vida y nunca he estado, ni siquiera cuando murió. Ahora lo sé. Sé que cada día que pasaba entrenando o viviendo alguna aventura lejos de casa, Chichí, Gohan y Goten se preguntaban dónde estaba y cuándo volvería. Ellos sabían muy bien que yo no estaba allí, y Goten, antes de morir, también lo sabía. Es más, ni siquiera intentó contactar conmigo para que le ayudara durante la batalla. Lo intentó con Trunks, no conmigo. Gohan lo intentó con Picolo, no conmigo. Ellos ya se dieron por vencidos, se cansaron de esperar, y ahora soy yo el que va detrás de ellos. Ahora soy yo el que se pregunta cada día dónde está Goten y cuándo volverá a casa... y también me pregunto... quién esperará que le haga volver desde el Más Allá... porque estoy seguro de que no espera que sea yo —Goku sintió que su vista se volvía acuosa, y un puño se restregó para aclararle la vista. El nudo en la garganta, sin embargo, persistió junto a su determinación—. Pero juro... juro que... esta vez seré yo. Goten no tiene que esperar a nadie más, porque seré yo quien lo haga volver a casa... —el puño se separó de su rostro y la fiereza y voluntad del que siempre fue y será el más poderoso del universo llegó hasta el príncipe de los saiyajins, altivo, decidido, y con más ganas de pelear que nunca—. Así que apártate, Vegeta.

El príncipe estaba sorprendido. Tuvo la impresión de que la persona que tenía delante no era Kakarotto, o al menos no el que él conocía, tan despreocupado y ansioso por las batallas como un auténtico saiyajin, sin maldad, pero voluptuoso. La forma en la que Kakarotto trataba a su familia y amigos a Vegeta se le había hecho natural al principio, algo típico de su raza. Los sentimentalismos y apegos a otros seres no iban con la genética de ninguno. Eso creía él hasta que dio con la horma de su zapato, con su Bulma. Con el paso de los años se planteó que, quizás, Kakarotto no apreciaba a su familia. Tras la fusión, pensó que no sabía cómo demostrar que sí lo hacía, ni tampoco sabía que había una necesidad en hacerlo.

Las palabras que habían salido de su boca no eran propias del Kakarotto que él había conocido y con el que había unido fuerzas. Goku, por fin, veía parte de lo que él se había dado cuenta con el paso de los años. Había despertado. Pero, ¿sería demasiado tarde? El papel de Kakarotto era duro. Después del golpe que había sido la muerte de Goten, tendría que vivir el resto de su vida a sabiendas de que había perdido años irrecuperables.

Ahí estaba el mal del padre.

El grito de Yamcha, que los había estado observando desde abajo, les hizo girar y romper el hilo de pensamientos. El cuerpo del hombre se agitaba de un lado para otro. Dio un salto y se elevó del suelo junto a ellos. Vegeta y Goku no lo notaron, pero fruncieron el ceño por el estruendo que provocó la tierra al partirse en dos y agrietarse. Un tremendo terremoto que lo agitó todo dejó al aire las entrañas de la tierra. Escucharon el graznido de las aves y el rugido de animales salvajes alejándose de allí en estampida. Jurarían que el cielo se oscureció pese a estar a media mañana en un día soleado.

Vegeta se apartó de la entrada a la nave boburriana cuando descubrió una enorme grieta ascendiendo por la montaña, partiendo rocas en dos y llegando hasta allí. La formación empezó a desmoronarse dejando a la vista parte de la nave, pero lo más impactante fue el subidón de ki que provino del interior.

—¿¡Broly!? —exclamaron Goku y Yamcha al mismo tiempo. Su energía había vuelto con una fuerza bárbara, nada más y nada menos que con el poder del guerrero legendario. Eso quería decir que se había recuperado de alguna manera, y ahora estaba furioso.

—Quizás está acabando con los boburrianos —señaló Yamcha. No hubo respuesta.

Tras escasos segundos, sucedió. Demasiado rápido como para reaccionar.

La gran montaña rocosa estalló. Pensaron que Broly se estaba excediendo, pero esa teoría se vino abajo con una escena sobrecogedora. Cuando todo empezó a caer, un nuevo estruendo reventó en sus oídos, y la pared estalló cerca de ellos, a su izquierda.

La escena pasó a cámara lenta.

Los enormes casquetes flotaron en el aire, destrozados tras el golpe. El polvo y la arena les impidió ver lo que se había estrellado, pero cuando achicaron los ojos lograron verlo. En primer lugar, la sangre de un oscuro tono rojizo en el aire; en segundo lugar, la ropa ajada sacudiéndose de igual manera; en tercer lugar, el enorme guerrero legendario transformado en tal y su musculatura cinco veces mayor a la de ellos. Él, nunca herido, solo devastado en el momento de la verdad, estaba empapado en su propia sangre. La cola no se movía, y su rostro dejaba ver una mueca de dolor e impacto. Los ojos blancos, esta vez no por su transformación, sino por el golpe, inconsciente.

Los ojos de Goku y Yamcha se desorbitaron, pero más lo hicieron los de Vegeta cuando descubrió una mata de pelo azul entre tanta sangre, sobre el pecho del guerrero legendario, banalmente intentando proteger el cuerpo helado e inconsciente de la que era su hija. Por supuesto, la sangre no era solo de Broly.

—¡BRA! —la llamó. La visión a cámara lenta pareció desvanecerse y todo volvió a su velocidad habitual cuando Vegeta estiró una mano hacia ellos.

Broly y Bra salieron disparados con una potencia bárbara a kilómetros de distancia, y no era una exageración. Ambos cuerpos levantaron hectáreas de tierra, roca, árboles y de todo lo que se puso en su camino haciendo imposible la visión, y solo se detuvieron en la lejanía cuando el río al que llegaron a parar estalló hacia afuera, y levantó una pared de agua a cincuenta metros de altura.

Quisieron ir hacia allí de inmediato. pero una onda expansiva los lanzó hacia atrás con una fuerza irrefrenable, desestabilizando el vuelo de los tres y haciéndoles difícil ver las rocas que salieron despedidas en todas direcciones.

A las 13:32, los tres se separaron y se perdieron empujados por la fuerza de la explosión, pero les dio tiempo a ver cómo una enorme criatura se alzaba sobre el cielo entre los restos de la nave, nuevamente viva, dejándolos en penumbra al tapar la luz del sol con su enorme cuerpo.

Después de masacrar al guerrero legendario original, nada lo detendría.


[...]


...

Notas de autora:

Capítulo más corto que los últimos, aunque no por mucho, pero me alegro taaaanto de haberlo acabado. Estos últimos capítulos me están dando dolores de cabeza, pero creo que acabarlo me dará una gran satisfacción, así que le estoy dando la caña que puedo antes de los exámenes. No puedo aventurarme mucho, pero Instinto animal acabará a principios de verano si los exámenes no me machacan, cosa que ya están haciendo. Un último empujón y os daré las gracias eternas por acompañarme en esta aventura que nunca pensé que llegaría a este punto, en serio.

He escrito muchísimos fics a lo largo de mi vida, y después de un parón de dos años y medio escribiendo obras originales, no pude evitar picarme a Dragon Ball otra vez e iniciar un fic nuevo. Me dije, si se te hace demasiado pesado siempre puedes dejarlo, así que no pasa nada por escribir un fic largo aunque te hayas prohibido a ti misma hacerlo después de otros muchos, así que me animé a escribirlo. En los primeros capítulos no había boburrianos ni nada parecido. De hecho, todo iba según se me ocurría sobre la marcha, pero poco a poco, el fic se fue extendiendo hasta llegar aquí. ¡Buuf! Nunca fue mi intención, estoy impactada. Y no. Eso que me prometí de que, si se me hacía muy pesado, siempre podría abandonarlo no es cierto. Un fic es demasiado adictivo escribirlo, y solo si estás agotada y harta lo abandonas. En fin, lo hecho hecho está, y me alegro demasiado de que, al llegar aquí, siga siendo aceptado. ¡Muchísimas gracias por vuestro apoyo!

De este capítulo destacaría... bueno, no lo sé. Quizás las escenas sangrientas y, sobre todo, a Broly y su "humanidad-animalidad". Es un personaje muy ambivalente, y como ya habéis leído, puede ser muy humano en un momento y al siguiente estar practicando canibalismo literal. Tenía la intención de dejarle ser completamente humano ignorando a Paragus y demostrándole que ya no era un salvaje, pero si lo hacía tenía la sensación de que arruinaría parte de la esencia del personaje, así que decidí que llevara a cabo esa "brutalidad" para dejar claro que, aunque haya cambiado y ahora sepa controlarse, siempre puede volver a sus inicios si le tocan mucho la moral.

Bra me está gustando mucho en su evolución de niña engreída y mimada a "heroína", pero el personaje que más me está gustando del fic, sin duda, es Goku, aunque no sea el principal. En sus inicios lo puse bastante idiota, más inspirada en el Goku de Dragon Ball Abridged que en el auténtico, lo reconozco. Era alguien puramente cómico, con un poco de ooc. Algunas me han dicho que incluso parecía que le hacía bashing cuando en realidad lo adoro xD, pero conforme ha ido avanzando la historia he visto que puede tener tantos matices... es un personaje muy complicado de manejar si le quitas el humor que puede llegar a tener, y es imposible no hacer algo de ooc con él (lo siento por ello). Como personaje cómico nos muestra algo de su forma de ser con Chichí y sus compañeros, quizás superficialmente, con su despreocupación en los primeros capítulos. En el capítulo doce recibe el gran impacto que le hace perder sus poderes, y ya vemos algo de molestia y orgullo herido por ello cuando se da cuenta de que Gohan y Vegeta son los que deben actuar para luchar y no él. Resulta muy revelador cómo se pone cuando Gohan le dice que solo sería un estorbo, y más todavía cuando siente, por primera vez, celos de Vegeta al ver que se ha transformado en super saiyajin de nivel tres y él ha perdido la capacidad para hacerlo. La lucha deja de ser importante cuando Goten muere y Goku pasa de ser cómico a ser dramático. Y ahora, bueno, solo hay que verlo aquí. Ha cambiado. Lo adoro. El personaje me transmite algo difuso, pero me encanta y me gustaría muchísimo escribir alguna historia propiamente con él, aunque lo dudo. Creo que después de Instinto animal no volveré a escribir un fic largo si no es de cinco capítulos máximo.

En fin, espero que os haya gustado. No diré el título del siguiente capítulo, pero me imagino que sabréis lo que viene ahora: ¡GUERRA! Por lo que necesito inspiración.

Ah, sí. Para la creación de "Bicho grande/canibal Boburia" me he inspirado en los titanes de Shingeki no Kyojin, seguro que alguno se habrá dado cuenta xD. En serio, serie muy recomendada. No os dejéis llevar por lo que digan de ella, es muy buena y la banda sonora la tengo de fondo en las escenas de batallas que escribo.

Y ahora respondo los rewiens:

lisahime: ¡Gracias! tienes mucha paciencia para haber llegado hasta aquí. Espero que lo que salga más adelante te guste igual.

Usuario865: Primero respondo a tu duda. El tío, que resulta ser Boburia, el príncipe de los boburrianos que tuvo a Broly encerrado en el laboratorio diez años mientras le hacía investigaciones, no ha sido despertado hasta el momento porque los boburrianos restantes buscaban la manera de hacerlo perfecto con el ADN de todas las razas alienígenas que puedan serles útiles, entre ellas el ADN de la raza saiyajin. Hasta que estuviera complejo, no podían despertarlo. Con lo de las bolas del dragón, en este capítulo ya se ve que hay un problemilla con ellas, así que... sorpresa, sorpresa xD. Habrá que esperar a descubrirlo.

Nebilimk: Lo cierto es que le di el giro argumental porque no soportaba imaginar a Bra como una Mary Sue, y pensé en la manera de darle la vuelta y convertirla en una saiyajin del montón, incluso más débil que ninguna, y desarrollé esta vuelta de tuerca. Esto es lo que se me ocurrió, pero ahora espero no haber hecho Gary Stu a Broly, porque eso sería peor xD. ¿Qué quieres decir con transhumanista? Retorcido lo es, lo admito, y en los últimos capítulos puede ir a más xD. Gracias por leer y comentar, como siempre. Tus comentarios críticos me dan muchas ganas de escribir, en serio!

Colli Kabuto: Pues si te has emocionado mucho al ver a Bra apresada y demás, no me imagino cómo te habrás puesto con este, que está la pobre casi que peor! jajaja. ¿Ha sido suficiente drama? Espero que este capítulo también te haya gustado. ¡Nos leemos!

kAeDe-HiMe: Si te gusta tanto el God of War como obvio lo dejas ver, creo que sé por qué te gustan estos capítulos en los que Bra se arranca el brazalete con los dientes y demás xD. La crueldad en este fic es bastante en ese sentido, como seguro has visto en este capítulo en Broly y Boburia. ¡Espero que te haya gustado eso! Y... fíjate, dijiste que te gustaba la corriente de Freud como a mí, y pensando en eso te he dejado un pequeño guiño en este capítulo n.n ¡Nos leemos pronto!

Prl16: Tama está loco, no hay más que hablar. Es un gato suicida xD. Ahora entiendo lo que querías decir con ese fic, y sé cuál es. A mí, honestamente, me encanta la pareja de Pan y Uub, y este fic me ha dado la oportunidad de tocarlos un poco. Espero que te haya gustado este capítulo, aunque sea un poco fuerte. ¡Nos leemos!

Danni FerrCross: Me alegra que te gustara! He de decir que en estos últimos capítulos no hay mucho para cada pareja, salvo para la principal, así que habrá que esperar. ¡Ten suerte en los exámenes!

Mya Fanfiction: Se me vuelve a olvidar si ya he hablado contigo, pero creo que esta vez no, así que allá voy! El giro argumental lo llevaba pensado hace tiempo, aunque solo lo decidí hace unos cinco capítulos atrás, por lo que sí, me lo he sacado un poco de la manga. Digamos que ha sido una manera de darle un patadón en el estómago a las Mary Sue utilizando a Bra para que, al llegar casi al final, no tenga nada de Mary Sue, sino todo lo contrario; es una chica bastante insignificante para lo que se creía a lo largo del fic jajaja! Que me digas que Broly no es Gary Stue me alivia, y eso de que el personaje evolucione... ¿opinas lo mismo después de este capítulo? Y lo de Goku, yo no lo consideraba bashing, solo que lo tenía ideado para lo cómico y ahora lo he metido en la trama principal para hacerle evolucionar. Adoro a este hombre en realidad. ¡Nos leemos pronto, y no solo por rewiens! Espero con ansias otra actualización tuya. Ah, y no tengo ni idea de Marron. En realidad, ahora me arrepiento de haberla emparejado con Trunks. Habría dejado mucho lugar para el Truten implícito si no la hubiera metido xDD. A ver qué hago con ella.

Portidaz: Leer Instinto animal tan tarde no es buena idea, créeme, ni tampoco escribirlo xD. Me alegra que te gustara, espero que este también te agrade!

kgonzalezmaga: antes de nada respondo a tu pregunta. Bra no se corta el antebrazo, lo muere para arrancarse el brazalete de braummuro y se arranca carne en el proceso, pero no se lo corta. Y sí, una gran batalla está por llegar. ¡Espero que este también te haya gustado!

ClaireCullen: bueno, bueno, aquí tienes el siguiente. Ojalá te guste como el anterior xD Nos leemos!

Marilu Moreno: gracias, mi intención era hacer madurar a Bra por las malas, y por fin lo ha conseguido. Ya no quedan muchos secretos por desvelar, solo uno, y espero que te guste en su momento. ¡Nos leemos!

Galaxylam84: Guauu, parece que Bra ahora empieza a gustar. Lamento lo de las esferas del dragón, pero tendrán que esperar xD. Decepción colectiva! ¡Nos leemos pronto!

erika maria: Gracias, gracias! nos leemos en el próximo.

STF01: en primer lugar, Tama no es un gato espía... ¡es un gato suicida! xD, en segundo lugar, adoro que Goku madure, y me ha costado lo mío, porque como he dicho en las notas de autora, en principio solo iba a ser un personaje cómico sin gran trascendencia, y ahora está en la trama principal con uno de los mayores trasfondos. En tercer lugar, no había visto Danny el perro, pero cuando lo mencionaste me entró la curiosidad y... ¡ya la he visto! Me dio muchísima lástima al principio, tan monísimo... tan letal. Aunque el final me decepcionó un poco. Yo diría que Broly, esta vez, ha hecho algo más que darle una paliza a "su amo". Y sí, Trunks y Bra pueden tener hijos normales, peeeero todos ellos tendrán el mismo gen de guerrero legendario dormido, por lo que si alguien a parte de los boburrianos quiere el gen, sus descendientes seguirán teniéndolo, y alguno de ellos incluso podría despertarlo y convertirse en un nuevo guerrero legendario! Ya sabes que me encantan tus rewiens, y me emociono de solo leerlos. ¡Espero que te haya gustado este capítulo también! ¡Nos leemos!

Julys: Bueno, desde luego el anterior capítulo fue de revelaciones, pero este no se queda atrás! Por fin vemos que Paragus tuvo mucho que ver en que Broly sea como es, pero el héroe/antagonista no iba a dejar las cosas así, claro. Curiosamente, la trama verdadera es en la que querían embarazar a Bra, pero como quedaba muy... raro, decidí cambiarla por esta. No está mal, creo que me gusta más xD. La evolución de Bra es clara, ha obtenido lo mejor de Broly (algo de su instinto) y Broly ha obtenido lo mejor de ella (sus sentimientos). Espero que te haya gustado este capítulo también. ¡Nos leemos!

Aome-Hime: Siento que no haya salido Picolo, pero ¡qué remedio! sigue herido y, aunque las esferas del dragón existen, una está en manos de los boburrianos. ¡Oh, oh, tenemos un problema xD! espero que este te haya gustado también.

ChibiChibi-sd: si tienes alguna duda o cuestión, no dudes en preguntarla y te la responderé en el siguiente capítulo! Y sí, Vegeta, padre protector que va a tener que dejar de serlo si no lo ha hecho ya. ¡Nos leemos en el siguiente!

Brookie Leif: ¡Gracias! En realidad, si alguien que no haya leído el fic lee los títulos de los capítulos se hará una idea muy equivocada sobre de qué va y pensará que Broly y Bra han tenido un hijo o algo así, nada más lejos de la realidad. Bra ha madurado mucho y es actitud extremista de hacerse daño a sí misma parece haberle encantado a todo el mundo, tú entre ellos. Espero que este te haya gustado también. Lo de arrancarse la lengua, para Broly con esos dientes que los usa para todo (es un graaaaaaaan mordedor) debió de ser horrible. La idea me vino de repente y tuve que meterla, aunque ya ha sufrido bastante el hombre de por sí. Paragus, por otro lado, de buen padre no tiene nada, no, pero si ya has leído el capítulo te habrás dado cuenta de que Broly no es precisamente un santo o un encanto. ¡Es de armas tomar y sí, ha salido más a su padre de lo que le gustaría! En fin, nos leemos pronto!

kare: sí, es la recta final definitiva. No puedo decir nada porque luego me traicionan las palabras. Se suponía que hace ocho capítulos quedaban seis para el final, y resultó que quedaban muchos más. El caso es que esta vez sí, tengo calculados unos cuatro si todo sale bien, como mucho cinco si hay epílogo. El final está a las puertas. ¡Nos leemos!

Y fin. Espero que os guste este capítulo y que seáis pacientes. La recta final, esta vez de verdad... ¡Uuf, qué ganas! Nos leemos.