ADVERTENCIA: este capítulo puede resultar violento y grotesco, y/o gore. Cuidado con las escenas de batalla.

He usado multitud de bandas sonoras para este capítulo, entre ellas la de Shingeki No Kyojin para la batalla, El último samurai, Soy Leyenda, Madoka Magica, Kingdom Hearts y alguna más. Quizás os ayude a ambientaros.


Este es el penúltimo capítulo.


Capítulo 32

El último impacto


Día 213

Cuando se despertó, no sabía dónde estaba. Boca abajo en medio de ninguna parte, con el sol rozando su cuerpo y recordándole esas lejanas tardes de verano que, de pequeña, había pasado con Pan, bajo la sombra de los árboles del Monte Paoz. En esas ocasiones la sensación era refrescante, agradable y relajante. Vacaciones de verano, cuando era una niña con sus interminables vestidos de cientos de colores y cientos de accesorios. La sensación de estar a salvo, tranquila y divertida no se parecía ni remotamente a lo que sintió cuando abrió los ojos.

Respiró hondo, contuvo el aliento, lo expulsó al cabo de los segundos en contención del dolor en cada parte de su cuerpo. Se le empañó la mirada con el sabor de la sangre en la boca. Tosió, se agitó y cayó boca arriba, observando las copas de los árboles. Con la respiración agitada, oyó el estruendo de los golpes a lo lejos y los fogonazos de luz antes de sentir la suave lengua de Tama contra su mejilla, limpiándole los restos de sangre. El gato, sin un rasguñó, maulló llamándola, y Bra intentó alzar una mano y logró, no sin dolor, acariciar las orejas del minino. Ese gato tenía suerte. No tenía ni idea de cómo había logrado sobrevivir a semejante golpe.

Entonces recordó cómo era posible.

—Bro... ly... — murmuró. Movió la cabeza buscando a su protector, el que sin duda había usado su cuerpo para recibir el golpe que los había arrastrado hasta ninguna parte. No tuvo que buscar demasiado antes de encontrar su enorme cuerpo de guerrero legendario. Los cuatro metros de pura corpulencia y musculatura no pasaron desapercibidos aunque la mitad de su cuerpo estuviera hundida en un agua fangosa y sanguinolenta, con una mezcla de verde, marrón y negro que le hizo preguntarse cuanto tiempo llevaba allí—. Broly... —lo llamó, pero él no reaccionó. Su pecho y su nariz sangraban copiosamente.

Bra apretó los dientes.

Dio media vuelta y se arrastró por rocas y suelo levantado, con la pierna destrozada dejando un rastro de sangre tras de sí, acumulando la suciedad.

Cuando su mano se posó sobre una de las mejillas mojadas de Broly, Bra oyó el impacto de un nuevo golpe luminoso alumbrando el cielo y alejando las nubes oscuras, a lo lejos. El ki de su padre y de Goku había despertado con todo su potencial y agresividad... y sin embargo, tan pronto como lo sintió, notó que se desvanecía.

Supo de inmediato que Broly tenía que despertar y luchar, o de lo contrario... todos morirían.


Vegeta recuperó el equilibrio poco antes de dar contra el suelo, esquivando los árboles que fueron derribados por la onda expansiva que esa criatura había levantado con su despertar. Se estabilizó y salió volando lejos de allí, intentando seguir el rastro de Bra.

¡Vegeta! ¿Qué ocurre? Estoy recibiendo unas señales muy turbias de vuestra posición —Bulma exclamó en su oído a través del intercomunicador, nerviosa. El príncipe se maldijo al recordar las incorporaciones especiales de Trunks a ese medio de comunicación, como el rastreador o la medición de energías agresivas a varios kilómetros de distancia. Su hijo era un genio, y no siempre para bien.

—¡BRA! —gritó, ignorando a Bulma. El mundo se le venía encima con cada segundo que transcurría sin noticias de su hija, y nada le aliviaba.

¿Bra? ¿Qué pasa con ella? —gritó Bulma espantada, mientras Vegeta volaba bajo, a ras de suelo. El saiyajin sintió el ki de Goku en la lejanía, más que estabilizado y viajando a su encuentro a gran velocidad. Sintió, además, una gran subida de energía en él hasta llegar al nivel dos de un súper saiyajin. No permitió, sin embargo, que eso desviara su atención.

—¡Vegeta! —Yamcha apareció frente a él de pronto, emergiendo del agua del lago en el que había tenido la suerte de caer. Ambos se detuvieron en el aire con las mismas expresiones de frustración y alerta.

—¿La has visto? —cuestionó con un tono que al contrario le pareció vulnerable. Estaba claro que Vegeta estaba desesperado, y su negación solo consiguió que sus ojos se abrieran más todavía.

—Te ayudaré a buscarla, pero si Broly está con ella estará bien.

La expresión de Vegeta se endureció. Iba a matar a ese hijo de puta por haber llevado a su hija a un lugar tan peligroso, y lo mataría nuevamente porque lo había visto protegerla de esa criatura mientras él se limitaba a mirar como el peor de los padres. Ahora ni siquiera sabía dónde estaba ni en qué condiciones. No la sentía.

En un primer momento, Yamcha le vio cruzarse de brazos con su típica pose orgullosa, pero al mirarlo más fijamente, supo que en realidad se estaba abrazando a sí mismo con cierto disimulo, hundido en inseguridad paterna y pavor. Yamcha no quiso seguir viendo al príncipe en ese estado de angustia tan impropia, así que con un gesto de respeto con la cabeza, emprendió el vuelo para buscar a la chica herida. Conforme se alejaba, el temor de Vegeta y su furia se acentuaba más. Su frente fue recorrida por venas de enervación junto a sus bíceps, y tras escasos segundos, estalló.

Con un grito de cólera, una ingente aura dorada se elevó en el cielo, levantando el agua del lago y el resto de árboles que quedaban a su alrededor, abriendo un cráter en la tierra. Se transformó en el súper saiyajin de nivel tres mientras recordaba la sangre que salpicaba el cuerpo de su hija segundos atrás, y más aún; había visto esos brazaletes de braummuro. ¿Qué demonios le habían hecho a la maldita niña? Fuera lo que fuere, lo iban a pagar.

Vegeta dio media vuelta hacia la montaña que, ahora, era un montón de escombros y polvo.

¡Es fuerte!

Oyó la voz de Kakarotto en su cabeza y sintió una sacudida mental causada por un golpe. Fue hacia donde sintió su ki y, cuando lo detectó hundido en un agujero en la tierra, tan profundo que ni siquiera podía ver su interior, el rostro de Boburia apareció. Lo encontró acuclillado sobre el agujero en el que había hundido a Kakarotto. Su enorme cuerpo se volvió hacia él mostrándole los dientes en una sonrisa endemoniada.

Sonrisa que Vegeta quiso borrar de inmediato.

Se precipitó sobre él. Esquivó con relativa facilidad los brazos que se alzaron para agarrarlo, como una bala, casi imposible de seguir salvo por el aura dorada que dejaba a su paso. El ki se concentró en sus manos y, en un visto y no visto, este impactó contra la dentadura de Boburia, rompiéndola, destrozándole los dientes, hundiéndolos hacia dentro y dejando un agujero en estos.

Vegeta se coló en su boca entre dientes rotos y encías ensangrentadas y, haciendo uso de gran parte de su fuerza, se clavó en su garganta como una espina y empujó hasta que la piel se deshizo. Lo atravesó, desde la garganta hasta la nuca, y emergió de su cuello. La sangre lo salpicó, pero el príncipe sonrió al pensar que lo había matado de un golpe... erróneamente.

—¡VEGETA! —Kakarotto salió del agujero en el que había sido hundido. Él todavía no había pasado a su fase de nivel tres, pero su cuerpo ya estaba visiblemente magullado por el encontronazo con Boburia. Goku le avisó e intentó moverse a tiempo para alejarlo del peligro, pero el boburriano era mucho más rápido de lo que su gran cuerpo dejaba a la imaginación.

La cola del alienígena se sacudió en el aire y golpeó a Vegeta en la espalda, justo sobre la cadera. El príncipe se dobló y salió disparado largos metros más allá, atravesando y destruyendo todo lo que se interponía en su camino. Logró recuperar el equilibrio y dar con los pies en la tierra para no ir más lejos. Tomó aire con una mano en la espalda baja. Normalmente, lo más difícil de romper en un saiyajin eran los huesos, demasiado fuertes y hechos especialmente para soportar golpes. O esa criatura era muy fuerte... o él ya era demasiado viejo para seguir manteniendo su estatus como guerrero. Ninguna de las dos respuestas le gustaba.

Observó, adolorido, cómo la nuca de la criatura se cerraba uniendo los músculos y la carne abierta, y también vio cómo sus dientes se reconstruían y entrechocaban desagradablemente. Un pelo marrón, semejante al de los ozarus, empezó a cubrir su piel azulada hasta casi cubrirla por completo, y sus músculos empezaron a doblarse en tamaño. Por supuesto, esto se debía al ADN del guerrero legendario al fusionarse con el de la criatura, pero Vegeta y Goku no lo sabían.

Boburia se levantó por completo, dejando ver sus más de diez metros de altura que, haciéndolos parecer enanos, empezaron a doblarse poco a poco. Mientras la transformación seguía y Vegeta intentaba idear una estrategia para acabar con esa cosa, Boburia, para su sorpresa, habló.

—Príncipe Vegeta... no... príncipe de todos los saiyajins y guerreros —habló la criatura con voz estridente—. Mi nombre es Boburia, y soy el príncipe de los boburrianos.

—Bien... ¿y qué quieres, un premio? —contestó groseramente Vegeta—. Largo de mi planeta, alienígena.

—¡Qué antipático! —exclamó el ser—. No suelo ser belicoso, príncipe. Soy un ser de ciencia igual que todos los de mi especie, pero para conseguir lo que quiero me veo obligado a acabar con todos aquellos seres violentos y enemigos de la paz, como los saiyajins. Vuestro ADN no es algo que desee para mis proyectos futuros. Con el que tengo ya es suficiente, así que... ¿qué te parece? Sé que disfrutáis de la guerra como los que más, por lo que te propongo una buena batalla. El príncipe de los boburrianos contra el príncipe de los saiyajins, ¿qué opinas? El que pierda, morirá, y por lo tanto, sus planes no se llevarán a cabo. Soy diplomático, a diferencia de los vuestros, para que no digáis que tengo algo en vuestra contra. No es nada personal... no después de acabar con Broly, al menos.

Vegeta frunció el ceño, pensándolo detenidamente. Por un momento, tuvo la tentación de aceptar y, así, salvaguardar su orgullo como guerrero. Sin embargo...

¡Ni se te ocurra aceptar, Vegeta! —oyó la voz de Bulma contra su oído. Puso los ojos en blanco al saber que la mujer podía escucharlo todo a través del intercomunicador, y mentalmente anotó que tenía que deshacerse de ese trasto cuanto antes—. Recuerda lo que me dijiste. Esto es una guerra, y en la guerra hay que trabajar en equipo. ¡No puedes permitir que esa cosa juegue con nosotros igual que lo hizo Cel, y mucho menos sin esferas del dragón! ¡Goku y tú acabad con él y recuperad la esfera que falta de inmediato!

—No hace falta que me lo grites, mujer. Sé bien lo que tengo que hacer —Vegeta dejó escapar una sonrisa entretenida cuando, de reojo, pudo ver un resplandor a espaldas de Boburia.

Goku había volado a varios metros sobre la cabeza de la criatura, tras él, y su cuerpo destiló una poderosa aura dorada que atrajo la atención del boburriano. Se giró, justo para ver al guerrero más poderoso transformarse en súper saiyajin de nivel tres después de tantos meses, sonriente, altivo y feliz por haber alcanzado la cúspide de su poder otra vez. Por supuesto, Goku llamó su atención adrede porque sería incapaz de atacarle por la espalda, pero Vegeta era otro cantar.

—Vas a arrepentirte de todo lo que tú y tus amiguitos habéis hecho aquí, cerdo boburriano —le aseguró Vegeta.

Ambos saiyajins concentraron energía en las palmas de sus manos con una sincronización exacta. Ambos gritaron al mismo tiempo sin que Boburia pudiera hacer nada por evitarlo.

—Ka... mee... ha...

—Final...

Poco antes de que ambos gritaron el final de sus letales ataques en tal nivel de destrucción, Boburia se encogió sobre sí mismo.

—...ME... HAAAAAAA...

—¡...FLASH...!

El resplandor golpeó a la criatura por ambos lados al mismo tiempo, por igual, con misma fuerza y poder. La luz lo dejó todo en blanco, imposible la visión. Los guerreros más poderosos del planeta se dieron por satisfechos, creyendo en su inigualable victoria después de unir fuerzas. Nunca, daba igual cómo de fuerte fuera el enemigo, podrían con ellos si se unían como equipo.

Eso creían hasta entonces.


40 años y 213 días antes

Broly se estaba divirtiendo tanto como los habitantes de ese planeta se hundían en el pánico. Tenía catorce años recién cumplidos, medía alrededor de metro ochenta y pesaba sesenta y cinco kilos. Era carne y puro músculo fibroso, y sus ojos ya tenían esa forma afilada que solo los asesinos más sanguinarios adquirían con el paso de los años. Su energía salía disparada por todos lados de manera descontrolada en un crecimiento sin igual, y ya nada ni nadie podían controlarlo cuando lo hacían enfadar.

Ese día, poco después de la muerte de Mikchi a manos de los soldados de Freezer... ese día lejano, 40 años y 213 días antes, Broly aplastó la cabeza de la mujer del que era el mandamás en una de las ciudades más transitadas de un planeta que ya ni siquiera recordaba dónde se encontraba. Solo sabía que estaba en la frontera de la Galaxia del Sur y del Oeste, un lugar al que, por su cercanía con el Sur, no había recibido visitas de ese lagarto dictador.

Broly ya no tenía límites, ni mentales ni sentimentales. Mikchi, el último pilar que lo unía a la cordura, había sido reducida a un cadáver sanguinolento tras violación y violación. Bugogi había sido aplastado, probablemente entre sus propias manos de ozaru enfadado. Tigero y Topoka... el tiempo nunca los borraría del todo de su memoria, pero la moral que habían intentado inculcarle ya no era un impedimento para sus actos.

Broly inició una batalla cuando, en un arrebato, deseó probar la carne de los alienígenas, a la vista apetitosa. Mordisqueó a unos cuantos, desgarró a otros pocos sin matarlos primero y luego aplastó la cabeza de quien intentó interponerse en su camino. Uno de los grandes guerreros y defensores del planeta corrió hasta él para hacerle frente, y Broly introdujo dos dedos en la cuenca de sus ojos y los arrancó de cuajo mientras los demás huían despavoridos de pavor.

Se metió sus ojos en la boca y se los comió como si fueran golosinas.

Cuando se cansó de los gritos y de las peleas, Broly se tumbó en mitad de la calle, entre los cadáveres, se revolvió como un gato sobre la arena y se enrrolló la cola alrededor de la cintura.

—Tenemos que irnos ahora, Broly —le indicó Paragus. Sus manos le temblaban cuando se acercó a su hijo, y lo único que recibió como respuesta fue una coz feroz en mitad de la cara.

—¡Piérdete, viejo! Voy a dormir lo que queda de día, y ni tú ni esos mierdas van a molestarme, ¿entiendes? ¡Fuera de aquí! —lo empujó, y Paragus cayó al suelo a varios metros, agotado. El pelo rubio de Broly se llenó de arena cuando hinchó el cuello como un pavo, tomando aire en profundidad para dormir. No lo hizo porque entre toda la muchedumbre que huía entre gritos despavoridos, dejándolo solo en mitad de la calle, hubo una voz calma que se lo impidió.

—Eh —Broly giró la cabeza hacia la izquierda. Una figura oscura cubierta por ropa impropia de ese planeta estaba junto a él, inusitadamente cerca. Broly se sentó sobre el suelo, curioso—. Estás en medio del camino, niñato.

A un lado, Paragus oyó al desconocido con la boca entreabierta, cubierto de la cabeza a los pies por una capa oscura que lo protegía del calor abrasador de los dos soles alrededor de los que orbitaba el planeta.

—¿Cómo dices? —cuestionó Broly, incrédulo.

—Que estás en mi camino, mocoso malcriado.

Broly no podía creerse lo que oía. ¿Acaso no veía el desastre que había a su alrededor? ¿La matanza que había provocado él solo por un berrinche? ¿O es que era un suicida? Broly rió, al principio despacio, y luego con estruendo mientras pataleaba en el suelo. Sus dientes ensangrentados dejaban ver una imagen grotesca que no asustó, en absoluto, al desconocido.

Broly se levantó con la mano en el estómago por la risa.

—¿Cómo te atreves? ¿Sabes quién soy yo? —preguntó.

—Para ahorrarnos las presentaciones, sé que eres aquel al que llaman guerrero legendario —el desconocido estaba tranquilo. No se inmutaba ni después de recibir la penetrante mirada de Broly. Ese ser era alguien que estaba acostumbrado a recibir esa clase de amenazas... y también a darlas.

—No voy a quitarme del puto camino, viejo.

—Y yo no voy a apartarte. En realidad, te estaba buscando.

—¿A mí? —Broly no preguntó por qué. No le interesaba—. Pues me has encontrado, escoria.

Broly se lanzó sobre el desconocido corriendo hacia él, sin tomarse la molestia de atacarle de espaldas porque sabía que, aunque él lo intentara, no podría ni esquivarle ni detenerle. Pero se equivocaba.

Lo primero que recibió fue un guantazo en la cara, de esos que reciben los niños de sus padres cuando hacen alguna travesura. Una muela salió de su boca y aterrizó en la arena con un largo rastro de sangre. Broly quedó patidifuso, al igual que Paragus. Furioso, encolerizado y confuso como no lo había estado en su vida al dar con alguien que podía hacerle frente, se volvió hacia él de nuevo.

No pasó ni un minuto antes de que Broly diera contra el suelo de boca, tumbado tras recibir una serie de combos certeros. No fueron brutales ni letales, pero la experiencia del desconocido, sin un cuarto de su fuerza, fue suficiente. Lo dejó sin aliento, como un maniquí pusilánime revolcándose en la arena.

Ese hombre fue el primero, en toda su vida, que lo derrotó.

—¿Quién coño eres tú? —preguntó Broly, con la mejilla hinchada y la boca ensangrentada, con el pie del desconocido sobre su espalda impidiéndole levantarse.

—Tu destino, criajo, pero puedes llamarme maestro. El quinto, si no me equivoco —entonces lo agarró por el pelo y tiró de él hasta levantarlo. Broly posó los pies y, enfurecido, pero vulnerable, empezó a ser arrastrado por el cabello. Pataleó y gritó como una fiera descontrolada, pero en cuanto su cola quedó a merced del hombre de voz ruda, su resistencia se vio mermada. Él tiró. Lo arrastró no sin dolor.

Broly no pudo hacer nada.

—¡Un momento! —exclamó Paragus. Extendió la mano hacia ellos, y un único dedo acusador lo señaló, con la yema brillando en ki y clara amenaza.

—Da un paso más y te vuelo las piernas, Paragus —el susodicho se quedó paralizado—. No te preocupes —habló con tono sarcástico—. Te lo devolveré... después de enseñarle lo necesario para sobrevivir al último impacto.

Broly no supo lo que eso significaba. Lo único que recordó antes de abrir los ojos 40 años y 213 días después, era el rostro pálido de su padre, sin duda, espantado tras reconocer a esa persona que él no recordaba.

¿Por qué 40 años después aquellas imágenes del que, hasta ahora, había llamado maestro Sin Cara, aparecían?

—Broly... ¡Broly! Despierta, por favor...

La dulce voz de Bra acabó con su sueño profundo, ese del que no quería despertarse al notar un dolor agudo en el pecho y en la nariz. Nunca le habían roto la nariz, y a pesar de estar acostumbrado al dolor, el pinchazo le molestó... y la sangre más todavía. Entrecerró los ojos y movió el enorme cuerpo con una sensación extraña, como si estuviera dormido. O había perdido demasiada sangre, o se había quedado entumecido, y esperó que fuera lo segundo.

Se sentó en el suelo acariciándose la frente, y lo primero que hizo, antes de girarse para mirar a Bra, fue agarrarse la nariz entre dos dedos y colocársela con un crujido.

Bra estaba de rodillas frente a él. Sus manos, ya no tan suaves, se posaron sobre sus mejillas y mandíbula, manchándose con la sangre de su nariz rota. Todavía olía su piel quemada, y cuando ella lo abrazó, Broly la rodeó con sus brazos, desorientado. La rozó con ganas, la palpó ansioso y aliviado, la recorrió con caricias mientras apoyaba la frente sobre su hombro y notó... lo notó... Las cicatrices que le quedarían de por vida.

—¿Estás bien? —le preguntó ella con los ojos brillantes.

Primero dio con la enorme herida de su pierna desnuda, la de un mordisco brutal que le recorría la pantorrilla hasta por debajo de la rodilla, tan sucia y empapada, que no podía ver su profundidad, pero era obvia la gravedad de la misma. Si no se la curaba pronto, se le gangrenaría, y aunque se le curara... le quedarían marcas moradas de por vida que siempre se verían cuando quisiera ponerse falda o pantalones cortos, algo que adoraba hacer. Después vio las quemaduras de tono rojizo en brazos y piernas, justo sobre el braummuro que todavía no se había quitado. El poco bronceado cuerpo de Bra quedaría marcado en un contraste grotesco con su bonita cara, y Broly sintió una subida de adrenalina tan grande, que se levantó del suelo limpiándose la sangre reseca y clavó la vista en el horizonte, donde una energía que él bien conocía se mantenía estática, aumentando sin parar. Sus puños apretados, sus dientes chirriando, cada fibra de su cuerpo era un volcán a punto de erupción.

—Boburia... —murmuró.

La figura de Boburia estaba tan lejos que apenas podía distinguirse su altura, pero si podían verlo a esa distancia, no había duda de que se debía a que era muy grande, y crecía cada vez más. Los pocos animales que había en los alrededores huían despavoridos en dirección contraria mientras la criatura permanecía paralizada. Boburia, con la cabeza alzada hacia el cielo, empezaba una mutación extraña. Mientras rugía en la lejanía, su cuerpo venoso y azul se cubría de pelo oscuro. Su cara se alargaba asimilando la forma de un hocico, y los dientes, ya descubiertos de por sí, se agrandaban junto al tamaño del cuerpo cada vez más musculoso.

No era un Ozaru, pero se le acercaba mucho.

—¡BRA! —Yamcha aterrizó justo cuando Broly se inclinó hacia adelante para toser algo de sangre. Al moverse, notó el trabajo que le costaba respirar por el agujero que tenía en el pecho, el que le había atravesado de cabo a rabo. Quizás le había rozado un pulmón. Broly no lo sabía.

Yamcha corrió hasta la chica con una preocupación genuina. Cuando la vio allí arrodillada, derrapó para situarse a su lado y apoyar las manos en sus hombros.

—¿Estás bien?... No, ¡qué pregunta! No tengo semillas senzu, pero en casa te curaremos esas heridas. ¿Puedes levantarte? —Bra se levantó apoyándose en él, pero en lugar de emprender el vuelo inmediato hacia la Corporación Cápsula sus ojos se clavaron en Broly. Su cola yacía inerte, sin movimiento alguno, mientras inspeccionaba el terreno a lo lejos. Su gran cuerpo dejaba una sombra que los cubría por completo.

—Vas a pelear, ¿verdad? —cuestionó Bra.

—¿Tengo otra opción? Boburia ahora es un guerrero legendario, como yo, y no soy precisamente fácil de matar. Esos idiotas no van a poder rozarle siquiera —Broly estuvo tentado de admitir que dudaba que él mismo pudiera matarle. Recordaba cómo la cabeza de Boburia había vuelto a crecer cuando le lanzó su ataque más poderoso, y ahora, herido y desangrándose poco a poco, la cosa no iba a mejorar—. Que conste que no pelearé por ellos, sino por mí. Si Boburia sobrevive a nosotros, no habrá manera de pararle y acabará por destruir el universo para su estúpido proyecto. Todos los seres que habitan la galaxia seremos sus conejillos de indias, y ya he pasado por eso. Además... —Broly crujió los nudillos. Una sonrisa desagradable apareció en su boca ensangrentada tras haber devorado la carne de su padre—. Él y yo tenemos asuntos pendientes —se lamió los dientes, más afilados de lo que parecían a simple vista—. Voy a cargarme a ese mamón.

Bra no dudaba que lo hiciera, pero Vegeta estaba allí, y pelearía tan duramente como Broly, quizás más. Si no había esferas del dragón... No podía ni imaginarse perder a los dos hombres que más quería en el mundo.

Yamcha tiró de ella para guiarla lejos de allí por su propia seguridad, pero Bra, tozuda, no pensaba irse así como así. Si peleaba solo sería un estorbo, lo sabía, y eso hería su orgullo, pero era la verdad. Lo único que podía hacer era darle motivos a los guerreros para volver a casa sanos y salvos, y por eso se apartó de Yamcha suavemente. Cuando este supo que quería decir unas últimas palabras, esperó.

Bra cojeó hasta Broly. Tama, que seguía pululando por allí, entre los tobillos del guerrero legendario, restregándose contra él, corrió hasta ella y se coló entre sus piernas, haciéndola tropezar. Bra se inclinó hacia adelante y rodeó al guerrero legendario con los brazos. Su ancha cintura quedó apresada y su mejilla dio contra la herida que le cruzaba la espalda. Aunque le dolió, Broly no dijo nada. Permitió que ella se quedara abrazada torpemente a él bajo su supuesta indiferencia. Esperaba oír alguna de sus palabras sentimentales, pero lo que escuchó lo dejó, por el contrario, exaltado.

—He matado a Bia. ¿Te importa? —Broly pestañeó, sorprendido. Quería saber los detalles por pura morbosidad, porque esa puta era su presa, no la de Bra, pero no era el momento ni el lugar. Un regodeo subió hasta su garganta—. Me dijo que era la madre de tus hijos y que tú no querrías que yo la matara.

—Pensaba que no eras capaz de matar a nadie.

—Ni yo tampoco, pero me amenazó y me provocó... y era una puta —Bra casi esperó algún reproche por su parte. En su mente era inconcebible que Broly hubiera tenido hijos con una mujer sin sentir nada por ella, pero cuando él se rió, tuvo claro que no era así—. ¿No te importa?

—¿Por qué debería? Lo único que me molesta es no haberla matado yo mismo.

—Pero era la madre de tus hijos...

—¿Y el punto es...?

Bra bufó, pero tras enterrar la cara en su baja espalda, justo en el nacimiento de su cola, sonrió y se separó con fingido mal humor.

—Si alguna vez tengo un hijo tuyo espero que no me trates así —la incomodidad y algo cercano a la emoción llegó hasta Broly. Frente a ese tema sus sentimientos seguían siendo ambivalentes, pero eso no impidió que apreciara las palabras de Bra.

Llevado por la amarga sensación de que estaba en el límite de sus emociones, dio media vuelta y se acuclilló frente a ella. Aun así, seguía sacándole mucho de altura. Su enorme mano se posó sobre la cabeza de Bra, la cual podía envolver casi por completo.

—Si tengo un hijo será porque quiera.

—¿Y será aquí... conmigo?

—Tengo muchos años, niña, los mismos que Kakarotto, y nuestra esperanza de vida es el doble o triple que la de los humanos. No tengo prisa por tener más críos. Tú ni siquiera llegas a la veintena. ¿Por qué de repente estás tan desesperada por tener un hijo? Hasta que te enteraste de lo que ocurrió con mis hijos, ni siquiera lo mencionaste.

Bra agachó la cabeza. La mano de Broly seguía acariciándole el liso cabello, sucio por las sacudidas recibidas ese día. Se sintió pequeña y estúpida cuando lo mencionó, avergonzada. Por primera vez, Broly se le hacía un adulto, en su plena madurez, mientras ella seguía siendo una cría desesperada por mantenerlo a su lado.

—Tengo la impresión de que es la única manera de retenerte en el planeta Tierra. Creo que después de esto... Además, he quedado hecha una piltrafa ensangrentada. Todo mi cuerpo se llenará de cicatrices cuando logre quitarme esto y curarme del todo.

Broly se percató de los brazaletes que todavía portaba su alumna. Mosqueado, escuchando a lo lejos el ruido de las explosiones, se dio prisa por actuar. Extendió sus grandes manos hasta los brazaletes de braummuro y, ejerciendo una fuerte presión sobre ellos, apretándolos entre sus grandes dedos, que empezaron a oler a quemado, tiraron de ellos. Bra gritó de dolor, y posteriormente de alivio. Los brazaletes de braummuro se deshicieron entre las manos de Broly, como si fueran acero bajo un foco de calor. Las cicatrices de quemaduras quedaron a plena vista, nada agradables, sanguinolentas. Bra apretó el entrecejo, Broly se sentó de piernas cruzadas. Sus ojos blanquecinos dieron contra Tama, que restregó el lomo contra su pierna sin ningún miedo.

—¿Qué más da? Simplemente cúrate esas heridas. Yo no me iré a ninguna parte. Este planeta es mío, y ni tu estupidez, ni Boburia, ni el imbécil de tu padre o Kakarotto van a sacarme de aquí. Después de Boburia van ellos.

—¿Todavía piensas matar a mi padre y a Goku? —preguntó Bra.

Broly desvió aun más la cara, alejándose de su visión toco cuanto pudo. Acarició las orejas de Tama mientras este maullaba.

—Si alguna vez tuviera otro hijo no sería bueno para él que yo matara a su abuelo... Así que tendré que pensármelo.

Bra se emocionó hasta un extremo. Broly tenía reservas para demostrar sus sentimientos, sobre todo si, para ello, debía negar parte de sí mismo, como estaba haciendo ahora. Renunciaba a su venganza por ella, por formar una familia, por unirse a su causa y para vivir como ellos, igual que había hecho Vegeta en su día. Aunque lo negara, estaba claro que ya era de los suyos, y no se iría del planeta Tierra. Broly ya había decidido. Su instinto animal había sido sepultado para vivir una vida humana. Sería difícil, pero en lo último en lo que podían pensar era en lo que podían sufrir con esa unión malsana. El futuro quedaba abierto para ellos.

Pero para disfrutar de él, Boburia tenía que morir.

En la lejanía se escuchó otro estruendo y la luz los iluminó como el flash de una cámara. Broly giró la cabeza hacia allí y Tama dio un salto y se encaramó al hombro del guerrero legendario, temblando de miedo. Bra sabía que ya no había tiempo, así que actuó rápido. Se dejó caer sobre el regazo de Broly con soltura, y cuando este se volvió hacia ella, le sonrió con picardía, estiró el cuello y le besó en los labios. Él se quedó conmocionado al sentir la suavidad de su boca sobre su agrietada piel, la abertura utilizada para arrancar carne a sus enemigos, con la sangre de su padre aún allí. Estaba acostumbrado a que lo tocara en su forma normal, pero nunca pensó que llegaría a besarlo siendo un monstruo el triple de grande que ella. Ni siquiera se atrevió a cerrar los ojos cuando la rodeó un mínimo con los brazos, temiendo partirla en dos con esos músculos sobre crecidos.

Yamcha, a un lado, sintió que los colores se le subían a la cara en tonos rojos y pálidos. No sabía si considerar la escena grotesca o tierna. Bra parecía una muñeca entre los brazos de esa enorme criatura, y cuando Broly correspondió al beso, temió que se la tragara de un mordisco. Podría hacerlo. Sus dientes daban miedo. Pero no lo hizo. Tampoco la mordió aunque sintió, por un instante, la necesidad de hacerlo, cosa que reprimió intentando alejarse y que Bra no le permitió. La lengua de ella se paseó libremente por entre sus labios, y por una vez, Broly se dejó manejar.

De tal palo, tal astilla.

No cabía duda de que la hija y la madre tenían gustos raros, pensaba Yamcha.

Cuando se separaron, las frentes de Bra y Broly quedaron unidas en la más tierna muestra de afecto, pero con un nuevo estruendo, supieron que el momento debía terminar. Broly la levantó en brazos y caminó hasta Yamcha, que con el vello de punta, aceptó a la chica, sujetándola como una princesa. Ella le rodeó el cuello con un brazo para no caer mientras Broly obligaba a Tama a despegarse de su hombro para dejarlo sobre el regazo de la chica.

El gato maulló, buscando su atención, casi lloriqueando. Él le acarició la cabeza una vez más y les dio la espalda con una sacudida de su cola. Por desgracia, la hemorragia que le recorría la espalda persistía.

—Llévala a casa, humano.

—A nuestra casa —corrigió Bra. Broly no dijo nada, pero Yamcha pensó, con una ligera gota de sudor en la frente, que ese era un tema que debían discutir con Vegeta. Algo le decía que no le haría tanta gracia.

Broly se inclinó para iniciar un vuelo frenético hacia el campo de batalla, pero antes zanjó una última cuestión.

—Si la cosa se pone fea saldré de este planeta y lo destruiré desde fuera, niña. Y tú vendrás conmigo, con tu familia o sin ella, aunque tenga que llevarte a rastras. Ese es mi plan B, así que empieza a asumirlo.

Sin admitir una única réplica, Broly alzó el vuelo y salió disparado hacia el campo de batalla. Bra se quedó pálida y con la boca abierta. Broly, sin mucha alegría al pensar en destruir ese lugar, sonrió con una última idea cruzando por su cabeza. Si la cosa salía mal, le quedaría el consuelo de que sería el emperador del universo tal y como tenía pensado desde un principio.

Y ese consuelo no estaba nada mal.


Goku no se esperaba que Boburia resurgiera, al menos no tan pronto. Le había atinado una serie de golpes fortísimos antes de que Vegeta se le viniera encima, y había sido testigo de cómo las heridas se le cerraban en no más de dos segundos. Le recordaba a la capacidad regenerativa de Picolo, pero mucho más rápida. Cuando después de recibir el golpe más fuerte de cada uno, Boburia estiró los brazos como si fueran de goma y los apresó a cada uno con ellos, en una mano, tuvo claro que tenía parte de las habilidades de Picolo, y eso era un problema.

Boburia los apresó de improviso. Aunque Vegeta estuvo a punto de escaparse por su velocidad, no se esperó el alargamiento, y el alienígena le asestó un golpe con su gran mano, como si fuera un matamoscas. Lo agarró y lo aplastó entre sus dedos hasta que las venas del cuello se le hincharon y fue incapaz de contener un grito de dolor. Goku, que había conseguido dejar escapar un brazo de la prisión de carne, apuntó a la cara del monstruo y disparó un par de ráfagas de ki. Esta vez no le hicieron ningún efecto. Al contrario... Boburia empezó a mutar. Sus colmillos crecieron, su cuerpo se cubrió aun más de pelo, tan espeso como el de un ozaru. Su nariz y boca se alargaron como los de un mono.

Goku contuvo la respiración y empezó a buscar un punto débil sin resultado.

...DAME EL MALDITO APARATO.

¡Chichí, no!

¡GOKU! —el susodicho contuvo un jadeo de dolor, pataleando entre los dedos de la criatura. En sus oídos, gracias al intercomunicador que todavía tenía mientras buscaba las esferas del dragón, oyó la voz de su mujer entre aullidos histéricos—. ¿Qué demonios está pasando? ¿Dónde está la esfera y mi niño? ¿¡Dónde!?

—¡Ahora mismo estoy ocupado, Chichí! —exclamó, e inmediatamente después soltó un alarido de dolor. Boburia apretó los dedos alrededor de su cintura y sintió las costillas crujir.

¿Por qué gritas? ¿Le están pegando a mi marido? ¿Y están impidiendo que recupere a mi Goten? ¡Como vaya allí yo, voy a...!

¡Mamá, para ya! —Goku agradeció que Gohan le quitara el intercomunicador a su mujer y tomara el control de la situación. Los gritos de Chichí no le dejaban pensar con claridad. A continuación, oyó la voz de Gohan en su mente, alta y clara.

¿Qué es esa cosa, papá? La veo en tu cabeza. ¡Es enorme y fuerte! Vegeta y tú en nivel tres no deberíais tener problemas.

Se regenera como Picolo. Y ahora es como un ozaru. Creo que es como Célula. Tiene partes de nosotros y no estoy seguro de cómo...

Antes de que pudiera concretar más su mente, Goku vio algo que lo dejó de piedra. La cola del boburriano mutado se alzó, también peluda y rematada por su aguijón. El guerrero temió que intentara inyectarle el veneno otra vez, imposibilitándole para la batalla, pero la situación era peor todavía.

Incrustada en uno de los anillos de la cola, estaba la esfera de seis estrellas, la única que les quedaba. Brillaba como un diamante naranja en medio de tanto pelo, y los dientes de Goku se apretaron mientras se revolvía con violencia.

¡Voy a por ti, Goten! Pensó.

E inmediatamente después , Boburia giró la cabeza hacia él y soltó una carcajada que sonó como un trueno.

Habéis venido a por esto, ¿no es así? la voz de Boburia retumbó en la cabeza de Vegeta y Goku. La cola se alzo en mudo regodeo hasta su boca, presumiendo del valiosísimo premio por el que ambos rogaban. Goku ignoró sus costillas y se movió desesperadamente para escapar, pero eso solo incentivó a Boburia para actuar. Frente a sus ojos, el monstruo abrió la boca sobre su cola y la mordió, llevándose por delante la esfera y parte de su propia extremidad, que inmediatamente después se regeneró.

Se tragó la esfera como si fuera una pastilla para el dolor de cabeza.

Para mí no tiene ninguna utilidad. Ya soy un dios inmortal, pero si tanto os interesa a vosotros, tendréis que abrirme para conseguirla.

—Desgraciado... no juegues con la vida de mi hijo así... —maldijo Vegeta. Si Goten no volvía a la vida, Trunks estaría tan acabado como él. Estaba de brazos atados, al igual que Goku.

No os preocupéis. Iréis detrás de ella.

Los dos guerreros se espantaron cuando Boburia los dirigió hasta su boca. Abrió las fauces, mostrándoles los colmillos y la saliva que se escurría por estos, junto a la lengua sinuosa. Vegeta, asqueado, se revolvió con más ganas, y Goku no fue menos. En cuestión de un instante, se vieron con la cabeza entre los colmillos de la criatura, babeándoles encima.

Y en cuestión de un momento, el brutal golpe que se llevó los sacudió lejos de su boca.

Broly aterrizó como una flecha contra una diana. Dejó caer todo su peso, que no era poco, entre los ojos de la criatura con los pies por delante tras acumular velocidad en su marcha hasta allí, y cuando recibió el golpe, Boburia se desplomó hacia atrás como una pesada montaña, aplastando árboles y todo contra lo que dio su cuerpo. Aflojó el agarre sobre ambos, y mientras Goku escapaba con facilidad, Vegeta se molestó en romperle los dedos a su atacante para huir.

Goku ascendió junto a Broly mientras observaba la arena y el polvo cubriendo el enorme cuerpo de Boburia.

—¡Estás vivo! —exclamó.

—Y cabreado —secundó Broly, cruzándose de brazos—. ¿Dónde está ese enano de la realeza?

—¡Me vas a comer la polla, fracaso legendario! —Vegeta emergió de entre la arena sacudiéndose y con una sonrisa en la boca. Tiraba de algo con satisfacción, y cuando llegó al lado de los dos, sacudió la lengua que le había arrancado a Boburia y la dejó caer—. ¡A ver qué saboreas ahora, gusano!

¡El intercomunicador está conectado, Vegeta! Todo el mundo te está oyendo desde aquí —los gritos de Bulma llegaron a los oídos de Goku y el príncipe al mismo tiempo. Este se cruzó de brazos con actitud altiva.

—¡No me fastidies la victoria, mujer! Yo insulto cuando mato, y si no te gusta, apaga la puta máquina.

¡Eres un bruto! Controla esa lengua delante de los demás —oyó que exclamaba en respuesta.

—No hablemos de controlar la lengua, mujer —Vegeta se apartó el intercomunicador de la oreja cuando oyó una retahíla de insultos avergonzados y risas incómodas al otro lado del aparato.

Se volvió a colocar el intercomunicador antes de volverse hacia Broly con agresividad.

—Más vale que mi hija esté a salvo.

—Está de camino a casa con ese humano vuestro. Ahora ocupémonos de lo importante... ¿Tenéis algún plan?

Los tres se miraron alternativamente.

—Tú eres el que conoce a ese monstruo —concretó Goku.

—No soy bueno pensando, solo destruyendo.

—No me digas...

—No es momento para los insultos. Tiene que haber una manera de acabar con él. Una vez lo hagamos, le sacaremos la esfera y todo volverá a la normalidad.

—Eso suena bien, si no fuera porque se regenera como si fuera Buu, y no pienso inmolarme otra vez. La mujer se volvería loca.

¡Eso no lo dudes!

—¿Quieres dejar de espiar y de meterte en conversaciones de hombres, Bulma?

Hubo un silencio sepulcral mientras los tres observaban al monstruo que, poco a poco, volvía a levantarse del suelo. Las miradas eran intensas, al igual que los sentimientos a flor de piel.

—¿Qué es exactamente, Broly? —cuestionó Goku por fin.

—Un boburriano mezclado con razas alienígenas, incluida la saiyajin. Tiene células de un guerrero legendario.

—Es decir, es un súper boburriano legendario —resumió Goku—. Él cree que es inmortal, pero tiene que haber algo que acabe con él.

Un nuevo silencio se avecinó sobre ellos, y tras unos segundos de tregua, este terminó con Vegeta, el estratega. La idea chocó contra él con fugacidad, pero clara como el día.

—Si es un súper boburriano legendario, debería ser vulnerable a lo que lo es un guerrero legendario, ¿no es así? —Broly y Vegeta se miraron, príncipe y desterrado. Sus penetrantes miradas seguían cargadas de odio y desdén, y por eso, la pregunta no fue tomada como algo bueno.

¿Cuál es tu punto débil, Broly?

Y sin embargo, el guerrero legendario respondió, porque lo que podía matar definitivamente a Boburia podía matar a todos, y era imposible que lo alcanzaran... otra vez.

—Lo único que me ha matado de verdad hasta ahora es el Sol.


Yamcha y Bra aterrizaron en el jardín de la Corporación Cápsula poco antes de que la chica se desmayara por la pérdida de sangre. Había contenido los desmayos a duras penas hasta el momento, pero una vez vislumbró su hogar y se supo a salvo, se dejó caer en el letargo de la inconsciencia.

Cuando volvió a abrir los ojos, una semilla senzu ya actuaba en su tracto digestivo, y las heridas empezaban cicatrizar bajo la atenta y preocupada mirada de Bulma, Pan y compañía. Sobre una camilla fría del laboratorio, cerca de los instrumentos que mantenían la comunicación con los guerreros que quedaban en pie, Bra se agitó con violencia. La impresión de estar en el laboratorio de Bia la alteró, pero Bulma, atenta, posó una mano sobre la suya y la calmó de inmediato.

—Mamá... —murmuró la joven.

—¿Cómo se te ocurre irte sin decir nada? ¡No sabes el mal rato que he pasado cuando me he enterado! Y cuando te he visto así, tan destrozada y ensangrentada... ¡casi se me para el corazón! —gritó ella, furiosa. La incomodidad se adueñó de los presentes, pero lejos de afectarle a la susodicha, Bra se incorporó con expresión tosca. Se mareó, pero eso no la hizo ceder.

Trunks se aproximó a ella, apartando a los demás. A Bra le dio un escalofrío cuando estuvo a su lado, y sintió al peludo Tama bajándose de la camilla de la que no se había movido para correr en dirección opuesta, fuera del laboratorio entre maullidos histéricos.

—¿Dónde está la esfera? ¿Por qué no la has traído contigo, y qué es esa cosa de la que nos ha hablado Yamcha? ¿Qué demonios está pasando, Bra? —cuestionó Trunks.

La chica lo miró sin entender, desorientada. A cada uno le faltaban piezas del rompecabezas, porque ni Bra sabía que las esferas estaban de nuevo activas (o que nunca habían estado inactivas) ni ellos sabían contra qué se enfrentaban Goku y Vegeta. No había tiempo, así que todo fue resumido entre jadeos de Yamcha e inseguridades de Bra. La idea quedó tan resumida, que apenas tenían nada con lo que trabajar. Todos se vieron a sí mismos resignándose a esperar a que los héroes volvieran victoriosos o condenados... pero cuando los monitores de comunicación se iluminaron y las líneas de espectrogramas que medían los tonos de voz empezaron a accionarse, volvieron a la acción.

Bulma, Trunks, Gohan... —Vegeta los llamó, y todos, excepto Gohan, que no lo oyó hasta que Videl se lo comunicó con un escrito rápido, se acercaron a los monitores—. Vosotros sois los genios y necesitamos vuestros cálculos ahora.

—¿Cálculos? ¿Sobre qué? —preguntó Bulma de vuelta.

Sobre las posibilidades que tenemos de enviar a un hijo de puta de dos toneladas y once metros de altura al Sol... Aunque tengamos que morir en el intento.


Esperaron apenas unos segundos antes de tener una respuesta. La criatura que había bajo sus pies empezó a sacudirse y a rugir, enfebrecida, y cuando la cola se sacudió en el cielo para alcanzarlos mientras intentaba levantarse, lo esquivaron con relativa facilidad. Broly resopló. Estaba cansado y sentía pinchazos en la espalda, parecidos a los que Goku notaba en la cintura después de haber sido aplastado hasta quedar sin aliento. Tenía la sospecha de que se le había hundido una costilla, pero no quiso descubrir sus límites y descubrirlo. Le preocupaba más la casi hiperventilación de Broly que la suya propia, el que parecía estar perdiendo fortaleza a pasos agigantados por las heridas.

—No tenemos tiempo. Tenemos que intentarlo tengamos el porcentaje que tengamos, ¡y pronto! —exclamó Goku.

Tenéis alrededor de un 3´9% de posibilidades entre mil, con un margen de error de 2´8% —los resultados, dados por un Trunks de tono absolutamente helado, cayeron como una losa sobre Vegeta, cuyo ceño se frunció poderosamente ante la respuesta. A su lado, Broly respiraba de manera agitada, aunque intentaba reprimir el sonido de su boca tomando oxígeno con dificultad.

—Eso es igual a nada. Creía que Gohan lo había hecho una vez.

Eso fue diferente —Gohan habló, aunque enseguida calló para mantener contacto mental con su padre al recordar que no se oía a sí mismo, lo que le dificultaba tremendamente la conversación—. Broly no pesaba dos toneladas ni medía once metros. Puedo ver lo que hay en tu mente, papá, y el poder de esa cosa y su defensa son muy diferentes también. Lo que ocurrió aquella vez con Broly fue algo milagroso y repetirlo ya sería difícil, pero con algo de ese tamaño, calculando vuestra fuerza vital y la distancia de aquí al sol, sin contar con la fuerza de la estratosfera y la gravedad...

—Es imposible —atajó Goku.

—Pues más vale que planeéis algo rápido —el cuerpo de Broly se volvió oscuro, y su cuerpo se redujo en metros y musculatura, volviendo a su forma natural—. A este paso me desangro.

—¿No eres vulnerable a algo más, mastodonte pedófilo? —cuestionó Vegeta.

—A la mierda que sale de tu boca, enano ca...

Necesitáis algo que desprenda tanto calor como el sol o incluso más para acabar con él, ¿verdad? Pues entonces quizás haya una posibilidad. Solo necesitáis una fuerza que desprenda esa energía y que esté en el planeta Tierra —aseguró Bulma.

—Sí, pero los planetas no desprenden esa energía, solo las estrellas pueden... —Vegeta calló de pronto. Sus ojos se desviaron hacia el horizonte, mucho más allá de la enorme criatura que había conseguido levantarse a duras penas del suelo, de la que se alejaron despacio mientras mantenían esa conversación. En la lejanía no podía ver el fuego abrasador ni la lava proveniente del volcán que, semanas atrás, Broly había despertado durante su batalla, pero que sabía que allí estaba, todavía activo.

Inmediatamente, un plan se diseñó en su cabeza como buen estratega que era.

¿Estás pensando lo mismo que yo, Vegeta? —cuestionó Bulma desde el intercomunicador. A su lado, aunque ellos no pudieran verlo, Gohan dejó ver una sonrisa decidida y Trunks apretó el entrecejo mientras iniciaba un cálculo rápido de posibilidades con su mente privilegiada.

—Sí, Bulma. Exactamente lo mismo —a Vegeta le costó horrores decir las siguientes palabras, y más todavía mirar a la cara del susodicho. La hiperventilación de Broly empeoraba por momentos, y supo entonces que no solo llevar a cabo el plan sería complicado por el riesgo que conllevaba. También sería una carrera a contrareloj—. Está bien, sé lo que vamos a hacer. Kakarotto tiene un pase, pero quiero que sepas que esto me revienta, y si no fuera porque mi familia está en peligro con esa cosa viva, ya te habría matado, fracaso legendario.

—Tampoco a mí me hace gracia colaborar contigo, así que habla antes de que me arrepienta.

Y Vegeta empezó a hablar. Ninguno tardó en darse cuenta de que el plan ideado era casi un suicidio.

Eso solo los alentó a actuar, excitando sus instintos como no les había ocurrido en años.


—¿Creéis que funcionará?

La pregunta de Bra solo recibió silencio e indiferencia que no era tal. Bulma se volvió hacia ella al cabo de unos segundos, pero los demás, ante el eco de su voz en el laboratorio, no mencionaron nada. Pan se acercó a su padre tragando saliva. La pregunta estaba implícita en ella. ¿El abuelo volverá? P tenía conciencia de las idas y venidas de su abuelo. Había vivido varias a lo largo de su vida, pero por suerte, como ocurría con todos, no costaba trabajo volver a hablar con él como si el tiempo no hubiera pasado. Ahora tenía otra pregunta; ¿se iría para siempre? No era la única que tenía esa pregunta en mente, pero tampoco había respuesta.

—Las posibilidades son elevadas —aseguró Trunks.

—Tan elevadas como el margen de error. Aunque sabemos lo que hay ahí abajo, no es un ambiente en el que haya vida. Nuestro conocimiento es reducido y siempre mirado desde la físicas, química y geología —comentó Bulma—. Podemos guiarlos, pero no sabemos lo que se van a encontrar.

—Tienen tres minutos, cuatro como mucho. Morirán por la presión del núcleo, y si se acercan demasiado se calcinarán. Con ese tiempo solo llegarán a una tercera parte del camino. Luego tendrán que empujarlo contra el núcleo interno de hierro y níquel. Necesitarán mucha fuerza para estrellarlo contra el núcleo, y mucha prevención para no acercarse demasiado —mencionó Gohan.

—Broly es el que tiene más fuerza, y lo sabéis —dijo Bra.

Bulma suspiró. Veía las cicatrices en el cuerpo de su hija y el estómago se le revolvía de dolor y culpabilidad. Quizás no debería haber defendido a ese hombre con uñas y dientes solo por el recuerdo de Vegeta en él, pero ahora, la preocupación era mayor; si Broly moría durante la realización del plan, dudaba que su hija pudiera seguir adelante... Igual que ella sin Vegeta o Chichí sin Goku. Sentada en una camilla, Chichí paseaba su mano por su estómago sin parar, con los nervios a flor de piel. Bulma admiraba la determinación de esa mujer.

—Lo importante es recuperar la esfera. Si la conseguimos, podremos revivir a los caídos... y a los que caigan —dijo Trunks. Su frialdad logró ponerles el vello de punta.


Abrir el planeta Tierra no era difícil para ellos. Levantar la tierra, causar un terremoto y agrietarla no era un trabajo complicado para ellos, pero para lo que tenían pensado hacer, necesitaban un camino abierto hacia el interior del planeta. Su plan se reducía a un único objetivo. Hundir a Boburia en el insufrible núcleo del planeta. El núcleo era más ardiente que la superficie del sol, con temperaturas de 6900 grados, o más. Nada podría sobrevivir a eso, ni siquiera Boburia, ni siquiera los súper saiyajins, y eso era un problema. Tenían casi tantas posibilidades de morir como él.

Pero para eso eran tres... o al menos dos y medio.

Arrastrar a Boburia hacia el volcán más cercano no fue una tarea difícil. El boburriano no era estúpido y sabía que lo único que impedía su gloria absoluta eran esas molestas moscas que no podían hacerle más daño que cosquillas. Seguirlos no fue un problema, no cuando les creyó ratas huidizas, y mucho menos cuando la sangre de Broly salpicaba el camino como migitas de pan. Si Boburia temía a alguien, era a Broly, y subestimaba a los demás... pero Broly ya no podía hacerle nada.

El vuelo no fue dificultoso. Los tres volvieron a su forma original para ahorrar energías. Deberían recorrer el centro de la planeta transformados en súper saiyajin de nivel 3, o por el contrario, morirían calcinados de inmediato. La energía que desprendía el ki del nivel 3 los protegería de las altísimas temperaturas, pero no de la presión terrestre que les rompería las articulaciones y los huesos conforme se fueran acercando al núcleo. El oxígeno, también, era nulo, así como la comunicación. La telekinesis, aunque reducida en ellos, sería útil.

El boburriano corría detrás de ellos como un toro bravo. Era rápido, y parecía estar haciendo un maratón tras los tres mientras aplastaba árboles y montañas con sus enormes y gordas patas peludas. Esquivar árboles los ralentizaba, oír los rugidos y las pisadas tras ellos los hacía volar más deprisa, pero sin estar transformados no podían dar el máximo de sus capacidades. La cola tras Boburia se sacudía, dando latigazos y reventando todo lo que dejaba atrás. El bosque, en cuestión de segundos, desapareció casi por completo.

—¿Cuánto queda para llegar al volcán? —cuestionó Goku sin quitar los ojos de encima a la enorme masa que tenían detrás.

Un par de kilómetros. Estáis a punto de llegar—comunicó Bulma a través del intercomunicador.

—No, no, ¡No vamos a llegar! —gritó Goku y no lo decía por él. Vegeta giró la cabeza, y los dos pares de ojos se clavaron en la persona que, poco a poco, los dejaba atrás incapaz de seguirles el ritmo. Broly, por naturaleza, no poseía una gran velocidad en comparación con los demás saiyajins. Su cuerpo era pesado y grande, su fuerza brutal, y aunque no era precisamente lento, tampoco era especialmente rápido. Un golpe suyo equiparaba a diez, y su rostro enfadado causaba parálisis de temor. Eso compensaba su falta de rapidez, pero en carreras no tenía nada que hacer, y esa lo era. No habría tanto problema si no fuera porque se estaba desangrando, y a pasos agigantados.

Ambos guerreros, sanos, apreciaron su palidez y sus labios empezando a ponerse morados. Si no fuera por el movimiento, se darían cuenta de que temblaba de frío. La realidad era precisa, aunque Broly se negara a ella todavía.

No podría luchar.

—Necesitamos semillas, Vegeta. Broly no va a aguantar mucho más. Uub podría teletransportarse en un momento y... —avisó Goku, pero Vegeta lo interrumpió antes de que terminara.

—Si lo hace, esa cosa lo hará trizas. ¿Por qué crees que hemos aguantado sus golpes? Solo porque estábamos en el nivel tres, pero alguien más débil se desmontará con un maldito roce, y nosotros necesitamos energías para llegar al núcleo. Si viene alguien más débil y tenemos que protegerle... ¿qué crees que puede pasar? —Goku apretó los dientes, de impotencia, pero también de enfado.

—A este paso no podrá entrar en el volcán para ayudarnos.

—¿Y qué? Tampoco lo necesitamos. Tú y yo podemos con él de sobra.

—¡Tú y yo no tenemos ni la mitad de su fuerza, y lo sabes!

—Aunque le diéramos una semilla no recuperará la sangre perdida, solo se cerrarían sus heridas, pero seguiría débil. No merece la pena arriesgar la vida de otro por él.

—¿Eso lo dice tu cabeza o tu orgullo de padre? —la cruda respuesta sorprendió a Vegeta, que le lanzó una mirada misteriosa a su rival, entre furiosa y decepcionada. En esa situación, su cabeza no albergaba sentimentalismo alguno, solo seguridad y decisión para la batalla. Ese día había vuelto a ser un soldado en un campo de batalla, y en ese campo, a veces, había bajas.

—¡Él es un mal menor!

—¡Él es un amigo ahora! —Vegeta apretó los dientes, sorprendido por la declaración. ¿Desde cuándo esos dos eran tan cercanos? Recordó, sin embargo, que Goku se hacía amigo hasta de las rocas, y su compasión era imposible de manejar en una guerra. Era la clase de persona que siempre causaba problemas por sus sentimentalismos y escrúpulos.

Intentó buscar una solución rápida a la situación, algo que hiciera que Kakarotto pensara y no se sublevara en un momento tan clave, pero las circunstancias variaron en cuestión de segundos, igual que durante la purga de un planeta. De pronto, Broly ya no estaba pisándoles los talones. Perdió vuelo y fue arrastrado hacia atrás, justo cuando salieron del bosque y el volcán, activo pero contenido en su ardiente ojo humeante, quedó a la vista, a escasos trescientos metros de ellos.

—¡Broly! —gritó el guerrero más poderoso. Antes de que Vegeta pudiera hacer nada, Goku detuvo su vuelo y fue en dirección contraria, tras él, justo hacia la criatura que, por fin, destrozando los últimos troncos y rocas, emergió del interior del bosque.

Boburia vio el cuerpo de Broly cayendo sobre él, como si fuera un regalo caído del cielo, y alzó una de sus peludas manos de mono para atraparlo y aplastarlo entre sus dedos. La sorpresa dio con él cuando Broly despertó de su momentánea inconsciencia y, con una sensación de ahogo constante, dio una voltereta hacia atrás en el aire y cayó sobre la muñeca de Boburia, esquivando su agarre. Vio la situación clara, aunque todavía no fuera el momento de la verdad. Dando grandes bocanadas de aire, empezó a correr por el brazo del monstruo hasta su hombro, y allí, con una de las descargar más potentes que podía permitirse acumulándose en los dedos de sus manos, se lanzó de cabeza contra su hombro y lo rebanó de un tajo.

La criatura ni siquiera gimió de dolor, ahora manca. La sangre salpicó el suelo saliendo como una cascada, cayendo junto al enorme brazo que acabó levantando madera y arena. El otro brazo de Boburia, sin embargo, siguió moviéndose, y Broly no pudo esquivarlo con su reducida velocidad.

Lo golpeó como si fuera una mosca y lo estrelló contra el suelo. Su cuerpo rebotó y tragó arena durante larguísimos metros hasta dar con algo que logró detener su ida. Kakarotto lo detuvo hundiendo los pies en el suelo, y la espalda de Broly dio contra su pecho. Goku tiró de él hacia arriba enseguida, y en cuanto lo hizo, el guerrero legendario se soltó de un brusco movimiento.

—¡Quítame las manos de encima! ¡Estoy bien!

—No lo estás —la respuesta no daba lugar a dudas. Cuando Broly se giró para encararlo, vio la ropa de Kakarotto empapada en sangre, y también parte de su seria cara.

La sangre era de su espalda abierta, y probablemente, del agujero que seguía teniendo en el pecho, que si no le había atravesado un pulmón, había estado cerca.

—Nosotros nos encargaremos, tú no puedes pelear así —Broly odió cada palabra de superioridad. Su mente le hizo pensar en el regodeo de Kakarotto, que no era tal, y su hostilidad se volvió intratable.

—¡Es mi presa, es mi venganza! ¡Y TÚ, PATÉTICO AMAGO DE SAIYAJIN, NO VAS A QUITARME ESO! —Goku no dijo nada, pues esperó a que esas palabras cayeran por su propio peso. Broly se quedó sin aliento por el grito, y su respiración se volvió tan errática como nula. Sus labios se pusieron morados y sus piernas empezaron a fallar. Clavó una rodilla en el suelo y se mantuvo erguido a duras penas.

—Ya has hecho suficiente, Broly. Sabemos cómo acabar con eso gracias a ti —Goku hizo amago de acercarse con una mano en la frente, con la intención de teletransportarse con él a la Corporación Cápsula para volver enseguida, pero Broly abrió la boca e intentó morderle en cuanto su mano estuvo lo bastante cerca. Goku retrocedió, suspirando—. Está bien. Lo haremos lo más rápido que podamos.

El estruendo y un nuevo destello atrajo la atención de los dos. Vegeta sobrevolaba el terreno a varios metros de la criatura, y sus descargas de ki, aunque potentes, no consiguieron hacerle nada. Las recibía, pero Boburia seguía andando como si el ki fuera solo humo.

—¡Mueve el culo, Kakarotto! —le exigió el príncipe. Goku no necesitó que le repitiera la orden. Se elevó en el cielo bajo la recelosa mirada de Broly, que intentó imitarlo... sin éxito.

Al ver que no podía levantarse sin que le temblaran las piernas y la vista se le nublara, decidió que necesitaba descansar un poco. Luego los seguiría y acabaría con eso de una vez.


Escuchadme, tenéis un tiempo y un espacio muy limitado. Ahí dentro no podréis moveros con facilidad, no habrá oxígeno y la comunicación será imposible. La presión se hará cada vez mayor conforme descendáis, y lo más importante, si vuestra transformación de saiyajin en nivel tres se anula ahí abajo, moriréis calcinados al instante. Hay alrededor de seis mil kilómetros hasta el núcleo, pero con recorrer menos de la mitad y empujar a la criatura hacia el centro, todo habrá acabado. Será absorbida por la gravedad sin posibilidad de escapar, y vosotros también, así que una vez lleguéis a los dos mil quinientos y la hayáis abierto para sacarle la bola, lanzadla y salid de ahí enseguida o los huesos se os harán puré y el cerebro os explotará en el cráneo, ¿queda claro?

La explicación de Bulma fue muy clara, pero los dos saiyajins, que estaban más centrados en lo que había a sus espaldas que en su voz, apenas prestaron atención. Boburia había salido a campo abierto, y eso, en lugar de ser una facilidad para ellos, supuso un problema. El enemigo se detuvo en la linde del bosque derruido, y los guerreros lo imitaron y lo estudiaron mientras su brazo cercenado crecía de nuevo.

Se quedó allí, observando el panorama mientras abría la boca con las fauces y la lengua nuevamente reconstruidas. Abrió la boca tanto como una serpiente, y la campanilla y el interior de la misma quedaron al descubierto mientras su gaznate se hinchaba tanto como su cuerpo. Vegeta y Goku no tuvieron tiempo de preguntarse qué hacía cuando un haz de luz morada se acumuló en el interior de la misma, formando una bola de considerables dimensiones. Esta salió al exterior poco a poco, a punto de ser escupida.

Los árboles, las rocas e incluso las nubes empezaron a arremolinarse alrededor de la esfera, provocando un temblor incesante. Vegeta y Goku se vieron atraídos hacia ella, y entonces se dieron cuenta de que estaban en problemas.

—¡MIERDA! —ambos se separaron de inmediato para huir de la atracción. El viento los golpeó, dificultándoles la huida, y apenas pudieron separarse unos cuantos centenas de metros antes de que la esfera fuera escupida a la superficie. Sin un ruido, con un silencio inquietante, la esfera se dividió en varias direcciones, esparciéndose en un haz de oscuridad tormentosa por todo el lugar.

El escenario desapareció por completo, y una décima parte del planeta fue eliminada al instante.

—¿Vegeta? —Bulma empezó a dar voces a la máquina que mantenía la comunicación con el exterior. Las señales del espectrograma se difuminaron y quedaron planas en la pantalla de conexión, y la mujer, alterada, empezó a teclear con nerviosismo.

—¿Qué pasa? —preguntó Gohan al ver la ausencia de señales. Videl escribió rápidamente en la pizarra que tenía entre manos mientras los demás, alterados, se acercaban a la inquieta mujer.

—¿Por qué hemos perdido la comunicación? —cuestionó Trunks.

—¿La hemos perdido? —repitió Chichí.

—¿Qué está pasando, Bulma?

—No lo sé, no tengo ni...

Mientras la mujer intentaba averiguar qué sucedía, una sensación acuciante y angustiosa golpeó a los guerreros de instintos más afilados. A-18, que no había participado en la conversación hasta entonces, fue la primera en notar que algo iba mal. El pelo de su nuca se erizó y cada circuito de su cuerpo le avisó del peligro. Se apartó de la pared, gritando una maldición, y salió del laboratorio en busca de su hija y de su marido, que huyendo del agobio y sabiendo que no podían hacer nada, habían salido a tomar el aire. Trunks y Bra notaron un temblor ligero bajo sus pies, y luego oyeron los gritos maldiciendo desde el exterior de la habitación, corriendo hacia allí.

Fuera, el cielo se había iluminado con una luz cegadora, y el estruendo de la destrucción llegaba hasta allí, ensordeciéndolo todo y levantando una ráfaga de aire huracanado que arrancaba plantas y arbustos, coches y hasta los hogares mejor construidos. La luz avanzaba como una onda expansiva, como un tsunami tragándoselo todo. El suelo inició un temblor imposible de ignorar, y Bulma y Gohan se levantaron de las sillas frente al intercomunicador cuando este empezó a lanzar chispas. Las luces se fundieron, y ya nadie fue capaz de mantenerse en pie. Las ventanas de la corporación reventaron hacia adentro sin dejar ni una en pie, y las paredes de las plantas de arriba se agrietaron.

—¡Kami-sama! —gritó Chichí. Si Pan no la hubiera agarrado interponiendo su cuerpo al de su abuela antes de que fuera lanzada contra la pared, el golpe habría sido fatal para ella. En el exterior, todos los que fueron descubiertos por el haz de luz se introdujeron de inmediato en la corporación para salvar a los más vulnerables.

La onda expansiva arrancó las plantas superiores de cuajo, y pronto, parte de la planta baja en la que estaba el laboratorio quedó casi desnuda, con las paredes desprendiéndose y saliendo volando. Trunks tuvo el acto reflejo inmediato de abrazar a su madre contra el suelo, y Bra se agarró a su hermano para no salir volando cuando el aire ardiente, lo suficiente como para causar quemaduras de segundo grado, la tiró hacia atrás. Una mano de Pesadilla se cernió fuertemente a la de su hermana mientras su madre gritaba.

—¡La Corporación! —chilló Bulma.

En los pasillos, A-18 y Krilín se habían echado encima de Marron a gran velocidad, aplastándola contra el suelo. Tenshihan y Yamcha solo tuvieron tiempo de aferrarse a los muebles de la cocina, y el primero apenas logró agarrar a Chaoz para que no fuera arrastrado por el viento. Uub logró agarrar al Maestro Roshi y a Oolong, que casi se soltaron con una sonrisita libidinosa al ver ropa interior femenina junto a otras prendas volando por el cielo.

Tras dos largos minutos de supervivencia imposible en miles de kilómetros del Sur de la Capital del Norte, el viento finalizó. Tardaron en percatarse de ello, pues sus cuerpos siguieron levitando como si el huracán de luz persistiera.

La gravedad había sido anulada.

—¿Qué está pasando, Trunks? —preguntó Bra. Su cuerpo se balanceó en el aire, y tuvo que mantenerse aferrada a la cintura de su hermano para no salir volando. Bulma gritó en histeria, con el pelo desordenado, al darse cuenta de que sus piernas levitaban en el aire.

—Bra, sujeta a mamá contra el suelo. No dejes que levite —la chica abrió la boca para replicar, pero su hermano soltó a Bulma antes de que pudiera decir nada y esta, enseguida, se abrazó a su hija estrangulándola con los brazos. Bra clavó los dedos en las grietas del suelo para no echar a volar.

Trunks salió del laboratorio intentando mantener un vuelo estable. No le costó demasiado conseguirlo pese a que una fuerza desconocida tiraba de él hacia arriba. Recorrió los pocos pasillos que seguían en pie, saltó las paredes derruidas y llegó al segundo laboratorio de pruebas, con la puerta hermética todavía cerrada a cal y canto. Deseó, con el sudor ascendiendo por su rostro hasta desprenderse de su piel, que las paredes siguieran en su sitio cuando abrió la compuerta de metal. Por desgracia, no era así. Los muebles levitaban, las máquinas de investigación y desarrollo también. Los muebles más ligeros ya estaban lejos de su visión en el cielo, pero dos únicas cosas lograron captar su atención por entero.

El cuerpo de Picolo, que había permanecido en cama desde que sus antenas fueron arrancadas y cayó en un profundo coma, se elevaba sobre la camilla. En el otro extremo de la habitación, la cámara frigorífica en la que se mantenía el cuerpo de Goten empezaba a ser arrastrada hacia arriba. Trunks tuvo que desenchufar el cuerpo de Picolo para arrastrarlo hasta la cámara frigorífica, y una vez allí, montarse encima y empujarla hacia abajo. Una vez se aseguró de que ninguno de los dos se movía, pudo respirar tranquilo y elevar la vista al cielo.

Lo que vio lo dejó atónito.

Desde allí, cuando todos se atrevieron a levantar la mirada, a muchos cientos de kilómetros podían verlo como si estuviera sobre sus cabezas.

El gran alienígena con forma de ozaru, Boburia, se alzaba en el aire con unos larguísimos brazos extendidos en el cielo, como si acogiera al planeta entre sus patas animales.


Idiotas... Vuestra inteligencia deja mucho que desear.

La voz de Boburia llegó a todos los rincones del planeta. La mayoría no sabía quién le hablaba, lo que provocó el pánico colectivo. El planeta Tierra era una calamidad tras ese impacto, además de los que habían provocado los boburrianos.

La Capital del Este ya no existía, y la radiación de la bomba nuclear se extendía a larguísimos kilómetros de distancia. Nada podría vivir allí durante los siguientes siglos, ni tampoco en sus cercanías. Ciudad Satán había desaparecido de igual manera cuando Benkas atacó y mató a Goten, y también cuando Broly hizo acto de aparición e inició una batalla contra Vegeta y el resto de guerreros. Aunque ellos todavía no lo sabían, la Capital del Norte también había desaparecido y la Capital del Oeste había sido seriamente dañada. La Corporación Cápsula como tal, ya no existía. Los daños eran colosales, y miles de pueblos y aldeas habían quedado arrasadas a su paso. Gran parte de la población mundial había sido barrida de la faz de la Tierra, y solo una persona sabía con certeza lo que estaba ocurriendo de verdad.

Vegeta lo sabía, lo había vivido, lo había llevado a cabo, lo había sufrido.

Los estaban purgando.


40 años y 213 días antes

Manejar a Broly costaba más trabajo del que parecía en un principio. Era fuerte, engreído, altanero, malhumorado, goloso y malcriado. No le contó nada sobre su dura vida ni la muerte de sus demás maestros, pero tampoco hacía falta. El Sin Cara, como Broly lo llamaba porque no recordaba su nombre ni su rostro, lo conocía desde siempre, y el guerrero legendario no tenía ni idea de por qué. Sabía cosas sobre él, íntimas, como si le leyera la mente o lo hubiera visto crecer. Las utilizaba en su contra sin remilgos ni miedo. El desconocido no era más fuerte que él, pero su experiencia machacaba a Broly en un combate cuerpo a cuerpo. Tenía sus años ya, y no le pasaba ni una. Si tenía que pegarle para que le hiciera caso, lo hacía y punto. Tampoco parecía muy dispuesto a sociabilizar.

Estuvo un total de veinte días con él, su maestro por un cortísimo periodo de tiempo, y Broly no sabía qué quería de él, por qué le enseñaba ciertas cosas y no otras, qué pretendía, cómo había sabido de su existencia... las preguntas eran muchas y ninguna tenía respuesta.

—Eres un maldito pesado hijo de puta. Todo lo que intentas enseñarme no me sirve para nada, y esa gilipollez del instinto... ¿qué me importa a mí controlar el instinto? ¡Yo hago lo que quiero cuando quiero, y en cuanto me dejes en paz voy a seguir haciéndolo! —por esas palabras, Broly se llevó muchos golpes a lo largo de los días hasta que aprendió a no decirlas. Era más sano para sus dientes callarse, escuchar y observar.

—¿Entiendes lo que te digo? En un tiempo, todo esto te será útil —le decía él.

—Siempre dices lo mismo, que me será útil en un futuro. ¿Qué sabrás tú?

—Lo sé. No hay más que hablar.

—Lo único que quieres es joderme —Broly observaba las joyas de braummuro con recelo cuando su quinto maestro se las ponía delante. Si él mismo no se las colocaba, Sin Cara lo hacía por él. Rápidamente, Broly aprendió que era mejor hacerlo por sí mismo si no quería acabar con una costilla rota por la brusquedad de su maestro, así que aprendió a soportar el dolor de estas al colocárselas.

Quitárselas ya era más complicado.

—¿Qué tiene que ver esto con el instinto?

—Nada.

—¿Por qué tengo que ponerme estas cosas entonces? Duelen y no puedo usar el ki correctamente.

—Cuento con ello.

—No entiendo nada, y eso me toca los cojones.

—También contaba con eso.

—¿Y si te mando a la mierda y me largo? —cuando insinuaba algo así, Sin Cara lo retaba a hacerlo, y si lo intentaba, era cazado como un vulgar principiante. No era un juego. Sin Cara no jugaba, y eso le recordaba a Topoka. Era serio, perturbadoramente fuerte y frío. Ni Broly ni él hablaban demasiado, porque no eran particularmente habladores ni se interesaban por la vida del contrario, pero había algo... un halo de misterio que hacía que a Broly le pareciera fascinante. Su poder y su pasividad también llamaban su atención. Su moral, o carencia de ella, eran inexplicables.

Un día, utilizó un planeta como ejemplo. Este fue destruido de manera curiosa. Lo abrió desde fuera como si fuera una mandarina, y cuando la lava empezó a emerger, lanzó a Broly contra ella sin dar mayores explicaciones. El guerrero legendario sufrió graves quemaduras, pero logró salir de ese río ardiente vivo y entero, además de furioso.

Broly no recordaba cuándo se había adquirido la costumbre de hurgar el interior de los planetas para acurrucarse en ellos, no demasiado profundo, solo lo suficiente como para sentirse acunado. Ahora, con todos esos recuerdos acudiendo a su cabeza, lo sabía; Sin Cara le había enseñado cómo hacerlo, y él, después de encontrarle el truco, se había acostumbrado a ello.

Le agradaba ser acunado por el interior de un planeta... y luego destruirlo.

—¿Por qué has venido a por mí? —preguntó, por fin, un día después de comer. Los dos estaban saciados, y eso era un punto a favor para hacer hablar a su callado maestro.

—Es un intercambio. Tus maestros te enseñaron a controlar el ki, las artes marciales más primitivas y básicas, la cacería, la crueldad... pero lo hicieron desde su ignorancia como seres ajenos a la raza saiyajin. No sabían cómo sacarte el máximo provecho como guerrero.

—¿Y tú sí lo sabes? —hubo un silencio entre los dos antes de que él contestara con toda seguridad.

—Sí.

—¿Y qué ganas tú de todo esto? —la respuesta dejó a Broly más confundido si cabía.

—Alivio y tranquilidad.

—¿Alivio por qué?

—Porque te harás cargo de algo con lo que yo no quiero inmiscuirme.

—¿Me vas a cargar el muerto de algo?

—No. Solo te preparo para que seas capaz de afrontarlo. Lo que tú hagas con la información es cosa tuya.

—No te entiendo. Hablas como si supieras que algo va a pasar —el nuevo silencio del hombre dijo más de lo que estaba dispuesto, pero Broly siguió sin entenderlo.

Las pruebas fueron duras, las enseñanzas dudosas. Broly no entendía a qué venía la actuación en los planetas más calurosos, así como la utilización del braummuro, mineral que todavía no conocía, para pelear. Sin Cara lo ponía a prueba, y mantenerse erguido y poderoso nunca fue tan complicado con el braummuro pegado al cuerpo, a la par que doloroso. Lo peor era cuando llegaba la hora de quitárselo. Él no le ayudaba, y Broly estuvo días con el mineral hasta que descubrió la manera de desprenderse de él. El día número veinte pelearon, y estuvieron muy igualados... hasta que Sin Cara lo enfadó sacando a colación las anécdotas más lúgubres y odiosas de la vida de Broly.

Lo hizo aposta, ahora lo sabía.

Lo llamó pequeño monstruo de papá una y otra vez, lo golpeó hasta que no pudo tenerse en pie y siguió provocándolo con palabras hirientes día sí y día también. No le dejaba dormir. Su pasatiempo favorito era molestarle y luego obligarle a tragarse su orgullo, ya que el guerrero legendario no le hacía sombra a un hombre tan experto y de mente calculadora. Ahora entendía lo que había querido hacer.

Lo había estado preparando para aquel momento, para que mantuviera la cabeza fría y fuera capaz de actuar, para que los sentimientos que lo habían embargado poco a poco no le detuvieran a la hora de la verdad. De esa que Sin Cara había visto muchos años antes.

Sí, ahora lo recordaba todo porque era el momento que Sin Cara había estado esperando, para el que lo había entrenado sin que Broly tuviera la más mínima idea.

—Entonces, ¿se acabó? —le preguntó el día que logró, por primera vez, quitarse las cadenas de braummuro llevado por la rabia absoluta. Por fin consiguió tumbar a su quinto maestro, y se subió encima de él para matarlo por todos aquellos horribles meses. No lo hizo porque él, hábil, lo esquivó y acabó derrumbándolo, como hacía siempre—. ¿Ya está? ¿Eso era todo? ¿Para qué me has puesto esta cosa dorada? ¿Por qué has insistido tanto en que aprendiera a quitármela? ¿Por qué me has hecho pelear en el interior de esos malditos volcanes, por qué me has provocado sin parar, por qué no parabas de hablarme del instinto? ¡No me has respondido a nada, y ahora te vas sin más! ¡Ni siquiera sé quién coño eres!

Sin Cara, envuelto en su halo de misterio, le daba la espalda con su característica indiferencia. Broly estaba furioso... y también dolido. Aunque no había hecho tantas migas con ese desconocido como con sus anteriores maestros, estaba llevado a sentir aprecio por aquellos que mostraban un mínimo interés en él. Con el paso del tiempo, de los meses, de 213 días concretamente, tiempo exacto que estuvo con Sin Cara, había aprendido a admirarle.

Aunque no lo entendía, por primera vez Broly sintió el respeto por un rival digno.

—Lo entenderás dentro de cuarenta años y doscientos trece días —le contestó él.

—¿Dentro de cuarenta años? Ni siquiera me acordaré de ti para entonces.

—No te acordarás de mí hasta entonces, pero ese día sí lo harás. Te he preparado para eso —Sin Cara le dio la espalda. Broly recordaba la noche en la que se fue, con el cielo estrellado y la luna nueva escondida entre la oscuridad—. Vas a sufrir lo que no está en los escritos hasta ese día, chico. Lo sé, pero no te ayudaré.

—¿Por qué no eres más claro? Sabes lo que va a pasar conmigo, pero no te interpondrás porque es necesario para que tu plan se lleve a cabo. No soy estúpido, me has entrenado para eso... Para ser un arma. Es así, ¿verdad? Soy un arma manejable.

—Es cierto. Te estoy utilizando —aunque Broly no dijo nada, aquella declaración le dolió como si le hubieran clavado un cuchillo en el estómago otra vez—. Naciste con mucho poder, naciste para ser un arma y yo, al igual que otros, te utilizamos y utilizaremos para nuestros propios propósitos. Eres un esclavo, Broly, pero no un esclavo de tus instintos, al contrario... Eres un esclavo de tus sentimientos, y por eso tu sufrimiento es imperecedero. Tienes los sentimientos que un saiyajin no debería tener, y estos están en eterno conflicto contra tu instinto. Hasta que no los controles, no podrás decidir quién o qué quieres ser.

Broly le dio la espalda con los puños apretados, enfadado como un niño con un padre por no quitarle sus juguetes y chucherías. Hizo un puchero y sintió los ojos acuosos. Pese a todo lo que había hecho y lo que haría a lo largo de su vida, aquel día lloró.

—¿Por qué os vais todos? Os vais y yo sigo aquí, solo, y todos dejáis algo en mi cabeza. Todos me laváis el cerebro. ¿Por qué nunca os quedáis? —Broly se miró las manos manchadas. Con ellas acarició la cicatriz de su estómago con una ternura que todavía no conocía—. ¿Es culpa mía?

—Sí, lo es. Es tu culpa porque eres un arma manejada por los sentimientos y los instintos de otros, pero no eres el único ni lo serás. Todos nosotros somos así.

—¿Nosotros?

—Sí, nosotros. Para eso hemos nacido. Para destruir y causar muerte en el universo. Somos juguetes de la destrucción, y los que vayan en contra de ello son unos desviados de los instintos animales.

—Quizás no esté tan mal ser un desviado de los instintos en lugar de un arma.

—Algún día, dentro de cuarenta años, dejarás de ser un arma, dejarás de ser un esclavo y tomarás tus propias decisiones. Lo que te he enseñado es un medio para conseguir lo que te propongas, para que puedas elegir entre seguir siendo un juguete, o salirte de la media de lo que nosotros somos para dejarte llevar por tus sentimientos definitivamente. En otras palabras, Broly, serás libre.

—No entiendo nada de lo que dices, pero es igual. Que lo sepa o no, no cambiará nada, ¿verdad? —él no contestó—. Solo dime, ya que pareces estar tan seguro de lo que pasará... alguna vez... ¿habrá alguien que se quede?

Sin Cara leyó lo que quería decir entre líneas. Alguien que se quede conmigo, quería decir. Alguien que no le tuviera miedo, que estuviera ahí pese a ser un arma o alguien controlado por sus sentimientos. Simplemente alguien que no lo dejara solo.

—... Sí. Habrá... Aunque tendrás que esperar muchos años para conocerla.

—Da igual. Esperaré. De todas formas no tengo nada que perder.

El aire caliente de ese planeta azotó el pelo de ambos. Sin Cara anduvo hacia Broly con pasos lentos y silenciosos, y su mano se extendió hasta rozar el pelo del chico, pero se detuvo cuando Broly habló otra vez.

—Antes de que me hagas olvidar hasta ese día dentro de cuarenta años... ¿me dirás quién eres, o serás siempre alguien Sin Cara?

—¿No tienes ni una ligera idea?

Cuando se volvió, el desconocido se había quitado la capucha y dejó su rostro al descubierto. Luego, posó la mano sobre la frente del pequeño guerrero legendario, tapándole los ojos. Broly ya le había visto, y se rió.

—Irónico.

—No es la única ironía que habrá en tu vida. De todas formas, ¿quieres saber quién soy? —Broly asintió mientras las yemas de los dedos del ahora, Con Cara, brillaban con el ki que, de improviso, atravesó sus sienes y golpeó sus recuerdos de los últimos días—... Soy... —Las palabras fueron susurradas antes de caer inconsciente.

Cuando despertó momentos después, Broly no recordaba el rostro de Sin Cara, ni su nombre, ni sus extraños ritos, nada.

Pero ahora lo hacía...

Y entonces, cuarenta años y doscientos trece días después, tal y como Sin Cara había dicho, Broly despertó de su descanso, ensangrentado, con gran parte del planeta Tierra destrozado y Boburia volando sobre la superficie del mismo, con los brazos extendidos a punto de purgarlos a todos.

Ese era el día de la decisión para la que Broly había sido preparado.

Ya había decidido.


He de admitir que admiro vuestra determinación, por absurda que se me haga. Vuestro afán de supervivencia os ha mantenido en pie tras siglos de guerra en el espacio, ajenos a los conflictos interuniversales. No fue hasta la llegada de los saiyajins cuando empezasteis a cambiar el universo y el destino de todo cuanto en él se encuentra. Vuestro planeta, la Tierra, es un lugar de reposo y encuentro para alienígenas, monstruos y seres de todas las clases, un remanso de paz, un campo de batalla, un palacio poco apreciado para vosotros, pobres habitantes de él. Si no soy yo, alguien acabaría por destruirlo. Al fin y al cabo, los últimos miembros de la raza que promueve la destrucción residen aquí, entre vosotros.

El discurso de Boburia se extendía por cada rincón del planeta. La gente se tapaba los oídos y gritaba, asustada, pero ninguno pudo ignorar la voz que hablaba en su cabeza sobre temas que solo unos pocos entendían. Todos supieron que la cosa que flotaba sobre sus cabezas, haciendo acto de aparición en todo el planeta de forma milagrosa, extendiendo los brazos cada vez más a su alrededor, era la que les hablaba.

La gravedad se redujo a la nada, y lo que había logrado mantenerse anclado al suelo flotaba en el aire, luchando por no ser absorbido por la criatura, que parecía atraerlos hacia sí poco a poco.

No temáis. Comparto vuestro pánico, y lo comprendo, pero dentro de poco no seréis conscientes de vuestro sufrimiento, ni siquiera de vuestras vidas. Seréis uno conmigo, y todos seremos iguales; un único ser que crea y destruye, sin injusticias, sin moral, sin bien ni mal, como fue al principio de todo. Vamos a volver al inicio del universo todos juntos.

El pecho empezó a abrirse, y algo similar a una boca dejó ver el interior del mismo, con el corazón a plena vista, bombeando. El pelo de ozaru empezó a desprenderse, cayendo como una lluvia sobre la lava que había escapado de su prisión cuando Boburia destruyó el volcán con su poderoso ataque. El cráter que se había formado bajo sus pies era un río ardiente, un infierno absoluto. La criatura mutó a un ser inestable, vagamente similar a un simio.

La boca que era su pecho empezó a atraer las nubes oscuras, tragándoselas al igual que los seres que no podían mantenerse pegados al suelo. En la Corporción Cápsula pasaron un infierno para mantener a todos en su sitio, agarrados unos a otros y aguantando el huracán que lo arrancaba todo de cuajo para ser absorbido. El pánico era absoluto, pero antes de que Boburia pudiera tragarse ciudades enteras, o lo que quedaba de ellas, algo más se coló en su interior.

Diminuto polvo brillante, como un diamante, fue absorbido, y una explosión colosal hizo que el corazón de Boburia estallara y la boca de su pecho se cerrara con un gemido estremecedor. El aire huracanado se detuvo, y la criatura, gruñendo y cerrando los larguísimos brazos alrededor de la herida, tosiendo sangre, alzó la cabeza para encontrarse con el agresor.

Frente a él, un único guerrero desconocido había tomado forma, e impertérrito, le observaba con absoluto desdén. No lo reconoció como Vegeta, pero tampoco lo reconoció como Goku, aunque características propias de cada uno resaltaban en el nuevo súper saiyajin.

Gogeta estaba enfadado, tanto como las dos personalidades que habían formado su persona. Vegeta odiaba realizar la fusión, y Goku había perdido la paciencia después de ese ataque directo. El resultado fue ese. Dos de los guerreros más poderosos del universo se miraron mientras huían de semejante golpe, y no hizo falta usar las palabras. No había tiempo que perder. La danza de la fusión fue rápida, y cuando Gogeta apareció como resultado de la unión de ambos cuerpos y personalidades, la luz resplandeciente ya se le había echado encima. Recibió el impacto de pleno, motivo por el que sus pantalones estaban ajados y la prenda que le cubría los hombros había desaparecido. No tardó en descubrir que la situación era crítica. De no ser así, Vegeta nunca hubiera accedido a realizar una nueva fusión, y él no habría recibido herida alguna.

—Tú no eres el príncipe, ni tampoco Kakarotto —dijo Boburia con voz estrangulada.

—No soy ninguno de los dos, pero me das tanto asco como a ellos —Gogeta no podía perder tiempo, porque al fin y al cabo solo podría pelear durante un tiempo muy limitado. Decidió qué hacer al recordar dónde estaba la esfera de seis estrellas, y se precipitó contra la criatura.

Boburia agitó los enormes brazos para que no se acercara, y levantó un muro telekinético que se rompió en cuanto Gogeta se estrelló contra él, atravesándolo como si fuera cristal. Por mucho que lo intentó, Gogeta dio contra sus tripas de lleno, clavándose en su estómago como un meteoro y clavando los dedos en él, tirando de la durísima carne para abrirlo. No le hizo falta, pues un agujero simulando una gran boca, al igual que el agujero de su pecho, se abrió. Una lengua viperina se enrolló alrededor de la cintura del guerrero, y empujó de él hacia dentro.

La caverna estomacal se cerró, dejándolo atrapado en la más absoluta oscuridad, entre paredes babeantes, repletas de jugos gástricos e intestinos que, como tentáculos, empezaron a enrollarse alrededor de las extremidades de Gogeta, dificultándole la tarea de seguir hacia adelante en búsqueda de la esfera. El guerrero, sintiéndose acorralado y claustrofóbico, notó cómo los intestinos se cerraban a su alrededor como los anillos de una anaconda, dificultándole incluso la respiración. Acumuló ki y lo expulsó con un grito enervado, pero aunque hubo recesión, la cavidad se reconstruyó antes de que pudiera avanzar unos pocos metros, asfixiándolo de puro agobio.

¿Por qué intentáis detenerme? ¿Es que no me habéis oído? ¡Todos saldremos ganando! El universo será justo, no habrá diferencias entre unos y otros porque seremos solo uno. Alcanzaremos el Bien y la Paz absoluta. ¿Por qué sois tan egoístas y crueles?

Gogeta peleó por liberarse de los intestinos lanzando esferas de ki que atravesaban a la criatura por dentro, pero daba igual cuánto luchara, porque todavía más rápido de lo que ocurría con su capa exterior, se reconstruía.

—¡Maldito seas!

¿Maldito yo? No. Yo soy la salvación de vuestro mundo. Vosotros sois los criminales.

—No pienso discutir contigo, criatura. ¡Dame la esfera ahora!

¿Para qué la quieres? Tu hijo muerto no volverá a este mundo porque, dentro de poco, no habrá mundo al que regresar. ¿Lo entiendes? Está bien muerto, en el cielo o en el infierno. De todas formas, también nos reuniremos con él.

Gogeta apretó los dientes mientras era aplastado entre el intestino grueso y el intestino delgado, cada vez más apretado entre las tripas. El olor era insufrible y las babas y la sangre vomitivas. Entre ambos, sintió cómo los tobillos y muñecas eran inmovilizados hasta hacerle imposible luchar contra ellos. Siguió resistiéndose inútilmente. Aquello era como las cabezas de una Hidra. Cuantas más cortaba, más crecían.

—No entiendes nada, criatura —rechinó Gogeta entre dientes, con las mejillas hundidas por la presión—. El mundo no es justo porque nosotros debemos pelear para hacerlo justo. La determinación y la voluntad definen el espíritu, nos hacen celebrar la victoria o nos hacen luchar con más fuerza para conseguirla. Si nos haces iguales, un único ser, no solo anulas lo peor de nosotros, sino también lo mejor... ¡Somos egoístas, pero tenemos derecho a luchar por nuestras convicciones! ¡Ahora dame la maldita esfera!

No os entiendo. Ganáis más de lo que perdéis. ¡Y ni siquiera seréis conscientes de vuestro dolor! No tendrás que sufrir por vuestros familiares caídos, guerreros.

Gogeta, agotado, empezó a escarbar entre las tripas con sus propias manos, sin usar ki, pues el uso indiscriminado de este empezaba a agotarle, y eso solo conseguiría deshacer antes la fusión. No volvió a hablar con Boburia para guardar energías, y mientras escarbaba con la voz del monstruo en su cabeza, tras largos y angustiosos minutos, encontró lo que buscaba.

La esfera resplandecía en la oscuridad de esa cavidad, incrustada en los riñones. Deslumbraba con luz propia, y para Gogeta fue más que suficiente. Fue hacia ella usando toda la fuerza que su cuerpo le permitía, nadando, y una vez la tuvo a dos escasos metros, alargó el brazo para cogerla.

Y entonces las tripas se desmoronaron. Los intestinos tiraron de él hacia atrás, y los riñones se alejaron. La esfera se hundió entre las vísceras, escapando de la visión de Gogeta, que desesperado, empezó a nadar y a gritar para alcanzarla. Una parte de él, la perteneciente a Goku, perdió el control por pura desesperación. El ki empezó a salir a raudales del cuerpo, y las ráfagas apuntaron a los riñones como si fueran globos de agua frente a una escopeta de juguete. Disparó repetidas veces. La sangre estalló, en ocasiones llegando hasta su cara, y Goget se abrió camino nuevamente. La esfera volvió a aparecer enterrada en la carne de Boburia, en su espalda, que empezó a deshacerse hacia atrás. Un nuevo agujero se abrió, dejando ver el exterior, y la esfera de seis estrellas quedó en el borde de la misma, apenas sujeta sobre el mar de lava.

Los ojos de Gogeta se abrieron como platos cuando la esfera se zarandeó en el borde. Estiró el brazo hasta que no dio más de sí. La rozó con un dedo.

Y la esfera fue escupida a cientos de metros de altura sobre el río de lava.

—¡NO!

En la mente de Gogeta, Goku se volvió contra Vegeta para que se apartara y lo dejara ir, y el príncipe no pudo impedírselo. La fusión se rompió de inmediato. Los dos cuerpos se separaron y Goku dejó escapar toda la fuerza que tenía para soltarse del resto de tripas y abalanzarse en picado sobre el río de lava en busca de la esfera.

—¡MIERDA! —todavía intentando salir de entre esa masa viscosa, Vegeta se precipitó hacia el exterior, tras él, temiendo que cometiera una locura. Si no estaba transformado en un súper saiyajin de nivel tres, la lava le heriría gravemente, pero Goku ya no era consciente de ello.

Vegeta logró salir instantes después, pero aunque se lanzó en picado tras Goku, no dio con él. Un obstáculo inesperado se interpuso en su camino. La cola de Boburia se elevó y, antes de que Vegeta pudiera verla venir, centrado en el cuerpo de su compañero, dio dos sacudidas, logró cerrarse alrededor de una de sus piernas y, momentos después, se cerró alrededor del cuerpo del príncipe dejándolo sin respiración por la fuerza ejercida. Agotado, intentó transformarse en un súper saiyajin de nivel tres, pero solo alcanzó la fase dos a duras penas, y eso no bastó para liberarse.

Desde allí, pudo ver cómo Goku extendía la mano para agarrar la esfera que se camuflaba por su color cayendo sin detenimiento. Desde allí vio también cómo Boburia dejaba caer uno de sus enormes brazos hacia abajo, sobre el río de lava. Vegeta se escandalizó.

—¡KAKAROTTO! —gritó, y solo cuando ya era demasiado tarde, cuando la esfera estaba a punto de ser acogida entre sus manos, Goku se percató de lo que ocurría.

El brazo de Boburia cayó como una losa sobre la lava, levantando una ola ardiente de diez metros de altura. La ola cayó por su propio peso, pero en el proceso azotó al ser equivocado. Llegó hasta Goku, se cernió sobre él, cuyos ojos se desorbitaron cuando detectó la pared de lava viniéndosele encima. No le dio tiempo a transformarse en súper saiyajin de nivel 3 para invulnerabilizarse al fuego, y la ola se lo tragó y lo remolcó.

Lo alejó de la esfera de seis estrellas, que desapareció en aquel ardiente infierno, sepultando sus esperanzas de volver el universo a la normalidad, de traer a Goten de vuelta, de despertar a Picolo, de reconstruir y sanar a los heridos.

Eso dolió más que las graves e insufribles quemaduras padecidas.

—No... no, no, no, no, no... ¡NO, NO, NO! —Vegeta gritó con todas sus fuerzas, estupefacto al darse cuenta de que todo había salido mal.

Habían perdido la esfera, esta vez sin posibilidad de remisión, y estaba seguro de que Goku habría sido herido de gravedad. La energía tras la fusión era ínfima en comparación a lo que podrían tener, y Boburia solo podría ser derrotado de una manera, a esas alturas imposible de llevar a cabo.

Estaban condenados.

Iban a ser purgados.

Vegeta ya pensaba así cuando Boburia apretó los anillos alrededor de su cuerpo hasta que sonó un crujido que lo dejó con la boca abierta y los ojos casi en blanco. Perdió la noción de la realidad un segundo, y cuando recuperó la consciencia, el dolor en la espalda y la cadera era insufrible. Pese a ello, había algo peor.

Boburia lo soltó y Vegeta cayó, en primera instancia, como un peso muerto. Logró alzar el vuelo y mantenerse levitando, desorientado y buscando terreno para aterrizar. Cuando encontró una amplia roca que sobresalía de la lava, se dejó caer en ella cuan largo era.

No cayó de cara porque quisiera, ni se quedó tumbado boca abajo porque estuviera agotado.

Lo hizo porque no sentía las piernas.

Al otro lado del mar ardiente, sobre una pequeña isla arenosa, Goku se restregaba contra la tierra para intentar calmar las dolorosas quemaduras. Las ampollas crecían, sanguinolentas, algunas pegadas a su ropa, la que se apresuró a arrancar para que no se pegara a la piel de un color negruzco, rezumando humo. Cuando el guerrero supo que no podría calmar el dolor, se derrumbó boca arriba. Al buscar la esfera de seis estrellas a su lado y no verla, se mordió el labio hasta hacerlo sangrar. La única agua que calmó su dolor fue la de sus propias lágrimas.

Goten nunca volvería. Le había fallado otra vez.

Los guerreros más poderosos del planeta Tierra estaban acabados, pero no derrotados. Todavía había una cosa que podían hacer, algo que ya habían hecho en otras ocasiones, uno contra Cel; otro contra Buu.

Pero esta vez, sería la definitiva.


Corporación Cápsula

Familia Brief


Trunks cayó sobre la nevera. El cuerpo de Picolo, sujeto contra su cintura, dejó de ser arrastrado hacia arriba, lo que lo hizo más manejable. Todavía levitando por el cambio gravitatorio, logró soltarlo sobre la camilla y atarlo a esta. Ancló las patas de acero de la misma fundiéndolas con ki, y tras asegurarse de que no se movería por mucho aire que se levantara, volvió a la nevera y la abrió. El cuerpo de Goten levitó, tieso por la congelación, y Trunks lo agarró contra sí mismo. El frío que le recorrió cuando lo tuvo entre sus brazos no le molestó.

Por lo que quedaba del pasillo derrumbado, oyó los gritos de su madre. Bra, incapaz de mantenerse erguida por la falta de gravedad, entró en lo que quedaba del laboratorio clínico aferrándose a las paredes. Bulma estaba colgada alrededor de su cuello, sacudiendo los pies como si nadara, intentando mantenerse recta inútilmente.

—¿Qué demonios estás haciendo? ¡Tenemos que ir al sótano, al piso inferior antes de que empiece otra vez! ¡No es momento para...! —inició Bulma la pelea. No obstante, al ver el cuerpo de Goten entre los brazos de su hijo, calló.

—Necesitamos otra cámara frigorífica. Esta se ha roto —Bra y Bulma se preguntaron de dónde demonios iban a sacar otra cámara frigorífica ahora, pero la expresión de Trunks no dejaba lugar a las negaciones. El calor que había dejado tras de sí el fortísimo viento ya empezaba a provocar estragos en el cuerpo congelado, que empezaba a empaparse y a perder rigidez.

—Vayamos abajo primero, Trunks. No encontraremos otra cámara frigorífica hasta que la situación se calme —intentó convencerlo Bulma, pero el susodicho golpeó la nevera con el puño cerrado en gesto hostil.

—Tiene que ser ahora. Unas horas con este calor y Goten se descongelará. ¡No voy a permitir eso!

—Goten está muerto, Trunks —expresó Bra.

Respirando como un toro bravo, como si le hubieran dedicado el peor de los insultos, el Trunks de Pesadilla fulminó a su hermana. Deseó, por el enfado, que estuviera muerta para no mencionar nunca ese hecho del que no quería ser partícipe; Goten estaba muerto, y todos los intentos por preservar su cuerpo eran inútiles.

Bra, tras notar la agresividad de su hermano, decidió darle un tiempo mientras se dirigía hacia el cuerpo de Picolo. Él, aunque en coma, sí seguía vivo, y la esperanza de que despertara algún día no había desaparecido.

Entonces, una voz resonó en la cabeza de ambos hermanos.

Trunks, Bra.

¿Papá?

Bra se tensó. Era la primera vez que alguien entraba en contacto telepático con ella. Ni siquiera sabía que eso se podía hacer. Trunks elevó la vista al cielo, donde Boburia permanecía en la lejanía.

No hay gravedad, y hay una cosa que no me gusta nada flotando en el cielo. ¿Necesitáis ayuda para acabar con él?

Trunks crujió los nudillos con Goten sobre su hombro. Una palabra de su padre bastaría para ir a matar contra esa criatura inmunda, pero esa petición nunca llegó. Por el contrario, un suspiro de cansancio y resignación inundó sus cerebros.

Trunks, Pesadilla o lo que seas... Eres el guerrero más poderoso y el único que sigue intacto y capacitado para la lucha, y vas a tener que cargar con ello. No hay lugar para las dudas ahora. Nuestra estirpe guerrera y la protección de lo que queda de este planeta dependerá únicamente de ti en las próximas horas, así que escúchame con atención; reúne a tu hermana y a tu madre, y también a la familia de Kakarotto y a todo aquel que creas que merece la vida para ti... y ponlos a salvo.

El corazón de Trunks dio un vuelco. Bombeó deprisa, con un sudor frío recorriendo su espalda frente a la incomprensión de Bra, que intentaba vislumbrar a su padre en los alrededores, sin éxito. El mayor tragó duro.

¿Quieres que cuide a mamá y a Bra, papá?

A Bra le pareció que esa pregunta estaba fuera de lugar, pero para Trunks tenía un significado especial, ya fuera para el Perfecto o el de Pesadilla. La última orden que había recibido de su padre hacía más de veinte años, instantes antes de que lo dejara inconsciente y se hiciera saltar por los aires frente a Buu para protegerlos a todos, fue que cuidara de su madre. Ese recuerdo vivía rígido en él, y Vegeta entendió el secreto significado del mensaje, su código secreto para el aviso de autodestrucción.

... Sí.

A Trunks no le hizo falta nada más. Apretó los labios, temblorosos como único gesto de inquietud.

Sabes que puedo ir en vuestra ayuda, ¿verdad? Solo tienes que decirlo. Lucharé a vuestro lado contra esa cosa. ¡Solo dame algo de tiempo!

Tiempo es lo que no tengo. Ahora mueve el culo y haz lo que te digo. No hagas... No hagas que nuestro sacrificio sea en vano.

—¿Sacrificio? ¿Qué sacrificio? —Bra se alteró, pero Vegeta no respondió. La chica se volvió hacia su hermano y Bulma con ella, repentinamente muda—. ¿De qué habla papá, Trunks? ¿Qué está pasando? —pero, nuevamente, no hubo respuesta por parte de ninguno.

Bra, no te alteres. Escucha a tu hermano y haz lo que él te ordene, ¿está claro?

—Pero papá, ¿qué está pasando? ¿De qué sacrificio hablas?

Mira, niña, no voy a darte explicaciones. Solo haz lo que tu hermano haga y poned a los que podáis en un lugar seguro. Tu madre te lo explicará cuando la cosa haya acabado. Ella lo entiende.

Bra miró a su madre de reojo, cuya cabeza se había hundido repentinamente sobre su hombro. Sus dientes apretados dieron la señal de que reprimía duras palabras, y la joven notó el tacto húmedo de las lágrimas.

—No me fastidies, Vegeta. ¡No voy a tolerar esto! ¡Dile a tu padre que quiero verle en casa ahora mismo y que se deje de tonterías! ¡No quiero un maldito héroe en mi familia, así que si tiene que huir, que huya, pero si tiene pensado sacrificarse como hizo con Buu... no volveré a dirigirle la palabra en la vida!

Vuestra madre es terca como una mula y dice tonterías cuando se pone nerviosa. Necesitará una ayuda extra cuando esto termine, Bra, así que quédate a su lado.

Bra empezó a oler a chamusquina con esas expresiones tremendistas que su padre no solía usar. Se imaginó algo que, sin embargo, apartó de su mente sacudiendo la cabeza con incredulidad y pavor.

—¿Qué insinúas, papá?

Bra... no vayas con Broly. Al menos no después de esto. Parte de la culpa es suya por no destruir a Boburia cuando tuvo ocasión, y nunca se lo perdonaré. Tú solo... No estoy enfadado contigo, ya no, aunque tú sí lo estés. No voy a pedirte perdón por intentar protegerte de esa mala bestia. Sé que hemos tenido disputas por esto, y esta es la última vez me oirás echártelas en cara, y por eso necesito que me escuches. Vosotros solo... Sobrevivid a esto. Sois mi legado. El único. Sea donde sea, seáis lo que seáis y os dediquéis a lo que os dediquéis, incluso si es fuera de este planeta, incluso si decidís ser asesinos y purgar planetas como yo lo hice... hagáis lo que hagáis, decidáis lo que decidáis... vivid sabiendo que sois hijos de Vegeta.

Después de eso, solo hubo silencio. Bra, por fin, entendió. Trunks se movió, desató el cuerpo de Picolo y lo cargó sobre su hombro al igual que el cuerpo de Goten.

¿Y mamá? ¿Quieres que le diga algo a ella?

Un nuevo suspiro.

Vegeta dijo algo que no había dicho jamás. La conexión se rompió.

Cuando Trunks le comunicó a su madre sus últimas palabras, Bulma y Bra rompieron a llorar en silencio.

Las palabras que Bulma había esperado oír desde hacía treinta y cuatro años nunca fueron tan amargas.


Corporación Cápsula

Familia Son


Chichí, agarrada a Videl y a su nieta, pataleaba sobre el aire con grititos de angustia. Intentaba hacer frente a la falta de gravedad, pero esta la enviaba de nuevo al cielo con un cosquilleo en el estómago. Con afán protector, la mujer se llevó las manos a la barriga, que empezaba a tener una ligera curvatura. Pan tuvo que agarrarla del tobillo para y tirar de ella para que no se fuera volando. Cuando el viento se calmó, las mujeres supieron que tenían que irse de allí y buscar un lugar seguro, pero aunque aclamaron por ir tras Bra y Bulma, Gohan se quedó en el sitio, frente a ellas, con las piernas apoyadas en el suelo pese a la falta de gravedad.

—¿Gohan? —preguntó Videl. Soltó a Chichí alrededor del cuello de su hija y voló hasta su marido, que en silencio, les daba la espalda. Preocupada, lo agarró de su único brazo libre por si tenía que ayudarle a mantener el equilibrio, pero Gohan siguió sin moverse—. Tenemos que irnos, Gohan. Vamos —Videl respaldó sus palabras ausentes tirando de él otra vez, pero siguió sin moverse.

Su cabeza se alzó y su único ojo quedó clavado en el cielo repentinamente oscurecido.

Papá... sé que estás ahí.

La conexión mental estaba hecha desde hacía unos minutos, pero ninguno de los dos, tanto padre como hijo, habían dicho nada entre sí.

Ey, Gohan. Estaba pensando y dando vueltas por tu cabeza. Deberíamos haber practicado más con esto de la telepatía. No sabía que podía ver algunos de tus recuerdos.

Nada más decir eso, la mente de Gohan se replegó, y los recuerdos que habían estado libres y que habían sido vistos por Goku, se difuminaron hasta quedar guardados y ajenos a la visión de su padre.

Tranquilo, solo puedo ver los recuerdos en los que salgo yo, y no son muchos.

¿Qué tienes que decirme, papá?

... He perdido la esfera de seis estrellas. No hay manera de recuperarla.

Los ojos de Gohan se agrandaron, y su labio inferior tembló. El aire quedó atascado en su garganta.

¿Insinúas que Goten no va a volver? ¿... Por qué te quedas callado? ¿Cómo has podido dejar escapar la esfera? ¡¿Cómo puedes ser tan irresponsable, papá?! ¡Hemos luchado lo que no está en los escritos por recuperarla, y tú me dices tan tranquilo que se te ha escapado, que mi hermano está muerto, que yo me quedaré deformado de por vida y que el planeta no se recuperará de la destrucción que nosotros mismos hemos provocado! ¿¡Cómo puedes siquiera hablarme después de esto!? ¿Y por qué me lo cuentas desde lejos? ¿Esperas que yo se lo diga a mamá y a Pan? ¡SI LA CULPA ES TUYA!

Los hombros de Gohan se encogieron, y las mujeres de la familia Son no entendieron por qué, de pronto, él empezó a sollozar.

Eres de lo peor, papá. Hace mucho que me di cuenta de eso, pero nunca dije nada. Intenté convencerme de que había razones... pero estoy cansado de engañarme a mí mismo. ¡No eres el héroe que todos piensan, eres escoria, o peor todavía, eres una farsa!

Goku aceptó las represalias sin un pensamiento en contra, y Gohan siguió recriminándole su comportamiento y todos los actos de su vida reprochables. En su cabeza hubo un aluvión de recuerdos punzantes, desde Gohan peleando en Namek, solo, hasta su llegada, pasando por la negación del dragón cuando desearon que volviera a casa, siguiendo por la falta empatía que para Goku no era tal, hasta llegar a Cel y la despedida de su hijo. A partir de ahí, todo se vio difuso. Hubo mucha soledad y muchas sonrisas después de eso, un crecimiento físico y mental, a la par que sentimental e intelectual, y él no estuvo allí para verlo. La cabeza de Gohan se centraba más en los recuerdos que tenía con Chichí y Goten, con Videl y con Pan, y Goku quedó relegado a un segundo y tercer plano poco a poco... Llegados el punto ya no lo necesitaba.

Goku se vio otra vez a sí mismo en sus recuerdos. Eran los últimos momentos vividos en los que Gohan, después de muchos años, se había sentido apoyado por su padre otra vez. Había sido como volver a ser un niño pequeño que necesitaba de su constante vigilancia. Se había dejado llevar por la confianza otra vez, y Goku volvió a estar en primer plano.

Y ahora, por tercera vez, Goku traicionaría su confianza.

Nunca he pensado que llegaría el momento en el que fuera capaz de decir esto, pero papá yo...

¿Me odias?

Sí, te odio. ¡Te odio, papá, te odio!

Ya veo.

¿Ya ves, solo eso? Irresponsable. ¡No te importa nada!

Voy a morir otra vez, Gohan.

El joven dejó de sollozar. Su silencio inquietó todavía más a los demás Son.

No quiero seguir escuchándote.

Pues vas a tener que hacerlo. Solo quedas tú.

¡No, no quiero saber nada de tus locuras! ¡Tienes otro hijo en camino! ¿Otra vez vas a dejármelo a mí? ¿ES QUE TÚ NO APRENDES? Nunca te importó Goten, ¿verdad? ¡Para ti somos un juego, una excusa, no tienes...!

No me levantes la voz, Gohan.

Goku no tuvo que gritar para que su hijo le escuchara. Su orden sonó tan dura, que Gohan calló como un muerto.

Nunca he querido morir, pero tampoco he sentido miedo de la muerte las veces que lo he hecho. Solo es una consecuencia de nuestros actos como guerreros. Vivir y morir, creo que nosotros no tenemos lamentos especiales por ello. Morir peleando es el mejor fin, así que no le he dado especial importancia a ello... Pero lo cierto es que... ahora sí que no quiero morir. Haría cualquier cosa para evitarlo, pero a veces las cosas no salen como uno espera, y ahora lo sé. Siempre te dejo a ti la peor parte, y lo siento... pero vas a tener que volver a cargar con ello.

Entonces Gohan volvió a sollozar.

Esta vez no es un capricho. Si encuentro la manera de volver a casa con Goten en el Más Allá, volveremos, pero si no la encuentro... hazlo lo mejor que puedas, Gohan. Eres muy diferente a mí, y por eso sé que lo harás bien.

Durante largos segundos, Goku solo pudo escuchar los sollozos de su hijo a través de esa conexión mental. Respirando con una tranquilidad que no había sentido en los últimos meses, decidió que era hora de acabar.

Dile a Chichí que lo siento, que voy a ir a por Goten aunque sea de esta manera. Dile también que...

Gohan sollozó con más fuerza, hasta que el llanto fue insostenible. Videl y Pan no sabían qué hacer. Nuevos recuerdos surgieron, pero esta vez no tenían nada que ver con los malos momentos en los que Goku no había estado, sino con todos en los que sí había estado. Gohan tuvo numerosas memorias de cuando era un niño ingenuo, antes de conocer a Picolo, perdiéndose en el bosque y siempre siendo encontrado por su padre mientras lloriqueaba por el miedo. Volvía a casa más tarde sobre los hombros de su padre, y de camino, todo eran risas.

Goku cortó la conexión mental después de ver esos últimos recuerdos. Se reía.

—¡Me estás asustando, Gohan! Tenemos que irnos de aquí —le gritaba Videl, dudando si debería darle un golpe para tranquilizarlo, porque su marido parecía estar en medio de un ataque de tristeza.

—Tu padre lo ha vuelto a hacer, ¿verdad? —preguntó Chichí tras ellas. Su cabeza se había hundido entre los omoplatos de Pan, y una de sus manos acariciaba insistentemente su barriga, buscando la paz que no podía encontrar fuera.

Ni Videl ni Pan entendían nada, ni tampoco lo hicieron cuando Gohan gritó que odiaba a su padre a los cuatro vientos.

Nadie se lo tomaría en serio, porque por la manera en la que lloraba, estaba claro que sus palabras eran contrarias a sus sentimientos.


Boburia veía su victoria. Su poder infinito. Su superioridad indiscutible. No quedaba nadie en pie que pudiera hacerle frente, y los pocos que intentaran luchar, eran carroña ignorante que no sabía lo que hacía. Alguien con una mente superior, como la suya, debía guiarlos por el camino correcto, hacia la salvación del alma. Para eso, tendría que mancharse las manos con trillones de muertes, pero Boburia estaba dispuesto a sacrificarse por el bien colectivo. Empezaría por el planeta Tierra, y luego, uno a uno, purgaría los pecados del universo para su salvación y beatificación.

Nadie se lo impediría, ni siquiera los dos halos de energía vital que iluminaban la oscuridad en la que se había transformado la clara mañana.

Bajo él, Boburia divisaba los cuerpos heridos y apagados de los dos saiyajins más poderosos y tercos que había conocido. Ya apenas distinguía sus figuras ancladas en el suelo, elevándose haciendo de tripas corazón por las heridas. El viento cambió de rumbo, y la gravedad volvió, esta vez alrededor de los saiyajins que, postrados en el suelo, acumulaban sus fuerzas para realizar un último movimiento con la esperanza de imitar el calor del núcleo del planeta, algo, ya de por sí, imposible. Lo sabían, pero también sabían que no había baza. La otra opción era rendirse y unirse a la criatura que los amenazaba, pero la palabra rendición no estaba en el vocabulario de un saiyajin, y menos todavía en el de ellos. La lava se agitó por la atracción de la energía que se concentraba en esos dos cuerpos luminosos, moviéndose como las olas del océano. La energía absorbida fue menor que la que sus cuerpos ya segregaban, con el ki segregando hacia afuera en ráfagas cegadoras.

Goku, con una rodilla hincada en el suelo y con el dolor muy vivo de las quemaduras, se levantó y levitó. En el otro extremo del volcán, Vegeta aguantó la punzada en su espalda y alzó el vuelo. Sus piernas colgaron incapaces de moverse, perfectamente unidas al resto de su cuerpo, pero insensibles a cualquier orden cerebral o daño, desconectadas del sistema nervioso.

Ambos cruzaron miradas, y por un motivo no muy claro, sonrieron.

Es inútil. Vuestro sacrificio no podrá detenerme. Sois guerreros poderosos y admiro vuestro esfuerzo, pero por mucho que lo intentéis, el destino del universo ya está decidido. Es hora de empezar desde el principio, y vuestra unión conmigo sería una gran victoria para el futuro. No os echéis a perder por ese inútil orgullo vuestro.

Ninguno de los dos respondió a ese comentario, y tampoco hubo ningún pensamiento al respecto, ninguna duda. Lo tenían asumido, y no suponía una gran carga. Al fin y al cabo, era una muerte digna y esperada, la única forma en la que un guerrero puede morir; deshecho de orgullo durante una batalla.

Goku empezó a sentir el interior de su cuerpo revolviéndose, casi deshaciéndose de dentro hacia afuera por la energía que buscaba salir desesperadamente, disparada en un aluvión hasta dejarlo seco. Vegeta ya había vivido antes eso. No dolía, pero la impresión era grande, como si el alma se escapara del cuerpo. La transformación que habían adquirido, la de súper saiyajin de nivel tres por última vez haciendo un esfuerzo bárbaro, empezó a deshacerse cuando el ki empezó a desestabilizarse, como una bomba a punto de estallar.

Bulma se va a poner hecha una fiera.

¿Crees que Chichí no? Otra vez la dejo sola, y otra vez embarazada. Si se nos permite volver a casa algún día, me matará a sartenazos.

Por lo menos tú vas a ver a Goten. Yo espero no volver al infierno. Es jodidamente aburrido.

Piensa que si vas al infierno, podrás hacerle la vida imposible a Freezer.

¡Jump! Eso tiene buena pinta.

Pero no creo que vayas. Después de más de treinta años luchando por este planeta y sacrificándote por tu familia, ya eres uno de los buenos, y no hay marcha atrás en eso.

Incluso en la muerte me vas a tocar las narices, ¿no, Kakarotto?

Bueno, piénsalo. ¡Ahora eres un súper saiyajin de nivel tres! Nunca hemos peleado en esa forma. ¡Eso es emocionante!

En eso tienes razón, Kakarotto. Toda la jodida razón.

La luz dorada deslumbró a Boburia, que ignorante, aunque capaz de leer los pensamientos de los dos saiyajins, fue incapaz de entender su aflición y desprecio por unirse a su épica hazaña.

Aunque... me gustaría conocer a Gora. Y también me gustaría que Goten la conociera. Ojalá hubiera conseguido traerlo de vuelta; no creo que le haga especial ilusión verme en el Más Allá. ¿Y tú, te arrepientes de no haberte casado antes con Bulma?

Claro que no. Esa boda es un paripé innecesario que le hace ilusión a la mujer, solo eso.

Entonces ¿no te arrepientes de nada?

...Quizás fui demasiado duro con Bra. Es joven, y debe cometer errores y aprender a solucionarlos por sí misma. Me he inmiscuido tanto en su vida, que he descuidado la de Trunks. Adulto o no, a veces necesita un buen escarmiento para espabilarse.

Es cierto, ya somos dos. Gohan me odia ahora, y es normal después de todo lo que ha pasado. Vaya calamidad de padres, ¿verdad?

Ni que lo digas.

Pero supongo que lo hemos hecho lo mejor que hemos sabido con lo poco que nos han enseñado. Esa es mi excusa.

Vegeta casi podía ver a Kakarotto rascándose la nuca con ese gesto despreocupado que tanto le mosqueaba. Sin embargo, una última sonrisita sarcástica en lugar de un fruncimiento de ceño fue lo que apareció.

Esta técnica suicida... ¿Duele?

No seas nenaza, Kakarotto. Échale un par.

¡Lo aguantaré mejor que tú, Vegeta, y mi explosión será mayor!

¡Eso está por ver!

Describir lo que se cocía en sus sentimientos era imposible. Estos no iban unidos a la genética saiyajin, más ligada a la actuación que a la reflexión, pero eso no quería decir que carecieran de ellos. Estaban decididos, y la suerte estaba echada.

No servirá de nada.

Boburia insistió, tranquilo. Levantó una barrera telekinética frente a él para hacer de doble barrera en la explosión. Entonces, sintiendo cómo la energía vital abandonaba sus cuerpos, ellos cerraron los ojos para explotar por los aires en un último impacto.

Maldita sea... ¿y vosotros sois los guerreros más poderosos de este planeta? ¡Putos tremendistas quejicas!

La explosión inminente se detuvo en su cénit, y los cuerpos recuperaron la suficiente estabilidad como para volver a la consciencia de lo que les rodeaba. Ambos alzaron la cabeza al grito de esa voz ruda y entusiasta, y descubrieron, para su grata sorpresa, y para la desgracia de Boburia, el cuerpo de un nuevo guerrero incorporándose a la batalla final, uno con el que, debido a sus heridas, no habían contado.

Sobre la gran cabeza de Boburia, el guerrero legendario, puro músculo y decisión, había vuelto para dar el último golpe.

¡Tú, jodida criatura!

Boburia tronó en su mente, descompuesto al ver a su magnífica creación todavía con vida. Transformado en ese ser de cuatro metros y más de trescientos kilos, Broly seguía visiblemente herido, y eso devolvió la estabilidad al alienígena, confiado. La sangre flotaba en el aire de su alrededor, llevada por la gravedad, y el guerrero legendario, pese a tener una mirada que causaba pavor, seguía sin poder hacer nada contra él.

Estaba taaaaaaan equivocado.

Broly no pensó nada para que Boburia no le leyera el pensamiento. Sus movimientos fueron espontáneos, y por tanto, tampoco Vegeta ni Goku estuvieron preparados para lo que iba a hacer. De pronto, se abalanzó sobre la criatura en un vuelo en picado contra ella, y Boburia, como respuesta, alzó una barrera telekinética frente a sí. El guerrero legendario la esquivó y pasó por su lado, directo hacia la lava que bullía fuera del volcán.

¡¿Qué coño haces?! ¡No puedes pelear, idiota!

El grito de Vegeta fue ignorado, y Broly pasó del cuerpo de Boburia. Cuando estos ya se preguntaban qué demonios intentaba, los ojos de Goku se agrandaron. Fue el primero en entenderlo cuando vio que, además de acercarse a la lava, se acercaba peligrosamente a la larguísima cola del boburriano, que colgaba bajo él a apenas unos metros de la lava. Cuando Broly abrió los brazos y enganchó la extremidad, tiró de ella brutalmente hacia abajo, y esta dio un latigazo en el aire antes de tensarse como la cuerda de un violín y tirar de él hacia abajo. El cuerpo de la criatura se vino abajo, siendo arrastrado por Broly hacia el volcán.

¡NO! gruñó Boburia.

Sí, se regodeó Broly.

Pasó justo entre Vegeta y Goku. No les hizo falta nada más que una mirada para saber lo que debían hacer antes de que el cuerpo de Broly se hundiera en el río de lava, arrastrando a la criatura junto a él. Boburia pataleó, agitando los larguísimos brazos con histeria. Sus patas se hundieron en la lava, y aunque estas soportaron el horrible calor, él lanzó un rugido de dolor y furia al cielo. Medio cuerpo se hundió antes de que, con uñas y dientes, consiguiera extender los brazos lo suficiente como para aferrarse a la tierra de más allá del lago ardiente, clavando las garras allí. Dentro del volcán todo era rojo, como nadar en lodo por lo espeso. La temperatura era lo de menos. Debido al agarre de Boburia en el exterior, Broly se vio entre la espada y la pared, incapaz de tirar más de él en ese agujero del infierno. La cintura del monstruo quedó atascada en el agujero del que emergían las tripas del planeta tierra, con Broly tirando de ella y Boburia resistiéndose a como diera lugar.

¡Todos vuestros planes son inútiles! ¡Soy el futuro del universo, soy Dios, soy inmortal! ¡Estúpidos monos, no podéis matarme!

Los largos brazos fueron cercenados inmediatamente después, primero el derecho, y la figura de Goku estuvo presente en las retinas de Boburia cuando este, ya sin desprender más luz que la de su transformación en súper saiyajin de nivel dos, rebanó su brazo desde el hombro con un golpe de ki en un corte limpio. Sus ojos verdes se iluminaron con el fulgor de las llamas cuando Vegeta, al otro lado, levitando, se dejó caer sobre el brazo izquierdo, rompiéndolo primero. Boburia se giró hacia él con los ojos muy abiertos.

—Vete al infierno —su boca se llenó con esas palabras maliciosas. Vegeta alzó un puño cargado de ki y lo estrelló contra el brazo deformado, partiéndolo en dos.

Broly se hundió en las entrañas de la tierra, y Boburia fue con él.

Vegeta y Goku se quedaron levitando sobre el río de lava, secretamente aliviados por no tener que sacrificarse, preocupados por si Broly, herido como estaba, sería suficiente para arrastrar a esa criatura al centro del planeta. Estaban agotados y heridos, pero todavía podían realizar un último ataque para ayudar. Goku llevó las manos atrás en una posición bien conocida, y Vegeta hizo lo propio. El último remanso de ki empezó a cargarse para dar muerte al enemigo.

Dentro del planeta, la tierra, el hierro y los pasillos cada vez más estrechos se abrían con el paso del cuerpo de Broly, que los atravesaba y quitaba de en medio como una estampida. No se permitía pensar en que no podía respirar por la falta total de oxígeno, ni tampoco en la presión cada vez mayos que ya empezaba a atenazarle las articulaciones. Aunque su cuerpo de guerrero legendario aguantaba las altas temperaturas, el sudor copioso, que se deshacía en cuanto salía de sus poros, le estaba provocando una deshidratación punzante. Empezaba a marearse, y todavía le quedaba camino hasta dar con las temperaturas más altas.

No puedes hacer eso, Sujeto 813. ¿Qué será de ti? ¿Eres consciente de que morirás junto a mí si sigues así? Estoy dispuesto a dejarte ir si me sacas de aquí. Nunca te atacaré y dejaré que escapes.

Yo no voy a morir. Tú sí.

Boburia se golpeaba con las rocas y las paredes volcánicas. Aunque intentaba regenerar sus brazos, los golpes se lo impedían, y, poco a poco, otras partes de su cuerpo empezaban a deshacerse. Sacudió la cola, pero Broly la tenía firmemente agarrada y no le dio oportunidad de escapar. La presión aumentó, y pero crujidos en el cuerpo de Boburia y sus gritos de dolor no se oyeron. Broly sentía las punzadas en las articulaciones, como si se fueran a partir por la mitad, pero antes de que eso sucediera, algo más se rompió en él. Los brazaletes de braummuro no aguantaron y se resquebrajaron en sus muñecas, junto al pesado collar que colgaba de su cuello.

Al meterse allí, Broly había estado esperando que ocurriera.

¿Qué demonios quieres lograr con esto, Broly? ¿Venganza por lo de tus hijos? ¿Después de tantos años? Ellos eran híbridos sin futuro. Sufrían como seres deformes, y tú los ignoraste. Los dejaste morir primero. ¿Quieres a esa princesa tuya? ¡No tiene sentido! Te usará como te usamos nosotros, ¡todos te usarán, igual que están haciendo ahora!

Broly se permitió mirar el brazalete de braummuro de su muñeca izquierda, y fue testigo, no sin regodeo, de cómo se desmoronaba por la presión y se deshacía. A imitación del izquierdo, el derecho también lo hizo. Los dos se consumieron y rebelaron una piel quemada y maltratada, pero allí estaba. Piel.

Por fin, después de tantísimos años, lo dejaron libre.

La cabeza de Boburia se estrelló contra un saliente que Broly esquivó con sobrada habilidad. Esta desapareció, y por unos instantes, Boburia se mantuvo en silencio hasta que, a duras penas, logró reconstruirla.

Sujeto 813, recapacita. ¿Quieres privar al universo de la salvación?

¿Acaso él tenía pinta de que le importara la salvación? Se estaba arriesgando por una única persona en ese instante, y no eran ni Vegeta ni Kakarotto, ni el planeta Tierra, ni siquiera Bra. Broly estaba luchando por sí mismo, por su propia libertad, por su vida como ser en lugar de como arma. No era por sus hijos, no era por su mujer, solo era por puro egocentrismo.

Él se lo había dicho. 40 años y 213 días después, sería libre.

El colgante de Broly se deshizo poco después, y el peso que suponía para su cuello y para su vida se fue con él. Entonces, empezó a cambiar. Sus ojos se volvieron más afilados y blancos, sus dientes más grandes, tanto, que sobresalían de su boca. Su cuerpo, ya una masa musculosa de por sí, empezó a dar de sí una vez más. La musculatura creció hasta llegar a un extremo donde las venas, de un color verdoso bajo la piel, se dejaban ver. El peso del collar desaparecido fue sustituido por otro... el del pelo puntiagudo y erizado creciendo hasta la cintura. Hubo más poder y más ki que nunca. Broly sintió que su cuerpo estaba a punto de explotar por la presión y por esa magnífica energía vital.

Y allí lo sintió, varios minutos después. No podía soportar más presión ni más calor sin morir calcinado. Ese era su tope.

No, Broly, no puedes hacerlo. ¡No puedes con esto, suéltame ahora! Piénsalo. ¡Piénsalo, ahora somos iguales, somos guerreros legendarios con el único objetivo de la destrucción, no puedes hacerme esto!

Entonces Broly detuvo su avance. La cola fue apoyada sobre su hombro, y sus dientes se restregaron entre sí en mudo regocijo.

¿Guerreros legendarios? Creía que los guerreros legendarios solo eran mutantes, excepciones del ADN de su raza, monstruos que nacen con un poder casual.

Los ojos de Boburia se agrandaron cuando Broly repitió, entre regodeos, las mismas palabras que él le había dedicado muchos años atrás. Él le miró, el único e inigualable guerrero legendario, ahora en su transformación en nivel tres, aun peor que la anterior.

Eres un mutante, Boburia, no un guerrero legendario, ni un Dios, ni tampoco inmortal. Solo eres... ¡Un pequeño monstruo de papá!

Broly tiró de la cola con todas sus fuerzas, haciendo palanca sobre su hombro con ella. Boburia se sacudió hacia arriba.

¡Y ahora vas a ser polvo!

Con un grito que no fue escuchado, Broly cargó con la criatura e, inclinándose hacia adelante, con toda su fuerza, la lanzó hacia dentro, a varios miles de kilómetros del núcleo del planeta Tierra, donde la gravedad y la presión ya no dejaban escapar nada. Broly vio el enorme cuerpo de la criatura cayendo a un ritmo lento mientras esta rugía e intentaba huir. Su cola se sacudió e intentó engancharle para tirar de él. A Broly no le dio tiempo a esquivarla, ahora aturdido por el gran esfuerzo, pero dos energías zumbaron a su alrededor, sin siquiera rozarle, y atravesaron la extremidad limpiamente antes de golpear el cuerpo de la criatura de pleno, atravesándolo y arrastrándolo hacia abajo a gran velocidad.

Fuera del volcán, Goku mantuvo el Kamehamea y Vegeta el Final Flash dirigidos al interior del la Tierra en el último impacto... y fueron esos ataques los que mandaron a Boburia contra el núcleo del planeta.

Broly no pudo verlo, porque su visión se nubló en cuanto lanzó a la criatura. No vio cómo el cuerpo, entre gritos y exclamaciones que nadie escuchó, se rompió por la presión y dio contra la superficie más caliente del núcleo. Tan pronto como lo hizo, su cuerpo se descompuso parte a parte hasta no quedar ni las cenizas. Ni un último pensamiento salvo un grito, ni una última amenaza, ni una advertencia, nada se coló en sus mentes.

La muerte de Boburia fue dolorosa, pero rápida. Al igual que el fin, doloroso, pero rápido.

Broly perdió su transformación en guerrero legendario en el nivel tres, y se quedó flotando en el infierno, vagamente inconsciente. Fuera, la espera se hizo eterna mientras el cuerpo de Broly, poco a poco, se iba llenando de quemaduras que, no obstante, no lograron despertarle. Su cuerpo empezó a ser atraído hacia el núcleo del planeta.

Si Goku no se hubiera teletransportado hasta allí en el momento justo, arriesgándolo todo con el escaso poder que le quedaba tras transformarse, por unos segundos, en súper saiyajin de nivel tres, Broly habría sido arrastrado al igual que Boburia y habría muerto irremediablemente. Goku lo sacó de allí tan rápido como había entrado, y cuando estuvieron fuera del volcán, Broly abrió los ojos otra vez.

Vio el cielo oscuro, notó la gravedad otra vez propia del planeta Tierra, olió las cenizas y la sangre por todas partes, supo que ese lugar, aunque vivo después de tantas miserias, había sido reducido a una sombra de lo que era sin posibilidad de remisión. Pero sobre todo vio a Goku. Vio su cara... de una manera en la que jamás la había visto. Siempre le había conocido, suponía que por la conexión mental que había tenido desde críos, pero había todavía más motivos, la ironía en grado sumo.

Ahora que era libre, lo entendió todo.

Su quinto maestro, Sin Cara, ya tenía Cara, y una muy conocida. Antes de caer rendido, pudo, por fin, recordar sus últimas palabras.

Soy un saiyajin olvidado, como tú, el que ha despertado tus instintos y te envía como un arma al futuro que veo. Soy el padre del hombre al que más odiarás, el que te derrotará, te humillará y te salvará. Recuerda mi nombre y recuerda que seguiré vivo cuarenta años después, vigilandoos.

Yo soy Bardock, y soy el que ha manejado tu historia... desde siempre.


[...]


N.A. Capítulo acabado, por fin, y con esto, casi todo Instinto Animal, puesto que queda un único capítulo. El siguiente será el último, y este fic habrá acabado. No sé cuándo podré publicarlo ni escribirlo, porque estoy de exámenes (de hecho, he acabado antes este capítulo porque quería estar libre para estudiar y no con él metido en mi cabeza a todas horas), pero puesto que es el último, pido paciencia. Lo comprendéis, ¿verdad?

Sé que he tardado muchísimo en actualizar, y no daré motivos. Simplemente mis ganas se habían esfumado, y muchas veces estuve pensando, bah, lo dejo, pero al final, algunos comentarios me hicieron remontar a lo grande, y aquí está el capítulo, aunque he adelantado un poco el final. En principio, le quedarían tres capítulos, pero decidí que los acontecimientos finales sobraban, así que este es el penúltimo definitivamente. Otro más y se acabó. ¡GRACIAS A TODOS LOS QUE LO HAN SEGUIDO HASTA AQUÍ! Todavía no me creo lo que he montado con esta historia tan crack. Increíble ¿verdad? y todo gracias a los que la seguís después de tantísimo tiempo. ¡Gracias, de verdad!

A ver, diré que este capítulo se me ha hecho raro, quizás especialmente dramático o quizás con un final muy rápido, no lo sé. No es como lo esperaba, y puede que a vosotros tampoco os guste demasiado por ello, pero o subía esto o no subía nada y el fic se quedaba así. Espero que esté al nivel del resto u.u o al menos que no os decepcione. Recordad, queda un último capítulo, y en uno la cosa puede cambiar muchísimo. Ya no os molestaré más con estos inmensos capítulos (50 páginas este, madre mía...)

En fin, espero que os guste, y siento no poder responder a los reviews extensamente esta vez. De verdad tenía toda la intención de hacerlo, pero si lo hacía a saber cuándo subiría el capítulo. Aun así, os respondo a algunas preguntas y os doy las gracias de todas maneras.

Reviews:

Usuario865: muchas gracias, espero que la personalidad de Goku no te haya desagradado en este. No estoy muy contenta con ella u.u

ChibiChibi-sd: ¡oh, dios, en el caso de que te de aprensión lo de las fracturas y demás, siento lo que hayas tenido que leer en este capítulo. ¡Muchas gracias por hacer el esfuerzo pese a ello!

Prl16: espero que también te haya gustado este Goku de este capítulo, aunque no me convence demasiado. Gracias por leer y dejar review siempre, nena.

kAeDe-HiMe: gracias, gracias, siempre me comentas, y tus comentarios con Kratos me vuelven loca xD. Espero que este capítulo te hay gustado también, un poco bestia y sin tanto instinto como cabría esperar, pero bueno... he hecho lo que he podido con la poca inspiración que me queda. ¡Nos leemos!

Portidaz: Gracias, gracias! espero que este capítulo también se te haya hecho corto... porque es inmenso!

NebilimK: nuevamente no sé si te respondí, pero qué mas da? ¡Gracias por comentar siempre. Sé que serás sincera si este capítulo no te ha gustado, y la verdad, me lo espero, porque me ha sonado raro. ¡Nos leemos!

Laura: me has dejado muchos reviews, y te lo agradezco, pero ha habido uno en el que, lo siento, pero te has pasado y convendría que tuvieras cuidado con lo que dices. Eso de, lee los reviews cuando actualices sonó como una orden muy injusta por tu parte. Los reviews son lo que me hacen escribir y actualizar, y tener muchos largos y expresando lo que el fic causa a los lectores es lo mejor que podría pasarme, y lo siento, pero ningún lector puede decirme cuándo debo o no leerlos, al igual que cuándo o no debo actualizar. Por si no lo sabes, tengo vida más allá del fic, y no me dan nada por él salvo review, así que yo decidiré cuándo debo actualizar y cuándo no. Aunque ese comentario de verdad me enfadó, gracias por tu entusiasmo.

Mari- O.K: Gracias por comentar, y no importa que hayas tardado, lo has hecho y eso me emociona. La verdad es que estoy escribiendo otra historia de cinco capítulo o por ahí, así que si te interesa... Como esta está a punto de acabar, en mi perfil está.

Aome-Hime: lo siento, Picolo está en coma xD, a ver qué pasa después de esto. ¡Muchas gracias por comentar!

STF01: gracias por el enorme comentario, de verdad. Si la escena de Broly comiéndose la cara de su padre te ha resultado asquerosa, uuf, espero que hayas aguantado este capítulo.

erika maria: ¡gracias!

Colli Kabuto: me has dado muchos ánimos para escribir con tu último comentario, ¿sabes? Y sí, me gusta el gore escrito, lo habrás notado en este capítulo también xD. Tranquilo... prometo un poquitín de amor para el próximo. ¡Espero que te haya gustado!

DarknecroX: gracias por tu apoyo, espero que este capítulo te haya gustado también!

Marilu Moreno: Gracias, gracias, me encanta indagar en la personalidad de los personajes y hacerlos sufrir un poco.

ClaireCullen: eso es muy profundo, Claire, y lo imagino muy bien porque toda este reflexión sobre padres que ves en el fic es bastante importante para mí, algo que hice sin darme cuenta, pero que aquí está. Me alegra que te haya levantado el ánimo un poco, pero no olvides que esto es solo una historia. La fuerza es tuya, solo tuya.

Hoshi no Negai: gracias, de verdad. Me alegra que te gustara el pequeño mundo que he creado con estos personajes. La verdad es que la última que pensaba que estos dos pudieran formar pareja era yo, pero miralos, Bra y Broly... no están tan mal después de todo xD.

sofi12: tranquila, no sabes cóooooomo te entiendo xD.

AckMan-Multiverse: te adoro, y no solo por dejar el review más largo de esta historia, sino porque has logrado lo que yo nunca logré. ¡Acabar los caracteres del review! Increíble. Lamentablemente no puedo responderte tan extenso ahora, pero dios mío... 'gracias, me has animado muchísimo, sin falta de inspiración veía tu review y me daban ganas de escribir. ¡Alucinante! Con respecto a la pregunta de qué pasó entre Trunks de Pesadilla y Goten, te diré que fue algo fuerte, y que el yaoi está más cercano que el Trunks x Marron de lo que se piensa, pero no mencionaré nada más. Habrá que ver qué pasa. De nuevo, muchísimas gracias por el review, no podía ser mejor.

lirio azul: gracias por comentar después de tanto tiempo, tranquila, todos tenemos cosas que hacer! ni siquiera yo comento siempre, siempre xD. Le has metido el turbo que no ves al leerte tantos capítulos de golpe, menuda voluntad. ¡Gracias por el esfuerzo!

InuKidGakupo: de no ser por tu privado, que sepas que el fic habría tardado mucho más en ser actualizado, en serio, sí que te doy las gracias yo, y los que sigan leyendo esta historia xD. Con respecto a por qué dejó Vegeta ir a Broly de crío... gracias por recordármelo, lo añadiré en el último capítulo, que casi se me olvida decirlo. ¡Nos leemos!

Julys: Gracias, gracias, y no te preocupes por la longitud de tus comentarios, se agradece igualmente!

En fin, es posible que no hayáis entendido el final de este capítulo. Diréis, ¿qué demonios pinta este aquí de repente? pero si os ponéis a pensarlo, todo tiene mucha lógica cuando lo metemos a él en la ecuación. Él sabía lo que iba a pasar en el futuro, buscó a Broly para enseñarle cómo controlar el instinto y sus propios sentimientos, y también cómo debía quitarse el braummuro que le impedía dar el cien por cien de su poder, y después Broly se olvidó de él (pongamos que porque esta persona sabe algunos truquitos mentales después de lo que le hicieron ciertos alienígenas). ¿Cómo sigue vivo? Eso ya hay que dejarlo a la imaginación xD, pero ha sido una sorpresa curiosa e irónica, ¿no? Todo lo que viviría Broly en esta historia había sido planeado muchísimos años atrás por el padre de su peor enemigo. ¡Tachán! SI tenéis alguna duda, ya sabéis.

En fin, próximo y último capítulo... Humanidad.

Espero que este abrupto final no os haya decepcionado y queráis saber cómo acaba.