INSTINTO ANIMAL
Capítulo 34
—Día 220—
Broly abrió los ojos poco a poco. Su mente estaba en blanco cuando la cortina, arrastrada por el aire que entraba por la ventana, le acarició la mejilla, y él, despertando con la misma sensación de agotamiento con la que se había dormido, dejó la mejilla apoyada contra la almohada. A su lado, el olor de Bra le azotó las fosas nasales. No le hizo falta mirarla para saber que era ella la que le acarició el pelo que cubría su frente, y quizás, llevado por esa sensación de comodidad, emitió algo similar a un ronroneo y luchó contra los deseos de volver a dormir. La luz era escasa porque era medianoche. El cielo estaba más oscuro que nunca, y fuera, la lluvia ácida repiqueteaba contra los cristales. Una gota logró colarse y llegar hasta la muñeca de Broly. Gimoteó de dolor. Hizo un esfuerzo por alzar los brazos y mirar sus muñecas desolladas. Donde los brazaletes de braummuro habían permanecido durante años, ahora no había pellejo, y tampoco mucha piel. Sus muñecas eran de un color rojo vivo que destacaba sobre el tono bronceado, muy oscuro, del resto de su cuerpo. Este relucía por las cicatrices de las quemaduras, permanente recuerdo del mineral que lo había tenido atado durante gran parte de su vida. Nunca se borrarían, y siempre quedarían marcadas a fuego en su piel. Pero el braummuro ya no estaba allí.
Mientras observaba sus muñecas con fascinación y emotividad contenida, Bra pasó las yemas de sus dedos por su mejilla y Broly se volvió a mirarla. Era una imagen fantasmal sentada al borde de la cama, con el viento sacudiendo su pelo mientras le sonreía vagamente. Tenía el rostro hundido, y se la veía cansada, mucho más que tras sus entrenamientos.
Broly no tenía ni idea de lo que ella había vivido esa última semana... una pesadilla, al igual que el resto de los habitantes de esa casa.
—No estás recuperado del todo. Tu pulso sigue siendo débil —le susurró. Sus palabras sonaron como una canción de cuna, tan tierna, que Broly sintió que se derretía como un bebé a punto de caer rendido llevado por los brazos de su madre—. Ya no estás herido, pero perdiste tanta sangre que llevas durmiendo una semana. No ha habido forma de despertarte hasta ahora, y todavía deberías dormir más.
Bra paseó su mano libre por el pecho de Broly. Una gruesa venda le cubría los pectorales. Habían usado pasta de semilla senzu para curarle. Se la habían hecho tragar mientras estaba inconsciente introduciéndosela hasta lo más profundo de su garganta, y esta curó las heridas, incluidas las internas. Sin embargo, no pudo hacer nada para expulsar los gases letales que el guerrero legendario había absorbido al desmayarse en el interior del volcán, y tuvieron que llevar a cabo un operación arriesgada. Agujerearon su pecho y su tráquea para que estos pudieran salir, y el riesgo fue enorme, porque junto a los gases, las hemorragias persistieron, y el desangramiento también. Un ser humano, o incluso un saiyajin de sangre pura, no habría sobrevivido a eso, pero Broly no era normal. La pérdida de sangre podría haberle ocasionado secuelas irreversibles, sobre todo en el cerebro, pero Bra vio la cordura en él en cuanto le miró a los ojos.
—Vuelve a dormirte —le susurró, y acarició las muñecas que seguían elevadas mientras él las observaba. Broly sintió un cosquilleo que le recorrió la espina dorsal de arriba a abajo. Elevó la pelvis y jadeó con el inocente roce. Cuando Bra le besó la frente, él ya había despertado casi por completo. Los ruiditos que hizo, inevitables, fueron como los gemidos que Bra oía cuando estaba a punto de correrse. Broly no era discreto, nunca lo había sido, y tampoco lo era en la cama; ella era incluso más silenciosa que él por vergüenza y orgullo, pero el guerrero legendario era como un animal que disfrutaba haciendo partícipe a todos de su gozosa lujuria.
Pero pese a eso, Bra no se imaginaba cuál sería su próxima actuación. Con esas heridas no esperó que Broly se sentara, la agarrara por la barbilla de repente y apretara hasta entreabrirle los labios. Bra no replicó hasta que sintió su lengua invadiendo su boca. Fue una penetración no consentida, tan brusca como la primera vez; una esponja que empezó a penetrarla con una fuerza que no admitía réplicas ni negaciones. Las lenguas chocaron, Bra gimoteó y agarró las muñecas de Broly para hacerlo parar mientras seguía su ritmo indómito, pero él no paró. Los labios dejaron de frotarse y ella solo sintió la punta húmeda uniéndose a la suya, envolviéndola en un baile frenético y mojado que le provocó que encharcara las bragas en pocos segundos.
Bra quiso hablar, y lo intentó cuando él sacó la lengua y lamió sus labios, repasando el contorno para mojarlos. Bra juntó las piernas; eso hizo que corrieran ríos de humedad. Broly lo olió, y quizás por eso se precipitó sobre ella y la aplastó contra la camilla.
—Espera... mis padres están... —murmuró Bra. Gritó cuando sus grandes manos se burlaron de sus pezones agarrándolos a través de la ropa. Tiró de ellos hacia arriba hasta hacerla arquear la espalda con un gran y doloroso pellizco que hizo que pusiera los ojos en blanco.
—Abre la boca, niña —le ordenó él. Fueron las primeras palabras que le oyó decir después de una semana de inconsciencia absoluta, y fueron tan graves y demandantes como las primeras veces. Se restregó contra sus muslos internos con insistencia, como si quisiera acabarla con las bragas puestas. A juzgar por lo que Bra notó, sería muy capaz de hacerlo, y a ella no le disgustaría.
Aun así, se negó. Sabía quién estaba a unas cuantas habitaciones de allí, demasiado cerca porque su casa ya no tenía planta de arriba, solo una planta baja parcialmente destrozada y un sótano, y estaba segura de que Broly también lo sabía.
—Mi padre y mi hermano... —murmuró.
—Los oigo respirar —Broly sonrió. Todos sus dientes quedaron al descubierto, una hilera entera y afilada. Le mordió con suavidad la mejilla, la oreja, detrás de ella, el cuello, la clavícula... Apoyó las manos en sus muslos y los abrió, reclinándose entre ellos. Bra se sujetó a su cintura y, de pronto, se clavó en ella con la ropa todavía puesta, haciéndole sentir la totalidad de una erección imposible después de tanto tiempo inconsciente. Bra chilló. Broly se rió—. Tanto te preocupas por tu padre y tu hermano y ellos van a oírte gritar —ella cerró la boca. Un brillo de furia y orgullo le iluminó los ojos, planteándose si debía echarlo abajo. Los ojos de Broly habían vuelto atrás en el tiempo, a su deshumanización. Se restregó sobre las bragas húmedas y sus pantalones se mojaron con ellas, tal era su excitación. Bra apretó los labios y no emitió ni un sonido—. Déjame los berridos a mí, medio-humana.
La agarró, tirando de su trasero hasta que tuvo su pelvis pegada a la suya. Pasó una mano por su espalda y la elevó hasta que ambos cuerpos chocaron. Bra le rodeó el cuello y la cintura cuando se dio cuenta de que quería levantarla, y lo hizo. Su cuerpo seguía siendo el más grande que nunca había visto, y pegada a él, ella era una niña, una muñeca diminuta, un fetiche brutal que podría ser desmontado por una sacudida, una endeble criatura frente a un toro de seiscientos kilos. Aun así, colaboró. Mientras ella se restregaba impúdicamente y paseaba su lengua por su grueso cuello, Broly olisqueó el aire y se dirigió hacia la pared más cercana a la habitación donde olía la esencia de Vegeta y, más allá, la de Trunks. Ya no estaba seguro de cuál de ellos odiaba más, y le daba igual cuál de ellos lo oyera. Bra ni siquiera se percató de ello cuando la clavó contra la pared, la levantó por los muslos muy arriba, hasta que su cabeza casi dio contra el techo, y hundió la cara en su entrepierna.
—¡Aahh! —chilló otra vez. Sus piernas le rodearon el cuello, sobre sus hombros. La boca de él se abrió y se apretó contra las bragas, envolviéndolo todo con ella, oliéndolas y frotando la nariz contra la pequeña masa que se hinchaba de gusto. Bra vio su cola agitándose en el aire, fuerte y musculosa, mientras sentía los toques de la lengua que buscaba profanarla pese a la tela que le impedía el paso. Apretó su pelo oscuro entre los dedos—. ¡Dámelo! —le ordenó ella. Broly ascendió una mano por su muslo, palpó la cicatriz que lo recorría y que no lo desagradaba, y se aferró a la tira de sus bragas. Tiró de ella con un único dedo y la rompió. Ascendió la cabeza con la lengua fuera, lamiendo cada poro de piel y vello hasta la ingle, y cerró los dientes en la otra tira. La deshizo de un tirón brusco. La tela cayó al suelo con un sonido mojado, y nuevamente, él hundió la boca en ese charco carnoso.
Bra se restregó las manos por los senos, los frotó y se subió la larga camiseta que la cubría hasta por encima de ellos, junto con el sujetador. Se apretó y pellizcó insistentemente hasta que Broly apartó la cabeza de su entrepierna. Un hilo de jugo y saliva lo mantuvo pegado a ella hasta que se lamió los labios. A la mente de Bra acudió el inoportuno pensamiento de que una persona escrupulosa jamás podría estar con Broly, tan brutal y con un concepto de escrúpulos muy diferente al de los humanos. La antigua Bra nunca habría podido aceptarle, pero después de verle cazar y comer comida cruda, poco podía espantarle.
La bajó. Sus piernas volvieron a dar contra el suelo, temblorosas, cuando él le dio media vuelta y la apoyó contra la pared. La cola se paseó impúdicamente entre sus muslos, apretando contra su vaina. Bra tembló y empujó hacia atrás, buscando más presión que él no le negó. Se estiró como una gata y ascendió las manos. Sus pechos quedaron apresados contra la frialdad de la pared. Deseó que Broly la agarrara con un contacto dulce, pero para su desgracia, el romanticismo no primaba en ese encuentro.
Él la afianzó por las nalgas, las apretó, las rodeó con las manos y se frotó contra ellas, arriba y abajo. Se deshizo del pantalón con mal disimulado desprecio, y sobre todo de la ropa interior humana que no sabía por qué le habían puesto. Luego, se lo agarró y se frotó contra su humedad. Bra se restregó, él se apartó. Ella lo volvió a hacer, frotando la punta sobre aquella hinchazón de su anatomía que era cúspide del éxtasis, y Broly se rió como un niño diabólico mientras echaba la pelvis hacia atrás y apretaba una de sus nalgas. Bra soltó un berrido, sorprendida por la fuerza con la que la azotó de pronto. No era como si no lo hubiera hecho antes, pero ella, que necesitaba algo de cariño dados los recientes acontecimientos, se revolvió, furiosa.
—¿Qué maldita cosa quieres, mono del demonio? —lo insultó, y él, en lugar de darse por aludido, paseó las manos por el contorno de su trasero, por su cintura, por su espalda, por su abdomen hasta llegar a los senos y sostenerlos entres sus manos.
—Eso esperaba, que no fueras tan sumisa, niña —Broly la penetró de pronto. Fue una embestida sorpresiva y profunda que la hizo sacudirse y apretar los labios para no dar un berrido. Él lo dio por ella. Se sorprendió a sí mismo henchido de gloria con su espada envainada por fin, pero capaz de controlarse. Se puso a prueba. La sacó, observando sin vergüenza ninguna cómo desenvainaba. Bra jadeó, su espalda se arqueó contra la pared, sus senos se sacudieron entre sus manos.
Él se maravilló, se observó a sí mismo con la capacidad que nunca había tenido para controlar los instintos más salvajes, sexuales, asesinos, carnívoros... Aunque sus preferencias eran obvias, no estaba rendido a ellos. Por primera vez, podía elegir controlarse o dejarse llevar. Podía elegir entre soltar a Bra o inclinarse sobre ella con la potencia de todo su peso recargada en su espalda, como decidió hacer. Podía sacar su verga y renunciar a eso, pero siguió saliendo y entrando, y él se descubrió teniendo el suficiente autocontrol como para preocuparse por el disfrute de ella, cuando después de meterla, lo único que cabía en su mente era su propio disfrute.
Apoyó los pectorales sobre su espalda, una mano contra la suya en la pared; la otra abandonó sus pechos sacudidos por el movimiento mientras viajaba hacia abajo, recorriéndole la tripla musculosa con la yema de los dedos. El sudor se mezcló con el suyo. Su boca se pegó a su oreja, su nariz a su pelo. Bra chilló sin poder contenerse y calló un instante más tarde cuando los dedos de él apretaron el punto clave. Sus piernas temblaron y también se mojaron. Ríos de humedad parecieron correr por ellas.
—Te echaba... de menos... —dejó escapar Bra. Su cabeza se hundió entre sus hombros y Broly ronroneó de gusto.
—¡Jum! —se regodeó sobre su oreja.
Entonces Bra empezó a llorar en silencio.
Rodeándole la cintura a sabiendas de que no se rompería, con esos abdominales fuertes que él le había ayudado a conseguir como guerrera, se dejó caer. Le dio la vuelta, la espalda de ella dio contra la pared, le abrió las piernas, las sujetó arriba por los tobillos y siguió penetrándola, más profundo, más lento, con gran regodeo. Cada parte del cuerpo de ella se sacudía para el goce de su visión. Los vendajes de él se empaparon y pronto, ella se los arrancó de un tirón para afianzarse a su cuello y sacar la lengua en busca de la suya. Se relamieron. Las cicatrices de cada uno quedaron a plena vista, y Bra lamió las suyas y él gimió gravemente. Persistió hasta que los dos supieron lo que se avecinaba. Ella lo conocía bien como para reconocer sus gruñidos cuando iba a suceder, y se acarició a sí misma, abriendo su vaina y sintiendo el roce del mástil atravesándola y frotándose contra sus dedos con cada embestida. Se permitió gemir en los últimos momentos y, entonces... lo recordó.
—¡Broly! —lo llamó. Él le soltó las piernas y, de pronto, aumentando la velocidad bestialmente, la atrapó entre su cuerpo y la pared. Bra lo abrazó mientras él la hacía saltar sobre su regazo. El sonido de su trasero contra sus muslos mojados por el sudor y su propia excitación fue ahogado por los jadeos finales—. ¡Broly, espera, he dejado de tomarlas! —él no se detuvo, sin tener ni idea de lo que hablaba y sin importarle realmente—. ¡Puedo quedarme embarazada! —le gritó al oído. Entonces paró. Toda su verga dentro de ella todavía. Su cara se hundió en el hombro de Bra, impidiéndole ver la representación de sus sentimientos—. Es que... ha habido tanto lío... no he podido... la ciudad está arrasada y pensar en dónde podría comprar más es... ni siquiera lo había pensado.
Broly no dijo nada. Bra pensó que su interés fue masacrado con las posibles consecuencias de un descuido, y se sorprendió al ver que fue capaz de controlarse. Las primeras veces sin protección se había corrido sin importarle nada las consecuencias, como si no se las planteara siquiera o le dieran igual. No era así. Broly podía controlarse ahora, podía retroceder, podía no arriesgarse porque era plenamente consciente de lo que podría ocurrir. Bra lo abrazó con fuerza, frotando su mejilla contra la de él con el pensamiento de que no acabaría después de saber eso.
Se equivocó.
Egoístamente, una nueva embestida partió a Bra en dos. La hizo arquearse, gritar y estirarse lejos de él. Broly la tumbó en el suelo sin salir de ella, sin despegar su pelvis de la suya en la postura que a ella tanto le gustaba. Una vez encima, tras mirarse a los ojos un instante, retomó el movimiento rápido y feroz de momentos atrás. Ella no acababa de entender qué pensaba hacer. Aferró las manos en su cintura, sintió el roce de sus pectorales y el latido de su corazón contra sus propios senos bamboleantes, abrió más las piernas hasta que la fuerza de las embestidas la alzó hacia arriba, apretó los dedos de los pies. Y él siguió, siguió y siguió... Sus gruñidos volvieron, su boca se entreabrió mostrando los caninos, apoyó las manos a ambos lados del rostro de Bra, la cola dio latigazos contra el suelo... Ella se extasió de solo mirarlo a él estirar el cuello a un golpe de correrse dentro, sus ojos brillaron, sus manos apretaron los bíceps tensos y duros, su cadera dio un golpe más, descolocándola de gusto y...
Salió.
Bra dio un gritito cuando sintió la semilla caliente cayendo sobre sus senos y su abdomen, sorprendida, más no asqueada. Con el corazón en la boca esperó, con una sonrisita entre aliviada y tierna. Broly terminó sobre ella y no pidió disculpas por algo tan tonto. Suspirando, se sentó sobre el suelo con la cola descansando sobre sus muslos y la cabeza gacha, pensativo.
—¿No te has atrevido? —preguntó ella. Él negó.
—Sí lo he hecho... pero lo he controlado —Broly ensanchó una sonrisa entre orgullosa y pícara mientras se dejaba caer en el suelo de costado, con una mano sobre su barbilla para alzarse y mirarla—. Soy libre para hacer lo que quiera ahora. Ya no tengo límites.
—¿Y eso qué quiere decir? —preguntó ella, consternada. Broly se tumbó boca arriba. Estaba remoloneando.
—Hay tiempo, niña. No tienes ni veinte años. Hay tiempo... por fin —Bra no estaba segura de cómo tomarse eso. No sabía si estaba aliviada o preocupada, si eso le angustiaba o le gustaba. Broly ahora era libre. Las cicatrices del braummuro nunca se irían, pero lo era.
Todo estaba bien ahora... pero solo para Broly.
Cuando él ya estaba casi dormido, cansado, todavía con necesidad de recuperar energías, oyó el sonido que más le molestaba en el mundo: el sonido del llanto.
Broly se incorporó y observó a Bra, que de repente, se había puesto a llorar. Se restregaba el puño por los ojos intentando controlarse, pero no hubo manera. Él daleó la cabeza. Ella inclinó la suya hasta hundirla entre sus manos.
—¿Por qué lloras, medio-humana? —pero ella no respondió. Lo abrazó, hundió la cabeza en su pecho y acalló el ruido que él tanto odiaba, aunque siguió llorando.
A lo largo de los siguientes días, escucharía ese sonido más a menudo de lo que creía.
Último capítulo
Humanidad
—Día 222—
Aquella mañana, Broly ya empezaba a irritarse. Las sonrisas cándidas y agradecidas llegaban de todos lados, desde los humanos guerreros, como él había decidido llamarles, hasta los humanos que no lo eran, como Bulma. Sonrisitas de complicidad viajaban entre ellos cuando lo observaban andar por ahí y lo saludaban amablemente, como si ya no le tuvieran miedo. Broly empezaba a pensar que le estaban perdiendo el respeto, y pronto pensó en cómo volver a ganarse el terror de todos ellos.
Siendo analizado molestamente por Bulma para controlar sus niveles de ki y sus heridas ahora que no tenía el braummuro, pensaba en transformarse en súper saiyajin de nivel tres, ahora que podía, para espantarlos a todos. Por desgracia, no pudo. El poder para hacerlo había desaparecido, o al menos la motivación. A no ser que le preguntara a Kakarotto, que parecía ser el que mejor lo controlaba, dudaba que pudiera conseguirlo otra vez si no era en una situación extrema.
Cuando los guerreros guardianes de la Tierra se enteraron de que había despertado, acudieron a la Casa Cápsula por motivos que él desconocía. Después de asegurarse de que todo iba bien tras la muerte de Boburia, los invitados de lo que quedaba de la Corporación Cápsula habían salido de allí para comprobar y reconstruir sus propios terrenos, así que allí solo quedaban los propietarios de la misma y los heridos. Broly todavía no se había movido del laboratorio donde era examinado, y aunque jugaba con Tama mientras tanto, su mente se desviaba por derroteros de irritación cuando alguien ajeno a él se asomaba a la puerta. Ten Shinhan y Chaoz habían tenido el detalle de mostrarse lejanos, y se habían limitado a asentir en un gesto que Broly no entendía.
—Es su forma de agradecerte lo que has hecho por el planeta. Te dan el visto bueno para ser uno de los nuestros —le aclaró Bulma. Los ojos de la mujer estaban hundidos, y su cara, tan similar a la de Bra, parecía una calavera por las sombras que había en ella, como si hubiera envejecido treinta años de golpe pese a tener casi la misma edad que Bra después de pedirle al dragón su rejuvenecimiento.
Sentado en la camilla del laboratorio, Broly miró a Picolo, inconsciente, en la que había a su lado. Se levantó, colocó al gato sobre su hombro, que se acurrucó en su mata de pelo oscura, y se acercó al namekiano.
—Da igual todo lo que intentemos. No reacciona con nada —comentó Bulma con un suspiro. Broly estuvo a punto de decir que tardaría una media de siete años en despertar, quizás algo más. Las antenas mantenían el cerebro conectado al mundo que lo rodeaba, y él se las arrancó a sabiendas de que lo dejaría en ese estado hasta que estas se regeneraran. Tardarían años en hacerlo, a diferencia del resto del cuerpo, pero lo harían tarde o temprano—. ¿Qué vas a hacer ahora? —preguntó Bulma.
La cola de Broly se envolvió sobre sí misma mientras él se volvía con una mirada confusa.
—¿Qué quieres decir?
—Bueno… ¿cuáles son tus planes ahora que todo ha pasado? Bra te revivió para que la entrenaras y la hicieras llegar al nivel de un súper saiyajin, y eso ya ha pasado. Los boburrianos han muerto también, y ahora somos aliados, ¿no? ¿Qué piensas hacer ahora que eres libre? —Broly alzó una ceja y la observó atentamente. Supo de inmediato por dónde iban los tiros, y qué era lo que Bulma trataba de averiguar. Quizás no fuera bueno haciendo planes, pero su intuición no solía fallarle. Aunque entendió las insinuaciones, no respondió, porque ni él mismo lo sabía todavía.
—¿Dónde está Bra? —esquivó el tema, y por algún motivo, Bulma se sintió incómoda con la pregunta y desvió su mirada. Antes de que insistiera, oyó una voz irritantemente chillona y entusiasta. El ki de Kakarotto se materializó fuera de la casa, y lo oyó correr hacia el laboratorio con ilusión infantil. Broly puso los ojos en blanco y rechinó los dientes al verle abrir la puerta y aparecer por ella. Los ojos de Goku brillaron cuando se centraron en él.
—Así que has despertado…
—Piérdete, Kakarotto.
—¡Ya iba siendo hora! Te saqué de allí medio muerto y luego te agujerearon el pecho. Empezaba a pensar que no lo contarías.
—¿Crees que iba a morir por algo así? No seas ridículo, imbécil —su agrio carácter solo hizo que la sonrisa de Goku se ensanchara.
—Gracias por lo del volcán. No tenías por qué, pero lo hiciste —Broly apretó los labios, inquieto—. Tenemos otro héroe entre los nuestros, supongo —de pronto, sintió las mejillas arder.
—Déjame en paz o te arranco el cuello a mordiscos aquí mismo —refunfuñó. Goku sonrió todavía más y entonces Broly vio el cambio; el guerrero más poderoso portaba una palidez impropia de él y de su raza. Las sonrisas no llegaban a sus ojos y estos parecían, ciertamente, apagados y agotados.
Chichí llegó hasta allí andando con mayor tranquilidad. Su barriga ya abultaba revelando una forma curiosa, pero seguía estando delgada. Con rostro muy sereno y cierto ceño fruncido, se colocó al lado de su marido.
—¡No te entretengas, Goku! Hemos venido a lo que hemos venido, y hasta que todo esto acabe no volverás a pelear, ¡ya te lo he dicho!
—No quería pelear, Chichí. Solo estaba saludando —la mujer se asomó por la puerta y sus ojos se encontraron con los de Broly. Asintió con la cabeza en una muestra de respeto que él ni siquiera le devolvió y luego se dirigió hacia Bulma.
—Ya nos hemos decidido —aseguró. El rostro de Kakarotto se ensombreció y dejó de sonreír.
A Bulma no le hizo falta nada más. Ante la extrañeza de Broly, los tres salieron del laboratorio en silencio. Kakarotto ni siquiera se despidió, y sin embargo, el guerrero legendario atinó a ver algo cuando dio media vuelta para dirigirse hacia afuera; ni se había dado cuenta antes. Apareciendo allí donde la ropa no atinaba a cubrir, las quemaduras ya cicatrizadas ascendían por parte de su cuello y parte de su brazo izquierdo.
Por experiencia, Broly sabía que ocultar esas cicatrices no sería lo más difícil, y, por primera vez, sintió compasión por Kakarotto.
—¡Buenos días, Broly! —el guerrero legendario se volvió como un resorte ante la alegre y aguda voz masculina que se asomaba por la ventana—. ¡Es genial que ahora seas uno de los nuestros! Para serte sincero, antes me parecías aterrador, pero si lo que Goku dice es cierto, seguro que… —antes de que Krilín hubiera terminado de hablar, Broly ya se había vuelto y le había atinado un certero puñetazo en la cara como un acto reflejo por la sorpresa. El hombrecillo cayó con las manos en el rostro por el dolor inesperado, quejándose, y A-18, que había acudido junto a él, lo observó con frialdad y resignación.
—Te lo dije. Que ahora sea un aliado no lo hace amable ni compasivo —aclaró ella.
Broly observó a Krilín al otro lado de la ventana. No pudo evitar sonreír con regocijo al pensar que era una suerte que no tuviera nariz que él pudiera romper.
[...]
Vegeta analizaba atentamente a su hijo mientras realizaba los últimos ajustes a la máquina que había clavado en sus muslos. Era un chip que no mediría más de diez centímetros de largo y cinco de ancho, fácil de ocultar bajo la ropa de miradas indiscretas. Estaba colocado de tal manera, que se clavaba en la piel, atornillada al músculo y a parte del sistema nervioso. Después de una semana, las heridas de los tornillos incrustados habían desaparecido, aunque el resultado final no era muy atractivo. Quizás Bulma habría hecho un trabajo más pulcro y limpio, pero solo Trunks se había atrevido y había tenido fuerza suficiente para atravesarle la piel hasta hincar el hueso. Bulma había amenazado con desmayarse en un principio, allí donde Trunks había llegado con toda serenidad. Él sabía que Vegeta, como mucho, sentiría el dolor cuando el chip conectara los nervios superiores con los inferiores, y no antes.
Trunks terminó de hacer los últimos ajustes. El chip empezó a funcionar con un zumbido y Vegeta se levantó de la mesa con apenas una mueca por el dolor repentino. Caminó y estiró las piernas, probando el movimiento.
—Mientras esté en tus piernas, enviará impulsos eléctricos a los nervios superiores y los conectará con los inferiores. Podrás andar perfectamente, pero no está preparado para la batalla o las grandes presiones, así que tendrás que aguantar sin pelear hasta que construya algo mejor —indicó Trunks. Vegeta, que ya se olía la noticia, le lanzó una mirada agria.
—¿Cuánto tardarás? —preguntó.
—No lo sé. Mamá y yo no damos a basto. El mundo está destrozado y la corporación no ha quedado mucho mejor; una gran parte de la maquinaria ha desaparecido o ha sido destruida, y la gente, pese a eso, no para de venir a la sede de la corporación pidiendo ayuda. Sinceramente, ahora mismo no tengo medios para construir nada mejor. Tendrás que tener paciencia... mucha, en realidad.
—¿Me estás diciendo que no podré pelear en... cuánto? —la voz del hombre sonó entre peligrosa y vulnerable.
—No lo sé, papá. Meses... quizás algo más —Trunks le dio la espalda con indiferencia y apartó a patadas el cúmulo de papeles, herramientas y maquinaría inútil que había en una de las salas que habían convertido en laboratorio momentáneo. Era una de las más grandes de la casa, y anteriormente había sido un cuarto de juegos; Vegeta todavía podía ver la televisión y las consolas sepultadas bajo los papeles, el gran sofá y, ahora, una cama maltrecha sobre la que Trunks dormía... o en la que no lo hacía.
A un lado de la habitación, quizás en el sitio más pulcro y el único que no estaba desordenado por tanto papeleo, había una máquina de refrigeración del tamaño de un humano rodeada de claves, absorbiendo gran parte de la electricidad que ahora tanta falta les hacía. Que Trunks durmiera con eso al lado acababa siendo el colmo de lo dantesco, y precisamente él no era fácil de impresionar.
Veía a su hijo hacer ajustes sobre un croquis para restaurar la central eléctrica de Ciudad del Este; los hombros hundidos de Trunks y los ojos rojizos denotaban cansancio después de varios días sin dormir más de un par de horas. Los tenía tan rojos y se había vuelto tan taciturno y hermético, que Vegeta ya no estaba seguro de quién era el que dominaba el cuerpo que se movía por inercia.
Una vez pudo caminar perfectamente, con los chips ocultos bajo la ropa, se dirigió hacia la puerta de salida, pero a sabiendas de que no podía retrasar esa conversación eternamente, se atrevió a volverse hacia su hijo y a plantarse a su lado mientras trabajaba, de brazos cruzados. Cierta furia reprimida emergió cuando Trunks ni siquiera lo miró, y Vegeta tuvo un arranque violento. Alzó una pierna, la colocó sobre la mesa de trabajo y la empujó hasta que se estrelló contra la pared contraria, volcando en el proceso. Su hijo elevó las manos con gesto contenido y tomó aire buscando la calma. Vegeta sabía que intentaba controlarse para no intentar romperle la cara a su propio padre que, aunque nadie salvo Bra, Trunks, Bulma y Kakarotto lo supieran, estaba tullido.
—Si tanta maquinaria te hace falta, ¿por qué no vas a tu laboratorio secreto y la traes de allí? Sé de buena tinta que tienes todo lo que necesitas, lo suficiente para construir una máquina del tiempo, por ejemplo —Trunks se volvió sobre la silla hacia él, recargando la espalda con cierto gesto provocativo mientras dibujaba una sonrisa que, en su rostro agotado, se veía desquiciada.
—¿No tienes nada mejor que hacer que ponerte a mirar entre mis jodidos planteamientos?
—No necesito tus papeles para saberlo. Tu amigo muerto me contó lo de tu laboratorio hace tiempo, y te conozco demasiado bien como para suponer que te has resignado a su muerte. Construir una máquina del tiempo estaba entre tus aspiraciones hace diez años antes de que Goten destruyera tu laboratorio, ¿verdad? Después de esto no hace falta ser un genio para saber que has retomado el trabajo —Trunks agitaba la silla rodante con los pies apoyados en el suelo. Sus ojos se ensombrecían con cada mención de su amigo caído en batalla—. Olvídalo, Trunks. Eres listo y ya has tenido que llegar a la conclusión de que no sirve de nada. Si viajas atrás solo crearás una dimensión paralela, y lo que hagas en ella no cambiará este futuro.
—Lo de Mirai Trunks fue un fallo técnico que podré solventar. Eso no me preocupa.
—No eres tan listo, hijo —lo provocó su padre—. Goten te hizo un favor hace diez años destruyéndolo todo porque lo sabía; sabía que aspirabas demasiado alto y que te acabarías estrellando, o peor todavía, que acabarías obligándonos a que te matáramos. No volverás a perder la cabeza de esa manera.
—No sé de qué coño me estás hablando. ¡No tengo recuerdos sobre eso, y lo sabes! —gritó él, y se levantó. Era más alto que su padre y no le costó trabajo cruzar miradas con una mezcla de irritación y superioridad. Vegeta apretó los dientes, se los mostró incluso con un bufido. Trunks no era inseguro; portaba esa aura que gritaba competencia y preponderancia por los cuatro costados, y lo peor era que, al igual que su padre, acostumbraba a hacer sentir todavía más ineptos a los que intentaban ponerse a su altura. De pequeño, se regodeaba en silencio por ello. El Trunks Perfecto no lo hacía, y Pesadilla lo disfrutaba.
Que intentara hacer eso mismo con el propio príncipe, su propio padre, como si no entendiera ni la mitad, lo puso de los nervios.
—¡Intentaste matarnos a todos, joder, y fue premeditadamente! —estalló este, y Trunks se quedó lívido, con esa seguridad y prepotencia bajando a sus pies. Su padre lo agarró de la musculosa y lo atrajo hacia sí, sacudiéndolo para que lo mirara a los intimidantes ojos sin rechistar—. Cuando rechazaste tu instinto saiyajin para ser solo un humano, ese mismo instinto se revolvió y apareció Pesadilla, es decir, tú mismo, pero con tus instintos a flor de piel, más saiyajin que un pura raza incluso. Él veía a los humanos como seres inferiores y a nosotros como enemigos cuando empezó a tener delirios de grandeza; no quería ser humano, ya ni siquiera serlo en parte. Pesadilla es un saiyajin y tiene mente de saiyajin. ¡Quería destruirlo todo, dominar planetas, destruir razas, apropiarse del universo como nuevo rey de Vegetasei, tomar su trono! Y si para ello debía acabar con los saiyajins que se habían malogrado abrazando la paz como nosotros... lo haría.
»Según me dijo Goten, fuiste un puto calvario. Sabías nuestros puntos débiles y fuiste a por ellos cuando intentamos detenerte. Ninguno pudo matarte y algunos ni siquiera tocarte. La unión de una mente privilegiada como la de Bulma, el aprendizaje bélico conmigo, todo eso unido a los sentimientos que tenemos por ti y al poder de ser uno de los súper saiyajins más fuertes te hizo casi invulnerable... y digo casi porque tú también tenías sentimientos por alguien, y gracias a eso, Pesadilla fue sellado y con él todos nuestros recuerdos sobre él.
Vegeta soltó a su hijo y se dirigió al contenedor de refrigeración que había a un lado de la habitación. Posó las manos sobre él, paseándolas por su superficie con una expresión casi paternal por lo que había dentro envuelto en hielo. Aunque Vegeta fuera frío, eso no quería decir que no tuviera sentimientos, y la muerte de Goten no le era indiferente; había sido un buen chico, el compañero inestimable de su hijo, y también alguien al que había visto crecer. Además, daba igual lo que hiciera a lo largo de su vida, porque nunca podría agradecerle lo que había hecho por Trunks conteniendo la bestia que había en él.
—Goten no quería que te atacáramos ni que te encerráramos después de eso, así que invocó al dragón durante vuestra batalla y pidió tres deseos. El primero fue que todo aquello que hubieras destrozado fuera reparado. El segundo fue que todos los recuerdos sobre lo que habías hecho desaparecieran salvo los suyos, para así poder vigilarte e impedir que esto volviera a ocurrir. En tercer lugar, deseó que Pesadilla fuera desterrado de tu mente hasta que fueras capaz de dominarlo. Me llamó en la distancia para contármelo, por teléfono. Pensaba que intentaba gastarme una broma, porque yo no recordaba nada y tú estabas con nosotros muy sereno, como si de pronto hubieras recuperado ese carácter tan humano que habías moldeado. En mi fuero interno, sabía que eras capaz de hacer gran parte de lo que Goten me contaba, y que era absurdo no creerle porque el muchacho no tenía razones para mentir y ponerme en su contra... pero pese a ello no le hice caso. Cuando vino a verme... Lo vi y no me quedó más remedio que creerle —Trunks tuvo miedo a preguntar, a indagar, a saber. Conocía la historia, se conocía a sí mismo, conocía a Pesadilla y sabía lo que podía y no podía hacer, así que se sintió tentado a callar y a ignorar la posibilidad de recordar el sacrificio de Goten.
Pero como todo lo que tenía que tenía que ver con su mejor amigo durante las últimas semanas, no lo hizo... y el interés de Pesadilla tenía mucho que ver en ello.
—¿Qué viste? —cuestionó. Tragó saliva ante el silencio de Vegeta que, finalmente, fue roto no sin cierta reticencia. Su padre se volvió hacia él buscando encararlo y, cuando los ojos azules se asomaron a los suyos, se preguntó qué estaba haciendo, por qué rompía su silencio después de tantos años. ¿Era porque Pesadilla estaba libre y ya no tenía sentido callar?
No... era un intento desesperado de que Trunks respetara la última voluntad de Goten y de apelar a la compasión de Pesadilla para que no atacara. No ahora... o nadie podría detenerle.
—Le cercenaste la pierna izquierda, Trunks, muy por encima de la rodilla —la boca del susodicho se entreabrió. Ningún sonido salió de ella, como síntoma de perplejidad. Pestañeó y su vista se desvió al ataúd helado mientras buscaba en sus recuerdos la última vez que había visto a Goten con vida. Su pierna izquierda estaba allí, intacta. ¿Cómo iba él a cercenarle la pierna a su mejor amigo? Él no era semejante monstruo, por supuesto que no, ni siquiera Pesadilla habría sido capaz de...
¿O sí lo era?
Trunks se acercó a la cámara frigorífica y se asomó por la pequeña ventana de cristal, que estaba cubierta de hielo por dentro. No pudo ver la cara del difunto Goten, así que acercó los dedos al botón que abría la compuerta para ver su cuerpo y lo pulsó. Vegeta, apoyado de brazos cruzados sobre el ataúd, hizo presión hacia abajo y la compuerta, que apenas se había abierto, volvió a cerrarse.
—Estuvo muy ocupado ese verano, ¿verdad? Viajando, decía, y acostándose con muchas chicas, aseguraba —comentó el mayor—. En realidad pasó todo el verano en la Atalaya de Kami, esperando a que las esferas del dragón recuperaran su poder para desear que su pierna volviera, y recuperándose de la paliza que le diste. Por eso nadie le vio durante ese lapsus de tiempo, ni su familia ni sus amigos, solo Dende y Popo. Ellos son los únicos, aparte de Goten, que no perdieron los recuerdos por el deseo, y han guardado el secreto desde entonces para salvaguardar este planeta y protegerlo... de ti.
Trunks lo entendía todo, pero no quería oír más. Su cabeza empezaba a doler, y por más que intentaba recordar esa experiencia, estaba en blanco. Un sudor frío le recorrió la sien, y pensó, con todas sus fuerzas, que su padre mentía y le estaba gastando una broma macabra con algún propósito paterno típico de los saiyajins. Esa posibilidad fue leída por el propio Vegeta, y este se apartó del tanque con la mayor muestra de desdén.
—Ábrelo si no me crees. Mira su pierna izquierda. Si fue restaurada por Shenlong más tarde, debería tener una cicatriz como prueba.
—No voy a abrirlo —aseguró Trunks—. Esto es una broma de muy mal gusto y como sigas por ahí, ¡no pienso perdonarte, maldito tullido! —le gritó. Ahora fue el turno de Vegeta de ponerse lívido; un tic peligroso acudió a su ojo izquierdo. Trunks, que todavía conservaba algo de cordura, captó el peligroso mensaje que le había enviado a su padre y quiso retractarse, pero ninguna palabra pidiendo disculpas salió de su boca.
—Escúchame, Trunks. Estoy siendo condescendiente con tus gilipolleces porque has perdido a alguien muy importante, pero mi paciencia tiene un límite y, joder, no tendré reparos en romperte las piernas si me... ¡tocas las pelotas! ¡El luto ya está hecho y quiero que te deshagas de eso, te entretengas con tus putas máquinas, entrenes, o te dediques a follarte a tu amiga rubia, y TE OLVIDES DE ESTO! —el dedo del desquiciado y más que furioso Vegeta señaló el ataúd donde el cuerpo de Goten yacía. En su frente apareció una vena palpitante que avisaba del peligro que Trunks corría en el caso de negarse, pero este, con esa expresión que, sin duda, había heredado de su padre, lo encaró y se apoyó en la cámara con aspecto casi despreocupado.
—No.
—No me provoques —lo desafió Vegeta con la voz incitando a la batalla, irritantemente dominante—. Ese cadáver está aquí solo porque Kakarotto y su mujer todavía no se han decidido a darle sepultura, pero cuando lo decidan, tú vas a callarte y a obedecer porque son sus padres y no tienes derecho a abrir tu jodida boca respecto a eso —Vegeta notó el aire enrarecido tras la promesa, algo que, probablemente, solo él notara en un lugar público. Hubo un chispazo en su cerebro que le avisó de lo peliaguda que se estaba poniendo la situación, y cuando los ojos de Trunks se encendieron con un casi imperceptible tono rojizo, apretó los puños y crujió los nudillos. Vigiló sus piernas y cubrió los chips que había bajo la ropa con los dedos engarrotados. Trunks ya no estaba, y por tanto, la posibilidad de razonar con él había desaparecido, así que la batalla sería inminente.
Pesadilla se inclinó hacia adelante con aire despreocupado. Sus brazos se cruzaron y se mostró más parecido a su padre que nunca, con esos ojos afilados y maliciosos. Sus narices casi chocaron.
—¿Y qué harás si digo que no, Vegeta? —y antes de que la batalla empezara, cuando el saiyajin experto ya estaba maquinando el comienzo de esta, la puerta de la sala se abrió, y Bulma se asomó con una sonrisa que viajaba entre la falsedad y el cansancio.
Padre e hijo se apartaron casi de inmediato, y los ojos de Trunks volvieron a recuperar su color azul. La mujer sintió la tensión y su sonrisa temblequeó. Movió los labios en una orden clara para ordenarles que se comportaran y abrió la puerta del todo.
—¡Así que estabais aquí! —exclamó—. Os lo dije. Estamos muy ocupados para hacer mucho más últimamente —ella entró, y tras ella, insuflando todavía mayor tensión a la situación, entraron Goku y Chichí.
—¡Ey, Vegeta! —saludó el guerrero.
—Piérdete, Kakarotto.
—Acabo de ver a Broly y me ha dicho exactamente lo mismo —el príncipe chirrió los dientes, como si esa simple mención le diera grima. Con el vello erizado, aguantó un escalofrío de disgusto.
—¿Cómo se llevan padre y yerno? —preguntó Chichí con una sonrisita entre divertida y burlona.
—Insoportablemente mal. Se evitan como pueden, y solo se vieron ayer a la hora de la cena. ¿Habéis visto el boquete que hay en la cocina? No lo hizo Boburia. Fue Broly con la cabeza.
—Eso es muy desconsiderado, Vegeta —comentó Goku en contención de una risilla.
—Todavía es más desconsiderado tirarte a la hija de tu anfitrión en su propia casa —gruñó el susodicho.
—¿No es eso lo que tú hiciste con Bulma cuando llegaste aquí? Y el doctor Brief nunca estrelló tu cabeza contra la pared por ello... —Vegeta se volvió enseñando los dientes con un tono morado y rojo recorriéndole las mejillas.
—¡Eso es totalmente diferente!
Todos, excepto el príncipe y Trunks, estallaron en carcajadas. Por un momento, todo volvió a ser como era antes de la llegado de los boburrianos. Las bromas y el sentimiento de comodidad y eterna alegría se extendía por ambas familias, y a pesar de que Vegeta gruñía, apenas pudo disimular una sonrisa de medio lado. Solo para Trunks se hizo patente que aquellas sensaciones eran una farsa para quitarle hierro al asunto que habían venido a tratar. Le ponía enfermo ver como todo el mundo intentaba sonreír y hacer bromas después de todo lo que había ocurrido.
Goten había muerto. Picolo no se recuperaba. Gohan estaba manco, deforme y sordo. Goku estaba marcado para siempre por las quemaduras. Vegeta estaba tullido, y aunque usara aparatos que le permitieran andar sin que se notara, no era lo mismo. El planeta Tierra estaba destrozado. Había regulares cortes eléctricos a nivel mundial; miles de millones de personas habían muerto o estaban heridas de gravedad. Ciudades enteras, las capitales para ser más exactos, habían sido reducidas a la nada. Flora y fauna extinta, alteraciones en el cambio climático, y la radiación se había extendido más de lo que habían creído en un principio. La Corporación Cápsula se había visto reducida a un mínimo de efectivos, y no daba a basto ni en maquinaria ni en solicitudes de ayuda.
Por no hablar de su hermana...
Ni en miles de años recuperarían lo que habían perdido... y ellos reían como si nada.
—¿Qué habéis venido a hacer aquí? —su pregunta, brutalmente certera, detuvo las risotadas de golpe. La seriedad apareció, y con ella los suspiros de agotamiento y resignación.
Trunks tenía muchos pensamientos reservados sobre Goku. Goten le había hablado de él tantas veces, que su decepción también era suya. Sería muy fácil echarle la culpa de lo que había pasado al padre de su amigo, y al cruzar miradas, sintió la necesidad de soltarle todo lo que Goten había dicho sobre él a sus espaldas, la mayoría palabras buenas que no se merecía. No lo hizo, porque cuando los ojos de Goku dieron con los suyos, sintió que se le atoraba la garganta.
Goten y él se parecían tanto...
—Nos hemos decidido, Trunks, hijo —habló Chichí. Aunque intentaba parecer serena y cariñosa con él, Trunks podía ver su fragilidad mientras se acariciaba la barriga abultada, buscando apoyo—. Vamos a llevarnos a Goten al Monte Paoz, y allí lo enterraremos, con nosotros, muy cerca para que podamos verlo todos los días. Bueno... es un decir, porque sabemos que está en el Más Allá con todos esos grandes luchadores, y que nos verá desde arriba cuando tenga ganas de hacerlo. Seguramente lo está haciendo ahora, pero... Ya sabéis, no hay manera de saberlo, y lo justo es esto —Chichí se dirigió a la cámara frigorífica de tamaño humano, esa que había visitado tantas veces esa semana, y que Trunks le había permitido ver sin decir ni una palabra. Siempre que ella venía, salía de la habitación educadamente con un gesto vago de cabeza, y la dejaba allí sola. Sabía que lloraba, porque cuando volvía, encontraba pañuelos empapados.
Goku no había ido ni una vez, pero no por lo que Trunks creía.
—Si no supiera que está bien, si Goku no me hubiera descrito exactamente cómo es el cielo, no me atrevería a dejarlo ir tan fácilmente, pero... él está bien, lo sabemos. Somos nosotros, los vivos, los que tendremos que cargar con su muerte, y creo que nuestra familia necesita esto para poder seguir. Dejarlo congelado y no darle sepultura es alargar nuestras esperanzas esperando algo que sabemos que no va a ocurrir. Necesitamos cerrar esto, necesitamos...
—Olvidarlo —declaró Trunks con el mayor de los desdenes. Bulma se escandalizó, y lo llamó con un furioso reproche, pero pese a la mirada llorosa y dolida de Chichí, Trunks no se retractó—. Si vosotros queréis olvidaros de Goten, allá vosotros, pero yo no pienso hacerlo —aseguró—. Queréis enterrarlo solo para estar en paz con vuestra conciencia, cerrar una etapa y esperar a vuestro nuevo hijo para empezar de nuevo sin él. A mí no me engañáis, y si es eso lo que queréis, ya sabéis donde está la puerta. Largaos, pero Goten no saldrá con vosotros.
Hubo un silencio incómodo y contaminado por tan agrios comentarios. Vegeta se toqueteó el puente de la nariz con las sienes hinchadas y Bulma, sabiendo que su amante explotaría en cualquier momento, se acercó a Trunks y le pellizcó el brazo disimuladamente.
—¿Cómo puedes ser tan insensible? Tú eres el que no tiene nada que decir aquí, Trunks —lo riñó ella en voz baja.
—He estado más tiempo con él que su padre, así que tengo mucho más que decir que él —Bulma se escandalizó, y deseó que nadie lo hubiera escuchado. Vegeta le dirigió una mirada grave a su hijo y el rostro de Goku se ensombreció.
—No le hagas caso, Goku. Está muy susceptible desde que...
—Tranquila, Bulma. Lo entendemos —Trunks alzó una ceja y dejó escapar una risilla sarcástica. Eso lo dudaba—. Puede que haya tenido un desastre de padre, pero en cambio, ha tenido al mejor amigo.
Trunks sintió una bola de emoción en el centro de su garganta cuando Goku hizo el esfuerzo por sonreír, aunque la sonrisa apenas le llegara a los ojos. Sus palabras no le chocaron, pero sí lo hacían sus gestos, absoluta imitación de los de Goten. Lo veía a él en cada movimiento, aunque mucho más cansado y decaído. Lo veía en su forma de andar y en su rostro despreocupado. Lo veía en sus ojos e incluso en la forma de su pelo. De pronto, tenía al Goten niño delante de él, con el que había jugado durante toda su niñez, y con el que había seguido haciéndolo incluso siendo ya adultos.
Trunks se enterneció. Pesadilla se tambaleó. Las lágrimas afloraron. Quiso decir algo agudo y traicionero por hacerle sentir así, pero su voz era ronca y llorosa, así que calló en un intento por recuperar la dignidad y compostura. Sintió una mano amable y femenina posándose sobre su hombro, y oyó la voz de Goten a través del cuerpo de su madre, que lo observaba con candidez.
—Gracias, Trunks. Pero hay que dejarlo ir.
—Largo de aquí —fue lo único que pudo decir sin sonar vulnerable.
Chichí quiso abrazarlo. Le inspiraba compasión maternal al ver cómo la muerte de su hijo le había afectado, pero cuando extendió los brazos para hacerlo, Goku la apartó de él con casi brusquedad y la pegó contra su pecho. De pronto, Vegeta estaba detrás de su hijo y Bulma se situó a su lado con gesto grave. Chichí no entendió los acelerados movimientos, y con la intención de que eso siguiera así, Goku habló.
—Trunks tiene que despedirse todavía, y nosotros no tenemos prisa. Lo dejaremos hoy aquí y vendremos a por él mañana —Chichí no estaba de acuerdo, pero Goku tiró de ella sin darle tiempo a quejarse ni a despedirse. Salieron de la sala, con el guerrero rodeando la cintura de su mujer para que no se diera la vuelta. A lo largo del pasillo, Goku dirigió una mirada grave hacia atrás y un pensamiento cruzó la mente de Vegeta.
Esto no puede seguir así.
Mientras los Son se alejaban por el pasillo, Bulma tuvo el valor suficiente para mirar a Trunks, y también a su brazo derecho retorcido sobre su espalda por las fuertes manos de su padre. El músculo de su hijo era de acero. Bulma se preguntó qué le habría hecho a Chichí si Goku no la hubiera apartado y Vegeta no lo hubiera agarrado e inmovilizado. Bulma estaba cansada de hablar y de dar advertencias; sabía que su hijo estaba mal, pero no hasta el extremo de atacar a los demás. Sin decir ni una palabra, solo dirigiéndole una mirada de reproche de la que él ni siquiera se percató, dio media vuelta y salió de allí con porte regio.
Vegeta y Trunks volvieron a quedarse solos, y el primero, también cansado de ese comportamiento, pero muy consciente de que no desaparecería de la noche a la mañana, lo soltó.
—¿Sabes por qué Goten me contó lo que pasó hace diez años a mí, Trunks? —preguntó. Él no le contestó. Le dio la espalda y volvió a sentarse en su silla para continuar con su trabajo, pero Vegeta insistió—. Porque después de todo lo que hiciste, de todas las personas a las que mataste y de todos los destrozos que provocaste, solo yo me opuse a matarte a parte de Goten.
Trunks dejó escapar una risilla socarrona.
—¿Tanto mal hice?
—A Pesadilla no le gustan los humanos, y hay unos cuantos en nuestro grupo... Incluidas Chichí y tu propia madre.
Solo entonces Trunks se giró, sobresaltado por la insinuación, pero para entonces Vegeta ya estaba caminando al final del pasillo, lejos de él, sin volverse siquiera.
¿Había insinuado que había matado a su propia madre y a la madre de Goten?
Trunks no quiso pensar en eso, así que volvió al trabajo... pero sus manos no paraban de temblar.
Día 224
Broly contó hacia atrás desde diez. Había pensado hacerlo desde mil, pero descubrió, no sin desagrado, que su conocimiento sobre números humanos era limitado. Si lo hacía desde cien, empezaba a pronunciar números en lengua saiyana, o quizás interplanetaria, así que se dio por vencido desde el diez mientras veía la televisión sin mucho interés. La programación habitual de dibujos animados había sido anulada, y lo que se veía era una reposición de capítulos que ya había visto. Llevaba esperando mucho tiempo para ver el siguiente capítulo de Brocolín, no solo porque se aburriera intensamente, sino porque además, era el último de la serie, y se había quedado en un momento cúspide en el capítulo anterior.
Nappatata había sido asesinado en un ataque conjunto entre el Capitán Zanahoria, el Rey Vegetales y Brocolín. Quedaba otro enemigo, sin embargo. El Trunkoco de esa línea temporal era muy diferente al de la línea temporal futura, y estaba volviéndose loco después de la muerte de Zanaroten, volviéndose contra todos y atacándolos. La situación era tórrida, y como Zanaroten no volviera a la vida utilizando el tesoro del arcoíris, que al ser encontrado concedía un deseo invocando al Unicornio Verdulero, a saber qué haría Trunkoco. Por otra parte, había otra situación que preocupaba a Broly. ¿Brocolín se quedaría con Berenjenina o se iría en busca de aventuras? Él la quería, no había duda de ello, pero ¿hasta el punto de quedarse con ella en el Palacio de Verduras y renunciar a su libertad? ¿Quién sabía?
Broly estaba aburrido. Como Bulma lo había denominado alguna que otra vez, era un espíritu libre, y no aguantaba estar en la Corporación Cápsula con todo el mundo ocupado y con Vegeta no reaccionando ante sus provocaciones. Después de pasearse desnudo por su casa, el príncipe de los saiyajins había estallado contra él por el bochorno, y una pelea que había durado poco por la aparición de Bulma fue iniciada. En ese cortísimo periodo de tiempo en el que habían estado peleando, Broly se había dado cuenta de dos cosas. En primer lugar, no había sido Bra la que había aparecido para detenerle. No había estado presente en ninguna de sus disputas últimamente, ni tampoco cerca de él. Broly no le exigía que lo estuviera, pero tenía un sentimiento extraño al verla tanto tiempo lejos de él; no paraba de pensar dónde estaría y por qué estaría tan ocupada. Sabía que Bra no andaría lejos si no hubiera algo que la retuviera, y se preguntaba qué podría ser eso tan importante como para mantenerla lejos. Había pensado en seguirla, pero si él tenía libertad para moverse, ¿por qué ella no iba a tenerla para hacer lo que quisiera? No se le había pasado ni una vez por la cabeza la posibilidad de que estuviera haciendo algo que traicionara su confianza, que curiosamente, era mucha pese a lo vivido por cada uno.
Lo segundo de lo que se había dado cuenta era de que Vegeta estaba lesionado en las piernas. Había visto cómo Boburia le había partido la columna a lo lejos, de un solo crujido, pero no le había visto cojear ni un momento ni mostrar signos de invalidez en el tiempo que llevaba despierto, hasta que, esa mañana, se pelearon en el jardín, y Broly le atinó a las piernas en un movimiento que no era concienzudamente agresivo. Vegeta casi se desplomó, pero quedó sostenido por su capacidad de vuelo y por la pierna derecha. La izquierda quedó flácida sobre el suelo, y Broly juraría haber visto algunas chispas saliendo de ella. Vegeta quiso contraatacar inmediatamente, y esta vez en serio, con ojos asesinos, no como una especie de demostración de quien mandaba allí, sino como un auténtico guerrero asesino. Pero Bulma llegó en ese momento, y no hubo más pelea. Vegeta entró en casa disimulando su cojeo, pero Broly ya sabía lo que pasaba para entonces.
El príncipe estaba tullido, y por algún motivo, ningún regocijo recorrió el cuerpo de Broly al saber su desgracia. ¿Era posible que algo parecido a la empatía hubiera llegado hasta él al observar esas desgracias familiares? No. Se negaba a ello. Lo único que ocurría era que se aburría y que debía matar a Kakarotto y a Vegeta tarde o temprano, y ninguno de los dos estaba dispuesto a luchar en serio. No ahora. Y seguramente no en mucho tiempo.
—¿Es para siempre? —le había preguntado a Bulma cuando Vegeta entró en casa. La mujer se puso pálida y frunció el ceño, como si le fuera a replicar por la pregunta con un grito, igual que hacía Bra. Pero entonces, cuando abrió la boca, sus ojos se aguaron y brillaron. Bulma sacudió la cabeza para aguantarse las lágrimas.
—No inicies ninguna batalla contra él. Si Vegeta intenta pelear y ve que no puede seguir tu ritmo... le conozco lo suficiente como para saber que su orgullo quedará por los suelos y hará lo imposible para ponerse a tu altura, aunque eso signifique inmolarse.
Broly no quería admitir que se había ido de esa casa por ello. Estaba bien en la Corporación Cápsula a pesar de haber perdido la mayoría de sus pisos, y todos hacían vida social en la planta baja y en el sótano, apretujados. Aun así, no tenía que preocuparse por la comida, e iniciar disputas verbales con todos los que se encontraba se había hecho una costumbre. Sin embargo, se había ido, sí. No para evitar a Vegeta o a Trunks, no porque se sintiera incómodo con ellos al saber que no debía iniciar una batalla contra ellos. Uno no podía pelear, y si peleaba contra el otro, el planeta terminaría de venirse abajo. Era mejor no tensar más la cuerda, pero no era por eso...
¿O sí?
Tama jugueteaba con su cola cuando el timbre de la puerta sonó y Broly se giró sorprendido. Sabía que Bra estaba al otro lado, y se preguntó por qué no entraba directamente, como hacia siempre. Se levantó del suelo y abrió la puerta con una sonrisa pícara. Tama maulló y se restregó contra la pierna de su dueña cuando esta apareció frente a ellos. Su flequillo tapaba sus ojos bajo el cielo oscurecido, no porque fuera de noche, sino porque la lluvia ácida había empezado a caer otra vez. Broly se preguntó cómo había llegado hasta allí bajo ese tiempo enloquecido. Aunque no les hacía verdadero daño, la lluvia ácida que caía de vez en cuando era más que molesta, como si miles de mosquitos se decidieran a picar al mismo tiempo, y Bra era una quejica... o al menos lo era antes de que todo eso sucediera.
—¿Por qué no entras directamente, boba? —cuestionó. Al ver que Bra no respondía, se hizo el indiferente y se introdujo en la casa de nuevo. Se sentó en el suelo con las piernas cruzadas frente a la televisión, y Bra entró—. No esperaba que vinieras. Como últimamente estás tan ocupada...
—¿Por qué te quejas, mono estúpido? Solo estoy prestando ayuda a los humanos, eso es todo —Broly se llevó una galleta de brocolín a la boca.
—No tienes que darme explicaciones, ya me entretengo por mi cuenta sin ti a mi lado. No soy un crío que necesita que su mamá esté pendiente de él —Broly siguió mirando la tele sin auténtico interés. Bra se dejó caer sobre la cama boca abajo, hundiendo la cara en la almohada para, acto seguido, darle la espalda y acurrucarse en un rincón de la misma. Tama se subió a la cama con ella y apoyó las patitas delanteras en su nuca mientras maullaba. Tras un rato de silencio, Broly se sintió incómodo—. ¿Has comido algo?
—No tengo hambre.
—De acuerdo.
—¿No vas a obligarme a comer?
—No soy tu jodido padre, niña. Tú sabrás lo que haces con tu cuerpo —Broly fue brusco con esas palabras, y Bra se encogió todavía más en la cama. El guerrero legendario se preguntó si necesitaba algo de cariño, como Bra le había dicho algunas veces cuando estaba en esos días del mes. O se ponía de muy mal humor, o le mostraba una sensibilidad que nunca había sido propia de ella. Era una de esas ocasiones en las que buscaba más afecto que brusquedad o excitación, y eso era muy molesto porque Broly no tenía una naturaleza sensible.
Se levantó del suelo y se colocó a los pies de la cama con porte regio que, sin embargo, se vino abajo en cuanto la muchacha elevó los ojos llorosos hasta él, brillantes como una noche plagada de estrellas.
—Broly... —lo llamó con voz aguda.
Entonces estiró los brazos a ambos lados de la cama y él se colocó entre sus piernas, inclinándose sobre ella lo bastante como para que le rodeara el cuello con los brazos. Broly cayó sobre Bra muy despacio, apoyando la cabeza entre sus pechos y la frente sobre su hombro. Ella lo apretó con fuerza y dejó escapar un gemido mezclado con un sollozo cuando la pelvis de él encajó con la suya.
Luego se puso a llorar.
—Atardecer 224—
Estaba cayendo lluvia ácida cuando Vegeta le llamó. Después de fusionarse como Gogeta durante la batalla contra Boburia, y quizás debido a circunstancias que Goku no entendía demasiado bien, la telepatía entre los saiyajins que quedaban estaba más acuciada que nunca. Goku podía sentir en su cabeza la respiración de Gohan en la casa que había junto a la suya, y también el aburrimiento y el tedio de Broly en la lejanía. Había ciertas mentes vedadas; Trunks era impenetrable tanto para él como para Vegeta, y la conexión con Pan era muy débil, casi tanto como le ocurría con Bra. Pero interactuar con el príncipe era fácil.
Necesito un combate de entrenamiento. Ahora.
No sé si es el mejor momento, Vegeta. ¿Por qué no se lo pides a Broly?
Sabes el porqué, Kakarotto.
La última respuesta fue dada con un gruñido, y Goku entendió que le había herido en el orgullo. Por supuesto que sabía por qué no podía pelear contra Broly; porque lo haría trizas. Ya le estaba costando bastante pedirle ese favor a él, pues ambos sabían que no estaban hablando de un combate de entrenamiento en sí. Vegeta estaba hablando de un intento desesperado de rehabilitación. En su condición, no podría ser un oponente digno de Goku, pero esperaba que las batallas hicieran reaccionar sus piernas tarde o temprano. No podía pedirle a Broly que tuvieran un combate que no era tal por razones obvias. Su orgullo ya se resentía bastante pidiéndoselo a él.
La desesperación de Vegeta era tal, que Goku suspiró y se levantó de la mesa de la cocina para salir fuera. Los platos todavía estaban en la mesa, a medio comer, y Chichí los recogía y los lavaba en un cubo de agua sacada del cauce del riachuelo más cercano. Goku se había transportado a las montañas en busca del agua más pura que pudiera haber, algo difícil después de la masacre. La contaminación se extendía por las zonas más recónditas del planeta, aunque por suerte, no había llegado allí. Las cañerías de esa zona tenían problemas después de lo sucedido con Boburia, pero la electricidad seguía funcionando, aunque con cortes de luz puntuales. Los habitantes del Monte Paoz y de sus distritos eran los que mejor parados habían salido, y aun así, tuvieron que prepararse para proteger los huertos y las casas de la lluvia ácida.
La situación en casa era complicada, aunque más activa de lo que Goku recordaba. En lugar de retroceder, el guerrero notaba un avance con pasos cortos. Su familia hablaba de problemas y los afrontaba día a día, algo que él nunca había vivido. Daba por sentado que alguna vez habían estado en apuros, pero él nunca había estado o se había hecho el sueco y había dejado que otros los solucionaran. Ya no podía ni quería hacerlo, y una nueva clase de respeto había nacido en el seno de los Son. Gohan y Chichí estaban sorprendidos de no verlo huir. Goku estaba sorprendido de sí mismo al descubrir que no tenía necesidad de ello, aunque doliera. Y dolía... dolía muchísimo.
Aunque mirar a Gohan por encima del hombro negándose a prestarle ayuda e impedir que los demás lo hicieran ya era duro, lo peor era cavar la tumba de Goten. Eso era el colmo de los sufrimientos, y Goku solo se permitía a sí mismo hacerlo, a nadie más.
Sobreponerse nunca había sido tan complicado.
—¿Adónde vas? —preguntó Chichí cuando lo vio caminar hacia la puerta.
—Voy a entrenar un poco con Vegeta. Volveré en unas horas —la mujer puso mala cara de inmediato sin dejar de fregar los platos. Goku sabía lo que se le pasaba por la cabeza; otra vez volvía a ser el mismo de siempre. Pero no era así, e intentó transmitírselo con una sonrisa floja—. No voy a abandonaros, Chichí.
—No hagas promesas que no puedes cumplir, Goku —la mujer siguió lavando los platos en silencio, y el guerrero suspiró y salió fuera de casa. La lluvia ácida cayó sobre él como un torrente de picoteos agresivos. La ropa empezó a ceder y Goku se llevó dos dedos a la frente para transportarse a la Corporación Cápsula.
Pero entonces vio la fosa abierta donde iban a enterrar a Goten, largos metros más allá, a los pies de un árbol que se resentía por la lluvia. Su rostro se ensombreció al ver que la fosa estaba encharcada hasta arriba, llena de agua tan caliente, que salía humo de ella. Goku se acercó sin importarle ya su ropa, y se asomó por ella. Sintió un escalofrío cuando algunas gotas se colaron por las quemaduras todavía no sanadas de su espalda, pero en lugar de pensar en ponerse a cubierto, solo se le ocurrió que debía hacer otra tumba.
Las luces se fueron en el interior de la casa, pero Chichí siguió limpiando los platos en la oscuridad hasta que estuvieron relucientes. Les siguió dando brillo, y siguió durante largos minutos antes de darse cuenta de que se había ido la luz. Entonces se levantó con un suspiro, y empezó a apilar los platos. El truco era no pensar, y para ello debía centrarse en cosas mundanas como aquella. Gohan y Goku también lo hacían, en cualquier cosa, por imposible o absurda que fuera. Goku había apilado troncos para el invierno cuando todavía quedaban meses para su llegada, y Gohan estudiaba y preparaba clases universitarias aunque ya no hubiera universidad, porque había desaparecido. Aunque todavía hubiera, Chichí dudaba que pudiera volver a dar clases en ella.
La mujer se apartó del fregadero y empezó a dar vueltas por la casa buscando algo para entretenerse. Aunque ya estaba todo reluciente se negaba a irse a la cama tan temprano, porque de hacerlo no pararía de llorar hasta bien entrada la noche. Se detuvo frente a la habitación que había pasado de Gohan a Goten, en la que no había vivido desde hacía años, y las manos le temblaron. Pasó de largo cuando sintió un golpe de ansiedad y ganas de vomitar, y volvió a la cocina para limpiar los platos... otra vez. Al pararse en el fregadero, su vista se alzó y atravesó la ventana. Luego, dejando caer un plato en la oscuridad, siguió observando hasta detectar la sombra que se movía al otro lado de la misma.
—No puede ser —Chichí salió de la casa con una sartén encima de la cabeza. Los paraguas no funcionaban con esa lluvia, y esta consiguió hacer que se resintiera por los pinchazos. Cuando salió, descubrió que sí podía ser—. ¡GOKU! ¿Qué demonios estás haciendo? —el susodicho estaba allí, sentado sobre el suelo embarrado e inclinado hacia adelante. Se volvió para mirarla con las manos llenas de barro, como quien se da cuenta de la presencia de alguien que ha estado mucho tiempo detrás de él, distraído.
—¿Eh? ¿Qué haces bajo la lluvia, Chichí?
—¡Eso mismo te estoy preguntando yo! ¿No ibas a pelear contra Vegeta? ¿Qué locura estás hacien...? —la mujer avanzó, y cuando dio un par de pasos, sus pies se hundieron en el barro y cayó precipitadamente hacia adelante sobre una fosa que, horas antes, no había estado ahí. Gritó—. ¿¡Qué demonios hace esto aquí!? ¡GOKU!
Él se levantó y corrió hasta ella. Chichí lo miró furiosa y herida por las quemaduras de la lluvia, y Goku se rascó la cabeza con esas manos tan sucias, poniéndose perdido de barro con una sonrisa titilante.
—Es que la tumba de Goten se ha inundado con lluvia ácida, y me he puesto a hacer otra. Pero cuando la he terminado me he dado cuenta de que no me gusta donde estaba para él, así que he hecho otra y luego otra más —Chichí lo observó con ojos brillantes, ya sin ánimos para regañarle. Mientras Goku se inclinaba para sacarla de ahí con un simple tirón, ella supo que era la más serena de esa casa, y que debía mantenerse firme para que su marido no perdiera la cabeza—. Esto me recuerda a cuando excavé la tumba de mi abuelo, aunque para él solo hice una —Chichí quedó apoyada contra su pecho, analizando la extraña sonrisa y los ojos oscuros con los que él la miraba. Goku no solía hablar de su abuelo, y ella suponía que era porque le traía los recuerdos más amargos que había vivido nunca.
—¿Vamos adentro? Estás embarazada, es peligroso estar aquí fuera —Goku la cargó en brazos y caminó por el suelo embarrado hasta la entrada de su hogar. Ni por un momento, Chichí apartó una mirada penetrante y recelosa de él.
—¿Por qué no te vas a entrenar con Vegeta? —cuestionó una vez entraron. Goku se sacudió los restos de lluvia como un perro, pero aun así siguió sucio y embarrado de la cabeza a los pies.
—Porque si lo hago, te pondrás a llorar, ¿verdad?
Goku la soltó. Se quitó las botas embarradas e intentó dirigirse al baño, pero Chichí lo agarró por la ropa de entrenamiento. Su rostro estaba deformado por un puchero que avecinaba un llanto torrencial, y Goku tomó aire cuando empezó a llorar. Se enterneció cuando le abrazó la cintura y hundió la cara en su espalda ignorando su suciedad. Al guerrero se le formó un nudo en la garganta.
—¿Nos bañamos juntos? —murmuró con voz ronca. Chichí restregó la frente contra su espalda, y negó con la cabeza.
—Si me sueltas ahora no te lo perdonaré nunca, Son Goku.
Goku supo que era el momento de hacer una promesa de por vida; no volveré a dejaros solos otra vez. Lo tenía claro, era lo que quería hacer, pero cuando abrió la boca se le atascaron las palabras y solo pudo volverse para abrazarla con fuerza. Demasiada. A Chichí se le puso el corazón en la boca, porque él daba tan pocos abrazos; solo los justos, solo si se le abalanzaban. Oyó el sonido contenido de un sollozo, y sintió la humedad salpicando su hombro, pero no quiso descubrir la fatalidad de su vulnerabilidad.
Apretó las manos contra su espalda y le besó el cuello.
—Vamos a la cama —Goku asintió, lloriqueando como un niño pequeño. No había imagen más tierna que la de Chichí tirando de su mano hacia la habitación mientras él se restregaba el brazo por los ojos y sollozaba.
[...]
La escena en la casa de al lado era muy diferente a la que estaba teniendo en lugar en la habitación de Goku y Chichí. Gohan había terminado de cenar hacia un buen rato junto a su familia. Videl y Pan hacían un trepidante esfuerzo por fingir que todo había vuelto a la normalidad, por hacerle ver que todo estaba bien cuando no era así. Pan se reía con las reposiciones de dibujos animados mientras cenaba, y Videl la imitaba mientras cocinaba y, posteriormente, fregaba los platos. Madre e hija hablaban como no lo habían hecho en años, no desde que Pan entró en esa etapa rebelde y adolescente. Pan también estaba más cerca de su padre que nunca, y ambas procuraban, por todos los medios, que no hubiera silencio y que hubiera un gran movimiento, para no pensar en nada más. Sin embargo, no tuvieron algo en cuenta.
Para Gohan el silencio era perpetuo.
Un acontecimiento pequeño desató la irritación absoluta. Gohan quería ver las noticias y, con ellas, la oleada de masacres que el mundo estaba sufriendo con los recientes sucesos. Aunque no oía lo que se decía, comprendía las imágenes y calculaba números y consecuencias. Un inocente gesto por parte de Videl hizo que Gohan apretara el único puño que tenía y luchara por no hacer estallar el vaso que tenía en la mano, en balde.
Videl pulsó el botón que activaba los subtítulos para sordos.
El vaso se resquebrajó, y Gohan lo soltó antes de que estallara. Quitó las noticias y le permitió a Pan ver los dibujos animados. Luego se quedó un buen rato observando los folios y el lápiz que había sobre la mesa de la cocina por si quería expresar algo, como si hubiera perdido la capacidad de habla. Había llenado el folio con cuentas y ecuaciones imposibles de entender, y con ellas, había calculado hasta dónde llegaría la radiación de la bomba nuclear.
Pero... ¿para qué? Ya nadie le escucharía. Nadie iría a sus charlas y nadie escucharía sus exposiciones por muy brillantes que fueran. ¿Qué iban a escuchar? Era cuestión de tiempo que perdiera la capacidad de habla por no poder escucharse a sí mismo, sobre todo si no hacían más que ponerle folios delante para que escribiera en lugar de hablar. Ni siquiera podía aprender el lenguaje de sordos, porque no tenía ambos brazos. Gohan estaba destrozado por su hermano, y su estado lo alteraba todavía más. Se sentía impotente, frustrado, perdido, y lo que era peor... avergonzado.
Videl le quitó los platos de la mano cuando se dispuso a llevarlos al fregadero, y Pan recogió la mesa cuando él intentó hacerlo. Le traían vasos de agua y todo lo que creían que necesitaba, y cuando se levantaba para hacer cualquier cosa, ellas le preguntaban qué hacía y lo volvían a sentar para hacerlo por él. Así llevaba una semana. ¡Y cómo le cabreaba, a él y a Goku! Este había aprendido a poner mala cara cuando las mujeres intentaban mimar a su hijo, un rostro que ocultaba el miedo que les tenía cuando les replicaba que lo dejaran en paz, algo que, generalmente, funcionaba. Pero Gohan no quería que su padre lo defendiera. Humillante. No había más palabra que esa.
Y... maldita fuera... ¡le costaba tantísimo replicar sin escucharse a sí mismo!
Esa noche logró controlar su creciente irritación como había hecho las noches anteriores, pero llegado un momento, cuando Videl se sentó a su lado en el sofá y madre e hija estuvieron tan pegadas a él que resultaba agobiante, dándole más calor y cariño del que necesitaba, no pudo más. Se levantó y, bruscamente, se dirigió escaleras arriba bajo la sorprendida mirada de su familia.
Se metió en el cuarto de baño para darse una ducha. Retiró su ropa despacio, y se miró al espejo para retirar la venda que, una y otra vez, ducha tras ducha, retiraba de su cara y cambiaba por otra. No la ensuciaba porque sus heridas ya estaban cicatrizadas, pero le daba tanto asco su malformación que prefería mantenerla así. Pan no la había visto todavía, y odiaba que Videl lo hiciera. La mitad de su cara era una quemadura absoluta, una costra humana, y su párpado estaba permanentemente cerrado ocultando el ojo que ya no sentía. El muñón tampoco le agradaba, pero tenía mejor aspecto que su rostro.
Tengo que empezar a usar un parche o algo así, como un pirata. Entonces sí que habré acabado con mi imagen pública y sólo podré hablar con terroristas sobre bombas nucleares y radiación.
Su pensamiento le hizo reír vagamente antes de meterse en la ducha, en busca de un momento de relajación. Acostumbrarse a usar un solo brazo estaba siendo lo más fácil de superar, quizás porque no era la primera vez que lo perdía, pero eso no era algo que él supiera. Consiguió dejar la mente en blanco mientras se lavaba con agua muy caliente hasta levantar una espesa nube de vaho. Cerró su ojo sano y pensó en reanudar un entrenamiento, aunque fuera flojo, con su padre, el único que lo trataba como si no fuera un discapacitado.
Como no podía oír nada, no escuchó la mampara de la ducha abrirse, y no se percató de que Videl había entrado hasta que esta le rodeó la cintura desde atrás, apoyando la barbilla sobre su hombro cariñosamente, besándole el cuello.
Gohan se quedó estático.
—¿Recuerdas lo que estábamos intentando hacer antes de que ocurriera todo esto? Un bebé, como lo han hecho tus padres... no veo por qué no seguir intentándolo —eso fue lo que ella dijo con su mejor intención. Videl hacía todo lo posible por animarle, por asimilar su nuevo estado. Fingía que no le importaba nada que su rostro estuviera quemado, que estuviera manco cuando sí le importaba.
¡Le importaba porque lo veía tan infeliz! Y ella lo quería demasiado como para verlo sufrir así. Por supuesto, era impactante su nuevo aspecto, pero eso no reducía su amor por él. En absoluto. E intentaba transmitirle eso con todas sus fuerzas, y también Pan. Ambas estaban con él porque era el mejor hombre que había sobre la faz de la Tierra, porque lo amaban más que a nada en el mundo...
Pero Gohan sentía todo ese amor como un recuerdo continúo de que ya no era el de antes, como algo superficial. No quería sentirlo.
—¡Joder, Videl! —se revolvió y apartó sus manos bruscamente de él. El romanticismo y el libido, que no era algo fácil de conseguir por las circunstancias, se vino abajo en ella en cuanto Gohan salió de la ducha.
—¡Gohan! —lo llamó, y él no se volvió, pero no porque no lo deseara, si no por no mostrarle su destrozada cara.
—¿¡Qué coño quieres ahora, Videl!? ¿Es que no puedes dejar que me dé ni una ducha solo? ¡TODAVÍA PUEDO BAÑARME POR MÍ MISMO, NO NECESITO TU AYUDA PARA ESO! —Videl se encontró entre la furia y la tristeza por esos gritos. Dio un golpe con la mampara en la pared y se encaró a él con su espíritu guerrero, ese que nunca había perdido.
—¡No me grites, Gohan! ¡Solo quería hacer el amor contigo ahora! —pero Gohan no escuchaba nada de lo que decía. Solo la veía mover los labios, y como no quería que viera su rostro, ni siquiera eso.
Sacudió la cabeza, fuera de sí.
—¡Déjame en paz! ¡DÉJADME TODOS EN PAZ! —Gohan agarró su ropa con rapidez. Abrió la puerta de uno de los cajones del cuarto de baño y dio con el botiquín de primeros auxilios. Intentó abrirlo para sacar las vendas, pero abrir el cierre era difícil con una sola mano. Gohan empezó a soltar gruñidos impacientes, y Videl, tragando aire para controlar su genio, se acercó para ayudarle.
Gohan aplastó la caja de primeros auxilios con el puño cuando ella se le acercó, y luego el mueble. El cristal del espejo estalló y Videl dio un salto por la sorpresa. Los cristales cayeron sobre él y volvió a acercarse, pero Gohan se levantó, se dirigió hacia la puerta y salió por ella.
—¡No me mires y NO TE ACERQUES! —le gritó antes de dar un portazo.
—¡GOHAN! —hubiera corrido tras él si varios cristales no se hubiera clavado en sus pies, desatando una sangría sobre los azulejos ahora rojizos—. ¡Maldita sea, Gohan! ¡VUELVE AQUÍ! ¿¡Qué demonios te pasa!? —tronó.
Pero él no la oyó. Y tampoco la oyó llorar ni gritar de rabia. Se echó en la cama con las cobijas hasta arriba pese al calor que hacía, y todo por cubrirse la cara que ahora odiaba.
Pan, en la habitación de al lado, sí lo oyó todo. Salió de su cuarto por la ventana, angustiada y temblorosa, y echó a volar en busca de algo de tranquilidad, de una energía concreta que relampagueó en sus sienes en cuanto se puso en marcha. Cuando aterrizó en una ladera lejana del monte, pese a la lluvia ácida que caía sin parar y que le destrozaba la ropa, Uub ya estaba allí, bajo uno de los árboles que empezaban a perder color por el cambio climático.
—¡Pan! ¿Qué ha...? —pero ella no le dejó hablar. No aterrizó, se lanzó a sus brazos directamente y ambos rodaron por la ladera abrazados. Pan renunció a su falsa felicidad para desahogarse a sus anchas, y Uub, como siempre, estuvo ahí mientras la estrechaba entre sus brazos y le susurraba palabras dulces al oído.
A medianoche, todo era mucho más bello para Pan, pese a la lluvia ácida que seguía cayendo.
—Noche 224—
Bulma oyó el insistente pitido de los controles de la Cámara de Gravedad. Después de vivir situaciones límites en las que su marido se sobreexplotaba a sí mismo dentro de su recinto particular, Bulma construyó un medidor de potencia que le avisaba de las posibles turbaciones de la misma antes de que esta estallara. Después de mucho tiempo, le daba el aviso de que estaba llegando al límite, y la mujer se preguntó por qué demonios la tempestad no se había llevado por delante la cámara también. Demasiado pesada, suponía, incluso para Boburia. Ya era tarde, pero ella seguía en el laboratorio revuelto, construyendo y creando. La cabeza iba a estallarle, y ninguna medicina podía evitarlo. Ni siquiera la cama donde ahora dormían Vegeta y ella la calmaba. No podía pegar ojo, le era del todo imposible.
Y desde Boburia, no era la única.
Se levantó de su eterno sitio, se acercó a la señal intermitente de aviso de la limitación de la cámara, y pulsó la desactivación automática. Vegeta todavía no sabía dónde guardaba ese aparato que tantas veces había interrumpido su entrenamiento desde fuera, y en cualquier caso, ahora no era su prioridad encontrarlo. Preocupada, pero también agotada, Bulma salió del laboratorio y se dirigió al jardín levantado y destrozado, una locura con rocas y sin apenas hierba. Se había quedado sin arbustos y sin las flores que su madre tan felizmente había criado y dejado en sus manos poco antes de morir.
Bulma llegó a la puerta de la Cámara de Gravedad y, utilizando la abertura manual mediante la pulsación de una combinación de certeras teclas, la abrió. Una humareda salió disparada, levantando aire hacia el exterior y empujándola unos centímetros hacia atrás. Cuando logró estabilizarse, observó los destrozos interiores, la pantalla rota, los controles chisporroteando, algunos cables colgando de las paredes... y su marido, o el que iba a ser su futuro marido, sentado con la espalda descansando sobre los controles, casi igual de roto.
Él le dirigió una mirada furibunda antes de replicar.
—Maldita sea, mujer, ¡estaba perfectamente! No hacía falta que detuvieras la gravedad, pedazo de loca —le gruñó. Y eso bastó para que la mujer se acercara, picada por tan agria respuesta.
—¡Serás desagradecido! Estaba preocupada por ti, ¿y cómo que estabas perfectamente? ¡Mira a tu alrededor, está todo destrozado! La cámara me ha avisado de que estaba en el límite, a punto de estallar, y no estamos para fabricar una nueva desde sus cimientos. ¡Además, no puedes pelear! ¿Qué demonios pasa por tu...? —las fuertes regañinas de Bulma fueron perdiendo fuerza conforme se acerca al sujeto de su rabia. Cuando llegó hasta él, ya no había un mínimo de fuerza en su voz—. Dios mío, Vegeta, ¿qué has hecho?
El príncipe descansaba con las piernas estiradas y desgarradas. Feas quemaduras sanguinolentas se extendían por la izquierda, y la derecha estaba doblada de una manera que Bulma no concebía como natural. Él la miró y se regodeó al verla pálida mientras las observaba. Intentó ponerse en pie con ellas, pero un chispazo le atravesó la pierna derecha y se deslizó hasta el suelo, en la misma posición.
—Has roto el conector que creó Trunks para ti, ¿verdad?
—No tengo la culpa de que no aguante la presión. He llamado a Kakarotto para que viniera y así no tener que usar esta maldita cámara, pero el muy cerdo ha preferido quedarse en casa dejándose mimar por su mujer. ¿Por qué me miras así? Tenía que entrenar, me aburría como una ostra.
—Puedes entrenar, pero en niveles normales —Bulma se agachó a su lado y observó sus piernas heridas—. En tu estado, no deberías...
—¿Qué estado? —la retó a decirlo él. Su mirada afilada la taladró, desafiándola a atreverse a llamarlo tullido, pero Bulma tuvo la precaución de no hacerlo. Lo destrozaría si insinuara algo así, sobre todo si era ella.
Vegeta parecía sereno la mayor parte del tiempo, y gracias al conector nervioso que le posibilitaba mover las piernas, nadie había notado nada, o al menos nadie excepto Broly y Goku. Dentro de unos meses, cuando lo peor hubiera pasado, mejoraría el conector para que aguantara grandes presiones y se lo instalarían dentro de la pierna. Todo volvería a la normalidad... pero Vegeta no olvidaría que dependía de un aparato para moverse con soltura. Nunca. Ahora era un tullido, lo quisiera o no. Quizás las semillas senzu hubieran salvado su columna y su pelvis, pero de fémur para abajo no había forma de que la conexión se restableciera.
—Voy a curarte esto —declaró ella.
—No tengas prisa. No siento ningún dolor —Bulma lo analizó con ojo agudo, a él y a sus heridas antes de moverse para buscar un botiquín. Se sentó a su lado despacio, y al notar la agria manera con la que él la miraba, llegó a una conclusión.
—Te has roto la pierna adrede, ¿verdad? —Vegeta no respondió—. Te conozco lo suficientemente bien como para entenderlo. Querías saber si sentirías algo... y no sientes nada.
—¿Nunca te he dicho que eres jodidamente irritante cuando quieres, Bulma?
—¡Deberías estas agradecido! Puede que tus piernas no se muevan por sí mismas, pero se mueven. ¡Y cuando todo mejore, podrás volver a pelear sin problemas! —Vegeta apretó los dientes y se los enseñó en una amenaza clara, pero Bulma no se achicó.
—No tienes ni puta idea. Yo antes mataba a gente, destruía planetas. Antes era temido, y ahora soy un tullido. Antes...
—Antes no tenías familia y estabas solo. Hazte un favor a ti mismo y deja de pensar en lo que tenías para pensar en lo que tienes ahora, Vegeta. Fue tu decisión quedarte, no nuestra, así que no lo pagues con los demás.
—¡No lo pago con los demás, sé que fue mi maldita decisión, pero no pensé que acabaría... así! ¡Esto es una maldita mierda!
—Salvaste este planeta, Vegeta. ¿Has pensado en eso? ¿En el bien que has hecho, en las personas que están vivas gracias a ti?
—¡ME IMPORTA UNA MIERDA, YO QUIERO MIS PIERNAS! —gritó, y golpeó el suelo con los puños en un intento de parecer amenazante que no funcionó con ella.
Bulma se acarició el puente de la nariz, admitiendo que ya no había discusión. Vegeta había llegado a un punto infantil en el que no usaba la lógica, por lo que resultaba intratable e irrefutable. Llegados a ese punto de frustración, Bulma solo podía permanecer a su lado sin tratar de hacerle ver las cosas claras. Podría irse de allí, porque Vegeta no entraría en razón hiciera lo que hiciera o dijera lo que dijera, pero decidió permanecer. Se pegó a él, apretando su costado contra el suyo, notando su tensión y sus ganas de que desapareciera y lo dejara en paz, y sin embargo, permaneció en su peor momento.
Hubo un silencio largo.
—Piensa en el lado bueno. Puedes mover la pelvis y tu entrepierna sigue siendo la misma de siempre —Vegeta se volvió hacia ella con una ceja alzada, muy despacio.
—Eres retorcida.
—¡Es algo bueno para ti! Si estuvieras tullido de cintura para abajo sí que sería un problema.
—¿Quieres follar ahora? ¡Estoy herido!
—¡Eres tú el que dice que no siente dolor!
—¡No, pero puedo desangrarme, estúpida!
—¡No me llames estúpida! ¿Y qué quieres que haga?
—¡Ve a por un botiquín, corre! ¿A qué esperas? —Bulma se puso roja de rabia. Lo agarró por el cuello de la ropa y lo encaró, acercando su rostro al de él todo cuanto pudo.
—¡Cuando te pones así eres peor que una mujer!
—¡Repite eso! —la imitó él, también ruborizado por la rabia.
Y entonces, tras unos leves momentos de tensión, Bulma estalló en risotadas y Vegeta apretó los dientes para no imitarla. La paredes agrietadas de la Cámara de Gravedad atraparon las risas hasta que estas se detuvieron repentinamente momentos después. Bulma vio a Vegeta esquivándola y girándole la cara. Luego, una temblorosa maldición escapó de su boca.
—Mierda... —maldijo el príncipe entre dientes. El corazón de Bulma se encogió—. ¡Mierda! —enternecida y absolutamente destrozada, se acercó a él y apoyó la cabeza sobre su espalda.
Hasta que oyó un sollozo apenas controlado, no entendió lo mal que iban las cosas en realidad.
—Día 225—
—¡Eres un completo idiota! —Bra empezó a golpearlo con ambas manos, y aunque los golpes dolían cada vez más, Broly solo podía sonreír con altanería y prepotencia. El pelo rubio brillaba con los primeros rayos del sol, y los ojos azules se veían más diabólicos de lo que ya lo hacían cuando eran oscuros. Tumbado en la cama posada en el suelo después de haberse derrumbado, hizo oídos sordos cuando Bra le señaló el gran destrozo de la vivienda. Los muebles volcados y la pantalla de televisión resquebrajada era lo menos correoso—. ¡Has destrozado la casa y me has destrozado a mí! ¿Por qué te has transformado en súper saiyajin de repente? ¡Loco, más que loco! —gritó con las mejillas ruborizadas—. Y encima lo haces dentro... ¡animal, te dije que no me tomaba las pastillas!
—¡Pues empieza a tomártelas otra vez! Sabes que odio esos globitos transparentes.
—¡Condones!
—Lo que sea.
—¡Urggg, eres insoportable! —Bra estaba roja de vergüenza más que de ira. Se inclinó sobre él después de darle un último puñetazo que apenas sintió, y se le subió encima para salir de la cama cuyas patas se habían roto por los ejercicios hechos en ella. Bra intentó llegar al suelo, pero las manos de Broly se unieron sobre su espalda y la apretaron contra su pecho. Que no se hubiera puesto la ropa aún no le ayudaba a escapar, ni le ayudaría cuando sus pechos se restregaron contra sus pectorales y su entrepierna contra su bajo vientre.
—¿Adónde vas? —cuestionó él.
—Tengo que ir a la ciudad a comprar la pastilla del día de después. No querrás que me quede embarazada por tu culpa, ¿verdad? —Broly no hizo ningún comentario al respecto. Miró al techo, donde había aparecido una profunda grieta después de esa apasionada noche.
—No volverás hasta la noche, como siempre desde que me desperté y empecé a moverme por mí mismo —declaró él. Los ojos de Bra se agrandaron antes de empequeñecerse y formar una suave línea plagada de pestañas perladas—. ¿Por qué? ¿Qué es lo que estás haciendo que te impide estar conmigo de repente? No es normal que sea yo el que se queje por falta de atención.
—No estoy haciendo nada por lo que debas preocuparte.
—¿Por qué me mientes? —ambos pares de ojos azules se cruzaron. A Bra se le hacía tan diferente verlo de esa forma, que le dio la impresión de que hablaba con un desconocido. Incluso verlo transformado en guerrero legendario le daba más confianza que verlo en súper saiyajin.
—Quizás te estoy siendo infiel —bromeó.
—No lo harías aunque quisieras —la soltó él, y Bra cayó de culo al suelo. Un escalofrío le recorrió el cuerpo desde la entrepierna hasta la cabeza, y se levantó a duras penas para empezar a vestirse—. ¿Por qué andas como un pato? —se burló él.
—¡Sabes por qué, idiota!
Bra empezó a vestirse mientras Broly la observaba. Últimamente siempre llevaba pantalones largos y camisetas anchas, muy diferente a su estilo habitual. Se observaba en el espejo durante largo rato, buscando evidencias de cicatrices a la vista cubiertas por la ropa, y solo cuando veía que no estaban al descubierto, se quedaba tranquila. Las únicas que no podía ocultar eran la de los grotescos mordiscos en su brazo izquierdo, uno suyo, otro de sí misma. Había llevado poco tiempo el braummuro como para que le quedaran cicatrices permanentes de él, cosa que era muy diferente en su caso. Cuando Broly se levantó de la cama, sin la menor intención de vestirse, Bra rodó sobre sí misma para mostrarle su aspecto.
—¿Qué tal?
—¿Por qué tienes tanto empeño en ocultarlas? No son algo malo.
—Para los saiyajines no lo serán, pero para los humanos queda fatal que una chica tenga cicatrices.
—Qué les follen a los humanos —fue su grosera respuesta—. Ni siquiera sé si vas a un lugar con humanos. No quieres hablarme de él.
—El lugar al que voy es algo mío, Broly. Como tú con el secreto de ya sabes quiénes; son algo tuyo, y sé que respetas eso por encima de cualquier cosa, por eso no has venido a buscarme ni a investigar antes. Es algo que debo afrontar por mí misma —el guerrero legendario ladeó la cabeza sin entender absolutamente nada. Solo entendía que Bra le estaba haciendo una petición; no quería que nadie supiera lo que fuera que estaba haciendo, o al menos no quería que él intercediera en ello. No temía que fuera algo malo.
Pero se aburría taaaaaaaantoooo sin ella.
Bra terminó de colocarse las botas y se dirigió a la salida. Broly la siguió, y cuando ella abrió la puerta, Tama entró por ella maullando y agitando las orejas. El animalito había salido por la ventana esa noche para huir de las actividades nocturnas de sus amos, pero siempre volvía por la mañana, y se encaramaba al guerrero legendario, subiendo a su hombro para restregarse contra su grueso cuello.
—¿Esto va a ser siempre así, Bra? —le preguntó Broly de repente. Ella no se volvió, cargándose una mochila sobre el hombro.
—¿Así cómo?
Tú largándote hasta altas horas de la noche y yo esperando tu vuelta, como un animal doméstico.
Esa respuesta estuvo a punto de ser dicha y discutida, pero Broly calló, porque sabía que iniciaría una discusión innecesaria que nada cambiaría. Había visto suficiente televisión y admirado la vida de los guerreros como humanos lo suficiente como para saber que sí, era así. Vegeta se entretenía entrenando, y quizás ayudando en compuestos para naves espaciales de esa corporación que él no entendía; Goku cazaba, correteaba por el mundo, pasaba tiempo con su familia y ahora apenas entrenaba, no después de todo lo que había pasado. Gohan y Trunks tenían mucho trabajo por delante. Sabían el mecanismo de la humanidad porque habían sido criados allí desde pequeños; Pan lo sabía, Bra lo sabía. Todos se preparaban para vivir una vida humana en la que se trabajaba, se hacía algo para entretenerse y subsistir.
Pero Broly, aparte de Bra, no tenía nada allí.
Si no entrenaba con alguien, se aburría, y aun así no le gustaba el entrenamiento diario si no era con Bra. Era vago, mucho. Su increíble poder de fábrica se lo había facilitado todo, y el entrenamiento no era una opción. ¿Cazar? No podía estar todo el día cazando o el bosque se quedaría sin animales. Ver la tele, comer, dormir... todo eso eran actividades que había hecho a la espera de que Bra llegara para entrenarla, pero ahora ella ya estaba donde quería. Era una súper saiyajin, y estaba seguro de que no tenía intención de ir más allá en su entrenamiento. Había tenido bastante para toda una vida. ¿Qué haría ahora? Broly no lo sabía, pero una cosa estaba clara.
No dependía totalmente de él.
Ella tenía familia, amigos y probablemente un trabajo y un estudio que llevar a cabo. Él no tenía nada de eso allí. Estaba fuera de lugar a no ser que formara una familia y se dedicara a cuidar y a enseñar a las crías, pero empeñarse en ser padre solo para tener algo con lo que entretenerse le parecía vil. Además, cuando las crías crecieran, tendría el mismo problema. No quería hablarlo con Bra porque sabía lo que ella diría. Quizás intentara hacerle trabajar o aprender costumbres humanas, y él no quería.
¿Qué harás ahora?
Broly tenía un objetivo, un plan ideado a medias en el que estaba pensado durante los largos días sin Bra. Cada vez le veía más posibilidades, cada vez lo deseaba con más ganas, pero no estaba seguro de cómo sacar el tema con ella. Si al menos supiera qué es lo que la mantenía alejado de él, podría decidir si era un buen momento para contárselo o no, si debería esperar un poco más... o no decir nada y hacerlo directamente.
¿Qué era lo mejor para Bra? No, ella tenía a su familia en apoyo continúo. ¿Qué era lo mejor para él?
¿Qué debía hacer por los dos?
—Bueno, si no quieres contármelo, me voy ya —Bra sonrió con rostro cansado. Salió por la puerta, pero antes de que diera con la hierba, Broly la agarró por el brazo y la empujó contra la pared. Ella se sintió asediada mientras Broly paseaba su nariz por su cuello. Aguardó hasta que él frotó los dientes contra su coronilla—. No es el momento, Broly —lo interrumpió ella. Lo empujó ligeramente, y al ver la extrañeza e incredulidad en él, le dio un beso en los labios casto y sin profundidad. Luego salió y alzó el vuelo.
Broly se quedó perplejo al darse cuenta de que lo había rechazado.
Cada vez veía más necesario su plan alternativo, y eso, a pesar de que pocas cosas podían hacerle sentir mal, le entristeció.
[...]
—Mañana 227—
Pan alzó la cabeza de los libros cuando Uub aterrizó en el jardín de casa. Se dirigió a su abuelo, que estaba reclinado en el jardín, y le preguntó qué hacía con tanto ímpetu. Pan no supo qué respondió, pero Uub lo escuchó con el ceño fruncido y una gota de sudor recorriendo su sien. Estaba claro que él también había notado el cambio en su maestro, y eso le incomodaba. Alzó la vista, mirando por encima del hombro de Goku con disimulo, y cuando sus miradas se cruzaron, Pan tuvo claro que la estaba buscando a ella. Se ruborizó. Los dos lo hicieron. Y alguien carraspeó al lado de Pan con disgusto.
Gohan gruñó. Todos sabían que no le hacía ninguna gracia que su hija se dedicara a los chicos, ni ahora ni nunca. Era una actitud sobre protectora heredada de su madre. Sin embargo, su hija se había enamorado, y eso, por órdenes de Videl, tenía que respetarlo.
Cuando Pan suspiró y volvió a hundir la cabeza en los estudios, muy dispuesta a complacer a su padre para, como mínimo, compensar algo de su dolor al verse destrozado como guerrero y como intelectual, Videl caminó hasta ellos y posó una mano sobre el hombro de su marido. Le lanzó una mirada severa, y durante unos instantes, hubo un choque en el que ninguno quiso ceder.
Pero como siempre, Gohan se resignó.
—Ve con él —le permitió.
—¿Seguro que puedo?
—Tu padre y yo necesitamos tiempo a solas, así que procura no volver hasta muy tarde.
—¡Qué asco, mamá! —se quejó ella mientras se levantaba. Videl sonrió y se dirigió al interior de su hogar.
—¿Qué le has dicho? —preguntó él.
—Entra en casa —le ordenó con un gesto de la cabeza. El rostro de Videl se volvió serio y casi retorcido, y sin embargo, Gohan no se movió.
A pesar de las circunstancias, Videl era la que mejor llevaba la situación y la que con mayor facilidad había aceptado las nuevas opciones de Gohan. Estaba cansada, como todos, pero feliz al pensar que su marido fuera a tener un brazo nuevo de la Corporación Cápsula. Pese a las peleas que indicaban el periodo de crisis en el que se encontraban, la mujer hacía todo lo posible por mantener un entusiasmo que no tenía. Quería arreglar las cosas con él cuanto antes, no solo por ellos, sino también por Pan, pero se preguntaba cómo lo haría cuando era tan difícil transmitirle lo que sentía por su sordera permanente. Esperaba que cuando tuviera un brazo metálico y la cara restaurada, Gohan volviera a ser el mismo de siempre y no el mezquino y arisco hombre en el que empezaba a convertirse. No sería fácil, pero lo intentaría con todas sus fuerzas.
Así que, haciendo honor a sus principios y dedicación, se sentó a su lado y agarró su única mano con fuerza. Esta vez, Gohan no la rechazó.
Pan echó a correr hasta Uub y su abuelo. Pan sabía que no iniciarían una batalla, porque Goku se negaría a ello. Videl le había dicho que esa era su manera de hacer luto, y la chica se preguntaba cuánto duraría eso. Aunque nunca olvidaría al tío Goten, estaba cansada y esperaba recuperar algo de la normalidad a la que estaba acostumbrada. Algo, una brizna.
Pero antes de llegar a ellos, se detuvo. Los tres se volvieron hacia la copa de un árbol cercano, justo detrás de la casa del guerrero guardián del universo. Allí, sentado como una pantera, sacudiendo la cola de un lado a otro, estaba Broly, observándolos. Pan y Uub se sintieron inquietos, pero Goku levantó una mano y saludó con una sonrisa a su rival. Le dio la espalda para seguir hablando con Uub, incluso, y eso hizo que todos se relajaran. Si el guerrero más poderoso no veía peligro, sin duda no lo había.
Pan tuvo un arrebato. Corrió hasta el árbol con irritación, y de un salto, se encaramó a la rama donde el mismo Broly estaba. Se subió a ella y lo encaró sin que él hiciera ni un movimiento.
—¡¿Qué demonios haces aquí?! ¡No eres bienvenido!
—No me grites, mocosa —Broly se frotó una oreja y bostezó.
—Como mi padre te vea se pondrá fatal. ¡Tú enviaste a su maestro a una camilla de por vida!
—No está de por vida, solo por unos años. ¡Deja de gritar y de ser tan tremendista! Fue culpa suya por meterse en mi camino... Ese estúpido namekiano... —Pan se puso roja de rabia. Picolo no solo había cuidado de su padre, sino también de ella misma, y el cariño que sentía por él no podía medirse con palabras.
Enfebrecida, pisó la cola de Broly con todas sus fuerzas, y un rugido animal, similar al de un león, recorrió toda la zona.
—¡MOCOSA DE MIERDA!
—¡MONSTRUO INSENSIBLE!
—¡TE HARÉ PEDAZOS Y ME COMERÉ LO QUE QUEDE DE TI!
—¡INTÉNTALO!
Frente a la casa de Chichí, Uub estuvo a punto de ir hacia el árbol para defender a Pan, pero su maestro lo agarró por la muñeca con mano de hierro.
—No te preocupes, no le hará daño a nadie.
—¿Cómo puedes estar tan seguro, maestro? —Goku se rascó la nuca, despreocupado. Como respuesta, solo se encogió de hombros.
—¿Qué has venido a hacer aquí? —preguntó Pan después de que Broly intentara tirarla de la rama sin éxito.
—Me aburría.
—¿Y vienes a pelear?
—No. Solo me aburría y quería ver qué... ¿qué es eso? —Pan siguió su mirada curiosa hasta dar con las fosas que se abrían en el suelo cerca de la linde del bosque, alrededor de la casa de sus abuelos.
—Son fosas para mi tío. Mi abuelo no para de hacerlas. Cuando acaba una, dice que no le gusta el lugar, que la tierra no es la adecuada o cualquier otra cosa, y se pone a excavar otra en cualquier otro sitio. Lo hace con las manos, ni siquiera con una pala. Es un poco preocupante.
—Hum... así que Kakarotto está perdiendo la cabeza —se burló Broly.
—¡No está perdiendo nada! Solo está de luto. Perder a un hijo es lo peor del mundo, ¿sabes?
Broly achicó la mirada y miró a la cría. Esta se sintió incómoda casi de inmediato. Se preguntó cómo Bra podía aguantar esa intensidad, esos ojos tan oscuros y ese rostro varonil que se le hacía tan primitivo. Daba escalofríos.
—Supongo que es duro, sí —murmuró él—. ¿Por qué no le ayudas?
—Quería hacerlo, pero mi abuela dice que necesita hacer la fosa idónea por sí mismo. Es la única manera de perdonarse que no estuviera allí y que no pudiera hacer nada, lo único que puede hacer para cerrar el ciclo... En realidad, no lo entiendo muy bien.
—Yo sí —una fuerte brisa agitó el pelo de Pan y sacudió las hojas de los árboles. Los pájaros dejaron de cantar unos instantes para volver a hacerlo momentos después. El rostro de Broly era pétreo—. ¿Sabes lo que mantiene a Bra tan ocupada?
—¿Cómo? ¿No te lo ha dicho? —en una circunstancia distinta, Pan habría sonreído con superioridad al saber algo de Bra de lo que él no tenía ni idea, pero no lo hizo. Eso lo puso alerta, porque quería decir que era algo con lo que no se podía bromear—. Bra es orgullosa, así que supongo que es normal. Qué valiente, con lo mal que tiene que estar pasándolo...
—¿Qué quieres decir, qué está haciendo?
—Si no has ido a buscarla ya, es que te está ocultando su ki para que no la detectes, ¿no? Ella me contó que eras respetuoso con su libertad e intimidad, pero quizás necesite ayuda. Cuando me dijo lo que pensaba hacer no me gustó nada, ni tampoco a Bulma, pero ¿quién iba a detenerla? Aun así, creo que necesitará apoyo emocional extra para soportar esa carga, así que... te lo diré.
Cuando Pan se lo explicó, las dudas llegaron a su cabeza. ¿Qué demonios hacía Bra en un sitio así? Era algo que iba contra ella, algo en lo que no se metería nunca por decisión propia. Pero claro, las cosas habían cambiado, y ella había madurado más que nadie.
Aun así, el guerrero legendario quiso verlo con sus propios ojos.
—Noche 227—
Broly sobrevoló el cielo de la herida Capital del Oeste. Cruzó el océano volando bajo y se alzó cuando vislumbró los rascacielos mostrando sus huesos de hierro. Le dio la vuelta al edificio a medio derruir de la sede de la Corporación Cápsula, como la mayoría de los rascacielos, que no habían aguantado el ataque gravitatorio de Boburia. La casa en la que vivían Bra y su familia estaba bien alejada del centro de la ciudad, en un espacio propio y tan amplio como un parque de atracciones. Había estado mucho tiempo recuperándose allí, pero no había visto la ciudad, ni le había interesado hasta ahora. No sabía qué buscaba exactamente, pero cuando el humo subió al cielo extendiéndose como si fuera una enorme pared, supo hacia adonde dirigirse.
Se tapó la nariz cuando el olor llegó hasta él y sus ojos lagrimearon.
Este olor es...
Broly descendió. Conocía bien el olor y cayó en picado para pasar el menor tiempo posible sobre el humo que le nublaba la visión y el olfato. Vio la enorme hoguera y la rodeó. Aterrizó en la distancia, sobre una farola que ya no podía alumbrar nada, y desde allí de pie, como un imperturbable guardián, vio cómo un montón de gente vestida con ropa gruesa y con mascarillas tiraban de carretas hacia la gran hoguera. A Broly no le hizo falta ver los miembros amputados para saber que estaban haciendo una purga de restos inservibles, de gente que había perdido una extremidad o más. No muy lejos de la hoguera, otras personas cavaban enormes fosas.
Idiotas sentimentales. Incinerar a los muertos es lo más sano. Morirán muchos más por no haberlos calcinado, plagados de enfermedades.
Broly volvió a alzar el vuelo y siguió buscando. Era difícil encontrar a Bra, porque su olfato y su visión le fallaban por el humo. Aun así, su color de pelo era inconfundible, y la vio a lo lejos entrando en el refugio usado como hospital. El edificio principal ya no era seguro, y todos los que cabían habían sido trasladados allí. Cuando Broly se acercó a una de las ventanas de la primera planta, vio a Bra corriendo a lo largo de los pasillos y subiendo las escaleras con gran prisa. Las enfermeras no le prestaron atención, como si estuvieran acostumbradas a verla pulular por allí.
El lugar estaba abarrotado, tanto, que le provocó una incómoda sensación de claustrofobia. Los pacientes se agrupaban en fila en el suelo, uno junto al otro sin apenas espacio entre ellos, solo el suficiente para que los especialistas pudieran andar. La sangre y la gangrena azotaban su nariz, y las imágenes de los cuerpos heridos o quemados eran, como mínimo, perturbadoras. Por supuesto, a Broly no le afectaban, pero una mente sensible como la de Bra podía quedar impactada.
La curiosidad aumentó, y ascendió en su vuelo dos pisos hasta encontrarla en el tercero. Ella caminaba entre los heridos y sus familiares con los ojos hundidos y el rostro pálido, casi morado. Hacía un esfuerzo por no centrarse en nadie, y continuaba hacia el fondo. Broly oía los gritos de agonía y las súplicas por algo de morfina. Veía el esfuerzo que Bra hacía por ignorarlos, y por eso apretó los dientes cuando un moribundo estiró una mano y enganchó su tobillo, haciéndola tropezar. Bra se deshizo de la ganchuda mano con pánico, lo más suavemente posible, y siguió su camino.
¿Qué demonios hacía ella en un sitio así? Broly había visto la televisión lo suficiente como para saber cómo llamaban a las chicas como Bra; algo así como una niña bien. No tenía claro lo que significaba, pero en su jerga y su conocimiento del universo, la equiparaba a una princesa o señora de amplios terrenos, alguien que no se codeaba con la plebe ni los enfermos. La conocía, y sabía que, aunque ahora toleraba a los humanos, estar en un lugar así nunca sería algo que deseara hacer.
Es repugnante. Ella es demasiado limpia para esto.
Su cabeza estaba llena de dudas. Bra llegó al final del pasillo y se adentró en una amplísima sala llena de personas, y entonces, Broly empezó a sospechar algo porque vio un rostro conocido acercándose a ella. Era un muchacho rubio con apariencia amable. Tenía un ojo azul mientras que el otro estaba oculto tras una venda no muy limpia. Cojeó hasta ella, y Broly lo reconoció cuando empezaron a hablar por esa simpatía que destilaba.
Ese tal Apple.
No se sintió celoso, no esta vez. Bra ya estaba marcada, y aun así, algo le decía que no era una circunstancia que utilizarían para intentar un ritual de apareamiento. Apple empezó a explicarle algo y el rostro de ella se agravó. Corrió hacia una esquina de la habitación y se agachó al lado de un cuerpo enteramente cubierto en vendas, muy sucias, no por falta de higiene, sino por la sangre y la carne quemada. Bra intentó separar las vendas de ese pobre moribundo, pero estas estaban pegadas a la piel, y no había manera de apartarlas. Una enfermera se acercó a ellos y la joven le replicó largo rato. La mujer, ante la denuncia, solo negó y se alejó. Luego pasaron varias horas en las que la muchacha intentó lavar el cuerpo calcinado, pero Broly ya olía la putrefacción en él. Si no estaba muerto, poco le faltaba para ello.
Dos hombres con una máscara cubriéndoles nariz y boca llegaron con una camilla. La colocaron al lado del cuerpo y Bra golpeó el suelo con los puños mientras lo ponían sobre ella. Apple se sorprendió por la fuerza con la que taladraba el suelo, e intentó acercarse para calmar su furia, pero Bra lo apartó de un manotazo, salió corriendo, atravesó el pasillo, bajó las escaleras y salió por donde había entrado.
Luego echó a volar a toda velocidad, y Broly decidió que era hora de dejar de jugar a los espías. La siguió hasta la cima de un edificio que se caía a pedazos, desde donde se podía ver toda la ciudad. Mientras iba, empezó a caer lluvia ácida. Bra estaba sentada sobre una barandilla de la azotea, con las piernas agazapadas y las manos tapándole los ojos.
—¿Qué quieres, Broly? —le preguntó antes de que él siquiera aterrizara. Tenía la voz gangosa, pero ruda como la de su padre.
—Nada, aunque una explicación no estaría mal —se sentó a su lado, dándole un mínimo de espacio. Ella ni se inmutó—. La mocosa me lo ha contado. Si no querías que lo supiera enfádate con ella. De todas formas, no lo entiendo. No sé qué hacías rodeada de tantos enfermos y moribundos; es asqueroso.
—Nadie quiere cuidar de ellos.
—¿Y tú sí? No tienes madera de enfermera, la sangre te marea. No hablemos de pústulas y gangrena.
—Solo yo podía hacerlo. ¡Me necesitaba a mí!
—¿Quién, ese mocoso? —se burló Broly, pero esta vez Bra no le rió la broma. Se volvió hacia él. Los aros dorados de sus orejas se sacudieron con un tintineo, y hubo un momento en el que Broly no supo distinguir la lluvia de sus lágrimas.
—De mis amigos. Apple es el que ha salido mejor parado, pero todos los demás... —Bra contuvo el llanto y lo sustituyó por una rudeza poco característica de ella. Broly entendió entonces que había metido la pata, y hasta el fondo—. Ayer murieron Bamara y Perguo, pero antes de despertar tú, ya habían muerto todos los demás. Solo quedaba ella. Las quemaduras eran graves y la poca higiene, la escasez de medicamentos, el calor y esta maldita lluvia... no lo ha aguantado. Ella... Peach... ¡Dios, cómo ha sufrido! —¡Y tanto que debía haberlo hecho! Si el cuerpo que había visto era esa Peach, estaba cubierto de quemaduras, cada cual más grave. El dolor del braummuro contra su piel, acero hirviendo, era lo peor que había vivido nunca. Ni se imaginaba estar cubierto de quemaduras por completo. Por desgracia, tampoco estaba muy seguro de qué debía decir o hacer; el consuelo no era ni sería nunca lo suyo.
—Ya entiendo.
—No, no lo haces. ¿Tú qué vas a entender? Nunca has cuidado de nadie salvo de ti mismo. No sabes lo que es verles morir uno a uno, ni tampoco la desesperación que se siente al saber que sufren y que no puedes hacer nada por evitarlo. Habéis usado tantas semillas en vuestros combates contra los boburrianos que ya no quedaba ni una, y lo único que podía hacer por ellos era mirar y darles morfina una y otra vez, esperar... ¡y no ha servido de nada! —gritó.
¿Que no lo entiendo? Los oí sufrir y no hice nada por salvarlos hasta que dejaron de gritar.
Broly se sacudió ese pensamiento. Estuvo a punto de compartirlo con ella para hacerla ver que no era la única que había pasado por algo así, pero prefirió guardárselo para sí mismo. Todavía quedaba algo de egoísmo en él, y siempre quedaría.
Bra lloriqueó. Ese mundo la estaba asfixiando, se le venía encima tanta crueldad y muerte, tanto destrozo sin reconstrucción ni alivio. Había vivido en un mundo tan coloreado que ahora no soportaba el triste blanco y negro que iluminaba su vida.
—Antes los humanos me habrían dado igual, pero Peach me ha hecho tan humana... —Bra se levantó sobre la barandilla. Broly tuvo una escalofriante epifanía—. ¿Recuerdas nuestra conversación, Broly? Me dijiste que era una caprichosa que nunca había sacrificado ni perdido nada, y que eso nos separaba. ¿Y ahora? ¿Es suficiente? Odio este mundo... ¡Lo odio! —el cuerpo de Bra se inclinó peligrosamente sobre la barandilla, y Broly, aunque sabía que podía volar y que no se haría especial daño si caía desde esa altura, se levantó y la agarró por la muñeca, alterado.
La estaba perdiendo. Esa chica feliz y caprichosa de la que se había enamorado, que había penetrado en él hasta llegarle al tuétano de los huesos, que había conmovido sin necesidad de sufrir a un asesino tan despiadado, estaba marchitándose.
Y Broly apenas era capaz de pronunciar su nombre al sentir que la perdía.
—¡Bra! —quedó colgando sobre la barandilla, sostenida solo por su muñeca hasta que él tiró de ella y la apresó contra su pecho. Broly no estaba conmovido, sino enfurecido. Esa Bra desconocida para él no podía llegar y apartar a la que conocía. ¡Cómo se atrevía! Tuvo ganas de sacudirla por ello, por tantas lágrimas y tanta locura—. Niña, no seas tan dramática. Si no te gusta este mundo, te sacaré de él. Te llevaré a otro planeta, uno mucho mejor, y tendrás lo que quieras otra vez. Puedo dártelo, ya lo sabes. Nunca he bromeado con convertirte en emperatriz, pero no vuelvas a hacer eso, no...
No te conviertas en algo parecido a lo que fui yo.
Bra se rió. Estaba cargada de amargura tras la muerte de su mejor amiga en circunstancias tan brutales y siniestras. Él, asustado porque se había visto en situaciones parecidas, no entendía que debía hacer su debido luto para volver a ser una Bra parecida a la de siempre.
Parecida, nunca igual.
—Este mundo es horrible ahora, ¿verdad? Ya no tiene nada de romántico, como hace meses, ¿te acuerdas? Fue aquí, justo aquí, donde tú y yo nos besamos por primera vez.
No puede ser.
Broly apretó el cuerpo lánguido de Bra contra el suyo. Ocultó su cabeza con su brazo, escondiéndola de la molesta lluvia ácida, y vio. Y comparó aquellas relucientes vistas, edificios llenos de luces que se reflejaban en el mar, el cielo oscuro brillando por la nieve que caía ese día, los sonidos de la ciudad, la efusividad en ella y todavía los recelos en él con lo que veía ahora; los edificios derruidos, enseñando el esqueleto de acero, sin luces, oscuros y lúgubres; el cielo no tenía estrellas y en lugar de nieve, había lluvia ácida; solo se escuchaba el crepitar del fuego de las hogueras y el humo no dejaba ver el mar.
Los brazos de Broly la apretaron, pero Bra no sintió nada. Se desentendió de su rabia y cayó agotada sobre su pecho. Aunque estaba acostumbrado a viajar y a no encariñarse con ningún planeta, ningún otro lugar le había hecho vivir tantas cosas como la Tierra.
Verla así era una pesadilla.
—Horas después—
Trunks abrió la puerta. Esperaba ver a Marron, quien había acudido a su casa regularmente en la última semana, pero en su lugar encontró los dos metros de altura de Broly, su rostro compungido por la preocupación y a su hermana dormida entre sus brazos. Ya era tarde, y había dado por hecho que pasaría la noche con el guerrero legendario, algo que Vegeta aceptaba por las especiales circunstancias. No supo cómo reaccionar. ¿Qué le había hecho a su hermana? Si Vegeta no se hubiera colocado tras él, habría tenido un arranque violento, pero su padre mantuvo la calma. Sabía que Broly nunca la tocaría de mala manera.
Vegeta lo entendió sin necesidad de explicaciones.
—Pasa —Broly entró con una tensión creciente.
—Solo he venido a traerla. Creí que estaría mejor con su familia, al menos esta noche.
—¿Peach ha muerto? —preguntó Trunks.
—Sí, y no entiendo por qué coño la habéis dejado ir. ¿Qué os ha hecho pensar que podía aguantar toda esa mierda? Los restos de un campo de batalla no son para alguien como ella —Broly estaba resentido con ellos, más de lo habitual. Vegeta vio cómo enseñaba los dientes más de lo acostumbrado. Supo que tener a Trunks y a ese animal en la misma habitación no era buena idea dadas las circunstancias de cada uno.
—Llévala a la cama, Trunks. Haz que descanse —el hermano mayor se encaró al guerrero legendario, y este, una vez más, le mostró los dientes en señal de advertencia antes de cederle el cuerpo de Bra. Sin reaccionar ante la mueca, Trunks dio media vuelta con su hermana y se adentró en el largo pasillo de la corporación, dejando un silencio punzante entre los dos saiyajines, que se miraron con idéntico ceño fruncido.
Vegeta le dio la espalda. No tenía nada que hablar con Broly fuera de su relación con Bra, y pese a ello, todo estaba dicho. El príncipe no lo aprobaba, ni lo haría nunca, y a Broly le importaba solo cuando a Bra le importaba. En realidad, le gustaba joder a Vegeta. No se acostaba con su hija solo para fastidiarle, pero no iba a negar que el golpe colateral era satisfactorio para él. A parte de pelea, no había nada que pudiera mantenerlos en una misma habitación durante más de unos segundos. Ya estaba todo dicho.
Salvo, quizás, algunas cuestiones que siempre habían rondado la mente de Broly. Había pensado en mencionarlo antes, pero los momentos nunca fueron oportunos. Ahora estaban a solas.
Y Broly estaba muy irritado.
Vegeta sabía que no iba a atacarle. ¿Por qué no lo echaba de su casa entonces? Según las normas de cortesía humana debía invitarlo a pasar y a tomar algo, pero según las normas saiyajins, el padre o cabeza de familia tenía derecho a pelear con el macho que intentara entrar en su familia, y si no lo consideraba digno al derrotarlo, podía degradarlo cortándole la cola, los testículos o, a veces, ambas cosas. Usualmente, los guerreros también preferían la muerte, y pocas veces suegro y yerno llegaban a un acuerdo.
Ese no era uno de esos casos.
Vegeta esperó que Broly se fuera por donde había venido, pero este no lo hizo. Empezó a pasearse por el salón con aire distraído, y el príncipe empezó a dar golpes impacientes contra el suelo. Ni él ni Broly sabían cómo empezar una conversación. Entonces, el guerrero legendario captó su atención dejándose caer en el sofá con absoluto descaro. Vegeta abrió la boca para insultarle por ese derroche de confianza, pero Broly no se lo permitió.
Tenían cuentas que saldar.
—¿Te acuerdas de Mikchi?
—¿Quién?
—Mikchi —Vegeta arrugó la frente, sin entender. Broly se mantuvo furibundo, sacudiendo los pies fuera del sofá. Era tan alto, que este no acaparaba toda su estatura—. Hace unos cuarenta años. Un planeta helado del que llegaron rumores sobre un saiyajin que se paseaba a sus anchas. Era un mercado y zona de encuentro para muchas razas alienígenas. Había un gran edificio, todo transparente, ocupado solo por mujeres, por prostitutas. Todos los que iban a verlas las veneraban, algo poco común en su profesión, pero muy noble en la cultura de ese planeta. Todos las apreciaban... pero tú y los tuyos no —Vegeta rodó los ojos. No entendía nada de lo que decía, ni lo recordaba. Su época con Freezer había quedado muy atrás, en un intento desesperado por olvidarlo todo que, por supuesto, no había salido bien. Lo último que quería era rememorar sus vivencias, y por cómo se dirigió a la cocina, ignorándolo para llevarse algo fresco a la garganta, esa actitud quedó clara—. Vosotros la matasteis a base de violaciones —insistió el guerrero legendario.
—He matado a base de violaciones a más mujeres de las que puedo contar con los dedos de las dos manos, pero no eran putas —el príncipe sintió que necesitaba alcohol. Desde que había perdido la movilidad en las dos piernas, esas ganas acuciantes por cerveza, bebida que nunca le había gustado demasiado, lo atosigaban. Sacó una lata, la abrió y dio dos tragos largos—. Yo nunca me he codeado con putas.
—¿Por qué no? —el príncipe se encogió los hombros. El motivo era obvio.
—Soy un príncipe. En esa época tenía estándares altos. Además, te pegan enfermedades; Nappa no era el colmo de lo limpio por esas sucias costumbres —Vegeta dio un nuevo trago. Al ver que Broly seguía tumbado en el sofá con cara de perro en estado de alerta, decidió seguirle la corriente—. ¿Qué quieres preguntarme, Broly? Dime lo que sea de una puta vez para no tener que seguir viéndote la cara.
—¿Por qué me dejaste vivo? ¿Por qué no intentaste atacarme al menos? —Broly también quería largarse de allí cuanto antes, pero la curiosidad siempre lo había comido. Criatura extraña, pensó el príncipe. Los saiyajins no solían ser curiosos, solo destructores y voluptuosos, pero al igual que había numerosas cosas que asemejaban a los guerrero normales con el guerrero legendario, también había patrones de diferencia, y esa curiosidad, junto a su vaguería y poco interés por alcanzar su máximo poder formaban parte de ellos.
Criatura muy, muy extraña.
—Habían matado a toda mi raza. Pensaba que solo quedaban tres en todo el universo, y cuando menos lo espero recibo la noticia de que hay más en un planeta lleno de putas y comerciantes... y me ordenan acabar con ellos. No matarte fue una manera de revelarme, por supuesto. No iba a permitir que otro de mis subordinados muriera si estaba en mis manos evitarlo.
Vegeta golpeó con la yema de los dedos la lata de cerveza y se apoyó sobre la mesa. No le extrañó que Broly se quedara a cuadros; incluso disfrutó su contrariedad.
—¿Lo recuerdas? Quiero decir... ¿me reconociste? Pensaba que... ¿Desde cuándo...?
—No te relacioné con ese crío cuando te vi en Neo Vegetasei, sino aquí, la noche que mi hija te cargó sobre su hombro tras nuestra batalla y te alejó de nosotros para salvarte. Cuando os fuisteis, ese mocoso que dejé escapar me vino a la cabeza, tan indefenso y perdido. Me costó asimilar que fuerais la misma persona, y todavía más pensar que fui tan gilipollas de dejarte ir sin más. Pero claro, ¿cómo iba a saber yo que eras el guerrero legendario? Solo veía a una cría saiyajin que no sabía cómo había logrado sobrevivir. Si hubieras dicho algo en ese momento habríamos matado a ese lagarto mamón mucho antes —Vegeta se acercó a él. Una sensación, un deja vú llegó hasta Broly. Ese día tan lejano, cuando Mikchi murió y ellos dos se encontraron por primera vez, los sentimientos de impotencia y respeto que habían llegado hasta él, la casi necesidad de doblegarse ante el príncipe de los guerreros, todo eso le sacudió.
Él, sentado sobre el sofá, lo miró desde abajo.
Nunca le infundiría tanto respeto como aquella vez.
—No sé qué hacías allí, y tampoco me importan tus rencores ni tus motivos. ¿Mis hombres mataron a tu puta? No oirás una disculpa por mi parte. ¿Mi padre te desterró y te atravesó el estómago con un puñal? Tampoco me disculparé por eso. Pero antes de cabrearte, de creer que tienes derecho a desafiarnos a mí o a Kakarotto, de creer que tu odio está justificado, quiero que pienses que nuestra raza fue destruida porque Freezer escuchó que TÚ nacerías... y eso cambia las cosas, porque mi padre y todos mis subordinados fueron calcinados, al igual que los padres de Kakarotto.
Eso no cambiaba las cosas. Eso lo cambiaba TODO.
Sabía que Freezer era un psicópata, y su padre le había dicho numerosas veces que él era el que acabaría con su tiranía, pero nunca lo había visto así. Broly había estado demasiado concentrado en cultivar su propio odio y nunca había tenido en cuenta el de los demás. Su vida había sido la más dura, creía, y eso lo justificaba todo. Ellos habían empezado, no él... pero quizás, sin quererlo, él también había empezado algo con su simple nacimiento. Había empezado el círculo vicioso que había llevado al resto de Vegetasei a vagar por el universo, deshonrados y ansiosos de venganza... como él mismo.
Sus nudillos se pusieron blancos al entender, por fin, la doble verdad. ¿Cómo no había pensado en ello antes? ¿Por qué lo hacía ahora? Su cabeza estaba más limpia y su corazón despejado, al contrario de aquellos que le rodeaban. Nuevos conceptos eran captados mientras los demás se hundían en nuevas desesperaciones.
Y ahora, inevitablemente, veía con otros ojos al que había sido su verdugo.
Vegeta se dejó caer sobre la mesa de la cocina con expresión, de pronto, agotada. Se sentó en ella y Broly vio cómo apretaba uno de los dos chips que estaban bajo la ropa, pegados a sus piernas. Emitió un leve silbido y se apagó. Las piernas, hasta el momento tensas, quedaron inmóviles colgando de la mesa.
—No voy a alimentar viejos odios, Broly. He aprendido a vivir como los humanos y a pensar como ellos, y no voy a dar marcha atrás. Puede que pase momentos jodidos aquí, y que eche de menos todo aquello, pero antes me tragaría mi propia mierda a volver a eso. No sé si lo entenderás, porque tu mentalidad sigue siendo puramente saiyajin, pero ahora... —Vegeta tenía un dilema interno. ¿Cómo explicar los sentimientos que nunca había expresado, cómo hablar del cambio que había experimentado? ¿Cómo hacer que otro saiyajin lo entendiera? Su dedo se paseaba por el abridor de la lata de cerveza, un acto mundano en lugar de su habitual gesto de brazos cruzados. Siempre que adoptaba esa pose se protegía a sí mismo de tantas cosas que no estaba preparado para asumir... pero ya no había nada de lo que protegerse—. Ahora soy rival y amigo del imbécil de Kakarotto, defensor y habitante de este planeta, pero sobre todo soy el marido de Bulma y el padre de Trunks y Bra. Ya no soy un príncipe ni un rey. Ahora solo me preocupo por ellos... y es suficiente.
¿Qué era aquello? ¿Una encerrona? ¿Una trampa? ¿Tenía una intención oculta acaso? Ese no era el Vegeta contra el que él buscaba pelear. No le inspiraba odio ni enemistad, ni siquiera recelo. Estaba tan descolocado con todo, tan furioso consigo mismo y con lo que le rodeaba... Todos estaban raros. Kakarotto era una sombra de lo que él recordaba, y Vegeta no era el príncipe altanero que él recordaba. ¡Ninguno tenía espíritu de lucha! Su venganza... ¿qué venganza? ¿Había tal cosa ya? Sus contrincantes habían muerto junto a sus propios deseos, y él... ¿qué le quedaba a él? Había aprendido a controlarse a sí mismo y a su instinto... ¡pero seguía siendo un saiyajin y seguía deseando algo más!
De repente, con todos ellos tan vulnerables, sintió que se asfixiaba. Sintió que su resurrección había sido un lapsus, y su tiempo allí, una etapa no definitiva. ¿Él acabaría como ellos? Simples monigotes sin instinto, reducidos a luchadores ocasionales, a la voluntad de una familia. ¿Qué había pasado con su instinto? ¡Lo habían enterrado junto a sus colas! ¿Él también se cortaría la cola y perdería la poca voluntad de lucha que tenía? ¿Él dejaría de ser el guerrero legendario para vivir con Bra y formar una familia? Deseaba una familia fervientemente ahora que todo había acabado, pero ¿eso significaba renunciar a su voluntad como saiyajin?
Todavía quería pelear... y todavía sentía la necesidad de matar.
Todavía quería destripar y ver todo arder.
No quería renunciar a esa libertad, ni siquiera por Bra.
Su instinto seguía y seguiría teniendo cierto dominio en él.
—¿Y si te dijera que todavía quedan saiyajins en el universo? —preguntó a la desesperada. Quería recuperar algo del Vegeta que había odiado, eliminar a la persona que no le inspiraba más que algo de antipatía—. ¿Y si te dijera que lo he visto? Antes de morir... y sigue ahí fuera. ¿Y si te dijera que puedes volver a ser el rey o...?
—Para ser honesto... me da igual. Los días en los que pensar en la supervivencia de mi pueblo me calmaba acabaron hace muchos años —Broly palideció como un muerto. No quería escuchar más. El desinterés de Vegeta acabó con él y de pronto, la puerta estaba demasiado lejos como para salir por ella—. Te dije que sería difícil, Broly, pero no te preocupes. Si al final decides que no puedes vivir como Kakarotto y como yo, aquí en la Tierra... nosotros cuidaremos de Bra.
Broly salió de allí volando a toda velocidad, visiblemente alterado. Vegeta fue extrañamente cortés con sus últimas palabras, y eso solo consiguió ponerle todavía más nervioso. No había sarcasmo en él. Se sentía acorralado. ¿Eso era a lo que Vegeta se había referido días atrás? Y solo era el principio de una larga vida allí, porque una vez se decidiera, no había marcha atrás.
Broly amaba a Bra, pero también amaba su recién adquirida libertad. Eso lo ponía en un gran aprieto. ¿Podría aguantarlo como Vegeta? ¿Y como Kakarotto? ¿Cómo lo habría hecho él? ¿Cómo se había adaptado con tanta facilidad?
Broly necesitaba respuestas, y sabía dónde obtenerlas.
[...]
El cuarto de Bra había pasado de ser una habitación entre dorada y rosa, con un baño propio y amplio, muchos peluches y excesiva ropa con un gran vestidor, a ser un espacio cerrado, enclaustrado y lúgubre. Era otra sala de la casa, puesto que las habitaciones superiores ya no estaban, pero con el ingenio de su hermana para decorar y hacer todo más alegre, Trunks pensó que habría pintado las paredes y colocado algunos muebles más estéticos que prácticos. Aparte de su cama, la ropa en el cabezal de la misma y un escritorio con un ordenador, no había nada.
Trunks pensaba que era el único que lo estaba pasando realmente mal, pero con solo ver aquello, se dio cuenta de lo ingenuo que era. La personalidad de su hermanita se estaba moldeando alrededor de todas esas vivencias, y su habitación, el que había sido el lugar más sagrado para ella, era prueba de ello. Tuvo que quitar la ropa de encima de la cama para tumbarla en ella, y mientras lo hacía se dio cuenta de que no había ninguna falda o pantalón corto entre ellas. Había visto sus heridas y sus cicatrices, pero no les había prestado un mínimo de atención, ni tampoco a lo que pudieran significar para ella. Estaba acostumbrado a que Bra se quejara por todo, y ahora no lo hacía por nada. Se tragaba sus quejas para solucionar sus problemas por sí misma. Aunque eso denotaba maduración, Trunks ya no la conocía como antes.
Posó su cabeza sobre la almohada muy despacio y apartó todas las sábanas. Hacía un calor insoportable desde la muerte de Boburia, señal de un cambio climático muy brusco. Estaba claro que la Tierra no era ni sería nunca lo que había sido hasta ahora.
Trunks se alejó. No tenía pensado hacer nada. No podía dormir, no podía comer y no podía pensar. Era la primera vez que estaba tan bloqueado. Hacía las cosas por inercia, sin un objetivo fijo, y cuando las terminaba, se daba cuenta de lo poco que le importaban. Lo único de lo que de verdad era consciente era de lo absolutamente cansado que estaba. Se veía distorsionado, como lo que queda en la pantalla de una máquina después de un cortocircuito. No se reconocía íntegramente, y empezaba a dudar que eso se debiera a Goten. Su muerte había despertado algo que ya no podría hacer dormir. Trunks no salió de esa habitación. Llegó hasta la puerta de la habitación de Bra, pero no pudo salir de ella porque se golpeó la frente con esta y cayó arrastrándose hasta el suelo.
Ya no sabía de dónde sacar fuerzas para hacerle frente a Pesadilla.
Él tarareaba en su cabeza todos los días, y le metía ideas que no correspondían con sus principios. Su mente se estaba resquebrajando, y mentiría si dijera que no quería que él tomara el control de su conciencia para hacerle cargar con sus angustiosos sentimientos. Pesadilla era un monstruo. Podría con todo, y podría con la muerte de Goten y con el destrozo del planeta Tierra... Pero también podría matarlos a todos y cumplir su deseo más acuciante.
Volver al inicio de su raza saiyana.
Pesadilla quería un trono que ya no existía, pero no le importaría reconstruirlo en un mar de cadáveres y un río sanguinolento. Si Broly era el saiyajin legendario, Pesadilla era el saiyajin más puro, con voluntad y ambiciones inquebrantables, el pez grande que devora al pequeño sin remordimiento porque tenía las leyes de la naturaleza a su favor. El fuerte se come al débil, no había más que blanco y negro para él.
Pesadilla era el auténtico mal para los Guerreros Z, uno que había sido sellado hacía muchos años, pero que volvería. Y cuando lo hiciera, lo que habían vivido en estas últimas semanas les parecería un cuento de hadas.
—Ya no puedo contigo —Trunks murmuró. Pesadilla no sonreía, pero confiaba en que, para evitar la autodestrucción, le dejara el mando a él—. ¿Quieres el maldito universo? Tómalo. Yo... ya no puedo con él.
Pesadilla se levantó rascándose el cuello. Soltó un bostezo y llevó la mano al picaporte con los ojos de un azul rojizo, similar al color de un atardecer. Cuando la puerta se encajó, él y Trunks escucharon el llanto de una Bra desconsolada que acababa de despertar. Pesadilla quiso esquivarla, no solo por su escasa empatía, sino porque sabía que, lo que para él era turbador, para Trunks era un punto débil. Intentó salir rápidamente, pero en cuanto puso un pie fuera, oyó la voz quejumbrosa de Bra.
—Trunks... —lo llamó—. No te vayas —le pidió. Luego se puso a llorar desconsoladamente, y él ya no se atrevió a irse de allí—. Sé que lo estás pasando muy mal, y sé que no hay forma de hacerte sentir mejor... ¡Esto es una gran mierda! —Bra se sentó en la cama con las piernas pegadas al pecho y las manos rodeándolas en sobreprotección. Sentía un agujero negro en el pecho que se tragaba todo y no dejaba ver nada más que oscuridad, sin ni siquiera una lucecita que iluminara aquellos sentimientos tan putrefactos. No había forma de avanzar en ese pozo sin fondo, o al menos no por sí misma, no sin la voluntad. Quizás debía apoyarse en Broly y no en su hermano, pero aunque Broly le ofreciera el mejor planeta del universo para ella sola, Bra nunca olvidaría lo que dejaba atrás. Nunca podría ni querría desligarse de esa familia estruendosa y gruñona en la que se había criado—. No puedo decirte que te comprenda aunque Peach fuera mi mejor amiga, porque lo que Goten era para ti no puede compararse con nada humano... Pero yo soy mucho más débil que tú... Todos sabéis que soy caprichosa y que me encanta el lujo, que nunca he recibido un golpe tan fuerte porque no he vivido guerras ni muertes cercanas, y por eso... quizás si yo puedo salir de esto... tú también puedes, ¿no?
Pesadilla no gruñó ni se quejó cuando Trunks recuperó el control de sí mismo. Sintió que ese yo perfecto que tanto odiaba deseaba pelear y vivir con las amargas vivencias de su mundo, sin Goten en estado físico, pero en un permanente recuerdo mental y sentimental. No quería abandonar a su hermana, ni tampoco a su padre gruñón ni a su madre histérica, y quizás por eso le dejó en paz. Pesadilla respetó eso.
Trunks volvió en sí cuando ya se había rendido y ganó la carrera. Fue hacia su hermanita y cuando esta lo abrazó, sintió que todavía había personas que dependían de él, así que no podía permitirse caer. Si ella, mucho menor, ingenua y caprichosa hermana, podía cuidar de sus amigos moribundos y verlos morir uno tras otro, él podía devolver a Goten con su familia y decirle adiós.
Definitivamente, podría despedirse e intentar recuperar su cordura.
Y Pesadilla esperaría a que lo hiciera para tomar el control de lo que creía suyo.
—Noche 229—
Goku abrió los ojos bien entrada la noche y se sentó en la cama. A su lado, Chichí dormía profundamente con las mejillas húmedas después de llorar los momentos previos al sueño. Su mujer caía rendida en la cama tras cargar con un sinfín de emociones, cada cual más agotadora. Un alivio. Goku no podía dormir, y si lo hacía, no era más de media hora. Ya resultaba difícil que un saiyajin tuviera insomnio, porque no solían necesitar mucho más que cuatro horas diarias, profundas y sin parar. Broly era la excepción. Dormía alrededor de doce horas diarias, a veces incluso más. Era cuestión de necesidad con un cuerpo que contenía un poder tan monstruoso; descansar mucho era necesario para tener absoluto control sobre él, más incluso que comer.
Por eso, Goku no entendía que Broly estuviera allí, fuera de su propia casa, frente a las tumbas de Goten, esperándole.
El guerrero considerado como el más poderoso, guardián del universo, se levantó de la cama, no sin antes acariciar el pelo lacio de su mujer un breve instante y asegurarse de que seguiría dormida unas horas más. Se vistió con su habitual traje de entrenamiento sospechando que Broly querría pelea, aunque su ki no era agresivo, y salió de casa sin mirar atrás, esquivando las fotos familiares que Chichí observaba durante largo tiempo últimamente.
Nada más salir de casa, pese a la penumbra, lo descubrió inclinado sobre las fosas abiertas, acuclillado. Goku se acercó y Broly se levantó, dándole la espalda. Se dirigió hacia el riachuelo que oía en las cercanías, en las lindes del bosque, y metió la cabeza en él. Al sacarla, la sacudió con brusquedad de un lado para otro y se volvió hacia su más acérrima contraparte.
—¿Quieres una batalla? —Goku suspiró con resignación cuando preguntó, pero Broly hizo una mueca de desagrado.
—¿Estás tan tocado que no te das cuenta de que no tengo una intención agresiva al venir aquí?
Goku se rascó la cabeza con gesto distraído, pero también con alivio. No se sentía capaz de pelear justo ahora, en gran medida, porque había perdido todas las ganas después de pelear contra Boburia.
—Quiero hablar contigo.
—¿Hablar? —cuestionó él, sorprendido.
—Aunque no lo creas, soy un ser pensante como tú. Ya no soy tan irracional.
—La magia de Bra, eh —bromeó él, y un ligero tic sacudió el labio de Broly en un intento por reprimir una sonrisa.
Los dos mantuvieron distancias prudenciales pese a todo. Goku confiaba en la buena voluntad del guerrero legendario, pero había tenido suficientes encontronazos con él como para saber que se alteraba fácilmente, sobre todo si él andaba cerca. Estar los dos juntos y mantener una conversación civilizada era algo que, hasta hacía muy poco, había estado fuera de lugar. Broly se notaba tenso, mucho más que él, y Goku, para demostrarle que no tenía intención de pelear ni de introducirse en su territorio de forma invasiva, se acercó al riachuelo y se dejó caer sobre la hierba, frente a él, sentándose y estirando los brazos en actitud relajada.
—Solo quiero hacerte una pregunta.
—Dispara... y es un decir —se rió él. Pero Broly no lo hizo. Serias dudas empezaron a invadirle la mente, y al ver la incertidumbre en el rostro de Goku cuando habló, solo quiso retractarse.
—¿Alguna vez has tenido pensamientos asesinos? ¿Has tenido ese instinto saiyajin que te hace querer destruirlo todo y a todos? —la reacción de Goku fue intensa. Tan solo lo miró, pero la oscuridad en su mirada era brillante, quizás por el brillo de las estrellas en el agua, que se reflejaba en él. Broly no lo sabía, pero sintió cómo se le erizaba el vello del cuerpo. No estaba seguro de si fue una reacción de Kakarotto o suya propia, pero estaba claro que la pregunta no le fue indiferente.
De pronto, Broly no quiso saber la respuesta. Había ido hasta allí para saber si había una mínima posibilidad de permanecer allí, de tener pleno dominio de sí mismo, de vivir tranquilo sin tener que preocuparse por esos molestos instintos, olvidándose de todo lo anterior. Si alguien de su raza era capaz de vivir en paz consigo mismo, ese era Kakarotto, pero una parte de él decía que ese guerrero protector del universo era una pura farsa. Siempre lo había pensado. No era casto ni puro. Cometía errores, y graves, pero todo el mundo lo veía como un Dios, como el intocable, como alguien perfecto.
Quizás porque lo odiaba —o lo había odiado durante mucho tiempo— pensaba así. Tal vez no era odioso, tal vez el error era suyo. De repente, quería creer que se equivocaba, porque de ser así, él tendría una posibilidad de ser... casi humano.
—Olvídalo —zanjó.
—Sí. Los tengo. Muy a menudo, quizás incluso más que Vegeta —la boca de Broly se desencajó, y la de Goku se curvó con diversión. Dejó escapar una risilla, y luego otra, hasta que estalló en carcajadas—. ¿Tú también? No lo esperaba de ti. ¡Oh, venga, tú me calaste desde el primer momento! ¿Crees que porque no quiera matar a nadie no pienso o deseo hacerlo con todas mis fuerzas? ¿Crees que nunca he pensado en destruir este planea cuando estoy frustrado o enfadado? ¿Es tan raro? —Broly estaba un poco confundido. Siempre había pensado que esa idealización la había creado el propio Kakarotto, esa imagen de héroe superior a todos, pero más que crearla, parecía víctima de ella—. ¿Qué es lo que te preocupa, Broly? —el susodicho no dijo nada. Odiaba hacer partícipe a nadie de sus pensamientos, y menos a los guerreros que vivían allí. Su rencor por ellos persistía pese a su carácter ahora controlado, pero eso no significaba que los considerara amigos. No lo hacía. Quizás no era tan libre como pensaba, pues seguía guardándoles un odio enfermizo—. Creo que lo entiendo —el guerrero legendario lo observó con curiosidad. La expresión de Goku se volvió ruda y pensativa—. Sé lo de tus hijos, Broly. Me lo contaste aunque no quisieras hacerlo, y ese era tu secreto mejor guardado. Creo que es justo que yo te cuente el mío ahora.
—¿Tu secreto? —Goku asintió, casi divertido.
—¿Crees que el salvador del universo no puede tener uno? Pues lo tengo, y quizás te sorprenda. Es lo único que he guardado solo para mí desde que soy Son Goku, algo que nadie sabe, y no te lo contaría si no fuera porque te lo debo.
—Al fin admites tu culpa, eh... —en el fuero interno de Broly, este sabía que Goku nunca le había deseado ningún mal. Su odio por él era irracional, pero le había ayudado a sobrevivir después de largos años de tortura, y su cabeza lo había aceptado como un mecanismo de supervivencia. Goku lo había ignorado mientras los boburrianos lo torturaban, y se había quedado con todo lo que a él le pertenecía, eso pensaba. Pero por supuesto, sabía que nunca había habido forma de que el saiyajin que había llegado a la Tierra siendo un bebé se hubiera dado cuenta de su presencia estando tan lejos, y aunque lo hubiera sabido, no habría habido manera de ayudarle.
Echarle las culpas, aun así, era una forma de salvaguardar su orgullo y su entidad. No tenía nada racional contra Goku, todo era una ilusión suya, un invento, y si este le ayudaba a aguantar, seguiría creyendo en él y seguiría odiando a Kakarotto durante el resto de su vida.
—¿Hasta dónde alcanzan tus recuerdos sobre mí, Broly? Todo lo que viste a través del vínculo, ¿hasta dónde llega?
—Lo vi todo a partir de los catorce años, o al menos una gran parte.
—Entonces no viste a mi abuelo Gohan, ¿verdad? Él me encontró y me crió cuando llegué aquí en esa cápsula espacial, y yo lo maté accidentalmente cuando me convertí en ozaru —Broly reprimió una sonrisa pese a la incómoda situación. Él había vivido la misma experiencia, posiblemente a la misma edad, con Bugogi. Saber eso le provocó gran empatía, y finalmente, se dejó caer sobre el suelo, a un metro de distancia de Goku, señal de relajación y respeto—. Todo el mundo sabe que maté a mi abuelo por accidente. Mis amigos lo sabían incluso antes que yo, y solo supe quién había sido cuando luché contra Vegeta y él se transformó en ozaru para combatir contra mí. Hasta donde todos saben, mi abuelo murió cuando lo aplasté transformado en ozaru... pero nadie sabe que estuvo agonizando durante una semana hasta que por fin, falleció —Broly agitó la cola a su espalda y encogió los hombros con escasa curiosidad. El tono de Kakarotto sonaba siniestro, ni culpable ni avergonzado, sino casi indiferente. Por un momento se acordó del tono que Bardock solía usar para dirigirse a él y a todo lo que le rodeaba, y se preguntó cómo era posible que ambos, siendo idénticos, fueran tan diferentes en personalidad—. Cuando llegué aquí, tenía el espíritu de un saiyajin. Lo destruía todo, o eso he oído. Por lo visto, me di un golpe en la cabeza que me hizo olvidarme de mis orígenes y me hizo pacífico —Broly pestañeó entonces. Eso lo explicaba todo—. Cuando mi abuelo fue aplastado, intenté mantenerlo con vida. Lo alimenté como pude durante esa semana y no me aparté de su lado ni un momento. No conocía a nadie más, así que era un poco desesperante...
Broly lo observó con intensidad. Esa sensación la conocía tan bien... Había seguido a Paragus hasta el fin del universo por miedo a quedarse solo, incluso a sabiendas de que intentaba envenenarlo, de que no era un buen padre al igual que él no era un buen hijo. Sin él, tenía miedo, y eso no había cambiado hasta Bra. Kakarotto y él eran tan parecidos que era irritante, pero todavía había algo que los diferenciaba; un secreto con un significado especial.
Para entonces, Goku la viva imagen de su padre en cuanto a tosca expresión, y sus ojos eran tan oscuros como profundos. Colocó una mano sobre su rodilla y se quedó observando a la nada. Los ojos de Broly brillaron.
Sí. Era Bardock.
—A la semana, en un intento por arrancar unas hierbas curativas de los picos más altos de las montañas, me caí. Esto es lo que nadie sabe, y es que ese día me golpeé la cabeza tan fuerte, que me quedé inconsciente durante unas horas, y cuando me desperté, ya no era Son Goku... era Kakarotto —el guerrero que siempre había sido su enemigo se volvió hacia él, y Broly sintió la amenaza. Su rostro estaba compungido, su desdén por todo lo que le rodeaba era patente, sus músculos estaban tensos, y en definitiva, Goku no era Goku.
Para Broly, el hombre que estaba sentado a su lado era un saiyajin más, con sus instintos, con su necesidad de matar, con su locura asesina. Se tensó, sintiéndose amenazado. Pero tan pronto como sus ojos se cruzaron, la vista de Goku se vino abajo, y su actitud simpática volvió a aparecer. Ese rostro amigable apareció de la nada.
—Sentí tantas cosas... sentí que odiaba este mundo, sentí que quería hacer correr ríos de sangre, sentí que quería llenar los pantanos de cadáveres. Quería prender fuego al universo y profanar el cuerpo de todo el que cayera en mis manos, comerme a los bebés humanos frente a sus desesperados padres... quería... —Los ojos de Goku se habían abierto como platos, como dos pozos negros, mientras hablaba. Con cada palabra, Broly sentía que se estaba emocionando; le faltaba poco para ponerse a salivar de pura ansia—. Pero lo primero que hice fue ir a por mi abuelo, el hombre que me había domado y convertido en casi un humano. Volví a casa, lo vi tan herido y tan dolorido en esa cama, incapaz de moverse. Me puse de pie encima de él y dije; "voy a destriparte por lo que me has hecho, viejo de mierda", y cuando él me vio, se dio cuenta de que yo no era Son Goku. Lo sabía cuando cerré las manos alrededor de su cuello y empecé a apretar. Él empezó a ahogarse. No podía moverse, y entonces...
—Goku —y por fin, pestañeó. Estaba enseñando los dientes mientras hablaba, y cuando Broly lo llamó por ese nombre que no tenía por costumbre usar, recuperó la compostura. Se volvió hacia él con alivio, se dejó caer sobre la hierba fresca y se estiró sobre ella mirando el cielo estrellado.
—Así me llamó. Son Goku. —Una brisa suave sacudió la hierba y sus cabellos. Fue como si el viento se llevara esas malas palabras y recuerdos, dejando en su lugar solo tranquilidad y silencio—. No tienes que hacer esto, me dijo. No tienes que vivir en conflicto con lo que te rodea. Da igual de dónde vengas y lo que hayas hecho; son tus decisiones las que te definen, no tus orígenes... —Goku suspiró una vez más. Una sonrisa aliviada y falta de reproche se dibujó en sus labios—. Después de eso, murió en paz. Y yo me quedé solo y confuso, deseando acabar con todo lo que me rodeaba y sin ser capaz de hacerlo. Cacé solo, comí solo, dormí solo, lloré solo, entrené solo... viví solo, vagando y sin objetivo, sin entender qué era lo que me detenía.
—Entonces, Goku no existe. Tú eres Kakarotto, siempre lo has sido —lo interrumpió Broly.
—Cuando vi a Bulma después de tanto tiempo en soledad y me habló, no quise matarla, o al menos no de inmediato. Me sentí aliviado, y supe que si no quería quedarme solo, debía apartar a Kakarotto de mi vida, y esa fue mi decisión. A mí no me convirtieron en un saiyajin pacífico, yo lo hice. Yo lo decidí. Yo decidí ser Son Goku, no Kakarotto. Mi abuelo tenía razón, son tus decisiones las que te definen, no lo que hayas sufrido, de dónde hayas venido o cuántas veces tus instintos te griten que debes matar y herir al contrario. Yo decidí ser Son Goku, decidí no matar a nadie y protegerlos a todos, y eso me hizo tener un montón de amigos y una gran familia. Vegeta decidió ayudarnos a derrotar a los androides, decidió quedarse con Bulma aunque deseaba salir a pelear al espacio, y eso lo hizo mi amigo. Tú... tú nos has ayudado pese a todo el rencor que nos guardabas, y eso, independientemente de que fuera por ti mismo o por Bra, te convierte en mi amigo, y en el amigo de todos a los que has ayudado —los ojos de Broly se desorbitaron al oírlo. Sintió un ligero cosquilleo en la garganta y se le encogió el pecho. Se levantó como un resorte, intentando hacer oídos sordos a esa última declaración, contrariado y casi descompuesto. Goku lo imitó con una sonrisa entre pícara y divertida—. Quizás para ti es más un insulto que un alago, pero no tienes corazón de saiyajin, Broly, por mucho que lo hayas intentado. Por lo menos, ya no. Lo que hayas hecho en el pasado ya no importa. Importa lo que decidas hacer a partir de ahora.
—¿Eso crees? —Goku ladeó la cabeza, y Broly pensó en no decírselo nunca, pero esa idea desapareció de su cabeza en cuanto se atrevió a dirigirle una única mirada. Le bastó ver la expresión cansada de Goku para darse cuenta de que él también estaba cansado de odiarlo sin motivo—. Te pareces mucho a alguien que conocí una vez, ¿sabes? Él me dijo que sería libre cuando tomara la decisión de acabar con Boburia, pero ahora, después de oírte hablar, lo entiendo todo. No se refería a la decisión de ayudaros a costa de mi vida, de salvar este planeta en lugar de dejaros aquí y tomar el camino más fácil. No. Se refería a esta decisión.
—¿Esta? —Broly asintió. Goku alzó una ceja, confundido a más no poder. Esta vez fue el guerrero legendario el que alzó la vista hacia las estrellas. Sus ojos brillaron cuando se volvieron hacia él, y toda expresión siniestra y oscura desapareció por completo. Goku no sintió la desazón que le recorría después de saber lo de sus hijos, sino algo mucho más alegre y casi tierno.
—Te perdono, Kakarotto. Por todas las cosas que esperé que hicieras y no hiciste. Por vivir esta vida que yo no pude vivir. Por no haber sabido cuidar a tu familia como deberías.
Un nudo se instaló en la garganta de Goku ante ese último comentario. Se rascó la nuez en disimulo de la acuciante puñalada que Broly le había dado hundiendo el dedo en la llaga, y se tragó las lágrimas que no pensaba dejar salir. Se miró las manos, eso sí. Miró las palmas quemadas y rasposas tras haber intentado, sin éxito, recuperar la vida de su hijo. Que Broly le perdonara no le importaba realmente, al igual que tampoco le importaba que lo hiciera Vegeta.
Nunca recibiría el perdón que de verdad deseaba; el de Goten.
O eso pensaba.
—Que te perdone no significa que te considere mi amigo. Sigues siendo mi enemigo y no me caes bien, pero incluso los enemigos se respetan, ¿no? En cualquier caso, quiero ser un Broly libre, capaz de tomar decisiones que no estén influenciadas por su estúpido y mortal instinto, y está claro que no lo conseguiré si empiezo tomando malas decisiones, así que... aquí va la primera, y espero que esta vez, sepas apreciarla —y entonces Broly sonrió. A Goku se le pusieron los pelos de punta, ya que, por una vez, su sonrisa resultó agradable—. Os seguía odiando, y esta era mi pequeña venganza, pero... Ahora ya no tiene sentido, ¿no? Pero esto no significa que yo haya cambiado. Volveré a por ti y a por Vegeta cuando estéis preparados para afrontarlo. La próxima vez que nos veamos estaremos en igualdad de condiciones y no pienso perder —Goku no sabía qué decir. No tenía ni puñetera idea de lo que le estaba hablando, pero cuando le tendió una mano en señal de amistad, gesto absolutamente sorpresivo, no fue capaz de negarse a estrecharla con la suya—. Esta vez sí... Cuida a tu familia, Son Goku.
No estaba acostumbrado a ese contacto amistoso, ni a estrechar manos, pero lo hizo con el guerrero legendario. Las dos leyendas en un gesto de respeto y paz... y con eso, un ciclo de odio perpetuo se cerraba. Y fue con ese contacto físico, sin deseos de agredir o herir, muestra de puro agradecimiento, cuando tuvieron el último contacto mental también.
Y Goku recordó.
Ese recuerdo al que le había dado vueltas una y otra vez hasta desgastarlo.
El viento golpeándole la cara mientras caía en picado tras romper la fusión con Vegeta.
Su grito abalanzándose sobre la lava del volcán.
La cola de Boburia.
El "no" de Vegeta.
La lava alzándose como una ola gigante sobre él, cegándole, quemándole, haciéndole sufrir.
La esfera que desaparecía frente a sus ojos mientras él era consumido en las brasas del infierno.
Alargó el brazo y no pudo cogerla. Se quemó partes del cuerpo insospechadas, gritó el nombre de Goten, y no llegó.
No llegó.
Tenía pesadillas con eso todos los días, pero ahora un nuevo recuerdo afloraba, no suyo, sino de Broly.
El cuerpo herido y ensangrentado de Broly adentrándose en la ola de lava al mismo tiempo que él era tragado por ella, los ojos de Broly buscando, su respiración contenida, el calor insoportable, pero no lo suficiente como para detener su forma de saiyajin legendario.
El brillo, reluciendo incluso por encima de la lava, y su mano estirándose.
Y cogiéndola.
La lanzó lejos, todo cuanto pudo para ponerla a salvo de las zarpas de Boburia, y por eso tardó en llegar al campo de batalla. Alejarla, salvarla y resguardarla para, posteriormente, recuperarla cuando despertara. Si no lo hubiera hecho, se habría llevado el secreto a la tumba y esa sería su venganza absoluta por no haberlo salvado, pero al hacerlo, todo había cambiado. Las acciones de Broly habían sido interesadas, una forma de salvaguardarse al esconderla. Temía que ellos no lo ayudaran a recuperarse y lo dejaran pudriéndose abajo, en el volcán, y en ese caso él los habría condenado para siempre al no contarles la verdad que Goku ahora veía.
Los había perdonado, y por eso él vio, en su mente, el momento en el que Broly volvió a su pequeño mundo tras recuperarse. Vio cómo volaba en soledad hacia el lugar donde habían peleado contra Boburia y lo vio buscar y encontrarla entre las raíces de unos árboles que se marchitaban lentamente, cubiertos de ceniza. La sacó de allí. Y en venganza, la enrolló en pieles y la escondió debajo del magma volcánico solidificado que rodeaba el volcán ya inactivo. Así, su energía quedaría aplacada por la energía del planeta Tierra, y ellos nunca la detectarían, dándola por perdida.
Allí había estado todo ese tiempo.
La esfera de seis estrellas.
Sumido en el contacto mental, Goku alzó la cabeza hacia Broly... Pero él ya no estaba.
—Día 230, mañana—
Broly estaba decidido.
La lluvia continuó durante largas horas, hasta cuando el sol empezó a solir tras las tormentosas nubes. Broly lo preparó todo para entonces, aunque no tenía demasiado que perder. Voló bajo la tormenta y la lluvia ácida, muy lentamente, fijándose en todo lo que dejaba atrás, en los árboles, las aldeas, los edificios y campos de refugiados. Cosas que no había visto antes, carentes de importancia para él. Llegó a su destino, el inicio de la destrucción absoluta, y voló bajo.
Ese era El Volcán.
Había quedado cubierto por magma solidificado. La lava en su ojo parecía haberse calmado, y ahora descansaba de su reciente erupción. Estaba medio derruido, como todo lo demás, producto de su batalla contra Boburia. Broly bajó despacio. La ceniza le molestó y, otra vez, se tapó la nariz y la boca para evitarla.
Sus piernas se posaron en el suelo, y no tuvo que andar mucho para encontrarla.
Había un agujero entre tierra y magma, ahora roca pura, en uno de los muchos salientes de lo que quedaba del volcán. Allí metió la mano, y no sin esfuerzo, logró sacar una amalgama de pieles liadas. Las deslió, y el brillo naranja relució contra sus ojos en un reflejo destellante.
Tanto lío por algo tan insignificante.
Broly alzó el vuelo. Ahora tocaba lo más difícil.
[...]
Bra llegó a la Casa Cápsula con urgencia esa mañana, pero no había nadie en ella. Caminaba como un zombie y volaba bajo, casi a ras de suelo. Más de una vez había estado a punto de chocar contra un árbol, pero logró mantener el equilibrio y llegar al llano del bosque donde esperaba ver al guerrero legendario. Permanecer en casa era lo último que quería.
Pero él no estaba allí.
Bra decidió esperarlo, pero al cabo de un buen rato tumbada sobre la hierba, impaciente, se levantó. No podía estar quieta y sin hacer nada, porque sus pensamientos derivaban en la fatalidad de lo vivido, y eso solo la condenaba. Sintió una necesidad imperiosa de entrenar, pero en lugar de ello, puesto que Broly no estaba, se metió en el agua del lago, lo suficientemente fría como para aclarar sus ideas. No se quitó la ropa, movida por la hipnosis de las ondas del agua.
Se adentró y empezó a nadar y a bucear. El cielo se había aclarado, pero no tardaría en volver a ennegrecerse. Cerró los ojos y se hizo la muerta sobre el agua, intentando ponerse en el lugar de los que no volverían a la vida.
Nada.
Bra notó una presencia tras unos minutos de nado. Giró la cabeza hacia Broly, que desde la orilla la observaba, muy serio. Sobre uno de sus hombros cargaba una mochila que a Bra le resultó extrañamente familiar. Se acercó a nado.
—¿Qué es eso?
—Nada en especial —Broly la dejó caer al suelo y la pateó para colocarla tras él.
—No me digas que has estado robando comida por ahí —se burló ella. Le mostró una sonrisa torcida que pretendía ser graciosa, pero Broly no la imitó. Eso le dio que pensar—. ¿Ocurre algo? Estás muy serio —Broly se agachó sobre la orilla, acuclillándose. Bra lo conocía los suficiente como para saber que se sentía incómodo. Le costaba mirarle a la cara—. ¿Broly?
—Te lo voy a preguntar una sola vez, medio humana. No voy a darle más vueltas ni tampoco intentaré convencerte de lo contrario —Bra adquirió su mismo gesto. Su ceño se frunció, y como había pasado los últimos días, esperó el anuncio de una fatalidad, algo poco propio de Broly. Él esperó, pensando en cómo iniciar esa conversación. Nunca se le habían dado bien las conversaciones, y menos las que prevenía la tragedia—. ¿Recuerdas aquella vez, cuando te propuse ser mi emperatriz fuera de este planeta? Te dije que tendrías todo lo que desearas, y que gobernaríamos juntos el universo. También te dije que mataría a tu padre y a Kakarotto, y solo después me iría. ¿Lo recuerdas? —Bra asintió lentamente. Sacó parte de su cuerpo del agua, y daleó la cabeza, curiosa—. La situación ha cambiado a tu favor. No voy a matar a Vegeta ni a Kakarotto, al menos no de momento... Pero incluso así, la propuesta sigue en pie.
—¿La propuesta? ¿Te refieres a lo de ser emperatriz? —Broly asintió, y Bra se restregó la cara con el agua del lago para espabilarse todavía más—. ¿A qué viene eso ahora? Ya te dije que no. Además, gobernar el universo desde este planeta sería peligroso para los humanos —él guardó silencio, pero su mandíbula se tensó. Entonces Bra empezó a entender... y a ser consciente de lo peor—. Porque sería desde este planeta, ¿verdad?
—No.
Bra salió del agua. Su ropa se pegó a su tonificado cuerpo. Se estrujó el pelo antes de encararse a él, con unas fuerzas que no sabía de dónde había sacado.
—¿Qué quieres decirme, Broly?
—He estado pensando estos últimos días y... No creo que deba quedarme aquí, en este planeta. En realidad... no quiero hacerlo —Bra palideció y se tambaleó. Fue como si hubiera recibido un golpe que la desestabilizara y la derrotara, dejándola al borde del desmayo. Broly se levantó y agarró su mano para impedir que cayera, pero en cuanto esta lo sintió, se apartó de él con un brusco tirón.
—¿Qué estás diciendo? —preguntó con agresividad—. ¿Quieres irte de aquí? ¿Adónde? ¿Por qué? ¿Quieres... quieres romper nuestra relación?
—Yo no he dicho eso —negó él.
—¿Entonces? Irte fuera de este planeta es como condenarnos, es como... ¡No lo entiendo! ¿Qué se te ha perdido a ti por el espacio?
—No se trata de lo que se me ha perdido o no, si no de lo que podría hacer aquí o no. Me gusta el planeta Tierra, es el único lugar en el que me asentaría de por vida, pero me limita. ¿Qué podría hacer yo aquí, aparte de esperarte? Tú tienes una vida aparte de mí, y yo no. ¿Quieres que entrene para ser más poderoso? La vida de los demás guerreros se centrará en eso, pero no la mía. Entrenar no es una de mis prioridades, así que... ¿qué otra cosa podría hacer aquí aparte de esperar? No soy tan ingenuo como para creer que estarás siempre conmigo, niña, y tampoco es eso lo que quiero. Si me preguntas qué pienso hacer fuera, podría decirte que no lo tengo claro, pero lo que sí sé es que si me quedo aquí, no seré más que un perro doméstico, y eso es lo último que quiero.
—¿Y qué serás si te vas fuera? —preguntó ella. Intentó contener su amargura, su tono de voz hiriente y sarcástico, pero eso resultó imposible—. ¿Emperador? ¿En serio? Se necesita algo más que fuerza bruta para serlo.
—No sé si llegaré a eso, pero ellos lo creían. No sé por qué, pero Topoka, Tigero, Mikchi y Bugogi pensaban que podría serlo, y también tu abuelo, por eso me desterró. Además, no voy a engañarte. Si algo he heredado de mi padre es su ambición y codicia —Broly sonrió. Una de sus manos se cerró en puño de acero al pensar en la remota y lejana posibilidad, es que no dejaba de ser un sueño. Pero, ¿acaso él no tenía derecho a soñar con ello?—. No sé dónde acabaré. Seguramente volveré aquí, pero no pienso resignarme sin haberlo intentado siquiera.
—Entonces, ¿a eso se resume todo? ¿A perseguir un sueño, una fantasía?
—¿Qué tiene de malo? ¿No lo hacéis los humanos? —se burló él—. He estado reprimido toda mi vida, y ahora nadie me impedirá hacer lo que quiera... Quizás con una excepción —Broly estiró un brazo hacia ella, como ya había hecho semanas atrás, cuando todo era feliz y Bra todavía era una niña que no sabía lo que quería. Le sonrió con toda la amabilidad que había en alguien como él—. ¿Vendrás conmigo? Tendrás todo lo que yo tenga, y algún día será mucho.
—No quiero lo que tú tengas, Broly. Te quiero a ti, pero no pareces entenderlo.
—Lo entiendo, pero yo también soy ambicioso. No puedes tenerme encerrado aquí, y llamar amor a eso, niña.
—Tampoco tú puedes prometerme un imperio a cambio de dejar a mi familia y amigos atrás.
—¿Amigos? ¿Qué amigos? Todos están muertos —las palabras de Broly fueron duras y crueles, pero reales. Bra se llevó las manos a los oídos para no tener que escuchar más sandeces.
—Eres cruel. ¡Eres tan cruel como al principio, no has cambiado nada! —Broly dio dos zancadas y ya estaba delante de ella, agarrándola por los brazos, atrayéndola como un imán y obligándola a escucharlo.
—¡Sí lo he hecho, ahora soy libre y lo veo todo con diferentes ojos! ¡Por eso te pido que vengas conmigo, porque quiero compartir esa libertad contigo!
—¡Pues yo no quiero!
—¿Y qué te queda a ti aquí? Tu padre está tullido, tu hermano está al borde de la psicopatía, tu planeta está destrozado, tus amigos muertos, y yo... yo ni siquiera estaré aquí si decides no venir. ¿Qué harás entonces? Ya no puedes volver a ser una niñata caprichosa y llorica, Bra. ¡Tendrás que afrontarlo sola! ¿Crees que serás capaz? Yo no estoy tan seguro —ella ya estaba irritada. Nada más iniciar esa conversación que para ella carecía de sentido, empezó a enfurecerse, y ahora, con esas palabras que arrollaban con su orgullo, los tensos sentimientos explotaron.
Le dio un guantazo a Broly lo suficientemente fuerte como para apartarlo de sí y dejar su mejilla roja. Él la soltó segundos después, con los ojos afilados y una sonrisa que viajaba entre la diversión y la melancolía.
—Recuerda esto cuando yo no esté. Si aguantas volveré a por ti. Lo haré cuando haya preparado al universo para soportar mi presencia, y entonces, tú vendrás conmigo. Querrás venir conmigo. Será lo único que desees hacer.
Aquello sonó como una amenaza, o tal vez como una coacción. No era ninguna de esas dos cosas, pero Bra se lo tomó como un desafío personal.
Esa era la intención de Broly.
Luego, le apretó los brazos con fuerza y la obligó a besarlo. Fue tan brusco como aquella primera vez, encima de los edificios de la ciudad ahora destruida. Bra se revolvió, él le hizo daño al sujetarla contra su voluntad. Arañó sus músculos apretados, tiró de su pelo y abofeteó su cara, pero él no la soltó. Metió su lengua ávida donde ella no quería, y la joven, furiosa, le mordió hasta hacerlo sangrar.
Cuando la soltó, ella volvió a cruzarle la cara de un guantazo con lágrimas enfebrecidas. Notó su saliva escurriéndose por sus labios, y quiso matarlo por ello. Los ojos de Broly la penetraron hasta hacerla sentir avergonzada y ruborizarla.
—Eres un... ¡te odio! ¡TE ODIO! —finalizó ella. No quiso ninguna explicación para ese extraño comportamiento.
Le dio la espalda y salió corriendo hacia el bosque lo más deprisa que pudo.
—¡Sigue odiándome, niña! ¡Pónmelo más fácil! —le gritó él.
No la siguió.
Broly no sabía qué sentir ante el rechazo. Ya sabía que ella lo rechazaría, pero quería insistir una última vez y, si ella no cedía, hacer que al menos no tuviera un recuerdo agradable de él para hacérselo más fácil y llevadero. Había pensado en violarla cuando la vio salir del agua, pero tan pronto como se fijó en sus ojos, supo que no sería capaz, ni ahora ni nunca.
—Joder... —gruñó. Pateó la mochila que había soltado sobre la hierba, y esta cayó, abriéndose. Las esferas de cinco, cuatro y una estrellas salieron de ella, brillando intensamente, titilando después de haberlas robado de la Corporación Cápsula. No había sido difícil, ya que todo el mundo las había dado por inútiles ya.
Broly suspiró, y sacó la bola de seis estrellas que él había escondido celosamente.
—Es la hora.
Lanzó una última mirada al bosque, esperando verla aparecer otra vez, pero Bra no dio marcha atrás.
Broly tampoco lo haría.
—Día 230, mediodía—
Los Son llegaron temprano a la Corporación Cápsula, y esperaron cuando Bulma les pidió paciencia. Al parecer, Trunks seguía receloso respecto a enterrar a Goten, y ella no tenía corazón para apartarlo de su mano. Necesitaba unos minutos para hablar con él, y Gohan, Videl, Chichí y Goku esperaron con respeto en la habitación donde Picolo permanecía en coma.
Gohan se sentó junto a Picolo y comprobó su estado. El namekiano estaba durmiendo profundamente.
—¿Estará bien? ¿Podremos llevarlo a casa? —preguntó Videl a su suegra, la única que le escuchaba de los cuatro.
—Trunks es un buen chico, y su dolor es casi el mismo que el nuestro. Acabará comprendiéndolo. Si hay algo de lo que me alegro es de que esos dos hayan sido amigos, aunque tuviera reparos al principio —Chichí se acarició la barriga con nostalgia y lágrimas en los ojos—. Me pregunto quién será amiga de mi hija cuando nazca. Ojalá tengo un compañero tan bueno como Goten lo tuvo.
Videl dejó que la mujer soltara un pequeño llanto con las manos sobre sus hombros. Miró a Goku, que se había acercado a la ventana y les daba la espalda, observando el cielo como si estuviera ido... o como si esperara algo.
Chichí se sentó en una de las camillas porque sentía los pies inmensamente hinchados. Videl se dirigió a su marido y golpeó su hombro con un dedo para captar su atención. Gohan leyó lo que ella había escrito en un cuaderno que usaba solo para comunicarse con él.
¿Qué le pasa a tu padre? No para de mirar el cielo.
Gohan se encogió de hombros.
—Ha perdido a Goten, ¿qué esperas que le pase? —respondió de malas maneras. Videl no lo entendió. Su pronunciación empezaba a ser demasiado rápida y con tonos altos y bajos. La pérdida de su oído le impedía hablar correctamente.
¿Puedes escribirlo? No te oigo bien.
Gohan leyó. Dejó caer el cuaderno de escritura al suelo y lo alejó de sí con un movimiento de su pierna, malhumorado. Videl se espantó, y la irritación nació en ella. Lo miró con reproche y él le giró la cara como un niño pequeño.
—¡Ya está bien, Gohan! Eres sordo, acéptalo. Tendrás que aprender algunos trucos para comunicarte con los demás, conmigo y tu hija sobre todo. Aprenderé el lenguaje de sordos si es necesario, y Pan también, pero deja de comportarte como un idiota caprichoso.
Gohan estiró el cuello, indiferente.
—No puedo escucharte, Videl. ¿Lo recuerdas? Quizás sea lo mejor de estar sordo —quiso murmurar esto último, pero no pudo controlar su tono de voz y ella lo oyó. Se puso roja de furia. Lo agarró por la mejilla y tiró de ella hasta que Gohan gritó de molestia.
Chichí suspiró ante la discusión, que empezaba a ser recurrente en el Monte Paoz desde que su hijo había perdido el oído. Estaba más arisco que nunca, y eso, salvo a su padre, machacaba los nervios de cualquiera. Videl empezó a dar gritos, sulfurada, al borde de los nervios. Nadie la culpaba por su histeria. Incluso Chichí, pese a su sobreprotección hacia Gohan, apoyaba a su nuera en sus intentos por hacerle ver las cosas.
Su cabeza iba a estallar.
—Ya que eres el único que puede hablar con Gohan, cálmalo, por favor —le pidió a Goku. Este siguió observando el cielo—. ¡Maldita sea, dos hombres en casa y ninguno hace caso a su mujer! ¿Dónde iremos a parar los Son? ¿No hemos caído ya lo bastante bajo?
—Ahí viene —dijo Goku.
—¿El qué? ¿La lluvia ácida? —el cielo se había puesto oscuro como tizón, y la mujer apreció el brillo de los rayos escondidos detrás de las nubes, junto al estruendo de los truenos a punto de descargar sobre ellos—. Maldita lluvia. Será difícil volver a casa así.
—No es lluvia —zanjó Goku.
Absolutamente serio, con algunas gotas de sudor descendiendo por su frente, Goku dio media vuelta y observó a su hijo mayor. Toda su atención se centró en él, esperando con los puños apretados y los dedos.
—¿Es que piensas hablar solo con tu padre hasta el fin de tus días? Pan también quiere escucharte. ¡Tiene derecho a eso! ¿o no? —Gohan siguió callado, ignorando todo lo dicho por su mujer. Goku siguió observándolo, y su mujer también, como quien mira un partido de tenis, sin entender ese extraño interés—. Tienes que aceptar que ahora tienes limitaciones, Gohan. Puedo aceptar que las tengas, no soy tonta, pero necesito que tú también pongas de tu parte. ¡Entiéndelo, ahora eres un discapacitado!
—¡No soy un discapacitado, Videl! —gritó de pronto él.
Chichí abrió los ojos como platos y soltó una exclamación de sorpresa. Goku pestañeó con la boca abierta, y Gohan se levantó de la camilla, visiblemente irritado.
—¡Tengo limitaciones, sí, pero no necesito que me tratéis como si no pudiera hacer nada por mí mismo! Eso es lo que tú tienes que aprender, Videl, y también lo que debes inculcarle a Pan. ¡No tiene un padre inútil que ni siquiera puede subir las escaleras! ¡Estoy muy bien, sordo, pero bien!
—¿Desprecias nuestra ayuda, Gohan? Encima de que estamos haciendo lo posible para que no tengas que esforzarte tanto... —aseguró Videl.
—No la desprecio, pero necesito que me dejéis en paz. Como Vegeta diría, no necesito que nadie me limpie el culo. ¡Todavía puedo hacer muchas cosas, pero no me dejáis hacerlas, y eso me cabrea!
—¿Te cabrea? ¿Y a mí no me cabrea lo mal que me tratas, a mí y a tu hija? —lo encaró ella de brazos cruzados. Con toda sorpresa para Chichí y Goku, que se tensaron, Gohan también lo hizo.
—¿Cuándo he tratado yo mal a Pan? Yo no le cuento mis problemas a mi hija. Y por cierto, no sé por qué la hemos dejado atrás. ¡Ya te he dicho que no me gusta que esté con Uub! Ahora mismo están solos allí arriba. ¡Podrían estar haciendo cualquier cosa!
—¡No seas animal, Gohan!
—¡No lo soy, es demasiado joven para estar con chicos!
—¿Y qué piensas hacer? Si la sobreproteges tanto, podría escaparse y buscar uno mucho peor, como ha hecho Bra. ¿Quieres un Broly en nuestra familia, acaso? —llegados a ese punto, Gohan se quedó sin argumentos—. Si no quieres que algo así pase, tendrás que aprender a comunicarte con nosotras aunque estés sordo.
—¿Es que no lo hago ya? Te estoy escuchando ahora y no tengo la más mínima gana de hacerlo cuando voy a recoger el cadáver de mi... —entonces Gohan calló.
Todos lo hicieron.
La pareja de casados pestañeó el uno frente al otro. Se miraron largamente hasta que el mayor se llevó una mano al oído y lo golpeó varias veces con los ojos desorbitados. Chasqueó los dedos sobre él y oyó, claramente, el sonido de ambos retumbando contra sus tímpanos. Abrió la boca, emitió un sonido y también se escuchó a sí mismo. Cuando miró a sus padres, incrédulo ante lo que estaba ocurriendo, sintió un ligero tirón en su brazo izquierdo, ese que ya no estaba.
Un peso extra.
Lo alzó en toda su extensión, largo y entero, con todos los huesos y músculos en su sitio.
Se creyó morir.
—No puede ser... No estoy... No estoy...
—Manco —zanjó Videl, y al hacerlo, él oyó su suave voz—. Ni tampoco sordo.
—No lo estoy —Gohan quería respuestas, pero sus padres estaban tan emocionados mirándole, que no fueron capaces de dárselas. Goku sabía lo que había pasado, pero nadie más lo entendía. Así estaba bien.
—¡No estoy manco ni sordo, Videl! —gritó, exaltado, y ella lo imitó lanzándose sobre sus brazos con un grito de alegría.
—Pero... ¿cómo...? —murmuró Chichí. Goku no respondió; disfrutó cuando Gohan, loco de alegría, agarró a Videl de la cintura y la aupó en el aire dando vueltas sobre sí mismo.
—¡No estoy sordo, no estoy sordo! —gritó una y otra vez. Y mientras lo hacía y ella se reía en el aire, se atrevió a llevar las manos a la venda que le tapaba la mitad de su cara. La apartó sin que Gohan dejara de agradecer su suerte, y su cara, lisa y sin una cicatriz, junto a su ojo izquierdo, aparecieron en la perfecta cara del hombre con el que se había casado. La acarició, y Gohan disfrutó del tacto por primera vez en mucho tiempo—. No estoy manco ni deforme, Videl. ¡Ni tampoco sordo! —gritó una última vez.
Chichí desvió la mirada y Goku se rascó la nuca con distracción al predecir el acercamiento entre ellos. Iban a besarse intensamente después de ese subidón de entusiasmo.
—Fíjate por donde... ¡YO TAMPOCO ESTOY SORDO, MOCOSO!
Videl y Gohan dieron un bote, separándose al instante. Chichí gritó y se colgó del brazo de su marido.
Como si fuera un no muerto saliendo de su tumba, Picolo se sentó en la cama con los colmillos por delante y las antenas sacudiéndose. No estaba de buen humor, y sus mejillas mostraban un tono morado sobre ese verde oscuro.
—Maldita sea, ¿no podéis gritar menos o en otro sitio? Me va a estallar la cabeza —gruñó. Apartó la sábana que lo cubría de una patada, y se levantó como si no llevara durmiendo más de unas cuantas horas—. He tenido un sueño de mierda que no me ha dejado dormir tranquilo. Broly aparecía, me arrancaba las antenas y me arrojaba a la lava para que me muriera. Ese sádico cabrón... menos mal que está muerto.
Goku y Gohan se miraron. No estaban seguros de cómo explicarle que llevaba semanas en coma, pero el menor optó por los más sano. Se acercó a su maestro, estiró sus dos brazos y lo abrazó con ellos. Picolo se espantó, como si fuera un enfermo a punto de pegarle una enfermedad.
—Estoy tan contento de que hayas despertado, Picolo.
—Y yo estaré contento cuando dejes de abrazarme. ¿Cuándo te he dicho yo que puedas hacerlo? ¡Quítate de encima!
Gohan así lo hizo, pero la sonrisa amable no desapareció de su boca. Empezaron a hablar y a reír, sin preguntar siquiera cómo era posible ese milagro. Chichí fue la siguiente que se echó sobre los brazos de su hijo, llorando. El único que no lo hizo fue Goku.
Este miró fuera de la habitación una vez más, al cielo oscurecido y relampagueante.
—Goten... —susurró.
Y todos, una vez más, callaron.
Les faltó tiempo para salir por la puerta y adentrarse en los largos pasillos de la corporación.
[...]
Trunks llevaba más de una hora con la vista fija en el cuerpo sin vida de Goten. Esa mañana lo había sacado de su prisión de hielo y lo había colocado en el pequeño colchón que apenas usaba para dormir. Había estado observando cómo se mojaban las sábanas según iban pasando las horas. El hielo se derretía, el agua empezaba a salpicar el suelo, y el cadáver empezaba a adquirir una tonalidad cerúlea en lugar del imposible azul de sus labios, dedos y mejillas. El pelo ya no tenía brillo ni volumen. No había nada que indujera al contrario a pensar que estaba vivo, pues su aspecto era absolutamente malsano, y alrededor de sus ojos y frente, se extendían venas azules por la congelación como telarañas. Estaba muerto, y ni siquiera Trunks podía engañar a sus sentidos haciéndoles creer que no lo estaba.
Bulma entró a media mañana para ver cómo estaba, y cuando vio el cuerpo de Goten tumbado en la cama y a Trunks observándolo tan siniestramente desde la silla de su escritorio, ahogó un grito.
—Trunks, ¿qué...?
—No te preocupes, mamá. Solo intento despedirme —esas palabras, lejos de tranquilizarla, la angustiaron todavía más. Cuando Trunks se volvió hacia ella para pedirle privacidad con inusitada calma, a Bulma se le encogió el corazón—. He estado pensando. Si Bra puede hacerlo... ¿por qué yo no?
—Trunks, ¿estás seguro? —Bulma entró en la habitación para acercarse a él. En consecuencia se acercó más al cuerpo de Goten y pudo verlo con claridad. Un escalofrío hizo que sus rodillas temblaran.
—No, pero tenéis razón. Estoy empezando a perder la cabeza, y si no lo hago, yo... —Trunks suspiró. Tenía las tripas revueltas y las mejillas hundidas. Desde muy pequeño había sido consciente de la presencia de Pesadilla, y después de la conversación con su padre, lo era todavía más. Esa criatura estaba libre ahora que Goten había muerto, y si no quería que la voluntad de su amigo se fuera al cuerno con su muerte, debía mantener la cabeza en su sitio, lo más sana posible. Tener un muerto en su cuarto no era precisamente sano—. No sé si es más egoísta dejar ir a Goten o perderme a mí mismo. Sé que a Goten no le gustaría que me volviera loco por esto, pero suena cínico, como algo que la gente dice para obligarse a sí misma a sentirse mejor cuando pasan estas cosas.
Bulma se inclinó sobre él y posó una mano sobre su hombro. Los pares de ojos azules se cruzaron, y hubo infinita comprensión y cariño entre ellos. Bulma recordó sus experiencias cercanas a la muerte; sus padres se quedaron dormidos hacía años y no volvieron a despertar, y Vegeta había perecido en batalla muchos años más atrás para luego volver a la vida. Ambas experiencias habían sido horribles, pero aunque había perdido a unos padres y a un cónyuge, no podía comparar esos sentimientos con la pérdida de un amigo tan querido. Eran hermanos, y quizás siameses en otra vida. ¿Cómo compararlo? Uno siempre está preparado para la muerte de un padre o de una madre inconscientemente; sabe que pasará algún día, lo teme incluso. La muerte de Vegeta no había durado más de unos días. ¿Cómo empatizarse con su hijo si no había vivido algo semejante? ¿Cómo hacerlo con Bra también después de la muerte de Peach? Goten siempre le había dado algo a Trunks con lo que no había nacido, y ahora que no estaba, Bulma temía que eso hubiera desaparecido.
—No sé cómo consolarte, cariño. Ojalá lo supiera, pero no creo que haya alguien en el mundo capaz de entender lo mucho que estás sufriendo ahora. Lo único que puedo decirte sobre la muerte es que es para los vivos, no para los muertos. En eso tienen mucha suerte, incluso Goten la tiene, porque no tienen que padecer su presencia. Lo que tú sufres y sufrirás ahora que él no está es algo que Goten no sufrirá, y eso hace que no haya egoísmo en intentar pasar página, en dejarlo ir. Los muertos no sienten el dolor de la muerte, eso puedo prometértelo. Por eso, no está mal hacer un esfuerzo por dejarlos atrás. Ese es el precio a pagar por estar vivo.
Trunks lo entendió al vuelo, como todo lo que escuchaba o estudiaba. Era un genio que siempre había mirado más por el ingenio que por los sentimientos, por la lógica que por los caprichos, por cualquier cosa metódica antes que por la calidez del ser humano. Quizás por eso le afectaba tanto ese golpe, porque no estaba acostumbrado a los sentimientos que esa situación le provocaba. Y aun así, no buscaba calor humano. Como su mente solía trabajar, buscó una razón para aquel dolor inaguantable.
Se levantó y caminó hasta él una última vez.
—Es complicado, ¿sabes? Para mí es inaguantable. Siempre lo he tenido todo, siempre me lo habéis dado todo. Lo que no tenía no me costaba trabajo conseguirlo por cómo soy. Soy un genio, soy rico, poderoso, y tampoco puedo quejarme del físico que he heredado de ti y de papá. No hay nada que no pueda hacer, nunca he tenido barreras ni he sentido que las tuviera. Mis sentimientos tampoco me limitaban... y Goten me envidiaba. Lo sé. A él le costaba tanto hacer las cosas, le costaba tanto entenderlas, tenía que hacer esfuerzos enormes por conseguir cualquier cosa que se propusiera. No era el mejor guerrero, no era el mejor estudiante, a veces ni siquiera llegaba a la media. Si yo estaba delante, él quedaba desplazado, ya fuera en estudios, en artes marciales o en cualquier otra cosa. Él era una sombra, y me envidiaba, pero nunca de manera malsana. Nunca me deseó ningún mal porque él era de esas personas que no son capaces de desear el mal ni a su peor enemigo. Siempre me alababa abiertamente, y yo siempre me regodeaba. Lo gracioso es que, por dentro... yo lo envidiaba a él.
« ¿Cómo no iba a hacerlo? Su voluntad era de acero, y mientras él luchaba por lo más insignificante con todo su empeño, yo me cansaba y dejaba de lado todo lo que me suponía un mínimo esfuerzo de más. A la larga, la gente que se me acercaba sentía que Goten era en quien podían confiar, el sensible y amable, mientras yo me convertía en alguien incómodo y demasiado metódico. Soy frío e insensible. No le doy prioridad ni entiendo los sentimientos de los demás, y acercarme a ellos me agota, porque no paro de fingir empatía cuando no me importan en absoluto. Me aburren, me cansan, solo quiero que se pudran o sean un poco más listos antes de hablar conmigo de gilipolleces... pero Goten nunca decía gilipolleces. La cosa más estúpida no era una gilipollez en su boca. Lo convertía en lo más interesante e importante, y la gente que apreciara más mis malditas charlas sobre mecánica antes que las suyas solo por el estatus social ¡era la mierda más grande del mundo!
Trunks se dejó caer sobre el cuerpo de Goten. Sus brazos rodearon su cuello y su cabeza cayó sobre la suya, mejilla contra mejilla, una de ellas helada y tensa como el hielo. Bulma no pudo contener tanta emoción al ver a su hijo llorar como cuando era un niño; no. Ni siquiera cuando era un bebé había llorado tanto por orgullo.
—A su lado, yo era una máquina sin corazón... ¡y él era tan humano! ¡La poca empatía que yo tenía era suya, y ahora se la ha llevado! ¡Se ha llevado mi humanidad con él!
—¡No, no es así! —Bulma gritó. Los escandalosos sollozos apenas mitigaron—. Mírate, Trunks. Ahora eres más humano que nunca —se acercó a él y abrazó su cintura. Bulma también había empezado a llorar—. Él te ha hecho así, y por eso tienes que dejarlo ir —durante un largo rato, las lágrimas de Trunks salpicaron el rostro de Goten. Bulma no lo soltó hasta que él mismo fue capaz de alejarse, un paso, dos—. Es hora del adiós, cariño.
Trunks tomó aire. Su frente se apoyó en la contraria y una última frase salió, deprisa y mal pronunciada por el llanto.
—Adiós, hermano.
Inmediatamente después, como si tuvieran prisa, ambos le dieron la espalda al cuerpo y se dirigieron hacia la puerta. Estaban tan alterados y deseosos de salir de allí, que ninguno vio cómo los dedos de Goten se encogían, ni cómo sus párpados se apretaban.
Bulma cerró la puerta mientras su hijo se limpiaba las lágrimas con fuerza. Su rostro adquirió la seriedad de la piedra.
—Vamos. Chichí, Videl y Gohan han venido a por él. Es mejor que no lo veas otra vez —Trunks asintió, y ambos empezaron a caminar por el largo pasillo, alejándose todo lo que podían a paso rápido. Lo más difícil ya había pasado, ahora solo les quedaba hacer el luto y superarlo.
Tenían ansiedad por abandonar el pasillo, ese corredero de muerte que, con cada paso, tentaba a Trunks a dar media vuelta y recaer en la locura. Por eso, cuando llegaron al final, aceleraron... y chocaron.
Trunks y Gohan se detuvieron a tiempo, guiados por unos reflejos sobre humanos. Los dos se observaron con espanto, y Bulma se dio cuenta de por qué poco después.
Gohan tenía brazo izquierdo, y la venda que le había tapado la mitad de la cara destrozada ya no estaba. Ni una cicatriz quedaba en ella, nada que indicara lo que había padecido. Su ojo estaba restaurado, y por cómo había frenado antes de verse, su audición y equilibrio también. Videl y Chichí aparecieron poco después, despeinadas y agitadas, con el rostro igual de pálido. Después, Bulma abrió la boca de par en par al ver a Picolo, mucho más contenido, pero despierto, con esa expresión agresiva ahora alarmada. Sus antenas seguían en su sitio. Nadie las había arrancado.
—¿Qué...? —musitó la mujer, contrariada.
Trunks lo entendió todo al instante, y dio media vuelta.
Anduvo por el pasillo, al principio muy despacio, acelerando conforme se acercaba, retrocediendo sobre sus pasos. Los demás no se movieron, asustados por si se estaban haciendo falsas esperanzas. Trunks echó a correr con el corazón encogido. Se detuvo frente a la puerta del laboratorio con la respiración entrecortada...
Y abrió.
Allí se encontró la que, sin duda, sería una imagen que jamás olvidaría, la más hermosa y alentadora del universo.
Goten estaba allí, sentado en la cama con las sábanas enrolladas alrededor del cuerpo. Tenía las lágrimas saltadas, y temblaba. Cuando oyó la puerta abrirse, sacudió la cabeza y vio a Trunks. Sorbió por la nariz y sonrió como pudo.
—Maldita sea, Trunks. La próxima vez que me muera, incinérame, entiérrame. ¡No me congeles! ¡Qué frío! —el cuerpo se movía, los ojos tenían vida, y las mejillas seguían pálidas, pero con mucho más color que momentos atrás. Como si quisiera decretar que estaba vivo, estornudó con fuerza y sorbió por la nariz, todavía temblando.
Trunks emitió unos sonidos ininteligibles que llegaron al otro lado del pasillo, y cuando la familia Son ya corría hacia allí con los ojos aguados, él ya se había echado encima del resucitado abrazándolo como un koala haciendo uso de toda su fuerza. Los quejidos de Goten hubieran sido creíbles si su voz no sonara rota.
—¡Trunks, compórtate! He oído tu discurso desde el otro mundo... ¡y no es propio de ti! ¡Esto es muy gay! ¡Oh, no! —Gohan ni siquiera le dio tiempo a recomponerse. Apareció por la puerta y, directamente, se lanzó sobre él con Trunks encima, aplastándolo entre los dos. Por si fuera poco, Videl lo imitó, y Goten se dio por vencido entre risas y llanto aplastado sobre la cama.
Hasta que Chichí llegó y los apartó tirándolos de las orejas para verle, no pudo respirar con propiedad. Y aun así, se quedó sordo con el chillido de alegría de su madre. Pudo notar el bulto de su barriga cuando lo abrazó henchida en lágrimas, pero él, que los había visto sufrir y luchar por recuperarle desde el otro mundo, no se sorprendió, y sonrió.
Bulma echó a correr hacia la Cámara de Gravedad cuando los gritos de júbilo llegaron a sus oídos. Salió al jardín y vio el cielo oscuro y tormentoso, el estruendo de relámpagos que sonaron como campanas en sus oídos. Vegeta acababa de salir de la Cámara de Gravedad. Tenía una toalla alrededor de los hombros y el chip implantado en sus piernas en una mano, observándolo con curiosidad. Cuando la vio, gruñó con contenida alegría.
—O tu aparato hace milagros, o el hijo de puta de Kakarotto vuelve a ser el héroe —a Bulma le importaba muy poco quién fuera el héroe de la historia. Se arrojó al cuello de Vegeta y este la agarró al vuelo. Se puso a llorar contra su pecho y él, sorprendido, la sostuvo por la cintura y apretó su cabeza contra sí—. Maldita sea, mujer. Debería ser yo el que llorara.
—¡Ya lo hago yo por los dos! —sollozó ella.
—¡Tío Goten! —Pan ni siquiera aterrizó cuando entró en casa. Ambos la vieron volar adentro, y también vieron a Uub antes de seguirla.
—Esto se va a llenar de idiotas otra vez, pero nada va joderme el día —Vegeta la aupó. Estaba de muy buen humor, y ella solo atinó a rodearle el cuello todavía más fuerte, permitiendo que la cargara y la arrastrara hasta el interior de la Cámara de Gravedad, el único lugar que no había sido invadido por nadie ajeno, y no lo sería, salvo por lo que sus dueños se dijeran... y tenían mucho que decirse.
En el interior de la casa, todos hablaban al mismo tiempo con Goten. Todos querían acapararle, todos querían tocarle y nadie le dejaba respirar tranquilo. Su sobrina casi le aplastó las costillas, y él quiso decirle lo orgulloso que se había sentido cuando se transformó en súper saiyajin para luchar contra Baika... y derrotarla. Quiso decir muchísimas cosas, pero no le dejaban hablar con tanto jolgorio.
¿Qué más daba? Tendría tanto tiempo para hacerlo.
Solo quedaba una persona con la que compartir su regreso a la vida; la más importante.
Goku observó el revuelo de personas desde el umbral de la puerta del laboratorio. Había sonreído cuando vio a Goten allí, y supo que todos los sacrificios habían merecido la pena. Y sin embargo, no se atrevió a acercarse. Se sentía tan impotente y avergonzado... Después de todo, había sido Broly el que lo había traído de vuelta, no él. Él no había luchado lo suficiente por su hijo, y no podía mirarle a la cara por ello. Goku quería abrazarlo más de lo que lo había deseado con cualquiera, pero no tenía derecho a hacerlo.
Así que dio media vuelta.
Goten, de entre todas las personas que saltaban a su alrededor, le vio. Vio sus cicatrices, sus quemaduras reluciendo como focos sobre esa piel cubierta. Se sintió aliviado y tan entusiasmado... pero, ¿por qué le daba la espalda? ¿Por qué se iba?
Goten se levantó, apartó a Pan de sí y lo llamó.
—Papá —Goku paró. La garganta se le quedó seca y su rostro se crispó. No, no era capaz ni de mirarle a la cara—. He visto lo que has hecho. Lo he visto todo desde el Más Allá.
¿Lo que había hecho? Es decir... Nada.
Goku sintió las mejillas arder de vergüenza.
—¿Ah, sí?
—Sí. Vi cómo te pusiste cuando te enteraste de que las esferas ya no podrían revivirme, y también oí todo lo que dijiste, esas palabras que querías decirme pero que no te salían. Entrenaste muy duro para pelear contra los boburrianos, aunque sabías que no podías hacer nada en tu estado. Fuiste a pedirle ayuda a Broly. También he visto tu batalla contra Boburia, cómo te lanzaste sobre la lava para recuperar la esfera... Y las tumbas. Lo he visto todo y...
—Y no fue suficiente —finalizó él. Goten quedó en shock. Los hombros de su padre estaban hundidos, como nunca los había visto, y se preguntó por qué estaba tan apesadumbrado. Goten había estado tan emocionada al ver todo el interés y voluntad que su padre ponía en recuperarle. Jamás pensó que sería así.
—¿No es suficiente? En estas semanas has hecho por mí más de lo que habías hecho en toda tu vida... ¿y no es suficiente? —Goku no resistió esa voz quejumbrosa. Su hijo ya era un adulto a punto de cumplir los treinta, pero ahora, más que nunca, era un niño. Su niño.
Se dio la vuelta, renunciando a su vergüenza, y lo abrazó. Goten abrió los ojos como platos. No recordaba los abrazos de su padres desde que entró en la adolescencia. Esos abrazos de oso...
—No he podido traerte de vuelta después de todo. No ha sido suficiente —Goku lloriqueó contra su hombro, y Goten hizo lo propio sobre el de su contrario.
Después de haberlo visto todo, de haber presencia la brutal lucha de su padre, no podía sentirse más querido.
—Ha sido más que suficiente, papá.
Y por fin, después de tantas penas, todo estaba bien.
[...]
Bra lloraba en silencio, como llevaba haciendo los últimos días. Ya no le quedaban lágrimas, así que sollozaba y se quejaba de camino a casa, entre furiosa y amargada, con una recuperación puntual de su inmadurez y necesidad de atención y caprichos. Había volado los primero minutos hacia casa, pero ahora, ya a varios kilómetros, caminaba pateando todo con lo que se encontraba, enfebrecida.
¿Ahora le venía con eso? ¿Después de todo el tiempo que habían pasado juntos? ¿Después de TODO? No puedo aguantarlo. ¿Aguantar el qué? Cuando estaba con él sentía que su estabilidad podría durar eternamente, que vivirían juntos y entrenarían juntos, como habían hecho hasta ese momento. Nada tenía que cambiar porque ya no hubiera objetivos, pero ¿por qué Broly se empeñaba en que así fuera? ¿Por qué quería ir a otro planeta con tanta desesperación? Daba igual cuánto se lo explicara, no quería entenderlo, aunque su mente madura sí lo hacía.
Es un saiyajin adulto criado para destruir y pelear, como una máquina de guerra. Aunque ya no tenga por qué hacerlo, está acostumbrado a eso. Ni siquiera papá estuvo aquí todo el tiempo; todavía hoy en día está semanas enteras fuera de casa, en el espacio... Debe de ser eso. Tiempo para acostumbrarse.
Pero... ¿años?
Volveré a por ti.
¿Cuándo?
Cuando haya preparado al universo para soportar mi presencia.
¿Y eso cuánto sería?
Y vendrás conmigo.
¿A dónde?
¿Tenía ella derecho a quejarse cuando había rechazado su proposición de pleno? Broly era capaz de venir a por ella, pero ella no era capaz de intentar irse de allí siquiera. ¿Quién era más egoísta?
¿¡Pero por qué quiere irse!? ¡Es todo culpa de ese maldito instinto! ¡Y yo no soy suficiente para mantenerlo aquí! ¿Tan poco me quiere?
Pero precisamente por eso lo hacía, porque no podía prometerle que estaría allí siempre para ella. La quería demasiado y Broly sabía que no podría. Le haría daño porque un animal salvaje y criado para la caza no podía convertirse en un animal doméstico. Nunca. Siempre quedarían residuos de su antigua vida. No podía permanecer encerrado en un mismo lugar durante mucho tiempo sin sentir que moría por dentro y dejar de ser él mismo. Broly ya no tenía collar, y lo último que quería era seguir atado... y ella lo hacía.
Pero, ¿qué sería de ellos? ¿Bra aguantaría? ¿Broly lo haría? Él, que tenía unos conceptos tan primitivos y salvajes, ¿volvería a por ella como le había dicho? No había nada que se lo jurara, ninguna prueba, pero irse con él no era una opción... ¿o sí lo era?
No quiero ser emperatriz de nada sin mi familia.
Quizás abandonar este planeta es lo mejor... está tan muerto ahora.
No.
No lo abandonaré. No los dejaré solos, y menos ahora.
Lo aguantaré y haré lo que pueda por devolverle a su forma natural.
Por Goten, por Picolo, por Peach y el resto.
Por lo que hemos perdido y por lo que queda.
Esperaré.
Bra llegó al jardín de la Corporación Cápsula cuando el sonido de los truenos ya llenaban el cielo, repentinamente oscuro. No le dio importancia, pues ya empezaba a acostumbrarse al cambio climático. Abrió la verja del jardín y se quedó quieta, en mitad de él, pensando en ir a visitar a Broly mañana para rechazarlo, esta vez de verdad. No sabía cuándo se iría, pero ella no iría con él. Esperaría. Y si no volvía, rehacería su vida como pudiera.
Aunque Bra ya sabía que lo esperaría eternamente, volviera o no a buscarla.
Sacudió la cabeza, controló las lágrimas y tomó aire. Dio un paso más para enfrentarse a su destino y darle apoyo a su familia y a la de Pan en esos momentos tan duros. Debían preparar un funeral. Varios, en realidad. Pero en cuanto alargó una pierna y puso un pie sobre el césped levantado de lo que quedaba del jardín, algo ocurrió. Bra dio un salto cuando el estruendo de un trueno llegó inusitadamente cerca de sus orejas, y el rayo cayó justo sobre lo que quedaba de su hogar, una planta baja y el sótano. Gritó por el sobresalto, y durante unos instantes juraría que su cuerpo flotó en el aire sin que ella iniciara una levitación. Sintió pánico cuando todo se iluminó, como si el rayo le hubiera caído encima, cegándola pero sin hacerla sufrir en absoluto. Si alguna vez recibía el ataque de un Taiyoken en la cara, sin duda sería eso lo que sentiría; un blanco impoluto dejándola ciega e impactando contra su retina, aunque la sensación de flotar en el aire, sin que sus pies tocaran el suelo, no entraba dentro de las posibilidades de esa técnica.
Temió que Boburia siguiera vivo y estuviera haciendo una de las suyas, pero se sintió tan extrañamente bien, que sus temores se aplacaron. El pelo le ondeó y su rostro se crispó en la sorpresa. Sus ojos brillaron cuando, poco a poco, el resplandor que la mantuvo en un espacio pulcro y absolutamente blanco se deshizo y la gravedad volvió a su lugar. Aterrizó de nuevo, de rodillas, y la luz se deshizo como una nube.
El cielo seguía negro y los truenos seguían sonando, pero todo había cambiado.
Bra contuvo el aliento. La sombra del grandioso edificio de la Corporación Cápsula le dio en el rostro, y tuvo que esperar unos segundos para ver bien lo que estaba ocurriendo. Levantó la vista poco a poco, y tuvo que estirar el cuello para apreciar, en toda su plenitud, con sus numerosas plantas y habitaciones, todas relucientes en su forma de media cúpula, su hogar, su casa, la que había acabado destrozada por los recientes acontecimientos.
Entera y perfecta.
Los rosales que su abuela le había dejado estaban relucientes y húmedos rodeando la corporación, igual que el resto del jardín, tan maravilloso y colorido. Pudo oír el cantar de los pájaros que tenían en el invernadero, y también a los animales revoloteando nerviosos. La mayoría de ellos habían huido despavoridos cuando su hogar se les vino encima, o habían acabado muertos después de la masacre de Boburia. Hacía días que no se les oía, y hacerlo ahora, para Bra fue como un golpe de nostalgia.
No puede ser... No puede...
Se levantó, dio vueltas sobre sí misma y vio, en las lejanías, el resplandor de nuevos rayos en Ciudad del Oeste. Cuando estos se desvanecían, los rascacielos volvían a estar allí, los bloques de pisos y la característica arquitectura de esa ciudad también. Todo perfecto, todo reconstruido. Todo demasiado impactante como para creerlo. Bra estaba sudando, aunque el calor del cambio climático había desaparecido y ahora solo quedaba una brisa de mediados de verano. Tenía escalofríos, incrédula e irritada al pensar que todo aquello era una broma de su melancólica mente.
Pero entonces notó la vibración de su teléfono móvil en el bolsillo de su pantalón. No quería cogerlo, pero fue lo único que la devolvió a la realidad. Lo llevaba más por costumbre que por utilidad, pues las líneas telefónicas llevaban colapsadas días por la crisis global.
Ahora ya no lo estaban.
Ni siquiera miró el nombre de la pantalla cuando descolgó y se lo llevó a la oreja. No le salieron las palabras, pero no hicieron falta.
—¡No te lo vas a creer, esto es un milagro!
—¿Qué? —Bra apenas pudo distinguir la voz exaltada de Apple al otro lado del teléfono. Había un jolgorio y gritos de fondo, y además, el muchacho parecía estar llorando a la vez que saltando de alegría.
—¡Están vivos! ¡Peach está viva! ¡Y los heridos del hospital se están levantando de las camillas, y todos tienen sus piernas y sus brazos, y sus cosas en su sitio, y las heridas curadas y...! ¡PEACH HA RENACIDO DE LAS CENIZAS! ¡Uoh, uoh, uoh... espera, esa es Nora, y esa Bamara, y ese Perguo! ¡No me lo puedo creer, las incineraron hace días! ¿¡Qué demonios está pasando!?
—¡Esto es la magia de los Guerreros Dorados, seguro que lo han hecho ellos! ¡Pásamela, pásamela! —Bra no daba crédito a lo que oía. No reaccionó con la voz de Apple pero cuando la chillona y aguda voz de Peach llegó hasta ella después de verla morir, sintió las rodillas temblar—. ¡Bra, estoy en el hospital, yo y todo el mundo! ¡Nos estamos levantando de nuestras tumbas como muertos vivientes! Dime la verdad, ¿habéis hecho algo? No me acuerdo de nada de cuando estaba muerta, solo me acuerdo de ti cuidándome y... ¡oh, oh, a Apple se le ha curado el ojo delante de mis narices! ¿¡Qué está pasando!? ¡Esto parece un apocalipsis zombie, pero no me siento zombie! —Bra estaba patidifusa. Con un tic en el ojo, cayó al suelo de culo sin creerse del todo que Peach estuviera viva. Quiso ir hacia allí de inmediato, pero su visión se desvió a la puerta de su hogar y solo el nombre de Goten apareció en su cabeza.
—Oh, dios...
—Bra, ¿puedes traerme algo de ropa? Los que fuimos incinerados hemos renacido desnuditos... ¡y esto está lleno de gente! ¡Eh, aparta esa cámara de mi vista, pervertido! ¡BRA...!
—Te... te llamo luego, Peach —la cortó ella con voz temblorosa y la garganta hinchada. Colgó sin darle tiempo a replicar, y se tomó un momento para decidirse a ir al interior de su hogar a toda prisa, entre tambaleos inquietos y soniditos varios.
Bra entró en casa, y se encontró todo exactamente igual a antes de la llegada de los boburrianos, e incluso a la llegada del resto de guerreros. Todo estaba impoluto, bien colocado, y no había ni una grieta en las paredes. Sobre el reposacabezas del sofá había una chaqueta de Trunks que hacía mucho que no veía, una de las que solía llevar a trabajar. La televisión estaba encendida, y casualmente, Brocolín salía por ella anunciando sus nuevas galletas de chocolate blanco. Nadie la estaba viendo, y quizás, haciendo tiempo en un arranque costumbrista, Bra la apagó para fingir normalidad. En cuanto lo hizo, pudo oír las voces por el pasillo que daba a los laboratorios y despachos.
Alguien estaba llorando, y también estaban gritando.
Corrió hacia allí, esperando otra tragedia más que una alegría. Ya había sido defraudada demasiado, y no quería otra sorpresa desagradable.
Pero conforme se acercaba, las voces se hacían más fuertes y las sombras y movimientos más reales. Al fondo del pasillo, al asomarse por este, vio la altiva figura de Picolo apoyado en el umbral de la puerta, haciendo gesto de seriedad y desdén absoluto pese a la sonrisa prepotente de su boca. Gohan se le acercó gritando algo que no alcanzó a oír, dando un bote de alegría frente a su maestro, alzando ambos brazos y portando su rostro liso y sus dos ojos. Vio a Videl y a Krilín al fondo de la sala, celebrando algo de lo que no la habían hecho partícipe.
Dejó de correr para andar hacia ellos muy despacio. Picolo reparó en su presencia el primero de todos, y luego Gohan. Este último le hizo un gesto lleno de entusiasmo para que se acercara, y Bra lo hizo. La dejaron pasar al interior de la habitación donde todo el mundo parecía estar loco de alegría, dando tumbos sin importarles lo que tiraran al suelo ni quien lo recogería después.
Ella era la última que faltaba, aunque Vegeta y Bulma no estaban allí. Si todo había vuelto a la normalidad, tenía una ligera sospecha de dónde estarían y haciendo qué. Habría puesto los ojos en blanco por ello de no ser por lo que vio al fondo de la habitación, sentado en lo que Trunks había convertido en una cama, y que ahora volvía a tener el aspecto de una camilla.
Jamás había visto una muestra de cariño así en el seno de la familia Son, y eso bastó para enternecerla antes de darse cuenta de quién participaba en la escena.
Pan estaba abrazada a la cintura de su abuelo. Goku ocultaba una cabeza en su amplio pecho, rodeándola en un abrazo en el que Bra no quería participar. Podía ver su fuerza y su alivio pese a tener el rostro enterrado en el pelo alborotado de su hijo, casi las lágrimas de alegría junto a las de Chichí, junto a ellos.
Ese pelo alborotado y esas manos gentiles que palmeaban la espalda de Goku...
Los ojos de Bra se ensancharon.
—Goten... —murmuró. Oyó un sollozo controlado de Marron, que estaba sentada sobre uno de los escritorios... junto a su hermano. Este mantenía la cabeza agachada, soltando unos sonidos que iban entre la risa y el sollozo. Bra quiso abrazarlo, pero al ver la mano de Marron sobre la suya en infinito apoyo y afecto, desistió de ello—. Esto es increíble.
Dio las gracias al cielo mentalmente, aunque los Kami poco habían tenido que ver en ese milagro.
—¿Cómo ha podido pasar? ¿Cómo...? La esfera estaba perdida, ¿no? ¿Cómo...? —sentía que se quedaba sin oxígeno. Estaba hiperventilando de pura alegría, con las piernas temblorosas, asimilando todo aquello.
Todo ha vuelto a la normalidad. Todos están vivos. Toda esta pesadilla ha acabado.
Y entonces...
—¿Bra? —Goten le habló. Su voz fue lo más dulce que había escuchado en todo el día, y solo con oírlo, la funesta conversación que había tenido con Broly desapareció de su mente. Él estaba vivo, de verdad. El hombre que tan gratos momentos había pasado con ella cuando todavía tenía edad para disfrutar de su inocencia estaba allí, parpadeando, apartándose de su padre lentamente, limpiándose algunas lágrimas distraídas como el resto de su familia. Alzó una ceja, sorprendido por su cambio tras tanto tiempo sin verla. Sus facciones eran más duras y sus ojos más brillantes. Pese a las cicatrices que tenía en el brazo que dejaba a la vista, Goten reconocía que lucía preciosa y absolutamente adulta—. ¿Qué haces aquí?
—Esta es mi casa —murmuró ella, extrañada pero también llorosa. Tuvo que parpadear varias veces para impedir más lágrimas—. Estoy tan contenta de que estés...
—No me refiero a eso. ¿Por qué no estás con Broly? —preguntó él de improviso.
Todos se quedaron mudos.
¿Cómo sabía Goten lo de Broly si había muerto justo antes de que se descubriera que él estaba vivo?
—Os he visto a todos desde el más allá, nada de lo que hayáis hecho es un secreto para mí —se excusó él. Se rascó la cabeza y sonrió. ¡Cuánto habían echado de menos esa sonrisa pícara!—. Por eso lo digo, es... quiero decir, ha sido él el que ha invocado a Shenlong. Ha sido él el que ha revivido a todo el mundo y ha deseado que todo volviera a como estaba antes. Ha pedido dos deseos, yo lo he visto y también he oído vuestra conversación... aunque no quería, pero... —Goten se ruborizó y soltó una risilla de disculpa. Bra estaba tan contenta de que estuviera allí, que ni siquiera le importó—. Ha pedido dos deseos, que todo vuelva a como antes de la llegada de esos asesinos, y que el hechizo que nos impedía contactar con los dioses desaparezca. Pero... todavía le queda un deseo.
Entonces, Goten se puso serio.
¿Un deseo? ¿Qué quería decir con eso?
—¿Un deseo? ¿Ese gorila puede pedirle un deseo a Shenlong? —cuestionó Pan—. No me digas que... ¡Va a pedir la inmortalidad! —gritó, espantada.
—Ese mamón... ¡nos ha revivido a todos para poder matarnos él mismo! —exclamó Picolo. Lo único que el namekiano sabía de Broly era que le había dejado en coma durante mucho tiempo, así que su opinión sobre él, pese a lo poco que había oído, no era muy buena.
Pero los demás, incluida la propia Pan, sabían que Broly no tiraría por ese camino.
Goku, que había hablado con él la noche anterior, Goten, que había oído la conversación con Bra desde el más allá, y la propia muchacha, eran los únicos que tenían una idea aproximada de cuál podía ser su deseo.
Y la muchacha palideció, con el corazón en un puño y la respiración atascada en sus pulmones.
—No... —musitó.
—¿Va a pedir algo peor? —siguió Picolo.
Goku mantenía una mano sobre el hombro de Goten, muy cerca de su cuello. Podía sentir su pulso latiendo contra sus dedos, y no quería soltarlo por nada del mundo. El joven era ajeno a los sentimientos temerosos de su padre, pero notó su indecisión ante la disputa que se le planteaba.
Quería ir.
Quería darle las gracias a Broly, quería presentarle respetos como los saiyajins lo hacían, y solo Vegeta sabía cómo demonios se hacía eso. Y sin embargo, Goku no lo soltó ni se alejó. Tragó saliva, respiró hondo y se dirigió a una indecisa Bra.
—Dale las gracias de mi parte. Nunca podremos agradecérselo lo suficiente, pero siempre que quiera, aquí tendrá un hogar al que volver... y unos amigos también.
—¿Amigos, de ese rinoceronte cabreado? —siguió indagando Picolo. Gohan se rió y golpeó su espalda repetidamente. Todo el rencor que le guardaba había desaparecido con ese nuevo acto de buena fe.
—Podría habernos dejado así, o desear cosas egoístas para sí, pero ha preferido revivir a gente que él ni siquiera conoce. Habría sido una venganza estupenda destruir la sexta esfera del dragón, pero nos la ha regalado. Nos ha perdonado, o al menos quiere tener algo que lo una a nosotros, algo humano y no saiyajin. Y el tercer deseo... estoy seguro de que sé cuál es —Goku mentiría si dijera que no estaba feliz, pese a la decisión de Broly. Aunque ninguno tenía ni idea de qué clase de deseo pediría, todos supieron que era algo por lo que no corrían peligro, y también, algo que los separaría de ese nuevo miembro de su equipo.
Todos callaron, como si guardaran un minuto de silencio.
Y Bra no lo aguantó más.
Se equivocan, todos. Él no haría eso... no tan de repente, no ahora. No...
Se encogió de hombros con parsimonia, como si todo eso le fuera indiferente, y pretendió hacer que no ocurría nada grave. Pensó en sentarse junto a su hermano y entablar una conversación centrada en la vuelta de los heridos y caídos, y también pensó en ir a su habitación para comprobar que todas sus cosas habían vuelto.
No quería pensar en lo que todos daban por hecho.
—Os equivocáis.
—Bra... —la llamó su hermano. Su voz sonó condescendiente, y ella se enfureció por ello.
—Broly es un egoísta inmaduro, y no haría eso. No tenéis ni idea, no sabéis...
—Quizás eres tú la que no tiene ni idea, hija —Bra se volvió hacia sus padres. Vegeta se quedó en el umbral de la puerta, cruzado de brazos, pero Bulma se acercó a ella y le acarició la mejilla con todo el cariño y la comprensión de una madre—. Si una cosa sé es que el amor hace que los saiyajins hagan cosas estúpidas y buenas cuando no suelen hacerlas... Así que ve.
—Pero mamá... —replicó ella. Seguía deseando creer que Broly no haría eso. No se atrevería, no sin despedirse de ella... pero sabía que se equivocaba.
Ahora era muy capaz de hacerlo. Era libre para ello.
Solo necesitaba un empujón. El último.
—Pero mamá, nada. Vete de una vez. Shenlong no es nada paciente —Vegeta fue directo y escueto. Ni siquiera la miró a la cara, pero Bra sintió que el corazón se le helaba, que el último vínculo que los unía con la sobreprotección paterna se rompía. Él la estaba dejando libre, la dejaba cometer sus propios errores por fin, la dejaba tomar decisiones aunque no le agradaran. Lo aceptaba, aunque sin duda le dolía. Su rostro seguía siendo pétreo y malhumorado, pero algo en su gesto mostraba una preocupación genuina, de esas que solo los padres pueden sentir por sus hijas—. He de admitir que pese a todo lo que ha montado, no es tan malo como se cree.
Vegeta asintió, dándole un permiso que Bra no necesitaba para continuar, pero que aliviaba las tensiones y la empujaba hacia adelante. Era justo lo que necesitaba para reunir fuerzas y correr hasta allí, justo lo que hizo. Le dio un beso en la mejilla a su padre y salió disparada fuera de casa. Luego alzó el vuelo y, a toda velocidad, como Broly le había enseñado, voló lejos.
—¿Alguien puede explicarme por qué demonios la hija del príncipe fracasado va a por Broly? —preguntó Picolo una vez ella se había ido. Gohan volvió a golpearle la espalda con su brazo izquierdo, más porque podía hacerlo, feliz de tenerlo, que porque intentara consolar a su maestro.
Tenían muchas cosas que explicarle. Una historia muy larga.
[...]
Broly no podía ver si sus deseos se habían hecho realidad, pero confiaba en que así fuera. Desde allí, en su espacio, el llano que había hecho suyo en mitad del boque, su nido y madriguera, todo era ajeno y lejano. No había más ruido que el de los animales y las hojas de los árboles, o el de Bra riendo y quejándose, o el suyo viendo Brocolín y siendo... feliz. También estaban los gemidos, el goce y las palabras, las primeras plenamente racionales que había tenido con alguien después de tantos años en el infierno. Su Casa Cápsula se quedaría allí, porque llevarla consigo sería como arrastrar recuerdos que no sabía si reviviría algún día. La hierba se agitaba con el poder del dragón, y el agua del lago se agitó.
Shenlong, cansado tras cumplir los dos primeros deseos, habló.
—¿Cuál es tu último deseo?
Broly alzó la vista una última vez, abarcando la lejanía y cercanía del que había sido su hogar.
Suspiró.
Por alguna razón, había esperado que hubiera alguien despidiéndolo.
—En algún lugar del universo hay un saiyajin al que conocí hace muchos años. No sé dónde está, ni cómo de lejos, pero quiero que me lleves hasta él.
—¿Ese es tu deseo final? —se aseguró Shenlong.
Broly asintió. Toda la prepotencia y superioridad que había demostrado al invocar al dragón se había esfumado para dar lugar a una pesadumbre que Shenlong no alcanzaba a comprender. Había cumplido todos sus deseos, y cumpliría el último; él no era quién para juzgarlos, pero las personas que lo invocaban siempre estaban felices tras su invocación.
Ese guerrero del que manaba un gran poder era muy extraño.
—Bien. Cumpliré tu último deseo.
El cielo ennegrecido empezó a aclararse, y Shenlong brilló en él. Sus bigotes oscilaron mientras reunía energías para cumplir su última petición. Broly notó candidez recorriéndole las articulaciones. Se acabó. Iba a desaparecer del planeta Tierra... y sin embargo, no estaba contento.
Esperó con resignación.
—¡BROLY! —Bra gritó, y Broly abrió los ojos como platos. La vio descender a toda velocidad transformada en súper saiyajin, y en cuanto sus pies dieron contra el suelo, la transformación se deshizo. Agotada por la carrera, lo vio con pánico. Corrió hasta él con los brazos por delante y se lanzó sobre su cuello, colgándose de él.
Broly quedó estupefacto. Sintió sus puños furiosos golpeándole el pecho, notó sus lágrimas y oyó su llanto.
—¡Desgraciado! ¡Pensabas irte sin decirme nada! —lo insultó, y siguió golpeándole hasta que Broly, en silencio, agarró sus muñecas y las sostuvo en el aire. Bra mantuvo la mirada baja, con el flequillo tapándole los ojos húmedos.
El dragón dejó escapar un gruñido de impaciencia.
—¿Quieres tu deseo o no? —preguntó con muy mal humor, pero el guerrero legendario lo ignoró.
—No lo entiendo. ¿Por qué tienes que irte? No... ¿por qué quieres irte? ¡No hay nada para ti ahí afuera, pero yo sigo aquí! ¿Es que no me quieres? Después de todo lo que ha pasado... ¿por qué? —la frente de Bra dio contra su duro pecho. Los latidos del corazón de Broly retumbaron sobre este, potentes y rápidos.
—He luchado por estas decisiones y libertades toda mi vida, medio humana. He renunciado a muchos deseos y objetivos... Y no voy a renunciar a más. Este es tu mundo, Bra. Puede que Kakarotto y Vegeta se hayan adaptado a él y lo hayan hecho suyo, pero no es el mío. No ahora. No puedo ser una mascota que solo espera la llegada de su dueña, ni tampoco puedo ser un guardián que espera una guerra y vive preparándose para ella. Quizás antes fuera así, pero ya... —Broly tiró de sus muñecas hacia atrás para verle la cara, pero ella sacudió la cabeza, orgullosa y enfadada. La soltó, y elevó su rostro agarrándola por la barbilla.
Ese cruce de miradas era una despedida.
Bra nunca volvería a ver esos ojos primitivos, ahora, por primera vez, vulnerables y afectuosos.
—Me has dado la libertad, niña. Eso no voy a olvidarlo nunca.
—Quieres decir que... ¿nunca más...? —Bra se escondió en su pecho una vez más, como si abrazarlo con todas sus fuerzas le garantizara que no podría irse de allí.
Pero contra los deseos expuestos a Shenlong no había nada que hacer.
Broly quería decirle que no lo sabía, que incluso él estaba confuso. Solo tenía claro dónde sería su primera parada, pero después de eso tendría que buscar objetivos. Quizás debía pensarlo más, idear un plan... pero si lo hiciera, ya no sería capaz de irme. Y quiero hacerlo.
—No voy a esperar todo el día. Mi energía tiene un límite —recordó el dragón inoportunamente. Bra lloriqueó.
Y Broly la abrazó con mucha fuerza, con sus grandes manos acariciándole la cabeza y el largo pelo azulado. Cerró los ojos, absorbió su olor de su cuello y retuvo. Se quedó con su dulce imagen, con sus lloros por él, emocionado porque, después de muchos años de vida, seguía siendo la única persona que lloraba y deseaba con todas sus fuerzas que se quedara a su lado.
No mentía.
Nunca lo olvidaría.
—Tengo muchas razones para irme, Bra... —ella sintió el tacto suave de algo peludo alrededor de su cuello. Luego, una última caricia seguida de un último y más fuerte abrazo—. Pero solo una me hará volver. Cuando vuelva a por ella, será para siempre.
Nunca habría soñado que alguna vez diría algo así. Cuando se conocieron, ella era inmadura y presuntuosa, cobarde y débil encerrada en una burbuja de oro. Cuando se conocieron, él era un bruto sin consideración ni sentimientos, un bruto preso de su propio instinto. Cuantas veces habían reñido y se habían peleado, cuanto miedo había sentido ella cuando lo conoció y cuánto deseó devolverlo al infierno hasta que fue demasiado tarde. Cuanta frustración y temor había pasado él al ver que desarrollaba sentimientos que no podía controlar. Cuanto odio había albergado durante décadas y cuanto había tardado ella en liberarlo.
Cuanto habían pasado hasta ahora.
Todo en solo 230 días.
Un último beso en los labios. Un último suspiro y súplica para que se quedase a su lado. El silencio durante otro largo abrazo.
Y ahora, el fin.
Apenas un murmullo.
—Llévame allí.
—Como desees.
Bra gritó, se afianzó a su ropa con todas sus fuerzas, agarrándola y tirando de ella con los dedos.
—¡NO!
Y en un instante, doloroso y rápido momento, el cuerpo de Broly desapareció, el cielo se despejó y Shenlong dio un último alarido mientras ella caía de rodillas, ya sin apoyo para sostenerse. Las esferas del dragón se elevaron en el cielo y desaparecieron, cada volando en direcciones opuestas con un zumbido. Las conexiones mentales se rompieron, los recuerdos regresaron y la localización de su ki se esfumó, demasiado lejos ya como para sentirla.
Todos lo notaron. Algo importante se había ido.
Pero solo Bra se lo tomó como un final en lugar de como un nuevo comienzo.
Empezó a llorar con fuerza, a autocompadecerse, a maldecir una y mil veces, a sí misma, a Broly, a todo lo que le rodeaba. A esa Casa Cápsula que ya no podía ni ver, a ese maldito paraíso terrestre que el guerrero legendario había hecho suyo. Todo había acabado y ella volvió a ser la niña caprichosa e inmadura que había sido antes de conocerlo.
Solo hasta que se dio cuenta de que esa cosa peluda y suave seguía rodeando su cuello.
Bra se abrazó a sí misma y la notó, como una caricia, sobre sus nudillos. Palideció, sin entender, y tiró de ella. Cayó sobre su regazo, lanzó una exclamación de sorpresa y dejó de llorar. Miró al cielo, ahora despejado, raso en comparación a la lluvia ácida y al mal clima que había habido los días anteriores, tan soleado y luminoso.
Se levantó, acariciándola entre sus dedos y apoyándola contra sus labios.
—Mono estúpido, ¿cómo se te ocurre dejarte algo tan importante atrás?
Sonrió bajo la cortina de humedad y decidió que era hora de volver a casa.
Todos eran la personificación de la alegría ese día, y aunque los Son querían volver a casa y descansar con sus dos hijos de vuelta, sanos y salvos, también querían compartir el entusiasmo con los demás. Nadie se atrevía a separar a Trunks y a Goten. El primero juraba que dormiría allá donde el segundo estuviera, y no había corazón lo suficientemente fuerte como para separar a los amigos de la infancia. El cariño crecía, las demostraciones de afecto nunca eran suficientes. Goten empezaba a quejarse de que su padre no parara de revolverle el pelo, y también de los besos en la mejilla de su madre o de las palmadas en la espalda de su hermano. Fue gracioso cuando empezó a comer, famélico, tras colocar numerosos platos en la mesa. De pronto, todos estaban hambrientos, y la tensión que había dominado sus vidas en esas semanas de pesadilla desapareció por completo.
Mientras disfrutaban y charlaban, poniéndose al día en contacto alegre y entusiasta, Vegeta observaba el jardín en eterna espera. Bulma se acercó a él, le rodeó la cintura con un brazo y apoyó la cabeza contra su hombro.
—Estará a punto de volver —le comentó ella.
—Lo sé. Lo que no sé es en el estado en el que volverá.
—Confía más en ella, Vegeta, no la subestimes. Es fuerte... como su padre —Bulma besó su mejilla de improviso, dejándole la marca de pintalabios sobre la misma. Los gritos y risotadas sobre ello no se hicieron esperar.
—¡Idos a un hotel, que hay niños delante! —gritó Oolong, cuyo tono rosado había pasado a uno profundamente rojizo por el alcohol.
—¡Idos vosotros, esta es mi casa, gorrones! —respondió el príncipe con un gruñido. Parte de lo que dijo era en serio, pero ni siquiera él tenía la voluntad de apartar a Trunks de Goten, con el que no paraba de hablar sobre cómo era el Más Allá.
Hacía tiempo que no lo veía reírse con tanta fuerza y humanidad.
Las risas continuaron, y él salió fuera para tomar el aire, restregándose la mejilla con el puño para hacer desaparecer el carmín. Estaba atardeciendo, y la brisa nocturna ya azotaba la hierba y las flores del jardín. Vegeta se quedó esperando, de brazos cruzados, a que su hija volviera a casa. No tuvo que esperar demasiado. Cuando ella aterrizó, seguía llorando, pero sus labios se curvaban en una sonrisa tierna y extremadamente madura. La vio caminar hacia él con las cicatrices al descubierto, más alta, más dura, más fuerte y mucho más adulta. Le costaría vivir con ello, pero a él no le cupo duda de que lo superaría con la mayor de las enterezas.
Reprimió su instinto paterno, tomó aire y decidió que la dejaría hacer las cosas a su manera, como debía ser. No le restregaría sus errores, y si quería algo, allí estaría para ella.
Pero hasta entonces, callaría.
Bra se restregó los ojos igual que él había hecho para apartarse el carmín de la cara. Su ceño se frunció cuando le sonrió, torpe, reprimiendo sus sentimientos, los gritos que quería dar de rabia, tristeza y también alegría por lo que habían recuperado y perdido. Siguió acariciando lo que tenía entre los dedos, y Vegeta mentiría si dijera que no se quedó paralizado al ver lo que era.
Una cola.
La cola de Broly. La cola del guerrero legendario.
—Hay que ser muy tonto para dejarse algo así atrás, ¿verdad? —sonrió ella.
Vegeta negó cuando logró salir de su asombro.
—No sabes lo valioso que es. Ni la mitad —no le dijo que, en otros planetas, lo que tenía entre las manos valía mucho más que la fortuna de su madre. Con algo así, podía comprar un planeta entero, quizás dos. Tampoco le habló del simbolismo que había en cortarse la cola y entregársela a alguien; era la finalización de la hombría saiyajin, la forma de reducir a alguien de su orgullosa raza al nivel de un simple mortal.
Los sin-cola. Los castrados.
Los instintos totalmente perdidos. La sumisión absoluta del guerrero legendario frente a una niña como su hija.
Pero, ¿cuánto la quería para ser capaz de renunciar a todo eso por ella?
—Sí que lo sé, papá. Ten por seguro que lo sé.
Su valor sentimental nunca alcanzaría al valor material.
—¿Y sabes lo que significa? —le preguntó. Bra se encogió de hombros.
Significaba, a grandes rasgos, que ahora era más humano que saiyajin, que renunciaba a sus instintos para ser lo más cercano posible a ellos. Al regalársela a su hija, también significaba que dedicaría su vida por entero a ella, como su reina o lo que fuera para él. Era una manera de renunciar a su libertad no pactada, un simbolismo.
Ya no había nada que lo distinguiera de razas inferiores a simple vista, algo que antiguamente era una deshonra para los de su especie. Era renunciar a su raza por ella. Era la sumisión absoluta, como el collar de un perro.
Pero a Bra no le importaba nada de eso.
—Significa que volverá. Eso es suficiente.
Feliz y enamorada, más que nunca pese al daño que acababan de hacerle, entró en casa junto a los demás.
Vegeta pensó en las vueltas que daba la vida. Un día tu familia condena a un bebé a muerte; al otro, lo ves en la adolescencia y lo dejas con vida por lástima y respeto a tu estirpe, sin tener ni idea de que es el condenado que logró sobrevivir; otro más, y él aparece como enemigo para, años después, volver a la vida con tu hija de su mano.
Un día eres un príncipe y al otro eres derrotado y humillado por uno de tus súbditos. Otro, eres amigo de ese idiota y consideras que estás a su mismo nivel.
Un día, tienes hijos con una vulgar e insignificante humana. No eres capaz de huir. Quieres demasiado a tu familia como para hacerlo.
Y luego, solo después de muchos años, te das cuenta de que el instinto no sirve para nada cuando lucha contra los frágiles sentimientos humanos.
—Te equivocaste con él, padre —admitió en la soledad del jardín, frente a la ventana a través de la que podía ver a todo el mundo riendo y gritando de alegría—. Todos nos equivocamos.
Vegeta entró en casa, de vuelta con los suyos.
Dejó la ventana del jardín abierta, para que, cuando el que faltaba volviera, pudiera entrar y unirse a ellos.
Hasta entonces, lo esperarían.
FIN
Notas de autora:
Sé que he tardado muchísimo en actualizar y subir este último capítulo, y lo siento, de verdad, pero tenedlo en cuenta. ¡Es el capítulo más largo de todos! Son, nada más y nada menos, que 75 PÁGINAS. Una burrada que casi me cuesta no acabarlo. No diré que ha sido culpa de los exámenes, porque subí el capítulo anterior cuando ya estaban casi acabados, pero sí diré que este fic largo ha agotado mis fuerzas. Definitivamente, si decido escribir un fic más largo, haré una de dos, le pediré a alguien que me recuerde lo mal que se pasa cuando se te acaba la inspiración y ya no quieres seguirlo (pero tienes que hacerlo porque se lo debes a tus lectores, y también por orgullo propio), o será un fic que vaya a tener capítulos contados y no tan largos como este. LO JURO.
Este último capítulo me ha costado sangre, sudor y lágrimas (literalmente). No había forma de acabarlo, puede que porque me ha pillado en verano y sus vacaciones, y quiero hacer otras cosas a parte de escribir (salir con los amigos, piscina, ya se sabe), y también porque ya no tenía ganas de seguir más. Instinto animal me ha alimentado durante año y pico, pero en estos últimos capítulos estaba agotada. Siento muchísimo si se me ha notado. Podría haberlo subido antes, pero seguramente habría escrito una porquería, y ya que decidí acabarlo, debía hacerlo bien, ¡por mis narices! Y aquí está el resultado.
No sé si es lo que esperabais, ni tampoco sé si es bueno o no. Me imagino que ni leeréis esto porque estaréis hasta las narices sin leer. ¡Habréis hecho bien si lo leeis poquito a poco, y no de golpe, o acabaríais hasta las narices! Además, reconozco que es excesivamente dramático. No quería que fuera así, quería meter lemon y esas cosas, pero salvo la escena inicial, he sido incapaz, y aun así, la he tenido que adaptar a las normas de fanfiction. Espero no haberme pasado de explícita.
Alinear las escenas para que tuvieran coherencia ha sido lo más difícil para mí. Escribía escenas sueltas conforme me entraban ganas, pero claro, luego hay que organizarlas, y faltaban cosas de aquí y de allá, además, todavía estaba indecisa con cómo iba a acabarlo. No tenía ni idea de cómo, y he escrito varios finales alternativos, pero me he decidido por este, muy de mi estilo:
AGRIDULCE
Así lo definiría yo.
Los posibles finales eran unos pocos. Se me han ocurrido muchísimos conforme avanzaba la historia, de manera que la cosa quedaba así:
FINAL MALÍSIMO: Broly muere, pero logra salvar la esfera del dragón y todos vuelven a ser revividos. El problema es que él decide quedarse en el infierno, ya que, al no tener el braummuro tras el combate con Boburia, su poder se desestabiliza y es una bomba andante. Lo más sano para todos es que permanezca muerto, y así se queda. Se sacrifica por los demás. Pero como el braummuro es algo que yo inventé, decidí no tirar por ahí. Era muy dramático, además, que se quede en el infierno. Vegeta, en un principio, también iba a morir, y los dos iban a tener una especie de reconciliación en el infierno. Luego, Vegeta volvería a la vida, pero seguía estando en las mismas.
Escribí este final pero no me gustó, sobre todo porque en el epílogo Bra salía adelante y sí, lo hacía con Goten, cosa que me resultó dura y dolorosa. ¡No podía romper la relación de estos dos después de tantísimas páginas de fic! Así que descarté este final.
Otro final junto a este, era que en el epílogo Broly volvía a la vida, ya que todos logran recuperar parte del braummuro usado por los boburrianos que ha quedado en la tierra, y fabricar nuevos brazaletes para Broly. Pero tendría entonces el mismo problema que en el siguiente final:
FINAL FELIZ: Igual que este, pero Broly se queda en la Tierra. ¿Problema? Me parecía insulso y poco creíble. Por mucho que Broly hubiera cambiado, se ha quedado sin objetivos y sin nada que hacer cuando Bra tenía todo lo demás. Ella salía ganando, y Broly perdiendo. No paraba de imaginármelo esperando en casa la llegada de Bra como un perrito. No me gustaba. El epílogo, sin embargo, era divertido. No diré de qué se trata porque, si me animo a escribir uno (cosa que todavía no tengo muy clara) pienso utilizar parte del que tenía pensado.
Este final sonaba forzado. Bonito, pero metido con calzador.
FINAL "CHACHI MÁGICO": para este necesitaba a Paragus vivo, y ya sabéis cómo ha acabado el pobre. Este era el final que el fic iba a tener antes de liarme tanto con los boburrianos, el que pensé primero de todo. En él, Broly quedaba subyugado a la voluntad de Paragus cuando este le colocaba la diadema inhibidora, y tras morir todos los boburrianos, y también Paragus sin ayuda de Broly, este quedaba trastocado incluso después de romper su diadema. Se queda como el Broly de la primera película antes de transformarse en el guerrero legendario, como un maniquí sin vida. Tras pedirle a Shenlong que todo vuelva a la normalidad, no consiguen que Broly recupere el "tornillo que le falta". Broly era llevado con Dende y Popo a la Atalaya de Kami y se quedaba a vivir con ellos, sin sentimientos y sin recordar nada. Si alguna vez necesitaban su poder, lo usarían como arma contra enemigos peligrosos, peeeeeero Bra consigue que Broly se recupere por una serie de sentimentalismos típicos del mejor shojo.
Volvemos al mismo problema del FINAL FELIZ.
FINAL FATAL: el que más me gustaba, incluso más que este, pero demasiado brutal y sanguinario. En este final, Goku y Vegeta entran con Broly en el volcán para cargarse a Boburia, y este, con sus poderes mentales, le hace ver a Broly lo que hubiera sido de su vida si Goku y Vegeta murieran. Vemos a Broly como un emperador, con Bra junto a él, embarazada, y con muchos planetas a su mando. Un nuevo imperio se levanta, igual que el de Freezer, pero con un rey que no está mal. Trunks, Gohan y Pan le obedecen, y Bra está tan enamorada de él, tan ciega, que también lo hace. Todo parece feliz y oscuro en el imperio de Broly, y cuando este logra deshacerse de la ilusión de Boburia, acaba con él junto a Goku y Vegeta. El problema es que a Broly le ha gustado esa ilusión, y brutalmente, aprovechando que están débiles, Broly mata a Goku y a Vegeta, y acaba con las esferas del dragón. Quiere crear ese imperio que ha visto en sus sueños, y por ello recupera su maldad.
Bra estaba equivocada, Broly sigue siendo un tirano.
En el epílogo de este final, teníamos a Bra, Gohan (sin curar), Trunks, Pan y Uub tres años después adentrándose en un planeta desconocido, colándose en un palacio y encontrándose al emperador tiránico del universo sentado en su trono, esperándoles. Los cinco guerreros han entrenado duro para matarle y vengar la muerte de Vegeta y Goku, pero Broly, tras transformarse en el súper saiyajin legendario de nivel tres, es un enemigo monstruoso a tener en cuenta. ¿Podrán los cinco contra él? ¿Podrán combatir él y Bra, o vivirán un ciclo eterno de amor y odio sin poder acabar con la vida del otro, pero tampoco capaces de vivir sin el contrario?
Este, sin duda, habría sido un gran final. Quizás algún día lo escriba como final alternativo.
Otro final que tenía en mente, pero que no he desarrollado mucho, es el FINAL RARO, donde Broly resultaba ser al final un dios de la destrucción en proceso de crecimiento, por así decirlo. Tras acabar con Boburia, él se convierte en el absoluto malo malísimo. Incluso creé una transformación molona para él, pero ya digo, era rarillo.
Y otro final que no estaba mal era el FINAL PESADILLA. En este final, resulta que Boburia no es el que maneja a los boburrianos, si no una persona con un gran casco que le oculta la cara y un traje futurista, oscuro y muy pegado (parecido a los de Gantz). Este resultaba ser un Trunks de un futuro en el que Broly no llegó a tiempo a recoger la esfera de dragón, y Goten, por tanto, jamás revivió. Logró perfeccionar la máquina del tiempo, y se ha pasado muchos años viajando a través del tiempo buscando la manera de revivir a Goten, pero topa con un problema. Intentando acabar con Pesadilla, su alterego malvado, convencido de que Goten no ha revivido por su culpa, llega diez años antes de que Broly sea revivido, justo cuando Pesadilla estaba haciendo de las suyas por primera vez, y los dos se enzarzan en una batalla en la que es él mismo el que acaba con Goten. Este Trunks vuelve al pasado una y otra vez intentando arreglar lo que ha hecho, pero de una manera u otra, el resultado siempre es el mismo.
Finalmente, toma el control de los boburrianos tras diez años viajando y viviendo lo mismo una y otra vez, pero todo logra solucionarse con este mismo final, el FINAL AGRIDULCE. Goten ha vuelto a la vida, peeeeero este Trunks futurista teme que Pesadilla despierte otra vez y lo haga todo pedazos, así que en el epílogo aparece frente a Broly y lo reta con la intención de controlarlo otra vez, y así tenerlo como apoyo en una batalla contra su otro yo, el Trunks de este tiempo. También se une a Bardock, cuyas intenciones no están demasiado claras. ¿Por qué quiere atacar a sus descendientes, Goku y nietos? ¿Es malo o bueno? ¿Quién maneja a quién, Trunks o Bardock? ¿Bardock vio el futuro y utilizó a Broly para salvar el planeta Tierra, o lo hizo para entretener a los guerreros Z mientras él creaba un brutal ejército y se convertía en el nuevo terror del universo?
Eso iba a dar pie a una segunda parte de Instinto animal, algo muy curioso donde también pensaba explorar las reacciones de los humanos al saber de la existencia y del poder de los Guerreros Z, al creerlos enemigos por las acciones de Bardock y el Trunks futurista. Esto daba para mucho, y como ya he dicho, he acabado con este fic hartita, así que... he rechazado esta idea de pleno, pese a lo interesante que era.
Finalmente, me he decantado por este. Ni muy trágico, ni muy alegre. Agridulce. Espero que os haya gustado esta decisión, pese a lo dramático del capítulo. Quería hacer algo que emocionara, y por eso suelo escribir cosas tristes, aunque he intentado añadir algunas divertidas.
Puede que no haya quedado una cosa clara... ¿por qué se va Broly? Bueno, es complicado. Este personaje en sí es complicado, pero creo que la razón es clara. Broly ha recuperado su libertad, y lo último que quiere es quedarse atado en un planeta en el que no tiene nada que hacer, salvo, quizás, tener hijos. Y bueno... todavía no está preparado para ello, ni Bra tampoco. Los dos necesitan seguir madurando, y por eso Broly da un tiempo a la pequeña para ello. Mientras tanto, intentará obtener lo que le arrebataron. Pero no creáis que lo único que quiere es ser emperador, no. Necesita hablar con una personita sobre lo que ha pasado, y me imagino que después del capítulo anterior, tendréis una idea de quién es xD.
No tengo mucho más que decir una vez llegado a este punto, salvo que siento la espera, y ojalá os haya gustado para los que hayan sido capaces de llegar tan lejos en esta historia.
Y bueno, llegados a esto, siento no responder reviews esta vez. Estoy agotada, y ni siquiera he corregido el capítulo, así que perdón por las faltas de ortografía y coherencia que encontreis, pero es hora de tener un descanso, y no puedo tenerlo si no subo el final de este fic. Responder a los reviews ya habría acabado conmigo.
Sin embargo, los agradezco tantísimo... en serio, he leído algunos mientras iba escribiendo porque era la única forma de sentirme inspirada. De no ser por vuestra atención nunca habría acabado esta historia, porque sí. ¡INSTINTO ANIMAL HA ACABADO DEFINITIVAMENTE! Espero que os haya gustado, y solo puedo daros las gracias por leer con tanta ilusión como hasta ahora.
Siento haberos agotado, y para una persona que no sé ni quien es porque no está registrado en fanfiction. Me imagino que, por el contexto, él o ella entenderá: Me siento muy halagada con eso de dibujar una historia sobre el fic, pero esto es eso, un fic, y pasarlo a comic es una locura que no me interesa que se lleve a cabo. Solo quería terminarlo. Aun así, gracias por el interés.
Ahora sí... Instinto animal acabó.
Gracias a todos los que leyeron, mil gracias. Yo seguiré rulando por aquí, quizás leyendo algunas historias que me encuentre, pero dudo que vuelva a escribir un fic tan largo alguna vez, y si lo hago, no creo que sea de Dragon Ball, no de momento al menos. En serio, estoy agotada. En cuanto a Solo un hombre, ya veremos si lo seguiré o no. Ahora mismo solo sé que necesito un graaaaaaaaaan descanso de fics. He estado a punto de no acabar este siquiera, así que imaginaos.
¡Gracias, gracias, gracias! ¡Nos leemos pronto!
