Hola, hola! gracias a todas aquellas personas que siguen esta historia y gracias por las que dejan sus comentarios. Siempre me gustó que Albert y Terry fueran amigos y me encanta la personalidad de Terry, así que en mis Albertfics siempre termino metiendo a Terry de alguna manera y en este caso podría ser el tercero en discordia.


Capítulo 6

Albert suele pasar algunas tardes ayudando en el comedor Granchester, entra por la puerta de atrás, se coloca un mandil y comienza a ayudar en la cocina, lavando platos, fregando pisos o picando verdura, como lo hacía cuando sufría amnesia. Hacerlo siempre le recuerda la época más feliz de su vida. Terry no hace esas labores, a menos que sea estrictamente necesario, ya que él prefiere estar sirviendo comida, conviviendo con la gente, y brindar ese contacto ameno que alegre a la gente que llega hambrienta sin tener dinero para comer.

- ¡Amigo! ¿hace cuánto que llegaste? – le pregunta Terry cuando entra en la cocina en busca de un nuevo cazón de sopa

- Un par de horas

- Ven, sal a convivir – le dice con un gesto invitándolo a salir a la zona de mesas

- Todavía hay mucho trabajo aquí, Terry; además, he visto muchas veces tus monólogos

- Candy está aquí

No bastaron más palabras para que el rubio dejara el trapeador se limpiara las manos en el mandil y saliera de la cocina. Ahí está la rubia sentada en una de las mesas haciendo compañía a tres familias llenas de pequeños niños riendo con las caras que la pecosa realiza para entretenerlos.

Terry es quien le alerta de la presencia del rubio y ella se levanta corriendo a saludar. Albert la recibe en sus brazos dándose cuenta de lo mucho que la extraña, lo mucho que la necesita. Han estado al pendiente uno del otro pero pocas veces se han visto en los últimos meses. Los tres se sientan a platicar y rápidamente se están riendo recordando los momentos alegres que han pasado en compañía de los otros. El comedor se vacía cuando oscurece y los trabajadores limpian el lugar antes de irse.

- Creo que la jornada ha terminado – comenta Terry para dar conclusión a su amena tertulia. – mañana tenemos que abrir muy temprano y ya tener listo el desayuno

- Es impresionante verte tan entusiasmado con el comedor – dice Candy con inmensa alegría – trabajas todo el día desde muy temprano y siempre con una sonrisa. Te admiro Terry

- Gracias pecosa, pero no hago nada extraordinario – responde Terry tomando con su mano la barbilla de su tarzan pecosa y besándole en la frente – aunque si mi padre se enterará que un Granchester se dedica a cocinar y servir mesas… ¡esa cara valdría la pena ver!

Albert se ofrece a llevar a Candy a su casa y los dos caminan en silencio por la ciudad hacia el departamento que durante su amnesia compartieron. Los rubios se detienen en el dintel de la puerta del edificio, Albert levanta la mirada y suspira recordando lo feliz que fue en ese lugar. Tiene tantas ganas de volver a ese tiempo, de vivir en compañía de su pequeña, de volver a esa simplicidad donde el fregaba pisos en un restaurante y ella trabajaba en la clínica y todas las noches reían mientras cenaban y se platicaban su día.

- ¿Cómo están los inquilinos? – pregunta por fin, mandando sus sentimientos al fondo de su corazón, como lleva años haciéndolo

- Sobreviviendo – responde Candy comenzando a contar la situación de cada uno de ellos. Todos siguen ahí y al igual que los trabajadores de las mansiones Andrew, no han permitido que el edificio se pierda en el olvido. La mayoría no puede pagar la renta así que a modo de pago realizan ellos mismos los arreglos del edificio, barren y cuidan el jardín.

- Me gustaría poder hacer algo por ellos

- No puedes salvar al mundo, Albert – le dice moviendo su mano en un ligero roce sobre la mejilla del rubio

Albert se estremece con el contacto y le mira directamente buscando una señal de que lo ama como él a ella.

- Lo que hacen tú y Terry es más que suficiente

«Terry… siempre Terry» piensa mientras suspira y sonríe para despedirse de su pequeña. El rubio da unos pasos alejándose para luego detenerse en seco, se voltea y le grita a Candy, ella sale del edificio y se encuentran a la mitad del camino.

- Vayamos mañana a dar un pase a Lakewood ¿te parece?

- ¡Me encantaría Albert! Las rosas de Anthony deben estar en su esplendor

- Nos vemos mañana pequeña, vengo por ti temprano

- Nos vemos en tu casa Albert, queda de salida y así paso a la clínica para avisar que no podré ayudarles

- Está bien pequeña, ahí te espero.

El rubio camina feliz con su idea improvisada. Mañana pasará todo el día en compañía de su adorada Candy, podrán olvidarse un poco de todo lo que está sucediendo en el país y compartir bellos momentos como todos los que han tenido en esos hermosos bosques de Lakewood.

Entra en su casa y es recibido por su mayordomo James, quien le dice que le ha dejado un vaso de leche, té y galletas en el despacho. Albert le agradece, le dice que mañana irá a Lakewood con Candy, que preparen el coche para el viaje y lo manda a descansar. La mayoría de las familias de los trabajadores han dejado sus casas y se han ido a vivir a la mansión donde Albert los ha acogido y por más que ha insistido que hagan uso de las habitaciones de la casa grande, los empleados no han querido y se limitan a usar la casa de empleados que hay atrás de la mansión. Mientras James apaga luces en su camino a la parte de atrás de la mansión, el rubio hace lo mismo de camino a la biblioteca pensando en la gran cantidad de gente que vive en la mínima sección de empleados de la mansión en contraste con la gran cantidad de habitaciones que tiene para su uso exclusivo. Se siente tan solo, que no se da cuenta que hay alguien en la biblioteca cuando entra en penumbras.

Albert decide no prender las luces y se encamina al sillón del escritorio, se tumba girando el sillón para ver hacia los jardines tomando una de las galletas de la mesa. Se queda en silencio hasta que escucha un ruido que lo hace girar hacia el librero frente a él.

- ¿Quién está ahí? – pregunta levantándose del sillón, al ver una figura humana en la oscuridad - ¡le ordeno que me diga quién es y que hace en mí casa!

Albert solo escucha un disparo, siente un rápido dolor en el abdomen y luego un calor que le inunda el cuerpo mientras cae sintiendo como la bala penetra en su cuerpo y emana sangre.

- Candy… - susurra antes de perder el conocimiento