Hola, hola! bueno, este es un capítulo corto y como ya tengo listos los siguientes dos y han sido muy amables dejandome sus comentarios, por la tarde les estaré posteando el capítulo 9. Muchas gracias por sus palabras y por seguir la historia, que a lo largo de la escritura ha ido creciendo. !Yo tampoco creí que fuera a ser más larga de 10 capítulos!


Capítulo 8

- Esta es la habitación más grande del hospital – comenta Candy entrando en la habitación donde ya está George revisando el lugar

- Solo lo mejor para William – responde George

- Recuerdo cuando se le transfirió a este hospital y le fue confinado al "cuarto 0", en que horribles condiciones estuvo – dice sin poder evitar un escalofrío en su cuerpo al recordar esa época cuando Albert fue herido y sufrió amnesia.

- No es la primera vez que William sufre algún revés – le dice George tomándola por los hombros a manera de consuelo – y siempre ha salido adelante. Esta no será la excepción

- Lo sé George y como aquella vez, yo estaré a su lado – concluye secándose sus lágrimas y sonriendo como solo ella lo sabe hacer – ¡este lugar necesita flores, George!

En un par de horas, ya con el lugar revisado y arreglado por ellos, un grupo de doctores y enfermeras traen en camilla a Albert después de un par de horas de recuperación post operatorio. Su vida ya está fuera de peligro, pero la bala genero problemas en la salud del rubio. La bala parece haber afectado la columna y será hasta que despierte que sepan qué consecuencias tendrá. Además de la debilidad y propensión a infecciones que tendrá por un tiempo debido a la gran pérdida de sangre y la operación misma; lo cual con tiempo y cuidados sanará completamente.

En cuanto Albert está en la cama Candy se acerca a él, le mira tan débil e indefenso. Le acaricia el rostro y coloca un mechón de cabello detrás de su oreja, susurrando palabras de aliento y cariño.

Varias horas pasan antes de que el rubio despierte completamente adolorido, Candy sin esperar a nadie inyecta al rubio con algo para el dolor.

- Candy…

- Vas a estar bien Albert

Ella le cuenta lo sucedido en la mansión, como entraron a robar y uno de los ladrones estaba en la biblioteca que fue el que disparó al sentirse descubierto. Albert le escucha recordando lo sucedido, sin decir nada. Ella le habla de sus heridas y la necesidad de la operación para identificar la afectación de la bala, así como que se encuentra en el hospital de Chicago. Donde antes trabajaba su pequeña, donde Candy lo encontró, le cuidó y le ayudó a retomar su vida. En ese mismo hospital donde fue maltratado pensando que era un espía, enviándolo a la peor habitación… donde sintió una profunda soledad. El recuerdo de esa sensación le hace estremecer.

- No quiero estar solo Candy – susurra sintiendo una fuerte opresión en el pecho, recordando lo solo y angustiado que se sentía en aquella ocasión y lo solo y triste que se sentía el día que le dispararon.

- No lo vas a estar, Albert. Yo estaré aquí contigo. Recuerda que soy una gran enfermera – le dice con su mágica sonrisa – ese "cuarto 0" ha quedado en el olvido, George se ha encargado de eso, aunque creo que algo falta…

- Puppee…

- ¡Si Albert! Es ella quien falta, en unos días iré a buscarla a Lakewood, esperemos que quiera venir conmigo

- Duele…

- Ya te inyecte para el dolor, en un momento más dejará de doler, vuelve a dormir Albert

- No te vayas Candy – susurra comenzando a cerrar los ojos

- Aquí estaré cuando despiertes

Y así sucede siempre. Cada vez que Albert despierta ahí está ella con su hermosa sonrisa, atenta a todo lo que necesite; le llena de cariños y atenciones. Candy se convierte en su enfermera personal aunque él no quiera, igual le toma de la mano y le acaricia el cabello para que se duerma, como que le baña y viste con inmenso cuidado haciéndole sentir una enorme felicidad igual que una gran vergüenza, pero sabe que por más que discuta nunca podría ganarle a su pequeña enfermera. Así que se traga su pudor y se deja manejar por las manos expertas de Candy.

El dolor que experimenta Albert cuando se percata que no puede mover las piernas, es inmenso no logrando contener las lágrimas al ser abrazado por Candy, lo que no le ayuda para recuperar la compostura. Le duele pensar que no podrá volver a caminar, que su vida cambiará por completo, que siempre requerirá de ayuda. Candy le consuela diciendo que ella estará a su lado que él es fuerte y saldrá adelante. Sus palabras no le consuelan, le gusta que Candy esté con él, pero no quiere que sea de esta manera, no quiere que por su condición ella se quede con él. Por un momento se percata que llora más de pensar que está atando a Candy a su lado, que por su situación médica. Especialistas le aseguran que la parálisis no es permanente pero que requerirá de tiempo, paciencia y ejercicios. Una fuerte dosis de analgésicos y la difícil noticia recibida le hacen dormir profundamente.

...

Albert despierta sumamente cansado, suspira percatándose que sigue en el hospital, que todo lo que sucede es real. Ha quedado paralítico, está nuevamente en el hospital, Candy está con él pero por su enorme necesidad de cuidar a sus seres queridos, no porque lo ame como él a ella; la situación le llena de tristeza y soledad.

- Solo – dice suspirando, reconociendo ese sentimiento que desde niño le ha acompañado y al que tanto ha buscado derrotar sin conseguir. – Candy – llama sabiendo que ella debe estar por ahí cerca pero nadie responde. Se incorpora pesadamente en la cama haciéndose aún más consciente de la inmovilidad de sus piernas. Una enfermera se acerca y le ayuda colocando almohadas en su espalda preguntando como se encuentra - ¿Dónde está Candy? – pregunta

- La señorita ha salido, dijo que iría a buscar a alguien

- Terry…

- ¿Disculpe?

- Nada – «Seguramente ha ido a buscar a Terry» piensa cerrando los ojos buscando volver a dormir y olvidarse de todo.