Hola, hola! espero que hayan tenido un bonito fin de semana, aquí les dejo el capítulo de hoy y como siempre les agradecere sus comentarios!


Capítulo 11

Los rubios deciden que al salir del hospital pasaran una temporada en Lakewood, así que todo está listo para la llegada del dueño. El trayecto es cansado, la ambulancia recorre el trayecto lentamente haciendo que cada bache del camino sea una tortura para los pasajeros.

- ¿En qué momento decidimos hacer el viaje hasta Lakewood? – comenta el rubio entre muecas de dolor mal disimulado

- No falta mucho – responde la rubia buscando hacer el viaje cómodo para su querido Albert

Cuando por fin la ambulancia se detiene, Albert está feliz y observa por la ventana del vehículo los jardines de Lakewood. Una corriente de aire fresco se siente cuando se abren las puertas haciendo correr hasta el bosque a su mofeta mientras Albert inhala fuertemente buscando recuperar la tranquilidad que estos bosques siempre le brindan. Varios enfermeros cargan la camilla en la que ha realizado el trayecto, entrecierra los ojos al verse deslumbrado por el sol, cuando se acostumbra se encuentra con una larga valla formada por todos los empleados de la mansión y sus familias. Todos están ahí para recibirlo. Siempre ha sido así, todos los empleados formados para recibir al patrón, pero ahora con las familias le da un toque de mayor cordialidad. Nunca le han gustado esas muestras de "relación obrero-patronal" pero ahora lo siente como muestra de cariño y lo agradece aunque no puede evitar sentirse cohibido por mostrarse así, en una cama, inválido.

Alfred con su hermano gemelo, única familia que tiene, es el único empleado que se ha trasladado de la mansión de Chicago a Lakewood. Él es quien conduce a los enfermeros hacia la habitación principal de la mansión donde ya está todo preparado para recibir al patriarca. Candy va a su lado mientras George conversa con los demás miembros del servicio poniéndose al tanto de lo que hay y se necesita en la mansión.

Mientras los enfermeros colocan a Albert en la cama, Candy y Alfred abren las cortinas de la habitación.

- Abre también el balcón, Candy. Por favor – le dice Albert desde lejos buscando sentir nuevamente ese aire puro del bosque.

Ya hecho esto, Candy despide a los enfermeros con su amabilidad característica mientras el hermano de Alfred y otros más comienzan a llegar con las maletas, baúles y demás equipaje.

- Todos se alegran de que este con vida – le comenta Alfred mientras los demás dejan las maletas en la sala de la habitación – les ha dado mucho gusto verle aquí

- Agradece a todos por el recibimiento, Alfred – le responde el rubio desde la cama donde Candy le acerca un vaso con agua fresca para que beba – han sido muy amables en recibirme todos, de verdad se los agradezco de corazón

- Ya le dije, señor que todos quieren hacer algo por usted

- ¿Esas son "dulces Candy"? – pregunta observando un hermoso jarrón de cristal cortado en el centro de la sala con tres hermosas rosas blancas

Candy se acerca a mirarlas asintiendo al descubrir que son tres rosas de las que creo Anthony poco antes de morir

- Acércalas, Candy. Por favor

Ella toma el florero y lo coloca en la mesita al lado de la cama del rubio dejando que el olor de las rosas impregne la habitación

- Todas son flores del jardín de su hermana – comenta Alfred – el jardinero ha cortado varias rosas para que se sienta como en el jardín

- Son hermosas – responde Albert observando los muchos floreros llenos de rosas por toda la habitación – agradécele de mi parte. Espero poder recorrer el jardín en unos días

- Así será Albert

...

En poco tiempo ya está todo el equipaje de en su lugar, todos están instalados y Candy está al lado del rubio quien después del largo trayecto en la ambulancia cae rendido en un sueño profundo.

- ¿Qué hora es, princesa? - pregunta despertando entrada la noche – mirando hacia el sillón junto a su cama descubriendo que Candy está despierta con un libro en la mano

- Deben ser como las diez de la noche Albert ¿cómo te sientes?

- Ya no tengo dolor – responde con sinceridad intentando sentarse en la cama. Candy se acerca a él y le ayuda colocando un par de almohadas en la espalda – deberías estar durmiendo

- He dormido a ratos – responde la rubia con su alegre sonrisa

- Candy, no quiero que también enfermes – le dice tomando la mano de la rubia entre las suyas

- Soy enfermera, estoy acostumbrada

- Por favor Candy, busquemos la manera de hacer más llevadera esta situación

- Eso solo temporal, Albert

El rubio la mira a los ojos y descubre la inmensa sinceridad con que dice esas palabras. Su pequeña realmente cree que va lograr recuperarse. Sería tan feliz de tener esa misma fe, que solo sonríe asintiendo.

- Está bien pequeña, pero con más razón no tiene caso que te mal pases de esta manera. Mañana nos pondremos de acuerdo con George y el personal.

- Está bien Albert, como tú digas – concluye la rubia. Los dos quedan en silencio por unos segundos mirándose profundamente hasta que un sonido proveniente del estómago de Candy les interrumpe

- Creo que tienes hambre – ríe divertido

- Tú también debes tener, no has comido nada desde el desayuno – la rubia se levanta de un salto – iré a preparar algo para cenar ¿Qué se te antoja, Albert?

- Candy… - susurra invitándola a sentarse nuevamente frente a él – pide que nos preparen algo y quédate conmigo

- Pero…

- No quiero quedarme solo – dice el rubio venciendo su tristeza

Candy se sienta frente a él y busca la manera de alegrarlo. Así que le dice que no tiene que inventar pretextos, que puede ser honesto y decirle que no quiere que cocine pues lo hace muy mal. Los rubios ríen con la ocurrencia y Candy sale rápidamente para pedir que les preparen de cenar y regresar corriendo al lado del rubio.