Hola, hola! espero que esta sea la última vez que hago sufrir a mi querido Albert :P gracias por seguir la historia y por sus reviews, me hacen muy feliz!


Capítulo 13

El humor de Albert es sumamente cambiante, hay días que está alegre y durante las terapias se entusiasma; hay otros que pasan en silencios incómodos, sin querer salir de la habitación o siquiera de la cama.

Michael le acomoda las almohadas de la espalda y le acerca un vaso de agua del cual bebe un par de tragos para pasar un par de pastillas. Alfred acomoda las sabanas de la cama y cierra las ventanas del balcón. Los dos chicos salen de la habitación sentándose en un sillón cercano desde donde pueden escuchar si les llama o necesitara algo.

- Estos días no me gustan – le comenta Alfred a su hermano

- A mí tampoco, pero Candy dice que son normales. No debe ser fácil que tu vida cambie tanto de un día para otro. Necesitar ayuda constante, no poder caminar…

- Candy dice que se va a recuperar…

- Pero también dice que se requiere tiempo- concluye Michael antes de escuchar que el rubio le llama a su hermano.

Alfred entra en la habitación acercándose al rubio en la cama, quien le dice que le ayude a cambiar de posición, le duele la espalda y prefiere estar boca abajo. El chico le ofrece llamar a Candy para que le revise pero el rubio se niega rotundamente. Él le ayuda moviendo las piernas lastimadas, colocándolas en posición mientras Albert se mueve hasta quedar acostado boca abajo. Luego sale del lugar sin decir más.

A los pocos minutos llega Candy saludando alegremente a los muchachos quienes le cuentan que no ha despertado de buen humor y que se ha quedado en cama con dolor de espalda. Candy les sonríe y entra en la habitación.

- Pedí que no me molestarán – exclama el rubio desde la cama sin ver siquiera quien ha entrado

- Y no te pienso molestar – responde Candy con su alegría habitual – vengo a saludarte y desayunar contigo

- Candy… - exclama el rubio tratando de incorporarse en la cama cuando ella ya está a su lado. Con su experiencia y tranquilidad se acerca a él impidiéndole el cambio de postura

- Si te está molestando la espalda permanece así, Albert – le dice besando la mejilla del rubio

- Otro día más encerrado en esta habitación, acostado en cama sin poderme mover

- Vamos Albert, sabes que tienes que tener paciencia

- ¡Basta Candy! Déjame de hablar con esa condescendencia. Es más, déjame en paz.

- Tu desayuno está por llegar

- Dile a la señora Smith que venga a ayudarme

- ¡Albert!

- ¡Vete Candy, vete!

La rubia deja la habitación sintiendo una gran tristeza de no poder alegrar a Albert, pero sabe que así son algunos días y que éste apenas comienza, que tendrá otras oportunidades para estar con él y hacerle sonreír. Candy le pide a la señora Smith que suba con el desayuno y que le tenga paciencia a su querido Albert.

- Su hermana solía sufrir de fuertes dolores, había días buenos y días malos. Aun así ninguno de los dos ha dejado de tener ese ese espíritu noble que les caracteriza – le cuenta la señora mientras toma la charola con el desayuno y sale de la cocina rumbo a la habitación principal de la mansión.

La señora entra y deja la comida en la mesa que está cerca de la chimenea.

- Buenos días, joven William – le saluda acercándose a la ventana para abrir el balcón

- No abra la… – exclama el rubio desde la cama y se interrumpe pues al intentar moverse un fuerte dolor le hace gemir

- Tranquilo – le dice la señora acercándose a él – no se mueva

- Es un hecho que no me puedo mover– responde con tono sarcástico que la señora Smith ignora evitando hacerle enojar más de lo que ya está.

- ¿No desea desayunar en el balcón como siempre?

- ¡¿No le ha quedado claro que no me puedo mover?! – responde con furia en la voz

La señora acerca la comida a la cama, la deja rápidamente cuando observa el intento del rubio por voltearse e incorporarse en la cama. Le ayuda esperando algún grito o regaño de parte del enfermo, pero él no dice nada, está más enfocado en lograr girarse en la cama con el mínimo dolor posible. Albert suspira cuando termina de girar en la cama quedando boca arriba, luego toma una barra colocada en la parte de arriba de la cama que le ayuda a levantarse. Suspira nuevamente esperando que el movimiento no le duela y con fuerza impulsa su espalda hacia arriba. La señora Smith está atenta y le coloca varias almohadas en el espacio entre la cabecera y su espalda, permitiéndole permanecer sentado. Albert suelta la barra y gime al sentir dolor en la espalda, es solo un dolor momentáneo y se alegra un poco por ello. La señora Smith acerca aún más la comida hasta dejarla sobre sus piernas para que coma, mientras se sienta a su lado y guarda silencio con la intención de no hacerle enojar.

Cuando termina de comer la señora Smith retira la charola y antes de que pueda decir o hacer algo más por el rubio, éste le pide que llame a los muchachos cuando salga de la habitación. La señora asiente con la cabeza y sale del cuarto avisando a Alfred y Michael. Entran en la habitación y se acercan al rubio expectantes pues en los malos días, nunca saben que esperar de él. Albert les pide que le ayuden a cambiar de posición así como a no ser molestado, ni siquiera por Candy.

- Le aseguro que lo intentaremos – responde Michael divertido ante la expectativa de impedirle el paso a Candy. Saben que es algo imposible

Albert duerme el resto del día de manera intermitente, Alfred es quien se encarga de estar a su lado y ayudarle a moverse cada que despierta por el dolor. Michael tiene que hablar con Candy y está al saber que no quiere verla decide no molestar, le da al chico un par de pastilla para que las tome Albert para el dolor y se aleja de la habitación.

- Esperaba que realmente enfureciera – le comenta Michael a su hermano entregándole las pastillas en un momento en que Albert está dormido – pero no ha hecho más que un par de muecas de enojo y frustración, pero no ha intentado entrar.

- Estos dos se conocen perfectamente – concluye Alfred refiriéndose a los rubios.

...

Ha pasado la hora de la cena y Albert sigue enclaustrado en su cama. No ha querido que nadie cene con él más que la señora Smith. Por un momento Candy tiene la intención de hablar con él, de reclamarle, pero sabe que es el dolor y la frustración las que hablan por él; pero lo extraña y desea verlo, así que en cuanto termina de cenar se aparece por la habitación. Los hermanos están sentados junto a la puerta y con solo ver el rostro de Candy, se dan cuenta que nada de lo que digan surtirá efecto. Candy abre la puerta sin ningún impedimento al mismo tiempo que Alfred le comenta que ha seguido con dolores, que no ha querido salir de la cama y que ha estado dormitando durante todo el día.

- Ahora está dormido – le dice antes de que la rubia cierre la puerta detrás de ella.

Candy llega a la orilla de la cama con gran sigilo, se sienta en la silla frente a él y le admira dormir. Observa el cuerpo acostado en la cama, la respiración profunda, el cabello rubio el cual empieza a crecer como a Candy le gusta, ni muy largo ni muy corto. Observa las facciones del hombre, la barba de tres días que le hace sombra por las fuertes facciones, logrando disimular las muecas de dolor que el hombre siente aun dormido. Candy se pone a recordar las muchas veces que le ha visto así de indefenso, cuando recién llegó al hospital después de la explosión del tren, cuando despertó y se sintió tan mal al no recordar quien era; la vez que le atropellaron, cuando ella regreso de Nueva York y lo atendieron en la Clínica Feliz…

- Mi querido Albert… siempre te he cuidado y nunca dejaré de hacerlo.

- No tienes qué hacerlo Candy – responde Albert abriendo los ojos intentando moverse un poco, pero el dolor se lo impide.

Candy le ayuda a cambiar de posición mientras le dice que por algo ella siempre ha estado cerca en esos momentos.

- Empiezo a sospechar que te traigo mala suerte, Albert

- ¡Claro que no, pequeña! Todo lo contrario. Gracias a ti recobre la memoria, me recuperé del accidente auto, del ataque de un león… son tus cuidados Candy, los que me mantienen vivo

- ¿Entonces porque no quieres que te cuide ahora?

- Es diferente Candy, actualmente requiero de ayuda para casi todo y por lo visto así será para siempre.

- ¡No es cierto! Estoy segura que te recuperaras

- Gracias Candy, pero en días como hoy me es difícil creerlo

Candy está a punto de refutar sus palabras pero nuevamente un intenso dolor hace gemir a Albert intentando moverse para conseguir aminorarlo. Candy le ayuda y con suavidad le coloca boca abajo.

- Vete Candy – le susurra Albert con dolor y frustración. No le gusta que Candy lo vea así y hoy no tiene fuerza para soportarlo.

La rubia camina hacia una de las esquinas de la habitación donde hay una cómoda con un sinfín de frascos de medicinas y aditamentos que se pudieran necesitar. La rubia toma un poco de aceite y lo acerca a la cama. Levanta la camisa del rubio por la espalda y este después de unos segundos de duda se deja desnudar por la chica. El movimiento le hace gemir de dolor.

- Sabes que no es bueno para ti, estar mucho tiempo en la misma posición

Albert prefiere no contestar. Sabe que se ha excedido en los últimos días, pero estar sentado en la silla es lo más cercano a la normalidad que tiene en estos momentos. Solo en la silla puede salir de la habitación y de la mansión. Candy comienza a darle un masaje en la espalda. Se pone un poco de aceite en las manos y comienza por la espalda baja con movimientos suaves hacia los hombros fuertes del hombre. Con tranquilidad y en silencio Candy continua con el tratamiento mientras Albert suspira tratando de relajarse. Algo difícil de hacer cuando le gustaría que esas caricias tuvieran otro tipo de finalidad que el de eliminar el dolor que tiene.

- Candy, deberías dejarme contratar una enfermera

- ¿Acaso no te gustan mis cuidados? – le responde divertida

- Pequeña… - comienza intentando encontrar palabras para explicarle que así como disfruta de sus atenciones, de la misma manera le hacen sufrir.

- Creo que te vendría bien un baño… tus músculos están muy tensos

Candy termina el masaje, le ayuda a colocarse de nuevo la parte de arriba del pijama y se dirige al baño para preparar la tina.

- En un rato más estará listo – anuncia saliendo del cuarto de baño con su hermosa sonrisa.

- Alfred y Michael deben estar fuera de la habitación, diles que pasen a ayudarme

En el rostro de Candy se dibuja una mueca de desagrado que no le pasa desapercibido al rubio pero que prefiere ignorar pues la considera una muestra más de las muchas muecas que su pequeña suele realizar en todo momento. Pero la rubia en realidad deseaba ayudar al rubio a sentirse mejor y para eso ella quería ser quien le ayudara en el baño. Sabe que ya han discutido esto antes y que es mejor que sean Alfred y Michael quienes le ayuden a entrar en la tina de baño.

Los chicos entran en la habitación y en poco tiempo ya está el rubio sumergido en la cálida tina con burbujas y esencias de lavanda. El rubio cierra los ojos comenzando a sentir como todo su cuerpo se relaja. Tiene poco sensibilidad, pero aun así algo siente gracias al desequilibrio que su cuerpo experimenta en un momento, se aferra con las manos a las orillas de la bañera y abre los ojos descubriendo que es Candy quien le ha tomado una de sus piernas.

- Candy ¿Qué haces?

- Ya te dije que tus músculos están muy tensos, necesitan un masaje – le dice con su hermosa sonrisa.

- Candy… - el rubio no sabe qué hacer, que contestar o que decir. Suspira dejando sacar su frustración y se rinde nuevamente ante la sonrisa de su adorada rubia.

Albert se rinde ante sus cuidados sintiendo cada caricia que ella hace a manera de masaje, por su mente empiezan a surgir fantasías maravillosas de que sus piernas fueran funcionales y las caricias que ella hace fueran por amor. Sus brazos no sueltan la orilla de la bañera tratando de canalizar su frustración en ellas y sus ojos se mantienen cerrados evitando gritar de dolor o gritar de amor por ella.

Candy por su lado disfruta con los masajes, no son los primeros que da, pero son los que le da a Albert los que la hacen sentir diferente. Ella siempre ha considerado que por el cariño que hay entre ellos.