Hola, hola! espero que hayan tenido un bonito fin de semana, y para iniciar con buen ánimo les dejo el siguiente capítulo de esta historia. Se que hago sufrir mucho a nuestro Albert, pero les prometo que en algún momento terminará su sufrimiento... aunque todavía no :P


Capítulo 16

El desayuno es servido como siempre en el balcón de su habitación, pero no es la rubia quien le acompaña en esta ocasión. Es su amigo Terry, quien acaba de llegar para pasar unos días en Lakewood. Durante el desayuno Terry le comenta sobre el comedor que sigue proporcionando tres alimentos al día a miles de personas. También le cuenta que su madre, la actriz Eleonor Baker ha sido invitada a participar en una película y que ha viajado hace un par de días a Los Ángeles para iniciar la filmación.

- A mí también me han invitado – le dice el moreno a su amigo – la industria del cine parece ser que es la única que ha crecido en medio de esta crisis. Mi madre está feliz de poder actuar y aunque no me gustan mucho las películas, el sueldo no es nada despreciable

- ¿Piensas irte a Los Ángeles? – le pregunta Albert con sentimientos encontrados. Triste de pensar en perder a su amigo, pero por otro lado deseando que Terry se aleje de su adorada Candy. «hace unos meses cuando todavía podía moverme no me celaba que tanto que Terry estuviera con Candy, pero ahora, que no tengo nada que ofrecer a mi pequeña, y aun así ahora que la tengo nuevamente a mi lado me niego a perderla» piensa el rubio mientras bebe un poco de café

- No lo sé Albert ¿tú qué opinas?

El rubio medita su respuesta guardándose sus profundos deseos egoístas para él, tratando de responder de la manera más objetiva posible. Cree que es una buena idea, pues seguiría actuando, experimentaría cosas nuevas, como son la filmación de una película y vivir en una ciudad diferente, además de que ganaría dinero y no tendría que seguir dependiendo del dinero de la familia Grandchester.

- Dejar de depender de ese hombre es lo que más me hace desear aceptar –se sincera el galán – ¿te harías cargo del comedor en mi ausencia?

- Personalmente no creo ser de gran apoyo en estos momentos – responde Albert denotando tristeza en la voz y dando un ligero golpe con sus manos en sus muslos inmóviles – pero te aseguro que pondré gente que lo mantenga funcionando como hasta ahora

El actor gira los ojos en señal de desaprobación al primer comentario de su amigo y después de agradecerle su apoyo al comedor le dice que tiene que dejar de compadecerse, que todavía tiene expectativas de mejora y que tiene todas las facilidades para vivir tranquilamente incluyendo la presencia constante de Candy.

- Tengo que decir que su presencia es la única alegría para mí, en estos momentos – dice arrepintiéndose inmediatamente de sus palabras que le hacen parecer que se compadece de él mismo. Si en algún momento Candy tuviera que decidir por alguno de los dos, Albert no quisiera que su invalides fuera el motivo por el que lo eligieran. – aunque tengo que decir que me cuesta tenerla cerca

- ¿A qué te refieres? – le pregunta intrigado

- Créeme que no me gusta que me vea así, que me cuide… sabes lo difícil que fue recibir sus cuidados en el hospital

- Permíteme que lo dude amigo, creo que Candy es una gran enfermera

- ¿Te gustaría que Candy te bañara, te vistiera?

- No lo sé amigo… - comenta con una sonrisa divertida y mirada de lujuria

- ¡Terry! Me refiero a que lo haga porque tú no puedes hacerlo por ti mismo…

- Lo siento, Albert. Fue una broma. Creo que te entiendo perfectamente

- Me ha costado mucho trabajo que Candy deje de cuidarme, pero me preocupa que quiera quedarse aquí hasta que me recupere

- ¿Por qué lo dices?

- Es muy posible que no logre recuperarme Terry y creo que Candy debe seguir con su vida – concluye el rubio dándose cuenta que le está pidiendo a Terry que se lleve a Candy de su lado, que hago todo lo posible por llevársela.

Terry medita las últimas palabras de su amigo entendiendo que le pide que intente convencer a Candy de que retome su vida. Esa podría ser la oportunidad que Terry buscaba para reconquistar a su tarzán pecosa, llevársela a Los Ángeles y…

...

La presencia de Terry en Lakewood es una alegría para todos, sus constantes bromas divierten a todos los empleados. Obliga a Albert a salir más de su habitación y diariamente pasean por los jardines de la mansión. Por las noches, después de la cena, los amigos se enfrascan en un juego de ajedrez y beben un par de copas de coñac, hablando de lo vivido y lo que desean vivir. Candy les brinda su espacio recordando aquellas épocas en Londres cuando llegaba al zoo y encontraba a Terry riendo con Albert. Se alegra que ahora sea Terry quien anime a Albert, pero también se alegra de tener a Terry cerca de ella.

Una tarde Candy entra en la habitación del rubio ya lista para bajar a cenar. Alfred está terminando de sentar al rubio en la silla y junto con Michael le bajan a la sala donde Terry les espera tocando el hermoso piano de cola que hay en la habitación.

- Tocas maravillosamente, Terry – le dice la rubia entrando en la habitación sentándose junto al actor frente al piano – ¡sigue tocando, anda!

Albert rueda hasta colocarse cerca de la chimenea escuchando alegremente. El mayordomo les ofrece de beber y los rubios aceptan mientras siguen apreciando la música. Terry termina de tocar la pieza y brinda con los rubios sin levantarse del pequeño asiento del piano. Candy tampoco cambia de lugar y desde ahí los tres conversan sobre sus experiencias vividas en Londres.

- Así que fuiste tú quien envió esos maravillosos disfraces a tarzán pecosa para que pudiera asistir al baile del Colegio – le dice Terry al enterarse de la anécdota – pues creo que te debo agradecer tu acción. Ha sido el único baile al que he deseado asistir

- ¡oh, Terry! – exclama la rubia sonrojándose un poco

- Pasamos una velada maravillosa, bailamos ¿recuerdas? – le dice poniéndose de pie acercándose al fonógrafo de la habitación y colocando un poco de música suave. Se acerca a la rubia y la invita a bailar.

Sin mucho pensarlo Terry está bailando suavemente junto al piano frente a Albert. Candy se siente incómoda. Siempre le ha gustado bailar, pero hace mucho no lo hace y menos en un ambiente tan íntimo, sin un evento formal. Terry está sorprendido de lo rápido que vienen a su mente esas sensaciones que sentía cuando estaba en el Colegio, cuando se enamoró de Candy. Lleva varios años solo como amigos y no es la primera vez que bailan como tal, pero con la ausencia de Candy en la ciudad y su próximo viaje a Los Ángeles, se le ha ocurrido la idea de recuperarla, de enamorarla nuevamente y llevársela con él. Albert admira el bello cuerpo de la rubia moviéndose suavemente al ritmo de la música, sintiendo un fuerte deseo de ser él quien la tuviera en sus brazos, cerca de su cuerpo, sintiendo el movimiento. Una frustración le corta esos pensamientos ante la posibilidad de no poder volver a bailar nunca más.