Sé que normalmente suelo colgar una vez por semana, pero entre que no tenía nada que hacer y los maravillosos comentarios estaba especialmente inspirada! Muchas gracias a Rosslyn-Bott, Sabaana, Nortia, Barby Hyuga, Eithilen, CandyOfCashmere y TammyRS por sus comentarios y ánimos, de verdad, mil gracias =)

El capítulo de hoy es bastante largo (espero que no haya quejas por ello xD) pero pasan muchas cosas importantes. Espero que os guste!

Disclaimer: Rowling es una diosa. Yo, desafortunadamente, no (no consigo controlar lo de caminar sobre el agua).


CAPÍTULO 7

Es difícil saber en qué momento comienza el amor, es menos complicado saber que ya ha comenzado. Henry Wadsworth

Octubre llegó antes casi de que pudiesen darse cuenta, con ventiscas, lluvia y frío. El verano se había acabado definitivamente.

Katie, por su parte, había seguido llevando la vida que le había relatado a su madre en su última carta. Salía de los entrenamientos de quidditch directamente a ducharse, y de allí a la biblioteca. Solía reunirse muy a menudo con Cedric Diggory para los trabajos que les mandaban en Aritmancia, pero no habían vuelto a realizar ninguna escapada nocturna más (para la seguridad de los pobres puntos de Gryffindor).

El calendario de partidos de quidditch se repartió a los capitanes de equipos precisamente el primero de ese mes, y la primera semana Oliver ya había organizado una reunión extraordinaria con tácticas específicas para el que sería su primer rival: Slytherin.

Esta vez todos se tomaban los entrenamientos mucho más en serio, teniendo en cuenta que sabían a qué se iban a enfrentar, así que todo el mundo prestó a Wood mucha más atención que de costumbre.

Él les dio un discurso especialmente emotivo —Es nuestra última oportunidad…, mi última oportunidad… de ganar la copa de quidditch. Me marcharé al final de este curso, no volveré a tener otra oportunidad —. Katie rió internamente ante el dramatismo, pero en su fuero interno sabía que Oliver realmente se sentía así de angustiado —. Gryffindor no ha ganado ni una vez en los últimos siete años. De acuerdo, hemos tenido una suerte horrible: heridos…, cancelación del torneo el curso pasado… Pero también sabemos que contamos con el mejor… equipo… de este… colegio —y se golpeó la palma de una mano con el puño de la otra.

Katie sonrió, sintiéndose parte de ese discurso y pensando en lo francamente vulnerable y achuchable que parecía Wood en ese instante, como un niño, dándose paseos mientras aleccionaba a su equipo. Como siempre, implicado al 100%.

—Contamos con tres cazadoras estupendas —y señaló a Angelina, Alicia y a ella misma. Katie sintió un ligero rubor en las mejillas ante las palabras de Oliver. No es que no las alabase normalmente, que lo hacía, pero la pasión que impregnaba todas y cada una de las palabras que estaba pronunciando hacía que fuese todavía más especial —. Tenemos dos golpeadores invencibles.

—Déjalo ya, Oliver, nos estás sacando los colores —respondieron Fred y George a la vez, enrojeciendo igual que Katie.

—¡Y tenemos un buscador que nos ha hecho ganar todos los partidos! —Wood se refirió a Harry, al que miró con un orgullo que rozaba lo paternal, lo cual hizo a Katie reír un poco más fuerte —. Y estoy yo.

—Nosotros creemos que tú también eres muy bueno —añadió George Weasley.

—Un guardián muy chachi —siguió su hermano.

La sonrisa de Katie se agrandó ante la cara de satisfacción que Oliver trató de ocultar. Ella lo miró y asintió con la cabeza, confirmando lo que acababan de decir los gemelos. Lo cierto era que Oliver era un guardián fuera de serie y estaba segura de que en cuanto saliese de Hogwarts, los equipo se lo rifarían.

Oliver siguió cantando las alabanzas del equipo y diciendo que ese año la copa tendría que ser de ellos de manera bastante desalentadora. Fue el propio equipo el que tuvo que levantar su moral colectiva y la de Wood; al final el equipo salió a la pista con la moral bien alta gracias al esfuerzo de todos.

No podía hablar por los demás equipos, pero Katie pensó que el de Gryffindor era como una familia, todos cuidaban de todos y se preocupaban de que estuviesen bien. Con ese pensamiento en la cabeza, saltó al campo de quidditch dispuesta a darlo todo en aquel entrenamiento.


—Vamos… ¡Ven aquí, maldito! —amenazaba Katie a un libro que estaba demasiado alto para su alcance en la biblioteca. Frustrada, miró hacia la mesa donde estaba su varita y después volvió a mirar al libro, valorando la situación.

¿Qué le compensaba más? ¿Seguir intentando estirarse o caminar por toda la biblioteca para coger su varita?

—¡Ven aquí de una vez! —decidió la chica, acariciando la esquina inferior del lomo del libro con la punta del dedo índice, de puntillas —. No te hagas de rogar… ¡Venga!

En ese instante observó cómo una mano salida de la nada cogía el libro y se lo dejaba a su alcance.

Siguió con la mirada el libro para encontrarse cara a cara con Cedric Diggory con una inmensa sonrisa de mofa.

—¿También hablas con los libros? —le preguntó divertido.

La chica le devolvió la sonrisa con un mohín —Sólo cuando se portan mal —y cogió el libro de las manos del prefecto que seguía sonriendo con superioridad —. ¿Sabes? Estás más guapo con spaghetti en el pelo —le dijo caminando hacia su mesa.

Cedric soltó una carcajada —¡Y también es sarcástica! Lo tienes todo… pequeña —dijo haciendo énfasis en esa última palabra.

Katie, por su parte, repitió el mismo mohín de antes —¡Qué gracioso! —y se sentó en la silla donde tenía sus cosas —. Sólo porque tú midas dos metros no te da derecho a llamarme pequeña.

El chico volvió a sonreír y sacó sus cosas de la mochila —Siento llegar tarde, he tenido que castigar a ese gorila de Crabbe de camino.

—¿Por qué? —preguntó Katie, haciéndole sitio en la mesa.

—Estaba intentando quitarle un espejo mágico a una alumna de primero a la fuerza —respondió él, sacando sus cosas y colocándolas.

—Ah… —dijo Katie, desconcertada —. A lo mejor quería saber si realmente todos se rompen cuando él se mira en ellos, pobre — Cedric rió con ganas —. ¿A qué lo has castigado?

—Alguien me lo sugirió hace algún tiempo… —dijo lanzándole una mirada —. Le he mandado copiar unas líneas.

Katie suspiró — Pobrecito… Le vas a poner en un compromiso, seguro que no sabe ni escribir.

El chico rió de nuevo con ganas y extendió un pergamino sobre la mesa.

—Bien… En fin, el trabajo va sobre la numeración de cada persona y cómo influye eso en el carácter, ¿no?

—Eso es —asintió Katie —. Yo he pensado que podíamos utilizar nuestros propios nombres para sacar la numeración y analizarlos según las directrices del libro de la profesora Vector, para ver si se asemejan a la realidad. ¿Qué te parece?

—Me parece una idea estupenda —respondió Cedric —. ¿Por dónde quieres empezar?

—Pues me parece que empezaremos por ti, ya que yo he tenido la idea —Cedric iba a protestar pero la chica lo acalló —. ¡Chsss! Es el argumento contrario al que me dan siempre que me cae encima un marrón, así que chitón.

Empezaron a escribir una pequeña introducción y después llegó el momento de introducir sus nombres.

—Veamos… Cedric, C-E-D-R-I-C, eso son… 3-5-4-9-9-3 —iba diciendo Katie mientras Cedric tomaba nota de lo que decía —. Con lo cual tu número de carácter, sumando todos los número es el… 6. Eso significa que… —seguía Katie mirando el libro de Aritmancia —. Eres leal, amigable y amable… ¡Vaya manera de que un libro te eche flores! Suelen ser hábiles en la enseñanza, pero tienden a caer en la complacencia y el cotilleo… ¿Estás de acuerdo?

—En casi todo menos en lo último —respondió jocoso.

—Qué raro que un chico esté de acuerdo en todo menos en los defectos… —dijo Katie picándole —. En fin, el número de tu corazón, que indica cómo eres interiormente, es el 5, lo que significa que eres aventurero, enérgico y dispuesto a correr riesgos —la chica alzó la mirada en ese momento para encontrarse que Cedric no estaba anotando nada y estaba mirándola fijamente.

Ella sonrió algo incómoda y sorprendida —¿Qué?

—Nada… Es que estás muy guapa cuando te concentras —le dijo Cedric igual que si le estuviese diciendo la hora.

Katie se quedó totalmente en blanco un momento hasta que pudo reaccionar —Gracias… —respondió sin saber qué mas decir.

—Continúa, por favor —Cedric mantuvo su sonrisa imperturbable.

—Sí… Lo que estaba diciendo… El cinco indica que estás dispuesto a correr riesgos y que eres enérgico —Katie intentaba seguir tal cual pero su concentración estaba hecha pedazos —. Y tu número social es el… 1. Individualista, líder, poco dispuesto a trabajar en grupo… Creo que en esto no ha acertado.

—¿Tú crees? —preguntó Cedric.

—Claro… ¿Tú? Ahora estamos trabajando en grupo, ¿no? Creo que eres el ser más social que conozco. Siempre estás rodeado de gente.

—Quizá te sorprendería lo solo que se puede llegar a estar, aun estando en una habitación llena de gente —le dijo él con un deje de melancolía en su voz.

Katie se le quedó mirando, escrutando sus ojos buscando la razón de lo que le había dicho. De pronto se sintió conectada con él de una manera inexplicable, y le pareció que él también lo estaba sintiendo.

—Bueno —dijo entonces Cedric, rompiendo el momento —, ahora te toca a ti, señorita Bell… Veamos… ¿Busco Katie?

La chica estaba tentada de preguntarle algo más, pero supo que él no quería seguir la conversación por esos derroteros, así que siguió la corriente.

—Técnicamente es Kate, así que…

—De acuerdo entonces… Kate —Cedric tomó la tabla que había usado Katie para descifrar sus números personales. Ella siguió mirándole con ternura, acompañada de una sonrisa extrañamente cálida y después empezó a anotar lo que le decía —. Eso sería 2-1-2-5, con que tu número de carácter es el 1, ¿eres individualista y solitaria? —le preguntó extrañado.

—Un poco, sí. Solamente hasta que me abro a la gente, pero eso lleva tiempo —confesó la chica —. Me cuesta confiar en la gente.

—¿Confías en mi? —le preguntó entonces Cedric, volviendo a descolocarla.

Ella rió y lo miró, tardando unos segundos en contestar —Es obvio que sí, ¿crees si no que te habría dejado secuestrarme y llevarme a una sala alejada del mundo a cenar en plena noche? —y le dio un ligero golpe en el hombro.

—Bien, bien… Y el número de tu corazón es el… 8. Leal, valiente, cálida… Toda una Gryffindor por lo que veo —dijo el chico sonriéndole.

Siguieron trabajando durante un largo rato hasta que terminaron la largura que les había pedido la profesora Vector. Si bien Katie había sentido un acercamiento mutuo entre ella y el buscador de Hufflepuff, pensó que aquella tarde había sido importante. Los dos habían desnudado un poco sus personalidades y habían confiado un poco más en el otro.

Más tarde, en un aula vacía para poder practicar hechizos sin problemas, Cedric le echó una mano con unos deberes de Transformaciones que les había mandado McGonagall y que, por supuesto, él ya había terminado. Para explicarle bien el movimiento de varita se colocó detrás de ella y le sostuvo la mano con la suya propia.

En ese momento, Katie lo sintió cerca, sintió su calor a su espalda, que empezaba a extenderse por su brazo y por todo su cuerpo. Sentía su respiración en su oído derecho, lanzando nuevas ráfagas de una sensación que la chica no se veía capaz de identificar. Sin poder evitarlo, giró la cabeza para mirarlo y ver si así comprendía mejor lo que estaba ocurriendo.

—¿Ves? Es algo así… —y movió su brazo para enseñarle cómo tenía que hacerlo.

La chica no entendía por qué, pero pese a tener calor sintió un escalofrío de pies a cabeza y se sintió incapaz de recitar el hechizo cuando le tocaba. Sin poder evitarlo la cara sonriente de Oliver le vino a la mente y de repente se sintió mal. Como si se tratase de la peste, Katie se apartó bruscamente de él.

—Katie, ¿qué pasa? ¿Estás bien? —preguntó Cedric, extrañado.

—¡Sí! Sí… Es que… He olvidado que tenía que hacer una cosa… —respondió recogiendo sus cosas de la clase vacía. Lo hacía tan rápido que muchas cosas se le caían o se le escurrían entre las manos.

—¿Ahora?

—Sí… Lo siento, es muy urgente, se lo prometí a Leanne… No puedo creer que me haya olvidado… —se tropezó con un pupitre —. ¡Au! —y se frotó la espinilla donde se había golpeado —. ¡Lo siento! ¡Adiós! —y salió del aula lo más rápido que pudo, dejando dentro a un Cedric con un palmo de narices.


Katie entró en la sala común de Gryffindor como alma que lleva el diablo. Buscó rápidamente a Leanne con la mirada pero no la encontró. Con una sensación de histeria y de pánico, subió las escaleras que daban a la habitación que compartían y la encontró tirada en su cama, leyendo 'Corazón de Bruja'.

—¡Eh, Kates! —su amiga la saludó con una sonrisa—. Estaba haciendo este test de '¿Ligas o te ligan?', ¿te apetece unirte?

—Leanne, tengo un problema —dijo Katie sentándose en la cama de su amiga, que enseguida dejó la revista a un lado y la miró con preocupación.

—¿Qué pasa? ¿Estás bien? —preguntó Leanne preocupándose por el tono de Katie —. ¿Alguien te ha hecho daño? ¿Tengo que maldecir a alguien?

—No, no… Yo estoy bien, en realidad es una tontería pero… Bueno, una tontería, depende de desde dónde se mire, ¿no? Porque yo creo que…

—¡Katie! ¡Al grano, por favor! —la instó su amiga, ansiosa.

—Verás… ¿Te acuerdas de lo que te conté el otro día de Cedric Diggory? —preguntó Katie rezando por que su amiga se acordara y no tener que volver a relatarlo todo otra vez.

—¿El picnic a medianoche? ¡Claro! Diggory ganó muchos puntos ese día… Qué mono… —respondió Leanne con un suspiro —. Ojala un chico hiciese una cosa así por mi.

—Sí, ¿verdad? —le cortó Katie nerviosa —. El caso es que… Que hoy estábamos haciendo el trabajo de Aritmancia y hemos hablado de nosotros, ¿sabes? Nos hemos contado cosas más íntimas, y me he sentido… rara.

—¿Rara? —Leanne ya estaba contagiada de los nervios de su amiga —. ¿Rara en qué sentido?

—Pues… rara. No sabría definirlo. El caso es que después hemos ido al aula que siempre está vacía en el tercer piso para practicar el hechizo permutador de McGonagall y él se ha colocado detrás de mí para enseñarme cómo mover la varita y… Le he sentido tan cerca, tan cerca…

—Dios mío… ¿Te ha besado? —preguntó Leanne histérica.

—¡No! —Katie se levantó de la cama —No, pero… Me he puesto muy nerviosa y he sentido escalofríos por todo el cuerpo…

Leanne se incorporó del todo en la cama y la miró con ojos inquisidores —Kate Elizabeth Bell… ¿No será por casualidad que te gusta Diggory? —preguntó como hubiese dado con la revelación del siglo.

—¡No! ¡No lo sé! —contestó Katie sentándose y colocando su cabeza entre las manos, agazapándose —. Creo que sí, creo que empieza a gustarme pero…

—¿Pero…? ¿Qué peros puede haber a eso? —replicó su amiga, sentándose junto a ella.

—Es que… Bueno… Es una tontería pero… ¡Me siento como si estuviese traicionando a Oliver! —Katie miró a Leanne, ruborizada.

—¿Qué? —preguntó esta, atónita.

—Lo sé, lo sé, es una idiotez y no tiene pies ni cabeza, pero no puedo evitarlo —miró a su amiga desesperada —. ¿Qué hago, Leanne? ¿Qué hago?

Leanne se mordió el labio al ver a su amiga tan descorazonada, le acarició el cabello y la miró con infinita ternura y cariño.

—Cielo… Sabes que yo te quiero muchísimo, ¿verdad? —Katie asintió ante la afirmación de su amiga —. Bien. Pues las amigas no deben decirse las unas a otras qué deben hacer, pero sí te diré una cosa. Analiza tu situación con Oliver. Piensa si tiene futuro y salida que sigas enamorada de él otro año más, que sigas suspirando por él otro mes más.

Katie asintió y sintió que unas lágrimas traicioneras se agolpaban en sus ojos.

—Después analiza tu situación con Cedric. Es un buen chico, amable, educado, muy guapo… Y por las cosas que me cuentas es probable que no le seas indiferente. No quiero que pienses que te estoy empujando hacia uno u otro, porque no es así, de ninguna manera. Yo sólo quiero que tú seas feliz —y colocó uno de los cabellos de su amiga detrás de su oreja, con mucha ternura.

La chica se abrazó entonces a su amiga, que le devolvió el abrazo con una sonrisa que estaba entre la felicidad y la amargura.

—Sé que después de tantos años estando en una situación como la tuya te has acomodado, te has resignado a estar así y ahora que surge algo que puede avanzar más allá… Es normal que tengas miedo, cielo, de verdad —continuó diciendo Leanne maternalmente —. Pero piensa si el miedo merece la pena ante la posibilidad de salir con un tío bueno como Diggory.

Katie rió ante el último comentario de Leanne y se soltó de su abrazo para mirarla a los ojos.

—Gracias, eres una amiga estupenda —le dijo con la voz queda.

—Tú también… Salvo cuando tus entrenadores llaman a la puerta de mi dormitorio a las tantas de la madrugada.

La chica volvió a reír. Si había algo que Leanne sabía hacer, era hacerla reír y quitarle importancia a una situación. En pocos minutos se sintió mejor.

Se quedaron en silencio hasta que al final Leanne se decidió a hablar —¿Podemos contárselo a Alicia y Angelina? —Katie la miró —¡Qué! Es que es un consuelo compartir opiniones con alguien más que no sea el propio implicado.

Katie soltó una risita y volvió a apoyarse en su amiga.

Leanne chasqueó la lengua y miró hacia el techo —Me lo tomaré como un sí.


Pasó un par de días evitando hablar demasiado con Cedric hasta que consiguiese aclarar sus ideas. No fue fácil ya que solían coincidir en bastantes clases, pero consiguió mantenerse un poco al margen de toda la situación.

En ese momento estaba sentada en una de las gradas del campo de quidditch, junto al vestuario de Gryffindor, tras un entrenamiento. Había seguido el consejo de Leanne y había intentado analizar qué ocurría con Oliver. Por qué seguía enamorada de él cuando daba las mismas señales de corresponderla que un troll enfadado, pero no podía evitar aferrarse a una pequeña chispa de esperanza dentro de su corazón.

Suspiró y recordó la vez que su madre le dijo que un suspiro era un beso no dado. ¿Cuántos de esos habría tenido con Oliver ya? Sonrió tristemente y siguió mirando el horizonte desde su posición en las gradas, tapada con una ligera bufanda y una chaqueta de entretiempo.

Le gustaba estar allí. En ese sentido era como Oliver, cuando les preocupaba algo siempre terminaban en aquel lugar, era como un anestésico. Pero Katie lo canalizaba de forma racional, pensando y razonando, y Wood lo canalizaba dando caña a su equipo. Eran tan iguales pero a la vez tan distintos…

—¿Pasando el rato? —preguntó Oliver, al que veía acercarse desde el vestuario del equipo que había cerrado con llave.

Katie sonrió y asintió acurrucándose consigo misma para evitar el frío del ambiente.

Wood avanzó hasta ella y se sentó a su lado, escoba en mano.

—¿Estás bien, Bell? Te he notado un poco distraída en el entrenamiento. ¿Todo va bien? —preguntó el capitán.

—Sí —se apresuró a responder la chica —. No te preocupes, es que tenía la cabeza en un ensayo que tengo que entregar mañana —mintió para justificarse.

—¡Ah! Los deberes… Voy a tener que hablar con los profesores, esto no es normal.

—Estoy segura de que te harán caso y disminuirán la cantidad solamente por tu cara bonita —dijo Katie bromeando.

Oliver le puso una mueca y la chica rió.

—En serio, Katie… Si te pasara algo, me lo contarías, ¿verdad? —volvió a preguntar Wood, preocupado.

La chica lo miró con esa especie de nudo que se le ponía en el estómago cada vez que Oliver se acercaba a hacer algo que distaba un poco de la temática del quidditch.

—Claro, Oliver… —contestó Katie con el alma en un puño.

—Bien. Porque yo a ti te lo cuento prácticamente todo, Katie —replicó Wood, pensativo —. Creo que hay pocas cosas que no sepas de mí. Te aprecio mucho Katie, eres mi mejor amiga —le dijo con una sonrisa.

Pero Katie no le devolvió la sonrisa. No sonrió porque esa era una sentencia de muerte a cualquier tipo de esperanza que albergase por su parte. Sintió que su corazón se rompía en mil pedazos de manera irremediable y dolorosa. Trató de encajar el golpe lo mejor que pudo y no dejarle ver a Oliver que le había hecho muchísimo daño.

La chica sacó fuerzas de donde pudo y sonrió débilmente antes de levantarse de su asiento.

—Por supuesto, Oliver —le dijo con un nudo en la garganta.

Wood sonrió abiertamente satisfecho por, al parecer, haber tenido una charla profunda entre amigos —¿Te vas ya? —preguntó al ver que se levantaba.

—Sí, tengo algunos deberes que hacer todavía —mintió, demasiado mal para su propio gusto. Pero Oliver pareció convencido, así que sin más preámbulos se marchó del campo y caminó hacia el colegio intentando contener las lágrimas. ¿Cómo podían unas esperanzas tan pequeñas al romperse crear un dolor tan grande?


Katie pasó el resto del día en su habitación leyendo las estúpidas revistas de sus compañeras y viendo las respuestas de Leanne al test '¿Ligas o te ligan?'. Curiosamente muchas de las respuestas eran contradictorias. Sonrió ligeramente al pensar en la loca de su amiga, siempre tan dicharachera y divertida.

Ni siquiera ella la había podido animar después del planchazo que había recibido por parte de Oliver. En realidad era lo mejor que había podido pasarle, por fin sabía la verdad y a qué podía aferrarse. Por fin podía pasar página, pero después de tanto tiempo, tal y como le había dicho Leanne, tenía miedo. Estaba aterrorizada y no sabía bien qué hacer.

Así pasó prácticamente el resto de la semana, confusa e inquieta, como si se moviese el suelo sobre el que pisaba. Y en cierta manera así era. Se había acostumbrado demasiado a sentirse siempre algo desgraciada por culpa de Oliver porque siempre había guardado la esperanza de que algún día despertase de su trance y se diese cuenta de que ella era todo lo que él siempre había buscado.

Había seguido hablando con Cedric pero cada vez se permitía menos tiempo a solas con él. Aunque estando junto a él su pena se aliviaba bastante, no le parecía justo utilizarle, así que seguía dirigiéndose a él mediante monosílabos siempre que podía.

Supuso que Cedric, después del vínculo que se había ido formando entre ellos desde principios de curso, no aguantaría mucho una situación así, y tenía razón. Esa misma semana, cuando se apresuró a salir de la clase de la profesora Vector, Cedric la abordó agarrándola por la muñeca y llevándosela a un pasillo en el que no había nadie.

—¡Cedric! ¿Pero qué…? —masculló Katie cuando por fin pararon.

—Siento ser tan brusco pero me parece que es la única manera de conseguir que hables conmigo —le dijo él.

Katie encontró pena en sus ojos grises. Estaban solos y se miraban fijamente, y aquella sensación extraña volvió a apoderarse de su cuerpo, haciéndola temblar ligeramente.

—¿Qué te ocurre Katie? Desde aquel día que repasábamos el hechizo de McGonagall te has comportado de manera extraña, me has estado evitando y no entiendo por qué.

La chica respiró hondo sin saber bien qué decir, qué contestarle. Sentía el corazón latiendo fuertemente en su pecho pero sabía que no podía posponer aquello más.

—¿Es que te he hecho alguna cosa? Si es así lo siento, no era mi intención…

—¡No! No… Por supuesto que no —le cortó Katie —. Cedric, no has sido nada más que increíblemente amable y bueno conmigo.

—¿Entonces? ¿Qué te ha ocurrido? ¿Estás preocupada por algo? —preguntó el chico, claramente preocupado por ella. Aquello la enterneció más que ninguna otra cosa y sintió que sus piernas dejaban de sostenerla.

Se sentó entonces en uno de los escalones que daban a un patio exterior del castillo, sabiendo que Cedric la seguiría y se sentaría a su lado.

—No ha sido culpa tuya, de verdad, es sólo que… He estado confusa y… —lo miró con una sonrisa algo triste, esperando no tener que decir más.

Sintió entonces que Cedric deslizaba su mano suavemente por su brazo hasta entrelazar sus dedos con los de ella. Aquello la hizo temblar todavía más y se sintió abrumada, casi mareada, y no pudo dejar de mirarlo.

—¿Recuerdas lo que me salió el otro día según la numerología de los deberes de Aritmancia? ¿Que estaba dispuesto a correr riesgos? —le dijo él, apretándole con fuerza la mano.

Ella asintió con la cabeza, sin saber qué esperar de todo aquello.

—Pues creo que tenía razón. Voy a correr un riesgo ahora mismo y decirte… que me gustas, Katie —le confesó en voz muy baja, asegurándose de que sólo ella podría escucharle.

La chica sintió que su corazón iba a salírsele del pecho y que no podía respirar. Su cerebro dejó de funcionar al escuchar aquellas palabras pero aún así no podía dejar de mantener la mirada fija en sus ojos. Intentó hablar varias veces pero no sabía qué decir. Tan solo hubo un pensamiento medianamente racional que pasó por su cabeza en ese momento.

—¿Por qué? —le preguntó sintiendo que su voz temblaba muchísimo. Era una pregunta estúpida pero en aquel momento necesitaba saber qué era lo que había llevado a Cedric a declararse de aquella manera tan sincera.

—¿Que por qué? —contestó él —. ¿Además de porque eres inteligente, divertida y preciosa? Porque eres auténtica, Katie. Eres sincera —le dijo agarrando la mano de Katie también con su otra mano —. Casi siempre estás contenta, sonríes, pero es una sonrisa de verdad, no como la de las otras chicas que tan solo buscan llamar la atención. Cuando tú sonríes, iluminas la habitación.

Katie sentía que le temblaba un poco el labio. Pero no se iba a permitir a sí misma llorar, no cuando le estaban diciendo unas cosas tan preciosas y que tanto necesitaba escuchar.

—Además tienes un sentido del humor único. Haces que me ría y te ríes conmigo —continuó, soltando una de sus manos de la de Katie para colocarle bien un cabello —. Y porque jamás he visto a ninguna chica que esté tan guapa con el pelo lleno de arroz.

Entonces la chica rió abiertamente, sintiendo que la tensión iba desapareciendo poco a poco de su cuerpo pese a tener los ojos llenos de lágrimas. Devolvió el apretón de la mano de Cedric y volvió a mirarle a los ojos.

El chico esbozó una sonrisa que enseguida le contagió a Katie.

—¿Crees que…? ¿Crees que podría besarte ahora? —preguntó él tentativamente, como si tuviese miedo de ofenderla.

Pero Katie se limitó a volver a sonreír y a asentir con la cabeza. No dejó de mirarle a los ojos hasta que notó cómo iba acercándose a ella poco a poco, despacio, sin ninguna prisa. Entonces cerró los ojos, sintiendo que el corazón se le había acelerado hasta límites insospechados. Se sintió flotar y caer al mismo tiempo. Pero esa sensación no era nada comparada con lo que sintió cuando los labios de Cedric se posaron suavemente sobre los suyos.

Primero fue tan solo un roce de labios, tímido, muy cortés. Katie, inconscientemente, se acercó un poco más a Cedric, que abandonó la mano de la chica para colocar su propia mano en su mejilla para poder así profundizar el beso. Ella sintió que sus manos tenían vida propia y se posaron en el pecho de Cedric cuando sintió su lengua hacer contacto con la suya.

Su beso se volvió más apasionado al sentir que Cedric la tomaba por la cintura para acercarla todavía más a sí mismo. Ella no tenía ninguna experiencia en aquellos temas, pero se limitó a dejar de pensar y a fiarse de su instinto, que no le había fallado hasta el momento. Le devolvió el beso con la misma pasión que él, que había enterrado una de sus manos en el pelo de la chica, y lo acariciaba con suavidad sin dejar de besarla.

Cuando se separaron, los dos se miraron y se sonrieron. Katie pensó que, pese a no tener experiencia, no estaba nada mal para un primer beso. Esta vez sin pedir permiso, la boca de Cedric volvió a invadir la suya, sus labios volvieron a encontrarse una y otra vez durante lo que podrían haber sido segundos, minutos, horas.