Hola! Aquí estoy de nuevo con un capítulo más para esta historia =) no queríais celos? pues nada, aquí empiezan, jaja. Espero que os guste. Gracias a todas por vuestros estupendos comentarios! Sois geniales. GRACIAS! Aprovecho para decir que mañana me voy de vacaciones, y por eso cuelgo hoy. Me llevaré el portatil así que aprovecharé todo el tiempo libre que tenga para escribir. Si consigo encontrar wifi en algún sitio, ya sabéis!

Disclaimer: No, vale? No soy dueña de nada, deja de torturarme!


CAPÍTULO 8

El cotilleo es el arte de decir nada de forma que no quede prácticamente nada por decir. Walter Winchell

El entrenamiento de aquella mañana estaba saliendo francamente bien. El equipo había recuperado la costumbre de jugar juntos y ya eran como un engranaje bien engrasado. Katie sabía que Oliver estaba satisfecho por cómo sonreía desde su escoba, elevada ante los postes de gol, y porque les estaba dando las ordenes casi con cariño.

—¿Qué te parece, Kates? —le dijo George Weasley, que se había acercado a ella con su escoba—. Parece contento, ¿no? Nada de gritos, ni quejas… ¿Qué le habrá pasado?

Katie se rió —Puede que se haya caído de la cama cuando se ha levantado… O que por primera vez todos estemos centrados y dedicados a las jugadas —respondió ella jocosamente.

—Hmm… Tiene que se lo primero, lo segundo no puede ser porque Fred y yo no dejamos de pensar en cómo colarle un escarbato mientras duerme.

La chica volvió a reírse mientras observaba a George alejarse volando a gran velocidad, y negó con la cabeza sin perder la sonrisa.

Lo cierto era que ella misma estaba satisfecha con su propio juego. Estaba centrada, con la mente en el juego y realizando sus jugadas con precisión meridiana. No era que normalmente no jugase así, pero eran las 8 de la mañana y eso ya era decir mucho. Quizá el estar pletóricamente feliz tenía algo que ver con ello. Desde que se había levantado había sido incapaz de quitarse la sonrisa de la cara, y eso que ya habían pasado tres días desde que había empezado a salir con Cedric.

—¡Kate! —le gritó entonces Oliver—. Intenta una finta lateral, ¿de acuerdo?

La chica asintió con la cabeza y procedió a hacer lo que le habían pedido, poniéndose en marcha impulsándose con la escoba. Esquivando a Alicia, voló increíblemente rápido e intentó meter la quaffle en uno de los aros que Oliver defendía, pero el guardián interceptó la bola rápidamente y la cogió entre sus manos.

Pese a ello, sonrió satisfecho y le volvió a tirar la pelota a Katie.

—Bien hecho — dijo antes de empezar a descender con su escoba.

Katie asintió y también ella bajó hasta tocar el suelo. Después de un par de directrices más, terminó con el entrenamiento y todos los miembros del equipo echaron a correr hacia el vestuario al grito de 'el último es una caca de escreguto', pronunciado, cómo no, por uno de los gemelos Weasley.

—Eh, Katie —la chica cerró la taquilla y se encontró con los ojos de Oliver clavados en los suyos, a juego con una enorme sonrisa —. Has estado genial esta mañana. No sé qué es lo que te ha hecho jugar así pero no se te ocurra soltarlo, ¿vale? —y se marchó haciendo un gesto de despedida.

La chica suspiró y se apoyó en la taquilla, mordiéndose el labio con una media sonrisa al pensar el ataque que le daría a Oliver si tan solo supiera por qué estaba tan contenta.


La biblioteca siempre había sido un lugar que a Katie le gustaba mucho. Tenía muchísimos libros a su alcance, podía trabajar a sus anchas y, sobre todo, rezumaba tranquilidad. Eso siempre y cuando no fuese con Leanne, claro está. Aquella tarde era una de esas ocasiones en las que Leanne se dignaba a bajar a la biblioteca para trabajar con Katie.

—Katie… ¡En estas hojas no está lo que me falta! —protestaba la chica

Katie bufó —¿Y qué tal si, por una vez, trajeses tus propios apuntes? Así sabrías qué hay en cada hoja y no te pasaría esto.

Su amiga la miró como si hubiese dicho una locura impensable —¿Qué dices? ¿Y perderme al buenorro de Robbins por escuchar a un fantasma? Tú no estás bien de la cabeza …

Katie puso los ojos en blanco y siguió adelante con su propia redacción para la profesora Sprout. Avanzó durante largo rato hasta que se dio cuenta de que necesitaba recabar algo más de información sobre las plantas de snargaluff.

—Voy a por un libro, ahora vuelvo.

Recibió tan solo un quedo 'hmm' por parte de Leanne, que siguió enfrascada en los apuntes de Katie.

La chica se acercó a la zona de los estantes de Herbología buscando alguno que indicase una guía general de plantas mágicas. Mientras buscaba entre las estanterías se encontró con la mirada fija de una muchacha a la que no había visto en su vida sentada en una de las mesas de la biblioteca. En cuanto la chica se dio cuenta de que la miraba volvió a mirar su libro como si estuviese muy interesada.

Katie puso una mirada de extrañeza y volvió a buscar su libro, pero sin poder evitarlo miró de nuevo a la chica de reojo. La jugada se repitió y enseguida la otra chica retiró la mirada, no para seguir leyendo su libro sino para empezar a hablar con una muchacha sentada a su lado que también se volvió parar mirarla.

Extrañada, Katie volvió a la mesa en la que estaba Leanne.

—Me ha pasado una cosa un poco rara… —empezó a decirle al sentarse frente a su amiga.

Pero en aquel momento dos chicas se quedaron mirándolas de manera muy poco discreta y se fueron riendo y murmurando entre ellas.

—¿Las conocemos de algo? —preguntó Leanne confusa.

Katie las miró murmurar y cuchichear entre ellas mientras se alejaban —Yo diría que no… Antes había dos chicas mirándome cuando estaba en los estantes de Herbología y tampoco me sonaban de nada.

—¿Se habrán enterado de lo tuyo con Diggory? —su amiga la miró con suspicacia.

—No lo sé… Supongo que podría ser —respondió Katie encogiéndose de hombros y abriendo su libro de Herbología.

Como Leanne no hacía ningún otro comentario Katie alzó la mirada y se la encontró mirándola como cuando le había dicho que estaba saliendo con Cedric, como una madre orgullosa.

—Leanne… —protestó la chica con desesperación.

—Es que… Estoy tan emocionada… —decía Leanne cómicamente como si estuviese al borde de las lágrimas —. ¡Mi pequeña se hace mayor!

—¡Por favor! —se quejó Katie apoyando la cabeza sobre el polvoriento libro.

—¡Tú no lo entiendes! —cortó Leanne intentando no levantar la voz —. Me encanta esto de que, por una vez, no sea yo la que tiene cosas que contar.

Katie puso los ojos en blanco y cogió el bolígrafo y empezó a escribir en un pergamino lo que el libro decía sobre las plantas de snargaluff. Había escrito las cuatro primeras palabras de una frase cuando se vio de nuevo interrumpida.

—Pareces mayor y todo…

—Leanne… Tengo que terminar esto y me estás distrayendo demasiado —le respondió sin levantar los ojos del libro.

Leanne puso un mohín y se hizo la ofendida —Tú lo que necesitas es un buen… —empezó a decir su amiga.

Katie levantó la mirada y alzó una ceja —¿Sí…?

—Pues no te lo voy a decir, ahora te carcomerá la duda y no podrás dormirte por la noche —y le sacó la lengua para seguir escribiendo

—Qué bien me conoces… —contestó Katie llena de sarcasmo.

Leanne dejó los apuntes y la miró —Algún día el sarcasmo te llevará por el mal camino y acabarás mal —dijo falsamente irritada.

—Sí, porque Azkaban está llena de personas condenadas por uso indebido del sarcasmo —rebatió la chica sin levantar la mirada de su libro.

Su amiga respondió con otro mohín y volvió al trabajo. Las dos chicas consiguieron mantener el silencio para poder terminar los deberes antes de volver a la Sala Común. Katie no pudo evitar darse cuenta de que había gente que se giraba para mirarla y cuchicheaban a su paso, pero procuró quitarle importancia y pensar que era por el próximo partido contra Slytherin aunque en su fuero interno supiese que no era el caso.

No era que no estuviese contenta de salir con Cedric, que lo estaba, pero por su parte la noticia había permanecido en su círculo más íntimo de amigas, incluyendo a Leanne, Alicia y Angelina nada más, pero seguro que Cedric también lo habría comentado con su gente más próxima. Aunque era cuestión de tiempo que se enterase todo el mundo ya que no lo estaban escondiendo, le aterrorizaba la reacción que tendría el equipo y particularmente Oliver. Con su paranoia, seguro que pensaba que Cedric sólo estaba saliendo con ella por algún motivo siniestro y retorcido que tendría que ver con estrategias de quidditch.

Trató de encerrar el tema en un compartimento estanco dentro de su mente y abandonarlo ahí hasta que hiciese falta, hacer como si nada y evitar el tema con el resto de sus compañeros tanto como pudiese. Pero su suerte duró apenas unos días, hasta un fatídico entrenamiento en que el rumor la persiguió hasta los vestuarios del equipo mientras se estaba cambiando para volver a la torre.

Estaba totalmente ensimismada pensando en sus cosas cuando la voz del pequeño Harry Potter rompió la algarabía del vestuario.

—Eh, Katie. ¿Es verdad eso de que estás saliendo con Diggory? —estalló la bomba. El silencio que se formó en la sala era sepulcral.

Katie, que estaba observando el campo tan tranquilamente desde una ventana se quedó helada. Cuando se giró para mirar a Potter sintió que todas las miradas se clavaban en ella porque, cómo no, todavía nadie se había marchado de allí.

Su mente y su cerebro trabajaban lo más rápido que podían pero lo cierto era que no estaba preparada para aquella confrontación todavía y tan solo fue capaz de balbucear un —¿Qué…? —que desde luego no ayudó a recomponer la situación a su favor.

Potter se encogió de hombros —A Hermione se lo ha dicho Parvati que dice que se lo dijo Lavender que se enteró por Hannah Abbott después de clase de Adivinación —contestó dando a entender claramente que se había aprendido todo aquello por lo ridículo que le había parecido.

Katie miró con horror a Angelina y a Alicia que le devolvían la mirada con resignación, esperando ver cómo se desarrollaba todo. Malditas… Que se olvidasen de que les pasase sus apuntes de Pociones.

—Ehh… —murmuró la chica todavía en estado de shock.

—¿Qué tontería es esa? —rió Oliver Wood como si fuese la broma más divertida del mundo —. Katie y Diggory, por favor…

Fred Weasley se acercó a su lado ignorando las risitas de su capitán y miró a Katie seriamente —¿Y bien? ¿Es eso cierto Kat?

—Pues… Bueno, yo… —balbuceó incapaz de formar una frase completa.

—Sí, es verdad, ¿hay algún problema con eso? —concluyó Angelina de forma quizá demasiado cortante.

Katie la fulminó con la mirada y sintió que las piernas empezaban a temblarle y que no eran las únicas, agarró con fuerza su gorro de lana que se había traído por si hacía frío para controlar el tembleque.

—Bueno, en realidad… —empezó a decir intentando recomponerse.

—¿Que estás saliendo con Diggory? —preguntó George incrédulo —. ¡Y nos enteramos ahora! ¡Hay que crear un boletín informativo en el equipo para este tipo de ocasiones! —exclamó alzando los brazos como si estuviese muy indignado.

La chica volvió su mirada hacia Oliver, que tenía la boca entreabierta y los ojos totalmente como platos. No pestañeaba. Katie empezaba a temer que le hubiese dado una embolia cerebral.

—Veréis, es que… —volvió a intentar intervenir Katie.

—¿Y vosotras lo sabíais? ¿Y no nos habéis dicho nada? —siguió George en el mismo tono que antes mirando a Angelina y a Alicia, que se mordía el labio y miraba a su compañera —. Me parece muy fuerte, que lo sepáis…

Fred rodeó a Katie por los hombros con su brazo y la acercó a él —¡Qué calladito te lo tenías, pequeña! Qué pasa, ¿querías a Niño-Bonito Diggory todo para ti o qué?

Katie se soltó empezando a sentirse exasperada e irritada —Lo cierto es que…

—¡Por eso Owen Cauldwell me dijo no sé qué sobre el capitán de Hufflepuff y nuestro equipo! No le entendí… Creía que estaba borracho otra vez —dijo George encogiéndose de hombros y mirando a su hermano buscando comprensión.

Angelina trató de disculparse con la mirada, pero Katie tan solo bufó —Chicos estáis dándole demasiada importancia…

—¿Pero cómo? ¿Cuándo? ¿Qué? —balbuceó Oliver —. ¿Exactamente qué demonios haces tú con Diggory? —habló por fin Oliver todavía inmerso en un estado semi catatónico.

Katie lo miró asombrada por el tono hostil que había utilizado para dirigirse a ella y sintió que su irritación aumentaba por momentos —¿Perdona?

—¿Desde cuando te llevas bien con Diggory? —intervino George Weasley.

La chica abrió la boca para responder una grosería pero fue de nuevo interrumpida por Oliver —¿Eres consciente de que es el capitán del equipo de Hufflepuff, Katie?

Katie no pudo responder y empezaba a sentirse verdaderamente frustrada —¡Eh! ¿Es que ahora resulta que no podemos salir con gente de otros equipos, Oliver? —saltó Angelina —. ¡Eso no viene en el reglamento!

—¡Por favor! —se quejó Fred —. ¡Es Diggory! ¡El chico de oro! ¿Cómo has podido fijarte en un tipo así?

—¿Qué tiene de malo Diggory? —intervino entonces Alicia a la defensiva —. Es un chico responsable y muy sensato, ¡cosa que no puede decirse de ti!

—¡Es que no le pega para nada a Katie! —respondió George encarando a Alicia.

Katie abrió de nuevo la boca para protestar —¡Oye!

—Es que creo que me he perdido en toda esta historia, ¿desde cuándo a Katie le gusta Diggory? —insistió Fred.

—¡Esa no es la cuestión! —se quejó Oliver mirando a sus cazadoras —. ¿Una compañera está confraternizando con el enemigo y no os dignáis a informar a vuestro capitán? ¡Podría estar intentando recabar información secreta!

—Oliver, ¡no seas idiota! —respondió Angelina.

Katie, que había cerrado los ojos intentando relajarse, sintió que una enorme bola de furia subía por su garganta de manera imparable —¡Ya basta! —gritó creando de nuevo el silencio en el vestuario.

Todos sus compañeros de equipo se quedaron callados observándola. La chica sentía su respiración agitada y trató de controlar su genio antes de mandarles a todos a freír espárragos.

—Pero ¿se puede saber qué os pasa a todos? —miró a Fred y a George —. ¡Soy mayorcita y puedo tomar mis propias decisiones! ¡Sabré yo quién me pega y quién no! — y entonces se giró hacia Oliver —. ¡Y tú! ¿Confraternizar con el enemigo? ¿Información secreta? ¡El que tú pienses que sólo sirvo para hablar de quidditch no significa que todo el mundo lo haga!

Oliver abrió más aún sus ojos pero no fue capaz de responder nada así que Katie siguió con su perorata.

—Angelina, eres una buena persona pero francamente eres una bocazas. ¡Y tú, Potter! ¡Te creía una persona más discreta que todo esto! —cogió su mochila del suelo con furia —. Gracias a todos por vuestra comprensión, da gusto sentirse tan bien en un equipo —les gruñó con ironía antes de marcharse dando un portazo.

Zancada a zancada, la hierba del exterior de Hogwarts fue pagando el pato del enfado de Katie. La chica no podía creerse la situación que había vivido. Vale, sabía que Oliver no se lo iba a tomar bien, pero ¿acusarla de filtrar información del equipo? Eso había sido demasiado. ¡Y Potter! ¡No podía habérselo preguntado cuando estuviesen ellos solos! No… Lo había hecho delante de todos.

Angelina había sido la que había soltado la liebre y les había dicho que aquel rumor era cierto, pero en realidad no podía culparla. No habría podido ocultar la situación eternamente y tarde o temprano se habrían enterado. La reacción de Fred y George Weasley no había sido inesperada. Burlas y gracietas, ¿qué más podía haber esperado de ellos? Desde luego un poco de apoyo no.

Frustrada y enfadada pasó como un rayo por el retrato de la Dama Gorda y ni siquiera pensó en escabullirse para buscar a Cedric. Estaba de un humor de perros y seguramente lo terminaría pagando con él. Leanne la estaba esperando en la Sala Común como siempre y adivinó que algo había ocurrido por la expresión del rostro de su amiga.

—¿Qué pasa, Kates? —preguntó tentativamente.

Katie frenó su carrerilla junto a ella y la miró a sabiendas de que si empezaba a hablar no terminaría nunca, así que tomó aire y lo soltó lenta y pausadamente intentando relajarse.

Su amiga interpretó sus gestos y su mirada y ahogó un grito —Merlín… Se lo has contado, ¿verdad?

—Me han obligado a hacerlo —respondió Katie. Bufó y siguió su camino hasta la habitación. Con brusquedad se quitó la ropa, se puso el pijama y se tapó con las mantas de su cama adoselada.

Se colocó boca arriba y cerró los ojos intentando controlar la respiración. Sabía que tenía que tranquilizarse y se le ocurrió que podría utilizar la técnica de su madre de imaginarse algo que le provocase alguna sensación positiva para vaciar todo lo demás de su mente. Imaginó en su cabeza un riquísimo helado de chocolate de los que hacía Florean Fortescue en el callejón Diagon, trató de recordar su dulce sabor, su textura cremosa, su olor… Y se encontró bufando de nuevo. No solamente no se le había pasado el enfado sino que ahora tenía hambre. Eso le pasaba por hacerle caso a su madre.


—Así que no se lo tomaron muy bien por lo que veo —preguntaba Cedric a la salida de su clase de Aritmancia.

Katie bufó —Deberías haberles escuchado… Sermoneándome como si yo fuese una niña pequeña que no puede cuidar de sí misma. Que no sabe lo que quiere.

Cedric rió y acarició con cariño el brazo de la chica —Yo más bien diría que te quieren y se preocupan por ti.

—¡Que se preocupan por mi! Pues no se preocupan tanto cuando me mandan a hablar con Oliver cada vez que surge un problema —Katie negó con la cabeza.

—Pues mis amigos están deseando conocerte —dijo Cedric cambiando de tema —. Un día vienes a comer con nosotros, seguro que te caen genial.

La chica alzó una ceja —¿Qué les has contado?

—Oh, pues ya sabes, que eres muy lista, muy guapa, que te gusta encerrarte en el baño de Myrtle la llorona y cantar con ella…

Katie lo miró falsamente indignada y se apartó de él poniendo cara de pocos amigos.

El chico volvió a reír —¿Sabes? Estás muy guapa cuando te enfadas.

Katie lo miró y frunció el ceño —Qué gracioso —le dijo con un mohín y una media sonrisa disimulada.

Mientras caminaban juntos, una pareja de Ravenclaws se cruzó con ellos y se repitió la historia de los cuchicheos y las miraditas a su paso.

—¿Cuánto tiempo crees que va a durar eso? —preguntó Katie con resignación.

—No te preocupes, en cuanto saquemos a la luz la historia de Snape y Pince se olvidarán de todo —bromeó él cogiendo a la chica de la mano y acercándola a él —. No te preocupes tanto, anda…

La chica se acomodó en su abrazo —Tienes razón… Es que no me gusta que me miren así. No me gusta ser el centro de atención —suspiró.

—¡Oh! —exclamó Cedric de pronto.

Katie se soltó y lo miró para después mirar alrededor —¿Qué? —preguntó extrañada.

—Mira, mira, mira… —y empezó a arrastrarla por el pasillo hasta una puerta.

—¿Qué? ¿Qué? ¿Qué? —volvió a preguntar Katie sin saber a dónde la llevaba.

Cuando pasaron por la puerta y la cerraron tras de sí Cedric la miró con los ojos brillantes —Es un aula vacía.

—¡Oh! —dijo entonces la chica participando de la emoción de Cedric —. ¿Y qué se te ocurre que podríamos hacer aquí? —le preguntó haciéndose la ingenua.

—Pues muchas cosas… —respondió Cedric acercándose a ella y poniendo sus manos en la cintura de la chica —. Repasar pociones, preparar los hechizos de McGonagall, empezar la redacción de la profesora Vector…

Ella le pegó en el hombro juguetonamente pero Cedric le cogió la mano y la colocó en su cuello.

—Pero se me ocurren algunas cosas mejores —murmuró antes de capturar los labios de la chica con los suyos.

Katie entró entonces en aquel estado de entumecimiento como siempre que Cedric la besaba. No sentía nada más allá de aquella aula, de aquel abrazo, solamente ella y él. Respondió a su beso y se estremeció una vez más cuando sus lenguas se encontraron y sentía las manos del chico en sus mejillas, como si tuviese miedo de que intentase escapar. ¡Como si quisiese escapar de aquella deliciosa tortura!

Cedric movió una de sus manos a la cintura de Katie y la fue moviendo hasta que la apoyó sobre la mesa grande reservada normalmente a los profesores. La sentó en ella sin abandonar sus labios y volvió a hundir una de sus manos en el pelo de la chica.

Por un momento se separaron y Katie lo miró con una sonrisa.

—¿Esto está permitido por las normas del colegio? ¿Apropiarse de aulas vacías para besarnos? —preguntó antes de volver a besarlo brevemente.

—Pues no estoy muy seguro —le contestó Cedric entre beso y beso.

La chica rió contra los labios de Cedric y se separó lo justo para replicar —Vaya, vaya… Y se supone que tú eres el prefecto, ¿no?

Cedric se contagió de la sonrisa de Katie —Me he dejado la insignia en la habitación.

Katie negó con la cabeza y volvió a besarle entrelazando las manos en su cuello y limitándose a vivir el momento y disfrutar de las sensaciones que provocaba la lengua de Cedric recorriendo cada centímetro de su boca, haciéndola estremecer. Se olvidó de respirar, de sus compañeros de equipo y de sus sermones, de la gente tan poco discreta que se dedicaba a hablar sobre ella y Cedric. ¿Qué importaban ahora? Era sólo murmullos lejanos que, por ahora, no conseguirían hacer estallar su burbuja.


A la mañana siguiente Katie se encontró a Angelina y Alicia esperándola en la Sala Común antes de irse a desayunar.

—Lo siento Kat, de verdad… Te juro que sólo quería que se callasen —se disculpó Angelina angustiada.

Katie sonrió —No te preocupes, es igual. Se habrían enterado tarde o temprano.

—¿Qué tal se lo tomó el señor capitán? ¿Gritó 'espía'?—preguntó Leanne por curiosidad mientras se encaminaban hacia el Gran Comedor.

Angelina soltó una risotada —Tendrías que haber estado allí Leanne… Parecía que le iba a dar un ataque.

Katie bufó —Le habría estado bien empleado. Filtrar informaciones secretas… ¿Qué se cree que es esto? ¿Watergate? —sus amigas la miraron extrañadas —. Eh… Eso fue una vez, un presidente americano… Dejadlo, es igual —y siguieron caminando.

—De todas formas, me sorprende que no te pidiera que le sonsacases a Diggory, conociendo a Wood habría sido capaz de hacerlo… —comentó Leanne.

—Oh, sí… —respondió Katie —. ¿Me imaginas en plan mujer fatal? Seguro que a Oliver le hubiese encantado —farfulló irritada.

—Tú no le hagas ni caso al idiota de Wood, Katie —dijo Angelina mientras se sentaban a la mesa —. Yo daría lo que fuera por que alguien me mirase así —dijo Alicia con ojitos soñadores.

—¿Así cómo? —preguntó la chica.

—Pues, así… —y le hizo un gesto con la cabeza para que mirase hacia la derecha.

Katie se encontró entonces con la flamante sonrisa de Cedric que acababa de bajar al comedor. Su corazón se aceleró, ¿cómo podía no hacerlo cuando alguien manifestaba tan claramente que se alegraba de verte? Sin poder evitarlo también sonrió y después miró a sus amigas.

—Enseguida vuelvo —les dijo. Leanne le guiñó el ojo y ella le respondió con una sonrisa antes de acercarse hasta la mesa de Hufflepuff.

Cedric, que se había quedado levantado, se alejó un poco de sus amigos. Katie se encontró con él a medio camino.

Sus amigas observaban desde la mesa con envidia sana. Vieron cómo se sonreían, hablaban y se rozaban con los dedos. Murmuraron un 'ohhh' cuando vieron que Diggory le daba a Katie un dulce beso de buenos días antes de volver a su mesa para desayunar. Al fin y al cabo era natural, mucho más en aquel momento en que toda la gente que le importaba a Katie estaba enterada de su relación.

Pero ellas no habían sido las únicas que se habían fijado en aquello. En la escalera por la que bajaban los alumnos de Gryffindor cierto guardián estaba estrujando entre sus dedos la hoja en la que había apuntado algunas nuevas tácticas que había encontrado la noche anterior.