Hola, hola! Solo les digo que el sufrimiento del día de hoy tiene una razón :) así que les agradezco sus comentarios y por supuesto, que sigan leyendome, Gracias!
Capítulo 17
El actor y la rubia están caminando por los jardines de Lakewood, ella le muestra los rosales de Anthony mientras los dos recuerdan cuando se conocieron en el Colegio. Mientras conversan Terry se da cuenta de lo importante que fue Anthony en la vida de la rubia y como le afectó su muerte. También pregunta sobre cómo se conocieron y cómo fue su vida en esa época. Candy le cuenta todo sobre ella incluida la vez que conoció a Albert, al que llamo Príncipe de Colina hasta hace un par de años que se enteró que era él.
- Estoy segura que Anthony sospechaba quien era, pues era el único que había conocido a Albert cuando era muy pequeño.
El rubio les observa desde una de las ventanas de su habitación. Sentado en un sillón con un libro abierto en su regazo, que no puede leer por estar viendo a su adorada Candy caminando con otro.
- ¿No le gustaría ir a dar un paseo por los rosales? – le pregunta Alfred
- No – responde secamente el rubio
- Creo que debería interrumpir – le dice más directamente – creo que debería luchar por ella
Albert suelta una risa irónica ante el comentario de su ayudante diciéndole que eso es absurdo, que no piensa arruinar la vida de Candy atándolo a él.
- Desde que entré a trabajar con usted y conocí a la señorita Candy – le dice el joven – supe que entre ustedes había algo muy especial y siempre me he preguntado porque usted no lucha por ella…
Albert suspira y por primera vez abre su corazón. Le cuenta cómo conoció a Candy siendo apenas un niño que huía de casa para evitar los eventos sociales a los que tenía que asistir como el heredero de la familia.
- En ese entonces éramos unos niños pero nunca olvidé aquellos ojos verdes.
Cuando reencontró a Candy fue poco tiempo después de amenazar a la tía abuela con desaparecer para siempre si no le dejaba desaparecer por un tiempo. Había huido del Colegio San Pablo y regresado a América a bordo de un barco de carga trabajando como cuidador de animales que transportaban en el barco. Después de desaparecer unos meses la tía abuela accedió a que se tomara un tiempo antes de convertirse oficialmente en el jefe de la familia Andrew. Durante esa época descubrió que Candy era una huérfana del Hogar de Pony y al poco tiempo supo que su parientes los Leegan la habían llevado a su casa, por sus sobrinos supo los malos tratos que recibía y decidió acercarse a ella. Vivía en la cabaña del bosque y fue ahí cuando la rescato de la cascada.
- En esos días que convivía con ella, me enamoré perdidamente. Aún éramos muy jóvenes y ella estaba enamorada de Anthony. La cuide durante esos años y viaje a Londres para estar cerca de ella… hasta que se enamoró de Terry.
En ese momento se dio cuenta que no podía seguir así y viajó a África tratando de olvidarla, cuando creyó que lo había logrado regreso a América para tomar su lugar en la familia. Tuvo el accidente y fue ella quien le cuidó durante largos meses mientras recuperaba la memoria.
- Sin saber que ya la había amado, me volví a enamorar de ella.
- ¿Por qué no dijo nada en ese momento? – le pregunta Albert ya sentado frente a su patrón escuchando atentamente a su historia
- Porque no sabía quién era… no tenía nada que ofrecerle.
- ¿Y cuándo recuperó la memoria? ¿Por qué no lo hizo en ese momento? Ya sabías quien eras y tenías el mundo para ofrecerle. Cualquier mujer moriría por estar al lado del jefe de la familia Andrew
- Candy no es una mujer cualquiera. Nunca le ha gustado la alta sociedad, nada de eso le interesa. Nuevamente no tenía nada que ofrecerle.
- ¡Tenía todo! es usted uno de los hombres más importantes del país
- Estar a mi lado significa estar inmerso en esa sociedad que tanto desprecia Candy, estar conmigo es tener que formar parte de ese mundo del cual ha escapado en varias ocasiones…. Es obligarla a vivir una vida que no le gusta. ¡No podía pedirle eso! De hecho vivió un tiempo conmigo después de que tome mi lugar en la familia, pero no pudo y en pocos meses me pidió que la dejar regresar al Hogar de Pony. Un tiempo después regresó a Chicago y dejó de usar el apellido Andrew, vivió en su propio departamento y dejo de asistir a los eventos de la familia.
- Parece que esta crisis ha hecho que esa alta sociedad que Candy desprecia desaparezca, así que ya no hay motivo para que no luche por ella
- No puedo pedirle que esté conmigo así – responde mirando sus piernas
- A ella no le importa eso – le refuta Alfred
- ¡Pero a mí sí! – grita con frustración el rubio exigiéndole a su ayudante que le lleve dentro de la habitación. Alfred decide no decir nada más y hacer lo que le pide, le deja en la pequeña sala que tiene en la habitación y le deja un libro en la mesa a su alcance, antes de salir de la habitación – espera – le grita cuando está en el dintel de la puerta y desde ahí alcanza a ver que Michael está en el pasillo. «Siempre cerca para cuando los necesite» piensa el rubio sintiéndose más frustrado todavía. Alfred se acerca al rubio mientras éste le pide que le transfiera a uno de los sillones cercanos. Al terminar le cubre con una manta, acerca un poco más la mesa y coloca una jarra de agua y un vaso.
Después de un par de profundas respiraciones Albert toma el libro de la mesa y trata de olvidarse de todo enfrascándose en la lectura. Funciona durante un rato, pero parece que Terry y Candy se instalan en el jardín que está justo debajo de la habitación del rubio porque comienza a escuchar sus risas. Terry toca la armónica y Candy aplaude y ríe feliz en la compañía del actor. El rubio comienza a enfurecer, a sentir unos fuertes celos deseando no solo interrumpir sino espiar. Ninguna de las dos puede hacer, está atado a ese sillón. Considera hablarle a Alfred pero no quiere que su grito sea escuchado por la pareja en el jardín, tampoco quiere que su ayudante se dé cuenta que desea espiarlos, así que se mueve un poco, se quita la manta de encima y se mueve tratando de acercar la silla de ruedas. Después de un par de intentos logra alcanzarla apenas con la punta de los dedos, se estira un poco más para asirla por el descansabrazo pero es demasiado para él, su cuerpo cae al suelo haciendo que el dolor a su orgullo sea más fuerte que el físico.
- Maldita sea – exclama desde el suelo y en ese momento escucha la dulce risa de Candy entrando por la ventana. «siguen ahí» piensa y luego mira hacia la puerta de su habitación percatándose que su caída no ha sido escuchada por Alfred ni Michael.
La silla ha quedado a su alcance y se arrastra un poco hasta quedar frente a ella. Intenta subir pero es algo que nunca había tenido que hacer antes. Un par de intentos fallidos le llenan de frustración y las risas que escucha no le ayudan a sentirse mejor. Sabe que tendrá que llamar a los chicos y demostrar que es tan inútil que no puede salir del suelo por su cuenta. Toma lo único a su alcance deseando sacar su coraje, así que con las manos arroja con todas sus fuerza la silla de ruedas gritando furioso. La silla choca contra uno de los sillones de la sala no muy lejos de donde está el rubio y cae al suelo haciendo un fuerte ruido. Aflred y Michael entran en la habitación sin tocar descubriendo lo sucedido. Sin decir nada Michael recoge la silla y Alfred al rubio llevándolo a la cama como él le ordena todavía con frustración en la voz.
- Michael – le ordena el rubio mientras es llevado a la cama – cierra la puerta con llave, que nadie entre – el rubio se da cuenta que el ruido pudo haber sido escuchado por Terry y Candy y no tardarán en aparecer. No desea dar explicaciones y mucho menos a ellos.
La chica no tarda en aparecer tocando a la puerta. Los tres hombres en la habitación se miran y Albert le pide a Alfred que salga a decir algo que calme a la rubia, pero que no entre por ningún motivo. El chico sale de la habitación y cuando se encuentra con esas enormes esmeraldas llenas de preocupación no puede mentir. Le dice lo que él cree que ha pasado y le pide que no entre a ver a su patrón.
- Creo que su orgullo está bastante lastimado
- Eso a mí no me importa ¡quiero verlo! – exclama la rubia tratando de mover a Alfred de la puerta para poder entrar
- Candy – exclama Terry tomando a la rubia por los hombros – Alfred dice que él está bien y eso es lo importante, dejémoslo solo. En un rato volvemos para verlo ¿te parece?
Las palabras del actor funcionan y los dos se alejan de la habitación. Alfred observa la preocupación en el rostro de la rubia y como el actor la abraza. Él también se llena de coraje con la imagen, pues sabe lo mucho que su patrón ama a esa rubia y no le gusta que Terry tenga intenciones de quitársela. Furioso vuelve a entrar en la habitación cerrando con llave tras de él.
- Una de las ruedas se ha enchuecado – le informa su hermano quien está revisando la silla – no se puede usar
- No importa – responde el rubio desde la cama – no pienso moverme de aquí – concluye moviéndose en la cama tapándose con las mantas.
- Tendremos que ir a la ciudad para que la arreglen. – comenta Michael y los dos hermanos miran el reloj. Es media tarde y puede que Michael llegue a la ciudad a tiempo para que la arreglen, pero no saben cuánto tardará y lo más seguro es que regrese ya entrada la noche. – me voy de una vez, así mañana ya estará lista – concluye el chico mirando la aprobación de su hermano.
- Regresarás muy noche y los caminos no son buenos – le dice Albert con preocupación al escuchar el plan de los hermanos – ve mañana
- No, de una vez así no pasará tanto tiempo en la cama
- Gracias – concluye el rubio cediendo al ver la sincera preocupación de los mellizos – pero si es muy tarde cuando termines, quédate en la mansión y regresa mañana a primera hora
Michael acepta la idea después de protestar bastante, pero Albert se impone como patrón y en poco tiempo Michael está saliendo rumbo a la ciudad para arreglar la silla de ruedas.
El resto de la tarde Albert se encierra en su habitación sin querer ver a nadie, Candy insiste en entrar a verlo sin éxito, Terry corre con la misma suerte y ceden hasta que Alfred les asegura que el rubio está perfectamente, solo de muy mal humor.
Cuando Candy y Terry se retiran deciden salir a dar un paseo por los jardines, ya que la noche es cálida y el cielo despejado. Alfred termina de ayudar al rubio a bañarse, algo que cuesta bastante más trabajo cuando lo hace sin la ayuda de su hermano y la silla, además de que Albert no coopera mucho debido a su mal humor. Cuando por fin termina de vestirlo con el pijama la cena llega a la habitación. Albert se muere de hambre y pide comer en la mesa del balcón.
La luz de la luna ilumina a la alegre pareja que camina por los jardines y sus risas vuelven a escucharse hasta la habitación del rubio, Albert logra contenerse por momentos hasta que escucha que los dos se irán a acostar. Escucha como Candy dice que pasará a verlo antes ir a su habitación y como Terry le dice que mejor lo deje dormir.
- Seguramente ya está dormido y es mejor dejarlo solo – concluye el actor y Candy concuerda con él
Pasa unos momentos sin probar bocado esperando el tiempo suficiente para que Candy llegue a su habitación y toque a su puerta. Desea tanto verla y sentir su abrazo alrededor de él, pero nada sucede. Pasan largos minutos sin que Candy aparezca. «por lo visto ha decidido hacerle caso a Terry» piensa el rubio pero hace el último intento y manda a Alfred a ver fuera de la habitación. Él se ofrece a ir a buscar a la rubia, pero él se niega rotundamente, solo quiere saber si ya está en su habitación.
- No hay nadie en los pasillos señor – concluye Alfred entrando de nuevo
No hace falta más para que Albert vuelva a explotar arrojando los cubiertos que en ese momento tiene en la mano. Alfred se acerca a él, justo en el momento en que la furia de rubio se hace sentir más, arroja los platos y toda la vajilla, toma los vasos y las copas y las arroja también. Una de estas da directamente contra el rostro de Alfred haciéndole un profundo corte en la frente, comenzando a salir un gran chorro de sangre. Albert se espanta mientras el chico corre al baño con la mano en la frente.
- Alfred – exclama el rubio desde el balcón - ¿está bien? Lo siento mucho, dime que estas bien
- No se preocupe señor, ha sido un corte nada más – responde el chico frente al espejo tratando de parar la sangre sin conseguirlo
Albert piensa en arrojarse al suelo y arrastrarse hasta el baño para ayudar a su amigo, pero todo alrededor de él está lleno de pedazos de cristal y porcelana que podrían cortarle también a él. Después de un rato Alfred sale con una toalla en la cabeza bastante manchada de sangre para decirle que no logra parar la sangre. Albert le dice que vaya con George que tendrá que ir al hospital para que le cosan.
- Mandaré a alguien a que le ayude – concluye Alfred saliendo de la habitación rumbo a la del señor Johnson quien le abre después de un rato.
George decide despertar a Candy para que revise al chico, la herida no es peligrosa pero es profunda, así que tendrá que ser cosido por lo que tendrá que ir al hospital. Entre los dos le pregunta por lo sucedido, Alfred miente diciendo que al recoger la bandeja con la vajilla del señor, después de que cenará, él la tiro sin querer y un cristal salto hasta su frente. Nadie le cuestiona, en especial cuando les dice que el señor ya estaba en la cama cuando todo sucedió. Los tres dejan al poco tiempo la mansión rumbo a la ciudad para que atiendan al herido en el hospital.
El mayordomo acompañado de la señora Smith, tres mucamas y dos jovencitos de unos doce años entran en la habitación del rubio descubriendo el suelo lleno de porcelana y cristal cortado por toda la habitación. Las mucamas rápidamente comienzan a levantar mientras el mayordomo y la anciana se acercan a Albert que pacientemente espera en la mesa del balcón. El tiempo que ha estado solo ha conseguido dimitir su coraje y frustración, pero todavía tiene la preocupación por Alfred y no ver a George o Candy entrar, le asegura que la herida ha sido más grave de lo que quería desear.
- Le han llevado al hospital – le informa el mayordomo – la señorita Candy dice que no hay peligro, pero que requiere de varios puntos de sutura.
Albert se alegra de escuchar esas palabras y no pone ningún impedimento cuando el hombre ayudado por los dos jóvenes le cargan para llevarlo a la cama, donde la señora Smith ya le espera con las sabanas abiertas. Después de un rato de avivar el fuego de la chimenea, de ayudarle a encontrar una posición cómoda y de terminar de limpiar la sangre y los fragmentos del servicio, Albert está listo para dormir. Todos se despiden amablemente y él agradece sus atenciones. La señora Smith toma su lugar en el sillón al lado de la cama del rubio y se hace la disimulada cuando escucha ligeros sollozos del rubio antes de quedar profundamente dormido.
