¡Hola! Estoy de vuelta de mis vacaciones, y la verdad es que han sido estupendas. ¡Gracias a todos por vuestros comentarios! Sois geniales, ¡estoy súper feliz!
Este capítulo es especial, por primera vez pasamos al punto de vista de Oliver, y creo que muchas estabais esperándolo ya, así que no quiero daros más la tabarra. Aquí os dejo el capítulo :)
Respuestas a los reviews sin firmar:
Mia Hale: ¡Gracias! La pareja de Oliver/Katie es mi favorita, y me alegra que te guste el fic. ¡Espero seguir viéndote por aquí!
Disclaimer: Todo es de la señora Rowling, que es una egoísta y no quiere compartir con nadie más…
CAPÍTULO 9
La manera de amar algo es darnos cuenta de que quizá lo hayamos perdido. G. K. Chesterton
Oliver Wood se levantó aquella mañana con plena conciencia de que iba a ser un gran día. Había preparado nuevas tácticas para su equipo, había descansado bien y se sentía lleno de energía y vitalidad, tanto que incluso se vio capaz de tomar el pelo un poco a Percy Weasley, uno de sus compañeros de habitación de séptimo.
¿Por qué no iba a sentirse bien? Estaba en su último año de Hogwarts, era el capitán del equipo de quidditch y tenía un gran equipo con el que se veía capaz de ganar todos sus encuentros. Aquel año la copa sí que sería suya y podría dejar el colegio con la cabeza bien alta; quizá incluso lo ficharía algún equipo profesional y él podría hacer realidad sus sueños.
Con esos ánimos bajó al Gran Comedor acompañado de Percy y su inseparable insignia de delegado (que tan bien le había venido en determinados momento). Iban a acercarse hasta la mesa de Gryffindor cuando vio algo que le dejó totalmente paralizado en el sitio.
Katie Bell, su cazadora y amiga desde hacía por lo menos cinco años, se acercaba hasta el buenecito de Diggory y el muy degenerado la besaba ahí, delante de todo el mundo. Un monstruo pequeño y traicionero se fue haciendo más y más grande en cuestión de segundos dentro de él. Vale, ya se había enterado de que, por lo visto, Katie estaba saliendo con él. Había intentado razonar con ella con argumentos perfectamente válidos, pero aún así estaba claro que no lo había escuchado. Pero era distinto escuchar que estaba con Diggory que verlo.
Sintió un arrebato de ira incontenible y no supo determinar la causa con exactitud. Sí, estaba claro que por una parte era el hecho de que Katie no le hubiese hecho ni puñetero caso y siguiese con el baboso de Diggory. Ella no se daba cuenta, pero seguramente el equipo de Hufflepuff estaba tan desesperado por no quedar los últimos que sus miembros serían capaces de cualquier barbaridad, incluyendo aquello de lo que acababa de ser testigo.
Además, se había enterado casi una semana después. ¡Una semana! Él consideraba a Katie una de sus amigas más íntimas y se enteraba de que salía con un chico después de una semana. Sin duda un hecho así también contribuía a su irracional estado de ánimo. Por no hablar de que un novio no serviría para nada más que para distraerla y apartar su mente de donde tenía que estar: el campo de quidditch.
Se sintió traicionado, enfadado e increíblemente celoso. Se convenció a sí mismo de que lo que celaba era la unidad de su equipo, que ahora corría peligro por culpa de Diggory y una de sus cazadoras. No podía creérselo: su perfecto y equilibrado equipo estaba en peligro por culpa de aquel idiota. Y de pronto sintió una intensa oleada de odio hacia él. También eso era normal: era el capitán de un equipo contrario y había mejorado mucho el equipo. Además estaba intentando sabotear el suyo seduciendo a su mejor jugadora.
Volvió a repetirse sus argumentos una y otra vez como un mantra para dar razón de ser a sus sentimientos tan irracionales, pero bajo todas esas razones perfectamente aceptables había una vocecita dentro de él que gritaba atronadoramente: "¡Es mía!".
—Esto es asqueroso… —enunció Katie después de echar su primer vistazo a la planta de snargaluff.
Cedric la miró y le hizo una mueca —Vamos… Tiene un montón de propiedades que son muy útiles.
—Puaj… —respondió ella, poniendo cara de asco al acercarse a la planta. En ese momento la boca de la planta se abrió ligeramente y empezó a soltar un poco de baba pegajosa —. Realmente asqueroso.
El chico se rió y se puso las gafas y los guantes que les había dado la profesora Sprout.
—Tenemos que abrirle la boca para sacar las vainas, así que toma y ponte esto, te hará falta —explicó Cedric alcanzándole el material a ella —. Venga… Es una planta muy interesante y sus propiedades tremendamente útiles.
La chica puso cara de asco —Que sepas que el que hables así de ella no hará que me guste más hacer esto —Sin demasiadas ganas, Katie cogió lo que le daba su novio. Novio, aquella palabra todavía se le hacía extraña. Era lo que era, pero aún así le costaba asimilarlo. Asociar esa palabra a alguien que no fuese… Bueno, asociar esa palabra a alguien. Punto. Refunfuñando, se puso las gafas y los guantes y se colocó junto a la planta y a Cedric.
—Agarra las esquinas y tira de ellas, ¿vale? —explicó Cedric.
Katie asintió con cara de dolor e hizo lo que le había dicho. Intentando tocar la planta lo menos posible, sintió que las paredes del bicho cedían y se abrían. La viscosidad y la resistencia de la planta de snargaluff le pusieron a Katie los pelos de punta e hicieron que su expresión de asco se acusase aún más.
—Qué asco…—exclamó al final, procurando mirar hacia otro lado. Aprovechó para fijarse en Leanne que estaba en una situación parecida a la suya pero estaba saliendo bastante peor parada. La baba de la planta estaba chorreándole por una pierna. Asqueroso.
—Bueno, ahora hay que meter el brazo y sacar las vainas —dijo Cedric.
La chica lo miró y le hizo un gesto —Pues venga…
Cedric abrió mucho los ojos y le devolvió la mirada —¿Qué…? ¿Tengo que hacerlo yo?
—¡Qué! ¡Tú eres el prefecto! ¡Y además eres el que ha estado todo el tiempo utilizando ese tonito de condescendencia! Te toca —razonó Katie sin soltar los lados de la boca de la planta.
El chico bufó y negó con la cabeza. Katie observó cómo metía el brazo casi hasta el codo y sacaba una vaina cubierta de una sustancia viscosa que volvió a hacer a Katie tener ganas de vomitar.
—¿Has visto? —preguntó Cedric, satisfecho de sí mismo —. ¡Ya tenemos una! ¿Quieres sacar la siguiente?
—Que te lo has creído… —le respondió ella poniendo los ojos en blanco y volviendo a estirar los lados de la boca del snargaluff para que Cedric pudiese volver a sacar una vaina.
Consiguieron sacar seis antes del final de la clase. La profesora Sprout repartió puntos para Gryffindor y Hufflepuff y después se todos se marcharon de los invernaderos. Cedric se fue con sus amigos y Katie volvió a la torre de Gryffindor con Leanne para que esta última pudiera limpiarse.
Oliver estaba allí, pero apenas le sacaron un gruñido cuando pasaron por delante.
—¿Se puede saber qué demonios le pasa? —preguntó Leanne cuando entraron en su habitación.
—Está así desde que se enteraron de lo mío con Cedric. No lo sé. Creo que piensa que voy a convertirme en una espía o algo parecido —explicó Katie
Leanne puso una mueca cuando se quitó la túnica del colegio, chorreante de baba de snargaluff —Qué asco, por favor…
—Sí, eso le decía yo a Cedric —le dijo a su amiga. Aprovechó para tirarse en su cama y colocarse boca arriba.
—¿Y dices que el chalado de Wood lleva así desde que se lo dijiste al equipo? —preguntó Leanne desde el cuarto de baño.
—Hmm —asintió Katie sin prestarle demasiada atención —Creo que incluso su paranoia de siempre está yendo demasiado lejos. Es muy raro.
Leanne cogió su ropa y la echó a un balde lleno de agua. Hizo una especie de 'psss' y un humillo verde empezó a salir de allí. Se acercó a la ventana y se mordió el labio pensando en las palabras de su amiga —Sí… Muy raro. O quizá no…
La Sala Común de Gryffindor estaba en plena ebullición. Era media tarde, y todo el mundo estaba haciendo algo, bien fuesen los deberes o hablar con sus amigos para contarle los últimos chismorreos. Nadie sabía que esa tranquilidad y quietud relativas iban a durar poco.
Katie Bell se había felicitado a sí misma mentalmente por haber tenido un día semi-normal, sin grandes alteraciones de su esquema preestablecido. Se mordió el labio, no sabía bien cómo expresar una de las frases de su trabajo de Transformaciones. Golpeó el bolígrafo contra la mesa, como hacía siempre que no le salía algo y se lo pensaba mucho.
—¡Eh, Kate! ¿Esa no es Mithras? —le señaló Leanne, mirando hacia la ventana de la torre por la que acababa de entrar su lechuza parda.
La chica asintió y cambió de postura, colocando las piernas al otro lado del banquito para poder coger a Mithras y que no ensuciase su pulcro pergamino. Se extrañó, ya que no era el día de la carta de su madre, que solía esperar a los lunes para contarle los pormenores del fin de semana. Cuando la lechuza se acercó más contempló con horror que el color del sobre no era blanco, sino rojo.
Leanne, que no solía prestar mucha atención pero que tenía muy buena vista, también se dio cuenta y soltó un gritito ahogado y después miró a su amiga. —¿Qué has hecho, Katie?
Pero Katie sabía exactamente el motivo de aquella misiva por parte de su querida madre. Cuando Mithras aterrizó en su regazo, la chica cogió el sobre tentativamente, dándose cuenta de que tenía los ojos de toda la Sala Común posados en ella y en su vociferador.
Un chiquillo con pinta de asustado, Longbottom creía que se llamaba, la miraba como si el que hubiese recibido aquello hubiese sido él mismo.
La chica tomó aire y abrió el sobre.
"¡KATIE BELL!"
Katie se estremeció debido al alto volumen de las palabras de Evelyn. No bromeaba cuando le había dicho a Oliver que su timbre podía destrozar los tímpanos de alguien.
"¡Por amor de Merlín! ¡No sabes lo feliz que estoy! ¡Un chico por fin! ¡Ya era hora cielito!"
—Lo sabía… —murmuró para sí misma al escuchar esa parte.
"No sabes lo orgullosos que estamos Stanny y yo…" La voz de su madre sonaba congestionada por las lágrimas "Por fin… ¡Mi pequeña se hace mayor! Ya sabes cariño, si necesitas algún consejo o cualquier otra cosa que te haga falta, ¡no dudes en escribirme! ¿De acuerdo? ¡Qué emoción! ¡No sabes qué contenta estoy! ¡Y el hijo de Amos Diggory! Es un hombrecito encantador, ¡me lo ha dicho todo el mundo! ¡Tráelo a casa un día cielito! ¡Te queremos!"
Y el sobre rojo desapareció envuelto en una pedorreta y un montón de cenizas.
La Sala se había quedado en total silencio y seguía así, aunque el mensaje ya hubiese terminado. Katie respiró hondo. ¿Cómo se le ocurría a su madre hacer una cosa así? No era que le sorprendiese que estuviese tan psicoticamente feliz, pero lo del vociferador había sido demasiado.
Supo entonces con quién tenía que pagarlo. Miró al rincón en el que estaba sentado, casi al completo, su equipo de Quidditch.
—Vale, ¿Quién se lo ha dicho?
Desde el fatídico día de la 'revelación', los entrenamientos de quidditch habían sido brutales. Oliver apenas le dirigía la palabra a Katie y se desfogaba apretando y machacando a su pobre equipo. Muchos se quejaban, pero Katie permaneció estoica sin protestar ni una sola vez. Aún así, los entrenamientos eran agotadores y cada vez estaban más y más agotados.
—¡Eh! ¡Bell! ¿Quieres hacer el favor de moverte? ¡Así no conseguirás marcar ni un puñetero gol a Slytherin! —le gritó Oliver en uno de los entrenamientos.
Los miembros del equipo echaban pestes sobre Wood, pero lo más sorprendente sobre el asunto era que los Weasley seguían con su actitud de siempre, soltando bromitas siempre que se les presentaba la oportunidad, consiguiendo muchas veces que Katie se sintiese incómoda y se sonrojase. La chica se sentía extraña en el entorno más familiar que jamás había tenido en Hogwarts.
Todo aquello unido a la presión de las clases y los deberes estaban haciendo que no fuese precisamente la mejor semana de Katie. ¿Su consuelo? Cedric solía ir a buscarla al salir de los entrenamientos y conseguía que, por un rato, se olvidase de todo.
Era una tarde como otra cualquiera, y las chicas iban a la biblioteca a adelantar algo para el fin de semana.
—¡Te he dicho que no, Lee! ¡Deja de pedírmelo! —farfullaba Angelina en dirección a Lee Jordan, que le había pedido por enésima vez que saliese con él.
Leanne, Katie y Alicia se desternillaron de risa ante la situación y siguieron caminando hacia la biblioteca. Las cuatro juntas atravesaron los pasillos de la biblioteca burlándose de la pobre Angelina lo más bajo que podían. La aludida les respondía con una serie de gestos e improperios bastante malsonantes aún sin necesidad de palabras.
Las chicas se encontraron a Fred Weasley, inexplicablemente separado de su gemelo, sentado junto a Oliver Wood en una de las mesas de la biblioteca. Enseguida el pelirrojo les hizo señas y, después de que Angelina y Alicia mirasen a Katie como pidiendo aprobación y esta asintiese, se sentaron con ellos.
Katie cruzó la mirada con Oliver durante unos pocos segundos bastante incómodos y el capitán enseguida volvió la mirada hacia su libro. Como de costumbre, tenía un montón de ilustraciones en movimiento de jugadores subidos a escobas: cómo no, estaba leyendo sobre quidditch.
El silencio era algo normal en la biblioteca, pero Katie se sentía como si fuese atronador, antinatural, mucho más con uno de los gemelos Weasley delante. Aún así, trató de seguir su ritmo de trabajo, algo mucho más fácil teniendo a Leanne sentada al otro lado de la mesa sin parlotear sin parar todo el tiempo.
Pero su tranquilidad duró poco, enseguida empezó a escuchar cuchicheos, como no, en la zona de su querida amiga Leanne. Hizo oídos sordos hasta que al final empezó a escuchar que le chistaban.
—¡Eh! ¡Katie! —escuchó decir a Leanne.
Ella se giró bruscamente —¡Qué! —les dijo levemente irritada y lo más bajo que pudo.
Leanne y Alicia empezaron a hacer gestos raros con las cejas y al final ella miró hacia la entrada de la biblioteca. Allí encontró a Cedric apoyado contra la puerta y hablando con uno de sus compañeros de Hufflepuff. En cuanto se dio cuenta de que lo estaba mirando la saludó con la mano y ella hizo lo mismo.
Se volvió hacia sus amigas y fue consciente de que todos en la mesa se habían dado cuenta de lo que pasaba. Aún así, entornó los ojos con picardía —Ahora mismo vuelvo —susurró antes de levantarse de su silla.
Las cinco personas de la mesa siguieron con curiosidad los movimientos de Katie, que en pocos segundos salió de la biblioteca de la mano de su novio. Fred Weasley soltó una risita y Wood siguió pasando las páginas de su libro de quidditch. Las chicas se miraron entre ellas hasta que Leanne se encogió de hombros y siguieron trabajando, enviando de vez en cuando miradas furtivas a la entrada por si Katie volvía.
No pudieron evitar mirar de vez en cuando a Oliver, que seguía sin levantar la mirada del libro que tenía entre las manos. Resultaba extraño, ya que apenas pestañeaba; además se notaba que estaba en tensión porque los nudillos de las manos se le estaban poniendo blancos.
En ese momento pudieron ver que Katie volvía a entrar en la biblioteca, visiblemente más acalorada y con el pelo despeinado. Se sentó con un suspiro y volvió a coger el bolígrafo entre las manos como si nada hubiese pasado. Las chicas se miraron entre ellas. No pensaban decir nada, aunque no fue necesario ya que Fred Weasley carraspeó haciendo que todos levantasen la mirada.
Katie se encontró con la mirada penetrante de Fred y, para su sorpresa, la de Oliver. Se sintió de repente muy pequeñita e indefensa, pero su madre le había enseñado a no arredrarse ante situaciones como esa.
—¿Qué pasa? —preguntó intentando no sonar demasiado hostil.
—¿Qué tal está Diggory? —preguntó Fred Weasley en tono pícaro.
—¿Qué…? —musitó ella confundida.
—Vengaaa… ¿Crees que somos tontos? —siguió diciendo el pelirrojo en el mismo tono que antes y alzando las cejas dos veces después.
Katie abrió la boca para hablar pero no fue capaz de decir nada. Miró a Oliver que había decidido que lo que estaba ocurriendo era más importante que su estúpido libro de tácticas.
—Yo no… —la chica miró a sus amigas, que parecían incluso más sorprendidas que ella —. No estábamos haciendo nada, yo…
—¡Por favor! ¡Tienes el carmín corrido! —sentenció Fred en una risotada, recibiendo después un codazo de Angelina.
Katie se llevó instintivamente la mano a los labios y miró a Leanne al otro lado de la mesa. Ese fue el momento que Oliver escogió para cerrar el libro con fuerza y bruscamente contra la mesa y levantarse y marcharse de la biblioteca hecho una furia.
Aquello bastó para que Katie ocultase su dolor y confusión por un momento, ya que estas emociones se vieron suprimidas por un súbito y repentino ataque de ira. Bufó por el enfado y ella también recogió sus libros y salió corriendo detrás de Oliver.
Lo alcanzó mientras entraba en uno de los cuartos de baño del tercer piso, y no dudó ni un solo segundo en entrar detrás de él y cerrar la puerta con un sonoro portazo. Wood, que estaba frente al lavabo, se quedó alucinado.
—¡Katie! ¿Qué estás haciendo? —protestó el chico.
—No, la pregunta es ¿qué estás haciendo tú? —contraatacó Katie con fuerza.
En ese momento Fred Weasley entró por la puerta del aseo, a sabiendas de que ellos estarían dentro.
—¿Qué estáis haciendo aquí? —preguntó el pelirrojo dejando su mochila sobre los lavabos.
—¡Oh! Genial, perfecto, justo las dos personas a las que más me apetece gritar en este momento —dijo Katie sonriendo y mirando a Wood—. Sé que al parecer he hecho algo verdaderamente ofensivo contra ti, pero ¿realmente hace falta llevarlo hasta ese extremo? —Entonces se giró hacia Fred —. Y tú… ¡Si sigues con las risitas vas a terminar con un ojo morado!
Los chicos miraban a Katie, cuya voz temblaba por el enfado. Volvió a centrar su atención en Oliver y colocó los brazos en jarras.
—¿Cuál es el gran problema? ¿Crees que realmente me merezco esta vendetta? ¡Sólo estoy saliendo con un chico! —explicó la chica exasperada.
—¡Con UN chico! —respondió Wood sin poder contenerse —. ¡Estás saliendo con el capitán del equipo de Hufflepuff, Katie! ¡No es cualquier chico!
—¡Es sólo un chico! ¡Cedric Diggory! ¿Ese es el problema? ¿Que también juega al quidditch? —Katie sentía que las palabras le salían solas.
—El problema es que te está utilizando, ¿no te das cuenta? —contestó Oliver ante un atónito Fred Weasley que no parecía capaz de decir nada.
—¿Utilizándome? ¿Y tú qué sabes? ¿Qué sabes de…?
—¡Está intentando que Hufflepuff gane la copa, Katie! ¡Busca nuestras tácticas!
Katie rió con sorna —Te aseguro que tenemos cosas más importantes que hacer que hablar de tácticas de quidditch, Oliver —le dijo poniendo los brazos en jarras.
—¡Aunque así sea! —respondió el capitán —. Los novios son una pérdida de tiempo, bajan el rendimiento. ¡Estás jugando fatal últimamente!
La chica se quedó en silencio unos instantes. Miró a Fred y después volvió a mirar a Oliver —Eso no es justo —dijo en un tono que denotaba que eso le había dolido —. Sabes que no es verdad.
—¡Pues a mi no me lo parece! ¡Sigues habiéndonos traicionado! —Wood cogió su bolsa con sus cosas y salió del cuarto de baño.
Katie se quedó observando a la puerta con Fred Weasley, que estaba de pronto a su lado. Ella le miró y vio que no se sentía bien con toda aquella situación.
—No es verdad, él sabe que lo sigo dando todo en los entrenamientos, no he faltado ni una sola vez y he marcado muchísimos goles —y miró a Fred con gesto triste —. No es justo que me diga eso—dijo en un susurro.
—Katie…
—¿Realmente le he hecho algo tan terrible, Fred? ¿Es tan horrible estar con el chico que me gusta y al que le gusto? ¿Que me trata como si fuese especial para él? —explicó la chica totalmente entera.
El chico se acercó un poco sin dejar de sostenerle la mirada —Es… ¿Te gusta realmente? ¿Te trata bien?
Katie le respondió con una sonrisa triste —Me trata muy bien. Me hace sentir muy especial —y le retiró la mirada para observar a través de la ventana.
Fred se colocó detrás y le acarició un hombro. Como la conocía muy bien sabía que estaba sufriendo más de lo que aparentaba, así que la movió hasta estrecharla entre sus brazos. Katie se acurrucó y agradeció el cálido gesto del pelirrojo. Ni siquiera se había dado cuenta de cuánto había necesitado algo así.
—Lo siento Katie… Sé que mi hermano y yo nos hemos pasado un poco con las bromitas y que has estado muy agobiada, pero… es que es la única forma en que hemos podido reaccionar. No tenemos ningún derecho sobre ti así que…
—¿Hacéis bromitas? —respondió la chica separándose.
—Exactamente —Fred sonrió e hizo el gesto de pellizcarle la mejilla, a lo que Katie respondió con un leve empujón —. ¿Podrás perdonarnos? Te prometo que intentaremos controlarnos a partir de ahora.
—Por supuesto —rió ella —. Pero para otra vez avisadme si os da otro arrebato de estos, ¿vale? —dijo encontrándose con la sonrisa de Fred. Katie negó con la cabeza —Pero Wood… Él realmente cree que estoy jugando fatal y que… Cedric está conmigo por el quidditch —la chica se pasó las manos por la cara en un gesto para intentar tranquilizarse —. ¿De verdad estoy jugando tan mal?
—Pues claro que no… No le hagas caso a Oliver, es que está acostumbrado a tenernos a todos sólo para él.
Katie rió con sorna —Está realmente obsesionado y lo está pagando con todo el equipo. Como no bajé el pistón tendrá un motín entre manos —siguió diciendo, saliendo del cuarto de baño.
Fred Weasley la cogió por la cintura y le guiñó el ojo —Déjanos a Wood a nosotros… Tú sólo céntrate en la campanilla de Diggory.
—¡Eh! ¡Habías dicho que ibas a controlarte! —protestó Katie separándose.
—Bueno… ¡Es que esa era demasiado tentadora como para dejarla pasar! —respondió el pelirrojo, volviendo a agarrarla y arrastrándola por el pasillo —. Y yo soy una persona increíblemente creativa… Ya se me ha ocurrido otra para decirte que me he aguantado. ¡Oh! ¡Otra! ¡Y otra más! ¡Estoy en racha!
