Hola, hola! Aquí está el capítulo de hoy... un poco de más drama :)
muchas gracias por sus comentarios, me hacen muy feliz!
Capítulo 18
Lakewood cae en penumbras después de un rato. Nadie escucha las suaves pisadas que cruzan los pasillos de la mansión desde la veranda hasta las enormes escalinatas principales que conducen a la primera planta. Alejándose de las pocas luces que permanecen encendidas por los pasillos, un hombre sube lentamente y en silencio por las escaleras. Sabe perfectamente a donde ir, conoce esa casa desde su infancia y sabe dónde debe estar él. Ha permanecido cerca de la mansión, en su propia casa de campo la cual su padre ha decidido poner en venta, pero parece que nadie tiene dinero para comprarla. Está cerrada, sin criados y llenándose de polvo día a día. Eso le enfurece más y diariamente sale a los bosques para observar y encontrar el momento propicio para terminar con todo el sufrimiento qua ha vivido desde que el "tío abuelo William" apareció y los desterró de manera tan deshonrosa.
Ese día fue el que esperaba. Ni la presencia del actorzucho de quinta podría evitar que matara a William. George está fuera igual que Candy y los gemelos que siempre acompañan al patriarca. Seguramente William estará solo.
Termina de subir la escalera con sumo cuidado y una gran sonrisa en el rostro. Toca la pistola con su mano solo para asegurarse que la trae, pero ha considerado no usarla. La mansión es grande y si alguien escucha el disparo le podrían alcanzar o identificar ya que su carrera de huida hacia el bosque sería más larga. «Es un inválido, ¿Qué problema me pude dar para matarlo? Puedo ahogarlo con una almohada o hasta arrojarlo por el balcón» piensa el hombre mientras llega a la puerta de la habitación principal. Acerca el oído a la puerta y espera un rato. No escucha nada. «Perfecto. Está solo» piensa el hombre abriendo la puerta lentamente para no hacer ruido.
Observa desde el dintel la habitación. Tal como la recuerda, un pequeño espacio libre a la entrada, a la izquierda la puerta al baño y el vestidor. A su derecha una sala con chimenea. Al fondo un enorme balcón y al lado de este la enorme cama con dosel y ahí un bulto cubierto de sabanas. «Es él» pensó con una sonrisa de triunfo. Comenzando a debatir como matarlo se acerca a la cama. La rodea hasta para acercarse lo más posible al hombre dormido. Ha decidido usar la almohada, lo más fácil considerando que el hombre no pondrá ninguna resistencia. Cuando se acerca descubre a la anciana dormida en el sillón. «!Maldita sea!» exclama en su mente furioso con la presencia de la mujer. «Creo que también tendré que matarla» piensa alejándose un poco de ella meditando la mejor manera para hacerlo. Camina un poco más pensando la mejor forma, tanto que no se da cuenta que ya no cuida el ruido que hace al caminar. La señora Smith muy atenta al menor ruido se despierta rápidamente mirando al rubio en la misma posición, respirando acompasadamente. Luego mira alrededor buscando la razón del ruido que la despertó y se encuentra con la figura oscura de un hombre escondido en la penumbra de la habitación.
- ¡Por Dios! – exclama asustada, se levanta de la silla acercándose a la figura. No reconoce a la persona así que regresa protectoramente a la orilla de la cama de Albert. –¿Quién es usted? – alcanza a preguntar antes de recibir un fuerte golpe en la mejilla. La anciana exclama de dolor dejándose caer en el sillón.
El hombre la agarra por los hombros haciéndola levantarse y caminar hacia la sala. Albert despierta y se mueve tratando de incorporase para saber que sucede. Desde la cama observa como un hombre arroja a la señora Smith contra la mesa de centro de la sala. La señora cae en la mesa y rueda al suelo. El rubio grita desde la cama haciendo notar al intruso que está despierto.
- Anda, vamos tío – le dice el hombre con furia en la voz – levántate e impide que siga matando a esta mujer.
El hombre gira hacia la mujer en el suelo y le tira una patada en las piernas.
- ¿No puedes? – se gira de nuevo hacia el rubio quien ya se ha quitado las sabanas de encima solo para percatarse que en realidad no puede levantarse ni ayudar a la mujer. También se da cuenta que no hay nadie en la casa, todos están en la ciudad. Solo… está solo nuevamente. El resto de los empleados deben estar dormidos en la parte trasera de la casa, bastante lejos para que escuchen lo que está pasando. – está bien, tío – le dice el hombre acercándose poco a poco a la cama – yo me acercaré a ti…
En su camino a la cama toma uno de los almohadones de adorno de la sala. Albert se da cuenta de lo que pretende y se prepara para recibirlo. «No puedo correr, pero no moriré sin luchar» piensa el rubio esperando que llegue a su lado. El hombre se dirige con la almohada entre las manos, Albert espera a que esté lo suficientemente cerca y le toma por los brazos comenzando a luchar. El intruso se sorprende ante la fuerza del rubio. Sus manos le han agarrado sus brazos impidiendo ahogarle como tenía pensado. Forcejea durante varios minutos con valentía y fuerza hasta que el hombre da unos pasos atrás girando sus brazos fuera del alcance del rubio. Pero Albert le tenía fuertemente agarrado de los brazos y cuando el atacante se aleja con el brusco movimiento él no suelta a tiempo y sale despedido de la cama. Cae al suelo junto al sillón donde dormitaba hace unos momentos la señora Smith.
- Creo que esto será más divertido de lo que pensé – exclama el hombre parándose muy cerca del rubio, disfrutando verlo desde esa distancia, él parado, omnipotente y el rubio tirado en el suelo
Albert logra conservar su miedo muy escondido en su cuerpo, no permitirá por ningún motivo que su sobrino se dé cuenta de su temor. El hombre frente a él le patea debajo del estómago. Ve venir el golpe y se prepara, pero el dolor que siente es mínimo. Le ha pegado debajo de su lesión, poco siente en esa zona. Espera otro golpe que no tarda en llegar está vez en el pecho. Grita de dolor mientras una sonrisa aparece en el rostro del hombre.
La señora Smith reacciona ante el grito de William, se toma de la mesa y con toda la energía que le queda se lanza hacia el intruso, quien no tiene problemas en volverla a arrojar contra los sillones. La anciana cae al suelo inconsciente. Pero el hombre decide asegurar que no vuelva a interrumpir y se acerca al cuerpo de la mujer listo para lanzar un par de patadas al pecho
- ¡Déjala Neil! – grita Albert desde el otro lado de la habitación intentando sentarse en el sillón
- Mira nada más – exclama Neil con su sonrisa sarcástica observando al rubio – ¿quieres que te ayude, tío? – pregunta inclinándose cerca de Albert para burlase de él, pero es justo en ese momento que una fuerte patada en el estómago le tumba por completo.
- Él no necesita ayuda – exclama Terry tomando a Neil por los hombros para levantarlo y propinarle un puñetazo en la cara. Neil vuelve a caer al suelo, Terry le patea en el estómago un par de veces, luego espera unos segundos y cuando ve que el hombre todavía gime, lo vuelve a levantar y le vuelve a golpear con los puños en la cara. Neil cae inconsciente. Terry se acerca a Albert y le ayuda a sentarse en el sillón. – ¿Estás bien? – le pregunta a su amigo
- Estoy bien, Terry. Gracias. Ayuda a la señora Smith por favor
Terry observa a la anciana a quien no había visto. Se acerca rápidamente a ella y la levanta colocándola en el sillón de la sala, descubriendo que solo está inconsciente.
- Tráela a la cama – le pide Albert sumamente preocupado por ella. Terry hace lo que le pide, carga a la señora y la deposita en la cama del rubio.
- Son solo golpes – menciona Terry tratando de calmar a su amigo
- En el baño hay toallas, trae unas para limpiar su rostro
- Necesitamos ayuda – comenta Terry mirando hacia Neil – este hombre no tardará en despertar y aunque deseo darle otra buena golpiza será mejor que lo atemos y encerremos en algún lado.
El moreno sale de la habitación en busca de los demás empleados de la casa. Albert se queda en el sillón recuperando el aliento del fuerte golpe que recibió en el pecho. Mira a la señora Smith viendo los fuertes golpes que tiene en la cara y un pequeño hilo de sangre que sale de una ceja. Quisiera levantarse para atenderla pero está atrapado en ese maldito sillón. Un ruido le hace mirar hacia donde Neil se encuentra. Está despertando. Albert está a punto de gritarle a Terry para que regrese, pero su orgullo se lo impide. Desearía poder golpear a su sobrino aunque fuera una sola vez. Desea que se pare y se acerque, que le dé la posibilidad de golpearlo. Parece que Neil lee sus pensamientos porque se levanta pesadamente descubriendo que nuevamente están solos. Mira a su tío en el sillón con las piernas cayendo sin fuerza de una extraña manera. Sonríe burlonamente y se acerca al rubio.
- ¿Acaso tú solo no puedes contra mí? – le dice con saña
Albert no lo duda un momento se abalanza sobre él colgándose a su cuello. Neil retrocede pero el cuerpo de su tío sobre él le hace cae al suelo. Aprovechando que está encima de Neil, Albert le golpea un par de veces en la cara, el joven intenta escapar pero el cuerpo inerte del patriarca le dificulta levantarse. Albert vuelve a golpearlo y con la otra mano agarra el pantalón del chico para detenerlo. Siente la pistola y en un rápido movimiento instintivo le saca el arma. Neil siente menos presión por parte de su tío, se mueve rápidamente logrando escapar dejando a Albert en el suelo a la mitad de la habitación.
Terry no tarda en regresar acompañado del mayordomo y algunos otros empleados y sus familias. – ¡ha escapado! – grita Terry al percatarse que Neil no está en la habitación. Sale corriendo intentando alcanzarlo. Dos hombres van con él. El resto de los empleados se acercan al rubio, Albert les pide a las mujeres que atiendan a la señora Smith mientras los demás hombres le levantan del suelo y le sientan en uno de los sillones de la sala. El mayordomo se da cuenta del arma que tiene su patrón en la mano y le mira sorprendido.
- Trae la caja de madera de mi escritorio – le dice y cuando tiene la caja guarda el arma y manda esconder la caja en el fondo de su vestidor.
Uno de los jóvenes prende las luces de la habitación, otro prende algunas en la casa. Un par de señores recorre la casa pensando en la posibilidad de que Neil este escondido. Terry se une a ellos. Las señoras se llevan a la anciana a otra habitación y le curan las heridas. Ninguna de gravedad. En un par de horas Albert ya está en su cama, con sábanas y pijama limpias. La señora Smith ha reaccionado y solo está muy adolorida. Terry está pegado a la ventana buscando entre las sombras, furioso de haber dejado escapar a Neil.
- Ese maldito – comenta entre dientes
- Tranquilízate Terry – le dice Albert desde la cama
- Volverá – responde el actor sentándose en el sillón al lado de la cama – lo sabes ¿verdad?
- Él fue quien me disparó – dice el rubio asombrándose de la tranquilidad con que lo dice
- ¡Tenemos que hacer algo! – exclama levantándose furioso. Sorprendido de lo que le ha dicho su amigo. Le interroga sobre lo sucedido la vez anterior y escucha lo que George y él están esperando que haga con los papeles – ¿vas a esperar a que legalmente haga algo? ¡mientras puede intentar volver a matarte! ¡Denúncialo!
- A pesar de todo es mi sobrino…
- ¡Albert, no seas absurdo! – le grita furioso a su amigo al no entender que tenga tantas consideraciones con ese horrible hombre
- Algo haré, te lo aseguro amigo. Por lo pronto agradezco que Candy no estuviera aquí
- ¿Pasará la noche en Chicago? – pregunta con preocupación en su voz
- Se fue con George y él sabe que los caminos no son buenos para transitarlos por la noche. Seguramente están en la mansión de la ciudad. Mañana temprano estarán de regreso.
- Tendrá que saberlo…
- No tiene que saber que fue Neil.
