Hola de nuevo! Sé que llego tardísimo! Siento haber tardado tanto, pero varias cosas se han entrometido. Una de ellas la búsqueda de trabajo, y la otra los 39 grados que he tenido durante casi toda esta semana... El resfriado me ataca implacablemente :( siento haberos hecho esperar!
El capítulo no es muy largo y es bastante transitorio pero creo que es bastante importante... espero que os guste! Va dedicado a waanderer, por habermelo beteado, que después de haberlo escrito con fiebre no me fiaba mucho de lo que habría salido xD. En fin, aquí os lo dejo!
Disclaimer: Todo es mío. Ahora tengo que irme, hay un señor aquí al lado esperándome con una camisa blanca y una jeringuilla… No sé por qué. (ajajááááá, ¿a que echabais de menos mis disclaimers fuera de lo común? =P)
CAPÍTULO 11
Las conversaciones siempre son peligrosas si se quiere esconder alguna cosa. Agatha Christie
Katie dejó a Leanne acurrucada entre las sábanas de su cómoda cama en la torre de Gryffindor mientras bajaba las escaleras hacia el Gran Comedor. No la culpaba, la verdad era que 'dormir' (en realidad alternar mirar al techo y cerrar los ojos para intentar conciliar el sueño) en un saco de dormir colocado sobre el suelo no era lo más cómodo, así que la gran mayoría de alumnos estaban disfrutando de una merecida mañana de sueño de domingo.
Lo único de lo que la gente parecía estar hablando por los pasillos era de Sirius Black. No era para menos, lo ocurrido había sido un hecho totalmente inaudito, un preso de Azkaban colándose en la fortaleza más segura de Inglaterra. Incluso ella se había asustado. Sin embargo, durante la noche había tenido algunas más cosas en que pensar, por ejemplo el abrazo de oso que le había dado Oliver cuando se habían encontrado. No es que quisiera darle demasiadas vueltas al asunto, pero había pasado de no hablarle a estrecharla entre sus brazos como… como si no quisiera volver a dejar que se fuera, y eso le hacía recordar ciertas sensaciones y sentimientos que estaba esforzándose por reprimir. Definitivamente no era bueno seguir haciéndolo, pero era lo más fácil así que suspiró y siguió adelante.
Entró en el Gran Comedor, de donde había salido hacía no demasiado tiempo, y enseguida vio a Cedric saludarla con la mano. Ella le sonrió y caminó hacia él sin mayor demora. Cuando llegó a la mesa, le dio un rápido beso y se sentó frente a él.
—¿Qué tal has dormido? —le preguntó el chico.
Katie bufó —Bueno, si quieres llamar a eso dormir… Supongo que bastante bien —Cedric le respondió con una sonrisa —. ¿Y tú? ¿Conseguiste pegar ojo?
—Habría estado más tranquilo si te hubiesen dejado dormir cerca de mí.
—Y en el mismo saco, ¿verdad? —bromeó Katie.
—Eh, yo no me habría quejado… —respondió el chico en el mismo tono que Katie.
Ella respondió con una mueca —Anda, vamos a tomarnos el desayuno, ¿quieres?
El desayuno, que según su madre era la comida más importante del día, era también la favorita de Katie. Sobre todo desde que en Hogwarts habían empezado a traer su marca preferida de cereales. Disfrutando de la comida y de la compañía, el tiempo se le pasó rapidísimo.
Antes de darse cuenta, estaba dando un paseo por los alrededores del colegio, cubiertos de nieve.
Katie bufó —Odio la nieve… —murmuró más para sí misma que para Cedric.
—¿Y eso por qué? —le preguntó él.
—¿Que por qué? —respondió Katie colocándose bien la bufanda —. Te diré por qué. Además de por las razones obvias, la nieve está fría, moja y me caigo todo el rato — la chica se resbaló en ese instante, como si fuese un capricho del destino comprobar su teoría. Gracias a Merlín, Cedric la sujetó antes de que pudiera caerse —. ¿Lo ves?
Su novio rió y aprovechó para agarrarla de la mano. Siguieron caminando en silencio hasta que llegaron a unos bancos en el jardín que se habían librado de la nieve por los árboles que había sobre ellos.
Los dos se sentaron allí y se quedaron mirando hacia la nada, para sorpresa de Katie. La chica supuso que había algo que Cedric quería decirle, y no se equivocaba.
—Katie… ¿Qué hay entre Wood y tú?
La chica casi se quedó sin aliento al escuchar la pregunta. ¡Así que era eso!
—¿Qué…? —balbuceó antes de echarse a reír —. ¿Entre Oliver y yo? ¡Nada!
—¿En serio? Porque anoche, cuando te abrazó me pareció que…
Katie soltó otra risotada —No es nada de lo que piensas. Seguramente Wood me abrazó así porque no tenía que encontrar una cazadora sustituta para el partido del sábado —explicó. Era una pena la verdad que había en esas palabras para ella —. No tienes nada de qué preocuparte Cedric, en serio.
—No es que no te crea, porque confío en ti, pero la forma en la que te miraba…
—Te aseguro que es imposible —le cortó Katie —. Oliver tan solo se fija en el quidditch, y en nada más —la chica volvió a reír —. Se ve que no le conoces, de verdad.
Cedric pareció tranquilizarse y le dio un apretón en la mano. Ella correspondió al gesto, pero se dijo que tenía que ser del todo sincera con él.
—Verás… No voy a mentirte —comenzó a decir —. Yo he sentido algo por él durante mucho tiempo.
El semblante de Cedric se ensombreció ligeramente —¿Algo fuerte?
—Bastante, sí —respondió Katie con sinceridad.
—¿Y cuánto es mucho tiempo?
Katie sonrió apenada —Pues algo así como cinco años.
—Eso es mucho tiempo… —contestó Cedric.
—Lo sé —dijo la chica pensando que quizá estaba echando a perder su relación —. Soy una patética perdedora.
Cedric apretó aún más fuerte la mano que sostenía entre las suyas —No eres una patética perdedora —respondió Cedric comprensivamente —. ¿Has…? ¿Te has olvidado de él?
—Am… —aquí Katie tenía la opción de mentir y seguramente salvar la situación o ser sincera y quizá cargársela del todo, pero decidió decir la verdad —. Supongo que me llevará un tiempo olvidarle por completo, pero lo estoy intentando.
Los dos se sumieron en el silencio por unos instantes.
Ella lo miró a los ojos —Lo siento, debería haberte contado todo esto cuando empezamos a salir, soy una persona horrible —le dijo mientras se tapaba la cara con ambas manos por la desesperación.
—No seas tonta, no tienes por qué disculparte —le dijo Cedric retirándole las manos de la cara —. Agradezco que seas tan sincera conmigo.
—Cedric, yo ahora estoy contigo, de veras te digo que no tienes nada por lo que preocuparte —le dijo la chica agitadamente.
—No me preocupo, en serio —le cortó Cedric enseguida —. Verás Katie, me gustas muchísimo y estar contigo es… Increíble. Nada de esto importa siempre y cuando quieras seguir adelante conmigo.
—Claro que quiero —respondió ella con una media sonrisa.
—Pues entonces eso es todo lo que me importa —le dijo él acariciándole la cara antes de darle un suave beso en los labios.
—Gracias —dijo Katie cuando el beso se rompió —. Creo que eres demasiado bueno para ser real —le dijo con una sonrisa.
—Me lo dicen mucho —le respondió Cedric bromeando, haciendo que Katie le diese un ligero golpe en el hombro —. Anda, volvamos dentro, hace mucho frío.
Katie asintió y se dejó llevar por Cedric hasta el colegio, sin poder dejar de pensar que había algo que iba terriblemente mal.
Cuando entró en su dormitorio de la torre de Gryffindor, Leanne ya estaba despierta, leyendo una de sus revistas en la cama y mascando chicle.
—¡Eh, Katie! Empezaba a pensar que no ibas a venir —le dijo su amiga sin siquiera quitar la vista de las páginas de la revista.
Katie se paró en seco —¿Me estabas esperando? ¿Para qué? —preguntó extrañada.
—¡Cómo que para qué! Para que me dejes tus apuntes de Herbología, ¿cómo quieres que haga los deberes de Sprout si no? —respondió Leanne bajando por fin la revista.
—Claro, porque haber tomado apuntes por una vez era un trabajo excesivo para ti —le dijo ella sacando su mochila de debajo de la cama. Vio que estaba abierta y con las cosas revueltas —. ¿Qué ha pasado aquí?
—Bueno, es que tú no venías así que los busqué por mi cuenta —respondió su amiga casualmente.
Katie dejó la mochila sobre la cama —¿Y no podías dejarlo todo en su sitio?
—Estaba ocupada —le contestó Leanne arqueando las cejas.
Katie se sentó en la cama frente a su amiga —¿Con qué?
—Pues… Cosas —dijo Leanne encogiéndose de hombros.
La cazadora negó con la cabeza y puso los ojos en blanco —Estaban en la carpeta, por cierto. ¿No se te ha ocurrido buscar ahí?
—Obviamente —le respondió Leanne saliendo de la cama y sentándose frente a ella.
Las dos amigas rieron, pero la risa de Katie se apagó enseguida. Leanne, que era muy perceptiva, se dio cuenta enseguida.
—Eh Kates, estás un poco rara. ¿Todo va bien?
—¡Sí! Sí —Katie suspiró —. He hablado con Cedric —admitió al final.
—¡Oh! —dijo Leanne desinteresadamente —. ¿Sobre?
—Oliver —confesó Katie.
Leanne se atragantó con el chicle en ese mismo instante. Empezó a toser con fuerza mientras Katie le daba golpes en la espalda para intentar que no se ahogara. Al final consiguió expulsar el chicle hacia fuera.
Sin aliento, Leanne continuó su interrogatorio —¿Qué? ¿Sobre Oliver? ¿Cómo se te ocurre?
—¡No es como si fuese mi tema de conversación favorito, Leanne! Pero nos vio abrazarnos ayer anoche y me ha preguntado, eso ha sido todo —respondió ella a la defensiva y volviendo a sentarse donde estaba antes.
—¿Y tú qué le has dicho? —siguió Leanne.
—Pues ¡qué quieres que le diga! ¡Le he dicho que he sentido algo por Oliver desde hacía mucho!
—¡Katie! —la reprendió Leanne poniéndose de pie —. ¿Cómo has podido decirle eso?
—¿Y qué se suponía que tenía que hacer? ¿Mentir?
—¡Sí! —le contestó Leanne echándole la bronca.
—¿Ah, sí? ¡Que yo sepa la mentira no es un buen elemento constitutivo para las relaciones!
—Oh, Katie, Katie, Katie… —dijo Leanne con desesperación sentándose en la cama de nuevo —. Tienes mucho que aprender sobre las relaciones.
—¡Pues que sepas que a él le ha parecido bien que se lo dijera! ¡Me ha dado las gracias por ser tan sincera y me ha besado! —contestó la chica ofendida.
Leanne la miró con los ojos como platos —¿Quieres decir que no te ha dejado?
—¡No! —protestó Katie.
—Oh… ¡Oh! —respondió Leanne sorprendida —. Vaya… Vosotros sois algo así como… ¡Maduros!
—¡A-há! —le contestó Katie sentándose encima de la cama con la espalda apoyada en el cabecero. Colocó las manos alrededor de sus rodillas flexionadas y luego enterró la cabeza en su propio regazo.
Escuchó a su amiga suspirar con fuerza así que Leanne se cambió de cama y se sentó a su lado.
—¿Qué pasa? Hay algo más —le preguntó rodeándola con su brazo derecho.
Katie la miró —Me conoces demasiado bien para mi gusto, ¿sabes?
Su amiga respondió con un mohín —Anda… ¿Qué pasa?
—Verás… Le dije a Cedric que intento pasar página y olvidarme de Oliver, y él está de acuerdo en acompañarme en ese camino, ¿sabes? Es un chico estupendo y le adoro —la chica se quedó callada.
—¿Pero…? —la hizo continuar Leanne.
—Pero… —Katie detuvo la frase por un momento —. Leanne, lo que Oliver me hizo sentir cuando me tomó entre sus brazos, cuando me abrazó tan fuerte que casi creía que no iba a poder soltarme jamás… —se detuvo para volver a suspirar —. No he sentido eso con Cedric ni en nuestro beso más apasionado. Y eso es un hecho.
Leanne la miró y soltó una bocanada de aire —Eso no es bueno.
—Supongo que no —respondió Katie —. No es justo para Cedric, él es estupendo pero… No hay 'chispa', ¿sabes? No hay fuegos artificiales.
—Cielo, eso de la chispa es algo que ocurre muy remotamente —explicó Leanne —. No debes pensar que eso tiene que ocurrirte con cada chico con el que estás… Definitivamente a mi no me ha pasado con todos.
—Lo sé —respondió la chica —. Pero Oliver lo consigue sólo con un abrazo. Es tremendamente desconcertante.
Leanne colocó la cabeza de Katie en el hueco de su hombro y acarició su brazo —Ya lo sé… Pero tienes que centrarte en seguir adelante, Kate. Y tienes a un chico como Diggory para acompañarte en el camino, yo creo que no es una perspectiva demasiado mala.
—Es cierto —Katie sonrió —. No puedo quejarme demasiado.
—Claro que no. Con el tiempo conseguirás olvidarte de Oliver, estoy segura —le dijo acurrucándose junto a ella. Se olvidó de incluir en la frase 'me aseguraré de ello', pero pensó que sería más prudente guardarse esa parte para ella sola.
Katie volvía de uno de los entrenamientos más duros que había tenido jamás. Oliver los estrujaba sin piedad alguna, y cada vez más, según se iba acercando la fecha de su primer partido contra Slytherin. Cuando entró en la Sala Común con Angelina y Alicia se encontró con Leanne sentada en el sofá que había junto a la chimenea. Tenía la misma mirada perdida de los últimos días. Estaba muy rara, pero sólo le decía que se encontraba un poco mal aunque se negaba a ir a la enfermería.
—¡Eh, Leanne! ¿Has visto la última entrevista a la Jenny Brooks? —preguntó Alicia a sabiendas de que la chica era una ávida seguidora de Las Brujas de MacBeth.
—Claro —respondió ésta todavía algo cabizbaja —. Ya era hora de que admitiese que estaba con Jeremy.
Katie no sabía de qué banda sería cantante o batería, o bajista este último personaje mencionado, le interesaba más el estado de ánimo de su amiga.
—Leanne, ¿te encuentras bien? Estás muy callada. No te has puesto a gritar como una posesa cuando te ha llegado Corazón de Bruja esta mañana —le dijo sentándose en el butacón que había frente a ella —. ¿Estás enferma? ¿Seguro que no quieres ir a la enfermería?
—Estoy bien, de verdad, sólo me duele un poco la cabeza —mintió Leanne —. ¿Qué tal os ha ido en el entrenamiento?
—¡Oh! Ha sido muy divertido. ¿Sabes como la señora Hooch va a supervisar nuestros entrenamientos? —empezó a explicar Angelina. Cuando vio que Leanne asentía continuó su historia —. Pues digamos que Fred y George se las han arreglado para que todos le veamos las bragas… No hagas preguntas —le dijo entre risotadas.
—Además Wood no ha parado de hacerle bromitas a Katie, parece que todo vuelve a la normalidad por lo menos —añadió Alicia dejando su mochila en el suelo.
—¿Oliver bromeaba contigo, Kate? —preguntó Leanne a su amiga —. ¿Se ha roto la ley del hielo?
—Parece que sí —respondió Katie —. Es raro. No es que me queje, pero no me lo esperaba de Oliver, francamente.
—Es verdad, esperábamos que no volviese a hablarte hasta que rompieses con Diggory o algo así —admitió Angelina.
—Sí… —dijo Leanne volviendo a sumirse en su nube de pensamientos, con la mandíbula totalmente rígida por la tensión.
—Leanne, en serio, ¿te pasa algo? —insistió Katie que no estaba acostumbrada a ver a su amiga tan seria.
—No, no —Leanne se levantó de donde estaba —. Me voy a la biblioteca, tengo que hacer el trabajo de Sprout.
Y se marchó rápidamente, dejando a las tres cazadoras con un palmo de narices.
—Pues sí que tiene que estar enferma… —dijo Katie extrañada.
Leanne no estaba para nada enferma, estaba furiosa, muy furiosa. Tanto que caminaba por los pasillos de Hogwarts sin darse cuenta de con quién se cruzaba. Clavaba los pies en el suelo con tanta fuerza que podría haber quebrado azulejos si hubiese estado en el baño. Pero su mente estaba fija en una sola persona. Y sabía exactamente dónde podía encontrarla. Se hizo camino hasta entrar en los vestuarios de quidditch de Gryffindor y entró en el despacho de Oliver Wood sin siquiera molestarse en llamar. Se quedó mirándolo fijamente, sentado con una pluma en la mano, con los brazos en jarras.
—¡Leanne! —exclamó Wood sorprendido —. ¿Qué estás haciendo?
—No, creo que la pregunta es: ¿Qué demonios estás haciendo tú? —preguntó iracunda.
Oliver, que nunca había visto así a Leanne, tragó saliva antes de responder —¿A qué te refieres?
—Sabes muy bien a qué me refiero, no te hagas el tonto conmigo. ¿Qué es lo que estás tratando de conseguir de Katie? —le preguntó acercándose al pupitre.
El capitán se levantó de su silla y la miró alucinado —Leanne, ¿qué…?
—¿Primero la abrazas y luego 'bromeas' con ella? ¿Crees que no me doy cuenta de lo que pretendes? —el ataque de Leanne, implacable, estaba dejando a Oliver totalmente indefenso.
—¿Pero qué estás diciendo? ¡Yo no pretendo nada con Katie! —se defendió saliendo de detrás del pupitre.
—No mientas, Wood. ¿Qué pasa? ¿Es que por fin te has dado cuenta de lo que vale? ¡Pues es demasiado tarde! —replicó Leanne acercándose a él.
—¿Demasiado tarde? ¿Demasiado tarde para qué? —preguntó Wood confuso pero dispuesto a batallar hasta el final.
—¡Para reclamarla! —Leanne parecía a punto de estrangularlo —. Mira, no sé quién te ha abierto los ojos y te ha hecho darte cuenta de lo que sea que sientes por Katie, pero desde luego ha elegido un mal momento, ¿de acuerdo?
—Lo que sienta o deje de sentir por Katie no te incumbe, Leanne —le dijo Oliver empezando a enfadarse.
—¡Pues claro que me incumbe! ¡Katie ha estado enamorada de ti durante casi cinco años! Ahora ha seguido adelante, ¡Se acabó! —le gritó al final la chica.
Oliver se quedó callado, y lo mismo hizo Leanne. El chico se quedó mirándola como si hubiese visto un fantasma.
—¿Qué has dicho? —balbuceó el guardián sintiendo cómo su mente le gritaba que era un imbécil.
Leanne se mordió el labio y giró la cabeza hacia otro lado. Sabía que se había pasado, que había dicho demasiado, pero pensó que de perdidos al río —Ya me has oído —la chica observó cómo Oliver volvía a sentarse en la silla. Seguramente le había dejado KO con aquella confesión, pero era demasiado tarde para arrepentirse —. Ahora Katie está con Diggory, Oliver. Él la hace feliz y lo seguirá haciendo mientras tú no te entrometas.
—¿Y cómo sabes que Katie no estaría mejor conmigo? —rebatió él, confesándose también ante Leanne en cierta manera.
Leanne lo miró con una sonrisa de superioridad —Si hubieses visto cuántas lágrimas ha derramado por ti, te habrías dado cuenta tú mismo.
Aquellas palabras fueron como puñales para Oliver, que se sintió más impotente que nunca en su vida.
—Piénsalo bien, Wood, piensa en qué es lo mejor para Katie —le dijo Leanne antes de darse media vuelta y marcharse, cerrando la puerta tras de sí.
Dejó a un Oliver Wood pálido y tembloroso, pero sobre todo dolido y confuso. Aquella nueva información era, sin duda, algo sobre lo que reflexionar. Por una parte se sentía tremendamente culpable por haber hecho daño a Katie, aunque hubiese sido sin querer.
Si Katie había empezado a olvidarle seguramente lo sensato sería dejarla continuar hacerlo y perderla para siempre. Pero por encima de este pensamiento estaba algo más irracional. Se sintió defraudado. ¿Por qué Katie jamás le había dicho nada? ¿Por qué nunca había intentado aproximarse a él y decirle lo que sentía? No, directamente había supuesto que él no tendría sentimientos, al ser un nazi del quidditch, y había pasado directamente al siguiente plato del menú.
Cuál de aquellas dos emociones prevalecía sobre la otra era algo que todavía tenía que decidir.
N/A: ¿Qué os ha parecido? Comentad, please!
