Hola, hola! Feliz lunes! les deseo buena semana y para comenzar bien, aquí les dejo el capítulo del día de hoy. gracias por sus comentarios siempre son bien recibidos!
Capítulo 21
Al día siguiente todos se enteran que Candy se ha ido al Hogar de Pony. Ha dejado una carta en su habitación diciendo que regresará al día siguiente. Albert está seguro que su pequeña ha ido a despedirse para partir con Terry al oeste de país. Por su lado, el moreno no sabe que pensar pues está convencido que su tarzan pecosa está enamorada de Albert aún sin saberlo y no entiende la razón para aceptar hacer el viaje con él.
La rubia llega caminando desde la estación de tren al Hogar de Pony, muy cerca de la casa aparecen un gran número de niños que la reciben con alegría invitándola a correr por el bosque y subir a los árboles. Por un momento piensa en hacerlo, pero la señorita Pony y la hermana Maria ya la están esperando en la puerta del Hogar. Candy juega con los niños mientras llega frente a las mujeres a quienes abraza con fuerza feliz de estar con ellas. Todo en el Hogar es alegría y fiesta por la presencia de la rubia y hasta que logran dormir a los pequeños las mayores no tienen tiempo de hablar con Candy.
- Se te nota triste, Candy – le dice la hermana María
- Me han invitado a viajar a California.
- Tienes que seguir tu corazón Candy – le responde la señorita Pony
- ¿Y cómo saber qué es lo que quiere mi corazón?
- Me sorprendes Candy, siempre has sabido cómo hacerlo. Siempre lo has seguido
- Señorita Pony, hermana María – les dice comenzando a llorar
- Creo que lo único que te falta es hacerte consciente de lo que tu corazón te ha estado diciendo durante tantos años
La rubia camina por la Colina de Pony tratando de aclarar sus sentimientos. Se da cuenta que lo que hay con Terry no es la misma pasión que sentía cuando estaban en el Colegio. Saber que se aleja de ella nuevamente no le causa el mismo dolor que sintió cuando lo dejo en el hospital al lado de Susana. «Es cierto, ya no es lo mismo» piensa la rubia recordando las palabras de Terry cuando le beso. «Pero…. ¿amo a Albert? ¿A qué se debe esa pregunta que me hizo Terry?» se interroga la rubia «Albert siempre ha estado en mi vida, siempre me ha apoyado y de igual manera estoy yo con él. No puedo amar a Albert… »
...
En la biblioteca de Lakewood junto a la chimenea un par de amigos juegan una partida de ajedrez, para no tener que hablar de lo que cada uno piensa.
- Gracias por tu ayuda Terry – dice Albert moviendo su alfil – voy a estar más tranquilo sabiendo que Candy está a salvo y feliz a tu lado
El actor prefiere no contestar y mueve su torre, toma un trago a su coñac y una fumada a su puro esperando el siguiente movimiento de su adversario.
- Dime una cosa, Albert. Llevas mucho tiempo enamorado de Candy, no sé cuánto y no importa, pero, ¿cómo le haces para vivir sin ella? ¿Cómo le haces para entregarla a otro tantas veces?
- Esas son dos cosas, Terry – responde el rubio sin quitar la vista del tablero.
- ¡Maldita sea, Albert!
- Ella no es de mi propiedad – le responde Albert con su tranquilidad característica – yo puedo amarla desde hace mil años y la seguiré amando por mil más, pero ella nunca ha querido estar conmigo. Así de sencillo.
Terry bebe el último trago, apaga el cigarro, se levanta de la mesa y da las buenas noches saliendo del lugar rumbo a su cuarto. Albert se queda en silencio unos minutos más y luego pide a los mellizos le lleven a su habitación.
...
Candy regresa al día siguiente a Lakewood. George está con Albert trabajando y Terry en la terraza leyendo un libro.
- ¿Tuviste buen viaje? – le pregunta al verla entrar recargándose en el barandal del balcón
- Bastante – contesta la rubia mirando al hombre guapo frente a ella – ¿ya está todo listo para el viaje a California?
- Todo listo. Mañana a esta hora sale el tren – responde levantándose de la silla dejando el libro en una mesita. – ¿sigues con la idea de acompañarme? – le pregunta acercándose mucho a la rubia
- Sí – responde muy segura y observa una gran sonrisa en el rostro del actor, quien se levanta y se acerca mucho a la rubia con intensión de besarla – sabes que ya no es lo mismo
- Pero puedo reconquistarte – responde Terry aceptando el reto al saber que tendrá todo el tiempo del mundo para enamorar a Candy durante su estancia en California.
Candy abandona la terraza para saludar a Albert en la biblioteca. En cuanto entra George deja la habitación junto con los mellizos.
- ¿Cómo está todo en el Hogar?
- Muy bien, gracias a ti – le dice la rubia – no han sentido la crisis gracias a tu apoyo, Albert
- Esta familia siempre ha apoyado el Hogar y lo seguirá haciendo siempre – le dice tratando de aparentar tranquilidad – ¿ya lista para tu viaje?
- Sí – responde ella acercándose a él, maldiciendo en su interior la presencia del escritorio que le impiden acercase más al rubio – Albert… ¿Por qué quieres que me vaya?
- Candy…
- Se honesto Albert y dime porque quieres que me vaya
- Ya lo hemos hablado, Candy – le responde el rubio después de un largo suspiro – no puedo permitir que sigas cuidándome. No sabemos cuánto tiempo seguiré así y tú tienes que seguir con tu vida
- ¿Y tú Albert?
- Yo seguiré con la mía. Los negocios siguen, contrataré enfermeras que me ayuden con las terapias…
Candy da media vuelta y sale de la biblioteca sin querer discutir con el rubio. « Siempre con la misma excusa» piensa la rubia.
...
El rubio sale a despedir a los chicos al portal de la mansión acompañado de todos los empleados. La rubia se despide de cada uno de ellos, con su alegre sonrisa y agradecimiento por su cariño. Cuando está por fin frente a Albert, se inclina a abrazarlo comenzando a llorar sin poderlo evitar.
- Vamos pequeña, te prometo que voy a estar bien – le dice el rubio tratando de consolarla, tratando de que su voz no se quiebre por el dolor que siente
Terry tiene que acercarse a la rubia para separarla de Albert y sin dejar de llorar se deja conducir hacia el vehículo, donde Terry la abraza pero ella no deja de mirar al hombre en la silla que se despide con la mano y lágrimas en los ojos.
- Vamos Candy – le dice Terry durante el trayecto – sabes que Albert estará bien
Cuando el coche desaparece de la vista, los empleados comienzan a regresar a sus labores. Alfred toma las riendas de la silla del rubio y lo lleva dentro de la casa. Albert le pide que le lleve a su habitación a lo que George se opone tratando de evitar que el chico caiga en depresión por la partida de Candy.
- Solo por hoy, George. Solo déjame sufrir hoy la partida de Candy.
