Hola amores míos! No, no me he muerto ni me ha caído un pedrusco encima ni he dejado esta historia! Estas semanas han sido un poco complicadas anímicamente, pero ahora las cosas marchan mucho mejor, por fin he encontrado trabajo :D y como es a media jornada no me quitará tiempo para escribir, pero además me dará ánimos porque tengo algo que hacer con mi vida xD. Pero bueno, en fin, que no quiero aburriros con mis historias, espero que no vuelva a pasar el tener que dejaros tanto tiempo sin actualizar!

A otras cosas... tengo que darle las gracias a mucha gente. Para empezar a waanderer, que me ha aguantado en mi periodo de bloqueo como una campeona y me ha dado ánimos para seguir, espero que te guste el capítulo :) y para seguir, darles las gracias a Jackadictas, Javiera-6, Cristina-B y meryal por haberse leído los 13 capítulos del fic y llegar hasta este, que espero que también les guste, pero sobre todo a Nerea, que además de leérselos todos los comentó uno por uno y me hizo llegar a los 100 reviews! 100! Madre mía! Jamás pensé que llegaría hasta este punto! Gracias a todas y cada una de las personas que habéis comentado y lo habéis hecho posible, sois geniales =) Sólo espero que la espera no haya sido demasiado larga y os haya perdido por el camino T_T

En fin, ya para ir terminando, este capítulo es importante pero es de transición, aún así, espero que os guste, lo he escrito con todo mi cariño y no ha sido fácil :) Un beso para todas! Os espero en los reviews!


Disclaimer: Nada es mío... En serio, ¿esto sirve para algo?


NOTA (30/01/2012):Este capítulo está editado porque sinceramente no me quedé satisfecha con la escena Katie/Cedric (y por consiguiente la de Leanne/Katie). Me parece que así es mejor... Siento haceros volver atrás, pero creo que era necesario por el bien de la historia!


CAPÍTULO 14

No hay disfraz que pueda largo tiempo ocultar el amor donde lo hay, ni fingirlo donde no lo hay. François de La Rochefoucauld

Unos golpes secos en la lejanía despertaron a Katie de su letargo. Aunque quizá no estaban tan lejanos y sólo se lo parecía. Gruñó por lo bajo, a sabiendas de que seguramente se trataba de Leanne intentando aprovechar al máximo su bote de pasta de dientes a base de golpes contra la pared.

Se frotó los ojos con la mano derecha pero no cambió de postura. Se sentía mucho mejor, la congestión de su pecho la había abandonado ya, y el picor de su garganta era mucho más suave que los días anteriores. Aún así, esperó pacientemente a que Leanne saliese de la habitación después de posarle una mano en la frente para comprobar si tenía fiebre todavía.

No es que tuviese el deseo expreso de evitar a su mejor amiga, sino a todo el mundo. No se sentía con fuerzas de hablar con nadie, ni siquiera de pensar en nada demasiado relevante. Se incorporó en la cama y volvió a toser con fuerza. Enseguida cogió un pañuelo y colocó la almohada apoyada en la pared para poder colocarse sobre ella.

Tenía órdenes por parte de la Señora Pomfrey de quedarse en la cama por lo menos hasta el viernes, lo cual le venía de perlas para no tener que enfrentarse a la realidad en los primeros momentos. Sin embargo, según se iba acercando el día, Katie se daba cuenta de que no podría esconderse para siempre, que tendría que enfrentarse a Oliver y también a Cedric. No podía seguir contestando con monosílabos las preocupadas cartas de su novio, que parecía tremendamente preocupado por ella, lo cual no hacía más que acrecentar su enorme sentimiento de culpa.

Suspiró y se palpó la frente. No parecía tener fiebre, pero aún así no se encontraba del todo bien. Después del gran chaparrón, de la 'discusión' con Oliver y del nuevo chaparrón, era normal que hubiese terminado con gripe. Ella, que nunca se ponía enferma. Estaba segura de que era el karma por haber besado a Oliver. ¿Por qué no lo había detenido? Estúpida, estúpida, estúpida…

Lo peor era que no podía evitar revivir aquellas imágenes en su mente una y otra vez, ni tampoco que aquellas molestas mariposas revoloteasen en su estómago cada vez que lo hacía. Se tumbó por completo y empezó a gemir y dar golpes al colchón con los puños por la frustración. Su pobre garganta protestó y volvió a darle un ataque de tos. Tanteó con la mano una mesilla para buscar el frasco de poción para la tos que le había dado la Señora Pomfrey. De nuevo, el karma atacaba sin tregua.

Se tapó hasta la cabeza con la manta e intentó colocarse en alguna postura lo suficientemente cómoda como para quedarse dormida de nuevo. Intentó concentrar sus pensamientos en algo que le inspirase paz, tranquilidad… Pero no pudo hacerlo por mucho tiempo, ya que unos toques en la puerta rompieron el silencio de la habitación.

Katie volvió a incorporarse, sin saber si lo había oído de verdad o si se trataba de su imaginación. Salió de dudas cuando volvió a escuchar una nueva secuencia de golpes contra la puerta de madera del dormitorio. ¿Se habría dejado Leanne alguna cosa?

Carraspeó para aclararse la voz —¿Quién es? —preguntó la chica.

—¡Servicio de habitaciones! —escuchó que respondía alguien.

Ella, extrañada, se levantó de la cama y se colocó bien la camiseta y el pantalón de estar en casa que llevaba puestos y abrió la puerta del cuarto para encontrarse con un risueño Fred Weasley con una bandeja con comida.

La chica alzó la ceja —Pero ¿Qué…?

—¿…estoy haciendo aquí? ¿Cómo he subido? —le cortó Fred sin perder la sonrisa —. Fácil —respondió, y después dio un par de golpecitos al marco de la puerta con el mango de su escoba —. Mis pies no tocan las escaleras mágicamente encantadas, muchas gracias.

Y, acto seguido, la apartó con el codo y se abrió paso hasta dentro de la habitación de Katie, que se le quedó mirando atónita desde la puerta. El chico se hizo paso hasta su cama, haciéndosela y poniendo una especie de mantel sobre ella.

—¿Qué se supone que haces? —preguntó al final, apoyándose en la dura puerta.

—¿Que qué hago? ¿No se supone que estás enferma y necesitan que te cuiden? Pues a eso he venido —le respondió el pelirrojo, como si fuese lo más normal del mundo —. Anda, ¡ven y siéntate!

Katie obedeció a regañadientes y se sentó al otro lado de la cama —¿No tienes clase? —intentó librarse, a sabiendas de que esa no sería la verdadera razón de su visita.

—Claro, pero esto es mucho más estimulante que escuchar a Binns hablar sin parar sobre las guerras de no sé quiénes, ¿no te parece? —respondió el golpeador sacando comida de una mochila y sin mirarla todavía.

—Quizá te lo pegue… —adujo ella como último cartucho.

—¡Genial! Así me libraré de las clases toda la semana que viene —contestó Fred, abriendo una cajita con azúcar para echarle en la leche.

Katie se mordió el labio y agarró la mano del gemelo que estaba sobre la cucharilla, obligándole a mirarla a los ojos.

—Vale, ¿se puede saber qué pasa? —preguntó la chica quitándole la cucharilla de la mano.

—¿Que qué pasa? ¡Nada! ¿No puedo venir de forma altruista y amable a servirte el desayuno? Una persona tan considerada, simpática y abierta como yo siempre tiene… —empezó a decir Fred Weasley, viendo cómo la mirada de Katie se transformaba al escepticismo en décimas de segundo y cruzaba los brazos —. ¿No puedo actuar de forma desinteresada? ¡Como tu primer año en Hogwarts! ¿Te acuerdas? George y yo te ayudamos a encontrar el camino hasta la clase de Defensa Contra las Artes Oscuras, sólo por el amor de nuestro corazón, ¿es que eso no cuenta? —se defendió Fred dramáticamente.

—¡Tuve que daros un bote de grajeas a cambio! ¡Y hacer vuestros deberes de Encantamientos durante dos semanas! —protestó Katie con energía.

—Bah… ¿Y eso lo consideras un pago? —contestó Fred. Katie lo miró amenazadoramente y el pelirrojo pareció saber reconocer cuándo emprender la retirada.

—Fred… —le dijo Katie.

El gemelo dejó lo que tenía entre las manos y las puso en alto —Está bien, está bien, tú ganas.

—Hm, genial —respondió Katie mordisqueando su tortita —. ¿De qué va esto?

—Verás… —empezó Fred, cogiendo una tostada untada en mantequilla y algo rojizo que parecía mermelada —. ¡Eh! ¡Esto está buenísimo! ¿Qué le has puesto?

—Fred, ¡céntrate! —espetó Katie, poniéndose nerviosa.

—Vale, ¡vale! Qué quisquillosas estáis las mujeres por las mañanas, por Merlín…

—¡Fred! ¡Por favor! —insistió la chica levantando la voz, ocasionando un nuevo ataque de tos.

—De acuerdo… —el pelirrojo suspiró, dejando el pedazo de tostada a un lado —. Estamos… Un poco preocupados, Katie.

—¿Estamos? ¿Estamos quienes? —respondió la chica, viendo venir la tempestad.

—Pues… Ya sabes, nosotros, la panda —dijo Fred sin dar más detalles —. Estamos preocupados por ti, y por Oliver.

El nombre de Oliver hizo reaccionar al estómago de Katie y le lanzó una descarga que la puso derecha en un instante.

—Qué… No entiendo, ¿por qué? No pasa nada conmigo y Oliver —respondió ella, intentando parecer casual y metiéndose el resto de la tortita a la boca.

Fred le dedicó una media sonrisa —Pues precisamente ese es el problema —explicó poniéndose en plan psicoanalista —. Oliver y tú sois como uña y carne, tú has estado enferma toda la semana y no ha actuado como suele hacerlo, es decir, como dedicado enfermero y preocupado por su mejor amiga, o sea, tú.

Katie se hizo la tonta y empezó a mirar por la ventana, todavía masticando la tortita.

—El caso es —continuó Fred, a sabiendas de que no iba a recibir respuesta —, que nos pregunta qué tal estás, y mientras está en la Sala Común no hace más que mirar hacia las escaleras del dormitorio de las chicas, además de intentar matarnos de agotamiento en los entrenamientos de quidditch, cómo no.

—¿Y? —respondió Katie al silencio que se formó cuando Fred terminó su frase.

—¿Cómo que "y"? Katie, sabemos que algo no anda bien —le dijo el chico, claramente preocupado —. ¿Qué ocurrió el día del partido? Después de que te mandásemos a hablar con él.

—¡Nada! —contestó Katie a la defensiva —. ¿Por qué iba a ocurrir nada?

—Pues porque lleváis sin hablaros el uno al otro desde entonces, por eso —dijo el golpeador, sentándose algo más ceca de ella —. Verás… Sabemos lo que Oliver siente por ti —confesó al final.

Katie abrió los ojos como platos —¿Qué? —balbuceó —. ¿Cómo…?

—Eso es lo de menos —le respondió Fred —. El caso es que sabemos lo mal que ha llevado el asunto de Diggory y tenemos miedo de que hiciera alguna estupidez… Ya sabes, aún para Oliver.

La chica se levantó de la cama —Pues, pues… —tartamudeó Katie —. ¿Quiénes sois "nosotros", si puede saberse? —se decidió al final a preguntar.

—Bueno, nosotros somos mi hermano y yo, pero hemos sido discretos, no te preocupes…

—¡Oh, claro! Porque vosotros sois el espíritu de la discreción, ¿verdad? —le dijo indignada.

—Katie, te estás desviando del tema…

—¡Me da igual! ¡Estoy cansada de que todo el mundo parezca saber cosas que sólo yo debería saber! ¿Desde cuándo sabes…. eso? ¡Desde antes que yo, desde luego! —bramó con los brazos en jarras.

Fred tomó una bocanada de aire —Es posible, pero ¿acaso importa?

La chica imitó al pelirrojo y suspiró antes de volver a sentarse en la cama.

—Escucha, no tienes que contarme lo que os pasó, lo que os dijisteis… Pero siempre hemos sabido que Oliver y tú tenéis algo especial entre ambos —le dijo Fred —. ¿No estás de acuerdo? ¿No piensas lo mismo?

—Ya no sé lo que pienso, Fred —le contestó la chica —. No sé lo que pienso, ni lo que siento, ni lo que tengo que hacer. Jamás había estado tan confusa, y es todo culpa suya. ¡Incluso mi gripe lo es! —respondió con escepticismo.

El pelirrojo rió entre dientes —Wood es capaz de cualquier cosa con tal de demostrar sus argumentos, ¿eh? Hasta de causarnos enfermedades, ¿cómo lo hará?

—No tengo ni idea —dijo Katie —. Pero me gustaría saberlo, para poder enviar toda esta confusión lejos de mí.

Fred sonrió con ternura —Yo creo que le importas muchísimo, Katie. Quizá más de lo que imaginas —le dijo, sabiendo que lo que le estaba diciendo estaba ocasionando algún tipo de reacción en la mente de la chica. Se sentó a su lado y le pasó un brazo por los hombros —. Sinceramente, jamás le había visto así, parece un león enjaulado, dando vueltas sin parar y gruñéndole a todo el mundo.

La chica gruñó y apoyó la cabeza en el pecho de Fred —No sé qué hacer, Fred…

—Para empezar tienes que salir de este cuarto… ¿No empiezas a sentir un poco de claustrofobia? Además, te echamos de menos en la vida real, y no creo que esconderte aquí eternamente vaya a solucionar nada —enunció el chico, intentando sonar un poco jocoso —. Escucha lo que te diga esa vocecita interior… Normalmente suele estar bastante acertada en sus juicios.

—Oh, sí, porque tú la escucharás mucho, ¿no? Sobre todo cuando te dice que no hagas alguna trastada —bromeó Katie.

—He aprendido a enmudecerla… No a todos nos sirve para nuestros propósitos, ¿sabes? —le contestó el chico, tras una risotada.

Katie sonrió y suspiró —Ahora seguro que te he pegado la gripe.

—Oh, no importa, con que me des tus grajeas y me hagas los deberes de encantamientos… —La chica le pegó en el hombro —. ¡Au! Vale, vale, nada de deberes…

Ambos se quedaron en silencio unos segundos, mirando a la nada.

—Fred —le llamó Katie, todavía ensimismada.

—¿Sí?

—Gracias —susurró la cazadora.

—De nada… Era elegir entre Historia de la Magia y esto, la elección era sencilla.

Katie rió y volvieron a quedarse en silencio.

Fred carraspeó —Oye, sobre esas grajeas…


Katie estaba sentada en una de las gradas del estadio de quidditch. La Señora Pomfrey le acababa de dar el visto bueno para poder volver a las clases y salir a la calle, así que, abrigada con su bufanda más calentita, se sentó a esperar a que Cedric terminase su entrenamiento de quidditch.

No tuvo que esperar demasiado, a los pocos minutos observó cómo el capitán de Hufflepuff despedía a su equipo y se acercaba a ella con una sonrisa de oreja a oreja. Sintió un hormigueo en los pies y en las manos, y que el estómago se le daba la vuelta mientras correspondía como buenamente podía a la sonrisa del chico.

Se puso de pie cuando él se acercó para recibir un enorme abrazo por parte de este.

—¡Katie! ¡Por fin! Creí que la vieja bruja te retendría para siempre y que no volvería a verte nunca jamás —le dijo dándole vueltas en el aire mientras la abrazaba.

La chica sonrió —Sí… Por un momento yo también —le dijo con desánimo —. ¿Cómo has estado?

—Bien, bueno, preocupado por ti, pero por lo demás, no puedo quejarme —respondió Cedric, sosteniéndole la mano entre las suyas.

Katie bufó, ¿por qué tenía que poner las cosas tan difíciles y ser tan adorable? En ese instante, Cedric se inclinó para besarla en los labios, y ella no pudo evitar apartarse mientras sentía una oleada de pánico.

El chico la miró extrañado y claramente confuso —Katie… ¿Qué ocurre?

Ella correspondió a su mirada —Tenemos que hablar, Cedric —le dijo sentándose en las gradas de nuevo.

Cedric, preocupado, se sentó al lado de su novia —¿Qué es lo que pasa? ¿No te encuentras bien? ¿Te ha dicho algo la Señora Pomfrey? —preguntó atropelladamente.

Katie negó con la cabeza —No, no es nada de eso, estoy perfectamente —le dijo intentando reunir fuerzas para hacer lo que tenía que hacer.

—¿Entonces? ¿Qué ocurre? Me estás asustando…

La chica ahogó un sollozo y se decidió a mirarle a los ojos —Cedric…

—¿Tiene que ver con el partido del sábado? ¿Estás enfadada conmigo por eso? Sé que no fue algo ideal, pero intenté hablar con la señora Hooch y…

—No, no —le cortó ella bajando la mirada —. Cedric, yo… Creo que no podemos seguir saliendo juntos.

Cedric se quedó mirándola paralizado —¿Qué…?

—Lo siento, de verdad —balbuceó Katie, nerviosa —. Eres un chico estupendo, has sido muy bueno conmigo, en realidad no tengo nada de lo que quejarme…

—¿No…? Katie, no lo comprendo, creía que estábamos bien, creía que… —murmuró Cedric intentando encontrar algo de cordura en la situación.

—Esto no es culpa tuya, Cedric. Te dije… Te dije que estaba intentando olvidar a una persona pero sé que no podré hacerlo, al menos por ahora… —intentó explicarse ella.

—¿Es por eso? ¿Por Wood? —le preguntó Cedric.

—No, no es por Wood, es por mí —le aseguró ella, sujetándole las manos —. No puedo seguir estando contigo sabiendo que siento algo por otra persona, ¿lo entiendes? Sería como estar usándote y…

Cedric se levantó de la grada —¡Pero eso no me importa, Katie! ¡Te dije que no me importaba, que estaría ahí para ti todo el tiempo que hiciese falta! ¡Úsame, Katie! ¡No me importa!

—¡Pero a mi sí que me importa! —respondió ella alzándose también —. Eres demasiado bueno para utilizarte de esa forma, ¿no te das cuenta? ¡Te mereces más! ¡Mucho más que alguien como yo! Te aprecio demasiado como para hacerte esto, no sería justo para ti.

El chico pareció quedarse sin palabras ante los argumentos de la Gryffindor, que se mordió el labio para evitar que temblase.

—¡Eso me da igual! —empezó a decir Cedric, enojado.

—Lo sé —le cortó ella con la voz entrecortada —. Pero te mereces a alguien para el cual lo seas todo, sin concesiones de ningún tipo, te lo mereces porque eres una buena persona, y un novio increíble.

—Pero no para ti —respondió el chico con rabia.

Ella intentó justificarse —Nada de esto es culpa tuya, pero yo…

Ambos se miraron durante unos segundos sin decirse nada el uno al otro. Finalmente Cedric rompió el silencio.

—Parece que ya has tomado la decisión por los dos así que no creo que quede nada más que decir —dijo el capitán, haciendo ademán de marcharse.

—Cedric… —balbuceó Katie.

—No —cortó él —. No. Digas lo que digas seguiré aquí. No voy a moverme, esperaré lo que haga falta. Sé lo que vales y sé que merece la pena —el chico respiró hondo —. Si Wood es tan idiota como para dejarte escapar, estaré aquí. Si él no es capaz de hacerte feliz… —insistió mirándola fijamente.

Después de ello asintió con la cabeza como para reforzar su frase, y se marchó, dejando a Katie observando el camino que había recorrido, sintiéndose de pronto vacía y hueca.


Pasadas un par de horas, Katie volvió a la Sala Común de Gryffindor, donde su amiga Leanne estaba esperándola expectante. En cuanto la vio entrar, dejó a un lado el libro que estaba leyendo e hizo sitio para que su amiga se sentase a su lado.

—¿Lo has hecho? —le preguntó cuando se hubo sentado.

Katie asintió con la cabeza y luego la apoyó sobre el respaldo de la confortable butaca.

— Y, ¿qué vas a hacer ahora? ¿Hablarás con Wood?

—No lo sé —respondió Katie —. Creo que no sabría qué decirle, ni cómo actuar, por ahora. Necesito algo de tiempo para pensar, ¿sabes?

—Claro —asintió Leanne, comprendiendo la angustia de su amiga —. ¿Le has contado lo que pasó con Wood?

—No, aunque Oliver no me hubiera besado, habría tenido que hacer esto. El beso tan solo fue el desencadenante, creo que sólo habría servido para hacerle más daño… y Dios sabe que ya le he hecho suficiente. Sólo habría servido para aliviar mi conciencia, me merezco tener que vivir con ello.

—Cielo… No has matado a nadie, ¿sabes? —le dijo la chica, intentando consolar a su amiga —. Tenías que hacer esto, tu corazón no estaba en esa relación.

—Lo sé, de verdad que lo sé —respondió Katie —. Pero todavía estoy enfadada con Oliver por cómo se comportó con todo esto, y creo que necesito un poco de tiempo para mí, para descubrir qué es lo que quiero.

Leanne sonrió —¿Y no quieres otro beso como ese? Por lo que me dijiste fue increíble…

—Sí que lo fue —admitió Katie —. Pero es precisamente lo que más odio, que Oliver haya podido conseguir que me sienta así sin proponérselo.

—¿Saltaron chispas? —preguntó Leanne, curiosa.

—Más bien fuegos artificiales —le respondió Katie con un suspiro —. Pero eso sigue sin decirme nada, quizá le gustara a Oliver, pero puede que sólo fuese porque estaba con Cedric, porque alguien estaba tocando sus 'cosas'. Ahora que no tiene que ponerse territorial quizá no sienta lo mismo.

—Deberías hablar con él, saber qué es lo que pasa de verdad y salir de dudas de una vez — le aconsejó Leanne.

—Eso es más fácil de decir que de hacer —dijo Katie.

Las dos chicas permanecieron en silencio mirándose la una a la otra.

—¿Sigues enamorada de él? —se atrevió a preguntar al final Leanne.

Katie respiró hondo y soltó una enorme bocanada de aire —Sí… Creo que de eso es de lo único que estoy segura. Pero lo cierto es que no logro comprender por qué.

—No siempre se comprenden las decisiones del corazón, cariño —le dijo Leanne, acariciando su pelo con cariño —. Pero hay que aprender a aceptarlas y actuar en consecuencia.

—Sí, y ese es el problema —contestó Katie —. No sé a consecuencia de qué actuar, no sé a qué atenerme ni qué puedo esperar. Lo único que sé es que a Cedric le ha tocado bailar con la más fea.

—No digas eso… Tú eres la chica más guapa que conozco —bromeó Leanne —. ¿Estás bien?

Su amiga rió —No —le dijo —. Pero lo estaré.

—¿Lo entiendes, Oliver? —escuchar su nombre le hizo salir de su ensimismamiento y mirar a su interlocutora.

—¿Qué? —preguntó, confuso.

—No importa —contestó la chica con una sonrisa fingida —. ¿Con la cabeza en el quidditch otra vez? —le preguntó con la misma sonrisita.

—Sssí… Supongo —en realidad, nada más lejos. Estaba pensando en cierta cazadora rubia que hacía días y días que no conseguía sacarse de la cabeza. ¿Por qué la había besado? Ahora sabía lo que se estaba perdiendo y era pura tortura.

—El caso es que estoy segura de que podríamos hacerlo en la biblioteca —escuchó que terminaba Allison, su compañera de clase.

—¿Hacer? ¿El qué? —le preguntó a la chica.

—¿Cómo que el qué? ¡Pues el trabajo de McGonagall, por supuesto! Chico, ¿dónde tienes la cabeza hoy? —le gritó ella con aquella voz estridente que tenía. O quizá es que no era tan suave como la de Katie…

—Ah, sí claro, en la biblioteca —le dijo Oliver. Francamente, pensó, parecía un poco retrasado con aquellas respuestas estúpidas que le estaba dando.

—Creo que te has golpeado demasiadas veces con la quífel en la cabeza… —se quejó Allison, echando a andar hacia la biblioteca.

—La quaffle —le corrigió él.

—Lo que sea —respondió la chica, obviamente con cosas más importantes en las que pensar —. Oye, Oliver… Había pensado que quizá tú y yo podríamos ir juntos a la próxima excursión a Hogsmeade, ¿qué te parece? Sería divertido, ¿verdad?

Oliver se quedó planchado en el sitio. ¿Ir con ella a Hogsmeade? ¿A qué? Podría decirse que Allison era guapa de una forma ordinaria… Pero realmente no sentía ningunas ganas de salir con ella a solas.

—Emm… Yo… —realmente debía de parecer retrasado, ni él mismo sabía qué era lo que le estaba pasando, pero era totalmente incapaz de mantener la concentración.

—Bueno, no te preocupes, ya tendrás tiempo para pensarlo, ¿eh? Ahora vamos al fondo de la biblioteca a buscar los libros de animagos —le cortó Allison, tomando las riendas de la conversación.

—¿Al fondo? Pero si los libros de transformaciones están a la derecha, justo al frente —le dijo él.

—Oh, no. Ahora los han cambiado de sitio y están detrás —rebatió la chica, con aquel tono irritante de nuevo.

—No estoy seguro de eso… Creo que ayer fui a mirar y que estaban donde siempre —siguió insistiendo él, sin saber si era por el propio ego o por ganarle una discusión a alguien que no sabía que al quiddith se jugaba con una quaffle.

Allison soltó un bufido de superioridad y caminó más rápido hasta llegar a donde estaban los libros de animagos según Oliver. Cuando observó que allí no había ninguno de los libros que les hacían falta, se giró hacia Wood con los brazos en jarras.

—No están aquí, ¿ves? ¡Te lo dije! —espetó la chica antes de irse a las estanterías que ella había mencionado antes.

Pero Oliver se quedó en su sitio, parado, sin poder evitar pensar en cierta chica que le había dicho que ella no era de las que decían 'te lo dije'. Se dio cuenta de que ninguna chica podría parecérsele nunca, y supo en ese mismo instante, que tenía que hacer algo para conseguirla, o jamás se lo perdonaría a sí mismo.


¿qué tal? ¿bien? ¿mal? ¿lo odiáis? ¿lo amáis? ¡Dejad un comentario! ;)