Uf... Vale, demasiado tiempo sin colgar capítulo, lo sé... soy un desastre! Pero lo cierto es que he estado bastante atareada con mi nuevo trabajo (que me encanta, por cierto!) y no he tenido apenas tiempo para parar, pero bueno, aquí os traigo el siguiente por fin! Es corto pero intenso y espero que os guste.
Antes de dejaros con él, voy a aprovechar y comentaros que tengo una cosa maravillosa llamada twitter, y que si queréis seguir los avances de los capítulos (que suelo poner como van) y ver si me he muerto y esas cosas y por eso he dejado de colgar, me followeéis. Mi usuario es 'noturlovemonkey' (sin YOur porque no me dejaba meter tantos caracteres e_e maldito), disponible para todas vosotras.
Ya sin más dilación, os dejo con este capítulo, inspirado en gran parte por la canción de Switchfoot, I Dare You To Move. Bajárosla si no la conocéis, os la recomiendo =)
Disclaimer: Aún no... T_T ¿Por qué?
CAPÍTULO 15
El amor es una maravillosa flor, pero es necesario tener el valor de ir a buscarla al borde de un horrible precipicio. Stendhal
—¡Hola Oliver! ¿Tienes un momento?
Oliver Wood levantó la vista de su mesa en la pequeña oficina del vestuario de quidditch de Gryffindor. Se encontró con Carl Matthews, uno de los jugadores del equipo de Ravenclaw asomado a su puerta.
—Claro que sí Carl, pasa.
Aunque él era bastante reacio a las relaciones entre equipos, Carl había sido su vecino cuando eran pequeños y habían jugado juntos desde que eran pequeños. Ni siquiera el pertenecer a equipos diferentes dentro de Hogwarts había hecho que dejase de llevarse bien con él.
—¿No tenéis entrenamiento ahora? —le preguntó al Ravenclaw cuando se sentó frente a él.
—Oh, sí, ahora mismo voy para allá, sólo me he pasado para ver si podías dejarme aquel manual del que te hablé el otro día —le dijo su amigo, repantingado en la cómo silla mullida.
—¿Te refieres al de las reglas de quidditch? —preguntó Oliver, buscando entre sus montones de hojas el libro que estaría enterrado en algún lugar de su mesa.
—Sí, exactamente.
Carl le dejó buscarlo hasta que dio con él y se lo ofreció. El chico lo cogió y se lo guardó en su mochila.
—Lo quiero de vuelta, ¿eh? Pero todo sea por que ganéis el próximo partido.
—¿Contra Hufflepuff? Supongo que lo haremos, todo sea por el nuevo calendario de entrenamientos que nos ha planificado Davies…
El capitán miró a su amigo extrañado —¿Tenéis una nueva planificación? ¿Y eso?
—Roger, que se ha asustado con lo que os pasó a vosotros y quiere asegurarse de que no ocurra —le explicó Carl —. Ha reservado el campo durante toda esta semana.
—Oh… —Wood cogió de nuevo su pluma e iba a seguir escribiendo cuando se le ocurrió algo —. ¿Toda la semana? ¿Y Hufflepuff no va a entrenar?
Carl gruñó con sorna —Pues parece ser que no. El señor capitán parece no estar de humor para ello esta semana.
—¿Qué dices? ¿Después de habernos ganado no está de humor para entrenar? —preguntó Oliver, extrañadísimo.
Su amigo se quedó un poco cortado y sin saber qué contestar durante unos segundos. Se quedó mirándolo serio y al final se decidió a hablar —Eh… ¿Es que no te has enterado?
—¿Enterarme de qué? —dijo Wood cada vez más intrigado.
—Pues… Diggory lo ha dejado con su novia no hace mucho… Ella es amiga tuya, ¿no? Esa chica… Katie Bell —explicó Carl —. Creía que lo sabrías, ¿no juega en el equipo?
—Sí, lo hace —dijo Oliver con un hilo de voz mientras se apoyaba en el respaldo de su silla.
—Bueno, pues eso es lo que hay. Gracias por el libro Woody, nos vemos pronto —y, con un gesto de la mano, se marchó de la oficina de Oliver, dejando al capitán todavía en un estado de shock.
¿Katie y Diggory lo habían dejado? ¿Cuándo? ¿Y por qué él no sabía nada de eso? ¡Nadie se lo había contado! ¡Y seguro que al menos las chicas del equipo lo sabían! ¿Habría tenido su beso con Katie algo que ver con ello? ¿Aquel maravilloso beso en el que no podía dejar de pensar y que le impedía concentrarse en el quidditch? ¿Se habría sentido ella igual de cautivada que él?
Era ridículo, eso era lo que había querido desde que se dio cuenta de sus sentimientos por Katie y sin embargo ahora no sabía cómo actuar, cómo dirigirse a Katie ni qué hacer en ningún sentido de la palabra. Sólo sabía que su corazón se había saltado un latido porque había un nuevo sentimiento dentro de él, la esperanza. Esperanza de que quizá Katie lo hubiese hecho porque todavía seguía enamorada de él, esperanza de que todavía no lo hubiese echado todo a perder, esperanza de que todavía tuviesen un futuro juntos.
Sin embargo, toda esa esperanza no ayudó a Oliver Wood a recomponerse durante el transcurso de la semana siguiente. Veía a Katie durante los entrenamientos de quidditch, pero no se atrevía a acercarse ni a decirle nada porque siempre que parecía que iban a quedarse a solas ella le rehuía y se escapaba a la torre de Gryffindor.
Se sentía bastante impotente, pero tampoco quería forzar las cosas si realmente Katie no quería volver a saber nada de él. Al fin y al cabo, en su última conversación coherente, ella le pidió que no volviese a hablar con ella si lo que tenía que decirle no tenía que ver con el equipo.
Pero, ¿cómo evitarlo? Ahora que entendía el alcance de lo que sentía por Katie veía muchísimas cosas por las que cualquier hombre que se preciase pudiese enamorarse de Katie y tratarla mucho mejor de lo que había hecho él y, por lo tanto, apartarla de su lado para siempre, y sólo ese pensamiento ya servía para que sintiese la necesidad de apretar los puños y pegarle a alguien.
Aún así, mantuvo su distancia porque, sobre todo, no quería incomodar a Katie de ninguna manera. Al fin y al cabo, estaba superando una ruptura y tenía todo el derecho a estar enfadada con él. Hasta él estaba enfadado con sí mismo por haber sido tan imbécil y ciego durante tanto tiempo y por cómo había manejado las cosas hasta ahora. Así que se mantuvo a distancia aunque aquello lo estuviese matando lentamente.
Suponía que aquello funcionaba así, la felicidad y el bienestar de la otra persona se debían anteponer a los propios, ¿no? Así que quizá tenía que esperar a que viese que Katie se sentía mejor para abordarla y hablar con ella. En eso pensaba en su camino hasta el despacho de la señora Hooch, que estaba repartiendo los horarios revisados de entrenamientos de quidditch.
Su sobresalto fue máximo cuando, sentado frente a la puerta esperando para lo mismo, se encontró con Cedric Diggory. Por un momento se quedó paralizado, después se recuperó rápidamente de la impresión y se sentó en la única silla que había libre, situada justamente al lado de Diggory.
—Diggory… —saludó mientras se sentaba a su lado, colocando su mochila llena de libros sobre su regazo.
—Wood… —respondió el capitán de Hufflepuff.
La tensión acumulada entre ellos desde el fatídico partido se mantenía en el aire, y era tan densa que podía cortarse con un cuchillo.
Por unos instantes ambos capitanes se quedaron en silencio, mirando absurdamente concentrados a la pared que tenían frente a ellos. Se escuchaba algún carraspeo y alguna respiración fuerte, pero ninguno de los dos decía nada.
—Oye Wood, quiero que sepas que siento mucho la manera en que terminó el partido del otro día, sé que… —se decidió a empezar Diggory, girándose hacia su rival.
Oliver, que en el fondo sabía que había sido algo justo (aunque no ideal, desde luego), tuvo que resignarse y cortar lo que estaba diciendo —No tienes nada por lo que disculparte, Diggory. Ganasteis limpiamente. Así se lo dije a la Señora Hooch.
—Aún así —rebatió Cedric —, no me pareció justo. Tenía que haberse repetido el partido.
Wood, con una media sonrisa, le respondió —Ahora eso ya no importa, así que no le des más vueltas.
Diggory asintió con la cabeza y ambos volvieron a la situación previa, mirando a la pared que no tenía nada de especial salvo un par de telarañas en lo alto y algunas piedras un poco rajadas. Pese a ello, ambos la miraban como si se tratase de una obra de arte en la que había que fijarse con gran concentración para encontrar los detalles más importantes.
—¿Has…? —titubeó Diggory —. ¿Has hablado algo con Katie? ¿Sabes cómo está? —le preguntó al final, notándose lo que le costaba hablar del tema con él.
Oliver lo miró, sorprendido de que hubiese sacado el tema —Pues… La verdad es que no lo sé —admitió, sin saber bien por qué.
—Oh… —contestó el capitán de Hufflepuff, claramente confuso y sin saber qué contestar.
El silencio no se mantuvo durante mucho tiempo, ya que Diggory parecía haber encontrado por fin un hilo que seguir.
—Wood, ¿eres imbécil? —le preguntó totalmente serio.
Oliver, que se quedó lívido, lo miró con asombro —¿Cómo dices?
—¡Me has oído! Te tenía por maníaco, un poco histérico y totalmente como un cencerro, pero jamás te había tenido por un redomado imbécil que deja escapar las oportunidades cuando las tiene delante —concluyó Cedric, hablando como si por fin hubiese encontrado la teoría válida que explicaba el funcionamiento del universo.
Por su parte, Oliver Wood seguía mirándolo con los ojos como platos — ¿Pero qué demonios…?
—No te hagas el tonto, Wood —le cortó Cedric, girándose totalmente hacia él —. ¿Realmente crees que Katie va a esperar eternamente? ¿Crees que va a seguir queriéndote para siempre? ¿Que no aparecerá un tío con menos escrúpulos que se de cuenta de lo mucho que vale y no la alejará de ti para siempre?
Ahora sí que el cerebro de Oliver se había parado por completo. Ni por asomo se hubiese esperado un arranque así por parte de su directo rival por el cariño de Katie, y mucho menos un discurso con tanto énfasis en el que, al parecer, él era el imbécil.
—No sé qué…
—Pues claro que lo sabes —continuó Diggory —, a no ser que realmente seas imbécil. Ella y yo estábamos bien juntos, la habría querido y protegido siempre, habría sido lo primero para mí y ella lo sabía. Aún así, ella te quería a ti y lo prefirió a todo lo que yo podía ofrecerle. ¿Sabes cuántas veces se encuentra un amor así? ¿Lo sabes? —siguió diciendo el Hufflepuff, claramente irritado con Oliver.
—Pero…
—No hay peros que valgan, Wood —Cedric parecía dispuesto a no dejar decir nada a Oliver hasta que hubiese terminado su disertación —. Katie es única y te quiere por encima de todas las cosas. Yo me sentiría terriblemente afortunado de tener a alguien que me amara así, y desde luego no la dejaría escapar jamás. Si el miedo que puedas estar sintiendo por sincerarte con ella puede siquiera equipararse con un amor como ese, es que entonces no te la mereces, y en ese caso no pararé hasta hacérselo ver a Katie y conseguir que vuelva conmigo de una forma u otra.
La Señora Hooch eligió precisamente ese momento para abrir la puerta acompañada de Roger Davies, que salía de su estudio con una copia del horario en la mano. Se encontró con un Cedric Diggory ciertamente acalorado y un Oliver Wood cuyos ojos estaban abiertos casi más allá de sus órbitas.
La mujer carraspeó para ver si así conseguía la atención de los capitanes.
—Em… Diggory, ya puedes pasar.
Cedric se levantó y caminó hacia la puerta de la oficina de la señora Hooch cerrando la puerta tras de sí, dejando dentro a un traspuesto Oliver, que todavía no podía creer que los últimos 10 minutos hubiesen sido reales.
Su mente procesaba rápidamente las palabras que había escuchado decir a Cedric Diggory, ¿era posible? ¿Podía su miedo ser el responsable de que estuviese manteniendo la distancia y no su sentido común como se repetía a sí mismo? De pronto una inquietud terrible le invadió y supo que Diggory tenía toda la razón, que se estaba engañando a sí mismo y que realmente se estaba comportando como un imbécil.
Sin esperar a su cita con la Señora Hooch, se levantó enseguida y salió de la habitación como alma que lleva el diablo, sin saber a dónde se dirigía pero sabiendo que no había tiempo que perder.
Katie Bell estaba sentada tranquilamente en una de las sillas de la biblioteca. Se había colocado estratégicamente en una de las mesas más apartadas que había allí, para evitar cualquier mirada de soslayo. Al parecer, su ruptura con Cedric era ya de conocimiento público para todo el colegio y la gente no dejaba de mirarla cada vez que pasaba por su lado, más o menos como le pasó cuando empezó a salir con él. Se sentía frustrada, aunque el nivel de miradas había descendido considerablemente durante la semana.
Ahora mismo intentaba concentrarse en los deberes de Snape para aquella semana; sólo escuchaba el rasgar del bolígrafo en el pergamino que debía entregar sobre los errores comunes en la realización de pociones curativas.
Hacía algo más de una semana desde que había tomado la táctica de evitar a Oliver siempre que pudiera. Tan solo lo veía durante los entrenamientos del equipo y alguna vez en la torre de Gryffindor, pero siempre se escabullía rápidamente, por si acaso. ¿Por qué lo hacía? Pues ya no estaba segura, era un comportamiento infantil y cobarde, muy poco propio de ella.
Y lo cierto era que no le gustaba nada. Echaba de menos a Oliver a su lado, siempre había sido uno de sus mejores amigos y notaba su falta enormemente. Seguía molesta con él, pero ya se encontraba terriblemente cansada de estar enfadada. No quería seguir estándolo, pero todavía tenía sus reservas sobre él.
No se veía lista para afrontar lo ocurrido, no sabía cómo tratarle ahora que él sabía lo que ella sentía, y más aún después de todo lo que había pasado posteriormente. ¿Cómo podía saber cómo debía actuar ahora? Se sentía confusa e insegura. Pese a todo, se dijo a sí misma que sería fuerte y que afrontaría la situación cuando se sintiese preparada.
Todo aquello lo reprimía dedicándose como nunca a sus estudios. No dejaba un solo trabajo sin hacer el día que se lo mandaban, lo llevaba todo dolorosamente al día, tanto que hasta Leanne había desistido en seguirle el ritmo.
Estaba escribiendo las conclusiones de su trabajo cuando sintió una sombra que se colocaba detrás de ella y tapaba la luz de su hoja de pergamino. Alzó la cabeza y se encontró con el responsable de sus quebraderos de cabeza, observándola con atención con aquellos profundos ojos castaños. Como de costumbre, su estómago se encogió ante la mirada de Oliver, y tuvo que hacer grandes esfuerzos para recordar que estaba enfada con él y no tenía que hablarle.
Pensó que quizá debía recoger sus cosas corriendo y escapar como llevaba haciendo los últimos días, pero pensó que esa estrategia tenía pocas probabilidades de llevarse a cabo con éxito, dado que Oliver estaba obstruyéndole su vía de escape. Así que volvió la mirada a su pergamino y siguió escribiendo como si nada.
—¿Puedo sentarme? —le escuchó preguntar a su espalda.
Sin inmutarse, siguió escribiendo —Es un país libre —respondió con desgana.
No hizo falta que dijese más, Oliver se sentó a su lado con las piernas hacia fuera de la mesa. Pero ella no se movió, siguió escribiendo como si él no estuviese allí, aunque le costaba más de lo que habría imaginado.
—Supongo que tienes todo el derecho a no querer hablarme —dijo Wood.
Ella tan solo respondió con un bufido de afirmación mientras sentía que le temblaba la mano que sostenía el bolígrafo. La agarró con más fuerza para intentar que el chico no se diese cuenta.
—Verás, Katie, lo siento muchísimo, he sido un cretino durante todo este tiempo y debí ser muchísimo más considerado contigo y darme cuenta y… —el chico parecía no ponerse de acuerdo en qué decir o cómo decirlo.
Tomó aire y tragó saliva. A sabiendas de que tenía que decir lo que tenía que decir, se decidió a ser lo más directo posible y no dejarse nada en el tintero, pero la actitud distante de Katie no le estaba ayudando nada. Seguía actuando como si no estuviese allí.
—Siento haber sido un imbécil y no haberme dado cuenta de lo que tenía a mi lado hasta que te decidiste a seguir adelante y salir con otro, siento haberte hecho pasar por todo lo que te he hecho pasar sin darme cuenta siquiera y… Luego fui demasiado egoísta como para dejar que te escapases de entre mis dedos sin luchar, si te he hecho daño mientras lo hacía te pido disculpas, de verdad.
Katie dejó de escribir y se quedó mirando al frente. No era la reacción que esperaba pero por lo menos era una reacción.
—Y sé que seguramente no debería haberte besado el otro día, pero francamente no me arrepiento de ello. No puedo arrepentirme de algo que me hizo sentir tan bien —confesó Oliver, dándose cuenta de que lo que estaba diciendo no le hacía a Katie sentirse indiferente, notaba cómo le costaba respirar cuando se lo estaba diciendo.
Se sentía tentado de acariciar la mejilla de la chica, pero no sabía si quizá sería pasarse de la raya y no quería ofender a Katie ni hacerle más daño de ningún modo, así que es contuvo.
Esperaba que Katie dijese algo, cualquier cosa, que le indicase si debía seguir hablando o no, pero la respuesta de la chica seguía siendo la misma. Él se levantó de donde estaba y cogió sus cosas que estaban sobre la mesa. Se sentía como un idiota por no haber sido capaz de decir lo más importante, pero su confianza se resquebrajaba por momentos.
Quiso patearse a sí mismo en la cabeza cuando observó que Katie volvía a escribir en su pergamino, se enfadó consigo mismo y se giró antes de marcharse. Qué era, ¿un hombre o un ratón? ¿Merecía la pena arriesgarse cuando era Katie la que estaba en juego? ¿Realmente tenía algo que perder?
—Katie, yo… —empezó a decirle de nuevo, algo más alejado de ella —. Lo más importante que quiero que sepas es… Es que yo quiero estar contigo, no porque estuvieses o dejases de estar con Diggory —el chico respiró hondo—, sino… porque te quiero. Y he sido un imbécil y un estúpido por no haberme dado cuenta antes.
La chica se quedó paralizada ante las palabras del capitán. ¿Qué había dicho? ¿Había escuchado bien? Soltó una enorme bocanada de aire que había contenido desde que Oliver había empezado a hablar con ella. ¿Decía que la quería? ¿No había sido un capricho entonces? ¿No había sido porque alguien estuviese tocando sus cosas? ¿Podía creerlo?
—Oliver, yo… —y se giró para mirarlo a los ojos, pero el chico ya no estaba allí. Se encontró mirando al aire, donde antes habría estado Oliver de pie junto a ella.
Volvió a sentarse bien y se apoyó en el respaldo, sintiendo que no había suficiente aire para respirar. De nuevo, la cabeza le daba vueltas y se sentía temblorosa. ¡Había ocurrido de verdad! ¡Oliver le había dicho que la quería! ¿Cuánto tiempo llevaba esperando algo como aquello? ¡Y por fin había ocurrido! ¿Qué le había ocurrido? ¿Por qué no había dicho nada? ¿Por qué se había quedado callada como una muerta? ¡Tenía que haberle dicho algo! ¿Pero qué?
Rápidamente recogió sus cosas y las metió en la mochila, sabía que le iba a ser imposible terminar aquellas cuatro líneas que le faltaban para terminar el trabajo. Mientras cogía el bolígrafo y lo metía en su estuche sentía cómo le temblaban las manos. Tenía la imperiosa necesidad de sonreír, pero también sentía como si ahora el camino estuviese más emborronado. Porque, no podía evitar darse cuenta, de que ahora la pelota estaba en su campo, y tenía que decidir qué quería hacer con ella.
Por favorrrr, comentadme qué os ha parecido! Vuestra opinión es muy importante! =)
