Hola, hola! ya estoy aquí con el siguiente capítulo, el cual es una introducción a ya una etapa más feliz entre los rubios, trataré de ya no hacerlo sufrir tanto :)

Les comento que ya pude leer el terryfic "prisa por olvidar" y sí se parece a este. Es muy chistoso leer un fic y encontrar coincidencias... Neil es el malo, le dispara a Albert y quiere volver a intentarlo... Pobre Neil, siempre lo usamos de malvado, pero alguien tiene que jugar ese papel y pues él es perfecto para eso :P Les recomiendo el fic sobre todo a las terrifans, a las albertfans como yo, es muy muy muy triste, aún así lo recomiendo :)


Capítulo 24

El regreso a Lakewood es solo por un par de días para después salir rumbo a la ciudad de Chicago. George se adelanta un día para asegurar que todo esté listo para recibir a los rubios, en especial con la seguridad que ha establecido. Los empleados de la mansión están felices de recibir a su patrón y atenderle pues siguen recibiendo sus salarios aun a pesar de casi no trabajar y de la difícil situación económica que atraviesa el país. Desde el día del asalto los hombres de la mansión suelen hacer rondines y todas las noches se corrobora que las ventanas y puertas estén cerradas. A petición de Albert no se ha contratado más gente y los empleados están dispuestos a seguir con las medidas de seguridad. No se permitirá el acceso a nadie a los terrenos de la mansión y siempre habrá gente vigilando la casa. Lo que más seguridad le brinda a George es que ha mandado seguir a Neil en todo momento. Albert se despide de cada uno de los empleados de Lakewood agradeciendo todas las atenciones que tuvieron para con él. Los mellizos y la señora Smith viajaran con él a la ciudad.

- Estas muy seria, pequeña ¿Qué sucede? – le pregunta el rubio a la mitad del camino al verla en silencio mirando siempre por la ventana

- ¡Oh! – exclama saliendo de sus pensamientos – no es nada Albert, creo que voy a extrañar Lakewood

- Yo también Candy, pero volveremos pronto

La rubia se acerca a su amado y le acomoda la almohada en su espalda. Él la rodea con su brazo y la atrae hacia él. No tiene idea de porque decidió no hacer el viaje con Terry, pero agradece su presencia, sabiendo que no podría estar sin ella durante mucho tiempo sin morir de la tristeza.

La mansión les recibe como en los viejos tiempos, todos los empleados están en las escalinatas para recibirlos. Mientras Candy saluda a todos, los mellizos ayudan al rubio a bajar del automóvil y subir a la casa por la rampa construida recientemente.

...

Después de un largo día para los rubios, los dos se encuentran en la habitación principal de la mansión, él acostado en la cama y ella mirando por el balcón.

- ¿Qué te preocupa Candy? – pregunta desde la cama mirando el rostro serio de su pequeña

- Neil – responde secamente observando como algunos de los empleados recorren los jardines que rodean la mansión

Albert le pide que se acerque y cuando la tiene frente a ella le asegura que no pasará nada, que él no intentará nada hasta después del juicio. Aunque si le pide que sea prudente pues a él lo que le preocupa es ella y que él busque hacer algo en su contra.

- No me separaré de ti, Albert

Él agradece sus palabras pero le pide, como siempre, que retome su vida. – aprovecha que estás en la ciudad y regresa a trabajar a la Clínica Feliz – le comenta Albert

- Pero…

- Vamos Candy, ya habíamos dicho que no serías mi enfermera. Así que otros necesitan de tus cuidados y ahora en la ciudad puedes hacerlo

- Albert, no quiero estar lejos de ti

- No lo estarás pequeña. Te pediría que regresaras a vivir a tu departamento, pero mientras tengamos el problema con Neil, prefiero que vivas en la mansión

- Tus terapias…

- El doctor Lenard lleva un par de meses pidiendo que regrese a la ciudad para unos estudios, después de eso seguramente mis terapias cambiaran. George ha hablado con el doctor Martin y está de acuerdo. Lo más seguro es que las terapias las reciba en el hospital.

...

El Doctor Martin aparece por la mansión al día siguiente para saludar y revisar a Albert, a quien encuentra bastante mejor. Algo que hace dudar al rubio pues él no siente ninguna mejoría, pero decide mejor no decir nada. El doctor le habla sobre una nueva terapia que quiere intentar uno de los doctores que trabaja en el hospital con el doctor Lenard y le apoya para que las tome. Albert aprovecha para hablar con él y pedirle que le ayude a convencer a Candy de que regrese a trabajar a la Clínica Feliz.

Un par de días después Albert va al hospital acompañado de Candy, George y los mellizos. Cuando los tiene a su alrededor se da cuenta que la única razón que tienen para estar ahí es el cariño; por primera vez en meses no se siente solo. Los estudios que le realizan salen positivos, su columna está bastante mejor y la terapia puede ayudar a recobrar la fuerza en sus piernas. Como siempre, le dicen que es cuestión de paciencia y constancia, y sin ninguna garantía. Albert solo necesita mirar los bellos ojos esmeralda de la rubia frente a él para aceptar tomar la terapia. Si hay una mínima posibilidad de mejorar, se aferrará a ella.

Durante su regreso a la mansión el vehículo queda sin gasolina. Algo bastante común en esa época en que es muy difícil conseguir el combustible. George enfurece, pero Candy calma la situación diciendo que el día es perfecto para dar un paseo. Los mellizos sacan la silla y colocan al rubio en ella. Michael se queda con George para resolver el asunto del coche, mientras los otros tres se adentran en las calles de la ciudad.

Las miradas que le dirige la gente al rubio, o más bien a la silla de ruedas, no son tan impactantes como la que ellos tienen al ver lo que antes era una hermosa ciudad, en un descuido completo. La mayoría de los negocios han cerrado, las casas lucen descuidadas, la gente vaga con tristeza en la mirada. Albert observa una señora con un niño en brazos y otro colgado de sus faldas; cuando se acercan a ellos Albert les dice que pueden ir al comedor que está a varias cuadras de ahí, y que podrán comer ahí, siempre.

- No podemos dejar que el comedor de Terry cierre, Albert

- No cerrará, Candy. Terry me lo pidió y George se ha encargado de que siga funcionando.

El trayecto hasta la mansión Andrew es largo así que Candy decide hacer una parada por el camino en el parque de la ciudad. El lugar parece que se ha convertido en el oasis de la ciudad, porque está lleno de niños que corren y ríen divertidos mientras sus padres miran desde lejos dejándose contagiar por ese poco de felicidad. Las lluvias de la temporada han permitido que el parque se conserve verde y alegre. Candy recuerda lo mucho que disfrutaba el parque en compañía de Albert cuando él tenía amnesia. Solían caminar por ahí durante las noches frescas del verano y hacer días de campo los fines de semana. Cuando Alfred se detiene frente al lago y se sienta en una de las bancas, Candy les informa que regresará en poco tiempo. Los hombres se sorprenden y aunque no desean dejarla ir sola, ella ha desaparecido en pocos segundos. El rubio está a punto de pedirle a Alfred que vaya a buscarla cuando aparece con dos bolsas de comida y su hermosa sonrisa.

- Candy – le dice el rubio abriendo los brazos para recibirla, sintiendo como desaparece su angustia

- ¿Recuerdas como éramos felices en este parque con solo un emparedado? – le dice entregando una de las bolsas a Alfred quien disimuladamente se aleja un poco más de ellos dándoles privacidad

- Lo recuerdo perfectamente Candy – le dice recibiendo la otra bolsa donde sabe que encontrara un solo emparedado el cual compartirán.

Candy se sienta en la banca junto al rubio y recibe la mitad del emparedado que él le da.

- ¿Recuerdas nuestra promesa de compartir nuestras penas y alegrías?

- Lo recuerdo – le dice sonriendo antes de darle una mordida al emparedado – nunca he dejado de hacerlo. Sabes todo de mí, Albert

- ¿Eres feliz pequeña?

- A tu lado siempre lo soy – le dice tomándole la mano depositando un dulce beso en ella, dejando al rubio sin palabras, en medio de un torbellino de pensamientos y sentimientos