Puf... bueno ni siquiera voy a intentar disculparme esta vez T_T Sólo os diré que este capítulo está recién salido del horno, sin revisar y sin nada, directamente para vosotras, no me matéis T_T prometo no tardar tanto nunca más!
Mañana voy a ver Harry Potter y las Reliquias de la Muerte 2! Ya os contaré qué tal *-* por lo que parece Sean Biggerstaff estaba contratado para aparecer así queeee... YAY! Espero que lo haga xD En fin, seguro que supone una nueva dosis de inspiración y el capítulo 17 llega enseguida, palabra de scout!
Por cierto, siento si no he contestado algún comentario, pero ha sido un caos y luego no me di cuenta de cuáles estaban contestados y cuáles no... PERDÓN!
Disclaimer: Nada de esto me pertenece porque mis lectoras van a matarme y quedarse con todo!
CAPÍTULO 16
El espacio entre tus dedos fue creado para ser llenado por los dedos de otro. Anónimo
Leanne Reynolds no era una chica fácilmente impresionable, tenía cuatro hermanos mayores y había visto prácticamente de todo en la vida. Pero mientras se encontraba tranquilamente jugando una partida de Gobstones con Angelina, vislumbró algo que la dejó atónita.
Su mejor amiga, Katie, acababa de entrar por el hueco del retrato de la Señora Gorda y parecía como si estuviese completamente ida. Enseguida dejó la partida y, después de hacerle un gesto a Angelina que estaba de espaldas, ambas acudieron raudas y veloces hasta Katie.
— Katie, cariño… ¿Qué te pasa? —preguntó Leanne, cogiendo a su amiga por los hombros y guiándola hasta uno de los sofás de la Sala Común de Gryffindor.
—¿Te encuentras bien? —dijo Angelina con gesto preocupado —. Parece como si hubieses visto un fantasma
Leanne miró a su amiga con una ceja alzada, ya que se pasaban el día viendo fantasmas pulular por los pasillos del colegio.
—Oh, venga, ya sabes a lo que me refiero —respondió la chica poniendo los ojos en blanco.
Consiguieron sentar a Katie entre ellas dos en un sillón.
—Estoy bien, creo —balbuceó la chica, todavía confusa —. ¿Me podéis conseguir un poco de agua por favor?
Angelina se levantó de donde estaba —Enseguida te traigo algo de la habitación —y se marchó rápidamente escaleras arriba.
—Gracias —le dijo Katie en un hilo de voz.
Leanne, preocupada al ver que su amiga respiraba con dificultad, la cogió de las manos y le obligó a mirarla, ya que tenía la mirada perdida en el vacío.
—Katie, ¿qué pasa? —le preguntó apretando una de sus manos con la suya.
La aludida, respiró hondo. Después de una pausa prolongada en la que intentaba ordenar sus pensamientos, miró a su amiga —Creo… Creo que Oliver me ha dicho que me quiere.
Leanne la miró como si hubiese dicho algo inverosímil e imposible —¿Qué? ¿Cómo que crees?
—Bueno, todavía estoy intentando decidir si ha sido real o no, ya sabes.
—¡Merlín, Katie! —le dijo Leanne con una enorme sonrisa.
—Lo sé —respondió ella sintiendo que sus ojos se llenaban de lágrimas.
—¿Y qué ocurrió después? —preguntó su amiga, entusiasmada.
Katie la miró con desánimo —Pues… Bueno, yo… Tardé en reaccionar, verás, todavía sigo en shock… ¿Cómo se le ocurrió pensar que podía soltármelo así sin más? ¡Sin ningún tipo de precaución ni aviso!
—Oh, Kates…
—Lo sé, soy imbécil… Me dijo unas cosas maravillosas y yo me limité a quedarme como un puñetero pasmarote —la chica sonaba totalmente angustiada.
Ambas se quedaron en silencio unos instantes.
—Es que —empezó a decir Katie —, estoy feliz pero también aterrorizada.
Leanne asintió con la cabeza, incitando a la chica a que se explicase.
—Es como cuando llevas toda la vida deseando una cosa y crees que nunca jamás ocurrirá, ¡y de pronto lo tienes delante de ti! ¡Está tan cerca que da miedo! —le dijo la chica con desesperación.
—Pero cielo… ¿Vas a dejarlo escapar solamente porque estás asustada? ¡A veces a todos nos da miedo obtener lo que queremos! ¿Y si no es lo suficientemente bueno? ¿Y si no es como nos lo imaginábamos? ¿No es eso? —contestó Leanne.
Katie suspiró —Estoy siendo totalmente ridícula, ¿verdad?
Su amiga sonrió con ternura —Un poco sí —la muchacha le dio otro apretón con su mano — ¿Realmente estás dispuesta a no comprobarlo por ti misma?
—Creía que estabas enfadada con Oliver…
—¡Oh! Bueno, digamos que va y viene —se justificó Leanne, divertida —. ¡Vamos! ¡Vete a buscarle y arregla esto! —le dijo levantándose y arrastrándola para levantarla también.
—Pero… ¿Y qué voy a decirle? ¿Cómo empiezo? —le dijo Katie sintiendo que cundía el pánico dentro de ella.
Leanne se colocó frente a ella y la agarró por los hombros, empujándola hacia la salida —Katie. Te saldrá solo, ya lo verás. ¡Ahora vete! ¡Vamos!
—¡Oye! ¡Sin empujar!
—Si no te empujo no te vas, ¡venga! ¡Lárgate!
—Vale, ¡vale! ¡Ya me voy!
—¡Date prisa! —insistió Leanne todavía arrastrándola.
—¡Ay! —protestó Katie —. ¡Eso era mi pie, Leanne!
—Anda, no seas tan quejica y márchate —respondió su amiga, sacándola ya por el retrato de la Señora Gorda.
Katie quedó frente a ella, ya en el pasillo, y la miró con un mohín —Eres una amiga espantosa.
—Sí, sí, ale… A ver si cuando todo esto acabe cantas la misma canción —observó a Katie mirarla con los ojos como platos —. ¡Largo! —le espetó haciendo que la chica, todavía amohinada, titubease y al final empezase a caminar. Ella, sin más, se giró y volvió a entrar a la Sala Común.
Leanne, que se reía por lo bajo, volvió a sentarse en el butacón en el que había estado jugando hasta ahora.
Justo en ese momento Angelina bajó corriendo las escaleras de los dormitorios con una botella de cerveza de mantequilla en la mano. Fue ralentizando su ritmo según llegaba abajo al ver que Katie ya no estaba en la Sala Común.
—¿A dónde ha ido? —preguntó extrañada.
Leanne se mordió el labio y la miró con una media sonrisa.
Por su parte, Katie Bell intentaba no volverse loca. El día en que más prisa tenía y era justamente en el que más le costaba moverse por el colegio. Las escaleras estaban atestadas de alumnos que iban o volvían de clases y le resultaba terriblemente difícil atravesar los pasillos.
Una idea iluminó su mente en ese momento, y con una media sonrisa agradeció los años de amistad con los gemelos Weasley, que se conocían cada recoveco del colegio al dedillo. Subió un par de escaleras para poder tomar un desvío que le llevaría, con suerte, hasta el vestuario de Gryffindor y, esperaba, hasta Oliver.
Miró a su alrededor para cerciorarse de que no la miraba nadie y, sin pensárselo dos veces, abrió una de las puertas del corredor que parecía cerrada pero que en realidad no lo estaba. La cerró tras de sí pero cuando se giró para continuar su camino se dio cuenta de que no estaba sola.
Una chica, bastante menor que ella, la estaba mirando con unos enormes ojazos de color gris, casi plateados. Su mueca era de sorpresa, pero además, sus largos cabellos rubios y un collar de corchos de cerveza de mantequilla le daban un aura de soñadora todavía más extraña.
—Hola —saludó, intentando saber si se había metido en problemas.
—Hola —sonriendo, respondió la desconocida con una vocecita que confirmada su teoría de la extrañeza que había planteado hacía 5 segundos.
—Am… Yo, ya me iba —dijo Katie sonriendo también, aunque de manera más incómoda, y empezando a avanzar hasta la puerta que le llevaría a los terrenos del castillo.
—¡Oh! Pues ten cuidado, justo en esa puerta hay un nido de nargles a punto de atacar al primero que pase por debajo —le advirtió.
Katie frenó en seco —Perdona… ¿Qué…?
La muchacha, sin cambiar la expresión, se acercó a ella —Si no tienes cuidado anidarán en tu pelo y te lo tendrás que cortar todo, ¿sabes?
La ceja de Katie se alzó casi involuntariamente. ¿Qué narices era un nargle? ¿Y qué decía que le iba a pasar en el pelo?
—Lo siento pero…
Su frase se vio interrumpida por una corriente de aire que le hizo retroceder unos pasos y colocarse las manos ante la cara para protegerse. Cuando abrió los ojos deseó no haberlos abierto, ya que se encontró cara a cara con Peeves el poltergeist.
—¡Vaya, vaya! ¡Alumnas que están donde no deben! ¡Qué divertido! —exclamó ante el horror de Katie. La otra chica parecía estar totalmente en Babia y ni siquiera reaccionó.
—Eh… ¡Sssí! Bueno, pero ya nos íbamos, ¿verdad que sí? —dijo Katie cogiendo a la desconocida por la manga de la túnica.
—¡No! ¡Todavía estoy intentando cazar un torposoplo! —protestó la rubia.
—Ya, pues ya lo harás luego, ahora vamos —respondió Katie en voz baja, ansiosa por marcharse.
Pero Peeves tenía otros planes —Debería avisar a Filch… ¡Sí, debería! Alumnitas sueltas por los pasillos… ¡Qué infamia!
—No Peeves, ¡por favor! —suplicó Katie, que no podía imaginarse que esto le estuviese pasando precisamente en un momento como aquel.
—Seguro que os castigarán, ¡oh sí! Un duro castigo muy merecido —fue la réplica del poltergeist, para la desesperación de Katie.
La rubita, por su parte, miraba a Peeves totalmente fascinada, como si estuviese viendo una aparición.
—Tendré que dar parte de esto, ¡oh sí! ¡Tendré que dar parte de esto! —el duende soltó una risita y cogió entre las manos un cojín de uno de los bancos del corredor y cargárselo del ataque de risa que le había dado, llenando a las dos chicas de plumas, para después sin dejar de reírse, salir por una de las puertas y, por el sonido, dejándolas encerradas dentro.
—No… —murmuró Katie cuando se dio cuenta de lo que acababa de ocurrir. Cogió la varita del bolsillo e intentó abrir la puerta con un 'alohomora', pero no sirvió para nada —. ¡No!
—¡No te preocupes! Seguro que así no nos atacan los nargles —le dijo la chica rubia a modo de algo tranquilizador —. Me llamo Luna por cierto. Tú eres Katie Bell —afirmó la ahora conocida como Luna, quitándole una pelusa del pelo.
Katie, un poco asustada, asintió con la cabeza sin dejar de mirarla.
—Me sé todos los nombres de los jugadores de quidditch de todas las casas, algunos son muy divertidos —continuó Luna con su aire soñador.
La cazadora, sintiéndose desesperada y un poquito asustada, empezó a aporrear la puerta. No le importaba que le oyese un profesor, solo quería salir de allí y encontrar a Oliver como fuera. Seguro que estaba pensando que no le había importado nada lo que le había dicho. ¡Maldición!
—¿Hola? ¿Me oye alguien? ¡Socorro! —gritó Katie sin dejar de golpear la puerta.
—¡Oh mira! ¡Por ahí asoma un torposoplo! —decía Luna por su parte.
—¡Ayuda por favor! ¿Puede oírme alguien? ¡Hola! ¡Ahhh! —gritó Katie, cayéndose hacia atrás al ver que una cabeza había atravesado la puerta y asomaba hacia ella —. ¡Sir Nick! —lo llamó al reconocer al fantasma de Gryffindor. Se levantó como pudo, frotándose el trasero en el proceso. Definitivamente hoy no estaba resultando un buen día.
—¡Ah! Pero si es la joven Bell, y muy bien acompañada —dijo sonriendo con cortesía, después de haber atravesado por completo la puerta, y al ver a Luna en el mismo lugar—, ¿necesitáis ayuda? —le preguntó el espectro.
Katie suspiró aliviada —¡Sí! Sí, oh Merlín, gracias, sir Nick, necesito que le diga a alguien que estamos atrapadas aquí dentro, preferiblemente a los gemelos Weasley, que seguro que saben cómo demonios abrir la...
—¡Uuuuy! ¡Mira! ¡Por allí va otro! ¡Parece ser que es amigo de los nargles! —exclamó Luna que seguía en su elemento.
—¿Quién es amigo de los nargles? —preguntó con curiosidad el fantasma de Gryffindor —. Yo no puedo ver nada…
—¡Oh! Eso es porque son invisibles, solo puedes percibirlos durante un segundo, si ellos quieren mostrarse —le respondió Luna de una forma muy instructiva.
—¿En serio? ¡En tantos años de muerte nunca me habían hablado de ellos! ¿Y cómo son? —siguió interrogando sir Nick.
Katie puso los ojos en blanco y dejó que la desesperación se apoderase de ella. Volvió a acercarse a la salida y aporreó la puerta con más fuerza todavía —¡Socorro! ¡Por favor!
Dos horas. Había tenido que pasar dos horas en un habitáculo con un fantasma preguntón y una alumna de segundo año que al parecer era toda una académica en materia de criaturas mágicas falsas e inexistentes. Lo único que le había faltado por hacer era golpearse la cabeza contra la puerta de madera, y aún así seguramente se habría hecho más daño ella que la puerta.
Sin embargo, al final la profesora Sprout los había encontrado cuando iba de camino al invernadero y los había liberado, con el consiguiente castigo para ella y para Luna, todavía por determinar.
No le importó, salió de aquel lugar como alma que llevaba al diablo. Su gozo terminó en un pozo cuando, al llegar a los vestuarios del equipo, se los encontró cerrados a cal y canto, lo cual significaba que Oliver no podía estar allí. Se mordió el labio por la rabia y echó a correr de nuevo hacia el castillo. Recorrió el Gran Comedor, pero allí tan solo había gente preparando las cosas para la cena de aquella noche. Luego le buscó en la biblioteca, en la Sala Común y también en los pasillos cercanos. Aún así, no encontró nada.
Al final, exhausta, se sentó en un banco cualquiera en un pasillo cualquiera a intentar descansar de los últimos 25 minutos que había pasado corriendo de un lado para otro. En aquel mismo instante vio a Oliver cruzar la esquina con su amigo Carl, que jugaba en Ravenclaw. Él al principio no la vio, pero en cuanto avanzó unos pasos más clavó su mirada en ella, mientras se levantaba de aquel banco, dejándole claro que quería hablar con él. Eso era, claro está, si aquel vuelco de su estómago de lo permitía.
Él dejó de caminar casi de manera instantánea. Katie vio cómo Oliver carraspeaba y se dirigía a su amigo —Oye Carl, seguimos mañana, ¿de acuerdo?
Y los dos chicos se despidieron con un gesto. Carl siguió su camino y Oliver se quedó frente a Katie, que intentaba volver a recuperar la sensibilidad en las piernas.
—Katie, ¿qué…? ¿qué te ha pasado? —preguntó Oliver extrañado, quitándole un par de pelusas de la túnica.
—¡Oh! Eso, bueno… Confía en mi, realmente no te lo creerías si te lo contara —respondió sintiendo que su voz no temblaba tanto como pensaba que lo haría.
Oliver no respondió nada, se quedó simplemente mirándola durante unos segundos hasta que vio que la chica parecía demasiado tensa como para decir nada.
—¿Quieres…? ¿Quieres que entremos aquí para hablar? —le preguntó, intentando echarle un cable señalándole un aula vacía que había junto a ellos.
—Sí, claro, por supuesto, por qué no —contestó ella nerviosamente. Cuando entraron echó un vistazo por toda el aula para cerciorarse de que Peeves no estaba en ella. No quería vivir otro episodio psicótico del poltergeist, probablemente con lo nerviosa que estaba se le terminaría pegando.
Creyó que estaría más calmada sabiendo que no los interrumpirían, pero lo cierto era que en cuanto cerraron la puerta, su tensión volvió y no sabía cómo comenzar. ¿No le había dicho Leanne que le saldría solo? Traidora…
—Am… He… Bueno… He estado buscándote —balbuceó al final, por los nervios.
—He estado en el campo, echándole una mano a Carl con su escoba, se le había estropeado —respondió Oliver. Ella estaría nerviosa, pero notaba que él también lo estaba. Eso le hizo sentirse un poco mejor.
De repente fue consciente de dónde estaba y con quién. La esencia de Oliver la abrumó hasta límites insospechados. Se sintió invadida por su presencia y por todas las sensaciones que provocaba en ella. Y entonces supo que no tenía por qué tener miedo, y supo lo que tenía que hacer.
—Bueno, en realid…
Pero Oliver no pudo terminar la frase, porque los labios de Katie se posaron contra los suyos sin perder ni un segundo. Sorprendido al principio, le costó empezar a responder al beso de la chica, pero en cuanto se dio cuenta de lo que estaba ocurriendo, reaccionó con rapidez.
Katie colocó con suavidad las manos sobre su pecho, y después las entrelazó en su cuello, disfrutando de su primer beso de verdad con Oliver, sin ataduras ni malos entendidos, ni arrepentimientos. Le besaba porque le quería y eso era lo único que importaba en aquel momento.
Se dejó llevar mientras Oliver la sujetó con firmeza por las caderas, le notaba sonreír mientras la besaba y se sintió sonreír también. Se sentía flotar mientras los labios de Oliver rozaban los suyos una y otra vez, era incapaz de creer que aquello estuviese sucediendo de verdad, después de todo lo ocurrido, al final había conseguido lo que siempre había querido.
Cuando se separaron lo justo y necesario para poder respirar, ambos rieron por la situación y Oliver empezó a recorrer el cabello de Katie con sus dedos.
—Bien dicho —le dijo sujetándole la cabeza con ambas manos para poder mirarla a sus anchas y para evitar que se moviese un solo centímetro.
—Siempre he sido mujer de pocas palabras —contestó ella, incapaz de dejar de sonreír.
—No lo dudo —dijo Oliver, antes de darle un corto beso —. Eso significa… ¿Que ahora podemos hablar de las nuevas tácticas?
Katie se separó bruscamente y lo miró fijamente.
—Es broma, ¡es broma! —exclamó el guardián, volviendo a juntar sus labios con los de la chica, esta vez prolongando más el momento.
Ella rió mientras la besaba, porque de repente se había esfumado su confusión, su tensión, sus nervios y sus reservas. Se sentía en casa, como si por fin hubiese llegado al lugar en el que tenía que pasar el resto de su vida. Y se aferró a él todavía con más fuerza. Continuaron besándose durante minutos, quizá horas, sin percatarse siquiera de que el tiempo pasaba.
—Pero… ¿qué…? —dijo Oliver, quitándole otra pelusa más, del pelo esta vez.
—Ya te lo he dicho, no ibas a creértelo… Incluso a mi me cuesta creerlo y eso que lo he vivido —insistió la chica, inmersa en la oleada de felicidad que la embargaba.
—Me estás asustando… No estarían los Weasley involucrados, ¿verdad? Porque de ellos me creería cualquier cosa…
—Te aseguro que fue algo mucho peor que eso.
—¿En serio? ¿Peor que cuando le levantaron la falda a la señora Hooch en aquel entrenamiento?
La chica rió en voz alta y los dos volvieron a quedarse en silencio mirándose el uno al otro. Katie volvió a poner sus manos en el pecho de Oliver y él agarró las manos de la chica sin dejar de mirarla ni un solo instante.
—Katie… Sé que he sido un idiota…
—Es verdad —le cortó Katie —, pero lo cierto es que yo también, así que…
Oliver sonrió con ternura —No quiero estropearlo nunca más, no lo estropeemos nunca más, ¿de acuerdo?
—De acuerdo —murmuró la chica antes de que los labios de Oliver volviesen a saborear los suyos lenta y pausadamente. Volvió a abrazarse a él y pensó que, por una vez, la realidad era mejor que los sueños.
Hmm... no sé si estoy demasiado satisfecha pero ahí queda! Si os queda todavía un poco de cariño por mi (comprendería que no quedara T_T) mandadme un review porfaaaaaaaa!
