Hola, hola! Feliz viernes! aquí les traigo el último capítulo de la semana. Espero les guste y aunque hago sufrir un poco a los rubios, ya los tengo juntos y apoyandose mutuamente, así que no me maten y mejor sigan dejando sus comentarios que me alegran el día!
Capítulo 25
Las terapias que los doctores le han dado al patriarca de los Andrew se dan en el hospital, todos los días por las mañanas, al salir de ahí Albert pasa por las oficinas del banco y sigue trabajando con los préstamos y pequeñas empresas; lo que hace al rubio regresar poco antes de la cena a la mansión. Candy acompaña al rubio los primeros días de terapia pero cuando ve que él no quiere su ayuda y prefiere a las otras enfermeras del hospital, se rinde. Él no tarda en convencerla de que regrese a trabajar a la Clínica Feliz.
El doctor Martin la recibe con los brazos abiertos y rápidamente logra entrar en la dinámica de trabajo de la clínica. Los nuevos doctores son fantásticos; nunca dejan de tener pacientes haciendo recobrar su alegría natural a la rubia de ojos verde. Antes de regresar a la mansión Candy suele pasar al comedor para ver que esté funcionando como cuando Terry lo atendía personalmente. El lugar está a reventar como siempre y la comida parece nunca agotarse. Luego regresa rápidamente a la mansión de los Andrew para cenar con Albert.
- Mañana comienza el juicio – le comenta Albert cuando es despertado por la rubia para que se prepare para la cena
- ¿Cómo han estado tus terapias? – pregunta ignorando su comentario
- A veces no tengo idea de porque las tomo, no siento ninguna mejoría. Lo único que consiguen es dejarme agotado, solo pude estar un par de horas en la oficina y en cuanto llego a casa caigo dormido
- Tienes que tener paciencia Albert
- Eso intento, Candy – le dice mientras Alfred le ayuda a sentarse en la silla para bajar al comedor a cenar.
Ya en la mesa los rubios se sientan a cenar y ahí Albert le vuelve a mencionar que el juicio comenzará al día siguiente y tendrá que asistir.
- ¡Oh, Albert! déjame acompañarte, por favor
- Preferiría que no, pequeña
- No podría estar tranquila de saber que estas cerca de Neil. – le dice tomando la mano del rubio
Albert accede y al día siguiente todos se preparan para asistir al juicio. Después de las terapias pasa a la clínica feliz por su pequeña. Los mellizos le ayudan a bajar del vehículo y entra en la clínica feliz para saludar. El Doctor Martin se acerca rápidamente y le saluda feliz con la visita.
- No podré estar mucho tiempo, doctor. Tenemos un juicio al que asistir
- Candy me lo ha contado – responde el regordete – cuídate mucho viejo amigo. No quiero tener que volver a salvarte la vida
El patriarca le cuenta sobre las nuevas terapias las que el doctor Martin aprueba muy entusiasmado. Tener la aprobación de su amigo le anima. Candy termina con uno de los pacientes y se cambia rápidamente para luego salir de la clínica y en poco tiempo ya están los rubios en los juzgados de la ciudad.
Es bastante complicado para Albert acceder a la sala de reuniones donde se llevará a cabo el juicio y tardan más de lo esperado en subir los cuatro pisos de escaleras y caminar por una serie de pasillos angostos atestados de gente y muebles. Cuando por fin entra en el lugar cargado por Alfred, George lo está esperando para informarle que el juicio ha empezado y solo Neil y Eliza están como acusadores.
- Así que sus padres no están enterados de lo que están haciendo sus hijos – comenta Albert contento con la noticia mientras Alfred le sienta en la silla. Entran en la sala y se ubican junto a su abogado.
Neil le lanza una mirada de desafío al rubio pero este prefiere ignorarlo. Candy se estremece ante la presencia de los Leegan. Se sienta junto al rubio y le toma de la mano. Albert siente lo frio y tembloroso de la mano de su pequeña, busca su mirada y le sonríe tratando de infundirle fuerza.
El abogado de los Andrew establece que los documentos que los Leegan están peleando fueron robados y presentan el acta policial como prueba. El juicio se lleva a cabo rápidamente hasta que el juez ordena que se posponga para estudio de las pruebas y de los alegatos presentados. Cuando se empieza a vaciar la sala Albert prefiere esperar a que todos se vayan para poder salir con tranquilidad.
- Por eso prefería que no vinieras, Candy. Estas temblando – le dice después de despedirse de su abogado
- No quería dejarte solo Albert
- Te lo agradezco pequeña – responde besando la mano de la rubia con una gran sonrisa – vayamos por un helado para relajarnos ¿te apetece?
Los mellizos ayudan al rubio a salir por el intrincado recinto hasta la calle donde el chofer ya les está esperando
- ¿Necesitas ayuda tío? – la desagradable voz de Neil se escucha cuando Alfred está subiendo al rubio al vehículo
- ¡Aléjate Neil! – le grita la rubia interponiéndose entre la puerta del vehículo y el hombre
Con un rápido movimiento de brazos Neil avienta a Candy lejos del automóvil intentando acercarse aún más al interior del vehículo. Alfred reacciona rápidamente tomando el lugar de Candy entre el patriarca y el agresor, listo para lanzar un golpe, al mismo tiempo que George detiene la caída de la rubia y Albert grita desde dentro del vehículo. Michael se coloca detrás de Neil y le detiene de los brazos, su hermano tiene la perfecta oportunidad de golpear a Neil pero la voz de Albert le detiene
- ¡Déjenlo! – exclama el rubio pidiendo con las manos que Candy entre en el vehículo con él. Ella no lo duda y sube rápidamente acurrucándose en los brazos del rubio.
- Siempre rodeado de gente que te cuide. Eres un inútil ¿no te parece tío?
Los policías del juzgado se acercan haciendo que Neil no tenga más remedio que alejarse del lugar caminando por la calle subiendo en la esquina a un taxi donde ya su hermana lo está esperando.
- Tranquila Candy – le dice Albert acariciando el suave cabello de la rubia que llora desconsolada en los brazos del rubio
- Tengo miedo Albert. Tengo miedo de que Neil te lastime
- No pasará nada Candy, te lo aseguro
...
Albert deja a la rubia durmiendo en su habitación y baja a la biblioteca donde George le espera.
- ¡Maldita sea, George, tenemos que hacer algo!
- Tranquilícese William
- ¡Estoy harto de estar en esta maldita silla! De ser un inútil que no se puede defender…
- No pasó nada – le trata de tranquilizar George
- ¡Ese desgraciado pudo lastimar a Candy! – exclama furioso – Podrá volver intentar matarme, pero ¡no quiero que vuelva a tocar a Candy!
George le ofrece un whisky y se sienta frente al rubio esperando que su frustración aminore. – ¿Por qué no le pide que vaya a vivir una temporada al Hogar de Pony? – le propone George
- No va a querer – responde ante la idea de su amigo y mano derecha
- Hable con ella, sea honesto y dígale que por su propia tranquilidad necesita que esté lejos en estos momentos.
- No aceptará – repite nuevamente
- Aceptaría si le dijera que la ama y que lo hiciera por amor…
- ¡Basta George! – le reclama arrojando el vaso hacia una de las paredes de la habitación – no quiero hablar de eso.
- Candy lo ama, William
Los hombres guardan silencio durante un largo rato hasta que el joven le dice que hablara con ella. Aunque tendrán que buscar la manera de proteger a Candy pues saben que no aceptará salir de la ciudad. Durante la cena Albert le propone ir al Hogar y como lo había predicho ella se niega rotundamente.
- No volverás a los juzgados – sentencia el rubio
- No – contesta la rubia con más determinación que el hombre frente a ella – estaré a tu lado en todas las audiencias
- Candy… por favor – le pide suspirando con resignación
- No Albert. Quiero estar contigo
- ¿Que no entiendes que me preocupas?
- Y tú me preocupas a mí – le dice acercándose más a él para tomarle de la mano. Él mira las manos entrelazadas y luego mira esos hermosos ojos verdes que le tienen enamorado desde hace tanto años
- Candy…
- Tengo miedo de que Neil te haga más daño – le dice con sinceridad estremeciéndose solo con sus palabras
- Y yo de que intentando lastimarme te haga daño a ti – refuta el rubio con honestidad – eso no lo podría soportar. Puedo volver a sufrir un disparo, golpes… lo que Neil quiera hacer conmigo, pero no soportaría que te vuelva a tocar
- Albert… - dice la rubia mirando directamente al chico entendiendo el sufrimiento que siente por su culpa – está bien Albert, prometo no volver a interponerme, pero no me pidas que me aleje de ti
