Hola a todas! Sí! Soy yo otra vez! jajaja, no han pasado dos meses! Sólo uno! xD voy mejorando eh? Y ya tengo el próximo capítulo pensado así que pronto os lo traeré!
¿Qué os pareció la segunda parte de las Reliquias de la Muerte? Yo no voy a contar nada a nadie por si no la habéis visto, pero madre mía, hacía muchíííííísimo que no lloraba de esa manera! Para mi la saga de Harry Potter es mucho más que una saga de libros, para mi siempre fue un refugio para los buenos y los malos momentos, un amigo que siempre estaba ahí para consolarme, en cualquier momento y a cualquier hora del día. Me emocionó mucho ver terminar ese pedacito de mi corazón. Seguro que algunas me entenderéis, otras pensaréis que estoy loca y con razón, jajaja, pero bueno.
No me enrrollo más! Aquí os dejo el siguiente capítulo! Espero que os guste, y si os animáis, dejadme un review!
Disclaimer: No... No, no no no no no T_T
CAPÍTULO 17
Hay quien ha venido al mundo para amar a una sola mujer y, consecuentemente, es probable que tropiece con ella. Ortega y Gasset
En la torre de Gryffindor se respiraba tensión en el ambiente. No era para menos, aquel mismo sábado se iba a jugar un partido crucial que decidiría el futuro del equipo de quidditch de Gryffindor aquel año. El partido de Ravenclaw contra Hufflepuff se presentaba como algo vital, si Hufflepuff perdía, Gryffindor todavía tendría alguna oportunidad de ganar la copa. Apenas se hablaba de otra cosa en la Sala Común; por ese motivo, Katie Bell decidió que no podía concentrarse para hacer los deberes en la biblioteca. Leanne no quiso acompañarla, estaba muy ocupada leyendo su nuevo número de Corazón de Bruja que su tía favorita le había enviado aquel mismo día.
La señora Pince la recibió con su habitual gruñido, que significaba que reconocía su existencia. La chica, sin más, se sentó en una de las mesas cercanas y sacó sus libros de Aritmancia.
Empezó a leer las hojas que habían estudiado aquel día. Alzó los ojos y se encontró con la mirada de Cedric en la lejanía. Él le sonrió y le saludó con la mano al pasar por delante de su mesa camino hacia la salida. Ella correspondió a su sonrisa y le devolvió el gesto. Sintió sin poder evitarlo una punzada de culpabilidad por sentirse tan inmensamente feliz cuando le había hecho daño a Cedric y debía sentirse como la mala persona que en realidad era.
Cuando este se hubo marchado, suspiró y siguió su trabajo con la meticulosidad que la caracterizaba para intentar olvidar la cuestión. Comenzó a resumir el texto y las anotaciones que había hecho en los márgenes con lo que había apuntillado la profesora Sinistra. Pudieron pasar minutos u horas, pero Katie ni siquiera se dio cuenta de lo inmersa que estaba en su tarea.
"La causalidad de los números es inversamente proporcional a la similitud de sus caracteres", estaba escribiendo cuando de repente escuchó un inconfundible "¡Hola!" junto a su oído.
El grito de la chica resonó en los muros de la biblioteca como el de una banshee, y debido al salto que dio por el susto, muchos de sus papeles volaron y empezaron a caer al suelo. Con la mano en el pecho se giró para encontrase con la mirada atónita de Oliver, que la miraba sorprendido.
Respirando con dificultad, miró a la señora Pince que a su vez la miraba con cara de pocos amigos. Se mordió el labio y le hizo un gesto de disculpa con la mano, a lo que la bibliotecaria respondió con un bufido de indignación. Sin más reprimenda, la mujer volvió a mirar los papeles que tenía en la mano y no hizo más caso a Katie.
La chica se volvió hacia Oliver, que ahora sonreía.
—¿Estás loco? ¿Acaso has empezado a salir conmigo sólo para matarme de un susto? —le dijo en voz baja para no llamar todavía más la atención.
—Lo siento, creí que me habías oído llegar —respondió el chico, sin demasiada seriedad, colocándole los papeles que se le habían caído al suelo sobre la mesa.
Katie asintió con la cabeza —Pues yo también lo siento, pero vas a tener que esperar a que vuelva a latirme el corazón —la chica se pasó una mano por el pelo y trató de sonreír después de mirar a su alrededor y darse cuenta de que todavía había gente mirándola —. Todo el mundo nos está mirando… —murmuró entre dientes.
—Sí… Es que has pegado un grito que se habrá oído desde el campo de quidditch —contestó Oliver, divertido.
—Probablemente sea eso, sí… —dijo Katie, carraspeando.
Oliver apoyó el brazo en la mesa —¿Qué estás haciendo?
La chica alzó una ceja y lo miró con una sonrisa —Pues estoy en una biblioteca, con libros abiertos y un bolígrafo en la mano, así que supongo que estoy jugando al golf —le dijo sarcásticamente mientras empezaba a juguetear de nuevo con las plumas de su bolígrafo.
Él soltó una risita fingida —Ya sabes a lo que me refiero, a qué estás haciendo concretamente en este momento. ¿Y qué demonios es el 'golf'?
—¡Oh! ¡No sabes lo que es el golf! Un día te llevaré, te gustará. Y en respuesta a qué estoy haciendo, estoy con el ensayo de Aritmancia de esta semana. Va sobre causalidad numérica, ¿te interesa? —preguntó ya sabiendo la respuesta.
Oliver puso cara de asco —No, prefiero dedicarme a criar bludgers, muchas gracias.
—Eso creía —respondió la chica.
Ambos se miraron durante unos cortos pero intensos segundos, y al final Oliver se animó a sostener los dedos de Katie entre los suyos, haciendo que la chica no pudiese evitar sonreír. Los dos sabían que no se habían saludado apropiadamente todavía, pero con toda la gente que estaba pendiente debido al grito de Katie no sería muy apropiado empezar a besarse. A la señora Pince podía darle un infarto.
—¿Has pensado cómo contárselo? —preguntó Oliver entrelazando sus dedos.
—¿Contarle el qué a quién? —dijo Katie.
—Ya sabes, contarle lo nuestro al equipo —explicó el chico.
Katie puso una mueca de dolor —Oh… Eso…
—Sí, eso —respondió el guardián, con una media sonrisa —. Tarde o temprano tendrán que enterarse.
—Lo sé… —masculló Katie —. Pero cuando lo sepan no van a dejarnos en paz.
Oliver sonrió —Eso también lo sé.
—Te diré lo que vamos a hacer —dijo Katie acariciando la mejilla de Oliver con ternura —, se lo diremos cuanto antes, en cuanto les veamos, de forma rápida e indolora, como quitarse una tirita.
—Lo dices como si fuesen a matarnos, seguro que se les olvida enseguida, con los partidos importantes que vienen ahora… —le dijo él intentando quitarle importancia al asunto.
—Eso ya lo veremos, pero creo que no estamos hablando del mismo equipo… —respondió la chica, temerosa —. Sea lo que sea, será mejor hacerlo pronto.
—Me parece una buena idea —contestó Oliver acercándose lentamente.
—De acuerdo —le respondió ella, cerrando los ojos y sonriendo contra los labios de Oliver que ya casi habían encontrado los suyos.
Los interrumpió un carraspeo de la señora Pince, que se había colocado tras ellos justo antes de que sus labios llegaran a juntarse. Se separaron y miraron a la bibliotecaria con cara de niños que nunca habían roto un plato. Negando con la cabeza, la señora Pince se marchó de allí claramente indignada.
—¿Sabes? En realidad, ahora que me acuerdo, he venido a secuestrarte —dijo él, recogiéndole todo lo que tenía en la mesa.
Katie lo miró extrañada —Sabes que si me lo dices pierdes el elemento sorpresa, ¿verdad? —ante la falta de respuesta de Oliver la chica miró cómo metía todos sus lápices y bolígrafos en su estuche. Volvió a mirarle a él, expectante.
—Venga, nos vamos —se limitó a decir él.
—Oh, esto es para mañana… —protestó Katie como una niña pequeña.
—Tendrás tiempo después, si no nos marchamos ahora la señora Pince terminará echándonos de por vida de la biblioteca por escándalo público —explicó el guardián con urgencia.
—¡Ah! —exclamó la chica, comprendiendo por fin de qué se trataba el asunto —. Vale, de acuerdo, ¡de acuerdo!
Una vez fuera de la biblioteca, a Katie se le pasó la tarde francamente rápida. No se arrepintió de haber dejado los deberes a medias…
…Hasta que llegó la mañana siguiente. La chica intentaba comerse su tostada mientras le daba los últimos retoques a la redacción para la profesora Sinistra. Era difícil sincronizar la mano izquierda para llegar a su boca pero no llenar el pergamino de migas ni de mermelada mientras la mano derecha continuaba escribiendo y corrigiendo algunas cosas.
No ayudaba el hecho de tener a Fred y George Weasley sentados frente a ella soltando comentarios jocosos sobre la gente que pasaba por delante. El atragantamiento empezaba a ser un serio riesgo para ella.
—Eh, Percy no podría caminar más tieso aunque se hubiese tragado una escoba, ¿verdad? —decía uno de ellos.
Los gemelos rieron entre ellos y soltaron algunas tonterías más sobre su hermano.
—Pobre Percy, cómo os pasáis con él… —murmuró Katie entre frase y frase de su redacción.
—¿Pobre Percy? Si ayer anoche te hubiese sermoneado sobre los peligros de las bandas en el grosor del culo de los calderos tú también te meterías con él —se defendió George poniendo las manos arriba.
Katie no pudo evitar reirse y siguió con su trabajo cuando alguien se sentó a su lado. Por supuesto, se trataba de su ahora novio, Oliver Wood. ¡Su novio! Era una locura tan grande que le daban ganas de reírse.
Después de saludarles a todos se dirigió a Katie en particular.
—¿Deberes durante el desayuno, Katie? —le preguntó con un tono de cachondeo que sólo Katie detectó.
—Sí… Es que ayer alguien me entretuvo —respondió ella en el mismo tono.
Oliver bufó, haciéndose el indignado —-Deberías pegarle.
—Quizá lo haga —dijo antes de seguir escribiendo.
El capitán rió entre dientes y volvió su atención hacia los gemelos Weasley.
—¿Os acordáis de que tenemos entrenamiento luego? ¿A las 6? —les preguntó cambiando su tono al denominado 'el tono', 'el tono' era aquel tono con el que se dirigía a los miembros de su equipo como si fuese la única autoridad a la que debían responder, era un tono que no admitía discusión ni réplica alguna.
—Que sí, Wood, no seas pesado —dijo Fred Weasley —. Estaremos ahí dándolo todo como siempre.
—¡Más os vale Weasleys! ¡Todavía tenemos una pequeña oportunidad de ganar la copa y no pienso desperdiciarla! —exclamó antes de darle un último mordisco a su tostada con mantequilla —. ¡Nos vemos luego! —se despidió, no sin antes guiñarle el ojo discretamente a Katie de manera que nadie más en la mesa se dio cuenta.
La chica le siguió con la mirada mientras se marchaba y luego siguió a su tarea.
—Ya nos está soltando frasecitas motivadoras de las suyas, parece que se le ha pasado el disgusto —dijo uno de los gemelos.
—Sí… ¿Por qué será? —le respondió su hermano con curiosidad.
Katie alzó la mirada de su pergamino, con su redacción recién terminada, y empezó a recoger —Pues no tengo ni idea —respondió intentando sonar sincera —. Yo también me marcho, ¡hasta luego!
Y dejó a los dos pelirrojos un tanto extrañados y perplejos. Pero se les pasó enseguida, ya que Percy volvió a pasar junto a ellos y volvieron a la carga.
Katie Bell corría por los pasillos de Hogwarts. Tenía entrenamiento. Hacía 10 minutos. No sabía cómo funcionarían las cosas ahora, pero sí que sabía que a Oliver no le gustaba que nadie llegase tarde a los entrenamientos.
Aquello era el remate a un día horrible. Aunque había entregado a tiempo la redacción a la profesora Sinistra, no les dio tregua y les había mandado un montón de ejercicios para el día siguiente. Snape no había sido más misericordioso y les mandó también dos pergaminos sobre la poción para despertar. Además se había dado un golpe en el pie con la esquina de un armario y la profesora McGonagall le había informado de su castigo: Toda una semana yendo al despacho de la profesora Sprout a ayudarle a corregir trabajos de los alumnos de primero y segundo. Eso iba a suponer toda una semana de trabajo propio atrasado.
Atravesó a todo correr los terrenos de Hogwarts hasta que llegó al vestuario donde la estarían esperando. Y nunca mejor dicho.
—Llego tarde, llego tarde, ¡lo sé! No os podéis imaginar el día tan horrible que he… —la chica alzó la cabeza entonces para encontrarse con las miradas de todas las personas del equipo. Angelina parecía que estaba conteniendo el llanto, Alicia la miraba como una madre orgullosa, Fred y George parecía que habían descubierto oro y el pequeño Harry Potter solamente sonreía — tenido… —musitó consciente de que todas las miradas estaban posadas en ella.
Miró a Oliver que parecía un poco apurado.
—Hola —los saludó con resignación —, supongo que se lo has contado —se dirigió a Oliver esta vez, con un tono demasiado agudo que denotaba su incomodidad. El chico le respondió con un escueto 'aha'.
Ella asintió con la cabeza intentando aceptar que el momento había llegado. Reinó el silencio por unos segundos hasta que Alicia no pudo más y lo rompió.
—Oh, ¡Merlín, Katie! —balbuceó con la voz llena de emoción.
—Vale, voy a ir a cambiarme —respondió ella nerviosamente y volando más que andando hasta el vestuario para huir de sus compañeros de equipo.
—¡Espera, Katie! —escuchó decir a alguien y luego un enorme revuelo que se prolongó durante todo el rato que tardaron las chicas en cambiarse. Al parecer Alicia y Angelina se habían olvidado del hecho de que no les había contado lo ocurrido en el mismo momento y estaban tan emocionadas como una niña con zapatos nuevos. Más bien como una madre con zapatos nuevos, ya que no hacían más que decirle lo orgullosas que estaban de ella, entre otras cosas.
Cuando salió del vestuario de las chicas el murmullo se hizo casi griterío cuando los Weasley se apuntaron a la ronda de preguntas de Alicia y Angelina con respecto a ella y Oliver. Éste parecía estar librándose de todo ya que nadie le preguntaba nada a él. Katie le miró con desesperación y al final dio un silbido para conseguir que todo el mundo se callara.
—Vale, ¡tiempo muerto todo el mundo! ¿De acuerdo? —dijo la chica intentando poner un poco de orden —. Tenéis tres preguntas, ¡tres y ni una más!
Oliver observaba la escena, divertido.
—Vale, ¡bien! ¿Cuánto hace de esto? —preguntó George Weasley.
—Dos días, ¡siguiente! —respondió Katie categóricamente.
—¡Dos días y nos enteramos ahora! —le dijo George, haciéndose el indignado—. ¡Qué poca vergüenza!
—Ohhh, ¿y cómo fue? —dijo esta vez Angelina, ignorando las protestas del Weasley, sin poder evitar caer en la tentación.
Katie bufó —Fue precioso—contestó con rapidez—, ¿la última pregunta?
—¿Qué tal se le da a nuestro chico? —preguntó Fred Weasley jocosamente, dándole un codazo en las costillas a Oliver.
La chica alzó una ceja y, con una sonrisa malévola, le respondió —No pienso contestarte a eso, si realmente quieres saberlo tendrás que probarlo por ti mismo—y le guiñó el ojo, a lo que Fred respondió riéndose al principio pero apartándose lentamente de Oliver después.
—Vale, ya está, se acabó, tres preguntas, ¿podemos volver al quidditch, por favor? —dijo Katie. Después dio un gran suspiro y, escoba en mano, salió hacia el campo de quidditch donde iban a entrenar.
—¡Eh! Es verdad eso de que las parejas empiezan a parecerse —comentó George mientras todo salían al campo.
El entrenamiento resultó francamente agotador en todos los sentidos. Por un lado, porque no habían cesado las bromitas y los comentarios sobre la nueva pareja del equipo. Por el otro, porque Oliver parecía estar recuperando los ánimos y, después de unos entrenamientos en el que apenas les había exigido nada, empezaba a volver a no darles tregua.
Cuando Katie fue a coger sus cosas de la taquilla del vestuario tuvo que aguantar alguna tontería más por parte de los gemelos y las chicas, pero estaba tan agotada que no les hizo el menor caso.
—¿Día duro? —le preguntó Oliver, acercándose por detrás. Se dio cuenta entonces de que se habían quedado solos.
La chica se giró y se encontró cara a cara con él. Le miró con malicia —Eres un novio horrible, me has dejado capear el temporal a mi solita —protestó, en parte bromeando y en parte expresando un ligero enfado.
—Oh, parecía que te estabas arreglando muy bien tú sola. Bueno, hasta que le has propuesto a Fred que me bese ibas muy bien —contestó el chico, rodeando la cintura de Katie con sus brazos.
—Tenía que haberlo hecho, habría sido divertido —le respondió ella colocando sus brazos en su pecho.
—Quizá para ti… —murmuró en voz cada vez más baja—. ¿Qué te parece si mejoramos tu día? —le preguntó al oído.
Katie sonrió como una tonta —De acuerdo.
Los labios de Oliver tocaron los suyos con suavidad una, dos, tres veces hasta que se posaron con más fuerza. Katie aprovechó para rodearle el cuello con sus brazos y así aferrarse con más fuerza al chico, que reclamaba paso hasta su boca con frenesí. Cuando se lo concedió se sintió transportada al Nirvana, al cielo y a todos los paraísos al sentir la lengua de Oliver acariciar la suya suave y tiernamente.
El chico profundizó el beso todavía más mientras una de sus manos acariciaba la mejilla de Katie para prolongar todavía más el contacto. Por su parte, las manos de Katie descendieron para volver a posarse en el duro pecho del guardián. Estaban tan cerca que ella podía distinguir cada uno de sus músculos, tallados por los duros entrenamientos durante años. 'Dios bendiga el quidditch', pensó Katie mientras Oliver volvía a besarla, esta vez con más pasión.
—¡Eh chicos! Me he dejado mi… ¡vaya! —aquella exclamación rompió el momento de una forma tan definitiva como un cristal al romperse.
La pareja se separó para encontrarse con un sonriente Fred Weasley, que parecía encontrar la situación tremendamente divertida.
—Siento la interrupción, pero me había dejado la mochila —les dijo, aunque se veía con claridad que no lo sentía en lo más mínimo.
—Bueno, deberíamos irnos —musitó Katie palmeando suavemente el pecho de Oliver antes de abrir la taquilla y sacar sus cosas de allí.
—Bien —le respondió Oliver, resignado.
Después de ver salir a Katie por la puerta del vestuario dirigió una mirada airada a Fred Weasley.
—Tú y yo hablaremos mañana de tus flexiones extra —amenazó antes de marcharse también.
Fred le siguió dubitativo y le preguntó —¡Eh! ¿Es en serio? ¿Debería preocuparme?
¿Qué tal? Sea bueno o sea malo, ¡Cuéntamelo!
