Hola, hola! Buen inicio de semana a todos! Gracias por continuar leyendo esta historia y por dejarme sus comentarios! Espero les siga gustando y por lo pronto, aquí les dejo el capítulo de hoy.
Capítulo 26
La ciudad está sumida en la tranquilidad de la noche. Albert duerme inquietamente después de lo sucedido en el juzgado. La señora Smith está a su lado como siempre acostada en un cómodo sillón dormitando. En la habitación de al lado duermen los mellizos con la puerta abierta para estar lo más cerca de Albert posible. Un grito de terror se escucha por la casa. Los mellizos se levantan de un salto saliendo de la habitación. Uno de ellos se aproxima a la puerta del patriarca y el otro se queda en el pasillo vigilando.
- ¡Es Candy! – exclama el rubio despertando al escuchar el grito. La señora Smith está a su lado
Michael es quien corre hacia la habitación de la enfermera para ver qué sucede. Albert desesperado le pide a la señora Smith que también vaya a ver, ella le deja en la cama mientras Alfred se queda en la puerta.
- ¡Ah! ¡Maldita sea! – exclama el rubio lleno de impotencia queriendo correr al lado de su pequeña, atorado en esa cama – vamos Alfred trae la silla y llévame a su cuarto – le apremia desesperado
El hombre duda unos segundos pues le preocupa su seguridad pero al ver la mirada del rubio no duda en seguir sus instrucciones. En cuanto está la silla de ruedas al lado de la cama, la puerta de la habitación se abre y la rubia entra acompañada de la señora Smith
- ¡Candy! - exclama Albert abriendo sus brazos para recibirla. Ella corre a la cama y sin pensar sube en ella arrojándose a los brazos de su protector – ¿Qué tienes? ¿Qué sucedió? – pregunta feliz de tenerla en sus brazos y ver que está bien
- Una pesadilla – responde la señora Smith comenzando a preparar té para los jóvenes en una pequeña y elegante hornilla que hay en un extremo de la habitación para siempre tener agua caliente para el rubio.
Alfred se aleja de la cama y junto con su hermano salen de la habitación. Albert se recuesta en la cama sin dejar de abrazar a la rubia tratando de cubrirla con las cobijas. Ella sin pensarlo se mete en la cama, debajo de las sabanas, sintiendo el roce de su cuerpo con el del rubio. Se recarga en su pecho sin dejar de sollozar.
- Tranquila pequeña – le dice el rubio recibiendo una de las tazas de té de la señora Smith – toma un poco de té, eso te ayudará
Ella toma un pequeño sorbo comenzando a tranquilizarse, feliz de saber que solo fue una pesadilla, que el hombre que ama está vivo y está a su lado.
- La señorita soñó con lo sucedido está tarde – le dice la señora Smith sentándose en su sillón al lado de la cama atenta a lo que los rubios necesiten
- ¿Ahora entiendes porque no quiero que me acompañes?
- ¡No Albert! – dice Candy aferrándose aún más al pecho del rubio – no me alejes de ti, no podría vivir con la angustia de no saber que estas bien, de que Neil podría volver a atacarte y yo no esté a tu lado
- Tranquila Candy – le dice abrazándola un poco más fuerte, secando sus lágrimas con suavidad y besando su frente – te aseguro que no pasará nada
Albert le mantiene a su lado obligándola a beber el té y luego a tomar una pastilla que le ayude a dormir. En menos de una hora Candy se queda profundamente dormida firmemente agarrada del pijama del rubio.
- Por fin se durmió – le dice a la señora Smith entregándole la taza
- La pastilla le hará dormir hasta mañana – responde acercando una nueva taza al rubio – ahora le toca a usted
- No creo necesitar medicina
- Es solo té, le ayudará a relajarse. Usted también estaba teniendo sueños intranquilos antes de que los gritos de la señorita Candy nos despertarán.
Albert bebe media taza comenzando a sentirse cansado. La señora Smith le acomoda lo mejor posible un par de almohadas en la cabeza que él agradece, le entrega la taza y abraza a la rubia en su pecho antes de cerrar los ojos y dormir. La señora Smith sonríe y apaga la luz acomodándose en el sillón.
...
Él es el primero en despertar aun abrazando a la rubia y ella fuertemente sigue afianzada a su pecho. «¿Será posible que me ames, Candy?» se pregunta el rubio recordando el sufrimiento de su pequeña, de cómo está afianzada a él, de su deseo de estar con él y protegerlo «¿o es solo tu instinto protector de enfermera? ¡ay, Candy! Como desearía detener el tiempo, admirar tú belleza por siempre… seré valiente, no dejaré que nada se lleve lo que tengo delante de mí» un ligero ruido le hace voltear la mirada y se encuentra a la señora Smith levantándose con una gran sonrisa. Ella le susurra un "buenos días" y sale de la habitación guiñando un ojo.
- Buenos días Candy – susurra el rubio cuando la señora ha dejado la habitación. Acaricia el rostro de su pequeña apreciando cada curvatura. Candy comienza a despertar y poco a poco suelta el fuerte agarre de sus manos. Gime un poco ante el dolor de pasar la noche en la misma posición y con tanta tensión. Respira profundamente y sonríe al sentir el aroma del hombre que ama. Abre los ojos y se encuentra con la profundidad del azul de su mirada
- Albert…
- Buenos días mi pequeña dormilona – responde sonriendo sin dejar de abrazarla.
Candy suelta por fin el pijama y recorre con suavidad el torso del rubio, asegurándose que no es un sueño, que en realidad ella está ahí, en su pecho, entre sus brazos
- He dormido profundamente – habla comenzando a incorporarse un poco
- La señora Smith te ha dado algo para dormir. Estabas muy alterada anoche, Candy
- ¡Lo siento tanto Albert! – responde la rubia arrojándose nuevamente al pecho del rubio recordando el miedo que sintió durante sus pesadillas – tuve un mal sueño… Michael y la señora Smith llegaron a mi habitación y yo… yo no podía parar de llorar – cuenta mientras comienza a llorar de solo recordar lo sucedido – ella me dijo que viniera a tu habitación, que eso me tranquilizaría… siento tanto haberte molestado, Albert.
- ¡Ninguna molestia Candy! – le dice secando sus lágrimas
- Ve en qué posición has dormido toda la noche – dice sentándose en la cama –no es bueno para ti
- He dormido perfectamente – le asegura – después de tus gritos no hubiera estado tranquilo sin ti a mi lado
- Lo siento tanto Albert…
- Yo siento mucho que hayas tenido pesadillas, que por mi culpa las tuvieras
- ¡Oh, Albert! – le dice abrazándolo nuevamente – no es tu culpa
- Lo es Candy – dice con seriedad – si no estuviera en esa silla podría defenderme, defenderte de ese desgraciado de Neil…
- Albert, solo prométeme que te cuidarás, que no permitirás que ese hombre te vuelva a hacer daño, no podría vivir si algo te sucede
- Te lo prometo pequeña – le dice besando su frente.
Candy se queda unos minutos más recostado en el pecho del rubio, impregnándose del aroma del rubio, fortaleciéndose con su contacto. Una de las mucamas toca a la puerta y entra acompañada de Alfred con un par de bandejas de comida.
- El desayuno está listo – informa dejando la comida en una de las mesas y saliendo del lugar rápidamente. Candy se levanta de la cama sintiendo mucha hambre descubriendo un verdadero banquete en los platos.
- ¿Qué se te antoja? – pregunta metiéndose un par de fresas a la boca mirando hacia la cama donde Albert se mueve acomodándose un poco.
- Creo que un poco de jugo – responde
Candy sirve jugo en un vaso y se acerca a la cama para ayudar al rubio a moverse un poco más. Albert se deja ayudar y toma el vaso bebiéndolo casi por completo. Candy regresa a la mesa y sirve un enorme tazón con fruta y cereal, sube a la cama por el lado contrario a Albert hasta sentarse junto a él, se recarga en su pecho y con el tenedor le da una fresa.
Gracias – responde sintiéndose en un sueño.
