Uf... Soy un desastre desastroso, ni siquiera voy a intentar disculparme porque sé que no tengo perdón... Pero la vida se entrometió y ya sabéis lo que pasa cuando eso ocurre... Mil disculpas de antemano para todas las que esperaban este capítulo, por fin ha llegado, y para las que me han dicho que pensaban que esto estaba abandonado... DE NINGUNA MANERA! Pienso terminar este fic, porque tengo muchos planes de futuro para él, tengo pensadas un par de 'secuelas' que estoy deseando escribir, así que no os preocupéis, ¿vale?
Pensad que he estado escribiendo esto los últimos días en lugar de estudiar Desarrollo Cognitivo y Motor xD ¿A que suena doloroso? ¡Lo es! jajajaja, pero bueno, ¿verdad que es horrible las ganas enormes que te dan de escribir cuando estás de examenes? En fin... Seguro que me comprendéis.
En fin, una NOTA IMPORTANTE, he hecho unos cambios sustanciales en el capítulo 14, el de la ruptura de Katie y Cedric. Son cambios importantes en la escena de la ruptura; la verdad es que estaba bastante descontenta con el resultado, me parecía demasiado irreal y perfecto, creo que así está mejor... si queréis, pasaros por ahí para releer la escena, si no, no pasa nada, tampoco es algo que influya el resultado del resto de la historia así que si no queréis, no lo hagáis.
Por último, sé que estaréis bastante decepcionadas por el retraso, pero os pido por favor que comentéis! Sabéis que una autora con comentarios es una autora feliz, y una autora feliz escribe más deprisa! Sin más retraso, os dejo con estas 11 páginas de word de capítulo (que se dice pronto), para intentar compensaros la espera!
Si queréis estar informadas de mis progresos os recomiendo que me sigáis en twitter (noturlovemonkey) o en mi blog (que hace mucho que no actualizo pero tengo intención de poner al día, y es más probable que veáis más por él que por el twitter), que próximamente actualizaré en mi perfil. Si me seguís o me leéis por alguna de estas partes, por favor, haced saber que estáis ahí y que venís de aquí xD así os tengo fichadas, muahaha xD.
Vale, ya me callo.
Disclaimer: Que no joe... Que no es mio ni lo ha sido ni lo será... qué depresión T_T
CAPÍTULO 18
Existen dos maneras de ser feliz en esta vida, una es hacerse el idiota y la otra serlo. Sigmund Freud.
Katie atravesó el retrato de la Dama Gorda todavía leyendo la carta que tenía entre las manos. Estaban a finales de Noviembre y su madre ya quería saber cuáles eran sus planes para las Navidades. Evelyn estaba planeando una fiesta de alto copete en la mansión en la que vivían, y eso hizo ganar todavía más peso al plan de irse a pasar las fiestas a Nueva York con su padre. Unas navidades tranquilas patinando en el Rockefeller Center serían preferibles a una fiesta detrás de otra, con su madre detrás suyo constantemente porque no se había puesto demasiado colorete al maquillarse.
Además de eso, les había llegado la notificación para presentarse a las clases de preparación para el examen de aparición que tendría lugar pronto. Francamente lo estaba deseando, por fin se terminaría aquello de aguantar a señoras mayores sentadas a su lado en el avión que le contaban la vida de su familia durante las 10 primeras horas de vuelo.
Iba sonriendo para sí misma cuando se tropezó con algo que casi le hizo perder el equilibrio. Cuando observó lo que era, se dio cuenta de que se trataba de una pieza de los gobstones de los gemelos Weasley, a los que la jugada se les había ido de las manos y habían empezado a lanzar piezas a diestro y siniestro gritando cosas ininteligibles para nadie que no perteneciese al árbol genealógico de los Weasley.
Poniendo los ojos en blanco, siguió caminando hasta la mesa en la que se encontraban sus amigas, Leanne, Alicia y Angelina. Las tres estaban trabajando en algo. Leanne estaba haciendo los deberes que el profesor Binns les había mandado hacía una semana y que eran para el día siguiente, y que Katie había terminado hace días.
No era un trabajo fácil, y se veía que la pobre Leanne estaba atacada de los nervios por haberlo dejado todo para el último momento. Estaba despeinada y se llevaba todo el rato las uñas a la boca. Cuando vio a Katie sentarse frente a ella puso cara de alivio.
—¡Merlín, Katie! Menos mal que estás aquí, necesito que me ayudes con esto, me ayudarás con esto, ¿verdad? —exclamó su amiga con desesperación.
La chica dejó sus cosas sobre la misa y la miró con una ceja alzada —¿Con ayudarte te refieres a que te deje copiar mi trabajo?
—Bueno, eso sería fantástico, la verdad —respondió Leanne con franqueza.
—¿Y admites que eres una holgazana sin remedio que debe empezar a replantearse sus preferencias? —le preguntó Katie.
—Por supuesto —contestó su amiga con rapidez.
—¿Y también admites que es una mala idea hacerse la pedicura francesa en lugar de hacer tus deberes, atufando toda la habitación en el proceso? —insistió la cazadora.
Leanne pareció dudar un poco —Vale, de acuerdo, lo admito.
—¿Y prometes no volver a hacerlo? —siguió diciendo Katie.
Su amiga frunció el ceño y pareció pensárselo hasta que al final se decidió —Está bien…
—El trabajo está en la carpeta azul, en mi mochila —terminó Katie, poniendo una mueca de satisfacción mientras Leanne se levantaba y gritando '¡Gracias, gracias!' salía corriendo a la habitación que compartía con Katie a coger el trabajo de la chica.
Angelina y Alicia rieron entre dientes mientras el resto de alumnos que estaban en la Sala Común miraban hacia las escaleras por las que había subido Leanne sin comprender absolutamente nada.
—Eso ha estado bien —le dijo Alicia, todavía riendo.
—Lo que estará bien es no volver a dormir con el olor del esmalte metido hasta el cerebro —respondió Katie sacando su copia de El Profeta de aquel día y poniéndola sobre la mesa.
En pocos minutos Leanne bajó con el trabajo de Katie entre las manos y se puso a trabajar en silencio. La chica no habría podido concentrarse con la gente que pasaba constantemente y hablaba en voz bastante alta sobre el inminente partido de Ravenclaw contra Hufflepuff que se celebraría al día siguiente, sin embargo Leanne tenía la capacidad de aislarse del mundo y trabajar en lo suyo sin que nada más le molestase. También tenía la capacidad de molestar más que nadie, y supuso que ambas habilidades estarían relacionadas de alguna manera.
Unos compañeros de Gryffindor se levantaron del sofá donde habían estado haciendo alguna cosa y saludaron a las chicas. Katie iba a sacar un cuaderno para hacer algo cuando Leanne, que bajaba con el trabajo de Katie, le dio un golpecito en el brazo para que mirase a otro lado.
Cuando lo hizo, se encontró con Oliver Wood, hecho un ovillo junto a la chimenea. Hasta entonces ni se habían percatado de su presencia, lo cual era un milagro, ya que parecía estar en estado de trance. Tenía un montón de folios en la mano y los pasaba hacia adelante y hacia atrás, como un maníaco.
—Vale… —empezó a decir Leanne —¿Soy la única a la que le preocupa su salud mental?
Angelina puso una mueca de dolor —Alguien debería ir y darle una bofetada —sentenció la morena, recibiendo una mirada incrédula de Katie —. ¡Qué! ¡En las novelas funciona! —protestó.
Katie puso los ojos en blanco y se levantó de donde estaba, para ponerse en cuclillas junto a Oliver ante la atenta mirada de sus chicas.
—Eh, ¿estás bien? —le preguntó cariñosamente.
—¡Sí! —respondió rápidamente el capitán, indicando precisamente lo contrario —Claro que sí, estoy bien, muy bien, quiero decir, ¿por qué no iba a estarlo?
—Estás hablando muy muy deprisa —dijo Katie, como si estuviese hablando a un niño pequeño.
Oliver se detuvo en el acto —¿Qué? ¡No! ¡No estoy hablando deprisa! Es solo hablar apasionadamente, ¿no sabes lo que es habl…? —pero tuvo que dejar de hablar cuando Katie colocó la mano en su boca.
—Estás nervioso por el partido —le cortó sin dar lugar a dudas, era toda una afirmación—. Es ridículo que lo estés, ¿vale? Ravenclaw machacará a Hufflepuff, si nos ganaron fue por las condiciones climáticas, por nada más, ¡fue suerte! —dijo con seguridad —. No te preocupes tanto anda, ¿por qué no te pones a hacer lo que haces siempre antes de un partido? Empieza a planificar estrategias para cuando nos toque enfrentarnos a ellos.
Oliver parecía algo confuso —Pero…
—No hay peros que valgan —cortó Katie —, ¿esta es la actitud que quieres inculcar a tus jugadores?
El capitán pareció confuso en un principio, pero después asintió con la cabeza con suavidad y se levantó.
—Tienes razón —le dijo con una media sonrisa.
—Pues claro que sí, ¿acaso lo dudabas? —respondió ella acercándose a darle un corto beso en los labios —. Ahora deja de estar ausente o Angelina te dará una bofetada, que tiene ganas.
Oliver volvió a sonreír y se marchó escaleras arriba hacia los dormitorios. Katie, por su parte, se sentó de nuevo a la mesa con cara de satisfacción.
—Y así es como se hace —les dijo a sus amigas frotándose las manos.
Angelina soltó una risotada —Increíble.
—Ya verás, esto volverá para morderte en el trasero —dijo Leanne, dándole un golpecito con el hombro y procediendo a terminar de copiar el trabajo de Katie.
—Serás agorera…
Apenas una hora más tarde, los gemelos Weasley, Leanne, Alicia y Katie estaban sentados en el suelo alrededor de la mesa baja de la Sala Común de Gryffindor. Las risas y la concentración se mezclaban durante la dura revancha de una partida de Gobstones. Por supuesto, no eran unos Gobstones cualquiera, eran una modalidad de Gobstones explosivos que pertenecían a, cómo no, los gemelos pelirrojos.
—Vas a morder el polvo, pequeña —decía Fred Weasley, que había perdido la anterior partida y estaba ahora empatado con Katie.
La aludida lo miró con una falsa mueca de indignación —Te vas a arrepentir de haberme llamado pequeña —le respondió lanzando otra de las pequeñas piedras del juego.
—Qué, ¿ya se te ha pasado el disgusto? —preguntó Leanne al percatarse de que Oliver Wood bajaba las escaleras por las que hacía un rato había subido.
—¿Qué? Sssí, sí… Supongo —respondió el capitán, más bien ignorándola —. ¿Qué estáis haciendo? —preguntó en 'el tono'.
Katie alzó su cabeza, olvidándose del juego por un segundo —Pues estábamos jugando a Gobstones, pero supongo que tú tienes algo menos divertido para que hagamos —le dijo con falso entusiasmo.
—¿Deberíamos huir? —preguntó George a su hermano.
—Pues ahora que lo dices —empezó a decir Oliver —, he estado mirando algunos de los libros viejos del año pasado. Me los había dejado olvidados debajo de la cama y me han venido genial para planificar las jugadas en caso de que Ravenclaw derrote a Hufflepuff y he pensado que podíamos comentarlas —concluyó, apartando el tablero de Gobstones de la mesa y colocando sus pesados libros de tácticas.
—Demasiado tarde —le dijo Fred a George, con mueca de fastidio.
El grupo se miró entre sí con sentimientos encontrados. Por un lado, se alegraban de ver que Oliver ya no estaba deprimido, pero por el otro, temían que el maníaco controlador hubiese vuelto de una vez por todas. Sobre todo, dudaban en cuál de las dos opciones era peor. En cualquier caso, ninguno se atrevía a decir nada.
—Se me ha ocurrido que podemos empezar con la teoría y, más adelante, intentar algunas de las jugadas en el campo, si para de nevar claro… —decía Oliver, todavía en su nube de felicidad.
Leanne se levantó —Bueno chicos, esto no va conmigo, así que os dejo trabajar —les dijo con una falsa sonrisilla de pena —. Te lo dije —le susurró a Katie, que le dedicó una mirada de condescendencia. Acto seguido, salió de la Sala Común como alma que lleva el diablo.
—Pe-pe-pero Oliver, no podemos, faltan Harry y Angelina, seguro que si lo hablamos sin ellos se ofenden —dijo Alicia, intentando salvar la situación —. Podemos dejarlo para mañana, ¿no te parece?
El capitán asintió, pensativo —Tienes razón… Debería ir a buscarles, esperadme aquí —. Les dijo, yéndose a buscar a los miembros del equipo que le faltaban.
Alicia, sentada al lado de Katie, le dio un codazo —Deberíamos haber dejado que Angelina lo abofeteara.
—Sí, creo que tienes razón —respondió la cazadora.
—¿Huimos ya? —sugirió George de nuevo, esta vez a todos.
—Oh, sí —le dijo Katie, que tardó pocos segundos en levantarse y desaparecer de allí, seguida por sus compañeros de equipo.
Podía decirse que Katie Bell era bastante feliz. Tenía al chico por el que llevaba años suspirando a su lado, estaba sacando buenas notas y tenía muchos amigos. No tenía motivos para quejarse, ¿verdad? Sin embargo, durante aquella interminable hora de Aritmancia sentía que el estómago se le retorcía.
No había vuelto a estar tan cerca de Cedric Diggory desde que habían roto. Por una cosa u otra, se habían sentado separados en la clase y no habían tenido que hacer ningún trabajo juntos. Sin embargo, aquel día la profesora Vector había decidido que su 'buena' racha se había acabado, y se sentó al lado del capitán de Hufflepuff con esperanza de que el trance no fuese demasiado duro.
Al principio la sensación era extraña. Mientras la profesora explicaba el enunciado del ejercicio que tendrían que hacer, pensó en lo diferente que se sentía ahora al lado de Cedric. Se sentía mezquina y malvada por atreverse a ser tan feliz cuando había hecho daño a una persona. El chico la ignoró al principio, y después tan solo intercambiaron alguna que otra mirada de soslayo.
Cuando salían de clase y Katie creía que iba a caerse al suelo, él le dirigió la palabra.
—Katie, ¿podríamos quedar el lunes que viene después de clase para empezar con el trabajo? Cuanto antes empecemos, antes acabaremos —le dijo.
Ella se quedó congelada durante una pequeña fracción de segundo. No sabía cómo reaccionar, si reírse, si llorar, si salir corriendo… —Ahhh… —fue la única respuesta que salió de su boca en un primer momento —. Sí, sí claro, por supuesto, el lunes estará bien.
Cedric asintió, la chica sintió que iba a marcharse y pensó que no podía perder una oportunidad de esa manera.
—Cedric, espera —murmuró, armándose de valor —. Yo… Bueno —respiró hondo, decidida a decir lo que tenía que decir —. Lo siento mucho, siento todo esto.
—No tienes…
—Sí, sí que tengo que hacer esto —replicó, nerviosa —. Manejé la situación horriblemente desde un principio y… —la chica suspiró —. Lo siento muchísimo, siento haberte herido, no fue mi intención.
—Lo sé —respondió él.
Katie soltó una bocanada de aire que llevaba contenida desde no sabía cuánto tiempo, y sintió que alguna de su tensión se desvanecía —¿Lo sabes?
Cedric asintió —Katie, esto no ha sido culpa de nadie, y eso lo sé, pero… Necesito que me des un poco de tiempo.
—Por supuesto, claro, lo entiendo —se apresuró a responder la chica, con la voz algo temblorosa.
Se hizo el silencio entre ambos durante unos momentos, los suficientes para que Katie sintiese una imperiosa necesidad de morderse el labio.
—Por lo que he oído, Wood no ha perdido el tiempo —comentó el capitán de Hufflepuff, mirando fijamente a su interlocutora.
Katie, sintió una punzada de culpabilidad en el estómago —Bueno…
—No te estoy atacando, Katie. No le culpo, ha hecho lo que debía. Yo tampoco lo habría perdido —le dijo Cedric con una media sonrisa triste.
Ella correspondió a la sonrisa —Lo siento mucho —le dijo, en tono que rozaba el sollozo.
—Eso ya lo has dicho —contestó el chico, quitándole importancia al asunto.
Katie se mordió el labio —¿Estamos…? ¿Estamos bien? —preguntó tentativamente, sin saber si realmente quería conocer la respuesta.
—Lo estaremos —le respondió Cedric, después de un largo suspiro.
La chica asintió con la cabeza, satisfecha y emocionada —Genial.
—Tengo que irme a Runas, Katie, ya hablaremos, ¿de acuerdo? —dijo el Hufflepuff.
—Claro, y suerte mañana —contestó ella, refiriéndose al partido.
Cedric le saludó con la mano y se marchó por el pasillo que daba al piso superior. Katie, por su parte, se apoyó contra la puerta de una de las aulas y soltó una enorme bocanada de aire. Sentía que se había quitado un enorme peso de encima y, libros en mano, se dispuso a volver a la Sala Común.
Aritmancia era la última clase de la semana para ella, ahora podría volver a la Torre y relajarse un poco antes del partido de Quidditch que tendría lugar en menos de 24 horas, y que decidiría el futuro del equipo de Gyffindor en lo referente a la Copa.
Apreciaba mucho a Cedric y había sido sincera cuando le había deseado buena suerte, pero si perdían… Ellos todavía tendrían una oportunidad, y Oliver se pondría tan contento… solamente imaginarse su cara iluminada por la ilusión, le ponía los pelos de punta.
'Hablando del Diablo…' pensó cuando se encontró a su novio (todavía se le hacía raro pensar en él en esos términos) sentado a la mesita en la que hacía unos días, ella misma había escapado de él. Ni siquiera levantó la cabeza cuando se abrió el hueco del retrato, estaba totalmente inmerso en su lectura y en los dibujos que estaba haciendo en un pergamino en blanco.
La chica puso los ojos en blanco mientras una sonrisa se dibujaba en su cara sin permiso. Dio unos pasos hacia él antes de que finalmente se diese cuenta de la presencia de Katie.
—¿Ocupado? —le preguntó, sentándose a su lado en el suelo.
—Un poco —respondió Oliver. Le conocía tan bien que sabía que, bajo el tono tranquilo que intentaba utilizar, se escondía el nerviosismo ante el partido del día siguiente.
Ella empezó a acariciarle el pelo cercano a la nuca mientras Oliver seguía leyendo de un libro polvoriento.
—Si sigues haciendo eso no voy a poder concentrarme —dijo el guardián con una sonrisa, sin dejar de intentar leer.
—Quizá eso es lo que estoy intentando —respondió Katie traviesamente.
—No tiene gracia, primero me dices que tengo que concentrarme en las jugadas, después, cuando decido hacerlo os escapáis y ahora intentas desconcentrarme —Oliver cerró el libro, desistiendo en conseguir hacer algo a derechas.
—Sí, bueno. No siempre sabemos bien lo que queremos —le contestó Katie, bromeando y jugueteando esta vez en el pelo que le enmarcaba la cara al chico.
—Esto es serio, si Hufflepuff gana mañana perderé toda oportunidad de ganar la copa, seré un capitán fracasado… —se lamentó Oliver.
—Pero eso no ocurrirá —respondió la chica —, si nos ganaron fue por las condiciones climáticas y no tienen nada que hacer contra Ravenclaw, Davies se los comerá con patatas —intentó tranquilizarle.
—¿Y si no es así? ¿Y si resulta que ganan? Podría significar el fin de Gryffindor en el quidditch, mi fin en el quidditch, ¿qué equipo que se precie me ficharía? El historial es muy poco tranquilizador. ¿Y si gana Ravenclaw y no estamos preparados? Porque eso también podr…
Pero Oliver no pudo terminar su retahíla, ya que Katie había unido sus labios a los suyos. Fue un beso suave y dulce, duró apenas un minuto, pero logró encoger los corazones de la pareja.
—Ese ha sido un buen argumento —dijo Oliver, todavía aturdido por el beso —, ya me siento mucho mejor.
—Sí, bueno… Si hubiese sabido que este método era tan eficaz lo habría intentado hace años —respondió ella divertida.
—Quizá deberías haberlo hecho —continuó bromeando Oliver, sosteniendo la mano de Katie entre las suyas con cariño.
Los dos se miraron durante unos segundos con sonrisas cómplices y ojos brillantes y llenos de dulzura.
—Me gusta esto —confesó él, dándole un apretón a la mano de Katie.
Ella correspondió a su mirada —A mí también.
En ese momento de complicidad, Oliver tomó la mejilla de Katie en su mano y, después de una suave caricia, acercó sus caras para volver a juntar sus labios con los de ella. Apenas se habían rozado cuando un pequeño estruendo les sobresaltó.
—¡Eh! ¡Iros a un hotel! —protestaba George Weasley falsamente, con una enorme sonrisa en su cara. Venía acompañado por su hermano Fred y por Alicia y Angelina.
La pareja se levantó del suelo y Oliver empezó a recoger sus trastos de la mesa.
—¿Celoso? —le preguntó Katie al pelirrojo, colocando los brazos en jarras.
—En realidad sí, ¿dónde estás, Angelina? ¿Te animas? —dijo el aludido, haciendo como que buscaba a Angelina por la sala.
Angelina puso los ojos en blanco —Mejor me voy a la ducha —dijo antes de subir por las escaleras hacia los dormitorios.
—¿Necesitas ayuda? ¿Alguien que te pase la toalla? ¿Alguien que te enjabone la espalda? —gritó George Weasley desde debajo de las escaleras. La única respuesta que obtuvo fue un portazo —. La tengo en el bote —dijo cuando se reunió con el resto de sus compañeros.
—¿Vais a ir a ver el partido de mañana? —preguntó Alicia, cambiando de tema.
Katie la miró con ojos de sorpresa —¿Estás de broma? Si no voy me dará un ataque al corazón.
—Ídem —replicó Oliver, que ya había metido todos sus bártulos en su mochila.
—Genial, podíamos quedar todos aquí por la mañana e ir a verlo juntos, ¿os parece? —propuso la cazadora.
—Por mi perfecto —respondió Fred Weasley —, ¿y vosotros? —preguntó mirando a Oliver y Katie.
Oliver, después de un asentimiento de Katie contestó —Claro, nos vemos aquí a eso de las diez.
—Bien, pues ahora voy a irme a hacer los deberes —anunció Katie. Echó una mirada a Oliver —. ¿Te veo en la cena?
—Vale —respondió el guardián.
—Bien —Katie se limitó a sonreírle y darle un rápido pico en los labios —Adiós chicos.
Alicia siguió a Katie y abajo tan solo quedaron los gemelos Weasley y Oliver, que seguía con la mirada la trayectoria de Katie, todavía con una sonrisa de idiota, de la que los pelirrojos no dudaron en reírse.
—Parece que estás drogado, Capitán Amor —bromeó Fred, apoyándose en su hermano.
—Y lo está… Drogado de amooooooooooor —siguió diciendo George en tono de burla.
Oliver los miró fijamente —Quizá… Pero pensad en que la próxima vez que vosotros penséis en una broma que gastar, es probable que yo esté besando a mi novia, mientras vosotros tenéis que seguir besando vuestra mano —dijo el capitán con una sonrisa de superioridad —. ¡Hasta luego! —se despidió, yéndose a dejar las cosas en su habitación y a prepararse para la cena.
Los gemelos Weasley se miraron entre sí, dándose cuenta de que los había 'ganado' en una batalla verbal.
—¿Deberíamos preocuparnos? —preguntó George a Fred.
—Yo diría que sí… Vamos a por petardos.
—Oh sí. Todo se arregla con petardos.
Todo el equipo, exceptuando a Harry, salió del castillo rumbo al campo de quidditch aquella fría mañana de domingo. Cuando salieron por las enormes puertas, notaron que caían unos suaves copos de nieve, complementando el ya de por sí invernal panorama blanco de los terrenos del castillo.
No hablaban demasiado, todos estaban nerviosos por las perspectivas de aquel partido, por lo que podría suponer para el equipo la victoria de Ravenclaw. Lo único destacable de aquellas primeras horas de la mañana fue cuando Oliver, que iba hablando tranquilamente junto a Katie, de repente la vio desaparecer de su lado.
Un resbalón en la nieve se la había llevado al suelo.
—Au, au, au, ¡au! —protestaba Katie mientras Oliver y Angelina la ayudaban a levantarse.
—¡Merlín, Katie! ¿Estás bien? —preguntó el guardián, preocupado.
Katie se quitó bruscamente la nieve que ahora tenía sobre la ropa —Odio la nieve, ¿os lo había dicho alguna vez? —preguntó la chica retóricamente.
Oliver la sujetó del brazo mientras los gemelos Weasley se reían.
—Sólo unas diez —dijo Fred.
—O diez mil —siguió bromeando George.
—Más o menos —concluyó Fred, echándose a reír.
Katie les sacó la lengua y siguió caminando, agarrada con más fuerza a Oliver para evitar el volver a caerse.
Enseguida olvidaron el tema, ya que el ambiente cada vez más caldeado según se iban acercando al estadio. Toda la casa Gryffindor que había ido a ver el partido deseaba de forma bastante obvia que ganase el equipo de Ravenclaw, de esa manera, por puntuación, Gryffindor todavía tendría la opción de enfrentarse por la copa. La gente los miraba a su paso, a sabiendas de que ellos más que nadie deseaban que el resultado fuese aquel.
Katie Bell se alegró de que Cedric estuviese lejos, con su equipo, y que no pudiera verla; habría sido incapaz de volver a desearle suerte de manera sincera. Cuando encontraron un sitio en el estadio, se sentaron y se quedaron en silencio durante unos minutos. Se miraban entre ellos, pero no se atrevían a decir nada.
Oliver, por su parte, no soltaba la mano de Katie ni por asomo, parecía temer que si lo hacía, Ravenclaw perdería automáticamente y no tendrían ninguna esperanza, aunque Katie no protestó en ningún momento.
Los equipos empezaron a salir al campo, a punto de empezar el partido.
—Chicos… La suerte está echada —murmuró Oliver Wood lo suficientemente fuerte como para que le escucharan todos.
Katie apretó la mano de Oliver y lo miró fijamente, diciéndole con la mirada todo lo que no sabía cómo decir con palabras. Él le respondió al apretón y empezaron a ver el partido de quidditch.
Al principio los dos equipos estaban bastante igualados, se adelantaba uno unos cuantos puntos solamente para que el otro equipo los superase a los pocos minutos. Sin embargo, para alivio del equipo, los de Ravenclaw empezaron a despuntar. Sin embargo, hasta que alguien no capturase la snitch, no habría nada decidido.
—Vamos, vamos, vamos… —decía Oliver en voz baja durante muchas de las jugadas ofensivas de Ravenclaw.
Katie observaba a Cedric sobrevolar el campo, daba vueltas y más vueltas, claramente buscando la pequeña pelotita dorada. Después miró a Cho Chang, la buscadora del equipo de Ravenclaw, y le envió toda clase de pensamientos positivos. Tenía que ganar, fuese como fuese.
Un cazador de Hufflepuff marcó un gol, haciendo que los chicos se deshiciesen en insultos y demás burradas en su contra. Lo único que hacía Katie era mirar a Cedric y a Cho y morderse el labio por la tensión.
La dinámica de los puntos siguió igual durante unos minutos, uno sobresalía sólo para que el otro lo igualase al poco tiempo. Era cierto que Cedric había mejorado mucho el equipo aquel año, y el hecho que todavía siguiesen defendiendo y luchando por la copa era prueba de ello.
Ravenclaw marcó dos goles, pero entonces Hufflepuf marcó otro y los gritos desde la grada de Gryffindor se incrementaron otra vez. Katie observó a Fred y George, que gritaban como energúmenos. Algún día tendría que llevárselos a Texas, para ver un partido de fútbol americano con su padre y sus primos; seguro que se llevaban bien.
De pronto, las miradas de todos los asistentes al partido se centraron en el buscador de Hufflepuff, Cedric Diggory, y en Cho Chang, que salieron disparados hacia unos destellos dorados, directos hacia la snitch.
—Oh Dios… —murmuró Katie más para sí misma que para nadie más. Se agarró a la barandilla, prácticamente con medio cuerpo fuera de las gradas. Todo el estadio observaba expectantemente qué ocurría, y los segundos que duró la caída les parecieron horas.
Ambos buscadores se levantaron cuando faltaban apenas dos metros para llegar al suelo, para evitar estrellarse. La mano de Cho Chang se alzaba ganadora con algo entre sus dedos. Era la pequeña snitch dorada. Ravenclaw había ganado. ¡Ravenclaw había ganado! ¡Gryffindor todavía podía ganar la copa!
La grada de Gryffindor se alzó en un enorme griterío, al igual que la de Ravenclaw. Los chicos se abrazaron entre ellos, y Oliver, después de proferir unos cuantos gritos de júbilo, agarró la cara de Katie entre sus manos y le dio un beso en el que expresaba toda su felicidad y plenitud. La chica respondió rápidamente a aquel beso, sujetándose al cuello de Oliver. El tiempo se detuvo durante los segundos que duró la unión de sus labios, que no era muy estable, dada la enorme sonrisa que tenían los dos.
El beso se rompió enseguida, pero su abrazo no, y Oliver comenzó a darle vueltas a Katie, todavía gritando de felicidad. Los miembros del equipo se fueron abrazando unos a otros, dando saltos de alegría y gritos de pura felicidad.
Todavía no estaba todo perdido, todavía podían ganar la copa.
¿Qué tal? ¿Ha merecido la pena la espera? =)
