Hola, hola! Aqui les dejo el capítulo de hoy, espero les guste y como siempre me dejen sus comentarios que me hacen muy feliz!


Capítulo 27

Los rubios deciden dejar de lado sus obligaciones del día. Cuando Candy le dice al rubio que le acompañará al hospital porque no podría soportar la angustia de no saber de él en tantas horas, Albert le propone que ninguno salga de la casa y pasen el día juntos. La sonrisa inmensa que aparece en el rostro de la chica ilumina toda la habitación llegando hasta el corazón del rubio.

Ella se levanta de la cama cuando terminan con el tazón de cereal y sirve un poco de huevo, tocino y papas en un plato, se sienta nuevamente al lado del rubio y compartiendo el mismo tenedor, dejándose consentir por su pequeña, los dos comen tranquilamente felices de estar juntos.

Tardan un largo rato en acabar con el banquete que les han llevado de desayuno. Cuando Candy recoge el último plato de comida, observa como Albert intenta moverse en la cama.

- Has pasado muy mala noche – le dice Candy acercándose a él para ayudarle a moverse – no es bueno que estés toda la noche en la misma posición

- He dormido perfectamente Candy – le vuelve a decir mientras se recuesta boca abajo en la cama

- Duerme un rato – le invita la rubia

- ¡No! – responde Albert rápidamente – no estoy cansado, solo un poco adolorido. Además quedamos en pasar el día juntos, así que no se te ocurra salir de esta habitación sin mi

- Me quedaré contigo – le dice la rubia con alegría – y si no te molesta te puedo dar un masaje… ya que no vas al hospital a tus terapias permíteme darte unos ejercicios. Solo por hoy Albert – le dice esperando que no rechace sus cuidados como suele hacerlo

- Solo por hoy Candy – responde con un fuerte suspiro de resignación y alegría a la vez.

Candy va al cuarto de baño por lo necesario para un masaje y regresa para ayudar al rubio a quitarse la camisa, luego con suaves movimientos comienza su labor. En segundos siente una fuerte atracción, una sensación de calor y alegría, sintiendo cada roce de sus manos con la espalda de su príncipe. «mí príncipe» piensa sorprendiéndose por las nuevas sensaciones que está sintiendo a pesar de que no es la primera vez que le da un masaje «Albert… como desearía cuidarte, protegerte como tú siempre lo has hecho conmigo…»

Al terminar el masaje Albert está dormido. Candy le cubre con una manta y sin dudarlo se acuesta a su lado velando su sueño. «¿podrías quererme Albert? ¿podría llegar a ser tu novia?» piensa la rubia acercándose al hombre dormido a su lado y con sus dedos se anima a tocarle el contorno de su rostro, sus mejillas, orejas, mentón… sin cansarse de admirarlo.

Suavemente alguien toca a la puerta. Candy reacciona sentándose en la cama rápidamente justo en el momento en que la señora Smith se asoma por la puerta. Al verla despierta entra en la habitación caminando en silencio.

- ¿Se les antoja algo para comer? – le pregunta a Candy

- No creo – responde recordando la gran cantidad de comida que tuvieron como desayuno

- Les mandaré una jarra de agua para que tenga té – le dice señalando la elegante hornilla que hay en un rincón de la habitación – y unos pastelillos por si al rato se les antoja

- Muchas gracias – responde Candy ayudando a la señora con las bandejas de comida. Del otro lado de la puerta están los mellizos que le quitan a Candy su bandeja y sonríen con complicidad.

- Cualquier cosa que necesiten estaremos cerca – le dice Alfred

- Pero no tan cerca como para interrumpirlos – apunta Michael divertido

Candy regresa a la habitación volviendo a sonreír de solo ver al hombre rubio de la cama. Camina lentamente hacia él sintiendo como su corazón se agita de alegría. «¿Será esto amor?» se pregunta sin poder dejar de sonreír. Sube a la cama intentando no despertar al rubio pero él se mueve un poco y lentamente el azul de sus ojos aparece en su rostro

- ¿Has dormido bien? – le pregunta Candy dulcemente

- Muy bien pequeña, aunque he despertado mejor contigo a mi lado – le dice comenzando a moverse para quedar boca arriba. Candy le ayuda un poco acomodando las sabanas y almohadas a su alrededor. – ¿he dormido mucho?

- Un par de horas nada más – le responde

- Y no te has ido – dice sorprendido y feliz

- Prometimos pasar el día juntos ¿recuerdas?

- ¿Pasaremos todo el día en la cama? – pregunta considerando que podría hacerlo sin ningún problema

- No estaría mal – responde pícaramente la rubia ruborizándose inmediatamente -

La señora Smith regresa en ese momento. Saluda rápidamente, dejando la bandeja de pastelillos y saliendo rápidamente de la habitación.

- Creo que todos en la casa quieren que nos quedemos aquí – comenta el rubio divertido

- Es que eres muy gruñón y no quieren que andes regañando gente allá afuera

- Entonces tendrás que quedarte conmigo aquí en la habitación – le dice extendiendo sus brazos para abrazarla.

Candy se vuelve a acurrucar en los brazos del rubio disfrutando de esta nueva cercanía entre ellos. Suspira acomodándose en su pecho sin dejar de sonreír.

- Es un hermoso día – comenta Albert mirando por la ventana de la habitación

- Sí – responde la rubia pensando que a lo mejor él quiere salir al jardín y sintiendo los pocos deseos que ella tiene al respecto. Por primera vez preferiría quedarse así, en la cama en sus brazos…

Los dos se quedan en silencio un largo rato, solo sintiéndose mutuamente, disfrutando y pensando en el amor que se tienen y que por primera vez, los dos consideran que puede ser correspondido. Después de un rato Albert le pide a Candy que llame a los mellizos. Ella no se quiere alejar de él ni que se acabe el momento y si los deja entrar cree que retomaran sus actividades. Albert ríe al ver las muecas de disgusto de su pequeña y le tranquiliza diciendo que solo será unos momentos para refrescarse en el baño. A regañadientes Candy acepta y manda llamar a los mellizos que llevan al rubio al tocador.

- Y recuerda que no puedes salir de la habitación sin mí – le dice Albert antes de que la puerta del tocador cierre.

Candy pasea por la habitación descubriendo uno de los libros que el rubio ha estado leyendo en los últimos días, lo hojea y se lo lleva al balcón donde se sienta en una de las sillas disfrutando el aire fresco y el fuerte sol del mediodía.

- Listo pequeña, espero no haberte hecho esperar mucho – comenta el rubio rodando hacia el balcón mientras la puerta de la habitación es cerrada por los mellizos al salir

- Por ti esperaría mil años – le dice saltando sorprendida ante la presencia del rubio y sonrojándose rápidamente ante sus palabras. Albert también se sorprende con las palabras de la rubia quedándose sin habla. Pensando si realmente cabe la posibilidad de que Candy le ame como él a ella.

- ¿Te gustaría salir? – le pregunta por fin el rubio desviando la mirada hacia los jardines debajo de su balcón

- En realidad no – responde Candy rápidamente – podemos tomar el sol desde aquí – le dice señalando un sillón tipo otomano colocado en el otro extremo del enorme balcón.

El rubio rueda hacia el sillón mientras Candy entra en la habitación por un par de almohadones y una ligera manta, también toma una tetera, la llena con hierbas y agua caliente y junto con un par de tazas y unos pastelillos sale nuevamente al balcón. Albert la admira divertido con la cantidad de cosas que trae y ríe mientras ella las deja en la mesa más cercana.

- Creo que voy a necesitar tu ayuda – le dice Albert resignado a pedir apoyo a Candy solo para evitar que los mellizos les interrumpan nuevamente, ya que mientras ella estaba dentro había intentado transferirse al sillón sin éxito. Candy sonríe feliz de poder ayudarle y acomodando un par de almohadones en el sillón, se acerca al rubio y con movimientos expertos le transfiere sin mayor dificultad. Con cuidado le acomoda las piernas en uno de los taburetes a juego acercando el otro para usarlo ella.

Cuando termina de acomodar todo cerca de ellos, la rubia se recuesta al lado del rubio quien instantáneamente el extiende su brazo invitándola a que se recargue en él. Ella no lo piensa y se recuesta mirando hacia los jardines.

- Ahora entiendo porque la tía abuela se enteraba de todo – comenta Candy al darse cuenta que desde esa habitación se observa la entrada de la mansión y gran parte de los jardines – siempre me preguntaba cómo es que descubría todas nuestras actividades si nunca salía de este cuarto

Albert le comienza a contar sobre las largas cartas que la tía solía escribirle sobre el mal comportamiento que sus sobrinos tenían a partir de la decisión de adoptar a una "revoltosa" del Hogar de Pony.

- Creo que la tía abuela nunca me quiso – comenta con un poco de tristeza de saber que ya no habrá posibilidad de cambiar esa imagen

- Para ella era muy difícil aceptar una adopción. Y no poder tener el control que tenía sobre todos nosotros le sacaba de sus casillas, pero te aseguro que te quería, eras un reto que disfrutaba tener. Estaba convencida que tarde o temprano serías una gran mujer.

- Dudo que algún día logre serlo

- Ya lo eres pequeña – le dice el rubio – y ella lo sabía

- ¿De verdad? pero si casi no me hablaba, enfureció cuando me fui a vivir al departamento yo sola

- Enfureció porque por en ese momento se dio cuenta que eras una gran mujer, todo lo que ella quería para ti, lo eras y al irte a vivir sola y dejar de usar el apellido Andrew no podía presumirte.

- ¡¿La tía abuela quería presumirme?!

- La tía te presumía, Candy. Siempre decía que gracias a la gran mujer que eres, a tu independencia, fortaleza y tu carrera como enfermera me habías mantenido vivo y con eso a la familia Andrew. Sin tus cuidados yo no hubiera sobrevivido esa etapa de amnesia. Un par de meses más y la tía abuela hubiera tenido que dar a conocer la noticia de mi desaparición ocasionando un fuerte descalabro en la familia y los negocios. Gracias a ti la familia Andrew sigue existiendo Candy, y la tía abuela lo sabía.

- Pero… yo no hice nada de eso, solo te cuidé porque… - Candy se queda callada recordando cuando vio a Albert en el hospital, como sintió la enorme necesidad de cuidarlo y protegerlo, de la misma manera que siente actualmente. Recuerda como disfruto vivir al lado de Albert, lo feliz que era aun a pesar de vivir constantemente con la angustia por su salud, el dinero y las murmuraciones que ocasionaban, y también recuerda cómo se sintió el día que desapareció, la profunda tristeza que sintió cuando él desapareció dejando una nota. Como lloró y lo buscó durante días completos. – te cuidé porque te quería. Siempre te he querido Albert

- Candy… - exclama feliz con las palabras de la rubia, preguntándose si será el mismo tipo de cariño que él siente

- Ese tiempo en el departamento fue el más feliz de mi vida

- Para mí también lo es, Candy

- A tu lado siempre me siento feliz, tranquila, protegida…