Hola, hola! Pues si, ya se confesaron su amor de la manera mas inesperada, porque no tenía pensado que así fuera pero cuando se me ocurrió que discutieran, pues ahí salieron las palabras... Este capítulo es un preámbulo para el final... sip, la semana que entra estaré terminando la historia :( y como siempre, les agradezco mucho sus comentarios. Gracias!


Capítulo 30

Los dos sentados en uno de los sillones de la biblioteca, abrazados, felices de sentirse amados, les hace que todo parezca perfecto. Poco se han dicho, más bien solo se han abrazado, besado y mirado. Temen que si hablan la magia desaparecerá, pero los dos tienen tantas preguntas que hacerse, que no saben por dónde comenzar. La cena es servida y los rubios tiene que separarse, Candy ayuda al rubio a transferirse a la silla y cenan juntos en el comedor. Ahí está George que los acompañará durante la cena.

- Seguramente en la siguiente audiencia haya una resolución – comenta el moreno – aunque el juez acepte los alegatos sobre el testamento de la señora Elroy, no podrá hacer nada más de lo que ya está hecho. Las empresas de Florida ya están en manos de los Leegan. Si Neil o Eliza quieren más control sobre ellas tendrán que ir contra su propio padre.

- ¿Le has avisado a él? – pregunta Albert y George les platica que desde el inicio del juicio se ha puesto en contacto y mantenido al tanto al padre de los jóvenes.

- Pronto tendremos que prepararnos para lo que Neil decida hacer

- ¡Albert! – exclama la rubia con preocupación

- Tranquila Candy – le dice con su hermosa sonrisa – estaremos preparados.

Al terminar la cena el rubio es conducido a su habitación y vuelve a sentir esa gran frustración de no poder caminar, pues desearía visitar a su pequeña y continuar platicando, volverla a besar y decirle que la ama. En un momento en que los mellizos salen de la habitación pero la señora Smith no ha llegado, Candy hace su aparición.

- ¡Candy! – exclama el rubio feliz de verla en el umbral de su puerta – ven, acércate – le invita extendiendo sus brazos para recibirla. Ella sube a la cama y se acurruca en los brazos del rubio

- No debería estar aquí – le dice apenada

- No. Debería ser yo quien se escabulla en tu habitación – responde el rubio con frustración – pero está maldita invalidez…

- ¡Albert! no hables así, estoy segura que pronto te recuperaras

Por un momento desea contarle que ya tiene mayor sensibilidad, pero prefiere esperar a tener los resultados médicos. El silencio provoca en Candy mayor preocupación y le besa tratando de alegrarle.

- Soy muy feliz pequeña – le dice aceptando sus besos – nunca imagine que pudieras amarme

- ¿Hace mucho que me amas, Albert?

- Desde que te conocí en la Colina de Pony

- Es lo mismo que digo yo – responde la rubia frunciendo el ceño – pero ¿cuándo te diste cuenta realmente?

- Cuando te rescate de la cascada, supongo – medita el rubio recordando esa época – pero no podía enamorarme si era un vagabundo que escondía su identidad. Luego cuando convivimos en Londres me di cuenta que no podía estar lejos de ti

- Pero… te fuiste a África

- Tratando de olvidarte – le responde – Cuando tuve amnesia me volví a enamorar perdidamente de ti y cuando recuperé la memoria me di cuenta que no habría manera de que dejara de amarte por un solo instante

- Albert…

- ¿Y tú pequeña? ¿he sido tan importante para ti en tu vida?

- ¡Por supuesto! – responde muy segura y sonriendo al rubio – siempre fuiste el hombre más importante en mi vida: "mi príncipe de la colina" mientras fui una niña, luego como mi amigo Albert el vagabundo y mi protector como el abuelo William… y luego como mi amigo, confidente y la única persona que siempre ha estado a mi lado apoyándome en todas mis decisiones.

- Y siempre lo haré pequeña – responde tomando su rostro entre sus mano acercándola a su rostro para besarla una y mil veces más.

- Creo que la señora Smith no piensa pasar la noche contigo – comenta Candy al ver que han pasado un par de horas desde que está en la habitación del rubio

- No puedo pasar la noche solo – responde el rubio invitándola a quedarse con él

- Albert…

- Vamos pequeña, no se la primera vez que dormimos juntos. Prometo comportarme

Candy se sonroja ante el comentario y se sorprende al darse cuenta que desearía que no se comportara, que la tomara entre sus brazos y la acariciara y besara toda la noche. Se sonroja con sus pensamientos y agradece que la luz sea tan tenue en la habitación. Ayuda al rubio a acomodarse y luego se acuesta en el otro lado de la cama.

...

Albert comienza a abrir los ojos antes los rayos de sol que entran por la ventana, sonríe al saberse amado y en ese momento recuerda que ella se ha quedado a dormir con ella, mueve su mirada y descubre a la rubia recostada en él. Su cabeza entre el pecho y el hombro, su brazo recorre su pecho y una de sus piernas entrelazada con las de él. Sonríe ante la imagen pensando que esta es la escena con la que quiere despertar de ahora en adelante. Recuesta su cabeza en la almohada decidido a no despertarla y aprovechar cada minuto a su lado.

Pero los mellizos no tardan en entrar pues las responsabilidades tienen que continuar, Albert tiene cita en el hospital, en las oficinas y Candy tiene que ir a la Clínica Feliz. El ruido de la puerta despierta a la rubia pero no por completo, Albert les lanza una mirada furiosa y luego se resigna ante lo inevitable. Los mellizos entran al cuarto de baño mientras él despierta a la rubia. Le acaricia suavemente y le llama en susurros. Ella despierta con una hermosa sonrisa, se estira por completo y cuando abre los ojos suelta un grito al descubrir que está junto al rubio

- ¡Albert! – exclama casi saltando de la cama, sintiéndose apenada de estar tan temprano en su cama, se siente expuesta. Él comienza a reír y los mellizos se asoman asustados con el grito de la rubia - ¡Ah! – vuelve a gritar al ver a los hermanos en la habitación. Toma una manta de la cama y sale corriendo hacia su cuarto, gritando que lo verá en el desayuno

Los mellizos ayudan al rubio con su rutina diaria y le bajan al comedor donde Candy ya le está esperando.

- Buenos días, pequeña – le saluda estirando su mano, ella la toma y él la jala atrayéndola para darle un beso en los labios. Ella se sonroja pero devuelve el beso deseando poderle dar mil más. Se sienta en su lugar y sonríe. – me gusta despertar contigo en mis brazos – le comenta el hombre

- Pero no está bien, Albert – responde ella apenada

- ¿Desde cuándo eres tan seguidora de las reglas sociales, Candy?

- ¡Albert! – le dice aún más apenada.

- Puedes pensar que lo haces por mi salud…

- Para eso está la señora Smith – le dice sacando la lengua en una divertida mueca

- Preferiría que fueras tú – responde el rubio

- Antes no querías que te cuidará, ¡así que ahora te aguantas! – sentencia la rubia decidida a no caer en las provocaciones del rubio.

Los dos dejan la mansión después del desayuno, Albert se dirige al hospital donde espera los resultados de sus estudios. Mientras espera uno de los doctores realiza con él la terapia. Albert no puede con la duda y le interroga lo más posible. Lo único que logra conseguir es que le digan que las terapias funcionan y que debe tener paciencia. Al terminar la terapia el doctor Lenard le espera para acompañarlo a su despacho y platicar. El doctor encargado del caso del patriarca está ahí con unas hojas en sus manos. Albert suspira preparándose para lo peor. Después de un discurso de palabras extrañas los doctores le dicen que su columna está en buenas condiciones por lo que los nervios empiezan a desinflamar permitiendo una mayor sensibilidad.

- Es solo cuestión de tiempo para que recupere la movilidad – le dice el doctor Lenard

...

El chofer de la familia Andrew llega a la Clínica Feliz para llevar a Candy a ver al señor Andrew. Candy se quita el uniforme, se arregla un poco y sale corriendo feliz con la sorpresa de ver a Albert tan temprano. El vehículo la deja en la entrada del parque y el chofer la acompaña hasta el pequeño quiosco al lado del lago. Albert la está esperando con una pequeña mesa en el centro, flores, emparedados y pastelillos. Candy se arroja en los brazos del rubio y le besa como desde hace tiempo desea hacerlo, sin restricciones y mucho amor. Albert sonríe y responde cada uno de los besos que le da sorprendiéndose con la espontaneidad de la rubia, disfrutando algo que sabe, nunca hizo con los otros chicos que amo.

- ¿A que debo tanta muestra de cariño? – pregunta cuando consigue que Candy se siente a la mesa

- No lo sé Albert – responde apenada – al verte me nació besarte, lo siento

- No lo sientas nunca pequeña. He deseado durante tanto tiempo que me ames que no deseo que me prives de una sola de tus caricias

- ¿No te importa lo que piensen los demás?

- Sabes que nunca me ha importado y sé que a ti tampoco – concluye el rubio abriendo una botella de vino y sirviendo un poco en las copas. La rubia pregunta el motivo de este día de campo y el rubio le dice que en ese mismo parque se prometieron compartir sus penas y alegrías así que se le hizo el lugar adecuado para contarle una gran alegría

- ¡¿Qué es Albert?! – pregunta entusiasmada la chica

Él le cuenta lo que los médicos han dicho y le enseña los estudios que le han realizado, ella los lee y con su hermosa sonrisa salta en los brazos del rubio volviendo a besarle mil veces por todo el rostro.

- ¡Te dije que era cuestión de tiempo! – le dice entre besos y abrazos

Albert le agradece todo el tiempo que ha estado con ella, la paciencia que le ha tenido y su amor incondicional. Los rubios comparten un emparedado y luego se llenan de pastelillos de todo tipo. Ríen y sueñan con un bello futuro por delante para ambos.