Disclaimer: Toda trama, lugares y/o personajes pertenecen a Stephenie Meyer, con exclusión de los de mi autoría. Es una historia sin fines de lucro, solo para diversión pública y personal.
~*~ Capítulo 14 ~*~
Edward Happosai
Lexie POV
Miré en dirección a la cama y en una de sus esquinas se encontraba sentado Edward con su vista fija hacia mi dirección y con una leve sonrisa. Estaba emocionada de verlo ahí. Como había pensado antes, él había llegado primero que nosotros. Como que eso de entrar por la ventana sin yo darme cuenta se le estaba haciendo costumbre.
Si lo pensaba bien, ¿no estaría siendo yo un poco irresponsable al dejar la ventana abierta? Pero, por Dios, ¡esto es Forks! ¿Quién aquí no se conoce? No había nada de malo en dejar la ventana abierta. Total, ¿qué descerebrado iría a robar a la casa del sheriff? Era como ir a entrar a la boca del lobo.
Sí. Solo un descerebrado lo haría.
Pero, ¿y el mechones naranja que estaba en el cine? Ese no es ningún hijo de vecina. De Forks no es. ¿Y entonces? ¿La cerraba o la dejaba abierta?
Si la dejaba abierta: entraba de seguro.
Si la dejaba cerrada: ¡también iba a entrar porque es un vampiro! Aunque le pusiera treinta seguros y diez alarmas, podría romperla y entrar como Pedro por su casa.
De cualquier forma el mechones naranja o cualquier otro vampiro podía entrar. ¿Así que, para que cerrarla si ahora iba a tener niñeras? Digo…vigilancia.
Miré a Edward y le di una gran sonrisa. Lo prefería mil veces a él en mi habitación, que a cualquier otro.
"Dame diez minutos a lo que me cambio."- Le dije animadamente mientras levantaba mi mano como si fuera una niña chiquita y él asentía suavemente. Me dirigí a una de las gavetas de la coqueta para buscar una pijama para cambiarme. Cuando la iba cerrando, miré automáticamente al espejo y vi que Edward me miraba intensamente. Le sonreí a través del espejo y él me devolvió la sonrisa.
Cada vez que lo veía me ponía feliz y me hacía sonreír como una paciente psiquiátrica. Lo peor era que cuanto más cerca estaba de mí, más rápido me latía el corazón, el muy traidor parecía que se me quería salir de la boca. Era una cursilería y odiaba lo cursi, pero, pues, ni modo. ¡Déjenme ser feliz por un minuto! Cualquiera puede tener un cambio de corazón con respecto a algún tema. ¡Hasta yo, para que lo sepan!
Salí de mi habitación y me dirigí casi corriendo hacia el baño. Me cambié rápido, me removí el maquillaje y me cepillé los dientes. Me había puesto una camisa blanca, gigante de Mickey Mouse. Salí del baño y volví a mi habitación. Edward estaba en el mismo santo lugar. No se había movido ni un centímetro. Fui lentamente hacia la cama y me recosté. Le di palmadas al otro lado del mattress invitándolo para que hiciera lo mismo y se recostara. Él me miró por un momento, analizando si era correcto. Le di una sonrisa y parece que eso lo convenció porque poco a poco se fue acercando hasta llegar justo a mi lado. Lo miré e inconscientemente mis manos rodearon su cintura y dejé escapar un suspiro de satisfacción mientras que él pasaba su mano suavemente por mi cabello, haciéndome sentir completamente relajada.
Sí, relajada en el regazo de un vampiro, que para colmo es tentado por el olor de mi sangre, pero, era cierto, estaba tranquila y con los ojos cerrados. En otras circunstancias y con otro vampiro, juro que estaría temblando del miedo.
"Edward"- Lo llamé suavemente mientras disfrutaba de su cercanía.
"Dime"- Contestó pasivamente mientras acariciaba mi cabello y me hacía sentir como si fuera una niña consentida.
"¿Te sigue afectando el tenerme cerca?"- Me aventuré a preguntarle con extremada curiosidad.
"Como no tienes idea."-Susurró cerca de mi oído mientras su respiración rosaba mi piel, lo que hizo sentir como si corrientes eléctricas pasaran a través de mi cuerpo. Moví mi cabeza para encontrar su mirada; y volví a sentir como si un imán me estuviera atrayendo hacia su dirección. No podía dejar de mirarlo con una intensidad que me consumía.
"¿A qué te huelo Edward?"- Le pregunté en susurro mientras mi mirada pasaba lentamente por su mentón e iba subiendo y se detenía en sus labios, esos que me llaman en silencio; para luego ascender y volverse a encontrar con su ojos los que tenían un brillo que te quitaba la respiración.
Estaba loca al hacer esa pregunta, pero tenía curiosidad. Él detuvo sus caricias por unos instantes y sentí un deseo inmenso de protestar para que continuara.
"Alexandria"- Dijo con voz aterciopelada. Me levanté poco a poco hasta llegar a su nivel, sin dejar de sostenerle la mirada, mientras ansiosa y en silencio esperaba su contestación. "A fresas mezcladas con rosas y un toque de lavanda."- Contestó casi entrecortado mientras con delicadeza acomodaba detrás de mí oreja a una cortina de mechones rebeldes que habían decidido interponerse en nuestra competencia de quién miraba más a quién. El leve roce de sus dedos sobre mi piel hacía que suspirara de felicidad y que cerrara suavemente los ojos por unos instantes para saborear su caricia.
"¿Qué tan bueno huelo, Edward?- Le pregunte susurrando mientras abría lentamente los ojos e inconscientemente mordía mi labio inferior y veía como sus pupilas se iban dilatando cuando posaba su vista en mis labios.
"Exquisitamente, Alexandria."- Ronroneó mientras nos acercábamos poco a poco y podía sentir cómo mi respiración se iba acelerando. "Me enloquece."- Gruñó seductoramente mientras me hacía temblar emoción y placer. "Mis pensamientos son para ti. En mi mente solo estás tú. Cada minuto. Cada hora. Solo pienso en ti."- Dijo como si estuviera contando el secreto más oscuro de toda su existencia, mientras cerraba rápidamente sus ojos.
"¿Pensar qué"- Pregunté mientras mis manos se posaban alrededor de su cuello y era atraída hacia su dirección y él pasaba su mano con delicadeza pero con ajoro, alrededor de mi cintura y la sostenía firmemente.
"No hagas esto Alexandria."- Suplicó entrecortadamente. Cada vez que escuchaba su voz, sentía como si mi sangre se calentara, como si el invierno no existiera o no me hiciera efecto.
"¿Hacer que?"- Pregunté pícaramente. Me sentía extraña pero a la misma vez segura de lo que estaba haciendo.
"Me estás volviendo loco."- Ronroneó a solo centímetros de mis labios. "Me estás quemando lentamente con tu olor."- Dijo roncamente, como si le pesara hablar.
Cerré la distancia que nos separaba y por fin el momento tan esperado había llegado. Mis labios se habían fundido con los de Edward. Suave y lentamente. Mi cabeza lentamente en posición izquierda y él en la derecha. Era como si un fuego abrasador recorriera todo mi cuerpo. Podía sentir como explotaba en éxtasis y felicidad. Sus labios eran fríos, pero se movían tiernamente mientras que los míos eran cálidos e iban acordes con los suyos. Sentía que había durado una eternidad. Quería que el tiempo se detuviera. Estábamos en perfecta sintonía, como si nuestros labios hubieran sido hechos a la medida, el uno para el otro. Solo me detuve por un segundo para retomar mi respiración. Por unos instantes pensaba que ya había terminado, pero sentía como si no fuera yo, como si hubiera algo dentro de mí que tomaba posesión y me hacía buscar sus labios nuevamente, pero no en un beso tierno como el primero, sino, en uno más agresivo y posesivo. Movíamos nuestras cabezas de un lado para el otro. Sentí que no me importaba nada. Mis oídos alcanzaron a escuchar un gemido, pero no estuve segura a cuál de los dos pertenecía.
Estábamos enfrascados en nuestro único mundo. Donde solo existían nuestros labios. El me atraía más hacia sí y yo lo abrazaba más fuerte, no quería soltarlo. No podía soltarlo. Era como si en ese momento todo girara alrededor de Edward. En lo placentero que era estar siendo abrazada y besada por él.
Se suponía que no estuviera haciendo eso porque Edward era un vampiro y yo humana y porque peor aún, yo era su cantante, pero, no me importaba. Había descubierto que no me importaba nada ni nadie cuando estaba entre sus brazos. Podría ser el fin del mundo y no me importaría, lo pasaría con él. Era peligroso, pero me gustaba pasar por el peligro y no me arrepentía. Edward me convertía en lo que nunca imaginé; y me gustaba. Volví a escuchar un gemido, pero esta vez me di cuenta que el sonido había salido de mis labios.
Pude sentir como en meros instantes ya no me encontraba a su altura. Edward me había tomado y me había depositado rápidamente en la cama, nuestros labios aun fijos y en movimiento. Ahora él se encontraba encima de mí, pero no podía sentir ni una onza de su peso. No sé cómo lo hacía, mi mente no lo registraba, solo tomaba en consideración cuán delicioso y placentero era tener los labios de Edward junto a los míos.
"Hueles terriblemente espectacular."- Dijo mientras pasaba sus labios sobre mi mejilla derecha e iba dejando marcas de fuego por cada poro que tocaba. Se deslizó por mi cuello inhalando fuertemente y haciendo que ambos nos estremeciéramos y gimiéramos a la misma vez; pasé una de mis manos por entremedio de su cabello, él pasó una de sus manos por dentro de mi camisa y la colocó sobre uno de mis piernas y fue subiendo lentamente, dejando un hormigueo placentero. Su contacto frio con mi piel hacia que temblara, que ronroneara de placer y felicidad.
"Edward"- Susurraba con respiración dificultosa mientras el pasaba su lengua por el lóbulo de mi oreja y gemía al escuchar su nombre salir de mis labios temblorosos. Sentí como mis labios eran encarcelados nuevamente por los suyos y cómo la única pieza que me cubría aparte de la camisa, se iba humedeciendo cada segundo que pasaba. Su mano estaba a punto de pasar peligrosamente por donde ningún ser había llegado y por donde nadie iba a llegar a menos que quisiera quedarse sin su máquina de reproducción masculina. Posó su mano por encima de mi prenda íntima y comenzó a gruñir seductoramente cuando pudo sentir la humedad. Sin deshacerse de ella, introdujo su dedo pulgar por una de las esquinas de la tela hasta que hizo contacto con el pequeño botón rosado que estaba susceptible debido a sus caricias. "¡Edward!"- Dije frenéticamente al sentir su piel fría haciendo contacto con la mía. Podía sentir sus labios agresivos en los míos mientras masajeaba y movía su dedo pulgar de un lado para el otro, de arriba hacia abajo y de forma circular hasta hacerme estallar rápidamente en un oasis de placer. "¡Edward!"- Dije jadeando mientras tiraba mi cabeza para atrás y me encorvaba hacia su dirección. Él retiró rápidamente la prenda que ya estaba bañada, pero sin romperla y ésta calló en alguna parte de la habitación a la que no presté atención. Con cada toque, yo olvidaba quién era. Solo estaba envuelta en lo que Edward me estaba haciendo sentir. Sin haberme dado cuenta sentí como uno de sus dedos era introducido poco a poco, lo que me hizo que dejara de respirar por unos instantes y que automáticamente mordiera mi labio interior.
"Lexie"- Dijo jadeando en mi oído mientras movía de adentro hacia afuera su dedo y yo sentía que me volvía loca. Me había llamado Lexie. Nunca lo había hecho. Eso le había añadido más éxtasis al momento. Era la primera vez que Edward me llamaba Lexie. "¿Quieres ser mi novia?"- Me preguntó sensualmente mientras lamía mi clavícula. Me sorprendió tanto la pregunta, que ese fue el detonante final para que me hiciera delirar y me sacudiera contra de él.
"¡Sí!"- Le contesté gimiendo y con suspiros entre cortado. En ese instante él gruñó felizmente mientras retiraba su dedo de dentro de mí y se lo llevaba a sus labios, me miraba fijamente mientras lo introducía en su boca y cerraba los ojos lentamente y sonrió como si estuviera degustado el mejor postre del mundo.
"Delicioso"- Ronroneó mientras abría los ojos, se acercaba y me besaba ferozmente, haciéndome probar lo que a su pensar era lo delicioso. Nos separamos por unos instantes, nos miramos fijamente y le sonreí amorosamente. Él me devolvió la sonrisa mientras plantaba un pequeño y tierno beso en mis labios, lo cuales ya se habían acostumbrado a ser prisioneros de los de Edward.
No sabía exactamente lo que había pasado. No fuimos nosotros. Era como si nuestras mentes hubieran sido nubladas y hubieran tomado el control de nuestros cuerpos.
Jamás imaginé que estaría haciendo estas cosas. Pero volvía a repetirlo: no me arrepentía. Habíamos pasado una línea y ya no había vuelta a atrás.
"Lexie"- Llamaron mientras daban pequeños toques a la puerta. ¡Alexei! Me tensé rápidamente y Edward dejó escapar un gruñido amenazador. Lo miré de inmediato mientras lentamente comenzó a levantarse, peligrosamente, como si estuviera a punto de atacar. Me le lancé encima y lo abracé antes de que pasara cualquier cosa. Capaz y se le tiraba encima a mi hermano por haber interrumpido. No era como si lo pudiera sostener, si él hubiera querido, me podía tirar de lado en un instante.
En fin, el show fue que funcionó; Edward devolvió el abrazo y me pegó más hacia su cuerpo mientras posaba su nariz en mi cuello e inhalaba fuerte pero silenciosamente, a la vez que ronroneaba cerca de mi oído, lo que nos hacía estremecer a la misma vez. Me había olvidado que mi hermano había llamado a la puerta, se me había olvidado todo. Me enfoqué en acariciar a Edward suavemente, intentando calmarlo mientras a la misma vez era sostenida y acariciada por él. Si en ese instante me soltaba, era capaz de gritar. Era como si no pudiera detenerme. Como si no pudiera dejar de tocarlo, de acariciarlo. De sentirlo cerca.
"Lexie"- Volvieron a llamar.
"¿¡Qué?!"- Pregunté gritando histéricamente. Me descontroló. Creo que hasta Charlie lo había escuchado. Ahora era yo la que iba a salir brincando de la cama para abrir la puerta y caerle a palos, sino fuera porque esta vez era Edward el que me estaba sujetando a mí por la cintura con una mano mientras se reía por lo bajo y con la otra mano acariciaba uno de los muslos para que me tranquilizara.
"Nada"- Dijo riendo fuertemente, el muy maldito. "Solo pasé al baño y quería comprobar si aún Edward te tenía despierta."- Añadió mientras sus risas se iban apagando poco a poco.
"¡Idiota!"- Gruñí exasperada mientras Edward reía más fuertemente y dejaba pequeños besos en mi cuello y en mis mejillas. Suspiré molesta, sin embargo con cada roce de sus labios, se me pasaba el enojo.
"Gruñona mía."- Dijo sonriendo tiernamente. Lo miré fijamente por unos instantes. No podía creer lo que había hecho con Edward. "¿En qué piensas?"- Preguntaba mientras me daba un pequeño besito de esquimal.
"En ti."- Susurré con una sonrisa mientras él acariciaba mi rostro y me hacía suspirar de alegría. "En nosotros."- Dije mientras lo abrazaba fuertemente.
"Alexandria"- Ronroneó suavemente mientras pasaba una de mis manos por entre medio de su cabello.
"¿Qué?"- Pregunté sorprendida mientras lo miraba divertida "¿Ya no soy Lexie?"- Volví a preguntar incrédula pero con una sonrisa de oreja a oreja.
"Sí"- Dijo calmadamente. "Lo sigues siendo."- Susurró con una sonrisa de esas que te derrite.
"¡Me volviste a llamar Alexandria!"- Me quejé con un puchero mientras lo dejaba de abrazar
"Así te llamas."- Dijo como si fuera lo más obvio del mundo y se lo estuviera explicado a una niña pequeña.
"¡Pero me dicen Lexie!"- Le reclamé mientras ponía mis manos en mi cintura y lo miraba impaciente pero con ganas de reírme.
"Pero me gusta llamarte Alexandria."- Explicó calmadamente. Se veía espectacular.
¿Y por qué me llamaste Lexie?"- Pregunté mientras me volvía a acercar a él con una sonrisa inmensa.
"Circunstancias diferentes."- Susurró mientras intentaba mantener la calma, ya que lo había vuelto a abrazar.
"¿Y? ¿Qué?"- Pregunté mientras le daba un pequeño beso a su mejilla. "¿Ahora solo me llamarás así cuando estés de esta forma?" – Susurré en su oído mientras tomaba el lóbulo de su oreja suavemente entre mis dientes y pasaba mi lengua suave y lentamente. Tenía que tener cuidado. Él era igual de duro que una roca y yo era igual de fuerte que una muñeca de trapo. Cualquier mal paso y me quedaba sin dientes. Y ese pensamiento no me agradaba.
"¡Lexie!"- Se quejó mientras ronroneaba y me encarcelaba entre sus brazos más fuertemente pero con delicadeza.
"¡Já!"- Grité triunfante mientras me reía por haber logrado mi cometido. "¡Vistes! ¡Me dijiste Lexie!"- Reí suavemente y él sonreía y negaba con su cabeza.
"Pequeña tramposa."- Susurró divertido mientras nos mirábamos fijamente.
"En la guerra y en el amor todo se vale."- Dije como si estuviera hablando del clima.
"¿Ah, sí?"- Preguntó interesado mientras su miraba reflejaba un brillo extraño. Una mezcla de diversión, incredulidad y alegría.
"Sí"- Contesté mientras asentía como si fuera una niña pequeña con una sonrisa de oreja a oreja. De un momento a otro, me encontraba recostada en la cama nuevamente con los labios de Edward posados levemente sobre los míos. En un beso casto. No sabía en qué momento me había puesto en esa posición, pero ahí estaba. Acostadita y riendo para mis adentros.
"Ya. A dormir."- Susurró mientras separaba lentamente nuestros labios y yo me quejaba internamente.
¡Yo no quería acostarme a dormir! ¿Quién en su sano juicio querría?
Por lo menos, yo no.
Es cierto que para levantarme horita iba a ser una tragedia, pero, ¡No me importa!
De aquí a unas horas, me importará porque no podré ni con mi alma por el cansancio, pero, ¡ahora mismo no me importa! ¡Hay que vivir el ahora! ¡Olvídese del después!
Iba a quejarme y decirle que no quería dormir pero su mirada no daba lugar a replicas, así que me acosté, pero no sin antes darle un beso rápido en su mejilla.
Me quedé dormida entre sus brazos, con un solo pensamiento: ¡Le había dicho que sí a Edward y ahora era su novia!
*Alexei POV*
Un día más en este lugar. Un día más al que teníamos que asistir a esa estúpida escuela. Un día más donde me tenía que levantar temprano para ir a un lugar que ni siquiera cerca de mi verdadera casa quedaba.
Pero no era ningún problema levantarme temprano. Ya estaba acostumbrado. Era el primero en casa en levantarme al amanecer de Dios. Inclusive antes que mis propios padres. Es más, podríamos decir que yo los levantaba a ellos.
La que me preocupaba era mi queridísima hermana. Aun no comprendía como estaba en ella el dormir tanto y ser tan mala, pero tan mala para despertarse. Era un caso serio, pero, ni modo. No la cambiaría por nadie.
Apagué la alarma, que ya me tenía hastiado de tanto que sonaba. Me levanté con tranquilidad, la misma de todos los días. Salí de mi habitación y me dirigí al baño.
"Creo que ya es hora de un recorte."-Pensé mientras me miraba en el espejo; tenía el cabello demasiado de largo. Luego comencé a cepillarme los dientes, para luego bañarme rápidamente. Algo tan sencillo y a Lexie le tomaba una vida el levantarse, arrastrarse como un gusano hasta el baño, sentarse en el toilette a no sé qué rayos, para luego quedarse dormida como veinte minutos ahí sentada. "Mujeres"- Susurré mentalmente mientras me secaba el cabello con la toalla y me dirigía hacia su habitación para despertarla.
Entré y como siempre, ahí estaba. Tirada como una marmota durmiendo sin importarle nada. Me acerqué a la cama y comencé a llamarla.
"Lexie"- La llamé tranquilamente. Realmente no sé ni porque me molestaba en llamarla tranquilamente. Eso nunca funcionaba. Con ella no. "Lexie"- Llamé más fuerte mientras ponía mis manos en sus hombros y los sacudía suavemente. Y como siempre: No había respuesta de su parte.
Cero cooperación.
"Edward"- Susurró mientras sonreía dormida. Automatíceme rodee mis ojos. Este fetiche extraño que tenía con Edward me estaba poniendo mal.
"Edward, Edward"- Me burlé irritado mientras la sacudía con más fuerzas. "¡Lexie!"- Grité molesto. Siempre era la misma cantaleta de todos los santos días. "¿Por qué no viene Edward y la despierta él?"- Pensé aburrido mientras la seguía moviendo y llamando.
¡Que pase lo que paso yo todos los días!
¡Este suplicio!
"Edward"- Volvió a llamar y me harté. Si no se levantaba a las buenas, se levantaba a las malas.
Estábamos en invierno y hacia frio, pero yo no me iba a quedar media hora ahí como un zángano llamándola para que se despertase.
¡Para colmo hoy se quedó durmiendo más que nunca! Con tanto zarandeo se supone que ya hubiera despertado.
Me dirigí hacia el baño con toda la paciencia del mundo. Tomé un vaso plástico que estaba guardado en el botiquín, lo llené hasta el tope con agua fría mientras me reía mentalmente. Me fui en dirección a la habitación de mí querida hermana melliza y como ya sabía: no se había movido. Analicé por unos segundos qué haría con el agua y cuáles eran las consecuencias. Miré fijamente el vaso, como si fuera un amigo de toda la vida, luego miré a Lexie y supe que en ese momento tenía una sonrisa rebosante en mis labios.
No pensé que iba a llegar a estos extremos, pero, situaciones extremas, necesitan soluciones extremas.
"Lexie"- La llamé dulcemente una última vez mientras reía suavemente por lo que iba a hacer. Ni se inmutó cuando la llamé. "Tú te lo buscaste."- Le advertí como si fuera una niña pequeña que no hacía caso, mientras el vaso que una vez estuvo lleno de agua, ahora se iba vaciando poco a poco y sin piedad, e iba cayendo en la cara de mi hermana.
¿Su reacción?
Comenzó a gritar como una paciente de sanatorio mientras su cara se iba desfigurando e iba tosiendo poco a poco, se levantaba rápidamente y se pasaba las manos por la cara para limpiarse el agua, a la misma vez que yo no paraba de reír. Estaba a punto de tirarme al piso a llorar de tanto que me estaba riendo. Esto era un momento para recordar. Su cara no tenía precio.
"¡Alexei!"- Pegó el grito en el cielo, y yo más me reía. "¡Tu!"- Gruñó mientras me señalaba con su dedo índice. "¡Traidor de la sangre!"- Gritó mientras se levantaba rápidamente. "¡Hereje, pecador!"- Seguía gritando mientras intentaba tomar una almohada y golpearme con ella. "¿¡Qué demonios te costaba despertarme como siempre lo haces!?"- Preguntó mientras me perseguía con almohada en mano.
"¡Pero si yo lo hice!"- Me defendí mientras brincaba sobre la cama y corría en dirección a la puerta para salir de la habitación antes de que pudiera golpearme. "Fuiste tú la que no hizo caso."- Grité una vez fuera de ella mientras me dirigía a mi habitación para prepararme.
"¡Infeliz, impío, secuaz de Voldemort!"- Se podían escuchar los insultos desde el otro lado la puerta, lo que causaba que me riera fuertemente.
"Ay, la loca de mi hermana, cuánto la quiero."- Pensé mientras buscaba que ropa ponerme.
*Lexie POV*
Un día de estos me iba a quedar sin hermano.
¡Lo iba a matar!
Deja que ponga mis manos sobre él. Acabaría con él.
No más Alexei Van der Vaart.
¡Por poco y me ahogaba el muy infeliz!
Bajé las escaleras, ya preparada y regia y me dirigía hacia la cocina. Había unos pancakes preparados. Los había hecho el Mortífago de mi hermano porque tenía el sartén en una mano y la espátula en la otra.
"Tan bueno darle un sartenazo en la cabeza."- Pensé maléficamente mientras lo fulminaba con la mirada. Comencé a desayunar y él hizo ademán de querer hablar, pero negué rápidamente con mi cabeza y lo amenacé apuntándolo peligrosamente con el tenedor mientras entrecerraba los ojos. ¡Que ni se atreviera a abrir la boca! De aquí al medio día ya se me iba a pasar el enojo, pero por ahora que ni se atreva a mirarme porque lo fusilo y va a terminar con mi tenedor entremedio de sus ojos.
Al poco rato después, nos despedimos de Charlie, recogimos nuestros bultos y salimos de la casa.
Ya Edward me estaba esperando fuera con una gran sonrisa. Me detuve por inercia y lo miré fijamente, recordando todo lo que había pasado ayer. Se acercó, tomó suavemente mi mano y la llevo hacia sus labios para luego depositar un pequeño beso en ella, sin dejar de sostenernos la mirada.
Nuestra competencia de miradas fue interrumpida por un carraspeo. Miramos de dónde provenía y era mi adorado hermano, al que por el momento no podía ni mirar, ya se encontraba dentro del Impala. Sonrió de oreja a oreja y fue el primero en marcharse.
Edward me dirigió hasta el Volvo, me abrió la puerta y yo encantada entré. Instantes luego ya él estaba sentado a mi lado. El auto se puso en marcha y en ese momento Edward manejaba con una mano mientras que la otra la usaba para sostener la mía.
Llegamos rápidamente. Nos estacionamos cerca del Mustang de Rosalie. ¡Siempre éramos los últimos en llegar! Ya todos nos esperaban. Hoy todos se veían más sonrientes que nunca. Los saludé con besos y abrazos y les pregunté a qué se debía tanto esboce de felicidad.
"Ya nos enteramos."- Comentó Alice mientras aplaudía alegremente.
"¿De qué cosa?"- Pregunté curiosa, pero de alguna forma, no quería conocer la respuesta.
"¡De lo de anoche, picarones!"- Comentó Emmett riendo a viva voz. Lo miré sorprendida, luego miré hacia donde estaba mi hermano, el que me miraba profundamente.
"Alice los vio besándose."- Comentó mientras nos miraba a Edward y a mí. "Con razón era que no te querías levantar."- Dijo cínicamente mientras se cruzaba de brazos.
"¿Solo un beso?"- Pregunté inconscientemente en voz alta, para luego regañarme mentalmente.
"¿Qué?" – Preguntó Rosalie con una sonrisa de cómplice. "¿Paso algo más?"- Volvió a preguntar como si fuera la noticia del momento, mientras nos miraba de uno al otro.
"¡Nada que les incumba!"- Comentó Edward tajantemente y yo suspiré aliviada. No agradaba mucho ser el centro de atención para estos temas.
"¡Ah!" Gritó Alice de un momento a otro, asustándome en el camino. "¡Felicidades!" – Dijo y la miré extraña mientras se me tiraba para abrazarme suavemente pero con emoción.
"¿Felicidades por qué?"- Preguntó curiosamente Emmett mientras yo suspiraba derrotada y le devolvía el abrazo a la pequeña hada. No se le escapaba nada. Era siempre la primera en enterarse de todo.
¡Edward y Lexie son novios!"- Contó a viva voz, creo que para que todas las personas que quedaban en el estacionamiento la escucharan. Si simplemente lo decía en voz baja, las cosas hubieran sido mucho mejor sin llamar tanto la atención. No había necesidad de que lo gritase.
"¿¡Qué?!"- Preguntaron Emmett, Jasper y Alexei a la misma vez, lo que causó la risa de nuestro pequeño grupo.
"¡Felicidades!"- Dijo emocionadamente Rosalie mientras me abrazaba suavemente y sonreía con cariño. Que extraño es ver a Rosalie felicitar a una humana porque se ha convertido en la novia de su hermano. ¡Todo esto está al revés!
"Bienvenida a la familia nuevamente."- Dijo tiernamente Jasper y le sonreí feliz. Recibir halagos y muestras de cariño de su parte también era una cosa extraña.
"¡Sí!"- Gritó Emmett levantando un brazo en señal de victoria. "¡Ya tengo cuñada nueva!"- Dijo mientras me abrazaba fuertemente. "¡Por fin Eddie se ha convertido en un hombre!"- Decía simulando como si quisiera llorar. Todos lo miramos extrañamente para después mover nuestra cabeza de un lado para el otro en forma de negación.
"Deja de decirme Eddie."- Dijo Edward irritado mientras todos intentábamos no reírnos.
"Bienvenido a la familia."- Comentó Alexei mientras se daban un apretón de manos. Los miré fijamente. Ya se me estaba pasando el enojo. ¿Ven? No dura mucho, solo que cuando lo tengo, lo quiero matar. "Te doy el pésame de ante mano."- Dijo sonriendo de oreja a oreja mientras todos reían fuertemente y yo le gruñía.
La mitad de nuestra conversación la había escuchado gran parte de los que nos habían pasado por el lado. Unos no tuvieron la decencia de disimular y se quedaron mirándonos fijamente, como si fuéramos un show de circo.
¿Todo el mundo habla, no? ¿O es que es un crimen?
¡Chismosos entrometidos!
En esos instantes Edward deslizó su brazo sobre mi cintura y me atrajo hacia sí.
"¡Mira, mira qué lindo!"- Comentó Alice con una sonrisa de oreja a oreja mientras nos señalaba con su dedo índice y casi brincaba de la emoción.
Tanta atención ya me estaba dando un poco de vergüenza, así que me abracé de Edward para poder evitar al mundo.
Al poco rato después, el timbre sonó y todos fuimos entrando poco a poco. Edward me acompañó hasta mi salón de clases con la promesa de que luego nos encontraríamos.
La primera hora de clases es siempre la más aburrida ya que no tengo ni a Alexei, ni a Edward ni ninguno de los Cullen para que me hagan compañía. La clase transcurrió lenta y dolorosamente. La segunda hora pasó más rápidamente porque Alice me hizo compañía. En la tercera estaba feliz porque Edward estaba conmigo.
"¿En qué piensas?"- Me preguntó suavemente mientras me miraba fijamente.
"En lo aburrida que está la clase."- Suspiré aburrida y contesté sinceramente, lo que causó que él riera. No podía mentir, la clase hoy era pésima. Edward era el único que me mantenía distraída. Mientras lo miraba fijamente, me acordé de algo que había dejado pasar por alto. "¡Edward!"- Lo llamé urgentemente. Él no me quitaba la vista de encima y con la misma me preguntaba que qué sucedía. "Anoche…"- Comencé pero no sabía cómo continuar.
"¿Si?"- Preguntó mientras me sostenía de la mano y la acariciaba con su dedo pulgar.
"Por casualidad tú no te llevaste las…"- No pude continuar porque no me salía la palabra. Me parecía hasta vergonzoso sacar el tema y a mitad de la clase para colmo.
Luego de que el tonto de Alexei me despertara, había recordado que anoche Edward había tirado al suelo mi ropa interior y yo no le había prestado atención a dónde había caído. La busqué por todos lados y no me apareció. En definitiva que había caído en el piso porque en la cama no estaba, pero ¿Dónde? Alexei no se iba a atrever a levantarla y si la hubiera visto ya me hubiera insultado por dejar mi ropa tirada en cualquier parte.
Edward sonrió ampliamente mientras asentía. No hacía falta decir palabra.
"¡Edward, por favor!"- Dije incrédula mirándolo sorprendidamente. "Eso… ¡Eso está sucio!"- Dije por lo bajo pero con ganas de reírme. ¡No imaginaba que Edward fuera de ese tipo de personas!
"No"- Dijo calmadamente moviendo su cabeza de un lado para el otro. "Es un recuerdo de un momento espectacular."- Comentó sonriendo peligrosamente sensual.
"¡Edward!"- Regañé incrédula pero con una sonrisa de oreja a oreja mientras miraba lentamente alrededor del salón para poder tranquilizarme.
¡Con razón no las encontraba por ningún lado! Él se la había llevado. Esto parecía una comedia. Edward 'Happosai' Me acordaba al pequeño ancianito de Ranma que le gustaba robar la ropa interior.
"Disculpe Señorita Van der Vaart."- Llamó el profesor y la clase quedó en silencio. "Me he dado cuenta que hoy la clase le ha parecido espectacular, tanto que no ha prestado atención, lo que me da a entender que tanto usted como el Señor Cullen conocen el material."- Dijo tajantemente mientras se acomodaba sus espejuelos.
No sabía ni de qué rayos estaban hablando. Miré disimuladamente hacia la pizarra y tenía escrito con tinta de marcador negro 'La Reforma Protestante'
Lo miré rápidamente con una amplia sonrisa y asentí. Que no supiera de qué trataba hoy la clase, y que me pareciera aburrida, no era razón para que ya no conociera el material. ¡Total, la clase de Historia es una de mis favoritas!
"Ya que conoce espléndidamente el material, dígame en qué país y en qué año comenzó el tema del día de hoy, Señorita Van der Vaart."- Preguntó irritado.
"Comenzó en Alemania en el año mil quinientos diecisiete."- Dije dulcemente. ¡Qué suerte que esto ya me lo habían dado antes! El profesor me miró sorprendido, tal vez no esperaba que le diera una contestación y menos que fuera la correcta, pero luego asintió lentamente
"Muy bien."- Comentó suavemente y volvió su mirada a la pizarra mientras varios de los chicos nos miraban extrañamente. "Continuemos"- Dijo para llamar la atención de los demás.
"¡Hey, Lexie!"- Llamó en voz baja Mike Newton mientras sonreía. Lo miré extraña. ¿Y este porque me llamaba?
"Hey, Mike."- Dije suavemente con una pequeña sonrisa forzada. Miré hacia el otro lado del salón y Jessica Stanley nos veía fijamente. "¿Y ahora a esta qué le pasa?"- Pregunté mentalmente con ganas de rodar los ojos.
"¿Cómo supiste?"- Preguntó incrédulo pero emocionado sonriendo ampliamente. Lo miré y luego miré a Edward, quien tenía un semblante serio, pero no le presté atención.
"Se le llama estudiar, Mike."- Dije como si fuera lo más obvio del mundo. Lo que causó la risa de varios en el salón. Volví a mirar a Edward y esta vez tenía una pequeña pero notoria sonrisa, la que me hizo sonreír a mí también.
Minutos después sonó el timbre y volví a cambiar de clases. Edward agarró mi bulto con una mano y mi mano con la otra y me acompañó hasta la clase de álgebra donde me encontraría con mi hermano el Mortífago. A mitad de pasillo, nos detuvimos, lo miré curiosa pero con una amplia sonrisa y de un momento para otro pude sentir como sus labios se posaban rápidamente sobre los míos, para la sorpresa mía y de los que se detuvieron para observar el show. Segundos después, comenzó un murmullo alrededor nuestro, al cual no tenía las ganas ni el interés de prestarle atención.
"¿Y eso?"- Pregunté mientras nos separábamos lentamente y lo miraba fijamente.
"Nada"- Dijo suavemente. "Solo dejando cosas en claro."- Comentó en susurró mientras sonreía tiernamente.
"¿Cómo cuáles?"- Pregunté feliz mientras él depositaba un pequeño beso en mi nariz, lo que me hacía sonreír como una niña pequeña a la que le regalaba su dulce favorito.
"Como que eres mía."- Dijo con un brillo de diversión en sus ojos y una sonrisa pícara. Reí fuertemente mientras le daba un pequeño beso en la mejilla, le quitaba mi bulto y luego me daba la vuelta para entrar al salón, antes de entrar, me topé con Alexei, el cual al vernos, sonrió grandemente y guiñó hacia nuestra dirección. Le devolví la sonrisa y entramos juntos al salón.
La clase pasó lentamente, sin importar tener a mi hermano a mi lado. Ya saben: álgebra, mi mejor amiga. Nótese el sarcasmo. Ya ansiaba que fuera la hora de almuerzo. Cuando por fin llegó, recogimos nuestra mesa rápidamente, salimos hacia la cafetería y esta vez fui yo la que tomó el bulto de Alexei y me fui en busca de los Cullen, hoy le tocaba a mi hermano el ir a comprar. Me encaminé hacia la mesa Cullen, donde ya todos nos estaban esperando.
"¿Cuándo comenzarán con la práctica de la canción para la competencia?"- Preguntó Emmett, instantes luego de haberme sentado.
"Hoy, cuando lleguemos a casa."-Dije tranquilamente sonriendo de oreja a oreja. Me encontraba sentada entremedio de Edward y Rosalie.
"¡Es en dos semanas!"- Comentó Rosalie mientras movía su comida de un lado para el otro y la miraba con asco.
"¿Les dará tiempo de ensayar?"- Preguntó Jasper curiosamente mientras yo asentía.
"Claro que nos dará tiempo." Dijimos Alexei y yo a la misma vez, como si fuera lo más lógico. Lo miré sorprendida, no me había dado cuenta de que había llegado. En una de sus manos se encontraba una bandeja con nuestros almuerzos. Tomó asiento al lado de Alice, mientras esta me pasa la comida.
"Ni que durara media hora la canción."- Dije exasperada mientras rodaba los ojos y comenzaba a comer.
"Por cierto, Charlie quiere que mañana vayamos a La Push."- Comentó Alexei de un momento a otro, como si estuviera hablando del clima.
"¿¡Qué?!"- Gritaron todos los Cullen al unísono mientras se tensaban.
¡Se me había olvidado totalmente que mañana iríamos con Charlie a La Push! Con todo el asunto del vampiro mechones naranja en el cine y lo que pasó anoche con Edward, se me había olvidado por completo el pequeño detalle de que mañana iríamos a visitar a Billy ¡Y que para colmo, no se los había dicho!
"Alexei"- Lo regañé entre dientes y lo miré mal, debido a su falta de sutilidad. Me miró y encogió sus hombres.
"Apuesto a que se te había olvidado"- Dijo mientras me sonreía cínicamente.
"¿La Push?"- Preguntó Rosalie irritada. "Esos pulgosos apestosos."- Insultó mientras cerraba los ojos como si la matara hasta el pensar en ellos.
"No pueden ir allí"- Comentó Edward exaltado mientras me miraba preocupado.
"Sabemos lo de los lobos."- Dije en susurró. Todos nos miraron impresionados.
"¡Por esa razón no deberían ir!"- Dijo Edward a regañadientes mientras también cerraba los ojos, pero, como si fuera algo doloroso.
"¡No es como que estamos brincando en una pierna debido a la emoción!"- Comenté irritada mientras suspiraba cansada y cruzaba mis brazos.
"No hay otra opción."- Dijo Alexei calmadamente y estuve de acuerdo.
"No es como que quisiera ir, pero, Charlie quiere que vayamos."- Dije suavemente, pero eso no los calmaba.
"Es peligroso."- Dijo Emmett y todos asintieron a la misma vez.
"Nosotros no tenemos permitido ir."- Dijo Jasper quien tenía el ceño fruncido.
"Lo sabemos."- Dijimos Alexei y yo al unísono, pero no causó gracia. Estábamos enfrascados en una discusión que no importara qué, al final terminaríamos hiendo a La Push, les guste o no.
"¿Qué sucedería si le hicieran algo?- Preguntó Edward como si fuera lo peor del mundo. Me daba pena verlo así, pero, no había vuelta atrás.
"Nada nos pasará."- Dije convencida mientras le tomaba una de sus manos y la apretaba para luego besar suavemente su mejilla, lo que causó que dejara de tensarse y se relajara un poco.
"¿Cómo lo sabes?"- preguntó Rosalie alarmada y molesta mientras nos mirábamos, y ella iba apretando tanto el tenedor de metal, que lo terminó doblando y partiendo como si fuera uno de plástico.
"Si no decimos lo que sabemos, todo estará bien."- Dijo Alexei, lo que hizo que lo mirara aliviada. Tenía razón.
"¡De cualquier forma!"- Dijo Rosalie mientras Emmett pasaba una de sus manos sobre su espalda para darle masajes y calmarla.
"¡Bueno, ya!"- Grité cansada. No íbamos a llegar a ningún lado. Mejor era terminar con todo esto. "Ustedes no quieren y yo tampoco, pero, hay que hacerlo. Punto. Fin. Se acabó."- Dije para no dar lugar a más disputa. Pude escuchar varios gruñidos, pero, no les presté atención.
El timbre sonó y como siempre, Edward me acompañó junto con Emmett a la clase de inglés.
La clase pasó divertidamente. Emmett comenzó a hacer chistes para sacarnos de nuestro mal humor y hacernos olvidar por unos momentos la situación que habíamos dejado atrás. Luego llegó la última clase del día: educación física. Me encontré con Edward y nos sentamos a conversar en las gradas. Luego llegó Alexei y se nos unió. Edward no se veía muy feliz, pero cada vez que nos mirábamos fijamente, él terminaba sonriendo. Así la hora pasó y volvió a sonar el timbre. Recogimos nuestros bultos y salimos de la escuela, con rumbo al estacionamiento. Esperamos que todos los Cullen estuvieran fuera y nos despedimos.
N/A
¡HOLA! Vengo con algunas advertencias, aclaraciones o como los quieran llamar.
Antes que todo: ¡Terminamos en el capítulo 14! Wow xD *grita y aplaude de emoción* ¡La historia ha tomado un giro inesperado! ¿Verdad? (no xD ya yo sabía xDD) Eso sí, no sabía ni cómo escribir las escenas de Edward y Lexie */* sin que se leyera mal y feo. (Por eso me tarde en postear) Estaba [¿la dejaba o la borraba?] ¡Las dejé! ¿Qué tal?
¡Por fin Alexei tuvo su participación! Moría de risa cada vez que escribía desde su POV jajaja. Antes de semana Santa les traigo el próximo capítulo =D
Ahora sí: 1. ¡El Fic por fin ha cambiado de ser T! ¡Ahora es M! Lo que significa que de aquí en adelante, ustedes deciden si quieren seguir leyendo el fic, o se quieren retirar. No aceptaré malos comentarios ni cosas destructivas.
2. Esto es un fanfic, o sea que los autores escriben lo que les dé la gana y le dan mil vueltas al cannon si quieren. Por eso es fanfiction, para dejar volar su imaginación.
3. ¡Me Tenía Que Pasar a Mi! NO va a serle fiel a la historia de Stephenie Meyer. No hay Bella/Edward. Repito: Me leí los cuatro libros hace años, y solo vi la primer película, porque (¡no me maten pero no me gustó! KS me cae pésima xD so thats why i am anti-Bella) Prefiero los libros. Por consiguiente, ¡Me Tenía Que Pasar A Mi! No va a tener todas las mismas escenas que los libros.
4. ¡Es mi primera vez escribiendo un fanfic, por Dios! No tengo experiencia xDD
5. Les estoy muy agradecida porque han tenido el valor de seguir leyendo a Lexie y sus locuras xD
A contestar Reviews! *.*
Yuya Kinomoto: jajaja yo también he leído fics a escondidas xDD No me aguanto el llegar a casa. Que bueno que te encantó y muchísimas gracias por comentar =D Espero que este te haya gustado también. ^^
Katherine: muchas graciaaaaas *.* jaja ¡yo también quería que se besaran! ¡Me dio una rabia con Emmett! lol Pero creo que lo compensé en este capítulo (creo yo xDD) ¿tú qué piensas? Una de las muchas razones por las cuales escribí el fic es porque quería saber que se sentía que otra fuera la protagonista xD Hay tanto fics E/B que me marean. Igual a ti, cuídate mucho y gracias por siempre estar ahí =D
Saludos desde Puerto Rico
Como siempre, mil disculpas por la mala ortografía :/
R&R
Este capítulo cuenta con: 18 páginas . (Boom Shakalaka 7055 words)
3/26/2014
