Little Girl
Escape
Se sentía a kilómetros la tristeza de aquel lugar, la habitación permanecía totalmente en silencio. Todos los que allí estaban se encontraban observando la misma imagen: Anna sentada en el umbral de la puerta, observando la nada con los auriculares de su prometido entre sus manos. Su mirada estaba vacía, su expresión también.
Hacía unas horas se había anunciado la muerte de Yoh Asakura, aquel muchacho tan alegre que se caracterizaba por su frase de "todo se solucionará" había desaparecido de la faz de la tierra, producto de una enfermedad extraña que había contraído en uno de sus viajes.
El proceso fue una verdadera tortura, todos veían cómo su amigo era consumido por aquella peste, arrastrándolo a la muerte día a día. Lo peor de todo era que Yoh jamás dejó de sonreír.
Todo se solucionará.
Fausto no se había movido de su lado un solo segundo, movió cielo y tierra para ayudar a su amigo y aun así, la batalla fue perdida. Se sentía frustrado, inútil, extremadamente dolido. No había podido hacer absolutamente nada.
Todos los demás se encontraban igual que el muchacho rubio, sin poder creer que el motivo de que todos terminaran siendo tan grandes amigos ya no esté. Pero cada uno de ellos sabía perfectamente que la persona que más estaba sufriendo era la rubia sentada en el umbral.
Anna no había hablado una sola palabra desde que Yoh enfermó. Al menos no delante de ellos. Se notaba a leguas que la chica tenía el alma destrozada, aunque su expresión no lo demostrara. Sus amigos en todos los años que habían pasado junto a ella la habían aprendido a conocer.
Manta se acercó, apoyó su mano en el hombro de ella, temeroso.
—Anna… ¿necesitas algo?
La rubia solamente meneó la cabeza en señal negativa. Ni una sola palabra.
Así pasaron días, semanas, meses.
Cada uno, de a poco, regresó a su vida habitual.
Pero Anna seguía igual.
Al principio habían decidido dejarla sola, tal vez lo que necesitaba era eso. Pero al notar que todo seguía exactamente igual, quisieron ayudarla de otra manera. Ren y Jun Tao necesitaban mudarse cerca de la ciudad por cuestiones laborales, por lo que propusieron irse a vivir un tiempo a la residencia Asakura. La sacerdotisa no objetó nada. Ni que sí, ni que no. Tan solo miró fijo todo y se retiró a su alcoba.
—Intentaremos hablar con ella, mejor dicho, que ella nos hable a nosotros. Debe tener todo su dolor dentro, sin liberar. Si sigue así se enfermará. —Jun habló con todos, seriamente. Ren solamente miraba la situación con un poco de molestia.
—Creo que están exagerando las cosas. Cada persona reacciona diferente frente a las situaciones difíciles de la vida. Yo no seré niñero de nadie. —Terminó el Tao con el ceño fruncido y la mirada gélida.
—Debemos ayudar a nuestra amiga, Ren. ¿Por qué siempre actúas de esa forma? —Manta, molesto, no entendía el comportamiento del chino. Horo Horo lo miró de mala manera y suspiró.
— ¿Por qué te mudas aquí si no te interesa ayudarla?—Ren se sorprendió por la respuesta del Usui, frunció aún más el ceño y se acercó a él, amenazante.
—No es asunto tuyo.
—Esto nos involucra a todos, Tao.
—Cierra la boca y lárgate de aquí.
— ¡A MÍ NO ME—
— ¡CÁLLENSE!
Silencio sepulcral. Todo el mundo se dio vuelta y se encontró con Anna, muy molesta, en la puerta.
—No me interesa si se quedan a vivir aquí o qué diablos, pero dejen de hacer tanto escándalo. Cierren la boca o lárguense. —Dicho esto, se dio la vuelta y se retiró nuevamente.
Primeras palabras en 1 eterno año.
Todos menos Ren se fueron, sorprendidos y, en el fondo, un poco contentos. Jun tenía cuestiones que atender y le dejó encargado quedarse por si sucedía algo más. El chino se quejó pero se quedó.
La noche se hizo presente. Su hermana todavía no llegaba, por lo que comenzó el preparativo para hacer la cena él mismo. Ya que habían logrado que Anna hablara algo, iría a verla para preguntarle qué quería cenar. Ya que iba a demostrar sus dotes culinarios, le daría a elegir.
Se dirigió para la alcoba de Anna, la llamó. Nada.
La volvió a llamar, nada.
—Anna, voy a entrar. —Dicho esto abrió la puerta y, al ingresar, de percató de que la habitación estaba totalmente vacía. — ¿Qué demonios?
Salió de ahí y se dirigió a la siguiente, la cual era la de Yoh. Se quedó parado en la puerta, pensativo. Miles de sentimientos se le vinieron de golpe, como un balde de agua fría.
Ya hacía un año que su amigo ya no estaba. ¿Por qué tenía que pasarle esto a ese idiota? Jamás se lo dijo ni lo habría hecho, pero él lo quería. Había sido su primer amigo verdadero. Le debía muchas cosas. Cuando murió, no dijo nada. No lloró. Simplemente observó todo. Le dolía el pecho, una fuerte punzada lo atacaba, constante, filosa.
—Maldito seas, imbécil. —Susurró con sus brillantes ojos cubiertos por una capa de lágrimas. En ese momento se escuchó algo dentro de la habitación. Parecía que dos personas estaban hablando. Más bien una, la otra sollozaba.
Se acercó más a la puerta para poder oír mejor, efectivamente alguien estaba llorando y otra persona le hablaba.
—Sé fuerte como siempre lo has sido, Annita.
Esa voz…
¡Yoh!
Ren abrió la puerta de golpe, encontrándose con una imagen que jamás hubiera imaginado que vería en toda su vida.
Anna se encontraba abrazada y con la cara escondida en el pecho de su prometido, o más bien intentándolo, ya que el castaño efectivamente era un fantasma.
El Asakura observó al recién llegado y le regaló una sonrisa.
—Hola Ren, ¿cómo has estado?
Él simplemente no podía creerlo. Su amigo estaba ahí, con su tonta sonrisa despreocupada de siempre.
— ¿C-Cómo diablos…?
—Anna es sacerdotisa, ¿lo olvidaste?
—Cierto… pero… no lo entiendo. ¿Por qué no te llamó antes?
—Aunque no lo creas Anna está muy débil. Jamás creí que la vería así. Estuvo todo este tiempo tratando de llamarme, pero simplemente su energía espiritual está casi nula, es como si se estuviera dejando morir por dentro. Debes ayudarla, Ren.
La rubia se había quedado dormida, el chino ayudó a acomodarla en el futón y la observó, sorprendido.
— ¿Qué pretendes que haga, idiota? Te fuiste así sin más, con esa estúpida sonrisa tuya, diciendo que todo se iba a solucionar. Y mírate, eres un fantasma. Ahora me dices que Anna se está dejando morir. Ya lo sabía. Era más que obvio que desde partiste, ella solamente busca estar contigo de nuevo. Es más que obvio que tiene todo el dolor escondido en su cuerpo, dolor que jamás pudo sacar a la luz. Es obvio que gaste sus pocas energías en querer llamarte aquí. —La voz de Ren comenzaba a quebrarse. —También es obvio la razón por la cual estoy aquí. Una persona tan fuerte como ella no debería estar en esas condiciones. Demonios Yoh, ¡¿por qué carajo tuviste que morir así?! —Se acercó, como para querer golpearlo. El muchacho lo observó, con semblante triste.
—Lamento haberlos hecho sufrir. No fue mi intención. Yo ahora me encuentro bien, solamente necesito que Anna también lo esté, ¿entiendes? Como tú lo dijiste, ella no debería estar en estas condiciones. No quiero que muera, Ren. No quiero que intente escapar así sin más solamente guiada por el dolor. No la dejes morir, por favor.
Ren se secó una lágrima fugaz que se le había escapado, tratando de que no se notara. Luego miró a Yoh a los ojos y sonrió.
—Todo se solucionará.
El castaño sonrió, observó por última vez a su querida Annita y luego se dirigió a su amigo para darle un "abrazo".
—Te lo agradezco, amigo. Nos veremos pronto. ¡Cuídala!
Y así, sin más, desapareció.
—Hmp, idiota. —Susurró el Tao con una sonrisa mientras observaba a la chica durmiendo, con lo que parecían ser rastros de lágrimas en su cara.
Desde un primer momento quería ayudarla. Y ahora tenía razones más que suficientes para hacerlo.
: Chapter Complete :
Les dejo un intento, leve, muuuy leve, de Ren&Anna. Lo escribí en mi última hora laboral, en un corto tiempo libre que tuve. Espero que sea de su agrado y nos vemos en la próxima entrega. Muchísimas gracias por todos sus bellos reviews, ¡me hacen feliz!
Lamento mucho mis desapariciones, cuando tenga un poco más de tiempo ya les contaré.
¡Los quiero!
Emi.
