64. Alemania

Érase una vez, en el aparcamiento de un aeropuerto. En la plaza de parking más alejada de la terminal, se encontraba un solitario y lujoso deportivo plateado. Dentro, se encontraba una pareja demostrándose todo lo que se querían y más, por suerte que el coche tenía una buena suspensión –o lo que fuera que tiene que tener un coche porque no sé nada sobre ellos- porque si no, la apasionada pareja, lo hubiera roto de los botes que hacia dar al coche.

Me reí de mi narración interior. Vaya cosas que se me ocurren.

-¿De qué te ríes?-Dijo Jake en mi oído.

-No me estaba riendo-Y continué riéndome en silencio mientras continuaba mi camino de besos por su hombro. Estábamos en el asiento del piloto, yo encima de Jake. Estábamos vestidos, la sesión de mover el coche hasta casi romperlo había terminado hace varios minutos. Ahora sencillamente nos encontrábamos besándonos, acariciándonos u observándonos el uno al otro mientras que con nuestros dedos tallaban nuestra silueta.

-Mentirosa, sí lo hacías. He sentido como tus labios se curvaban. ¿De qué te reías?

Escondí mi cara en su cuello, esta vez me sí me reí con sonido incluido.

-Estaba narrando un cuento para mí misma. Mis cuentos mentales.

-Tus cuentos mentales-Reflexionó- Los echaré de menos-Sentí como besó mi coronilla. Suspiré-¿Me lo cuentas?

Sonreí.

-Claro. Es muy breve pero me hizo reír. Ahí va.

Comencé a relatarle mi narración y cuando acabé él también se inventó una parte. Reconozco que mi inocente narración se volvió… no tan inocente.

El tiempo se me había pasado volando. Miré la hora aún quedaban veinte minutos para estar en la terminal pero estábamos alejados de ella.

-¿Crees que deberíamos salir del coche?

-Quedan veinte minutos para la hora acordada.

Me acurruqué más sobre él y le abracé. Estábamos en total silencio y escuchaba perfectamente los latidos de su corazón. No sabía si era mi paranoia o era como si nuestros corazones fueran en sintonía.

-Te amo.

- Yo también te amo-Le dije un susurro.

Exhalé muy fuerte para evitar llorar. Ayer, me prometí a mí misma que no lloraría, que me mantendría fuerte. Pero eso era inevitable, ya sentía como mis ojos comenzaban a lagrimear.

-Voy a ver si no me he olvidado nada- Abrí la puerta y salí poco a poco procurando no caerme. Luego fui al maletero y rebusqué cualquier cosa en los bolsillos de las maletas. Intenté alargar lo máximo posible mi búsqueda, las lágrimas ya caían. Paré con mi búsqueda de entre las maletas, ahora solo las miraba mientras seguía llorando.

Sabía que Jake estaba al lado mío y por si no había notado su presencia él comenzó a quitarme las lágrimas suavemente. Tan solo fue un instante que giré un poco mi cabeza para mirarle a los ojos cuando no pude más y comencé a llorar más. Me abalancé sobre Jake rodeándole con mis brazos en un gran abrazo.

-Nessie no llores. Piensa que en unos meses nos volveremos a ver.

-N-no quiero e-estar alejada d-de ti-Respiré profundo para controlar mis sollozos.

-Yo tampoco quiero estar alejado de ti-Me acarició la espalda para calmar mis sollozos, que por suerte, ya estaban disminuyendo.

-No debería haberte echo caso, debería haberte ignorado totalmente. Se me da bien ignorar a las personas pero no, tú tienes como un escudo que me impide hacer eso.

-Y si no hubiera sido por ese escudo que tengo no te hubieras enamorado de mí.

-Eso es imposible-Me aparté lo suficiente como para poder mirarlo a los ojos- Llevo enamorada de ti des de los catorce años, eso es como mi media vida.

-¿Desde los catorce?-Había sorpresa en su mirada, mucha sorpresa. Claro, él no sabía esta información. Ni tendría que saberla pero no me importaba decírsela.

-Sí, fue un flechazo y continué enamorada de ti mientras cambiaste para ser uno de los guays del instituto y también cuando me ignorabas-Me fui secando las lágrimas que permanecían en mis mejillas con la palma de mi mano- Cuando comencé a salir con chicos aún pensaba en ti. Cuando tuve mi primer novio lo primero que hice fue compararlo contigo, con el recuerdo que tenia de ti. Y cuando te volví a ver fue… fue tan maravilloso. Mi primer beso contigo fue por intentar ignorarte cosa que no logré, fue como ver un millón de fuegos artificiales de 4 de julios, amo el 4 de julio. Y la primera vez que hicimos el amor fue como ver todas las estrellas del universo juntas. En ese caso no te ignoraba pero es un dato bastante importante-Sonreí, como pude-Ves, es imposible ignorarte, tu escudo siempre está ahí.

Me quedé callada, no quería decirle más, no podía porque mientras más abría mi corazón, más de lo que ya estaba, más tortuosa sería mi ida.

-Había poca luz en la biblioteca por la lluvia tan fuerte que había afuera. Estaba muy concentrado en mi libro cuando escuché unos pasos mojados dirigiéndose cerca de dónde estaba yo. Lo primero que vi fue una chaqueta muy mojada por la lluvia y un paraguas roto. Cuando aquella persona se sacó la capucha pude ver un precioso cabello cobrizo alborotado y algo rizado. Había poca luz pero era como si la poca luz que había la hubiera captado aquel precioso cabello. Cuando esa persona se dio la vuelta me di cuenta que no había visto a una niña más hermosa en todo el universo, tenía cara de ángel. No entendía que hacía allí una niña tan hermosa como ella, sobre todo en la sección de ciencias. Tampoco entendía el porqué de su ropa, era como si le quedara dos tallas grandes. Ella encajaba más en el tipo de niña de primero que se preocupaba más por sus uñas y maquillaje que en el de una rata de biblioteca, sin embargo estaba ahí con un montón de libros sobre la mesa y para remarcarlo eran vacaciones. Nunca olvidé esa expresión de curiosidad por cada cosa que leía. Ella por suerte no notó mi presencia porque si no hubiera sido algo raro que me pillara observándola.

Ahora la sorprendida era yo. Me acordaba de ese día fue uno muy malo. Mi paraguas se había roto y llovía tanto que no sabía ni por donde iba. Por suerte llegué a mi destino y me concentré al máximo en mi libro excepto por un molesto chico que no paraba de hacer ruidos.

-Hice varios ruidos para que te giraras y me vieras conseguí más o menos tu atención, le dijiste a la bibliotecaria que me dijera que parara o me fuera. En cuanto comenzaron las clases te busqué. No fue tan casualidad como tú piensas. Y bien, ahora que te vas pasará lo mismo, en cuanto no volvamos a ver te buscaré.

Pensé en cuando lo conocí, la biblioteca del instituto. Me visualicé a mi misma: yo sentada en el rincón más luminoso de la biblioteca para poder ver con más claridad los libros y de repente un chico que jamás en mi vida había visto apareció por arte de magia.

-No hace falta que hagas eso, puedes venir conmigo y ahorrarte eso de buscarme ¿Por qué no puedes venir conmigo? Sé que existe una palabra llamada traslado y la empresa en la cual trabajas es una S.A. que tiene sedes por todo el mundo incluyendo Alemania.

-Sí, yo también pensé en eso pero los traslados conllevan muchos papeleos que tardan mucho en hacerse y hasta que lograra hacerlo tu ya habrías vuelto.

Hice una mueca de disgusto. Malditas leyes de empresa. Cogí las maletas y las dejé en el asfalto.

-Como sé que ahora sí voy con prisas ¿Qué tal una carrera?

Contamos unos segundos y fuimos corriendo hacia la entrada. Por suerte no fui la última en llegar. Todos mis compañeros se veían ansiosos mientras que yo no ¿Acaso ellos no dejaban nada o nadie atrás? Claro, seguramente son ese tipo de personas que les interesa más su carrera profesional que su vida personal. Antes de entrar y despedirme de Jake nos dimos un largo beso que fue interrumpido por los altavoces del aeropuerto llamándonos.

A la hora de subirme al avión fui entrando poco a poco, no me quería marchar. Mientras el avión despegaba fui viendo como cada vez me iba separando más y más del suelo. De Jake. Haríamos escala en Nueva York pero igualmente estaría lejos de él. Aún no había pasado ni media hora y ya le echaba de menos. Me pregunto cómo lo haré durante estos meses.

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Los vuelos con Jake eran mucho más cómodos, más tranquilos y menos estresantes. He viajado a la otra punta del mundo y estoy agotada, odio dormir en los aviones los asientos son pequeños y duros. Habíamos llegado a Berlín y ahora lo único que quería era dormir pero aún tenía que coger taxi que me llevara a mis otros tres compañeros y a mi , dos chicas y dos chicos, al lugar donde nos quedaríamos durante estos meses. Éramos veinte personas para cinco ciudades: Berlín, Frankfurt, Munich, Hamburgo y Nuremberg. El próximo vuelo para salir a… cualquiera de las ciudades restantes no salía hasta dentro de media hora pero ahora lo único que tenía que hacer era coger mis maletas e ir a por el taxi que nos esperaba.

-Veamos IMAE-Nos habló nuestro… exactamente no sé lo que era supongo que un coordinador. Bueno pues nuestro coordinador nos llamó por el nombre del proyecto y nos ajuntó a mis otros tres compañeros y a mí para hablarnos- Ahora os esperará un hombre en la entrada con un cartel que pone IMAE. Él os llevará a vuestro piso ahí os encontraréis con el casero que os dará las instrucciones y etc. Después de eso tendréis este y mañana libre, pasado tendréis que ir al hospital indicado previamente y pasados tres días empezáis a trabajar-Nos entregó un papel a cada uno con lo que había dicho pero con mucha más información- Auf Wiedersehen und viel Glück1-Se despidió de nosotros en alemán.

Me iba encaminando hacia la salida cuando mi compañera de estatura mediana, tez algo bronceada y cabello corto y castaño se me atravesó por el camino.

-Antes de empezar como solo elegirán a la mitad de las personas os diré que voy a por todas y que siempre gano- Nos miró a los tres detenidamente y luego se quedó mirándome fijamente- Niña bonita, si piensas que tu historial te ayudará en esto vas equivocada. No te elegirán porque simplemente no estás capacitada para ello. Las modelos no encajan en este mundo-Me quedé sorprendida por dos cosas: sabe quién soy o mejor dicho quien era y me reconoce, aún-Tengo que conocer a mis rivales y sé que tu no formas parte del grupo.

No me alteré ni me mostré alterada. Ya había tratado con chicas así.

-He lidiado con exámenes trimestrales, sesión de fotos de última hora, fallos técnicos que trastocan mis planes como no poder asistir a clases, pocas horas de sueño y poco tiempo para todo en general. Sin embargo he sacado las mejores notas-Miré su vestimenta, claramente se veía que no estaba mal económicamente- ¿A que tu no podrías decir lo mismo…?

-No te hace falta saber mi nombre ni te lo diré.

Miradas de odio ondearon en el ambiente. No me iba a dejar derrotar por la señorita altiva y sin nombre. Ella continuó hablando sobre algo pero yo la ignoré.

-Bueno yo soy Jason

-Y yo Steven

-Yo soy Renesmee y no, no tiene diminutivo-Des de ahora el nombre de Nessie está reservado únicamente para Jake- Conviviremos durante estos meses juntos, espero poderme llevar bien con todos.

-Sí, pero no creo que consigamos gran cosa de ella-Jason señaló a la señorita altiva que se encontraba más adelante que nosotros- Me ha tocado sentarme con ella y no es muy simpática.

-Das Glück uns begleitet2-Dijo Steven provocándome una pequeña risa.

El caminó del aeropuerto a mi definido hogar no sé si fue largo o corto porque en cuanto me senté en el taxi XL, seguramente para nuestras cosas, me quedé dormida, me desperté con el pitido de un coche. El piso era bastante amplio y cómodo. Era de dos plantas, en la planta de arriba había tres habitaciones y un baño y la parte de abajo había otro baño, la cocina y el salón. Estaríamos dos por habitación así que me tocaría soportar a la señorita altiva. El casero apenas estuvo unos minutos y luego se marchó. Yo me di una ducha y enseguida me fui a dormir.

Al día siguiente me encontraba mucho mejor descansada pero me desperté con hambre. Ayer habíamos acordado ciertas cosas entre nosotros, entre ellas los horarios del lavabo y la cocina para así no complicarnos con la comida. Como comeríamos en el hospital nadie se encargaría de ello pero habíamos acordado que entre semana el desayuno lo hacia uno y la cena otro. Esta semana me tocó a mí el desayuno y me encantó ver la expresión de la señorita altiva al ver lo bien que preparaba el desayuno. Por la tarde encendí mi móvil, que previamente había cambiado la tarifa por la internacional, y vi que tenía mensajes de todo el mundo. Me limité a enviarles el mismo mensaje a todos excepto a mamá y a Jake que hice una videollamada por Skype des de mi nuevo portátil. Un regalo de Jake.

Mamá estaba encantada con este proyecto quería que le contara cada una de las cosas pero como apenas llevaba un día no le podía contar nada. A Jake después de mi largo rato de ser tan empalagosa como el azúcar o la miel comencé con mi rincón de quejas.

-Odio a mi compañera y tengo que aguantarla demasiado tiempo ¿Cómo lo hiciste tú?-Esperé la respuesta del Jake digital. Por la luz que había en el despacho noté que hacía un buen día a diferencia de aquí que estaba nublado. Aún no me había informado de cómo era el tiempo aquí pero lo bueno es que me hacía acordar a Forks, por los días nublados no por la gran cantidad de vegetación. Lo malo era el frío.

-Lo ignoré completamente.

-Al menos Matt es… digamos que simpático. Mi compañera, la cual no sé ni el nombre, no tiene ni un octavo de simpática.

-¿Cómo sabes que era Matt?

-Ese es uno de mis oscuros secretos que sabrías si me hubiera quedado.

La puerta de la habitación se abrió y entro la señorita altiva con su portátil y unos libros.

-Te puedes marchar, nadie te lo impide. Además yo de ti me iría, las relaciones a distancia no funcionan. Y menos si tu novio es empresario cosa que hace que tenga que viajar y bueno… hasta ahí te dejo, así pensarás-Se sentó en la cama de al lado puso su portátil enfrente de ella y los libros a su alrededor

-Me pregunto si esos libros estarán escritos o no. Al parecer te estas dedicando a investigar mi vida. Seguramente plasmarás lo que encuentres en tu ordenador en esos libros. Como se nota que no tienes vida propia. Al menos espero que me hagas una buena biografía.

Le sonreí y volví a centrarme en mi pantalla. Me encantaba dejarla sin palabras. Ella me hacía tanto acordar a Amber que por cierto llevo sin verla des de hace mucho tiempo la última vez que la vi ella y Seth se estaban comiendo mutuamente. Bien por ellos.

Abrí una barrita de cereales con fresa que había comprado en el aeropuerto y me lo comí. Cogí unos cascos para que la señorita altiva no escuchara lo que me decía.

-¿Tu no deberías estar desayunando?-Según mis cálculos en Seattle debería ser la hora del descanso para desayunar.

-Ya lo hice-Se acomodó más en su asiento-Así que ella es tu fantástica compañera.

-Sí, al menos Jason y Steven, mis otros dos compañeros se limitan a cruzar palabra conmigo cuando es necesario. De ellos no me quejo-Escuché como se volvía a quejar mi súper compañera.

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El hospital que me había tocado era muy sofisticado, era el primer hospital que había visto que era como si tuviera elegancia. La entrada estaba muy iluminada, no tenía las típicas paredes blancas en la entrada y tenía muchos espacios abiertos. Parecía como una empresa en vez de un hospital. Las personas ahí, al contrario de lo que yo creí, eran muy simpáticas. Les encantaba que habláramos en inglés y también en alemán, les hacía gracia nuestro acento. Las instalaciones eran bastante modernas y el lugar muy grande, por suerte que cuando me perdía no me tocaba hacer ningún turno si no llegaría tarde. Pero gracias a esas veces que me perdía encontré la puerta que me conducía al ático dónde observé todo Berlín en la majestuosidad de la noche. Des de arriba se veían todas las luces de la ciudad y los monumentos destacaban por tener una luz especial, más intensa. Después de ver esa vista quise hacer una ruta por los monumentos y, por primera vez en las semanas que llevaba conviviendo con la señorita altiva, que resultó llamarse Dana, estuvo de acuerdo con hacer una excursión el fin de semana los cuatro juntos.

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Mi alemán había mejorado, hasta me salían palabras en alemán mientras hablaba con Jake. Este era el primer San Valentín, des de hace casi tres años, que tenía novio pero no lo podía pasar con Jake porque estaba a millones de kilómetros. Sin embargo, eso no le impidió darme una gran sorpresa.

Era un tranquilo viernes por la tarde que yo venía subiendo las escaleras cuando al abrir la puerta del piso me llegó un olor a flores. Entré y vi todo el salón lleno de rosas blancas y rojas pero la mayoría eran azules.

-Vaya ¿Y esto?

-Para ti. Creo que has conseguido un acosador-Jason me entregó un gran ramo de rosas azules- Creo que la mayoría tiene tarjeta.

Me gustaría haber pasado nuestro primer San Valentín juntos pero en cuanto vuelvas lo celebraremos en un lugar que estoy seguro que te gustará. Te doy una pista: le prometiste que volverías.

Te amo, Jacob.

¡Hagamos un viaje espacial! Este es el que más te gustará. Te llevaré haré ver las estrellas y sin necesidad de ir al Cabo Cañaveral3

Con amor y deseoso de verte, Jacob

Habían más tarjetas pero esas dos fueron las que más me gustaron. Una porque me gustó la buena memoria de Jake pero no me acordaba a quién le dije que volvería. Y el otro me gustó por sus palabras camufladas y porque de cierta manera rimaba.

-¿Son rosas violetas?-Me preguntó Steven.

-No, son rosas azules- Cerré los ojos y olí detenidamente las rosas.

-Rosas azules- Dijo Steven sorprendido-Que original.

- Y que típico-Dijo Dana desde la cocina.

-Tú tienes envidia porque a ti ni un mensaje te han enviado-Le respondí volviéndola a dejar sin palabras. Creo que al día la dejo muda mínimo tres veces.

ós y suerte en alemán

la suerte nos acompañe en alemán

3. Cabo Cañaveral es un famoso cabo situado en la costa este del estado de Florida al norte de la ciudad homónima por ser, desde el año 1950, el principal centro de las actividades espaciales de los Estados Unidos