PD: Fairy Tail no me pertenece.
Sólo quiero aclarar algo, no soy fans de NatusxLisanna, pero habrá LisannaxNatsuxLucy para poner un poco de drama. Tampoco tengo fecha de actualización, porque a veces no tengo imaginación para escribir o puedo estar ocupada. Quizás trate de hacer un capitulo por semana, no lo sé, pero tienen que animarme a escribir.
Les agradezco a las personas por leer esta historia, y espero que les siga gustando. (Y quizás alguien por ahí me deba una historia dedicada a mí, o un dibujo… xD) (Ah y otra el comentario constructivo e.e)
Si tienen preguntas o quieren charlar no duden en mandarme un mensaje. ;D
Días de perdición.
Capítulo 2.
Erza Scarlet se cambió a una cómoda pijama y se dirigió a la cama, bostezando. Mañana tenía que hacer una misión por lo que tendría que descansar muy bien, algunas veces no sabía con quien se podría encontrar, y Fairy Tail era famoso por encontrarse siempre con el peligro. Esta vez iría sola como en los viejos tiempos, Natsu y Lucy irían mañana a una misión solos, y Erza Scarlet sabía lo mucho que la Rubia necesitaba el dinero, además que ella también necesitaba el dinero. Las misiones en equipo eran divertidas, pero solo ganabas una parte muy pequeña de la recompensa.
Pensó en pedirle a Wendy que la acompañara, la niña había estado mirando a Natsu y a Lucy cuando esta le preguntó si podía acompañarla a una misión, así que prácticamente se hallaba dolida de que no la hubieran invitado. A la edad de Wendy, Erza hacía todo tipo de misiones, desde las más peligrosas a otras mucho más peligrosas, la niña tenía que aprender a valerse por sí misma. También pensó en Juvia, quien solo hacía misiones junto a Gaajel, quizá era tiempo de que se conocieran mejor y le preguntara sobre sus sentimientos sobre cierto mago de hielo.
Sí, ella anhelaba compañía. A veces se sentía sola, ella sabía que tenía compañeros que la amaban y la respetaban, y que siempre estarían allí para ella, pero le faltaba algo, en ocasiones como estas ella lo sentía.
Pero ella era fuerte y lo dejaba pasar.
Mavis miraba a Erza tratar de dormir junto a la puerta, ella no la había notado porque solo era un fantasma y su cuerpo no podía hacer ningún tipo de sonido. Atravesó la puerta de regreso y tocó la puerta, cargando con el peso del objeto.
La primera tendría que ser Erza Scarlet por una razón, si se enteraba de lo que podía hacer el objeto, Makarov y Mavis perdía su única oportunidad. La mayoría de las chicas vivía en Fairy Girls, y si fueran empezado por los Strauss, Elfman hubiera terminado en la cama de Evergreen y esta terminaría gritando ¿Y adivinen qué? Erza Scarlet saldría a la acción.
Antes que Mavis tocara la puerta nuevamente, ya Erza estaba abriendo la misma. Esta se quedó mirando a la primera con el ceño fruncido.
─ ¿Qué haces tú aquí?─preguntó la Scarlet.
─Oh, bueno, me fue muy fácil entrar aquí ya que soy un fantasma ─respondió.
─Eso debería ser lógico, yo me preguntaba qué es lo que querías. ─Erza ya empezaba a sospechar, era algo con él humor de Mavis y con la forma en que se movía, aunque ella siempre actuaba así, había algo más extraño.
─Tengo que mostrarte algo─ Mavis sonrió, levantando el objeto oculto recargado en su brazo. ─ ¿Puedo entrar?
Erza miró sospechosamente el objeto, y abrió la puerta para darle espacio a la primera. Todo el camino hacia adentro estuvo observándola, ella estaba demasiado contenta, moviendo sus brazos hacía adelante y hacía atrás y hubo momentos donde pareció haberla visto saltado.
Se sentó en su cama sin el permiso de nadie y quitó la funda del objeto, Erza siguió sus pasos y se sentó frente a ella algo curiosa. Le mostró el objeto, la peli-roja lo analizó de arriba hacia abajo buscando alguna identificación, pero no parecía nada que conociese. Tuvo que mirar a Mavis por respuestas.
─ ¿Qué es?─preguntó.
Se inclinó un poco hacía la Scarlet.
─ Es un objeto que he encontrado, ─susurró─ necesito a alguien que me ayude a probarlo, pensé que la mejor opción serias tú, Erza, que no te daría miedo.
Erza lo tocó.
─ ¿No crees que sea mejor investigarlo antes de usarlo? No sabemos si este objeto está maligno.
Makarov le había dicho a Mavis que Erza no aceptaría muy fácilmente, ella primero pensaba las cosas y luego actuaba, pero Mavis tenía la paciencia suficiente para cargar con Erza.
─ Si fuera maligno, lo hubiera sentido─ le dijo Mavis, aunque en cierta parte el objeto era realmente maligno, pero nada de que asustarse─ Y créeme Erza, he estado investigando sobre el objeto y no he encontrado absolutamente nada.
─ ¿Sabes cómo funciona?─pregunta nuevamente, nada de esto le está dando buena espina.
─Creo que sí ─responde Mavis─ Pero me he dado de cuenta que se necesitan dos personas.
─ ¿El maestro sabe de esto?─ahora frunce el ceño.
─ Sí, él mismo ha dicho que tú serias la indicada. ─sonríe.─ Yo también pensé lo mismo.
Erza la mira a los ojos seriamente.
─ ¿Y si algo pasa?
Mavis se encoje de hombros, lo que pasará no será tan malo en comparación con la imaginación de Erza.
─Me haré con la culpa─ Makarov se hará con la culpa, quiso decir.
Scarlet se quedó mirando la máquina, pensando.
Mavis suspiró fuertemente.
─ Confía en mí, Erza. Sabes que nunca te metería en problemas─ pidió Mavis, esta vez siendo sería. La sonrisilla desapareció y la determinación tomó su lugar.
─Está bien ─aceptó Erza, sin ni siquiera dudarlo─ Vamos a hacerlo.
La Primera le demostró una de sus más grandes sonrisas.
─ Cuando yo te avise, giras la manilla─ explicó Mavis escribiendo algo rápidamente en el teclado.
─ ¿Qué escribes ahí?─ Erza se inclinó, tratando de leer.
Mavis pulsó la última letra.
─ ¡Gira la palanca!─ ordenó, antes que Erza pudiera leer algo de lo que estaba escrito
Erza giró cinco veces la manilla antes de que un botón rojo saliera pegado a una tablilla, no supo que hacer luego.
─ Tienes que apretarlo─ dijo lentamente Mavis.
─Tengo un mal presentimiento─ murmuró Erza, mirando el botón.
─ Es ahora o nunca, Erza─ volvió a repetir la primera lentamente, Erza se extrañó por como lo estaba diciendo, pero no se detuvo.
Pulsó el botón.
Y segundos después, sintió algo en su cuerpo. Luego, vio negro. Y ya no estaba.
Mavis, feliz, empezó a saltar en la cama.
Makarov le pidió a Lisanna salir un momento dándole la excusa de que tenía que hablar con ella, ninguno de sus hermanos habían sospechado cuando él apareció en su puerta a la hora de ir a dormir. Ahora Lisanna estaba sospechando seriamente de él, los minutos se hacían eternos y Mavis no aparecía por ninguna parte. Lo que más deseaba es que Erza Scarlet no haya sido un problema, o sino todo se perdería.
Luego de Erza Scarlet vendría Juvia, pero Juvia no sería ningún problema porque todos conocían como era Juvia respecto a su amor con Gray. Juvia sería una gran aliada, y Mavis dijo que lo más seguro era que Juvia y Gray tardaran un buen tiempo en contactar con alguien. A Juvia si no le mentirían sobre el objeto, eso era lo que ella más deseaba.
Y debajo de ese árbol con las piernas cruzadas Lisanna no dejaba de mirar al maestro pidiendo respuestas, este tenía una mirada perdida hacía el horizonte. Trataba de empezar una conversación pero este decía solo «espera» y volvía a ignorarla. Ya el sueño le estaba ganando y no dudaría en quedarse dormida allí, en el pasto, con la brisa de la noche soplando a su rostro.
Pero entonces, apareció la primera con el objeto cubierto en su brazo. Makarov se levantó del pasto y fue a recibirlo, Mavis sonrió.
― Todo perfecto―fue lo que dijo.
Makarov ocultó lo alegre que estaba, Lisanna se encontraba presente y ella podría saber que tramaban algo.
Desalojó el objeto de su manta y lo dejó al aire, Lisanna se le quedó mirando.
― Es un objeto mágico y quiero que tú lo pruebes―dijo Makarov respondiendo a la pregunta en su cara.
Y así fue como transcurrió su noche, yendo de un lado para otro, asegurándose de que los demás les fuera bien. Después de Lisanna le siguió Elfman, y después de este le siguió Mirajane. Ninguno se negó a probarlo, todos confiaban demasiado en el maestro para saber que él no los pondría en una situación riesgosa.
Mientras él se encargaba de Mirajane, Mavis había decidido buscar en los bares de Magnolia a Cana Alberona porque la chica no se encontraba en Fairy Girls. Eso era un problema porque la chica cambiaba más de bar que de ropa interior, claro que Mavis no había tratado con esa experiencia de buscar a un borracho pero nunca pensó que fuera tan difícil.
Y lo menos que esperaba Makarov era que en medio de su plan con Mirajane, Laxus Dreyar apareciera al otro lado caminando hacia él. Miró el objeto tan expuesto, no podría proceder delante de su nieto.
El maestro se perdió de ver la manera tan magnifica en que Mirajane miraba a Laxus Dreyar, pero inmediatamente lo ocultó. Laxus no dejaba de ser Laxus, porque ni siquiera una mirada le dio cuando se plantó en frente de ellos, pero él sabía que ella se encontraba allí.
―Laxus―dijo Makarov con… ¿inconformidad?
Laxus sonrió.
― Puedes proceder, no seré un estorbo―accedió.
Makarov cerró los ojos.
Mirajane miraba todo con cierto interés.
― Cuando diga que gires, tú giras la manilla―le dijo Makarov a Mirajane y procedió a hacer lo que debía hacer.
Laxus no se perdió ni un solo detalle. Así que cuando Mirajane desapareció, lo primero que hizo fue hablar.
― Muy ingenioso.―opinó.
― ¿Qué haces aquí?―preguntó Makarov.
― Tenía un mal presentimiento ―hizo una mueca.
― Y yo pensando que habías ido de misión―admitió lentamente Makarov viendo el peligro de todo esto, si Mavis se aparecía con Cana, Laxus no los dejaría proceder.
― Lamentablemente no, me he dado cuenta de que mientras la borracha siga suelta por ahí no me dejaras en paz.― compartió el rubio.
― Interesante― sólo dijo Makarov, levantándose del pasto y llevando el objeto con él. El lugar de reunión de Mavis y de él tendría que ser cambiado, Laxus sabía de este y sí en cualquier momento Mavis aparecía con Cana, Laxus interferiría.
Empezó a caminar lejos de su nieto.
― ¿A dónde vas?―preguntó Laxus al ver que sólo le pasó por un lado.
― Eso no es de tu inconveniencia― le contestó Makarov.
Laxus sólo optó por seguirlo, mientras tenga el objeto a su vista todo estará bien.
Mavis la estaba pasando como el infierno. Si Makarov le hubiera avisado de lo que se encontraría al menos evitaría tanto problemas, pero no, Makarov sólo le dijo que buscara a Cana Alberona, y como ella no se encontraba en ninguno de los cinco bares en Magnolia que había visitado tuvo que excusarse ella misma diciéndose que de seguro estaba en un callejón oscuro borracha y que cualquiera podía abusarla. Era un fantasma, sí, pero no podía hacer tantas maravillas como Makarov creía, y encontrar a una alcohólica no era muy fácil que digamos. El único punto fuerte que tenía era que Cana era una mujer, y las mujeres no eran muy vistas en los bares. Su problema era como preguntarle a alguien si la habían visto, porque, primero, era una fantasma y ellos no la veían, segundo, si podrían verla de seguro la sacarían rápidamente porque tenía cuerpo de niña, y se metería en problemas.
Tuvo que escanear desde las mesas a todas las personas del bar, pero ninguno era mujer y tenía el cabello marrón, sin contar el hippie de cabello largo al que confundió con Cana, de espaldas parecía una mujer, en serio.
Así que, cuando estuvo cansada de tanto caminar se sentó en unos banquillos que encontró y antes que se recordara cuál era su deber, Mavis se durmió.
Y lo que ninguno de ellos sabía era que esa noche Cana Alberona no había salido a beber a algún bar, no. Pero ella sí bebió esa noche, ella siempre lo hace, sólo que esta vez estaba teniendo una muy buena reunión con su padre.
Makarov se quedó esperando con Laxus a sus espaldas, dio varias vueltas por Magnolia, compró un helado, y luego siguió caminando esperando que Laxus se cansara pero fue el quien lo hizo y más cuando vio que era muy tarde. Fue a dormir, y Laxus se aseguró de que estuviera lo suficientemente dormido para marcharse y descansar.
Después de todo le esperaba un día de película.
Erza sintió que el aire se le escapaba de sus pulmones, no podía respirar, sólo duró unos breves segundos que se hicieron demasiado largos para ella. No pudo pensar en nada, su mente permaneció en blanco, su vista se tornó completamente negra. Y luego cayó, no pudo hacer nada para evitar hacerlo, el impacto fue rápido. Chocó contra algo duro, y ahí estaba.
El suelo se movió un poco.
Ella abrió los ojos como platos. No era suelo lo que estaba debajo de ella, era un cuerpo. Sin embargo, estaba demasiado oscuro para distinguirlo.
―Ay―gruñó el cuerpo debajo de ella, su mano se movió y se sobó la cabeza. Pudo reconocer a la persona e inmediatamente se tiró al suelo―esta vez sí segura que era suelo―como si su vida dependiera de ello.
Jellal se dio la vuelta rápidamente, todavía sobándose la cabeza.
― Ya basta, Meredy. Ya hemos hablado de estos juegos.―gruñó somnoliento, no pudo identificar a Erza porque la habitación se encontraba oscura.
Erza no tuvo más opción que preguntar: ― ¿Jellal?
La espalda del chico se tensó antes su voz, y sorprendido, o aterrado, miró sobre su hombro hacía la voz, con la esperanza de que sólo fuera un sueño.
Había una persona allí, no podía definir si era Erza o no, pero había una persona allí que acababa de hablar con la voz de Scarlet.
― ¿Erza?―preguntó, podría ser sólo su imaginación, o alguien montándole una broma, pero que Erza Scarlet se encontrara allí era demasiado estúpido para que cualquiera se lo pudiera creer.
Por la mente de Erza Scarlet pasaron diferentes cosas. Primero, mataría a Mavis porque ahora estaba completamente segura que esto había sido planeado por ella, no sólo podía caer junto a Jellal cuando había muchas personas más en el mundo. Segundo, optó por correr, pero ella no era de las personas que corrían así que no. Tercero, ese no podía ser Jellal, aunque tuviera su voz y sus ojos, podría no ser Jellal. Fue por esa razón que invocó una Katana y la mantuvo detrás de ella.
Erza se levantó del suelo lentamente mientras Jellal prendía una linterna que mantenía sobre una roca. Entonces la luz lo iluminó.
Era él, era Jellal Fernandes, su tatuaje, su cabello, sus ojos, todo era él.
― ¿Qué haces aquí?―le preguntó Jellal, igual de sorprendido que ella.
Estaba medio dormido, y se veía muy tierno así, con sus cabellos revueltos y su torso desnudo. No pudo evitar darle una pequeña miradita también al lugar donde se encontraban, era algo parecido a una cueva porque todo lo que la rodeaba eran paredes de piedras. Visualizó una pequeña apertura que podría ser la salida, eso le serviría.
Erza dudó por un momento, pero antes de que Jellal reaccionara ella dirigió su espada a la garganta de él.
Ella agarró su camisa y lo empujó devuelta a la cama, con la espada todavía apuntando a su cuello. Se encontraban en una posición prometedora, sus piernas conteniendo el cuerpo de él para que no hiciera ningún movimiento y sus pechos casi tocándose.
―Tú no eres Jellal―le dijo.
― Ey, Erza, cálmate―pidió Jellal debajo de ella, no quería tener que atacarla.― Soy yo.
Pasos se escucharon detrás de ella, Erza volteó su cabeza lista para atacar pero se encontró con una Meredy muy sorprendida y confundida.
― ¡¿Erza?!―chilló.― ¡¿Por qué estas apuntando a Jellal con tu espada?!
Meredy había estado dormida en la cueva de al lado, entre estas paredes de piedras se podía oír hasta el más mínimo ruidito, ella escuchó el eco de la voz de Jellal y por eso había salido disparada a ver que había sucedido, lo que menos pensó en ver fue a Erza Scarlet apuntándolo con una espada.
Erza miró de Jellal a Meredy, debatiéndose por un momento en que hacer, pero algo dentro de ella le dijo que no era un sueño, esos eran los verdaderos Jellal y Meredy. No lo había pensado antes, pero eso es un problema.
Desvaneció la espada en su mano y se puso de pie a un lado de la cama.
―Lo siento―se disculpó, Jellal inmediatamente se levantó sin decir una palabra.
― ¿Qué haces aquí?― se apresuró a preguntar Meredy.
Jellal la miró de igual manera, esperando respuestas.
― Lo mismo me pregunto―fue lo que les respondió.
Freed estaba gritando. Y cuando digo gritar, es gritar con la voz de una niña.
Mirajane trataba de calmarlo agarrándole por los hombros, pero al parecer su tacto lo hacía gritar más.
Ella sólo había aparecido frente a su cama mientras él leía un libro erótico, él se había asustado pensando en las miles de cosas que el demonio de Mirajane podía hacer en frente de su cama, y ninguna era buena.
Mirajane estaba toda aturdida y apenada, así que sólo se disculpó y salió por la puerta para ir en busca del maestro y pedirle respuestas. No pasó así, justamente cuando estaba cerrando la puerta un viento fuerte la llevó contra esta, al otro lado también escuchó el gemido de dolor de Freed. Buscó por algún enemigo cerca, pero el pasillo estaba solo, irrumpió de nuevo en la habitación de Freed buscando al enemigo, pero sólo se encontraba él y su nariz ahora rota.
Luego de vendarlo Mirajane intentó de nuevo irse, y de nuevo los dos chocaron contra la puerta de madera. Mirajane trató de irse cinco veces más tarde, pero ocurría lo mismo y la nariz de Freed se estaba llevando todo el dolor.
Y fue cuando empezó a gritar. Como una niña.
Mirajane lo calmó diciéndole que podía intentar revertir el hechizo con sus runas, pero una vez intentado y fracasado en el intento, gritó más fuerte. Intentó con varias runas durante toda la noche, cuando ya eran las cinco de la mañana y los dos estaban cansados, Mirajane le propuso de ir al gremio a buscar al maestro.
En el camino se encontraron con Eveergren y Elfman, otro desastre más. Eveergren empujaba a Elfman hacía un lado diciéndole que no sería bueno para su reputación que lo vieran con él, pero Elfman no tenía más opción que permanecer cerca de ella. Pero al ver a su hermana acercándose, corrió hacía ella queriendo abrazarla, pensaba que Mirajane estaría preocupada por no aparecer en toda la noche.
― ¡No corras, Elfman!―le gritó Eveergren empezando a correr detrás de él, ya los dos sabían las consecuencias y Evergreen no quería otro golpe más.
Elfman llegó hasta su hermana y la abrazó. Mirajane se quedó extrañada mirando a Evergreen, quien estaba sin aire.
― Veo que tienen el mismo problema― comentó Freed, mirando a Evergreen y Elfman.
Evergreen lo miró con los ojos abiertos.
― ¿Lo…lo de de…?―juntó sus manos con un fuerte golpe.
Mirajane se separó de su hermano, asintiendo.
― Freed no pudo romperlo, intentamos toda la noche hacerlo.―dijo.
― Igual nosotros…―contestó Evergreen, y Elfman asintió.― Bueno, yo.
― Vamos al gremio por él maestro, Mirajane dice que él fue el que la hizo hacer esto―informó Freed.
―El interrumpió en nuestra casa anoche, dijo que tenía que hablar con cada uno de nosotros en privado―comentó Mirajane, pensativa― yo fui la última, el segundo fue Elfman y la primera…¡Oh, dios! ¡Lisanna!―miró a Elfman― ¿Sabes dónde está Lisanna?
― No.
― ¡Hay que buscar a Lisanna!―exclamó Mirajane.
― Lisanna ya aparecerá, tenemos que hablar con el maestro.―la interrumpió Freed. ― Ella no está sola, debe haber alguien con ella.
― Bien, pero si no aparece la iremos a buscar―le dijo.
Todos se pusieron en camino hacía el gremio justo cuando Laxus Dreyar lo hacía. Su equipo literalmente se abalanzó contra él pidiendo ayuda, pero Laxus se mantuvo ajeno a la situación, y eso no se le pasó de largo a Mirajane.
Cuando iban llegando al gremio, el mago de hielo y la maga del agua permanecían sentados a un lado de la puerta cerrada. Juvia le daba miradas furtivas a Gray pero este sólo parecía fastidiado, llevaba también unas ojeras de muerte que hablaban por sí mismas.
Juvia se levantó cuando vio venir al grupo de chicos.
―Déjame adivinar ―dijo Freed al detenerse.―, no pueden alejarse.
― ¿Co-cómo lo saben?―preguntó Juvia sorprendida. Mavis sólo le dijo lo que tenía que saber, no que también lo haría con los demás.
― Estamos iguales―Evergren señaló a ellos.
― Y, desgraciadamente el maestro no ha aparecido.―murmuró un enojado Gray por no poder dormir.
― ¡¿Qué?! ¡¿Cómo que no ha aparecido?!―exclamó Evergreen aterrorizada.― ¿Han ido a buscarlo en su casa?
― No estaba.―respondió Gray mirando hacia la nada.
Laxus Dreyar frunció el ceño, él se había asegurado de que el viejo que quedara dormido antes de irse. Se dio la vuelta y se alejó del grupo sin decir una palabra, Makarov estaba jugando con él.
Todos miraron muy extrañados como Laxus Dreyar se iba.
― ¿Va a ir a buscar al Maestro?―preguntó Freed esperanzado.
―Quizás―respondió Mirajane, mirando a Laxus marcharse.
―Ey, Mirajane, ¿No tienes tú las llaves de repuesto?―le preguntó Eve, no quería estar de pie esperando a Makarov.
― Las tengo en casa…Elfman, ¿Puedes ir a buscarlas?―le preguntó a su hermano.
Evergreen señaló entre Elfman y ella.
― Inseparables, ¿Recuerdas? Debería ser ¿Pueden ustedes ir a buscarlas? Y no, no quiero.
― Esta bien, iré a buscarlas con Freed―respondió Mirajane.― Camina, Freed.
Y así se fueron ellos dos también, quedándose los cuatros restantes sin habla.
― Este…―Evergreen se sentó a un lado de Juvia.― ¿Quién fue el que terminó cayendo en él juego?
― Fue Juvia.―contestó la maga de agua apenada, esto para ella no era ningún juego, era una bendición poder estar con Gray.
― Sí, ya me lo imaginaba…―respondió Evergreen, Juvia no se sintió ofendida por su comentario.― ¿Cómo fue?
― Este…este…―Juvia se sonrojó fuertemente― Gray…Gray-sama…
― Estaba tomando una ducha―respondió Gray primero que Juvia, este no parecía tan apenado.
Evegreen abrió la boca sorprendida.
―No, no, no es lo que crees.―se apresuró a decir Juvia, más roja todavía.
― ¡Claro que lo es! ¡Viste a Gray desnudo, pervertida!―la acusó Eve.
― En realidad apareció al otro lado de la ducha, así que no me vio―aclaró Gray.
―Exa-exactamente.―dijo Juvia, asintiendo.
― ¿A qué hora ocurrió?―preguntó Elfman.
― Doce y media.―respondió Gray.― ¿Ustedes?
― Cuando él maestro fue a vernos eran las doce y media también.―respondió Elfman.― Primero fue Lisanna, luego yo y Mira de última.
― ¿El maestro?― preguntó Juvia confundida.― Mavis fue la que apareció en mi puerta.
― ¡¿Mavis está dentro de esto también?!― Evergreen estaba a punto de jalarse los cabellos.― ¡Los mataré a los dos cuando los vea! ¡Esto no es divertido!
― Y un momento, ¿Saben con quién está Lisanna-san?―les preguntó Juvia.
― En algún momento tiene que aparecer…―respondió Elfman.
― ¿Qué hay de Laxus?―preguntó Gray― Él está sólo, entonces no debe ser el gremio completo.
― Juvia cree que sólo son parejas―comenta la maga de agua, recordando que Mavis le había dicho que el objeto era del amor, para unir parejas.
Evergreen miró a Elfman a su lado, y a Gray y Juvia por otro. La maga de agua podía tener razón.
― ¿Y entonces que hace Mirajane con Freed?―le preguntó, como si ella supiera la respuesta.
― ¿Amor?― Juvia frunció el ceño pensándolo.
― Nah, mejor esperemos que el Maestro aparezca.―opinó Evegreen.
Y así permanecieron hasta que Mirajane y Freed aparecieron para abrir el Gremio.
― Y una pregunta, Gray―dijo Evergreen mientras tanto.
― ¿Si?
― ¿Qué hacías a las doce de la noche dándote un baño?―preguntó con el ceño fruncido.
― ¿Qué? ¿No puedo darme un baño a las doce de la noche?
― Es solo que es algo…no sé, ¿Extraño?
― Pues, para mí no lo es.
― ¿Juvia no te preguntó lo mismo?
― No.― respondió Gray fastidiado.
― Yo como tú, Juvia, lo haría. Eso está algo extraño.
― Ya cállate, Eve― le reprendió el mago de hielo.
― ¡Hey! ¡No mandes a callarme, estúpido!
