IMPORTANTE: Los personajes no son míos, ya lo saben ^^U

ACLARACIONES Y SIMBOLOGÍA:

Esta es una historia relatada por Sango, sin embargo, es necesario que conozcan otros detalles que ella no presenció, por lo que también tendrá partes narradas en tercera persona.

…blabla… es la naración de Sango

"…blabla…" es la narración en tercera persona.

-…blabla…- son los diálogos.

/…blabla…/ son los flash back o racconto (más de esto último, creo), y están narrados en tercera persona.

"…blabla…" son los pensamientos.

--O-- cambio de escena.


Pues… – Sango juega con sus manos, nerviosa. – Sólo que no me han dado permiso para acompañarte.

Oh… ya veo – Miroku baja la mirada, un tanto triste por la noticia. Al cabo de un segundo vuelve a mirar a los ojos a Sango y agrega, feliz: –. Pero puedo quedarme yo contigo – luego se acerca a ella y le susurra al oído: –. De esa forma, tu padre no podrá hacerte nada.

Sango sonríe, deseando que eso pueda ser verdad. Sin embargo, ambos se quedan perplejos al sentir la presencia de Náraku tras la muchacha.

¿Hacerle qué? – Pregunta Náraku, sujetando por los hombros a Sango.

Ambos se miran, sin saber qué responder."

Grito Silencioso

Capítulo VIII
Un golpe inesperado

"Miroku y Sango se quedan helados, mirándose sin saber qué hacer. Náraku siempre aparecía en los momentos menos indicados.

Sango agacha la mirada, llena de temor. ¿Y ahora qué le diría a su padre?

– Ah… este… nosotros… – Sango balbucea torpemente, con el miedo consumiéndola por dentro. Pero no puede terminar la frase, pues la alegre voz de su hermana interrumpe la escena.

– ¡Hola! ¿Cómo están? – Los saluda alegremente, con una sonrisa radiante.

– ¡Kikyou! ¿Cómo te fue con tus compañeras? – Miroku la saluda, aliviado por su repentina pero salvadora aparición.

– ¡Bien! Ahora estoy excelentemente preparada para ese examen – Kikyou sigue sonriendo, luego ve la expresión de molestia de Náraku y pregunta: –. ¿Hay algún problema? ¿Miroku y Sango estaban haciendo algo malo?

– No, no es nada… – Náraku hace una mueca de enfado con sus labios – Adentro, las dos. Es tarde.

– Sí, papá…

Ambas muchachas observan a Miroku, quien suspira levemente aliviado y luego pregunta en un susurro:

– ¿Segura que estarás bien?

– No lo sé, pero no puedo hacer nada… – Sango agacha la mirada y sonríe con tristeza, resignada.

– No se preocupen, yo la cuido – Kikyou sonríe, con ese típico tono de seguridad en su voz –. Podemos decirle a papá que me enseñarás matemáticas, y te quedas a dormir conmigo.

– Sería una buena idea.

Los tres se despiden con una sonrisa y luego las muchachas entran a casa.

Era difícil saber cómo iba a reaccionar Náraku tras ese percance, pero ambas sabían que debían tener cuidado.

Suben rápidamente hasta la habitación de Kikyou, tratando de no hacer mucho ruido, pero el esfuerzo fue inútil: Náraku las esperaba al final de las escaleras, dispuesto a tener lo que quería…"

--O—

– ¡Sango, Kikyou! ¿No pensarán en ir a dormir sin darle las buenas noches a su padre, verdad?

Observamos a nuestro padre mientras él se acerca a nosotras, con el paso firme y decidido. Kikyou sonríe tiernamente, sujetando mi mano con cariño, tratando de demostrarme que no estaba sola. Bajo la mirada, dudosa de la situación. Tengo miedo, mucho más miedo que antes: esta vez no es sólo mi seguridad, sino la de Kikyou y la de mi bebé… instintivamente coloco mi mano sobre mi vientre, sin pensarlo, sin ni siquiera darme cuenta de mi error…

Papá se detiene a unos pasos, observándome con detenimiento. Seguramente notó el gesto… su mente debe estar trabajando en las posibilidades que tenemos ahora, en cómo solucionar ese problema que acabo de revelarle sin querer…

Kikyou nota lo que ha pasado, y sin pensarlo dos veces, me abraza con cariño y firmeza.

– Kikyou, tengo que hablar con Sango… déjanos solos, por favor.

El tono de voz que usa da a entender que no es una petición, pero Kikyou no se mueve ni un milímetro y lo mira con seriedad.

– No voy a dejar sola a mi hermana. Pase lo que pase, yo estoy con ella ahora.

Sus palabras llenan mi corazón de una calidez profunda, sin embargo en mi padre parecen producir el efecto contrario: suelta una fría risa, mientras se cruza de brazos y nos observa, al parecer divertido.

– ¿Crees que a ella le importa que tú seas su hermana y estés con ella siempre? ¿Crees acaso que piensa en eso cuando sueña con besar los labios de tu novio? – Náraku vuelve a reír, divertido. – Tal vez físicamente aún no ha hecho nada, pero, a pesar de ya tener novio, sigue añorando poseer al tuyo… ¿alguna vez te ha contado su íntima historia?

Kikyou parece perturbarse con las aclaraciones de Náraku, mirándome con inseguridad. Apreto su mano con fuerza, pero ella vuelve a mirar a nuestro padre cuando él sigue con su discurso:

– Es muy hermoso lo que le has devuelto a Sango, mi pequeña Kikyou… demasiado. Toda la vida ha estado enamorada de Miroku, y lo seguirá estando a pesar de que él esté contigo, a pesar de saber que eso te podría dañar… Y Miroku no es ajeno a esto: también ha estado loco desde siempre por ella, pero como se separaron hace unos años atrás, él intentó llenar el vacío que había dejado ella con muchas relaciones… y una de ellas eres tú. Un simple intento por olvidar a la pequeña y hemosa Sango… de seguro has sido el que más le ha gustado por cosas obvias: en muchos aspectos te pareces a ella, es algo evidente… son hermanas. ¡Hermanas! ¿No te parece extraño que salgan tanto juntos, que se lleven tan bien, que hagan cosas juntos cuando tú no puedes estar presente? ¿No es algo sospechoso? ¿Crees que vale la pena proteger a Sango si ella te apuñala por la espalda sin consideración alguna?

Mi padre guarda silencio al ver mis lágrimas. ¡Qué idiota es! Kikyou nos observa a ambos, procesando lo que ha oído.

– ¿Es… es cierto que quieres a Miroku? ¿Te… de verdad te gustaría ser su novia?

La miro directo a los ojos y veo en ellos la decepción. Abro la boca para responder, pero Náraku vuelve a interrumpirme.

– ¿Crees que te dirá la verdad? ¡Dios, Kikyou! Eres más ingenua de lo que pensé… supongo que ya sabes el secreto de Sango… ése que ahora oculta con su mano…

– Eso no es más que responsabilidad suya – Kikyou lo mira con rencor, desafiante.

– ¿Eso fue lo que te dijo? Vaya, tienes una gran imaginación… ¡Jamás, y esto escúchalo bien, jamás le pondría un dedo encima a ninguna de las dos! Son mis hijas… Pídele que te diga la verdad, que te diga quién es el padre verdadero de la criatura…

Kikyou me observa, yo muerdo mi labio inferior. ¿Qué está tramando ahora Náraku? Niego con la cabeza, sin dejar de observar a Kikyou.

– Este niño es de Náraku, eso te lo puedo asegurar…

– ¡Mentirosa! ¡Ese hijo es de Miroku! – Náraku me enfrenta con la mirada, decidido, frío, calculador.

– ¡No es cierto! ¡Miroku y yo…! ¡Él jamás nos haría algo así! – Sigo mirando a Kikyou, rogándole con mi mirada que me crea, que no caiga en el juego de papá…

– ¿Nos haría algo así? ¿Qué clase de relación tienes con él como para saber algo así?

– Lo conozco de hace años… él no… Kikyou, por favor no le creas…

– Sango, yo… no sé qué pensar, ahora que lo analizo desde ese punto de vista… todo es muy sospechoso… tú y Miroku…

Noto la tristeza en los ojos de Kikyou y siento un profundo odio hacia Náraku. ¿Cómo se atreve a hacernos esto?

Me acerco a él y le doy una bofetada con todas las energías que tengo… pero él se defiende, sujetando mi brazo y alejándome. Intento nuevamente acercarme para darle otro golpe, pero reacciona más rápido de lo que espero y vuelve a alejarme. Todo ocurre demasiado rápido…

Náraku sonríe maliciosamente, empujándome escaleras abajo…

– ¡SANGO!

La voz de Kikyou es lo último que logro escuchar antes de caer por las escaleras…

--O—

"Miroku regresó a su casa, triste por la situación. Tenía un mal presentimiento, algo en lo más profundo de su ser le decía que las cosas no estaban del todo bien… subió a su habitación y se sentó en la cama, pensativo.

¿Qué era exactamente lo que le pasaba? Desde hacía un tiempo que sus pensamientos habían cambiado… Ya no era Kikyou la que lo hacía reír, la que lo acompañaba en sus pensamientos, la que estaba en su corazón… Ahora ese espacio lo compartía con Sango, pero era obvio, ¿no? Sango era quien había vivido con él su infancia, sus sueños de niño, su ingenuidad y su maduración… había perdido esa valiosa amistad por cuestiones que con el tiempo le parecieron ridículas y ahora la tenía de vuelta a su lado. La muchacha seguía siendo la misma de siempre, a pesar de esas oscuras experiencias con su padre…

Un escalofrío recorrió su espalda. Algo no andaba nada bien. Miró por la ventana hacia la casa de las muchachas, preocupado… sentía como si en ese momento debiera estar junto a Sango y Kikyou, como si nada importara más que eso…

"-¿Y siempre estarás ahí cuando yo te necesite?

-Sí, siempre, Sanguito."

Ese pensamiento atravesó como un flash su mente, mientras el escalofrío recorrió todo su cuerpo y esa sensación de que algo estaba mal se intensificaba. ¿Qué significaba todo eso?

Se asomó por la ventana y observó la casa en la que recaían sus preocupaciones. No había luz en la habitación de Kikyou y en la de Sango tampoco. Eso no era una buena señal…

"Cálmate, Miroku. Apenas las dejaste solas, de seguro están tomando un vaso de leche con galletitas. No debe haberles pasado nada malo…"

Pero sus pensamientos no lo convencían. Apretó los puños, lleno de rabia e impotencia. ¿Cómo era posible que no pudiera hacer nada?

Caminó por su habitación durante unos minutos, pensativo, tratando de calmarse, pero no pudo lograr su objetivo, así que decidió ir a verlas, cerciorarse de que ellas estaban bien…"

--O—

"– ¡SANGO! – Kikyou corrió por las escaleras para ver a la muchacha, mientras Náraku comenzaba a preparar su actuación.

– ¡Hija!

– ¡Todo esto es TU CULPA! ¡La empujaste! ¡Eres un…!

– Será mejor que dejes de pelear conmigo y llamemos a una ambulancia, antes de que las cosas se compliquen más – Náraku sacó su teléfono y llamó a Emergencias, mientras Kikyou observaba el semblante inconsciente de Sango.

De pronto la sobresaltó el timbre de la casa y fue corriendo a abrir, pensando que era la ambulancia, pero en el umbral se encontró con Miroku, quien la observó perplejo al ver sus lágrimas.

– ¿Kikyou…? ¿Qué pasó? – Preguntó el muchacho, tratando de ver por sobre la muchacha. – ¿Y Sango? ¿Están bien?

– No… Sango… Náraku… ella… las escaleras… no sé cómo pasó, todo fue tan rápido, yo… no pude hacer nada.

Kikyou cayó en los brazos de Miroku, llorando, mientras él trataba de calmarla vio el cuerpo de Sango tirado en el suelo, inconsciente…

Sintió unas rabia, impotencia y tristeza enormes. Alejó a Kikyou y se acercó a Sango, para verificar que estuviese con vida aún… por lo menos respiraba, dificultosamente, pero lo hacía. Iba a reprocharle a Náraku cuando la ambulancia llegó y todo ocurrió aún más rápido: tomaron a Sango y se la llevaron, preguntaron qué había pasado u el padre de las muchachas tomó la palabra, diciendo que había sido un accidente, que él acompañaría a su hija…

Se fueron, dejando solos a Kikyou y Miroku. Ella estaba con la mirada gacha, llorando en silencio, mientras él estaba furioso: si algo le pasaba a Sango, se encargaría de matar personalmente a Náraku.

– Fue mi culpa…

La débil voz de Kikyou sacó a Miroku de sus pensamientos. La observó, sin comprender.

– No, claro que no… tú no la empujaste, tú no provocaste esto, no es tu culpa…

– ¡Sí lo es! Ella… ella estaba furiosa porque Náraku la acusó de tener algo contigo… se enfadó porque yo creí eso… a pesar de todo… ¡le creí a Náraku! No… si hubiese tenido un poco más de confianza en ustedes, en lo que tenemos, en mí… hubiese confiado en la palabra de Sango y esto no hubiese pasado…

Miroku la miraba, sorprendido… Kikyou estaba confundida por las cosas que habían pasado, temía que eso fuera verdad… él sentía algo por Sango, pero no pensó que ella sintiera lo mismo… además, jamás hubiese engañado a Kikyou, para él lo más importante era serle sincero… por eso había guardado silencio, a pesar de sus sentimientos, aún no sabía qué tan reales eran… no sabía si sólo era nostalgia por lo que pasó o si realmente significaban algo concreto…

Pero por eso, por esa conexión tan fuerte, profunda y estable era que Kikyou había desconfiado… entonces no era su culpa, sino la de él: él, Miroku, era el único culpable de todo…

Y ahora que lo pensaba, así era, y desde el principio: si no hubiese dejado a Sango, si no hubiese preferido ese estúpido amorío años atrás, seguramente hubiese podido ayudar a Sango…

Todo era su culpa… eso nadie podía negarlo.

– No, pequeña… no es tu culpa, todo es culpa mía… – Miroku abrazó a Kikyou, tratando de ser fuerte.

Kikyou no dijo nada, temiendo que esas palabras confirmaran sus temores. ¿Acaso Miroku y Sango realmente tenían algo…? ¿Era ese lazo de años más fuerte que su relación con Miroku? Tanto tiempo cultivando esa relación, tanto tiempo queriendo a Miroku… ¿para qué? Si el corazón de él ya le pertenecía a otra, ¿para qué seguir con eso?

Dejó de pensar en eso cuando recordó a Sango y su situación. Ahora era más importante la situación de su hermana, luego podrían tener el tiempo para discutir las cosas… ahora debían saber cómo se encontraba y, además, avisarle a InuYasha… él seguía siendo el novio de la muchacha, a pesar de todo lo que pasara entre ella y Miroku…"


Bueno, hasta acá dejo este chap, pronto espero actualizarlo para que no queden con la intriga... subo apuradita esto, pero ya saben: ¡muchas gracias a todos por leer y comentar!

Nos estamos leyendo luego, espero sus comentarios ^^

Jane~