IMPORTANTE: Los personajes no son míos, ya lo saben ^^U
ACLARACIONES Y SIMBOLOGÍA:
Esta es una historia relatada por Sango, sin embargo, es necesario que conozcan otros detalles que ella no presenció, por lo que también tendrá partes narradas en tercera persona.
…blablá… es la narración de Sango
"…blablá…" es la narración en tercera persona.
-…blablá…- son los diálogos.
/…blablá…/ son los flash back o racconto (más de esto último, creo), y están narrados en tercera persona.
"…blablá…" son los pensamientos.
...blablá... es la narración de Sango inconsciente.
--O-- cambio de escena.
Un Grito Silencioso
Capítulo IX
"Errores"
"InuYasha llegó lo más pronto que pudo al hospital. Aún le costaba creerlo, era casi una pesadilla que todo eso hubiese pasado… Sango, su pequeña Sango estaba en el hospital, aún sin dar noticias sobre su estado.
Ya llevaban cerca de 1 hora esperando y nada. Ninguno de los tres se había acercado a Náraku, pues todos en su corazón sabían lo que él había querido con ese accidente: acabar con el bebé que sería sinónimo de incontables molestias y sólo una carga que jamás debió existir.
– ¿Ustedes creen que ella se pondrá bien? – Preguntó InuYasha, rompiendo el incómodo y tenso silencio que se había apoderado del lugar desde hacía rato.
– Eso espero… – murmuró Miroku, dirigiendo la mirada al lugar al que habían llevado a su amiga. – No podría soportar…
– Señorita, ¿hay noticias de la muchacha que llegó con ese tipo de allá? – Preguntó repentinamente Kikyou a una de las enfermeras del lugar, señalando a Náraku e interrumpiendo a Miroku.
¿Por qué lo interrumpía? Porque no quería que terminara la frase, tenía miedo… y en esos momentos quería aferrarse lo más que pudiera a la esperanza de seguir con Miroku, de no quedarse sola…
– ¿La joven que cayó por las escaleras? – Preguntó la enferma, Kikyou asintió con la cabeza. – En estos momentos la han trasladado a Puerperio…
– ¿Por qué ahí? – Miroku se sobresaltó, interrumpiendo a la enfermera.
– Lo siento, pero eso deben preguntárselo al médico y la matrona a cargo… yo sólo les digo lo que sé.
La enfermera se alejó antes de que los muchachos siguieran haciéndole preguntas.
Miroku miraba fijamente la dirección que había señalado la enfermera, pensativo. ¿Puerperio? Eso era para quienes acababan de dar a luz… y, por lo que sabía, era demasiado pronto para que Sango tuviera a su pequeño… a menos que…
– ¿Los familiares de la señorita Sango Russeau? Por acá, por favor.
La voz del médico interrumpió los pensamientos de Miroku y junto con Kikyou e InuYasha emprendieron el camino hasta donde los guió el profesional.
– Bien, doctor… ¿cómo se encuentra mi hija? – Preguntó Náraku, en un tono preocupado. Los demás lo observaron, molestos, pero en espera de las palabras del doctor.
– Bueno, hemos podido estabilizarla… por los golpes recibidos en la caída sufrió daños, pero nada comprometedor, sin embargo… ¿usted me dijo que estaba al tanto que su hija estaba embarazada, cierto? – El médico observó a Náraku, él asintió lentamente con la cabeza. – No tengo buenas noticias… Sango se golpeó el vientre, y debido a eso tuvo un aborto… más allá de eso, el aborto fue incompleto, por lo que tuvimos que intervenir para sacar la placenta y evitar que muriese de una hemorragia interna… lo sentimos, Sango perdió a su bebé.
Todos quedaron viendo al doctor, estupefactos. Eso era algo muy triste, dado que la muchacha se había encariñado mucho con el pequeño y con la idea de ser madre también…
– Doctor, ella… ¿ella lo sabe? – Preguntó Miroku, llamando la atención de todos.
– Me temo que no… aún no despierta, no hemos podido hablar con ella…
Los muchachos se quedan ensimismados, tristes por la situación… Náraku pide al doctor ir a la habitación para estar con Sango cuando ella despertase. Los muchachos lo miran, estupefactos al ver el cinismo del hombre, pero el doctor se lo lleva sin decir nada.
– No puedo creerlo… logró su objetivo, ya no tiene que preocuparse de esa criatura… qué detestable es ese hombre…
La voz de InuYasha se apagó, inmersa en un sentimiento de pesar y enfado. Miroku miraba el suelo, sin decir nada, con sus pensamientos perdidos…
¿Cómo era posible que la vida de una persona cambiara tan de repente? Hacía menos de 24 horas que jamás hubiesen imaginado estar en un hospital, con Sango inconsciente y con el bebé muerto… ¿Por qué la vida era tan injusta? Pero algún día Náraku tendría su merecido, y él mismo se iba a encargar de ello, si era necesario…"
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La cálida luz atraviesa mis párpados, despertándome. Observo alrededor, confundida. ¿Dónde estoy? No sé qué ha pasado, pero siento que algo me hace falta. Siento unas suaves sábanas cubriéndome…
Me levanto, algo pasó y necesito saber qué fue. Miro nuevamente alrededor, tratando de buscar algo o alguien que me aclare lo que ha pasado… siento frío, pero no le doy importancia, necesito respuestas… de pronto por una ventana observo a Náraku, está discutiendo con Kikyou e InuYasha, no quiere dejarlos pasar… golpeo con fuerza el cristal que nos separa, pero no lo escuchan, vuelvo a intentar pero no sucede nada… grito, desesperada, pero es como si mis palabras no saliesen de mi boca…
De pronto siento algo tibio correr por mis piernas… temerosa, bajo la mirada y observo, con horror, que es sangre… ¡Sangre! Vuelvo a gritar, pidiendo ayuda, pero nadie escucha… caigo de rodillas, entendiéndolo… mi bebé ya no está conmigo… Náraku me lo arrebató, ese era su plan…
Dejó caer mis lágrimas, quiero morir… no pude protegerlo, yo…
Escucho a lo lejos la voz de Kikyou… habla con alguien pero son apenas murmullos… trato de escuchar y, como si fuera magia, entiendo lo que pasa… llora en silencio, teme perder a Miroku. No confía en mí, dice que nosotros no hemos sido sinceros y que ella sabe lo que pasará…
Ahora escucho la voz de InuYasha tratando de calmarla, pero decepcionado a la vez… lo entiendo, no sé cómo pero lo entiendo… ambos presienten que Miroku y yo tenemos algo más que amistad… InuYasha lo entiende mejor que Kikyou, pero aún así le duele…
Apretó con fuerza los puños, y ahora escucho la voz de Miroku… culpándose. No es su culpa, él ha hecho más que nadie por mí, él me ha dado las cosas más maravillosas que he vivido… pero tampoco me escucha, es como si fuese un simple fantasma que vaga por el lugar…
Aprieto los puños, furiosa conmigo misma… no soy más que un desperdicio que sólo le trae sufrimiento a sus seres queridos… Kikyou, InuYasha, Miroku… y mi bebé… más lágrimas invaden mis ojos, pero las dejo escapar… no sé por qué debería seguir luchando, no tengo nada… no soy nada…
De pronto, oscuridad, frío, miedo… me dejo llevar, quiero desaparecer para siempre…
Siento algo cálido en mi mano, como si la tomaran suavemente, y un beso… dulce, tierno, protector…
"Sango, por favor despierta… yo… te necesito… te quiero…"
----------O----------
"Miroku sostenía la mano de Sango, observando su dulce semblante. Le había costado mucho que Náraku lo dejara estar a solas con la muchacha, pero tras mucha insistencia logró lo que quería. Sentía la obligación de ser el primero en hablar con ella, el primero en darle la noticia… debía ser él quien sostuviera a Sango mientras ella se derrumbara por la pérdida de su hijo.
Una fresca brisa entró por la ventana. Miroku notó una pequeña lágrima en uno de los ojos de Sango; la secó con cariño y luego besó su mano, murmurando con dulzura:
– Sango, por favor despierta… yo… te necesito… te quiero…
Él cerró los ojos, rogando que ese martirio terminara luego…
Un pequeño apretón en su mano y un leve susurro…
– Mi… Miroku…
Él abrió los ojos, observando a la muchacha, que lentamente iba abriendo los ojos.
– ¡Despertaste! Qué bueno… pensé que seguirías así por días… ¿cómo te sientes?
Miroku dejaba salir las palabras de su boca como un torbellino, agradecido de tenerla de vuelta. Ella sonrió levemente, con cansancio.
– Más lento… acabo de despertar…
Ambos sonrieron, mirándose a los ojos. Guardaron silencio, dejando que la fresca brisa nuevamente refresque sus almas, respirando tranquilidad.
– Tú… ¿estás bien? – Preguntó Miroku, dudoso; ella asintió levemente con la cabeza. – ¿Segura? Verás… hay algo que debes saber sobre tu…
– El bebé está muerto, ¿cierto?
La pregunta de Sango atravesó los oídos de Miroku como un frío cuchillo. Lenta y tristemente bajó la cabeza, para asentir en silencio. Ella cerró los ojos, como si quisiera volver a dormir…
Se mantuvo así un rato, Miroku guardó silencio por respeto… era una pérdida enorme, a él también le dolía… pero debía ser fuerte para ayudarla a salir de eso…
Así se quedaron ambos por unos minutos, sin interrumpir los pensamientos del otro… hasta que la puerta se abrió y entró rápidamente Náraku, observando la escena y dibujando una mueca en su rostro frío… nuevamente iba a comenzar la actuación.
– ¡Hija! ¡Por fin despertaste! ¿Estás bien…? Debemos llamar al médico… ¿Cómo te sientes? ¿Miroku ya te dijo lo del peque…?
Náraku no alcanzó a terminar la frase cuando Sango le dio una bofetada, con odio y rabia contenida.
– ¡MALDITO BASTARDO! ¡Tú hiciste esto! ¡¡CÍNICO!! ¡Eres un maldito desgraciado, me quitaste a mi hijo! ¡¡TE ODIO!! ¡¡¡DEBERÍAS MORIR, NO QUIERO VERTE!!! ¡¡Aléjate de mí, largo!! ¡¡PÚDRETE EN EL INFIERNO!! – Sango gritaba, mientras lanzaba golpes hacia su padre.
Miroku no intentó detenerla, Náraku se merecía eso y más… lamentablemente, el escándalo llamó la atención de las enfermeras, que llegaron a controlar a la muchacha.
Con enérgica voz, la enfermera jefe ordenó que le inyectaran una dosis de calmante, mientras entre dos enfermeras más la afirmaban para mantenerla quieta. Náraku parecía aterrado con la escena, mientras observaba como su hija volvía a desvanecerse en un sueño profundo, lentamente.
– Miroku… no… me dejes… – la dulce voz de la muchacha se apagó, las últimas palabras fueron apenas un murmullo.
Miroku tomó rápidamente su mano, con la certeza de que ella sabría si él seguía ahí o no. Náraku lo observaba con cierto resentimiento, pero casi imperceptible en ese impenetrable rostro. Ambos hubiesen comenzado una guerra a través de sus miradas, pero el médico llegó a la habitación evitando ese encuentro.
– Me dijeron que había despertado… pero la enferma tuvo que hacerla dormir – murmuró el profesional, mirando la ficha clínica –. ¿Qué pasó? ¿Qué fue lo que la alteró tanto?
– Sango estaba bien, tranquila a pesar de todo… – Miroku suspiró, con la mirada fija en la muchacha. – Pero al ver a Náraku, le echó la culpa de todo lo que había pasado…
– Debe estar confundida, el golpe debe haberla aturdido… no creo haberle hecho nada como para que ella me tratara de esa forma – Náraku también dirigió una mirada a Sango, expresando pesar con hacia ella –. Me preocupa que siga así, ella debería ser examinada por un profesional…
– ¿Qué intenta insinuar? ¿Qué Sango está loca? – Miroku lo asesinó con la mirada. – Ella está perfectamente bien, es a usted al que deberían examinar…
– Chico, por favor… no entremos en discusiones de esta índole – el médico observó a la muchacha, analizando la situación –. Me preocupa su comportamiento, no es bueno para ella que tenga arrebatos de ese tipo. Haremos una serie de exámenes y pruebas médicas, además llamaré a un psiquiatra para que determine si es necesario que ella reciba tratamiento médico en ese aspecto. Ahora, si me disculpan… cuando vuelva a despertar, me avisan de inmediato para examinarla, por favor.
– Doctor… – Miroku dudó, no sabía si era adecuado pedirle eso al médico, pero estaba seguro que si volvía a suceder un incidente como ése, tendrían a Sango dopada por mucho tiempo.
– Dime, hijo… ¿qué sucede? – El médico le sonrío, tratando de parecer comprensivo.
– Yo… ¿puedo quedarme con ella hasta que despierte? – El muchacho observó a ambos adultos, esperando una respuesta; el médico lo miraba, como esperando una explicación, así que Miroku decidió dársela: – Es para evitar otra escena como esta… creo que si vuelve a despertar con su padre cerca podría volver a precipitarse de esa forma…
– ¡Oh! En ese sentido, tienes razón… así que, señor Russeau, preferiría que se mantuviera fuera de la habitación hasta que logremos calmarla – el médico se despidió con una sonrisa y se marchó.
Náraku observaba a Miroku con odio en su mirada, pero de forma penetrante, como si quisiera ver dentro de él, averiguar todo lo que él sabía…
Miroku por su parte no prestaba atención al padre de Sango, sino a ella: sostenía su mano, disfrutando de su calmado semblante. No quería separarse de ella, nunca más…
– Me las pagarás, muchacho… InuYasha y tú, me las pagarán… no debieron haberse acercado a mis niñas, nunca…
Tras decir esas palabras, Náraku abandonó también la habitación, dejando solos a Miroku y Sango. Ese era el principio de una dura guerra, difícil pero que, si lo graban ganarla, podrían por fin encontrar paz y tranquilidad…"
----------O----------
"Kikyou observaba por el cristal de la puerta cómo su novio sostenía dulcemente la mano de su hermana. Apretó sus puños con rabia, furiosa consigo misma por no haberse dado cuenta antes de la situación. Era obvio que Miroku y Sango tenían algo más que amistad, eso se les notaba a leguas, pero como ella confiaba tanto en él no hubiese pensado jamás en que él la iba a engañar, menos con su hermana. Suspiró, resignada con la idea. Al parecer, todo había acabado para ellos como pareja, ahora simplemente sería su amiga, su cuñada, o quizá ni siquiera eso…
Sintió repentinamente una cálida mano en su hombro y sonrió sin siquiera voltearse, pues ya sabía quién era: InuYasha. El chico había sido un gran apoyo en esos difíciles días en lo que había tenido que soportar cómo Miroku no se despegaba de Sango, descuidando por completo su relación. InuYasha sufría de igual forma que ella, pues por mucho que trataba que Miroku lo dejara solo con la chica, él insistía en quedarse… ni siquiera había podido hablar con ella…
Ambos entendían que la situación ahora era difícil, que debían apoyar a Sango para que saliera adelante, que el camino ahora sí iba a ser más empinado y deberían esforzarse al máximo para poder llegar al final. Pero aun así, no podían evitar sentirse traicionados.
Sango había estado 3 días inconsciente, luego había despertado pero la habían sedado, pues había perdido el control al ver a su padre, volviendo así a dormir profundamente. Eso había ocurrido en la mañana, ahora eran cerca de las 5 de la tarde y ella aún no despertaba. La situación era desesperante para ellos, estaban cansados y además, tenían miedo de lo que fuera a pasar… Kikyou se volteó repentinamente hacia InuYasha y lo abrazó, llorando suave y silenciosamente en su pecho. Él simplemente la abrazó con dulzura, haciéndole cariño en la cabeza. Se sentían tan solos y abandonados…
– Ven, vamos a tomar algo a la cafetería… luego volvemos – propuso InuYasha, depositando un dulce beso en la cabeza de la muchacha. Ella asintió con la cabeza, limpiándose una lágrima que se había escapado de sus ojos.
Ambos se dirigieron a la cafetería, en silencio, simplemente haciéndose compañía mutuamente. Cada uno había encontrado en el otro la compañía y comprensión que tanto les hacía falta, en especial la comprensión, pues sabían que no la encontrarían en sus parejas, por mucho que buscaran…
En el interior de la habitación, en cambio, Miroku y Sango acababan de reencontrarse con sus miradas. La muchacha había despertado y le sonreía a Miroku, sosteniendo su mano con cariño. Él, a su vez, acariciaba la frente de ella con dulzura, mientras seguía perdido en su mirada…
Pasaron unos minutos hasta que Miroku se percató de que debía llamar al médico, por lo que, con un disculpa, salió de la habitación buscando al doctor o a alguna enfermera que pudiese localizarlo.
– Eh… señorita, ¿podría decirme dónde se encuentra el Doctor Kawagata? – Preguntó Miroku a una de las enfermeras, distraídamente.
– Ehm… En estos momentos se encuentra en colación. ¿Para qué lo necesita? – Preguntó la dulce enfermera, observando a Miroku.
– Yo… – Miroku perdió el habla al ver a Kikyou e InuYasha caminando juntos, abrazados tiernamente. Los observó pensativo, dándose cuenta de muchas cosas.
– ¿Joven? – La voz de la enfermera lo sacó de sus pensamientos, recordando que necesitaba al doctor.
– ¡Oh, lo siento! Me distraje… Sango… la señorita Russeau acaba de despertar, él pidió que le avisaran para examinarla…
– De acuerdo, regrese a la habitación, yo iré por el doctor.
– Gracias…
Miroku volvió con Sango, aún pensativo por lo que acababa de ver, pero trato de disimularlo para no preocupar a la joven. Ella esperaba tranquilamente, con la mirada perdida en el techo. Cuando sintió su presencia, le sonrió tristemente, con un profundo dolor en su mirada.
– ¿Sucede algo, pequeñita? – Preguntó Miroku, sentándose junto a ella.
– La verdad… sí – ella suspiró, mirando a los ojos a Miroku –. Cometí muchos errores… me duele pensar que he vuelto a estar sola… perdí a mi bebé – junto con estas palabras, posó su mano sobre su vientre, cerrando los ojos para contener las lágrimas –. Él no tenía la culpa de nada… no lo merecía… siento un gran vacío en mi interior ahora…
Las lágrimas escaparon, silenciosamente. Él la observaba, sin saber qué hacer, qué decir… entrelazó su mano con la de ella, tratando de demostrarle que no estaba sola, que él seguía ahí, con ella… pero de repente recordó a InuYasha y Kikyou caminando juntos y sintió un extraño vacío en su estómago, como si le hubiesen arrebatado algo que sólo era de él… soltó la mano de la muchacha, casi sin darse cuenta, bajando la mirada…
– Bien, pequeña Sango… – el doctor Kawagata guardó silencio al observar el llanto de la muchacha, luego se acercó a ella y le tomó dulcemente las manos – Pequeña… tranquila. Lamento lo que pasó, hicimos todo lo posible, pero no pudimos salvar a tu hijo. Sé que será difícil superarlo, pero tienes a tus amigos y tu familia junto a ti… deberás enfrentarlo, sin huir, ellos te ayudarán a salir adelante…
Sango asintió levemente, limpiándose una lágrima con el dorso de su mano. El médico le pidió a Miroku que los dejara solos unos momentos para examinarla, él obedeció sin decir nada. Salió de la habitación, perdido en sus pensamientos. Al ver a InuYasha y Kikyou juntos de esa manera se había percatado de sus errores: había dejado de lado su relación con la muchacha justo en el momento en el que ella más dudaba de sus sentimientos, había priorizado estar con Sango dándole más razones a su novia para que sospechara que él tenía algo con la castaña, la había dejado sola sin preocuparse por las consecuencias. Pero él la quería y no quería perderla… pero al parecer, InuYasha había ocupado bastante bien su puesto durante esos 3 días, acompañando a la dolida joven, ganándose su confianza.
Salió del edificio para tomar aire fresco, necesitaba aclarar las cosas… hablar con Kikyou.
En esos mismos momentos, Kikyou e InuYasha iban saliendo también del edificio, tomados de la mano, cariñosamente. No vieron a Miroku, ni siquiera cuando él se iba acercando…
– Muchas gracias, InuYasha… de verdad que necesitaba mucho esas palabras… – dijo Kikyou, sonriendo amablemente hacia el oji-dorado.
– No es nada… siempre has sido alguien especial para mí… no iba a dejarte sola en un momento como este… – InuYasha también le sonrió, sin soltar sus manos.
Lo que sucedió luego de eso cambió radicalmente la situación. InuYasha y Kikyou siguieron mirándose sin percatarse de que Miroku estaba observándolos… se miraban tiernamente, diciéndose con la mirada muchas cosas… acercaron sus rostros, sin dejar de mirarse, hasta que estaban demasiado cerca; cerraron los ojos y sus labios se unieron en un suave y cálido beso…
Miroku observaba la escena, atónito… eso no podía ser cierto."
Bien, hasta acá llega este capítulo, espero les guste. Trataré de actualizar seguido, aunque la próxima semana comienzan mis clases, así que no sé si tenga el tiempo para hacerlo. De todas formas, terminaré la historia, así que estén al pendiente ^^
Muchas gracias por la enorme paciencia que me han tenido, espero que la sigan teniendo para continuar la historia :D
Saludos y muchas gracias a todos pos su apoyo y por leer la historia.
¡Hasta la próxima!
