IMPORTANTE: Los personajes no son míos, ya lo saben ^^U

ACLARACIONES Y SIMBOLOGÍA:

Esta es una historia relatada por Sango, sin embargo, es necesario que conozcan otros detalles que ella no presenció, por lo que también tendrá partes narradas en tercera persona.

…blablá… es la narración de Sango

"…blablá…" es la narración en tercera persona.

-…blablá…- son los diálogos.

/…blablá…/ son los flash back o racconto (más de esto último, creo), y están narrados en tercera persona.

"…blablá…" son los pensamientos.

-O- cambio de escena.

Grito Silencioso

Capítulo X
"Como siempre ha debido ser…"

Observo el techo mientras el médico me examina con detenimiento. No presto mucha atención a lo que él hace, estoy perdida en mis pensamientos. Cuando Miroku tomó mi mano para entrelazarla con la suya, la soltó repentinamente… ¿por qué? No lo sé, pero creo que tiene que ver con todo eso que sentí y escuché antes de despertar…

– Bien pequeña, al parecer todo está bien, las heridas han progresado positivamente – la voz del doctor Kawagata me trae de vuelta al presente.

– Ah… eso quiere decir que… ¿pronto volveré a casa? – Pregunto esperanzada, la verdad no me gustan mucho los hospitales.

– Bueno, tenemos que esperar los resultados de los análisis que mandé a hacer, pero si todo está en orden, en unos pocos días más podrás volver a casa – el doctor me sonríe, luego agrega: –. Le he pedido a un colega que venga a hablar contigo, en un rato más se dará una vuelta por acá, espero no te moleste…

– ¿Colega? ¿Para qué va a hablar conmigo?

– Sólo son procedimientos de rutina, cariño, no es nada más… es parte de los análisis que debemos hacerte.

Con otra sonrisa más se retira, dejándome sola nuevamente. Cierro los ojos, tratando de pensar en otra cosa, pero los sentimientos de los muchachos vienen a mi mente sin que pueda evitarlo… Kikyou e InuYasha traicionados, Miroku culpable…

No es cierto, nada de lo que ellos sienten es verdad, sólo están confundidos… Miroku y yo jamás traicionaríamos a los muchachos, y Miroku no tiene la culpa de nada… ¿por qué no pueden verlo? ¿Tan complicadas son las cosas de la vida?

Ahora vienen a mi mente todas las ilusiones que me había hecho con mi bebé, lo que había imaginado y planeado que pasaría… y todo se desvanece sin consideración alguna. La fría risa de Náraku, el vacío en mi vientre y la soledad en mi corazón…

Todo es culpa mía: la desconfianza de Kikyou e InuYasha, los sentimientos de culpa de Miroku, la muerte de mi hijo… y todo lo que pueda pasar de ahora en adelante. Estoy segura que Náraku querrá vengarse de Miroku e InuYasha de alguna forma, sabe que mi comportamiento tiene que ver con mi cercanía a ellos…

Tengo miedo, no quiero que ninguno de ellos salga lastimado… Al final, nada cambiaría, seguiríamos siendo mi padre y yo… ¿no? Como siempre ha debido ser, tal como él mismo me decía cuando pequeña, las primeras veces…

Lágrimas caen por mis mejillas, pero no trato de contenerlas, tengo que dejarlas salir y, junto con ellas, tomo una decisión… así todos estaremos mejor… así como siempre ha debido ser…

-O--

"Miroku se quedó perplejo al ver ese beso… ¿Acaso era cierto lo que sus ojos le mostraban? Parpadeó un par de veces, tratando de alejar esa visión, como si fuese una simple ilusión… pero por más que lo intentaba, ellos estaban ahí, besándose…

– InuYasha, yo… – Kikyou bajó la mirada, confundida.

– Lo siento… – InuYasha también bajó la mirada, sintiéndose un tonto.

– No, no te disculpes… yo… – Kikyou levantó nuevamente su mirada y se percató de la presencia de Miroku, observándolos. – Miroku…

InuYasha dirigió su mirada hacia el chico de ojos azules, sorprendido. Miroku no podía haber aparecido en peor momento… o tal vez era mejor así, no lo sabía, pero la dolida expresión de su amigo le decía que no era algo bueno.

Miroku hizo una mueca de decepción y se dio la vuelta, todo le quedaba más claro. A pesar de que él hubiese sido el culpable de que su novia se sintiese sola, a pesar de que hubiese sentido algo especial por Sango, a pesar de que también era su culpa que InuYasha no hubiese estado cerca de Sango en esos días… a pesar de todo, él jamás hubiese traicionado a sus seres queridos. Pero al parecer ellos no supieron esperar a que todo volviese a la calma…

Caminó unos pasos, tratando de contener las lágrimas. Le dolía mucho lo que acababa de ver, pero más le dolía saber que en parte era su culpa y que no podía reclamar mucho…

– Miroku, espera… – InuYasha lo alcanzó, afirmándolo del brazo. – Por favor, deja que te explique…

– No hay nada que explicar – Miroku se soltó bruscamente –. Todo está más claro así, ¿no?

– Miroku, no es lo que crees… – Kikyou llegó a su lado, apenada. – InuYasha y yo…

– Vi suficiente como para comprenderlo todo, Kikyou… – Miroku siguió su camino, sin siquiera mirar a la muchacha.

– ¡Miroku! ¡¿Quieres dejar que te explique lo que pasó? – InuYasha lo seguía, tratando de detenerlo. – ¿Que acaso eres el único que puede cometer errores?

– Sé muy bien qué errores cometí, los tengo bastante claros, y por eso mismo los estaba buscando… – Miroku lo enfrentó con la mirada. – Pero, a pesar de que sé que tengo gran parte de la culpa de esto, yo jamás… los hubiese traicionado así.

– ¡No seas mentiroso! – Kikyou lo encaró, enfadada. – ¡Si lo has hecho! Tú y Sango tienen algo, no lo niegues…

– No lo niego… tenemos una gran amistad, tal vez mucho más… ¿y sabes por qué? ¡Porque ella jamás me traicionó, a pesar de lo mucho que la dañé! Además, ella tampoco te traicionaría a ti… ni a InuYasha. Parece que a los dos les hace falta conocernos…

– ¡¿Ahora es ella la víctima? ¡Como siempre! ¿Hasta cuándo van a seguir? ¿Acaso nosotros no podemos estar heridos? – Kikyou soltó unas lágrimas, furiosa.

– Claro que pueden… y lo comprendo, por eso quería hablar con ustedes y explicarles todo lo que ha pasado… – Miroku bajó la mirada, triste. – Tengo mucha culpa en mi interior y creo que ya todos hemos tenido suficiente… si me permiten, quiero estar solo. Luego hablamos.

Miroku se alejó de ellos, dejándolos perplejos: siempre era tan extraño en su forma de reaccionar, era tan impredecible… ninguno de los dos tenía idea de cómo iba a actuar después, pero sí sabían que tenían una conversación pendiente.

– ¡Ah! Casi lo olvido… Sango está despierta, por si quieren ir a verla…

InuYasha y Kikyou se observaron, sin comprender la actitud de Miroku. Él, por su parte, se alejó más, para ordenar sus ideas y no volver a cometer otro error más."

--O--

– ¿Señorita Russeau? – La voz de un hombre maduro me saca de mis pensamientos.

Me limpio las lágrimas y lo observo, esperando a que entre a la habitación.

– Buenas tardes, mi nombre es Nakigara Koji, soy médico cirujano y psiquiatra, y me gustaría hablar un poco con usted.

Lo observo, confundida. ¿Un psiquiatra? ¿Para qué? Él entra y se sienta junto a la cama, con un semblante tranquilo, mientras me observa.

– Eh… ¿qué necesita? – Es lo único que logro decir, me perturba su presencia.

– Sólo hablar… me gustaría que me contara un poco de su vida, si no le molesta, claro – sonríe tranquilamente, esperando mi respuesta.

– Ahm… ¿mi padre lo mandó aquí? – Le pregunto, dudosa. Él niega con la cabeza. – ¿Entonces? Mire, no quiero compartir mi vida con nadie, estoy bien como estoy… sólo quiero volver a casa.

– ¿Segura que está bien? Dígame una cosa… ¿por qué culpó a su padre por lo que había sucedido? ¿Había discutido con él anteriormente?

– Yo… sólo estaba confundida, es todo… habíamos discutido por algunas cosas, pero él no… no hizo nada, fue un accidente – trato de contener las lágrimas y la rabia, si quiero que todo resulte debo controlarme.

– Entiendo… ¿tiene esto que ver con su bebé?

Asiento levemente con la cabeza, dejando salir las lágrimas al recordar todo eso…

– ¿Estará bien si vuelve a casa con él? – El doctor me toma la mano, tratando de entregarme confianza. – Si ha pasado algo más… no tenga miedo en decirlo, acá no le pasará nada…

– Estamos bien… – murmuro, tomando definitivamente la decisión. – Todo está bien… lo único que me hará falta será mi bebé, pero eso no me lo puede devolver, ¿cierto?

El doctor Nakigara niega lentamente con la cabeza. Luego suelta mi mano y me entrega una tarjeta con su nombre y su número.

– Creeré en usted esta vez, pero si necesita algo… no dude en llamarme. Tal vez no confíe en mí, pero puedo ver más allá de lo que cree.

El médico se va, dejándome confundida. ¿Qué era todo eso? ¿Acaso era una trampa de mi padre? ¿O él decía la verdad? Suspiro, tratando de ordenar nuevamente mis ideas y seguir adelante con la decisión que he tomado, aunque sea difícil…

--O--

"InuYasha y Kikyou se encontraban fuera de la habitación, sin decidirse a entrar aún. Aunque habían sido pocos días, durante ese tiempo habían formado un lazo muy fuerte, basado más que nada en el sentimiento compartido de soledad e incertidumbre. Las cosas seguramente serían distintas si Sango hubiese seguido dormida durante mucho más tiempo, pero ella había despertado antes de lo que se esperaban.

InuYasha se sentó en el pasillo, molesto consigo mismo. Sabía que quería a Sango, ella era una muchacha muy especial, pero lo que sentía por Kikyou era algo distinto, más fuerte, algo que se escapaba de él… el simple recuerdo del beso de aquella tarde hizo que se ruborizara, provocando que inevitablemente lo comparara con los besos que le había dado a Sango…

No, los besos de Sango eran distintos, menos intensos, menos cálidos… ¿por qué? InuYasha sabía que Sango era sincera con él, se notaba en sus ojos, pero eso no significaba que su relación fuera lo más fuerte del mundo. Notaba como cada vez que hablaba de Miroku, la mirada tierna de Sango se iluminaba con alegría, se volvía diferente, especial… no sabía qué era, pero algo cambiaba en la muchacha… y esa reacción jamás la había visto en ella por su causa. Eso era algo que le preocupaba mucho, pues demostraba que Miroku era para ella mucho más especial que él.

Suspiró, observando de reojo a Kikyou, que aún permanecía de pie, apoyada junto a la puerta de la habitación. Kikyou sin embargo, le había demostrado que ella sí podía emocionarse con él, su mirada sí cambiaba cuando estaban juntos y eso lo hacía enormemente feliz…

Por su parte, Kikyou se encontraba en un dilema aún más complejo. Se odiaba a sí misma por todo lo que pasaba, pues si desde el principio ella hubiese desistido de la idea de que Sango cambiara, seguramente nada de eso habría pasado… admitía que era feliz cuando veía como su hermana sonreía, reía y demostraba ser todo lo contrario a lo que era antes de su llegada a la casa, pero quizá si ella no hubiese insistido en que eso pasara, Sango no estaría en esos momentos en el hospital, y ella no estaría sintiéndose tan culpable por haber traicionado a Miroku y a Sango…

Apretó los puños, pensando que quizá lo mejor era dejar que su novio fuera feliz con su hermana, y ella intentar las cosas con InuYasha, pero… sólo habían sido 3 días, y ahora que lo pensaba, era más que justificable que Miroku se preocupara de Sango, ella no iba a estar bien, ni física ni psicológicamente, y ¿quién mejor para estar a su lado que su amigo de la infancia, el que la conocía más que nadie? Suspiró, reconociendo su enorme error al haberse precipitado… había dejado que las palabras de su padre llegaran a su corazón, un gran error que lamentaba enormemente.

– ¿No crees que deberíamos entrar a verla? – Preguntó InuYasha, interrumpiendo sus pensamientos.

– No lo sé… ¿qué le diremos? – Kikyou observó a InuYasha, con la mirada triste y arrepentida, mordiéndose el labio inferior.

– ¿Tenemos que decirle algo? – InuYasha resopló, molesto. – ¿No podemos esperar a aclarar las cosas con Miroku primero? No creo que sea buena idea decirle algo a Sango, mientras no se encuentre del todo bien, si se altera de alguna forma…

– Lo sé, pero tampoco me gustaría entrar como si nada hubiese pasado… no me gusta mentirle a la gente que quiero – Kikyou miró el suelo, pensativa.

– Entonces, no queda más que enfrentarlo… – InuYasha estiró los brazos, decidido. – Supongo que, al fin y al cabo, de alguna forma se iba a enterar, y mejor que se lo digamos nosotros…

Ambos se miran, dispuestos a entrar a la habitación a ver a Sango, pero antes de que abran la puerta, Náraku ingresa rápidamente, cerrando la puerta tras de sí. Un par de segundos después llegó Miroku, un poco agitado. Se detuvo frente a ellos, con sus manos en las rodillas, tratando de recuperar el aliento.

– ¿Náraku entró a ver a Sango? – Preguntó el ojiazul, observando la puerta de la habitación.

– Sí… ¿pasa algo? – Preguntó Kikyou, mirando extrañada a Miroku.

– ¿Ustedes ya hablaron con ella? – Volvió a interrogar el recién llegado, sin prestar mucha atención a Kikyou, preocupado por algo.

– No, estábamos a punto de entrar cuando Náraku llegó… – InuYasha también miraba a Miroku, sin entender qué sucedía. – ¿Pasa algo?

– ¡Demonios! – Miroku se golpeó la palma izquierda con el puño derecho, molesto. – Náraku es un maldito…

– ¡Miroku! – Kikyou llamó su atención, molesta. – ¿Qué pasó?

– Lo que pasa es que… luego de que me alejé de ustedes para ir a pensar, estaba caminando por el patio del hospital cuando pasé cerca de Naraku y el doctor Kawagata. Estaban hablando sobre Sango… Náraku le pedía al doctor que no nos dejara verla, porque no éramos buena compañía para ella… según Náraku, el bebé de Sango era de alguno de nosotros dos, pero no sabía de quien; además, le aseguraba al doctor que nosotros las obligábamos a beber y a drogarse, y por eso Sango había tenido esa conducta cuando despertó, al verlo… – Miroku suspiró, mirando nuevamente la puerta de la habitación.

– ¿Qué hiciste? – InuYasha remeció a Miroku. – ¿Interviniste o simplemente lo dejaste seguir hablando?

– Yo… – Miroku tragó saliva, recordando lo que había sucedido– al escuchar eso, los interrumpí. Le dije al doctor que nada de eso era verdad, que si quería nos hiciera pruebas toxicológicas para comprobar que nosotros no consumíamos drogas ni alcohol… Náraku argumentó que obviamente las pruebas iban a salir negativas, si habíamos pasado estos 3 días en el hospital sin consumir nada… el doctor le encontró la razón a Náraku, así que le dije que nosotros nada teníamos que ver en el embarazo de Sango, que simplemente la habíamos apoyado para que no estuviese sola, pero que el responsable de eso era Náraku…

– ¿Le dijiste eso al doctor en frente de Náraku? – Preguntaron al mismo tiempo Kikyou e InuYasha, exaltados.

– Así es – Miroku asintió con la cabeza, mientras Kikyou se mordía nuevamente el labio –. El doctor dijo que esa acusación era muy grave, así que debía comprobarla antes de tomar medidas. Náraku dijo que eso era una enorme mentira, que todo era invento de nosotros o de Sango para no dar a conocer el verdadero nombre del padre de la criatura… El doctor dijo que era posible, que solía pasar que las madres tan jóvenes protegieran al progenitor… luego de eso, sonó el buscapersonas de él, así que se fue de inmediato.

– ¿Y qué te dijo Náraku cuando estuvieron solos? – InuYasha observó a Miroku, preocupado.

– Me preguntó que si acaso era capaz de poner las manos al fuego por Sango… que lo que ella nos había dicho no era verdad, que siempre inventaba historias así para llamar la atención, pero que más allá de ser un cuento no era cierto… le dije que no le creía a él, que cuando éramos pequeños Sango me había mostrado unos moretones, contándome que él la había golpeado. Insistió en que eso no era cierto, así que le dije que hasta que se demostrara lo contrario, no iba a permitir que Sango estuviese a solas con él, menos en su casa… al escuchar esas palabras, me dijo que jamás lograría eso, y vino hasta acá. Lo seguí lo más rápido que pude, pero Náraku camina demasiado rápido…

Los tres se miraron, preguntándose qué sería lo que haría Náraku ahora."

--O--

Estoy sumida en mis pensamientos cuando de repente siento a alguien sentarse en la cama, a mi lado. Presiento quién es y abro los ojos para observarlo y corroborar mi presentimiento.

Náraku me observa con el semblante frío, más calculador que de costumbre, y al parecer, preocupado.

– ¿Qué sucede, padre? – Pregunto en un débil tono de voz.

– Tenemos mucho de qué hablar – me responde él, sin quitar su fría mirada de la mía.

– ¿Pasó algo en especial…? – Vuelvo a preguntar, pero Náraku no me deja continuar, se acerca a mí repentinamente, sonriendo con malicia.

– Estoy muy molesto contigo, jovencita… – él suspira molesto, preparándose para un sermón. – Pensé que teníamos un secreto desde hace mucho tiempo, pero al parecer tú no conoces el significado de esa palabra, porque ahora veo que lo saben demasiadas personas… personas que no deberían haberse metido en este asunto – me observa con severidad, mientras prepara las siguientes palabras –. Cometiste un grave error, así que ahora deberás prepararte para las consecuencias… tus amiguitos no podrán ayudarte más.

– No, no lo harán – lo interrumpo, recordando que he tomado una decisión y debo seguir adelante con ello –. He estado pensando mucho y creo que… estaba en un error. Cuando era pequeña… las primeras veces, me decías que éramos sólo tú y yo, como siempre debió ser y… – cierro los ojos, desprendiéndome de una parte de mi corazón para continuar – Y… ahora me he dado cuenta que tenías razón, siempre deberíamos haber sido sólo tú y yo… por eso, ahora quiero que lo hagamos. Quiero que seamos sólo nosotros dos, que nos alejemos de los muchachos para siempre y que empecemos de nuevo, sólo tú y yo…

Mientras digo estas palabras, siento como una parte de mi corazón se rompe en mil pedazos… una parte que jamás volveré a recuperar, pero que prefiero dejar atrás, por el bien de todos.

– ¿Así que lo has pensado mejor? – Náraku suelta una fría risa, satisfecho. – Sabía que algún día lo entenderías, aunque no sé si ha sido a tiempo… tus amigos no se alejarán de ustedes tan fácilmente…

– Yo… quiero que sólo seamos nosotros, no quiero a nadie más en nuestra nueva vida, ni siquiera a Kikyou…

– Pero ella está bajo mi responsabilidad ahora… ¿qué puedo hacer contra eso? – Náraku acaricia suavemente mi mejilla, al parecer feliz. – ¿Quieres que la devuelva a la casa de su madre, de donde la echaron? ¿O debería permitirle quedarse con alguno de sus noviecitos? Tal vez deba… dejarla acá, a cargo de alguna sirvienta que se encargue de cuidarla y nosotros simplemente alejarnos… ¿qué te parece la idea?

– Cualquier cosa está bien, pero no la quiero cerca de nosotros – respondo, intentando no mirarlo a los ojos y contener mis lágrimas.

– Bien, entonces que así sea… así, como siempre ha debido ser…

Con una triunfante sonrisa, sigue acariciando mi rostro, mientras distingo cómo Miroku nos observa por el cristal de la puerta…


Bien, por fin tengo el siguiente capítulo, ojala la espera haya valido la pena ^^

Dejen reviews para saber si les gustó y gracias por leer~!

Ja ne!