LOS PERSONAJES DE ESTA HISTORIA NO SON MIOS SON DE LA GRAN STHEPENIE MEYER. LA HISTORIA VIENE DE MI MENTE.

La siguiente semana paso volando, aun no presentaba a Edward y Jasper. No tuvieron un muy buen comienzo y aunque sabía que Edward tenía claro que entre él y yo no había nada, prefería posponerlo. Afortunadamente tenia al mejor amigo que alguien pudiera pedir y lo acepto sin replicas.

Jasper supo de la pelea con Black y le explique todo, el entendió aunque me pregunto si estaba segura de querer estar con él. Ni siquiera tuve que pensar la respuesta.

Todo iba mejor de lo que esperaba, hasta que Edward me dio una noticia.

-Quiero que conozcas a mi familia. – Soltó una tarde mientras estábamos recostados sobre el pasto en su prado. Mi mente quedo en blanco.

Conocer a su familia.

Recuerdo que me hablo de ellos. Su padre, Carlisle, que era médico cirujano. Su madre, Esme, dedicada a tiempo completo a ser ama de casa. Su hermano, Emmett, quien iba un año delante de nosotros en el instituto. Y la novia de Emmett y mejor amiga de mi novio, Rosalie Hale, ella estudiaba junto a Emmett.

-¿Bella? – su voz me saco de mis pensamientos. Parpadee continuamente mirándolo, se recargo sobre sus codos para mirarme esperando a que dijera algo pero nada salía de mi. Su rostro comenzó a decaer – Lo siento, no quería apresurar las cosas es solo que creí… ¿sabes? Olvídalo, tienes razón. Es muy pronto.

-No, no, es solo que me tomo por sorpresa – tome su mano entre la mía - ¿Estás seguro de esto?

-¿Por qué no debería de estarlo? – Contesto con otra pregunta – Te quiero y eres lo mejor que tengo. Quiero que mi familia te conozca. No es muy difícil de entender.

Si lo ponía de esa manera sonaba sencillo, asentí regalándole una sonrisa.

-¿Cómo son ellos? – pregunte, debía prepararme para conocerlos. Suspiro volviéndose a recostar sin soltar mi mano.

-Bueno, mi padre es realmente una de las mejores personas que conozco. Ama su trabajo y ayudar a la gente, es comprensivo y honesto. Mi madre es dulce y atenta, nunca la he visto enojada dudo que alguna vez se haya enojado con alguien. Emmett, el es como un niño de 8 años atrapado en el cuerpo de un adulto, hallara la manera de incomodarte y hacerte reír. Rosalie, bueno, ¿Qué te puedo decir de ella?

La manera en que hablaba sobre su familia con devoción y respeto me demostraba lo importante que era para él. Sentí cierta molestia por Rosalie, era absurdo dado que era novia de su hermano, pero hablaba de ella con tanto cariño. Tú tienes a Jasper, me recordó mi conciencia.

-Es…mi mejor amiga. Tiene su carácter y es difícil llegar a ella pero una vez que lo haces vale completamente la pena, es la consentida de Esme porque es la única mujer. – su voz se fue apagando y no me gusto eso.

-¿Qué pasa? –se movió de manera que estaba frente a mí.

-Tal vez ella sea… complicada. – Enarque una ceja en clara confusión – Bien, es demasiado protectora con aquellos que quiere. Y después de lo de Tania y Jessica, no sé como reaccionara.

-¿No le has hablado de mi? – La idea de que me ocultara resulto terriblemente dolorosa.

-Claro que si, solo discúlpala si hace o dice algo mordaz. – Le sonreí para tranquilizarlo y negué con la cabeza restándole importancia. Si el pudo soportar lo de Jasper, muy a su manera, podría con la tal Rosalie.

Quedamos en que iríamos después de la escuela al día siguiente, al regresar a mi casa estaba hecha un manojo de nervios y Jasper no paraba de burlarse de mí. Decidí irme a dormir para ya no escuchar sus constantes burlas.

Escuche el despertador y estire mi mano para apagarlo, tenia aproximadamente una hora despierta pero no tenia deseos de salir de la cama. Escuche como la puerta crujía al ser abierta y por instinto cerré los ojos. Un muy emocionado Jasper entro a mi habitación y me quito las cobijas de encima.

-¡Vamos, pequeña! ¡Hay que ir al instituto!- Al ver que no me movía, se subió encima de mí y me empezó a hacer cosquillas.

-¡Basta, basta! Ya, ya me levantare- deje de reír y me calme, Jasper se bajo de mi.- ¿A qué se debe tu entusiasmo por el instituto, Jasper? No me digas que por las clases porque ni tú te lo crees - Le advertí antes de que mintiera. Abrió la boca y luego la volvió a cerrar.

-Nada en especial, no es como si por la tarde tuviera que conocer a mis suegros. –dijo distraídamente, gemí y use la almohada en mi cara recostándome de nuevo.

-Amas verme tan miserable, lo sé. – mi voz sonó amortiguada por la almohada y el rio.

-Te dejo con tu miseria, ahora date prisa para irnos. - Salió dando un portazo de mi habitación.

Gruñí. Había algo diferente en el, mas sonriente, más amable, sus ojos brillaban un poco más. Tenía que averiguar qué era lo que había hecho eso. Tal vez el está siguiendo adelante y superando el hecho de que su novia murió, dijo mi conciencia. Me estremecí ante eso, era egoísta no alegrarse por eso, lo sabía pero bueno, yo era egoísta.

Esos pensamientos no me estaban ayudando, así que los deseche de mi mente.

Ahora tenía un gran problema.

Conocería a los padres de Edward.

-¿Como se supone que debo actuar?- pregunte al viento. Me sentí tonta al ver que nadie me contestaría, pero no fue así.

-Bueno, hablándole al aire no conseguirás nada – mi cama se hundió con su peso y me entrego una muda de ropa, por suerte era algo casual y no mi ropa de luto que siempre llevaba, en algún lugar de mi mente me pregunte de donde la había sacado. – Puedes empezar por bañarte y arreglarte, ya después veremos que hacemos.

Le sonreí en agradecimiento y fui a hacer lo que me decía.

Deje que el agua caliente relajara mis músculos y trate de no pensar en que hoy conocería a la familia de Edward, la simple idea hacia que me dieran escalofríos. Me vestí y use el maquillaje suavemente, me negaba a dejar el luto por completo. Jasper ya me esperaba en la sala, agarre una barra para comérmela durante el camino.

Llegamos a buen tiempo ya que Jasper cuando se lo proponía conducía como loco, ya me estaba acostumbrando aunque de todos modos lo regañaba. Al llegar a la entrada se despidió de mí y se fue a su salón. Seguí caminando sin ver por dónde iba cuando unos brazos fuertes y cálidos me abrasaron por detrás.

-Hola, nena.- Me di la vuelta sonriendo y deje un casto beso en sus labios. Parecía que Edward con todo lo que usara se miraba asquerosamente bien. Jeans desgastados negros a la cadera, camiseta blanca pegada a su pecho y una chaqueta de cuero negra, su cabello cobrizo despeinado completaba su imagen de chico malo. -¿Pasa algo? – pregunto preocupado ante mi exhaustiva inspección.

-Solo eres hermoso – conteste sin pensarlo, mordí mi labio avergonzada y me ruborice, el sonrió engreídamente.

-Oh, lo sé nena. Soy un maldito Dios griego. – rodé los ojos divertida y el beso mi frente. – Más hermosa eres tú, ¿lista para clases?

Asentí y nos dirigimos al primer infierno del día, todo el día se paso entre clases, nervios, mensajes burlones de Jasper, hasta que finalmente se acabo.

Como suponía Edward estaba afuera esperándome recargado en el marco de la puerta.

-¿Estas lista?- pregunto tomándome la mano. Quise contestar que no, pero al sentir su mano contra la mía, sonreí y asentí incapaz de confiar en mi voz.

Salimos del instituto y subimos a su Volvo. Todo el camino lo recorrimos en silencio a excepción de la música que estábamos escuchando, Muse uno de nuestras bandas en común.

-¿The Beatles o Muse? –pregunte de repente. Me miro confundido pero contesto.

-The Beatles fueron grandes, pero solo Muse puede considerarse la mejor banda. – Sonreí abiertamente.

-¿Por qué la pregunta y esa sonrisa? –pregunto sonriendo divertido.

-Solo quería comprobar algo.

Que él era perfectamente imperfecto.

Al llegar, me abrió la puerta para salir. Salí del auto mordiéndome el labio, estaba más nerviosa de lo que quería admitir. Comencé a temblar, Edward lo noto. Me miro a los ojos y pronuncio las palabras que yo tanto necesitaba en eso momento.

-Estoy aquí, Bella. Independientemente de lo que piense mi familia, yo te quiero y siempre será así. Además, eres linda, tierna, inteligente les vas a encantar. Confía en mí- asentí, respirando profundamente.

Me dio un pequeño beso en los labios y me guio hacia el interior de la casa. Era enorme, estaba escondida entre el bosque pero era preciosa. Tenía un estilo antiguo pero luminoso, algo difícil de conseguir. Era de muy buen gusto, los cuadros antiguos, los colores le daban vida a la casa y un ambiente familiar.

-Ven, deben estar en la sala- tiro de mi hasta la ahí y pude ver a quien yo suponía que eran sus padres. Estaban sentados frente a una chimenea, solo charlando por sus miradas pude ver cuánto se querían.

-Papa, mama- los aludidos voltearon y sonrieron al verme.-Ella es Bella, Bella ellos son mis padres, Esme y Carlisle.

Esme tenía una sonrisa maternal y amorosa, me recordó a Renee, vino hacia mí envolviéndome en sus brazos me sorprendí pero le devolví el abrazo, era más o menos de mi altura tenía el pelo color caramelo y una mirada tierna, facciones que cualquiera envidiaría. Se miraba mucho más joven de lo que era.

-Me alegra conocerte, Bella, Edward nos ha hablado mucho de ti-me sonrió dándome confianza.

-Muchas gracias señora Cullen, su casa es hermosa.

-Oh gracias y por favor no me digas señora Cullen -rio y Carlisle la acompaño parecía sonreír simplemente si ella lo hacía. - dime Esme, querida-asentí sonriéndole.

Carlisle se acerco dándome la mano, tenía una gran sonrisa en su cara mostrando sus perfectos dientes blancos, tenía los ojos esmeralda igual a los de Edward, era alto y con el cabello rubio, los dos se miraban más jóvenes de la edad que tenían.

-Mucho gusto, Bella. Al fin conocemos a la culpable de que Edward este tan feliz- baje la mirada y me ruborice, aunque le sonreí, mire a Edward y el también estaba rojo. Carlisle y Esme rieron al vernos así.

-Papa, ¿donde están Emmett y Rosalie?- pregunto Edward cambiando el tema.

-Deben estar en el cuarto de tu hermano ya sabes les encanta encerrarse a jugar videojuegos.

Me sorprendió el escuchar que a Rosalie le gustara eso, nos despedimos de sus padres y subimos. Me sentía más aliviada al darme cuenta de que no había ido tan mal. Realmente creo que estaba exagerando antes, parecían personas agradables y amables.

-Te dije que les gustarías- me dijo Edward mientras me besaba la mano. Llegamos a un cuarto del segundo piso, Edward toco la puerta y nos abrió un chico enorme.

Era muy musculoso y tenía el pelo negro corto, se miraba aterrador pero tenía la cara de un niño pequeño y cuando sonreía se le hacían pequeños hoyuelos en sus mejillas. Nos dio una enorme sonrisa.

-Tú debes ser Bella-dijo apuntándome, me levanto del piso dándome un gran abraso y girándome, sentí como me faltaba el aire.

-¡Emmett! Idiota, bájala, no la dejas respirar-escuche como le reclamaba Edward.

-Bájala Emmett, se está poniendo morada- escuche una voz de mujer, Rosalie supuse, su voz era melodiosa y aterciopelada. Sentí como me dejaban en el piso y Edward tomaba mi mano inmediatamente.

Levante la vista y vi a una súper modelo enfrente de mí. Era rubia, alta y muy hermosa, mi autoestima cayó picada abajo al verla.

-Soy Rosalie – Se presento mirando evaluativamente, me removí incomoda.

-Mucho gusto, soy Bella. – mi voz sonó pequeña a comparación de la fuerte y segura de ella. Emmett se puso enfrente de mí.

-¡Hola! Yo soy Emmett, el hermano de este amargado—menciono apuntando a Edward con la cabeza, le sonreí y Edward gruño. - Pensábamos rentar unas películas y verlas más al rato, ¿se apuntan?- nos invito. Pude ver como Rosalie rodaba los ojos y entraba a la habitación.

Tal vez hable demasiado pronto sobre lo bien que iban las cosas.

-Claro- contesto Edward, completamente ajeno al comportamiento de su mejor amiga. - Si Bella quiere- los dos me miraron, lo cual solo logro que me sonrojara.

-Me encantaría-conteste.

Esme y Carlisle se disculparon diciendo que tenían planes para la cena por lo que teníamos la casa para nosotros. Nos pasamos la tarde viendo películas, invité a Jasper pero me dijo que ya tenía planes tendría que preguntarle que se tenía entre manos.

Me la pase muy bien, entre las bromas de Emmett y los abrazos de Edward. Rosalie se mostro más amable conmigo o por lo menos lo intento. Ella y Edward compartieron una mirada llena de significados que me molesto un poco, pero no podía hacer nada por eso.

-¿Quieres ver mi habitación? – Pregunto Edward en algún momento de la noche, asentí alegremente. Estaba en el tercer piso y era la única ocupada ahí, según sus propias palabras "la soledad le iba bien". Su cuarto tenía una vista hermosa hacia el bosque, un ventanal que abarcaba toda la pared.

Un librero en la pared derecha que mostraba una gran colección y del lado opuesta una gran colección de discos acomodados pulcramente. Me tome mi tiempo revisando cada uno de ellos, maravillada por el cuidado que tenían.

Edward me observaba sentado desde su cama, fui hacia el sentándome en su regazo. Estuvimos unos minutos en un cómodo silencio, hasta que sentí como dejaba besos por mi mejilla y mandíbula hasta llegar finalmente a mis labios.

Enrolle mis brazos en su cuello acercándolo a mí, sus labios eran como un bálsamo para mi, cálidos, reconfortantes, dulces, tiernos, jamás podría cansarme de besarlo.

El beso se volvió más insistente y demandante, sentí como me recostaba en la cama con él sobre mí. Su lengua delineo mi labio inferior y abrí mi boca lentamente, nuestras lenguas se mezclaron saboreándose, sus dientes mordiendo mis labios suavemente.

Mis manos se movieron por sus brazos acariciándolo mientras sus labios bajaban por mi cuello besándolo a su antojo. Su mano delineaba el contorno de mis pechos pasando por mi cintura y mis piernas. Sentí su mano bajo mi blusa acariciando mi vientre, todo pensamiento coherente desapareció de mi mente ante su contacto, los dos estábamos jadeantes en busca de aire, sus labios volvieron a los míos, guie mi mano hacia su camisa levantándola para delinear sus abdominales con mis dedos.

-No – gimió suplicante. Me detuve en el instante y el dejo caer su cabeza en mi hombro respirando agitadamente. –Creo que debemos detenernos. – susurro, asentí.

Realmente no había estado pensando mucho pero tenía razón, se movió recostándose a mi lado, su mirada penetro en la mía y me perdí. Su voz me trajo de regreso.

- Cuéntame de ti.

-¿Qué quieres saber? – conteste en un susurro.

-No lo sé, como es tu familia, tus amigos. Todo.

-Bueno – conteste mirando hacia el techo y jugando con sus dedos -, Renee, es extravagante e infantil. Charlie la complementa perfectamente, el es serio y reservado. Se aman con locura – sonreí con añoranza ante el recuerdo de mis padres. – Luego esta Jasper, el es mi mejor amigo. Es tranquilo, comprensivo y es muy entregado. A veces creo que él siente todo más que los demás, de una manera más intensa. También esta... – Me corte abruptamente. Alice. ¿Estaría lista para hablar de ella?

-¿Quién? – pregunto Edward con verdadera curiosidad.

-Alice – solté en un susurro.

-¿Quién es ella? – su ceño fruncido en confusión.

-Es tarde, tal vez debería irme. – cambie de tema, sus ojos se apagaron un poco pero lo acepto ante mi reticencia a hablar de ella. Me pare de un salto, desviando la vista. Unos brazos en mis hombros me hicieron quedar frente a él.

-No tienes que decirlo ahora, pero puedes confiar en mí. Sea lo que sea, cuando quieras hablar aquí voy a estar. Yo siempre voy a estar allí. – En su voz estaba impregnada la promesa.

Le sonreí en agradecimiento y bese sus labios dulcemente, el brillo en sus ojos volvió.

Cuando bajábamos me percate de algo que no había visto antes. No entendí como había podido ignorarlo.

Un hermoso piano de cola negro yacía imponente en el lado opuesto de la sala.

Justo en el medio, con la luz brillaban en la suave tapa y las teclas más asombrosas y delicadas que había visto nunca. Un nudo se hizo en mi garganta, mi respiración se atasco y mis ojos se llenaron de lágrimas que me negué a derramar.

No sé cómo llegue a lado del piano, pase mi mano suavemente por la delicada tapa, era asombroso lo mucho que lo extrañaba.

-¿Tocas? – la pregunta fue hecha cautelosamente, como si el sintiera mi dolor. Negué suavemente.

-No, ya no.

Llegue a casa con la certeza de que Jasper estaría esperando para saber todo y burlarse de mí, pero la casa estaba vacía. Suspirando me dirigí a mi habitación dispuesta a descansar, cuando estuve sobre mi cama, mi cabeza comenzó a dar vueltas.

Todo iba demasiado bien. Demasiado bien.

Y eso era inquietante, tenía el presentimiento de que eso cambiaria pronto.

Espero les haya gustado, ya viene el drama. Muchas gracias por leer, se aceptan comentarios de todo tipo.

Misery.